La recreación anacrónica del imaginario desarrollista

La recreación anacrónica del imaginario desarrollista
Raúl Prada Alcoreza
Nacionalistas, izquierda nacional, izquierda colonial y lumpen-burguesía comparten el imaginario desarrollista, todos son modernistas, creen en la evolución, al estilo de Herbert Spencer, en la linealidad de la historia y en la fatalidad del capitalismo. Consideran que la tarea es el desarrollo, que un país es soberano si se desarrolla, olvidando que el “desarrollo” del que se habla está articulado a la acumulación ampliada de capital que dibuja una geopolítica en el sistema-mundo entre centros de acumulación y periferias de transferencia de recursos naturales, que el “desarrollo” del que hablaban produce “subdesarrollo”, que el mapa del mundo es un tejido de centros y una malla de periferias, un mapa de espacios de “desarrollo” y un mapa de espacios de “subdesarrollo”, ambos complementarios, produciéndose mutuamente. Olvidan que ese “desarrollo” del que hablan produce dependencia, fortalece las cadenas de la dependencia.
No se puede olvidar que los gobiernos nacionalistas de América Latina intentaron salir en el siglo pasado de la dependencia orientando la estrategia económica y las políticas económicas hacia la sustitución de las importaciones. Soñaban con la industrialización así como los liberales del siglo XIX soñaban con los ferrocarriles. Los gobiernos nacionalistas estuvieron acompañados por apoyo popular, tomaron medidas que beneficiaron a cierta redistribución de la riqueza, también optaron por las medidas de nacionalización para recuperar el control de los recursos naturales, principalmente mineros e hidrocarburíferos, por parte del Estado. Todo esto ocasionó modificaciones en los términos de intercambio en la economía-mundial capitalista, pero no afecto a la estructura de dominación, de explotación y de control por parte de los grandes consorcios, oligopolios y monopolios trasnacionales. En algunos casos las revoluciones nacionalistas promovieron actos heroicos como los que se dieron durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas (1934-1940) en México, quién nacionalizó a las empresas petroleras que residían en México y tuvo que enfrentar el boicot de estas empresas y su influencia a nivel mundial.  También se dieron acontecimientos transformadores durante los primeros años de la Revolución Nacional de 1952-1964 en Bolivia; incluso antes, en 1937 en Bolivia se incursionó en la experiencia de la nacionalización del petróleo, con el gobierno del General David Toro, una vez culminada la conflagración bélica del Chaco; más tarde en 1969 se produjo una segunda nacionalización del petróleo bajo el gobierno del General Alfredo Ovando Candía y con la firma del ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz. La tercera nacionalización de los hidrocarburos se produjo el 1 de mayo de 2006 durante la primera gestión del gobierno de Evo Morales Ayma. En Argentina, el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1952) ahondó la política de sustitución de importaciones mediante el desarrollo de la industria liviana. Perón también financió a la agricultura, especialmente en lo que respecta a la siembra de trigo. Frente a la carencia de recursos monetarios provenientes de la exportación, ocasionada por el estancamiento del sector primario, con las que se importaban los bienes de capital e insumos necesarios para el proceso de industrialización, se eligió la ruta de la nacionalización del comercio exterior. En esta perspectiva, en 1948, el gobierno peronista adquirió los ferrocarriles a los capitales extranjeros, en su mayoría ingleses, creando la empresa pública de Ferrocarriles Argentinos. En esta tónica,  en el diseño del Plan Quinquenal se buscó fortalecer las nuevas industrias creadas, comenzando con la industria pesada de la siderurgia y la generación de energía eléctrica en San Nicolás y Jujuy.
También en Brasil se vivió la experiencia populista y nacionalista, incursionando en proyectos modernizadores y de desarrollo. Este panorama político es irradiante en América Latina, también en las geografías periféricas el sistema-mundo de entonces, que algunos casos incluso terminaban expresándose en tono antiimperialista. En Brasil, entre 1937 y 1945, durante el Estado Novo, Getúlio Vargas dio un impulso fundamental a la reestructuración del Estado y profesionalización del servicio público, creando el Departamento Administrativo del Servicio Público (DASP) y el IBGE. Suprimió los impuestos en las fronteras inter-estatales y creó el impuesto a la renta. Se orientó cada vez hacia la intervención estatal en la economía y se concentró en impulsar la industrialización. Fueron creados el Consejo Nacional del Petróleo (CNP), posteriormente llamada PETROBRÁS , y en 1951 la Compañía Siderúrgica Nacional (CSN), la Compañía Vale do Rio Doce, la Compañía Hidroeléctrica de São Francisco y la Fábrica Nacional de Motores (FNM). Promulgó, en 1941, el Código Penal y el Código Procesal. Durante 1943, Getúlio Vargas logró la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT), garantizando la estabilidad del empleo después de diez años de servicio, descanso semanal, la reglamentación del trabajo de menores, de la mujer, del trabajo nocturno y fijando la jornada laboral en ocho horas de servicio.
Como se puede ver vivimos periodos de efervescencia nacionalista y populista en América Latina encaminados a la independencia económica y a la consolidación de la soberanía por la ruta de la nacionalización, las medidas sociales y las medidas del trabajo, persiguiendo también la modernización de la administración estatal y de las leyes. El nacionalismo es un movimiento democrático por la ampliación de la participación popular, es un movimiento independentista por la lucha contra la dependencia económica, busca la modernización del Estado y apunta al desarrollo nacional, impulsado desde el Estado.
Estos fueron los periodos heroicos del nacionalismo; empero,  a pesar de los grandes esfuerzos, las medidas de nacionalización, los países que incursionaron por estos horizontes no pudieron romper con la dependencia, al contrario, como formando parte de un dramatismo histórico, terminaron de ahondarla. De la dependencia de las manufacturas pasaron a la dependencia de las transferencias tecnológicas y a las incursiones masivas del capital financiero, comprendiendo sus redes de dominio en forma de mallas, abarcando circuitos dúctiles, flexibles, rápidos, articulados a los mecanismos de los sistemas de la informática. Los nacionalistas de estos periodos lucharon denodadamente contra la dependencia, pero no pudieron salir de ella, debido a que en la medida que no podían escapar a los circuitos de los ciclos del capitalismo, a las estructuras de dominación y reproducción de la dominación y de la acumulación de capital, no pudieron romper con los condicionamientos de las lógicas de la acumulación de capital del sistema-mundo, de la economía-mundo, que dibuja una geopolítica condenatoria: centro periferia, norte-sur. En el mejor de los casos, lo que pudieron hacer estas políticas de sustitución de importaciones, estas políticas de nacionalización, es modificar los términos de intercambio, pero no cambiar las estructuras de dominación mundial ni las estructuras de acumulación de capital. Entonces terminaron recreando el mismo sistema mundo, comprendiendo algunos desplazamientos.
Los neo-nacionalismo de comienzos del milenio intentan repetir la misma historia, empero sin la heroicidad de aquellos nacionalismos, lo hacen como en una comedia disminuida, sin convicción y renunciando a los grandes alcances desde un  principio, como ocurrió en Bolivia con el proceso de nacionalización de los hidrocarburos iniciados el primero de mayo del 2006, proceso inconcluso, que terminó paradójicamente desnacionalizando en el mismo proceso de desnacionalización al acordar contratos de operaciones que entregaban el control técnico a las empresas trasnacionales, reduciendo a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) a una mera administración y a un control nominal, sin retener el gas y el petróleo en Bolivia para su industrialización, como así manda la Agenda de Octubre y el Referéndum sobre los hidrocarburos.
Hay que distinguir pues entre los actos heroicos de los nacionalismo de la mitad del siglo XX y los nacionalismo del siglo XXI, que lo único que hacen es apoderarse de la imágenes de estos procesos soberanos, invistiéndose de su ropaje, empero sin llevar a cabo las medidas de expropiación de las empresas trasnacionales. También es indispensable comprender que, a pesar de los actos heroicos de aquellos nacionalistas sus esfuerzos chocaban con la estructura geopolítica y la lógica de acumulación de capital. En tercer lugar es indispensable no olvidar la gran enseñanza de la escuela de la Teoría de la Dependencia, quienes lograron develar que el desarrollo que se busca produce subdesarrollo y dependencia, como parte de una dialéctica perversa. Esta enseñanza nos lleva a replantear los alcances de las políticas soberanas, de defensa nacionalista, en contextos y horizontes complejos de los ciclos del capitalismo, en el panorama de las nuevas luchas anticapitalistas y descolonizadoras, que llevan adelante las naciones y pueblos indígenas originarios. No se puede salir de la dependencia si es que se sigue por los caminos de la ilusión desarrollista, no se puede salir de la dependencia si es que no se sale de los horizontes de la modernidad y del prejuicio de desarrollo. Para salir de la dependencia es menester un cambio civilizatorio. La guerra anticapitalista es primordialmente una guerra anticolonial y descolonizadora, es una guerra contra el modelo civilizatorio de la energía fósil, de la desbastadora destrucción y depredadora de la naturaleza. Salir del capitalismo significa construir una civilización libre de la compulsión del dominio sobre la naturaleza.
Esa es también una enseñanza de la Escuela de Frankfurt; el capitalismo y la modernidad se han construido sobre la base de dos mitos, el mito de la dominación de la naturaleza y el mito del progreso. Recogiendo estas enseñanzas, la de la teoría de la dependencia y la de la escuela de Frankfurt, no se puede seguir ingenuamente u obsesivamente por las rutas consabidas del desarrollismo; hay que salir de esta perspectiva linealista. Es indispensable un mundo alternativo.
Ahora bien, así como no era posible el socialismo en un solo país, el cambio civilizatorio también tiene que darse mundialmente. Esto no quiere decir que haya que esperar a que las transformaciones radicales se den mundialmente, sino que estas transformaciones hay que transitarlas en cada país, en cada región, dependiendo de sus condiciones y sus contextos histórico-políticos. Lo que significa que de lo que se trata es de orientar transiciones transformadoras en múltiples niveles. Algunos teóricos e historiadores de los ciclos de capitalismo proponen la figura de la desconexión, no como aislacionismo, sino como método de transición económica; esto significa escapar de los condicionamientos del mercado externo y de la división internacional del mercado y del trabajo, orientando la producción al mercado interno. Esta posición es sugerente pues propone, sin renunciar a otras formas de industrialización, incorporando tecnologías limpias, no agresivas y destructoras, armonizar y complementar la producción con los equilibrios ecológicos. No hay que olvidar de ninguna manera, olvido que corresponde a la amnesia desarrollista, que no se puede transferir los costos del desarrollo a la naturaleza, que esta transferencia tiene sus límites y su bumerang. La destrucción desarrollista termina destruyendo el mismo desarrollo.
En lo que corresponde al balance de las rutas desarrollistas contemporáneas, sobre todo en lo que respecta a las llamadas potencias emergentes, es ilustrativo leer a Francisco de Oliveira cuando hace el análisis de lo que ocurre con la potencia emergente de Brasil[1].  El autor de El neo-atraso brasileño propone dos hipótesis interpretativas; una que por un lado fueron las actividades rurales de subsistencia, el trabajo informal y la precarización de los salarios los que subsidiaron el crecimiento de la industria y los servicios. La segunda hipótesis se refiere a la emergencia de una nueva burguesía compuesta por técnicos, economistas y banqueros, núcleo duro del Partido de los Trabajadores (PT). Ambas condiciones determinan la identidad paradójica que adquiere el capitalismo periférico en esta parte del mundo, aquí el capitalismo se financia con la explotación de los trabajadores, en tanto que el progreso sucede siempre en otro lugar, allí donde se produce la ciencia y la tecnología de punta, en el centro del sistema-mundo capitalista.
Este balance es contundente, no hay desarrollo en las potencias emergentes, por lo menos entendiendo a este fenómeno de una manera integral, sino neo-atraso, repitiendo las condiciones perversas de este rezago. El desarrollo de las fuerzas productivas deja en la ruina a una parte de la humanidad, el subdesarrollo aparentemente deja de existir, no así sus calamidades, el trabajo informal, el mismo que se transforma un indicador de la desagregación social. Lo que se produce es una modernidad heterogéneas y de contrastes. Por un lado centros urbanos que imitan el iluminismo edificado de las urbes del norte, burguesías articuladas a las redes del capital financiero, por lo tanto que forman parte de la misma burguesía globalizada; por otro lado, incluso en las mismas ciudades, cordones, espacios, amplias zonas de marginamiento y economía informal, incluso ilícita. Grandes mayorías discriminadas. En las potencias emergentes se ha dado lugar a la emergencia industriales, que no es otra cosa que el desplazamiento de la desindustrialización del centro del sistema-mundo capitalista, que ha optado por tecnología de punta, transfiriendo tecnología obsoleta a las llamadas potencias emergentes. En estos lugares se ha dado lugar a la formación de  nuevas burguesías, que no tendrían que nada que envidiar a las burguesías del norte, sobré todo en lo que respecta a su opulencia; empero este esplendor se construye sobre la base del marginamiento y la informalización de las grandes mayorías explotadas y dominadas, que habitan las zonas y los espacios del neo-atraso y la pobreza repetida descomunalmente. La emergencia de las potencias se basa en la destrucción devastadora de la naturaleza, la ampliación de la frontera agrícola, el uso de los transgénicos. De esta manera los costos de este progreso son demasiado altos como para hacerlo sostenibles.
No hay pues destino con el desarrollismo, tampoco con el neo-nacionalismo.  Lo que hacen, en el mejor de los casos, en el caso de las potencias emergentes, es volver a modificar los términos de intercambio en las lógicas de acumulación del capital, modificar su participación en la estructura mundial de dominación capitalista. Por eso, podemos volver a decir, que los nacionalismo están mucho más cerca de las ilusiones liberales criollas y gamonales que de los proyectos emancipatorios y libertarios de los movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios. Están más cerca de repetir las formas coloniales, las del colonialismo interno, también las reiteradas cadenas de la dependencia, que de lograr construir las soberanías plurales que requiere un mundo alternativo de autodeterminaciones, auto-convocatorias, de participaciones sociales y ejercicios plurales de la democracia. Si bien los nacionalismos heroicos forman parte de la historia de las luchas, pretender repetirlos en los ciclos contemporáneos del capitalismo es apostar e una repetición burda y cómplice da las formas de acumulación mundial capitalista por despojamiento.
         


[1] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasilero. Siglo XXI-CLACSO. 
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Política y violencia

Política y violencia

Raúl Prada Alcoreza
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Hay reflexiones sobre la violencia, como las de Georges Eugène Sorel, también como las de Walter Benjamín, así como las de Jacques Derrida, que retoma esas reflexiones. En Comunatambién se hizo una reflexión sobre la violencia en Tiempos de rebelión. Ahora es indispensable volver a hacer una reflexión de la violencia a partir de la experiencia del conflicto del Territorio Indígena Isiboro Sécure (TIPNIS), la victoria de la marcha indígena, pero también a partir de las secuelas del conflicto que muestran la insistencia del gobierno en prolongar el conflicto al tratar de revertir su derrota, volviendo a la carga contra los dirigentes indígenas, descalificándolos y amenazándolos, amedrentando a la población de las comunidades indígenas del TIPNIS, movilizando a los cocaleros, sobre todo de los límites del territorio indígena, quienes efectúan una guerra sucia contra los pobladores del TIPNIS, cobrando “peaje” por cruzar la “frontera”. Esta experiencia, la experiencia del conflicto del TIPNIS, es ilustrativa de la violencia estatal y de las formas de esta violencia; también es ilustrativa debido a que las formas de violencia desplegadas por el gobierno son sintomáticas y alumbran sobre las profundas estructuras del poder y del Estado.
¿Por qué se recurre a la desmesurada violencia del Estado? ¿Por qué se opta por las variadas formas de violencia? ¿Por qué se recurre de manera constante a la manipulación, al chantaje, a la distorsión de los hechos, a la descalificación inaudita, buscando definir al enemigo, de bestializarlo, para sí justificar su represión, incluso su anulación?  Un senador de Cochabamba dice que hay que expulsar a los dirigentes indígenas del TIPNIS, quienes estarían comprometidos en supuestas negociaciones de madera. En este discurso por lo menos se encuentran dos cosas; una se quiere sacar al enemigo de su cueva, pero también de su hábitat, expulsarlo, exilarlo, darle muerte civil. Por otra parte se sigue de manera insistente e irreflexiva con las acusaciones contra los dirigentes, acusaciones que, por cierto, nuca demostraron los acusadores.
¿Por qué este senador lo hace? ¿Por qué unos indígenas, que no se sabe quiénes son, pidieron en San Ignacio de Moxos que se expulse a los dirigentes orgánicos del TIPNIS? Se trata del Comité de Defensa del Desarrollo de Moxos (CODEMOX), que pide que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos atraviese el TIPNIS. El mismo presidente del Estado, Evo Morales, participó del aniversario del Primer Grito Libertario del líder Pedro Ignacio Muiba,  donde se transmitió este pedido. Retrocediendo ante su propia promulgación de la Ley que declara intangible al TIPNIS, pide a esos extraños dirigentes que se dirijan a los diputados y senadores para que anulen la ley. ¿Qué es esto? Marcha y contra-marcha, ¿el tormento de Sísifo? ¿Un conflicto de nunca acabar? ¿Se ha firmado para que se vayan los marchistas a sus casas y se desmovilice el pueblo paceño, empero esperando la ocasión de dar la puñalada por la espalda? ¿Qué clase de práctica política es esa? Insistir, levantarse del suelo, volver a patalear, replantear la pelea, no es necesariamente un muestra de coraje, dependiendo de las circunstancias, sino una muestra de obstinación y falta de instinto de sobrevivencia.
¿Quiénes son estos indígenas que acuden a una reunión oficial en conmemoración a los héroes legendarios de la lucha de los indígenas amazónicos y chaqueños? Se dan nombres, se dice que son dirigentes. ¿Son de comunidades del TIPNIS? ¿Y qué hay del respecto a las direcciones orgánicas y a las organizaciones matrices? Nada de eso importa. Lo que importa es volver al recurso de la violencia descomunal del Estado en contra de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, lo que importa es recurrir a los instrumentos coercitivos del gobierno, quien puede movilizar a los sindicatos cocaleros, quién puede movilizar bloqueos de caminos como lo hizo al levar colonizadores a Yucumo, utilizando los recursos del Estado. Ahora se hace lo mismo, el Ministerio de la Presidencia y otras instancias gubernamentales, incluso la gobernación de Cochabamba, mueven recursos y personal para comprometer movilizaciones preparadas por el gobierno en contra de las dirigencias indígenas del CIDOB y el CONAMAQ. Ciertamente se entiende que no se sientan satisfechos después de la derrota sufrida, empero, lo que llama la atención es esta compulsión por las formas de la violencia como recurso  desesperado a revertir la situación y tratar de volver a imponer su voluntad por la fuerza.
Ante la desenvoltura del despliegue de la violencia uno se pregunta: ¿para qué están hechos entonces los derechos fundamentales, los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, los derechos de la Madre Tierra? ¿Para qué está hecha la constitución? ¿De adorno? ¿Discurso de propaganda? ¿Texto de vitrina? La violencia es eso, violencia, porque viola derechos, no solamente porque afecta a sujetos y subjetividades, violentando su interioridades y exterioridades, violentando sus libertades. El Estado que debería ser garante de los derechos fundamentales, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas y los derechos de la Madre Tierra, no lo es; al contrario, aparece en su forma descarnada como el monopolio de la violencia en su condición desenvuelta de Estado de excepción, suspendiendo los derechos. ¿Qué intereses defiende el Estado? ¿Estos intereses están sobre los derechos? Hablar en este caso de intereses estratégicos como los relativos a la integración no es otra cosa que ocultar las relaciones y estructuras de poder que defiende el Estado. La lógica de estas relaciones y estructura de poder impulsa la maquinaria estatal movilizando sus instrumentos, sus engranajes, sus dispositivos y agenciamientos, movilizando sus aparatos represivos e ideológicos. Esta es la pulsión inmanente del Estado, la pulsión de dominación. Los derechos son conquistas logradas por luchas sociales, que solo serán respetadas si las fuerzas sociales contrarrestan esta pulsión dominante con la exigencia de prácticas democráticas.
En estas circunstancias la democracia efectiva y la efectuación de la democracia desaparecen, son sustituidas por el juego de las fuerzas. Eso es lo que ha pasado en el conflicto del TIPNIS. El gobierno ha desplegado sus fuerzas en el terreno, también lo hicieron las naciones y pueblos indígenas originarios, sus organizaciones matrices. En el recorrido de toda la marcha lo que se ha visto es el despliegue aparatoso de la violencia estatal, enfrentada por las fuerzas sociales que se articulaban para defender una causa, la causa de la Madre Tierra, del Vivir bien, de la Constitución, de los derechos fundamentales y de las naciones y pueblos indígenas originarios. Frente al descaro de la manipulación y del chantaje, frente a lo grotesco de las descalificaciones del enemigo declarado, los marchistas manifestaron y desplegaron la fuerza ética y moral de la dignidad, la fuerza cualitativa ante la cual las otras fuerzas cuantitativas no pueden hacer nada, se fragmentan y diluyen como polvo. Igual, si hubiera el gobierno impuesto su voluntad a como dé lugar, hubieran perdido, ante la demostración heroica de la dignidad. No se puede contra esta acción ética; lo demuestran muchas experiencias en la historia política y social del mundo. El dramatismo de la marcha y la despavorida represión, primero en curso y después abiertamente realizada de una manera descomunal en Yucumo, terminaron de volcar la correlación de fuerza en beneficio de los marchistas. Después de estos hechos bochornosos que recorrieron el mundo y motivaron indignación en todas partes, la marcha se reanudó; por donde iban eran bien recibidos, desmoronándose así la versión falsa del gobierno, de que todos los colonizadores estaban contra la marcha, contra las demandas de la marcha, defendiendo a la carretera. El pueblo paceño y el distrito 14 de la Ciudad de el Alto, las organizaciones sociales, la Central Obrera Boliviana (COB), se volcaron a recibir a los marchistas como héroes en la sede de gobierno. Este fue el triunfo de la marcha. Quedaba claro que el pueblo boliviano, nuevamente, manifiesta su clara contraposición contra las formas de la tiranía. No acepta el desparpajo de la violencia, de la violación de los derechos, no acepta la manipulación y los montajes, no acepta sobre todo el desboque de la violencia.
Lo que vino después es el resultado, la consecuencia de esta victoria, la promulgación de una ley que protege al TIPNIS. Por eso, los marchistas no festejaron con el gobierno esta conclusión sino con el pueblo paceño y las organizaciones que apoyaron a los marchistas y a la Madre Tierra. Esta realidad no se puede cambiar con discursos, con maniobras, con interpretaciones estrambóticas, como la de otro senador de Cochabamba, quien considera irresponsables a los dirigentes indígenas por la declaración de intangibilidad del TIPNIS, adelantando que intangible en la ley ambiental significaría intocable, como si tuviéramos que recurrir al diccionario para resolver el significado de una norma, obviando el análisis y la comparación jurídica. Herido por que se ha vetado su ley, la ley tramposa que quería ganar tiempo para que de todas maneras se apruebe más tarde la carretera, hace gala de confusas interpretaciones, defendiendo algo que ni el mismo cree. Estos padres de la patria son los dispositivos elocuentes de la legitimación de la violencia descarada y del despliegue de las políticas extractivistas y desarrollistas. Nada va cambiar lo sucedido, en la historia política va a quedar en la memoria de las luchas esta victoria contundente de los marchistas indígenas originarios.
En Ecuador se ha declarado zona intangible a los territorios donde se suponen que hay poblaciones no contactadas. En el Perú, cerca de la Laguna del Toro se reunió una multitud de comunarios de las comarcas del norte andino ultrajadas por las constantes actividades de la empresa minera canadiense Barrick Golden; todos los reunidos, que sobrepasaban a las 5000 personas, declararon por unanimidad la intangibilidad de la zona de las Lagunas del Toro. Los representantes municipales se comprometieron e este acto realizar los trámites necesarios para esta declaración de amplio acuerdo popular se le otorgue el rango legislativo.En ninguno de los dos casos la intangibilidad anula los derechos de las naciones y pueblos indígenas, al contrario, protege sus derechos, pues los defiende frente al avasallamiento extractivista y desforestador. ¿A quién se le ha podido ocurrir que la intangibilidad ambiental significa no tocar absolutamente nada del TIPNIS, territorio y recursos? ¿Qué clase de imaginario es este? Imaginar una nada absoluta, una intangibilidad conceptual, lo suprasensible elevada a una alta potencia, para hacerla realidad inmovilizando a los habitantes del TIPNIS como si fuesen esculturas de estuco. Esta figura muestra elocuentemente las profundas paradojas del poder; la maquinaria más elocuente de la cruda realidad del poder, la violencia, es decir, el Estado, se imagina la más abstracta representación, la nada, para inmovilizar y hacer desaparecer a los indígenas de sus territorios, por lo menos imaginariamente.
La reglamentación de la Ley corta tiene que operar en función del sentido de la ley promulgada. El artículo uno de la ley expresa que:
Se declara al Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure – TIPNIS patrimonio sociocultural y natural, zona de preservación ecológica, reproducción histórica y hábitat de los pueblos indígenas Chimán, Yuracaré y Mojeño-trinitario, cuya protección y conservación son de interés primordial del Estado Plurinacional de Bolivia.
El artículo dos dice que:
Teniendo el territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure – TIPNIS, además de la categoría de territorio indígena, la categoría de área protegida, se constituye, en garantía de conservación, sostenibilidad e integridad de los sistemas de vida, la funcionalidad de los ciclos ecológicos y los procesos naturales en convivencia armónica con la Madre Tierra y sus derechos.
En este contexto de la ley hay que entender la declaración de intangibilidad del TIPNIS. Por otra parte, la ley y el reglamento de la ley responden a la Constitución, no pueden contravenirla, sino se anulan por ser inconstitucionales. Por lo tanto la intangibilidad afecta a los avasalladores del parque, a los cultivadores de coca, a las empresas extractivistas, a las empresas madereras, a  todo emprendimiento y acción externa que afecte al ecosistema del parque y al territorio indígena, que afecte a los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. El numeral 4 del artículo 30 de la Constitución Política del Estado dice que las naciones y pueblos indígenas originarios tienen derecho a la libre determinación y territorialidad. El numeral 7 habla de la protección de sus lugares sagrados. El artículo 8 dice que tienen derecho a crear y administrar sistemas, medios y redes de comunicación propios. El numero 10 establece que tienen derecho a vivir en un medo ambiente sano, con manejo y aprovechamiento adecuado de los ecosistemas. El numeral 11 dice que tienen derecho a la propiedad intelectual colectiva de sus saberes, ciencias y conocimientos, así como a su valoración, uso, promoción y desarrollo. El numeral 12 establece que tienen derecho a una educación intracultural, intercultural y plurilingüe en todo el sistema educativo. No como cree el vicepresidente que quiere darles una educación liberal, que no es otra cosa que una educación colonial y disciplinaria, base de la individualización de los sujetos modernos. El numeral 15 establece que tienen derecho a ser consultados mediante procedimientos apropiados, y en particular a través de sus instituciones, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles. Al respecto fue muy graciosa la interpretación del presidente de la cámara baja que decía que cómo no era una medida legislativa y administrativa la carretera que atravesaría el TIPNIS, entonces este compromiso del gobierno con OAS y el gobierno brasileño no afecta a los derechos de las naciones y pueblos indígenas constitucionalizados. Estas triquiñuelas de abogados no sirven para nada en este caso pues la construcción de una carretera es la realización material de medidas legislativas y administrativas.
Después de la victoria de la marcha indígena, después de la promulgación de la ley, que debería haber zanjado el problema, como el propio presidente lo dijo, el conflicto no ha terminado, pues se prepara una movilización de cocaleros, maniobras en un encuentro para debatir el modelo económico, donde se va a buscar exigir la abrogación de la ley.  La descalificación de los dirigentes continúa con los mismos procedimientos escandalosos e indecorosos. Ahora hay que enfrentar el desafío del cumplimiento de la ley, de realizar efectivamente la protección del parque y el cumplimiento de los derechos de las comunidades indígenas del TIPNIS.
La victoria del TIPNIS es un punto de inflexión como lo fue la guerra del agua, ahí comenzó la derrota del proyecto neoliberal; después de la victoria indígena y de todo el pueblo boliviano que apoyo la defensa del TIPNIS comienza la reconducción del proceso. El CIDOB, el CONAMAQ, la COB, las Juntas de Vecinos, las organizaciones de activistas, tienen la responsabilidad de conformar una alianza de reconducción del proceso, de convertirse en el consejo político de la reconducción, de orientar el curso del tiempo político en el sentido del ejercicio plural de la democracia, participativa, comunitaria y representativa; en construir colectivamente a decisión política, la ley y la gestión pública como establece la constitución. De hacer respetar la propiedad del pueblo boliviano sobre los “recursos naturales” no-renovables y el beneficio exclusivo de los “recursos naturales” renovables en los territorios indígenas. De exigir transparencia, participación y control social en las políticas públicas, sobre todo en los temas estratégicos, como los relativos al modelo integral y alternativo a seguir, entendido como el modelo del vivir bien.      
  

