Diseminación y explosión social

Diseminación y explosión social

Oikologías

Diseminación e implosión política y social

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Diseminacion 2

 

¡Fuera los pirómanos de los bosques! Son crímenes de lesa naturaleza, también etnocidios y crímenes de lesa humanidad.  Pueblo asume tu responsabilidad, expulsa a estos delincuentes de los bosques, han perdido ipso facto el derecho de habitar en la Amazonia, el Chaco, el pantanal y los valles.  Pueblo, si no actúas eres cómplice de estos crímenes.  Un pueblo que no defiende la vida, los ecosistemas, los bosques, no merece existir. 

 

 

 

Crisis múltiple y demagogia proliferante

 

Estamos en el remolino de la crisis que, como dijimos es una crisis múltiple, ecológica, civilizatoria, del sistema mundo capitalista, también crisis política y económica, además de social. Haciendo un recorte, hablando solamente de la crisis económica, que, obviamente, es mundial, por eso, regional y nacional, con las distintas tonalidades adquiridas singularmente, la crisis en Bolivia se configura en…

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Diseminación y explosión social

Diseminación e implosión política y social

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Diseminacion 2

 

¡Fuera los pirómanos de los bosques! Son crímenes de lesa naturaleza, también etnocidios y crímenes de lesa humanidad.  Pueblo asume tu responsabilidad, expulsa a estos delincuentes de los bosques, han perdido ipso facto el derecho de habitar en la Amazonia, el Chaco, el pantanal y los valles.  Pueblo, si no actúas eres cómplice de estos crímenes.  Un pueblo que no defiende la vida, los ecosistemas, los bosques, no merece existir. 

 

 

 

Crisis múltiple y demagogia proliferante

 

Estamos en el remolino de la crisis que, como dijimos es una crisis múltiple, ecológica, civilizatoria, del sistema mundo capitalista, también crisis política y económica, además de social. Haciendo un recorte, hablando solamente de la crisis económica, que, obviamente, es mundial, por eso, regional y nacional, con las distintas tonalidades adquiridas singularmente, la crisis en Bolivia se configura en la composición histórica de tres ciclos, el ciclo largo, el ciclo mediano y el ciclo corto. En el ciclo largo tiene que ver con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que genera dependencia y, además a costos demasiado altos ecológicos, irreversibles. El ciclo mediano tiene que ver con un Estado rentista y una estructura económica cuyo diseño corresponde a la exportación, principalmente de materias primas, diseño en el cual está atrapada el resto de las exportaciones. El ciclo corto tiene que ver con políticas económicas sin horizonte y sin estrategia, sugeridas en la improvisación, tanto en su versión neopopulista como neoliberal.

Los síntomas en la coyuntura se pueden resumir en los siguientes indicadores macroeconómicos: La deuda externa que sobrepasa los 10 mil millones de dólares, al 2020. La deuda interna también sobrepasa los 9 mil millones de dólares. La deuda externa equivale al 25% del PIB y la deuda interna equivale al 23% del PIB, lo que implica, que la deuda total equivale al 48% del PIB. Las reservas internacionales bajaron a 6 mil millones de dólares, después de haber llegado en el 2014 a los 15 mil millones de dólares, desde cuando comienzan a bajar, debido al uso gubernamental que se hace de los mismos. Es decir, las reservas internacionales bajan al 2020 en más de la mitad; ya en el cierre de gestión del 2019 esa era la magnitud de reducción de las reservas internacionales.

En la coyuntura, las materias primas, los hidrocarburos y los minerales, anuncian una subida, sobre todo por el reciente comportamiento de la economía mundo.  Relativa recuperación económica de China, después de haber sufrido las consecuencias de sus primeras olas de la pandemia; incremento del consumo de gas en la India, el anuncio del nuevo gobierno de Estados Unidos de Norte América de un estímulo para reactivar la economía de 1,9 billones de dólares, además de la paulatina inclinación por regularizar la economía en otras regiones y países. Empero, esta subida de los precios tiene que ser contrastados con el costo de la restricción, recesión y paro económico, provocado por la pandemia en todo el mundo. Crisis económica que repercute notablemente en la crisis social, altamente agudizada.

El crecimiento económico, medido como variación del PIB, estuvo en el orden del 4,2% en el 2028, para bajar a 2,7% en el 2019, y bajar estrepitosamente a -5,9% en el 2020, llegando a recuperarse hasta el 2,2% en los primeros dos meses del 2021; no se tiene, ciertamente la variación del PIB del año entero, por lo que la última cifra no es comparable. Sin embargo, hay que tener en cuenta un recorrido un poco más largo de estas variaciones. El pico más alto se alcanzó el 2013, cuya tasa de crecimiento fue del orden del 6,83%, a parir de entonces se marca una tendencia a bajar. En el 2014 la tasa de crecimiento es de 5,5%, en el 2015 es de 4,85%, en el 2016 es de 4,30% y en el 2017 es de 4,20%; es decir que el llamado crecimiento económico comienza a bajar desde el 2014. ¿A qué se debe esta caída? El economista y analista económico Gonzálo Chavez Alvarez se pregunta:

“¿Quién es responsable de seis años de déficit comercial, siete de déficit público, pérdida de más de 8.500 millones de dólares de las reservas internacionales entre 2014 y 2019, aumento de la deuda externa del 14 al 26 % del PIB, caída de la inversión pública a partir de 2016, crecimiento brutal de la economía informal y la desaceleración de la economía desde 2014?”. Ironiza la respuesta inmadura del gobierno de Luis Arce Catacora que culpa de semejante caída del crecimiento económico y de la crisis actual al “gobierno de transición”, que solo duró un año.

Desde nuestra perspectiva, como lo dijimos en escritos anteriores, relativos a la temática y problemática, en Bolivia no hubo desarrollo económico, como acostumbran a hablar los economistas, que implica transformación de las condiciones iniciales de producción. Volviendo a la jerga economista, solo hubo crecimiento económico debido a la bonanza de las materias primas, no tanto por una buena gestión económica, cuyo procedimiento se restringió a la habilidad de cajero. Ahora bien, la tasa de crecimiento económico es un indicador relativo del crecimiento, se trata de una variación porcentual, no se refiere a nada más. No habla de los desplazamientos y modificaciones cualitativas de la composición de la estructura económica. Entonces este indicador solo sirve como orientación cuantitativa de los ritmos anuales de la variación del PIB. Empero, el gobierno neopopulista de Evo Morales Ayma y, ahora, el gobierno neopopulista reforzado de Luis Arce Catacora, incluso el desgobierno de la “transición” se aferran a la metafísica estadística sin visualizar la composición material y la estructura cualitativa de la economía. Por eso no pueden ver que la causa profunda de la crisis se debe al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y a las gestiones administrativas de un Estado rentista, fuera, ciertamente, de lo que hace singular a la crisis económica boliviana, que tiene que ver con la corrosión institucional y la corrupción galopante, además de la improvisación desesperada de ambas formas de gobierno, la neoliberal y la neopopulista. 

No solo estamos en el remolino de la crisis, sino que no hay perspectivas para salir de la crisis, menos se ven comportamientos adecuados gubernamentales. Al contrario, como si un instinto tanático posea a la casta política, solo ofrecen patéticos escenarios de comedias grotescas, de trifulcas banales y de pelea de gallos desplumados. Lo cierto es que el remolino de la crisis intensifica su fuerza y amenaza arrasar el panorama ficticio inventado por los gobernantes y analizado por los economistas. No se puede afrontar la crisis múltiple con cambiar el patrón primario exportador. ¿Por qué patrón habría que cambiar? ¿Uno productivo? Este fue el sueño de los gobiernos nacional populares de mediados del siglo XX. En los escasos lugares donde esto ocurrió, con el desplazamiento a la industrialización, en Argentina, Brasil y México, lo que evidenciaron estas economías pujantes, en su momento, es que se pasó de una forma de dependencia primaria a otra forma de dependencia más compleja, respecto del centro del sistema mundo capitalista. Además, a un costo demasiado alto de destrucción de los ecosistemas, contaminación, depredación y destrucción ecológica, acarreando expansiones intensas de la crisis social. Por otra parte, a la larga, las economías industriales de América Latina nunca salieron de una composición gravitante extractivista, para redundar en ésta después de un tiempo de bonanzas, expectativas y transformaciones, cuando la competencia de la fábrica mundial, que es la República Popular de China, desbordó los mercados con la oferta de bajos precios en el mercado mundial, incluso de los mismos países latinoamericanos mencionados.

La salida está en otra parte, parafraseando a Milan Kundera. No es sostenible ni sustentable un proyecto de industrialización, tampoco su cobertura ideológica desarrollista. Mucho menos continuar con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. El planeta, los continentes, los ecosistemas, ya no aguantan los niveles destructivos del sistema mundo capitalista, compartido por liberales y socialistas. No hay porvenir por esta vía de la modernidad productiva y consumista. Si las sociedades humanas no trascienden hacia la civilización ecológica están destinadas a perecer.

 

 

Caudillo caído en desgracia

 

No sabe desde cuándo se arruinó todo, cuando dejó de ser creíble, digno de confianza, en qué momento comenzó la sospecha que no era lo que parecía ser, a un principio, por qué tuvo que afrontar protestas sociales, sobre todo de las naciones y pueblos indígenas, ¿acaso no era el líder reconocido, indiscutible? Rodeado de un entorno palaciego que le filtraba la información, que le mostraba sus logros – grandes elefantes blancos, ahora cementerio de elefantes -, que le inflaba su ego, nunca se enteró de lo que pasaba en la realidad efectiva.

Mucha agua corrió bajo el puente, el puente ya no está, pero el agua sigue todavía. Ahora, como ángel desalado, senil, envejecido, sin los oropeles que otorga el poder, cree que puede cambiar, por su sola presencia, la masiva inclinación de votos por la candidata que tuvo el coraje de quedarse y resistir al gobierno de transición, cuando la orden del caudillo y su entorno palaciego fue que nadie vuelva, haciendo contrapeso con el retorno del Congreso, mientras ya el caudillo, que dijo ¡patria o muerte!, huía con todo su entorno aterrorizado, desmoralizado y casi en pleno llanto. Su partido ganó las elecciones, pero, no por el caudillo en el exilio, desprestigiado, tampoco por su entorno palaciego y la masa elocuente de llunk’us, ni por su aparato de propagando, ni por sus recursos ingentes derrochados, sino porque le hizo a su partido un gran favor la gestión del “gobierno de transición”, corrosiva y corrupta, como la de sus propias gestiones, la de su “gobierno de movimientos sociales”, solo que la corrupción de la “transición” fue de menor escala e incluso más torpe. Empero, los grandes pecados de sus gestiones de “gobierno progresista” no se borran por los pecados lamentables del “gobierno en transición”.

Votaron por su partido incluso sectores sociales y populares que ya no votaban por el partido que los desencantó y se mostró tal cual es: parte del círculo vicioso del poder. Votaron también sectores que siempre fueron beligerantes contra sus gestiones demagógicas y entreguistas. Votaron no por el candidato que el caudillo impuso, sino por el candidato acompañante, del que tampoco quería saber, que fue defendido por las organizaciones sociales, antes, propuesto como candidato a la presidencia. Sin embargo, el segundo candidato, prefirió, primero, quedarse como segundo, repitiendo su inclinación por la renuncia a la voluntad propia, aceptando el papel opaco y triste de segundón, quien, después, no tuvo el valor de defender la reorientación, que querían las organizaciones sociales; por último, lo que hizo es volverse a entregar a las manipulaciones del anterior entorno palaciego. Esta es la razón por la que parte significativa de sus candidatos oficialistas, impuestos a dedo, van a perder en las elecciones subnacionales. Sin embargo, el caudillo déspota y caído en desgracia no cree esto, sigue sin asumir la realidad efectiva, desesperado todavía apuesta a su imagen desgastada, desvencijada y maltrecha.

Juegos de las apariencias y juegos de poder

El cinismo político hace el espectáculo para el pueblo, la comedia funciona en el teatro político; en el discurso se habla para mantener las apariencias. Así como en el siglo XVIII en el siglo XXI se repite la misma pugna entre “izquierda” y “derecha”, entre jacobinos y girondinos; solo que en el presente los nombres cambian, la lucha es entre “progresistas” y “reaccionarios”, entre neosocialistas y neoliberales. Sin embargo, fuera del teatro político el mecanismo y el funcionamiento de la máquina política es otro. El realismo político y el pragmatismo preponderan; se trata de los juegos de poder.

