¿Qué es la política? II. Nacimientos de la política

¿Qué es la política? II
Nacimientos de la política
Raúl Prada Alcoreza
Una nota necesaria sobre descolonización
Ciertamente la problemática de este ensayo trata de la política, en sentido moderno, tiene como tarea responder a la pregunta qué es la política después de la experiencia de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos y los movimientos indígenas, sobre todo teniendo las experiencias de Sudamérica, la boliviana, la ecuatoriana y a venezolana, respondiendo también a la pregunta implícita de qué es el poder en estas latitudes, cómo funciona, cuál es la lógica y la forma de las estructuras y relaciones de poder, además de qué es el Estado, por qué no puede desmantelarse y por qué se traga a los gobiernos progresistas, contrastando con los alcances y los horizontes que abren los movimientos sociales anti-sistémicos, con vocación autogestionaria, con capacidad de auto-convocatoria y autogobierno. La tesis de este ensayo supone que la política, en sentido moderno, en la periferia del sistema-mundo capitalista nace con las luchas anticoloniales. Se constituyen sujetos políticos en la experiencia de las resistencias a la dominación colonial, durante las crisis coloniales, abriendo el espacio histórico de las emancipaciones de las estructuras coloniales y diagramas de poder colonial. Estas luchas se hacen evidentes a lo largo del siglo XVIII, en cuanto guerra indígena anticolonial en la región pan-andina; esta guerra anticolonial es retomada por los criollos y los mestizos del continente en guerra por la independencia con un contenido liberal y en los códigos republicanos. En el intervalo la revolución francesa hace emerger el contenido social de la revolución política, planteando de manera universal los derechos del hombre. El iluminismo y la ilustración asociados a las ideologías que acompañan a la convulsión política y discursiva de la revolución se irradian y es retomado tanto por los insurrectos afros, esclavizados por el descomunal capitalismo en expansión, como por los criollos y mestizos americanos. La política adquiere las dimensiones de las transformaciones sociales, incluyendo la conquista de los derechos civiles y políticos, sin dejar su matriz anticolonial. Esto condiciona la experiencia y el ejercicio político en las periferias pero también abre la posibilidad de la conexión de las luchas emancipadoras entre el centro y en las periferias, entre el norte y el sur, del sistema-mundo capitalista.
Ante la crisis estructural del capitalismo, ante la crisis civilizatoria de la modernidad, ante la crisis ecológica, no se puede sino pensar en una articulación integral y global de las luchas anticapitalistas. También es importante comprender que en las periferias se cuentan con densos contingentes demográficos urbanos, directamente afectados por las condicionantes de la modernidad, aunque esta sea una modernidad barroca o abigarrada. Esta situación exige construir alternativas de transición integrales, diferenciales y complementarias. Esta es la razón por la que se requiere una discusión integral entre descolonización, crisis del capitalismo y crítica de la modernidad.
Este el contexto histórico del presente en el que se mueve nuestro debate sobre las experiencias políticas. Estas condiciones históricas van a ser retomadas en la reflexión y análisis de la política a partir de las experiencias mencionadas, los discursos políticos emancipatorios y de lucha, además de considerar las reflexiones teóricas sobre la política.                
Antes de comenzar queremos dejar en claro nuestra posición sobre la tarea primordial de la descolonización. En tanto el mundo contemporáneo ha sido construido por la expansión capitalista, a partir del procedimiento violento de la colonización, las emancipaciones de las dominaciones polimorfas capitalistas y modernas pasan necesariamente por la descolonización. No cabe duda que esta es la tarea fundamental de la política contemporánea. Entendemos por descolonización la deconstrucción y la destrucción de los mecanismos de dominación heredados de la colonia, basados en la geopolítica de la racialización, de la subordinación, el sometimiento y el despojamiento de territorios y recursos naturales. La colonización y la colonialidad implican colonialismos internos, modulación de los cuerpos, internalización del poder en los sujetos, fragmentación de los imaginarios y subordinación a la comunicación mediática. La descolonización exige una subversión múltiple contra modernidad y el capitalismo, para eso se requiere una deconstrucción y destrucción de la modernidad, de sus mitos, relaciones y estructuras. Esto exige una crítica demoledora de la modernidad, por eso mismo un conocimiento de sus lógicas, de sus funcionamientos, de sus irradiaciones, sobre todo de sus formas de totalización y universalización. Estas tareas deconstructivas no se pueden efectuar adecuadamente si se da una actitud de reclusión local, buscando un refugio en la exaltación propia de lo local, tampoco si se persigue una desconexión absoluta con el debate sobre la crisis de la modernidad. Decimos esto porque en el presente emergen movimientos populares de descolonización, entonces la crítica deja de ser meramente teórica y adquiere características políticas, es decir de acción multitudinaria. Se da entonces un escenario de luchas descolonizadoras contemporáneas. El desemboque de la acción exige la revisión de los discursos de la descolonización, sobre todo de los discursos teóricos. Al respecto podemos identificar tres tendencias sugerentes, en todo un panorama de variaciones discursivas más o menos locales; estas tendencias han aportado al debate de-colonial y postcolonial, sin embargo, a la luz de las experiencias de la movilización, incluso de gobiernos que cuentan con constituciones que se reclaman descolonizadoras, estas tendencias descolonizadoras teóricas  puede convertirse en posicionamientos limitativos de la lucha descolonizadora. Una de estas tendencias tiene que ver la invención de un localismo puro, no contaminado, como si la modernidad no la hubiera atravesado. La otra tiene que ver con el retiro del debate sobre la modernidad, en algunos casos, también el retiro de las discusiones sobre la crisis del capitalismo, pretendiendo la fundación de otro saber y otra epistemología sobre las bases del olvido del presente. Haciendo una interpretación de este aporte, podemos anotar que se trata en parte de una radicalización racionalista de la crítica ética, de la crítica de la teología de la liberación. Una tercera tendencia tiene que ver con el desplazamiento de la reflexión crítica hacia los proyectos diseñados en encuentros alternativos regionales. Hay una riqueza propositiva y una apertura epistemológica a pensar desde el sur en este trabajo descolonizador; sin embargo, su irradiación y repercusión no ha trascendido de las organizaciones, academias y dirigencias vinculada a los foros sociales; no se ha logrado afectar el ámbito de las costumbres y los habitus, de las prácticas y de las relaciones. Una cuarta tendencia tiene que ver con el ámbito académico, en el cual se ha logrado abrir un espacio sobre los estudios poscoloniales;  estas investigaciones han permitido recuperar las problemáticas identitarias de las sociedades poscoloniales y la pervivencia de relaciones coloniales; también su búsqueda de saberes testimoniales han ayudado a hacer otras lecturas de la realidad social, incorporando la voz y el comportamiento de sujetos afectados y en lucha por sus derechos. Lo complicado de estos estudios es que se quiere construir un conocimiento de la colonialidad desentendiéndose de la modernidad y el capitalismo, lo que contrae limitaciones en el develamiento de la problemática. 
Sin desmerecer los aportes que se han dado en estas expresiones críticas descolonizadoras, creemos que son todavía incompletas y limitativas para la acción política, pues conducen a una suerte de desarme ante la conflagración con la herencia colonial, en el enfrentamiento con las formas de la colonialidad, frente a las propias condicionantes, mutaciones y transformaciones de la modernidad. Resulta difícil admitir que las interpretaciones de un localismo puro, de la teología de la liberación, de los desplazamientos investigativos y conceptuales regionales hacia una perspectiva desde el sur, así como los aportes hacia una epistemología propia, además de la investigaciones académicas que se concentran el fenómeno de la colonialidad como si fuese un fenómeno único, independiente de la modernidad y el capitalismo, sean la última palabra ni abarquen toda la complejidad concomitante entre colonialidad, modernidad y capitalismo. La apertura a un horizonte epistemológico emancipado de la modernidad, de la colonialidad y del capitalismo, va ser un producto colectivo y de múltiples acontecimientos liberadores. Los aportes intelectuales son eso, aportes a una discusión necesaria.
Lo que importa en todo caso es retomar el debate abierto por estas tendencias descolonizadoras en el contexto de la discusión abierta contra la modernidad y el capitalismo. Es importante no perder de vista no solo la perspectiva anticapitalista y de crítica de la modernidad, sino también abordar la crítica desde las experiencias de la interculturalidad y de las modernidades heterogéneas. Al respecto la corriente de la subalternidad hindú enseña un abordaje de consecuencias políticas, aportando con saberes de contraculturas y contra-hegemonías de las resistencias heterogéneas de sujetos sociales atravesados por la modernidad múltiple, resistiendo a las formas de dominación. Esto se lo hace tocando los nudos problemáticos de la subalternidad, las dominaciones polimorfas y las modernidades abigarradas. Por otra parte, es urgente actualizar la discusión comprendiendo el aporte y los desplazamientos que producen los movimientos sociales anti-sistémicos y los movimientos indígenas recientes.      
En Bolivia, el gran tema transversal a la Constitución es la voluntad y la tarea de descolonización. ¿Qué se entiende por descolonización? Literalmente significa desandar el camino de la colonización y de la colonialidad, des-construir lo que ha conformado el colonialismo y la colonialidad, por lo tanto emanciparse de las relaciones y estructuras de dominación colonial. El camino de la descolonización parece ser largo, pasa por varias etapas; además la colonialidad sobrevive y continua incluso después de la independencia. La interpelación indígena a los Estado-nación y a las sociedades nacionales devela la subsistencia de complejas relaciones coloniales, cristalizadas en las mismas instituciones nacionales. Las repúblicas desconocen los derechos de las naciones y pueblos indígenas. Estos derechos han sido logrados después de una larga lucha en los organismos internacionales y en el espacio nacional, como el dado en los procesos constituyentes. Ahora se trata de institucionalizar estos derechos, de convertirlos en ley, en práctica, en hábitos y en habitus. Esto requiere transformaciones institucionales, construir el pluralismo institucional que sostenga la propia construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico, que es el camino de transición optado por la Constitución y el recorrido descolonizador diseñado por este instrumento matriz de las normas, las leyes y las instituciones del nuevo Estado.
La descolonización también significa una lucha anticapitalista, pues la colonización se explica en tanto procedimiento violento de la expansión capitalista. Colonización y capitalismo forman parte del mismo proceso de conformación del sistema-mundo capitalista y de la geopolítica de dominación mundial. Una lucha anticolonial tiene que ser consecuentemente anticapitalista y una lucha anticapitalista tiene que ser consecuentemente anticolonial. No se pueden separar estas luchas ni estos conceptos, forman parte de lo que se conoce mundialmente como modernidad. Por lo tanto la descolonización significa también una crítica de la modernidad y una orientación civilizatoria que atraviese la modernidad y abra un horizonte más allá de la modernidad misma.     
Arqueología de la política
El problema es el lenguaje, pues nacemos en los lenguajes y desde ellos nombramos el mundo. Eso decía Emile Benveniste[1]. También podríamos decir que se trata de lenguajes y de mundos; hay que entender que los leguajes sufren las transformaciones temporales, hay historia de los lenguajes. Los lenguajes se transforman y con ellos también los conceptos. Entenderemos los conceptos no tanto como estructuras categoriales, como pretendía Karel Kosik[2], sino como estructuras ideacionales, estructuras imaginarias que responden al conocimiento de estructuras experimentadas, estructuras fácticas, que corresponden a los referentes del mundo, de la naturaleza, de la ética, de la estética, de la historia, de la política. Todos estos referentes obviamente son discutibles, pues también son ideas de lo que llamamos realidad, también filosóficamente ser. Parece que no es posible separar lo imaginario de la realidad, pues vivimos esa realidad y la experimentamos recurriendo a las imágenes que obtenemos de ella. Empero, en este caso, no interesa una discusión ontológica sobre las condiciones del conocimiento; lo que interesa mas bien es una comprensión arqueológica del saber político.
Hemos distinguido el sentido moderno de la política de sus sentidos y significados medievales y antiguos, sobre todo para resaltar las experiencias y la problemática política en la modernidad, experiencias y problemática que se sostienen en la experiencia de la mundialización, de la vertiginosidad y de las transformaciones de las propias experiencias y de las instituciones. Sobre todo interesa esa inmediata concomitancia entre política, democracia, revolución y crisis. No se están negando otras experiencias de las relaciones y estructuras de poder, del gobierno de la gente y de las cosas, sino que se entiende que los códigos, los valores, las concepciones de estas experiencias son diferentes; son comprensibles en sus propios horizontes histórico-culturales. Estas significaciones de los órdenes de poder deben abordarse a partir de sus propias problemáticas; no se trata de exportar, de ninguna manera, problemáticas modernas a otros horizontes histórico-culturales, reduciendo sus particularidades a único horizonte-cultural, que es el moderno. De esa manera terminamos por no comprender nada, ni el presente, ni la modernidad, tampoco su crisis, ni menos los sentidos y significados de las problemáticas de poder de la antigüedad.
Por otra parte el término de política (polis) es heredado de la Grecia antigua. De alguna manera cuando usamos la palabra política traemos a colación los sentidos iniciales, los sedimentos más arcaicos, empero lo hacemos cuando ya el uso práctico del término ha sufrido transformaciones lingüísticas y conceptuales. Las experiencias romanas, de la república y del imperio, las experiencias de la cristianización de Europa y posteriormente de parte del mundo colonizado, transforman los sentidos y significados del manejo del poder y de su legitimación. El renacimiento, el humanismo y sobre todo las crisis de las instituciones medievales y de las sociedades tradicionales, la emergencia de la modernidad sobre las ruinas de la antigüedad, las luchas emancipadoras anticoloniales, la rebeliones sociales y políticas, el nacimiento de la democracia moderna, vuelven a transformar los sentidos y las significaciones de las relaciones y estructuras de poder, con una fuerte interpelación a las formas de dominación, abriendo causes a nuevas subjetividades que reclaman libertades y derechos colectivos e individuales. Por eso los intérpretes radicales van a concebir la política como lucha de clases, profundización de la democracia, revolución y crisis de las instituciones que sostienen las dominaciones polimorfas. Sin embargo, también hay otras consideraciones sobre la política; una muy conocida tiene que ver con el Estado, con la estructura e institucionalidad de un orden que se separa de la lucha de clases y se plantea el problema de la conservación del poder y del equilibrio. Empero hay una concepción de la política, que comparten sorprendentemente derechas e izquierdas, es la concepción de la política como hostilidad contra el enemigo público. Habría política en tanto este identificado el enemigo y se plantee un combate con éste. Carl Smith expresa sistemáticamente esta tendencia al comprender la política como hostilidad; comparten esta comprensión de la política las corrientes marxistas leninistas. Al respecto se puede hacer todo un recorrido de Lenin a Mao. Por lo tanto, en sentido moderno estamos ante toda una arqueología de la política que por lo menos tiene que ver con tres ejes paradigmáticos de la política; el principal despliega toda una concepción emancipatoria de la política; otro eje importante, desde el punto de visto de la acción, es la comprensión de la política como hostilidad a partir de la identificación del enemigo; un tercer eje de fuerte influencia es el que tiene que ver con el Estado. Este último eje político se ha desarrollado como ciencia política, también es retomada como filosofía política.
Ante la crisis de la modernidad, la constatación de modernidades heterogéneas, la crisis estructural del capitalismo, sobre todo en sus graves síntomas de crisis ecológica, ante la emergencia de nuevos movimientos sociales anti-sistémicos, indígenas, ecologistas, feministas y de subjetividades diversas, vale la pena preguntarse sobre las posibilidades de la emergencia de otra experiencia de la política y por lo tanto otro sentido alternativo y alterativo de la política. Por eso es indispensable auscultar en la experiencia de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos, en los movimientos indígenas, en los movimientos ecologistas, en los movimientos feministas y en los movimientos de subjetividades diversas, la existencia de una nueva posibilidad política. También y en la misma perspectiva es menester revisar la elaboración crítica al respecto. Interesa la crítica deconstructiva de Jacques Derrida, sobre todo sus reflexiones sobre lo político. Esta hermenéutica deconstructiva desteje los entramados inherentes a la textura de la escritura política.
La auscultación de los movimientos indígenas contemporáneos pasan necesariamente por el viaje interpretativo de sus memorias largas, este viaje nos lleva necesariamente a revisar los acontecimientos históricos inaugurales de las luchas y levantamientos anticoloniales. Esta genealogía de los movimientos indígenas nos plantea uno de los desafíos más importantes de la contemporaneidad y de la crisis de la modernidad, esto es encontrar y descifrar las otras subjetividades constituyentes e instituyentes alternativas al sujeto moderno por excelencia, el individuo. La comprensión de los significados histórico-políticos e histórico-culturales de las comunidades va permitirnos otra perspectiva de interpretación de la crisis del capitalismo y de la modernidad, va permitirnos visualizar las potencialidades y posibilidades de emancipación y de proyección civilizatoria alternativa para el mundo.
La política, más allá del amigo y enemigo
El concepto de lo político se ha estructurado a partir de esa dicotomía del amigo y enemigo, primordialmente a partir de la identificación del enemigo. Como si se hubiera hecho política contra el enemigo, de la misma manera como se le ha hecho la guerra. Desde esta perspectiva habría pues un continuo entre guerra y política, política y guerra. Izquierdas y derechas parecen compartir este arquetipo. Empero, este modelo es el único posible para la política, en todas sus versiones, incluyendo a la política en sentido pleno, lo que comprende la lucha de clases y las luchas por las emancipaciones. Jacques Derrida pone en cuestión esta estructura en Políticas de la amistad, hace una interpretación crítica, deconstructiva, de los sedimentos discursivos que sostienen la historia de la política pensada a partir de la diferenciación amigo/enemigo. Esta deconstrucción se abre a otras posibilidades de concebir la política, ya no desde la dicotomía amigo/enemigo, poniendo en consideración también la interpretación crítica de las políticas de la amistad. Ahí aparece la figura alterativa de la mujer como absoluta alteridad, también aparecen consideraciones criticas de las éticas, alumbrando otras posibilidades de las experiencias humanas, afectivas, lúdicas, estéticas, éticas y lúcidas. Es conveniente un repaso por estas perspectivas que posibilitan la comprensión de la política ya no como la continuación de la guerra por otros medios, ya no como identificación del enemigo, sino en términos de las políticas de la amistad[3].
El primer capítulo lleva el sugestivo título de Oligarquías: Nombrar, enumerar, contar. Comienza con una frase, atribuida a Aristóteles, que la recoge Montaigne, la frase dice:
Oh, amigos míos, no hay ningún amigo.
A lo largo del texto, para no entrar en la discusión del origen de esta frase, pues se convierte en rumor, que atraviesa los tiempos, Derrida figura un cuadro donde el sabio moribundo reúne a los amigos para decirles eso, que no hay ningún amigo. La discusión sobre los significados de esta frase forma parte de las reflexiones del texto. Esta frase es contrastada con la de Nietzsche, quien se expresa de manera opuesta, empero con la misma lógica:
Oh, enemigos, no ha ningún enemigo.
Esta frase también tiene su cuadro y su personaje, se trata del loco viviente. Ambas frases nos dicen que no hay amigo, que no hay enemigo. Haciendo con esto desaparecer la política como confrontación. Las significaciones de las implicaciones de que no haya enemigo también son expuestas y reflexionadas a lo largo de la interpretación crítica. En ambos casos lo que llama la atención es que no se tenga en cuenta a la mujer, en las consideraciones de la amistad. ¿Es que la mujer no pude ser amigo? ¿Tampoco enemigo? Lo que pone en juego las estrategias de la fraternidad, las formas de la amistad entre hombres. ¿Por qué la mujer es tan difícil de asumir por la filosofía?
Este es el tema, ¿cuáles son los límites de la amistad? Cuando entra la mujer, más allá del erotismo y la religión, ¿qué espacio abre? ¿Qué clase de relación? No hablamos sólo de la amistan entre mujeres, la sororidad, sino lo que políticamente propone su presencia activa, su interpelación. ¿Qué forma de política se libera? ¿Más allá del amigo y enemigo? ¿Más allá de la confrontación? No parece tratarse del retorno al matriarcado, como utopía buscada en el pasado más remoto, sino otra forma de relación, construida como contrapoder. ¿Más allá de los constructos histórico-culturales de género, de sexo? ¿A qué clase de subjetividades ingresaríamos? Al respecto, también debemos preguntarnos sobre los alcances demoledores de la des-patriarcalización, demoledores en cuanto a la historia de la institucionalidad, la institucionalidad como agenciamientos concretos de poder.  Entra también en juego la familia, las figuras de la familia.
La liberación femenina da lugar a otro comienzo, pues demuele no sólo las estructuras institucionales, sino los arquetipos sobre los que se han basado estas estructuras y estas instituciones. Hablamos de la posibilidad de la construcción de otras relaciones, practicas y concepciones de la política, hablamos de la política no patriarcal, tampoco conformada en base a la identificación del enemigo y la dicotomía amigo/enemigo. Esta posibilidad, la posibilidad de esta experiencia también tiene que ver con otra atmósfera de sensaciones y sensibilidades, también otra ética. La pregunta es pertinente: ¿Cómo sería el mundo sin las instituciones patriarcales, fundadas en esta matriz y arquetipo del poder que es el patriarcalismo? Esta pregunta induce a otra: ¿Cómo serían los sujetos y las intersubjetividades en este mundo des-patriarcalizado? Estos temas son fuertes e importantes en lo que respecta al horizonte abierto por el debate de la descolonización, por las exigencias políticas de la descolonización. Las formas de la dominación colonial, formas múltiples, son relaciones de poder que atraviesan los cuerpos e inscriben en ellos  historias políticas, también modelaciones e identidades, constructos culturales. La dominación masculina sobre las mujeres, el cuerpo de las mujeres, pasa por estas construcciones culturales y modelaciones. ¿Qué pasa cuando las mujeres se liberen de estas representaciones sociales, de estos constructos culturales, de estas identidades, qué potencialidades se liberan, no sólo en las mujeres sino también en los hombres.
Estos problemas nos llevan a volver a la cuestión de la genealogía del Estado. Esta institución macro-política, que también corresponde al imaginario del poder, que es el gran cartógrafo y la instrumentalización compleja de las tecnologías de poder que atraviesan los cuerpos. No sólo entendido como un instrumento separado de la lucha de clases, para mejor servir a la burguesía dominante. Sino una maquinaria fabulosa construida sobre la experiencia política de la modulación y modelación de los cuerpos, podríamos decir colonización de los cuerpos. Con estos tópicos la problemática de la colonización se agranda enormemente, pues se encuentra íntimamente vinculada con la expansión y proliferación de las tecnologías de poder, tecnologías de poder que tenían que atender a las tareas de domesticación de los cuerpos en los extensos territorios conquistados y colonizados. Ya no se trata solamente de disciplinar los cuerpos, sino inscribir en ellos formas de comportamiento de subordinación, sometimiento, supeditación, convertirlos en cuerpos marcados, pero también aptos no solo para el trabajo y la producción sino también como flujos de energía, como recursos biológicos, de los que se puede absorber información genética y prácticas útiles a la acumulación y concentración del poder.
Entonces se trata de pensar la posibilidad de una práctica y concepción política sobre la base de la descolonización radical, que pone en suspenso los múltiples mecanismos de dominación que atraviesen los cuerpos. La liberación entonces de las potencialidades corporales, estéticas, éticas, creativas, de nuevos ámbitos de relación, de nuevos espacios de prácticas, de nuevos imaginarios, universos simbólicos, lingüísticos y figurativos. Un nuevo horizonte político, de la política y de lo político, de las prácticas, de las fuerzas y de las relaciones, un mundo alternativo, otra alternativa civilizatoria y cultural, ya no estructurados en la dicotomía amigo/enemigo, sino más allá. ¿Qué es el más allá del amigo/enemigo? Esta es una pregunta primordial cuando nos preguntamos sobre los umbrales y horizontes de la política. Será una pregunta latente a lo largo del análisis.
Nacimientos y emergencias
No vamos a buscar el momento histórico del nacimiento de la política, política en sentido moderno, pues este momento tiene que ver mas bien con acontecimientos un tanto dispersos y otro tanto concomitantes. Hablamos entonces de un conjunto de condiciones que se dan en ese proceso constitutivo e instituyente de la modernidad. Por lo tanto se trata de momentos. ¿Cómo se articulan estos momentos? ¿De qué depende? ¿Un tejido invisible que anuda los eventos o se trata de la manera cómo se asumen los hechos en la memoria, en la imaginación, en el discurso y en las transformaciones institucionales? Se trata de desplazamientos institucionales como los dados en las monarquías patrimoniales (siglos XI-XIII), acontece la formación de los Estados territoriales, la formación de las monarquías absolutas (siglos XIV-XVII), el desplazamiento del peso del comercio del Mediterráneo al Atlántico, el descubrimiento y la Conquista del quinto continente (1492). También el logro de la circunnavegación con la expedición de Magallanes-Elcano y el dominio de los océanos y mares del mundo (siglo XVI). Las guerras civiles inglesas que llevaron a constituir la república (1642-1646, 1648-1649). La crisis de las monarquías absolutas (siglos XVII-XVIII), la crisis de las administraciones coloniales españolas y portuguesas (siglos XVII-XVIII), la independencia de las trece colonias de Norte América del Imperio británico (1775-1783), la rebelión indígena en los Andes (1781), la revolución francesa (1789), la independencia de Haití del dominio francés (1795), las independencias de las colonias españolas de América (siglo XIX).Todos estos acontecimientos tienen que también interpretarse a partir del acontecimiento cultural que se da en el norte de Italia, conocido como el renacimiento, entendido como un retorno a los clásicos griegos y latinos (siglos XV-XVI). No se trata sólo de múltiples desplazamientos y transformaciones en distintos planos y niveles sociales, políticos y económicos, sino también de movimientos culturales que se abren a un nuevo clasicismo y al humanismo. Ahora bien, el caso del renacimiento y de la reforma (1517) tiene que evaluarse también a partir de las resistencias que provocan, sobre todo la reforma que provoca una reacción de la Iglesia Católica que se conoce como contrarreforma. Aunque la contrarreforma comienza un poco antes que la reforma luterana, porque en realidad se trata de una reacción de la Iglesia Católica contra los movimientos protestantes, un tema que lo tenía pendiente ante las corrientes que consideraba herejes y de interpretación de la Biblia no autorizadas por el papado. Lo que interesa es comprender la marcha de procesos contradictorios, que expresan ciertamente la lucha de intereses, la lucha de clases, las luchas institucionales y contra-institucionales, la aparición profusa, multitudinaria e interpeladora del pueblo.
También conveniente comprender cómo estos acontecimientos son asumidos por unos y por otros, cómo ingresan a las memorias y a los imaginarios, cómo impactan en las representaciones y comportamientos colectivos. ¿De qué manera van adquiriendo una textura, una composición? ¿De qué manera llegan a ser una narrativa? Es de esperar que estos tejidos no se den en el momento mismo de los acontecimientos, sino que ocurren subjetivamente, en la conformación de las memorias, en la construcción de los significados y de las interpretaciones sociales. Seguramente, entrado el siglo XIX se tiene ya una certeza de una experiencia vivida, sobre todo ante la evidente configuración de las ciudades modernas, la experiencia vertiginosa que se vive, la transformación de las sensibilidades estéticas, la vivencia de las transformaciones y los trastrocamientos de las viejas instituciones, el peso de la imprenta, de la comunicación, del arte, de las universidades, de la académica moderna, que tienen la capacidad de acumular conocimientos, distribuir saberes, desarrollar investigaciones, abrir perspectivas teóricas, poner en conflicto a las facultades y responder, a través de los filósofos, teóricos, ideólogos, escritores y artistas a los desafíos de la experiencia dramática de los cambios y de la velocidad de los ritmos. En ese abigarrado contexto bullente se constituyen los sujetos modernos, las subjetividades modernas, las intersubjetividades correspondientes a las experiencias y a las relaciones dadas en la modernidad. Este fenómeno no acontece solamente en Europa, sino en el mundo entero.
Ocurre que se forman múltiples certezas sobre el mundo, se conforman múltiples memorias sobre el mundo, se construyen concepciones sobre el mundo y la mundanidad. Es de esperar que estas certezas, estas memorias, estas concepciones, sean contradictorias, pues pugnan por el sentido legítimo del mundo, empero, a pesar de esta compulsa, se tiene como el mismo referente. Se tiene consciencia del mundo, que habitamos y vivimos dentro del mismo. Hay que relacionar entonces  la modernidad y la mundanidad, aunque no son lo mismo se correlacionan, uno es un fenómeno transcultural, el otro es un fenómeno geopolítico y de representación compartida. Aunque vivamos de una manera singular el mundo, a partir de nuestros particularismos, nuestros contextos, nuestras coyunturas, nuestros localismos, lo cierto es que vivimos el mundo a nuestra manera; el mundo se realiza a partir de nuestras actividades y nuestras prácticas, de nuestras manipulaciones, laburos, producciones, relaciones y circuitos. Somos seres en el mundo, aunque también somos sujetos en la modernidad, es decir sujetos modernos, a pesar de todos los contrastes que se den y se puedan dar. A estos contrastes la corriente de la subalternidad hindú le llama modernidades heterogéneas.
Modernidades heterogéneas en América Latina
El concepto de modernidades heterogéneas también ha sido usado en América latina; uno de los expositores de la problemática es Bolívar Echeverría. El marxista ecuatoriano define la múltiple modernidad de América Latina. El intelectual mencionado expone que:
Para desarrollar esta idea se puede decir que son tres los estratos principales de determinación identitaria que entran en juego desde el pasado en la realidad histórica actual de la América Latina, tres estratos que corresponden a también tres distintos momentos de configuración histórica de la modernidad latinoamericana. La primera modernidad que está allí y que constituye el estrato tal vez más determinante, el que con más frecuencia domina en la identificación de las formas reproducidas por la cultura latinoamericana, sería la modernidad barroca, la que proviene de la época que se extiende desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII y cuya función fundante de identidad no ha podido serle arrebatada hasta ahora. También está allí el estrato de otra modernidad que fue muy importante en la historia de la América Latina y que determina todavía el modo como se vive hoy en ella; se trata de la que vino con el segundo shock de modernización, el impuesto por el Despotismo Ilustrado y que corresponde a la época en que la España borbónica intentó dar un trato propiamente colonial al continente. Es una modernidad de otro tipo que reorganizó a la sociedad latinoamericana ya desde la primera mitad del siglo XVIII y que se continuó hasta después de las guerras de Independencia. Tendríamos después una tercera modernidad, que determina también como un estrato histórico vigente la auto-identificación de los latinoamericanos y que vino con el siguiente shock de modernización en los tiempos de la instauración de los múltiples Estados latinoamericanos; es la modernidad republicana o nacional, que ha prevalecido durante el siglo que va de mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Estas serían las tres modernidades históricas que pueden reconocerse hoy, con su gravitación histórica inconfundible, sobre la modernidad actual de la América Latina[4].
Bolivar Echeverría reconoce tres formas de modernidades básicas en América Latina, la modernidad barroca, la modernidad de la ilustración y la modernidad republicana. Estas modernidades se asientan sobre civilizaciones tradicionales construidas en base al cultivo y las identidades conformadas en estas culturas agrícolas. Recurriendo a Fernad Braudel habla de la civilización del maíz, la civilización del trigo, la civilización del arroz; nosotros también podríamos hablar de la civilización de la papa. Claro que ninguna de estas civilizaciones es sólo de estos cultivos, al contrario estos cultivos sostienen una diversidad de cultivos, con lo que se abren ordenes de relaciones en torno a los productos agrícolas. Ahora bien, con la conquista, la colonización, la expansión del capitalismo, la modernidad, estas civilizaciones son destruidas, en tanto sistemas-mundo regionales, arrinconadas, fragmentadas y mantenidas como fijaciones. La modernidad capitalista no va dar ninguna oportunidad para la regeneración de estos proyectos civilizatorios, ni permitir su actualización, su dinamismo intercultural. Sin embargo, la multiplicidad y heterogeneidad de las modernidades en América Latina va recrear espacios de articulación de estos proyectos civilizatorios en términos interculturales y como irradiaciones políticas emancipatorias. A estas multiplicidades modernas las caracteriza Bolívar Echeverría como estrategias alternativas de sobrevivencia en la modernidad capitalista, estrategias que dan lugar a formas de mestizaje. Abría que matizar esta afirmación de Bolívar Echeverría puesto que paralelamente a los procesos de mestización se da en algunas regiones y países proyectos políticos descolonizadores estrechamente vinculados a la reivindicación de las identidades indígenas.
Empero de lo que se trata en nuestro análisis es comprender la función de estas condicionantes de posibilidad histórica en la formación de los sujetos de las luchas sociales, de las luchas emancipatorias y las luchas descolonizadoras. Estas luchas son los ámbitos de desenvolvimiento de la política, de la lucha plural de la política, de la lucha plural democrática, por los derechos múltiples y por la incidencia popular en las formas políticas. El nacimiento de la política, en sentido moderno, está asociada con la constitución de estos sujetos y estas subjetividades combativas. Hay una invención de la política, como dice Marie Danielle Démelas[5]. Las experiencias de la modernidad y de la mundanidad son asumidas en tanto acciones de interpelación, como posibilidades de construcción alternativas. La vivencia de la modernidad es requerida como crisis y da lugar a la crítica.
Las historias en América Latina parecen las de una crisis permanente, sus formas estatales, administrativas e institucionales no parecen consolidarse, parecen vivir una constante interpelación de los sujetos sociales que ponen en cuestión precisamente su legitimidad. ¿A qué se debe esta temporalidad problemática? ¿Resistencia a ser incorporada plenamente a la modernidad capitalista, por lo tanto a la búsqueda insaciable de alternativas, como parece sugerir Bolívar Echeverría? ¿O mas bien se debe a la estructura de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, precisamente a la forma de estar incorporada, como periferia? A propósito es conveniente comprender la constitución de los sujetos que van a colocarse precisamente como cuestionadores de las formas modernas que pretenden la dominación y la hegemonía. El perfil de estos sujetos nos muestra las formas de experimentar la política. Un tema que debe ser analizado con detenimiento es el que precisamente toca Bolívar Echeverría al mostrar el cambio de la modernidad barroca a la modernidad de la ilustración; las políticas borbónicas ocasionan una modificación considerable en las formas de administración colonial, ocasionando levantamientos y movilizaciones. Quisiéramos detenernos en este punto y auscultar los tempranos levantamientos indígenas del siglo XVIII en los Andes.
¿Qué es lo que se produce a lo largo de los siglos XVI y XVII coloniales? ¿Lo qué llama Bolívar Echeverría modernidades barrocas? ¿Lo que llama Serge Gruzinski la otra modernidad articulada por españoles y portugueses? ¿El mestizaje profuso de las comunidades indígenas sobrevivientes al etnocidio y genocidio? ¿El replanteo de la cuestión nativa en la perspectiva de un renacimiento indígena y un nuevo humanismo, ya no solamente europeo sino ahora mundial? ¿Un pacto colonial, que comprende autonomías indígenas y la participación de la nobleza indígena en las estructuras de poder y en la administración colonial? ¿La incorporación del trabajo indígena a la extracción minera, principalmente de la plata y el oro, lo que significa la incorporación de la explotación colonial a las órbitas del capital? ¿Qué crisis se gesta en estos siglos? ¿La crisis viene por la crisis de la minería de la plata? ¿La crisis viene por la crisis económica del Imperio Español? ¿La crisis viene por la toma de España por el ejército francés y los virajes hacia una modernización de la ilustración? Estas preguntas son importantes para comprender la crisis desatada a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII, para comprender los levantamientos indígenas pan-andinos y comprender la constitución del sujeto político indígena. Si este sujeto estaba vinculado a un proyecto de reconstitución, a un proyecto milenarista, por lo tanto ya afectado por el imaginario cristiano, mesiánico, a un proyecto convocativo como el de Tupac Amaru o a un proyecto de nuevo tipo, es una discusión aparte, que se la puede tener en cuenta; empero lo importante es obtener el perfil del campo político abierto y de la constitución subjetiva que abre la posibilidad a la politización de los temas relativos a la crisis colonial.
Uno de los sujetos mencionados en los levantamientos indígenas es la comuna, el común, que se refiere a la comunidad, a la asamblea comunitaria, a las decisiones consensuadas entre parcialidades de los ayllus. Son las comunidades las que se rebelan a las mediaciones entre las autonomías coloniales indígenas y la administración colonial, que se rebelan contra las exacciones y los tributos, los diezmos, contra los párrocos, los caciques y los funcionarios locales. Este es un sujeto colectivo, que no muestra ciertamente el perfil de la subjetividad individual liberal. ¿Habrá que esperar lo que ocasiona la modernidad de la ilustración despótica borbónica para que se den lugar estas subjetividades individuales? Esta subjetividad individual va a ser patente en los levantamientos criollos del siglo XIX, cuando el discurso de la ilustración forme parte de la interpelación independentista. Los perfiles singulares que aparecen son el de los líderes y dirigentes, que más que ser un perfil del individuo, del sujeto individual de derechos, son perfiles que encarnan, por decirlo así, las voluntades colectivas. Sus nombres cambian, ya no son nombres cristianos, sino nombres autóctonos, nombres de guerra. Son la serpiente luminosa, que anuncia el pachakuti, el retorno del ciclo. Estas subjetividades son asombrosas por el juego afectivo que connotan y el movimiento de las identidades. Se trata de pliegues afectivos comunitarios, pero también de proyectos políticos, que tienen que ver con el discurso de que ahora nos toca gobernarnos, ahora nos corresponde, ahora es cuando, ahora es nuestro tiempo, nuestro ciclo. ¿Este es un proyecto que corresponde a un nacionalismo indígena? ¿Es un proyecto que corresponde a la utopía de reconstitución que transita una modernidad barroca? El historiador Sinclair Thomson deja pendiente las respuestas, pues es muy difícil descifrar el significado político de los levantamientos indígenas del siglo XVIII. Lo más probable, como el mismo historiador aprecia, es que se hayan dando tendencias concurrentes en los levantamientos, sin que ninguna de ellas se imponga hegemónicamente[6]. Lo que si se puede decir es que se trata de subjetividades que se conforman en la crisis colonial, que corresponde a la invención política indígena que comprende un imaginario anticolonial, a la lucha contra las dominaciones coloniales, a la lucha por el reconocimiento de los derechos colectivos y territoriales de comunidades y pueblos nativos. La totalización de este proyecto se mueve en un intervalo incierto que se configura como retorno del Inka y como reacomodo de las relaciones en términos igualitarios[7]. Quizás lo de la comunidad imaginada como nación esté más cerca del proyecto de Tupac Amaru, pero estos perfiles no pueden ser definidos en las construcciones políticas de los levantamientos del siglo XVIII. En todo caso debemos aclarar que la cuestión nacional también corresponde a una proyección mas bien liberal que comunitaria.
En todo caso, hablando en lenguaje político, se puede decir que el pueblo en los levantamientos indígenas son las comunidades rurales enfrentando a los vecinos de los pueblos y de las ciudades. Como dije alguna vez, se trata del enfrentamiento de dos espacios tiempos, dos concepciones espaciales, las territorialidades indígenas enfrentando a la cartografía colonial[8]. La guerra indígena anticolonial es una lucha política en pleno sentido de la palabra pues es una lucha contra formas de dominación, en este caso coloniales. El nacimiento de la política, en sentido moderno, en las periferias del sistema-mundo capitalista, en sus periodos tempranos, corresponde a una lucha anticolonial. La demanda de libertad se refiere a desmontar estos mecanismos de dominio colonial. No se trata por cierto de demanda de libertades individuales como en caso de la modernidad de la ilustración, sino de libertades colectivas, de libertades comunitarias, de libertad de autogobierno, de libertades territoriales. Las subjetividades colectivas y comunitarias son la matriz de la política y la lucha anticolonial. Este es el referente que no puede olvidarse, incluso para entender las contradicciones de la guerra de la independencia y de la genealogía de los Estado-nación subalternos.
¿Qué nos enseñan los levantamientos indígenas pan-andinos del siglo XVIII? Primero que hay una serie de pronunciamientos y después de levantamientos, en el contexto de formaciones enunciativas que articulan tanto las profecías milenaristas, derivadas de una forma de asumir el cristianismo, sincretizado con las cosmovisiones precolombinas, con proyectos políticos que van desarrollándose hacia el planteamiento del retorno del Inka, que podemos llamar de reconstitución.  Esos proyectos políticos pueden comprenderse e interpretarse en el contexto de lo que llama Bolívar Echeverría modernidad barroca. Los sublevados tenían pleno conocimiento de su relación de vasallaje con la corona española, también se entiende su pertenencia al mundo de entonces. Las obligaciones impuestas a las comunidades a través de la encomienda, la mita, tributos e impuestos, además de servicios, tenían que ver con la formación de relaciones articuladas al mercado, principalmente la mita minera, que tenía que ver con el mercado de minerales. Pero también nos muestra la historia de estas relaciones el funcionamiento pervertido de la administración local, sobre todo por el papel que cumplen las autoridades locales y regionales. La corrosión de las instituciones y su permeabilidad a la corrupción hablan de las tempranas concomitancias entre poder y las relaciones perversas que llamamos genéricamente como corrupción. Lo primero que denuncian los dirigentes sublevados son estas anomalías y el incumplimiento de las normas establecidas. En principio los levantamientos se dan a nombre del rey contra las autoridades locales. También al principio se da una suerte de alianza con los criollos, que también tenían contradicciones con los españoles peninsulares, empero esta alianza es altamente compleja y generalmente va tender a su ruptura, en la medida que los propios movimientos se van radicalizando. Esto se observa sobre todo en la segunda etapa de los levantamientos, particularmente en el cerco a La Paz, aunque también se anuncia con los sucesos en Oruro, con cierta antelación. En este caso la guerra anticolonial asume las características de lo que se puede llamar una guerra de razas, apreciando las significaciones histórico-políticas de esta confrontación. Sin embargo también hay que anotar las grandes ambivalencias discursivas de la revuelta, cuando los líderes del levantamiento se preocupaban por la legitimidad de su posición y por su relación con el cristianismo. También se observan las diferencias de tendencias si venían de líderes vinculados a la nobleza indígena o si se constituían como expresión de las comunidades de base, los ayllus. En este segundo caso los comunarios estaban propiamente interesados en recuperar la tierra y los territorios, entrando tempranamente en confrontación con los hacendados criollos. Se puede notar la diferencia de tendencias y de proyectos si comparamos el proyecto integracionista de Tupac Amaru y el proyecto radical de separación y escisión de Tupac Katari, aunque también Tupac Katari tiene un comportamiento ambivalente con los curas. También se pueden notar contrastes entre los planteamientos de Tomas Katari y Tupac Katari, sobre todo porque en el primero se observa su predisposición a corregir las anomalías de la administración colonial, levantando la propia legalidad y legitimidad del rey. Sin embargo estos contrastes no se los puede descifrar si es que no se abarca el despliegue de todo el proceso del levantamiento, incluyendo sus distinciones temporales, regionales y locales, además de la misma evolución del enfrentamiento de los levantamientos. Esto es precisamente lo que vamos a tratar de hacer apuntando a develar el campo político que se abre con esta rebelión indígena.
Sinclair Thomson en su revisión de los proyectos de emancipación pan-andinos escribe:
Los proyectos anticoloniales, tal como los concebimos aquí, son aquellos que desafían explícita y conscientemente los fundamentos del orden político colonial: la soberanía española y la subordinación política de los indios. El desafío a ambas condiciones podía implicar cualquiera de los siguientes elementos: (1) el repudio o desplazamiento del rey de España (al remplazarlo, por ejemplo, por un rey Inka); (2) el rechazo de la subordinación política indígena (sea a través de la subordinación de los españoles o de la equivalencia entre los dos pueblos); y (3) la afirmación de la autonomía indígena (a través del rechazo a la corona y a las autoridades españolas en territorio americano, y en este caso, en territorio andino). Es importante señalar que, según estos criterios, los proyectos anticoloniales no siempre implicaban un repudio directo al monarca español. La agenda de eliminar o dominar a los colonos españoles y de dotar a los indios de una condición de igualdad, o bien de rechazo a las autoridades coloniales regionales, no siempre fue acompañada de un antagonismo explícito o de referencias directas a la corona[9].
El proyecto del retorno del Inka, el rechazo a la subordinación política indígena y la afirmación de la autonomía indígena dibujan las tendencias en el campo político pan-andino. Lo que importa es comprender la formación del campo político pan-anadino como respuesta a la dominación colonial, la estructuración de la rebelión a lo largo del siglo XVIII, la constitución de sujetos y subjetividades que van alimentar a la rebelión con voluntades, imaginarios y acciones. Ciertamente el desarrollo de los levantamientos indígenas comprenden un proceso complejo y hasta contradictorio; la relación con el rey, al que no se lo veía nunca y de quién se tenía una idea tan vaga y vivía tan lejos, que parecía más bien un fantasma, es obviamente ambigua. Podía en un momento ser sustituido por un rey real y legitimo, el Inka. El hablar a nombre del rey contra las autoridades locales no niega el carácter anticolonial de las luchas; el problema de la totalización de la rebelión, de las consecuencias políticas en lo que respecta a la organización del Estado y de la sociedad, en lo que respecta a la legitimidad última, va estar pendiente. Empero, se va configurando la solución en la medida que se radicaliza el movimiento. Lo que importa de las insurrecciones indígenas del siglo XVIII es que tocan las matrices de poder del capitalismo y la modernidad, el colonialismo. Podemos decir que la lucha anticolonial es la base de la política en las periferias del sistema-mundo capitalista, es el sustrato más profundo, que le da una perspectiva  a las luchas sociales. No se podrían vislumbrar los límites y los alcances de las corrientes políticas y las luchas que se dan posteriormente si no comprendemos la apertura histórica de los levantamientos indígenas del siglo XVII. El carácter problemático de la política moderna asoma con toda la complejidad de la lucha contra las dominaciones y la exigencia de libertades, derechos, además de la constitución de las subjetividades y sujetos rebeldes.
Respecto a la importancia de los levantamientos indígenas del siglo XVIII, su importancia en la configuración de la política, por lo tanto de las luchas descolonizadoras, de las luchas sociales, de las luchas nacional-populares de los países andinos, vamos adelantar una interpretación genealógica de la historia política de Bolivia. Recogemos esta interpretación en una hipótesis sobre el acontecimiento político.
Hipótesis
El nacimiento de la política en la región andina se da con las insurrecciones indígenas del siglo XVIII, la matriz de la política en esta región se encuentra en este substrato de la historia moderna. Política en tanto cuestión de poder y de emancipaciones, política como espesor dinámico de las luchas sociales, por lo tanto que comprende en su geología sedimentada varias capas, las mismas que recoge la memoria larga de los levantamientos, de las rebeliones y las insurrecciones. Después de la insurrección indígena anticolonial del siglo XVIII se van a dar otros campos políticos en el contexto de otra modernidad, la relativa a la ilustración, fuertemente vinculada a un programa liberal, basada en el principio de individualización ciudadana, apuntando a la independencia a la conformación de la república. Nos encontramos ante otro imaginario y a un replanteamiento de la política, configurada en el espacio de las comunidades imaginadas, las naciones. La guerrilla de los 15 años y la guerra de la independencia se mueven en esta formación discursiva liberal. Se trata ciertamente de una lucha por la emancipación de la corona española, por lo tanto de una guerra anticolonial, empero lo que llama la atención es que esta guerra de la independencia criolla ignore la insurrección indígena el siglo anterior, como si lo que ocurriese en el siglo XIX y lo que ocurrió en el siglo XVIII no tuvieran conexión. Era difícil para los criollos y mestizos liberales comprender la insurrección comunitaria indígena. El desencuentro no solamente político sino también epistemológico se ahondó con la llegada de la ilustración.
Un tercer campo político se abre con la guerra del Chaco y sus consecuencias traumáticas. Podemos hablar de la formación de un campo político correspondiente a las luchas sociales y a la lucha nacional-popular. Es cuando se da se dan las formaciones de grandes organizaciones sindicales, de los partidos marxistas y también del partido nacionalista, se desatan luchas sociales, económicas y políticas de envergadura, que cuestionan el Estado oligárquico, es decir la forma del Estado-nación liberal dominado por la oligarquía minera. Este periodo de luchas sociales se expresa elocuentemente en el discurso marxista, preocupado por la caracterización de la revolución boliviana; expresión discursiva que se halla notoriamente recogida en la conocida Tesis de Pulacayo. Ciertamente el discurso marxista no es el único desplegado en la concurrencia de las formaciones discursivas de la época; concurre también el discurso nacionalista, que llama a la consciencia nacional, que persigue recuperar la soberanía y los recursos naturales, soberanía enajenada por el llamado super-Estado de los “barones del estaño”. La interpelación obrera y popular al Estado oligárquico culmina en la revolución nacional de 1952 y en los 12 años que dura el periodo de los gobiernos nacionalistas revolucionarios. Tenemos aquí otros imaginarios, de clase y nacionalista, tenemos también otra formación discursiva, marxista, mejor dicho obrerista, y nacional-popular. Por lo tanto también nos encontramos ante un nuevo replanteamiento de la política.
En alguna literatura política e histórica contemporánea se considera esta temporalidad histórica como si fuese el único intento de modernización del Estado y la sociedad. Empero podemos decir con Bolívar Echeverría que se trata de la modernidad de los Estado-nación; se trata de una modernidad institucional que intenta encaminarse por la industrialización para escapar de la dependencia económica, basando su gestión política en medidas de nacionalización. La política es marcada por la lucha de clases, el proyecto socialista, pero también por la convocatoria popular a la defensa de la nación y sus recursos naturales. Se trata de otra “episteme” en tanto circulación de saberes, una “episteme” que llamo boliviana, pues se pone como en el centro del debate la pregunta de ¿qué es ser boliviano? Ante esta pregunta se responde con el desafío de atrevamos a ser bolivianos[10].  En este caso también llama la atención la desconexión con la insurrección indígena des siglo XVIII, con la lucha anticolonial indígena. Cómo si quedara resuelta la cuestión colonial con la interpretación del problema del poder y de las dominaciones desde la lucha de clases, por lo tanto subsumiendo la cuestión indígena en la figura del proletariado o de la alianza obrero campesina. No sólo los marxistas ignoraron la insurrección del siglo XVIII, las exigencias históricas del levantamiento, el profundo carácter anticolonial de las luchas políticas, sino también los nacionalistas; el discurso del nacionalismo revolucionario supuso que la cuestión indígena se resolvía con el proceso de mestización que acompañaba a la formación de la consciencia nacional.
Como se puede ver estos tres campos políticos no se logran conectar; el campo político indígena, el campo político liberal criollo y el campo político del nacionalismo revolucionario, que incluye a la formación discursiva obrerista no se conectan, salvo que se entienda que hay alguna conexión con las interpretaciones que se hacen en el discurso nacionalista de los 15 años de la guerrilla y de la guerra de la independencia, así también salvo se entienda como alguna conexión el indigenismo que incorpora el nacionalismo en su proyecto de mestización. Se puede hablar de una desconexión de imaginarios, no se da un diálogo entre horizontes históricos culturales. Para que ocurra esto habrá que esperar la crisis de la década de los setenta, cuando irrumpe el discurso katarista interpelando al Estado y a la nación boliviana, retornando a la memoria larga indígena. Empero el dialogo intercultural recién se comienza a dar en la década de los noventa, después de la marcha indígena de tierras bajas por el territorio y la dignidad. A lo largo de los noventa se produce como una reflexión popular sobre el fracaso de los proyectos políticos y la necesidad de abrir un nuevo horizonte; esta reflexión también es asumida teóricamente y termina formando parte del debate en las organizaciones sociales, sobre todo indígenas y campesinas. La apertura y vivencias intensas de un nuevo horizonte político se despliegan durante las luchas y los movimientos sociales anti-sistémicos de 2000 al 2005, horizonte político ciertamente intercultural, a diferencia de los otros campos políticos anteriores. Se toma plena consciencia del significado histórico político de la insurrección indígena del siglo XVIII, de la exigencia profunda del proyecto descolonizador, de la necesaria articulación de la descolonización y de la mirada indígena a las otras luchas, sobre todo nacional-populares.
La política en este cuarto campo político, en este horizonte descolonizador, asume la pluralidad de las luchas, incorporando la lucha primordial por la madre tierra, en plena crisis estructural del capitalismo, crisis que tiene connotaciones destructivas ecológicas. La política se mueve en un pensamiento pluralista que piensa precisamente la pluralidad de los acontecimientos, la multiplicidad de singularidades, las conexiones interculturales, por eso mismo busca realizar las luchas en un mapa de transformaciones pluralistas del Estado y la sociedad. Estas son las razones de la complejidad de la Constitución Política del Estado Boliviana, lugar donde se logra transcribir los mandatos de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios, incluyendo temas pendientes de transición, tareas que tienen que ver con concepciones nacional-populares. Se trata de una Constitución intercultural y de transición, una Constitución que establece las características de las transformaciones en la transición. Hablamos de una transición pluralista, la invención de una nueva forma de Estado plurinacional comunitario y autonómico, también nos referimos a una transición que conecta el modelo productivo con el vivir bien, como alternativa civilizatoria a la modernidad, al capitalismo y al desarrollo. Los ejes de la transformación política plurinacional, territorial, autonómica, comunitaria y productiva, también se halla contrastados por temas no superados, que tienen que ver mas bien con normativas conservadoras en el terreno del órgano ejecutivo, del órgano legislativo, del órgano judicial y del órgano electoral, copiando estructuras parecidas a la anterior Constitución y de otras constituciones liberales, como lo de la Procuraduría. Sin embargo, también es una Constitución que avanza en el sistema político, entendido como democracia participativa, como ejercicio plural de la democracia, directa, representativa y comunitaria. Se trata de una Constitución que exige la construcción colectiva de la decisión política, de la ley y de la gestión pública.
Esta complejidad del campo político y del horizonte político abierto quizás también pueda explicarnos las razones de las profundas contradicciones del proceso de cambio, también las razones del retroceso del gobierno ante las tareas que exige la Constitución. Ante la episteme intercultural abierta retrocede al folklore y reduce la emancipación cultural al simbolismo y la escenificación. En otras palabras, retorna al mestizaje, descartando la posibilidad de un gran diálogo intercultural y a la gran tarea de construir una institucionalidad intercultural. Ante la tarea de las transformaciones pluralistas, renuncia a la construcción de un pluralismo institucional y opta por restaurar el Estado-nación. Ante la tarea de la transformación comunitaria, se desliga de esta responsabilidad y prefiere optar por la defensa de la propiedad privada de la tierra, particularmente de la que siguen siendo latifundios. Ante la tarea de la descentralización administrativa política y la construcción de las autonomías, retrocede en todo prefiriendo anclarse en un centralismo obsoleto e ineficiente. Respecto a la tarea del modelo productivo, que tiene también que ver con la industrialización, empero conectada a la soberanía alimentaria, retrocede a la repetición devastadora del modelo extractivista. Respecto al modelo alternativo del vivir bien, lo usa como discurso en las presentaciones internacionales, sin tener ninguna repercusión en las políticas públicas nacionales. Frente a esta problemática, en vez de debatir y discutir, de hacer participes a los movimientos sociales sobre la contingencia de las dificultades, prefiere retroceder a una solución “técnica”, a un empobrecido pragmatismo y realismo político, que les da una tranquilidad momentánea, empero termina colocándolos frente al proceso, en contra del mismo proceso.
Estas contradicciones y estos desenlaces conservadores forman parte de la cuestión política, de la problemática política, de la política en tanto relaciones de poder, estructura y diagramas de fuerza, que no sólo corresponden al ámbito del país sino también a las relaciones internacionales y con orden de dominación mundial. Una de las preguntas que tenemos que responder en relación a esta problemática de los retrocesos es ¿qué es el poder?, acompañada por otras preguntas, ¿cómo funciona?, ¿por qué no se puede desmantelar el Estado-nación y construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico? ¿Por qué el Estado se traga a los gobernantes, conductores, a los que deberían transformar; en cambio los transforma y los convierte en los engranajes de estructuras y de relaciones de poder que parecen incontrolables? Estos temas tienen que ver con el tópico político que llamamos en la introducción, en el plan de trabajo de ¿Qué es la política?, la parte de la política que tiene que ver con la conservación del poder. Cómo dijimos, la política esta desgarrada por dos tendencias dicotómicas, la conservación del poder y la destrucción del poder, la administración de los humanos y de las cosas o el camino de las emancipaciones múltiples.
Ahora bien, de qué depende lo que pueda ocurrir con el proceso. El horizonte pluralista e intercultural de la política se ha abierto, el recorrer esta distancia hacia el horizonte depende vivir plenamente la política, las luchas y transformaciones abiertas por la política en su sentido pluralista intercultural, en su sentido de transición hacia otro modelo civilizatorio. Se trata de asumir las tareas comprometidas, la descolonización, el desmantelamiento del Estado-nación, la construcción del  Estado plurinacional comunitario y autonómico, el modelo productivo, la soberanía alimentaria, la armonía con los ciclos vitales de la madre tierra. Empero para esto es menester desarticular las prácticas y habitus de las formas de hacer gestión tradicionales, por así decirlo, desmontar las estructuras y relaciones de poder que sostienen estas prácticas y este habitus. Esto significa la crítica radical al discurso justificativo del gobierno y de los gobernantes, la crítica al pragmatismo y realismo político optado, que encubre la restauración del Estado-nación y la subordinación a las empresas trasnacionales extractivistas.
Con esta interpretación marcamos una diferencia radical con la tesis de la conspiración, que considera un lugar primordial a las conspiraciones, a los grupos de conspiración, incluso a los secretos pactos. Esta tesis también deriva en la explicación de la decadencia de las revoluciones a través de factores subjetivos como la traición. Con esto se les atribuye un papel preponderante y determinante a los conspiradores, como si tuvieran en sus manos las riendas de la historia. Nada más desesperado y fácil que estas interpretaciones para explicar las contradicciones de los procesos. Los conspiradores son uno de los factores en la multiplicidad de factores que intervienen en los desenlaces de los procesos, no son de ninguna manera de los factores determinantes. La complejidad de los procesos se explica a partir de sus condiciones de posibilidad histórica, de las estructuras inherentes, los ámbitos de relaciones, las prácticas y claro también la constitución de sujetos y subjetividades. En el caso de los procesos revolucionarios y los que se proponen transformaciones, sus contradicciones, incluso sus retrocesos y decadencias, estos desenlaces deben explicarse a partir de la estructuras, relaciones, diagramas de poder, que juegan un papel no solamente en las resistencias institucionales al cambio, sino también la cooptación e integración de los revolucionarios precisamente a estas estructuras, relaciones y diagramas efectivos. La crisis, en este caso la crisis del Estado, tiene que llegar a ser tan profunda que desmantele estas estructuras, relaciones y diagramas. Parece que para efectuar esta tarea se requiere de saberes que sean capaces de descifrar la lógica inherente de estas estructuras, relaciones y diagramas de poder, un nuevo saber que circule y sea producto de la participación colectiva y comunitaria. No se puede seguir actuando a ciegas ante acontecimientos políticos estructurados por diagramas de poder y relaciones de fuerza que se ocultan en la maquinaria de las instituciones y en la profusión de las prácticas.
Acontecimientos políticos inaugurales de la política
La insurrección pan-andina
El historiador Sinclair Thomson describe las características del proceso insurreccional anticolonial del siglo XVIII de una manera sobresaliente por su manejo de las fases, estructuras e imaginarios involucrados; en su evaluación de los proyectos de emancipación y dinámica de la insurrección indígena comienza con la experiencia política de la comunidad Chuani de Ambaná, en la actual provincia de Larecaja. Escribe:
En la comunidad Chuani de Ambaná (Larecaja), entre fines de los años 1740 y principios de los años 1750, salió a la luz un proyecto radical inspirado en la conspiración de Azángaro en los años 1730. Bajo el liderazgo de los Palli, los indios de Chuani rechazaron a la autoridad local tanto civil como eclesiástica, y difundieron sus mensajes de “redención” por todo el distrito. El objetivo del movimiento era de “acabar o dominar los viracochas”, para restituir la libertad a los indios. Creían que eran los redentores, “ellos son redentores del pueblo y a fuerza de rigor  harán vencimiento a todos y aún los de la provincia, porque a ellos les toca el mandar”[11]
Los levantamientos y pronunciamientos son anticipados por la crisis de dominación, manifestada primero por los conflictos institucionales e intra-comunales, después por las consecuencias del reparto tributario y el fin de las mediaciones. La crisis de la dominación viene acompañada por una crisis de legitimidad; se cuestiona la perversión de las representaciones de mediación entre las autonomías indígenas coloniales y la administración colonial. Se incrustan en estas mediaciones personajes que venían de la nobleza indígena, también mestizos que aprovechan a través de matrimonios para habilitarse como caciques. También se cuestiona a caciques que se aprovechaban de su representación para esquilmar a las comunidades y enriquecerse a costa de ellas. Después el cuestionamiento se extiende a los párrocos y a las autoridades civiles coloniales. Son las comunidades las que se encargan de interpelar y juzgar a los caciques, los representantes, las autoridades civiles y eclesiásticas. Se produce una difusión de los pronunciamientos, que poco a poco se convierten en convocatorias al levantamiento.
El segundo momento excepcional en que surgió un proyecto identificable como anticolonial fue el cerco de Chulumani en 1771. Menos de dos años antes, el levantamiento del pueblo de Sicasica fue también provocado por la explotación del Corregidor Villahermosa y sus agentes en el sistema de repartos, y sin embargo no hay evidencias de que su dirigente, Alejandro Chuquiguaman, buscara el derrocamiento de la dominación colonial o la eliminación de los españoles como metas de la movilización de los ayllus[12]
En cambio:
El liderazgo y la insurrección de Chulumani adquirieron una naturaleza aún más radical. La movilización de Yungas había sido premeditada, y dio lugar al surgimiento de un grupo de dirigentes comunales – que no eran caciques y en su mayoría no habían sido antes autoridades comunales – que se lanzaron a organizarla y dirigirla[13].
Fueron las comunidades la base de la movilización, también entregaron su perspectiva a los levantamientos, una perspectiva radical en relación a lo que había que hacer, la perspectiva del autogobierno. La rebelión yungueña fue abiertamente anticolonial, las comunidades se organizaron para gobernar el territorio liberado.  
El tercer momento excepcional de naturaleza radical y anticolonial se dio a principios de noviembre del mismo año (1771), cuando los comunarios de Pacajes se levantaron atacando a su Corregidor Josef del Castillo y tomando el poder en la capital provincial  de Caquiaviri. La muerte del corregidor y de varios de sus lacayos en Jesús de Machaca fue una reacción espontánea, en ocasión de las festividades de Todos Santos, en contra del trato violento que había dispensado a los comunarios reunidos en el pueblo. Aunque sin duda esta confrontación estuvo llena de significación política, no hubo un proyecto político comunal que animara o dirigiera el ataque. Un compromiso más explícito con opciones y programas políticos claros habría de emerger después de la matanza, cuando los comunarios de Caquiaviri se vieron de pronto con el poder en sus manos, y tuvieron que enfrentar el inesperado desafío de gobernar[14].
Se dan rebeliones locales como núcleos profundos de la crisis y focos de irradiación, se trata de eventos que muestran los alcances de la crisis de la administración colonial, empero todavía eventos de convocatoria restringida. Aunque se dan intensas experiencia de la inversión de valores. Es el caso de la indemnización de españoles y mestizos que son obligados a formar parte de la comunidad, de las parcialidades del ayllu, a vestir con vestimenta autóctona, vistiendo mantas, camisetas y monteras, en tanto las mujeres de axsu.
El movimiento de Tomas Katari en Chayanta podría haber añadido leña al fuego de la visión de que una nueva era estaba comenzando. Las batallas de Katari contra los funcionarios regionales y locales abusivos comenzaron en 1777, cuando luego de regresar de un notable viaje a pie hasta las cortes de Buenos Aires, proclamo: “Ahora traigo nuevo mando del señor virrey, que ya no ha de ser como antes todo landroncio”. Bajo la conducción de Katari, la autonomía indígena parecía estar volviéndose una realidad hacia 1780: las comunidades obligaron a renunciar a los caciques ilegítimos que actuaban en complicidad con el corregidor; depusieron al propio Corregidor Joaquín Alós y actuaron con el fin de impedir que los sucesores designados por las autoridades asumieran el cargo; en ausencia del control colonial efectivo, Katari llego a gobernar la provincia prácticamente por sí mismo[15].
La rebelión en Chayanta y la dirección de Tomas Katari nos muestra una fase intermedia del proceso de la rebelión indígena. Se recurre a la autoridad del virrey para deponer a las autoridades locales y cambiar la situación de los abusos en la región; se convierte en la autoridad en toda la región por el lapso que dura la ocupación indígena, llevando a cabo una especie de autogobierno. Sin embargo, no está cuestionada la autoridad del virrey tampoco la colonia. Estos hechos nos muestran las ambivalencias de la rebelión; en principio son rebeliones locales, llegan a ser incluso regionales, empero en esta etapa no prospera un cuestionamiento a la totalidad de la dominación colonial.
El 4 de noviembre de 1780, José Gabriel Tupac Amaru capturó al corregidor de la provincia de Tinta, Antonio de Arriaga, e inició su movimiento como heredero de la corona de los reyes nativos del Perú. Aunque no anunciará públicamente su separación de la corona de España, se comportó como un solo monarca lo haría, y la población reconoció de inmediato sus aspiraciones reales. Tupac Amarú comenzó asegurándose victorias militares y la adhesión de los indios, mestizos y criollos en el distrito sur de la ciudad del Cuzco. Un inicial momento culminante. En el que al parecer se confirmó la abrumadora superioridad de las fuerzas indígenas y la naturaleza providencial de su movimiento, llegó a ser tan intenso  que quizás infundió en los participantes una cierta complacencia acerca de la continuación de la guerra. No fue capaz de capturar la estratégica ciudad capital; pero las provincias del sur se entregaron a las tropas indígenas leales al Inka. A lo largo de la lucha, su arraigo político se extendería hasta Arica, Tarapacá y Atacama en la costa; los valles de Charcas como Larecaja, Yungas y parte de Cochabamba hacia el este; y hacia el sur hasta Jujuy y Salta, con ecos en Mendoza en el nuevo Virreinato de Río de la Plata. El movimiento también cosechó simpatías en la sierra central y norte del Perú, y sus repercusiones se sintieron incluso hasta el Virreinato de Granada de Nueva Granada en el extremo norte[16].
Con la dirección de Tupac Amaru y ciertamente la rebelión propiamente pan-andina que dirigió, se llega al nivel de mayor convocatoria y proyección de los levantamientos indígenas, también se llega a la proyección política mayor cuando se convierte en la figura de retorno del Inka, sustituyendo prácticamente al mismo rey, y anuncia la conformación de un inmenso Estado que abarcaría desde las costas del pacífico hasta la el Paititi, es decir la Amazonia. La convocatoria a todos los nacidos en el continente, indios, criollos, mestizos, afro-descendientes, mulatos para conformar una unidad en contra de los españoles peninsulares puede entenderse como el proyecto político de mayor alcance durante el siglo de la rebelión indígena.
En Oruro también se desencadena la movilización, de alguna manera se obedece la orden de Tupac Amaru de rebelión generalizada, aunque no faltaban motivos para rebelarse; una larga historia de atropellos, de discriminaciones, explotaciones y violencias, se acumuló en la memoria colectiva. Empero, a diferencia de lo que ocurrió anteriormente, en Oruro ya se muestran síntomas de la radicalización del levantamiento pan-andino. Sinclair Thomson escribe:  
La violencia estalló en Oruro el 10 de febrero, en medio del pánico por una oleada de rumores de que el corregidor y su facción de europeos iban a atacar a los miembros de la milicia criolla y acabar con sus adversarios. Luego de un confuso incidente, una revuelta plebeya de criollos, mestizos y cholos se amotinó e incendió la casa de un comerciante peninsular en la que se habían refugiado muchos europeos con sus caudales. A la mañana siguiente, once españoles y cinco esclavos habían perecido como resultado de las quemaduras y golpes. En una asamblea improvisada, la multitud proclamó su voluntad de que el prominente criollo Jacinto Rodríguez sea el nuevo corregidor y que los europeos abandonen la ciudad de inmediato o se los mate. A medida que transcurrió el día, miles de comunarios convergieron en la ciudad, en apoyo a sus camaradas o “hermanos”, en el lenguaje de Tupac Amaru, y en defensa del nuevo corregidor. Se veían indios y criollos abrazándose en las calles[17].
Lo que se observa en la toma de Oruro es la inmediata alianza entre indios, criollos y mestizos contra los europeos. Sin embargo, una alianza frágil, que no llega a durar, debido a las diferentes percepciones sobre los desenlaces del conflicto. Los indígenas de las comunidades no van a tardar de entrar en contradicciones con criollos y mestizos; estos últimos toman la decisión de sacar a los indígenas de la ciudad cuanto antes. Uno de los temas en conflictos es el de la tierra; las comunidades exigían la devolución de tierras, esto afectaba también a propietarios terratenientes criollos y mestizos. Para los criollos y mestizos estaba bien sacar a los españoles, pero no veían con buenos ojos las pretensiones comunitarias sobre la tenencia de la tierra. Estas contradicciones terminaron rompiendo la alianza inicial.