Pulsión de muerte

Pulsión de muerte
Raúl Prada Alcoreza

¿Hay una atracción del abismo? ¿Algo así como una pulsión de muerte? ¿Qué es lo que empuja insistir en lo mismo que llevó al conflicto del TIPNIS? Después de la derrota política, el gobierno insiste en las causas del problema. ¿Por qué? ¿Compromisos grandes con la constructora OAS, con los cocaleros excedentarios, con los cocaineros? ¿Quién puede creer en esos montajes de San Ignacio de Moxos, localidad que se encuentra fuera del TIPNIS, donde una congregación de supuestos indígenas pide que la carretera pase por el territorio indígena? ¿Quién puede ser tan ingenuo o tan “llunku”? Es como un círculo, sólo los propios funcionarios y los grupos de choque, que hasta los hay escribiendo, que se ocupan de insultar y descalificar. La imagen del espejo. Después de aprobar una ley que declara al TIPNIS intangible, no pueden retroceder. Esto es retorcerse en coleteos de muerte. ¿Por qué no tienen vocación de reflexionar, de evaluar sobre lo que ha pasado? ¿Por qué son incapaces de rectificar, de aprender de los errores y corregirlos? Parece un mal de la política práctica; la clase política está tan ensimismada en idolatrarse, en mirarse en el espejo, que se ha desconectado de la realidad efectiva y prefiere vivir compulsivamente su propio imaginario desdichado. No pueden entender una cosa tan simple: la carretera no puede pasar por el TIPNIS pues está protegido por la Constitución y las leyes, entre ellas la Ley de los derechos de la Madre Tierra. Hacerlo es violentar la constitución y las resoluciones de Tiquipaya. No, no pueden entender porque están abismalmente alejados de la Constitución y enredados en el modelo colonial heredado: el capitalismo dependiente del extractivismo. Sin embargo, hay algo que tienen que saber estos políticos, si vuelven a cometer el mismo error, el pueblo boliviano volverá a salir a defender la Madre Tierra y los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. Por otra parte, deberían instruirse un poco antes de lazar ese castigo de verdugos de que ahora que es intangible el TIPNIS y nadie lo toca, ni los indígenas que habitan la zona. No consultaron otras experiencias de intangibilidad ambiental, como las de Ecuador. Lo intangible se refiere a que no pueden afectar el territorio fuerzas externas extractivistas y desforestadoras, no atenta esta declaración contra los derechos de las naciones y pueblos indígenas consagrados en la Constitución. Por lo tanto podemos hablar de la tangibilidad de la intangibilidad y de la intangibilidad de la tangibilidad, que no es lo mismo.  