Los juegos de apariencias hacen a la ilusión del poder, en tanto que los juegos de poder corresponden a las dinámicas efectivas de la política.  El cinismo político radica en esto, en la perspectiva dualista de la élite de la casta política, que la lleva a un comportamiento esquizofrénico. Esta élite conoce la diferencia entre mensaje político y práctica política, entre discurso y acción, entre lo que se dice y lo que se hace. El problema es que la población interlocutora se encuentra atrapada en la atmósfera ideológica del teatro y el discurso político, es ciega respecto a las prácticas y dinámicas efectivas de la actividad política.  En pocas palabras, el pueblo cree en los políticos o, dicho de modo mesurado, prefiere creer y no complicarse con disquisiciones.

Hace un tiempo que ya se conformó la composición y la configuración de la estructura de poder, el entramado establecido articula al Estado y su mapa institucional con el monopolio de las empresas trasnacionales extractivistas, gobiernos, independientemente de su inclinación ideológica, con mecanismos operativos de concesiones y contratos, explotación de recursos naturales y tributos, regalías, rentas y sobornos. Esto en lo que respecta al lado luminoso, institucional, del poder; en lo que respecta al lado oscuro, paralelo, del poder, las conexiones de los gobiernos son con los monopolios, Cárteles, del lado oscuro de la economía. Esta configuración del poder está atravesada por dominios de escala mundial, como el Sistema Financiero Internacional, así como por la jerarquía de la estratificación inter-burguesa; en la cúspide de la pirámide se encuentra la hiper-burguesía de la energía fósil, después vienen las otras burguesías regionales y nacionales, incorporando en su campo, de manera clandestina, a las burguesías del lado oscuro de la economía. También, participando de este conglomerado, se encuentra la burguesía rentista, que corresponde a la élite de la casta política gobernante.

Aquí se encuentra la explicación de las paradojas de la revolución y de la rebelión, que, en su recorrido sinuoso, terminan atrapadas en el círculo vicioso del poder. Ciertamente no son los mismos los que comienzan la rebelión e inauguran la revolución, en el transcurso del proceso van a ser sustituidos por otros, más bien pragmáticos, en el peor de los casos, oportunistas, sobre todo cuando se accede al gobierno; es cuándo los revolucionarios están de más, no son necesarios, se requiere de funcionarios obedientes y sumisos. Es más, estos funcionarios, incluso la masa amorfa que los acompaña, se presentan como los más intransigentes y dogmáticos militantes del “proceso de cambio”. A éstos se los puede señalar como “revolucionarios” de pacotilla. Es cuando el teatro político se expande a los espacios mismos de la sociedad, donde se disputa la pretensión de legitimidad.

En resumen, la población engatusada por el teatro político y el discurso ideológico es cómplice de las rutas sinuosas del proceso político, sobre todo de aceptar el juego de las apariencias y tomarlas como realidad. Para salir del círculo vicioso del poder se requiere que el pueblo asuma su responsabilidad, que deje de ser cómplice de sus dominaciones polimorfas y del colonialismo cristalizado en sus huesos.

Paradoja de las utopías

Las utopías del siglo XIX ya se dieron de la única manera que puede realizarse la utopía; cuando se materializa lo hace como resultado de la correlación de fuerzas concurrentes. Por eso, al adquirir su realización concreta, se singulariza en composiciones combinadas y compuestas. El resultado no es el esperado, pues su efectuación no es abstracta, al ser concreta, resulta un más acá de la utopía, que, más bien es decepcionante.

El siglo XIX es antecedido, atravesado, en parte, y cruzado por el siglo de las luces, el de la ilustración, que comienza a mediados del siglo XVIII y se extiende hasta un primer periodo del siglo XIX, siglo que se convierte en la temporalidad de la revolución industrial y de la emergencia y concurrencia de los imperialismos europeos. Esta modernidad, de la revolución industrial, se afinca y emerge de la larga modernidad barroca, que comienza en el siglo XVI y se extiende hasta el siglo XVII, siendo el siglo XVIII de transición y desplazamiento de la modernidad barroca por la modernidad industrial. La modernidad barroca tiene su hegemonía geográfica en el sur del orbe terráqueo, en tanto que la modernidad de la revolución industrial tiene su hegemonía geográfica en el norte. La mundialización del sistema mundo capitalista se ha dado, primero de una manera barroca, después de una manera homogénea.

La paradoja de la concreción de la utopía es que se realiza contradictoriamente. Perdiendo el encanto de la promesa utópica. Por eso las revoluciones entusiasman al principio, cuando se las hace, como creación de la rebelión de las multitudes, empero, desencantan cuando se institucionalizan. Como dijimos varias veces, las revoluciones cambian el mundo, pero se hunden en sus contradicciones; después de destruir el Estado lo vuelven a restaurar para cumplir con la “defensa de la revolución”, creyendo que esta defensa radica en la violencia, la dictadura y la represión. Usan las mismas armas que los amos, patrones, castas y burguesías dominantes, que derrumbaron. Al hacerlo no reparan, no solamente que hacen lo mismo que los enemigos de la revolución, sino que se convierten en los nuevos amos, en la nueva casta dominante.

La utopía socialista, al realizarse, se concretó en el socialismo real, que no era otra cosa que el capitalismo de la escasez, la inquisición moderna, institucionalizada en la religión burocrática de la nomenclatura del partido único, compuesto por los sacerdotes del dogma de las leyes de la historia, la nueva providencia de los intelectuales “materialistas”. De la misma manera, lo mismo aconteció con la utopía indigenista; al realizarse, se concretiza como la continuidad de la colonialidad por otras vías, la del despotismo de la convocatoria del mito, la del caudillo “indígena”, que no es otra cosa que la máscara indígena del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. La revolución indigenista sueña con los símbolos anacrónicos de una modernidad ya transcurrida, que demostró fehacientemente sus limitaciones y mediocridades, a pesar de la racionalidad instrumental. También, a su modo, igual que los caudillos nacional populares, sueñan con la industrialización, cuando ya la crisis ecológica evidenció su obsolescencia destructiva. 

A diferencia del indigenismo, una versión nativa de la colonialidad, aunque con otro discurso, otros ropajes y otros ritos y ceremonialidades, el indianismo, expresión radical de la guerra anticolonial y anticapitalista, se propone la clausura del horizonte moderno y la apertura a otros horizontes civilizatorios, proyectando reinsertar la sociedad humana a los ciclos vitales planetarios. La convivencia con las otras sociedades orgánicas, en integración dinámica y ecológica. La anticolonialidad y el anticapitalismo se sustentan en la actualización de los saberes colectivos y culturales, liberándose de sus camisas de fuerza ideológicos y de los fetichismos de la demagogia folclórica, así como de los fetichismos de la racionalidad instrumental. Lo que implica liberar a la ciencia y a la tecnología de las ataduras que le impone el capitalismo, convirtiéndolas en meros instrumentos de la acumulación de capital, es decir, de la destrucción de la vida y del planeta. También implica liberar a la creatividad de los saberes de las instituciones académicas, por ejemplo, las universidades. Las dinámicas de los saberes se abren a la gestión multidisciplinaria y pluriversa.

 

Diseminación política y social

Diseminación es un concepto relativo a la desintegración y también a la disolución. El concepto elaborado por Jacques Derrida se refiere a la disolución institucional como crítica política radical en acción, así como política radical demoledora de la materialidad institucional del poder, realización de la crítica material. El concepto de diseminación puede ser usado tanto como acción política del activismo ácrata, así como también, en otros contextos y otra configuración, como metáfora de la desintegración del Estado nación.  Bueno es esto lo que parece ocurrir en la contemporaneidad respecto a estas máquinas abstractas y, a la vez, concretas de poder, hablando del mapa de los agenciamientos concretos de poder, que hacen a la composición del Estado y también a la composición heterogénea de la sociedad.

El Estado nación ha ingresado a un grado mayúsculo de diseminación, desintegración y disolución. Un síntoma: En el gobierno aparecen los personajes de más desenfrenada banalidad, carentes de atributos; esto ocurre en muchos países, tanto del centro cambiante, así como de la periferia del sistema mundo capitalista, independientemente de su pretensión ideológica. Lo mismo ocurre con los “representantes del pueblo”, independientemente de su inclinación política. Contra el deber ser y lo estratégicamente aconsejable, se hacen cargo del gobierno y la “representación”, por así decirlo, ilustrativamente y estereotipadamente, a modo de ejemplo, los peores y no los mejores. Ocurre como si el propio Estado y la propia casta política jugara a su aniquilación. El problema es que también hunden en el naufragio a la sociedad y destruyen al país.

Esto ocurre en todos los ámbitos del Estado, en los relativos a la administración económica, así como en la administración política; tanto en la administración educativa, así como en la administración de los bienes del Estado, recursos naturales y patrimonios; tanto en la administración social y de la salud, así como en la administración del trabajo y de los recursos humanos; tanto en la administración nacional, así como en la administración de las relaciones internacionales. La diseminación entonces está generalizada, así como la crisis múltiple del Estado nación ha tocado fondo.

En un ensayo anterior dijimos que ya no se trata, paradójicamente, que la maquinaria del Estado funcione, sino todo lo contrario, que, más bien, no funcione, que chirríe, que crepite, desvencijándose. En este mal funcionamiento atroz se consiguen otros objetivos, no de la buena administración y del buen gobierno, sino los objetivos de la convocatoria clientelar, ya que es imposible, en estas condiciones, la legitimación. Entonces, en la etapa decadente del ciclo vicioso del poder, la reproducción de las dominaciones polimorfas no pasa por la garantía del orden, sino, paradójicamente, por la promoción del desorden. En río revuelto ganancia de pescadores.

De la autodestrucción estatal

Lo asombroso de la decadencia de la política y también de la sociedad institucionalizada es que, en lo que respecta a la transformación,  que desde la perspectiva revolucionaria, comienza con la demolición del Estado, es que ya no lo tienen que hacer los revolucionarios, como antes, cuando esto vino aconteciendo en el mundo moderno desde el siglo XVIII, sino que éstos,  demoledores por excelencia del  antiguo régimen, parece que tienen que esperar, mirando desde el balcón, como lo hacen los propios gobernantes, funcionarios y representantes del Estado-nación, en pleno jolgorio de la autodestrucción.

El funcionario se ha convertido en una ficha cambiante al gusto de los caprichos del gobierno de turno, a su vez el gobierno de turno confunde Estado con gobierno, que es la realización práctica y circunstancial del Estado, además cree que su gobierno singular es el único gobierno posible. Cuando emerge el Estado-nación y se lo construye en base a una arquitectura institucional, con pretensiones de larga duración, la burocracia responde a la función profesional de la administración y gestión pública, por lo menos teóricamente, aunque hay países del centro del sistema-mundo capitalista donde se ha cumplido en gran parte este diseño de la arquitectura del poder, por lo menos durante el siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX, para después ingresar a la crisis estructural del Estado durante la últimas décadas de la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, en las periferias del sistema mundo capitalista se ha tomado el Estado como botín de los que conquistaban momentáneamente el gobierno, y a los puestos de la burocracia como un obsequio a clientela leal, que, ciertamente no cumple con los requisitos del perfil profesional del administrador y gestor público. Muy lejos del estadista y estratega se encuentra el perfil carismático de los presidentes y el perfil adulador del resto de los gobernantes. Algo parecido pasa con los “representantes del pueblo”, que después de la revolución francesa expresaban las tendencias políticas e ideológicas en concurrencia y, por lo menos teóricamente, representaban los intereses del pueblo. Esto ya no ocurre, la casta política, de todos los colores políticos, ya exentos de ideología, solo expresan descaradamente la compulsión de sus propios intereses de casta.

Si algún momento los partidos políticos portaban programas y pretendían realizarlos cuando fuesen gobierno, esto tampoco ocurre ahora. Los partidos políticos, en vez de programa político e ideológico, cuentan con una oferta electoral, por lo tanto, improvisada, que tampoco cumplen. Lo que buscan en la administración pública es aprovechar la oportunidad para enriquecerse, resolver sus problemas privados a costa del erario nacional. Para esto, obviamente no se requiere el perfil profesional del administrador y gestor que, por cierto, puede darse sin necesariamente título académico adecuado, dado el caso, siendo suficiente la experiencia.