Si bien la rebelión con Tupac Amaru fue la más extensa y comprometió al mundo pan-andino, además fue la que contó con un proyecto político en pleno sentido de la palabra, apuntando a la totalización de la rebelión y la conformación de otro Estado, la rebelión dirigida por Tupac Katari, más concentrada en la región del Altiplano norte y sitiando a la ciudad de La Paz, correspondió a la etapa más radical del proceso de la rebelión indígena. También fue como el momento de clausura de la insurrección indígena en el siglo XVIII, aunque siguieron los levantamientos esporádicos y locales después de la muerte del líder. Las características de esta última etapa del proceso de la rebelión indígena del siglo XVIII son sintomáticas, muestran elocuentemente la fuerza del levantamiento indígena, pero también, al mismo tiempo profundos contrastes, debido a comportamientos ambiguos del propio líder, además de evidenciar una composición de alianzas que no terminó de solidificarse. 
El historiador al que seguimos, Sinclair Thomson, escribe sobre Julián Apaza, en un apartado sugestivo que titula Manifestaciones de la “Serpiente Resplandeciente”, lo siguiente:
Hacia principios de 1781, podemos imaginar que Julián Apaza, a la madura edad de 30 años, era un hombre curtido por años de dificultades personales y dotado de una larga experiencia. Como forastero comunario de un ayllu rural del altiplano, fue criado y vivió en las circunstancias más exigentes y empobrecidas. Sufría de una enfermedad física, quizás una poliomielitis infantil, que dejó algo retorcidas sus piernas y brazos. Sin embargo, su energía física no parece haber disminuido con ello, y siempre estuvo a la altura de su intensidad de carácter. Sin duda, había desarrollado desde temprana edad un sentido de autoconfianza. Si trabajó en un ingenio de minerales, como rumoreaba, habría conocido de primera mano el poder económico criollo y los rigores de una proto-industria colonial. Como comerciante itinerante, habría sido expuesto a las duras condiciones de los caminos. Sin duda estaba acostumbrado a tratos bruscos con los otros indios, cholos y mestizos que llevaban sus caravanas de llamas o recuas de mulas por las mismas rutas, y a través de sus encuentros habría escuchado historias acerca de los rincones más distantes del reino. En sus viajes, ha debido conocer mucho sobre la vida de la gente que residía en el altiplano y en los valles interandinos, y ha debido visitar otras ciudades coloniales además de La Paz. Habría adquirido un amplio conocimiento de los modos de dominación colonial cotidianos y sutiles, así como de los sufrimientos comunes de los indios, sus miedos y resentimientos, y su aspiración  liberarse del “pesado yugo”[18].
El dibujo de este semblante es un buen comienzo para comprender el protagonismo que va jugar Julián Apaza en la etapa más radical del proceso de la rebelión indígena, siendo oriundo comunario, es decir plebeyo y no descendiente de la nobleza indígena. Adquiere el nombre de Tupac de Tupac Amaru y el de Katari de Tomas Katari, los otros líderes de la rebelión que le antecedieron. Es el encargado de llevar adelante la continuación de la rebelión, quizás en momentos difíciles debido  la derrota de Tupac Amaru. La tarea más complicada, a un principio,  ha debido  ser convencer a las comunidades, a sus jilakatas y malkus, de que era el encargado de continuar la rebelión. Para eso contaba con una carta interceptada de Tomas Katari dirigida a Tupac Amaru. Seguramente que no fue fácil ganarse el liderato, fue un trabajo arduo, incluso mantener la unidad de la confederación que sitiaba la ciudad de La Paz. Empero el hecho que un liderato haya surgido desde las bases expresa el carácter de esta etapa de la rebelión y las razones de su radicalización. A propósito Sinclair Thomson anota que:
La formación política de Julián Apaza deriva claramente de la fase aguda de las luchas comunales (ocurrida cuando él era adolescente), que culminó en los levantamientos de los pueblos de SicaSica en 1769 y de Yungas y Pacajes en 1771. En 1781, la mujer de Apaza, Barolina Sisa, declaró que él había estado preparando el movimiento durante diez años[19].  
A lo largo del proceso de la rebelión la misma había combinado dos interpelaciones, la de las comunidades y la de las estructuras y redes donde se asentaban los lideres. Se ha visto que los comunarios tendían a la radicalización del proceso, en tanto que los líderes tendían a mantener las alianzas. Esta vez tanto la interpelación de las comunidades como la interpelación del líder coincidieron. Fue indudablemente la etapa más radical del proceso de la rebelión indígena durante el siglo XVIII, pero también no dejó de mostrar sus propias ambigüedades. Como en el caso de la rebelión de Tupac Amaru no se tomó la ciudad del Cuzco, Tupac Katari tampoco llegó a tomar la ciudad de La Paz. Ambas tomas eran indispensables en la estrategia militar, prácticamente se dejó pasar el tiempo, dándole la oportunidad al ejército español que llegó del sur a socorrer a la ciudad sitiada. Este es un tema que quedó pendiente en el análisis y en la historia; se debe abordar la respuesta a esta cuestionante de manera abierta y analítica. Puede ser que haya habido desacuerdos internos en la confederación de mandos que situaban a las dos ciudades; sin embargo, este hecho forma parte de la complejidad del proceso de la rebelión pan-andina. Otro tema complicado es la relación con la religión católica; las rebeliones no se desprendieron de los imaginarios cristianos, recurrieron a éstos tanto en forma sincrética como directa. Esto se ve en la relación que tenía Tupac Katari con los curas que asistieron en el campamento militar indígena. Sin embargo, estas ambivalencias no opacan de ninguna manera la conducción de la rebelión indígena y del sitio a la ciudad de La Paz, sino que muestran el desarrollo del proceso en esta etapa, su desenvolvimiento molecular, avanzando, emancipándose de las ataduras coloniales. Todo esto forma parte de la complejidad y riqueza del levantamiento indígena del siglo XVIII. 
La rebelión pan-andina emerge desde la profundidad de las contradicciones coloniales y de la modernidad barroca, esta rebelión constituye las estructuras largas de la rebelión indígena, estructuras que van a conformar el ciclo largo de la guerra anti-colonial. Este es uno de los nacimientos de la política en sentido moderno; la guerra anti-colonial, la defensa de los derechos de las comunidades y de los derechos territoriales, la lucha contra los impuestos y las tributaciones, la lucha contra las autoridades locales, que se convierte en lucha contra la administración colonial, la constitución de sujetos de la rebelión, sujetos comunitarios y sujetos simbólicos de la reconstitución, la lucha por la libertad de pueblos, sociedades, comunidades sometidas al colonialismo, son hechos y acontecimientos que configuran el nacimiento de la política como lucha por las emancipaciones, como lucha anti-colonial y descolonizadora, como suspensión de los mecanismos de dominación colonial. En esta misma perspectiva también se da una rebelión de los esclavos en la isla La Española o de Santo Domingo. En este caso la guerra-anticolonial se articula con una lucha por la democracia y la igualdad, incorporando contenidos políticos democráticos y republicanos. Los esclavos se alzan a nombre de la revolución francesa, la declaración de los derechos del hombre, la igualdad, la fraternidad y la solidaridad, contra el régimen esclavista.       
La revolución negra
¿Qué es el colonialismo? Esta pregunta es grave, sobre todo cuando se tiene que responderla ante los abominables hechos de la esclavización, del comercio de esclavos y la trata de humanos reducidos a las condiciones de la mayor bestialidad inimaginables. La realidad supera a la imaginación.  Por otra parte hablamos de bestialidad, no de animalidad, pues los animales son otra cosa; la bestia es la invención humana más atroz. Quizás es la realización de sus más terribles pesadillas. La pregunta también es: ¿de qué es capaz el hombre? No estamos hablando de la mujer, pues ellas, la pluralidad, han sido reducidas también por la dominación masculina a distintas condiciones de subalternidad, de sumisión y de goce. ¿Cómo llegaron a inventarse un régimen tan espantoso como el comercio de esclavos y la cruel esclavización de la modernidad y de los orígenes del capitalismo? ¿Qué los empujo a cometer semejantes crímenes en tan gigantesca escala? ¿El dinero? ¿La ganancia? ¿La abismal diferencia de poder, es decir de dominio, basado en la superioridad en los mares y en la tecnología militar?
Con la conquista del quinto continente, Abya Ayala, se generaron transformaciones en la estructura y correlación de fuerzas en el mundo; Europa salió de su aislamiento por el Atlántico, convirtiéndose la península de Eurasia en el centro y el eje de los nuevos circuitos mercantiles. Abya Ayala fue desbastada de norte a sud, de este a oeste, generando el despoblamiento a consecuencia del genocidio y etnocidio sumados. Esto fue francamente problemático incluso para los regímenes coloniales pues ya no contaban con mano de obra servil en vastos espacios geográficos, tanto para el trabajo de las minas como para el trabajo de las plantaciones. El dominico Bartolomé de las Casas preocupado por la desaparición de la población indígena, y ante la descomedida y reiterativa violencia de los conquistadores, quienes no cumplían ni con las leyes coloniales, que protegían a los indígenas como vasallos del rey, leyes de indias; el dominico, quién había logrado convencer a los reyes de que los indígenas eran humanos y tenían alma, propuso para salvar a la población indígena ante los atropellos que no parecían detenerse, que se trajesen esclavos del África para realizar las duras tareas a que eran sometidos los indígenas. Comenzaron los españoles, después les siguieron los portugueses, continuaron los holandeses, franceses e ingleses. Se convirtió el tráfico de esclavos en el negocio más rentable, además de traer efectos multiplicadores con el trabajo esclavo, energía productiva no-pagada, sobre todo en las plantaciones.
El vaciamiento del África negra, el traslado de grandes contingentes de hombres, mujeres y niños, arrancados de sus aldeas, hacia el nuevo continente y sus islas del Caribe, fue producto de una gigantesca empresa descomunal, que involucraba a la marina de varios países europeos, en mutua competencia. Muchísimos murieron, primero en el transcurro del viaje por tierra; después en los calamitosos depósitos de humanos, donde los hacinaban; seguidamente,  en las estructura de los barcos, donde prácticamente los tapiaban en estrechos espacios. Esta iniquidad fue cambiada por subidas temporales a la cubierta, para elevar la moral depresiva de los esclavos. Este era el momento que algunos aprovechaban de liberarse de este infierno;  muchos esclavos transportados, para escapar de esta condena inaudita, se arrojaban al mar a la menor oportunidad. El costo de muertes fue muy alto en este comercio de esclavos, compensado, según los cálculos mercantiles de los esclavistas negreros, con la venta de los cargamentos. Este crimen de lesa humanidad, esta deuda irremediable nunca fue pagada por Europa y los otros países involucrados en el comercio de esclavos, como Estados Unidos de Norte América. Tuvieron los propios esclavos que revelarse para conquistar su libertad.
La historia de la revolución negra de Haití  es una de las más profundas y reveladoras del nacimiento de la política moderna, del alcance de las conquistas democráticas y de las conquistas de los derechos humanos, del sentido histórico que adquirieron, para no ser meras abstracciones en los discursos y en las constituciones. En cierto sentido, en términos de la concreción de la significación histórica, el significado de la emancipación alcanzó con la revolución negra mayor profundidad que la revolución francesa debido al carácter descolonizador de la revolución, a la elevada liberación que lograba la rebelión de los esclavos, al admirable gesto liberador de los humanos más destruidos y condenados de la tierra, reducidos a propiedad absoluta de los amos esclavistas, reducidos a la condición deshumanizada de meros instrumentos de trabajo, a la condición más inhumana y brutal que se puede imaginar. El grito de la revolución negra viene desde la herida más profunda, más desgarrada, desde el abismo más oscuro del ser humano. Acompañando a las conquistas más democráticas de la revolución francesa, los derechos del hombre, la igualdad, la fraternidad y la solidaridad, la abolición de la monarquía y las aristocracias, entre ellas la aristocracia de sangre, se levantaron los esclavos de la isla la Española, del lado de la posesión francesa.  Quemaron las plantaciones de caña de los colonos blancos, expulsándolos de sus propiedades, haciéndolos huir, devolviéndoles la violencia que ellos cristalizaron en sus huesos, arrinconándolos a las ciudades y a los puertos, tomando territorios y hasta poblados. Así comenzó la larga guerra civil de Haití que duraría como una docena de años.
Hay que aprender de estos conmovedores acontecimientos, que son como los dolores de parto de la modernidad, hay que penetrar hasta la raíz de la convulsión misma, de la potencia social de la revolución negra, para comprender la capacidad creativa de los explotados de la tierra, convertidos en insurrectos. La lucha por la igualdad nunca se hubiera entendido a cabalidad si no hubiera sido por estos hombres y mujeres de color que exigieron este reconocimiento de igualdad, en sentido pleno y concreto, en el sentido profundo de la conmovedora condición humana, con la abolición de la esclavitud. Tocaron lo más irracional de los prejuicios humanos de entonces, el prejuicio racial, por el color de la piel. Interpelaron incluso a los revolucionarios de París, a la Convención, a la Constituyente, al Directorio, pero sobre todo a los revolucionarios de París, los san culottes, al pueblo trabajador parisino, que empujó a la Asamblea a apoyar a los insurrectos negros, a sus demandas por la abolición y el reconocimiento a la igualdad. Esta alianza entre explotados fue clave para extender la fuerza de combate del ejército negro de Toussaint L’Overture, que venció al ejército monárquico francés, al ejército colonial inglés, al ejército español y, por último, con la continuidad de la lucha al mando de Dessalines, al ejército napoleónico invasor.
Esta historia de la revolución negra ha sido ocultada o disminuida a acontecimiento local por la llamada historia universal, historia oficial de la legitimación del orden mundial, del orden imperialista, por el intencional ocultamiento de los historiadores de la modernidad. Son pocos los historiadores que han sacado a luz las grandiosas dimensiones de esta revolución, entre ellos el conocido historiador marxista C.L.R. James, quien en su famoso libro Los jacobinos  negros[20]devela el papel crucial de la revolución negra en la configuración de un mundo post-esclavista, en el transcurso de la transformación de la re-configuración europea y posteriormente americana. ¿Cuánto se les debe a estos revolucionarios de color en la historia de las conquistas democráticas? Es indudable su gran aporte en la lucha anticolonial y descolonizadora, incluso en la arqueología de las teorías de la descolonización. Esto es importante decirlo pues hay algunas corrientes académicas y algunos intelectuales contemporáneos que se creen los portadores de las teorías de la descolonización. No solamente esta es una muestra desproporcionada de falta de humildad sino una manifestación de desprecio académico por los movimientos, procesos y discursos descolonizadores, íntimamente arraigados con estos acontecimientos transgresores de órdenes de dominación colonial, con estas insurrecciones y guerras anticoloniales. Uno de los creadores del discurso descolonizador y de las bases de la teoría descolonizadora es pues Toussaint L’Overture. En su correspondencia se encuentra expuesta con suma claridad las tesis más caras de la descolonización. Esto se debe sobre todo a la lucidez crítica contra el régimen esclavista, basada precisamente en la experiencia desgarradora y destructiva de la esclavitud. Experiencia que permite abrir a la mirada los lugares y las escenas más degradantes donde puede ser arrojado el ser humano. La convicción por la emancipación de los esclavos, no sólo de la isla, sino incluso de los que se encontraban en América, era en él una convicción por la emancipación humana. No podía separar la lucha de los esclavos de la lucha por las emancipaciones de la humanidad de las cadenas de sus dominaciones, impuestas por los amos, patrones y burgueses. No era pues el proletariado obrero la última de las clases, los que nada tenían que perder, sino estos proletarios esclavos, convertidos en propiedad, susceptible de destrucción,  reducidos a la condición de meros instrumentos de trabajo, despreciados y maltratados, como no se lo hace con las máquinas; oprimidos bestializados por la violencia colonial y esclavista. Eran los esclavos los que debían liberar al mundo de las dominaciones que se asientan sobre la matriz colonial. No podía haber paz mientras no se reconociese la plena libertad y por lo tanto la igualdad entre los humanos, cobre todo el reconocimiento de esta condición a los humanos reducidos a esclavos. No puede haber una sociedad libre basada en el régimen esclavista, base del sistema colonial. Como republicano fincó sus esperanzas en la república francesa; empero cuando el proceso revolucionario derivó en una curva regresiva, cuando los jacobinos llegaron a su límite con el laberinto del terror, sin atreverse a seguir a los comunistas, a los san culottes, por lo tanto quedando solos, aislados de las masas revolucionarias, comenzó la etapa reaccionaria del proceso. Esta etapa fue conducida por la nueva burguesía, que apartó a las masas de toda influencia en el Congreso, llevando al proceso al termidor y después al régimen bonapartista. Toussaint vio el peligro de una intervención napoleónica y el retorno a la esclavitud de sus compatriotas liberados, seres humanos ya en armas y trabajadores libres. Esta situación lo obligó a tomar toda la isla, la parte española de Santo Domingo, para evitar o contener el desembarco de las tropas napoleónicas.
Esta sensibilidad ante las variaciones de las coyunturas de un proceso dramático lo llevó a entender que la garantía de la abolición de la esclavitud no se logra sólo con la ley abolicionista, el reconocimiento de libertad para los esclavos, por parte de la república francesa, sino que era necesario garantizar la abolición en el tiempo. Esto significaba la independencia y la construcción de una república negra. A esta conclusión no llegó Toussaint L’Ouverture, pues se mantuvo fiel hasta el final a la república francesa; fue su comandando Dessalines quién comprendió más radicalmente la situación y supo sacar las consecuencias de las enseñanzas de la guerra anticolonial que llevaron a cabo.
Historia y emancipación
C.R.L. James condensa la historia de la revolución de los esclavos de Haití en las primeras páginas de su libro de la siguiente manera:
En 1879, la colonia de Santo Domingo de las indias occidentales francesas representaba las dos terceras partes del comercio de Francia con el exterior y era la isla comercial más importante para el tráfico de esclavos europeo. Era parte integrante de la vida económica de la época: la mejor colonia del mundo, el orgullo de Francia y la envidia de todas las demás naciones imperialistas. Toda su estructura reposaba sobre el trabajo de medio millón de esclavos[21].
En agosto de 1971, a dos años de la revolución francesa, los esclavos se revelaron. El combate duró 12 años, hasta la declaración de Independencia. El ejército de esclavos derrotó paulatinamente, primero a los blancos colonos de la isla y propietarios de plantaciones, después al ejército monárquico francés, resistieron a la invasión española, a la armada británica que lanzó sobre la isla, en plena crisis, una expedición de 60 000 hombres; por último vencieron a la expedición napoleónica de tamaño similar a la británica, comandada por el cuñado de Napoleón Bonaparte. La derrota del ejército de Bonaparte desembocó en 1803 en la creación del Estado negro de Haití. Se trata de la única revuelta de esclavos en la historia que salió con éxito. Los problemas que tuvo que enfrentar la revolución muestran patentemente los grandes intereses que estaban en juego. Lo que llama la atención es la potencia de transformación de la energía emancipatoria liberada; de esclavos temerosos ante la sólo presencia de un hombre blanco, se convirtieron en una fuerza revolucionaria capaz de derrotar a las potencias europeas dominantes de entonces[22].
La expedición de Cristóbal Colón fue la primera que desembarcó en estas islas paradisiacas del Caribe, primero en la isla de San Salvador, después en la Isla que será bautizada como la Española, donde se encuentra Haití. Los españoles preguntaron dónde había oro y los nativos le señalaron la gran isla donde se encontraba el precioso metal, isla donde ahora se encuentran Haití y  Santo Domingo, bautizada en el desembarco de los conquistadores  como la Hispaniola. Se trata de una de las islas grandes del Caribe, en comparación se puede decir que es de un tamaño equivalente a la isla de Irlanda[23]
Refiriéndose a este momento el autor de los Jacobinos negrosescribe:
Los españoles, los europeos más adelantados de la época, se anexionaron la isla, la llamaron la Hispaniola, y asumieron la protección de los atrasados nativos. Introdujeron el cristianismo, el trabajo forzado en las minas, el crimen, la violación, los perros asesinos, las enfermedades desconocidas y la hambruna planificada (mediante la destrucción de los cultivos para que los rebeldes murieran de hambre). Estos y otros requisitos de la civilización superior redujeron la población nativa de entre medio a un millón de habitantes a 60 000 en 15 años[24].
Bartolomé de las Casas, un sacerdote dominico, contando con la experiencia dramática de la población nativa en la colonia, viajo a España para defender la abolición de la esclavitud de los nativos. La pregunta que les hizo a los monarcas es: ¿cómo iba a perdurar la colonia sin los nativos? Todo lo que recibían como paga los nativos era la cristianización y se encontraban obligados a trabajar en las minas. Los monarcas accedieron al pedido. La corona abolió los repartimientos, el trabajo forzado; empero esto quedó en los papeles, pues los encargados de los trabajos y la economía siguieron practicando el trabajo forzado, a pesar de las disposiciones de la corona. Bartolomé de las Casas abrumado por la contundente realidad, donde veía la desaparición de la población nativa, sugirió la idea de importar robustos esclavos del continente africano. En 1517 Carlos V autorizó la exportación de 15 000 esclavos a la isla de Santo Domingo. De esta manera el sacerdote y el rey trajeron a esta parte del mundo el comercio de esclavos[25].
Llegaron a las islas del Caribe toda clase de forasteros y aventureros, venían a la Española desde las islas cercanas; eran cazadores, cultivadores de café y algunos ganaderos. Los españoles decidieron dar guerra sin cuartel a estos advenedizos, optaron por matar a las cabezas de ganado. Ingleses, francés y españoles se entrabaron en una lucha despiadada que desgarró a la isla, hasta que en 1695 el Tratado de Ryswick, suscrito entre España y Francia, otorgó a Francia la posesión legal de la parte occidental de la isla. Una vez que se asentaron los colonos se necesitó cada vez más cuerpos y brazos para descargar su energía en los duros trabajos requeridos; se decidió traer contingentes de esclavos del África. Vinieron por centenares de miles a poblar la isla, transformando su composición demográfica[26].
Un cuadro devastador de este comercio de esclavos dibuja C.L.R. James:
Los traficantes de esclavos saquearon las costas del golfo de Guinea. Devastaban una zona y a continuación proseguían su marcha hacia occidente, y a continuación hacia el sur, década tras década, desde el Niger hasta las riberas del Congo, desde Loango y Ángola hasta el cabo de Buena Esperanza, y en 1789 habían llegado incluso a Mozambique, en la costa oriental del África[27].
Los traficantes de esclavos se abalanzaron sobre aldeas campesinas, que tenían una mejor organización que los pueblos de campesinos europeos para la agricultura. Destrozaron estos sistemas de cultivos, empujando a poblaciones a la hambruna y a la degradación. Los humanos eran cazados en el interior, atados los unos a los otros en columnas, cargados con pesadas piedras para evitar tentativas de fuga, obligados después a emprender el largo camino hasta el mar, incluso de cientos de kilómetros en muchos casos. La parte despiadada la cargaban los enfermos y los débiles, se desplomaban para morir en la selva. Una vez sufrido estos dramáticos percances, eran transportados hasta la costa en canoa, tendidos en el fondo de las embarcaciones durante días que parecían imperecederos, con las manos atadas, los rostros expuestos al sol y a la lluvia tropical, las espaldas sobre el agua acumulada en la concavidad de las canoas. Cuando por fin se llegaba a los puertos de embarque, se los encerraba en “empalizadas” para ser inspeccionados por tratantes de esclavos. De este modo millares de seres humanos se aglomeraban en estos “antros de putrefactos”, en los que se dice que ningún europeo podía mantenerse de pie por más de un cuarto de hora sin desmayarse. Los africanos también se desmayaban, pero se recuperaban o morían. El número de bajas en las “empalizadas” llego a rondar por el 20%[28].
Cuando se emprendía el viaje por mar, en los barcos, se comprimía literalmente a los esclavos en galerías escalonadas. A cada esclavo de le asignaba un espacio reducido apenas de un metro y medio de largo por un metro de alto. Se puede comprender que las revueltas en los puertos y a bordo de los navíos eran incesantes. Por eso se tomaron medidas; se encadenaba a los esclavos, la mano derecha a la pierna derecha, la mano izquierda a la pierna izquierda, enganchándolos en fila a largas vigas de hierro. Puede uno imaginarse el infierno vivido en esas embarcaciones, donde los esclavos prácticamente tapiados, apenas podían moverse. Se los sacaba para limpiar los cubículos y volverlos a meter[29]. Cuando se llegaba a destino del mercado de esclavos, eran subidos a cubierta donde eran minuciosamente examinados, antes de ser comprados.
Podemos decir que el infierno volvía a comenzar en el nuevo mundo donde fueron vendidos los esclavos. Ahora comenzaba la faena del trabajo forzado, plagado de múltiples violencias. El trabajo en las plantaciones era extenuante,  la noche era relativamente un sosiego, empero cuando amanecía maldecía el comienzo del día que los condenaba al tormento rutinario del trabajo esclavo. Eran castigados por cualquier falta con azotes de látigo que restañaban en sus espaldas, que no solamente los dejaba mal trechos sino a veces los mataba. El Código Negro de Luis XIV trató de corregir este martirio, disminuyendo los castigos, los azotes, y determinando horas de comida y descanso. Empero fue un saludo a la bandera, pues los que deberían llevarlo a cabo no cumplían, siguieron con sus prácticas de violencia descarnada. Sin embargo, a pesar de esta destrucción sistemática de toda humanidad, los esclavos recurrieron para escapar de esta condena a la danza y a los cantos. No se pudo aplacar el sueño de emancipación, este sueño reapareció en el culto del vudú, cuando bailaban y cantaban su letra favorita:
Eh! Eh! Bomba! Heu! Heu!
Canga, bafio té!
Canga, mouné de lé!
Canga, do ki la!
Canga, li!
Canción que quiere decir en la traducción: Juramos destruir a los blancos y todas sus posesiones; mejor morir, que faltar a este juramento.
Estratificación social en la colonia esclavista
En las colonias es importante tener en cuenta la estratificación racial, pero también la estratificación social, estratificaciones que conformaban estas sociedades de profundos contrastes, construidas al calor de violencias desmedidas y avances intensos del capitalismo y sus mercados. En el caso de Haití, el contraste mayor se daba entre blancos europeos y esclavos africanos; empero, en ambos conjuntos el cuadro no era homogéneo. Estaban los colonos propietarios de plantaciones, empero, como encima de ellos se encontraban los funcionarios y los militares de la monarquía; no todos del mismo rango. Entre los colonos había grandes, mediano y pequeños propietarios. Debajo de los colonos blancos, había otros blancos que no eran propietarios y vivían en las ciudades; algunos de ellos funcionarios de bajos puestos, comerciantes, artesanos, incluso marginales. Entre blancos y esclavos africanos, había quienes no eran ni blancos ni negros, estos son las diversas tonalidades de los mestizos. Algunos llegaron a ser propietarios de plantaciones y ricos comerciantes, incluso se formaron profesionalmente en París; había abogados. Empero la masa de mestizos se encontraba también en las ciudades cumpliendo labores en los intersticios del mercado, incluso llegaban a puestos de funcionarios o de empresas comerciales. El mestizo adquiría un código racial mas o menos positivo en la medida que se acercaba su tonalidad de piel al blanco, en tanto que adquiría un código racial negativo en la medida que su tonalidad de piel se acercaba al negro. Se llegó al colmo de hacer una clasificación detallada de estas diversas tonalidades. En el conjunto de los negros, tampoco había homogeneidad; aunque la masa se encontraba en los esclavos africanos trabajadores de las plantaciones y del campo, había esclavos privilegiados, si se puede hablar así, que tenían tareas domésticas en casa de los patrones. Con el tiempo también aparecieron los esclavos libertos, así como los que escaparon al monte en busca de su libertad, los cimarrones. Algunos de los esclavos con ciertos privilegios y tiempo se llegaron a formar, aprovechando el aprendizaje de la lectura y de la escritura. Uno de ellos fue Toussaint L’Ouverture.
Hay que interpretar el desafío de la composición social de las sociedades coloniales. Estamos hablando de islas donde prácticamente han desaparecido las poblaciones nativas; entonces sobre los cementerios indígenas se estructuraron estas sociedades. Bartolomé de las Casas no pudo salvarlos en estos lugares tropicales, fueron sustituidos por las poblaciones africanas y los afro-descendientes. En estas sociedades coloniales lo que nunca hay que perder de vista es que es la energía expropiada de los cuerpos de los esclavos la que dado lugar a la dinámica económica, social, política y cultural de las estructuras e instituciones coloniales. El dominio colonial se inscribe en estos cuerpos y los engancha o todo el circuito económico y comercial del Atlántico, a todo el proceso de acumulación de capital, por lo tanto a la formación de las burguesías europeas comerciales, mercantes y marítimas, también a la burguesía financiera.
Los colonos eran la clase dominante en Haití, empero no eran la clase dominante en Francia. La clase dominante en Francia era la burguesía configurada en todos sus estratos. Desde la comercial hasta la industrial, pasando por la marítima y comenzando a traspasar los propios límites de la burguesía industrial, la formación de la burguesía financiera, en el marco de las nuevas finanzas del sistema capitalista. Son las burguesías marítima y la comercial las que van a incidir en el curso de los acontecimientos de la guerra anticolonial de Haití; sus decisiones, en una etapa avanzada de la guerra y en una etapa regresiva de la revolución francesa, van a provocar la caída de Toussaint L’Ouverture y el curso a la independencia de Haití, conducido por Dessalines, que se va a entronar como rey de la nación independiente. Los colonos blancos fueron la causa inmediata del levantamiento de los esclavos, la explotación desmedida de estos colonos sobre sus propiedades humanas es la causa de esta acumulación de odio y deseo de venganza, base pasional de la acumulación de fuerzas en tal intensidad que van a estallar convertidas en una rebelión imparable.
¿Cómo explicar esta estructura racial y social colonial? Los colonos no son bien vistos en Francia, ni en la Francia monárquica, ni en la Francia republicana, aunque van a ser los que amparen y sostengan a la decrépita nobleza francesa, en sus últimos días. Son como los nuevos ricos, que, cuando contaban con suficiente dinero, se iban a París o al interior, vivían de sus rentas, dejando administradores de sus plantaciones en la isla. Otros, que no gozaban de este atesoramiento, se quedaban administrando directamente sus plantaciones, optando por viajar de vez en cuando, también mandando a sus hijos a estudiar en París. Empero, la presencia de estos colonos dependía de la ocupación militar y de la burocracia gobernante, quienes estaban directamente vinculados con las estructuras de poder de la monarquía, después de la república. Los funcionarios y militares de alto rango se sentían estar por encima de los colonos, aunque dependieran de sus sueldos. Es posible, que algunos de ellos hayan cruzado la línea y se hayan convertido también en propietarios de plantaciones y de esclavos. Sin embargo, administraban, en todo caso un régimen esclavista.
Como dice C.R.L. James, las dos terceras partes del comercio francés dependían de la isla. Podemos entonces decir que se trata de una economía capitalista asentada en la explotación de los esclavos. La economía capitalista tiene en sus cimientos las cavernas de la esclavización. Se sostiene en este despojamiento. Esta es la razón de la manera desesperada con la que se aferraron a la colonia y se embarcaron en una guerra de desgastante. Lo que ocurre con Francia monárquica, también ocurre con Gran Bretaña y Holanda, aunque con sus diferencias y contextos propios. También ocurría con España y Portugal, sólo que en este caso, hablamos de estados territoriales coloniales, empero con menor desarrollo capitalista, quizás estancados en un capitalismo comercial con incipiente desarrollo industrial, por lo tanto no pudiendo ser suelos del centro de la acumulación ampliada de capital.
Lo que interesa en estas anotaciones es observar que no se puede comprender a estas sociedades coloniales y sus estratificaciones independientemente de lo que ocurre en el mundo de los circuitos donde están integradas. Se trata de flujos y circuitos, flujos de muerte, cuando se trata de la desaparición de las poblaciones nativas; flujos del tráfico humano, cuando se trata del transporte y asentamiento de contingentes de esclavos en las plantaciones y en las minas; flujos de colonizadores, cuando se trata de la llegada de los blancos a las islas. También se trata de circuitos, circuitos dinerarios y de mercancías; circuitos de navegación, que articulan las islas al continente dominador; circuitos militares, cuando se trata de las expediciones punitivas. En el curso de la guerra anticolonial, se va a tratar también de alianzas; alianzas entre esclavos y cimarrones, al principio; alianzas de esclavos con negros libertos, alianzas de esclavos con mestizos; aunque también, en ciertos momentos de la guerra, alianza de esclavos con republicanos blancos, que eran en gran parte habitantes urbanos. En el caso de los delegados enviados por la república, en su momento de mayor radicalidad, incluso alianzas entre el ejército negro y altos funcionarios y oficiales del ejército francés, sobre todo en la lucha contra los británicos.
¿Cómo se forman las clases sociales? ¿Cómo se forman las estratificaciones? ¿Cómo se forma la estratificación y la estructura social racial? Estos fenómenos no pueden explicarse a partir de la tesis del determinismo económico; no es el modo de producción el que explica la formación de clases sociales, sobre todo tratándose del modo de producción capitalista. El modo de producción puede consolidar y petrificar a las clases sociales, pero no las inventa. Este es un fenómeno que tiene que comprenderse a partir de sus actos constitutivos. Ya lo decía Thomson cuando ventilaba su interpretación de que la lucha de clases es la que crea a las clases sociales. Es pues una acción violenta y de dominación la que funda a la clase dominante y a la clase dominada. Es la conquista de las islas del Caribe, el genocidio y el etnocidio sobre las poblaciones nativas, el despojamiento de sus tierras y recursos, el tráfico de esclavos, el asentamiento de propietarios de plantaciones, acompañados de las instituciones administrativas, como acontecimientos de irrupción, los que se colocan como condicionantes históricas y políticas en la constitución de las clases, de las razas, en la formación de las estructura sociales coloniales.
La colonización no solamente debe verse como la expansión del capitalismo, como procedimiento violento de conquista y despojamiento, no solo debe entenderse como forma de dominación basada en la inscripción y marca de los cuerpos, codificados en la diferencia jerarquizada del color de piel, legitimando el mismo acto de conquista y dominio, sino también debe comprenderse como acontecimiento avasallante de formación de sociedades nuevas, asentadas en suelos conquistados. Sociedades que pueden caracterizarse de barrocas por el tipo de composiciones sociales estratificadas que conforma, por las mezclas que ocasiona, por la yuxtaposición de flujos, de circuitos, de alianzas, incluso de instituciones complejas. A la luz de la experiencia de las islas del Caribe, podemos ver que se trata de una sociedad totalmente nueva, debido a la desaparición de los pueblos nativos; una sociedad compuesta por esclavos, en la base, por colonos, en la cúspide, pasando por libertos, cimarrones, mestizos, estratificaciones de blancos. No se ve aquí yuxtaposición de temporalidades, como en el caso de las colonias en Mesoamérica y en los Andes. Se trata de una colonización en sentido pleno de la palabra; adaptación al paisaje y adecuación del medio a los requerimientos del mercado capitalista. Transformación del medio y también transformación de las mismas poblaciones migrantes, de las mismas clases.
Con la colonización observamos un fenómeno peculiar. Se forman sociedades nuevas, que no son pre-capitalistas, como se las ha calificado en cierta literatura marxista, sino todo lo contrario, son la plena consecuencia de la expansión capitalista; se forma sociedades nuevas, limítrofes, de avanzada, con estas combinaciones y composiciones arrojadas por los requerimientos del mercado. Son sociedades como un espejo del futuro en los horizontes del mismo capitalismo. Esto es lo que arma el capitalismo; arrasa la tierra conquistada e instala sus artefactos, sus flujos, sus migraciones, sus circuitos. Instala su propia historia desentendiéndose de las historias pasadas, de sus herencias, de las que no puede escapar en Europa y en las regiones donde perduran las sociedades antiguas. El modo de producción capitalista no hay que verlo en los talleres de las fábricas, como se ha acostumbrado a hacerlo, sino en estas colonias, donde se ofrece de manera descarnada. La misma proliferación de las fabricas y talleres, su mismo desarrollo, la revolución industrial, no podrían explicarse sin esta expansión violenta de la colonización.
El capitalismo es eso, despojamiento, no solo explotación, migración y flujos, asentamientos coloniales, utilización extrema de los cuerpos en la forma de trabajo esclava, implantación de una maquinaria social adecuada plenamente al mercado, a los requerimientos del mercado y del capital. Marx se equivocó en este tema al focalizar su análisis en Europa y creer que el origen del capitalismo se generó en la península de Eurasia. No, el capitalismo sólo es explicable como sistema-mundo. La extrema forma del capitalismo es el colonialismo y la colonización modernos. En las experiencias coloniales se alojan los secretos del capitalismo, sus orígenes y su fin.
A estas alturas hay que hacer una anotación. La experiencia mundial de la expansión del capitalismo y la modernidad a través de los procedimientos de la colonización, la experiencia desbocada del capitalismo en su plenitud, destilando sus distintas formas, abriéndose camino con las armadas, las conquistas, los despojamientos, las migraciones, los tráficos de esclavos, los circuitos mercantiles, las transferencias de recursos naturales, nos muestra que de lo que se trata en el fondo no es de apropiación de tiempo no pagado a los obreros empleados. Esta medida no hace otra cosa que ratificar la mirada aritmética de la economía política clásica. El tiempo es una medida; esta medida oculta lo que está ocurriendo realmente. Aunque clasifiquemos el tiempo a partir de la diferencia en tiempo excedente y tiempo necesario, no se resuelve el problema. No es de tiempo de lo que se apropia la máquina capitalista, sino de energía, de energía humana y de energía en todas sus formas encontradas en la naturaleza.  La esclavización, el comercio de esclavos, la incorporación del trabajo esclavo, muestra patentemente a cuerpos humanos reducidos a meros portadores de energía, la misma que se transfiere a través del trabajo. Humanos sin derechos, convertidos en propiedad de los patrones, se articulan como recursos energéticos, recursos vivos, en este caso, a los flujos y circuitos del capitalismo. Lo mismo ocurre con los obreros; aunque obtengan un salario, son convertidos, mientras se emplean sus cuerpos en el taller de la fábrica, en meros portadores de energía, la que es apropiada, privatizada, usada en el proceso de producción.
La metafísica de la economía política, de la contabilidad económica, ha borrado esta evidencia indudable al obviar este acontecimiento material, reduciendo el acontecimiento a una contabilidad del tiempo, a una medida. Marx cayó también en esta metafísica. Por eso su crítica de la economía política no pudo romper los propios marcos de la legitimación de la producción basada en la explotación del proletariado, también, como hemos vistos, la violenta explotación desmesurada de los esclavos. Cuando basamos la crítica al sistema mundo-mundo capitalista, al modo de producción capitalista, inherente al sistema-mundo, quizás su núcleo orgánico, en la apropiación de la energía humana y de la naturaleza podemos destrozar los límites del marco de legitimación de la explotación capitalista. Recién la crítica adquiere su plenitud materialista, en cuanto lectura de la potencia inherente a los cuerpos humanos y a los seres naturales.
El capitalismo se apropia de la vida y de la energía. Privatiza los ciclos vitales y se apropia de la energía, de los flujos energéticos, de las distintas formas de energía, las introduce a sus múltiples procesos de producción y transformación de la materia. Se apropia de la potencia humana en el trabajo, de las capacidades que expresan esa potencia. Transfiere la potencia humana al ciclo de producción, esta potencia forma parte inherente de este proceso; las transformaciones producidas en el proceso, las realizaciones de estas transformaciones y cristalizadas en productos, son apropiadas, se privatizan, son propiedad de empresarios y de empresas. Pero esto no detiene la circulación y los flujos, la energía circula en todas las formas. La energía circula y la materia se transforma. Si dejara de circular energía el capitalismo caería de por sí como un castillo de naipes.
La energía es la clave en el proceso de producción, empero no se concibe este hecho, menos se lo contabiliza, a no ser reducido a medidas de volúmenes o de fuerzas. También, como hemos visto, la economía política clásica, reduce la contabilidad a otra medida, la del tiempo. La economía monetarista es más pragmática, asume la medida del dinero, como equivalente general. La medida suprema del capitalismo. El tiempo ya es una medida, se mide el tiempo aritméticamente, y se valora el tiempo en dinero. Toda esta contabilidad está sostenida en la metafísica de la economía política. Esta es la manera de borrar la dinámica material de la energía y de la vida. Pues si se pusiera al descubierto, se pondría en evidencia los costos materiales del capitalismo. Este sistema de producción no puede desarrollarse sin destruir la vida, la naturaleza, para apropiarse de la energía que contienen.
La energía circula en la tierra en forma de ciclos, se reproduce. Cuando se trata de lo que se identifica en la jerga de recursos no renovables, cuando se habla de yacimientos, nos referimos a largos procesos de formación, de consolidación, de sedimentación, de formación de bolsones y vetas, de distribución geológica. En todas sus formas hablamos de energía. La energía que contiene y desprende el ser humano tiene su propia modalidad, sobre todo por las características de este ser colectivo y social. No sólo se trata de desgaste psíquico y físico, de acuerdo a la caracterización del trabajo de la economía política, hablamos de saberes, conocimientos, destrezas, habilidades, culturas, hablamos del intelecto general, también de formas de asociación y acumulación de energía. El problema es que cuando esta energía es desviada de sus ciclos vitales, de la reproducción de la vida, se está afectando a los mismos, ocasionando entropía, pérdida irremediable de energía, destrucción de sus ciclos. El capitalismo crea entropía, desperdicia energía con el objeto de acumular una ilusión, la medida de una medida, el dinero. Claro que se produce transformaciones materiales, como las de la revolución industrial y la revolución cibernética, empero estas transformaciones son como dispositivos tecnológicos para seguir efectuando los mismo, la apropiación de energía con fines privados, sacándola de sus ciclos vitales, produciendo entropía y ocasionando desequilibrios que son como las condiciones de posibilidad de la muerte, la desaparición de la vida y de la energía.
Visto desde este punto de vista, el capitalismo es no sólo un modo de producción sino también una maquinaria contable, una maquinaria contable que hace desaparecer la misma materialidad de la producción, la convierte en un presupuesto de lo único que interesa, la contabilidad de la acumulación dineraria. ¿Cómo ha podido caer el ser humano en tan extraña sociedad de la contabilidad dineraria? Todo se convierte en un presupuesto de esta metafísica aritmética, incluso las propias satisfacciones de necesidades, el bienestar; todo está destinado a valorizar el dinero. Hay dos caminos complementarios que se pueden tomar en este momento; el de la crítica a la metafísica de la economía política; también el de la crítica materialista al des-potenciamiento de la vida y de los ciclos vitales, a partir de la destrucción de la energía y sus condiciones de reproducción que ocasiona el capitalismo.  Optamos, en principio por lo segundo. Esta critica la retomaremos más tarde, pues debemos volver a nuestro asunto.
Estos problemas son muy pertinentes para entender lo que pasó en Haití. Primero entender que estamos ante una sociedad nueva, armada a partir de flujos migratorios, por lo tanto estamos ante una composición barroca,  que responde a las transformaciones globales del capitalismo, a sus productos sociales más liminares y también a sus desechos. Este tema estuvo en la cabeza de Toussaint L’Ouverture, sobre todo cuando vencieron a la armada británica, cuando enfrentaban la preparación de la expedición napoleónica. Había preguntas que lo atormentaban, una de estas era: ¿Es posible mantener las alianzas conformadas durante la guerra? Con mulatos, con mestizos, con negros libertos, con blancos, a los que se respetó su propiedad en las plantaciones; hablamos de los que volvieron y se mantuvieron bajo el gobierno afro. Hasta el final se mantuvo firme intentando mantener las alianzas, escribiendo a Napoleón Bonaparte en este sentido, explicándole que era la única manera de que la isla se mantenga vinculada a la república. Napoleón no entendió nada, ya se encontraba embarcado en una etapa regresiva de la revolución, optó por la estrategia de la burguesía mercante, sentar la mano a los esclavos alzados, volverlos a someter a la esclavización, después de una guerra de exterminio. ¿Tenía razón Toussaint? La otra pregunta, entre tantas, era: ¿Ha llegado el momento de romper las alianzas y conformar un Estado negro? ¿Romper con los mestizos y los blancos; contraponer a la guerra de exterminio del imperialismo con otra guerra de exterminio de los blancos? Es Dessalines quien tomó esta determinación; en cambio Toussaint fue apresado y deportado, encarcelado hasta su muerte.
El otro tema, el de la lectura del capitalismo desde el des-potenciamiento de los cuerpos, desde la destrucción de la energía y de los ciclos vitales, también es importante. Sobre todo para encarar la experiencia global del capitalismo, su expansión mundial, la formación del sistema-mundo, basados en la materialidad de la destrucción de la vida y de la energía.
Las sociedades coloniales nos muestran temprano la violencia desmesurada de esta destrucción, en los lugares donde se plasma el capitalismo en su forma descarnada. La tesis es la siguiente: El colonialismo no solamente es la avanzada del capitalismo, también la matriz en la que el capitalismo encuentra la fuerza de su expansión, sino también es el futuro del capitalismo. El capitalismo lleva a esto, a la explotación por despojamiento; esto lo ha hecho en la inmensa llamada periferia del sistema-mundo, que en realidad es su tierra nueva, su tierra prometida, su verdadero territorio. También lo está haciendo ahora en los espacios del llamado centro del sistema-mundo, que en realidad no es otra cosa que centro de acumulación. Descarga su furia financiera en las sociedades europeas y norteamericanas, castigando a las llamadas clases medias, además de los trabajadores. El capitalismo no puede subsistir sin crecer y para crecer tiene que destruir, incluso en los lugares donde afinca su acumulación y atesoramiento. El futuro del capitalismo es la recolonización global del planeta.
La revolución de los esclavos
Del libro de referencia, Los jacobinos negros, la parte más intensa corresponde al relato de los acontecimientos de la larga guerra anticolonial de los esclavos. C.R.L. James comienza así este relato:
Los esclavos trabajan en la agricultura y su objetivo, como el de los campesinos revolucionarios en todas las latitudes, era el exterminio de sus opresores. Pero sus condiciones de vida y de trabajo, hacinados por centenares en las inmensas factorías que se extendían por la Llanura del Norte, los aproximaba al proletariado moderno más que a cualquier grupo de trabajadores de la época, y el levantamiento fue, por tanto, un movimiento de masas metódicamente preparado y orquestado. Sabían por amarga experiencia que las tentativas aisladas estaban condenadas al fracaso, y en los primeros meses de 1791 se preparaban para la revolución en Le Cap y sus alrededores. El vudú era la herramienta de la conspiración[30].
Boukman, un papaloi o alto sacerdote, era el líder de la insurrección. Boukman era capataz de una plantación, por sus contactos tanto con blancos como mulatos; se encontraba informado sobre la situación política de la isla. La atmósfera era como de espera de un levantamiento; por eso, a fines de junio de 1791, los blancos de Le Cap y alrededores se encontraban preparados y a la expectativa. El plan subversivo había sido forjado con antelación y convocando a una gran mayoría de los esclavos; el plan contemplaba exterminar de los blancos y apoderados de la colonia[31].
El relato del estallido del levantamiento que hace C.R.L. James es elocuente:
En la noche del 22 de agosto estalló una tormenta tropical, acompañada de relámpagos, ráfagas de viento y densos chaparrones. Valiéndose de antorchas para alumbrar su camino, los líderes de la revolución accedieron a un claro de los densos bosques de Mourne rouge, una montaña que rodeaba Le Cap. Boukman impartió allí las últimas instrucciones y, tras el conjuro del vudú, tras sorber sangre de cerdo sacrificado, sugestionó a sus seguidores por medio de una plegaria en criollo que, como de tanto de cuanto se dice en ocasiones semejantes, ha llegado hasta nosotros. “El dios que creó el sol que nos alumbra, que riza las olas y gobierna las tormentas, aunque oculto tras las nubes, nos contempla. Ve todos los actos de los blancos. El dios de los blancos incita al crimen, pero el dios de los negros inspira la bondad. Nuestro buen dios nos ordena vengar nuestras ofensas. El dirigirá nuestras armas y nos ayudará. Derribemos el símbolo del dios blanco que tan a menudo nos ha obligado a llorar, escuchemos la voz de la libertad, que habla en el corazón de todos nosotros”. 
El símbolo del dios de los blancos era la cruz que todos ellos, católicos, llevaban alrededor del cuello[32].
Las tropas que defendían las inmediaciones de las plantaciones cercanas se retiraron a Le Cap para defender más bien la ciudad, donde la gente andaba asustada y temerosa. Muchos propietarios huyeron hacia la ciudad dejando a la suerte a las plantaciones. Una vez que se vio que la revuelta prosperaba, Toussaint, que tenía contactos con los líderes, decidió unirse, aconsejo a su propietaria, Bayou de Libertas, que se retirara a Le Cap para protegerse y refugiarse, mandó a su propia familia a un lugar seguro, y se integró a la rebelión. Hasta ese momento se había quedado a cuidar la plantación y a madame De Libertas. Desde ese instante la vida de Toussaint cambiará radicalmente, convirtiéndose en el estratega indiscutible de la guerra anticolonial. C.R.L. James dibuja el semblante de Toussaint de una manera virtuosa:
La persona que tan metódicamente había decidido unirse a la revolución era un hombre de 45 años, edad avanzada para aquellos tiempos, el pelo ya gris, al que todos conocían como Old Toussaint, el viejo Toussaint. Sobre el caos de Santo Domingo de aquel momento y de años posteriores sentaría las bases de un Estado negro que perdurará hasta hoy en día. Desde el momento que se unió a la revolución se convirtió en líder, y progresó, sin encontrar gran rivalidad, hasta desempeñar un papel protagonista[33].
La guerra se desató, las masacres de un lado y otro se sumaban; eran más despiadados los blancos, que incluso asesinaban a los esclavos de las plantaciones que se acercaron asustados, después de encontrarse ante las plantaciones devastadas. El líder de entonces, Boukman cayó peleando valerosamente; como trofeo la asamblea exhibió en Le Cap su cabeza decapitada. Los blancos en guerra incluso la emprendieron contra los mulatos, a quienes asesinaban en las ciudades. Los mulatos, que no habían visto con buenos ojos la revuelta de los esclavos, terminaron revelándose en el oeste. Se concentraron en Croix-des-Bouquets, un distrito ubicado a cinco kilómetros de la capital. Rápidamente formaron un núcleo organizativo de dirigentes, de los cuales el más sobresaliente era Rigaud, hijo de un hombre blanco y una mujer negra. Educado en Burdeos, aprendió el oficio de orfebre, además de contar con instrucción militar. Sirvió como voluntario en el ejército francés combatiendo en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos. Llegó a ser oficial interino y prestó servicios en Guadalupe[34].
La guerra anticolonial, su largo proceso, muestra distintas fases, así como sus inherentes complejidades. El levantamiento mulato no se sumó de manera inmediata a la rebelión de los esclavos; al contrario, en principio se aliaron a los monárquicos contra los republicanos, además de defenderse también de la insurrección negra. Las contradicciones entre esclavos y mestizos, comprendiendo a los mulatos, eran evidentes. Fue un lento proceso de maduración hasta reconocer al enemigo principal, por así decirlo. En una etapa avanzada de la guerra, sobre todo cuando la lucha estaba bajo la dirección de Toussaint, se articuló la alianza entre esclavos, negros libertos, mestizos y mulatos, además de blancos republicanos. El movimiento de las alianzas a lo largo del proceso muestra el carácter de la fase de la guerra anticolonial, la intensidad de la lucha, además del avance del mismo proceso. Toussaint era muy consciente de este devenir y fue cuidadoso en el manejo de las alianzas. Cuando la república declaró la abolición de la esclavitud, en una coyuntura de radicalización de la propia revolución francesa, empujada por los san culottes, por la multitud plebeya de París, que reconoció en los propietarios de plantaciones a los mismos aristócratas, enemigos de la revolución, a los aristócratas de sangre, los mestizos y mulatos se dieron cuenta que su alianza con los monárquicos no era otra cosa que extender la discriminación racial, a pesar de los acuerdo desesperados a que llegaron los blancos monárquicos con ellos, a un principio. El ejército mestizo jugó un papel preponderante en la lucha y expulsión de los británicos de la isla.
El itinerario de las alianzas es como el de una curva que comprende la acumulación de fuerzas, en los momentos más intensos de la lucha y la disociación de fuerzas, en los momentos dónde se ponía en mesa los intereses particulares. Sólo al final de la guerra anticolonial, cuando Toussaint va a ser apresado y exilado, cuando Dessalines se convierte en el conductor de esta etapa de la guerra anti-colonial, cuando se lucha contra la expedición napoleónica, se toma la decisión de la exterminación de los blancos y su expulsión definitiva de Haití. Esta experiencia tan intensa nos muestra la complejidad del proceso y los recorridos laberínticos de la política. Los cambios se producen tanto en Haití como en Francia, también en el continente europeo. La derrota de los jacobinos, por lo menos de los radicales, así como el aislamiento de las masas por la política regresiva de la nueva burguesía, va incidir en el destino del decurso de la guerra anticolonial y en la suerte de la propia nación de Haití.
Las preguntas al respecto son: ¿Tenía razón Toussaint al insistir en las alianzas o Dessalines que opta por un Estado negro en alianza con los afro-descendientes? ¿Depende sólo de su intuición o de las coyunturas y contextos internacionales? Para entender lo que ha ocurrido debemos introducir el factor de la geopolítica británica, que quería perjudicar a Francia quitando de su dominio y control a la isla de Santo Domingo. Una vez derrotados los británicos por el ejército de esclavos y mulatos, van a proponer primero a Toussaint el apoyo si se independizan, después a Dessalines. El primero se niega, pues no confiaba para nada en los imperialistas, sean estos británicos, franceses o españoles; el segundo, a pesar de sus primeras reticencias, termina aceptándola al final. A los británicos no les interesaba la prosperidad de la isla, buscaban el dominio de los mares y del comercio mundial. Una vez independizada Haití y convertido en emperador Dessalines, Haití queda aislada de los circuitos del mercado. Las potencias europeas no iban a apoyar a un Estado negro.
En este contexto lo que llama la atención es lo que pasa después respecto a las independencias americanas. En principio, británicos y estadounidenses contraen acuerdos comerciales con Haití; en cambio, cuando se producen las independencias del resto de países americanos, sobre todo en lo que respecta a Bolívar, que tiene contactos con el mulato Alexandre Pétion, quien  gobernó la República de Haití, brindando amplio apoyo en armas y dinero al libertador, las repúblicas latinoamericanas no establecen una alianza estratégica con Haití. Es más, los acuerdos comerciales van a prosperar con el imperialismo británico, en pleno auge de la revolución industrial. Estos hechos nos muestran también el carácter de las independencias latinoamericanas; en estos casos no se produce una radicalización de los procesos inherentes a las guerras de independencia, sino mas bien, el control cae en manos de los criollos y mestizos, quienes no tenían interés en resolver la independencia por la vía de la radicalización, es decir, en unos casos por la vía de la emancipación indígena, en otros, por la vía combinada con la emancipación de los afro-descendientes. Incluso la mantención de la esclavitud siguió en los propios periodos republicanos en algunos de los casos más notorios.
En lo que respecta a la región pan-andina, la rebelión indígena había sido derrotada a finales del siglo XVIII, cerrándose de esta manera la vía radical de los procesos. Fueron las burguesías comerciales, sobre todo portuarias, además de las oligarquías criollas las que tomaron la iniciativa y las riendas de la guerra de la independencia. Por eso también se explica por qué no estaban interesadas en proyectos como la gran Colombia de Bolívar, que les parecía un proyecto utópico y quizás atentatorio a sus intereses. En el caso boliviano, tampoco se puede decir que los quince años de guerrillas y de las llamadas republiquetas, sobre todo la de Ayopaya, encarna un proyecto radical. Los guerrilleros estaban ligados al ejército argentino de Belgrano y del gaucho Guemes, así como a intereses profundamente locales en el combate con la administración colonial y el ejército español. De los comandantes, el más radical era el llamado comandante Tambor Vargas, pero tampoco expresaba él un proyecto radical, aunque si tenía en mente la lucha por la patria.
Tampoco se puede decir que los liberales independentistas eran los jacobinos criollos o mestizos del continente americano. Tenían mas bien una idea general de la república, quizás en todo caso normativa, contando con una ideología liberal matizada. No se les puede pedir una reflexión profunda sobre la cuestión indígena y el problema de la colonialidad. El tutor y mentor de Simón Bolívar, Simón Rodríguez, tenía una idea más elaborada de  las reformas liberales, empero las mismas no se llevaron a cabo, sobre todo por resistencias de las oligarquías regionales, cuya base económica se sustentaba en la propiedad latifudinaria y en la explotación de las poblaciones y campesinos indígenas. 
A estas alturas debemos decir que no toda crisis deriva en un proceso revolucionario, tampoco no todo proceso revolucionario deriva en una independencia o, dicho de manera general, en una victoria política, llegando a la situación de Estado o disolución del Estado. Parece que los procesos revolucionarios son mas bien escasos; muchas crisis se resuelven de otra manera, a través de pactos. En la región pan-andina a finales del siglo XVIII se vivió un proceso revolucionario, se abrió la lucha y el levantamiento indígena siguió el curso de una guerra anticolonial, empero esta no culminó con la victoria indígena, tampoco con la independencia. Durante en el siglo XIX se dio lugar la guerra de guerrillas; prosperó esta crisis y contienda bélica en la guerra de la independencia. Empero es difícil hablar en este caso de un proceso revolucionario. Los pueblos y naciones conquistadas no estaban involucrados en la contienda anticolonial, tampoco las clases explotadas. Fue una guerra contra la corona española conducida por las clases pudientes de criollos, acompañados por los mestizos; las comunidades indígenas formaron parte esporádicamente del apoyo a la guerrilla. Así como grupos indígenas formaron parte del ejército independentista, también formaron parte del apoyo al ejército realista. Las naciones y pueblos indígenas no estuvieron involucradas como proyecto político. Empero la guerra de la independencia derivó en la formación de repúblicas criollas.  Estas repúblicas criollas se sostuvieron sobre pactos.
Los procesos revolucionarios emergen desde lo más profundo de las matrices sociales, ocasionadas por desgarradoras contradicciones, encontradas diferencias, explotaciones y dominaciones de unas clases sobre otras, de una nación sobre otras, del Estado sobre los pueblos y las sociedades. Son las clases explotadas y pueblos dominados los que se levantan y empujan el proceso que emerge de la crisis en una temporalidad intensa. Cuando no ocurre esto, cuando no solamente las clases explotadas son dominadas sino sometidas a la disgregación y silencio, las clases dominantes logran capear el vendaval y dirigir el decurso de los acontecimientos de acuerdo a sus intereses. Las clases logran formar pactos entre ellas y con ciertos estratos y grupos de las clases dominadas; en este caso, la crisis no deriva en un proceso revolucionario sino en un conflicto de otras proporciones, susceptible de ser manejado mediante acuerdos. Las contradicciones entre criollos y españoles no responden a un antagonismo irreconciliable sino a competencias y concurrencias en relación al monopolio del mercado, así como al control de la tierra y del gobierno. La contradicción antagónica se hizo sentir en el siglo XVIII entre pueblos indígenas y españoles, incluso, en momentos radicales de la conflagración, entre indígenas y criollos, así como entre indígenas y mestizos. En el siglo XIX estas contradicciones no fueron el eje de la guerra de la independencia. No hubo clases explotadas y pueblos dominados que empujaran el proceso adelante. Las republicas criollas fueron, como hemos dicho, producto de pactos. Se apresuraron a entablar relaciones comerciales con la potencia industrial dominante, Gran Bretaña, y desecharon toda lucha anticolonial y anti-imperialista. En este contexto, se puede ver que no les podía interesar una alianza estratégica con Haití, las islas del Caribe, incluso no podía interesales una integración de las repúblicas nacientes, menos aún una alianza con el continente martirizado del África. La consciencia anti-imperialista de Toussaint L’Ouverture no estaba presente en la cabeza de los caudillos liberales de estas repúblicas criollas, salvo quizás, en determinados momentos, en Simón Bolívar.
La revolución de los esclavos es profunda, viene de la noche misma del capitalismo, de las cuevas que sostienen sus cimientos, viene de hombres y mujeres convertidas en bestias, no animales, pues la bestialidad es propia de la imaginación humana y producto de las formas más descarnadas de violencia. La revolución de los esclavos se adelanta a la revolución proletaria, pero también la rebasa pues viene desde más debajo de los explotados por el capital, más debajo de la última clase que liberaría a las clases explotadas y pueblos de la dominación del capital. Viene de quienes han sido reducidos a la inhumanidad misma, de aquellos que se podía matar sin misericordia ni arrepentimiento. La revolución de los esclavos es una interpelación a los cimientos mismos de la civilización moderna. Era de esperar que las victorias consecutivas que tuvo el ejercito negro contra las potencias europeas, la victoria de la guerra anticolonial, la victoria de la revolución negra, desencadene una irradiación al resto de las colonias, pero también al continente europeo, donde las luchas sociales comenzaron a radicalizarse. Empero esto no ocurrió ¿Por qué? ¿La revolución esclava se adelantó a su tiempo? La guerra anticolonial culminó en plena restauración monárquica, una vez que la propia revolución francesa se hundió en sus propias contradicciones. La derrota de Napoleón ante la Santa Alianza clausura un periodo revolucionario y consolida el dominio del imperialismo británico. La flamante soberanía negra va quedar sola, como aislada en el Atlántico, no completamente al margen de los circuitos de la economía-mundo, sino reducida al papel subordinado del comercio de materias primas, fundamentalmente de caña.  
Después de su independencia, podemos decir que Haití vive un largo período de aislamiento internacional emprendido por las potencias europeas, sobre todo la ex-metrópoli Francia, además de los Estados Unidos. Estas potencias imperialistas no admitían la existencia de una nación gobernada por ex-esclavos, pues consideraban que entrañaba una amenaza para sus propios sistemas esclavistas. Lo que viene después es patético, se parece a las historias de la mayoría de los países independizados, historias de pugnas de caudillos y disgregaciones políticas, formación de elites y grupos de poder en contraposición con el pueblo, enfrentamientos intervenciones extranjeras, reduciendo la soberanía haitiana a la mínima expresión. ¿Por qué ocurre esta triste historia? ¿Es una condena? ¿Se trata, como dicen ahora las teorías neo-conservadoras, de estados fallidos? Responder a estas preguntas nos interesa no sólo en relación a la comprensión de la historia política dramática de Haití, sino sobre todo para entender los nacimientos de la política, sus recorridos y desenvolvimientos, las tendencias que se realizas, en cambio las tendencias y aperturas que se clausuran.
La hipótesis interpretativa en relación a la cuestión de los nacimientos de la política en la modernidad, revisando tanto los levantamientos indígenas pan-andinos del siglo XVIII, así como la revolución de los esclavos y la guerra anticolonial haitiana de fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, es que se inhiben posibilidades y alternativas de las formas políticas con la derrota indígena y con la victoria negra.
Hipótesis
Paradójicamente la forma cómo se configura la modernidad, en tanto colonialidad y geopolítica racial en el sistema-mundo capitalista, la forma cómo los desenlaces concluyen, cómo se define la correlación de fuerzas a nivel mundial, tanto la derrota de los levantamientos indígenas pan-andinos como la victoria de los jacobinos negros lleva a inhibir y descartar la realización de las formas políticas latentes en la rebelión indígena y en la revolución negra. Los caminos de la descolonización son descartados tempranamente por esta modernidad imperialista, formas de democracia profundas y radicales son impedidas por las dominaciones imperialistas, optando mas bien por las formas liberales de la política, por el reconocimiento de soberanías subordinadas al dominio y el control del capitalismo, al orden mundial jerarquizado y racializado, garante de la acumulación de capital. Las potencias dominantes no iban a aceptar el reconocimiento de soberanías indígenas, menos de soberanías de ex-exclavos.
Las proyecciones de la rebelión pan-andina y de la revolución negra de ninguna manera eran imposibles; al contrario, su existencia como acontecimientos históricos manifiesta el espesor de sus posibilidades. Los desenlaces de otros procesos desencadenados cierran las posibilidades de apoyo, cortan las posibilidades de irradiación y de expansión, también de repercusión positiva de la rebelión y de la revolución. La revolución francesa entra a una fase regresiva, después de las iniciativas jacobinas y de los san culottes, ingresa a una fase represiva en el periodo del terror y se cierra con el bonapartismo. La independencia de los Estados de la Unión se encamina a consolidar y conformar un Estado federal y liberal, cuyo gobierno defiende los intereses de los propietarios de esclavos, durante el primer periodo de la independencia de Haití. Las republicas latinoamericanas forman Estado-nación liberales, que no incluyen en la democracia de casta y oligárquica a las mayorías indígenas. Los liberales criollos están más interesados en conformar convenios comerciales con el imperio británico y las potencias europeas y los Estados Unidos de Norte América que resolver sus contradicciones internas, que incorporar a las mayorías indígenas, que establecer alianzas anti-coloniales con la nación independiente de Haití. La revolución esclava requería de otro contexto internacional para poder profundizar y consolidar su revolución anti-colonial; las condiciones internacionales adversas empujaron a la composición política de Haití a enervar sus contradicciones internas, llegando a una lucha intestina desgastante.
La revolución pan-andina no prospero hacia la formación de un Estado independiente, por lo tanto no tuvo la experiencia de la construcción de un Estado y de requerir condiciones adecuadas internacionales. Si la rebelión pan-andina hubiera culminado en la victoria indígena probablemente el Estado indígena se hubiera enfrentado a un problema parecido al de los jacobinos negros. ¿Por qué no lograron la victoria las rebeliones encabezadas por Tupac Amarú y Tupac Katari? ¿Falta de apoyo de los mestizos y criollos? ¿Contradicciones internas entre los mandos? ¿Falta de convencimiento de que se trataba de una lucha a muerte por parte de las comunidades? ¿Los ejecitos rebeldes no eran lo suficientemente fuertes como para tomar el Cuzco y La Paz, como para enfrentar a los ejércitos realistas? ¿La esperanza en pactar con los realistas se mantenía latente en algunos comandantes indígenas? ¿Las estructuras coloniales eran lo suficientemente fuertes como para soportar el embate de la rebelión indígena? Dejamos estas preguntas sin quitarle ningún valor al alcance, a la extensión e intensidad de la rebelión indígena; necesitamos hacerlo para comprender las estructuras y composiciones complejas de los nacimientos de la política en la modernidad. Para efectuar, en perspectiva, de alguna manera, lo que propone Boaventura de Sousa Santos, una sociología de las ausencias, acompañada de una sociología de las emergencias, además de una ecología de los saberes.
La rebelión indígena pan-andina y la revolución negra nos muestran experiencias intensas y de apertura a horizontes de posibilidad, empero también nos muestras, por los desenlaces, las clausuras de posibilidades, es decir, las ausencias, de lo que pudo haber sido y no fue. Empero, precisamente esa ausencia nos muestra la presencia latente de la posibilidad. Tiene razón Boaventura cuando dice que es imprescindible leer la realidad desde el campo de posibilidades, desde los contenidos inhibidos de la realidad, contenidos guardados, ocultados, encubiertos, pero presentes en los espesores de lo real. La rebelión pan-andina y la revolución negra no desaparecieron de la memoria social, tampoco de las posibilidades inherentes al acontecer político y sus contradicciones; reaparecieron como proyecto en las crisis de Estado y en los conflictos políticos. A fines del siglo XX y principios del siglo XXI los proyectos anti-coloniales y de descolonización aparecen con mucha fuerza en plena crisis financiera del capitalismo y en una nueva versión de la crisis estructural del capitalismo. Aparecen proyectos sumamente propositivos ante el fracaso de los socialismos reales y también, del otro lado, ante el fracaso del proyecto neo-liberal. Este proyecto de despojamiento y desposesión no pudo resolver la crisis del capitalismo, aunque tampoco podía hacerlo pues se trata de un proyecto de financiarización de la crisis, de diferimiento de la crisis, no de solución de la crisis, como lo fue el proyecto keynesiano. Proyecto, aunque estructurado para salir de la crisis de una manera planificada, con intervención del Estado y de una manera planificada, no podía tampoco romper con las contradicciones concomitantes y congénitas del capitalismo. A diferencia del proyecto neoliberal, que no tiene ninguna intensión de resolver la crisis, salvo llenar los bolsillos de los burgueses, que es otra cosa, que es atender los intereses particulares de la burguesía, el keynesianismo recurrió al Estado, a la planificación y al pleno empleo para atacar algunas causas estructurales de la crisis del capitalismo. Por eso, en las condiciones diseminadoras y destructivas de la crisis estructural del capitalismo, expresadas en la contundencia de la crisis financiera, las propuestas de descolonización reaparecen con la elocuencia histórica y la pertinencia de volver a tocar las raíces mismas del capitalismo, la modernidad, y las raíces mismas de la modernidad, el colonialismo.
Estos nacimientos de la política nos muestran la riqueza misma de esta voluntad y acción colectivas democráticas, entendiendo la política no sólo como asamblea de la polis, sino como la suspensión de los mecanismos de dominación, suspensión basada en el prejuicio de la igualdad. La rebelión indígena y la revolución de los esclavos nos revelan el alcance y la profundidad de las luchas, el espesor histórico de la democracia, las posibilidades abiertas y las potencialidades de las multitudes, de las naciones y pueblos. Podemos entender entonces que la política viene definida por las luchas de las emancipaciones múltiples, por la figura de la participación y la construcción colectiva de la decisión. Lo que, a su vez, significa la pluralidad de las singularidades. Como dice Hannah Arendt, la política responde a la pluralidad, responde al acontecimiento compuesto de singularidades, a partir del principio de igualdad y desatando el ejercicio democrático de la participación. En este sentido la rebelión pan-andina y la revolución negra muestran perfiles y figuras de la acción política alternativos, propuestas históricas de formas democráticas abiertas a las comunidades y a las culturas ancestrales. También a formas democráticas que responden ante el grito del desarraigo y la descarnada explotación de la esclavización. Grito que expresa en la desesperación descomunal el espesor mismo de la condición humana.
Esta rebelión inconclusa, esta revolución aislada, después las revoluciones socialistas sitiadas, nos expresan la complejidad del mundo moderno y capitalista, así también los requerimientos de expansión, integración y mundialización de las rebeliones y revoluciones. No hay posibilidades de la mantención de un proyecto revolucionario a corto, mediano y largo plazo, si es que no se transforman las estructuras mismas del mundo, si la revolución no se mundializa y se construye un mundo alternativo, un mundo basado en otras relaciones, estructuras e instituciones que no sean las de la valorización dineraria, el monopolio de los medios de producción, de dominio y control de la producción y la gestión de la vida, que no sean las del dominio y el control de las estructuras de poder. En cambio se dé un mundo constituido por las potencias sociales y las capacidades creativas de las comunidades.  Esta alternativa o, como dicen Michael Hardt y Antonio Negri, alter-modernidad, fue clausurada por una modernidad estatalista, por una modernidad de la individuación, basadas en la propiedad privada y el orden público, descartando el común, lo que pertenece a todos, lo que forma parte de la gestión biopolítica de todos.
                        