Las formas del contra-proceso

Raúl Prada Alcoreza: Las formas del contra-proceso

Hablamos de las formas que se oponen al proceso de transformaciones, llamado comúnmente proceso de cambio, que se refiere históricamente al proceso desatado por los movimientos sociales y las naciones y pueblos indígenas originarios, al proceso que deriva en el proceso constituyente e inicia el despliegue de la voluntad política de descolonización. Este proceso está íntimamente ligado a la aprobación de la Constitución por parte del pueblo boliviano, Constitución que define un Estado plurinacional comunitario y autonómico. La aplicación de esta Constitución exige transformaciones institucionales radicales y transformaciones estructurales económicas, políticas, sociales y culturales; una nueva relación entre Estado y sociedad, convirtiendo al Estado en Instrumento de la sociedad, avanzando a su reincorporación en el contexto de una sociedad integral. Esta nueva relación se expresa políticamente en el sistema político de la democracia participativa, en la participación y el control social. Proceso que apunta a la transformación económica en la perspectiva de un modelo productivo que salga de la condición extractivista y se encamine a la soberanía alimentaria, articulando en esta perspectiva la industrialización para abastecer al mercado interno. Proceso que se orienta a un modelo ecológico y territorial en armonía con los ecosistemas y los seres vivos. Cómo se podrá ver a este decurso se le ha dado el nombre del vivir bien, entendido como modelo alternativo al desarrollo, a la modernidad y al capitalismo. Todo esto está atravesado por el desmontaje de la herencia colonial, institucional, social, cultural y subjetiva. Por eso, se entiende que es imprescindible la participación abierta en la descolonización de las naciones y pueblos indígenas originarios, además de los movimientos sociales anti-sistémicos urbanos y rurales. Esta construcción pluralista, comunitaria y autonómica define características distintas a las experiencias vividas durante el siglo XX, ligadas a proyectos emancipatorios proletarios anticapitalistas.
La revolución socialista fue entendida como transformación igualitaria de la sociedad, partiendo de la socialización de los medios de producción, la revolución de las fuerzas productivas y la transformación de las relaciones de producción capitalistas. La revolución socialista era entendida claramente como un acontecimiento moderno, formaba parte del desarrollo irresistible de las fuerzas productivas y de la apropiación social del excedente, destinado a mejorar constantemente las condiciones de vida de toda la sociedad. Este proyecto se entrampó en la experiencia dramática del socialismo en un solo país en la periferia del sistema-mundo capitalista; las contradicciones profundas de esta experiencia desgarraron la construcción socialista produciendo perversiones estatales, burocráticas y económicas. Los estados socialistas de la Europa oriental terminaron desmoronándose estrepitosamente sin poder haber extendido la revolución al resto del mundo. La pregunta pendiente que hay que responder es ¿por qué cayeron estos estados y se desmoronaron estas experiencias? No vamos a hacer aquí una evaluación de las hipótesis que se vertieron, generalmente débiles y circunscritas a la culpabilidad de los conductores, concretamente de los partidos comunistas. El problema es mucho más complejo que tratar de resolverlo con temas de estrategia y de táctica, en el mejor de los casos, o de corrupción, en el peor de los casos. El problema tiene que ver con los alcances de la comprensión del sistema-mundo capitalista, de sus ciclos, de sus expansiones, de sus formas de acumulación y cambios estructurales. Podríamos decir que aquí radica la gran debilidad de la izquierda tradicional, nunca se hizo las preguntas cruciales, por lo tanto tampoco respondió a las preguntas; el derrumbamiento de los Estados socialistas era tomado como eventos circunstanciales en el curso irresistible de las leyes de la historia, las que llevan de todas maneras a superar el capitalismo con el socialismo, asumiendo una evolución histórica inscrita en la naturaleza de la sociedad. La izquierda tradicional se quedó con estereotipos, esquemas restringidos del capitalismo, modelos metodológicos reducidos de su funcionamiento. Se negó a contrastar sus interpretaciones compendiadas con los contextos reales, efectivos, los procesos en cursos, las coyunturas, los periodos y las formas concretas del capitalismo; mucho menos se dio a la tarea de reflexionar sobre sus grandes derrotas políticas. Al respecto podemos constatar una separación calamitosa entre la conducta política de los partidos de izquierda y los estudios teóricos del capitalismo, así como un distanciamiento desconcertante con los estudiosos del marxismo. No solamente hablamos de lenguajes diferentes sino de concepciones distintas. El marxismo de los partidos se estancó en la episteme positivista del siglo XIX, dando lugar a una interpretación liberal del marxismo, por más paradójico que pueda parecer esto. Sólo así se explica el caer en un ingenuo determinismo económico y en una inocente figura de la historia, construida bajo el supuesto evolucionista darwiniano. En lo que respecta a su comprensión de la cuestión estatal, su comprensión del Estado, los alcances de las interpretaciones improvisadas corresponden a los límites mismos de la teoría burguesa del Estado, en el mejor caso al seguimiento acrítico de la ciencia política en lo que respecta al análisis de las instituciones políticas. En relación a este tema no se puede ver con claridad el desarrollo de una teoría marxista del Estado, mas bien lo que se observa es su ausencia. Los esfuerzos de la academia y los teóricos marxistas se encaminaron a retomar la cuestión estatal a partir de los problemas de hegemonía, de las historias específicas de las luchas de clases y de los estudios históricos de los estados, incluyendo una sociología de los estados contemporáneos. No se puede ver en estos estudios el trabajo intelectual de elucidación de la cuestión estatal, sino una apología del Estado y la legitimación obsesiva de esta maquinaria de dominación, devenida desde la filosofía política y heredada por la ciencia política. La filosofía política ha buscado desesperadamente desactivar la política, es decir la lucha de clases, en tanto que la ciencia política se ha propuesto la tarea de normalizar las relaciones, regularizando las instituciones, persiguiendo policialmente la conservación del orden. Trascender los límites desactivadores de la filosofía política y policiales de la ciencia política equivalía a romper con los marcos de las teorías jurídico políticas y encaminarse al horizonte abierto por las teorías histórico políticas; esto se hace a partir de la inteligibilidad de la problemática del poder y de las relaciones de dominación. Teniendo estas condicionantes empobrecedores del análisis, circunscritos en la apología del Estado y la legitimación del poder, se puede entender los anacronismos cristalizados de la izquierda colonial; por una parte los partidos de la izquierda “radical” se mantuvieron en la tesis general de la dictadura del proletariado, por otra parte los partidos de la izquierda reformista se adecuaron a plantear adaptaciones y usos del Estado en la perspectiva de transiciones diferidas.
En todo caso lo que asombra es la pervivencia en la actualidad de anacronismos cristalizados en comportamientos políticos, expresiones ideológicas y visiones de mundo extemporáneas, correspondientes a sedimentos epistemológicos de la ilustración, decimonónicos y del siglo XIX. Una concepción positivista de la ciencia, la misma que se toma desde un arquetipo religioso, hablamos de la representación de la ciencia como verdad incuestionable, como objetividad absoluta, que se habría dado a la tarea de descubrir las leyes de la naturaleza, de la historia y de la sociedad. Algo tienen que ver en la sedimentación de estos anacronismos la modorra de la enseñanza universitaria y su anquilosamiento académico. Muchos de los activistas de esta izquierda más se parecen a los evangelistas de los últimos tiempos, expresando patéticamente en su metáfora revolucionaria mas bien el cataclismo apocalíptico que la transformación emancipadora. Podemos decir que en el fondo los activistas de la izquierda colonial terminan manifestando su recóndita relación con el cristianismo. Están más cerca del sacrificio y la redención que de la transformación radical de las estructuras de poder y de las dependencias mentales. En un país como el nuestro, Bolivia, se encuentran tan distantes de comprender las profundas problemáticas matriciales del poder, de la dominación y del capitalismo efectivamente dado. Es muy difícil que se hagan una idea adecuada del acontecimiento colonial y de su continuidad en la colonialidad; sencillamente la problemática de la dominación racial no existe, o se reduce a una forma violenta de la lucha de clases o es un invento de los indianistas. En algunos casos hacen inventario de estudios clasificatorios de pueblos, de lenguas y culturas; empero están lejos de representarse el fenómeno de la dominación sobre los cuerpos, los territorios y las subjetividades. Llegan al extremo a reducir la compleja persistencia de sociedades, culturas, naciones y pueblos indígenas originarios, a su condición de campesinos. Bajo estos estereotipos reduccionistas pueden hacer depender la liberación campesina de la conducción de la vanguardia obrera, repitiendo mecánicamente las tesis de la alianza obrero campesina desarrollados en el contexto de la revolución rusa, durante las dos primeras décadas del siglo XX. Estos planteamientos se convierten en los ejes de su estrategia política para enfrentar la coyuntura conflictiva del proceso boliviano. En las cabezas de la izquierda tradicional no habría pasado nada desde la aprobación de la Tesis te Pulacayo (1946), toda la historia se habría detenido en ese acontecimiento reiterativo en la memoria militante. La experiencia de la Revolución de 1952 y sus dramáticos desenlaces no sirven sino para confirmar la justeza antelada del programa del partido. La interpretación escolástica se verifica: El nacionalismo no liberaría a los obreros y a la nación; sólo el proletariado minero podía hacerlo. Nunca se preguntan por qué no incidieron en el decurso de los acontecimientos, por qué no irrumpieron en la historia, por qué no hicieron al final la revolución. Se acude al cliché de la incomprensión de las masas. La caricatura adquiere una tonalidad jocosa cuando los mismos argumentos se vuelven a repetir en otros momentos, cuando es derrotada la Asamblea Popular, cuando cae anticipadamente la UDP, cuando se despliega el proyecto neoliberal, aprovechando el vacío político e ideológico dejado por las derrotas del movimiento obrero. Este comportamiento adquiere una tonalidad patética cuando vuelve a repetirse el discurso y el comportamiento desencajado de la realidad efectiva, reiterando la ejecución del libreto de una manera patológicamente memorística y aburridamente mecánica, cuando se enfrentan a los causes de un proceso en curso, desatado por movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios, donde no tuvieron ninguna incumbencia, mas bien fueron completamente ajenos. Ahora que el proceso se debate en sus propias contradicciones, peligrosas por cierto, se creen señalados a convertirse  en vanguardia de la revolución traicionada. Creen poder hacerlo recurriendo a esa imagen estereotipada de una lucha de clases reducida al enfrentamiento entre los fantasmas de los obreros abstractos y los espectros de una burguesía también abstracta, incapaces de pensar la manifestación especifica de las luchas articuladas de un proletariado nómada, enfrentando a los dispositivos monopólicos de las formas del capitalismo trasnacional, mediados por burguesías intermediarias e instituciones políticas dependientes. Bajo esta situación de delirio político, detenido en la extemporaneidad de una revolución inédita, no podríamos pedir a la izquierda tradicional que comprenda la íntima interrelación entre la dominación colonial y la explotación capitalista. Tampoco que los pueblos y naciones indígenas originarias no se reducen a ser campesinos, que la lucha por la tierra, la reforma agraria, está ligada a la lucha por el territorio. Que el enfrentamiento con el Estado, que para ellos se sintetiza en la dictadura de la burguesía, no se resuelve con mantenerlo como Estado-nación bajo la hegemonía del proletariado. Por eso se entiende su perplejidad e incomprensión ante la construcción descolonizadora del Estado plurinacional comunitario. No puede ser de otra manera pues esta izquierda es heredera de los prejuicios ideológicos del colonialismo y la modernidad.
Hablando con justeza, los anacronismos cristalizados de la izquierda tradicional no son las únicas formas del contra-proceso; hay otros quizás más peligrosos debido a su incidencia política, en todo caso, hoy por hoy, la izquierda colonial no tiene mayor incidencia en los desenlaces políticos, a no ser que se tomen en serio las desgarraduras de vestiduras y las alocuciones proféticas de los evangelizadores apocalípticos, difusores de manuales de la revolución incomprendida. Por orden de importancia podemos afirmar, sin peligro a equivocarnos, que de las formas del contra-procesos de mayor incidencia se encuentran las formas de la inercia estatal, el pragmatismo y el realismo político del gobierno apegado a las viejas normas y prácticas y a su esmerada administración regulativa, la concepción nacionalista acoplada a mantener el Estado nación y a repetir las aventuras del capitalismo del Estado y del imaginario de la revolución industrial, repitiendo imitativamente las estrategias de los populismos y nacionalismos latinoamericanos de la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Por este andar cauteloso y meticuloso terminaron perdidos en los engranajes de la fabulosa maquinaria estatal, que de todas maneras encausa la repetición del orden y el equilibrio impuestos por la geopolítica del ciclo del capitalismo dominante en el contexto de la crisis de hegemonía estadounidense, perdidos en las directrices de las condicionantes de los monopolios empresariales trasnacionales, financieros, tecnológicos y de mercados; esta manera de deambular el laberinto de la maquinaria estatal los llevó a mantener una concepción monetarista de la economía y a emitir un decreto perversamente neoliberal, hablamos del famoso gasolinazo. El bloque dominante nacionalista en el gobierno se ha convertido en el mayor obstáculo para el avance del proceso descolonizador y para la tarea de construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, se ha convertido en el mayor obstáculo para la emancipación de las naciones y pueblos indígenas originarios, para la liberación de las sociedades interculturales, así también para la emancipación del proletariado nómada, plural, diverso, articulado a las formas del capitalismo periférico, que combina la explotación salvaje con la explotación ultramoderna del capitalismo de las empresas trasnacionales. El bloque dominante nacionalista en el gobierno se ha metido en juegos que no controla, cuyas reglas están dadas e impuestas por las estructuras del ciclo del capitalismo vigente. Han creído que podían controlar con el supuesto de la clarividencia y el supuesto del prestigio, empero estos atributos personales no sirvieron de nada ante el movimiento condicionante de las lógicas del capital y de las geopolíticas en curso, entendiendo por esto no sólo la geopolítica de la economía-mundo capitalista sino también las geopolíticas regionales. Por ejemplo, la estrategia industrialista y de infraestructura caminera no es otra casa que la supeditación al desarrollo vertiginoso de la potencia emergente del Brasil. PETROBAS, empresas constructoras brasileras de caminos y de las futuras macro-hidroeléctricas, convenios, de acuerdos económicos y políticos, forman parte de las disposiciones, los dispositivos y los engranajes de una supeditación inocente a la demanda de energía y conexión con el pacífico de la potencia emergente. Los proyectos románticos de integración y la construcción de la patria grande quedaron en el museo de utopías, lo que se lleva adelante es el proyecto hegemónico regional de la burguesía brasilera, no solamente en contra de los proyectos descolonizadores y emancipatorios de los movimientos sociales bolivianos sino también de los movimientos sociales brasileros, conculcando su anhelada reforma agraria y el proyecto igualitario de las clases explotadas. El bloque nacionalista en el gobierno se ha convertido en un engranaje más de la maquinaria geopolítica del dominio del capitalismo financiero y de la geopolítica hegemónica regional. Seguramente todo esto se ha hecho y ha pasado sin mucha conciencia de lo que ocurría, confiados en la clarividencia y el prestigio, olvidando que estos temas estratégicos en un gobierno popular, en un gobierno que se llama de los movimientos sociales, deben tratarse transparentemente y abiertamente, discutiendo con el pueblo, los movimientos, las organizaciones y las instituciones. Las decisiones políticas en torno a estos temas estratégicos se las construye colectiva y participativamente como establece la Constitución. Los clarividentes y especialistas son incompetentes para responder a tareas que competen a todos, por lo menos en lo que respecta a un proceso emancipatorio, liberador y descolonizador. Al despreciar la democracia participativa el bloque nacionalista ha revivido las taras personales cristalizadas en los huesos, reproduciendo paranoias patológicas y alucinantes, sobre todo formas de gobierno enquistadas en las prácticas políticas, conllevando las corrosiones y perversidades despóticas. Por el andar de este laberinto se termina en la soledad insondable, sin poderse explicar qué pasó del proyecto del instrumento político. Dejando atrás, como posibilidad y como recuerdo el ejercicio directo, representativo y comunitario de la democracia.
Este descarrío del gobierno tiene que ser meditado y analizado, porque de lo que se trata es de reconducir el proceso y llevar adelante sus potencialidades y posibilidades, realizándose las mismas en acontecimientos multitudinarios y colectivos, en movilizaciones acompañantes de políticas fundacionales y transformaciones institucionales, trastrocamientos estructurales económicos, políticos, sociales y culturales. De ninguna manera se trata de buscar culpables como lo hacen los monjes decimonónicos de la revolución inconclusa, a la manera como lo hacían los inquisidores. De lo que se trata es de reconducir el proceso a partir de sus protagonistas, los movimientos sociales, las naciones y pueblos indígenas, el proletariado nómada. De lo que se trata es de comprender el campo de relaciones, las estructuras y los agenciamientos del poder, sus lógicas restauradoras, la forma como toma los cuerpos y las subjetividades, transformando a los portadores de responsabilidades. Por eso mismo, de lo que se trata es de resistir y de liberarse de las polimorfas formas de dominación, encausando formas de gobierno multitudinarias y participativas, inventando caminos por los espacios abiertos por las subjetividades emancipadoras, colectivas, comunitarias e individuales. Este proceso no está perdido, como algunos creen y predicen, si es que interviene el sujeto colectivo de las movilizaciones, si es que se da una clara irrupción de los movimientos, de los pueblos y el proletariado, si es que se comienza radicalmente a desmontar la fabulosa maquinaria de dominación y de administración de capital que es el Estado, si es que se construye la libre asociación de los productores y de las comunidades. Lo prioritario en este caso es la voluntad política colectiva de transformación, su intervención política gravitante. La retoma de la conducción política del proceso por parte de los movimientos sociales. En lo que respecta a la evaluación y análisis de la coyuntura crítica del proceso no hay que olvidar que todo proceso revolucionario y de transformación pasa por estas situaciones conflictivas y contradictorias, por estos puntos de flexión y de bifurcación, todo proceso de cambio se ha visto ante las mismas disyuntivas, avanzar radicalizando el propio proceso o estancarse, abriendo las compuertas a las formas de restauración del poder y del Estado. Cuando se enfrentan a estas coyunturas decisivas para el desenlace del proceso es indispensable corregir la disposición de las fuerzas, la orientación política y la conducción.
Se puede decir que los procesos y las revoluciones han sentido la llegada de este momento, pero también se puede decir que en la mayoría de los casos, si es que no es en la generalidad, las direcciones de los proceso y de la revoluciones se han perdido, sin poder cambiar el curso de los acontecimientos. El Partido Comunista de la Unión Soviética se entrabó en una lucha intestina con el resultado escalofriante de apostar por el peso gravitante de una burocracia absoluta, la industrialización militarizada y la dictadura de la nomenclatura del partido, conllevando las reminiscencias de formas despóticas del modo de producción asiático. El Partico Comunista de la China Popular intuyó la posibilidad del debacle de la revolución proletaria y campesina, entonces proyectó la convocatoria a una movilización general que buscaba transferir otra vez las decisiones a las masas, esta reorientación se llamó revolución cultural. Empero este intento heroico quedó detenido por las resistencias múltiples y detallistas de la burocracia del partido, la misma que llevó a la revolución a su desenlace capitalista, reinsertando el ciclo del capitalismo vigente y el dominio del capital financiero a las formas de administración de la burocracia del partido. Es una ironía que el Partico Comunista de la China Popular llamé a esta destrucción del proyecto revolucionario socialismo de mercado. La revolución nacional de 1952, encabezada por el proletariado minero, los fabriles, las clases medias empobrecidas y con la intervención indígena en la toma de tierras, se entraba rápidamente en procedimientos de restauración, al revivir el ejército y optar por formas liberales del nacionalismo, desentendiéndose poco a poco del factor decisivo de las organizaciones obreras, arrinconando a las milicias obreras y campesinas, e inclinándose rápidamente a las opciones que le ofrecía el Departamento de Estado norteamericano; cayendo en formulación de políticas monetaristas y en la administración de COMIBOL por parte de ingenieros norteamericanos. El MNR entregó a la Gulf Oil el petróleo y pretendió defender la minería para el Estado, sin embargo difirió permanentemente la instalación de fundiciones, condenando al país al modelo más resumido del estractivismo, la exportación de materias primas. Se abrió al oriente aplicando el Plan Bohan, empero orientando el proceso económico a la formación de una burguesía nacional. El MNR termina dividido en tres tendencias, una de derecha, otra de izquierda y una de centro. En este contexto de descomposición y de decadencia de la revolución nacional, el segundo gobierno de Paz Estensoro termina enfrentando a las milicias armadas de los mineros en Sora Sora y en noviembre de 1964 termina arrodillado ante el golpe de Estado armado por el Pentágono y la CIA, en complicidad participativa de las izquierdas, el PRIN, el PC y otras fuerzas políticas. No vamos a hablar aquí de la revolución cubana, pues se trata de un proceso que ha continuado a pesar de sus avatares, las contingencias, el bloqueo y saboteo sistemático por parte de los Estados Unidos. Quizás sea indispensable, en otro lugar, concentrarse en las tensiones y contradicciones inherentes al proceso revolucionario cubano, sobre todo en las formas y métodos de solución a los sucesivos problemas que han tenido que enfrentar los revolucionarios. Tampoco vamos a mencionar el caso de la revolución mexicana que se desata desde los inicios de la segunda década del siglo XX y quizás se extiende hasta 1940. Las complicaciones del proceso revolucionario, cuyo eje principal fue la lucha por la reforma agraria, desde la perspectiva del ejercito zapatista, sin negar la importancia de los otros ejes que tiene que ver con la reforma política, hacen que el análisis de las estructuras subyacentes de la revolución mexicana tengan que ser dilucidados en su propia especificidad y temporalidad. Sin embargo, se puede ver que las tendencias más avanzadas de la revolución se encontraban en los ejércitos comandos por Francisco Villa y Emiliano Zapata. Los otros caudillos y generales eran mas bien institucionalistas, incluso podríamos decir constitucionalistas. El proceso de la revolución mexicana es afectado por las intraversiones militares estadounidenses, una con la toma de Veracruz (1914) y la otra persiguiendo a Francisco Villa (1916). Como se puede ver, tal parece que la revolución mexicana no tiene un punto de inflexión sino toda una línea de inflexión. Por eso es indispensable estudiar estos problemas de las contradicciones inherentes a los procesos, sus tendencias, las correlaciones de fuerza y los momentos decisivos diferenciando y distinguiendo los procesos mismos. En esta breve revisión se puede ver dos casos extremos; uno el relacionado a la revolución mexicana que manifiesta la constancia de una crisis permanente, por lo tanto la pugna contante de las fuerzas en concurrencia;  otro el caso de la revolución cubana que exige la unificación de las fuerzas ante la agresión permanente del imperialismo, por lo tanto la decisión de continuar la revolución por los caminos de la defensa de la revolución. También vemos en los otros casos claramente los puntos de inflexión que conducen a la bifurcación, cuyo desenlace va desmoronar los procesos revolucionarios.
En esta descripción de las formas del contra-proceso ciertamente no podemos olvidarnos de los factores abiertamente contrarrevolucionarios como son las intervenciones de las oligarquías regionales, de la burguesía intermediaria, de sus medios de comunicación, de sus partidos políticos, así como tampoco podemos obviar las intervenciones del imperio, de las empresas trasnacionales y del capital financiero. Sin caer en la teoría de la conspiración podemos ver que estas estructuras de poder están dispuestas en el espacio geopolítico de tal manera que abren frentes efectivos contra el proceso. Se oponen, obstaculizan y persiguen destruir el proceso de transformaciones. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas formas del contra-proceso son anteriores al proceso mismo, forman parte de las estructuras, diagramas, institucionalidad y agenciamientos de poder establecidos históricamente en la sociedad postcolonial y en los periodos republicanos en la periferia del sistema-mundo capitalista de la llamada Audiencia de Charcas  y posteriormente Bolivia. Por lo tanto más que formas del contra-proceso se trata de estructuras políticas y económicas consolidados, contando además con las estructuras y las redes de la geopolítica de dominación imperial, con los circuitos, flujos y stockamientos de la acumulación ampliada de capital. El vencer estos obstáculos históricos que detienen el proceso de transformaciones o las trasformaciones del proceso implica estrategias y tácticas, métodos, diferentes a los que exige el luchar contra las formas del contra-proceso anteriormente identificados, que tienen un carácter temporal más corto, relativo al periodo del proceso y a las coyunturas sucesivas que ha tenido que vivir el proceso mismo en su devenir y transformación.
Uno está tentado a usar palabras, no sé si conceptos; por ejemplo, distinguir enemigo principal de contradicción principal, enemigo principal en la etapa histórica que toca, de contradicción principal, en el momento, en la coyuntura. Por ejemplo, entender que el enemigo principal se encuentra en ese espacio de emplazamientos definido por la geopolítica del imperio, la geografía del capital, los flujos y recorridos del capital, las redes del capital financiero, la organización de las empresas trasnacionales, la mediación de las burguesías intermediarias, la localización regional de las oligarquías regionales, los aparatos políticos de la burguesía intermediaria y de las oligarquías regionales, los medios de comunicación empresariales. Distinguir este enemigo principal, que conlleva una contradicción estructural, de los enemigos secundarios, que conllevan contradicciones no necesariamente estructurales, sino que pueden ser temporales y coyunturales. Sin embargo, estas contradicciones pueden llegar a ser la contradicción principal en el momento, pues sin poder dar curso a la resolución de esta contradicción tampoco se podría dar lugar a resolver la contradicción estructural con el enemigo principal. En el mapa cambiante de las contradicciones las mismas juegan un papel dinámico de articulaciones, de condicionamientos y de disposición; unas contradiccioneshacen de intérpretes de otras contradicciones. El emplazamiento del mapa exige que se resuelvan unas contradicciones para poder resolver otras. Por ejemplo no se podría resolver el enfrentamiento con los emplazamientos del enemigo principal sino se resuelve la contradicción con el bloque nacionalista-liberal en el gobierno, sino se resuelve la contradicción con la maquinaria sedimentada del Estado-nación, sino se resuelve la contradicción con el sistema de dispositivos normativos, administrativos y prácticas del viejo Estado. En tanto el bloque nacionalista-liberal domine el escenario político, el Estado-nación se restaure, se mantengan las normas liberales, sus formas administrativas y sus prácticas, la resolución de las contradicciones con el enemigo principal, el enfrentamiento con el enemigo principal, no puede darse efectivamente, pues esta se encuentra disminuida, mediatizada, saboteada, por la demagogia de los nacionalistas. El ejercicio de la política se convierte en un teatro, en una puesta en escena, cuyo objetivo es meramente electora, la diatriba contra el capitalismo y el imperialismo y la burguesía no es más que una demagogia, pues en los hechos se pacta con estos emplazamientos del imperio y del capitalismo.
Una explicación como esta parece adecuada a lo que queremos decir, pertinente en relación a la lectura de la coyuntura y el proceso que hacemos, indispensable ante la convocatoria de las fuerzas a la reconducción del proceso, empero supone la utilización espontánea de términos como enemigo principal, contradicción principal o secundaria, términos que vienen de la definición de la política como guerra y de uno de los discursos de la dialéctica. Si se hace un uso de esta forma, las consecuencias teóricas de este uso pueden ser incontrolables. Por eso es menester detenerte en la tarea de nombrar con mayor rigurosidad el mapa de las formas del contra-proceso.
No se trata de desentendernos de la tesis que interpreta la política como la continuación de la guerra en la filigrana de la paz, tal como invierte Michel Foucault la tesis de Carl von Clausewitz, sino de entrever todas las implicaciones que tiene esta tesis, sobre todo el uso del término enemigo y el entendido que la política es la invención del enemigo. ¿Es posible seguir pensando así? ¿No ha cambiado el concepto mismo de la guerra? La guerra no es ahora el acontecimiento que comprende una gama de intensidades, una curva de intensidades; por ejemplo, ¿la estrategia de la guerra de baja intensidad, que se plantea la contención y el control de un enemigo indefinido, no plantea desplazamientos en el concepto de guerra y por lo tanto, en lo que respecta a nuestro tema, no plantea exigencias de desplazamiento en el concepto de política? La guerra como control de espacios, no solo de territorio, sino distinguiendo el espacio aéreo, del espacio fluvial, del espacio comunicacional, del espacio informático, del espacio comercial, del espacio de los recursos naturales. La guerra entendida ya no como guerra total sino como guerra irrestricta[1], conlleva de por sí una nueva concepción de las armas. Todo este desplazamiento del concepto de guerra por lo menos condiciona los desplazamientos del concepto de la política. Cuando el nuevo concepto de guerra disemina la figura del enemigo en la ambigua figura del enemigo indeterminado en el contexto de una guerra infinita, ¿podemos seguir hablando de enemigo en política? Alain Badiou dice que en lo que respecta a la lucha de clases entre proletariado y burguesía, no es que la burguesía sea el enemigo sino el mundo burgués, los emplazamientos del dominio de la burguesía[2]. Dice concretamente que:
El verdadero opuesto del proletariado no es la burguesía. Es el mundo burgués, es la sociedad imperialista, de la cual, advirtámoslo bien, el proletariado es un elemento notorio, en cuanto fuerza productiva principal, y en cuanto polo político antagónico. La famosa contradicción proletariado-burguesía, es un esquema limitado, estructural, que deja escapar la torsión del todo del cual el proletariado como sujeto traza la fuerza. Decir proletariado y burguesía, es atenerse al artificio hegeliano: algo y otro. ¿Y por qué? Porque el proyecto del proletariado, su ser interno, no es contradecir a la burguesía, o serrucharle las patas. Este proyecto es el comunismo, y nada más. Es decir, la abolición de todo lugar donde pueda disponerse algo (quelque chose) como un proletariado. El proyecto político del proletariado es la desaparición del espacio de emplazamiento de las clases. Es la perdida, para el algo (quelque chose) histórico, de todo índice de clase[3].
La oposición entonces es con el espacio de emplazamiento de clases, con el ámbito de relaciones sociales de producción que disocian la propiedad de los medios de producción y la fuerza de trabajo, expresando la contradicción estructural entre fuerzas productivas y relaciones de producción. Desde nuestra perspectiva podríamos decir que la oposición es con el ámbito de relaciones, estructuras, diagramas, redes, instituciones y agenciamientos de poder que separan cuerpos de los instrumentos y tecnologías que lo afectan, convirtiéndolo en materia dúctil de poder, maleable y moldeable, de acuerdo a los requerimientos de demarcación, castigo, disciplinamiento, normalización y control. En ambos casos se trata de espacios, mapas, emplazamientos. Pero, ¿Quién se opone a este espacio de emplazamiento de clases? Para Badiou no es el proletariado, que es un elemento notorio de la sociedad imperialista como fuerza productiva y polo político antagónico. Lo que se opone a este espacio de emplazamientos de clases es el proyecto político, el comunismo. ¿Qué es lo que se opone al espacio de emplazamientos de relaciones, estructuras, diagramas, instituciones y agenciamientos de poder? No es ciertamente un proyecto político sino la fuerza inmanente, la energía desbordante de los cuerpos, los flujos deseantes, las líneas de fuga, en todo caso, un proyecto nómada. No se trata aquí, en este momento, de comparar o distinguir entre ambos postulados, el proyecto político del comunismo y el proyecto nómada, sino de comprender que la oposición, la contradicción, el enemigo, son entendidos espacialmente, como emplazamientos, y por lo tanto como necesidad de sus desplazamientos. Esta comprensión le da una tonalidad distinta a la política; la política entendida como confrontación con emplazamientos de clase, con emplazamientos de poder, la política entendida como confrontación con relaciones de producción y estructuras de dominación. La política como cuestionamiento radical del ámbito de relaciones sociales y estructuras de poder vigentes, consolidadas, legitimadas, hegemónicas, dominantes. La política que pone en suspenso esté ámbito de relaciones de dominación.
En lo que respecta a la dialéctica el problema es más complicado y la discusión es de orden teórico. No vamos a entrar a la discusión todavía entre el pensamiento pluralista y el pensamiento dialéctico, este debate es indudablemente indispensable; por el momento nos vamos a concentrar en los límites de la dialéctica y los problemas que plantea.
La dialéctica es una de las formas de pensamiento, además se han configurado distintas comprensiones de la dialéctica; entre las más conocidas podemos hablar de la dialéctica de Platón(428 a. C – 347 a. C.), mucho después, identificando los pliegues filosóficos modernos, podemos interpretar la dialéctica trascendental de Immanuel Kant (1724 1804), en respuesta crítica, como crítica de la crítica, encaminada a un saber absoluto, nos encontramos con el sistema dialéctico de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770  1831). Quizás este sea el referente más importante del pensamiento dialéctico. Empero Karl Heinrich Marx (1818  1883) hace una crítica a la dialéctica especulativa de Hegel y orienta el pensamiento dialéctico a sus condicionantes materialistas, la historia efectiva, la sociedad, la política, la economía; a esta reorientación de la dialéctica se le ha venido en llamar materialismo dialéctico, en lo que respecta al método, y materialismo histórico, en lo que respecta a la interpretación de la historia y a sociedad, sobre todo del modo de producción capitalista. ¿Cuán diferente es esta dialéctica de la de Hegel? En todo caso habría que tomar en cuenta lo que plantea Marx en la crítica de la dialéctica y de la filosofía de Hegel a lo largo de sus obras, tanto las de juventud como las de su periodo de madurez. Después vienen interpretaciones de las corrientes marxistas del materialismo dialéctico y del materialismo histórico de Marx, en unos casos se remarcan las diferencias con Hegel, quizás el caso más sintomático es la interpretación de Louis Althusser (1918 –1990), que plantea que Marx habría pasado a formular una dialéctica pluralista; también se dan aires de innovación, por ejemplo, cuando Adorno escribe Dialéctica negativa intenta romper la tradición, que según él terminaba siendo afirmativa; empero también se dan aproximaciones con Hegel, un caso extraño es la interpretación que realiza Alain Badiou (1978[4]). A nosotros nos interesa contar con un perfil de los desplazamientos de la dialéctica, remarcar sus avatares, sus problemas y sus límites, en el contexto del desplazamiento de otras formas de pensamiento, sobre todo las recientes y particularmente las que tienen que ver con las teorías de la complejidad y el pensamiento pluralista. Ciertamente estamos lejos de considerar a la dialéctica como la única forma de pensamiento o como el pensamiento verdadero, el que logra conectarse con la esencia de la realidad o, como les gusta hablar a los positivistas que se consideran marxistas, da cuenta de las leyes de la historia, la sociedad y la naturaleza. Esto no es más que un dogmatismo, en el peor de los casos un fanatismo, parecido al dado en el medioevo cuando se buscaba fanáticamente la piedra filosofal. Esta piedra filosofal no existe, tampoco la verdad verdadera, salvo en la cabeza delirante de los dogmáticos. No puede haber alguna forma de pensamiento que ya coincida con los secretos de la complejidad de la realidad; esta creencia se parece a la tesis del fin de la historia y del saber absoluto, donde la conciencia se realiza plenamente como conocimiento pleno y realizando absolutamente el concepto, como conciencia de su propio movimiento. Esta experiencia especulativa no es más que una teología, el retorno de Dios y a la religión en la filosofía y en las ciencias modernas. Lo maravilloso de la capacidad humana se encuentra en otra parte, no en el reduccionismo teórico, especulativo, sino en su matriz de posibilidades abiertas a crear distintas formas de pensamiento, de conocimiento, en la medida que se abre a los secretos de la complejidad de acuerdo al avance, acumulación y despliegue de sus experiencias. La dialéctica no es más que una de estas aproximaciones, por cierta limitada a los horizontes de su tiempo, siglo XIX y parte del siglo XX. El avance de las ciencias contemporáneas, desde la revolución de la física cuántica, de los conocimientos y de las experiencias, ha trascendido los límites y los problemas de la dialéctica. Nos encontramos ante el desarrollo de un pensamiento complejo sobre la multiplicidad, ante el despliegue creativo y vital de un pensamiento pluralista.
En resumidas cuentas, la dialéctica, del griego διαλεκτική (dialektiké), τέχνη (téchne), que significa técnica de la conversación; tiene un equivalente significado en latín, donde se define como arte, (ars) dialéctica, se ha transformado en la modernidad convirtiéndose en crítica trascendental, en fenomenología de la experiencia de la conciencia, en lógica, en filosofía, en crítica de la economía política, en herramienta teórica de interpretación de la historia y la sociedad, en arma de la crítica y critica de las armas en la lucha política del proletariado.
Ahora bien, ¿qué dice la dialéctica sobre las contradicciones? Tomaremos cuatro respuestas, indudablemente la de Hegel, después la de Marx, para seguir con la de Mao Zetung y terminar con la de Alain Badiou.