En resumen, nos encontramos ante la implosión, a ratos diferida, a ratos intensa, del Estado y de las instituciones. El único lugar donde se buscan encubrir estos hechos ineludibles, en la historia política recientes, es en la estridente y espectacular comedia mediática de los medios radiales, de prensa y de la televisión, donde prolifera la desinformación, la especulación sensacionalista y el rumor. En consecuencias, los gobiernos casi solo se sostienen en la ficción política, por cierto, provisional y fofa, que difunden los medios de comunicación. Otra consecuencia, estos gobiernos no se aposentan ni en cimientos ni en columnas sólidas institucionales, sino en la propaganda y publicidad, en campañas mediáticas; esto implica que tienen, como se dice popularmente, pies de barro o, mejorando el dicho, y actualizando, pies virtuales. Cualquier rato, ante un soplo de viento   una crisis circunstancial, pueden derrumbarse como castillos de naipes.

Clausura civilizatoria y apertura de horizontes

Clausura civilizatoria

y apertura de horizontes

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La muerte de las ideologías

Crepusculo astillero

 

 

La muerte de las ideologías

La era de las ideologías ha pasado, así como de las grandes narrativas. Campea el nihilismo, la voluntad de nada, peor aún, el jolgorio de la trivialidad, la proliferación de la simulación cultural, la elocuencia estridente de la banalidad.  Quizás hasta los discursos mismo hayan desaparecido, solo son memoria, recuerdo, de lo que alguna vez se dijo, en un pasado que no se quiere actualizar; pertenece a la búsqueda del tiempo perdido. Ahora ya no importa la pérdida, tampoco el tiempo, menos el espacio; los tejidos espacios temporales son teoría. Lo que importa es la virtualidad, la simulación, mejor aún, la impostura. No importa la realidad, sino hacer creer que ocurre algo, la desinformación, la invención de la noticia, el sensacionalismo de los medios de comunicación. En el mejor de los casos, el teatro político, el carnaval electoral, el deleite en la fama pomposa, espumosa y fugaz, inventada mediáticamente. Nuestra posición sobre toda esta decadencia es el de la deconstrucción, la hermenéutica crítica, y la diseminación, la demolición y el desmantelamiento de las instituciones anacrónicas, los agenciamientos concretos de poder. También el de la crítica de la civilización moderna, civilización de la muerte.  Sobre todo, hay que tomar en cuenta la crítica de la ideología, la máquina fabulosa de la fetichización. En todo caso, si aparece algo parecido a lo que fue la ideología durante los siglos XVIII, XIX y XX, se dan anacronismos; de todas maneras, se observa que hay gente que ni se ha enterado de lo que es la ideología, son personas que creen que el mundo se reduce al oportunismo descarado. A esta gente se la puede señalar como la que asume la política de manera deportiva, convierte la comedia en el espectáculo esmerado de lo grotesco. Por otra parte, cuando la mediocridad se hace del gobierno suele buscar encubrir sus vacíos con el recurso desmedido de la violencia.

A propósito de las esferas

Las esferas siempre estuvieron ahí delante de nosotros, de cada quien, de cada nacimiento. Para saberlo basta ver parte de ella en la contemplación de la bóveda celeste o, de manera completa, mirar al sol de día, aunque sea un rato, mejor de soslayo, y mirar a la luna de noche; a veces se puede mirar a ambos, suspendidos, más allá de la bóveda celeste.  No se requería, entonces que una escuela de matemáticos o de filósofos inventaran o construyeran una esfera artificial, admirada por quienes la contemplan y sienten que han descubierto el secreto centralizado del cosmos.

Esta relación inmediata con el acontecimiento de la existencia y de la vida fue y es la certeza primordial de los seres; son en esa relación fundamental y a través de esa relación son. La interpretación del acontecimiento a partir de esta relación se da como fenomenología del cuerpo. Es más, hasta se puede hablar de una interpretación arcaica inmanente al genoma; su capacidad programática y de reprogramación supone la información del universo, si se quiere, del multiverso. Georges Canguilhem hablaba del saber no evocativo, inherente a la biología. Este reconocimiento equivale a descentrar la egología metafísica de la subjetividad esférica constituida por las religiones del desierto.

 

Saber del devenir, devenir experiencia, devenir saber. Vida, es decir, vivir en el devenir. Pensar en devenir, devenir pensamiento, pensar es devenir. Estos enunciados nos trasladan a la multiplicidad, complejidad y, a la vez, a la singularidad del pensamiento. Se puede decir que se trata de liberar al pensamiento y al pensar de un estereotipo, por así decirlo, el que considera que el pensamiento solo es la relación consigo mismo; ciertamente que lo es, pero de una forma de pensamiento, no de la única, tampoco de la más importante. En todo caso, todas las formas de pensamiento son realizaciones de esta capacidad de pensar, que es parte de las fenomenologías corporales. En los mitos amazónicos se desenvuelve otra forma de pensamiento, el pensamiento del devenir, que se expresa en las proliferantes figuras de las metamorfosis vitales, conformando narrativas de alegorías simbólicas, que se explayan en clasificaciones metonímicas y metafóricas de los acontecimientos vitales. Si, por el momento, provisionalmente, calificamos al pensamiento que se basa en la reflexión y en la relación consigo mismo como pensamiento caracol, pensamiento que se pliega encaracolándose, entonces, podemos, en contraste, también provisional, calificar al pensamiento que se relaciona con la otredad, si se quiere, la exterioridad, como pensamiento mariposa, pensamiento, que asume la metamorfosis como proceso propio para alzar vuelo.   

 

Recurriendo a un esquema ilustrativo que nos ayude a configurar nuestros enunciados sobre el pensamiento, podemos comprender el cuerpo como conexión entre la interioridad y la exterioridad, no del cuerpo, pues el cuerpo se constituye en ambos ámbitos de realización y desenvolvimiento. Para decirlo resumidamente, el cuerpo es un nicho ecológico singular. Entonces, el cuerpo experimenta tanto los fenómenos de la “interioridad” así como los fenómenos de la “exterioridad”; en este sentido, puede desarrollar fenomenologías que partan de la experiencia de la “interioridad” así como puede desarrollar fenomenologías que partan de la experiencia de la “exterioridad”. Para decirlo de una manera figurativa, puede desarrollar formas de pensamiento que sean como el eterno retorno a uno mismo o formas de pensamiento que sean como el desarrollo al eterno retorno a lo distinto, a la diferencia. Exagerando el esquematismo podemos decir que las primeras formas responden a una inclinación egocéntrica, en tanto que la segunda forma responde a una inclinación exocéntrica, relativa de un constante descentramiento.

 

Estar inmediatamente en el acontecer del acontecimiento, en sus devenires, es situarse en la apertura del pensamiento de la alteridad, en otras palabras, pensar la alteridad en el flujo de sus alteraciones permanentes, que también implica pensar la armonización recurrente ante el avatar de sus desequilibrios insistentes. La composición, entonces, de estas narrativas míticas o desenvueltas en la congruencia del mito, inscrito en el origen de las metamorfosis, corresponde a la complementariedad de los seres y de sus ciclos vitales. Al respecto, tomando en consideración, ciertas consecuencias de las configuraciones de las formas de pensamiento, el “egocéntrico” y el “exocéntrico”, sobre todo tomando en cuentas sus inquietudes, ya el propio balance de la filosofía ha concluido que el pensamiento filosófico recae en la sensación deprimente de soledad; en cambio, un provisional balance del pensamiento del devenir y de la alteridad, del pensamiento de la metamorfosis, puede tener la certeza de que el pensamiento devenido de la experiencia de la “exterioridad” recae en la sensación de acompañamiento, de complementariedad, relativas a los entrelazamientos, conexiones y articulaciones de integraciones mayúsculas vitales. Exagerando nuevamente el esquematismo, podemos sugerir que el pensamiento “egocéntrico” ha llevado, no pocas veces, a la angustia, en cambio el pensamiento “exocéntrico” lleva a la alegría de vivir.

Al respecto, de lo que acabamos de escribir, sobre la diférance, usando metafóricamente el concepto de Jacques Derrida para comprender los desplazamientos imperceptibles, pero, que hacen a la diferencia misma, como acontecimiento de la repetición y en la repetición dar lugar al acontecimiento de la diferenciación, podemos establecer que entre el pensamiento egocéntrico y el pensamiento exocéntrico hay como un campo de diferencias y diferenciaciones, en unos casos imperceptibles, en otros casos perceptible. Por lo tanto, no es que se trata de pensamientos que se oponen, que entran en contradicción; tampoco que se da lugar  una dialéctica, donde se pasa de la tesis a la antítesis y de aquí a la síntesis, que supera las contradicciones; sino que hay que comprender las fenomenologías de estas formas y formaciones de pensamiento desde la perspectiva de la complejidad, vale decir, desde la complementariedad implícita de estas fenomenologías, complementariedad que aparece en las dinámicas mismas de la complejidad, por lo tanto en la fenomenología compleja corporal y de los entrelazamientos corporales. En consecuencia, no es que el pensamiento exocéntrico ignore o se desentienda completamente del pensamiento egocéntrico, pues, de alguna manera, lo contiene, se encuentra implícito, empero, articula esta posibilidad al desenvolvimiento espontáneo del pensamiento exocéntrico. En este caso el cuerpo, aunque es la bisagra, por decirlo figurativamente, entre la experiencia de la interioridad y la experiencia de la exterioridad, fluye y se desenvuelve como intérprete de la experiencia de la exterioridad, de los entrelazamientos corporales y ciclos vitales, que hacen de condición de posibilidad existencial del mismo cuerpo intérprete.

 

En lo que respecta al pensamiento egocéntrico, a la fenomenología basada en el relacionamiento consigo mismo, al encaracolamiento subjetivo, ocurre que tampoco ignora la posibilidad del pensamiento exocéntrico, empero, lo exorciza o, en su caso, dependiendo, lo inhibe hasta enmudecerlo. Aunque aparecen deformaciones, podríamos decirlo, notoriamente restringidas de lo que podría haber sido el pensamiento exocéntrico, por ejemplo, con el desarrollo del empirismo. El empirismo no deja de ser pensamiento egocéntrico, no deja el relacionamiento consigo mismo, lo que pasa es que considera la experiencia de la exterioridad a partir de la racionalidad instrumental, como campo de experimentación, donde hay que contrastar las hipótesis del pensamiento ensimismado. De lo que decimos no se puede concluir, de ninguna manera, que hay que desentenderse del pensamiento que se basa en el relacionamiento consigo mismo, sino que se trata de comprender la complementariedad de los ámbitos de la experiencia, la complementariedad de las formas de pensamiento; comprender que el pensamiento corresponde al conjunto de operaciones de interpretación del cuerpo respecto a sus entornos, “íntimos” y “externos”.  Por eso, podemos decir que un pensamiento egocéntrico es un pensamiento restringido, en tanto que un pensamiento exocéntrico, si no desarrolla formas de relacionamiento consigo mismo, no termina en lograr completarse, no llega a ser pensamiento completo, integrado y articulado en el despliegue se sus dinámicas complejas.

 

 

El derrotero de los fundamentalismos

 

Todo fundamentalismo lleva al crimen. La compulsión fatalista por defender los “fundamentos”, la conjetura insostenible de una premisa primera, originaria, inicial, como si fuese certeza indiscutible, justifica el asesinato, pues se supone que la idea de finalidad justifica los medios usados, incluso los del crimen, el homicidio, el genocidio, el etnocidio y el ecocidio. Este comportamiento muestra patentemente que los fundamentalismos son, prioritariamente, la inclinación argumentativa al crimen. Se trata de una apología elaborada, religiosa, de la violencia, sobre todo de la violencia descomunal, la más destructiva. El fundamentalismo es la expresión discursiva y práctica de la consciencia desdichada, del sujeto desgarrado en sus contradicciones, del espíritu de venganza, en el fondo, de la consciencia culpable. Con el fundamentalista ocurre como con el religioso en éxtasis enajenado, que se cree culpable debido al pecado original; el fundamentalista se considera culpable por haber nacido, entonces la violencia extrema por defender su proyecto queda corta ante la extrema exigencia de entregar todo por la causa, que en el fondo es la causa de su propia salvación o de su propia justificación ideológica ante los avatares de su dramática vivencia.

 

Hay pues una diferente radical entre la rebelión y el fundamentalismo; la rebelión es espontánea y alegre; se trata del impulso vital por dejar fluir la potencia de la vida; en cambio el fundamentalismo es la puesta en escena de los sacerdotes de la “verdad”, los inquisidores recurrentes y repetidos intermitentemente. El fundamentalismo nace con la incrustación de su desenlace fatal o trágico, la destrucción de su entorno y, después, su propio suicidio.