[1] Los trabajos más conocidos en castellano de Emile Benveniste son Problemas de lingüística general, t. I (1966). Tr.: México, Siglo XXI, 1974.Problemas de lingüística general, t. II (1974). Tr.: México, Siglo XXI, 1979.Vocabulario de las instituciones indoeuropeas (1969). Tr.: Madrid, Taurus, 1983.
[2] Ver de Karel Kosik: Dialéctica de lo concreto.
[3]Jacques Derrida: Políticas de la amistad. Trotta 1998; Madrid.
[4]Bolivar Echeverría: Crítica de la modernidad capitalista. Vicepresidencia del Estado. Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional 2011; La Paz. Pág. 251-252.
[5] Revisar de Marie Danielle Démelas La invención política: Bolivia, Ecuador, Perú en el siglo XIX.  Instituto Francés de Estudios Andinos e Instituto de Estudios Peruanos.
[6]Revisar de Sinclair Thomson Cuando sólo reinasen los indios. La política aymara en la era de la insurgencia. Muela del Diablo 2006; La paz.
[7]Revisar de Sinclair Thomson el capítulo Proyectos de emancipación y dinámica de la insurrección indígena (I). Ob. Cit.
[8]Ver de Raúl Prada Alcoreza Genealogía del poder. Episteme. La Paz.
[9]Sinclair Thomson; Ob. Cit.; pág. 174.
[10]Revisar de Sergio Almaraz Paz Obra completa. Plural. La Paz.
[11]Sinclair Thomson: Ob. Cit.; pág. 175.
[12]Ibídem: Pág. 177.
[13]Ibídem: Pág. 177.
[14]Ibídem: Pág. 181.
[15]Ibídem: Pág. 198.
[16]Ibídem: Pág. 200-201.
[17]Ibídem: Pág. 207.
[18] Siclair Thomson; Ob. Cit.; págs. 224-225.
[19]Ibídem: Pág. 225.
[20]C.L.R. James: Los jacobinos negros. Toussaint L’Ouverture y la revolución de Haití. Fondo de CulturaEconómica 2003; México.
[21] C.R.L. James: Ob. Cit.;  pág. 17.
[22]Ibídem: Pág. 17.
[23]Ibídem: Pág. 21.
[24]Ibídem: Pág. 21.
[25]Ibídem: Pág. 22.
[26]Ibídem: Pág. 22.
[27]Ibídem: Pág. 23.
[28]Ibídem. Pág. 24.
[29]Ibídem: Pág. 25.
[30]Ibídem: Pág. 91.
[31]Ibídem: Pág. 91.
[32]Ibídem: Pág. 95.
[33]Ibídem: Pág. 96.
[34]Ibídem: Pág. 101.

Potencia social y poder en Bolivia

Potencia social y poder en Bolivia
En defensa del proceso constituyente
Raúl Prada Alcoreza
Es importante concentrarse en el proceso constituyente y en la Constitución. No solamente porque se trata de acontecimientos cardinales, sino para tratar de comprender por qué suscita tanta reacción. Se han escuchado y se siguen escuchando voces que observan al proceso constituyente y descalifican la Constitución. De un lado y de otro, desde lo que se nombra como derecha, también desde la izquierda, así como desde el nacionalismo. ¿Qué se dice? ¿Qué se observa? ¿Qué se descalifica? Se entiende que la derecha haya visto como una amenaza el proceso constituyente, así como ve como una amenaza a la Constitución. Pero, ¿por qué la izquierda está en desacuerdo con el proceso constituyente y la Constitución? También se puede entender que el nacionalismo, sobre todo el nacionalismo de Estado, encuentre problemática la Constitución; hasta ahora no puede concebir algo tan extraño a sus prejuicios como el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Para el nacionalismo el Estado-nación es eterno o el fin de la historia. En lo que sigue nos concentraremos en las críticas de la izquierda al proceso constituyente y a la Constitución.
Vamos a seleccionar los argumentos más sobresalientes de la crítica. Se dice que el proceso constituyente, respaldado por el proceso de las luchas y movimientos sociales anti-sistémicos, desconoce la lucha de clases y se concentra en la guerra de razas, cuyo efecto es provocar un racismo al revés, un racismo invertido. También se critica el localismo del proceso boliviano, el de refugiarse en las contradicciones locales sin observar las contradicciones que se dan en el mundo. En esta perspectiva también se critica la disposición descolonizadora del proceso constituyente; se dice que ocurre como si el proceso se encontrara atrapado en una lucha que se dio hace siglos, que sigue luchando contra el colonialismo cuando debería estar luchando contra el capitalismo. El proceso constituyente, abierto por la lucha anticolonial de los pueblos indígenas, no se sitúa en la actualidad, no comprende la modernidad. Por lo tanto, de aquí se deduce que se critica la posición indígena anti-moderna y en contra el desarrollo. Se dan también críticas desde la izquierda parecidas a las críticas efectuadas por los nacionalistas y también por la derecha. Se dice que no se ha debido reconocer a las naciones indígenas, a su libre determinación y autogobierno, pues esto equivale a la disgregación del Estado boliviano, otorgando a las naciones indígenas el derecho a la autodeterminación. Que sólo hay una nación boliviana con sus composiciones diferenciales, basadas en las fuentes indígenas, mestizas, criollas y migrantes. También se critica la perspectiva y condicionante comunitaria de la Constitución. Se dice que querer revivir las comunidades ancestrales es un retorno insostenible al pasado, que esta posición es un obstáculo al desarrollo y a la industrialización. Aunque se dan también posiciones a favor de las comunidades, empero se exige observar su pluralidad, también tomar en cuenta las condiciones y características urbanas, donde no se dan comunidades. En la misma perspectiva, va a ser sugerente introducir una discusión sobre la relación entre Estado y comunidad. ¿Puede darse un Estado comunitario? ¿No ocurre más bien que la comunidad se opone al Estado?
Hasta aquí una gama de argumentaciones críticas vertidas por la izquierda. Las cuales van a ser atendidas en la evaluación y análisis de estas observaciones.
Antes de iniciar la evaluación parece indispensable situarse en el mapa político, ya que se ha nombrado a la derecha, a la izquierda y al nacionalismo. ¿Dónde se encuentra ubicada la posición indígena? ¿Dónde se encuentra ubicada las perspectivas de los movimientos sociales anti-sistémicos contemporáneos, de las naciones y pueblos indígenas originarios? ¿Más allá de la izquierda y la derecha? ¿Más allá del nacionalismo? ¿Una tercera vía? ¿Una nueva izquierda, no tradicional? El problema de este mapa es que se basa en un esquema inmóvil y dual, izquierda-derecha. ¿Puede mantenerse este esquema cuando se enfrentan procesos dinámicos? Procesos que además son contradictorios, atravesados por pugnas de tendencias, unas que tratan de detener el proceso, otras que buscan mas bien profundizarlo, aunque también se detectan tendencias que buscan un ritmo más lento, diferido y conciliador. ¿Puede sostenerse el esquema cuando el mismo proceso se halla inserto en contextos regionales e internacionales, condicionados y controlados por relaciones y estructuras de poder consolidadas? Parece mas bien que es necesario contar con mapas dinámicos y esquemas móviles para poder aplicarlos a procesos altamente complejos. Lo que era considerada izquierda puede dejar de serlo simplemente porque sus posiciones se convierten en resistentes y obstáculos al proceso, se convierten en posiciones francamente conservadoras y pre-juiciosas respecto a los fines mismos del proceso. No decimos que la derecha se puede volver la izquierda; esto parece imposible debido a los intereses de clases y de casta que se defiende. Empero decimos que lo que era posición de izquierda en una coyuntura puede llegar a ser una posición conservadora en otra coyuntura. Estos cambios son notorios sobre todo cuando se está en funciones de gobierno. La llamada izquierda, o una parte de ella, tienden a defender el gobierno y la institucionalidad, obligada a enfrentarse a las exigencias de los movimientos sociales, sobre todo a sectores radicalizados de estos movimientos y sus organizaciones. Ocurre que en procesos complejos y contradictorios las alianzas se rompen, pues los intereses de su composición entran en conflicto,  en condiciones de incompatibilidad. Por lo tanto, aparecen nuevos posicionamientos, que se plantean la continuidad de las luchas con el objeto de profundizar el proceso.
En estos escenarios mutables, ¿cómo identificar a la izquierda, a la derecha, al centro? Aunque este esquema dual de izquierda-derecha puede servir perentoriamente, empero bajo la condición que sea también móvil y dinámico. Pero, lo que importa no es identificar dónde están las fuerzas, en la izquierda o en la derecha, sino comprender el juego complejo de las fuerzas, de sus correlaciones, del entrelazamiento de sus tendencias, de la marcha dificultosa del proceso, de su ritmo y direccionalidades. ¿Para esto hace falta definir la izquierda y la derecha? Puede ser, pero no es lo más indispensable, lo fundamental es comprender e interpretar el carácter de la lucha en la coyuntura en cuestión. Las acusaciones de derechismo son muy fáciles y livianas, son parte de la retórica política y de la táctica de descalificación. Esto no debe preocuparnos, aunque ya muestra síntomas alarmantes de la decadencia política e ideológica. Lo que debe preocupar en primera instancia es identificar la estructura, si podemos hablar así, de las contradicciones del proceso y en la coyuntura. No se trata de una derecha en abstracto, tampoco de una izquierda en abstracto, de lo que a muchos les gusta investirse para cubrir sus propias contradicciones, conservadurismo y prejuicios. Se trata de problemas concretos, puestos en mesa, como la discusión sobre los territorios indígenas, los bosques, los ecosistemas, la madre tierra, el carácter del modelo político, del modelo económico, del modelo territorial, de la Constitución. Problemas como los relativos al control sobre los recursos naturales y el proceso de su explotación. Problemas como los relativos a la transición, a las transformaciones en la transición, a la transición transformadora. No se puede eludir estos problemas simplemente acudiendo a hipótesis débiles de la conspiración.
En relación a la ubicación en el mapa político de la posición indígena, se puede decir con claridad que, en primer, es lugar anti-colonial y descolonizadora. Las luchas indígenas contemporáneas se basan en la tesis de la colonialidad, es decir, de la subsistencia de las formas coloniales de dominación hasta la actualidad. Esta tesis se ha resumido en la definición del colonialismo interno. Este es un problema político mayúsculo; no se puede construir la democracia, la democratización, la profundización democrática, sobre la base de la subsistencia de relaciones y estructuras coloniales, es decir, basadas en la racialización de las relaciones de clase. El olvido de esta formación concreta lleva a posiciones abstractas de lucha contra el capitalismo, posición general que no afecta a la dominación y al control del capitalismo,  pues se trata de una posición discursiva, que vale para todas partes y, por lo tanto, para ninguna. No tiene efectos de destrucción del capitalismo, mas bien este discurso general termina siendo funcional. Es como una autosatisfacción de ser anticapitalista pero sin luchar concretamente contra el capitalismo, tal como se da en las periferias del sistema-mundo capitalista. La tesis indígena es más bien la premisa primordial del anti-capitalismo efectivo.
Retomando el esquema simple discutido, el esquema dual de izquierda-derecha, el mapa político acostumbrado, podemos decir con toda precaución que se trata de aproximaciones esquemáticas, que la manera efectiva de asumir una posición de izquierda es desplegar primero una lucha anticolonial y descolonizadora. Esta es la base del anti-capitalismo efectivo, no de un anti-capitalismo discursivo, que pelea contra las formas generales del capitalismo sin lograr articularse a las luchas concretas del proletariado, de las masas y de las multitudes. Ahora bien, ¿qué clase de izquierda denota esta posición o este posicionamiento concreto y específico de los movimientos sociales anti-sistémicos, de las naciones y pueblos indígenas originarios? No se trata de repetir las posiciones y los enunciados de la izquierda tradicional, que a lo largo de la historia política de Bolivia no han dado resultado, no han logrado interpretar la formación económica y social boliviana, sobre todo en sus coyunturas críticas, llegando a aislarse de los acontecimientos más importantes desatados por las luchas sociales del pueblo boliviano. En lo que respecta a la posición indígena y anti-sistémica, se trata de una izquierda efectiva, de una izquierda anti-colonial, descolonizadora y anticapitalista.
Ciertamente los movimientos sociales anti-sistémicos no son solamente indígenas;  en las luchas desatadas se ha manifestado elocuentemente la participación de las ciudades, de los sectores populares urbanos, del proletariado nómada y del pueblo movilizado. Sobre todo se han hecho evidentes las interpelaciones populares al proyecto neo-liberal. Estos sectores tienen arraigada una tradición nacional-popular, vinculada a las luchas por la recuperación y soberanía sobre los recursos naturales, además de las luchas sociales y democráticas. La parte más radicalizada de estos sectores, los obreros, llegaron a asumir posiciones anti-capitalistas; ahora, después de a experiencia de la crisis de la izquierda tradicional, no es tan fácil que esto se de, salvo en los mineros sindicalizados. Hay trabajadores de empresas privadas, incluso de minas privadas, que exigen más bien garantías para sus fuentes de trabajo. Los del sector textil pidieron incluso la reapertura de la ATPDA, el convenio especial con los Estados Unidos de América para la exportación de manufacturas bajo la condición del cumplimento de la lucha contra el narcotráfico. Estos posicionamientos nos muestran más bien un mapa político disperso de los trabajadores. A estas alturas, no se puede caer en una especie de hegelianismo vulgar, que se esconde en las elucidaciones de un marxismo vulgar, que concibe la dialéctica de la clase en sí que contiene la posibilidad de la clase para sí. La confrontación política con el control y dominación capitalista no dependen de una dialéctica encapsulada como posibilidad en el en de la clase, sino depende del despliegue y la intensidad de la misma lucha de clases.  Edward Palmer Thompson ya decía que las clases sociales sólo existen como producto de la lucha de clases. Los mineros bolivianos reunidos en Pulacayo el año 1946 llegaron a la famosa tesis política empujados por la lucha de clases y por un trabajo político sistemático; ahora se llegará a nuevas tesis anti-capitalistas empujado por la lucha de clases y la guerra anticolonial y descolonizadora. No es la providencia de la dialéctica la que logra una consciencia política anti-capitalista.
Ahora bien, ¿cuál es la relación entre la lucha anticolonial y descolonizadora indígena y la lucha anti-capitalista? ¿Cuál es la relación entre los movimientos indígenas y los movimientos sociales anti-sistémicos? ¿Cuál la relación entre las naciones y pueblos indígenas y los sectores populares urbanos? Estas preguntas tienen que vislumbrarse a la luz de las experiencias de las luchas sociales. Durante la llamada guerra del agua de Cochabamba (1999-2000) las organizaciones de regantes, las organizaciones de fabriles, las organizaciones campesinas, las organizaciones indígenas, las organizaciones de vecinos, las organizaciones de profesionales y las ONGs se coaligan en torno a la defensa de un bien común, el agua, de un bien primordial para la reproducción de la vida. Durante la llamada guerra del gas, que termina de concentrarse en la ciudad de El Alto (2003), las organizaciones campesinas, las organizaciones indígenas, las juntas de vecinos y toda clase de gremios, además de las organizaciones obreras y de los trabajadores, se coaligan en torno a la defensa del gas, de los recursos naturales, además de acordar la convocatoria a la Asamblea Constituyente. La resistencia al proyecto neoliberal se convierte en una ofensiva popular, que logra articular la lucha anticolonial y descolonizadora con la lucha contra la desposesión y el despojamiento efectuados por el proyecto neoliberal, logra articular la defensa de los bienes comunes con la lucha contra la última forma política del capitalismo, el neoliberalismo. Es en esta articulación, en esta coalición, que debemos encontrar el secreto no sólo de las alianzas sino del carácter de las luchas sociales contemporáneas.
La alianza entre indígenas, campesinos y sectores populares urbanos se realiza sobre la base de la defensa de lo común, la tierra, el territorio, los bienes comunes para la reproducción de la vida. Se trata de una proyección indígena y popular anti-neoliberal. Contra la privatización de las condiciones de vida, tanto financiera como empresarial trasnacional. Esta es la base de la articulación de proyectos políticos más propios de los conglomerados componentes de las alianzas; el proyecto descolonizador indígena y el proyecto nacional-popular de recuperación soberana de los recursos naturales. No se trata en este caso de una idea general de lo nacional-popular, por ejemplo de la continuidad plebeya de las banderas de abril, de la revolución nacional de 1952, de la conclusión de la construcción del Estado-nación. No es esa idea nacional-popular la que se ha ventilado en las luchas sociales del 2000 al 2005 y en el proceso constituyente. Se trata de la recuperación de los recursos naturales para los bolivianos, de su uso y aprovechamiento en la perspectiva del vivir bien. El pacto constitucional no apunta a la conclusión de la construcción del Estado-nación, sino a la construcción del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Se trata de la condición nacional-popular en el marco del Estado plurinacional, no del Estado-nación. Lo popular urbano se mueve en otros códigos, que ya no son nacionalistas.
En este contexto de realizaciones políticas no es la nación boliviana el sustento ideológico de legitimación, no es la nación boliviana lo que unifica a los proyectos políticos en cuestión, inherentes al proceso. Es difícil aceptar un núcleo común en este panorama complejo; se trata más bien de redes y tejidos, de recorridos y circuitos, que articulan la diversidad. Es una confederación de naciones y pueblos el espectro de esta articulación; son el autogobierno, la libre determinación, el pluralismo institucional, las materialidades políticas de esta articulación social, económica y cultural. Se trata entonces de una coordinación complementaria e integrante más que de una centralidad. Ya se puede ver entonces las dificultades de la transición hacia el Estado plurinacional comunitario y autonómico. También se puede entender que se den resistencias institucionales a esta transformación, resistencias de las instituciones del Estado-nación, liberal y colonial. Resistencias no sólo liberales sino también modernas a este viaje histórico a las condiciones de la pluralidad. Estas resistencias no sólo vienen de los nacionalistas sino también de los marxistas. A los marxismos le son difíciles salir de los esquematimos de la centralidad, de la unidad, del uno, de la unificación homogeneizante. Le son difíciles aceptar la complejidad y la alteridad de la pluralidad interrelacionada y dinámica.
Este es el tema filosófico y epistemológico que hay que discutir en relación al proceso constituyente y a la Constitución, proceso y Constitución que deben ser pensados desde la pluralidad, a partir de un pensamiento pluralista. Caso contrario, si pretendemos interpretar la Constitución y el proceso constituyente desde los paradigmas modernos arborescentes, jerárquicos y centralistas, no se podrá acceder a los desafíos del proceso y la coyuntura política. No se podrá entender la Constitución y se terminará identificando contradicciones en el texto constitucional, leído como exposición jurídica-política y no como acontecimiento político.
Ahora nos concentraremos en las críticas de la izquierda tradicional al proceso constituyente y la Constitución.
Lucha de clases y guerra anticolonial
La lucha de clases y las clases sociales no son una abstracción ni se dan como generalidad; la lucha de clases de da de forma concreta y especifica, en relación a determinados problemas, a determinadas demandas, en coyunturas específicas y lugares definidos. Hay lo que podemos llamar la temporalidad de la lucha de clases, que comprende el mismo tiempo, el ritmo, la intensidad de las luchas; también se da lo que podemos llamar la espacialidad de la lucha de clases, que comprende no sólo el lugar, sino el mapa de fuerzas, de frentes, de puntos de enfrentamiento. Integralmente deberíamos hablar del espacio-tiempo de la lucha de clases, también del espaciamiento de la lucha de clases; también deberíamos hablar de lo que una vez se atribuyó a Antonio Gramsci, de la categoría de fracción geográfica de clase. Aunque el concepto de clase viene de la taxonomía de la clasificación, la clase social pensada desde el marxismo tiene que ver directamente con la dinámica de las luchas y los enfrentamientos. Las clases sociales se constituyen en la lucha de clases. El análisis de las clases sociales desde las perspectivas marxistas tiene que ver con la sociedades modernas y el modo de producción capitalistas; las tesis de la lucha de clases son validas para las sociedades capitalistas, para las sociedades modernas, atravesadas por la explotación de la fuerza de trabajo, los procesos de proletarización, de disgregación social y de polarización.
La conquista y la colonización van a conformar sociedades coloniales, sociedades estructuradas sobre la base de la racialización de las clases sociales y de la lucha de clases. Las resistencias a la colonización van a derivar en la guerra anticolonial, esta guerra adquiere connotación de guerra de razas y también, en momentos y periodos de la lucha anticolonial, en guerra de naciones. En las periferias del sistema-mundo capitalista la lucha de clases se realiza en forma de guerra anticolonial. La guerra anticolonial que figura en forma de lucha contra la administración colonial, contra los impuestos, los tributos, las obligaciones y servicios; de este modo es una lucha contra la burocracia y el Estado colonial, empero también deriva en una lucha contra los propietarios de haciendas y a veces de minas.  En la medida que las sociedades coloniales y poscoloniales se desarrollan, la modernidad barroca los atraviesa y hace de matriz cultural, así como después estas sociedades van a ser atravesadas por la modernidad iluminista, la modernidad de la revolución industrial, asumida en una etapa avanzada como modernidad de los Estado-nación; en estas condiciones históricas la guerra anticolonial adquiere formas más concretas de una lucha de clases moderna; el proletariado se enfrenta a los propietarios mineros. Este enfrentamiento no es abstracto y general, se trata de un proletariado minero, migrante del campo, un proletariado de piel cobriza que enfrenta a propietarios mestizos, a la burguesía criolla. La lucha de clases asume los perfiles de una historia efectiva y se da en un contexto que reconocemos como de colonialidad.
Cuando la dominación capitalista evoluciona en su forma imperialista, los Estado-nación, en germen o institucionalizados, entren en contradicción con esta forma de dominación y su expansión. La lucha de clases avanza en una lucha directa con las formas de intervención imperialista y sus empresas trasnacionales; en estos escenarios, las alianzas populares configuran alianzas de clases de acuerdo a las circunstancias y la estructura de las contradicciones. El proletariado es el eje articulador de estas alianzas, aunque en la mayoría de los casos no sea la expresión política ni dirija los frentes. La guerra anticolonial adquiere la figura de una lucha antiimperialista y de una lucha contra el neo-colonialismo. Sólo en contados casos la dirección política de la lucha antiimperialista caerá bajo la dirección de las expresiones políticas del proletariado. Por lo tanto la lucha contra la burguesía nativa y los terratenientes se da en el contexto de la lucha antiimperialista. En cada país, en cada periodo, adquiere perfiles históricos particulares. Como se puede ver, la lucha de clases no es una abstracción ni se da como generalidad, como categoría aislada del acontecer y la historia efectiva. Las elucubraciones sobre la lucha de clases en abstracto sólo se dan en la cabeza de ideólogos y propagandistas dogmáticos; también en teóricos que separan teoría y praxis de la lucha de clases. Esto lleva a deducciones, a análisis e interpretaciones al margen de los acontecimientos y las historias efectivas.
A propósito, en la modernidad también se dan fenómenos y comportamientos que reconocemos como tótem y tabú; las agrupaciones, las corporaciones, los partidos, terminan asumiendo identificaciones en las cuales se reconocen y actúan de acuerdo a esquemas de comportamiento afines. Cuando los marxistas se invisten de esta identidad militante no están lejos de la fenomenología del tótem y del tabú. La investidura los hace propietarios de una verdad histórica, frente a los mortales que no habrían llegado a esta consciencia histórica. Esta posición es una especie de clausura. El problema no es tanto la diferencia y la distinción que plantea, pues de alguna manera, las diferenciaciones, las distinciones y las identificaciones son propias de las subjetividades humanas, sino que muchas veces la ortodoxia los aísla de las historias efectivas y las realidades concretas de la lucha de clases, a tal punto que cuando estallan estas luchas no participan en espera que el cuadro teórico se realice. Tampoco esta posición está lejos de los que esperan la llegada del mesías.
Lo importante no es declararse marxista – a Marx tampoco le gustaba que se lo clasifique de esa manera -, lo indispensable es participar en los acontecimientos y luchas de clases efectivas, tal como se dan en los procesos históricos. Es mucho más claro, se entiende mejor, comprender el comunismo como la realización práctica de la lucha de clases. El problema no está tanto en la consecuencia teórica como en la consecuencia política. Al respecto, el desafío del proceso boliviano es mayúsculo; se trata de interpretar, comprender y participar en la lucha de clases tal como se da, en tanto guerra anticolonial y descolonizadora. No se trata de defender una teoría, de defender las tesis o las hipótesis heredadas, tampoco de sólo usar las tesis e hipótesis aproximativas a los acontecimientos de referencia; se trata de comprender lo novedoso de las nuevas experiencias sociales relativas a los horizontes abiertos por las luchas, por lo tanto se trata de elaborar nuevos conceptos para pensar los nuevos desafíos de las luchas, de los procesos y las coyunturas, en el contexto de los horizontes abiertos.
En relación a la racialización de la lucha de clases, este fenómeno no es una invención de los indígenas ni de los afro-descendientes; es algo propio de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. La racialización de la geografía de dominación es un fenómeno de la colonialidad y de la modernidad, en tanto contextos de realización de las violencias múltiples y culturales, relativas a la experiencia de la vertiginosidad; sobre todo en tanto manifestación propia de la estructura de la acumulación de capital y división del trabajo a escala mundial. Como dice Franz Fanon la violencia se cristaliza en los huesos y se asienta en la piel; cuando los dominados se levantan, no pueden hacer otra cosa que devolver la violencia cristalizada en los huesos al dominador y al colonialista. Acusar a la guerra anticolonial y al proyecto descolonizador de racista es transferir las características de la dominación capitalista a los indígenas sublevados, como si el racismo fuera una responsabilidad de ellos.  Esta acusación no tiene sentido, salvo la demostración del desconocimiento de los que la emiten de la estructura, las características, la espacialidad y geopolítica del sistema-mundo capitalista. También en una clara muestra de la marea de cómo se separan de la lucha de clases concreta y efectiva.
Etiene Balibar e Immanuel Wallerstein debatieron y reflexionaron sobre este fenómeno de la estructura racial de las sociedades modernas y sus proliferantes manifestaciones y consecuencias políticas, económicas y culturales[1]. El racismo y la racialización atraviesa a todas las sociedades modernas, las clases sociales y las luchas de clases están también racializadas, las luchas de clases se dan de una manera concreta afectadas y estructuradas a partir de la racialización. No es por tanto una casualidad que sean los movimientos indígenas los que efectúen la interpelación más radical al capitalismo; esta interpelación es tanto a la ejecución a escala global  del procedimiento de despojamiento y desposesión neoliberal, a la explotación de la fuerza de trabajo, a la privatización financiera de lo común; así también es una interpelación a la dominación racial de los Estado-nación y del orden mundial. La lucha contra el racismo, contra la estructura racial de las sociedades y de los estados es una tarea ineludible de la lucha de clases por parte de las clases explotadas racializadas; la forma de la guerra de razas es una figura de la lucha de clases. No se puede desconocer esta concreción y esta manifestación empírica de la lucha de clases.
Ahora bien, la problemática es bastante compleja; no se trata solamente del mapa disperso, distribuido y abundante de las clasificaciones que se hacen localmente o regionalmente, clasificaciones sintomáticas debido a la configuración colorida y diseminada que se hace de acuerdo a los imaginarios raciales locales, sino tambiénde los juegos de poder en torno a las representaciones raciales. Ante la expansión y emergencia de las luchas sociales, los movimientos anti-sistémicos y la guerra anticolonial desatada por las naciones y pueblos indígenas, los prejuicios raciales retrocedieron sin necesidad de desaparecer;  en este contexto, de manera problemática y solapada, usada ideológicamente y discursivamente la representación indígena puede servir políticamente para legitimar gestiones restauradoras y proyectos extractivistas. Puede servir también para objetivos menores, como sustituir en la administración a los funcionarios tradicionales, mestizos y criollos, aunque el problema de fondo no sea éste, sino cambiar definitivamente la estructura y las relaciones de poder, las prácticas de gestión de la administración pública. El síntoma se encuentra en estos espacios de disputa; no se persigue cambiar el Estado sino copar el mismo Estado, haciendo lo mismo que hacían los funcionarios tradicionales. La justificación se encuentra en el cambio de piel. La acusación de racismo invertido es emitida por los funcionarios mestizos y criollos que se sienten amenazados; la justificación de de la copación de cargos es ventilada por los que se consideran indígenas urbanos. Es este el síntoma dónde debemos detenernos, pues, a pesar de sus limitados contornos puede mostrarnos el sentido de la acusación de racismo invertido.
Descartemos de la evaluación el alcance estratégico de esta pugna, lo que interesa es comprender el sentido de las posiciones en torno al tema, la legitimidad de quiénes ocupan los puestos de un Estado que permanece, de una arquitectura administrativa que se mantiene. Lo que se demanda por un lado es la copación de los puestos, lo que se demanda del otro lado es la conservación de la experiencia y la profesionalidad. Lo que llama la atención de estos reclamos es que los cambios que se han dado en el aparato público son mínimos, no ha habido un copamiento masivo de funcionarios de procedencia indígena, aunque la presión haya sido constante por parte de los dirigentes. También llama la atención que la preocupación sobre el cambio se restrinja a ocupar puestos y no la transformación estructural de la arquitectura administrativa del Estado.
Haciendo un balance descriptivo de los cambios y desplazamientos en la administración estatal, podemos ver que la llamada clase media mestiza y criolla no ha sido substituida; que lo que ha ocurrido es la incorporación de algunos avalados por las organizaciones, además de los cambios en los ministros, vice ministros, directores y jefes de unidad con gente de confianza, aunque no sean indígenas. Retomando este cuadro se nota que es exagerada la acusación de racismo invertido. ¿Qué es lo que ocurre entonces? Se trata de un empoderamiento masivo de los espacios de expresión, de manifestación, discursivos y de imágenes; esto ocurre en el ámbito de las relaciones sociales, aunque no se refleje en las modificaciones del aparato público, si descartamos al mismo presidente y algunos ministros. Lo que ha cambiado es la valoración simbólica; se ha producido el trastrocamiento de las estructuras simbólicas, de los imaginarios, de las predisposiciones psicológicas. Concurre entonces una descolonización en los espacios simbólicos, imaginarios y psicológicos, aunque este proceso no haya concluido de ninguna manera. Este es uno de los efectos más notorios del proceso. Teniendo en cuenta este desplazamiento, no se puede afirmar que hay un racismo invertido. El racismo aparece más bien en los que acusan de esta manera.
El gran desafío de las sociedades plurales y del Estado plurinacional es lograr la interculturalidad emancipadora, es abrir el curso a las intersubjetividades interculturales, es construir consensos a partir de la práctica intercultural y la convivencia plurinacional. No son tareas fáciles de cumplir; se trata de procesos de maduración y de transformación profundos. La base jurídica-política de estas transformaciones se encuentra en la Constitución, la matriz histórica-política de estas transformaciones se encuentra en la experiencia de las luchas sociales; que puedan efectuarse depende de las transformaciones en las prácticas y relaciones cotidianas, en la conformación de sujetos y de las conexiones intersubjetivas. Considerando la problemática intercultural y observando desde la perspectiva de la transición se detecta la debilidad de la acusación de racismo invertido. La pregunta a los que emiten la acusación es si se quiere no solo asumir la especificad de la lucha de clase sino también sus consecuencias transformadoras; una de estas consecuencias tiene que ver con la convivencia intercultural.
Modernidad y colonialidad                                                   
Entendamos la modernidad como la matriz cultural del capitalismo, donde se incuba el capitalismo y se desenvuelve, transformando al mismo tiempo a la misma modernidad. La colonialidad es la herencia estructural de la colonización y la colonia; se trata de una estructura de poder racializada. La modernidad no puede entenderse sin la colonialidad, tampoco el capitalismo sin la colonización y el colonialismo; forman parte del sistema-mundo capitalista. La profundidad, si se quiere, el espesor de la modernidad, se encuentra precisamente en la colonialidad. La historia de la modernidad, la realización misma de la modernidad, concurre con la colonización y la expansión colonial; la dominación y el control capitalista se instauran y despliegan en el mundo, se configura un mundo, un sistema-mundo, por medio del despliegue de las violencias polimorfas de la colonización y la colonia. El transformado de la modernidad es la colonialidad.  
Ciertamente, cuando hablamos de modernidad no hablamos de algo homogéneo, sobre todo de una experiencia homogénea; la realización y expansión de la modernidad se da mas bien de manera heterogénea. Hablemos entonces de la modernidad en clave heterogénea, discutamos entonces las modernidades heterogéneas. Bolívar Echeverría identifica distintas modernidades de alguna manera secuenciales[2]; la modernidad barroca, correspondiente a los primeros periodos coloniales; la modernidad iluminista, a partir de las reformas borbónicas y la revolución industrial; y la modernidad de los Estado-nación, correspondiente a los proyectos nacionales. Podríamos añadirle una nueva forma de modernidad como parte de la experiencia contemporánea; nos referimos a la modernidad relativa al proyecto neoliberal, que ha sido identificada como posmodernidad por una lectura más filosófica y estética. Esta taxonomía de la modernidad de Bolívar Echeverría es sugerente pero no es exhaustiva; lo que no hay que perder de vista es que las experiencias de la modernidad no pueden ser sino heterogéneas, dependiendo de los momentos y los lugares.
Como dice Enrique Dussel el primer hombre moderno es Hernán Cortés, el primer acto constitutivo de la modernidad es la conquista[3]. La modernidad se construye sobre la base de la colonización, es decir, el despojamiento y la desposesión de territorios, de recursos, de pueblos y poblaciones, la asimilación de sociedades y civilizaciones a la vorágine del capitalismo. El capitalismo no es un fenómeno europeo, como creen muchos marxistas, es un fenómeno mundial, ocasionado por la conquista, la colonización, la expansión imperialista, el dominio global de los mares y los mercados. La modernidad deviene de la experiencia de la vertiginosidad, del trastrocamiento profundo de instituciones, valores, sistemas de símbolos, imaginarios, de costumbres, tradiciones, relaciones, estructuras y formas antiguas de sociedad. A la modernidad se la ha representado en tanto experiencia volátil, como cuando todo lo solido se desvanece en el aire. La modernidad ha sido producida por movimientos impactantes de población, el comercio de esclavos, la migración europea al nuevo continente, sobre todo el etnocidio y genocidio de las oblaciones nativas. La formación de ciudades y puertos que conectan la vida económica y social del nuevo continente con un mundo del que forma parte, una parte importante, debido a sus riquezas, sus pueblos y poblaciones, sus saberes y sus cultivos. La explotación minera, los circuitos minerales y monetarios van a formar parte indispensable de la acumulación originaria de capital. La dinámica de los mercados adquiere una complejidad, integralidad y velocidades sin precedentes. En la experiencia de la crisis se forma la modernidad y la modernidad condiciona la constitución de sujetos y subjetividades. Se forman mezclas, entrelazamientos, abigarramientos, barroquismos de todo tipo en estos procesos de trastrocamiento y volatilización. Se produce un redibujo de la familia, nuclarizándola, y se atomiza las redes sociales conformando a los individuos. Los procesos de disciplinamiento se dan a través de instituciones encargadas de modular los cuerpos y inducir cambios en las conductas. Hay una variedad grande de instituciones que hacen de agenciamientos concretos de poder, no solo nos referimos al cuartel, a la escuela y a la fábrica, sino al conjunto de instituciones que terminan trabajando los cuerpos, modulando y adecuándolos no sólo a la producción sino también al consumo. Ciertamente esta modulación de cuerpos, esta inducción de conductas, estos disciplinamientos,  pero también los hedonismos proliferantes, no se dan de manera homogénea, aunque estén ligados a ejes de homogeneización. Pues las familias compuestas y extendidas, las redes de parentesco y las alianzas, los esquemas de comportamiento y de conductas tradicionales, no desaparecen del todo, aunque hayan sido fraccionados y diseminados, quebrados en su unidad y sentido. Los fragmentos se re-articulan y mezclan con los propios esquemas de comportamiento y conductas modernos, las redes de parentesco y las alianzas se rearman aunque sea provisionalmente en las fiestas, aunque también en momentos de emergencia. Aparecen estrategias de sobrevivencia en migrantes asentados en las ciudades de crecimiento urbano, donde se puede observar tanto la reproducción y el uso de pautas tradicionales como prácticas de adecuación en sus nuevos asentamientos.
La modernidad barroca era el de las mezclas civilizatorias y de la saturación de códigos, de evangelización y sincretismos, de resistencias y de anexiones, de conexiones culturales, acompañadas por imposiciones y subordinaciones. Aunque también de transformaciones de pautas de consumo, de cultivos, pero también de transferencia de productos nativos y alimentos no conocidos en Europa y en el mundo, como la papa, el maíz y muchos vegetales producidos en Mesoamérica. A decir de Serge Gruzinski esta otra modernidad era, en principio, renacentista; se trataba de un nuevo renacimiento, ya no continental europeo sino mundial, un renacimiento indígena, con participación indígena[4]. Un humanismo global y completado con la mirada indígena. Empero este renacimiento duró poco, pues ante los levantamientos indígenas debido a las reformas borbónicas, los indígenas nobles que participaban en la estructura de poder fueron separados del mismo, fueron sacados de estas estructuras, implementándose mas bien reformas del despotismo ilustrado. La modernidad iluminista deja de lado la saturación y yuxtaposiciones barrocas ingresando a una hegemonía cultural europea, al trastrocamiento que va producir la revolución industrial. El iluminismo, el enciclopedismo, la irradiación de las ciencias positivistas, la seducción tecnológica, se van a convertir en los ideales de una época centrada en los desenvolvimientos económicos, tecnológicos y culturales europeos. Se trata de dos modernidades en contraste; la modernidad barroca se articula provisoriamente sobre la base de los dominios españoles y portugueses, articulando desde los mares del Japón, la China, la India, con nueva España y el continente conquistado. La modernidad iluminista se configura mundialmente, empero convirtiendo al Atlántico en el eje articulador de la economía-mundo capitalista. El dominio británico en el nuevo ciclo del capitalismo, acompañado por la revolución industrial, transforma el comercio y convierte la economía-mundo en el sistema de la libre empresa. La transformación de los mercados, de la estructura de los mercados, estableciendo los circuitos del comercio de los minerales, así como el consumo de energía basada en el carbón y el vapor transforma la configuración misma de los mercados y de las finanzas. Las tecnologías sociales disciplinarias se dan en este periodo; la modernización de las instituciones, de las burocracias estatales, de la administración pública y de la contabilidad económica se da también en esta época. Una especie de revolución de la individualización también es notoria; una de las expresiones de estas transformaciones en las subjetividades se da en la proliferación de las novelas y en la aparición en ellas del antihéroe, el dramático personaje del conflicto de la individuación. La modernidad de los Estado-nación, identificada por Bolívar Echeverría, sobre todo con relación a las periferias de América Latina y el Caribe, es una modernidad que corresponde a una etapa avanzada de la revolución industrial, congruente al ciclo capitalista de hegemonía estadounidense. Esta es una modernidad en clave heterogénea, que debe ser entendida en parte como adecuación y respuesta de los proyectos estatales nacionalistas, proyectando una revolución industrial y la independencia económica para los países involucrados. La construcción del Estado-nación, la modernización del Estado, las reformas democráticas, entre ellas la reforma agraria, además de la nacionalizaciones, la ampliación de los derechos y la ciudadanía, como el voto universal y la reforma educativa, van a ser los dispositivos institucionales que van a tener incidencia en los ámbitos sociales y culturales, reconfigurando también las identidades y replanteando la constitución de sujetos. En términos culturales deberíamos hablar de una modernidad mestiza, pues ese es el  proyecto de los Estado-nación.
Empero qué ocurre fuera del imaginario estatal, ¿se da la modernidad en el sentido buscado por los Estado-nación? Este sentido está muy bien expresado en el deseo de desarrollo. Este tema, como se sabe, es altamente problemático y contradictorio; lo pusieron en la mesa, en toda su complejidad los de la Teoría de la dependencia, sobre todo en lo que respecta a la comprensión de que el desarrollo produce subdesarrollo. En relación a la pregunta hay que tener en cuenta que no puede entenderse la modernidad como una experiencia homogénea, no sólo por lo que respecta a las modernidades heterogéneas, sino por la variabilidad de fenómenos, por la diferencia de intensidades y de expansiones diferenciales de la fenomenología de la modernidad. Si bien comprendemos que el continente se involucra en la conformación, despliegue y expansión de la modernidad, a partir de la conquista y la colonia, forma parte de la fenomenología de la modernidad, que tiene como matriz constitutiva precisamente a la colonización y la colonialidad, las distintas modernidades no se dan de manera homogénea, dependiendo del lugar y de las relaciones con el mercado mundial. Ya en la modernidad desarrollista, identificada como modernidad de los Estado-nación, siguen siendo notorias las diferencias entre ciudad y campo, entre ciudades capitales y pueblos, entre las aéreas urbanas y las áreas rurales, entre unos países y otros.
¿Se puede decir que el área rural, el campo, las comunidades, los pueblos y hasta algunas ciudades menores no son modernos, como algún discurso desarrollista acostumbra a hacerlo? No, de ninguna manera, todas las comunidades, los pueblos, las sociedades nativas, fueron involucradas y articuladas a la modernidad tempranamente, desde los ordenamientos territoriales de los virreinatos y capitanías, desde la implantación de las visitas y revisitas, el establecimiento de los impuestos y tributos, la circulación monetaria y la expansión de los mercados. La modernidad es la experiencia de trastrocamiento profundo que cambia la condición subjetiva, las instituciones, los valores y los sentidos. Como vasallos del rey, como comunarios censados en las visitas y revisitas, con nombres y apellidos, ya se desatan tempranamente incipientes procesos de individuación. Cuando los comunarios se hacen propietarios de la tierra con la reforma agraria, estos procesos de individualización avanzan lo suficiente como para hablar de la igualación de los hombres a través de la obtención de la propiedad de la tierra. Desde James Harrington hasta Zavaleta Mercado este es el mecanismo indispensable de la democratización. La modernidad se realiza en esa experiencia de mutación y cambio, de despliegue de los procesos de individuación; la modernidad es la articulación al mundo dominante y hegemónico del capitalismo.
Ahora bien, no hay que olvidar que la modernidad es un concepto estético, elaborado por los poetas malditos, particularmente por Baudelaire. En  la poesía de Baudelaire la modernidad aparece como experiencia de una ciudad turbulenta, ruidosa, de calles fangosas, recorridas por coches y peatones, donde todo se mezcla. La simultaneidad de todo; la desvalorización, la relativización, el suspenso, forman parte de esta experiencia. Entonces ya la modernidad denotaba mezcla. Llama la atención, que después, cuando este concepto se asume teóricamente, adquiera una connotación de homogeneidad e incluso de universalidad. Los teóricos de la modernidad confunden escenarios y espacios; confunden la modernidad como experiencia multitudinaria con la “modernidad” como proyecto institucional y de racionalización. Esta “modernidad” es ciertamente estatal, forma parte del despliegue de instituciones, procedimientos, arquitecturas, dispositivos y agenciamientos de disciplinamiento. La modernización estatal es un  proyecto de racionalización y ordenamiento en contra de la espontaneidad moderna de las sociedades abigarradas.
La modernidad inicialmente es un concepto estético, en su matriz conceptual está la idea de plasticidad y transformación; empero las filosofías estatalistas convierten el concepto en un proyecto de racionalización y de universalización. Incluso en las periferias del sistema-mundo capitalista los estados van a buscar la “modernidad” como fin, como telos, van a buscar realizarla como proyecto político     y arquitectónico. Entonces hay una contradicción inherente al concepto o percepciones dicotómicas, relativas a la experiencia y a la ilusión, a la espontaneidad y a la racionalización. La modernidad es entonces contradictoria; por una parte esta experiencia desata movimientos, movilizaciones, migraciones, suspensiones de valores, de estructuras e instituciones, liberando a los cuerpos de sus amarres consuetudinarios; por otra parte la “modernidad” aparece como proyecto estatal, como proyecto de racionalización, disciplinamiento y universalización. En tanto espontaneidad las multitudes, el pueblo, el proletariado, los movimientos feministas, se levantan y ponen en suspenso la legitimidad de las dominaciones y de las instituciones. La historia de la modernidad está plagada de estas rebeliones, la guerra civil en Gran Bretaña, la rebelión indígena panandina, la guerra anticolonial norteamericana, la revolución francesa, la guerra anticolonial de los esclavos de la isla de Santo Domingo, la revueltas proletarias, la comuna de París, la revolución mexicana, la revolución bolchevique, la guerra prolongada china, la revolución nacional boliviana, la revolución cubana, las guerras de la independencia en el África y en Asia, las nuevas revueltas indígenas en el continente de Abya Ayala. La “modernidad” como proyecto estatal irrumpe en estos escenarios y trata de domesticarlos, al buscar instituir la racionalización de las conductas y los comportamientos, el orden, la administración, el gobierno, las formas de gubernamentalidad, al desplegar un mapa institucional de control, sobre todo, en los países periféricos, al buscar como fin político el desarrollo.
Para aclararnos el problema conceptual y de interpretación de la modernidad debemos retomar dos puntos; uno es el de la matriz colonial de la modernidad, el otro es el sentido inicial estético del concepto. En relación al primer punto, debe quedar claro que la conquista, la colonización y la colonialidad no han buscado la modernidad como objetivo, no tenían en mente este fin; lo que se buscaba era riqueza, tierras, recursos, minerales, oro, plata y, por lo tanto, ganancias. Estos despliegues de violencia desataron sin buscarlo el caos, la transvaloración de los valores, la suspensión de las instituciones y estructuras tradicionales, volcaron a las poblaciones hacia un estado de suspensión y predisposiciones alternativas, donde la experiencia del tiempo, la consciencia del tiempo, la comprensión de que las instituciones son históricas, abrieron horizontes para la potencia social. Ante la evidencia de estas emergencias sociales, los estados, las disposiciones políticas y filosóficas estatalistas, buscaron estratégicamente su control y domesticación. Entonces frente a la modernidad espontánea de las masas, el Estado se propuso conformar una “modernidad” racional, ordenada, homogénea, disciplinada y controlada.
Por otra parte, es indispensable comprender que la modernidad es un productos no una condicionante histórica y cultural; la modernidad es un efecto producido por el trastrocamiento profundo y violento, también es producto de los despliegues sociales, de los sujetos en constitución, una vez liberados de todos sus amarres, suspendidas sus instituciones, valores y sistemas simbólicos. En contraposición la “modernidad” también es un producto de la racionalidad estatal.
Volviendo al tema de discusión, retomando la acusación de la izquierda tradicional al proceso constituyente, a la constitución y a las posiciones indígenas, de que se quiere volver al pasado, a la comunidad ancestral despreciando la modernidad y el desarrollo, vemos que la izquierda tiene una concepción estatalista de modernidad. No entiende que la descolonización es parte de las resistencias, las rebeliones, los levantamientos, las insurrecciones y los horizontes abiertos por las masas, las multitudes, las naciones y pueblos indígenas, el proletariado nómada, no entiende que el proyecto de transición pluralista es parte de la potencia social, de la espontaneidad de la fuerza social y comunitaria. El pluralismo se opone a la unidad racionalista del Estado, liberal y colonizante; lo comunitario es la defensa de lo común, de lo que pertenece a todos, frente a lo privado y lo público, que constantemente expropian lo común de las comunidades. Se trata de la actualización de formas institucionales comunitarias, pero también de la invención de formas de comunidad que enfrenten la crisis del capitalismo, la expropiación privada y financiera de lo común, así como también la expropiación estatal de lo común.
Las luchas indígenas por la descolonización son luchas actuales y anti-capitalistas, es una de las formas concretas de la lucha contra el capitalismo. Desconocer esta actualidad, su pertinencia y su fuerza, es apartarse de la lucha efectiva contra el capitalismo a nombre de viejos fantasmas que golpea la cabeza nostálgica de la izquierda tradicional. La perspectiva indígena, las cosmovisiones indígenas, la lucha por sus territorios, sus instituciones, su libre determinación, autogobierno, sus normas y procedimientos propios, es una lucha profundamente anti-capitalista. Ahora bien, cuando se critica la modernidad y se define el vivir bien como proyecto alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, qué se entiende por este modelo alternativo, sobre todo en lo que respecta a la modernidad. Lo primero que se critica es el nacimiento colonial de la modernidad, también su proyección colonizante en tanto proyecto estatal de racionalización y disciplinamiento, homogeneizante y domesticador. La crítica es a la modernidad como cultura hegemónica y dominante del control mundial capitalista, la crítica es al sentido de la modernidad de los Estado-nación en tanto teleología desarrollista. Aunque se critique la matriz colonial de la modernidad, no se puede desconocer la producción de modernidades por parte de las multitudes, pueblos, proletariados, movimientos indígenas, movimientos feministas. No se puede desconocer las conquistas democráticas y ciudadanas, culturales y de derechos colectivos, conquistas que se han dado como parte de la espontaneidad y potencia social, en claves alterativas y alternativas modernas. Desde esta perspectiva, no se puede pensar una afuera de la modernidad que interpele a la modernidad; la modernidad es interpelada desde su propia crisis, desde sus propias contradicciones, es interpelada por los propios sujetos que producen modernidades. Por eso es importante decodificar las modernidades heterogéneas y pensar los alcances de la propuesta de Enrique Dussel, en el sentido de un horizonte civilizatorio, otra modernidad, una trans-modernidad.
Ahora, abordaremos la discusión sobre la relación entre Estado y comunidad.
Estado y comunidad
Hay que pensar el Estado como relación o como ámbito de relaciones, también la comunidad debe ser pensada como otro ámbito de relaciones. El Estado puede ser pensado como instrumento o aparato separado de la lucha de clases, separado de la sociedad, para servir mejor a los intereses de las clases dominantes, sobre todo al interés general de la acumulación capitalista. En cambio las formas comunitarias, sobre todo indígenas, no separan, no tienen un ámbito especial político de gobierno separado de las relaciones y prácticas comunitarias. El poder se diluye en la potencia comunitaria, los mandos son rotativos y participativos, las asambleas son las instancias de resolución y formación de consensos. Tomando en cuenta estas definiciones, se dice que el Estado se opone a la comunidad y la comunidad se opone al Estado. Por lo tanto no puede haber un Estado comunitario.
Viendo de esta forma el enunciado de Estado comunitario, el concepto aparece como una contradicción ninherente. Empero, hay que tener en cuenta en la coyuntura varias cosas. La primera es que la Constitución se refiere a una transición, a un Estado en transición; la misma Constitución se define como en transición, establece las condiciones de la transición. Por otra parte, el Estado del que se habla es plurinacional y comunitario. Esto quiere decir que se reconoce distintas condiciones estructurales e institucionales, no sólo comunitarias; por lo tanto, de lo que se trata es de acordar la coordinación entre naciones y pueblos, entre formas comunitarias y formas no-comunitarias. El sentido de Estado plurinacional diseña esta posibilidad. Lo comunitario ingresa a esta acuerdo a partir de su propia autonomía y libre determinación; el Estado plurinacional comunitario debe lograr la relación coordinada entre comunidades y otras formas estructurales e institucionales. La otra condición definida por la Constitución en lo que respecta al Estado es la condición autonómica, que responde a la demanda de descentralización administrativa y política, así como a las demandas territoriales, de los enfoques territoriales y eco-sistémicos. Estas tres condicionantes de la transición estatal, la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición autonómica diseñan los ejes de la transición, pero también conforman los ámbitos de la participación, del ejercicio plural de la democracia.
El problema de la relación entre Estado y sociedad en la transición no es solamente un problema teórico, que se va a resolver teóricamente, sino es un problema también político, un problema de ingeniería institucional, si usamos arbitrariamente este término, de la transición y de la transformación.
Por último el enunciado de Estado plurinacional comunitario y autonómico ha sido tanto una construcción colectiva por parte del Pacto de Unidad, si nos remontamos al documento para la constituyente de esta organización indígena y campesina. Sólo que, en este caso, la autonomía se tiene que entender como autonomía indígena. También el enunciado ha sido producto de la construcción dramática de un pacto social logrado en la Asamblea Constituyente. El enunciado entonces es una construcción política. El problema teórico que plantea este acontecimiento es mayúsculo, pues exige que el análisis se sitúe en la comprensión del contexto, de la coyuntura, del proceso, del campo de fuerzas. No es aconsejable hacer solamente elucidaciones en el mapa abstracto de los conceptos; es indispensable pensar los acontecimientos históricos y políticos a partir de conceptos, usando los conceptos para pensar estas realidades. No es aconsejable pensar los conceptos sin el espesor histórico y político  de los acontecimientos.
La cuestión estatal en la Constitución
La cuestión estatal, parece un tema no resuelto. Fue largamente debatido por los marxismos, empero parece sin solución, sobre todo debido a que las experiencias del llamado socialismo real derivaron en espantosos estados burocráticos y represivos. Los revolucionarios no pudieron destruir el Estado, el Estado los destruyó a ellos. ¿Por qué pasó esto? ¿No pudieron escapar de la historia? ¿Qué tiene que ver todo esto con las estructuras y las lógicas de poder? Estos problemas quisiéramos retomarlos, empero a la luz de lo establecido en la Constitución.
Ante todo la Constitución asume la comprensión de que vivimos una transición política, una transición descolonizadora, una transición civilizatoria hacia el modelo alternativo del vivir bien. El Estado plurinacional comunitario y autonómico es la forma institucional de esta transición. El modelo político, Estado plurinacional comunitario; el modelo territorial, el pluralismo autonómico; el modelo económico, la economía social y comunitaria; modelos articulados por el mega-modelo del vivir bien, entendido como modelo alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo; son los diseños y los ejes institucionales de la transición. Se trata de un mapa institucional pensado desde el pluralismo institucional. La transición política se concibe como transición civilizatoria, una transición que se propone ir más allá de la modernidad. Se diferencia de la transición pos-capitalista de la dictadura del proletariado precisamente por no circunscribirse en el contexto de la modernidad. En lo que respecta al desmontaje del Estado-nación, se proponen transformaciones pluralistas, comunitarias, interculturales y participativas del Estado. Sobre todo lo último es importante por cuanto se trata de romper con la separación entre Estado y sociedad, gobernantes  gobernados, funcionarios y usuarios. Se trata de construir el ejercicio plural de la democracia, democracia directa, democracia representativa  y democracia comunitaria. Se trata de conformar el sistema de gobierno como democracia participativa. Efectuar la construcción colectiva de la decisión política, la construcción colectiva de la ley y la construcción colectiva de la gestión pública. La gestión pública debe servir para desmontar el Estado-nación y construir el Estado plurinacional comunitario y autonómico. La gestión pública deja de entenderse como administración de normas, deja de estar meramente vinculada a la gestión por resultados; se trata de una gestión dirigida al impacto, valorizada por los efectos de cambio y transformación. Esta gestión pública es plurinacional comunitaria e intercultural.
¿Cómo interpretamos esta concepción de la cuestión estatal y de la transición? En primer lugar, el principal problema planteado es con respecto al Estado-nación, considerado Estado liberal y colonial. Se trata de salir de la órbita de la colonialidad, de escapar de la condena de los Estado-nación subalternos, subordinados a la geopolítica del sistema-mundo capitalista, convertidos en instancias administrativas de la transferencia de recursos naturales a las metrópolis. La descolonización  implica el desmontaje de la herencia colonial del poder; el desmontaje de la colonialidad del poder significa el desmantelamiento de este aparato de Estado-nación, cuyo proyecto desarrollista implica un proyecto cultural de mestización,  borrando la identidad de las naciones y pueblos indígenas originarios. Entonces la cuestión estatal en la Constitución tiene que ver en primer lugar con la problemática heredada del Estado-nación.
La segunda cuestión, aunque puede ser también la primordial, es el problema del Estado como instrumento separado de la lucha de clases. El Estado como aparato y heurística del poder, como estructura efectiva e institucionalidad del poder. El Estado como forma, contenido y expresión del poder, del ejercicio del poder. Entonces el Estado como espacio y tiempo de las formas de gubernamentalidad, de las formas de gobierno y gobernanza. El problema en esta cuestión es cómo salir de las formas de gubernamentabilidad jerárquicas, verticales y burocrática, de las formas de gubernamentabilidad conformadas en la monarquía absoluta, en la república, en tanto gubernamentalidad liberal, así como en la etapa tardía republicana, en tanto biopoder, como forma de gubernamentalidad neo-liberal. La propuesta es construir formas de gubernamentalidad de las multitudes, participativas, desburocratizadas, colectivas, formadoras de consensos, coordinadas y en armonía con los ecosistemas.
En tercer lugar es indispensable tener en cuenta el carácter de los Estado-nación subalternos, cuál es su función en el orden mundial, en el contexto de la geopolítica del sistema mundo capitalista. Se ha dicho que los Estado-nación en la periferia son como resistencias a los proyectos imperialistas, defienden las soberanías de las naciones conformadas. Esta sería la diferencia con los Estado-nación imperialistas, que abiertamente se convierten en aparatos de sometimiento tanto internamente, respecto a sus sociedades, como externamente, respecto a otras naciones y estados. Hay que decir que esto es relativamente cierto, dependiendo de los gobiernos, los proyectos políticos y la relación con las sociedades nativas. Cuando se dan gobiernos progresistas, proyectos de resistencia anti-imperialista y movilizaciones de apoyo a la defensa de las soberanías, esto puede ser cierto. En cambio, cuando los gobiernos son más bien claramente pro-imperialistas, cuyos proyectos son más bien de sometimiento y subordinación, además de enfrentarse con sus propios pueblos, la interpretación no es correcta. Por otra parte, incluso en el caso de gobiernos progresistas, los límites del los Estado-nación terminan mostrando las concomitancias con las dominaciones del orden mundial. Se trata de estados que administran la transferencia de recursos naturales a las metrópolis del centro del sistema mundo, se  trata de estados que administran el modelo económico extractivista colonial del capitalismo dependiente. Desde esta perspectiva la cuestión estatal en las periferias se hace más problemático. Aparecen como formas políticas de resistencia a los imperialismos, empero, terminan siendo instrumentos y engranajes de las estructuras de poder de la dominación mundial. La historia de los Estado-nación subalternos nos muestra este itinerario, este círculo vicioso de la dependencia.
No parece ser posible salir del círculo vicioso de la dependencia solamente apostando a proyectos políticos de nacionalización de los recursos naturales, tampoco parece posible hacerlo apostando por proyectos de industrialización y sustitución de importaciones. Este camino nos conduce a nuevas formas de dependencia mientras no se rompa con la estructura de poder mundial, la geopolítica del sistema-mundo capitalista, y sobre todo las formas políticas de los Estado-nación que atan a las periferias al centro del sistema-mundo y a las lógicas de acumulación de capital. Por eso es indispensable pensar, proponer y efectuar una alternativa política diferente. En el cambio y ruptura con las formas políticas de los Estado-nación, en la propuesta de transición del Estado plurinacional comunitario y autonómico, radica lo novedoso de la propuesta emancipadora indígena y de los movimientos anti-sistémicos contemporáneos.  Nuevas formas políticas que trasciendan el Estado-nación, formas participativas y pluralistas, que incorporen gubernamentalidades de las multitudes, la irrupción de las sociedades y comunidades, la formación de consensos, el ejercicio plural de la democracia, la integración ecológica de las sociedades, pueblos y países del mundo, la apertura de mercados complementarios, basados en la valorización de la vida, la internacional de los pueblos, son algunas de las formas organizativas e institucionales solidarias de un mundo alternativo, una transformación civilizatoria, basada en las emancipaciones múltiples.
Por último, debemos volver a discutir ¿qué es el Estado? Escapar de la idea de que es una esencia, que tiene una esencia, que hay un problema ontológico en la cuestión estatal. No hay una esencia, tampoco una sustancia estatal. El Estado es básicamente la idea de totalidad política de la genealogía de las soberanías, es la idea de totalidad que acompaña a las formas prácticas de gobierno y gubernamentalidad, a las formas de administración de los cuerpos y los recursos, a las formas de modulación de los cuerpos y constitución de subjetividades subordinadas y domesticadas. El Estado no existe como materialidad política única, como positividad, como empírea; lo que existe son administraciones burocráticas, normativas, de gestiones, y campos de dominios, en los límites de una geografía política y de acuerdo a los alcances de una geopolítica, sea esta elaborada o incipiente. Lo que existe son los instrumentos y aparatos mas o menos articulados en función de diagramas de poder. El Estado es un imaginario empero sostenido en una apabullante materialidad de prácticas, de relaciones, de estructuras, de sistemas normativos, reglamentaciones, de disuasión y ejecución. En cada Estado hay que descubrir más bien su propia genealogía del poder, su propia historia heurística, su propia historia de dominaciones, historia de poderes que vencen resistencias.
Entonces se requiere una acuciante mirada crítica del poder, nuevas teorías del poder, de las relaciones de poder, de las estructuras de poder, de las instituciones y de las lógicas de poder. Por lo tanto se requieren para sostener estas teorías de investigaciones empíricas, investigaciones en profundidad, en múltiples niveles, macro-física y micro-físicas del poder. Empero, paralelamente a estas investigaciones, se requiere de teorías actualizadas de la potencia social, de las resistencias, las capacidades y posibilidades de los cuerpos, de las multitudes, de los pueblos, las comunidades, las colectividades, los proletariados. La tesis que proponemos al respecto es que hay poder, en tanto relaciones de fuerza vinculadas a las dominaciones, y hay potencia social, en tanto relaciones de fuerza y subjetividades creativas emancipadoras. Debemos estudiar poder y potencia en sus contradicciones, en sus luchas, pero también en sus mezclas y entrelazamientos.
Conclusiones
1.       Un mismo fantasma del Estado comparten las derechas, los nacionalismos y las izquierdas; nos referimos notoriamente a la llamada izquierda tradicional. Se trata de proyectos estatalistas. Sus diferencias radican en que unos defienden los intereses imperialistas; los otros las soberanías, entendidas como legitimaciones de estructuras de poder; en tanto que los terceros defienden los intereses del proletariado sindicalizado. Empero todos lo hacen en el campo gravitatorio del Estado, por lo tanto control, comando, dirección, jerarquía e instrumento jurídico-político separado de la sociedad. Esta proyección los ata a “modernidad” estatalista, disciplinaria, homogeneizante y universalista.
2.       Los Estado-nación subalternos de las periferias del sistema-mundo capitalista terminaron formando parte del engranaje de dominación del orden mundial. Sus límites estructurales se definen en el carácter administrativo de la transferencia de recursos naturales y en el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente.
3.       El horizonte del Estado plurinacional comunitario y autonómico abre recorridos de descolonización, de participación, de gubernamentalidades plurales democráticas de las multitudes, de emancipaciones múltiples, conformando pluralismos institucionales, de gestiones plurinacionales comunitarias e interculturales.
4.       La defensa del proceso constituyente y de la Constitución, proceso que no ha concluido, es una indispensable tarea política en un proceso contradictorio y en el contexto de la lucha de clases racializada, es decir anti-colonial y descolonizadora.     
         