La dialéctica en Hegel

Analicemos en Hegel dos obras, una, la Fenomenología del espíritu, la otra, Ciencia de la lógica. En una trata de la ciencia de la experiencia de la conciencia, en la otra se podría decir que trata la ciencia del pensamiento, pero también del concepto, por eso mismo del movimiento, del devenir, del trabajo abstracto que pasa de lo indeterminado a la determinación, de la inmediatez a la mediación, y a través de esta conserva la unidad. Esta lógica ya es filosofía, dialéctica por cierto; ha dejado de ser retórica, también lenguaje, así mismo reglas del buen pensar. Es una lógica que trabaja lo formación del concepto a partir de su propio movimiento desenvuelto, de su propia inmanencia en contante contraposición con su trascendencia. Esta tensión es la dialéctica. Quizás lo más bello y a la vez lúcido de Hegel se encuentre en la concepción de este desgarramiento y a su vez de este esfuerzo de rearticulación, de unidad. Sobre todo en Fenomenología del espíritu uno parece encontrarse ante una poesía o ante una novela, la tragedia del sujeto que retorna siempre después de permanentes viajes agotadores, experiencias de extrañamientos, que son como el aviso de los siguientes ensimismamientos. La dialéctica especulativa trabaja el devenir de la conciencia en saber absoluto, el devenir de la indeterminación mediada, el comienzo, el ser vacío, en idea absoluta. Estos son los terrenos en los que se mueve esta dialéctica, mal podríamos aplicar y querer encontrar los mismos momentos de indeterminación-determinación, inmediatez-mediación, diferenciación-unidad, devenir y realización en los territorios, niveles y espacios de la realidad. ¿Será posible una síntesis dialéctica del concepto en composiciones diferentes, relacionadas y encontradas en los niveles de la realidad, históricos, sociales, económicos, políticos, culturales? ¿No es mas bien de esperar que aquí se den disyunciones y heterogeneidades? No era obviamente esta la pretensión de Hegel, sino es mas bien de quienes creen encontrar en la materia atribuciones parecidas al concepto y a la conciencia. Estos forcejeos no son responsabilidad de Hegel sino de quienes confunden problemas, problemáticas y campos, como poniendo todo en un mismo plano, como los pintores del medioevo, sin perspectiva. Definitivamente los problemas de la experiencia de la conciencia, de la experiencia del pensamiento, de la filosofía especulativa no pueden convertirse en los problemas histórico-políticos, histórico-sociales, histórico-económicos, histórico-culturales. No hay tal supuestas leyes de la dialéctica que se pueden trasladar mecánicamente y convertirse en leyes de la historia, de la sociedad y de la economía. Esta última veleidad es una mezcla de positivismo y lecturas mal hechas, si es que se las hizo, de Hegel y Marx.

La dialéctica en Marx

Karl Marx entendió muy bien de qué se trataba cuando había que hacer la crítica a la filosofía especulativa de Hegel, a la filosofía del Estado de Hegel. Había que salir del sistema especulativo dialéctico, de la reproducción de las esferas lógicas, preformadas, había que encontrar mas bien las formas de los movimientos reales, las formas de despliegue de la historia efectiva, las formas de las contradicciones sociales, económicas y políticas. Se trataba de develar los devenires concretos de estos niveles de realidad, sus desenlaces, sus formas de resolución, que no adquieren forma de síntesis. Decir que Marx habría puesto de pie o de cabeza a Hegel no es mas que expresar una figura inocente; no pueden encontrarse simétricamente los mismos problemas en el sistema filosófico hegeliano y en los campos interpretativos, de investigación y de estudio en los que se mueve Karl Marx. No hay tal simetría, estamos ante territorios distintos y problemáticas diferentes. Marx no es Hegel de píe, con los pies en el suelo, pisando firme; es otra cosa, sencillamente se desplaza a otro campo problemático. Esto es lo primero que hay que tomar en cuenta cuando nos detengamos en la dialéctica en Marx.
Lo primero que hace Marx es denunciar el carácter especulativo de la dialéctica hegeliana, su forma abstracta, conformada en un sistema que se mueve negativamente para afirmar lo negado en otra dimensión. El mismo esquema se repite en la filosofía, en la lógica, en la filosofía del derecho, en la filosofía de la historia, en la filosofía de la naturaleza, en todos los espacios del sistema filosófico. Para Marx esto no es más que teología, haciendo caso a la crítica de Ludwig Fuerbach a la religión en La esencia del cristianismo. Esta posición ya se enuncia en su temprana Crítica de la filosofía del derecho de Hegel cuando expresa que:
La crítica del cielo se cambia así en la crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política[5].
Este desplazamiento epistemológico de Marx sobre todo es notorio en dos grandes ámbitos de análisis y critica, el que corresponde a la crítica de la economía política y el que corresponde a sus escritos histórico-políticos. En el primer caso tenemos la evolución de una obra extensa, comprendiendo los análisis del Salario, precio y ganancia, los Manuscritos económico-filosóficos, los apuntes sobre la teoría de la plusvalía, los grundrisse, es decir Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, El capital. En el segundo caso tenemos también una prolífica producción, Miseria de la filosofía, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, El 18 de brumario de Luis Bonaparte, La dominación británica en la India, La España revolucionaria, La guerra civil en Francia, Revolución y contrarrevolución en Europa. En ambos casos se nota la preocupación por develar las lógicas inherentes a estos niveles y campos de realidad, no se nota la pretensión teológica en encontrar en todas partes las leyes de la dialéctica, sino de entender la lógica específica del objeto especifico, de ascender a lo concreto, entendido como síntesis de múltiples determinaciones. No una síntesis especulativa y abstracta, sino una síntesis histórica social, histórica económica, efectiva. Sobre todo llama la atención el tratamiento de los acontecimientos políticos, en los que no se ve ninguna obsesión por encontrar la determinación económica, la determinación de la llamada estructura económica sobre la estructura jurídico, política, ideológica y cultural, sino se evidencia el seguimiento de los procesos develando sus contradicciones temporales y coyunturales, mostrando las manifestaciones de la crisis política y del Estado. Esta apertura múltiple, esta búsqueda de la especificidad, pero también, esta crítica de la economía política que va sacar a luz las contradicciones del modo de producción del capital y de las formas de acumulación, parecen darle la razón a la interpretación que hace Althusser de la dialéctica en Marx.

La dialéctica en Mao Zedong

Mao Zedong al igual que Marx enfrenta problemas concretos, relativos a los niveles de realidad que tiene que experimentar; quizás los problemas que enfrenta son más acuciantes y más directos, pues dirige al Partido Comunista en el viraje de la larga marcha y la estrategia de la guerra prolongada, en momentos de gran discusión. Cuando escribe Sobre la contradicciónenfrenta a una tendencia del partido que llama dogmática, influenciada por el ideólogo soviético Deborin. El escrito comienza citando a Lenin: La dialéctica, en sentido estricto, es el estudio de las contradicciones en la esencia misma de los objetos. Esta cita se encuentra en el resumen del libro Lecciones de historia de la filosofía de Hegel que hace Lenin; podríamos notar que se trata de sus notas de lectura en los estudios que realiza de la filosofía de Hegel. Mao Zedong dice al respecto que: Lenin solía calificar esta ley de esencia de la dialéctica y también de núcleo de la dialéctica[6]. Se refiere a dos notas de Lenin; la primera se encuentra En torno a la cuestión de la dialéctica, donde el teórico bolchevique escribe: El desdoblamiento de un todo y el conocimiento de sus partes contradictorias…es la esencia…de la dialéctica. La segunda se encuentra en el resumen de Lenin del libro Ciencia de la lógica de Hegel; en este resumen se escribe: En una palabra, la dialéctica puede ser definida como la doctrina acerca de la unidad de los contrarios. Esto aprehende el núcleo de la dialéctica, pero exige explicaciones y desarrollo. Se puede ver la secuencia de interpretación de la dialéctica: Hegel, Lenin y Mao Zedong. No es Marx, sino Hegel la referencia fundamental. Esto último es importante anotar, pues hay una diferencia grande entre Marx y los marxistas que vienen después; Marx crítica a la filosofía y a la dialéctica de Hegel, incluso rompe con los neohegelianos de izquierda, que eran como la corriente interpretativa que compartía; con esto, con esta crítica y estas rupturas, se abre a otro método, distinto al elaborado por Hegel, se abre a otras lógicas, inherentes a los niveles de realidad y a la comprensión y conocimiento de lo concreto histórico, social, económico, político y cultural. ¿Que se llama ese método? Marx se despreocupó de darle nombres metodológicos a sus críticas, a sus investigaciones y develamientos, iluminaciones e inteligibilidades, a sus construcciones conceptuales; eran eso, críticas, crítica de la filosofía, crítica de la dialéctica, critica de la filosofía del derecho de Hegel, critica de la filosofía de Pierre-Joseph Proudhon, crítica de la economía política, crítica histórico-política de los procesos y las coyunturas en crisis. Hablando de nombres metodológicos, me atrevería a llamar, por el momento, a estos procedimientos desprendidos por las investigaciones de Marx, método de las lógicas de los conocimientos de lo concreto.
Para interpretar, comprender y aplicar la esencia misma de la dialéctica materialista Mao Zedong se propone un programa en atención a los problemas filosóficos planteados; estos son: las dos concepciones del mundo, la universalidad de la contradicción, la particularidad de la contradicción, la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción, y el papel del antagonismo en la contradicción[7].
La primera parte del texto Sobre la contradicción, la que se refiere a Las dos concepciones del mundo,  es insostenible, no puede haber una interpretación más reductiva de la historia de la filosofía, una caricatura de la historia en blanco y negro, mejor, una historia entre ángeles y demonios, la dialéctica contra la metafísica, el materialismo dialéctico contra el idealismo, o, como lo pone Lenin, dos concepciones fundamentales del desarrollo, el desarrollo como disminución y aumento, como repetición, y el desarrollo como unidad de los contrarios[8]. Quedan al margen de esta interpretación los contextos, los periodos históricos, las características propias de las corrientes y escuelas filosóficas, sus horizontes epistemológicos, así como también sus conexiones e imbricaciones, también sus transformaciones y desplazamientos. Esto llama la atención, cuando precisamente se trata de rescates que se hacen de Hegel, de la lógica y la filosofía de Hegel, que podríamos decir, se trataría de una filosofía y lógica idealistas, al entender de estos esquematismos duales. Esta interpretación está lejos de los métodos, procedimientos y tratamientos empleados por Marx, avanzar a la lógica específica del objeto especifico que, en este caso, vendría a ser el seguimiento de las lógicas inherentes a las formaciones enunciativas y conceptuales de las corrientes y escuelas filosóficas, su vinculación con los contextos y periodizaciones históricas. Sobre todo tratar de entrever las formas de irrupción de las críticas rebeldes y aperturistas, las críticas que cuestionan las legitimidades de las verdades vigentes, que pueden darse de forma idealista y también materialista. Estamos lejos de la Tesis sobre Fuerbach, la misma que establece:
El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado  activo  fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal. Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la propia actividad humana como  una actividad  objetiva.  Por eso, en  La esencia del cristianismo  sólo considera la actitud teórica como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica sólo en su forma suciamente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación “revolucionaria”, “práctico-crítica”[9].
Esta evaluación del materialismo es profunda, da en el núcleo del problema, como se dice; plantea el balance desde una perspectiva crítica tanto del materialismo como del idealismo, mostrando claramente que el lado activo fue desarrollado por el idealismo, aunque lo hizo de un modo abstracto. El materialismo fundado por Marx comprende la actuación revolucionaria, práctico-crítica. Ciertamente el Partico Comunista chino está involucrado en la actuación revolucionaria, esto lo hace partidario del materialismo fundado por Marx, empero la interpretación que tiene de la historia de la filosofía es calamitosamente reductiva, desarma más que armar en la formación de la militancia. Se entiende de este modo que sólo podríamos sostener estos argumentos por procedimientos dogmáticos, que es precisamente lo que quería combatir Mao Zedong.
En el apartado La universalidad de la contradicción Mao Zedong dice que esta universalidad se manifiesta en el proceso de desarrollo de toda cosa y también que el movimiento de los contrarios, se presenta en el proceso de desarrollo de cada cosa. Dice que: La contradicción es la base de las formas simples del movimiento (por ejemplo, el movimiento mecánico) y tanto más lo es de las formas complejas de movimiento[10]. Continúa remarcando: Queda claro que la contradicción existe universalmente, en todos los procesos, tanto en las formas simples del movimiento como en las complejas, tanto e los fenómenos objetivos como en los fenómenos del pensamiento[11]. Criticando a Deborin, quien ve la aparición sólo en una etapa determinada del proceso, no desde un principio, Mao Zedong es categórico: Esta escuela ignora que toda diferencia entraña ya una contradicción, y que la diferencia es en sí una contradicción[12]. Desde esta perspectiva podemos hablar del carácter absoluto de la contradicción. Es como decir que es inherente al ser, que es una propiedad ontológica. Todo esto es, como se puede ver, un retorno materialista a Hegel.
En el apartado La particularidad de la contradicción Mao Zedong incursiona lo que podríamos llamar la lógica específica del objeto específico; lo hace desde la perspectiva de las contradicciones, dejemos pendiente, por de pronto, la perspectiva de las articulaciones y la concepción relacional, desarrollada más tarde por Nicos Poulantzas. Dice: Toda forma de movimiento contiene su propia contradicción particular. Un poco más adelante ratifica este enunciado escribiendo: La esencia particular de cada forma de movimiento de la materia es determinada por la contradicción particular de dicha forma. Esto ocurre no sólo en la naturaleza, sino también en los fenómenos de la sociedad y del pensamiento. Todas las formas sociales y todas las formas de pensamiento tienen, cada una, su propia contradicción particular y su esencia particular[13]. Este enfoque es importante en lo que respecta a la conducción política, en la definición de las estrategias y tácticas en los periodos y coyunturas de la revolución china. En este sentido establece que: Comprender cada uno de los aspectos de una contradicción significa comprender qué posición específica ocupa cada uno de ellos, que formas concretas asumen sus relaciones de interdependencia y contradicción con su contrario, y qué medios concretos emplea en la lucha con su contrario tanto mientras ambos aspectos están en interdependencia y contradicción como después de la ruptura de la interdependencia[14].Añade que: A esto se refería Lenin al decir que la esencia misma del marxismo, el alma viva del marxismo, es el análisis concreto de la situación concreta[15].
Una anotación sobre la transformación de las contradicciones en la temporalidad histórica del proceso es altamente aleccionadora: La contradicción fundamental del proceso de desarrollo de una cosa y la esencia de este, determinada por dicha contradicción, no desaparece mientras el proceso no termina; sin embargo, en un proceso de desarrollo prolongado, la situación generalmente varía de etapa a etapa. La razón es que, si bien no cambia la naturaleza de la contradicción fundamental del proceso de desarrollo de la cosa ni de la esencia del proceso, la contradicción fundamental se va agudizando a medida que pasa de una etapa a otra en este proceso prolongado. Además, de las numerosas contradicciones, grandes y pequeñas, determinadas por la contradicción fundamental o sujetas a su influencia, unas se agudizan y otras son temporalmente o parcialmente resueltas o atenuadas, y surgen algunas nuevas; es por eso que hay etapas en el procesos. Si no se presta atención a las etapas del procesos de desarrollo de una cosa, no se puede tratar apropiadamente sus contradicciones[16].Este mapa de las contradicciones, esta lectura del cambio en el mapa de las contradicciones, es una lección política. No es lo mismo apreciar una coyuntura a diferencia de otra, una etapa distinta de otra, intervenir en un momento o en otro del proceso. Esta sensibilidad política exige una sensibilidad experimentada en lo que corresponde a la interpretación de la composición, de las estructuras y las trasformaciones del proceso. El conjunto de preguntas a las que nos lleva el texto Sobre la contradicción de Mao Zedong son sobre la universalidad de la contradicción, sobre la particularidad de la contradicción, sobre la relación entre la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción, sobre la identidad y la lucha sobre los aspectos de la contradicción y sobre el papel del antagonismo en la contradicción.

La dialéctica según Alain Badiou

Alain Badiou fue discípulo de Louis Althusser y militó en agrupaciones marxistas de orientación maoísta. Entre 1972 y 1978 formó parte del Grupo para la Fundación de la Unión de los Comunistas de Francia Marxistas-Leninistas (UCFML). En este periodo comparte un curso en la Universidad de Vincennes de donde se desprenden eruditas reflexiones sobre la dialéctica y la teoría del sujeto. Son estas interpretaciones, que se reúnen en el libro Teoría del sujeto, las que vamos a discutir en adelante.
Comenzaremos por dos conceptos que va a usar a lo largo de Teoría del sujeto, estos son esplace y horlieu, combinaciones y composiciones que corresponden a la lengua francesa. Las primeras notas impresas por el editor en el apartado titulado Imagenlos define de la siguiente manera:
El concepto de esplace o síntesis de espace (“espacio”) y place (término que normalmente puede traducirse como “sitio”, pero al que hemos decidido volcar al castellano, a fin de diferenciarlo expresamente de las nociones de “lugar” y de “sitio”, como “plaza”, manteniendo en la traducción, en la medida de lo posible, el campo semántico  que gira en torno al mismo en el original)[17].
La otra composición y combinación semántica es:
Horlieu es otro concepto creado por Badiou a partir de hors(“fuera”) y lieu (“lugar”)[18].   
La interpretación de la dialéctica que hace Badiou va jugar con estos dos conceptos, esplace y horlieu, que, por motivos de la traducción al castellano, respetando la composición y combinación buscada por el autor,  las comprenderemos como esplaza y fuera-de-lugar. Podríamos decir que la dialéctica se da entre un emplazamiento, una edificación, una exteriorización de la fuerza, y un desplazamiento, una deconstrucción, una interiorización de la fuerza. Usando el lenguaje de Gilles Deleuze y Félix Guattari, no muy extraño a las significaciones conocidas por Badiou, podríamos interpretar este sentido de la dialéctica como el juego de la fuerza de captura y la fuerza de la línea de fuga. La diferencia estribaría en que Badiou habla de fuerza como de una fuerza que se transforma, que vive ambas experiencias, la de la exteriorización, la del desgarramiento, del extrañamiento, y la de la interiorización, la del retorno, la del ensimismamiento, consecuente con la concepción hegeliana de la fenomenología y de la lógica. En cambio Deleuze y Guattari hablan de fuerzas, en plural, dicotómicas, cualitativamente distintas, consecuentes con su concepción pluralista y nómada. Ciertamente no se trata de aproximar la interpretación de Badiou a la teoría nómada y pluralista de Deleuze y Guattari, pues esto tampoco se podría. Eso está claro cuando acudimos a la crítica que realiza Badiou a las concepciones pluralistas; él considera que el pluralismo no es otra cosa que una apariencia, ya que la posición de lo múltiple viene a presuponer lo Uno como Sustancia, y a excluir el Dos[19]. ¡Vaya la interpretación de lo múltiple que tiene Badiou! Lo múltiple sólo podría pensarse a partir del Uno, y sólo puede pensarse lo plural excluyendo el Dos, es decir la dialéctica. La base de este pensamiento se encuentra en el Dos, que nos permite pensar el Uno, la unidad de los contrarios, de la diferencia; después se basa en la distinción de Uno y del Todo. Al respecto debemos anotar que el Uno y el Todo forman parte de las tradiciones de las religiones monoteístas, las mismas que supeditan la escritura al Estado. El proyecto es político y religioso, se expresa en las formas de dominación de cuerpos, almas y territorios. Quedan atrás o marginados los politeísmos, las relaciones inmanentes con las fuerzas, por lo tanto los pensamientos pluralistas. Lo que pasa es que los dialécticos no pueden pensar lo Uno sino a partir del dos, es decir, de la contradicción, tampoco pueden pensar más allá del Dos, la dialéctica y la contradicción inherente en Dos. Son incapaces de pensar la complejidad, la heterogeneidad, la múltiple diferencia de fuerzas cualitativamente distintas. Empero, volviendo a nuestro asunto, de lo que se trata es de alumbrar significaciones subyacentes de la interpretación de la dialéctica de Badiou. Es interesante ver utilizar estas imágenes encontradas de captura y de líneas de fuga; captura,  en el sentido del concepto de esplace, líneas de fuga, en el sentido del concepto horlieu. También es inquietante el manejo del concepto de fuerza, aunque el mismo esté circunscrito a la idea hegeliana de devenir. Podemos decir que bajo la interpretación de Badiou la fuerza es el sujeto. Sin embargo, sería bueno retornar a Hegel y leer lo que escribe en Fenomenología del espíritu sobre el concepto de fuerza:
Dicho de otro modo: las diferencias establecidas como independientes pasan de un modo inmediato a su unidad; ésta pasa a ser también de modo inmediato el despliegue, y el despliegue retorna, a su vez, a la reducción. Este movimiento es lo que se llama fuerza: uno de los momentos de ella, o sea la fuerza en cuanto expresión de las materias independientes en su ser, es su exteriorización; pero la fuerza como desaparecer de dichas materias es la fuerza que desde su exteriorización se ve repelida de nuevo hacia sí, o la fuerza propiamente dicha. Pero, en primer lugar, la fuerza replegada sobre sí misma necesita exteriorizarse; y, en segundo lugar, en la exteriorización, la fuerza es una fuerza que es en sí misma, del mismo modo que en este ser es en sí misma exteriorización. Al obtener así ambos momentos en su unidad inmediata, el entendimiento, al que pertenece el concepto de fuerza, es propiamente el conceptoque lleva en sí los momentos diferentes, como diferentes, ya que deben ser distintos en la fuerza misma; la diferencia sólo es, por tanto, en el pensamiento[20].
Otra vez la claridad filosófica de Hegel; habla de lo que ocurre en el entendimiento, de lo que vive el pensamiento. Se trata de la experiencia de la consciencia. La dialéctica es esta tensión entre inmanencia y trascendencia, entre interiorización y exteriorización. Esta tensión es vivida por el sujeto. Me quedo con el título de la obra de Badiou, entendamos la dialéctica como una Teoría del sujeto. No se puede aplicar esta experiencia del sujeto a otros acontecimientos como si fueran estos acontecimientos el mismo sujeto que somos, quitándoles su propia cualidad de ser, su propia autonomía y diferencia radical con nuestras intimidades. Esto es un reduccionismo sujeto-céntrico y antropocéntrico, centrismos con los que el materialismo supuestamente ha roto. No pretendamos ser Dios, no pretendamos dominar el universo y el mundo, hacer que todas las cosas nos obedezcan, creer que podemos conocerlo todo, atravesarlo todo con nuestra mirada, nuestra experiencia, nuestro pensamiento, reducir su maravillosa pluralidad y diferencia a la experiencia hedonista de ese sujeto con pretensiones de dominador que es el hombre. Esta es la expresión más egoísta y ególatra de la modernidad. El materialismo, al contrario se abre al goce, al agasajo y a la perplejidad de la pluralidad y la diversidad múltiple. No renuncia a los saberes, ni a los conocimientos, tampoco a las comprensiones, sólo que no son pretensiosos, forman parte de los desbordes creativos y comunicativos de la vida, de la plétora de los flujos y devenires, cíclicos y concomitantes. Son como el golpe de dados que el mismo Badiou comenta, reflexionando sobre la poesía de Mallarme, Un golpe de dados no abole el azar.   
Badiou analiza tres formas de la dialéctica o tres interpretaciones de la dialéctica, incluso, si se quiere, tres dialécticas; la dialéctica de Hegel, la dialéctica estructural y la dialéctica poética de Mallarme. Esto no quiere decir que entre las tres formas, interpretaciones y expresiones no haya tradición, continuidad y concomitancia; al contrario, están íntimamente impregnadas por una forma de pensar, la dialéctica. En el capítulo La acción, morada del sujeto, el autor propone una síntesis estructural de la secuencia dialéctica; esta secuencia parte de la contradicción entre esplace y horlieu, entre el espacio de la plaza o el emplazamiento y el fuera de lugar, entre la edificación espacial y el sujeto. Continúa con la escisión; al respecto dice que la contradicción no tiene ningún otro modo de existencia que la escisión. Después viene la determinación, la determinación estricta, la limitación y el límite. La determinación tiene que ver con el condicionamiento del emplazamiento, la determinación de la relación por el escenario conformado. La determinación estricta tiene que ver con la recaída a la derecha, con lo que podemos llamar el fetichismo de la estatalización, con la absolutización del Estado. Aquí es cuando se produce la limitación y se llega al límite, donde se da mas bien una recaída de izquierda. La limitación se produce por una nueva crisis o mas bien un retorno reforzado del fuera de lugar; se produce una salida subjetiva, una subjetivación de la crisis. Hay que tener en cuenta que estas son figuras abstractas, que pueden corresponder a distintas escenificaciones y realizaciones; por ejemplo, Badiou da el ejemplo de la recaída de derecha haciendo referencia al objetivismo economicista de Liu Shao Shi, y el ejemplo de la recaída de izquierda haciendo referencia a lo que llama el fanatismo ideológico de Lin Piao.
Queda la impresión que la interpretación dialéctica se queda restringida a una de las posibilidades de los potenciales recorridos de la dialéctica especulativa hegeliana. Termina la interpretación volviéndose un esquema reducido y determinista. Las graves consecuencias de este “esquematismo” aparecen cuando se hacen “transferencias” al campo político, cuando buscamos la verificación de la dialéctica en los acontecimientos realizados y leídos como historia. El reduccionismo aparece como caricatura, los sujetos, actores y protagonistas como marionetas de invisibles leyes de la dialéctica. Este teoricismo termina limitando la “realidad” a ser la sombra de movimientos lógicos profundos, empero descorporeizados. Este teoricismo  termina poniendo anteojos que no dejan ver la dinámica compleja y plural de las fuerzas. Liu Shao Shi y Lin Piao no pueden entenderse como caricaturas de momentos de la dialéctica, forman parte en su contexto histórico y coyunturas del mapa de fuerzas entrabado, de las tensiones y tendencias inherentes en el que se encontraba el Partido Comunista chino como un barco que enfrentaba la tormenta. La revolución cultural fue el intento de transferir el dominio de la conducción de la revolución a las fuerzas reunidas en los consejos y manifestadas en los jóvenes, rescatándolo de manos de los burócratas institucionalizados en la estructura del partido. Esta lucha intestina termino siendo ganada por los burócratas que defenestran a los portadores de la revolución cultural a un desenlace sin resultados, en tanto y en cuanto los burócratas van a terminar conduciendo el proceso de la revolución china a un socialismo de mercado, que en términos claros es una de las formas del capitalismo descarnado en pleno ciclo decadente del dominio del capitalismo norteamericano.
Hay otro ejemplo más calamitoso de estos usos esquemáticos de la interpretación dialéctica; cuando Alain Badiou describe al desarrollo del partido como una constante depuración, haciendo una indisimulada apología de los procedimientos estalinistas de limpieza del partido. Procedimientos de depuración que terminan imponiendo una temible dictadura de la nomenclatura. Hay cierta inocencia en el teoricismo al reducir los complejos juegos de fuerza, correlaciones, tensiones y enfrentamientos, en entrabados campos políticos, a caricaturas alucinantes de la lógica dialéctica.
Volviendo al caso del proceso boliviano en cuestión, vemos que interpretar la contradicción en su sentido dialéctico, sobre todo sugerente a la manera como lo hace Mao Zedong, es ilustrativa y hasta descriptiva, empero no logra salir del circulo vicioso de la negatividad dialéctica que no hace otra cosa que perseguir nuevas formas de afirmación lógica. Lo que hay que entender de la coyuntura del proceso político es que las formas del contra-proceso no se limitan a ser una contradicción dialéctica, no pueden ser leídas como una demostración de la dialéctica, sino que son tendencias y cristalizaciones de fuerzas que resisten y se oponen a la descomunal potencia del campo de posibilidades abierto por las fuerzas transformadoras, llamémosla, para usar la figura de Badiou, las fuerza que ponen fuera de lugar a las instituciones emplazadas, que en el fondo es la figura de Deleuze de las fuerzas que corresponden a las líneas de fuga que desordenan y atraviesan el espacio estriado del Estado.