 

También se dan expresiones destructivas menores al fundamentalismo, los discursos barrocos y las mezcolanzas diletantes ideológicas. En este caso hay, más bien, una inclinación al pragmatismo y al oportunismo. Los sujetos de este barroco ideológico no son tan fanáticos como los fundamentalistas, aunque hagan más teatro desgarrándose las vestiduras, pero llegado el momento no se las juegan, prefieren huir o, en su caso, negociar. El problema de este barroco ideológico y pragmatismo político es que en el espectáculo estridente de los medios de comunicación se presentan despavoridamente radicaloides; sus inocentes interlocutores convocados se dejan engatusar por esta comedia y sostienen la algarabía política de los comediantes.

 

Tanto el fundamentalismo trágico como el barroco ideológico y diletante suplantan y usurpan, inhibiendo la potencia creadora de la rebelión. Confunden al pueblo y castran su capacidad lucha. Por estas circunstancias desmoralizantes del teatro político y del barroco ideológico es indispensable la crítica deconstructiva y la diseminación de los dispositivos de los fundamentalismos, los oportunismo y diletantismos.

 

 

La desaparición de la política

 

Varias veces dijimos que la política había desaparecido en las condiciones de la decadencia de la modernidad tardía del sistema mundo capitalista, en la fase, de su ciclo largo, de dominancia del capitalismo financiero, especulativo y salvajemente extractivista. Ahora volvemos a reiterar esta apreciación de lo que ocurre en ese ámbito de la realización de la democracia, entendida como gobierno del pueblo. Aunque, a lo largo de la modernidad, en los límites de la democracia restringida de la democracia formal, representativa y delegativa, no se logre el gobierno del pueblo, vale decir, el autogobierno del pueblo, de todas maneras, el ejercicio de la democracia avanzó por las conquistas sociales de los derechos sociales, colectivos, de género, humanos, ampliando notoriamente el campo del ejercicio de la política. Sin embargo, a partir de un momento o punto de inflexión, si se quiere, momentos y puntos de inflexión, que, como una serie en plena caída y comienzo de la decadencia, la política se suspende, levita, para terminar de desaparecer. Como anota Jacques Rancière la política es inmediatamente el equivalente de democracia y la democracia es la realización misma de la política. Entonces, si desaparece la política también desaparece la democracia.

 

También hemos dicho que se ha sustituido la democracia por la impostura de las prácticas paralelas del poder, que tienen que ver con la economía política del chantaje, la expansión intensiva de las relaciones clientelares y prebéndales, la corrosión institucional y la corrupción galopante.  Por consiguiente, asistimos en plena decadencia del sistema mundo capitalista, que contiene como subsistemas al sistema mundo cultural y al sistema mundo político, al desenvolvimiento de las formas de la decadencia, donde la política es sustituida por el teatro grotesco de la comedia politiquera, difundidas por los medios de comunicación. En esta perspectiva, también anotamos que el lado oscuro del poder no solamente ha atravesado al lado luminoso o institucional del poder, sino que lo controla; del mismo modo, el lado oscuro de la economía no solamente se encuentra en las periferias de la economía institucional, sino que, además de atravesarlo, lo controla y lo domina. Por lo tanto, en las farándulas electorales no se asiste, de ninguna manera, al despliegue de práctica políticas, sino al despliegue de prácticas clientelares, prebéndales, corrosivas y de corrupción, donde la política brilla por su ausencia y la democracia es un cadáver donde saltan los saltimbanquis, las agrupaciones, cofradías y partidos políticos, que nos son más que dispositivos de poder de las dominaciones polimorfas, en plena decadencia de la civilización moderna y de las sociedades institucionalizadas barrocas, demolidas por su propio derrumbe ideológico, cultural, ético y moral.

 

Como dice el refrán popular, sobre lo llovido mojado. A la decadencia política se suma la tragedia y el drama proliferante de la pandemia; la cual pone en evidencia la vulnerabilidad patente del sistema mundo de salud, además del mismísimo sistema mundo capitalista, que se vio parado, detenido, por la intervención insoslayable del virus. Los síntomas de la decadencia de estos sistemas mundos se hace notorio cuando los Estados, las empresas, en vez de asociarse y responder mancomunadamente ante una catástrofe apocalíptica, lo hacen como acostumbran, extendiendo su irracionalidad, compitiendo entre empresas y estados por la vacuna contra el Covid 19. Ya, antes, las burguesías nacionales, evidenciaron su comportamiento irracional frente a la crisis de sobreproducción, donde, en vez de limitar sus producciones nacionales y acordar cuotas de producción se lanzas a una mayor productividad y producción desatando el ahondamiento de la crisis de producción, administrada por intermitentes crisis financieras. Lo mismo ocurre en la exploración espacial del Cosmos, donde sus mezquindades, miserias humanas y competencias egoístas preponderan, en vez de convertir la aventura espacial en una proyección de la humanidad y en un aprendizaje transformador por parte de la misma. En consecuencia, la modernidad tardía ha ingresado plenamente a lo que hemos llamado la etapa de la periclitación del sistema mundo capitalista, en varias formas y estilos; por ejemplo, se ha entrado de lleno a lo que hemos llamado el ejercicio de la antipolítica, también de la antiproducción, así como se ha ingresado al nihilismo más extremo del vaciamiento cultural, entrando ampliamente y desbordantemente al sistema mundo de la banalidad cultural. Así mismo se ha caído en el vaciamiento ideológico, es decir a la ausencia absoluta de ideas, también de imaginación, donde en vez de ideología se pronuncia el gesto sin sentido de la inercia balbuceante del ruido, que no dice nada, pero hace eco en los medios de comunicación.

 

Neopopulismos y neoliberalismos se manifiestan elocuentemente en las formas de la decadencia política e ideológica de la contemporaneidad sin horizontes. Se trata de las nuevas formas del derrumbe ético, moral, político y cultural del circulo vicioso del poder; antes, asombrosamente, las formas, aparentemente opuestas, del liberalismo y el socialismo, evidenciaron su participación en un mismo esquema dual del mismo modo de producción, el capitalista. Ahora, se trata de formaciones discursivas barrocas, una con pretensiones de justicia social, otra con pretensiones institucionales, empero, dadas vacuamente en momentos donde la convocatoria social es una excusa para legitimar a las mafias del poder, y cuando la institucionalidad ha sido completamente corroída y prácticamente desmantelada. Entonces, ambas formas discursivas no son más que dos versiones de una pronunciación demagógica al servicio de la burguesía rentista y de las burguesías tradicionales en decadencia.  Ambas poses políticas no son más que dispositivos discursivos que encubren sus sumisiones y servicios al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

 

 

 

La marcha fúnebre del despotismo decrépito

 

Las miserias humanas se hacen patentes en los comportamientos crápulas. La falencia absoluta de valores, la vacuidad abismal de hombres sin cualidades ni atributos, es decir la mediocridad preponderante de perfiles amorfos, arrastra a gente sin horizontes al oportunismo político y al pragmatismo perverso. Esta gente se desenmascara o hace patente su decadencia cuando se encuentra en función de gobierno.

 

El poder, el objeto oscuro del deseo, incumplible, por cierto, es el sueño delirante de gente sin imaginación, salvo la compulsión exacerbada por dominar y vengarse. Consciencias desdichadas, desgarradas por atroces contradicciones, buscan desesperadamente consuelo a sus acumuladas frustraciones y terribles complejos en el uso de la violencia del terrorismo de Estado. La mediocridad, agazapada en el poder, solo tiene como salida a sus tormentos y paranoias en el crimen.

 

Sin ideología, pues ésta ha muerto, sustituyendo el hueco del sin sentido con balbuceos y mezcolanzas discursivas improvisadas. Creen que pueden justificar sus actos inconstitucionales con propaganda desgastada y publicidad estridente. Estos son, en el fondo gritos de miedo, que delata su abrumadora cobardía.

 

Estos déspotas tardíos y decrépitos se disfrazan, queriendo imitar sin talento perfiles políticos pasados, convirtiendo la política en un carnaval crepuscular y en un teatro burlesco. La decadencia ha llegado lejos, destruye lo poco que queda; es una marcha fúnebre que lleva en hombros el cadáver del Estado.

 

 

Lo grotesco político y el desenlace de la decadencia

 

La comedia política tiene su historia, data desde cuando la política comienza a convertirse en espectáculo, en teatro para distracción de los espectadores. Incluso tiene su antecedente en el Coliseo romano, donde el espectáculo sangriento de batallas a muerte entre gladiadores no solo hacia delirar al público asistente, sino expresaba el mensaje del poder del Imperio: La vida es postergación de la muerte, sobrevive el más fuerte. Tal como interpreta Peter Sloterdijk en Esferas II. Entonces, el teatro político, sobre todo la comedia política lanza un mensaje al pueblo espectador: La vida no vale nada, lo que vale todo es acceder al gobierno y conservarlo.

 

En la medida que la comedia política se deteriora, en plena fase decadente de la casta política y de sus mismos papeles y funciones anacrónicas, que sobran, que están demás, en la medida que se pasa al grotesco político, la comedia es cada vez más abrumadoramente insulsa y descaradamente forzada y falaz. Se judicializa la política, se criminaliza la protesta, se descalifica las posiciones y opiniones adversas. Solo se acepta una “verdad”, la oficial, la montada por jueces y funcionarios corruptos, con el apoyo de medios de comunicación sensacionalistas.

 

La paranoia del poder no se queda ahí, ejerce el terrorismo de Estado. No solamente se satisface con el control del monopolio institucional de la violencia, sino que requiere desatar la violencia demoledora del Estado contra todo lo que considera enemigos, incluso llegando al extremo estrafalario de perseguir a sus propias sombras, que contiene sus propios miedos y terrores como efluvios de sus propios complejos insuperables.

 

Es cuando la muerte de la política se ha prolongado en el ritual anacrónico del sacrificio, es decir del crimen. Los jerarcas del poder senil y estéril no pueden irse sin arrasar con todo, sin destruir lo que queda, sin incinerar los bosques, sin contaminar las cuencas, sin depredar los suelos, sin martirizar al pueblo.

 

Ante esta destrucción de la comedia política grotesca el pueblo tiene la responsabilidad de acabar con el círculo vicioso del poder, retirar del escenario a los comediantes políticos, desmontar las máquinas de poder, clausurar la impostura política. Si no lo hace será arrastrado al abismo por la casta política decadente, en su crepúsculo ensangrentado.

 

 

Lecciones no aprendidas y suicidio político

El neopopulismo reforzado, en su reciente gestión de gobierno, ya se encuentra abruptamente en crisis. No se dio cuenta que la victoria electoral no le correspondía a su partido sino al repudio al “gobierno de transición”, también a la resistencia de los ninguneados por el entorno palaciego y la jerarquía corrupta de su partido, así como a la disposición de las organizaciones sociales que postularon como candidato a la presidencia a David Choquehuanca. Tampoco se dieron cuenta que en la rearticulación de fuerzas se encontraban sectores sociales populares francamente antimasistas y antievistas. Simplemente, sin haber aprendido las lecciones de su derrota ante una intermitente movilización social, desde la crisis del “gasolinazo”, de su implosión anunciada desde el conflicto del TIPNIS, creyeron que recuperaban el poder que se les escapó de las manos, cuando fueron arrinconados por movilizaciones nacionales y una insurrección que emergía desde abajo, en todos los niveles institucionales de emergencia y no institucionales ciudadanos. Bajo una premisa política equivocada, que más se parece a la desesperación compulsiva por el poder, se aposentaron a empellones en el gobierno los del entorno palaciego, arrinconando nuevamente a la gente de la resistencia y movilización contra el “gobierno de transición”, a quienes les deben el haber vuelto sin merecerlo, además de deberles la victoria electoral.

Sin más las fraternidades de machos, anacrónicos y oportunistas, atacaron a los referentes de la resistencia al “gobierno de transición” – que hay que diferenciar de la resistencia al gobierno de la implosión política, del desmantelamiento de la constitución y del fraude electoral, que es anterior -, y de la compensación de fuerzas en equilibrio de los órganos de poder del Estado.  Atacaron a la líder de la ciudad de El Alto y de la resistencia aymara, apoyada por el combativo guerrero aymara Felipe Quispe, que falleció hace poco. Sobre todo, la atacaron por celos y por ser mujer. Estos machos angurrientos creyeron que, como antes, bastaba la proximidad aduladora al caudillo caído, para conseguir el beneficio de la farándula electoral. Se equivocaron; la ciudad de El Alto votó por la mujer referente de la resistencia aymara, en contra de las groseras manipulaciones y maniobras de los machos enardecidos, oportunistas y clientela desorbitada del caudillo déspota, caído en desgracia.