        


[1] Etiene Balibar, Emmanuel Wallerstein: Nación, raza y clase. IEPALA 1988. Madrid.
[2] Bolívar Echeverría: Crítica de  la modernidad capitalista. Vicepresidencia del Estado plurinacional de Bolivia 2009. La Paz.  
[3] Enrique Dussel: El encubrimiento del otro. CLACSO. Plural. La Paz-Bolivia.
[4] Serge Gruzinski: El pensamiento mestizo. Paidos; Barcelona 2000.  

LA MARCHA INDIGENA DEL TIPNIS EN BOLIVIA Y SU RELACIÓN CON LOS MODELOS EXTRACTIVOS DE AMERICA DEL SUR


LA MARCHA INDIGENA DEL TIPNIS EN BOLIVIA Y SU RELACIÓN CON LOS MODELOS EXTRACTIVOS DE AMERICA DEL SUR
Sarela Paz[1]
Iniciando la década del 2000, en Cochabamba, la tercera ciudad de Bolivia, se desencadenó una movilización espontánea realizada por los habitantes de la ciudad y sus regiones aledañas, movilización producida ante el intento del gobierno de Sánchez de Lozada de concesionar las aguas de la cordillera que abastecen al valle interandino que cobija la mencionada ciudad a una transnacional.  Dicho episodio conocido como la Guerra del Agua, abrió un ciclo de movilizaciones populares en Bolivia orientadas claramente a pensar cómo es posible desmantelar el armazón institucional neoliberal que logró la capitalización y transnacionalización de varios recursos naturales estratégicos en Bolivia (petróleo/gas/minería).  La década del 2000, saturada de contradicciones y luchas internas en política boliviana, logró episodios de gran alance que permitieron discutir al ciudadano boliviano el futuro de recursos naturales estratégicos como gas y petróleo, agua y recursos mineralógicos.  Movilizaciones y desobediencia civil marcaron el debate.  Industrialización, desarrollo productivo que atienda necesidades de la población, salidas económicas más allá del capitalismo, nos hicieron pensar a los bolivianos en la posibilidad de un horizonte distinto al que habíamos ocupado secularmente en términos de la economía global.  Además, el advenimiento de un presidente indígena en diciembre del 2005, inédito en la historia nacional, nos invitó a considerar seriamente las posibilidades de un cambio profundo y estructural en la sociedad boliviana.
Una década después se produjo la marcha indígena del TIPNIS, en los meses de agosto, septiembre y octubre del 2011.  Dicha marcha mostró los caminos y senderos transitados en relación a los posibles sueños y horizontes de cambio que nos habíamos propuesto los bolivianos en la primera mitad del siglo XXI.  La primera contradicción/constatación que nos mostro la mencionada marcha fue los intereses disímiles entre los pueblos indígenas respecto a cómo entender el desarrollo, la segunda contradicción/constatación que develó la marcha fue que el horizonte económico de modelo extractivo primario exportador no sólo que no había cambiado sino que se había ahondado durante la década en que los bolivianos expectábamos avanzar hacia la industrialización de los hidrocarburos, para convertirnos en algo más que un país que ofrece materias primas en el mercado global.  La tercera contradicción/constatación que mostro la marcha indígena es que la dimensión política de Estado Plurinacional presenta enormes contradicciones con un modelo extractivo primario exportador, modelo que requiere para sus operaciones productivas fundamentos y bases de un Estado centralista y mono nacionalista. ¿La forma política del Estado Plurinacional puede operar bajo un modelo extractivo en la economía? ¿Es posible que los intereses del modelo extractivo primario exportador puedan coincidir con los intereses de los pueblos indígenas?.
El presente artículo se propone analizar el conflicto acaecido con la marcha indígena del TIPNIS en el 2011, reflexionando acerca de cómo dicha movilización muestra las paradojas que inscriben al Estado Plurinacional de Bolivia, Estado que se plantea funcionar con principios económicos y políticos plurales que quedan limitados por el horizonte de un modelo económico extractivista que hegemoniza las políticas de Estado.  Ciertamente, el desafío es poder explicar la relación entre la movilización indígena del TIPNIS y la dimensión del modelo extractivista en Bolivia, lo cual supone describir las características del conflicto, los actores que están inmersos, la relación entre los actores, sus intereses, y los intereses que se ponen en juego cuando el Estado busca expandir un modelo extractivista primario exportador.  En la indagación de las mencionadas variables es importante reparar en los proyectos de desarrollo que empujaron las comunidades indígenas del TIPNIS, observando cómo ellos son una salida distinta a la propuesta extractiva que domina las razones de Estado.  Con dichas ideas, trazaré algunas conclusiones explicativas de lo que está aconteciendo en relación a las distintas visiones de desarrollo que nos proponen los pueblos indígenas en Bolivia y el rol que está jugando el Estado en relación a esas visiones.  
Algunos antecedentes sobre el TIPNIS.-
El TIPNIS es un Parque Nacional y Territorio Indígena; esto es, un territorio que por razones de la historia posee una doble condición: ser área protegida y a la vez ser territorio indígena.  Como área protegida opera desde el año 1965, mediante el Decreto Ley # 07401 que fue promulgado por el gobierno de René Barrientos Ortuño.  Muchos se preguntaran cómo es que fue decretado un Parque Nacional en aquellos años cuando la política pública de la época se caracterizaba por un nacional populismo producto de la revolución agraria de 1952 y la ocupación –colonización– de tierras amazónicas en Bolivia.  En realidad, los entretelones de la historia nos muestran a dos personas ligadas a los pueblos indígenas que habitaban en el TIPNIS, un explorador habitante del antiguo Pueblo de Todo Santos (río Chapare) Hans Hoffman y un misionero jesuita llamado padre Erik, ambos mantenían vínculos culturales y religiosos con las comunidades indígenas de la zona y coincidieron en la necesidad de que el Estado delimite un lugar de refugio para las comunidades indígenas amazónicas, puesto que la colonización proyectada en los años 50 y 60 en la zona del Chapare, implicaba la ocupación de territorio de los pueblos indígenas amazónicos.
¿Por qué el Estado boliviano ocupaba tierras de los pueblos amazónicos?.  En la lectura constitucional profundamente nacionalista de la época, las tierras de las tribus selvícolas en realidad formaban parte de lo que se consideraba tierra fiscal; es decir, tierra de dominio y propiedad del Estado.  Así, éste podía decidir acerca de su destino.  Uno de los grandes proyectos estatales implementados después de la revolución de 1952 fue justamente la marcha hacia el oriente boliviano (Soruco 2008), la ocupación de tierras en los llanos amazónicos y chaqueños de Bolivia que buscaba consolidar una agroindustria exportadora en la región de Santa Cruz (caña, algodón, girasol, soya) y, a su vez, implementar planes y programas de colonización a la región de los yungas por parte de sectores campesinos andinos ya que éstos iban a verse expuestos rápidamente a un proceso de parcelación y empobrecimiento de su economía campesina (Laserna 1987). El contingente de campesinos colonizadores a los yungas bolivianos estuvo conformado por quechuas y aymaras que buscaron expandir sus iniciativas agrarias en tierras bajas y el Chapare se convirtió en uno de los lugares de destino.  Proyectos camineros como el 1 y 4 programados en la primera mitad de la década del 60 que comunicaban Villa Tunari con Puerto Villarroel y apoyados por USAID, nos muestran ya un programa de penetración caminera al TIPNIS (Ver mapa Ministerio de Economía Nacional 1966)[2].  Esta es una razón fundamental para que las personas arriba mencionadas hayan gestionado la creación del Parque Nacional como un territorio destinado al refugio de las tribus selvícolas.
El TIPNIS como territorio indígena ha sido creado en 1990 mediante Decreto Supremo # 22619 en la gestión del presidente Jaime Paz Zamora.  La aceptación de dicho territorio tiene que ver con la primera marcha indígena de tierras bajas en agosto septiembre de 1990.  Las comunidades indígenas del TIPNIS, junto con comunidades indígenas de Bosque de Chimanes y comunidades indígenas del pueblo siriono, desarrollaron su demanda de reconocimiento al territorio indígena mediante el mecanismo de la marcha.  Fruto de la movilización de los años 90 y la aceptación de la figura jurídica de territorio indígena, el Estado boliviano acepta suscribir el Convenio 169 de la OIT que protege los derechos de los pueblos indígenas y tribales, desarrollando una reforma constitucional donde se introduce la figura de territorio indígena bajo el nombre de Tierra Comunitaria de Origen (TCO), figura de propiedad colectiva sobre la tierra que es reconocida a favor de los pueblos indígenas en la Ley INRA promulgada en 1996.  A partir de entonces el TIPNIS es un territorio indígena legalmente constituido (reconocido por el Estado) en beneficio de tres pueblos indígenas amazónicos: los yuracares y chimanes que son pueblos que habitan la selva alta y desarrollan una economía étnica amazónica basada en una relación compleja entre caza, pesca, recolección y agricultura y el pueblo mojeño trinitario que tiene como centro territorial las regiones de bosques y sabanas inundables y que también forma parte de la economía étnica amazónica.
El epicentro del conflicto del TIPNIS y la marcha indígena del 2011 surge por un hecho relativo a los derechos territoriales que los pueblos yuracarés, chimanes y moxeño trinitarios tienen; esto es, el derecho propietario de su territorio que les faculta a ser consultados cuando una medida del Estado les afecte.  El gobierno boliviano de Evo Morales decidió hacer una carretera que atraviese el territorio indígena del TIPNIS y que comunique dos centros urbanos intermedios como son Villa Tunari y San Ignacio de Moxos[3].  El proyecto carretero fue aprobado por el gobierno de Evo Morales en el año 2007 sin una negociación o Consulta Previa con los pueblos del territorio en cuestión.  A partir de ello se desencadeno un conjunto de hechos que deterioraron profundamente la relación del Poder Ejecutivo con la dirigencia indígena amazónica y fue en el mes de abril del 2011 que la Asamblea Legislativa Plurinacional aprobó el crédito que otorgaba BNDES[4]para la construcción de la carretera, lo que devenía en el ingreso de la maquinaria de obras a la región inicial del Parque (poblado de Isinuta).  En ese contexto los dirigentes indígenas del TIPNIS convocaron a un encuentro territorial, que se constituye la máxima instancia de decisión interna, en la comunidad de San Pablo del Isiboro y sacaron un voto resolutivo que dice claramente que los pueblos indígenas del TIPNIS no se oponen a la carretera Villa Tunari San Ignacio de Moxos sino que se oponen a que dicha carretera pase por el centro del territorio y lo parta en dos.
Considerando los elementos expuestos, uno podría creer que se trata expresamente de un conflicto entre el  gobierno y las comunidades indígenas del TIPNIS.  No obstante, acercándonos a las lógicas productivas del territorio lo que encontramos, en primera instancia, son dos lógicas productivas que nos muestran dos modelos de desarrollo vinculados a actores sociales diferentes y dinámicas económicas de distinta escala y, en segunda instancia, las iniciativas de un Estado que nos propone la construcción de un camino como parte de una propuesta de desarrollo interdepartamental pero sin hablarnos claramente de los vínculos que hay entre sectores que componen las articulaciones de poder dentro del gobierno de Evo Morales y los modelos de desarrollo que se desenvuelven en el TIPNIS, menos aún de cómo la carretera en cuestión forma parte los planes de explotación petrolera que tiene el gobierno boliviano y los planes de desarrollo de infraestructura que están liderizados por el Brasil a través del plan Iniciativa de Integración Regional Sudamericana (IIRSA).
Lógicas de desarrollo y pueblos indígenas.-
¿Cuáles son las dos lógicas productivas y de desarrollo que se han puesto en juego en el conflicto del TIPNIS y que forman parte de los actores que viven dentro de él? Retomando el Estudio de Evaluación Ambiental Estratégica que se realizó entre marzo y julio del 2011 por encargo del SERNAP (Servicio Nacional de Áreas Protegidas-perteneciente al Vice ministerio de biodiversidad)[5], en el TIPNIS es posible identificar dos lógicas o modelos de desarrollo que expresan visiones indígenas distintas y se vinculan de manera diferente con las propuestas de desarrollo que impulsa el gobierno boliviano de Evo Morales.  Por un lado, una lógica económica que tiene sus bases materiales en la economía étnica amazónica de las comunidades indígenas yuracares, chimanes y moxeño trinitarias y que se desenvuelve en base a un eje: el uso, acceso y aprovechamiento de los bienes del bosque de forma colectiva.  Ciertamente, la economía étnica de las comunidades indígenas opera bajo una esfera de economía de subsistencia donde se amalgama otra esfera de economía comunitaria que tiene que ver con el aprovechamiento sostenible de los bienes del bosque con fines de vinculación comercial.  Por otro lado, una lógica económica que tiene bases materiales en la economía de producción de hoja de coca que es impulsada por los colonizadores andinos, quechuas y aymaras, quienes  migraron a la región como fruto del programa de ocupación a tierras bajas del Estado nacional populista pos 52 y que se desenvuelve en base al eje de: uso, acceso y aprovechamiento de los bienes del bosque en forma individual.  Este modelo económico prioriza en el contexto bosque un bien mayor: la tierra.  Bosque convertible en tierra cultivable para la hoja de coca.  Su producción tiene un destino exclusivamente comercial, la venta de hoja de coca.
Detallemos lo que significa el modelo de desarrollo que se desenvuelve en el seno de las comunidades indígenas amazónicas.  La economía étnica que forma la base productiva y reproductiva de las comunidades indígenas yuracares, chimanes y moxejo trinitarias tiene bases en actividades tradicionales de caza, pesca, recolección y agricultura.  Los tres pueblos indígenas realizan las cuatro actividades con sus matices.  Por ejemplo, las familias indígenas yuracares y chimanes desarrollan agricultura en la selva alta y se caracterizan por sostener una agricultura de carácter agroforestal; en cambio, los mojeño trinitarios han desarrollado más destrezas agrícolas en la región de los bosques inundables, sin manejar demasiadas parcelas agroforestales pero incorporando las regiones de sabana a su sistema productivo.  La economía étnica que caracteriza a estas comunidades muestra un acoplamiento muy estrecho a los ritmos biovegetativos de los tres ecosistemas existentes en el TIPNIS[6].  Dicho acoplamiento es optimizado por las familias indígenas bajo un sistema de aprovechamiento de recursos caracterizado por la concentración y dispersión poblacional; esto es, comunidades que concentran familias indígenas donde se desarrolla centralmente agricultura y actividades menores de cacería, recolección, pesca y dispersión poblacional de las familias indígenas en un área de influencia grande comunal e intercomunal para centrarse en actividades de cacería, recolección y pesca.
La economía étnica de la zona responde centralmente a las necesidades de reproducción de las familias indígenas, es un modelo económico que tiene como eje el garantizar la seguridad alimentaria de los pueblos, por eso muchos la reconocen como una economía de subsistencia.  La gran condición para su existencia es que el bosque y sus bienes no sean parcelados ni individualizados.  Las bases materiales de su reproducción como sistema económico están en que las áreas comunales e intercomunales a las que acceden las familias indígenas, son de propiedad colectiva, por tanto, su gestión es una gestión compartida entre las distintas comunidades.  En el caso de la actividad agrícola, los sistemas agroforestales son de beneficio familiar y se traspasan de una generación a otra en base a lazos consanguíneos.  Las familias indígenas respetan el trabajo incorporado en los sistemas agroforestales y por eso el acceso es familiar y consanguíneo.  En cambio el resto de las actividades, la cacería, recolección y pesca, se desenvuelven en los bosques comunales e intercomunales del territorio.  De ahí  el carácter de su propiedad colectiva.  Así, el modelo económico que se desenvuelve entre las comunidades indígenas ubica a los bienes del bosque en un sentido de articulación integral.  La valoración combinada de los bienes del bosque nos hace ver que la selva alta es tan importante como las parcelas agrícolas, los árboles son tan importantes como la tierra; lo propio, los animales que habitan en el bosque son tan importantes como los frutos de la agricultura o los recursos acuáticos.  En ese sentido, la economía étnica antes que responder a las necesidades del mercado responde a las necesidades de las familias indígenas.
Amalgamando con la economía étnica de las familias indígenas, existe una esfera económica que funciona en base a modelos productivos comunitarios y que tiene como fin usar y aprovechar los recursos naturales renovables con destino comercial.  Es posible afirmar que estos proyectos de desarrollo comunitario han sido madurados en un dialogo y contrapunteo con los criterios de conservación que se ponen en juego en el TIPNIS como área protegida.  El 2001, como parte de una acción concertada entre las organizaciones indígenas y el SERNAP, se inicia la re categorización del Parque Nacional, formulándose nuevas formas de gestionar el área protegida. Desde entonces el TIPNIS está re categorizado en tres zonas: 1º zona núcleo de extrema protección y conservación de la biodiversidad, susceptible de usarse para fines de investigación e ingresos fortuitos de caza y recolección por parte de las familias indígenas, 2º una zona de uso tradicional que permite el desenvolvimiento de la economía étnica y 3º una zona de uso sostenible de recursos que permite proyectar los planes de desarrollo comunitario en base a planes de manejo a) forestal, b) de cuero de saurios, c) turismo ecológico y d)agroforestal con chocolate nativo.  La zona de uso sostenible de recursos se ubica en los bosques de galería que acompañan los ríos Sécure, Isiboro e Ichoa y básicamente estamos hablando de las áreas donde se asientan las comunidades. [7]
Los planes de desarrollo comunitario que se desenvuelven en la zona 3º están traduciendo una visión que proyecta a las comunidades hacia relaciones mercantiles regionales y globales.  En el caso forestal y de saurios los circuitos son regionales, en el caso de turismo ecológico y chocolate nativo los circuitos son nacionales y globales.  Lo que interesa resaltar en esta dimensión de desarrollo comunitario e intercomunitario es que el acceso, uso y gestión de los bienes del bosque no han roto con la propiedad colectiva tan presente en la economía étnica, es decir, no han roto con el eje fundamental que caracteriza la relación de las poblaciones indígenas con el bosque.  El segundo elemento que interesa resaltar en los planes de desarrollo comunitario es que la dimensión integral de los bienes del bosque forma parte de lo que se está entendiendo como aprovechamiento sostenible de recursos.  Usar y aprovechar diversificadamente los bienes del bosque, potenciando sus características y acompañando el beneficio que dan a las comunidades indígenas con planes de manejo para los recursos en cuestión, forma parte de la necesidad de un desarrollo comunitario que no quiere distanciarse del valor global del bosque.  En ese sentido, la re categorización del TIPNIS lleva un implícito: se requiere proteger la biodiversidad del área y las iniciativas de desarrollo no pueden ir en contraste a los objetivos planteados en el área protegida.  El plan propuesto en el 2001 categóricamente menciona que no puede haber exploración y sísmica petrolera en la zona núcleo o zona 1º (Plan Estratégico de Gestión, Trinidad, SERNAP, 2001).[8]
Ciertamente, los elementos anotados son los que interesa analizar a la luz de la política estatal que busca construir la carretera por el TIPNIS.  La lógica de los modelos de desarrollo comunitario buscan precautelar por el bien mayor que es el bosque y su conservación.  No obstante, aunque son modelos que vinculan a las familias indígenas con circuitos mercantiles, el esquema productivo basado en la gestión colectiva de los recursos permite a las comunidades indígenas desarrollar un control político sobre el territorio.  Justamente, es el control político sobre el territorio lo que en opinión de las comunidades se vería ampliamente afectado con la construcción de la carretera.  Ésta atravesaría la zona núcleo poniendo en riesgo el potencial de biodiversidad que alberga, o como dicen las comunidades indígenas “poniendo en riesgo la zona de producción de vida para el territorio; en el corazón del TIPNIS se produce la lluvia, se reproducen los animalitos y nuestros mejores árboles están ahí”.  La carretera atravesaría la zona núcleo, la partiría en dos y, peor aún, siendo una zona que no   tiene asentamientos indígenas ya que éstos se encuentran ubicados en la zona de uso sostenible de recursos, quedaría desprovista de control y protección territorial que estuvo vigente hasta el presente gracias a su difícil accesibilidad.
¿Por qué la carretera propuesta por el gobierno de Evo Morales supone un debilitamiento del control político del territorio? Porque ella trae la colonización, trae al productor andino quechua y aymara, trae la producción de hoja de coca, trae la individualización y parcelación de los bienes del bosque.  La experiencia que tienen las comunidades indígenas del TIPNIS en la zona sur (polígono 7) es justamente un debilitamiento constante y sistemático del control político territorial que tuvieron como indígenas y que se revierte a favor del productor de hoja de coca que migro a la zona.  Mucho más ahora que, en palabras de los indígenas, tienen un presidente.  El riesgo mayor es justamente que la carretera producirá la colonización y ocupación de la zona núcleo del TIPNIS (Pie de Monte), arrinconará a los poblados indígenas y la estructura de economía étnica que integra y articula los planes de desarrollo comunitario que precautelan el bosque como un bien mayor, quedarán en una condición de extrema vulnerabilidad.  Como lo registró Sarela Paz en la investigación que desarrollo en el TIPNIS en 1989-1990 “Nosotros los yuracares y trinitarios somos hombres que vivimos en los ríos, hacemos nuestras comunidades cerca a las orillas.  En cambio los quechuas siempre están donde hay camino: donde se acaba el camino, ahí se acaban los collas” (Santísima Trinidad-Comunidad moxeño trinitaria.  Impresiones de don Silverio Muiba, 1991).
Pasemos a detallar el modelo de desarrollo que se desenvuelve en el seno de los poblados quechuas y aymaras que se encuentran asentados en la región sur del TIPNIS, en el polígono 7, como lo designó el INRA[9].  La presencia del actor social colonizador en territorios amazónicos tiene fuente de explicación en la política pública nacional populista pos 1952, como ya hemos explicado anteladamente[10].  Sectores quechuas y aymaras que se desenvolvieron como campesinos en el marco de un Estado nacional populista, migraron a la región de los yungas tropicales con el fin de ampliar y diversificar su economía.  La iniciativa de los colonizadores andinos de ocupar tierras en los yungas tropicales consolidó su participación en el desarrollo del mercado interno en Bolivia a través de productos como frutas, arroz, café, chocolate y por supuesto, el producto privilegiado de los yungas: la hoja de coca.  ¿Qué es la característica específica de los colonizadores quechuas y aymaras del TIPNIS respecto de otras zonas de yungas en Bolivia? O respecto de las zonas del Chapare?.  El factor fundamental a entender en la dinámica de la colonización de los productores de hoja de coca del TIPNIS es que sus procesos migratorios vienen de los años 1982-1985 y 1986-1989, procesos migratorios que sostienen una estrecha relación con las políticas de ajuste estructural y de desplazamiento del Estado nacionalista hacia un Estado con contenido mucho más neoliberal.  Empobrecimiento extremo de la economía campesina en ciertas regiones de los Andes (Norte de Potosí) y relocalización de mineros, producen migraciones masivas a la región sur del TIPNIS.  Pero, a diferencia de sus otros pares colonizadores de los yungas de La Paz, Ixiamas o Ivirgarzama en el propio Chapare, en el TIPNIS el sujeto migrante centra su actividad agrícola en la producción de hoja de coca.  Los estudios desarrollados por Carlos Hoffman en el polígono 7 nos muestran que el 95% del ingreso de las familias proviene de la hoja de coca (1994).  Estamos entonces ante una región mono productora de hoja de coca y que tempranamente fue identificada como Zona Roja por sus vínculos con el narcotráfico.
El modelo de desarrollo impulsado por los productores de hoja de coca de la zona sur del TIPNIS supone una dinámica muy fuerte de apertura de la frontera agrícola que implica deforestación, áreas de bosque tropical que son rápidamente convertibles a parcelas de producción de hoja de coca.  En aproximadamente 25 años de avance de la colonización dentro del TIPNIS, el Pie de Monte que se ubica entre el alto Isiboro y el alto Ichoa ha sido ocupado y transformado en áreas agrícolas y centros poblados muy dinámicos que se caracterizan por tener los servicios básicos (agua, luz, sistema de alcantarillado), colegios con bachillerato, antenas repetidoras, terminal de buses y un mundo social conectado a dinámicas globales.  Poblados como Aroma, Icoya, Minera A, Villa San Gabriel se han convertido en áreas que tienen un formato más urbano que rural. 
El centro de la transformación y de la diferencia como modelo de desarrollo debe identificarse en la característica productiva de las familias de colonizadores andinos y las motivaciones de su migración.  José Blanes y Gonzalo Flores (1984) puntualizan en sus investigaciones sobre el Chapare que el campesino andino, quechua o aymara, busca en las nacientes colonias que va ocupar, un desplazamiento económico y social.  De campesino se proyecta a desplazarse hacia productor agrícola; ello implica monetarizar, mercantilizar su economía, diversificarla de tal forma que su producción tenga como destino el mercado regional de las ciudades bolivianas, además de una circulación ampliada de la mano de obra campesina.  En ese sentido, el uso, acceso y aprovechamiento de los bienes del bosque se desenvuelve en forma individual y se prioriza un bien específico, la tierra.  Por eso es que cuando el INRA entro a sanear la propiedad de la tierra dentro el TIPNIS, en la región de los productores de hoja de coca otorgó títulos individuales a solicitud de la decisión que habían tomado las centrales sindicales de productores de hoja de coca que se encuentran dentro del área, demarcando, además, los límites de la línea roja que se constituyen en la frontera a no ser rebasada por la colonización, la frontera entre la colonización y la TCO.
Las dos variables de comportamiento económico: característica de la tenencia de los bienes del bosque y destino de la producción agrícola, hacen que en la zona sur del TIPNIS el modelo de desarrollo impulsado por los colonizadores-productores de hoja de coca, sea muy diferente del modelo que compromete a las comunidades indígenas y su formato de economía étnica.  Vista en esa dimensión las diferentes dinámicas, es claro que el proyecto de carretera  para el modelo de desarrollo que impulsan los productores de hoja de coca, se convierte en un proyecto altamente funcional para sus despegues económicos.  La carretera potenciaría las dinámicas mercantiles que manejan las familias cocaleras, pero además la carretera supone también articular, vertebrar todo el eje de Pie de Monte que se encuentra seguidamente a la cordillera oriental de los Andes.  Yungas tropicales de los Andes orientales bolivianos que están siendo ocupados por los colonizadores en sus distintas regiones[11]y que de abrirse la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos, consolidaría una proyección de control político sobre el territorio por parte de los colonizadores andinos; colonizadores quechuas y aymaras que a diferencia de un pasado donde portaban el registro de control vertical de nichos ecológicos como estrategia andina territorial, hoy día han vinculado la estrategia de ocupar distintos pisos ecológicos como una estrategia de manejar distintos nichos económicos, distintos circuitos mercantiles.  El resultado económico es por supuesto sustancialmente distinto a lo que acontecía con el control vertical de nichos ecológicos por parte de los ayllus andinos.
Podría y debería pensarse que los productores de hoja de coca han encontrado en la colonización al Chapare una respuesta, una salida a la pobreza estructural de la economía campesina en los Andes que el Estado boliviano no supo dar.  Esto es muy cierto y debe sopesarse a la hora del análisis.  No obstante lo mencionado, los resultados de una dinámica económica iniciada hace más de 30 años en Bolivia tiene distintos finales que también deben evaluarse.  Los productores de hoja de coca del TIPNIS ya no pueden ser leídos como hace 30 años porque las transformaciones económicas de las que forman parte han cambiado su lugar de desventaja en la estructura social boliviana.  Son campesinos productores que forman parte de un enclave económico global, la economía del narcotráfico.  El haberse convertido en monoproductores de la hoja de coca en los años 80, los ha puesto en un circuito económico de comercialización que está más allá de las fronteras nacionales.  Ya en los primeros años de la década del  90 la zona colonizada del TIPNIS fue declarada por la fuerza de lucha contra el narcotráfico como Zona Roja debido a que su monoproducto tenía un destino de comercialización ligado a las rutas del narcotráfico. 
La situación de enclave económico que responde a los ritmos de mercado global, a corredores de comercialización de estupefacientes, no ha cambiado con los años.  En el mes de noviembre del 2011 la fuerza de lucha contra el narcotráfico ha encontrado una megafabrica de producción de cocaína en el río Isiboro –localidad de Santa Rosa– que establece vínculos comerciales de la zona con los carteles colombianos.  La comercialización de hoja de coca que es derivada a circuitos de consumo no tradicional –acullico y uso medicinal–, significa una presión sobre nuevas áreas agrícolas, avance de la frontera agrícola en desmedro del bosque.  En la cadena de eslabonamiento de los enclaves económicos del narcotráfico, los productores de hoja de coca son abastecedores de la materia prima, el meganegocio no está en sus manos pero al formar parte de su dinámica económica se convierten en actores locales que presionan y luchan por obtener tierra para parcelas agrícolas.  En los primeros años de la década del 90, los productores de hoja de coca del TIPNIS manejaban entre 10 y 20 hectáreas de hoja de coca.  El centro de acopio de hoja de coca de Isinuta era el más importante de todo el Chapare.  Hoy día manejan una cantidad mucho menor y se ha establecido una estructura de control social por parte del sindicato cocalero que regula el acelerado crecimiento de las parcelas agrícolas en la región. 
La estructura de control social es una respuesta política de los sindicatos cocaleros a un contexto nacional.  Las centrales sindicales de productores de hoja de coca del TIPNIS forman parte de las bases de origen del presidente Evo Morales.  El control social tiene que ver con un mensaje a la sociedad boliviana: es el intento de desprender al gobierno de Evo Morales del significante que le persigue como gobierno cocalero.  Aún así, los procesos de avasallamiento y de crecimiento de la frontera agrícola para producir hoja de coca siguen siendo parte de la dinámica sur del TIPNIS.  En 2009 surgió un nuevo conflicto en la frontera de la línea roja, familias de productores de hoja de coca no sindicalizadas, rebasaron los mojones fronterizos del polígono 7 a la altura del río Lojojouta e ingresaron a la TCO para habilitar nuevas parcelas de hoja de coca.  Hoy día si visitamos la zona, al frente de la comunidad indígena de Mercedes del Lojojouta, encontraremos un letrero que dice “Coca o Muerte”.  Además, el crecimiento de la dinámica agrícola de la hoja de coca ha alcanzado a las comunidades indígenas que se encuentran en la frontera, conviviendo con la colonización.  Aproximadamente 10 comunidades indígenas se encuentran dentro del polígono 7 y  otras 9 comunidades indígenas reciben la influencia de la economía de hoja de coca, ya sea porque producen hoja de coca o porque cosechan hoja de coca para los colonizadores, siendo un total de 19 comunidades indígenas que han quedado influenciadas por la producción de hoja de coca.  En total son 64 comunidades indígenas en el TIPNIS.  Las familias indígenas que han empezado a desplazarse a la producción de hoja de coca, se encuentran sindicalizadas, son miembros de los sindicatos cocaleros[12].  Esas comunidades hoy día marchan para que se abrogue la Ley de Protección al TIPNIS (180) y se construya la carretera.
El desarrollo visto desde la gestión de gobierno de Evo Morales.-
¿Cómo se vinculan los modelos de desarrollo que se han puesto en juego dentro del TIPNIS con la política de desarrollo que impulsa el gobierno de Evo Morales? Si bien el gobierno de Evo Morales se desenvolvió en el contexto de la agenda de octubre[13]marcada por los movimientos sociales, lo cual implicaba, además de una convocatoria a la Asamblea Constituyente, el desarrollo de un modelo económico que suponga la industrialización de los hidrocarburos; en los hechos el desencadenamiento del modelo económico que terminó empujando el gobierno boliviano fue más bien de profundizar la tendencia secular y hegemónica del Estado; esto es, incentivar y apostar por salidas económicas que se basan en un modelo extractivista primario exportador.  Tal condición en la esfera de la economía tiene varias implicancias.  No es que se nieguen otras formas de desarrollo, de hecho el plan de gobierno presentado el 2006 asume una visión plural en cuanto a las formas económicas que el Estado debe apoyar, sin embargo, priorizar como fuente central de producción de riqueza la explotación de los recursos naturales y comercializarlos en su condición de materia prima, implica centralizar la política de Estado alrededor de las iniciativas extractivas.  Éstas se vuelven prioritarias y, en muchos casos, razones de Estado.  Ciertamente, una estructuración de la política económica en los términos mencionados supone la subordinación de otros modelos de desarrollo, los cuales pueden desenvolverse y hasta recibir incentivo de la política pública, siempre y cuando no afecten los planes centrales de la política económica extractiva.  El conflicto del TIPNIS expresa exactamente un hecho de tal naturaleza: poblaciones indígenas que no están de acuerdo con los planes centrales de la política económica extractiva.
Dialogando con el debate de modelos económicos extractivos desarrollado en los últimos años en América del Sur, hoy como en un pasado, las bases y criterios de definición del modelo extractivo no se han modificado demasiado.  Se trata de una forma de desarrollo económico que basa la producción de riqueza en la apropiación de la naturaleza, bajo un formato productivo escasamente diversificado, recursos naturales que no son procesados o lo son limitadamente y que de su venta depende la inserción del país productor de materias primas al mercado internacional.  La similitud con el pasado nos muestra, sin embargo, algunos elementos nuevos que es necesario destacarlos.  El más importante es que en el nuevo contexto el Estado juega un rol más protagónico, de intervención y definición de unas reglas de juego que permite una mejor redistribución de la riqueza.  Como detallan los trabajos de Gudynas (2009) y Acosta (2011), la redistribución de la riqueza producida por las iniciativas extractivas en los gobierno progresistas como Bolivia y Ecuador, se desenvuelve mediante programas sociales de atención a poblaciones vulnerables, en muchos casos de gran pobreza y que se convierten en el mayor dispositivo de legitimación de los modelos económicos extractivos y de los gobiernos que los impulsan.
Los datos elocuentes de la CEPAL para el 2009 sobre exportación de bienes primarios en las economías extractivas sudamericanas, muestran la tendencia en países como Bolivia.  En Sudamérica, sin ser la mejor situación, Colombia y Brasil muestran una tendencia de menor dependencia de las exportaciones de bienes primarios, en cambio, Venezuela, Bolivia y Ecuador muestran una casi total dependencia de la exportación de bienes primarios respecto de las exportaciones totales de estos países.  La exportación de bienes primarios como hidrocarburos y minerales en Venezuela alcanzan al 92.7% de las exportaciones que se dan en dicho país.  En el caso de Bolivia la cifra asciende a 91.9% y en el caso de Ecuador el porcentaje es de 91.3% (Gudynas, 2009 con base a los datos de la CEPAL).   Según el estudio de Christian Ferreyra, en Bolivia entre el 2004 y el 2007 se ha desarrollado un incremento sostenido de la minería pero entre el 2007 y el 2009 podemos detectar un gran salto en las exportaciones mineras de 1 222 984 millones de bolivianos a 2 100 161 millones de bolivianos.  El mismo estudio nos muestra que en el caso del gas la producción entre los años 2000 y 2005 pasó de 8.8 MMmcd. a 33.3 MMmcd. y entre el 2006 y el 2008 la producción de gas natural aumentó a 38.7 MMmcd (2011: 11-12)[14].
Podríamos alegar que el crecimiento en las exportaciones de materia prima demuestra no solo la profundización del modelo extractivo y la ineludible importancia del extractivismo minero e hidrocarburífero en la estructura económica boliviana, sino también las nuevas oportunidades del Estado boliviano para obtener mayores ganancias y lograr inversiones en posibles procesos de industrialización, como plantearon los movimientos sociales en la agenda de octubre.  No obstante ello, la tendencia muestra que no hay esfuerzos concretos que caminen en un nuevo tipo de desarrollo, la dependencia del gasto público que proviene de la renta hidrocarburífera se ha ahondado en los últimos años, así como, se han generado condiciones más favorables para la intervención de la Inversión Extranjera Directa en el sector extractivo (Fundación Milenio, 2010).  También la base y fundamento de la nacionalización en hidrocarburos muestra sus límites.  Si con el Decreto de Nacionalización de mayo del 2006 se aplicó al criterio de renta petrolera que alcanzaba a 50%, un 32% más aplicable a los megacampos de producción de gas, para con ello crear un fondo de capital que permita el desarrollo de la industria petrolera nacional, el 2007, al protocolizar los nuevos contratos con las empresas petroleras, se quitó este 32% volviendo a la situación inicial de antes de la nacionalización (Fernández 2011: 131).
Las políticas del gobierno de Evo Morales muestran mayor interés por abrir nuevas áreas de exploración y explotación hidrocarburífera (gas y petróleo) antes que generar políticas que permitan el desarrollo de una industria energética en Bolivia.  Seguramente, de manera similar razonan las transnacionales petroleras que operan en Bolivia.  Desde la aprobación de la Ley de Hidrocarburos Nº 3058 en mayo del 2005[15], el gobierno de Evo Morales ha ampliado el número de áreas de interés hidrocarburífero destinadas a favor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).  Lo que interesa resaltar en dicha política no es, por supuesto, que YPFB tenga más áreas de aprovechamiento hidrocarburífero, sino que dichas áreas tradicionales y no tradicionales han empezado a implicar a las áreas protegidas y territorios indígenas; además que dichas áreas que empiezan a ser destinadas a la exploración y explotación de hidrocarburos, están siendo concesionadas a YPFB pero bajo la figura de sociedad mixta con empresas transnacionales.  Por tanto, no son áreas de operación exclusiva de la empresa petrolera boliviana.
Basándose en el artículo 34 de la Ley de Hidrocarburos Nº 3058 aprobada el año 2005, el gobierno de Evo Morales mediante Decreto Supremo Nº 29130 de mayo del 2007, propone reservar 21 áreas tradicionales y no tradicionales de interés hidrocarburífero a favor de YPFB y, en el mismo año, mediante Decreto Supremo Nº 29226 promulgado en el mes de agosto, el gobierno de Morales modifica las áreas de interés hidrocarburíferas a favor de YPFB en un número de 33 Bloques que son susceptibles de ser aprovechados bajo la figura de sociedad mixta.  Tres años después, en octubre del 2010, el gobierno de Evo Morales promulga el Decreto Supremo Nº 676 donde no solo se amplían las áreas de interés hidrocarburíferas  a favor de YPFB en un número de 56 sino que se propone de manera directa permitir excepcionalmente actividades hidrocarburíferas en áreas protegidas, postulando en el parágrafo II del art. 2 del mencionado Decreto que las áreas reservadas a favor de YPFB, si se encuentran en áreas protegidas, se deberá garantizar el cumplimiento de emplear adecuadas tecnologías que permitan mitigar los daños socioambientales y culturales.  En el Decreto Supremo Nº 29130 de mayo 2007 encontramos el Bloque Sécure 19 y 20 como área no tradicional de interés hidrocarburífero reservado para YPFB.
En razón de lo mencionado, el gobierno de Evo Morales tiene una política de desarrollo económico que prioriza los modelos extractivos energéticos, convirtiéndolos en política de Estado, en el eje económico de la política pública.  Para el caso concreto del TIPNIS el gobierno de Evo Morales ha otorgado dos concesiones petroleras para exploración y explotación, desconociendo la normativa ambiental que hay en áreas protegidas y violando la decisión construida por miembros del SERNAP y las organizaciones indígenas el año 2001 cuando se re categoriza el TIPNIS y se menciona que no podrá haber actividad petrolera en el territorio indígena y área protegida (Plan Estratégico de Gestión, Trinidad, SERNAP, 2001).  Dos concesiones han sido otorgadas: la primera mediante la Ley Nº 3672 de abril del 2007 que aprueba el Contrato de Operaciones entre Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) con PETROBRAS BOLIVIA S. A. y la TOTAL E&P BOLIVIE en el área de Río Hondo (bloque Ichoa) y la segunda mediante Ley Nº 3911 de abril del 2008 con su adendum en julio del mismo año que aprueba el contrato de exploración y explotación entre Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y YPFB PETROANDINA S.A.M. (Evaluación Ambiental Estratégica-SERNAP 2011)[16].  Roberto Fernández (2011) nos hace ver en su estudio sobre los hidrocarburos en Bolivia que la gestión de gobierno de Evo Morales se está acercando a la máxima de “exportar o morir” y por ello está urgido de abrir nuevos bloques a la explotación hidrocarburífera.  Es claro que el tramo carretero Villa Tunari San Ignacio de Moxos brindará condiciones para las operaciones petroleras de ambas concesiones.  En la comprensión del negocio de hidrocarburos que manejan las transnacionales, las carreteras son ítems de inversión del Estado.
Construir infraestructura para que los modelos extractivo exportadores operen con costos relativamente razonables, forma parte de la lógica de gobiernos y Estados ampliamente comprometidos con los modelos primario exportadores.  Y cuando se piensa en los modelos extractivos, no solo debemos referirnos a los que extraen materias primas sino también forman parte de ello, según la propuesta de Gudynas (2009), los modelos agroexportadores que funcionan en base al mono cultivo y la expoliación extrema de la tierra.  Proyectando el razonamiento a una dinámica más regional, los circuitos comerciales que garantizan la circulación de bienes primarios entre los que se suman los producidos por la agroindustria, deben ser consolidados en función al mercado global.  Los retos no son menores, la década que iniciamos supone una relación muy dinámica de los productos que ofrece América del Sur hacia los mercados de la China.  La creciente demanda de productos mineralógicos que tiene dicho país, hace que América del Sur se convierta en un lugar de presiones estratégicas y que el plan de iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) cobre más sentido en función a la comunicación interoceánica que producirá.
Según Mónica Bruckmann desde 1990 la China se ha convertido en un país que produce y demanda gran cantidad de minerales.  En la última década la China se ha convertido en el principal productor de un número importante de minerales, aún así, no logra cubrir su demanda interna, registrando cifras muy altas de importación en cobre, hierro y otros minerales.  La información organizada por la investigación de Bruckmann nos muestra que en la China el horizonte intensivo de consumo de mineral para consolidar su industria ligera, se proyecta 20 años más y que desde el 2000 la manufactura pesada de dicho país crece sistemáticamente.  El  primer destino de las exportaciones mineras de Chile y Brasil va hacia la China, el segundo destino de las exportaciones mineras de Perú y Argentina va hacia la China y el primer producto de exportación de Bolivia hacia la China es estaño (2011).  En ese contexto, ¿cuál será el destino de productos agroindustriales que se están desenvolviendo en América del Sur?.  El circuito comercial a consolidarse muestra desplazamientos de materia prima como mineral y agroproductos como la soya hacia los mercados de la China y el Asia[17].  En otro sentido, la industria manufacturada de estas regiones observa con buenos ojos conquistar plenamente el mercado de Sudamérica.  Este es el contexto donde la comunicación interoceánica potenciada por el plan de iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), alza vuelo y despliega sus raíces en función de procesos productivos basados en modelos extractivos.
El reto fundamental de la comunicación interoceánica es justamente atravesar la cordillera de los Andes y para países como Brasil que se ubican plenamente en el Atlántico, resulta hasta estratégico la consolidación de infraestructura caminera que atraviese los Andes.  Atravesar los Andes desde el Atlántico, es para un país como el Brasil, atravesar los Andes desde la Amazonía, para lo cual las regiones de selva alta o las regiones de selvas tropicales tienen una doble importancia: 1º geográficamente se rompen fronteras naturales poco asequibles hace 30 años, 2º son regiones que contienen energía fósil.  Atravesar con caminos la región de los yungas orientales implica no sólo comunicación interoceánica sino también la posibilidad de obtener energía fósil de la formación Subandina.  Este es un proyecto apetecido por Petrobras y, en el horizonte inmediato, países como Perú y Bolivia, adquieren su importancia específica  puesto que ambos poseen dos patas en el modelo extractivo primario exportador, minería e hidrocarburos, siendo el rubro petróleo el que puede adquirir un mayor desarrollo en la faja Subandina de estos países, a diferencia de Ecuador que posee iniciativas petroleras ampliamente desarrolladas en la faja Subandina. 
La carretera Villa Tunari San Ignacio de Moxos y su importancia estratégica en la región debe entenderse en el contexto arriba mencionado, forma parte de la iniciativa de romper con las fronteras naturales de la selva alta que nos dan acceso a los Andes y luego al Pacífico, pero también forma parte de la faja Subandina donde podemos obtener energía fósil.  No por nada las concesiones petroleras a Petroandina y Petrobras.  Para el Brasil y sus proyectos energéticos hasta el 2020 donde corre el riesgo de tener un déficit de energía, nuevos campos de exploración petrolera resultan atractivos, mucho más si éstos poseen la infraestructura necesaria para operaciones de exploración y explotación.  La comunicación interoceánica sirve también para el creciente desarrollo de la agroindustria que se está desencadenando en estados como Acre, Rondonia o Mato Grosso do Norte, estados frontera con Bolivia y Perú que ven en la vinculación caminera que atraviesa los yungas orientales una oportunidad para bajar costos de operación llegando hacia el Pacífico con sus productos.  Ciertamente, en el escenario de los modelos extractivos primario exportadores, no todos los países estamos en las mismas condiciones.  Aunque como lo demuestran los estudios de Gudynas (2009), Acosta (2011), Svampa (2009), Verdum (2010), América del Sur está consolidando su condición secular de seguir siendo abastecedora de materias primas al mercado global, internamente hay países como Bolivia que tienen una pequeña estructura industrial respecto de países como Brasil que combinan su estructura primario exportadora con una considerable estructura industrial que favorece a un posicionamiento geopolítico en el flujo de relaciones de modelos extractivos primario exportadores[18].  La condición geopolítica del Brasil permite entender porque BNDES que es un consorcio público/privado que actúa en infraestructura y extracción, es la entidad que otorga el crédito para la carretera y OAS una empresa brasilera que se adjudica la construcción.
Volviendo a nuestra pregunta inicial ¿cómo se vinculan los modelos de desarrollo que se han puesto en juego dentro del TIPNIS con la política de desarrollo del gobierno de Evo Morales y la dinámica económica regional que plantea varios retos geopolíticos en cuanto al desarrollo económico para América del Sur? Es claro que el modelo indígena basado en una economía étnica amazónica y amalgamado a un uso y aprovechamiento sostenible de los recursos expresado en los planes de manejo que impulsaron los indígenas y miembros del SERNAP, entra en coalición con las propuestas de desarrollo del gobierno de Evo Morales.  Éste se vuelve cada vez más dependiente en sus ingresos fiscales de los rubros primario exportadores en minería e hidrocarburos y, a la vez, vuelve más dependiente de dichos ingresos los programas sociales que viene llevando a cabo[19].  La segunda gestión del presidente Evo Morales marca claramente el desplazamiento en la política económica, las iniciativas extractivas primario exportadoras se han vuelto razones de Estado, nadie las puede discutir y menos interrumpir en su desenvolvimiento.  Los indígenas del TIPNIS al oponerse que la carretera Villa Tunari San Ignacio de Moxos pase por el área núcleo del territorio y parta en dos el área protegida, básicamente se han opuesto a los planes de política extractivista que tiene el gobierno y a los planes de creación de infraestructura que reducen costos y tiempo a los modelos extractivos primario exportadores.  En ese contexto, los modelos de desarrollo comunitario de los indígenas del TIPNIS se han convertido en propuestas que son perseguidas políticamente.  Se han suspendido los proyectos de ecoturismo, forestales y de aprovechamiento de cuero de saurios a título de que el TIPNIS es intangible; sin embargo, las iniciativas de los productores de hoja de coca dentro del TIPNIS no han sido tocadas.
Con sustancial diferencia, el modelo de desarrollo de los productores de hoja de coca engrana con las dinámicas extractivas primario exportadoras.  De hecho como enclave productor de materia prima para el negocio regional de cocaína, reproduce una buena parte de las características que tiene el negocio de la agroindustria que ha sido tipificado como parte de los modelos extractivos.  Primero, es monoproductor del bien a exportarse (hoja de coca-pasta base), segundo, usa intensivamente la tierra en desmedro del bosque, causando daños irreversibles para la composición biovegetativa de la zona sur del TIPNIS, tercero, produce el bien agrícola (hoja de coca) en función exclusiva a las necesidades del mercado global.  La única gran diferencia con los modelos extractivos agroindustriales es que la mono producción no está en manos de empresarios que controlan la tierra y el proceso productivo sino más bien en manos de campesinos que buscan optimizar la producción de hoja de coca abriendo cada año nuevas fronteras agrícolas.  Para ello, un tramo carretero resulta estratégico en la ampliación de nuevas fronteras agrícolas y, por el comportamiento de los poblados de colonos en la zona, la saturación de las áreas agrícolas con cultivo de hoja de coca está empezando a pronunciarse.  En ese contexto, el avasallamiento a nuevas áreas agrícolas sobre el bosque de la TCO del TIPNIS se muestra como una estrategia útil y necesaria para la dinámica de producción y comercialización de la materia prima de la cocaína.  Un esquema productivo de tal naturaleza puede convivir con relativa sintonía con la exploración y explotación petrolera.
Lanzando algunas conclusiones.-
Las situaciones de contradicción/constatación que nos muestra el conflicto del TIPNIS nos debe llevar a analizar algunos elementos críticos que está viviendo el proceso boliviano. El primer elemento a considerarse es que los pueblos indígenas en Bolivia no necesariamente comparten la misma visión de desarrollo, la misma comprensión acerca de lo que significa “vivir bien” y, además, no necesariamente los indígenas se distancian social y económicamente de un modelo extractivo primario exportador.  El caso del TIPNIS en Bolivia muestra con mucha claridad que los pueblos indígenas portan miradas de desarrollo que son producto de sus procesos histórico estructurales y no así, como lecturas primordialistas lo quieren ver, producto de comprensiones esenciales en el ser indígena.  Los pueblos amazónicos en Bolivia han vivido procesos económicos muy distintos de los pueblos quechuas y aymaras, y si bien ambos comparten la experiencia estructural de haber sido colonizados y subalternizados en la dinámica del Estado colonial republicano, lo cierto es que las distintas iniciativas de desarrollo que están empujando dentro del TIPNIS obedece a sus distintos nexos con los circuitos de capital global.  Básicamente, la proyección de la política étnica en Bolivia ha encontrado su límite en la proyección de la política económica estructural.  Para entender la problemática, por tanto, necesitamos integrar en el análisis las dos variables. 
En ese contexto, el Estado vuelve a una condición inicial en el análisis estructural; esto es, no es una institución que está por encima de las clases y los sectores sociales, más bien expresa las luchas internas de las clases y los sectores sociales.  En el conflicto del TIPNIS el Estado, mediado por el gobierno de Evo Morales, expresa un posicionamiento que refleja la composición de poder dentro de las nuevas lógicas del Estado boliviano.  No es casualidad que los productores de hoja de coca hayan logrado un presidente, es más bien una estrategia de poder construida a lo largo de varios años y que refleja los cambios sociales y económicos que se han venido gestando hace más de 30 años en el conglomerado quechua y aymara que colonizó el TIPNIS.  Los sujetos andinos colonizadores de los años 1960, 1970, 1980, hoy en día se ubican en un espacio distinto en la estructura social boliviana.  En otras palabras, detrás del conflicto del TIPNIS hay procesos orgánicos de recomposición de clases en Bolivia y los modelos extractivos primario exportadores que se desenvuelven con características seculares en su matriz económica, están intentando reacomodarse en la sísmica social que se viene produciendo en Bolivia. 
Esa sísmica social en Bolivia nos muestra que, entre los programas estatales orientados por modelos extractivistas primario exportadores y sectores sociales no tradicionales de la estructura económica boliviana, pueden desarrollarse complicidades que permiten el despegue de ambos, necesarios para el desarrollo del capital, y muy necesarios en sociedades donde la estructura social y económica estuvo profundamente anclada en élites y oligarquías que portan visiones pasadas de la economía y la sociedad.  Es muy probable que situaciones similares se estén desarrollando en un país como Brasil donde sectores convencionales de fazendeirosen estados como Rondonia o Acre, se convierten en una traba al flujo de circuitos sociales y económicos que permiten una circulación más ampliada del capital. Visto desde otra perspectiva, los modelos extractivos primario exportadores se están desarrollando, en países como Bolivia, en un contexto de procesos de movimiento y democratización de la estructura social boliviana que terminará cambiando la composición de clases sociales y su relación con el movimiento de capital global.  En ese sentido, las características del extractivismo y/o el neo extractivismo de América del Sur tienen que analizarse más allá de la política de redistribución de riquezas que caracteriza a los gobiernos progresistas, porque pueden estar produciendo una estructuración social  distinta a la conocida y manejada por la matriz inicial.
El desafío más grande que nos ha puesto el conflicto del TIPNIS en Bolivia es, sin embargo, el referido a la posibilidad de que la forma política del Estado Plurinacional pueda albergar modos y procedimientos del modelo extractivo primario exportador, sin caer en una agotadora contradicción que la puede destinar a su propio destierro.  El modus operandis de las iniciativas extractivas requiere no solo de un Estado fuerte sino de un Estado mono nacionalista, o por lo menos, así han operado dichas iniciativas por varios siglos.  La condición de plurinacionalidad puede convertirse en su talón de Aquiles puesto que implica discutir decisiones que desde el mono nacionalismo son tratadas como: “asuntos de bien común”, “asuntos de Estado”, “decisiones que no se discuten”.  En ese sentido, tanto en Bolivia como Ecuador que son países altamente dependientes de estructuras económicas basadas en modelos extractivos primario exportadores, se está restituyendo a una velocidad no esperada modos y prácticas de nacionalismos pasados, con retoricas nuevas como “movimiento ciudadano” o “movimiento indígena” pero que finalmente anclan formas y maneras de decidir la política pública sobre economía, como en las décadas pasadas del siglo XX.  La plurinacionalidad en ambos países no es producto de la magia que pudo haberse producido en el proceso constituyente, es fruto de razonamientos políticos de sus movimientos sociales marcadamente indígenas en ambos países.  En ese sentido, el potencial conflicto que se proyecta en ambos países, puede ser altamente crítico, sobre todo cuando sectores del movimiento indígena, como aconteció en Bolivia, no están dispuestos a negociar su condición de plurinacionalidad que implica básicamente no negociar su derecho a la libre determinación.
MAPA 1º – PROYECTO DE CARRETERA 1 Y 4 COCHABAMBA VILLA TUNARI PUERTO VILLARROEL Y VILLA TUNARI RÍO ISIBORO PLANIFICADO POR EL GOBIERNO BOLIVIANO Y APOYADO POR U.S. AGENCY FOR INTERNATIONAL DEVELOPMENT  (USAID)  –   AÑO 1966
MAPA 2º – ZONIFICACIÓN DEL TIPNIS TRABAJADA POR EL SERNAP Y LA SUBCENTRAL INDÍGENA TIPNIS EN EL AÑO 2001
zonificación
MAPA 3º – CONCESIONES PETROLERAS OTORGADAS POR EL GOBIERNO DE EVO MORALES EN LOS AÑOS DE 2007 Y 2008 A PETROBRAS Y PETROANDINA QUE COMPROMETEN EN GRAN PARTE EL ÁREA NÚCLEO DEL TIPNIS
BIBLIOGRAFÍA
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[1] Doctora en antropología, docente de posgrado en universidades bolivianas e investigadora sobre temas referidos a territorios indígenas, recursos naturales, interculturalidad y gestión política del territorio.  Trabajó en varias ocasiones en el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure, coordinó el primer plan de manejo para la zona en los años 1992-1993 CIDDEBENI, formó parte del equipo de Evaluación Ambiental Estrategia del TIPNIS en el 2011.  La investigación más significativa que realizó en la zona está referida a entender cómo la llegada de los productores de hoja de coca a la zona modificó la vida de las comunidades indígenas en un trabajo titulado Hombres de río, hombres de camino: relaciones interétnicas en las nacientes del río Mamoré, UMSS, 1991.
[2] Mapa elaborado por el Ministerio de la Economía Nacional de Bolivia con apoyo de U.S. Agency  for International Development, Proyectos Viales 1 y 4.  El proyecto 1 suponía la comunicación Villa Tunari – Puerto Villarroel con 85.970 km, el proyecto 4 suponía Cochabamba – Villa Tunari con 156.132 km.  El mismo proyecto 4 suponía Villa Tunari – río Isiboro con 43.719 km.  Dicha iniciativa apoyada por U.S. Agency for International Development fue licitada el  5 de mayo de 1966 con enmiendas fechadas al 5 de  julio de 1966.  Ver mapa 1º.
[3] Un balance sobre el Derecho a la Consulta y los procedimientos institucionales que contempla la Constitución boliviana encontraremos en el artículo escrito por Sarela Paz, “El conflicto del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS): sus consecuencias para el Estado Plurinacional de Bolivia”, en Estado Plurinacional: balances y perspectivas, La Paz, PNUD-Embajada de Suecia, boletín # 3 y 4, enero, 2012.
[4] Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social  del Brasil que invierte en iniciativas de infraestructura y extracción.  En el campo económico suele actuar con la figura de sociedad mixta público/privado en coordinación con Banco do Brasil.
[5] El trabajo fue realizado por la consultora Rumbol – Sociedad y Naturaleza, y estuvo compuesto por un equipo de 10 especialistas más 7 miembros del equipo técnico indígena del TIPNIS.
[6] En el TIPNIS existen tres grandes ecosistemas.  El primero que es el Subandino o serranía con bosque, el segundo que es el Pie de Monte o selva alta y el tercero que es el ecosistema de Bosques y Sabanas Inundables.  En los tres ecosistemas existen especies endémicas de un alto valor para la reproducción de la biodiversidad en flora y fauna.  Ver: Evaluación Ambiental Estratégica, La Paz, SERNAP, 2011.
[7] Ver mapa 2º
[8] Es importante aclarar que en el caso de  los planes de manejo forestal son las comunidades las que manejan y controlan el aprovechamiento, según lo programado en el plan de manejo.  En ese sentido es inapropiado hablar de concesiones forestales dentro el TIPNIS, lo que hay son contratos de venta de producto forestal con empresas madereras.  Los planes de manejo forestal fueron aprobados por la ABT en los años de 2007-2009 y contaron con el apoyo del SERNAP-MAPZA.  Para el caso de aprovechamiento de cuero de saurio los planes de manejo fueron aprobados entre el 2005-2007 bajo el apoyo institucional de SERNAP-MAPZA.  En el caso del chocolate estamos hablando de la expansión y crecimiento de las prácticas agroforestales tan presentes en la economía étnica.  Finalmente, en el caso del proyecto de ecoturismo Pesca Deportiva, estamos hablando de una iniciativa que se desenvuelve en el alto Sécure y que reporta una ganancia de 200 $us para las comunidades por cada turista que entra a la zona.  En el periodo que va de abril a octubre, ingresan aproximadamente 420 turistas, por lo que las comunidades obtienen una ganancia líquida de 84 000 $us que es repartida entre las comunidades beneficiarias del proyecto.  Quien conduce la iniciativa es una empresa Argentina que ha firmado un contrato de servicios de ecoturismo con miembros de la subcentral Sécure y asigna, además de los 200 $us por turista que entra a la zona, una cifra de 60 $us por cada turista que llega a la región para fortalecimiento organizativo de la subcentral Sécure y subcentral TIPNIS, siendo un total de 25 200 $us que son destinados a fortalecimiento organizativo.  La ficha ambiental de dicho proyecto fue aprobada por el SERNAP el año 2009 (datos de campo EAE,  abril/julio 2011).
[9] La designación del polígono 7 es fruto del proceso de saneamiento y titulación del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA).  Si en 1990 el territorio indígena fue reconocido mediante un Decreto Supremo, en 1997 se entregó a las comunidades indígenas del TIPNIS un título ejecutorial provisional sujeto a saneamiento; esto es, sujeto a un procedimiento que resuelva la sobre posición de derechos.  El 2009, el presidente Evo Morales les entregó el título ejecutorial definitivo pues la zona ya ha sido saneada.  Toda la región sur del TIPNIS que fue invadida por la colonización de quechuas y aymaras para producir hoja de coca, fue titulada como propiedad de terceros, es decir, que no pertenecen a la Tierra Comunitaria de Origen (TCO).  El INRA designó esta zona como polígono 7 para proceder al saneamiento y la entrega de títulos.
[10] Sin embargo, la relación de quechuas y aymaras con los yungas tropicales tiene origen en el criterio espacial andino de ocupación de diversos pisos ecológicos.  El mayor control de nichos ecológicos garantizaba el acceso a mayor diversidad de productos agrícolas.  La región de los yungas o de los Andes orientales se caracterizó, en este esquema de ocupación territorial de los Andes, por ser un espacio destinado a la siembra de hoja de coca cuyo destino era sustancialmente el consumo tradicional que realizaba de ella la mano de obra en el mundo andino.  Hoy en día, el destino es sustancialmente otro. Ver: John V. Murra, El mundo andino: población, medio ambiente y economía, Lima, IEP-Universidad Católica, 2009.
[11] Comenzando de la frontera con el Perú está Ixiamas-Tumupasa, San Buena Ventura-Rurrenabaque, Yucumo-San Borja.  En esa ruta el TIPNIS es una frontera natural no abierta.  Más al sur-este se encuentra Isinuta-Eterasama, Villa Tunari-Chimore, Ivirgarsama-Yapacani, todo ello para ingresar al norte integrado donde se ha consolidado la agroindustria de Santa Cruz.
[12] La investigación de Sarela Paz realizada en el 2006 muestra que las familias indígenas de la zona de frontera se desplazan a la producción de hoja de coca por los beneficios económicos que ésta reporta, dejando de lado actividades forestales (aprovechamiento de madera) que les producen ingresos menores (SERNAP 2006).
[13] La agenda de octubre estuvo marcada por la movilización de movimientos sociales urbano/rurales en Bolivia, desde la Guerra del Agua en el año 2000 hasta la Guerra del Gas en el año 2003, las movilizaciones articularon una agenda política conocida como la agenda de octubre.  Convocatoria a la Asamblea Constituyente, industrialización del gas, representación política sin el monopolio de los partidos, nacionalización de los rubros estratégicos en recursos naturales, fueron parte de las aspiraciones políticas que proponían los movimientos sociales.
[14] En la segundo semana del mes de marzo del 2012, el presidente Evo Morales ha anunciado que la producción de gas en Bolivia deberá llegar a la cifra de 50.0 MMmcd hasta el 2015.
[15] La Ley de Hidrocarburos Nº 3058 fue aprobada el 17 de mayo del 2005 durante la gestión de gobierno de Carlos de Mesa.  La nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, realizada por el gobierno de Evo Morales, no implicó modificación de la mencionada ley.  Por tanto, en Bolivia está vigente una ley de hidrocarburos que fue promulgada antes de que Evo Morales llegue a la presidencia.
[16] Ver mapa 3º sobre concesiones petroleras en el TIPNIS.  Importante resulta señalar que las concesiones petroleras se ubican sobre todo en el Subandino del territorio indígena – área protegida, comprometiendo la zona núcleo del TIPNIS.  También aclarar que PETROANDINA es un consorcio entre YPFB y PDVSA.
[17] Los principales productos de exportación de los países de América del Sur hacia la China, claramente se marcan en el rubro de minerales y soya.  El primer producto de exportación de Brasil a China es hierro, el segundo producto es soya.  En el caso de Argentina el primer producto de exportación a China es soya. Para el caso de Bolivia el primer producto de exportación a China es estaño.  Chile tiene al cobre como primer producto de exportación a China y para Uruguay el primer producto de exportación a China es la soya (Bruckmann 2011).
[18] Según Ricardo Verdum, en América del Sur Brasil es un país que tiene una política clara para el sector industrial, le sigue Argentina y por detrás Uruguay.  Chile en cambio, en su canasta de productos de exportación se parece a Perú y Bolivia con más del 70 % de sus exportaciones comprometidas en el rubro de la minería (Verdum 2010).
[19] Bono Juancito Pinto que es para los estudiantes de la escuela pública en ciclo básico, bono Juana Azurduy de Padilla para las mujeres en estado de gestación y lactancia, Renta Dignidad para las personas de tercera edad en el campo y la ciudad, forman parte de los programas sociales que son financiados con la renta hidrocarburífera.