[1] Revisar de Faundes: C. (2010). Desde la guerra total a la guerra irrestricta. La deconstrucción de un concepto. Tesis para optar al grado de Magíster en Seguridad y Defensa, mención Política de Defensa, Santiago de Chile: Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos. La guerra entendida como guerra irrestricta (超限, literalmente “guerra allende los límites”). Revisar los estudios de Liang y Xiangsui: Una nueva concepción de las armas; 1999.También aVan Creveld; M.(2004): The Transformation of War, New York; Free Press.
[2] Ver de Alain Badiou Teoría del Sujeto. Prometeo 2009, Buenos Aires.
[3] Alain Badiou: Libro citado; págs. 29-30. 
[4] Revisar de Badiou: Teoría del Sujeto. Prometeo 2009. Buenos Aires. También del mismo autor, El ser y el acontecimiento; Manantial 1999, Buenos Aires. Así mismo, Lógica de los mundos; Manantial 2008, Buenos Aires.
[5] Karl Marx: Introducción para la crítica de la Filosofía del derecho de Hegel. En Filosofía del derecho de Hegel. Juan Pablo 1998; México. Pág. 8.
[6] Mao Zedong: Sobre la contradicción. Obras escogidas; Tomo I. Ediciones en lenguas extranjeras. Pekín 1971. Pág. 333.
[7] Ibídem: Pág. 333.
[8] Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica.
[9] Karl Marx: Tesis sobre Fuerbach. Escrito por C. Marx en la primavera de 1845.  Publicado por primera vez por F. Engels en 1888 como apéndice a la edición aparte de su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Se publica de acuerdo con el texto de la edición de 1888, cotejado con el manuscrito de C. Marx. Traducido del alemán. De las Obras Escogidas de C. Marx y F. Engels,  Editorial Progreso – Moscú 1981 – Tomo I, págs. 7-10
[10] Mao Zedong: Ob. Cit.; pág. 339.
[11] Ibídem: Pág. 340.
[12] Ibídem: Págs. 340-341.
[13] Ibídem: Pág. 342.
[14] Ibídem: Pág. 345.
[15] Ibídem: Pág. 345.
[16] Ibídem: Págs. 345-346.
[17] Alain Badiou: Teoría del sujeto. Ob. Cit.; pág. 13.
[18] Ibídem: Pág. 13.
[19] Ibídem: Pág. 46.
[20] G.W.F. Hegel: Fenomenología del espíritu. Fondo de cultura económica 1966; México. Pág. 84. 

La orden

Esta es una ficción, una narración que se acerca al cuento y a la crónica, en relación a su relato y secuencia de episodios toda coincidencia es meramente una casualidad escabrosa.

Cuento y Crónica ficcional
La orden
Sebastian Isiboro Sécure
Escenario 1
Perdida en la geografía del fin del mundo se transmite una llamada:
Señor Presidente lo tienen obligado a ir delante de la marcha al Canciller. Es nuestra gran oportunidad de intervenir la marcha, nos han dado la excusa.
La tumultuosa marcha avanza con mujeres enardecidas y el Canciller por delante, después los dirigentes alcanzan la cabecera; uno de ellos le presta un sombrero para que el Canciller se cubra la cabeza ante un sol y calor sofocante. El canciller asustado recibe agradecido este obsequio, dado de una manera espontánea, regalo necesario comprendiendo las circunstancias apremiantes. A ambos lados de la marcha que avanza desordenadamente, dos columnas de policías tratan de proteger al Canciller obligado a caminar por delante. Enfrente espera el bloqueo de los colonizadores, quienes habían amenazado con reventar a los que llegaran a apoyar a la marcha, dispuestos a acudir a todo, a toda clase de acciones violentas, confiscación de vituallas, alimentos, víveres y medicinas destinadas a los marchistas, con el objeto de impedir el avance de la marcha hacia la ciudad de La Concordia. El Canciller cada vez más nervioso vislumbra el peligro de un enfrentamiento de consecuencias dramáticas sin precedentes, entonces amenaza con tirarse al suelo y evitar desesperadamente lo que aparentemente se ve venir como fatalidad. Ya muy cerca del bloqueo de los colonizadores, ante la insistencia, el Canciller y los dirigentes de la marcha acuerdan que el Canciller vaya a dialogar con los colonizadores para pedirles que dejen pasar a la marcha, cuyo destino es la ciudad de La Concordia. Ciudad enclavada en las alturas, escondida en una gran cabecera de valle y rodeada por la monumental cordillera y el inmenso altiplano que la vigila silenciosamente como meditación sabia de un colectivo de amautas.
El Canciller es soltado para ir a dialogar con los colonizadores. Una vez allí se desconoce lo conversado con los dirigentes colonizadores; los dirigentes indígenas de la marcha esperan el retorno del Canciller para evaluar lo resuelto con los bloqueadores. El Canciller no retorna, deja a los marchistas indígenas del otro lado en una espera tormentosa.
Mientras tanto, los dos acompañantes del Canciller, que habían estado perdidos en el tumultuoso avance, hacen su aparición ante los medios de comunicación, denunciando el secuestro del Canciller. Una vez librados de la marcha, del otro lado del bloqueo de los colonizadores, pudieron decir lo que querían a los medios decomunicación, quizás como una forma de desprenderse de sus miedos anteriores.
  
 Escenario 2
En el Palacio Incendiado, en la sala de reuniones de la presidencia, el último jacobino deambula expresando cierta crispación, su cara pálida refleja a la vez una inmovilidad congelada de sentimientos y, paradójicamente, extrañamente una profunda turbación controlada. En su interior piensa que es el momento para demostrar la irremediable existencia del Estado, de enrostrarles a los rebeldes que el Estado es la única realidad, lo demás son apariencias. Es el gran momento de la verificación de la hipótesis suprema del poder. Todos sus músculos, toda la concentración de la conducta, se encamina a hacer la demostración y la argumentación en ese sentido.
El Presidente escucha al último jacobino, se nota su respeto, presta atención al discurso, que parece contundente. Acepta que es el momento para dar una gran lección, el país va estar agradecido, aunque por ahora no comprenda el irremediable camino a la modernidad. Comprende también que son los sacrificios que hay que hacer por el desarrollo tan necesario para el país y sobre todo para las comunidades indígenas, tan pobres y desamparadas, sin medios de comunicación, sin carreteras. Entonces acepta la determinación.
El Ministro de Gobierno parece complacido ante el desencadenamiento de los acontecimientos; el ministro había azuzado desde un principio en contra los dirigentes indígenas y unas “oscuras” organizaciones no gubernamentales. Una vez que se supo lo ocurrido en el escenario del diálogo encabezado por el Canciller con los marchistas, cuando se percibió que lo obligaron a marchar por delante al Canciller,  y se introdujo subrepticiamente la versión de rapto y la condición de rehén del Canciller, el ministro se muestra ostensiblemente dispuesto a llevar adelante una ejemplar medida, con toda la desmesura del Estado. Entonces se da la orden sin antes consultar.
Escenario 3
Una vez desencadenados los acontecimientos, evidenciada la violencia descomunal de la policía contra mujeres, niños ancianos y hombres de la marcha, quienes acampaban, en espera del retorno del Canciller. Una atmósfera de batalla se levantaba furiosa por los aires, los policías descargaban todo su enojo, toda su rabia acumulada, pues a ellos no les habían dado viáticos, tampoco habían comido bien, ni bebido agua, estaban desposeídos. Descargaban su rencor sobre los cuerpos indemnes y vulnerables de sus víctimas. Los niños se encontraban aterrorizados como si estuvieran ante los jinetes del apocalipsis. Las mujeres fueron maniatadas y arrastradas con fuerza, los heridos arrastrados hasta camionetas donde se los tiraba y acumulaba como si fuesen cadáveres. La batalla de los policías contra todos sus fantasmas parecía interminable, una historia de nunca acabar, una pesadilla permanente. Sin embargo acabó, los policías se fueron con los detenidos en buses y camionetas. La noche parecía un inmenso océano de ternura y congoja, las estrellas parecían lágrimas titilantes que trataban de lavar las heridas de los que habían logrado huir al monte. Había niños desaparecidos sin madres, madres escondidas sin hijos, era un drama.
Escenario 4   
Las reacciones ante el galope desenfrenado de la violencia desbocada no se hizo esperar; los medios de comunicación, las organizaciones sociales, los derechos humanos, las organizaciones internacionales, la gente, el pueblo, los sindicatos, todos protestaron e hicieron escuchar su voz de repudio ante la sañuda represión. Salieron a las calles, marcharon, se abrieron nuevas vigilias, en una ciudad perdida en los inmensos llanos se abrió una huelga de hambre. Estas reacciones multitudinarias mostraban nuevamente la vitalidad de la que están constituidos los pueblos. Una profunda dignidad los empujaba a solidarizarse con las innumerables víctimas, las innombrables mártires, los inmolados de siempre, los desamparados, los condenados de la tierra, los excluidos,  los explotados y discriminados.
Escenario 5
Un gabinete de asustados ministros no sabe qué hacer ante un nuevo levantamiento popular. La gente, la opinión pública, las organizaciones sociales, los defensores y las organizaciones de derechos humanos, piden justicia, otros piden la renuncia de los ministros, los más radicales piden revocatoria de mandato del Presidente y del Vicepresidente. La situación parece complicarse aún más, parece interpelar desde adentro la complicidad del gabinete cuando se conoce la renuncia de una ministra, precisamente a cargo de la defensa del país, quien manifiesta abiertamente su desacuerdo con la intervención de la marcha indígena y le recuerda al presidente que eso no era lo acordado, que las cosas deberían hacerse de otra manera, dialogando. Nadie más quiere renunciar, empero se dan renuncias de subalternos, un viceministro de gobierno renuncia, pues no está conforme en ser el chivo expiatorio, no está de acuerdo en aparecer como que él dio la orden; también tiene su versión, dice, la orden se la tomó operativamente en el lugar de los hechos. El Ministro de Gobierno declara que la orden no vino del Presidente, tampoco de él, del ministro a cargo de la policía nacional, sino de un subalterno. Indica que se va individualizar a los ejecutores de la violencia, a los propios policías que son los directos responsables en desencadenar los excesos de violencia. Los policías reaccionan, retornan secretamente a la ciudad de La Concordia donde se reúnen evitando hacerse visibles. Nadie sabe para qué exactamente se reúnen, empero se conoce el malestar por ciertas declaraciones, en las cuales se confirma que la orden vino de arriba, que ellos tenían una orden clara de detener la marcha, de no afectar al bloqueo de los colonizadores y que, cuando ocurrieron los hechos vinculados al quiebre del bloqueo de policías con el Canciller por delante de la marcha, la orden fue de intervenir. Intervención que se preparó cuidadosamente. Se convocó a los periodistas a una reunión para garantizar que nadie grabara, filmara y fuera testigo de la intervención y represión al campamento de la marcha indígena. Se compraron citas adhesivas para tapar la boca a las mujeres y a los niños, que eran los que más gritaban. Sin embargo, a pesar de la preparación sigilosa, no todo salió bien, los periodistas sospechando que algo pasaba, se escaparon de la reunión, fueron corriendo al lugar de los hechos y pudieron grabar y filmar imágenes y ser testigos de la violación múltiple de derechos.
Escenario 6
Como dicen en el pueblo, ya una vez el burro fuera de la tranca, el gobierno se encontró arrinconado ante el desenlace de los hechos, convertido en un gobierno de verdugos. Los ministros parecían encontrarse perdidos en los inmensos salones del Palacio Incendiado, peor aun cuando se reunían en el salón de los espejos, pues los espejos los mostraban tal como eran; no aparecían como soberbios gavilanes, sino como asustados ratoncitos desamparados. Atónitos ante lo que ocurría fuera del palacio, en los bordes de la plaza de armas, rodeada, bordeada, presionada por las multitudes que se desbordaron para protestar. Sólo una convicción tenían todos, salvar al Presidente, para hacerlo había que transferir la culpabilidad. No había funcionado la tesis de que los policías mismos se habían dado la orden, entonces qué se hace. Habría que sacrificar un cordero. Sin embargo nadie se prestaría voluntariamente al sacrificio. La Asamblea Legislativa, que también se sentía cuestionada comenzó tibia, lentamente a reaccionar, sobre todo por la participación del grupo de diputados indígenas. En una sesión se pidió tratar el tema de lo acontecido, empero todavía la mayoría oficialista y fiel al gobierno decidió no cambiar la agenda, a pesar de los alarmantes acontecimientos. Sin embargo, a pesar de esta desatención, los asambleístas pedían la interpelación a los ministros responsables. El Presidente del Congreso desesperadamente trataba de impedir la interpelación al ministro de gobierno que, con seguridad, resultaría en una renuncia. No pudo convencer a los asambleístas, en contra de lo acostumbrado, de no hacer la interpelación. Desconsolado se retiró y fue a reunirse con el Ministro de Gobierno en un salón. Compungido el Ministro se retiró y después se conoció su renuncia. Era el cordero sacrificado.
Escenario 7
En las calles, en la ciudad de La Concordia, en las otras ciudades de esta geografía del fin del mundo se vivía un ambiente de agitación. Convocados nuevamente por las organizaciones indígenas los marchistas se reagrupaban poco a poco, curándose de la heridas y del recuerdo de la irrupción violenta de los policías, después de haber sido liberados por las poblaciones alzadas contra la violencia, impidiendo el paso de los buses y su embarcación en aviones con rumbo desconocido. La consigna se hizo clara, el Presidente tiene que renunciar a su caro proyecto de desarrollo, nadie está de acuerdo con destrozar uno de los territorios y parques más encantadores, más ricos en biodiversidad, de mayor precipitación, nadie quiere renunciar al paraíso del ciclo del agua y de los bosques por el espejo del desarrollo, habiendo sobre todo alternativas al trazo de la carretera. La gente de las calles culpa al último jacobino por quererle dar existencia descomunal al Estado, por haber querido demostrar su realidad utilizando los cuerpos de los y las indígenas movilizados, usados como inscripción de la historia política. La hipótesis del último jacobino fue contrastada por el apego y la inclinación de los pueblos por los seres de la Madre Tierra. Derrotado el último jacobino declara ante la opinión pública que ya el gobierno sabe quién fue el que dio la orden pero que por el momento no puede dar a conocer ese nombre. Es un secreto de Estado. El Presidente, visiblemente afligido, en un discurso en el salón de recepciones del Palacio Incendiado, estando presentes los medios de comunicación, dice que está en desacuerdo con la violencia desatada contra los marchistas, que tampoco él, el Capitán General de las Fueras Armadas y la Policía, dio la orden. Un periódico oficialista, camuflado de independiente, emite la noticia de que la Ministra de Justicia dio la orden. Esa misteriosa orden queda suspendida en la atmósfera de la geografía del fin del mundo. La orden apareció de repente, sin dueño, sin nacimiento, sin  creación, es una orden que se encontraba suspendida por los aíres, desde los tiempos inmemoriales, y cayó de repente como rayo en cielo despejado, movilizando a los pacíficos y nobles policías que evitaban que la marcha indígena se enfrente al bloqueo de los colonizadores.
Escenario 8
El cielo se entintó de rojo, las nubes parecían condensar el color como despedida, el sol agonizaba al fondo remarcando en el horizonte la diferencia abismal entre el cielo y la tierra. Un director de la empresa constructora OLAS miraba la ventana asombrado, volvió la cabeza y le dijo al director de la empresa pública DEF: es el crepúsculo. El director de la empresa estatal no parecía entenderlo, le respondió: ¿tú crees? El director de OLAS le dice: si, mira el cielo, está bañado de sangre. El director de la empresa estatal le pregunta: ¿eres poeta? El director de OLAS le contesta: no, soy ingeniero civil, aunque de adolescente me gustaba leer poesía. El director de la empresa pública reconoció su error, miró también a través de la ventana y dijo: si, tienes razón, es el crepúsculo.
Ambos habían llegado a un acuerdo técnico sobre los temas operativos de una carretera que pasaría por un bosque tropical, bordeado por dos inmensos ríos, un territorio declarado patrimonio y consolidado como propiedad colectiva de las comunidades indígenas que habitaban  el bosque, el patrimonio y el territorio indígena. Se notaba cierto malestar en el director de la empresa estatal, parecía no estar conforme consigo mismo, como si hiciera algo con lo que no estaba de acuerdo. Empero tranquilizó su conciencia acordándose de las palabras del Presidente, que dijo: todo esto tiene que ver con la integración del país y la integración del continente. Pensó que el desarrollo era costoso, demandaba sacrificios, que las comunidades indígenas algún día entenderían. Alzó sus ojos claros, miró nuevamente a la ventana, el cielo ya había oscurecido, las nubes ya estaban negras, condensando la noche inmensa en las figuras vaporosas que parecían querer retener en su memoria los últimos tenues rayos de sol como si fuesen los últimos hálitos de vida.  
                   