Ahora, sin haber aprendido las lecciones de su derrota, de su implosión y caída, se lanzan a una aventura conspirativa estatal, usando los dispositivos judiciales y policiales bajo su control. Apuestan a que la jugada y el montaje político, policial y judicial les vuelva a salir bien, consiguiendo los efectos esperados, como antes, cuando sorprendieron a la opinión pública con montajes de servicios secretos del descomunal, autoritario y terrorista de Estado de otro “gobierno progresista”. Se equivocan, la historia no se repite, tampoco la conspiración es la clave para los desenlaces. Lo que pasa es que se da, en algunos momentos de predisposición de fuerzas, como una coincidencia con la resultante de la correlación de fuerzas puestas en concurrencia. Este no es el caso ahora; la correlación de fuerzas no pone en ventaja al gobierno, menos al entorno de conspiradores incrustados. Una vez aposentados en el gobierno las marionetas del entorno palaciego, las fuerzas articuladas en la resistencia y las movilizaciones, organizadas para afrontar las elecciones, se dispersaron, desencantadas ante la evidencia del eterno retorno de lo mismo, la putrefacta decadencia política y la inercia endémica del círculo vicioso del poder.

 

 

 

¿Cómo funciona el poder?

En realidad, el poder no funciona, es disfuncional, se opone a la sociedad, que es esencialmente alternativa. Por eso tiene que imponerse, dominar, controlar, vigilar, castigar, disciplinar, marcar y reprimir. Tiene que aparentar que funciona, por eso se institucionaliza de manera pretenciosa y desmesurada, presentándose como eterno, casi como sustituto de Dios. Por eso, se expresa en ley, para legalizar su propia ilegitimidad. Pero el poder no solamente es una máquina abstracta, sino es, sobre todo, una heurística instrumental de agenciamientos concretos de poder, además de ejercerse y efectuarse singularmente. Hay formas de poder y distintos planos de intensidad donde se realiza; por eso se dice que el poder es polimorfo. Se ha situado en el Estado a la forma de poder nacional, aunque no se puede decir que es la forma de poder por excelencia, pues todas las formas de poder son complementarias, actúan articuladamente reforzándose; por ejemplo, las estructuras patriarcales de dominación se refuerzan y adquieren irradiación en las estructuras familiares, es más, en el campo escolar. Yendo más lejos, en el Estado adquieren las estructuras patriarcales proyección espacial y temporal, afectando a los cuerpos, incidiendo en las conductas y comportamientos de tal manera que constituye sujetos dominados, controlados y moldeados de acuerdo a las finalidades que se traza el poder. La forma de gubernamentalidad clientelar reproduce, de manera perversa, las estructuras de dominación patriarcal, llevando al extremo la dominación masculina con la imposición delirante del mito del caudillo, el pretendido mesías político. No solamente se repite abusivamente la dominación de las fraternidades de machos contra la mujer, sino que se “feminiza” a los hombres, convirtiéndolos en sumisos soldados obedientes sin pensamiento y voluntad propia, así como se ha pretendido reducir a las mujeres a sujetos sumisos, obedientes y respetuosas, además de domésticas, de los hombres, que son sus dueños. Las otras formas de gubernamentalidad, por ejemplo, la liberal y neoliberal, también son patriarcales; al respecto de la dominación masculina, tienen mucho en común con la forma de gubernamentalidad clientelar populista y neopopulista. Empero, tienen sus propias singularidades, por ejemplo, la pretensión de legitimar la dominación masculina en la expresión jurídica y política del Estado de Derecho, donde, a pesar del reconocimiento, reciente, de los derechos de la mujer, se mantiene su subalternidad y subsunción a las estructuras de dominación de las fraternidades de machos. La forma de gubernamentalidad del socialismo real también se refuerza con las estructuras patriarcales tradicionales, en la lamentable recurrencia a la figura, también mesiánica, del “gran timonel”. Esto a pesar de que al comienzo las mujeres adquieren cierto protagonismo en las acciones, movilizaciones y ejercicios prácticos en el trabajo y la política. De la misma manera las estructuras de dominación colonial se refuerzan con la recurrencia a las estructuras patriarcales. La economía política colonial desvaloriza al hombre y la mujer de “color”, inventándose un “hombre blanco” como símbolo imaginario de la civilización, cuando todos los humanos son de “color”, tienen un color de toda la gama epidérmica. Ocurre como en toda economía política, se desvaloriza lo concreto y se valoriza lo abstracto. Lo peculiar del caso es que en las llamadas sociedades poscoloniales se prolonga la dominación colonial en las versiones de la colonialidad. Es más, en las formas de “gobiernos progresistas” se prolonga la colonialidad de manera paradójica; a nombre de la “descolonización” se sigue colonizado a las naciones y pueblos indígenas, reducidas a mera mención propagandista, mientras se desconoce sus derechos territoriales, institucionales, políticos y culturales, consagrados por la Constitución Plurinacional Comunitaria y Autonómica. Cuando las formas de gubernamentalidad entran en crisis también entran en crisis las formas de poder complementarias y articuladas. Es cuando se hace evidente que son fachadas impuestas contra las sociedades, esencialmente alternativas. Empero, el poder se reúsa a dejar sus máscaras, sus disfraces, sus armaduras y sus mitos. Se aferra desesperadamente a sus artefactos anacrónicos, quiere restaurar el prestigio de las instituciones, en vez de transformarlas, se aferra al mito del caudillo, patriarca otoñal y estéril, se agazapada en el juego político, reviviendo la forma de partidos, que ya han patentizado su inutilidad para representar y responder a las demandas del pueblo. En estas circunstancias, en la medida que son inútiles los esfuerzos por volver a una supuesta época dorada del poder, la maquinaria abstracta y los agenciamientos concretos de las dominaciones recurren a sus medidas de emergencia, que evidencian en núcleo oculto de Estado de excepción en toda forma de Estado. Entonces se habría vuelto al principio constitutivo del Estado, la guerra.

 

 

     

 

 

 

   

La algarabía de los comediantes

La algarabía de los comediantes

Oikologías

La algarabía de los comediantes
Raúl Prada Alcoreza
Los marchistas que quedan del CONISUR fueron a la Asamblea Legislativa, donde fueron recibidos con gran alboroto de los legisladores. Esta fiesta tiene su razón de ser; la ley de consulta va a ser presentada como consenso con los marchistas del CONISUR. Esto son los cuerpos que son como la legitimidad del proyecto en cuestión. Se trata de un consenso entre una organización cocalera que no habita la TCO del TIPNIS, se trata de productores y propietarios privados de la zona de avasallamiento del parque, el polígono siete. No se entiende qué festejan los legisladores, tampoco se entiende que este consenso haya resuelto el problema y el conflicto del TIPNIS. Dejaron de lado la ley corta, el reglamento, también a las organizaciones indígenas de tierras bajas y la subcentral del TIPNIS, que representa a las sesenta y cuatro comunidades del territorio y…

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Crítica de la teoría relacional del Estado

Crítica de la teoría relacional del Estado

Oikologías

Crítica de la teoría relacional del Estado

Raúl Prada Alcoreza

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Cuando la teoría relacional del Estado define al Estado como condensación de las relaciones sociales, de las fuerzas sociales concurrentes, asume que las relaciones se cristalizan en las instituciones que hacen al Estado. Es decir, que son las relaciones sociales dadas las que conforman al Estado, condensándose como aparatos. Este enunciado plantea varios problemas. Uno, no el más complicado, es que supone que las dominaciones se dan con anterioridad del Estado, pues son estas relaciones sociales las que se condensan en el Estado. Ocurriría como que las relaciones de dominación anteriores hubiesen avanzado a un grado de intensidad, que induce a la condensación, convirtiéndose en Estado. Pero, el problema mayor o más complicado del enunciado se encuentra en el reconocimiento como realidad de las llamadas relaciones sociales, entre…

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El hombre, ese animal metafísico

El hombre, ese animal metafísico

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El hombre, ese animal metafísico

Raúl Prada Alcoreza

 El hombre

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No hablamos del ser humano, que es una complejidad en el devenir de la vida, tampoco nombramos a la mujer, que ha sido subordinada a la imagen universal del hombre, en las condiciones históricas de los patriarcados. Hablamos de esa figura dominante, que se ha convertido en la representación del ser humano; por lo tanto, también de la mujer. Usurpando al ser humano y a la mujer sus propias formas de expresión, abundantes, proliferantes y desmesuradas, respecto a la representación restringida, circunscrita y abstracta del dominio del hombre. Hablamos entonces del hombre.

 

Cuando hablamos del hombre no hablamos, ciertamente, en singular; si fuese así, hablaríamos en plural, de los hombres. Hablamos entonces en universal, del hombre como representación humana de la modernidad y de la humanidad

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Sátrapas y eunucos

Sátrapas y eunucos

de los últimos tiempos

Notas sobre la decadencia política en la coyuntura electoral

Sátrapas y eunucos

Satrapas y eunucos

 

  

 

Ecocidio

La civilización moderna es ecocida, basa su desarrollo en la destrucción planetaria. El sistema mundo capitalista avanza sembrando hogueras, ampliando la frontera agrícola, incendiando bosques y talando árboles, contaminando suelos, cuencas y el aire. El ecocidio es el costo del crecimiento y el desarrollo de la economía mundo. La medida de este desarrollo capitalista es plasmada en la extensión y profundidad de las huellas ecológica, la inscripción de la muerte. La metafísica económica pretende demostrar sus “beneficios” mediante la presentación de estadísticas e indicadores macroeconómicos; de la metafísica económica pasamos a la metafísica estadística, basada en un gran equívoco de cálculo; no se toman en cuenta en los costos económicos las transferencias de costos a la naturaleza. Si se hiciera esto, no habría ganancia, quedaría el resultado con un saldo negativo, lo que se le debe a la naturaleza.

El desarrollo capitalista es una ilusión, una ideología, es decir, una formación discursiva de legitimación del poder, que hace de dispositivo político y conglomerado de agenciamientos concretos de poder, que son los mapas institucionales, que sostienen la geopolítica del sistema mundo capitalista. Este sistema de demolición planetaria tiene como dos versiones paradigmáticas, entre otras más difusas y mezcladas; una es la economía de la abundancia, sostenida por la expansión del mercado, el consumismo exacerbado, la extensión del crédito impagable, la inscripción de la deuda infinita, que corresponde a la forma de Estado liberal; la otra es la economía de la escasez, sostenida por los aparatos burocráticos del capitalismo de Estado, llamado socialismo real, recientemente, socialismo de mercado.  Ambos paradigmas, paradójicamente, aparentemente se contrastan y, a la vez, se complementan. Ambas versiones del sistema mundo capitalista son igualmente ecocidas.

 

Cuero de anta

La sabiduría popular se expresa en los refranes populares, que conforman la herencia acumulada del sentido común. Una expresión que reclama contra el cinismo es la que dice: ¡Hay que ser cara dura! Otra cuando se interroga: ¿Con qué moral hablas? Otra, de alguna manera difundida y usada, por los menos en el pasado reciente, dice: ¡Hay que tener cuero de anta! Así mismo se señala como “cuerudo” al personaje que no aprende o que pretende seguir simulando o engañando. En las vísperas de las elecciones del 18 de octubre hay un estrato de la casta política, que se ha acostumbrado al comportamiento crápula, a la exacerbada demagogia, vacía y sin gracia, habla y acusa de un “posible fraude”. Podemos decir, acudiendo al acervo popular: ¿Con qué moral habla de fraude el maestro de los fraudes?  La impostura, la simulación y el descaro se han convertido en la práctica usual de la casta política, de “izquierda” o de “derecha”, para los tiempos bizarros de la actualidad, da los mismo, ambas expresiones discursivas hacen lo mismo en el gobierno, además de despreciar elocuentemente al pueblo, pues lo consideran su monigote o el sujeto social que está para aplaudir y escuchar todo lo que dicen los políticos, por más reiterativo que sea.