La guerra sucia

La guerra sucia
Raúl Prada Alcoreza
Los militares argentinos emprendieron una guerra sucia en la década de los setenta, que llegó a irradiarse incluso hasta la década de los ochenta, afectando la interpretación buscada en la década de los noventa. Se habla de 30 000 desaparecidos. Si el Estado se sustenta en el concepto de fuerza mayúscula, en la excepción misma que pone en suspenso los derechos fundamentales, la acción militar actúa en el sentido de la desaparición de los sujetos de derechos. En el mapa de estos recursos violentos tenemos los medios de la descalificación y de la denigración, como parte de una guerra psicológica. No es casual que ahora se emplee estos medios contra las organizaciones indígenas y sus dirigentes. El Estado, los hombres de Estado; el gobierno, los métodos de gobierno; no conocen otros recursos para afrontar una crisis, la crisis de su propia legitimidad y gubernamentalidad. Son viejos procedimientos, no se necesita genialidad para ejecutarlos, sino rutina, hombres sin pudor para decir y ejecutar. Los dirigentes y las organizaciones indígenas confrontan estos procedimientos y a esta clase de personajes.
¿Cuál es la lógica en todo esto? ¿La pretensión de los descalificadores es hacer creer a la gente en la veracidad de sus denuncias? ¿Eso esperan? ¿O mas bien se trata de actos de guerra, denigrar, descalificar al enemigo, hundirlo, convertirlo en un monstruo, pasible de la descarga más violenta de la acción de limpieza estatal, justificada? Es difícil aceptar la hipótesis de que quieren convencer; este ya no es un problema en un mundo mediatizado, donde ya no importa la objetividad o la correspondencia con los hechos sino las escenificaciones. Tampoco se puede esperar que los que emiten estas acusaciones lo crean; lo hacen porque están persuadidos de que tienen que hacerlo. Tienen que atacar, demoler, destruir. El único lugar inocente donde parece circular cierta credibilidad sobre estas cosas es el espacio donde se inscribe el discurso, espacio blando, moldeable, que acepta todo lo que se imprime; empero este espacio comunicacional, de difusión y circulación, es un espacio sin sujeto. En cambio los que perciben el mensaje son sujetos; ellos son sometidos al bombardeo sistemático de la descarga ideológica. ¿Cuántos de los sujetos creen? Ya acostumbrados a esta guerra mediática, es difícil esperar que la mayoría caiga en la ingenuidad de creer. Por lo menos se duda. Ahora bien debe haber una variedad de perfiles en relación a la percepción y recepción de la comunicación. En este mapa de perfiles debe haber un grupo, afín, que dice que cree y lo rarifica. Esta postura es no solamente condescendiente sino cómplice. Empero, no hay que olvidar que no se trata de una lucha por la verdad; esta relación ética y cognitiva se encuentra fuera de estas preocupaciones por imponer la versión oficial. Es un problema de fuerzas; de lo que se trata es de crear la atmósfera correspondiente de desprestigio para justificar una acción; por ejemplo, la ocupación militar del TIPNIS.
Lo que está en juego son las fuerzas, la correlación de fuerzas; la movilización de la IX marcha indígena y las acciones que pueda realizar el gobierno para detener, descalificar, diseminar, dividir a la movilización misma. Los discursos son dispositivos de poder en estos escenarios de la coyuntura. En esta perspectiva lo que desplaza el gobierno son acciones de guerra. Imponer una consulta extemporánea, es decir, un cuestionario; desplegar juicios a los dirigentes indígenas; amenazar, chantajear, presionar, por todos los medios a las comunidades del TIPNIS; descalificar a sus dirigencias; ocupar militarmente el TIPNIS; preparar la consulta con toda la logística estatal, incumpliendo con la Constitución, los convenios internacionales, el consentimiento, la condición de previa, libre e informada; no es otra cosa que actos de guerra, la guerra del Estado-nación contra el germen del Estado plurinacional comunitario y autonómico, que se encuentra en la Constitución y es defendido por las naciones y pueblos indígenas.
Estos actos de guerra se complementan con otros procedimientos que podemos identificar como de desinformación y manipulación abierta. La presidenta de la cámara de senadores despliega toda una exposición justificativa de la ley de consulta, dice que cumple con la Constitución, con los convenios internacionales, con los requisitos del consentimiento y las condiciones de previa, libre e informada. Lo dice de una manera rutinaria, incluso acudiendo a James Anaya, responsable en Naciones Unidas de la unidad encargada de los derechos de los pueblos indígenas. También acude a Bartolomé Clavero, un defensor de los derechos indígenas, conocido por su apoyo y difundida escritura de análisis sobre los tópicos problemáticos de la garantía y  cumplimiento de los derechos indígenas por parte de los estados. Lo que se observa en esta desesperada utilización es que se desconoce la posición de estos connotados caballeros; Bartolome Clavero ya ha escrito y hecho conocer su posición crítica, su observación al incumplimiento por parte del gobierno en relación al derecho a la consulta previa; y NNUU ha notificado oficialmente su preocupación por la suspensión de los derechos indígenas en torno a los pleitos desatados por la expansión extractiva. ¿Por qué se hace esto, la utilización descomedida y des-contextuada de estas dos referencias c onnotadas? ¿Por qué se lo hace? ¿Se considera que tanto Anaya como Clavero no van a escuchar y leer estas reminiscencias? ¿Se quiere hacer creer a los bolivianos que la ley de consulta está bien estructurada y recibe incluso el apoyo de connotados defensores de los derechos indígenas? A diferencia de las acciones de guerra, este discurso si quiere convencer; se desenvuelve como retórica. Tampoco aquí se trata de lograr la verdad, como en filosofía, ni mucho menos el rigor, como en lógica; se trata simplemente de convencer. Ahora bien, uno de los requisitos de la retórica para con su auditórium es la empatía, otro es la seducción, también podemos hablar de la forma de la exposición y el orden, de un preámbulo y de unas conclusiones, teniendo en el medio la argumentación. Ninguna de estas condiciones son atributos de los expositores del gobierno. Tampoco les va bien con la retórica, menos con la política, que además de ser un juego práctico de las relaciones de fuerza, también hace la conjunción articulada del uso de los lenguajes, incluyendo al lenguaje de la imagen, a la retórica, a la lógica, de alguna manera a la filosofía y, porque no, un uso particular de las ciencias. En resumidas cuentas, la exposición retórica del congreso no convence.
Tenemos entonces dos ejes de despliegue político del gobierno, las acciones de guerra y la retórica, la preparación del terreno para las acciones de despliegue y lo que debería ser el arte del convencimiento. La pregunta es ¿cómo abordar esta problemática, tanto desde la perspectiva de la comprensión así como desde la perspectiva de la resistencia política? Ante todo no se puede caer en la acción comunicativa, en las pretensiones de verdad, en creer que el problema se resuelve en la discusión diferida sobre la verdad, en quién tiene la verdad. Esto no le interesa al gobierno, no le interesa al aparataje del Estado, no les interesa a los órganos del Estado, a los llamados poderes, tampoco se espere que le interese a la administración de justicia, que está totalmente cooptada y forma parte, como un aditamento, de una estrategia de disuasión y de criminalización de la protesta. Ciertamente a los únicos que les interesarían la dilucidación de la verdad, de la correspondencia con los hechos son las víctimas. Son las únicas que estarían interesadas en el esclarecimiento. Empero se encuentran lejos de los recursos del poder como para defenderse adecuadamente, sólo pueden recurrir a la potencia social, a la resistencia, a la movilización, a la defensa de sus derechos. Entonces la verdad, en este caso, vendría a ser problemática, enfrentando el problema del encubrimiento, del ocultamiento, de la forma como se encapsula en la experiencia dramática de las víctimas. Experiencia que por sí mismo no puede ser muda, pues en todo caso quedan los testimonios, los testimonios de la violencia; también la memoria, la memoria devenida de la experiencia del sufrimiento, pero también de la alegría de las luchas.  Las victimas no se callan, hablan; este es un grave problema para el poder.
Si bien hay que afrontar a las fuerzas de la represión con fuerzas de la resistencia, si bien hay que enfrentar a la mala retórica del congreso con exposiciones claras, no se puede dejar encerrada a la verdad en el lugar más espeso de la memoria, en el lugar más dramático de la experiencia, en la huella que deja en los cuerpos. Es menester liberar este ámbito de la experiencia y de las relaciones de los saberes con ella, es menester expresar la verdad desde la experiencia de las naciones y pueblos indígenas, desde las comunidades, desde la perspectiva de las comunidades de la TCO del TIPNIS. La lucha por la verdad viene a ser una lucha por la develación y la revelación, además de contener ribetes filosóficos. Esto es importante, porque la apropiación de ese lugar de la dominación, desde donde se dice supuestamente la verdad, que no es más que un simulacro del poder, porque la toma de la colina, desde donde se observa el paisaje, debe ser una conquista de las y los que resisten, las y los que luchan, las y los que combaten. Este puesto debe ser arrancado de los que han monopolizado los manejos discursivos; la verdad debe dejar de ser un producto del poder.
La experiencia de las comunidades de la TCO del TIPNIS tiene que ver con la memoria larga, con el ciclo largo de las estructuras de la rebelión, con aquello que los llevó un día a lanzarse a la primera marcha indígena en defensa del territorio y la vida, con todo lo que ha acontecido desde entonces hasta ahora, en plena convocatoria a la IX marcha indígena. Es la experiencia de sufrimientos, pero también de luchas, devenida en perspectiva propia, amazónica, de reconstitución y reterritorialización, devenida en derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, devenida en el horizonte abierto por la visión del Estado plurinacional comunitario y autonómico. La verdad de las comunidades de la TCO del TIPNIS tiene que ver con la alternativa concebida como ñandereco, ivimarey, suma kausay, suma qamaña, traducida al castellano como vivir bien. Una verdad que interpela la ilusión del desarrollo y de la riqueza fácil, que interpela por lo tanto la construcción de la carretera que atravesaría el territorio indígena y parque Isiboro-Sécure; carretera que destruiría el bosque, el territorio indígena y el parque, por lo tanto que destruiría el ecosistema. Esta experiencia y esta verdad están sometidas a una prueba dura; el gobierno ha decidido el 2008 construir la carretera, ha intentado desde entonces imponer su voluntad extractivista. Después de un sinuoso recorrido de comportamientos ambiguos y contradictorios en torno al TIPNIS quiere imponer un cuestionario, al que le llama consulta, sin consentimiento de los pueblos indígenas. La novena marcha indígena busca defender su verdad, ampliar la experiencia de las luchas, convocando al pueblo boliviano a la reconducción del proceso.
      
       
                     


Convocan a la IX Marcha Indígena en defensa de todas las TCOs y áreas protegidas de Bolivia

ES CLAVE ACTIVAR LA LUCHA EN EL PAÍS Y EL EXTRANJERO, INVOCAN LOS INDÍGENAS DEL TIPNIS, HOSTIGADOS POR LAS TROPAS MILITARES DEL MAS
Convocan a la IX Marcha Indígena en defensa de todas las TCOs y áreas protegidas de Bolivia
(Comisión de Comunicación de la IX Marcha Indígena).- El 30 Encuentro Extraordinario de Corregidores del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) convocó a todo el pueblo boliviano a sumarse a la IX Marcha Indígena que comenzará el 20 de abril para exigir al Presidente Evo Morales respeto a los derechos de los pueblos indígenas y a la Constitución Política del Estado.
El 30 Encuentro de Corregidores del TIPNIS comenzó con retraso en la comunidad Gundonovia, distante a 24 horas en bote de Trinidad, debido a una serie de obstáculos tendidos por organismos del gobierno nacional, que imposibilitaron a las organizaciones indígenas y brigadas de jóvenes activistas realizar el largo viaje por los ríos. La falta de combustible mantuvo varadas a más de cien personas en Trinidad.
En vísperas de la reunión indígena, el presidente de la Subcentral de comunidades del TIPNIS Fernando Vargas Mosúa explicó que desde 1997 la organización tiene convenios de co administración del TIPNIS firmados con organismos del Estado. “En 2007 se ha vuelto a firmar el convenio con el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP), mediante el cual se otorga a la subcentral del TIPNIS un cupo de combustible que siempre se necesita cuando se hacen encuentros de este tipo. Pero ahora han recibido órdenes para que no se entregue ni una gota de gasolina sin el permiso del organismo de Sustancias Controladas. Es una falta de respeto, es una violación a este convenio de coadministración que hemos firmado”.
Según Miriam Yubánore, vicepresidenta de la Central de Pueblos Étnicos Mojeños de Beni (CPEMB), el gobierno intentó trabar el encuentro “por todos lados”. “Para este viaje necesitábamos una buena cantidad de combustible para hacer la devolución a los corregidores, porque tienen sus propios motorcitos y los usan para bajar (desde sus comunidades), pero el gobierno abusa de su poder, incide en todas las instancias para que no podamos acudir a pedir apoyo a nadie, y ahora nos atoran con Sustancias Controladas, donde nos sacan una cosa, nos piden otra cosa y al final nos dan muchas vueltas…”.
Vargas Mosúa relató al detalle las recientes incursiones del ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana al TIPNIS: “Ha venido toda una artillería de trabajos del ministro Quintana, que se ha reunido varias veces en Trinidad con el Alcalde de San Ignacio de Moxos, con el Subgobernador y con el Presidente del Concejo Municipal de San Ignacio. Entre ellos prepararon un plan de ingreso al TIPNIS. El propio Quintana ingresó en los primeros días de marzo por la ruta del río Sécure; fue por Santa María, llegó hasta la comunidad Nueva Galilea. Allí el corregidor le preguntó quién era. ‘Somos una comisión’, respondió Quintana; el jefe indígena pidió que se identifique y el ministro contestó: ‘Yo no tengo por qué dar mi nombre’… Imagínense a un ministro actuando de esa naturaleza allá, donde no hay prensa, él cree que allá se hace lo que se quiere…”.
– Quiero hablar con el corregidor, dijo Quintana.
– Con el corregidor está hablando.
– ¿Cómo se llama usted?
– Como ustedes no quieren decir cómo se llaman, tampoco yo le digo cómo me llamo. Quiero saber a qué vienen – inquirió el corregidor.
– Nosotros somos gente del gobierno. Venimos acá porque queremos conocer sus demandas, sus necesidades.
– ¿Por qué recién se acuerdan ahora? ¿Dónde está el permiso de nuestra organización? ¿Por qué no hay un dirigente con ustedes?
– Nosotros no necesitamos pedir permiso a nadie. Nosotros nos entramos, somos el gobierno, exclamó Quintana.
“Entonces ahí hubo una discusión. El corregidor objetó: ‘Este es un territorio indígena, aquí no se entra nadie sin permiso. Las puertas para entrar acá son nuestra organización. Pero como ustedes no han coordinado, no podemos dejar que continúen”, relató Vargas.
– Vos tenés que respetarme- exigió Quintana.
– Si quiere que lo respete, respéteme usted primero a mí – retrucó el corregidor.
Según Vargas, entonces la comunidad se paró y sermoneó a la gente del gobierno: “Ustedes no entran; no porque el corregidor lo diga, sino porque nosotros también lo decimos”. Quintana decidió irse, pero antes llamó a un lado al corregidor y le dijo: “En todo lo que has dicho tenés la razón; estás en tu derecho de decirnos eso”. No obstante, el Ministro amarró con alguna gente en Gundonovia, donde dejó algunos regalos comprados con dinero del pueblo boliviano.
Alarmado por la conducta del gobierno, el dirigente del TIPNIS observó que el ministro y sus acompañantes “han llevado a las comunidades un rollito de cartulina, un juego de poleras, una pelota, cuatro mochilas. De ahí hicieron el compromiso de llevar motores, antenas parabólicas, paneles solares. Uno de los funcionarios de la Alcaldía de San Ignacio me dijo que ‘esto es plata del POA (Programa Operativo Anual)’ ¡Utilizan la plata del distrito para decir ‘esto traemos’! Es una vergüenza y una falta de respeto. La dignidad de cualquier boliviano no cuesta pues cinco cartulinas, no cuesta un juego de poleras o una pelota; la dignidad no tiene precio”.
“Nosotros como organizaciones repudiamos esa manipulación de las Fuerzas Armadas para que lleven alimentos y otras necesidades. Sabemos que la gente necesita, pero tampoco el gobierno puede aprovecharse de esa necesidad de los hermanos. No les puede llevar un chicle a cambio de la carretera: sabemos que es obligación del Estado ayudar a las comunidades con proyectos, con ayuda humanitaria, pero sin ningún compromiso”, reclamó a su turno la dirigenta de la CPEMB.
Sin embargo, Miriam Yubánore destacó que las comunidades “les han cerrado la puerta, les ha dicho ‘No, respétennos, estamos en nuestra casa; aquí no van a venir a imponernos’. Me alegra mucho que se hagan respetar los comunarios dentro de sus comunidades, porque ellos tienen su reglamento, su estatuto orgánico de la organización del TIPNIS. Esa es una ley que ellos mismos han hecho para que otra gente que venga de afuera también nos respete…”.
La represión no intimida a los indígenas del TIPNIS
Según Yubánore, “el TIPNIS está ahorita militarizado y lo peor es que hay militares dentro de las comunidades, algo que nunca se ha visto. Sabemos que los militares van y hacen sus recorridos, navegan por ahí, pero siempre lo hacen fuera de la comunidad. En este tiempo el gobierno manda a los militares y los hace acampar dentro de la comunidad… Vemos falta de capacidad del gobierno que es muy manipulado por sus asesores que son puros terroristas. Ahora están alrededor del Presidente Morales asustando a la gente, como están haciendo los militares que vinieron al TIPNIS a dar miedo a la gente humilde como nosotros, que a veces nos callamos y nos dejamos intimidar…”.
Los militares al mando de Quintana instalaron un campamento en Gundonovia, la comunidad donde se llevó adelante el Encuentro de Corregidores.“En Gundonovia hay alumnos de un colegio internado que ahora no pueden salir a jugar ni a pescar porque los militares están armados y cualquier cosa pueden hacer. Las hermanas y hermanos no pueden vivir así, encerrados en su propia casa, en su propio territorio”, denunció Yubánore.
“Las ‘pirañas’, como las llamamos nosotros, estaban haciéndonos seguimiento tanto en el río Mamoré como en el río Isiboro. Es porque en Gundonovia, puerta de entrada a las comunidades del TIPNIS, fue rechazada totalmente la ley de Consulta 222, fue rechazada también la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos por dentro del TIPNIS”, interpretó Rafael Guarena Matene, secretario de Organización de la CPEMB.
Pese al hostigamiento, el 30 Encuentro de Corregidores, que empezó el sábado último y concluyó en la madrugada del lunes, resolvió convocar a todo el pueblo boliviano a la IX Marcha Indígena para exigir otra vez en La Paz la derogatoria de la Ley 222 de Consulta (“trucha”, dicen en la CPEMB), y el respeto a los derechos de los pueblos indígenas y a la Constitución.
El presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB) Adolfo Chávez y los mallkus y bases del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), que representa a los pueblos Quechua y Aymara, aseguraron a los dueños del TIPNIS que apoyarán la decisión allí tomada, y acompañarán a los demás pueblos indígenas en esta nueva demanda, tal como habían hecho durante la octava marcha.
La IX Marcha Indígena ya tiene fecha de inicio: el 20 de abril; falta el punto de partida que se definirá en la Tercera Comisión Nacional de la CIDOB, que representa a los 34 pueblos del Oriente, Chaco y Amazonía del país. Esta Tercera Comisión Nacional aún no tiene fecha de realización.
“Nos toca ir otra vez a una reunión, a otra Comisión Nacional. Se había quedado que después de este encuentro la CIDOB iba a convocar a una reunión de emergencia para ver los temas y los puntos a tratarse en la novena marcha, porque tenemos solo un mes para volver a socializar con las bases, para que se sumen a la marcha. Nosotros vamos a seguir peleando y por más que seamos perseguidos estaremos otra vez en la lista de marchistas; no tenemos miedo”, aseveró la vicepresidenta de la CPEMB, una de las 13 regionales de la CIDOB.
La IX Marcha aterra al gobierno de Evo
La IX Marcha Indígena aún no empezó, pero ya es motivo de preocupación para el gobierno y sus fuerzas armadas. Este lunes, uniformados de la Armada se dedicaron a perseguir en lanchas y sacar fotos a quienes participaron en el 30 Encuentro Extraordinario de Corregidores del TIPNIS. “El Estado nos está controlando a todos, está persiguiéndonos”, dijo Miriam Yubánore y relató cómo la intimidaron a ella y a otras personas que volvían en bote a la ciudad de Trinidad por el río Isiboro:
“Durante el viaje de retorno de Gundonovia han venido a espiarnos, a sacarnos alguna charla para tomarnos fotos, para hacernos tal vez seguimiento en el proceso que tenemos (varios dirigentes por el supuesto ‘intento de homicidio’ al canciller Choquehuanca)”, dijo Yubánore. Rafael Guarena Matene, que iba en el mismo bote, contó que hasta el comienzo del 30 Encuentro de Corregidores hubo un barco de la Armada anclado en el puerto de Gundonovia. “El gobierno busca aplacar este movimiento indígena que reclama respeto a las TCO y más que todo respeto al pueblo boliviano. Pero no tenemos miedo de nada, porque no tenemos ninguna cosa mala contra la Armada Boliviana y el Ejército; en realidad, ellos no tienen la culpa, solo están cumpliendo órdenes”.
Yubánore dijo estar preparada para enfrentar nuevamente la represión del gobierno, que ha decidido cercenar con una carretera el territorio de los pueblos Yuracaré, Chimán y Mojeño. Esta dirigenta fue atada de pies y manos y amordazada con cinta masking el 25 de septiembre de 2011, cuando la Policía reprimió a la VIII Marcha Indígena en Yucumo. Por las agresiones que ella y toda la marcha sufrieron esa tarde de domingo, ningún hilo de la Justicia boliviana se mueve. Pero por “obligar a marchar” a Choquehuanca, según la definición del Canciller, el Estado Plurinacional amenaza con meter en la cárcel a más de 20 indígenas.
“Sabemos que el gobierno hace y deshace como le da la gana porque tiene la mano en el poder. Hemos visto que un día hace una ley y al otro la borra con el codo. No hay ninguna seguridad así. Pero los pueblos indígenas le decimos al gobierno que respete si quiere ser respetado, porque debe regirse por las bases. Gracias a nosotros, los pueblos indígenas, Evo Morales está en la silla y desde allá nos está pisoteando”, arengó Miriam Yubánore.
Por todo ello, recalcó Guarena, “nosotros sí o sí vamos a seguir trabajando profundamente a nivel nacional y aprovechamos la oportunidad para invitar a las instituciones, a los jóvenes, a las señoritas, a todos los que puedan plegarse a nuestra marcha, que nuevamente va a ser marcha pacífica, para hacer respetar nuestros derechos”.
La dirigenta mojeña consideró que la nueva movilización acordada en el 30 Encuentro de Corregidores “va a determinar muchas cosas… porque no es solamente en defensa del TIPNIS, sino de todos los territorios, de todas las áreas protegidas y de toda la naturaleza de Bolivia… Esta novena marcha que se viene no va a ser solo los 36 pueblos indígenas de Bolivia, también van a estar las organizaciones sociales de los nueve departamentos”.
“A veces hay gente que no conoce el TIPNIS, pero igual están luchando; sabemos que en las ciudades muchos están dispuestos a volver a marchar con nosotros; nos alegramos y felicitamos mucho a esa gente”, valoró Yubanure. Los líderes indígenas confían en recibir el apoyo de los sectores sociales urbanos que los respaldaron desde el primer día de la VIII marcha de 2011.
Es fundamental que la gente de las ciudades se pliegue a la nueva movilización indígena, insistieron los dirigentes de la CIDOB y del TIPNIS, e invitaron a organizaciones sociales del país y del extranjero a sumarse a la IX Marcha, esta vez para defender todas las áreas protegidas y territorios indígenas de Bolivia, y hacer respetar los derechos de la Madre Tierra.