Critica a la razón jacobina I

 

Critica a la razón jacobina I

Tensiones y contradicciones de la ficción política

 

Raúl Prada Alcoreza
Jacobinos
Puede inventarse historias, pueden formar parte de la ficción, también de lo imaginario, formar parte de la novela o del arte, pero también hay historias que pretenden decir la verdad. Son discursos de la verdad, que tienen la pretensión de expresar la verdad. En los discursos filosóficos uno se encuentra con estas pretensiones abiertamente declaradas, sobre todo son estas intenciones complicadas cuando se trata de la filosofía política, pero también de la filosofía de la historia. De lo que trata en esta última es sobre el sentido de la historia, Hegel ha querido atribuirle un sentido teleológico, el fin de la realización del espíritu, que es entendido como el camino de desarrollo de la idea. Algunos lectores e intérpretes críticos de la filosofía de la historia de Hegel han mostrado que el filósofo no hace otra cosa que una exégesis especulativa de la dominación de los imperialismos y colonialismos europeos. De esto habla esa figura de la realización del espíritu en Occidente, después de deambular por el Oriente, en la China y en la India, donde el espíritu se encuentra en su manifestación pre-filosófica, sin lograr la totalización y racionalización. Las corrientes marxistas no tienen una misma posición respecto a la historia y a la filosofía de la historia; no pueden dejar de tomar en cuenta el punto de partida, la crítica a la filosofía dialéctica especulativa de Hegel por parte de Marx, aunque hay corrientes que van a caer en la dialéctica iluminista, en una apología del progreso y la evolución, encontrando también la realización de la razón en la historia, aunque esta razón sea definida como la realización del reino de la libertad. Empero hay también corrientes que no le encuentran un sentido a la historia, es más, consecuentes con la idea de la especificidad de la lucha de clases en las formaciones económico-sociales concretas, en el contexto mundial del capitalismo, conciben mas bien distintas linealidades históricas. En la contemporaneidad los historiadores del capitalismo entienden mas bien la historia en su multiplicidad y heterogeneidad, imbricada de rupturas y de ciclos. Esta es la herencia de la influencia de la escuela de los anales. Ahora es difícil sostener una linealidad o curso de le historia, estas hipótesis resultan en todo caso construcciones imaginarias, cuya utilidad es atribuirle una dirección al tiempo político, evidentemente para legitimar las propias acciones del poder y del gobierno, si es que no es, en otros casos, la legitimación de una interpretación especulativa o ficticia.
En un libro de Álvaro García Linera, titulado Las tensiones creativas de la Revolución. La quinta fase del proceso, difundido gratuitamente a través del periódico Cambio, se expone sus tesis sobre el proceso, de una manera un poco más amplia, desarrollando lo que el vicepresidente argumentó en un discurso de balance del  proceso, que también se difundió, de una manera más reducida con cierta anterioridad, en el periódico La razón. El libro consta de dos partes, la primera, Hacia un nuevo horizonte de época, y la segunda, Las tensiones creativas de la quinta fase. La primera está compuesta de siete capítulos: Del republicanismo propietario al republicanismo comunitario, Las fases del proceso revolucionario, Primera fase: Develamiento de la crisis de Estado, Segunda fase: El empate catastrófico, Tercera fase: Capacidad de movilización convertida en presencia estatal gubernamental, Cuarta fase: El punto de bifurcación o momento jacobino de la revolución, y Quinta fase: La emergencia de las contradicciones creativas. La segunda parte está compuesta de cinco capítulos: Primera tensión: Relación entre Estado y movimientos sociales, Segunda tensión, Flexibilidad hegemónica frente a firmeza en el núcleo social, Tercera tensión: Intereses generales frente a intereses particulares y privados, Cuarta tensión: El socialismo comunitario del vivir bien, y Las tensiones secundarias creativas como fuerzas productivas del proceso de cambio. Se trata de un libro ordenado por fases, por las que supuestamente ha pasado y pasa el proceso. De entrada llama la atención el hablar de tensiones creativas en un discurso que se pretende dialéctico, un discurso que tiene como referencia además los dos textos conocidos de Mao Tsé-toung sobre las contradicciones. En el primer libro de Mao Tsé-toung Sobre las contradicciones, publicado en agosto de 1937, no hay nada parecido a tensiones creativas; en el libro del marxista chino se habla de Las dos concepciones del mundo, de La universalidad de la contradicción, de La particularidad de la contradicción, de La contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción y deEl papel del antagonismo en la contradicción. En el texto Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo, publicado el 27 de febrero de 1957, tampoco hay algo parecido a tensiones creativas. Lo que se escribe en el citado documento es ilustrativo:
Las contradicciones entre nosotros y el enemigo son antagónicas. En cuanto a las contradicciones en el seno del pueblo, las que existen dentro de las masas trabajadoras no son antagónicas, mientras que las existentes entre la clase explotada y la explotadora tienen, además del aspecto antagónico, otro no antagónico. Las contradicciones en el seno del pueblo no datan de hoy, pero tienen distinto contenido en los diferentes períodos de la revolución y el período de la construcción socialista. En las condiciones actuales de nuestro país, esas contradicciones comprenden: las contradicciones dentro de la clase obrera, dentro del campesinado y dentro de la intelectualidad; las contradicciones entre la clase obrera y el campesinado; las contradicciones entre los obreros y campesinos, por una parte, y los intelectuales, por la otra; las contradicciones entre la clase obrera y los demás trabajadores, de un lado, y la burguesía nacional, del otro; las contradicciones dentro de la burguesía nacional, etc. Nuestro gobierno popular es un gobierno que representa realmente los intereses del pueblo y que está al servicio de éste. Sin embargo, entre el gobierno y las masas populares también existen ciertas contradicciones. Estas incluyen las contradicciones entre los intereses del sector estatal, los intereses del sector colectivo y los intereses individuales, entre la democracia y el centralismo, entre dirigentes y dirigidos y entre las masas y ciertos trabajadores gubernamentales con estilo burocrático. Todas éstas también son contradicciones en el seno del pueblo. Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de éste. 
 Por lo tanto Mao Tsé-toung habla de contradicciones, lo que tiene sentido, en el discurso y las teorías dialécticas, sobre todo en el materialismo dialéctico y el materialismo histórico. Pero, ¿Qué significación en la dialéctica puede tener lo de tensiones creativas? Remontándonos a la Fenomenología del espíritu de Hegel podemos decir que el pensamiento dialéctico especulativo supone una tensión intrínseca a toda la exposición de la experiencia de la consciencia, esta tensión se da entre inmanencia y trascendencia, entre las experiencias de extrañamiento y las experiencias de retorno a la intimidad de la consciencia. Algunos autores marxistas, como Ernst Bloch, plantearon esto como dialéctica sujeto-objeto. ¿Tensiones creativas como categoría distinta y anexa a las categorías de las contradicciones? ¿Por qué no llamarlas simplemente contradicciones en el seno del pueblo? Para distinguir este discurso del discurso de Mao Tsé-toung? ¿Con qué objeto? ¿Qué es lo que se quiere decir cuando se habla de tensiones creativas? ¿Qué también hay tensiones no creativas? ¿Qué las tensiones a diferencia de las contradicciones son creativas? En el pensamiento de la dialéctica especulativa  las contradicciones forman parte de un desenvolvimiento que tiende a la superación; en la exposición materialista de Mao Tsé-toung las contradicciones son tratadas para distinguir la universalidad de la contradicción, la particularidad de la contradicción, que ayuda a hacer el análisis especifico de la realidad concreta, para distinguir la contradicción principal del aspecto principal de la contradicción, además de la identidad y la lucha entre los aspectos de la contradicción, fuera de entender el papel del antagonismo en la contradicción. También se puede decir que se trata de diferenciar en la estrategia y la táctica política del partido las contradicciones antagónicas con los enemigos del pueblo de las contradicciones en el seno del pueblo. Se puede entender que así como hay contradicción principal y aspecto principal de la contradicción, también hay contradicciones secundarias, que forman parte del complejo de contradicciones de una realidad concreta. Empero, tratemos de entender qué quiere decir esto de tensiones creativas en el discurso del declarado pensamiento jacobino boliviano.
Al principio del libro Las tensiones creativas de la revolución, se hace una constatación, a la que se le llama primordial; esta es que:
Hoy, el pueblo boliviano ha consolidado su unidad histórica en torno a un único proyecto de Estado, economía y sociedad.
Es muy difícil verificar esta constatación después del “gasolinazo”, que, por cierto, el libro citado no dice nada. ¿Cuál Estado? ¿El Estado-nación, defendido por el bloque nacionalista en el gobierno, o el Estado plurinacional comunitario y autonómico, establecido en la Constitución Política del Estado? Si se trata del Estado-nación lo que se puede constatar que hay una unidad entre los nacionalistas del gobierno, los nacionalistas militares, los nacionalistas dispersos en la sociedad, incluso la ideología nacionalista cristalizada en los huesos de muchos dirigentes, además de la burguesía intermediaria, que si le interesa la mantención del Estado-nación; también podríamos hablar de la ideología nacionalista de la burocracia. Si se trata del Estado plurinacional comunitario y autonómico, está lejos de ser una voluntad política su construcción por parte del gobierno. Las organizaciones que tienen una claridad meridiana sobre el Estado plurinacional comunitario y autonómico son las organizaciones indígenas del CONAMAQ y del CIDOB, y con estas organizaciones las naciones y pueblos indígenas originarios. Lo que se tiene como apoyo al proyecto plurinacional descolonizador es la aprobación por parte del pueblo boliviano de la Constitución por una mayoría absoluta, el 64% de la población votante. El camino hacia la construcción de Estado plurinacional está por resolverse en una compleja transición, atiborrada de contradicciones, que pueden ser clasificadas algunas como principales, encontrando en ellas los aspectos principales de las contradicciones, además también de identificar las contradicciones en el seno del pueblo. De hecho hay una contradicción entre el Estado-nación y el Estado plurinacional. Sobre el rumbo económico también hay toda una discusión, debate que puede resumirse entre la opción del modelo extractivista, optado por el gobierno, y el diseño de economía social comunitaria definido por la Constitución. Sobre el proyecto de sociedad también nos encontramos ante otra contradicción, entre una nebulosa idea de sociedad que tiene el gobierno, donde convive la sociedad de la colonialidad heredada conjuntamente con emergencias de los pueblos indígenas que se empoderan de los espacios sociales y culturales haciéndose visibles, idea contradictoria a la concebida por la Constitución, que apertura una sociedad comunitaria, intercultural y autonómica. Son evidentes los aferramientos desesperados del gobierno a los recónditos centralismos y a velados mono-culturalismo y mono-nacionalismo pervivientes. La unidad de la que se habla sólo queda en el imaginario jacobino.
A propósito habría que preguntarse si se requiere una unidad o un núcleo común de articulación de la pluralidad; un núcleo dinámico, capaz de articular la pluralidad en sus distintos momentos y escenarios. Se trata de una cohesión móvil, de un tejido multicolor de textura cambiante, proponiendo nuevas articulaciones e interpretaciones. Esta es la discusión y la perspectiva que reclama la Constitución, que ya se abre a los horizontes de un pensamiento pluralista. No se trata de la unidad del Estado, sino de la articulación cohesiva de la pluralidad en el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Este núcleo común es lo que se tiene que construir de una manera participativa y formando consensos. El imaginario de una unidad absoluta en torno al Estado corresponde al pasado, cuya arqueología puede remontarse a la república de los jacobinos. Este imaginario ha acompañado al proyecto institucional estructurado en la centralización más rigurosa y obsesiva. No todas las repúblicas y estados modernos optaron por este camino; de alguna manera fueron las exigencias de mando centralizado, de administración y organización centralizada de la burguesía francesa, en el contexto de la correlación de fuerzas del proceso de la revolución francesa.
El primer capítulo se titula Hacia un nuevo horizonte de época. Del republicanismo propietario al republicanismo comunitario. ¿Qué se quiere decir con horizonte de época? ¿Se trata de los horizontes abiertos por la Asamblea Constituyente, los horizontes del Estado plurinacional comunitario y autonómico? ¿Qué es eso de republicanismo propietario, también eso de republicanismo comunitario? Se puede decir que el republicanismo es una teoría liberal, basada en la concepción del Estado de derecho  y la vigencia de la ley.
Ciertamente el republicanismo forma parte de las corrientes  teóricas, concretamente el republicanismo  se figura la república como el paradigma de gobierno inmejorable para un Estado. La república se explica en tanto antítesis a las otras formas clásicas de gobierno: la monarquía y la aristocracia; así como a sus concernientes depravaciones: el despotismo y la oligarquía. También se concibe como un sistema político basado en el ejercicio de la libertad,  primordialmente se fundamenta en el derecho, en la ley como expresión de la voluntad soberana del pueblo, voluntad general a la que no puede escamotear nunca un gobierno legítimo. Hay que tener en cuenta, para evitar cualquier confusión, que el concepto de república en lo que respecta a la  forma de gobierno no es equivalente al concepto de democracia. El expresión republicanismo  correspondencia a una formación discursiva de la teórica política, teoría cuya arqueología emerge en algunas municipalidades italianas de la Edad Media, dispensando nuevas significaciones a ciertas tradiciones institucionales ciudadanas griegas y romanas. También se puede decir que la idea de república y la concepción del modelo republicano  formaron parte de los debates políticos de la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII. En migración de Inglaterra al nuevo continente influyó sobre los ideólogos fundadores de la independencia estadounidense. Se puede decir también que esta formación discursiva, esta corriente teórica, también irradió en los criollos independentistas liberales latinoamericanos. El ideal de la república y la concepción política del republicanismo forman parte de la defensa jurídico-política del Estado liberal en los actuales tiempos de crisis múltiple del Estado.
¿Hay algo parecido a un republicanismo de propietarios? Teóricamente no, como corriente teórica, obviamente que no. Se puede entender esta expresión como que en nuestros territorios de heredad colonial los propietarios, vale decir los propietarios mineros y los terratenientes, se han apropiado del discurso republicano usándolo en defensa de sus intereses particulares. Así se puede entender siempre distinguiendo que se trata de usos prácticos del republicanismo. No de corrientes teóricas. Eso es importante anotar al momento de discutir estos temas. Más complicada se vuelve la interpretación de un  republicanismo comunitario. ¿Puede concebirse algo parecido a esta estrambótica expresión? En todo caso las corrientes políticas comunitaristas se basan en otras perspectivas teóricas, en otra concepción de la resolución política, mas vinculadas a las teorías libertarias o, también, a las concepciones de reconstitución de las tradiciones ancestrales. ¿O es que se está propugnando un liberalismo comunitario? ¿Cómo puede ser este? Habría que enunciar su diseño o su composición enunciativa. Mientras no se lo haga los términos que se usan quedan en la nebulosa o forman parte de un discurso ideológico, en el sentido de reproducción imaginaria de la legitimidad o de la construcción de legitimidad, con todo el despliegue retórico que incumbe, buscando el convencimiento de la audiencia.
A propósito de lo que acabamos de decir debemos preguntarnos cuál es el sentido de un discurso como este de Las tensiones creativas de la revolución. ¿La legitimación de la conducción del gobierno? ¿Un análisis de las fases del proceso? Estas preguntas son importantes cuando es indispensable contar con un mapa de la concurrencia discursiva en el proceso y en sus distintas coyunturas, sobre todo para entender el uso práctico que se le da a los discursos, que es donde se encuentra el significado pragmático, en el sentido del pragmatismo lingüístico. ¿Qué buscan los discursos en el proceso? ¿Profundizarlo? ¿Truncarlo? ¿Diferirlo? ¿Desviarlo? La respuesta a estas preguntas depende de los contextos, de los dispositivos y de los agenciamientos discursivos. Es notorio que en el discurso de Las tensiones creativas de la revolución la intensión que sobresale y el tono escuchado sea el de la justificación de los actos de gobierno. No así la discusión, el debate sobre los temas planteados por las sucesivas coyunturas del proceso, menos evaluar la cuestión principal de si está en crisis o no el proceso, que es lo que se ha puesto en el tapete. Se ignoran estos temas, se obvia sobresalientemente la evaluación y el análisis de la medida de nivelación de precios, llamada popularmente como el “gasolinazo”. Por lo tanto no estamos ante un discurso académico, no es un discurso teórico: se trata de un discurso político, empero no tanto de debate sino de justificación; muy ligada a la búsqueda convencimiento de la propaganda, de la publicidad y de la difusión ideológica de la línea de gobierno.
En el libro se escribe que el carácter de las contradicciones habría cambiado, ya no se trataría de las contradicciones desatadas antes de la primera gestión de gobierno (2006-2009) sino de nuevas contradicciones, no las que plantean la crisis múltiple del Estado sino las que persiguen profundizar el proceso de cambio. Hay por lo menos dos diferencias en el carácter de las contradicciones en el proceso:
La primera, que a dife­rencia de lo que sucedía años atrás, no propugnan un nuevo tipo de sociedad ni plantean un nuevo ho­rizonte de Estado o economía, sino la ralentización o la radicalización del proceso pero en el marco del horizonte de época de la plurinacionalidad[1].
La segunda diferencia consiste en:
La segunda, que como son contradicciones al in­terior de los tres principios ordenadores de la realidad y de las luchas por transformarla (plurinacionalidad, autonomía y economía plural), son también contradic­ciones al interior del amplio bloque popular que con­duce y sostiene el Proceso de Cambio. Incluso las fuer­zas conservadoras que intentan utilizarlas para revita­lizar su presencia, lo tienen que hacer con el lenguaje y el norte que delimita el horizonte de época dominante[2].
Habría que hacerse una primera pregunta: ¿Ya se ha construido el Estado plurinacional comunitario y autonómico? ¿Ya estamos en otro campo social, que habría superado la sociedad edificada sobre las herencias coloniales y las estructuras raciales? Esto por lo menos parecen suponer las diferencias características entre un complejo de contradicciones y otro, antes y después de la primera gestión de gobierno. Es difícil sostener lo que se  afirma, que las contradicciones no propugnan un nuevo tipo de sociedad ni plantean un nuevo ho­rizonte de Estado o economía.
En un análisis del comienzo de la gestión del gobierno de Evo Morales la politóloga Grace Ivana Dehezacomenzaba el mismo de la siguiente manera:
Bolivia, en el 2006, inició una etapa nueva en su historia. Por primera vez un líder de origen aymara, Evo Morales Ayma, asumía constitucionalmente la Presidencia del país. Durante este año el Presidente emitió políticas destinadas a reformar el Estado y a recuperar el control estatal de los recursos naturales. El proceso de cambio de la Constitución política del Estado se abrió con el llamado a la Asamblea Constituyente y con el referéndum autonómico, procesos paralelos que están hasta la fecha redefiniendo la nueva configuración político-administrativa del país[3].
Podríamos decir que este primer párrafo del análisis de Grace Ivana Deheza sobre Bolivia 2006: reforma estatal y construcción del poder, que sale en la Revista de ciencia política, en el volumen especial del 2007,  refleja un sentir promedio, quizás también el sentir académico, en relación al desenlace de la crisis múltiple del Estado, desenlace del mismo proceso de movilizaciones de 2000 al 2005, que culminó en la victoria electoral del Movimiento al Socialismo y la asunción al gobierno de Evo Morales Ayma.   Las políticas de reformas estatales, de nacionalización de los hidrocarburos, de convocatoria a la Asamblea Constituyente y de referéndum autonómico inician las transformaciones esperadas en la gestión del gobierno indígena popular, respondiendo al mandato de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios. El ambiente era de entusiasmo y de optimismo, se dejaron los temas pendientes de discusión, lo importante era apoyar al proceso y al flamante gobierno popular. No se discutían mucho los alcances de las medidas iniciales, de la reforma estatal, tampoco el contenido y los mecanismos efectivos de la nacionalización de hidrocarburos. Hubo un amague de debate sobre la convocatoria a la Asamblea Constituyente a través del Congreso. Se dio un posicionamiento de parte de las organizaciones sobre el referéndum autonómico oponiéndose a las autonomías. Esto en tanto se consideraba por parte de las organizaciones que la propuesta autonómica venía de las oligarquías regionales, como una estrategia para conservar el poder regionalmente, que lo habrían perdido nacionalmente. Una gran legitimidad sostenía al flamante gobierno y al presidente indígena. También se gozaba de una gran simpatía internacional. En la cancillería se comenzó a trabajar en la perspectiva de una diplomacia indígena, que descolonice nuestras relaciones con los países en el mundo diplomático, también se comenzó a trabajar en la diplomacia de los pueblos, una idea del presidente que abría la posibilidad de que los mismos pueblos intervengan efectivamente en las relaciones entre los países, dejando de tratarse de relaciones sólo entre estados. Aunque el 2006 comenzaron algunos conflictos que empañaron esta fiesta inaugural de la gestión de gobierno, todo parecía augurar un proceso continuo de cambio.  
Empero esto es lo que no ocurrió, aparecieron las interrupciones y discontinuidades, del 2006 al 2007 se vivió la dramática experiencia de la Asamblea Constituyente, la misma que tuvo que enfrentar el ambiente convulso ocasionado por las convocatorias en las capitales departamentales de la llamada “media luna”, Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, incluyendo en una última etapa a Chuquisaca con las demandas del Comité Interinstitucional con asiento en la ciudad de Sucre. Son por lo menos tres tipos de desafío que tuvo que afrontar la Asamblea Constituyente: La convulsión de las capitales departamentales de la “media luna”; la resistencia interna en la propia Asamblea Constituyente de parte de las brigadas de constituyentes de los partidos de derecha, vinculados a las oligarquías regionales de sus respectivos departamentos; la convulsión en la propia ciudad de Sucre, sede de la Asamblea Constituyente,  dirigida por el Comité Interinstitucional por la “capitalía”, es decir por el retorno de los poderes a la sede de la Capital de Bolivia, del poder legislativo y del poder ejecutivo, pues el asiento del poder judicial residía en Sucre; sede de los poderes que después de la Guerra Federal fue trasladada a La Paz. No anotaremos las dificultades internas de organización y de conducción de la Asamblea Constituyente, que también cuenta, pues estos problemas también fueron desafíos que se tuvo que afrontar en el proceso de desarrollo del texto constitucional.
Es alrededor de la Asamblea Constituyente que se juegan varias conflictos y enfrentamientos; la Asamblea resulta ser un denso escenario donde se ponen en juego distintas tendencias inherentes al proceso. Ya no hablamos sólo de los conflictos desplegados por las oligarquías regionales dentro y fuera de la Asamblea sino de las propias diferencias al interior mismo de la bancada mayoritaria. Una bancada compuesta por dirigentes, sobre todo campesinos e indígenas, también por representantes cooperativistas, mujeres populares, invitados, elegidos en las circunscripciones, resulta ser una expresión múltiple y dinámica, potente al momento de expresar las distintas miradas plurales del pueblo boliviano. Una bancada que contenía potencialidades organizativas, de deliberación, de reflexión y de comparación integrables, una bancada que empero se la anulo por el celo del ejecutivo por dirigir y  orientar la conducción de la Asamblea. Desde un principio no se dejó desplegar las propias capacidades organizativas de la Asamblea, se decidió desde afuera la dirección de la Asamblea, impidiendo que las formas organizativas propias puedan dar lugar a una dinámica política interpeladora y crítica. Si de todas maneras esto llegó a ocurrir fue por el propio desborde de las fuerzas, de la pasión contenida en las oradoras y oradores populares. Una de las imágenes más intensas de las primeras sesiones la dieron las asambleístas indígenas originarias campesinas, quienes fueron elocuentes al momento de actualizar la memoria de medio milenio de violencia colonial. Fueron las polimorfas formas de dominaciones coloniales las que se desenmascararon, se puso en el tribunal de la historia al Estado colonia, que es el mismo Estado liberal, en su versión de Estado-nación, desde la independencia. Este desborde de pasiones, de enunciaciones interpeladoras, de discursos vitales, sobre todo femeninos, mostraba los horizontes de posibilidad de la irrupción popular; sin embargo, fue trabado por el manejo burocrático y jerárquico de los mandos externos a la Asamblea. Debido a las contra órdenes del ejecutivo el desarrollo de la Asamblea se trabó varias veces, mostrando alarmantemente las desconexiones entre las experiencias vividas al interior de la asamblea y el imaginario burocrático y de mando jerárquico centralizado del ejecutivo, acompañado por asesores que hacían de profesores de los constituyentes.  No se entendió que la Asamblea Constituyente formaba parte del intenso proceso constituyente, que al mismo tiempo formaba parte del despliegue de las luchas y movilizaciones descolonizadoras, anticapitalistas y anti-neoliberales. Que lo que se expresaba como posibilidad en la Asamblea era la irradiación de las fuerzas de los movimientos sociales, de los sujetos del poder constituyente.  Se puede interpretar este periodo como el definido por la contradicción entre el poder constituyente y el poder constituido, donde el poder constituido trata de poner límites al desborde del poder constituyente. Primero, a pesar de que las victorias populares de abril del 2000, octubre del 2003 y mayo-junio del 2005 convocan directamente a la Asamblea Constituyente, el ejecutivo y el Congreso acuerdan una convocatoria formal, desde el legislativo, desde el poder constituido a la Asamblea Constituyente. Esta convocatoria formal impone un formato limitativo a la Asamblea Constituyente; es cuando se introduce la aritmética de la decisiones de los 2/3, también cuando se delimita la elección de los constituyentes a la representación partidaria, además de poner una camisa de fuerzas a la constituyente, buscando supeditar la Asamblea Constituyente al Congreso. Algo insólito, que va terminar ocurriendo cuando sea el propio Congreso el que termine revisando el texto constitucional aprobado en la Glorieta de Sucre y en Oruro, efectuando 144 revisiones y corrigiendo 122 artículos de la Constitución. Sin embargo, en esta pugna entre poder constituyente y poder constituido, la potencia del poder constituyente, la irradiación de los movimientos sociales, el mandato de las organizaciones del Pacto de Unidad, que entregaron dos textos constitucionales a la Asamblea, definiendo el carácter de Estado como plurinacional y social comunitario, terminó manteniendo la estructura esencial de la Constitución aprobada en Oruro. El Estado quedó definido como unitarios social de derecho, plurinacional comunitario y autonómico. Los once primeros artículos de la Constitución son prácticamente los artículos presentados por el documento articulado del Pacto de Unidad. Se puede interpretar entonces que la Constitución Política del Estado es la construcción dramática del pacto social.
 