 

La órbita del círculo vicioso del poder

 

Parece incorregible la historia política, sobre todo, en su fase más decadente, ésta, la correspondiente al capitalismo tardío de la dominación del capitalismo financiero, extractivista y especulativo. La historia política no sale de su campo gravitatorio definido por las turbulencias de los diagramas de poder y las cartografías políticas, campo gravitatorio que define la órbita recurrente del círculo vicioso del poder. En las elecciones próximas, en la inmediatez de una coyuntura atrapada en sus derroteros laberínticos de la crisis múltiple del Estado, que no encuentran salida, concurren expresiones políticas que retrocedieron a la anterior Constitución, la sustituida por la Constitución vigente Plurinacional, Comunitaria y Autonómica. Una de las expresiones políticas ha mostrado patentemente lo que es, en sus gestiones de gobierno, una forma de gubernamentalidad clientelar, desbordada por la galopante corrupción, en los distintos niveles del Estado, usando el discurso demagógico de representar al pueblo, a los pobres y a los indígenas, colocándose en el centro de la victimización de variopintas conspiraciones inimaginables, deriva en el uso descomunal de los recursos del Estado para enriquecer a la burguesía rentista, la élite de la burocracia gobernante. Además, a pesar de su discurso “anti-imperialista”, se convierte en el agenciamiento encubierto de las empresas trasnacionales extractivistas.  Lo más grave ha sido el haber desmantelado sistemáticamente la Constitución, restaurando el Estado nación de la colonialidad. La otra expresión política de la compulsa electoralista es conocida por el quién fue presidente de la sustitución constitucional después del derrocamiento del gobierno de la coalición neoliberal de Gonzalo Sánchez de Losada, ahora encabeza a una alianza que ha enfrentado al partido oficialista de entonces en las dramáticas elecciones anteriores, señaladas como inconstitucionales y acusadas de un escandaloso fraude. La propuesta política gira en la restitución institucional y la pacificación, fuera de algunas propuestas medioambientalistas, no ecologistas, que es lo que corresponde dada la crisis ecológica; sin embargo, el programa de gobierno se encuentra en el horizonte de la anterior Constitución; por lo tanto, como en el caso anterior, también es inconstitucional. La tercera expresión política concurrente es más improvisada, empero basada en los estratos más calados de los prejuicios sociales y más saturados por el conservadurismo recalcitrante. De manera mucho más clara que antes, el programa político de esta alianza electoral está en contra de la Constitución vigente, mostrando, además, la calamidad de sus improvisaciones. Su propaganda se basa en que los postulantes a la presidencia y a la vicepresidencia encabezaron los 21 días de resistencia y movilización en defensa de la democracia y del voto ciudadano. Esta figura propagandista es una muestra de la desubicación política y de la falta asombrosa de objetividad, así como de principio de realidad. La historia de las movilizaciones de resistencia al régimen neopopulista comenzaron con la movilización al “gasolinazo”, continuaron con la lucha y resistencia en torno a la VIII Marcha Indígena en defensa del TIPNIS,  siguieron con la movilización contra el código inquisidor del Código penal. Las derrotas electorales del régimen clientelar se manifestaron con la victoria del voto nulo en las elecciones de magistrados, además en la derrota sufrida por Evo Morales Ayma en el referéndum constitucional. Las movilizaciones en defensa de la democracia y del voto fueron la continuidad de estos recorridos de resistencias, iniciados antes; por otra parte, participaron nacional y regionalmente distintos sectores sociales y locales; para comenzar debemos mencionar a los voluntarios bomberos que empezaron a denunciar las atrocidades del gobierno pirómano y de los colonos, de los ganaderos y de la burguesía agroindustiral, comprometidos en la ampliación de la frontera agrícola. Los sectores urbanos de esta movilización fueron parte de un panorama más completo y variado de activismos y posicionamientos contra el despotismo. Los héroes son multitudes y muchedumbres sociales que enfrentaron la tiranía.   En resumen, en las elecciones próximas concurren expresiones políticas que retrocedieron al horizonte de la anterior Constitución, desconociendo la Constitución Plurinacional Comunitaria Autonómica. Esta situación, de por sí, nos muestra las estrecheces y mezquindades de los partidos políticos en la nueva coyuntura electoral.

Similitudes y contrastes en la decadencia política

¿Desde dónde interpretar lo que ocurre en   la decadencia política? Ya no sirve el esquematismo dualista de “izquierda” y “derecha”, aunque, incluso antes, era poco útil para interpretar la decadencia de las revolucione socialistas. Ahora, en la actualidad contemporánea del siglo XXI, donde se borran los límites y las delimitaciones entre expresiones políticas e ideológicas, donde lo que inscribe el sello y lo que abunda es el espectáculo mediático, no tiene sentido hablar de “izquierda” y “derecha”, pues es cuando más se parecen, digan lo que digan en sus mutuas acusaciones, que se despreocupan por la argumentación, incluso por la retórica. En el gobierno hacen lo mismo, realizan, a su manera, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; en sus prácticas irrumpen en los escenarios utilizando los mismos procedimientos, aunque lo hagan con distintos discursos desgarbados. Dentro del círculo vicioso del poder forman parte de los turnos o rotaciones de formas de gobierno, se señalen unos como neoliberales o se reconozcan a los otros como neopopulistas. En estas circunstancias, lo pertinente es enfocar lo que ocurre, la decadencia política, desde otro enfoque, más plausible y útil para el análisis. ¿Cuál es aconsejable?

Parecer mejor y adecuado considerar la situación de las problemáticas que atraviesan las coyunturas del periodo aciago, el de la decadencia, sobre todo, la posición que toman las organizaciones y expresiones políticas en concurrencia. La problemática más evidente es, ciertamente, la crisis ecológica; vinculada a esta crisis planetaria y a la crisis civilizatoria, se puede identificar claramente la crisis del modelo extractivista colonial, tanto del capitalismo dependiente como del capitalismo dominante mundialmente, el de la dominancia del capitalismo financiero y especulativo.    En relación a estas problemáticas, vemos que tanto las expresiones políticas de “izquierda” como de “derecha” son coincidentes; tienen como horizonte la modernidad y como fin el desarrollo, que no es otra cosa que capitalista, tanto en su versión de la escasez, la de los gobiernos del socialismo real, también de los gobiernos neopopulistas, con sus singulares diferencias, como en su versión de la abundancia consumista, la de los gobiernos liberales y neoliberales. Los llamados “gobiernos progresistas” son los que, paradójicamente, han extendido intensivamente el modelo extractivista, a pesar de hablar de la defensa de la “Madre Tierra”. Los gobiernos neoliberales que los precedieron estaban metidos en los mismo, los gobiernos neoliberales que les sucedieron, cuando, en su caso, perdieron en las elecciones, continuaron el mismo curso. Lo que se puede ver es la continuidad sinuosa de un mismo modelo económico, el de la dependencia y el demoledor extractivismo.

Ahora bien, ¿qué es lo que articula esta continuidad económica, a pesar de las aparentes diferencias discursivas? Fuera de lo obvio, de pertenecer al horizonte, estrecho ya, de la modernidad tardía, por lo tanto, de su pertenencia al sistema-mundo capitalista, hay que encontrar los mecanismos más específicos y las dinámicas moleculares, que conectan las expresiones discursivas políticas de “izquierda” y “derecha”. En la fase financiera del ciclo largo del capitalismo vigente, las estructuras y diagramas de poder se han adecuado a las formas de explotación de la especulación económica, sobre todo a la economía política del chantaje. Estas formas y diagramas de poder enlazan el lado institucional de la economía con el lado oscuro de la economía, el lado institucional del poder con el lado oscuro del poder. Si esta es la situación, la condición de posibilidad o, mejor dicho, de imposibilidad, de la economía y la política, pues se incursiona notoriamente en la anti-política y en la anti-producción, entonces, la ubicación de las formaciones discursivas en la composición singular de la formación económica social actual ha cambiado, respecto de lo que ocurría antes. Si antes, como dice Jürgen Habermas, la acción comunicativa se construía sobre la base de pretensiones de verdad, queriendo convencer sobre la validez de sus emisiones, ahora, en la fase decadente de la civilización moderna, los discursos no solo develan problemas de legitimación en el capitalismo tardío, es decir, problemas ideológicos, sino que han dejado de basarse, prácticamente, en las pretensiones de verdad; en otras palabras, no buscan convencer, sino tan solo emitirse como inercia, como repetición mediática, de publicidad y propaganda. El raciocinio, como tal, habría desaparecido completamente, si antes lo hizo parcialmente.

La manera de la conformación de los discursos políticos en la actualidad radica, preponderantemente, en la exaltación de pequeñas distinciones, aunque, incluso sean imperceptibles, en lo que respecta a las prácticas, como si fuesen contrastes abismales. También pasa por la restitución de temas correspondientes al pasado político, como si estuviesen presentes, tal cual, como lo fueron en su momento. La emisión discursiva se pronuncia como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera habido desplazamientos en las problemáticas sociales, políticas y culturales; entonces se coloca, imitativamente, en papeles anacrónicos. Lo que denota la incapacidad de actualidad, de interpretar los problemas actuales y en su singularidad de contexto y de momento. Se prefiere situarse en la figura estereotipada de un esquematismo dualista vulgar. En este tono, de estas prácticas discursivas deslucidas, se vuelve, sin imaginación, a la dualidad trasnochada de la lucha entre buenos y malos, que repite el esquematismo inicial religioso de la guerra entre fieles e infieles. Si antes se lo hacía también, sin embargo, con mayor esmero ideológico, en cambio ahora, el descuido no solo argumentativo, que brilla por su ausencia, sino también retórico, pues se emite el discurso sin ganas y sin empatía, es ampliamente notorio.

En todo caso, ¿qué es lo que se quiere encubrir, si ya no es justificar? Las prácticas de la economía política del chantaje, de la corrosión institucional y de la corrupción. En consecuencia, la exaltación de las mínimas diferencias, incluso imperceptibles, adquiere el carácter de una dramática comedia. Se quieren mostrar contrastes abismales donde apenas son diferencias de tonalidades. Hay como un malestar profundo en la política de la decadencia, una turbulencia que agita por dentro, una consciencia culpable que no se puede controlar. Por eso, los estereotipos exaltados, vueltos caricaturas, nada convincentes, convertidos en rituales mediáticos para llenar los profundos vacíos.

Tipos tramposos

Tipos tramposos 

Raúl Prada Alcoreza 

 

Tipos tramposos

Tramposos

 

 

Creen que el mundo es de prestidigitación, un calidoscópico juego de manipulaciones. Entonces, lo adecuado en este juego de audacias es hacer trampa. Por eso se adelantan a la puesta en escena; buscan impresionar, persiguen a través del efecto shock llamar la atención en el espectáculo desplegado. Hacen bluff y ganan partidas, sin que nadie mire sus cartas. Están acostumbrados a la actuación, en escenarios montados. Mientras todo resulta se sienten seguros y confirmados, pero, cuando algo marcha mal, cuando no ocurre como lo programado, lo planeado o lo esperado, se descompaginan. Se desarman y se ven obligados a enfrentar el problema, asombrados del percance; empero, como no atinan a otra cosa que a lo que saben, por costumbre, siguen el mismo libreto, que evidencia su anacronismo.  

 

No dejan de hacer trampa, continúan con la táctica del bluff. Lo que cambia es el procedimiento de la trampa; aparecen nuevas figuras y formas de la artimaña. Por ejemplo, para salir de apuros ante el problema ineludible, firman acuerdos, prometen cumplirlos; acuerdos que nunca cumplen. Se vuelven más extravagantes; pretenden convencer, se desgañitan en confesar sus buenas intenciones, hacen gala de lo correcto de sus posiciones; aunque cuando exponen sus argumentos dejan mucho que desear. Cuando nada les sale bien, ni sus escapes mañosos, entonces recurren a espectáculos mayores, como montar Congresos, Encuentros, Reuniones, magnas hazañas de la puesta en escena política; se inclinan por los espectáculos de escala internacional, cuya agenda toca los temas álgidos heredados. También estos espectáculos políticos pueden restringirse a la escala nacional. En este caso los auditorios colosales se llenan de poblaciones llevadas por las organizaciones sociales afines al gobierno. Es cuando se presenta el espectáculo político como “encuentro de movimientos sociales”, que abiertamente apoyan al gobierno en apuros y a su caudillo afligido. Aunque en la disposición del evento no hayan participado, tampoco en los discursos, mucho menos en las conclusiones y en el documento de declaración, se hace como si todo esto fuese producto consensuado.  

 

El Encuentro de Países No Alineados fue un escenario anacrónico, desubicado y descolocado, teniendo en cuenta el contexto del presente. Se trajo a colación, remembrando, la conformación del bloque de países no alineados, bloque pertinente durante el siglo XX, cuando se enfrentaban las dos super-potencias vencedoras de la segunda guerra mundial; el llamado “bloque occidental” y el llamado “bloque oriental”, los denominados eufemísticamente bloques “democrático” y “comunista”. Los países no alineados abrieron en el espacio geopolítico mundial, definido y dibujado por los dos bloques enfrentados, otra geografía política a escala mundial, dando lugar a que el conjunto de países más numeroso, los que habitan la inmensa periferia del sistema-mundo capitalista, defina otro campo concurrente de fuerzas, poniendo en mesa otros intereses geopolíticos y buscando otro porvenir, no monopolizado por los dos bloques mencionados.  