Subcentral TIPNIS: “La dignidad no tiene precio”

Subcentral TIPNIS: “La dignidad no tiene precio”
El Encuentro de Corregidores del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) debía comenzar mañana en la comunidad Gundonovia, distante a 24 horas en bote de Trinidad. Pero una serie de obstáculos tendidos por organismos del Gobierno nacional imposibilita a las organizaciones indígenas comprar combustible para el largo viaje por los ríos. En la capital beniana, la Central de Pueblos Étnicos Mojeños de Beni (CPEMB) indicó que mañana recién partiría la comisión de indígenas, representantes de organizaciones sociales y medios de comunicación hacia Gundonovia, donde también acampa un grupo de militares, según Miriam Yubánore, vicepresidenta de la central mojeña.
“Hay varias regionales de la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia) que van a ir junto con nosotros. También va otra organización de jóvenes activistas, para que conozcan el TIPNIS, cómo vive la gente ahí y, más que todo, las necesidades que hay adentro. Para que sepan que en el TIPNIS quieren que se los respete a ellos y a su territorio. Ya estamos alistados y esperando a que en pocas horas podamos salir hacia las comunidades. Aunque es difícil partir de acá. El tema del combustible nos está atorando”, dijo Yubánore.
El tema del combustible, que tiene varadas a cien personas en Trinidad, “no es un tema de ayer”, comentó Fernando Vargas Mosúa, presidente de la Subcentral de comunidades del TIPNIS. “Desde 1997, nuestra subcentral tiene convenios de coadministración del TIPNIS, firmados con organismos del Estado. En 2007 se ha vuelto a firmar el convenio con el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP). En el marco de ese convenio, se otorga a la subcentral del TIPNIS una cantidad, un cupo de combustible que siempre se necesita cuando se hacen encuentros de este tipo. Ahora, aquí han recibido órdenes para que no se entregue ni una gota de gasolina sin el permiso del organismo de Sustancias Controladas. Es una falta de respeto, es una violación a este convenio de coadministración que hemos firmado. Por ello hay un retraso en la salida de la delegación que va hasta la comunidad de Gundonovia para iniciar mañana la reunión, una reunión tan importante, donde se van a tomar decisiones sobre el destino del TIPNIS y la vida de los pueblos indígenas que habitamos allí”, que los pueblos Mojeño, Yuracaré y Chimán.  
Territorio militarizado
“El Gobierno está trabándonos por todos lados. Está haciendo abuso de poder, incide en todas las instancias para que no podamos acudir a pedir apoyo a nadie. Ahora nos atora con Sustancias Controladas, donde nos sacan una cosa, nos piden otra cosa y al final nos dan muchas vueltas. Para este viaje necesitamos una buena cantidad de combustible para hacer la devolución a los corregidores, porque los corregidores tienen sus propios motorcitos y los usan para bajar. Ahí hay que hacerles la devolución de combustible para que retornen hasta sus comunidades”, contó Yubánore.
“Ahorita el problema más grande es que no tenemos permiso de combustible. Si vamos por el río Isiboro o el Mamoré con toda la carga y la gente se pueden aparecer los Umopares (policías de la Unidad Móvil de Patrullaje Rural) porque siempre hacen controles ellos a las embarcaciones. Si no tenemos permiso nos pueden quitar el combustible”, explicó la dirigenta de la CPEMB, nacida en el TIPNIS.
“El TIPNIS está ahorita militarizado. Hay militares dentro de las comunidades, eso es lo peor: nunca se ha visto. En este tiempo el Gobierno manda a los militares y los hace acampar dentro de la comunidad. Sabemos que los militares van y hacen sus recorridos, navegan por ahí, hacen su trabajo, pero no dentro de la comunidad. Siempre lo hacen fuera de la comunidad. Pero ahora están dentro de la comunidad. Y nosotros, como organizaciones, repudiamos ese atropello que está haciendo el Gobierno, esa manipulación de las Fuerzas Armadas: a ellas está utilizando para que lleven alimentos y otras necesidades. Sabemos que la gente necesita, pero tampoco el Gobierno puede aprovecharse de esa necesidad de los hermanos de las comunidades. El Gobierno no les puede llevar un chicle a cambio de la carretera: sabemos que es su obligación el Gobierno y del Estado ayudar a las comunidades con proyectos, con ayuda humanitaria, pero sin ningún compromiso”, dijo Yubánore.
“También el Gobierno ha entrado a hacer reuniones al TIPNIS. Pero la gente de las comunidades les ha cerrado la puerta, les ha dicho: ‘No. Respétennos, estamos en nuestra casa. Aquí no van a venir a imponernos’. Me alegra mucho que se hagan respetar los comunarios dentro de sus comunidades, porque ellos tienen su reglamento, su estatuto orgánico de la organización del TIPNIS. Esa es una ley que ellos mismos han hecho para que nos respeten también, para que otra gente que venga de afuera también nos respete. Consideramos que el estatuto es la ley del territorio, que se debe respetar”, agregó la vicepresidenta.
“En Gundonovia, la comunidad donde se va a llevar adelante el Encuentro de Corregidores, ahí ya están los militares con su campamento. Así están vulnerando el derecho de las comunidades. El Gobierno va a intimidarnos, a atropellarnos en cada espacio. En Gundonovia hay alumnos de un colegio internado, hartos alumnos de comunidades del TIPNIS. Ahora no pueden salir a jugar ni a pescar, porque están armados los militares y cualquier cosa pueden hacer. En el territorio las hermanas y hermanos no pueden vivir así, militarizados. Ahorita viven encerrados en su propia casa, en su propio territorio. Esperamos llegar sin ninguna novedad a la comunidad y que ahí los corregidores decidan sacar a los militares de la comunidad”, dijo Yubánore.
“En varias ocasiones el TIPNIS ha aplicado su autonomía para defender el territorio, para que se lo respete. Esperemos que ahora se lo siga haciendo para demostrar al Gobierno que el TIPNIS es autónomo, que puede manejarse solo, siempre y cuando el Gobierno no esté atropellando, como está haciendo ahora”, dijo la dirigenta de la CPEMB.
La amplia delegación que asistirá al Encuentro de Corregidores, además de los militares ya acantonados, “van escuchar a la gente que vive dentro. Las regionales de las diferentes organizaciones van a escuchar a las mismas bases. Nosotros, como dirigentes, podemos manifestar y hacer escuchar a la ciudadanía lo que dice la gente de allá. Esperemos que los medios de comunicación que van a ingresar saquen toda la información que hay en el territorio. Queremos que la gente escuche y se entere de que son las comunidades las que no quieren la carretera por adentro del TIPNIS. No somos nosotros como dirigentes los que decimos que no queremos la carretera. Más bien, nosotros respetamos el mandato de las bases, porque nos debemos a  ellas. Hay resoluciones, hay actas de reuniones en las que dicen que no quieren la carretera. No se va a hacer la carretera y el Gobierno tiene que aceptar la decisión de este Encuentro de Corregidores”, dijo Yubánore.
La ayuda de las ciudades
“Sabemos que las organizaciones sociales siempre nos han apoyado, desde el primer día que hemos partido en la octava marcha; desde el primer día en que se supo que al TIPNIS se lo tenía que respetar nos están apoyando. Esperamos que nos sigan apoyando. A veces hay gente que no conoce dentro del TIPNIS pero igual están luchando –se sorprendió la dirigenta de la CPEMB-. Nosotros nos alegramos, felicitamos mucho a esa gente que se pone en defensa no solo del TIPNIS, sino también de toda la naturaleza de Bolivia”.
“En La Paz, en Cochabamba, en Santa Cruz hemos estado informando, debatiendo, esto hemos dado a conocer. Sabemos que en las ciudades muchos nos apoyan, que están dispuestos a volver a marchar con nosotros. En esta novena marcha que se viene no van a ser solo los 36 pueblos indígenas de Bolivia, también van a estar las organizaciones sociales de los nueve departamentos”, aseguró la mojeña.
Como Quintana por su casa
Fernando Vargas Mosúa relató al detalle una de las incursiones del ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, por el TIPNIS. Como casi siempre, Vargas empezó su alocución con “un saludo al pueblo boliviano. Es importante que una vez más conozcamos cómo el Gobierno vulnera el Estado de Derecho en este país. Lamentablemente, creíamos que don Juan Evo Morales iba a hacer unas acciones en el país, pero se ha dejado sorprender con que el cargo ahora le quede muy grande. No es que a uno lo hace su cargo, sino que uno tiene que hacerlo al cargo. Pero lamentablemente así están las cosas. A raíz de esto ha venido toda una artillería de trabajos del ministro Quintana, que se ha reunido varias veces aquí en Trinidad con el Alcalde de San Ignacio de Moxos, el Subgobernador y el Presidente del Concejo Municipal de San Ignacio. Entre ellos prepararon un plan de ingreso al TIPNIS. Por ello el propio ministro Quintana ingresó en los primeros días de marzo al TIPNIS, por la ruta del río Sécure. Fue por Santa María, llegó hasta la comunidad Nueva Galilea. Cuando llegó allí, el corregidor les preguntó quiénes eran. Quintana le dijo ‘somos una comisión’. El corregidor le preguntó cómo se llama. Quintana le dijo: ‘Yo no tengo por qué dar mi nombre’. Imagínense a un ministro actuando de esa naturaleza allá, donde no hay prensa, él cree que allá se hace lo que se quiere. ‘Quiero hablar con el corregidor’, dijo Quintana.
-Con el corregidor está hablando.
-¿Cómo se llama usted?
-Como ustedes no quieren decir cómo se llaman, tampoco yo le digo cómo me llamo. Quiero saber a qué vienen –dijo el corregidor.
-Nosotros somos gente del Gobierno. Venimos acá porque queremos conocer sus demandas, sus necesidades.
-¿Por qué recién se acuerdan ahora? ¿Dónde está el permiso de nuestra organización? ¿Por qué no hay un dirigente con ustedes?
-Nosotros no necesitamos pedir permiso a nadie. Nosotros nos entramos, somos el Gobierno.
“Entonces ahí hubo una discusión. El corregidor les dijo: ‘Este es un territorio indígena, aquí no se entra nadie sin permiso. Las puertas para entrar acá son nuestra organización. Pero como ustedes no han coordinado, no podemos dejar que continúen”, relató Vargas.
-Vos tenés que respetarme- dijo que dijo Quintana.
-Si quiere que lo respete, respéteme usted primero a mí -dijo el corregidor.
“La comunidad se paró y le dijo a los del Gobierno: ‘Ustedes no entran. No porque el corregidor lo diga, sino porque nosotros también lo decimos’. Entonces Quintana decidió irse. Pero antes llamó a un lado al corregidor y le dijo: ‘En todo lo que has dicho tenés la razón. Estás en tu derecho de decirnos eso’”, contó el presidente de las comunidades del TIPNIS. Según la narración de la subcentral, el Ministro de la Presidencia amarró en Gundonovia, donde dejó algunos regalos comprados con dinero del pueblo boliviano.
“Queremos resaltar la actitud con la que está actuando el Gobierno. Han llevado a las comunidades un rollito de cartulina, un juego de poleras, una pelota, cuatro mochilas. De ahí hicieron el compromiso de llevar motores, antenas parabólicas, paneles solares. Uno de los funcionarios de la Alcaldía de San Ignacio me dijo que ‘esto es plata del POA (Programa Operativo Anual)’ ¡Utilizan la plata del distrito para decir ‘esto traemos’! Es una vergüenza y una falta de respeto. La dignidad de cualquier boliviano no cuesta pues cinco cartulinas. No cuesta un juego de poleras o una pelota. La dignidad no tiene precio”, dijo el dirigente del TIPNIS.
(Por la Comisión de Comunicación Indígena)

Espesores de una coyuntura candente

Espesores de una coyuntura candente
Expediciones públicas y ocupación militar del TIPNIS
Raúl Prada Alcoreza
Contenido:
Una coyuntura candente
El mapa de fuerzas
Espesores histórico-políticos y económicos
“Geopolítica” extravagante
Una coyuntura candente
La coyuntura reciente, caracterizada por la nueva situación del conflicto del TIPNIS, viene dibujada por la aprobación de la ley de consulta extemporánea por parte de la Asamblea Legislativa y su promulgación por parte del presidente. En este nuevo escenario, que es como el exordio de la pretendida  aplicación del cuestionario gubernamental – por que eso es, un cuestionario que introduce dos preguntas, una sobre la condición de intangibilidad y otra sobre la carretera que atravesaría el territorio indígena y parque en cuestión -, el gobierno, haciendo gala de una manifiesta inseguridad, que no puede esconder, ha mandado a la armada al TIPNIS. La armada ha ingresado al territorio indígena surcando los ríos Sécure y el Isiboro con barcos cargados de vituallas, con el objeto de distribuirlos entre los comunarios de la TCO del TIPNIS, comprometiendo su voto a favor de la carretera. Esta acción de chantaje es una flagrante violación de una de las clausulas de la consulta con consentimiento, previa, libre e informada, clausula que establece que no puede haber coerción. Este despropósito se suma a la ya descalificada consulta extemporánea por no cumplir con la estructura conceptual de una consulta previa, libre e informada. En esa dirección de intervención, presión y chantaje ya se han instalado campamentos militares, mostrando claramente la decisión del gobierno de ocupar militarmente el territorio indígena antes de la aplicación del cuestionario. En esta alevosa acción en la que estarían comprometidos, además del ejecutivo, la asamblea legislativa, el órgano judicial y el órgano electoral, violando descaradamente la Constitución, en cumpliendo de las ordenes del gobierno. Estamos entonces ante una ocupación militar y ante la virtualidad de una “consulta” militarizada.
Esta acción desmedida de coerción y demostración de fuerza es una declaración de guerra del Estado-nación, que debería haber muerto, contra el Estado plurinacional comunitario y autonómico, que no ha podido nacer. Una declaración de guerra a las naciones y pueblos indígenas originarios, como en los tiempos violentos del colonialismo y de la expansión de la frontera controlada de la república criolla. El Estado-nación no acepta los territorios indígenas, tampoco las autonomías indígenas, así como la libre determinación y el autogobierno de las naciones y pueblos indígenas originarios, como establece la Constitución. El Estado-nación no puede coexistir con la Constitución y menos cumplirla, pues esta Constitución corresponde al Estado plurinacional comunitario y autonómico.  Esta contradicción profunda no se puede resolver sino violando la Constitución, colocándola como fantasía discursiva, y por último, en los momentos mas fuertes de la contradicción y confrontación contra los pueblos indígenas y los movimientos sociales que defienden la Constitución, desconocerla, no sólo prácticamente, como se lo ha hecho hasta ahora sistemáticamente, sino incluso explícitamente, declararla inviable. Este momento descarnado, de desnudamiento de todos los disfraces puede llegar.
Indudablemente hemos llegado a uno de los momentos más contradictorios del proceso, uno de los de mayor confrontación, entre gobierno y naciones y pueblos indígenas, entre gobierno y pueblo boliviano, entre el proyecto político de la Constitución y el proyecto extractivista del gobierno. Este momento de confrontación de fuerzas viene definido por la IX marcha indígena. Lo que pueda pasar con esta marcha mostrara los alcances de la intensidad de la lucha. Ya se evidenció la intensidad del conflicto en la VIII marcha indígena, sobre todo en el momento de la descomunal violencia desatada por el gobierno contra la marcha indígena, en las circunstancias mismas de la intervención policial y de otras fuerzas de apoyo, incluyendo a extranjeros. En el nuevo escenario, el definido por la preparación de la IX marcha, las organizaciones indígenas se juegan quizás la carta más importante para reconducir el proceso; el gobierno también se juega su carta para consolidar su proyecto extractivista. Esta es una de las razones por las que acude el gobierno a una ocupación militar del TIPNIS.
Ensamblando esta estrategia de ocupación militar, el Estado-nación, utilizando la complicidad ilegítima del órgano judicial, ha desatado toda una persecución a los dirigentes indígenas, participes de la VIII marcha, con acusaciones falsas, mientras hasta ahora no ha hecho nada para avanzar en la investigación y en el esclarecimiento de los hechos violentos acaecidos en el puente San Lorenzo en contra de la marcha indígena, acción represiva repudiable, realizada como acción punitiva por parte de la policía. Mucho menos se le puede pedir a este órgano judicial cómplice, alejado de sus funciones y convertido en un aparato de represión más, que identifique a los responsables de dar la orden de la represión de la marcha, aplicándoles las leyes por haber violado los derechos fundamentales, como corresponde en estos casos.
En este contexto las organizaciones indígenas han convocado a reuniones y encuentros de emergencia. La primera resolución de la CPEM-B denuncia esta violencia legal descargada contra las organizaciones indígenas. La segunda resolución de la CPEM-B denuncia el agraviante desconocimiento a las organizaciones matrices indígenas por parte del gobierno; por otra parte repudia y desconoce a dirigentes comprometidos con estas maniobras gubernamentales, desconoce al Subgobernador de la Provincia Mojos, al alcalde del municipio de San lgnacio, a la presidenta del Concejo Municipal de San lgnacio y a los asambleístas Indígenas departamentales. Esta resolución también denuncia la inconstitucionalidad ley 222 promulgada por el presidente, la llamada ley de consulta, expresión normativa de la violación de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. También denuncia que el Gobierno amparado en la ley 222 viene desplegando una campaña deshonesta promoviendo la división orgánica en nuestros territorios a través del chantaje, prebenda y compra de conciencia de los comunarios, mediante el ingreso de comisiones encabezadas por las autoridades antes mencionadas, sin el consentimiento de las autoridades naturales del territorio.
En resumen se puede observar que a esta invasión civil le ha seguido la ocupación militar, ambas expediciones concurren con el objeto de efectuar coerción y presionar a las comunidades, buscando obligar una votación a favor de la carretera depredadora. Estas acciones gubernamentales son una consecuencia de toda la política sinuosa que ha seguido el gobierno en torno al conflicto del TIPNIS.
Tomando en consideración estos sucesos, la CPEM-B rechaza y condena la franca violación de los derechos de propiedad comunitaria del TlPNlS, los derechos de la TCO; así mismo, las comunidades reunidas, rechazan la desenfrenada actitud de saltar por encima de las estructuras orgánicas de los pueblos indígenas. Esta actitud violatoria de derechos y de representaciones es calificadacomo maniobra flagrante ejecutada por personeros del gobierno en coordinación con las autoridades departamentales y locales, municipio y sub-gobernación.  Esos funcionarios públicos han ingresado al territorio indígena con la excusa expresa de un supuesto plan de apoyo al desarrollo. Se denuncia entonces que lo que persiguen estas expediciones punitivas y de propaganda es presionar a las autoridades de las comunidades mediante prebendas y apoyos, buscando su apoyo a la construcción de la carretera; estas presiones están encaminadas a preparar la inducción de los resultados de la supuesta “consulta previa”.
Estas resoluciones se aprobaron el 25 de febrero de 2012 en una Reunión Orgánica de Emergencia de la Central de Pueblos Étnicos Mojeños del Beni (CPEM-B), en presencia de la CIDOB y la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia (CNAMIB). Esta reunión de emergencia, la visita de los dirigentes de la Subcentral del TIPNIS y de la CIDOB  a las comunidades de la TCO del TIPNIS, para recabar información, difundir y explicar el contenido y los alcances de la ley corta de defensa del TIPNIS, forman parte de la resistencia de las comunidades indígenas al avasallamiento legal y práctico por parte del gobierno y la armada. También forma parte de la voluntad y determinación de realizar la IX marcha indígena en defensa de la madre tierra, los territorios indígenas y la Constitución. La CIDOB y el CONAMAQ han rechazado la ley 222 y han ratificado la defensa de la ley 180, la ley corta, además de sumarse a la IX marcha. La COB ha sacado una resolución en el sentido de apoyar la IX marcha indígena. Puede verse en todo esto una realineamiento y acumulación de fuerzas. La convocatoria está abierta al pueblo boliviano que ha apoyado la VIII marcha y la defensa del TIPNIS.
Después de la conquista lograda por la VIII marcha, al haber arrancado la ley 180 al gobierno, ley en defensa de TIPNIS, además de haber aclarado en un reglamento acordado con el gobierno el significado de la intangibilidad, las organizaciones indígenas, las organizaciones sociales que apoyaron la defensa del TIPNIS, la COB y el pueblo boliviano enfrentan la nueva coyuntura, signada por la ley de consulta extemporánea y por los preparativos de la IX marcha indígena. En esta coyuntura los alcances de la lucha y de la convocatoria son mayores; ya no se circunscribe la movilización sólo a la defensa del TIPNIS sino que ahora se asume la responsabilidad de la reconducción del proceso, además de contener la convocatoria a todo el pueblo para la defensa de la constitución y del proceso contra un gobierno que se ha convertido en un contra-proceso. Esto implica también tomar en cuenta las reivindicaciones de los sectores populares urbanos. La agenda de la IX marcha es más amplia que la VIII marcha. El nivel de confrontación es mayor, las perspectivas de la lucha han alcanzado gran intensidad, convirtiendo a los desenlaces posibles en decisivos para el proceso.
Se entiende que en este enfrentamiento el gobierno también se juega su proyecto extractivista; por eso la movida de todos los recursos al alcance, legales, civiles, militares, políticos y comunicacionales. El pueblo boliviano, que ha peleado por el proceso durante seis años de luchas semi-insurreccionales, que ha votado consecutivamente en las elecciones, apostando por el proceso y la Constitución, tiene una gran responsabilidad histórica en esta coyuntura, quizás decisiva para el proceso. Sólo una movilización general, una decisión multitudinaria, una voluntad colectiva, en defensa del proceso, por la reconducción del proceso, en defensa de la madre tierra y la Constitución, puede cambiar el curso de los acontecimientos. Eventos empujados por el gobierno a la restauración del Estado-nación y hacia la ampliación y extensión del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente; vía que conduce al desastre y a la muerte del proceso. Sólo una movilización general puede revertir la tendencia política dominante de claudicación, y lograr un punto de inflexión, recuperando los objetivos caros de la descolonización y la transformación estructural e institucional, puede lograr la profundización y la radicalización del proceso.
Hay en la historia momentos decisivos, momentos de exigencia, de convocatoria desde las profundidades mismas de la memoria colectiva de las luchas, para decidir precisamente el decurso de la historia, para construir historia desde el anhelo mismo emancipatorio, escapando de los condicionamientos impuestos por las estructuras del poder y del Estado. Este es uno de esos momentos. Que se acuda a esta convocatoria depende de la conmoción profunda de nuestro ser, que podamos comprender la peligrosidad del momento y por lo tanto de la necesidad de la intervención de los movimientos sociales anti-sistémicos, las masas, las multitudes, las naciones y pueblos indígenas, el proletariado, los sectores populares, el pueblo boliviano. Se trata de entender que el gobierno se ha dejado atrapar por relaciones y estructuras de poder dominantes en el mundo, en la región y en el país, que se ha convertido en un engranaje de estas relaciones de poder, que ya no tiene voluntad propia, que su determinación responde a lógicas de poder establecidas y efectivas, que no han sido desmontadas. Que esta situación no puede ser una sorpresa, pues forma parte de las contradicciones del proceso, de todo proceso, de los desafíos políticos de las dramáticas y desgarradoras transiciones. Por eso mismo los movimientos sociales deben estar preparados para asumir los desafíos y responder a los mismos con la potencia social, con los saberes colectivos, la voluntad general, las capacidades y facultades multitudinarias, como inmanencia del ser social, enfrentando al poder instituido.
Ahora bien, no siempre las masas y las multitudes han podido responder a estos desafíos; en las experiencias colectivas de las revoluciones que no lo han hecho, cuando los pueblos no han sabido responder a estos retos, las revoluciones en cuestión se han hundido en le fragor de sus contradicciones, sin que los explotados, que se insurreccionaron abriendo el proceso, puedan en el momento decisivo responder. En estos casos, las multitudes se encuentran aisladas por el propio Estado, por los gobernantes y por sus propios dirigentes cooptados y conformistas; por lo tanto, en consecuencia, se encuentran desplazadas de la decisión y de la incidencia, sin poder quebrantar el curso de los acontecimientos, que se desembocan como caballos enloquecidos a la muerte.
Estas consideraciones develan que es indispensable la difusión, el compartir, la discusión, la reflexión y el análisis colectivos de estos problemas. La construcción de saberes colectivos críticos, subversivos e insurreccionales es un acontecimiento experimentado por vivencias compuestas, combinadas e integradas, intensas y liberadoras. Esta elucidación colectiva forma parte de la cohesión de las organizaciones involucradas, de las organizaciones y coordinaciones que se formen en el curso de las luchas. Forma parte del potenciamiento mismo de la movilización constitutiva e instituyente del nuevo mapa de fuerzas donde se sostendrán las nuevas relaciones y estructuras pluralistas. Esta, la participación y asamblea colectivas y comunitarias, es entonces la tarea inmediata de preparación de la IX marcha.
El mapa de fuerzas
En esta breve exploración de los acontecimientos coyunturales queda un tema pendiente que discutir, el de otras fuerzas distribuidas en el contexto del acoplamiento del momento. Ya no hablamos aquí de las fuerzas propias, sino de las fuerzas ajenas, no de las fuerzas indígenas y populares, sino de las fuerzas que han sido caracterizadas como opuestas al proceso constituyente; una de estas fuerzas corresponde a la derecha tradicional. En la VIII marcha se ha visto su interés de apoyar, ciertamente con sus propios objetivos, intereses distintos, en contra del gobierno. Esta derecha busca la oportunidad para reponerse de la derrota contundente sufrida en Pando después de los acontecimientos sangrientos del Porvenir, derrota rarificada en el claro descalabro electoral de las elecciones de 2009, sin poder lograr ni siguiera un tercio de la representación del Congreso. Esta derecha tradicional ha quedado hecha añicos. Es de esperar que esta derecha también se encuentre ansiosa de volver a apoyar la novena marcha, quizás intentando una mayor incidencia. Eso trató de hacerlo  en la VIII marcha, empero las organizaciones indígenas no le permitieron de ninguna manera participar. Lo que hizo esta derecha es apoyar en vituallas y alimentación, aunque no fue la parte ni la proporción preponderante de la logística de la marcha. El apoyo proporcionalmente importante de la marcha fueron las redes de apoyo de las propias organizaciones indígenas, las ONGs de izquierda, también las organizaciones humanitarias, así como las instituciones de la cooperación internacional y de derechos humanos, además de los múltiples grupos de activistas ecologistas, ambientalistas, feministas, antisistémicos, y sus redes de comunicación; este apoyo fue preponderante en el armado de la logística de la marcha.
El gobierno, de manera infantil, ha tratado de desinformar al respecto, acusando a los dirigentes de tener compromisos con la derecha o de hacer la jugada a la derecha. Como si no fuera real el conflicto del TIPNIS, como si no se tratara de una TCO protegida por la Constitución, de un parque protegido por las leyes, como si no se hubieran constitucionalizado los derechos indígenas; es decir, como si no hubiera ningún problema. Este es el nudo del cuestión, este es el referente de realidad, no la delirante imagen que tiene el gobierno de lo que ocurre; imagen paranoica, sostenida en la tesis débil de la conspiración. Esta propaganda lamentable le cerró los ojos al gobierno, retraído en su propio laberinto, de tal forma que no pudo ver el mapa de los hechos; tampoco lo hace ahora, no solamente debido a su propia contradicción inherente, que a estas alturas ya no se les puede pedir que comprendan, sino por la propia magnitud del problema. En estas condiciones, obviamente no puede descifrar las razones del apoyo de la ciudadanía al TIPNIS. En estas circunstancias de retraimiento paranoico,  no se les puede pedir a los del gobierno que reconozcan públicamente sus compromisos con la burguesía recompuesta y los nuevos ricos, menos sus compromisos con las empresas trasnacionales, la empresa constructora OAS y el gobierno brasilero. Los hechos muestran que, a estas alturas de la regresión de la dirección del proceso, se trata de un gobierno que administra los intereses de la burguesía recompuesta, de los terratenientes, de los banqueros, de los nuevos ricos y de las empresas trasnacionales. En este sentido la dilucidación de lo que es derecha ha cambiado; hay una nueva derecha, una burguesía recompuesta, nuevos ricos, además del propio gobierno que ha optado por el Estado-nación y el modelo extractivista. Esta nueva derecha es el termidor de la revolución plebeya e indígena, quiere detener el proceso en su momento incierto, donde ha llegado vadeando sus contradicciones, quiere acabar con el proceso ahí, en el sitio indefinido y ambiguo del discurso, en la mera aprobación de la Constitución, buscando que ésta no pueda aplicarse. Esta es la derecha efectiva, peligrosa, con incidencia política, no la derecha tradicional, que ciertamente nunca va a dejar de conspirar, pero que en el momento no tiene fuerza como para reincidir.
El análisis de coyuntura, el análisis de contexto, el análisis de las fuerzas involucradas, nunca va a poder ser reducido a la trivialidad del esquema inocente de un dualismo simplón, de que sólo hay una derecha, por un lado, y una izquierda, por otro lado. En el contexto, en la cartografía espacial y temporal, hay más fuerzas, un mapa de fuerzas, hay una variedad de posiciones, que deben ser analizadas y evaluadas en el decurso mismo de las coyunturas y el proceso. Concretamente, fuera de la derecha tradicional, correspondiente a las oligarquías regionales, derecha que ahora se ha reducido a débiles representaciones políticas, tanto en el congreso como en una gobernación, ha aparecido en el mapa de fuerzas la distribución del posicionamiento de una nueva derecha, de una nueva fuerza conservadora efectiva. Esta nueva derecha puede ser interpretada, en realidad, como una nueva alianza de fuerzas conservadoras, en la perspectiva del proyecto extractivista. Esta alianza está compuesta básicamente por la relación comprometida del gobierno con los estratos de la burguesía; clase económicamente dominante que ha sido la que más se ha beneficiado frugalmente en las dos gestiones de gobierno popular. Componen esta burguesía renovada los agroindustriales, los terratenientes, los comerciantes, los banqueros, los nuevos ricos, los grandes contrabandistas y los grupos de los tráficos lícitos e ilícitos. A este conglomerado o bloque conservador se lo puede llamar nueva derecha; esta caracterización se  debe a las posiciones claramente evidentes contra la Constitución, contra las transformaciones estructurales e institucionales y contra los caros objetivos del proceso. Esta nueva derecha quiere limitar, delimitar y detener el proceso en el lugar incierto donde ha llegado; servirse de las imágenes mismas del proceso, investirse de ellas, suplantando a los movimientos sociales, para satisfacer holgadamente con el cumplimiento de los intereses mezquinos de los grupos dominantes.  Lastimosamente en este cuento han caído los dirigentes campesinos, cooptados por el gobierno, perdiendo toda independencia de clase y de organización. De esta manera, hoy por hoy, los campesinos se han convertido en la base social de legitimación reducida de la conducción clientelar del gobierno.
Entre este bloque de poder, bloque de sustento del proyecto extractivista, y el bloque indígena, nucleado básicamente en las dos grandes organizaciones de tierras bajas y de tierras altas, la CIDOB y el CONAMAQ, se encuentran una multiplicidad de fuerzas dispersas, que no necesariamente actúan de manera conjunta y coordinada, aunque lo hicieron en el apoyo a la defensa del TIPNIS. La COB es la principal organización de los trabajadores y de los sindicatos obreros urbanos y de los centros mineros. La COB tiene un pliego petitorio, que comprende varios puntos, fuera de las reivindicaciones económicas; uno de ellos es el reclamo por su incidencia y participación en el modelo productivo; otro es el que tiene que ver con los derechos de los trabajadores y la abrogación de lo que queda del decreto neoliberal 21060; y un tercero, de importancia, es la construcción de un instrumento político de los trabajadores. En los escenarios abiertos por las luchas sociales y movimientos sociales antisistémicos contemporáneos, la COB no ha podido recuperar su protagonismo que tuvo en a historia política desde la revolución de 1952 hasta la marcha por la vida en defensa de sus puestos de trabajo, los centros mineros (1986). Sin embargo, podría recuperar protagonismo político si atina a una alianza duradera con las organizaciones indígenas y el pueblo boliviano en la defensa de la Constitución y del proceso.
Desde el primer año de gobierno (2006), como  a finales del mismo, se manifiestan contradicciones complicadas entre los trabajadores mineros, entre los obreros de las minas, dependientes de COMIBOL, y los cooperativistas mineros. Un enfrentamiento en Huanuni deja más de una docena de muertos. Los cooperativistas mineros, que suman como uno ciento cincuenta mil, son un estrato de presión fuerte, en el espacio social de los trabajadores. Quieren más concesiones mineras del Estado, entrando en contradicción con los obreros de las minas, que responden a la empresa estatal minera. Este sector, una vez enterado del contenido del proyecto del código minero se movilizó a La Paz exigiendo modificaciones sustanciales, en la perspectiva de la preservación de sus intereses. A lo largo de los años de la primera gestión de gobierno aparecieron otros grupos gremiales, reivindicativos de intereses particulares, como los involucrados en la compra venta de ropa usada, llamados los “ropavejeros”. En esta tónica marginal también aparecieron otros grupos asociados, como los compradores de autos usados, muchos de éstos internados al país por contrabando, otros por robo. Este grupo concretamente pide nacionalización de los autos chutos. A este pedido primero accedió el congreso y luego el gobierno, aprobando y promulgando una ley conocida como la de los autos “chutos”. En otra tónica, también subsisten, desde época neoliberal, grupos de asociados como los jubilados, los beneficiarios de la renta de adultos mayores, los desocupados, quienes piden fuentes de trabajo; también piden todos ellos garantía institucional para sus jubilaciones, ampliación de la renta, puestos laborales. Cambiando nuevamente de tónica, aparecen los nuevos sujetos de derechos, respondiendo a la ampliación de derechos de la Constitución, como los conocidos como discapacitados o de capacidades especiales. Este grupo exige un bono apropiado y el cumplimiento de a Constitución. En otro nivel, se dan también otras asociaciones, aunque sean más bien coyunturales, como la de ciertas comunidades campesinas que exigen la propiedad de minas en sus territorios, minas que muchas veces fueron tomadas por los propios comunarios. En contraste, también se asociaron los obreros mineros de empresas privadas, quienes exigen al gobierno garantías para el funcionamiento de sus centros trabajo y el respeto a la propiedad empresarial. Como se puede ver, estamos ante una lista que se puede ir ampliando, debido al estallido de conflictos locales y específicos, pero, que en todo caso, expresa un mapa disperso de fuerzas heterogéneas, que también se hallan puntualmente en conflicto con el gobierno. Esta gama de reivindicaciones tiene que ser interpretada a la luz misma de las contradicciones del proceso, no tanto así a partir de las propias reivindicaciones particulares, pues no serían comprensibles políticamente.
Empero vale la pena ampliar el mapa de fuerzas incorporando a organizaciones cívicas de carácter regional y municipal, también a ciertas poblaciones limítrofes que disputan el control fronterizo de recursos naturales. En esta ampliación del mapa de fuerzas hay que incorporar a un comité cívico regional que se hizo famoso por el tipo de enfrentamiento que tuvo con el gobierno, el Comité Cívico de Potosí, que planteó reivindicaciones regionales de carácter departamental en el occidente boliviano. Este comité cívico se encuentra vinculado a sectores populares y no así a sectores de las oligarquías regionales, como era el caso de los comités cívicos de la llamada “media luna”. Otra forma de asociación y de organización social, que también hizo noticia, es la composición combinada entre sindicatos campesinos y juntas de vecinos en la provincia de Caranvi; se conformó una especie de coordinación de defensa de la provincia. Esta coordinadora hizo conocer su  reclamo en torno a una planta de cítricos, entrando en conflicto con la organización de colonizadores de Alto Beni. Compartiendo problemáticas análogas, aunque no equivalentes, en la frontera limítrofe departamental entre Oruro y Potosí también aparecieron conflictos entre poblaciones y comunidades colindantes. Primero, la disputa estalló por la ubicación del lugar de instalación de la planta de cemento, también por la propiedad del cerro Porco, cerro que contiene los yacimientos apropiados, en tanto materia prima, para el funcionamiento de la planta; después, otro conflicto limítrofe se generó por el conflicto concurrente en torno a los terrenos aptos para el cultivo de la quinua. Así también debemos ampliar estos conflictos limítrofes a la región del Chaco, donde las poblaciones colindantes entre Tarija y Chuquisaca se disputan la participación de los yacimientos del campo Margarita; esto sobre todo por las regalías en cuestión y la distribución del Impuesto Directo a los Hidrocarburos. Todos estos conflictos deben interpretarse a la luz de la condición autonómica de la Constitución.
En el dibujo del mapa de fuerzas también tenemos que añadir a las juntas de vecinos metidas en conflictos municipales de sus ciudades. Por ejemplo, el caso de la ciudad de El Alto es sintomático; habiendo sido la ciudad heroica en la guerra del gas (2003), ciudad clave por su colindancia con la sede de gobierno, se siente ahora una ciudad menospreciada por el gobierno debido al incumplimiento de mandatos y compromisos. La mayoría de El Alto considera que el gobierno no ha cumplido con la Agenda de Octubre, que comprende además de la convocatoria a la Asamblea Constituyente, la nacionalización de los hidrocarburos y la industrialización de los mismos, evitando su exportación en condición de materias primas, además del compromiso de instalación de gas domiciliario para consumo doméstico. Los alteños consideran que ninguna de estas obligaciones ha cumplido el gobierno. Es más, la juntas de vecinos ven con alarma el comportamiento del gobierno respecto a los candidatos avalados por el MAS, saltando a las propias selecciones barriales. Se montó una escandalosa maniobra para sacar a la dirigente carismática Fany, castigada por ser crítica; incluso se llegó al extremo de atentar contra su vida. Sacándola de en medio, primero se impuso a un dirigente cuestionado por las bases, después a un candidato cuestionado por la ciudad, candidato que sale elegido apenas, con una notoria disminución de votos para el MAS, disputando esta posibilidad con una candidata joven de un partido de minoría, caracterizado como de centro-derecha. Ahora el alcalde elegido  es cuestionado por movilizaciones populares, que piden su revocatoria de mandato. La ciudad de El Alto ha vuelto ha manifestarse pidiendo seguridad ciudadana ante la ola de atracos y asesinatos de los llamados “cogoteros”. En otras ciudades también aparecen conflictos locales, incluso menores, por ejemplo, conflictos  provocados por reclamos de los vecinos en relación a la desatención municipal al derrumbamiento de sus casas en la época de lluvias, protestando contra la abandono de los gobiernos, tanto del gobierno central como del gobierno autónomo municipal correspondiente. En la ciudad de Santa Cruz también se han producido innumerables protestas, aunque de carácter más grupal y barrial, más en el sentido de pronunciamientos que de movilización, sobre todo en lo que respecta a la seguridad ciudadana. Dicen que la policía, el gobierno municipal, tampoco el gobierno central, las asambleas legislativas, la central y la autónoma, no acuden a resolver la problemática situación de vulnerabilidad de los ciudadanos debido a la expansión de la delincuencia, atracos y asesinatos. En este marco de reclamos, también se hacen conocer denuncias en relación al incumplimiento de obras y acusaciones de corrupción.
Todo este conjunto de problemas son reales, no son inventos de la conspiración de la derecha, como acostumbra decir el gobierno, como acostumbra a desentenderse de los problemas. Este conjunto de problemas civiles y sociales deben ser interpretados no sólo desde la perspectiva puntual y descriptiva de los discursos y de los hechos, sino que debe también ser analizados a partir de lo que podemos llamar y comprender, en su integralidad, como crisis del proceso.
Espesores histórico-políticos y económicos
Volvamos al tema del TIPNIS y también en consecuencia de la IX marcha indígena. Ciertamente podemos ver que el conflicto del TIPNIS además de ser un atentado contra un área protegida, protegida por leyes ambientales, un atentado contra los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, constitucionalizados, por ser territorio indígena, también se ha convertido en un conflicto de magnitud. Esto debido a que el conflicto muestra las contradicciones más profundas del proceso, desgarradores contradicciones que ponen en cuestión la misma política implementada por el gobierno, que no se parece en nada a los caminos propuestos por la Constitución. Todo lo contrario, se parece a lo hecho por los gobiernos anteriores, sobre todo en lo que respecta al modelo económico. No se trata de aseverar de que se trata de un nuevo gobierno neoliberal; el problema no se reduce a la continuidad del proyecto neoliberal. La lucha de los movimientos sociales del 2000 al 2005 fue precisamente contra este modelo y las políticas privatizadoras. El gobierno popular que se conforma después de las elecciones del 2005 inicia un proceso de nacionalización y convoca a través del congreso a la Asamblea Constituyente. No se puede decir que se trata de un gobierno neoliberal cuando se abre un camino de fortalecimiento del Estado, de intervención del Estado en la economía, de apoyo a las empresas publicas, de formación de empresas públicas, aunque estas empresas públicas no hayan dado los resultados esperados. El problema no se reduce a la identificación de cuánto del proyecto neoliberal ha quedado, como es el caso de la presencia del decreto 21060, que inicia en 1985 la implementación del modelo de libre mercado y de competitividad, de privatización y de suspensión de los derechos sociales y de los trabajadores. Tampoco de identificar la permanencia de la gravitación de las empresas trasnacionales en las áreas estratégicas de los hidrocarburos y la minería. La comprensión de la problemática de la dependencia exige la visualización de condicionantes más profundas. El modelo apuesto al neoliberalismo, el modelo nacionalista estatal, el modelo basado en las nacionalizaciones y el control de los recursos naturales, si bien es de alguna manera antagónico al proyecto neoliberal, no deja de ser también un modelo liberal, pero sobre todo, no deja de ser también una modulación del circulo vicioso de la dependencia. Esto se debe a la relación que tienen ambos modelos contrapuestos con el paradigma del extractivismo. En la medida que repiten esta relación con la extracción y explotación de los recursos naturales, exportando materias primas al mercado externo, lo hagan de una forma o de otra, reproducen las relaciones de subalternidad con el centro del sistema-mundo capitalista, reproduciendo también la dependencia. En este sentido se dice, que el gobierno popular hace lo mismo que los gobiernos que le antecedieron, sean nacionalistas, liberales o neoliberales, reproduce el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente.
Este es el problema de fondo; ¿cómo escapar a la condena colonial del extractivismo? ¿Cómo escapar al círculo vicioso de la dependencia? Mientras no se resuelva este problema, las diferencias entre el modelo neoliberal y el modelo nacionalista estatal son importantes en lo que respecta al control estatal y al impacto en los ingresos de una economía rentista, pero estas diferencias no son lo suficientemente distintas en relación al modelo extractivista. A la luz de esta vigencia colonial, de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, ambos modelos incluso pueden intersectarse, mezclarse, con la consecuencia irremediable de continuar la condena de la estructura de sometimiento, expiación de la articulación extractivista con el mercado externo, que lleva irremediablemente a la subalternidad de la dependencia. El proyecto de Estado-nación del nacionalismo revolucionario no ha construido la base de la industrialización, se ha limitado a recuperar para el Estado los recursos mineralógicos, los yacimientos y centros mineros, entregando en cambio los recursos hidrocarburíferos a una empresa trasnacional norteamericana, la Gulf Oil. Los nacionalismos militares han seguido la misma ruta con mayor o menor intensidad; el general David Toro[1]nacionaliza la Standard Oil en 1937 y funda Yacimientos petrolíferos Fiscales Bolivianos; el general Ovando Candia[2]nacionaliza la Gulf Oil en 1969 y el general Juan José Torres[3]nacionaliza la mina Matilde en 1971. Aunque podríamos anotar una pequeña diferencia en lo que respecta a ciertas medidas de la gestión de Ovando Candia, pues en su gobierno se apuesta a un proyecto largamente anhelado, la metalurgia, la fundición de estaño[4], si bien este proyecto por sí solo no basta para armar una base industrial de las materias primas minerales, menos para convertirse en la plataforma de la revolución industrial en Bolivia. En todo caso, en general, los nacionalismos no pudieron salir del modelo extractivista. Ciertamente, como se ve, distinguimos estos gobiernos militares nacionalistas de otros gobiernos militares francamente entreguistas; no hablamos de gobiernos militares supeditados a la geopolítica de la dominación estadounidense, embarcados, como  otros gobiernos latinoamericanos, en la lucha contra el comunismo, respondiendo al marco condicionante  de la guerra fría, guerra inventada por las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial. Este es el caso de gobiernos militares como los del general René Barrientos Ortuño[5] y después del general Hugo Banzer Suarez[6]. Estos gobiernos militares pro-imperialistas asumieron una política entreguista y tempranamente de desnacionalización, adjudicando las reservas fiscales de COMIBOL a la minería mediana, como ocurrió durante el gobierno de Barrientos, y aprobando el Código del Petróleo, que abre las compuertas de los recursos y las reservas hidrocarburíferas a las empresas trasnacionales, como ocurrió durante el gobierno de Banzer.
Este es el problema de fondo, las condicionantes estructurales del extractivismo, que genera el círculo vicioso de la dependencia. No es fácil escapar a esta condena estructural de larga duración; no han podido hacerlo los gobiernos nacionalistas. Este anclaje gravitante en el extractivismo no sólo acontece en el país, es una característica común en las periferias del sistema-mundo, acontece en Sud América; incluso en un caso tan promisorio como la emergencia industrial de Brasil, el problema del extractivismo parece irradiarse tanto en las formas de su antigua condición como en la nueva, el neo-extractivismo. Ha emergido una potencia regional en el contexto del reacomodo de las estructuras dominantes del sistema-mundo capitalista, básicamente por el desplazamiento de la metalurgia y la industria pesada desde el centro del sistema-mundo hacia ciertos lugares pujantes de la periferia, en un proceso caracterizado como de desindustrialización del centro del sistema-mundo. Empero a pesar de esta revolución industrial, acompañada por la revolución cibernética, Brasil sigue reproduciendo las condiciones de la dependencia y de lo que llama Francisco de Oliveira el neo-atraso brasilero. La situación  de este anclaje gravitante en el extractivismo es mil veces peor para Bolivia, donde no se ha podido crear una plataforma metalúrgica y la industrialización de los hidrocarburos. Tanto para Brasil como para Bolivia los problemas relativos a la dependencia se hacen cada vez más acuciantes en una coyuntura caracterizada por el agotamiento de la energía fósil y definida por la crisis ecológica. El extractivismo, el neo-estractivismo, la industrialización, la biotecnología de los transgénicos, han puesto en peligro la vida en el planeta. ¿Qué hacer ante la creciente demanda de las poblaciones? ¿Cuál la salida para afrontar el atraso, el neo-atraso, sobre todo las condicionantes, las determinantes y las consecuencias de la dependencia? No se puede renunciar a la industrialización, pero tampoco se puede aceptarla a un costo ecológico alto; aunque se tiene una certeza, se tiene que lograr acoplarse a la revolución cibernética, pero sin destruir los saberes colectivos y las tecnologías tradicionales. En el marco de estos dilemas, sin embargo, hay dos postulados claros, romper con el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente y encaminarse a la soberanía alimentaria.
Ahora bien, estos postulados qué significan con respecto a la relación con el mercado interno y el mercado externo, qué significan con relación a la industrialización y qué significan con relación a la frontera agrícola y el equilibrio ecológico. Por lo menos desde una perspectiva teórica se ha dicho que de lo que se trata es de fortalecer, expandirá y dinamizar el mercado interno, cohesionando a la sociedad en relación a sus circuitos endógenos; desconectarse del mercado externo, independizarse de sus condicionamientos e imposiciones; optar por una industrialización de tecnologías limpia, que favorezca las demandas del mercado interno, no las exigencias del mercado externo; no ampliar la frontera agrícola, pasar de una agricultura extensiva y depredadora a una agricultura intensiva y ecológica; restablecer las armonías con los ecosistemas y los nichos ecológicos.  
Obviamente esta transición desde un modelo extractivista hacia un modelo no-extractivista no es nada fácil, sobre todo cuando por lo menos las tres cuartas partes del ingreso y el 85% del valor de las exportaciones dependen de la explotación extractiva. Empero, ante este mapa condicionante que amarra la economía al modelo extractivista, nunca hay que olvidar que no se trata de mantener esta dependencia, de reproducir una economía rentista, y mucho menos se trata de dejar que las empresas trasnacionales se lleven las materias primas aprovechando este punto de partida de la acumulación de capital, este control de las condiciones iniciales de la producción, para beneficiarse de los efectos multiplicadores de la cadena productiva, de la generación acumulativa de ganancias. Las empresas trasnacionales son la estructura logística de la acumulación ampliada de capital que controla el centro del sistema-mundo. La decisión de dejar el modelo extractivista es ineludible, es de vida o muerte. Tiene que ver con la salida del círculo vicioso de la dependencia y de un desarrollo que genera subdesarrollo.
 En una investigación del CEDLA sobre la economía boliviana, concentrada en el análisis de coyuntura y en las características de la estructura económica del momento, se llega a una conclusión alarmante. Se dice que la política económica, aplicada en los últimos años, en las dos gestiones del gobierno de Evo Morales, acentuó los grandes problemas estructurales del país, con un Estado más rentista y una economía cada vez más dependiente de las materias primas y del capital transnacional[7].En el cuaderno de coyuntura numero tres, dedicado a una evaluación del gasolinazo, se sostiene que:
La actual política económica se orientó a profundizar el patrón primario exportador, que tiene como consecuencia el debilitamiento y el abandono del sector interno de la economía, pues sigue siendo una economía dominada por el capital monopólico que aprovecha los recursos naturales nativos y la explotación de la fuerza de trabajo local, pero que realiza y acumula la plusvalía fuera de nuestras fronteras[8].
De acuerdo al estudio, la actual economía boliviana se caracteriza por un insuficiente y limitado crecimiento económico, una mayor y creciente dependencia de las materias primas, un peligroso aumento de las importaciones, una crisis en los sectores productivos de la industria y el riesgo de una crisis energética que se expresa en insuficiente producción de electricidad y de petróleo. Este cuadro es acompañado, además, por una precaria situación de las finanzas públicas, creciente endeudamiento interno, aumento de la inflación y del costo de vida para los más pobres y un deterioro en la calidad de vida de los trabajadores y asalariados[9].
En el análisis se identifica siete grandes problemas del país. El primer problema tiene que ver con el limitado crecimiento económico; el segundo problema tiene que ver con la creciente dependencia de las materias primas; el tercer problema, como consecuencia del anterior, tiene que ver con la valorización de los precios de las materias primas reduciéndose, en cambio, la valorización de las exportaciones no-tradicionales; el cuarto problema tiene que ver con un peligroso incremento de las importaciones; el quinto problema tiene que ver con la precaria situación de las finanzas públicas, debido al aumento del crecimiento del gasto y disminución del crecimiento del ingreso; el sexto problema tiene que ver con la inflación, sobre todo de los alimentos; y el séptimo problema tiene que ver con la crisis energética, es decir, con la insuficiente producción de líquidos, con el estancamiento de la producción de gas y la reducción de las reservas[10].
Puede preverse entonces el estallido una crisis económica a mediano plazo. Podemos interpretar esta situación como relativa a las crisis de los ciclos medios de la economía, en este caso vinculados a los ciclos de las materias primas. En el marco de este modelo no hay una salida, sino un círculo vicioso.
En este contexto es donde debemos situar el conflicto del TIPNIS. La carretera que atravesaría el territorio indígena y parque Isiboro-Sécure es parte de este proyecto extractivista, mas bien su consecuencia desesperada. ¿Por qué una carretera que atraviese una región rica en biodiversidad, que es territorio y parque? Porque se trata de ampliar la frontera agrícola, no se la va ampliar por el lado de dominio de los colonizadores y hacendados, por el lado de Santa Cruz, tampoco por las áreas de ocupación de los colonizadores, por el lado del norte de La Paz. Estas regiones están ocupadas; la ampliación de la frontera agrícola es susceptible de hacerla a través de los territorios de contención de esta frontera, que son precisamente los territorios indígenas y parques. ¿Por qué la ampliación de la frontera agrícola es complementaria de la economía extractivista? La forma de explotación extractiva de las materias primas, de la minería y los hidrocarburos, destructiva, depredadora y contaminante, tiene como complemento a una agricultura expansiva, depredadora, también destructiva, con tendencia a usar transgénicos y dedicarse al monocultivo rentable. Asociada a esta agricultura se encuentra la ganadería también expansiva y depredadora, que requiere grandes cantidades de espacio para el ganado. En este mapa depredador debemos incluir a las empresas madereras desforestadoras y destructivas de bosques. Como se puede ver, se trata de una misma lógica; en la explotación extractiva de materias primas y en la agricultura-ganadería-desforestación, se desenvuelve la lógica del dominio y destrucción de la naturaleza, la lógica de la transferencia de los costos a la naturaleza, costos que nunca son cubiertos ni contabilizados por la economía capitalista.
La carretera Villa Tunari a San Ignacio de Moxos es una salida a la presión sobre la frontera agrícola del monocultivo de la coca, de las empresas madereras, y quizás de los hacendados y terratenientes, dedicados también al monocultivo rentable. La carretera, al formar parte de una red de comunicación y de transporte, red que amplia el mercado y  los tráficos, que conecta mercados y moviliza recursos como mercancías, vincularía en este caso espacios económicos de Brasil con los puertos del Pacífico, y por esta vía marítima con el gran mercado del Asia. Los ganaderos de Rondonía están sumamente interesados con llevar carne de res al mercado de Asia. En este mapa de intereses se puede ver la razón necesaria y suficiente de la compulsión por la carretera; aquí, en esta distribución de intereses, se encuentra la causa de la construcción de la carretera, se encuentra la razón del por qué la carretera en cuestión forma parte del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. Esta es también la razón por la que, la carretera, al formar parte del modelo extractivista, impulsa al gobierno a mover todos sus recursos para imponerla, incluso la ocupación militar.
“Geopolítica” extravagante
Uno de los argumentos más extraños que ha usado el gobierno para justificar la construcción de la carreta es una supuesta estrategia geopolítica. Si dice que se busca aislar a la oligarquía cruceña del control del espacio amazónico, concretamente de los departamentos del Beni y Pando, vinculándola más bien con el Chapare y Cochabamba. Al escuchar y leer estos argumentos se nota que la geopolítica se ha reducido a una caricatura, tomada en serio sin embargo por el propio vicepresidente. Este argumento incluso ha sido tomado gravemente por una antropóloga, que ha hecho  manifiesta sus inclinaciones tardías por la geopolítica. No solamente estamos ante aprendices de brujo sino ante el mayor desprecio a la opinión, es decir al raciocinio de la gente, y a la opinión pública. ¿Puede hablarse de esta manera cuando la oligarquía cruceña, los estratos agroindustriales de la burguesía, son los aliados del gobierno y sus políticas extractivistas? Esta es otra coyuntura, ya no es la de la etapa de enfrentamiento con las oligarquías regionales; esta etapa acabó en el Porvenir y con el Estado de sitio en Pando. Ahora el gobierno le ha regalado a la oligarquía regional en la cumbre social la suspensión por cinco años del saneamiento de tierras, la suspensión por cinco años de la exigencia de la función económica y social, la suspensión por cinco años de sanciones por delitos de desforestación ilegal.
La geopolítica no se reduce a una carretera. En todo caso, ¿por qué una “geopolítica” se juega el todo por el todo en una carrera que atravesaría el núcleo del territorio indígena y parque Isiboro-Sécure, donde no hay casi comunidades asentadas? ¿No puede pasar esa carretera “estratégica” por otro lado, por los bordes del parque? ¿Y qué hay de las carreteras que conectan el departamento de La Paz con el departamento del Beni, carreteras desatendidas, accidentadas, vulnerables y la mayor parte de tierra? ¿Por qué no se atiende estas conexiones entre los Yungas y los llanos del Beni? A estas preguntas obviamente no responde el gobierno y sus agoreros.
El investigador Tristan Platt escribió un artículo sugerente donde muestra que esta obsesión por la carretera que conectaría Cochabamba con Moxos data de los tiempos de la Colonia. El diseñador y soñador de la misma era un militar español apellidado Flores, mandado a combatir la rebelión indígena encabezada por Tupac Katari, oficial español que llevó presa a Bartolina Sisa. Tristan Platt encuentra sintomático que se empleen los mismos argumentos que en la época de la colonia para construir la carretera, incluso el argumento geopolítico.
Conclusiones
1.       El proceso se ha acercado a una coyuntura decisiva para el decurso mismo del proceso. En esta coyuntura se juega la reconducción del proceso a sus causes iniciales o el definitivo desbarrancamiento del proceso, hundido en sus propias profundas contradicciones insoslayables.
2.       El mapa de fuerzas de la coyuntura es amplia y diferencial, es también dinámico; su dinamismo tiene que ver, además de con las reivindicaciones particulares, con la crisis misma del proceso, crisis que hace estallar junto a las contradicciones principales, las contradicciones secundarias. La IX marcha indígena tiene la tarea imprescindible de integrar un programa de movilización que comprenda la reconducción del proceso e incorpore las reivindicaciones de todos los sectores populares afectados.
3.       La coyuntura, por más puntual que sea, no puede interpretarse sino a través de una mirada histórica, contiene espesores histórico-políticos y económicos que deben apreciarse para leer el tejido de tendencias y el campo de posibilidades abierto.
4.       En los marcos del teatro político y de los montajes escénicos del gobierno, éste ha caído en la caricatura de la diatriba, interpreta como geopolítica un pedestre proyecto sostenido por los intereses más mezquinos y depredadores, la carretera de San Ignacio de Moxos a Villa Tunari. Podemos llamar a esta parodia política “geopolítica” de la extravagancia.  
    
               
              
                            


[1]El gobierno del general David Toro presidió una junta cívico-militar, la junta estaba apoyada por los sectores jóvenes del ejército, partidarios de cambios en el país. Una vez en la presidencia Toro realizó cambios sociales significativos, inició reformas sociales; bajo su mandato, se comenzó a elaborar una nueva Constitución, estructurada a partir  de los principios del Constitucionalismo social. Se creó el Ministerio de Trabajo y el de Previsión Social; se estableció la jornada de ocho horas, instituyendo la obligatoriedad de sindicalizarse. Se fundó el Banco Minero para apoyar mediante créditos al principal sector productivo, principalmente a los mineros pequeños. Se creó también el Ministerio de Minas y Petróleo. La medida más importante de su gobierno indudablemente fue la reversión de todos los bienes y concesiones que sobre los recursos naturales se habían hecho a la empresa petrolífera estadounidense Standard Oil. Esta reversión se produjo por la Resolución Suprema que dictó el 13 de marzo de 1937, y fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, que se sería el nuevo organismo para la exploración y explotación de los hidrocarburos dentro de todo el territorio nacional. Así se inicia la explotación petrolífera a cargo del Estado. Revisar Enciclopedia libre Wikipedia
[2]En el segundo gobierno del general Alfredo Ovando Candia las medidas políticas más importantes fueron la nacionalización del petróleo, así como, en consecuencia, la expropiación a la Gulf Oil Co. Esta Nacionalización convirtió a Bolivia en propietaria de sus propios recursos naturales. Otra medida de trascendencia fue la instalación de la primera fundidora de estaño en el país.
[3]El general Juan José Torres asumió el poder empujado por un levantamiento popular, con participación de trabajadores, organizaciones campesinas, el movimiento universitario y un sector de los militares leales. Este hecho aconteció el 7 de octubre de 1970; la huelga general indefinida declarada por la COB tiene por objeto detener el golpe de estado en contra el gobierno del general Alfredo Ovando Candía. Durante su breve gobierno se realizó la nacionalización de la Mina Matilde; también se decretó la nacionalización de las Colas y Desmontes, la expulsión de los Cuerpos de Paz de los Estados Unidos, se dispuso un aumento presupuestario significativo a las universidades bolivianas, la creación de la Corporación de Desarrollo y el Banco del Estado, fuera de subir el salarial de los mineros.
[4]Jorge Lema Patiño: Con la instalación de la Fundición de Estaño de Vinto por  la empresa Klockner de  Alemania, se da inicio a la moderna metalurgia en el país, incorporando el horno Fuming y la electrólisis del estaño en base al cresol sulfónico. Esta Fundición fue construida (1970 al 1975) por etapas hasta alcanzar la capacidad actual de aprox. 48,000 tons anuales de concentrados de Alta Ley (45 – 55%Sn. Modernización de  la Fundición de Estaño de Vinto. Documento presentado al Congreso Nacional de Metalurgia y Ciencia de Materiales. Julio  2006; Oruro – Bolivia.
[5]El general René Barrientos Ortuño fue elegido en 1964vicepresidente de la República acompañando a Víctor Paz Estenssoro a la presidencia. En condición de vicepresidente conspiró un golpe de Estado, diseñado por la CIA, para acabar con lo último que quedaba de la revolución nacional de 1952. Después del golpe de Estado de noviembre de 1964, estuvo en su primera presidencia por aproximadamente siete meses. Su segunda presidencia duró aproximadamente lo mismo, compartiendo con el general Alfredo Ovando Candia el binomio miliar. Su tercera presidencia, esta vez elegido en las urnas, duró un poco menos de tres años, desde 6 de agosto de 1966 hasta el 27 de abril de 1969. Murió en lo que parece ser un accidente de helicóptero, en el que viajaba seguido, en constante campaña; empero hay voces que dicen que fue un atentado. Fue un presidente populachero, que hablaba quechua, se granjeó el apoyo  de los campesinos del valle. En cambio se enfrentó desde su primera presidencia a los obreros y mineros, persiguiéndolos y disminuyendo sus salarios. Durante la guerrilla del Che intervino las minas y masacró a los mineros, acusándolos de apoyar a la guerrilla. Este hecho de sangre es conocido como la masacre de San Juan, por haberse perpetrado precisamente en la noche de San Juan, cuando los mineros de Siglo XX festejaban con fogatas en una de las noches más frías del año.  
[6]El general Hugo Banzer Suarez asumió el cargo de presidente en 1971, mediante un golpe cruento contra el gobierno progresista del general Juan José Torres, gobierno en el que se instaló la Asamblea Popular. Este general de derecha, al servicio de la dominación estadounidense en la región y en el país,  instauró una férrea dictadura, inicialmente apoyado en principio y en alianza con dos partidos políticamente enfrentados, el MNR, de concepción nacionalista, y la FSB, de inspiración fascista.  Hugo Banzer ya estuvo antes involucrado en las esferas de gobierno, durante el gobierno militar del general René Barrientos ocupó el cargo de ministro de Educación. Después de un breve tiempo en el gobierno, entre sus primeras medidas, ilegalizó a los partidos políticos, incluyendo sus aliados. Fue una dictadura en pleno sentido de la palabra. La dictador militar que presidió duró el lapso de siete años; en su recorrido dejó una huella de muerte, de asesinatos, encarcelados y exilados, ocasionando incontables denuncias de violaciones a los derechos humanos. Su gobierno participó en el Plan Cóndor; operativo de represión secreto y encubierto anti-comunista y anti-izquierdista, ensamblado por los gobiernos militares de Argentina, BrasilParaguayUruguayChile y Bolivia, durante la década de los años 70. Una década que se puede nombrar como la de la guerra sucia. Durante este periodo Bolivia suministró, principalmente a Chile y a Argentina, información sobre el movimiento de los que las dictaduras militares consideraba subversivos, quienes se encontraban dentro del territorio del país; lo mismo hacían los otros gobiernos militares. La dictadura militar fue prácticamente derrotada en 1978 por una larga huelga de hambre de mujeres esposas de mineros; esta huelga de hambre se extendió por todas partes, en las ciudades capitales, apoyada por las múltiples organizaciones sociales del país y la COB. Después de la caída de las dictaduras militares y la convocatoria a elecciones, el Congreso Nacional de Bolivia intentó enjuiciar a Banzer por crímenes de lesa humanidad y otros delitos políticos ocurridos durante su dictadura; sin embargo, el juicio de responsabilidades no llegó a producirse por la complicidad de los partidos de derecha, entre los que se encontraba el MNR. El principal impulsor del juicio de responsabilidades fue Marcelo Quiroga Santa Cruz. El insigne líder socialista murió asesinado durante el golpe de Estado perpetrado por el general Luis García Meza en 1980. Este general, quien fue juzgado y condenado a prisión, declaró que quienes asesinaron a Quiroga Santa Cruz eran paramilitares que recibieron órdenes de Banzer.
[7]CEDLA: Análisis de la política económica, fiscal y petrolera. Gasolinazo: Subvención popular al Estado y a las petroleras. Análisis económico. Cuadernos de Coyuntura 3. Plataforma energética. La Paz, septiembre de 2011. 
[8] Ibídem.
[9] Ibídem.
[10] Ibídem.