Hay que estar atentos a la compleja dinámica de la Asamblea Constituyente y del proceso constituyente para aproximarnos a las dinámicas moleculares del proceso y a sus propias contradicciones. ¿Qué es lo que se ha jugado en este contexto? Viendo retrospectivamente, una de las batallas más importantes, si es que no es la más importante, del proceso se ha dado precisamente durante el año y cuatro meses que duró la Asamblea Constituyente.  Tres condicionantes son nuevas en la caracterización del nuevo estado, la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición autonómica. Estas tres condiciones definen una ruptura y un desplazamiento estructural, definen las transformaciones institucionales que implican la construcción del nuevo Estado. La primera condición rompe con el Estado-nación, la segunda condición incorpora la configuración y la actualización de lo ancestral a la forma de Estado, la tercera condición ocasiona una radical descentralización administrativa y política, abriéndose a un pluralismo autonómico, dando lugar a un enfoque territorial y su ampliación a perspectivas eco-sistémicas. La incorporación de estas tres condicionantes estructurales e institucionales a la definición del Estado no fue fácil. Las organizaciones indígenas como el CIDOB y el CONAMAQ tenían meridiana claridad sobre su necesidad, sobre todo teniendo en cuenta la perspectiva descolonizadora de la fundación del nuevo Estado. El Pacto de Unidad, donde se encontraban también la Confederación Única de Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Nacional de Mujeres  Campesinas Indígenas de Bolivia Bartolina Sisa (CNMCIOB “BS”) y la Confederación Sindical Campesina Intercultural Originaria de Bolivia (CSCIOB), asumió en los documentos entregados a la Asamblea Constituyente también las condicionantes de plurinacional y comunitaria del Estado. En cambio otros constituyentes del MAS no tenían clara esta perspectiva descolonizadora, todavía estaban apegados al imaginario nacionalista del Estado-nación. Las discusiones al interior de la bancada del MAS fueron indispensables para formar un consenso sobre la definición del Estado Plurinacional comunitario y autonómico. En su tesis doctoral  Salvador Schavelzon hace una apreciación sugerente al respecto:
No faltaron personas que en momentos difíciles de la Asamblea decían que una vez en el poder, los campesinos del MAS y sus aliados de clase media ya no necesitaban hacer una Asamblea Constituyente y que sería suficiente con acciones desde el Poder Ejecutivo, como lo había sido la nacionalización de los hidrocarburos, que había aumentado los ingresos estatales considerablemente y dado lugar a una política de bonos sociales para los niños en edad escolar, y más adelante para los ancianos. Se trataba más bien, según esta posición del debate en el ámbito del “proceso de cambio”, de impulsar un Estado fuerte interviniendo en la economía para redistribuir el excedente económico, desmontar el sistema neoliberal instaurado desde 1986 y, para algunos, apuntar al socialismo. Desde esta visión, de lo que se trataba era más bien de concentrarse en la gestión e impulsar la industrialización de los recursos naturales, lo que permitiría redistribuir el ingreso reduciendo los índices de pobreza y recuperando la soberanía nacional sobre los recursos, principal fuente económica del país. La nueva Constitución era para muchos tan solo un apéndice de las acciones del gobierno que pondría “candado” a las políticas estatales, y buscaría también introducir cambios en los tres poderes para consolidar el poder del nuevo gobierno, y habilitar la reelección.
Para otros, en los debates de esta época, la Asamblea era fundamental para refundar un Estado que desde el nacimiento de la república en 1825 había dejado de lado a los pueblos originarios y dado continuidad al gobierno colonial. El Estado debía ser transformado, y no sólo ocupado por los que habían sido excluidos. En el camino de la crítica al Estado boliviano actual, la Comisión de Visión País iniciaría un “Juicio al Estado Colonial Republicano y Neoliberal” que buscó conformar un tribunal que pusiera énfasis en la “descolonización”, pieza clave del proyecto político plurinacional, y presente en el discurso de Evo Morales. Entre los actores sociales de este proceso político, los que apostaban a la Asamblea Constituyente antes que a los cambios desde el Poder Ejecutivo, eran más que nada las organizaciones indígenas de tierras bajas, que como pueblos minoritarios veían a la Asamblea como urgente para la inclusión de derechos[4].
La controversia política e ideológica fuerte que se tuvo que llevar a cabo al interior de la bancada del MAS en la Asamblea Constituyente fue contra el imaginario nacionalista del Estado-nación, polémica que parece seguir ahora contra el mismo imaginario nacionalista en el gobierno y la Asamblea Legislativa Plurinacional. Esta situación no es tan sorprendente si es que se toma en cuenta a los representantes constituyentes de las otras organizaciones no pertenecientes al Pacto de Unidad, obreros, trabajadores, cooperativistas, representantes de las juntas de vecinos, los mismos representantes del MAS, pues en todas estas organizaciones no ha tenido lugar una larga discusión y reflexión sobre el Estado plurinacional y la descolonización, como ocurrió en el Pacto de Unidad. Sin embargo, no deja de sorprender pues estos temas formaron parte de la proliferación interpeladora del periodo de luchas y movimientos sociales de 2000 al 2005. En todo caso, la gran oportunidad para la discusión sobre estos temas se dio en la Asamblea Constituyente. En el debate se enfrentaron algunos reduccionismos en la interpretación del Estado plurinacional; un primer reduccionismo tiene que ver con que el Estado plurinacional es el mismo Estado-nación, sólo que con concesiones pluralistas a los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos. Otro reduccionismo tiene que ver  con la interpretación del multiculturalismo o el pluralismo liberal, que toma en cuenta la ampliación de los derechos, empero no comprende el necesario desmontaje, desmantelación y deconstrucción descolonizadora; no llega a pensar la interculturalidad emancipadora y las rutas de la  reconstitución. Sin embargo, el más peligroso y difundido reduccionismo databa de asimilaciones dispersas, fragmentarias y localistas, que anteponían primero las reivindicaciones del lugar y gremiales antes que avanzar sobre los grandes proyectos descolonizadores.  En relación a este mapa conceptual, la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué el nacionalismo es perdurable a pesar de la crisis múltiple del Estado y el desborde descolonizador de los movimientos sociales y las naciones y pueblos indígenas? ¿Por qué sigue perdurando en el imaginario de los gobernantes, ejecutivos, asambleístas, funcionarios e incluso en dirigentes campesinos?
Puede haber explicaciones estructurales, también culturales e ideológicas, pero lo que interesa analizar es la recurrencia gubernamental y de la Asamblea Legislativa Plurinacional a restaurar el Estado-nación eludiendo el mandato constitucional de construir un Estado plurinacional comunitario y autonómico. Las razones estructurales tienen que ver con el papel de la escuela y las instituciones de formación en la constitución de sujetos nacionales; también tiene que ver el cuartel como instancia e institución de ciudadanización, así como de iniciación en las comunidades. Parece ser incluso un requisito para ser jaque, es decir alguien, adulto con pareja que comienza la formación de la familia. Ciertamente juega una función importante en la reproducción ideológica el sistema y la red de comunicación, que forman parte la construcción imaginaria de la nación, la cereminialidad, los símbolos y los ritos que la reproducen.  No dejan de jugar una función reproductora las memorias familiares, las anécdotas y el recuerdo de las guerras. Hay pues una atmósfera de recreación de la ideología nacionalista.  Todo esto se entiende, aunque esta atmosfera ha entrado en crisis afectada por la globalización, virtualización de la información, la crisis de la escuela y los institutos de enseñanza, las universidades, por la misma irradiación de los movimientos sociales y pueblos indígenas. Lo que es menester entender es la recurrencia al nacionalismo por parte de un gobierno supuestamente indígena y popular, un gobierno encomendado a cumplir con la Constitución y por lo tanto con la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, por lo tanto un gobierno que debe traspasar los límites del nacionalismo y orientarse en los códigos de la interculturalidad emancipadora, un gobierno que debe encargarse por sepultar el Estado-nación y construir con los movimientos sociales y las naciones y pueblos indígenas originaros el Estado plurinacional comunitario y autonómico. La respuesta que se viene ante esta pregunta es que se trata, a pesar de lo esperado, de un gobierno nacionalista, que se mantiene en los límites de la ideología liberal, un gobierno interesado más bien en mantener el imaginario de la nación boliviana. Un gobierno restaurador del Estado-nación. ¿Cuál es la razón que tengamos un gobierno así y no otro, uno emancipador y libertario, uno encaminado a transitar transformadoramente hacia el modelo civilizatorio del vivir bien, abriendo rutas de transformación institucional hacia el Estado plurinacional comunitario y autonómico, encaminado a conformar la economía social y comunitaria? El problema es que el 2006 se ha conformado un gobierno de la misma manera que se conforman los gobiernos liberales, salidos de las elecciones, sobre el mismo mapa del ejecutivo, sobre el mismo perfil de los ministerios, de las instituciones descentralizadas y las empresas públicas. Optando por criterios de selección individuales y derivados del grupo de poder, aunque se tuvo al alcance listas de las organizaciones y listas del MAS. El problema no era este, resolver la selección y la conformación del gabinete, sino discutir la estrategia de transformación.
El 2006 era el momento de pasar de la movilización en las calles, en los caminos y en los territorios a una movilización política y cultural, ingresar masivamente a un debate multitudinario, configurando la perspectiva colectiva de la estrategia transformadora y de ruptura. Por lo tanto en el nacimiento del gobierno popular se incursionó por las mismas rutinas y procedimientos de los gobiernos liberales; el resultado no se dejó esperar, un nuevo gobierno liberal y nacionalista, acompañado por un discurso nacional popular, matizados por enunciaciones que hacían referencia a la descolonización y al horizonte abierto por las naciones y pueblos indígenas. La nación boliviana volvió a ser el referente principal de los discursos, la matriz de este imaginario nacionalista. Se usó esta imagen patriótica contra los intentos separatistas de las oligarquías regionales, sobre todo de la oligarquía cruceña. Se entiende en este caso la recurrencia dramática al patriotismo ante la conspiración de las oligarquías terratenientes y la burguesía intermediaria, sin embargo no deja de tener problemas, pues de lo que se trataba es defender el proyecto plurinacional, otra forma de integración y cohesión social. En el contexto del proceso constituyente, se trataba defender la integralidad y la articulación de lo plurinacional, de lo comunitario, de lo intercultural, del pluralismo autonómico. El debate con las oligarquías conservadoras y reaccionarias no era oponerles el Estado-nación sino algo que habían negado el Estado liberal, el Estado-nación, el Estado colonial; esta algo era precisamente la existencia de las naciones y pueblos indígenas originarios, la condición plurinacional, la condición comunitaria, la condición autonómica del proyecto constituyente. El debate quedó encerrado en los mismos límites de los anteriores debates, en los contornos del debate nacionalista, donde los sujetos de la pelea son la nación y la anti-patria. El debate propuesto por la constitución era emancipación de las naciones y pueblos versus colonialismo, colonialidad, herencias coloniales, dominaciones y violencias coloniales. En los límites y contornos de este debate quedó atrapada la lucha contra la burguesía intermediaria, la clase de los terratenientes, la casta colonial. No se pudo entonces continuar la lucha del 2000-2005 en los términos de la reforma agraria y la descolonización. Fue una pelea por la defensa institucional contra la conspiración de la derecha, que quería trucar el proceso constituyente. No fue una lucha “revolucionaria”, déjenme usar esta palabra, por la transformación de las relaciones y de las estructuras de poder. Por ese camino se llegó ciertamente a la derrota política y militar de la expresión política de las oligarquías regionales, pero no se llegó a la transformación de las condiciones de propiedad y de las relaciones económicas de explotación, tampoco se llegó a extender el proceso de movilizaciones en una revolución cultural. Las cosas quedaron como en una suspensión de las hostilidades, en condiciones de derrota política de la derecha, que empero mantiene el control sobre la tierra, las empresas económicas, el comercio, los mercados. Con el tiempo los derrotados terminaron imponiendo políticas y leyes.
Desde esta perspectiva, la que desarrollamos a partir de la dinámica molecular del proceso, también desde la revisión empírica del proceso, no es sostenible la hipótesis sobre   Las fases del proceso revolucionario, las cinco fases del proceso; la primera fase entendida como develamiento de la crisis de Estado, la segunda fase llamada como la del empate catastrófico, la tercera fase nombrada como la relativa a la capacidad de movilización convertida en presencia estatal gubernamental, la cuarta fase vista como el punto de bifurcación o momento jacobino de la revolución, y la quinta fase del proceso revolucionario entendido como el de la emergencia de las contradicciones creativas. La primera fase tiene la periodicidad del 2000 al 2003, se inicia con el estallido de la guerra del agua y concluye con la victoria de la guerra del gas en octubre; la segunda fase se inicia el 2003 y acaba el 2008; esta fase atraviesa la segunda parte del ciclo de movilizaciones del 2000 al 2005 y se extiende gran parte de la primera gestión de gobierno, culminando con la victoria política y militar en Pando, cuando el gobierno declara Estado de sitio regional, ocupando territorialmente el departamento del norte amazónico acabando con la conspiración y la espiral de violencia ascendente, optada por las oligarquías regionales. ¿Por qué se llama a esta fase la del empate catastrófico? Porque los “insurrectos” tenían el control político, el gobierno nacional, empero no controlaban el poder económico, éste estaba en manos de las oligarquías regionales. La caracterización de esta fase por parte del autor se parece a la de un poder dual:
Se trata de dos bloques de poder con dos proyec­tos de poder, con dos capacidades de presencia te­rritorial y con liderazgos antagónicos se disputaban el orden estatal paralizando hasta cierto punto la reproducción de la dominación[5].
Un poco más adelante vuelve a caracterizar esta situación de empate catastrófico en su forma de extensión del empate:
Nos referimos claramente a una coyuntura po­lítica de Estado, dividido entre gobierno controla­do por los insurrectos, y poder de Estado (lógica y mando institucional) controlado por las clases eco­nómicamente dominantes. En cierta forma es tam­bién una radicalización de la segunda fase del empa­te catastrófico, pero la novedad del desplazamiento territorial y clasista de este “empate” que se inscribe en la propia institucionalidad dinámica del Estado, hace necesario tratarla como una fase específica[6].
Llama la atención el uso subrepticio que se hace de a tesis del poder dual, llamándolo empate catastrófico; empero esta vez usado para interpretar una especie de resistencia tenaz y capacidad de boicot de las oligarquías regionales y la burguesía intermediaria. La tesis del poder dual fue usada para elucidar la potencia y la capacidad de poder de las clases subalternas y sus formas de organización y control territorial armado, como es el caso de los concejos, de los soviets, de las milicias obreras y campesinas. ¿Las clases dominantes económicamente tendrían la misma capacidad de hacerlo en una situación adversa, cuando habrían perdido el control del gobierno central? Por otra parte, ¿por qué empate? ¿Se puede interpretar como empate la victoria política de octubre de 2003, cuando el gobierno liberal y su presidente son expulsados del país? ¿No es mas bien una victoria, no es mas bien un desborde de las fuerzas populares, no comienza mas bien las sucesivas derrotas de la clase política, de los partidos políticos, del modelo neoliberal, por lo tanto la derrota política de las oligarquías regionales y la burguesía intermediaria? ¿Por qué hablar de empate cuando lo que estaba ocurriendo es una modificación plebeya de los escenarios? ¿La victoria electoral del 2005 se puede considerar un empate catastrófico? ¿El tener un gobierno popular del 2006 al 2008 es un empate catastrófico? Parece no sostenerse esta idea ni teóricamente, la inversión del uso conceptual de la tesis del poder dual, ni empíricamente, las victorias políticas y electorales, la conformación de un gobierno popular no pueden interpretarse como empate, menos catastrófico. ¿Para quién es catastrófico? Obviamente para las oligarquías regionales, para la burguesía intermediaria y también para el imperio. La hipótesis del empate catastrófico parece ser una proposición limitativa y conservadora, que resalta más la fuerza de las organizaciones y dispositivos de las oligarquías que la propia fuerza de los movimientos sociales. No es una lectura hecha desde los movimientos sociales sino desde el alma desconcertada de un académico que esperaba otra cosa. ¿Qué? ¿Una revolución radical? No se entiende, en todo caso los movimientos abrieron el camino para contar con un presidente indígena, para el cumplimiento de la agenda de octubre, para la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a una Asamblea Constituyente. ¿Por qué se enaltece la fuerza de las oligarquías llegando a decir que controlan el poder de Estado; es decir,lógica y mando institucional controlado por las clases eco­nómicamente dominantes? La pregunta y la sorpresa es instantánea: ¿Controlaron el Estado?  Contralaron las prefecturas y las alcaldías de la llamada “media luna”, pero decir la lógica y mando institucional es un exceso que no se sostiene empíricamente. El control del gobierno y a través del gobierno del Estado mismo lo tenía el MAS, por lo menos desde la perspectiva de la ocupación de espacios y manejos de instrumentos institucionales, incluyendo a la policía y el ejército. Se puede decir que parte del Estado, en su sentido geográfico, estaba controlado por las oligarquías regionales, en tanto controlaban parte del espacio político, empero esto no los convierte en los controladores del Estado. No es sostenible lo del empate catastrófico. Esta hipótesis se la ha usado conservadoramente para inhibir a las fuerzas de los movimientos sociales, para limitar los alcances del poder constituyente en el proceso constituyente. Esta hipótesis política ha terminado fortaleciendo a las fuerzas de la burguesía intermediaria, incluso a los estratos de la burguesía agroindustrial, pues son esta burguesía y estos estratos los que terminaron beneficiándose con las políticas económicas del gobierno, incluyendo al sistema financiero, a la banca.
En esta misma tónica el autor convierte en una interpretación positiva algo que merece una crítica, convierte en victoria un retroceso. Rescata positivamente la revisión del texto constitucional por parte del Congreso, convierte la violación del poder constituyente por parte del poder constituido como algo positivo.
La consensuada modificación congresal de la Constitución en octubre del 2008 continuaría política­mente esta victoria militar y tras el desbaratamiento del intento contrarrevolucionario del separatismo ar­mado organizado por el grupo La Torre y sus merce­narios contratados en Europa, el bloque nacional-po­pular quedaría consolidado en el poder con la victoria electoral del Presidente Evo en las elecciones del 2009[7].
La 144 revisiones del Congreso y la corrección de 122 artículos de la Constitución no solamente son acciones violatorias contra el poder constituyente, sino también son revisiones y corrosiones conservadoras, que terminan limitando los artículos de la Constitución aprobada en Oruro, introduciendo contradicciones y extirpando de la Constitución la reforma agraria. A este retroceso patético se lo considera consolidación de la victoria política y militar de Pando. La pregunta es: ¿Si hay victoria político y militar sobre la derecha? ¿Si se desbarata su conspiración? ¿Si la derecha es pulverizada, por qué se acoge una alianza con las expresiones parlamentarias de la derecha llegando a un acuerdo disminuyendo los alcances de la Constitución? Esta paradoja forma parte de un conjunto de paradojas y ambigüedades inentendibles de un gobierno que llama avances precisamente a los retrocesos. Las tensiones creativas de la revolución pretenden mostrarnos fases de avances sucesivos del proceso, empero el contraste empírico nos muestra fases de retrocesos continuos. ¿Por qué darle un significado distinto a esta reversión del proceso? Volvamos a lo que dijimos a un principio, al discurso del libro en cuestión hay que entenderlo desde su utilidad práctica; se requiere justificar la conducción del gobierno, las políticas contradictorias del gobierno, el proyecto elegido, la opción colonial del modelo extractivista y su perspectiva desarrollista. Se soslaya las contradicciones reales con el pueblo, en el proceso,  se obvian los enfrentamientos con sectores populares y los pueblos indígenas, se oculta el levantamiento popular de diciembre de 2010; en contraste se teje un relato imaginario que intenta sustituir, por medio de procedimientos retóricos, la efectiva historia reciente de las contradicciones. En un artículo titulado la Política del avestruz hablamos de esta manera de ocultar la cabeza y cerrar los ojos ante las evidencias. Bueno pues, esta retórica del avestruz trata de convencernos de lo bien que marchamos, de los avances políticos, de la acumulación de las fases de la revolución, cuando precisamente nos encontramos sacudidos por la crisis del proceso, crisis que hay que afrontar con los ojos bien abiertos y la cabeza bien despierta. 
Volviendo a las fases, la periodización de la tercera fase comenzaría el 2008 y culminaría con la victoria electoral del 2009. La última fase comienza entonces con esta victoria y se extiende hasta el 2011, sin haber concluido. Como se puede ver las fases sucesivas no tienen la misma periodización; la primera fase dura un poco más de tres años, la segunda fase dura un poco más de cinco años, la tercera fase apenas un año, la última ya cuenta con una extensión de dos años. ¿Cómo explicar estos desfases de las fases? Ciertamente los tiempos cronológicos no son los tiempos políticos, pero las periodizaciones deberían contar con constatación empírica, mostrando claramente los hitos o los umbrales cuando pasamos de una fase a la otra. Esto no se encuentra en el texto, estamos ante un cuadro hipotético no demostrado, ante la exposición de una lógica imaginaria del proceso, que no puede encontrarse en su desenvolvimiento práctico.  De lo que se trata es de poner las cosas en su sitio, de comprender al proceso a partir de sus dinámicas moleculares, de sus ritmos, de sus temporalidades, sobre todo de sus acontecimientos, sucesos, eventos y hechos. Se trata de encontrar figuras apropiadas que hagan inteligible el proceso. Ciertamente toda clasificación es arbitraria, empero de lo que se trata es de aproximaciones adecuadas, consistentes, que puedan sostenerse por medio de la contrastación y las evidencias empíricas.
Al respecto, en primer lugar hay que distinguir el ciclo de movimientos sociales de 2000 al 2005 de lo que viene después, con la asunción al gobierno del primer presidente indígena, la primera gestión de gobierno, la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, como acontecimientos irradiantes. Se trata de dos grandes etapas, la de la movilización y la de la gestión de gobierno. Ahora bien, cuando se habla de la gestión de gobierno, ya podemos hablar de dos gestiones, la de 2006 al 2009 y, la segunda, de 2010 al 2014, aunque nos encontramos en el 2011. ¿Qué pasó en estas gestiones? Hay que encontrar señales en los hechos y acontecimientos que puedan mostrarnos la orientación de las dinámicas inherentes, así como de las tendencias en concurrencia. Es indudable que una temporalidad de la segunda etapa tiene que ver principalmente con el proceso constituyente, por el sello que le imprime la Asamblea Constituyente a esta coyuntura, aunque no podemos olvidar la irradiación que tiene la medida de nacionalización de los hidrocarburos tanto en el terreno político como económico, también en el terreno institucional. Para darle un nombre a esta coyuntura, coyuntura que no deja de estar obviamente articulada a la etapa anterior de las movilizaciones, llamemos al periodo coyuntural, el correspondiente al cumplimiento de la agenda de octubre, agenda que contenía principalmente como mandatos primordiales precisamente la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente[8]. Entonces se trata de una coyuntura compleja, signada por dos ejes articuladores, uno la nacionalización, el otro la Asamblea Constituyente. La recuperación del control del excedente, del control nominal de la cadena productiva, aunque no del control técnico de la producción, trae como consecuencia contratos de operaciones que mejoran notablemente los ingresos del Estado en todos sus niveles, Tesoro General de la Nación (TGN), prefecturas, municipalidades y universidades. El impacto económico se va a hacer sentir inmediatamente el los montos del manejo administrativo, contando con más recursos. En este contexto se van a desarrollar las actividades de la Asamblea Constituyente. Como dijimos a un principio el proceso dramático de la Asamblea Constituyente va a arrojar una Constitución descolonizadora, que sienta las bases para una transición hacia la forma de Estado plurinacional comunitario y autonómico. Históricamente este es el mayor logro no solamente del proceso, pues abre un horizonte distinto al Estado-nación subalterno, sino también de toda la historia política de Bolivia, así como de la historia de las dominaciones y resistencias desde la Colonia. El Estado plurinacional exige una nueva forma de pensar y de interpretar la política, la emancipación y las transformaciones del Estado. Hemos dicho también que a pesar de las intervenciones conservadoras y limitativas del Congreso, la estructura descolonizadora de la Constitución se mantiene. Entonces diremos que en esta coyuntura de la gestión de gobierno se inicia el periodo de las transformaciones institucionales y estructurales. La pregunta que adelantamos es: ¿Por qué se quedan ahí las transformaciones?
No tratemos de responder a esta pregunta con propaganda, como se hace en otro libro del mismo autor de Las transiciones creativas[9],  buscando la continuidad de las transformaciones en los bonos, el Bono Juancito Pinto, el Bono de la Renta Dignidad, el bono Juan Azurduy, tampoco tratemos de mostrar cambios en las desigualdades estructurales utilizando estadísticas que nos muestran la diminución de la pobreza apoyándonos en apreciaciones del Banco Mundial y del PNUD, aunque el informe de este último, usando el coeficiente de Gini nos muestra más bien que las desigualdades han aumentado a pesar del mejoramiento de los indicadores macroeconómicos. En todo caso, sin todavía entrar a discutir las estadísticas generales usadas, no se puede decir que estos son logros en las transformaciones estructurales. Los estrechos límites de estas medidas tienen que ver con los modestos alcances de una política socialdemócrata en un país periférico. Incluso así, es indispensable una comparación con los resultados en otros país, una análisis comparativo de las estadísticas relativizan los alcances de los desplazamientos cuantitativos. Nada de esto se ha hecho; sólo se ha usado indicadores discutibles para responder a un manifiesto político que quería poner en discusión problemas. Las preguntas son concretas: ¿Por qué no se construye el Estado plurinacional comunitario y autonómico? ¿Por qué no se realizan las transformaciones institucionales y las transformaciones estructurales? ¿Por qué no se sacan leyes consecuentes con la Constitución? Estas preguntas no se pueden eludir con descalificaciones y demostraciones represivas. Hay que abordarlas directamente para responder a las problemáticas que plantean. Al respecto contamos con algunas hipótesis de interpretación.
Un problema no resuelto, el de la transformación de la maquinaria estatal, con su consecuente reproducción instrumental, acompañada por la mantención  de formas de gestión liberales, manteniendo a los equipos técnicos neoliberales; problema combinado con una secuencia de enfrentamientos con las oligarquías regionales y sus brazos políticos y de choque, terminan de orientar la estructura de toma de decisiones de manera defensiva, reforzando el método de las ordenes sin discusión. Esta perspectiva defensiva termina anulando toda posibilidad de discusión, de reflexión y análisis, empujando al ejecutivo a la improvisación. Se responde a la agenda impuesta por la derecha a través de sus puestas en escena y convocatorias movilizadas, se descarta construir una estrategia de transición transformadora. Debido a esta combinación inhibidora entre un problema no resuelto y el de la ofensiva conspirativa de la derecha, se ocasiona un resultado paradójico: La oligarquía regional a pesar de ser derrotada políticamente termina desgastando el impulso del proceso y limitando los alcances de las políticas. Se puede decir que hoy la burguesía intermediaria es la mejor aliada del gobierno, sobre todo por la concomitancia con las políticas y leyes económicas.
Una vez aprobada la Constitución por el 64% del pueblo boliviano, ya había corrido mucha agua bajo el puente. Nos encontramos como a tres años de la gestión de gobierno, se dio lugar al proceso de nacionalización, se culminó con la etapa del proceso constituyente que tiene que ver con la Asamblea Constituyente, la conspiración de las oligarquías regionales y la espiral desatada por sus grupos de choque termina en una derrota contundente de la derecha, el referéndum revocatorio de mandato termina en una ratificación clara del presidente Evo Morales Ayma. Acontecimientos que vienen acompañados por otros sucesos acontecidos, como la superación, por lo menos momentánea, del conflicto entre trabajadores mineros y cooperativistas, también otros no superados como los conflictos internos del MAS por la representaciones departamentales, incluso la llamada representación “nacional”, la coordinación institucional del gobierno, además de los rendimientos del Congreso. Por otra parte, también debemos considerar las reformas que quedan en el camino, empero se comienzan con intentos de reorganización ministerial; hablamos de la reforma institucional. También se dan reordenamientos en algunas normas de gestión, como son las normas de contratación de bienes y servicios. Sin embargo ambas reformas no terminan rompiendo con las lógicas burocráticas, mas bien las reviven. Podemos seguir con una lista exhaustiva cada vez más detallada, pero lo que importa de todo esto es saber qué pasó con el proceso, también qué pasó con la conducción del gobierno. Podríamos esperar que después de estas pruebas el gobierno haya terminado fortalecido y el proceso encaminado hacia el cumplimiento de la Constitución, es decir, las transformaciones institucionales y estructurales fundacionales. Todo parecía promisorio sobre todo después de la promulgación de la Constitución Política del estado el 7 de febrero del 2009. ¿Qué pasó a partir de entonces?