 

El Encuentro de Países No Alineados dado lugar en pleno siglo XXI, en una Bolivia que se debate en los dilemas de la transición hacia un Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, transición obstaculizada por la forma de gubernamentalidad clientelar, resulta notoriamente anacrónico y desajustado respecto al contexto de problemas del presente.  

 

La desaparición de la Unión Soviética y del bloque de Estados del Socialismo Real de la Europa Oriental, dejaba sin contexto al bloque de países no alineados. El peligro visible apareció como dominación unilateral y monolítica de la hiper-potencia vencedora de la guerra fría. Sin embargo, al parecer, la desaparición de su archienemigo, paradójicamente, desubicó a la hiper-potencia vencedora, que quedaba solitaria enseñoreando en un mundo sin archienemigos.  En este contexto mundial, lo que se dio, mas bien, es la emergencia de otros bloques en pugna por la hegemonía y el control de los mercados; el bloque de la Unión Europea, el bloque de los BRICS, de las potencias emergentes, encabezado por el complejo industrial-tecnológico-militar de la China Popular.  

 

En este contexto mundial del presente, no hay sitio para un bloque de países no alineados, porque no están los bloques de referencia enfrentados durante el siglo XX. La geopolítica es otra. En todo caso, cabría el diseño de países alineados contra todos los bloques capitalistas. Pero esto no se dio.  Se entiende que el “gobierno progresista” apostó al montaje de un escenario anacrónico, para enfrentar los problemas de legitimidad que ya eran evidentes y manifiestos.  

 

Recientemente el “gobierno progresista” ha convocado a una Reunión de Países Productores de Gas. Lo que parece pertinente ante la baja de los precios de las materias primas, sobre todo, del petróleo y, en consecuencia, del gas. Hacer algo parecido a la OPEP. Sin embargo, hay que tener en cuenta el período de coyunturas reciente en el contexto de la crisis ecológica. No se trata del mismo contexto que cuando se conformó la OPEP. El contexto de la crisis ecológica pone en evidencia el dominio anacrónico de la hiper-burguesía de la energía fósil, hiper-burguesía que se opone a los cambios tecnológicos, al cambio hacia el uso de energías limpias, cuando ya está constado posible hacerlo. El hecho de seguir con el modelo extractivista, sobre todo, apostando a la explotación de la energía fósil, coloca en actitud cómplice a los estados que lo hacen, incluyendo a los “gobiernos progresistas”. Esto los convierte no solamente en conservadores, sustentando el uso de la energía fósil, sino en destructores del planeta, por lo tanto, en enemigos de la vida.  

 

La Reunión de Países Productores de Gas resulta una reunión de estados destructores del planeta. Esta reunión, por cierto, no es anacrónica, sino que responde a los dilemas del presente, de una manera comprometedora. Se trata de una reunión que se coloca del lado de la destrucción del planeta y se sitúan como amenaza de la vida. A esto no se le puede llamar progresismo, mucho menos calificar de revolucionario; es todo lo contrario, reaccionario.  

 

Ante el conflicto médico, el gobierno ha terminado aceptando, a regañadientes, la propuesta de discutir ampliamente sobre la salud en Bolivia. El gobierno convoca a un Congreso sobre la Salud y la vida. Algo que no puede criticarse, sino aplaudirse. Sin embargo, este Congreso sobre la Salud y la Vida no puede resultar como respuesta de emergencia del gobierno ante el conflicto médico. Como la misma ministra de salud dijo, tiene que ir más allá de la coyuntura. ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad históricas-políticas-culturales para que esto ocurra?  

 

Parece que lo primero que hay que hacer es conformar las condiciones adecuadas para dar lugar a una amplia participación de la sociedad civil. Es decir, por primera vez, aplicar la Constitución; dar lugar al ejercicio de la participación popular, a la construcción colectiva de la decisión política, a la construcción colectiva de la ley. En este caso, a la construcción social del conocimiento sobre la salud y las condiciones de vida en el país. No solamente actualizando toda la información, sino construyendo nueva información, conformando nuevos registros, relativos a la experiencia social y a la memoria social. Acopiando y registrando los perfiles, composiciones y singularidades locales. Retomando las experiencias médicas, interpretando la información en los procesos de salud-enfermedad. Todo esto y más, no puede quedar ahí, aunque ya sean desplazamientos hacia mapas de registros completos, minuciosos y detallados, atendiendo a la pluralidad diferencia de los casos. Comprendiendo la textura paisajista ecológica – paisaje en el sentido geográfico -, comprendiendo los tejidos y entramados de las sociedades orgánicas, entre ellas de las sociedades humanas. Se requiere de la hermenéutica compleja, que interpreta desde la sincronización de las dinámicas complejas integradas de los ciclos vitales planetarios.  

 

Como se podrá ver, estas magnas tareas, no pueden abordarse desde las prácticas y conductas políticas acostumbradas, desde la inclinación por los espectáculos y los montajes, desde la astucia criolla, tratando de ganar tiempo y dar el garrote en el momento más desprevenido del otro. Sobre todo, no se puede banalizar la problemática en cuestión y los temas a tratarse, que es otra costumbre de la retórica y política y del pragmatismo oficioso.  

Memoria y olvido

Memoria y olvido

 

Raúl Prada Alcoreza

Memoria y olvido

Memorio y olvido

El secreto está en la memoria sensible, es decir, en la vida. ¿Cómo es que se forma, se constituye, se crea, esta memoria sensible? ¿Cómo es que se pasa de las macromoléculas a las células? Al respecto, tenemos tres hipótesis especulativas.

 

 

La primera hipótesis:

Nada hay en el ser humano que no esté contenido en el universo. Nada hay en la vida, en sentido biológico, es decir, celular, que no se encuentre en el universo. La vida, en sentido biológico, es una de las formas de vida en la pluralidad de formas de vida del universo. La materia está viva, la materia oscura, la energía oscura, la materia luminosa, la energía luminosa, están vivas. Se trata de formas de vida no celular, no biológica, desplegadas en asociaciones de partículas infinitesimales, si se quiere, en asociación y composición de fuerzas fundamentales del universo. Después en asociación y composición de partículas que forman átomos; en este transcurso de la complejidad, de asociación y composición atómica que forman moléculas; transcurso de complejidades donde éstas, las moléculas, forman macromoléculas. Conocemos los comportamientos de las partículas infinitesimales estudiadas, conocemos las composiciones de los átomos estudiados, conocemos las dinámicas moleculares estudiadas, incluso empezamos, antes, a conocer las dinámicas molares. Sin embargo, no conocemos las razones de las asociaciones de las partículas infinitesimales; tampoco se ha explicado la fuerza gravitatoria; en consecuencia, no se ha logrado construir la teoría unificada de la física. De todas maneras, la emergencia de la vida, en sentido biológico, tiene que explicarse por los comportamientos de estas asociaciones y composiciones de las partículas infinitesimales, de las asociaciones y composiciones de lo que se llama las fuerzas fundamentales del universo.

La segunda hipótesis:

Las partículas infinitesimales no se mueven en el vacío, sino en océanos de energía. Son, a su vez, ondas, frecuencias y vibraciones de energía. La energía abundante y desplegada atraviesa todos los cuerpos, desde los corpúsculos infinitesimales hasta las grandes masas molares. Ahora bien, si la vida, en sentido biológico, es neguentropía, es decir, que retiene y administra la energía, negando la entropía, creando organización, que invierte, por así decirlo, la entropía, ¿cómo es que estas formas de composiciones de energía pasan a una escala, nivel, dimensión, si se quiere plano o espesor de intensidad, que requiere absorber energía, alimentarse de energía? ¿La emergencia de la vida, en sentido biológico, es un salto cualitativo en las estructuras, formas de organización y composición energéticas, que pasamos del derroche de energía a necesitar energía, a la alimentación cíclica de energía? La conclusión de la hipótesis establecería que la vida, en sentido biológico, corresponde a una complejización singular de las asociaciones, composiciones y combinaciones de energía, en su forma de ondas y en su forma de corpúsculos y cuerpos.  Esta complejización singular da lugar a la memoria sensible.

La tercera hipótesis, que no compartimos, dadas nuestras interpretaciones, que están expuestas sucintamente en las anteriores hipótesis y en escritos anteriores[1], circunscribe la vida sólo a su sentido biológico; no habría otras formas de vida no-biológicas. Entonces: El salto a la vida no solo es cualitativo, como en las anteriores hipótesis, sino corresponde a un paso trascendental de la materia a la vida.

El problema de la tercera hipótesis es que este salto trascendental se hace inexplicable. Quizás, en este caso, se entienda que se tenga que introducir la hipótesis de Dios, en su forma más especulativa y abstracta, para poder contar con una explicación ad hoc. No vamos a ocuparnos de la tercera hipótesis. Esto se comprende, pues no es nuestra perspectiva ni interpretación.

Asumiendo que la memoria sensible es memoria biológica, que es la vida, en sentido biológico, el tema es ¿cómo funciona esta memoria sensible, en su aspecto sensible, que tiene como substrato las dinámicas moleculares químicas de las células?

 

 

 

Memoria biológica

El profesor Antonio García-Bellido, docente de Investigación de Genética del Desarrollo del CSIC, en Madrid, dice que en el lenguaje común, la memoria corresponde a una actitud reflexiva, basada  en la experiencia.   La memoria corresponde a las funciones de retención de información. La memoria condiciona los sucesos venideros; se puede decir que la biología está condicionada por la memoria, dando lugar a las formas de sus manifestaciones. Los procesos de memoria biológica se dan de manera compleja. En el substrato de la memoria, la información aparece en la copia de largas moléculas de nucleótidos. “Todos estos procesos tienen una extraordinaria precisión y especificidad basada en el reconocimiento molecular, esto es, en la interacción de moléculas con forma y carga electrostática compatibles”. Desde esta perspectiva, el reconocimiento molecular es el fundamento de la estabilidad y especificidad del edificio biológico. Lo encontraremos en la base de todos los procesos que tienen lugar en todos los planos y espesores de intensidad de la complejidad. La fijación y registro de las formas moleculares más efectivas en sus interacciones es como el zócalo de lo que se llama inercia evolutiva. “El reconocimiento molecular pone un límite a la variación; es la sintaxis del lenguaje que mantiene la comunicabilidad del mensaje genético”. Cuantificando, se estima que el número de pliegues distintos de los polipéptidos, esto es su forma, es de sólo alrededor de mil; en tanto que el número de genes de los organismos, desde bacterias al hombre, no pasa mucho de treinta mil. La inercia explica que los genes están conservados y son funcionalmente intercambiables entre organismos tan dispares como levaduras, insectos y hombre. Las alternativas y alteraciones a esta inercia, ocasionadas por las limitaciones del reconocimiento molecular son, iteración génica y aparición de pequeñas variantes en genes (familias de genes), así como combinaciones diferentes en diferentes procesos celulares y en diferentes células.

La memoria, depositada en el DNA, contiene una gran riqueza de motivos para diferentes operaciones que determinan estructuras o procesos más y más complejos. Pero hay memoria a muchos más niveles de complejidad. Hay memoria en la estructura de los cromosomas, en otras organelas celulares y en las membranas de las células. “Las células se comunican entre sí enviando (ligandos) y recibiendo (receptores) señales moleculares que recaban la información de los genes específicos de respuestas que determinarán el comportamiento celular específico. Esta es también la base de la memoria inmune”.

Algo parecido ocurre con la memoria cerebral. La complejidad de la memoria se encuentra en las conexiones entre neuronas y el refuerzo, por estimulación repetida de estas conexiones, entre las neuronas involucradas en un acto sensorial o motor. “La anatomía de estas conexiones está definida por el desarrollo y éste a su vez por el genoma de la especie. La memoria aparece así en su forma más simple en todos los animales, desde los más sencillos con un sistema nervioso. Esta memoria da lugar al automatismo del acto reflejo (en el movimiento de una medusa) en los tropismos (de respuesta a la luz entre otros) o en la respuesta estereotipada del instinto”. 