Genealogía de la dependencia

Genealogía de la dependencia

Raúl Prada Alcoreza
Contenido:
Critica a la economía política del extractivismo
Madre tierra y vivir bien
Descolonización y transición
Crítica a la razón jacobina
La decadencia ideológica
Crítica a la economía política del extractivismo
Índice
La recreación anacrónica del imaginario desarrollista                                                 
Reflexiones sobre el Ornitorrinco                                                                                        
El modelo populista                                                                                                                     
Apuntes sobre la episteme boliviana                                                                                 
Arqueología del ideologüema del nacionalismo revolucionario                                
Ciclos largos y medianos del capitalismo                                                                         
Nacimiento del ciclo de la plata                                                                                               
Nacimiento del ciclo del Estaño                                                                                                              
Perfiles del ciclo del petróleo                                                                                                 
La genealogía de las nacionalizaciones                                                                                 
Genealogía de la revolución industrial                                                                                 
El modelo extractivista                                                                                                              
El extractivismo minero                                                                                                                             
Los campos problemáticos de la Madre Tierra                                                              
La recreación anacrónica del imaginario desarrollista
Nacionalistas, izquierda nacional, izquierda colonial y lumpen-burguesía comparten el imaginario desarrollista, todos son modernistas, creen en la evolución, al estilo de Herbert Spencer, en la linealidad de la historia y en la fatalidad del capitalismo. Consideran que la tarea es el desarrollo, que un país es soberano si se desarrolla, olvidando que el “desarrollo” del que se habla está articulado a la acumulación ampliada de capital que dibuja una geopolítica en el sistema-mundo entre centros de acumulación y periferias de transferencia de recursos naturales, que el “desarrollo” del que hablaban produce “subdesarrollo”, que el mapa del mundo es un tejido de centros y una malla de periferias, un mapa de espacios de “desarrollo” y un mapa de espacios de “subdesarrollo”, ambos complementarios, produciéndose mutuamente. Olvidan que ese “desarrollo” del que hablan produce dependencia, fortalece las cadenas de la dependencia.
No se puede olvidar que los gobiernos nacionalistas de América Latina intentaron salir en el siglo pasado de la dependencia orientando la estrategia económica y las políticas económicas hacia la sustitución de las importaciones. Soñaban con la industrialización así como los liberales del siglo XIX soñaban con los ferrocarriles. Los gobiernos nacionalistas estuvieron acompañados por apoyo popular, tomaron medidas que beneficiaron a cierta redistribución de la riqueza, también optaron por las medidas de nacionalización para recuperar el control de los recursos naturales, principalmente mineros e hidrocarburíferos, por parte del Estado. Todo esto ocasionó modificaciones en los términos de intercambio en la economía-mundial capitalista, pero no afectó a la estructura de dominación, de explotación y de control por parte de los grandes consorcios, oligopolios y monopolios trasnacionales. En algunos casos las revoluciones nacionalistas promovieron actos heroicos como los que se dieron durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas (1934-1940) en México, quién nacionalizó a las empresas petroleras que residían en México y tuvo que enfrentar el boicot de estas empresas y su influencia a nivel mundial.  También se dieron acontecimientos transformadores durante los primeros años de la Revolución Nacional de 1952-1964 en Bolivia; incluso antes, en 1937 en Bolivia se incursionó en la experiencia de la nacionalización del petróleo, durante el gobierno del General David Toro, una vez culminada la conflagración bélica del Chaco; más tarde, en 1969, se produjo una segunda nacionalización del petróleo bajo el gobierno del General Alfredo Ovando Candía y con la firma del ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz. La tercera nacionalización de los hidrocarburos se produjo el 1 de mayo de 2006 durante la primera gestión del gobierno de Evo Morales Ayma.
En Argentina, el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1952) ahondó la política de sustitución de importaciones mediante el desarrollo de la industria liviana. Perón también financió a la agricultura, especialmente en lo que respecta a la siembra de trigo. Frente a la carencia de recursos monetarios provenientes de la exportación, ocasionada por el estancamiento del sector primario, con las que se importaban los bienes de capital e insumos necesarios para el proceso de industrialización, se eligió la ruta de la nacionalización del comercio exterior. En esta perspectiva, en 1948, el gobierno peronista adquirió los ferrocarriles a los capitales extranjeros, en su mayoría ingleses, creando la empresa pública de Ferrocarriles Argentinos. En esta tónica,  en el diseño del Plan Quinquenal se buscó fortalecer las nuevas industrias creadas, comenzando con la industria pesada de la siderurgia y la generación de energía eléctrica en San Nicolás y Jujuy.
También en Brasil se vivió la experiencia populista y nacionalista, incursionando en proyectos modernizadores y de desarrollo. Este panorama político es irradiante en América Latina, también en las geografías periféricas el sistema-mundo de entonces, que algunos casos incluso terminaban expresándose en tono antiimperialista. En Brasil, entre 1937 y 1945, durante el Estado Novo, Getúlio Vargas dio un impulso fundamental a la reestructuración del Estado y a la profesionalización del servicio público, creando el Departamento Administrativo del Servicio Público (DASP) y el IBGE. Suprimió los impuestos en las fronteras inter-estatales y creó el impuesto a la renta. Se orientó cada vez hacia la intervención estatal en la economía y se concentró en impulsar la industrialización. Fueron creados el Consejo Nacional del Petróleo (CNP), posteriormente llamada PETROBRÁS, y en 1951 la Compañía Siderúrgica Nacional (CSN), la Compañía Vale do Rio Doce, la Compañía Hidroeléctrica de São Francisco y la Fábrica Nacional de Motores (FNM).Promulgó, en 1941, el Código Penal y el Código Procesal. Durante 1943, Getúlio Vargas logró la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT), garantizando la estabilidad del empleo después de diez años de servicio, descanso semanal, la reglamentación del trabajo de menores, de la mujer, del trabajo nocturno y fijando la jornada laboral en ocho horas de servicio.
Como se puede ver vivimos periodos de efervescencia nacionalista y populista en América Latina encaminados a la independencia económica y a la consolidación de la soberanía por la ruta de la nacionalización, las medidas sociales y las medidas del trabajo, persiguiendo también la modernización de la administración estatal y de las leyes. El nacionalismo es un movimiento democrático por la ampliación de la participación popular, es un movimiento independentista por la lucha contra la dependencia económica, busca la modernización del Estado y apunta al desarrollo nacional, impulsado desde el Estado.
Estos fueron los periodos heroicos del nacionalismo; empero,  a pesar de los grandes esfuerzos, las medidas de nacionalización, los países que incursionaron por estos horizontes no pudieron romper con la dependencia; al contrario, como formando parte de un dramatismo histórico, terminaron de ahondarla. De la dependencia de las manufacturas pasaron a la dependencia de las transferencias tecnológicas y a las incursiones masivas del capital financiero, comprendiendo sus redes de dominio en forma de mallas, abarcando circuitos dúctiles, flexibles, rápidos, articulados a los mecanismos de los sistemas de la informática. Los nacionalistas de estos periodos lucharon denodadamente contra la dependencia, pero no pudieron salir de ella, debido a que, en la medida que no podían escapar a los circuitos de los ciclos del capitalismo, a las estructuras de dominación y reproducción de la dominación y de la acumulación de capital, no pudieron romper con los condicionamientos de las lógicas de la acumulación de capital del sistema-mundo, de la economía-mundo, que dibuja una geopolítica condenatoria: centro-periferia, norte-sur. En el mejor de los casos, lo que pudieron hacer estas políticas de sustitución de importaciones, estas políticas de nacionalización, es modificar los términos de intercambio, pero no cambiar las estructuras de dominación mundial ni las estructuras de acumulación de capital. Entonces terminaron recreando el mismo sistema-mundo, comprendiendo algunos desplazamientos.
Los neo-nacionalismo de comienzos del milenio intentan repetir la misma historia, empero sin la heroicidad de aquellos nacionalismos, lo hacen como en una comedia disminuida, sin convicción y renunciando a los grandes alcances desde un  principio, como ocurrió en Bolivia con el proceso de nacionalización de los hidrocarburos iniciado el primero de mayo del 2006, proceso inconcluso, que terminó paradójicamente desnacionalizando en el mismo proceso de nacionalización al acordar contratos de operaciones que entregaban el control técnico a las empresas trasnacionales, reduciendo a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) a una mera administración y a un control nominal, sin retener el gas y el petróleo en Bolivia para su industrialización, como así manda la Agenda de Octubre y el Referéndum sobre los hidrocarburos.
Hay que distinguir pues entre los actos heroicos de los nacionalismo de la mitad del siglo XX y los nacionalismo del siglo XXI, que lo único que hacen es apoderarse de las imágenes de estos procesos soberanos, invistiéndose de su ropaje, empero sin llevar a cabo las medidas de expropiación de las empresas trasnacionales. También es indispensable comprender que, a pesar de los actos heroicos de aquellos nacionalistas, sus esfuerzos chocaban con la estructura geopolítica y la lógica de acumulación de capital. En tercer lugar es indispensable no olvidar la gran enseñanza de la escuela de la Teoría de la Dependencia, quienes lograron develar que el “desarrollo” que se busca produce “subdesarrollo” y dependencia, como parte de una dialéctica perversa. Esta enseñanza nos lleva a replantear los alcances de las políticas soberanas, de defensa nacionalista, en contextos y horizontes complejos de los ciclos del capitalismo, en el panorama de las nuevas luchas anticapitalistas y descolonizadoras, que llevan adelante las naciones y pueblos indígenas originarios. No se puede salir de la dependencia si es que se sigue por los caminos de la ilusión desarrollista, no se puede salir de la dependencia si es que no se sale de los horizontes de la modernidad y del prejuicio de desarrollo. Para salir de la dependencia es menester un cambio civilizatorio. La guerra anticapitalista es primordialmente una guerra anticolonial y descolonizadora, es una guerra contra el modelo civilizatorio de la energía fósil, de la desbastadora destrucción y depredadora de la naturaleza. Salir del capitalismo significa construir una civilización libre de la compulsión del dominio sobre la naturaleza.
Esa es también una enseñanza de la Escuela de Frankfurt; el capitalismo y la modernidad se han construido sobre la base de dos mitos, el mito de la dominación de la naturaleza y el mito del progreso. Recogiendo estas enseñanzas, la de la teoría de la dependencia y la de la escuela de Frankfurt, no se puede seguir ingenuamente y obsesivamente por las rutas consabidas del desarrollismo; hay que salir de esta perspectiva linealista. Es indispensable un mundo alternativo.
Ahora bien, así como no era posible el socialismo en un solo país, el cambio civilizatorio también tiene que darse mundialmente. Esto no quiere decir que haya que esperar a que las transformaciones radicales se den mundialmente, sino que estas transformaciones hay que transitarlas en cada país, en cada región, dependiendo de sus condiciones y sus contextos histórico-políticos. Lo que significa que de lo que se trata es de orientar transiciones transformadoras en múltiples niveles. Algunos teóricos e historiadores de los ciclos de capitalismo proponen la figura de la desconexión, no como aislacionismo, sino como método de transición económica; esto significa escapar de los condicionamientos del mercado externo y de la división internacional del mercado y del trabajo, orientando la producción al mercado interno. Esta posición es sugerente pues propone, sin renunciar a otras formas de industrialización, incorporando tecnologías limpias, no agresivas y destructoras, armonizar y complementar la producción con los equilibrios ecológicos. No hay que olvidar de ninguna manera, olvido que corresponde a la amnesia desarrollista, que no se puede transferir los costos del desarrollo a la naturaleza, que esta transferencia tiene sus límites y su bumerang. La destrucción desarrollista termina destruyendo el mismo desarrollo.
En lo que corresponde al balance de las rutas desarrollistas contemporáneas, sobre todo en lo que respecta a las llamadas potencias emergentes, es aleccionador leer a Francisco de Oliveira cuando hace un análisis ilustrativo de lo que ocurre con la potencia emergente de Brasil[1].  El autor de El neo-atraso brasileño propone dos hipótesis interpretativas; una, que por un lado fueron las actividades rurales de subsistencia, el trabajo informal y la precarización de los salarios los que subsidiaron el crecimiento de la industria y los servicios. La segunda hipótesis se refiere a la emergencia de una nueva burguesía compuesta por técnicos, economistas y banqueros, núcleo duro del Partido de los Trabajadores (PT). Ambas condiciones determinan la identidad paradójica que adquiere el capitalismo periférico en esta parte del mundo, aquí el capitalismo se financia con la explotación de los trabajadores, en tanto que el progreso sucede siempre en otro lugar, allí donde se produce la ciencia y la tecnología de punta, en el centro del sistema-mundo capitalista.
Este balance es contundente, no hay desarrollo en las potencias emergentes, por lo menos entendiendo a este fenómeno de una manera integral, sino neo-atraso, repitiendo las condiciones perversas de este rezago. El desarrollo de las fuerzas productivas deja en la ruina a una parte de la humanidad, el subdesarrollo aparentemente deja de existir, no así sus calamidades, el trabajo informal, el mismo que se transforma un indicador de la desagregación social. Lo que se produce son modernidades heterogéneas y de contrastes. Por un lado, centros urbanos que imitan el iluminismo edificado de las urbes del norte, burguesías articuladas a las redes del capital financiero, por lo tanto que forman parte de la misma burguesía globalizada; por otro lado, incluso en las mismas ciudades, cordones, espacios, amplias zonas de marginamiento y economía informal, incluso ilícita. Grandes mayorías discriminadas. En las potencias emergentes se ha dado lugar a la emergencia industrial, que no es otra cosa que el desplazamiento de la desindustrialización del centro del sistema-mundo capitalista, que ha optado por tecnología de punta, transfiriendo tecnología obsoleta a las llamadas potencias emergentes. En estos lugares se ha dado lugar a la formación de  nuevas burguesías, que no tendrían que nada que envidiar a las burguesías del norte, sobré todo en lo que respecta a su opulencia; empero este esplendor se construye sobre la base del marginamiento, la informalización de las grandes mayorías explotadas y dominadas, que habitan las zonas, los espacios del neo-atraso y la pobreza repetida descomunalmente. La emergencia de las potencias se basa en la destrucción devastadora de la naturaleza, la ampliación de la frontera agrícola, el uso de los transgénicos. De esta manera los costos de este progreso son demasiado altos como para hacerlo sostenibles.
No hay pues destino con el desarrollismo, tampoco con el neo-nacionalismo.  Lo que hacen, en el mejor de los casos, en el caso de las potencias emergentes, es volver a modificar los términos de intercambio en las lógicas de acumulación del capital, modificar su participación en la estructura mundial de dominación capitalista. Por eso, podemos volver a decir, que los nacionalismo están mucho más cerca de las ilusiones liberales criollas y gamonales que de los proyectos emancipatorios y libertarios de los movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios. Están más cerca de repetir las formas coloniales, las del colonialismo interno, también las reiteradas cadenas de la dependencia, que de lograr construir las soberanías plurales que requiere un mundo alternativo de autodeterminaciones, auto-convocatorias, de participaciones sociales y ejercicios plurales de la democracia. Si bien los nacionalismos heroicos forman parte de la historia de las luchas, pretender repetirlos en los ciclos contemporáneos del capitalismo es apostar e una repetición burda y cómplice de las formas de acumulación mundial capitalista por despojamiento.
Reflexiones sobre el Ornitorrinco
No vamos a hablar de la zoología del ornitorrinco, tampoco del libro de Umberto Eco sobre Kant y el ornitorrinco, vamos a hablar de la metáfora que usa Francisco de Oliveira para analizar el perfil y la estructura histórica de la formación económica del Brasil. A partir de esta reflexión sobre una potencia emergente vamos a desplegar una reflexión sobre el perfil y la estructura de la formación económica y social boliviana, sobre todo teniendo en cuenta los desafíos del proceso de cambio.
Francisco de Oliveira publica un sugestivo texto crítico, como parte de la crítica a la razón dualista, que separaba los mundos de la economía entre tradicionales y modernos. El sugerente texto de crítica se titula El ornitorrinco, figura que toma de un animal extraño para caracterizar lo que sucede con el denominado desarrollo brasileño. Nos referimos a la extraña apariencia de este mamífero ponedor de huevos, venenoso, con hocico en forma de pico de pato, cola de castor y patas de nutria. Esta figura y esta composición compleja inspiro a Francisco de Oliveira una caracterización también de composición y combinación complejas de las economías capitalistas periféricas. ¿Cómo describe al ornitorrincoeconómico y social?
Altamente urbanizado, con poca fuerza de trabajo y población en el campo, aunque sin ningún residuo pre-capitalista; por el contrario, con presencia de un fuerte agrobusiness. A esto se suma un sector completo de la segunda revolución industrial, avanzando titubeante por la tercera revolución, la molecular-digital o informática. Por un lado, una estructura de servicios muy diversificada – sobre todo cuando está ligada a los estratos de altos ingresos que, en rigor, son más ostensiblemente perdularios que sofisticados – . En el otro extremo, una estructura muy primitiva, ligada directamente al consumo de los estratos pobres. Posee también un sistema financiero  todavía atrofiado  pero que, precisamente por la financiarización y el aumento de la deuda interna, acapara una gran proporción del PIB[2].
Francisco de Oliveira visualiza la recreación y expansión de la informalidad, la mantención del crónico desempleo, el encubrimiento del subempleo, como formas de articulación y subvención a la acumulación de capital, formas completamente articuladas y funcionales a los sistemas de industrialización e incursión en la tecnología molecular-digital. Combinaciones que forman parte de esa complementariedad y recreación violenta entre la forma de acumulación ampliada y la forma de acumulación originaria por despojamiento. Todo esto atravesado por un sistema financiero que cubre el funcionamiento económico, succionando las esferas y los circuitos económicos a la lógica de la financiarización, que empuja al uso especulativo del capital financiero. Produciendo entonces un endeudamiento externo e interno que caracterizan a las actuales economías dependientes, llamadas emergentes. Este ornitorrinco económico y social se sostiene sobre la extensa base de la diferenciación social excluyente y marginada de la distribución de la riqueza y el excedente, que se concentran desproporcionalmente en la minoría poblacional de empresarios privilegiados por el monopolio y el apoyo estatal, a la que se suman las clases medias beneficiadas por la expansión de los servicios e impulsadas al consumo. La gran mayoría de la población está condenada a vivir en los márgenes de esta modernidad, pasando de ser el ejército industrial de reserva a la masa gigantesca de trabajadores informales, proletariado nómada y habitante de los barrios prohibidos.
Se trata del reino de la informalidad, el desvanecimiento del salario, del adelanto del costo de producción.
La tendencia moderna del capital es suprimir el adelanto: el pago a los trabajadores pasa a depender de los resultados de las ventas de los productos-mercancía. En las formas de tercerización del trabajo precario, y en lo que – entre nosotros – se continúa denominando “trabajo informal”, éste es un cambio radical en la determinación del capital variable. Así, aunque parezca extraño, los rendimientos de los trabajadores pasan a depender de la realización del valor de las mercancías, lo que antes no ocurría. En los sectores todavía dominados por la forma salario, sigue en pie la anterior modalidad, tanto es así que la reacción de los capitalistas  es desemplear la fuerza de trabajo. El conjunto de los trabajadores es transformado en la suma independiente de un ejército de activos y de reserva, que se intercambia no de acuerdo con los ciclos de negocios, sino diariamente[3].
Esto es, se produce la suspensión de la producción, de la valorización de la producción, por lo tanto de la valorización del tiempo socialmente necesario del trabajo. Lo que se hace, sobre la base de su ocultamiento, es abrir nuevamente las temporalidades de la super-explotación, así como del dominio absoluto de la circulación y el mercado, obligando a la gente al sacrificio y a la donación de sus vidas en aras de la realización de la ganancia. Suspendiéndose con esto los derechos conquistados en la historia de las largas luchas sociales. Desde entonces ya no se trata de los derechos, tampoco del sujeto de los derechos, sino de la realización descarnada de las ventas y de los resultados del sistema. Se vive entonces la dramática experiencia de la precarización, de la fragmentación, de la dispersión y la diseminación de las formas de vida y de las formas de organización. La realización de las super-ganancias, la construcción deslumbrante de las grande urbes metropolitanas, la conformación de barrios de ensoñación y oasis paradisiacos, contando también con los moles comerciales y de consumo para las clases medias, sólo se pueden dar si al mismo tiempos se transfieren los costos de la magnificencia a extensas zonas suburbanas, a expansivos entornos de miseria, a favelas interiores o ruralidades vaciadas y detenidas en el tiempo. El costo no sólo se materializa en los perfiles de la marginación y la exclusión, sino también la conformación de mundos paralelos y periféricos.
El caso boliviano nos lleva a otra figura; podemos decir que no se vive una primera, tampoco una segunda revolución industrial, como en el caso de Brasil. Si bien los gobiernos nacionalistas impulsan la nacionalización de las empresas mineras y de las empresas hidrocarburíferas, estas nacionalizaciones no pasan a una etapa de industrialización. La economía boliviana se estanca básicamente en un modelo extractivistas primario exportador. La explotación minera e hidrocarburífera es la base de la economía, aunque también podemos hablar de la participación de la agroindustria, que abre un espacio en la explotación de los monocultivos, principalmente de la soya, también de la quinua, así mismo el monocultivo de la coca; debemos anotar que el cultivo de la coca dibuja en el mapa alarmante de la expansión de los monocultivos un desplazamiento avasallante respecto a la frontera agrícola, los parques y los territorios  indígenas, sólo que en este caso las estadísticas son inciertas. No se puede hablar de una revolución industrial, aunque hay que anotar que la industria textil ha venido abriéndose un espacio significativo en las exportaciones. Hay que anotar que para esta clase de manufacturas el mercado interno es pequeño y no atractivo, además esta clase de industria tiene que enfrentar la desleal competencia del contrabando. La tercerización de la economía es notoria sobre todo por el crecimiento de las actividades informales y de la población involucrada en las mismas.
Se ha dado un crecimiento de las ciudades y por lo tanto de la población urbana, empero no se ha llegado a la situación del crecimiento urbano exacerbado de las metrópolis de Sud América. Podemos hablar de un crecimiento modesto, aunque ha cambiado el perfil demográfico de la población, convirtiéndose la población urbana en la mayoritaria. En estas condiciones se han formado algunas ciudades talleres, como la ciudad de El Alto, donde se cuenta con una cantidad inmensa de micro-empresas, empero con características informales. Por lo tanto la demanda de los servicios ha aumentado sin que los gobiernos municipales puedan responder adecuadamente al crecimiento de la demanda. Se entiende entonces que ha crecido la marginalidad que acompaña al crecimiento de las ciudades, los barrios suburbanos que no cuentan con los servicios básicos. El peso de la economía campesina ha venido disminuyendo considerablemente de una manera paulatina, economía que ha alimentado tradicionalmente a la población de las ciudades, sobre todo de la región occidental del país, comparando con la actual expansión y crecimiento de la agricultura, la agro-industria y la agropecuaria de la región oriental del país, controlada por propietarios privados, empresarios y terratenientes.
Ciertamente el impacto económico de la nacionalización de los hidrocarburos o del proceso de nacionalización ha sido importante en la configuración de la disponibilidad dineraria del Tesoro General de la Nación, de las prefecturas, ahora gobernaciones, de los municipios y universidades. Empero esta disponibilidad no ha redundado en la modificación de las estructuras económicas del país, tampoco regionales. Ha aumentado la capacidad de gasto aunque no notoriamente de la ejecución, tampoco de la inversión. Sin embargo, esta disponibilidad ha permitido la redistribución de los recursos monetarios a estratos de la población necesitados. El Bono Dignidad, para los adultos mayores, el Bono Juancito Pinto, destinado a los niños en edad escolar, el Bono Juan Azurduy, con el objeto de atender a las madres y disminuir la mortalidad materno infantil, son los  mecanismos de esta redistribución, que si bien tiene impacto inmediato no resuelve a largo plazo los problemas de demanda de los estratos más pobres de la población.
Al no contar con una industria en un sentido integral, al no poder abastecer a la demanda interna, sobre todo de mercancías manufacturadas, el país se convierte en un espacio privilegiado para el comercio, tanto formal como informal, tanto legal como ilegal. Una de las mayores ocupaciones de las poblaciones fronterizas es el contrabando, incluso las ciudades cercanas a la frontera convierten al contrabando en una de las actividades más rentables. El contrabando también se halla vinculado a otras actividades ilícitas, el narcotráfico, el lavado de dinero y otros tráficos, como el tráfico de tierras. Son estos circuitos paralelos los que terminan desfigurando el campo económico.
La dinámica económica depende del mercado externo, tanto de las exportaciones como de las importaciones, donde las exportaciones son las que permiten las mismas importaciones. Entonces es el comercio exterior el que impulsa la producción económica. El principal rubro de exportaciones es el gas, le sigue el zinc, después la plata, continúa la soya, le sigue el estaño metálico, continúan los combustibles, sigue el plomo, después el girasol, para seguir con la castaña. Como puede verse estamos ante un perfil primario exportador por excelencia.
¿Qué podemos decir de este perfil económico en comparación con el perfil económico del Brasil, formación económico-social caracterizada por Francisco de Oliveira con la figura del ornitorrinco? Ciertamente no estamos comparando las dimensiones, los volúmenes, las cantidades, sino los perfiles. Ante la fabulosa composición y combinación compleja entre las estructuras de la primera revolución industrial y la segunda revolución industrial con la extensión de la economía de los servicios, las formas de la economía informal y las formas de la economía virtual del Brasil, Bolivia muestra un perfil más modesto, empero con una hipertrofia, si se puede hablar así, de los sectores extractivistas, de las actividades vinculadas a la explotación de materias primas, pero también de los servicios.
El modelo populista
Vamos a interpretar la coyuntura económica del país a partir de la Memoria de 2010 del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, una memoria que básicamente hace una evaluación macro-económica y monetarista, que a pesar de las restricciones descriptivas y reducidas a indicadores generales, nos permite la excusa para hacer un recorrido al perfil y la estructura de la formación económico y social boliviana. Además de evaluar los propios alcances del discurso economicista y del discurso populista.
El Ministerio de Economía y Finanzas Públicos en su Memoria Anual de 2010 dice que se estima un crecimiento del 4.1 %, y que además la política económica se ha encaminado a garantizar la estabilidad macro económica, a continuar con la política social de apoyo a la población vulnerable, además del fomento al sector productivo. La memoria dice que el desempeño de la economía se ha debido al dinamismo del transporte, las comunicaciones, los hidrocarburos, los servicios financieros y la industria manufacturera, además del continuo trabajo de la construcción y servicios básicos. Aunque el crecimiento minero fue negativo, asociado a conflictos sociales, particularmente el de Potosí.  Por otra parte, el sector agropecuario tuvo un leve decrecimiento debido a efectos climáticos. Los indicadores externos mostraron saldos positivos, los depósitos y créditos del sistema financiero alcanzaron nuevos niveles récord, la bolivianización de la economía se aceleró. La solidez del sistema financiero también se evidenció. Los créditos del Banco de Desarrollo Productivo (BDP) y la creación del Fondo Propyme Unión continuaron promoviendo el acceso al financiamiento y fomentando la actividad productiva, especialmente de los pequeños y medianos productores. Se dice también que se registró un superávit en las cuentas públicas; esto debido a mayores ingresos, principalmente tributarios e hidrocarburíferos, así como al control del gasto corriente. El nivel de recaudación superó el nivel del año pasado, esto asociado al desempeño económico y a la eficiencia tributaria. Por el lado del gasto fiscal, el incremento de recursos necesarios para las actividades de mayoreo de las empresas públicas estratégicas determinó un incremento de las partidas de bienes y servicios que incidió mayoritariamente en el crecimiento del gasto corriente. El año de evaluación de la memoria la inversión pública superó los 1500 millones de dólares, asignándose mayores recursos a la infraestructura, a proyectos sociales y al sector productivo. No se ve con preocupación la deuda interna y la duda externa; la primera llega al 23 % y la segunda el 15 % del PIB.
Como se puede ver estamos ante un análisis típicamente monetarista, no muy distinto a los análisis que se hacen en otras partes y en los gobiernos anteriores. La diferencia radica en la en el papel del Estado, que ciertamente creció y tiene una mayor participación que en los periodos de implementación del proyecto neoliberal. Lo que se muestra con mayor notoriedad son los logros en el equilibrio macroeconómico, que en comparación con los periodos neoliberales, se logró con mayor eficacia. ¿Pero, esto qué nos dice? ¿Mayor consecuencia respecto a las políticas monetaristas? ¿Esa es una buena señal cuando se trata de transformar el modelo económico extractivista e incursionar en un modelo productivo que salga del paradigma primario exportador? ¿No se debería proyectar la política económica a una agresiva campaña de inversiones en los sectores productivos, prioritariamente en los que tienen que ver con la soberanía alimentaria, además de encaminarse seriamente a la industrialización de las materias primas? ¿Importa el equilibrio? ¿No es necesario y hasta urgente un desequilibrio dinámico destinado a una estrategia de inversión en la producción?  Estas son las preguntas a las que hay que responder. No convence el seguir una política tan conservadora cuando se trata de transformar la estructura económica extractivista, comercial, informal y soyera. Sólo sirve de propaganda, incluyendo  los modestos alcances de la política social.
La memoria estima que son como unas tres millones de personas las que se beneficiaron con las trasferencias condicionadas, cerca del 30 % de la población boliviana. Por ese camino se ponderan los logros de la alfabetización, el programa Bolivia Cambia, Evo Cumple; también Tarifa Dignidad y Vivienda solidaria, aunque con menos incidencia y más problemas en su cumplimiento. Son ciertamente de impacto inmediato la política de los bonos, empero no dejan de ser medidas de corto plazo; no llegan a resolver los problemas estructurales, pues las condiciones que determinan estos problemas se mantienen y no desaparecen con estas medidas. Lo que llama la atención es que ya en la segunda gestión de gobierno no se cuente con políticas a mediano y largo plazo, no se cuente con estrategias transformadoras y se siga optando por medidas coyunturales que terminan convirtiéndose en intrascendentes, pues no modifican la estructura de exclusiones y desigualdades.
Se dice que la pobreza moderada bajo del 56 % al 50 % y que la pobreza extrema lo hizo casi del 30 % al 26 %. No dejan de ser modestas estas variaciones en un gobierno popular y en proceso de cambio. No hay una política radical de erradicación de la pobreza; todo se parece a los objetivos del milenio, que es una herencia de gobiernos anteriores en acuerdos con la Cooperación Internacional. Lo mismo podemos decir de la reducción del desempleo que habría disminuido de un 7 % a menos de un 6 %. No se habla del subempleo ni del desempleo encubierto. La verdad es que no se ha resuelto el gran problema de las fuentes de trabajo, estables y con pleno reconocimiento de los derechos sociales de los trabajadores. El Ministerio de Economía y Finanzas no salió del discurso de propaganda, cuando lo que le compete al gobierno es un agudo análisis de la situación y enfrentar los problemas de manera abierta y crítica.
Lo que se ha notado es un incremento en la construcción con la participación compuesta de crédito bancario privado y empresas constructoras privadas. ¿A qué se debe este auge de la construcción, sobre todo de edificios de vivienda y de oficinas? ¿Gran disponibilidad de dinero de los bancos, que se dice que supera los cuatro mil millones de dólares? ¿Especulación financiera y de la construcción? ¿A qué se debe esta sobreoferta de viviendas caras en las ciudades del eje central? ¿Por ahí va la solución a los problemas de la transformación económica, de la exclusión y la desigualdad? La verdad es que este auge contrasta con el pobre rendimiento de los programas de vivienda social, programas además llenos de obstáculos y con múltiples denuncias de corrupción. La iniciativa privada de sobreoferta para las clases medias altas contrasta con los exiguos alcances de la iniciativa pública en los programas de vivienda social. No vamos a preguntarnos por qué no se nacionalizó la banca, que forma parte del sistema financiero internacional, puesto que esto no está al alcance de un gobierno populista que no ha cumplido con la nacionalización de los hidrocarburos. Vamos a preguntarnos por qué no se ha condicionado a la banca a orientar el crédito a la producción y el crédito a los estratos necesitados. ¿Qué clase de compromisos tiene el gobierno con la banca para que no cuente con una política financiera clara y de transformación?
En la memoria se llama la atención sobre las políticas encaminadas a superar el modelo primario exportador; se menciona el apoyo a 16000 pequeños productores a través de EMAPA, contribuyendo a la producción de trigo, arroz, soya y maíz. Estos apoyos no dejan de ser importantes a partir del BDP y del Fondo Propyme Unión, pues tienen incidencia en los rubros que pueden armar las condiciones para la seguridad y soberanía alimentaria, empero los alcances de estas iniciativas son todavía modestas; 184 millones de dólares por parte del BDP y 4,2 millones de dólares por parte del Fondo. ¿Por qué no se tiene una política agresiva en este terreno?
Volviendo a las reflexiones sobre el ornitorrinco debemos preguntarnos: ¿A qué figura se parece el perfil de la formación económica y social boliviana? Estamos ante un perfil económico cuya base densa y fundamental radica en el extractivismo de hidrocarburos y minerales, con cierto peso de la producción agrícola y agroindustrial destinada al mercado interno; esta última también con acceso reciente al mercado externo. La construcción y la manufactura tiene su importancia, sobre todo la primera, que no ha dejado de tener incidencia, incluso en tiempos difíciles de la crisis; la segunda sobre todo en lo que tiene que ver con la producción alimentaria, sin descartar la industria textil con todos sus altibajos. En la memoria se dice que la producción de gas creció en el orden del 16,7 %, en tanto que la producción de petróleo en el orden de un 2,3 %. La construcción tuvo un crecimiento promedio desde el 2006 al 2010 del orden del 10%. Ahora bien hay que diferenciar los montos comprometidos tanto en hidrocarburos como en la construcción; la participación del petróleo crudo y gas natural en el PIB es el doble de la participación de la construcción. Lo mismo ocurre con los minerales metálicos y no metálicos, cuya participación es el doble que la participación de la construcción. Bajo esta misma comparación, la participación en el PIB de la industria manufacturera es el quíntuple que la participación de la construcción. La participación en el PIB de la agricultura, silvicultura, caza y pesca es el cuádruple que la participación de la construcción. En comparación la participación del comercio es dos veces y medio que la participación de la construcción y la del transporte, almacenamiento y comunicaciones es el triple y medio que la participación de la construcción. Comprendiendo este cuadro, ¿qué quiere decir esto? Si nos basamos en el esquema que divide la economía en tres sectores, primario, secundario y terciario, siendo el primario el extractivista, el secundario el de la industria y el terciario el de los servicios y el comercio, podemos decir que si bien el ingreso del país depende básicamente de las exportaciones hidrocarburíferas y minerales, se nota el peso creciente de los servicios y el comercio en el gasto, en el empleo, en el uso del excedente. Lo que se llama industria no deja de ser un espacio intermedio bastante exiguo, sin identidad propia, altamente vulnerable, dependiendo de los vaivenes del mercado interno, a pesar de su reciente incursión en el mercado externo.
Desde el punto de vista de la estructura social, no hay propiamente una burguesía industrial, como ocurre por ejemplo en Brasil; lo que puede observarse es una burguesía banquera y comercial, fuertemente articulada a un núcleo de formación agroindustrial, ligada a los latifundios del oriente del país. El papel del Estado ha cobrado peso desde la nacionalización de los hidrocarburos, incursionando en la formación de empresas estatales, que sin embargo no han terminado de consolidarse, salvo quizás EMAPA. De acuerdo a informes del mismo gobierno, se dice que el Estado tiene una participación del 32 % en la economía del país.
Ahora bien, desde el punto de vista de la formación de capital, no parece formar un capital estatal el ingreso por concepto de exportaciones de hidrocarburos y minerales, pues no hay acumulación de capital, es decir valorización dineraria, inversión en el sentido de la acumulación capitalista. Más parece ser una masa importante de disponibilidad dineraria, de ingreso, tragada por el Tesoro General de la Nación, por el presupuesto, con fines de gasto y de distribución. Lo que quiere decir que las grandes empresas estatales no son manejadas en términos de la formación de capital sino como dispositivos de captación de recursos dinerarios, el excedente no se convierte en plusvalía. Sin embargo, la formación de capital se produce en la burguesía bancaría, comercial y agroindustrial.
En esta descripción se puede ver que ni el Estado ni la burguesía industrial están realmente interesados ni en una primera ni en una segunda revolución industrial. El Estado está atrapado en la captación de recursos dinerarios, destinados al presupuesto, también a la acumulación de reservas, que ya llegan a más de los doce mil millones de dólares; empero, se encuentra como rezagado a desarrollar una política de revolución industrial. La burguesía financiera, comercial y agro-industrial tampoco está interesada en una inversión de magnitud hacia una revolución industrial. La banca se encuentra conforme con la generación de ganancias debido a la captación del ahorro, la intermediación financiera y la especulación financiera; la burguesía agroindustrial está interesada en la ampliación de la frontera agrícola, transfiriendo los costos de su crecimiento y enriquecimiento a la naturaleza; la burguesía comercial prefiere seguir creciendo aprovechando su papel intermediario en la circulación de mercancía. Los pequeños núcleos industriales estatales y privados están muy lejos de articular e integrar un proyecto de revolución industrial.
Cuando se habla de revolución industrial, se lo hace más desde un imaginario estatal, que orienta la política económica, de la inversión económica, más en la apertura a la construcción de una logística, de una infraestructura económica, ligada fuertemente a la construcción de carreteras. Se han recuperado fundiciones, cono la de Vinto, que no abastece en absoluto para atender a la producción minera, que sigue exportando en la condición de minerales y materia prima. El complejo de Karachipampa no termina de comenzar a funcionar como se debe; tampoco hay otros proyectos de fundición de minerales, salvo el incierto proyecto siderúrgico del Mutún, que no termina de instalarse y de funcionar. Por lo tanto no podemos hablar de una industria pesada y de unas industrias livianas articuladas. Estamos ante fragmentos dispersos, islas, que no lograr formar una plataforma industrial. La industrialización sigue siendo un sueño, un imaginario, que no se toma en serio, pero sirve para el discurso de propaganda.
En este sentido, no se puede hablar de desarrollo, en el sentido de la interpretación que hacían los nacionalistas del siglo pasado, cuyo eje era la sustitución de importaciones. Aunque haya crecimiento económico, variaciones positivas del producto interno bruto, acumulación de reservas, no hay desarrollo, no hay acumulación de capital. Lo que hay es expansión del modelo extractivista, mayor dependencia de las exportaciones de materias primas, mayor control del Estado en la captación de los recursos monetarios, participación en el control administrativo de las empresas públicas, hidrocarburíferas y mineras, pero no formación de un capitalismo de Estado, aunque este proyecto haya estado en ciernes en los proyectos políticos. El capitalismo de Estado es un proyecto no una realidad.
No hay desarrollo, en el sentido mencionado, lo que hay es crecimiento, un crecimiento que permite la formación de una burguesía financiera, comercial y agroindustrial, un crecimiento donde el Estado juega un papel importante como administrador y captador de recursos monetarias, un Estado que no llega a ser empresario. Este crecimiento se basa en la super-explotación de los trabajadores, la mayoría de los cuales está reducido a su condición informal o de proletariado nómada, que no se encuentra sindicalizado, tampoco goza de derechos y de seguro. Se han formado miles de micro-empresas sobre la base de la explotación familiar y explotación semi-esclava, parecidas a las condiciones salvajes del capitalismo. En este panorama se distribuyen de manera dispersa algunas industrias textiles y de alimentos que no llegan a articular una plataforma industrial. El crecimiento del núcleo agro-industrial se basa en la expansión de la frontera agrícola, por lo tanto en la transferencia de los costos a la naturaleza.
Lo que sí se puede constatar es la presencia gravitante de empresas trasnacionales en la minería, así como en los hidrocarburos, aunque estas últimas aparezcan supuestamente nacionalizadas y como empresas de servicios. Por lo tanto un peso condicionante en el campo económico son estas empresas trasnacionales.
¿Qué tenemos entonces como figura del perfil económico? La descripción se parece a la mayoría de las economías de las periferias del sistema-mundo capitalista; se trata de espacios de extracción y explotación de recursos naturales que alimentan la insaciable maquinaria del capitalismo. Se trata de países altamente dependientes y fuertemente condicionados por el mercado internacional. Países que se reducen a la relación incongruente y desarticulada entre un sector primario, dedicado primordialmente a la exportación, y un sector terciario, cuyo servicios y comercio conforman el mercado interior. La industria es incipiente, dispersa y fragmentada, no logra abastecer a la demanda interna y enfrenta la competencia de la importación y el contrabando. Si se forman burguesías, estas son mas bien intermediarias, mas bien vinculadas a la globalización, y no cuentan con un proyecto nacional.
¿Esto significa que hay que retomar el proyecto desarrollista y el proyecto nacional, tanto en su versión de capitalismo de Estado o en su versión de burguesía nacional? De ninguna manera; no tanto porque estos proyectos son tardíos, sino porque enfrentan limites en la lógica de la acumulación ampliada de capital; sólo pueden disputar los términos de intercambio, no se proyectan a cambiar las estructuras de la dominación mundial del sistema capitalista. Por otra parte, una industrialización al estilo de las potencias emergentes, como Brasil, la India, México y sobre todo China, solo puede darse bajo costos muy altos ecológicos y de explotación salvaje de la población trabajadora. Además, que en el contexto de la globalización y la crisis del capitalismo, lo que hacen estas potencias emergentes es ampliar los plazos de la crisis del capitalismo, modificando las estructuras de mediación de las formas de dominación y la participación en la acumulación ampliada de capital. La tarea de los proyectos emancipatorios en las periferias del sistema mundo capitalista es mas bien contribuir a la abolición del capitalismo aperturando un horizonte civilizatorio alternativo.
 Apuntes sobre la episteme boliviana
A modo de introducción
Vamos a desplegar algunos apuntes sobre la episteme boliviana, apuntes de los que no esperemos un dibujo completo de los horizontes de visibilidad y de decibilidad de las arqueologías del saber periféricos, en este caso de un país andino amazónico y chaqueño. Esta tarea, la de una arqueología de los saberes en Bolivia, la dejamos pendientes para una investigación exhaustiva. Deben considerase temporalidades, contextos y espesores culturales, la historia de la literatura, de las expresiones artísticas, estéticas y culturales, también, por qué no, sobre todo los saberes corporales, la gramática de los cuerpos, la gramática de las multitudes, que son las que abren verdaderamente los horizontes. Los “intelectuales”, si podemos seguir usando este término tan discutible, se ponen a trabajar sobre estos horizontes abiertos por los colectivos convulsionados. Esto ha sucedido en Bolivia en toda la dramática historia de su insurgencia permanente. Ahora nos encontramos ante un nuevo horizonte, el abierto por los movimientos sociales y las luchas indígenas, sobre todo en el intenso periodo de 2000 a 2005; este horizonte es pluralista y comunitario, también ecologista y territorial. Ante este horizonte abierto la mayoría de los “intelectuales” ha preferido retroceder y defender sus saberes aprendidos en horizontes históricos pasados y sobrepasados por la nueva condición de visibilidad.
A propósito, lo que ofrecemos en estos apuntes, es un recorrido crítico de lo que llamaremos el pensamiento político de la cuestión nacional y estatal, pensamiento construido en la experiencia convulsiva social posterior a la Guerra del Chaco. Lo que interesa es lograr una caracterización de las sugerentes expresiones críticas y búsquedas de iluminación, de inteligibilidad, de comprensión de las formaciones sociales y económicas periféricas. Lo que importa es lograr comprender la correspondencia con su tiempo y sus problemas, aprender de esa experiencia, también de las representaciones construidas. Así como, sobre todo, comprender la diferencia de tiempos que vivimos, de horizontes históricos-culturales que vivimos, de periodizaciones del ciclo del capitalismo que vivimos, por lo tanto también de sus crisis. No se trata de cuestionar una forma de pensamiento, una forma de saber, una forma de conocimiento, sino de lograr comprender su estructura y sus alcances.
Lo que importa ahora es vislumbrar los desafíos que enfrentamos después del ciclo de movimientos sociales de 2000-2005, desafíos políticos y epistemológicos. Por eso importa una revisión como la que efectuamos. Hay que anotar que el ideologüemadel que hablamos, de la episteme de esa formación discursiva y enunciativa, de alguna manera se ha clausurado. Se notan su culminación crepuscular cuando se desatan las movilizaciones y construcciones discursivas políticas y culturales kataristas, después de la masacre del valle, perpetrada por la dictadura del General Bánzer Suárez (1974).También se nota en los quiebres, en los desplazamientos conceptuales que se dan después de estos acontecimientos. Una notoria intelectual crítica, sensible a estas irrupciones y desplazamientos, como Silvia Rivera Cusicanqui expresa en sus escritos las rupturas con el ideologüema del nacionalismo revolucionario[4]. También las intervenciones, prólogos , ensayos y polémica de Javier Mediana, sobre todo el haber abierto un campo de publicaciones como las de Hisbol, donde se plasmas las investigaciones antropológicas del mundo andino, muestra también las marcas de la ruptura y el distanciamiento con una forma de pensar del iluminismo criollo.
Arqueología del ideologüema del nacionalismo revolucionario
Uno de los proyectos, que realizó en parte, de Hugo Zemelman Merino era escribir un libro sobre el pensamiento latinoamericano, concentrarse sobre todo en la episteme latinoamericana. Para tal efecto tomó en cuenta como referentes a connotados intelectuales críticos, de los que se podría decir construyeron un pensamiento propio. Entre ellos se encontraban dos bolivianos, uno era Sergio Almaraz Paz, el otro era René Zabaleta Mercado. Del primero decía que le asombraba su lucidez sobre la cuestión nacional y sobre el segundo su lenguaje tan rico y metafórico, tan propio y creativo, a la vez poético y conceptual. Al primero no lo conoció, pero leyó sus libros; al segundo lo conoció en México. De Marcelo Quiroga Santa Cruz tenía una gran consideración por su papel político; en lo que respecta a la labor intelectual del país, en general apreciaba mucho lo que se producía en Bolivia. Una vez nos dijo, de tantas llegadas consecutivas que tuvo desde 1985 hasta 1995, que Bolivia era un país apto para la epistemología. Se refería a las condiciones históricas y políticas para la construcción de un pensamiento propio. Le impresionaba la historia rebelde de las clases populares, del proletariado minero y los estratos explotados de la sociedad, le llamaba la atención la historia de insurrecciones que habían marcado las temporalidades políticas. En el periodo que estuvo aprendía el valor de la emergencia indígena de la gente que trabajaba la episteme andina en el colectivo Episteme. El libro proyectado salió publicado por Siglo XXI, es un aporte a una especie de arqueología del pensamiento latinoamericano[5].
¿Cómo caracterizar a Sergio Almaraz Paz, a René Zavaleta Mercado y a Marcelo Quiroga Santa Cruz? Se trata de un pensamiento nacional, fuertemente vinculado a la defensa de los recursos naturales, sobre todo el primero y el tercero. Aunque su labor intelectual no puede reducirse a este decurso, va más allá, fuertemente vinculada a comprender la formación social y económica boliviana, particularmente el segundo. Los tres terminan vinculados a una formación marxista, sobre todo el primero y el segundo. El primero venía de su experiencia en el flamante Partido Comunista que impulsó a fundar, después de abandonar la juventud del PIR; el segundo, venía del MNR y termina militando en el Partido Comunista. Parecen historias complementarias con rutas inversas. El tercero tiene otra historia, más vinculado a la literatura, después al ensayo, bastante distanciado de la Revolución Nacional de 1952, de la que tenía muy poca consideración. Su participación como diputado opositor en el gobierno del General René Barrientos Ortuño va a ser notoria sobre todo por sus críticas, acusaciones y denuncias a su gobierno. Empero su papel como ministro del Gobierno del General Alfredo Ovando Candía, empujando la nacionalización de la Gulf Oíl, lo va encumbrar como político y luchador de los recursos naturales, combatiente de la soberanía[6]. Definitivamente cuando forma el PS1 y logra una votación importante en los barrios obreros y los populares, después de insistir en sucesivas elecciones, se proyecta como un candidato alternativo, incluso a la decadente y complicada UDP. Los tres intelectuales bolivianos forman parte de una trayectoria y una tradición. Hablamos de un pensamiento crítico y nacional. No me atrevería a calificarlo de nacionalista, prefiero usar un término que se empleó después, para caracterizar un posicionamiento político en la cartografía ideológica; se trata del término que caracteriza el posicionamiento de la izquierda nacional para distinguirlo del planteamiento o mas bien de los planteamientos políticos de la izquierda tradicional, estructurados sobre todo por el POR y los partidos comunistas.
Los libros de Sergio Almaraz Paz forman parte de esta herencia nacional; Petróleo en Bolivia, El Poder y la Caída y Réquiem para una República son investigaciones y ensayos iluminadores sobre las estructuras de poder que condicionan la historia política y económica del país. En Petróleo en Bolivia asistimos a un penetrante análisis de la dramática historia del petróleo en Bolivia y en el mundo, se abren los entretelones de las determinantes de la Guerra del Chaco, se muestra el comportamiento sinuoso de la Gul Oíl, así como de los personeros de gobierno de turno. También se narra la lucha por la recuperación del petróleo, donde se involucran personas comprometidas, algunas instituciones patrióticas, las resistencias populares y las tomas de posición de organizaciones. Se forja la narración de la historia de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), sobre todo en su etapa inaugural, y un análisis comparativo de los contratos, donde se hace evidente el entreguismo de funcionarios de gobierno y de los bufetes. La investigación de El poder y la Caída asombra por hacer inteligible lo que hoy podríamos llamar la genealogía del poder en Bolivia, la estructura del poder minero, de los llamados barones del estaño. El análisis es penetrante y devela el diagrama de fuerzas institucional, sobre todo por las tesis en juego, la vinculación entre la estructura económica y la estructura política; no tanto tomando esta última como superestructura, como en un análisis esquemático marxista, sino mostrando las compenetraciones de ambas estructuras, estructura o base económica y superestructura o estructura estatal, política, ideológica y cultural; su invención, institución y configuración a partir de ciclos, particularmente el ciclo del estaño, ligado al ciclo de la hegemonía del capitalismo británico. El análisis de la temporalidad política y de las temporalidades estructurales del poder es sobresaliente por el enfoque analítico de lo concreto. ¿De qué estamos hablando en estos casos? ¿De una economía política, de una sociología política, de una antropología política? Hablamos de un autor que tiene la habilidad de moverse en varios campos teóricos para dar cuenta de realidades complejas como las formaciones económicas y sociales periféricas. Quizás el libro más apasionado es Réquiem para una república, donde hace una evaluación crítica de la Revolución Nacional (1952-1964). Con un lenguaje camusiano enfrenta la decadencia de la revolución, de la que dice que hay que aprender sus lecciones. Psicología de la vieja rosca prácticamente abre el análisis del libro, en tanto que Psicología de la nueva rosca clausura el recorrido de una temporalidad decadente. Empero hay capítulos conmovedores como Cementerios mineros donde interpela a la nación desde la experiencia del proletariado minero y dice que llegará un día cuando los mineros se nieguen seguir sosteniendo la nación sobre el escarnio de su propio cuerpo. El capítulo más elocuente sobre la decadencia de la revolución es El tiempo de las cosas pequeñas, donde se describe el minucioso y detallado retroceso del gobierno y del partido nacionalista, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), retroceso del que no se dan cuenta, no toma conciencia, incluso cuándo se encuentran al otro lado de la vereda enfrentando al pueblo[7]; por ejemplo en el enfrentamiento den Sora-Sora contra las milicias mineras (1963).
La obra de René Zavaleta Mercado es prolífica y puede caracterizarse por periodos; desde la Formación de la Consciencia Nacional hasta Lo nacional-popular en Bolivia el autor atraviesa intensamente por distintas elaboraciones teóricas que tratan de responder a una obsesión de vida: ¿Cómo hacer inteligible una formación histórica y social abigarrada? Luis Tapia Mealla caracteriza esta trayectoria como La producción de un conocimiento local[8]. Requeriríamos tiempo y espacio para detenernos en la producción de René Zavaleta Mercado; por estas razones preferimos concentrarnos en la última producción intelectual de la autor, publicada póstumamente; hablamos de Lo nacional-popular en Bolivia[9].
La querella del excedente es un capítulo impresionante donde se analiza la Guerra del Pacífico desde una perspectiva densa y compleja que pone en consideración las condiciones histórico-políticas de Bolivia, Perú y Chile en el momento de la guerra. Es un análisis de la condición de sus bloques históricos, de su articulación específica entre estructura y superestructura, relacionados a la legitimidad y hegemonía logradas en sus sociedades, además de la evaluación de la construcción estatal. Como se puede ver el enfoque teórico gramsciano atraviesa este análisis histórico-político. Otro capítulo imponente es El mundo del temible Wilka, donde se interpreta la guerra aymara en la Guerra Federal (1898-1899) en el contexto del mundo capitalista, del ciclo del capitalismo inglés y la revolución industrial, en el contexto de la perversa relación ente la acumulación originaria y la acumulación ampliada de capital. Se trata ciertamente de un análisis marxista, pero no al estilo esquemático como se acostumbra en el difundido marxismo vulgar, sino desde una erudición densa y asombrosa, análisis que da cuenta de la complejidad de la crisis de Estado. En El estupor de los siglos se efectúa un análisis histórico de la crisis de Estado, caracterizando al Estado oligárquico en sus distintas fases, dese la condición del Estado aparente hasta la condición de la autonomización estatal en tanto autonomía relativa del Estado, respondiendo al carácter de capitalismo organizado. La conclusión es que no logra formarse el Estado que se mueve en una oscilación entre el Estado aparente y el Estado instrumental, oscilación que no resuelve su condición espacial y territorial, pues estamos ante una oligarquía restringida a sus propiedades mineras.
¿Se puede decir que es nacionalismo este pensamiento, esta formación discursiva? No, de ninguna manera. Estamos ante un pensamiento marxista elaborado, trabajado desde la experiencia del abigarramiento de la periferia boliviana, comprendiendo la intensidad de la crisis del Estado. La cuestión nacional es trabajada como parte de la cuestión estatal, no resuelta, inacabada, problemática. Un lenguaje poético y barroco busca romper las dificultades de las resistencias a ser conocida de la realidad de la formación económica social periférica. El recurso a la erudición pone en juego la contrastación con otras experiencias y la comparación con figuras teóricas; de esta forma hace hablar a los personajes, haciendo emerger significaciones que los mismos actores históricos quizás desconozcan, empero reproducen en los contextos y tejidos históricos. En comparación, se puede decir que el discurso de Carlos Montenegro era nacionalista; reivindica la nación imaginada frente al coloniaje, al proyecto de supeditación de la oligarquía minera y terrateniente. Podemos considerar que La formación de la consciencia nacional se mueve en los códigos del discurso del nacionalismo revolucionario; incluso libros anteriores como El asalto porista (1959), Estado nacional o pueblo de pastores(1963) y La revolución boliviana y la cuestión del poder  (1964) también pueden considerarse textos del discurso del nacionalismo revolucionario. No ocurre lo mismo con El poder dual(1974), Bolivia hoy (1983), Las masas en noviembre (1983), Lo nacional-popular en Bolivia (1986), Escritos sociológicos y políticos (1986), Clases sociales y conocimiento(1988), El Estado en América Latina(1989), 50 años de historia (1992); estos escritos no pueden considerarse formar parte del discurso del nacionalismo revolucionario, salvo La caída del MNR y la conjuración de noviembre, que se publica con posterioridad, siendo un escrito anterior (1995). En estos textos estamos ante un Zavaleta Mercado que se ha apropiado a su manera de la teoría sobre hegemonía y sus consideraciones sobre la superestructura de Antonio Gramsci, que la utiliza modificándola hasta el escándalo de cruzar sus límites, aportando con una teoría propia, con uso crítico del marxismo, para lograr una hermenéutica de la formación económico-social boliviana.
Ciertamente, no se puede desconocer en estas preocupaciones intelectuales la problemática de la cuestión nacional, como parecen hacerlos los teóricos de la izquierda tradicional. La relación entre René Zabaleta Mercado y Sergio Almaraz Paz es amistosa y afectiva, militaron en el mismo partido (MNR), pertenecieron ambos, uno primero y el otro después, al PC; la entrañable amistad se la puede vislumbrar en el Prólogo que le dedica Zavaleta Mercado en Réquiem para una República a Sergio Almaraz Paz. No pasa lo mismo en su relación con Marcelo Quiroga Santa cruz, que más bien es polémica, sobre todo cuando Zavaleta milita en el MNR. Revisando estas trayectorias, sobre todo la producción intelectual de estos autores, Sergio, René y Marcelo, la formación enunciativa en cuestión no puede restringirse al discurso del nacionalismo revolucionario, va más allá; el análisis de la estructura de poder, el papel de la centralidad minera y el socialismo vivido, como lo califica Hugo Rodas morales, no se circunscriben a un pensamiento nacionalista.
Marcelo Quiroga Santa Cruz va a ser conocido primero como literato, novelista, después como ensayista y por último como político socialista. Las novelas de Los deshabitados y Otra Vez marzo van a ser reconocidas y connotadas internacionalmente. Estamos ante un escritor, un literato, en pleno sentido de la palabra. Preocupado por las expresiones artísticas y estéticas. Lo que no deja que también se ocupe de la candente cuestión política boliviana. Es notoria su oposición a la revolución nacional, tiene ante ella críticas morales y éticas; no podríamos hablar de una polémica propiamente política, menos que se lo hace, en aquél entonces, desde una perspectiva socialista. Es también difícil sostener, como algunos apresurados han tratado de interpretar, que Marcelo Quiroga hacia una crítica desde las posiciones de clase de la oligarquía terrateniente. En todo ese tiempo está más cerca de la literatura y bastante distante de los intereses materiales como para defender una posición de clase. René Zavaleta Mercado es duro en la polémica con este Marcelo Quiroga Santa Cruz. René Zavaleta más rudo, más experimentado en las cuestiones políticas, más cerca del debate de coyuntura, en tanto que Marcelo Quiroga mas bien sensible a los códigos morales; ambos intelectuales están abismalmente distanciados. Uno escribe desde la penetrante experiencia de la revolución nacional (1952-1954), el otro lo hace desde la esfera de la crítica estética y ética desplazada desde los espesores de la literatura. Realidad y ficción no se encuentran.
Podemos decir que es después de la caída del MNR, con el golpe militar de 1964, que Marcelo Quiroga Santa cruz incursiona decididamente e la política. Una breve reseña de su vertiginosa vida puede resumirse de la siguiente manera:
Durante las elecciones de 1966 consigue ser elegido diputado por Falange Socialista Boliviana, partido que lo inscribe en sus listas y lo postula.  Entonces es representante del departamento de Cochabamba. En estas elecciones es elegido como presidente el candidato militar General René Barrientos Ortuño. Desde el Congreso Marcelo Quiroga Santa Cruz, en su condición de diputado, efectúa un juicio de responsabilidades contra el presidente elegido. Siendo una voz solitaria – hasta el partido que lo postulo lo abandona -, en un Congreso mayoritariamente barrientista el juicio de responsabilidades le cuesta el desafuero parlamentario, después sufre el secuestro, seguido por el confinamiento en Alto Madidi, culminando esta represión en la cárcel. En la memoria popular Marcelo Quiroga Santa Cruz va a ser conocido como defensor de los recursos naturales. Contando con estos antecedentes se convierte en el autor intelectual de la nacionalización del petróleo, en su condición de Ministro de Minas y Petróleo (1969) en el gobierno del General Alfredo Ovando Candía.  Empero fue ministro durante sólo un lapso, hasta su renuncia, asumida debido a lo que consideraba  la capitulación gubernamental frente a la empresa de petróleos nacionalizada (Gulf Oíl Co.) cuando el gobierno cede a las presiones de la empresa para ser indemnizada. Ya curtido en la ingrata experiencia política, fundó el Partido Socialista en 1971,  acompañado por un grupo de intelectuales y dirigentes sindicales. Su estadía en Bolivia ha de durar poco, hasta el cruento golpe militar del 21 de agosto de 1971, encabezado por el General Bánzer Suárez.  En el exilio se ocupa de múltiples actividades, académicas, es columnista, participa en distintas instituciones y organizaciones, forma parte del Tribunal Socialista con sede en Yugoeslavia. El 1977, cuando se evidencia la crisis de la dictadura militar, retorna clandestinamente a Bolivia, retoma la conducción del Partido Socialista, partido proscrito durante régimen dictatorial; el partido asume otra sigla, va a ser conocido como PS-1. Incursiona como candidato a la presidencia durante las elecciones consecutivas de 1978,1979 y 1980. En su trayectoria electoral logra conquistar y seducir paulatinamente a un electorado popular y obrero, llegando a aglutinar en las últimas elecciones unos 120.000 votos, logrando de esta manera el cuarto puesto. En su condición de parlamentario en la legislatura de 1979 retomó la tarea del juicio de responsabilidades a la burguesía, como le gustaba decir; esta vez era en la representación del General Hugo Bánzer Suárez. La alocución de Marcelo Quiroga Santa Cruz fue brillante, minuciosamente trabajada, con una voluminosa documentación de apoyo; su voz aguda y de gran orador fue escuchada ante la impavidez del resto de diputados, que incluso como Guillermo Bedregal se hicieron la burla. 
El programa de gobierno del PS-1 en las elecciones nacionales de 1980 contrastaba con el programa tímidamente reformista que enarbolaba la UDP; se trataba de un programa de nacionalizaciones frente a un programa que no se atrevía ni a discutir la posibilidad de la nacionalización. Lo mismo ocurrió con el frente de Izquierdas, Frente Revolucionario de Izquierda (FRI), que tampoco quiso plantearse un programa de nacionalizaciones, a pesar de los reclamos de Domitila Chungara, quien fue reprendida por el propio PC-ML. Este contraste llama la atención en plena apertura democrática después de la noche de las dictaduras militares. En esta sintomatología se nota la desubicación de la izquierda tradicional ante los acontecimientos políticos, ante la irrupción democrática de las masas. La izquierda tradicional se encontraba lejos de comprender la cuestión nacional y la necesaria recuperación de la soberanía por medio de la recuperación de los recursos naturales. La UDP prefirió optar por la demagogia nacionalista, demagogia expresada elocuentemente por el Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), entrapada en dos frentes, un frente con la derecha en el Congreso y un frente con la izquierda obrera, con la Central Obrera Boliviana (COB), en las calles.
La entrega apasionada y comprometida en la lucha socialista y el proyecto nacionalizador lo llevó raudamente a su desenlace fatal, a su asesinato por las huestes militares bolivianas y argentinas.  Esto ocurrió el 17 de julio de 1980; el narco-golpe militar de García Meza y Arce Gómez decidió una guerra sucia y de exterminio, tomando el ejemplo de los militares argentinos. Marcelo Quiroga fue reconocido y herido por los paramilitares que tomaron la sede de la COB, fue apresado y conducido al Estado Mayor del Ejército, dónde lo asesinaron, haciendo desaparecer ignominiosamente sus restos, que hasta ahora no han sido recuperados. Se entrevé una complicidad del gobierno de Evo Morales Ayma con los militares bolivianos para encubrir este asesinato y evitar su esclarecimiento, así como la devolución de sus restos.
Un recuento de sus participaciones puede resumirse de la siguiente manera: En 1952 fundó y dirigió el semanario “Pro Arte”; en 1959 la revista “Guion”, dedicada a la crítica cinematográfica y teatral; en 1964 abre el periódico “EL SOL”. En 1953 es nombrado delegado boliviano en el Congreso Continental de Cultura; en 1969 en el Congreso Intercontinental de Escritores. En 1957 publica su primera novela Los deshabitados; junto a Garciliano Ramos de Brasil, Miguel Ángel Asturias de Guatemala, Augusto Roa Bastos del Paraguay, José María Arguedas del Perú y Juan Carlos Onetti del Uruguay recibe el premio William Faulkner, premio que es entregado en 1962 a la mejor novela escrita desde la segunda guerra mundial. La otra novela, Otra Vez Marzo, se publica en 1990; se trata de una novela póstuma, aunque inconclusa. Fuera de su labor literaria amaba el arte cinematográfico, incursiona en este campo; en 1964 realiza el cortometraje El Combate. Esta multifacética trayectoria nos muestra el ímpetu y el talento del insigne e intenso intelectual. Sin embargo, debemos concentrarnos en  su vasta producción de ensayos, de los que hay que hacer una clasificación; algunos de ellos es indispensable nombrarlos por su carácter polémico, otros por su vinculación a la defensa de los recursos naturales. La crítica a la Revolución Nacional se encuentra en La victoria de abril sobre la nación (1960); la crítica a las políticas entreguistas ya aparecen en Desarrollo con soberanía, desnacionalización del petróleo (1967); se retoma esta crítica en Lo que no debemos callar (1968). Un elocuente testimonio se encuentra en Acta de transacción con la Gulf -análisis del decreto de indemnización a Gulf (1970). El análisis y la denuncia consecuente podemos encontrarlos en un libro más elaborado que titula El saqueo de Bolivia (1973);  lo mismo acontece en Oleocracia o patria (1976), donde ya hallamos una caracterización de la estructura del poder en Bolivia, caracterización no disímil a la que hizo Sergio Almaraz Paz.
Volviendo ya a un enfoque de evaluación, dejando las trayectorias de vida, a propósito de esta construcción de un pensamiento propio, de esta formación discursiva, ¿podemos hablar de una episteme boliviana, en el sentido que le da Michel Foucault al término episteme, como horizonte de visibilidad y de decibilidad? Ciertamente para responder a esta pregunta no basta circunscribirnos a tres trayectorias intelectuales, por más intensas y profundas  que estas hayan sido. No es suficiente la consideración en el terreno que nos hemos movido, que es el del análisis político, el de la crítica política, que puede incorporar lo que podemos llamar la economía política de los recursos naturales y la interpretación de la superestructura estatal. Debemos tener en cuenta que hemos considerado la formación discursiva desde la problemática de la cuestión nacional y la cuestión estatal. Hay otras construcciones concurrentes, que no hemos mencionado, el discurso obrerista, lo que defino como el marxismo de guardatojo[10], desarrollado sobre todo por el POR, particularmente por un prolífico intelectual, militante e historiador, Guillermo Lora. Elaboración intelectual de la que no se puede decir que su trabajo se reduce a una transferencia de la tesis de la transición y la tesis de la revolución permanente de León Trotsky. Eso sería no comprender las particularidades propias de un marxismo minero, construido desde los socavones. Un producto de esta peculiar manera de interpretar la revolución boliviana se encuentra precisamente en la Tesis de Pulacayo. No se desentiende de las llamadas tareas nacionales, empero las interpreta en un recorrido ineludible hacia la revolución socialista conducido por el proletariado minero.
No nos vamos a detener en una evaluación de la obra de este intelectual trotskista, sino solamente llamar la atención en formaciones discursivas paralelas, pero que no se reconocen, no se leen ni llegan a discutirse en serio. Se ignoran. Salvo quizás Zavaleta Mercado quien tenía una gran consideración a Guillermo Lora, lo leía y comentaba; lo llamaba graciosamente el “Fiero”. En la abundante producción de este intelectual militante, la voluminosa Historia del movimiento obrero boliviano[11]es la más conocida; empero hay otros escritos de importancia que deben ser tomados en cuenta como La revolución boliviana[12]. El enfoque indudablemente tiene un contenido de clase, el análisis y la interpretación de la historia giran en torno a la organización proletaria, a su potencialidad revolucionaria y de vanguardia. Al respecto habría que separar sus investigaciones históricas, apoyadas con abundante archivo y documentación, de sus intervenciones políticas. Las investigaciones históricas arrojan luces sobre la dinámica molecular de los hechos, en tanto que los escritos políticos expresan la voluntad obrera, la intransigencia de la conducción y la dirección.
Ambas formaciones discursivas, la de la izquierda nacional y la de la izquierda tradicional, a pesar de sus distintas perspectivas, hablan prácticamente del mismo, de la crisis del capitalismo periférico, de la crisis estatal y del no cumplimiento de la cuestión nacional y ciertamente, en el caso de Guillermo Lora de la perspectiva socialista. Son, de alguna manera, discursos contemporáneos, aunque no terminen de encontrarse. ¿Por qué ocurre esto? ¿Hay una mutua descalificación? Sobre todo en el caso del discurso trotskista, que considera a los otros discursos como burgueses, por lo tanto en esencia impotentes para dar cuenta de la crisis y la lucha de clases. El discurso del POR en los periodos de formación de la conciencia de clases, de la organización del proletariado minero, ha de ser un dispositivo enunciativo y organizativo importante; empero su irradiación se detiene en los límites de la clase obrera boliviana. No construye hegemonía y por lo tanto le va a ser difícil lograr lo que persigue, liderar un frente de clases explotadas a partir de la alianza obrero-campesina. Por otra parte, su apego a la problemática de clases lo aleja de interpretar y analizar las estructuras de poder, la crisis de la superestructura estatal, las problemáticas de la dependencia en las periferias del capitalismo. Lo que el otro discurso, el de la izquierda nacional, en contraste hace. En comparación, a un discurso le falta lo que el otro tiene; lo que parece estar ausente del discurso de la izquierda nacional es el análisis de la lucha de clases, el análisis a partir de la lucha de clases, aunque este análisis termine siendo muy esquemático en las interpretaciones de la izquierda tradicional.
El crítico literario y epistemólogo Luis H. Antezana escribe un análisis filológico y lingüístico sobre el discurso del nacionalismo revolucionario. En el documento observa que se trata del mismo ideologüema que comparte la izquierda y el nacionalismo; el nacionalismo revolucionario es como una herradura que contiene distintas expresiones, desde la derecha a la izquierda, siempre moviéndose en el imaginario de la nación y bajo la referencia del Estado-nación[13]. Este ideologüema vendría a ser una episteme, es decir, un horizonte de visibilidad y de decibilidad, compartido tanto por los discursos nacionalistas como por los discursos izquierdistas, tanto de la izquierda nacional como  de la izquierda tradicional. En otros términos desde otra perspectiva, más filosófica, hasta podríamos hablar de un horizonte de mundo[14]. Hablamos de estructuras de pensamiento, que orientan a los mismos discursos y a las mismas acciones de los sujetos involucrados. En este sentido podríamos hablar de una episteme boliviana, que es como el campo de posibilidades históricas de los conocimientos que se van a desatar desde la experiencia dramática de la guerra del Chaco. ¿Cuándo se clausura esta episteme? ¿Se clausura la episteme boliviana? ¿Cuáles son las características de las estructuras de pensamiento del pensamiento político boliviano? Dejando para otra ocasión la tarea de una configuración más completa de la episteme boliviana, vamos a señalar algunos rasgos definidores del perfil, con el objetivo de lograr seguir sus alcances temporales.
Un rasgo sobresaliente es la comprensión o la certeza del inacabamiento, de la no conclusión, de la tarea pendiente del Estado-nación. Hay una gama de consideraciones que expresan el dramatismo de esta condición incompleta del Estado;  desde las caracterizaciones del Estado oligárquico hasta las caracterizaciones del poder dual, pasando por las figuras del Estado aparente. Hay como una idea de vivir una constante transición hacia la totalización de la nación y del Estado. Pueden caber distintas versiones de esta transición, distintas direcciones de la transición, desde las más conservadoras hasta las más radicales. Empero todas se encaminan a resolver la cuestión estatal, a completar el Estado-nación, incluso por la vía revolucionaria de la dictadura del proletariado. Por esto y por otras razones la relación con el Estado resulta problemática; el Estado es el referente paternal, el instrumento indispensable para resolver los problemas económicos, sociales, políticos, culturales, salariales. Por eso también el Estado se convierte en el botín absoluto; la disputa se da por el control de esta fabulosa maquinaria.
Otro rasgo con-figurante es el mito del origen de la nación; la nación se origina en las arenas y trincheras de del Chaco, donde las distintas clases del país se encuentran y mueren, derraman su sangre, escribiendo trágicamente un pacto político y social. Aunque no todas las expresiones discursivas comparten este mito, el mismo es un referente histórico de la bolivianidad, de la formación de su consciencia nacional. Este mito del origen de la nación es altamente significativo pues no sólo plantea un nuevo comienzo, más profundo, mas abarcado, mas consensuado, más inclusivo, que el comienzo histórico de la independencia. La hipótesis implícita, si podemos hablar así, de hipótesis en el mito, es que es la primera vez que se encuentra todo el pueblo o que, mas bien, se constituye el pueblo, todas las clases de la nación. Campesinos, obreros, clases medias, se encuentran y se reconocen; se da lugar como una autoconciencia[15]. Enfrentando a la muerte se reconocen como semejantes y comprenden que comparten un destino, no solamente el destino de enfrentar a la muerte, sino el destino de la nación misma. Descubren que el enemigo no es el que está enfrente, el paraguayo o lo que llamaban popularmente el “pila”, sino en el propio país, gobernando, manejando los destinos del país, apropiándose indebidamente de los recursos naturales. El enemigo es la oligarquía minera y terrateniente. La desmovilización, después, de la guerra, es el retorno a las ciudades para recuperar lo que es nuestro. El camino a la revolución nacional comienza en esta revelación en pleno combate: la nación tiene que liberarse de la oligarquía, la nación tiene que liberarse del coloniaje de la oligarquía, de la anti-nación.
Un tercer rasgo es el mito de la modernidad, que viene acompañada por el mito del progreso, el mito del desarrollo, el mito de la industrialización. Así como los liberales del siglo XIX soñaban con la construcción de ferrocarriles, que traería progreso, los nacionalistas del siglo XX soñaban con la industrialización como el medio primordial del desarrollo. La industrialización conlleva al desarrollo, saca del atraso, provoca la modernización. En este sentido se espera la modernización de las conductas, la modernización de las instituciones, la modernización de las ciudades, la modernización de las comunicaciones, entre las que entran las carreteras. Ahora bien, no todos comparten de la misma manera estos mitos. El ideologüemadel nacionalismo revolucionario, la episteme, tiene estratos, composiciones, diferencias y desplazamientos. Hay quienes, que llamaremos los técnicos, se concentran en la necesidad de las fundiciones, es decir, en la industria pesada. Este estrato es minoritario, empero es el que asume de manera consecuente el proyecto de la industrialización. Los otros se pierden en discursos, en proyectos que incluso cuentan con recursos, empero los despilfarran, los desvían y usufructúan de los mismos. Para estos, la industrialización es una meta que hay que alcanzar algún día, lo primero que hay que hacer es formar la burguesía nacional y esto se logra primero enriqueciéndose, aunque sea a costa del Estado. Este quizás era el estrato mayoritario que compartía el ideologüema del nacionalismo revolucionario. Hay otra composición sugerente, los que consideran que la modernización se efectúa primero por la burocratización, la formación de una gran masa de funcionarios, instituyendo un aparato en forma de malla que cubriera el país. La formación del Estado pasa por la construcción weberiana del Estado,  por la conformación de una burocracia de especialistas, de una gran arquitectura de funciones y especializaciones. Esta es otra de las salidas que se ha de tomar en serio en esto de la modernización del Estado. En un país de mayoría campesina, que es el término que se utilizaba para referirse a las naciones y pueblos indígenas, el mejor camino de la modernización, de acuerdo a la tendencia más liberal del nacionalismo, es la reforma agraria por la vía farmer, es decir, de los propietarios privados. De esta forma se convierten en hombres iguales, en tanto propietarios privados de la tierra. Esta idea incluso la llega a compartir René Zavaleta Mercado cuando reflexiona sobre el acontecimiento de la igualación de los hombres. Sin embargo, en esta metáfora de la herradura, que es el mapa del ideologüema del 52, hay que nombrar también a los radicales, que si bien no son nacionalistas, comparten la episteme nacional, el imaginario de la nación y del Estado-nación, el imaginario de la modernidad, el progreso y el desarrollo. La Izquierda del ideologüema, la versión proletaria o de expresión de los proletarios mineros, pensaba que el camino al desarrollo socialista era conformar propiedades colectivas campesinas, koljóses, para avanzar en la industrialización y en la solución masiva de la alimentación. Como se puede ver, en este asunto de la modernización, el progreso, el desarrollo y la industrialización, el mapa del ideologüemadel nacionalismo revolucionario es más diverso y estratificado.
Un cuarto rasco del ideologüema en cuestión es el proyecto de conformar la burguesía nacional. Ante la constatación de que la burguesía minera formaba parte de una burguesía intermediaria, mediadora de los intereses de las burguesías de los imperialismos dominantes, de que los intereses de esta burguesía internacionalizada no coincidían con los intereses de la nación y el Estado, era indispensable formar una burguesía nacional, que cumpla con las tareas pendientes, democráticas y burguesas. Esta interpretación era de alguna manera compartida por los ideólogos del nacionalismo y por el propia partico comunista, que tenía una concepción por etapas de la revolución socialista. Esta interpretación no era compartida por los troskystas, quienes tienen una concepción permanente de la revolución; son los propios obreros, en alianza con los campesinos, los que tienen que cumplir estas tareas pendientes de una burguesía nacional inexistente. De todas maneras, a pesar de las divergencias, esta hipótesis sobre la ausencia de la burguesía nacional forma parte de una concepción histórica, de una compresión de las temporalidades históricas, de los cursos y el devenir históricos. Esta concepción histórica está íntimamente compenetrada con el desarrollo capitalista, en tanto que este desarrollo ha pasado a la fase imperialista, a la fase del dominio del capital financiero, las contradicciones con el imperialismo, entre nación dominada e imperialismo se suman a las contradicciones de clase, entre proletariado y burguesía, entre campesinos y terratenientes. Las burguesías de los países dominados por el imperialismo nacieron tarde, prefieren aliarse a los latifundistas y conservadores que cumplir con sus tareas democráticas. En estas circunstancias, las revoluciones populares en la periferia del capitalismo han optado por dos salidas a la crisis. Una de ellas es conformar simuladamente una burguesía nacional, conformación artificial que ha terminado constituyendo estrato social de nuevos ricos, los mismos que han preferido el gasto de la reproducción placentera a la inversión y ahorro calvinista, los mismos que terminan aliándose a las viejas clases dominantes. La otra salida es la opción de la sustitución de la burguesía inexistente con el papel administrativo del Estado, la burocracia sustituye a la burguesía. Este segundo camino ha terminado convirtiendo al Estado en un administrador de empresas.
Quizás un quinto rasgo del perfil del ideologüema del nacionalismo revolucionario es la apreciación fatal, el sentido común que se tiene sobre la inevitabilidad del avance, expansión y cumplimiento del capitalismo. Esta es la realidad. Este prejuicio histórico es compartido entre nacionalistas, liberales, neoliberales, pero también por la izquierda, tanto nacional como tradicional. El capitalismo no sólo es una realidad sino una especie de destino que tiene que cumplirse, aunque sólo sea para crear las condiciones objetivas, el desarrollo de las fuerzas productivas, para construir el socialismo y el comunismo. A partir de este sentido común sobre el capitalismo, podemos ver que si bien hay posiciones enfrentadas entre los que defienden el capitalismo como fin de la historia, culminación de la evolución humana, y los que consideran que debe vivirse el capitalismo como etapa al socialismo, los que consideran que es proletariado que va cumplir con las tareas pendientes de la industrialización, en un proceso de transición, todos se mueven en el horizonte de la modernidad, todos son desarrollistas, asumen el ritmo histórico como desarrollo en la linealidad del progreso. Todos comparten la matriz de los valores de la misma civilización, la civilización moderna.
Un perfil epistemológico, aunque todavía insuficiente en su acabado, del ideologüemadel nacionalismo revolucionario, puede obtenerse a partir de algunos rasgos diseñadores, algunas figuraciones ideológicas, componentes de una weltanschauung, de una concepción de mundo compartida.  Como hemos visto, estos rasgos diseñadores son la certidumbre del Estado inconcluso, el origen dramático de la nación en la Guerra del Chaco, el mito de la modernidad, el progreso, el desarrollo, la industrialización, la formación de la burguesía nacional y la inevitabilidad del capitalismo como realidad.
¿Qué clase de mundo es este, es decir qué ante imagen de mundo estamos? ¿Qué saber, qué arqueología de saber? Ciertamente no podemos separar este saber de lo que pasa en el mundo, del debate que se da en el mundo, particularmente en las academias, aunque también en las organizaciones, aunque estas se encuentren rezagadas respecto al débete teórico, debido a su temprana inclinación al dogmatismo. No podemos olvidarnos que, en el periodo de construcción del pensamiento nacional, estamos asistiendo en América Latina a los desarrollos de la Teoría de la Dependencia, la misma que ya plantea un concepto integral del capitalismo, nos referimos al concepto de sistema-mundo. Se trata de un concepto geopolítico que comprende una gran división geográfica entre centro y periferia del capitalismo, convirtiéndose la periferia en el gigantesco espacio dominado, convertido en dependiente y reducido a la transferencia de recursos naturales. Podemos decir que se trata de una inmensa geografía donde se produce constantemente la acumulación originaria de capital por los métodos del despojamiento y el extractivismo. Por otra parte, la académica crítica, ligada al marxismo teórico, va a buscar dar curso a una mirada renovada, sobre todo después de las dramáticas experiencias de la primera y segunda guerras mundiales, las burocráticas y autoritarias experiencias de la Unión Soviética y de República Popular de China. Hay dos propuestas renovadoras que comienzan a circular; una es la de la escuela de Frankfurt y la otra es la lectura e interpretación de los Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci. Ambas propuestas teóricas van a ser tematizadas en las academias latinoamericana, en las investigaciones y en los debates teóricos, sobre todo la segunda, que va a ser la más conocida y estudiada. Es explicable entonces que se use como herramienta analítica y como recurso interpretativo las tesis de Gramsci sobre  el Estado, el partido, la hegemonía, el bloque histórico, la sociedad y la cultura. Así mismo es explicable que Sergio Almaraz Paz adquiera un tono camusiano en su hermoso libro Réquiem para una república. Hay necesidad de dar cuenta de las nuevas realidades históricas o de los desplazamientos históricos a partir de nuevos conceptos. Entonces estamos ante una imagen de mundo que responde a estas circunstancias, a la condición periférica desde dónde se emiten los discursos, a la condición de una conciencia temporal basada en la incertidumbre de la transición, en el deseo de alcanzar las metas postergadas, en la necesidad imperiosa de una identidad nacional, aunque también en el deseo de resolver los problemas de transición de una manera radical. Como puede verse, no estamos dentro la configuración epistemológica de la ciencia general del orden, tampoco en la de las ciencias de la historicidad, de las empiricidades, de la vida, el trabajo y el lenguaje, de la antropología, la psicología y la sociología. Estas epistemes pueden ser las matrices profundas de los saberes contemporáneos y regionales, delos saberes nacionales, empero asistimos a la emergencia de saberes de la transición, que buscan desesperadamente comprender los tránsitos, los despliegues, los puentes, las mediaciones, y por lo tanto los desarrollos en el tiempo y el espacio. Por eso esa certeza de lo incompleto, de lo inacabado, por eso esa ansia de modernidad, pero también de identidad, por eso esa búsqueda del sujeto encargado de estas tareas, por eso también la paradójica idea de la realidad como adversidad.
Sin embargo, hay algo sobresaliente en este ideologüema, se ignora la condición colonial de la mayoría de la población boliviana, se ignora la cuestión indígena. Se ignoran los levantamientos indígenas y su interpelación al Estado, a la nación y a la sociedad boliviana. Se supone tácitamente que este problema está resuelto con la reforma agraria y con la incorporación campesina al proyecto nacional. Esta realidad histórico-política, la relativa a las formaciones coloniales y al diagrama de poder colonial, esta parte impenetrable de la realidad, este lado oscuro del mundo, es taxativamente desconocida. No es un problema de conocimiento para el iluminismo criollo. Esta gran falta le impide a la episteme boliviana comprender los alcances de la problemática histórica sobre la que se asientan proyectos tan inestables como el Estado-nación, la modernización, el desarrollo, la industrialización. Estos límites del ideologüema del nacionalismo revolucionario le impiden construir una crítica completa de las dominaciones, de las explotaciones, de las razones profundas de la dependencia, de las razones profundas del inacabamiento del Estado y de la nación. No puede desarrollar una teoría crítica del capitalismo desde la matriz y la condición colonial de este sistema-mundo y modo de producción. El marxismo boliviano y también el latinoamericano se queda en el umbral epistemológico para comprender las matrices profundas de la historicidad de sus complejas fonaciones económico-social-culturales. No puede desarrollar una teoría crítica descolonizadora del Estado, por lo tanto tampoco puede comprender la condición colonial del Estado-nación. Ha preferido quedarse en ese umbral y repetir consabidamente generalidades, verdades universales, que no le hacen mella a los órdenes, instituciones y formas de dominación capitalista. La izquierda se termina convirtiendo en un factor más de la reproducción del colonialismo interno y en un discurso funcional a la modernidad y al capitalismo contemporáneo, mientras los izquierdistas siguen peleando contra las formas antiguas el capitalismo, básicamente las del siglo XIX, las que estudió Marx.
Claro que hay intuiciones, anticipaciones, perspectivas solitarias como las de Carlos Mariátegui, pero estas son voces solitarias, desdeñadas en su tiempo y retomadas después de su muerte con objeto de difusión, sin reflexionar profundamente sobre las implicaciones de sus desplazamientos enunciativos, sus aproximaciones a la problemática colonial y a la cuestión indígena. Podemos encontrar otros trabajos solitarios, empero ninguno de ellos se convierte en escuela, en comportamiento, en conducta, en una nueva forma de pensar,  en un proyecto político descolonizador.
En relación a esta falta, a esta restricción de la realidad histórica y social, llama también la atención el síntoma de que este saber de lo nacional ignore al pensamiento indio, los desconozca, lo descalifique de entrada. Por eso el discurso del Otro va a ser desterrado de la comprensión del ideologüemadel nacionalismo revolucionario. Hay una forma sugerente de hacerlo, cuando se lo hace a nombre del mestizaje. Bajo este postulado el indígena y lo indígena habría desaparecido en la realización de la raza cósmica, la mestiza, tal como pregona José María Albino Vasconcelos Calderón. Este escritor mexicano no podía hacerlo de otra manera pues responde a la a la experiencia de la revolución mexicana, pero sobre todo al proyecto cultural e institucional después de la revolución, proyecto institucional que se construye sobre el asesinato de Emiliano Zapata, sobre el cadáver el insigne revolucionario campesino. En todo caso deberíamos discutir tesis más contemporáneas, renovadas y diferenciales sobre la condición mestiza, como las de Serge Gruzinski, quien en el Pensamiento Mestizo plantea la comprensión del mestizaje cultural sin borrar las diferencias entre la herencia indígena y las otras herencias que configuran la modernidad periférica.  Hay que anotar varias confusiones en esta interpretación de la raza cósmica; no está en discusión el mestizaje biológico; todos somos mestizos desde nuestra condición biológica. Lo que está en cuestión es la condición histórica de subordinación, de dominación, de explotación, de exclusión en las que se encuentran las comunidades indígenas, sus formas sociales, culturales, políticas e institucionales de cohesionarse, de ser en el mundo. Lo que está en cuestión es la violencia inicial, la guerra de conquista, la colonia, la continuidad colonial, las formas del colonialismo interno, que tiene sometidos a pueblos que devienen de otros proyectos civilizatorios. Todas las sociedades criollas, desde Alaska hasta el Estrecho de Magallanes, se han construido sobre cementerios indígenas, sobre territorios despojados, sobre violencias coloniales. Estas sociedades no pueden reclamar una condición democrática si es que no se resuelve la cuestión de la herencia colonial. Tampoco puede pretender abolir el pasado colonial mediante la amnesia mestiza de que sólo cuenta el proyecto nacional.
Podemos apreciar entonces dónde radica la importancia de la emergencia y la movilización de las naciones y pueblos indígenas originarios, dónde radica la importancia de la insurrección indígena, de los levantamientos y marchas. Donde radica la importancia de su propuesta, el proceso constituyente y la Constitución. Se trata de superar la condición de incompletud permanente del Estado-nación, de un Estado-nación subordinado al orden mundial del capitalismo, mediante otra transición, la transición pluralista y comunitaria. La forma institucional de transición es el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Una transición que se plantea el cuestionamiento mismo de la matriz cultural que cobija al capitalismo, la modernidad. Que se plantea superar el capitalismo de la única forma que se puede hacerlo, de una manera civilizatoria, el cambio civilizatorio de la modernidad. La riqueza de estos planteamientos no se los puede eludir, sobre todo después de las experiencias del socialismo real. La transición de la dictadura del proletariado en la medida que se quedaba en los límites de la modernidad, por lo tanto en su condena histórica, no podía sino revivir al capitalismo por otras vías, por la vía burocrática. Las transiciones populistas y nacionalistas que se han dado en la periferia no podían sino reproducir la dependencia por otras vías sin mellar las estructuras de dominación del capitalismo a nivel mundial. Estas experiencias no pueden ser propuestas ahora como solución, ya han sido experimentadas y adolecen de límites congénitos insuperables, pues no comprendieron integralmente la problemática del capitalismo, no comprendieron la matriz colonial del capitalismo, no comprendieron la matriz extractivista y destructiva del capitalismo.
Al respecto, no se puede decir, como dicen algunas voces apresuradas y poco reflexivas de la izquierda, que el Estado plurinacional ha periclitado, hablando y refiriéndose a la crisis del proceso, cuando este Estado plurinacional nunca ha sido construido. Lo que ha hecho el gobierno es restaurar el Estado-nación para beneplácito de izquierdas y derechas. Esta izquierda es demasiado indolente y orgullosa de sus propias pobrezas como para ponerse a trabajar seriamente y reflexionar sobre los alcances de seis años de luchas semi-insurreccionales, luchas que abrieron el proceso que todavía vivimos, con todas sus contradicciones inherentes. Prefiere repetir los viejos y desgastados discursos de la dictadura del proletariado o de la soberanía Estado-nación. Un firme aliado de ambos discursos, sobre todo del segundo  es el gobierno populista, pues ha restaurado el Estado-nación y hace la propaganda de un nacionalismo descollante. Aunque también por ahí sigue hablando de un socialismo comunitario, figura paralela y complementaria del socialismo del siglo XXI, proyectos que no son otras cosas que renovaciones fragmentarias e inconsecuentes del socialismo real. Así mismo tiende a optar por métodos totalitarios para acallar la interpelación de las naciones y pueblos indígenas originarios y de los movimientos sociales que lucharon por la apertura del proceso. Eso, aunque sea un remedo cruel de la dictadura del proletariado, repite el procedimiento de los estados en su confrontación con las sociedades, el procedimiento del Estado de excepción.
A modo de conclusión
Hay algunos sepultureros que se adelantan ansiosamente, mostrando su apresuramiento, para diagnosticar la muerte temprana del proceso constituyente, regodeándose de sus contradicciones, como si éstas no se dieran en todo proceso revolucionario, como creyendo que estas contradicciones presentes anulan sus propias contradicciones históricas, manifiestas en sus fracasos e incomprensiones de las formaciones coloniales, periféricas del sistema-mundo capitalista. A estos sepultureros debemos decirles que cuando se abre un proceso como el abierto por los movimientos sociales y las luchas indígenas, no se clausura este horizonte, aunque fracase un gobierno, que no necesariamente ha respondido al horizonte abierto, sino mas bien ha mostrado su apego al pasado. El horizonte queda abierto como desafío, como visibilidad, como espacio que hay que recorrer. Esta es la tarea, tanto política como epistemológica, reconducir un proceso contradictorio y aperturar una comprensión y conocimiento pluralista, en el contexto de las teorías de la complejidad y las cosmovisiones indígenas.  
                                                         