[1]Álvaro García Linera: Las tensiones creativas de la revolución. La quinta fase del proceso de cambio. Vicepresidencia del Estado plurinacional; La Paz 2011. Pág. 12.
[2] Ibídem: Pág. 12.

[3] Grace Ivana Deheza: Bolivia 2006: reforma estatal y construcción del poder. Revista de ciencia política. Número especial; Santiago  2007. Págs. 43-57.

[4] Salvador Schavelzon: Tesis de Doctorado LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DE BOLIVIA: Etnografía del Nacimiento de un Estado Plurinacional. Defendida 25 de Octubre 2010, PPGAS-Museu Nacional-UFRJ, Orientador Marcio Goldman. Págs. 8-9 de la Introducción.
[5] Álvaro García Linera: Libro citado; pág. 15. 
[6] Ibídem.: Pág. 18.
[7] Ibídem.: Pags. 22-23.
[8]En esto sigo la interpretación de Oscar Vega, quien dice que la importancia de la primera gestión de gobierno radica en que retoma la agenda de octubre, incluso llega a decir que se gana las elecciones del 2005 porque el MAS se hace cargo de la agenda de octubre.
[9]Nos referimos al libro de Álvaro García Linera titulado El “Oenegismo”, enfermedad infantil del derechismo (O cómo la “reconducción” del Proceso de Cambio es restauración neoliberal). Publicado por la Vicepresidencia. La Paz; 2011. Título que muestra desde el inicio el carácter panfletario del contenido del libro. La incoherente paráfrasis a un libro de Lenin titulado La enfermedad
infantil del “izquierdismo” en el comunismo
muestra mas bien una desesperación y una falta argumentativa. Se cometen de entrada errores conceptuales, se utiliza el título de un texto leninista que corresponde a otro contexto y a otro problema. Lenin no habría combatido a una desviación de derecha de esa manera, a la derecha se la combate de otra, no es un debate interno. Lenin discute las posiciones radicales de tendencias comunistas en Europa, en un momento que requería el PCUS en el poder la unidad de la izquierda. Esta manipulación sin estilo de utilizar un texto leninista para abordar un problema de otro tipo desenmascara al autor. Lo que hace no puede nombrarse ni como bolchevique, que es lo que se pretende, pues los bolcheviques tenían el problema de consolidar la revolución en Rusia buscando extenderla a Europa, enfrentando a las estrategias del imperialismo. La discusión con los que califica de estar afectados por la enfermedad infantil tiene que ver con la caracterización del momento, la necesidad de afrontar problemas de organización, estratégicos y tácticos. Esta vulgarización atroz de un libro de lectura y su uso panfletario muestra las carencias que ya sufre el discurso gubernamental, que no sabe cómo explicar su propia desviación restauradora del Estado-nación, su compromiso con el modelo extractivista y su supeditación a las políticas de una potencia emergente.    

Resolución de la VIII Gran Marcha Indígena por la Defensa del TIPNIS


Resolución de la VIII Gran Marcha Indígena por la Defensa del TIPNIS, los Territorios, la Vida y la Dignidad y los Derechos de los Pueblos Indígenas.
San Borja-Rurrenabaque. Beni, Bolivia
27 de septiembre de 2011
Considerando:
Que el 25 de septiembre será recordado como el día de la vergüenza en la Bolivia Plurinacional, porque es la primera vez en la historia que una marcha indígena ha sido intervenida y violentamente reprimida.
Que la represión criminal, premeditada y planificada desde el Gobierno nacional, realizada a la VIII Marcha Indígena no tiene razón de ser ni justificación posible, pues se realizó sin justificación ni argumento para desatar semejante atropello.
Que nuestro sentimiento es de indignación, por tanto abuso y violencia contra nosotros y nosotras; y de congoja también por la situación en que nos encontramos, con heridos, desaparecidos y desarraigados de nuestras familias y humillados por el trato recibido, discriminatorio y altamente racista.
Que agradecemos el levantamiento del pueblo de San Borja, impidiendo que avancen las flotas y camionetas en que llevaban a nuestros hermanos secuestrados hacia rumbo desconocido, así como la triunfal liberación que el pueblo de Rurrenabaque nos regaló, junto a los vecinos de San Buenaventura y Tumupaza, así como hermanos Mosetenes, Tacanas y Thsimanes, quienes en una acción audaz tomaron el aeropuerto para impedir nuestro forzado traslado hacia destinos desconocidos, en aviones fletados por la Fuerza Aérea Boliviana. A esos valientes hermanos y hermanas nuestro eterno agradecimiento.
Que consideramos que algunos ministros de Estado, con argumentaciones totalmente inconsistentes, han salido descaradamente a justificar la represión policial como un acto de preservación del orden público, o quisieron descargarse de la responsabilidad de las decisiones tomadas por las autoridades de alto mando.
Que la represión que sufrimos refleja también la impotencia del Gobierno ante el fracaso de la gestión de un conflicto en el que privilegió la descalificación calumniosa a la dirigencia, la persecución a las ONG que nos apoyan, el pago a compañeros para que se salgan de la marcha, las propuestas de diálogo falso, la consulta pública ilegal e inconstitucional en el TIPNIS (realizada de forma extemporánea y sin la dirigencia que se encuentra en la marcha), así como la descalificación permanente a nuestra marcha, a la forma de organizarnos y hacer nuestros planteamientos en nuestra plataforma de 16 puntos; sumado a esto el bloqueo Yucumo, montado, manipulado, sostenido, resguardado y defendido en todo momento por el Gobierno y la Policía, que tenía el objetivo de frenarnos indefinidamente hasta dividirnos y debilitarnos.
Que un pretendido referéndum entre dos departamentos implicaría una acción que usurparía la decisión de los hermanos indígenas del TIPNIS -quienes en su momento debieron ser consultados- entregándola a la población que no habita ni es titular de los derechos de consulta y territorialidad indígena, es inaceptable por ser ilegal e inconstitucional también.
Que ante estos fracasos de las autoridades nacionales, no les quedo otra salida que masacrarnos para desconocer nuestras demandas y reivindicaciones históricas y hacernos desaparecer; pese a eso, los hechos muestran que el pueblo todo está de nuestro lado.
Que después de la brutal arremetida nos encontramos ante una situación desesperada, con padres y madres detenidas y golpeadas que aún buscan a sus hijos; y con otros hermanos que se refugiaron en el monte y fueron atemorizados por la sistemática persecución policial.
Que agradecemos la reacción de toda la ciudadanía boliviana movilizada en todo el país, en repudio a la represión que sufrimos, lo cual nos da aliento para continuar con nuestra demanda. Esperamos que todos los bolivianos y bolivianas que creen en nuestra lucha se sumen y nos acompañen a nosotros, como la Central Obrera Boliviana (COB), que se ha solidarizado y se ha articulado a nuestra movilización social en todos los departamentos, con maestros, universitarios, colectivos ambientalistas y feministas, vecinos y trabajadores en general, quienes reivindican el respeto al territorio emblemático, los derechos de los pueblos indígenas de Oriente, Chaco y Amazonía, el medio ambiente y el Vivir Bien, tal como lo hemos planteamos en el proceso constituyente.
Que esperamos que la comisión del Ministerio Público actúe de forma independiente e imparcial para investigar los hechos, y luego se establezcan sanciones legales de acuerdo a la responsabilidad y grado de participación de quienes instruyeron, organizaron y operativizaron la represión.
Que el anuncio del Presidente sobre la paralización de la construcción del proyecto carretero Villa Tunari-San Ignacio de Moxos es absolutamente insatisfactorio, pues no sabemos si se trata de todo el proyecto o de las fases 1 y 3, que ya se encuentran en construcción; y además no garantiza que esa carretera no atravesará el TIPNIS, como es nuestra justa e indeclinable demanda.
Que la decisión tomada por el Presidente y su Gobierno sobre la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos se ha hecho sin contar con la voluntad de los pueblos indígenas del TIPNIS, y a sabiendas de la oposición existente en el territorio, hecho que ya es violatorio a las leyes vigentes y a la Constitución Política del Estado (CPE).
Por tanto,
RESOLVEMOS:
Primero. Las naciones y pueblos indígenas originarios y las organizaciones matrices correspondientes, particularmente la subcentral del TIPNIS, agradecen al pueblo boliviano movilizado en apoyo de la marcha en defensa del TIPNIS, en repudio a la descomunal violencia desencadenada contra el campamento de la marcha, donde sin molestar a nadie nos disponíamos a alimentarnos. Nos conmueve la solidaridad de miles de bolivianos y bolivianas, de hombres y mujeres que se movilizan, que hacen vigilia, que hacen huelga de hambre, que se pronuncian en apoyo a nuestra demanda.
Segundo. Repudiamos la violenta intervención perpetrada contra los marchistas y la marcha indígena en defensa del TIPNIS y de otras reivindicaciones manifestadas en nuestra plataforma, violencia que –queremos destacar- no ha sido un hecho aislado, sino que ha venido a sumarse a la violencia ya desplegada previamente por la Policía para desbloquear y disolver las manifestaciones locales de nuestros hermanos indígenas en todo el país, y que ha contrastado con la protección brindada por la Policía a los bloqueos de los colonizadores en Yucumo.
Tercero. Exigimos la inmediata atención de los heridos, la devolución de nuestras cosas robadas por la Policía en la intervención, destruidas salvajemente y con saña.
Cuarto. Denunciamos a todo el país que esta actuación de la Policía, tanto en la intervención de la marcha, como en la disolución de todas las manifestaciones indígenas de apoyo a la marcha, acaecidas en distintos puntos del país, ha violado nuestros derechos consagrados en la Constitución; por lo cual pedimos una investigación formal que dé con los autores materiales e intelectuales, y que esta investigación no sea dirigida por la ministra de Transparencia, Nardy Suxo; así como el juicio y castigo a los responsables de la represión brutal contra la VIII Marcha Indígena.
Quinto. Informamos a la opinión pública nuestro total rechazo a la propuesta gubernamental expresada en el mensaje brindado por el presidente Morales al país, en el sentido de que se realice un referéndum en los departamentos de Beni y Cochabamba para definir la construcción de la carretera por el TIPNIS; propuesta que no es otra cosa que la expresión clara de la intención gubernamental de persistir con la construcción de la carretera por el TIPNIS, pasando por alto los mandatos de la CPE, la normativa ambiental y, principalmente, la voluntad de los pueblos indígenas que habitamos el TIPNIS y los pueblos del país, quienes decidimos proteger nuestro territorio de la destrucción que provocaría dicha carretera. Dejamos claro que, no habiéndose hecho la consulta oportunamente, ninguna consulta amañada y manipulada –o ningún referéndum como el que se pretende hacer- son válidos ni legítimos, una vez que se avasallaron los derechos múltiples mencionados; por tanto, ratificamos que no aceptaremos ninguna propuesta de construcción de la carretera que atraviese el TIPNIS.
Sexto. Para garantizar el respeto a la voluntad de las naciones y pueblos indígenas originarios, de las comunidades afectadas del TIPNIS, de los marchistas y del pueblo movilizado de que la carretera no atraviese el TIPNIS, exigimos que el Presidente del Estado tome la decisión histórica de modificar el proyecto carretero a través de la promulgación de una ley que establezca expresamente que la carretera no atravesará el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure.
SéptimoEn relación a las víctimas de la represión del campamento de los marchistas indígenas, exigimos una investigación exhaustiva y que se identifique y enjuicie a los autores intelectuales y materiales de semejante violencia; asimismo, que se devuelvan los bienes de los marchistas incautados por la Policía (dinero, celulares, carpas, alimentos y otras vituallas) y que se indemnice a las víctimas por los daños causados.
Octavo. Nos declaramos en emergencia, conjuntamente con las organizaciones y el pueblo movilizado, estableciendo que la marcha continúa, así como deben continuar las movilizaciones, las vigilias, las huelgas de hambre en todo el país, mientras no se promulgue esta ley y no se nos restablezcan todos los derechos conculcados.
Noveno. Pedimos la renuncia del Ministro de la Presidencia, del Ministro de Obras Públicas, de la Ministra de Justicia, de la Ministra de Medio Ambiente y Agua, así como de la Viceministra de Biodiversidad y Cambios Climáticos.
Décimo. Desconocemos toda intención o convocatoria de diálogo que no sea autorizada por el seno de la marcha para el tratamiento de los 16 puntos de nuestra plataforma de demandas.
Décimo primero. Pedimos el amparo y respaldo de todo el pueblo boliviano, y en particular del pueblo de La Paz, para continuar con nuestra marcha. Por ello, convocamos a todos los bolivianos y paceños a acudir a nuestro encuentro y acompañar nuestra marcha pacífica hasta la ciudad de La Paz.
POR NUESTRA HISTÓRICA VIII MARCHA INDÍGENA EN DEFENSA DE NUESTROS TERRITORIOS Y NUESTROS DERECHOS
Firman:
Yenni Suárez, presidenta del Comité de Marcha
Jorge Mendoza Valdez, del pueblo Guaraní, vicepresidente de la Comisión de Marcha
Fernando Vargas Mosúa, del pueblo Mojeño, presidente de la Subcentral del TIPNIS
José Bailaba Parapaino, del pueblo Chiquitano, Primer Gran Cacique General de la Organización Indígena Chiquitana (OICH)
Melva Hurtado Áñez, del pueblo Moré, presidenta de la Central de Mujeres Indígenas de Beni (CMIB)
Guillermo Suárez, del pueblo Movima, secretario de Tierra y Territorio de la Central de Pueblos Indígenas de Beni (CPIB)
Porfidia Viri Noe, secretaria de Educación, Salud y Juventudes de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia (CNAMIB)
Miguel Charupá, del pueblo Chiquitano, secretario del Comité de Marcha
Walberto Baraona Garnica, del pueblo Quechua, mallku de Medio Ambiente del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ)

Consecuencias vitales de la Constitución

 

Consecuencias vitales de la Constitución

Raúl Prada Alcoreza
cascaron
Prohibida la esclavización, prohibida la mercantilización de los seres humanos y de las relaciones humanas, de los seres y de los ciclos vitales de la madre tierra; todos los seres no son objetos, son sujetos, los ciclos vitales son sujetos. Por lo tanto prohibido reducir a los seres a objetos. El sistema-mundo capitalista, la economía-mundo capitalista, el modo de producción capitalista han reducido a los seres a objetos, los han convertido en objetos. Este es un crimen de lesa humanidad, así como también es un crimen contra la madre tierra.  Es indispensable someter a juicio al capitalismo, a los promotores del capitalismo, a los portavoces, a los ejecutores, a los que se hacen dueños de los seres humanos y de los seres de la madre tierra, a los gobernantes y funcionarios que promueven la continuidad de este sistema, de esta economía de este modo capitalista. Todos ellos son los agentes de este sistema, economía y modo capitalista, todos ellos son responsables de haber reducido la pluralidad de la vida, la diversidad proliferante de la vida, la creatividad y la reproducción de la vida a objeto, por lo tanto “materia” mercantilizable e incluso esclavizable, todos ellos han conspirado contra la vida, la creatividad de la vida, la reproducción de la vida, han atentado contra la vida y siguen haciéndolo. En nombre de todos estos sujetos, de todos estos seres, de todos los ciclos integrales de la vida, denunciamos a estos portavoces, a estos promotores, a estos ejecutores, a estos agentes del capitalismo, a estos que se hacen dueños de los seres y de los ciclos vitales, al reducirlos a objetos y apropiarse de ellos mercantilizándolos. En nombre de estos sujetos exigimos su inmediato juicio de responsabilidades, exigimos también la abolición inmediata des sistema-mundo capitalista, de la economía-mundo capitalista, del modo de producción capitalista.
  

Praxis y formación en ecologías

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