Se dicen que en estos organismos el substrato anatómico de la memoria ha derivado de la selección natural, favoreciendo redes de conexiones más eficaces, fundamento de las respuestas innatas. Del mismo modo hay memoria individual adquirida. En este caso su base estructural es la conectividad nerviosa entre regiones o centros de asociación del cerebro (cortex, hipocampo, cerebelo e hipocampo). “Así, estímulos sensoriales llegados al córtex se asocian por conexiones recurrentes con estos centros de asociación creando repertorios de experiencia integradas (sensorial, motora, propioceptiva, emocional), que son susceptibles de ser recabados ante una experiencia nueva o un acto volitivo. La memoria cerebral es así dinámica y dispersa”. Teniendo en cuenta estos mapas, la combinación al azar de estos alelos en un zigoto es única y va a definir la eficacia reproductiva del portador. “Para la población, esta es la memoria colectiva (dispersa) que permite la tolerancia a los cambios, lo que llamamos su adaptación. Ciertas combinaciones alélicas aumentan en la población por su eficacia reproductiva. La plasticidad del proceso evolutivo es enorme pero mantiene la inercia de lo que ha sido creado y probado antes. Así la experiencia de los ancestros de la especie está reflejada, determina y limita la fisiología y la morfología de los descendientes y en el fondo sus capacidades de seguir evolucionando”[2]

La primera anotación que debemos hacer es que no se trata de una memoria sino de memorias, de pluralidad de memorias; por lo menos, en principio, hay que considerar dos estratos de pluralidades de memorias. El primero, se trata del estrato de memorias que funcionan como hermenéuticas químicas, tal como hemos denominado en “La explosión de la vida”, también en “Más acá y más allá de la mirada humana”.  El segundo, es el estrato de plurales memorias que se conforma sobre los diseños de los recorridos de conexiones, sobre la base de las huellas inscritas por estas conexiones neuronales. El primer estrato es el substrato, matriz sobre la que emerge el segundo estrato, que podemos llamar para-estrato,  que aparece tanto como despliegue del primer estrato, pero, ya no como hermenéutica química, sino como hermenéutica sensible. Vale decir codificaciones y decodificaciones no-químicas; ¿de qué clase entonces? Se trata de impactos, de mapas de impactos, que, en la medida que se repiten, que son recurrentes, quedan como marcas, como inscripciones zonales o regionales. ¿Dónde? ¿Inscripciones de qué? Hablamos del cuerpo, del organismo; se trata del impacto de la exterioridad en la interioridad – usando estos términos filosóficos, que distinguen mismiedad y otredad, también términos que aluden a terminologías sistémicas, que definen clausura y apertura -, impactos de esta relación constitutiva del mundo. Entonces los impactos se dan en el cuerpo, en el organismo, en lugares precisos del organismo, la red neuronal.  Esta relación con el entorno no solo impacta, inscribe la huella de los impactos, la marca de los mapas de las huellas, sino, como se trata también de respuestas, reacciones, acciones del cuerpo, sino codifica y decodifica estos impactos. No de una manera química, como antes, en las dinámicas moleculares, sino de una manera somática. Para que estas huellas somáticas devengan huellas semánticas, se requiere de la interpretación de la experiencia, cuyos substratos profundos se encuentran, primero, en la hermenéutica química, después en le hermenéutica somática. Cuando la experiencia primaria, basada en estas huellas somáticas, llega a ser codificada y decodificada socialmente, vale decir, cuando interviene una interpretación social, es cuando pasamos a la hermenéutica semántica, por así decirlo. En este paso crucial está el lenguaje de por medio. En este caso podemos comprender la presencia de un tercer estrato, que llamaremos meta-estrato.

La aparición, la emergencia, mejor dicho el devenir del lenguaje, es un acontecimiento social. No sólo se trata de asociaciones, de composiciones, de combinaciones de mónadas, recurriendo al concepto de Leibniz, sino de transformaciones en las mismas estructuras de las asociaciones, composiciones y combinaciones, en las mismas formas, contenidos y expresiones de estas asociaciones, composiciones y combinaciones. Podemos entonces hablar del surgimiento, por así decirlo, de hermenéuticas simbólicas que codifican y decodifican las sensaciones, las imaginaciones y las primarias racionalizaciones efectuadas, codifican y decodifican las percepciones.  Como se puede ver, la memoria, mas bien, la pluralidad de memorias, en distintas escalas y niveles, además entrelazadas, formando tejidos estratificados, configuran la complejidad del acontecimiento memoria.  La memoria sensible es esta complejidad.

El olvido o la invención

¿Se puede hacer un balance de lo que se nombra como historia de la humanidad? La pregunta es válida si incluso hablamos en plural de historias de la humanidad o si se quiere historias de las sociedades humanas. ¿Qué clase de balance sería éste? Incluso si decimos que la historia es una invención, hasta un mito moderno. El problema no radica tanto aquí, que sea un mito, sino en que, en el caso, que llegue a ser mito, que es  lo más plausible, este mito, la historia, nos da un mensaje que puede ser terrible. No importa lo que haya ocurrido, podía haber ocurrido de una manera o de otra, lo que ha ocurrido es, en todo caso, casualidad, lo que importa es lo que ha quedado como interpretación. Ahora bien, lo que hay que resolver aquí es si esta interpretación es la oficial, la institucional, o se trata de la interpretaciones colectivas, que toman otro camino, al institucional. Interpretaciones contrapuestas a la versión institucional, a la versión de la historia oficial. Ampliando la problemática; incluso, en este caso, que entren otras versiones, contrapuestas, contra-históricas, estas versiones no dejan de ser también otras narrativas, quizás más próximas a la historia efectiva, pero, también tramas; es decir, interpretaciones, que atribuyen sentido a la direccionalidad histórica.

Entonces también, considerando este panorama narrativo más amplio, en el caso de la contra-historia, estamos ante la problemática que plantea el mensaje aludido: No importa lo que haya pasado, incluso en el caso de que importe, de que sea indispensable acercarse más a la historia efectiva, lo que importa es lo que queda en las interpretaciones. Algo así como lo que importa es la idea que queda; que es lo mismo que decir que lo importa, al final de cuentas, es el mito. Es como si las sociedades humanas vivieran para el mito, para reproducir el mito, para reencarnar el mito, aunque no lo logren. No importa lo que vivan, que al final, es casualidad, sino que vivan para el mito, que hagan vivir el mito, aunque lo hagan a costa de ellas mismas.

Si este es el mensaje, es terrible. Es encaminarse a la ilusión, optar por la ilusión, encontrar que el sentido es precisamente la ilusión. Es como encontrar en el engaño y en el autoengaño el sentido de la existencia humana. ¿Es este nuestro destino?

Volviendo a ese concepto problemático de historia, sobre todo a sus referentes,  la historia parece confirmar este mensaje. Todas las invenciones humanas, desde sus primeros mitos hasta los actuales, pasando por sus instituciones convertidas en eternas, como si fuesen sagradas o derivadas de lo sagrado, como si no fuesen construcciones humanas, como si no fuesen sus criaturas, sino, mas bien, sus orígenes. Pasando por sus finalidades; las de salvación, después, las políticas, cuyos fines terrenales ungen a los mismos de plenitud histórica, como si el fin sean estos objetivos abstractos y no el mismo ser humano o, mejor dicho, la vida misma.  Las sociedades humanas se han dedicado a entregarse a sus mitos, a sus instituciones, a sus religiones, a sus “ideologías”, a sus finalidades. La dedicación al mismo ser humano, a la misma vida, ha sido relegada o subordinada al servicio de estos fines.

Es posible que los mitos hayan permitido a las sociedades humanas iniciales sobreponerse a las adversidades, a su propia debilidad corporal, a las condiciones de posibilidad ecológicas, logrando su sobrevivencia y afincarse en los territorios. Sin embargo, en la medida que lo ha hecho, que sus mismas sociedades se complejizaron, los mitos se convirtieron en un obstáculo, incluso en peligrosos para la sobrevivencia. Empero, en vez de abolir los mitos, el recurso al mito, las sociedades humanas optaron por sustituir los mitos heredados por otros nuevos. Este recurso o esta recurrencia renovada a mitos remozados, en vez de ayudar, complicó la situación, pues se decía que los nuevos mitos no lo eran, sino eran la mismísima verdad. Con lo que se reforzaba el carácter  estructural del mito.

Por otra parte, se han acumulado tantos mitos, se han multiplicado los mitos, que hay una variedad extensa; las sociedades humanas se encuentran entrampadas en campos de telarañas de mitos. Parece que ya no puede salir de mundos habitados por sus propios fantasmas. No puede ver la vida, los ciclos de la vida, la complejidad abundante y creativa de la vida; no puede verse a sí mismo, su cuerpo, su conexión sensible con el universo.  Sólo puede ver la forma y el perfil de sus propios conceptos; sólo puede ver la vida y verse a través de estos lentes abstractos. Ha perdido el contacto con la vida y con su propio cuerpo. 

Aunque exageremos o parezca que lo hacemos, la humanidad ha llegado a un punto, por así decirlo, donde, por este decurso, llamada historia, en la modernidad, desarrollo, más eufemísticamente, progreso, se encuentra en mayúsculo peligro, ha puesto definitivamente en entredicho su propia sobrevivencia. Entonces, aunque la historia parezca confirmar el mensaje, lo que hace es confirmar un derrotero hacia la desaparición de la humanidad. Lo que de por sí, coherentemente, apostando por la vida, debe ser rechazado.

Usando la frase popular conocida o, si se quiere, la sabiduría popular, ¿cómo poner las cosas en su sitio? No se trata de descartar la imaginación, sino de integrarla al cuerpo; no se trata de desterrar los mitos, que forman parte de un pasado y todavía de un presente, hasta no sabemos cómo continuaran, sino de comprender que los mitos son tramas, narrativas, construcciones estructurales de sentido; por lo tanto, de interpretación. En esta perspectiva, de ninguna manera se trata de someterse al mito, de vivir para el mito; tampoco de confundir la realidad, sinónimo de complejidad, de la que formamos parte, con las imágenes que conformamos de su experiencia. Sino, se trata de integrar todo esto a la dinámica de los ciclos vitales y la potencia de la vida.

Un nuevo comienzo

Lo que se ha vivido es experiencia, lo que han vivido las sociedades humanas son experiencias sociales. La experiencia se convierte en memoria, como dijimos, en memorias, con toda la complejidad que compete a la memoria. En lo que respecta a las sociedades, se convierte en memorias sociales. La memoria social no es historia, de ninguna manera. Puesto que la memoria social, la memoria misma, es vital; la memoria es vida, concretamente la memoria sensible. La historia es narrativa, una estructura discursiva dada, una interpretación de la experiencia social y de la memoria social; pero, no es ninguna de éstas, ni experiencia, ni memoria. La memoria es dinámica, si se quiere cambiante, mutable, en constante transformación, porque se actualiza, haciendo presente sus sedimentaciones y estratificaciones. Paradójicamente, la memoria también es conservadora; se aferra a sus huellas, a la inscripción de las huellas, a sus mapas sedimentados de huellas. Es obsesiva con estas inscripciones, que no son exactamente pasados, ni recuerdos, sino eso, huellas hendidas en el cuerpo. Huellas presentes en el cuerpo, a las que recurre para interpretar el presente.

En este sentido, la experiencia es también aprendizaje. A estas alturas del partido, las sociedades humanas ya deberían haber aprendido las dramáticas lecciones. Ya no deben insistir en lo mismo, en hacer lo mismo, a pesar de sus variantes. De manera concreta, ya no deben ni pueden seguir dominando de las distintas formas que lo han hecho y lo puede hacer. No es el camino de la sobrevivencia; es el camino de su desaparición. Tiene que aprender o, si se quiere, reaprender a comunicarse con los seres del universo; algo que sabe su cuerpo, pero no la razón abstracta e instrumental, separada del cuerpo; la que pretende enseñorear sobre la tierra y el universo. Esta humanidad presente, actual, contemporánea, atareada en sus problemas masivos, en los problemas pendientes, armada con dispositivos de destrucción masiva, tiene la responsabilidad imperiosa de resolver los problemas pendientes, de descartar los seudo-problemas, que son “ideológicos”, para encaminarse a darse tareas dignas de su presencia en el universo, compartiendo la conexión con los demás seres.  Los problemas pendientes son resolubles, tiene los recursos y medios para resolverlos, no son imposibles, tampoco difíciles de hacerlo. Lo difícil es arrancar a las sociedades humanas de su encantamiento, en la que se encuentran, seducidas por mundos de fantasmas y dramas fantasmagóricos, donde se ensaña en guerras a muerte por ideales sin carne ni hueso. 

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. También Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.

[2] Antonio García-Bellido: “La memoria biológica”. http://www.elcultural.com/revista/ciencia/La-memoria-biologica/5689.

 

 

 

 

 

 

Experiencia y narración

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Raúl Prada Alcoreza

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Praxis y formación en ecologías