Ciclos largos y medianos del capitalismo
Es indispensable contar una mirada temporal del capitalismo, así como una mirada espacial; a David Harvey le hubiera gustado decir geográfica, pero quizás sea mejor volver a recoger la perspectiva geopolítica del sistema-mundo capitalista, así como también las estructuras y ciclos de larga duración ya investigados por Fernad Braudel. En lo que respecta a la periferia del sistema-mundo es también importante evaluar lo que ocurre en la economía-mundo desde la perspectiva del saqueo de sus recursos naturales; desde este punto de vista, desde la temporalidad propia de los recursos naturales, de los tiempos del modelo extractivista, de la renta vinculada a la explotación con los recursos naturales, podemos hablar de los ciclos de la extracción y explotación de estos recursos, de las estructuras periféricas vinculadas a las formas del capitalismo dependiente y de los Estado-nación subalternos, a las formas de su economía rentista.
En el presente ensayo vamos a tratar de dibujar algunas de las articulaciones estratégicas entre periferia y centro del sistema-mundo capitalista, a partir de los ciclos de los recursos naturales. No se trata de configurar las formaciones económicas y sociales, tampoco la articulación de los modos de producción en la formación económica y social, aunque estos temas sean subyacentes, sino de comprender como funciona el sistema-mundo en la periferia, sobre todo en periferias determinadas, vinculadas a la extracción minera e hidrocarburífera. Uno de los casos paradigmáticos, por las características de tierra adentro, el condicionamiento geológico de la Cordillera de Los Andes, sus cadenas y ramales, del altiplano, de la Amazonia y el Chaco, es ciertamente Bolivia, su historia económica, historia política y social, si podemos hablar así. Entonces vamos a tratarnos de situar al interior de los ciclos de la minería de la plata y de la minería del estaño, y después al interior del ciclo de los hidrocarburos, como ejes dominantes en la formación de las matrices económicas. En relación a esta delimitación, se va buscar incidir en las estructuras cualitativas y no en los cuadros e indicadores cuantitativos. Estas descripciones cuantitativas se dejaran para otro momento. Lo que interesa es poder construir una interpretación conceptual de los ciclos del capitalismo desde la periferia y teniendo en cuenta la materialidad de los recursos naturales.      
Giovanni Arrighi describe los ciclos largos del capitalismo en lapsos de prolongada duración, ciclos que comienzan a durar como 220 años (largos siglos XV-XVI), es el caso del ciclo que contiene a la hegemonía genovesa, para ir acortando su duración, haciéndola menos extensa, pero sí más intensa; el siguiente ciclo dura 180 años (largo siglo XVIII), es el caso del ciclo que contiene a la hegemonía holandesa; le sigue un ciclo de 130 años (largo siglo XIX), es el caso del ciclo que contiene la hegemonía británica; por último le sigue un ciclo de 100 años (largo siglo XX), que corresponde al ciclo que contiene la hegemonía estadunidense[16]. Durante estos ciclos la estructura de la hegemonía se mantiene, también la configuración y composición del estilo del capitalismo desplegado. Lo que se observa es un avance hacia el dominio del capital financiero, pasando por el capital comercial y el capital industrial. Habría que hacer dos apuntes sobre el estilo hegemónico de los países y las burguesías involucradas; la hegemonía genovesa se basa en una fuerte red comercial y financiera, apoyada de alguna manera por las ciudades Estado; la hegemonía holandesa se basa en la creación de un sistema de acciones que amplían considerablemente los recursos de capital, apoyados de alguna manera por su Estado, constituido después de una larga lucha con el imperio español, del que formaron parte; la hegemonía británica se basa en el imperialismo del libre comercio, el dominio del mar, y en la revolución industrial, que trastoca las condiciones de la producción capitalista, apoyada directamente por un Estado territorial que se articula plenamente con el capitalismo; la hegemonía estadounidense se basa en el auge del sistema de libre empresa, una revolución administrativa y en la organización de la producción en cadena, apoyados por un imperialismo geopolítico y estratégico a escala mundial, emergiendo después de las conflagraciones mundiales como hiperpotencia económica, tecnológica, militar y comunicacional.
Comprendiendo estos grandes ciclos del capitalismo, debemos entender cómo han incidido en la configuración del sistema-mundo capitalista, en la relación entre centro y periferia, cómo han afectado y estructurado las economías en la periferia, pero también cómo han afectado en la formación de sus estados y sus formaciones económicas y sociales. Para hacer esto es conveniente centrarse en lo que pasa con los recursos naturales, pues los países de la periferia del sistema capitalista son convertidos en reserva de recursos naturales, productores y exportadores de materias primas. La división internacional del trabajo les asigna esta tarea, reduciéndolos a países que transfieren valores, que constantemente sufren de des-acumulación relativa y de despojamiento de sus recursos naturales y económicos, debido a la constante reaparición de a acumulación originaria de capital, en beneficio de la acumulación ampliada de capital de los países del centro, sobre todo de la potencia hegemónica. Desde esta perspectiva, desde las miradas de la periferia, se puede hablar de los ciclos de despojamiento de los recursos naturales, durante los ciclos hegemónicos del capitalismo. En Bolivia podemos distinguir los ciclos de la plata, del estaño y de los hidrocarburos, correspondientes a la hegemonía británica y a la hegemonía estadounidense. Lo que se da antes, durante la hegemonía genovesa y holandesa, ocurre bajo el manto del dominio del imperio español; la articulación con el sistema-mundo se produce a través de las redes comerciales monopolizadas por la Corona española. Los virreinatos, las audiencias y las capitanías son formas administrativas extraterritoriales de la Corona y del imperio; en ese contexto histórico otra modernidad se gestaba durante esos siglos coloniales, anteriores a la revolución industrial[17]. Las independencias en el continente coinciden con la hegemonía británica y las repúblicas constituidas se articulan con el sistema-mundo a través de las redes comerciales del dominio marítimo británico. Entonces los ciclos de la economía de la plata, de la economía del estaño y de la economía de los hidrocarburos son como las matrices de espacio-tiempos que condicionan la conformación de los circuitos, de los mercados, de los flujos de capital, de la infraestructura técnica y material de las instalaciones productivas, de las minas, de los ingenios, de los sistemas de exploración y explotación de yacimientos, de los ferrocarriles y los caminos. Un tejido de relaciones sociales atraviesa y usa estos dispositivos, formas de propiedad, relaciones con el mercado externo, con el capital financiero, relaciones con el Estado, normas jurídicas, cruzan estos ámbitos de circuitos, flujos y stocks. Las poblaciones se asientan en los territorios y en los espacios configurados por estos procesos de articulación al capitalismo, las sociedades forman sus estratificaciones, se conforma un mapa institucional y se termina dándole un carácter al Estado, definido por el perfil de los gobiernos. Lo que interesa es comprender en qué se distinguen estos ciclos en la periferia; ¿cuál es la característica del ciclo de la plata a diferencia del ciclo del estaño y en qué se distinguen estos ciclos del ciclo de los hidrocarburos?
Nacimiento del ciclo de la plata
No se puede insertar mecánicamente los recorridos de los minerales, de los hidrocarburos, en general de los recursos naturales, dentro de los llamados ciclos del capitalismo, pues estas materialidades geológicas, sus lógicas de explotación y producción, terminan imponiendo también sus propias temporalidades y sus propios ritmos, que no necesariamente coinciden con los ciclos del capitalismo, aunque hay que entender que estos terminan condicionando a partir de sus propias estructuras y trasformaciones estructurales a las formas de exploración y explotación de los recursos naturales. Sin embargo, lo que interesa es identificar las formas de articulación de la periferia y el centro del sistema-mundo capitalista para entender las lógicas de acumulación y des-acumulación, las lógicas de acumulación ampliada de capital y las lógicas de la acumulación originaria o por despojamiento, cómo se forman las estructuras especificas económicas en la periferia y cuáles son las características de la administración estatal participes de estas lógicas e inscrita en el campo de las articulaciones entre centro y periferia. Por estas razones usamos la figura de ciclo de los recursos naturales más como una aproximación al condicionamiento de los ciclos hegemónicos del capitalismo.
A propósito, hay que hacer por lo menos dos anotaciones, que una cosa es la geología de los recursos naturales no-renovables, cuyos orígenes tienen que ver con la formación de la tierra, y por lo tanto su tiempos se pierden los nacimientos mismos del sistema solar; también que otra cosa es las grandes temporalidades históricas de la explotación minera, que incluso datan de tiempos pre-coloniales, y atraviesan varios ciclos del capitalismo, en los periodos coloniales y en los periodos republicanos; y algo distinto es tratar de identificar los condicionamientos de los ciclos del capitalismo, sus hegemonías y dominaciones, sobre las formas de explotación de los recursos naturales. Como se puede ver, la preocupación del ensayo no es geológica, tampoco hacer una historia larga de la minería como base de la economía de una región de la periferia, sino entrever las articulaciones entre ciclos del capitalismo, formas de acumulación y formas de explotación, coincidentes en temporalidades identificadas de hegemonía y dominio del capitalismo.      
Sergio Almaraz Paz dice que la estructura de poder de la minería de la plata era directa, los propietarios de minas eran a la vez los que ejercían también las funciones de gobierno, además de contar con tierras[18]. Antes de ellos los caudillos militares ejercieron directamente el ejercicio de gobierno, en una compulsa intensa y caótica entre caudillos, usando el motín como medio de expresión política, en un ambiente donde preponderaba precisamente el vacío político[19]. La Guerra del Pacífico (1879) marca dramáticamente el derrumbe de una forma de Estado, condicionado por la propiedad latifundista y la explotación servil de la población nativa, por las relaciones de explotación gamonal, ámbito de relaciones mezcladas con las relaciones capitalistas, promoviendo articulaciones complejas como las que se dan en la explotación de las propiedades mineras, explotación que se hace de manera rudimentaria y combinando relaciones salariales con relaciones casi serviles. La crisis del Estado gamonal se hace sentir hasta el fin del siglo XIX cuando estalla la Guerra Federal (1898-1899). El derrumbe del Estado gamonal abre el espacio a los periodos del Estado liberal, que no expresa una figura federal sino mas bien unitaria, como resultado de los acuerdos entre la burguesía comercial y minera paceña con los terratenientes y mineros del sur, entre el ejército del norte y el ejército del sur. El epicentro del poder deja de ser Sucre con el traslado de la sede de gobierno a La Paz. Se inicia una nueva época en la historia política, se conforma un sistema liberal, reciclado y reproducido por elecciones, se establece legalmente un sistema democrático, empero reducido a una restringida población votante de hombres, propietarios privados e ilustrados. Las grandes mayorías, sobre todo las naciones y pueblos indígenas fueron excluidos de participar en este Estado liberal. Los partidos liberales y después los republicanos se harán cargo del gobierno hasta la siguiente crisis estructural. Este es el perfil de la configuración de la superestructura, en tanto que en la estructura o base económica se va conformando un modo de producción capitalista subalterno y supeditado. Después de la firma del tratado de 1904, que terminaba entregando a Chile los territorios costeros conquistados por medio de la violencia de la guerra, se termina de resolver la salida de los minerales Bolivianos por el pacífico. En este sentido podemos decir que los más interesados en la firma del tratado de 1904 eran los liberales y los propietarios de minas.
Hagámonos una pregunta directa: ¿Cuáles son las articulaciones en este ciclo de la plata con la economía-mundo capitalista y con el sistema-mundo capitalista? Para responder esta pregunta, basémonos en las investigaciones de Antonio Mitre y Gustavo Rodríguez Ostria, quienes efectúan una prospección histórica en la historia de la minaría durante el siglo XIX. Antonio Mitre publica su tesis de doctorado con el título sugestivo de Los patriarcas de la plata[20]y Gustavo Rodríguez trabaja un ensayo evaluativo de la investigación de Antonio Mitre titulado Fuentes para historia de la minería boliviana del siglo XIX[21]. En eta evaluación Gustavo Rodríguez hace al principio dos anotaciones que deberíamos resaltar en nuestro análisis. Dice que desde 1873 a 1885 la minería de la plata logró movilizar un importante flujo de capital tanto extranjero, preponderantemente chileno, y nacional para tecnificar la fase de extracción, refinado de mineral y sistema de transporte. La otra anotación nos muestra el desarrollo de una minería de la plata que no integra el mercado interno, tampoco se integra al mercado interno, ocasionando más bien su desmembramiento, fortaleciendo el mercado chileno por medio de la importación. De estas dos anotaciones obtenemos dos datos de suma importancia, la articulación con la economía-mundo a través de la inversión de capital y la tecnificación de la extracción minera. El otro dato es que este despliegue de capital y su articulación con el mercado internacional a través de las rutas del pacífico desmembra el mercado interno, no beneficia una acumulación endógena de capital sino una acumulación exógena de capital. Hablamos de un desarrolloeconómico articulado al mercado externo empero des-articulador del campo económico nacional, lo que no ocurría, según Sempat Assadourian con el funcionamiento del espacio peruano de raigambre colonial[22].
¿Cómo funciona esta forma de capitalismo extractivista? ¿Desarticula completamente el campo económico nacional, de alguna manera cohesionado por el mercado interno? No ocurre de una forma tan extrema, se dan ambas conformaciones, una red de articulaciones al mercado externo, también un campo económico endógeno, cohesionado por un incipiente y rudimentario desarrollo del mercado interno. En este contexto estructurado el mercado interno termina supeditado al mercado externo, el campo económico nacional termina supeditado a la economía-mundo capitalista. Gustavo Rodríguez Ostria nos muestra que paralelamente al emprendimiento de grandes empresas y grandes inversiones de capital se daba un entorno significativo y extendido de pequeñas empresas vinculadas al kajcheo, a un trabajo a destajo, improvisado y rudimentario, no asalariado, sino que puede entenderse como una forma combinada y perversa de la reciprocidad, el kajchero ingresaba a la mina aportando las herramienta, los instrumentos y la pólvora, dirigidos por un barretero; en cambio el dueño de la mina aportaba con la propiedad. Una vez terminado el trabajo se hacían las entregas del mineral y el reparto se daba a mitades. La ventaja del propietario consistía en que tenía sometidos a los trabajadores mineros del kajcheo por adelantos y anticipos; terminaba comprándoles el mineral a precios más bajos que en el mercado, obteniendo ventajas comparativas. Puede observarse que alrededor de estos trabajadores, de las pequeñas y medianas empresa, que terminaban supeditadas a las grandes empresas, se forma una red de circuitos mercantiles destinada al consumo de estas poblaciones y centros mineros. Por lo menos la producción agrícola de los valles se encuentra vinculada al consumo de los centros mineros y de las ciudades. ¿Qué pasa con la producción agrícola y pecuaria de Santa Cruz? Parece que desde la vinculación de la minería al mercado externo y a las grandes inversiones de capital, desde la explotación a gran escala, se opta por la importación marginando a la producción del oriente. Se descompagina el espacio nacional o la construcción de este espacio, se lo descoyunta, replegándose hacia la región minera, que creara sus propios entornos en los valles y sus rutas comerciales con Chile, Perú y Argentina. Con esto también se aleja de toda posibilidad de elaborar una geopolítica propia, articuladora, por lo menos cohesionadora de los territorios y de la geografía nacional. Esta cohesión, esta articulación tendrá que esperar a la revolución nacional de 1952 cuando se articule oriente y occidente con la construcción de la carretera que une Cochabamba y Santa Cruz, cumpliendo con lo proyectado con el Plan Bohan. Hasta entonces se tiene que cerrar el ciclo de la minería de la plata o del dominio de la minería de la plata, sufrir la crisis de esta minería, y abrirse un nuevo ciclo, el de la minería del estaño. Además se tendrá que vivir la dramática experiencia de la Guerra del Chaco.
Nacimiento del ciclo del Estaño
La clausura del ciclo de la plata no quiere decir que se ha dejado de explotar este mineral, sino que ya no va a ser el eje de la economía boliviana. La crisis de precios de la plata en el mercado internacional a fines del siglo XIX, su reducción calamitosa, va a convertir en insostenible su explotación, por lo menos con la tecnología empleada en el siglo XIX. El mercado internacional va demandar durante el siglo XX otros minerales para el consumo de su industria, entre ellos el estaño, sobre todo debido a la demanda de la industria bélica en los periodos de las dos guerras mundiales. Esta demanda del estaño va hacer emerger en Bolivia otro estilo de minería, con mayor composición tecnológica y mayor composición del capital, articulado de una forma más directa al sistema financiero internacional. En este contexto emerge una burguesía minera cualitativamente más fuerte y dominante que la anterior; una burguesía cuyo epicentro se va conocer como el núcleo hegemónico de los “barones del estaño”. Ellos son los conocidos personajes como Simón I. Patiño, Mauricio Hoschild y Carlos Víctor Aramayo. Simón I. Patiño comenzó fortuna con el descubrimiento de una veta sumamente rica el año 1900, en la mina La Salvadora; por esta razón la mina lleva ese nombre. Esta mina se encuentra en el cerro Llallagua del departamento de Potosí. A partir de entonces emprende una carrera ascendente en el rubro de la minería, convirtiéndose no solamente en el más emprendedor propietario minero sino en uno de los hombres más ricos del mundo.  En adelante fue adquiriendo otras minas, su fortuna creció raudamente. Durante 1910 termina conformado un complejo minero vigoroso aglutinando las minas de Llallagua, Catavi, Siglo XX, Uncía y Huanuni, además de otras propiedades de su entorno. Durante 1911 con el objeto del transporte de minerales desde sus minas construyó el Ferrocarril Machacamarca-Uncía. Este magnate fue adquiriendo acciones de mineros chilenos en minas bolivianas mediante compras secretas en la bolsa de Santiago de Chile. Así de este modo logro obtener la mayoría de las acciones de la Compañía Estañífera de Llallagua, hasta entonces en manos de capitalistas chilenos. Cuando se cumplió con el cometido se podría decir que habría nacionalizado la minería. En de 1924 apuntaló su emporio en la Patiño Mines and Enterprises and Consolidated, Inc., cuyo registro se encuentra en Delaware de los Estados Unidos de América. En el conglomerado se encontraban la Compañía Estannífera Llallagua, la Salvadora y el ferrocarril Machacamarca Uncía. La expansión del magnate siguió avanzando, Patiño adquirió las fundidoras de Liverpool (Willams Harvey & Co.), también lo hizo con la fundidora de estañó en Alemania. Su expansión lo llevó a la lejana Malasia, comprando también minas en este país asiático. Se trata, como se puede ver de un crecimiento vertical, logrando conformar un dominio integral de sus intereses; esta ubicación en la economía-mundo del estaño le otorgó la gran posibilidad de jugar un papel determinante en la conformación del Comité Internacional del Estaño. Este comité fue, en realidad, el primer cartel que intentó controlar el precio de una materia prima.
En la historia y perfil de este magnate se puede observar las formas de articulación de la economía boliviana con la economía-mundo en ese periodo del ciclo del estaño. La economía boliviana, una economía dependiente, circunscrita al modelo extractivista, se hace cada vez más accesoria del mercado internacional, cada vez más se supedita al mercado externo y a sus condicionamientos. Los que ganan en este proceso de subsunción, en esta intermediación, son los miembros de esta burguesía minera; el que pierde es el Estado boliviano, que no se beneficia con este crecimiento vertiginoso de la riqueza de esta burguesía y su internacionalización. Obviamente en este proceso de supeditación los grandes perdedores son las mayorías de la población boliviana, en términos estructurales y sistémicos, la sociedad boliviana.  El Estado no llegaba a percibir sino un porcentaje miserable de las ganancias de las empresas mineras. Esta polarización, si se puede hablar así, entre la expansión, el crecimiento internacional de la minería privada, y un Estado pobre, sin recursos, atormentado por sus conflictos y contradicciones, es mantenida, inducida, y legitimada por el llamado super-estadominero, es decir el conjunto de dispositivos y mecanismos de influencia de las empresas mineras sobre el Estado. Los ministros eran nombrados por el super-estado, había una planta de abogados y bufetes que defendían los intereses de los magnates, los medios de comunicación caían en el campo gravitatorio de esta estructura de poder, también el ejército formaba parte de este diagrama de poder. En El Poder y la caída Sergio Almaraz caracteriza a la estructura del poder minero de una manera penetrante y analítica, escribe:
El nuevo poder es consciente de sí mismo. Al saber que hay diferencia entre sus intereses y los de Bolivia, busca una cierta forma de unidad entre sus integrantes, trata de armonizar la conducta de las empresas, de estereotipar actitudes y planteamientos y se afana por lograr un sentido solidario en la conducta de los mineros grandes. Todo ello le servirá para la actividad legal y la conspirativa, para presentar el rol “progresista” y “nacional” de la empresa y para definir ese mismo rol en términos más íntimos y menos propagandísticos.
Se forma un espíritu de cuerpo, se podría decir también que se forma una conciencia de clase; si fuera dúctil este término y esta clasificación, puesto que de lo que hablamos es de una estructura de poder, una red de relaciones y de fuerzas influyentes, de un conjunto de engranajes y mediaciones que manejan al Estado. Se trata de comportamientos y de subjetividades, de posicionamientos afines, que terminan reproduciendo la estructura de poder dominante.
No se trata aquí de hacer la historia del poder y la caída de esta burguesía minera; esto ya se hizo, se efectuó el análisis del ascenso de esta burguesía no solamente en la estructura económica, en la estructura social y en la estructura política de Bolivia, sino en los ámbitos del dominio de los grandes monopolios capitalistas y de las finanzas. Sergio Almaraz Paz nos dejó esta mirada penetrante de la formación económica y social de Bolivia en época definida por la explotación del estaño. Lo que hacemos es teniendo en cuenta estas estructuras de poder es dibujar las articulaciones que conectan y condicionan la relación entre centro y periferia en el sistema-mundo capitalista. De lo que se trata es de responder a la pregunta de cómo se configura, se conforma y se consolida esta articulación de una manera específica en una historia concreta, como se articulan la explotación minera, los ferrocarriles, los caminos, los mercados y las instituciones al sistema-mundo capitalista y a la economía-mundo capitalista, cómo se realiza este sistema-mundo en regiones determinadas con características definidas por contener reservas estratégicas de recursos naturales. De lo que se trata es entender cómo el modelo extractivista convierte las articulaciones con el sistema-mundo capitalista en cadenas que atan y condenan a la división internacional del mercado, convirtiéndose en una estructura de dominación del orden mundial sobre las regiones de la periferia.
Perfiles del ciclo del petróleo
Sergio Almaraz Paz escribe en su libro Petróleo en Bolivia que:
Hay una abundante bibliografía acerca de la existencia de petróleo en Bolivia. Varios autores coloniales se refieren a “bitúmenes o jugos de tierra” que afloran a la superficie en diversos puntos del territorio del Alto Perú. Desde fines del siglo pasado científicos bolivianos y extranjeros exploraron el territorio nacional en busca de petróleo. En 1895 se obtuvieron las primeras muestras en la zona de Incahuasi, a orillas del río Azero, en el departamento de Chuquisaca. Según se cuenta, su descubridor, Ignacio Prudencio, intentando una segunda exploración, fue devorado por un puma o algún otro felino. Varias monografías e informes científicos demostraron la indudable riqueza petrolera en el norte. Centro y sudeste del país[23].
La historia del petróleo en Bolivia no es distinta a la del ciclo de la plata y a la del ciclo del estaño, salvo porque se trata de un recurso fósil y obviamente la extracción del petróleo requiere de otros métodos y otra tecnología. También podríamos decir que se produce un desplazamiento en la propia forma del capitalismo, de las estructuras del capitalismo, pues a partir de un determinado momento, que de alguna manera es posterior a la revolución industrial, la modernidad, la civilización moderna, puede ser concebido como la civilización del recurso fósil. La matriz energética de este capitalismo es indudablemente la energía obtenida de los hidrocarburos, prioritariamente del petróleo. Hablamos de un capitalismo que se va alimentar de petróleo, aunque no sólo, pues la explotación de los recursos minerales va a continuar, sólo que esta vez, fuertemente articulados al extractivismo hidrocarburífero.
Aunque la importancia de los hidrocarburos en la economía boliviana es reciente; se hace indispensable cuando se da la crisis de los precios de los minerales. La baja de estos precios convierte el ingreso por concepto de exportación de petróleo y gas en el de mayor peso gravitante, a tal punto que podemos hablar de una economía hidrocarburífera, sobre todo gasífera. El año 2010 las exportaciones por concepto de hidrocarburos se aproximaron a los 3000 millones de dólares, lo que hace una participación preponderante en un total del valor de las exportaciones que se aproximan a los 7000 millones de dólares, lo que convierte su aportación aproximadamente en un 43% de la estructura de las exportaciones. Comparando con la participación de los minerales en la estructura las exportaciones, que es del orden del 27%, y con la participación agropecuaria que fue del orden del  26%, ya se puede ver la importancia de los hidrocarburos en la economía boliviana. Pero también se puede ver que se trata de una típica economía primario exportadora.
Recogiendo la perspectiva histórica, podemos decir que al ciclo de la economía de la plata le sigue el ciclo de la economía del estaño y a este ciclo de extracción minera le sigue el ciclo de la economía de los hidrocarburos. Podemos decir que el primer ciclo extractivista, el de la plata, está asociado a la hegemonía del ciclo del capitalismo británico, en tanto que el ciclo de la economía del estaño, se reparte entre la clausura de la hegemonía británica y el inicio de la hegemonía del ciclo norteamericano. El ciclo extractivista de los hidrocarburos continúa acompañando a la hegemonía del ciclo capitalista de hegemonía norteamericana, empero en una etapa avanzada de este ciclo, cuando se vislumbran síntomas de la crisis estructural del capitalismo, en pleno dominio estructural de la forma del capitalismo financiero. Síntomas de la crisis que muestran también la curva descendente del modelo energético, de la llamada civilización de la energía fósil, así como también se tienen evidencias de la extensión del a crisis ecológica.
La extracción hidrocarburífera deja huecos, pozos vacíos, así como la extracción minera dejó cementerios mineros, además de dejar la contaminación en la zona y en la región, cuyos costos ecológicos nunca son contabilizados. ¿Cuánto de esta historia extractivista ha beneficiado al país? Ya dijimos que la división internacional del mercado y del trabajo, la geopolítica del sistema-mundo capitalista, convierte a los países de la periferia del capitalismo en la geografía del despojamiento, de la eterna acumulación originaria de capital. En tanto que los países del centro del sistema-mundo se convierten en el espacio de la acumulación ampliada de capital, principalmente donde concurre la hegemonía y el dominio del ciclo del capitalismo vigente.
Dadas las características del control y administración de los recursos hidrocarburíferos de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), por lo menos nominal, se puede seguir lo que pasa con los ingresos provenientes de los hidrocarburos, provenientes de la parte del excedente que retiene el Estado por la explotación del recurso fósil. Esto se encuentra en el Presupuesto General del Estado.
Lo que se observa es que los ingresos de los hidrocarburos se distribuyen y son absorbidos por el Tesoro General de la Nación, por los gobiernos departamentales, por los gobiernos municipales, por las universidades y por el Fondo Indígena. En otras palabras, la mayor parte del ingreso de destina al gasto administrativo del complejo de gobiernos del Estado, gobierno central y gobiernos autonómicos, además de universidades. El modelo extractivista no sirve para salir del extractivismo sino para mantenerse en el mismo, como una condena. No es una lógica que apunte a la inversión productiva, al cambio de la matriz económica, sino es un modelo de economía rentista. En este caso, mucho más que en el caso de la minería, se puede decir que la economía extractiva de los hidrocarburos vive de la expoliación a la naturaleza, aunque también hay la parte de la explotación de la fuerza de trabajo, pero una intensidad y extensión menor que la dada en la minería.
La venta de los hidrocarburos se divide, de acuerdo a su destino, en una mayor parte  destinada al mercado externo, en su condición de materia prima,  y una parte mucho menor destinada al mercado interno, en su condición de combustibles. Del Impuesto Especial a los Hidrocarburos IEHD, que es un impuesto a la importación y a la comercialización de los hidrocarburos en el mercado interno, el 75% se queda en el TGN, el 20% de distribuye a los gobiernos municipales y el 5% se distribuye a las universidades. Del Impuesto Directo a los Hidrocarburos IDH, que corresponde al 32% de la producción de hidrocarburos, el 19% se queda en el TGN, el 10% va a los gobiernos departamentales, el 35% a los gobiernos municipales, el 7% a las universidades, el 3,5% al Fondo Indígena y el 25,5% a la renta dignidad. De las regalías por hidrocarburos, que corresponde al 18% de la producción, el 33,3% se queda en el TGN y el 66,7% va los gobiernos departamentales.
Como se puede ver y como dijimos antes, estamos ante un modelo económico típicamente extractivista, empero, también y casi por lo mismo estamos ante una economía rentista. La excusa del extractivismo, de la incursión en el extractivismo de las élites gobernante, de las fracciones de la burguesía minera, pero también de los gobiernos nacionalistas, sobre todo cuando se trata de la explotación de los hidrocarburos, es de que esta apertura a los capitales, esta explotación extractivista va permitirnos ingresar en el desarrollo, suponiendo que la acumulación extractivista va crear las condiciones iniciales de la inversión industrial. Pero esto no ocurre generalmente, es una ilusión de los desarrollistas; la lógica de la acumulación vinculada a la explotación de hidrocarburos está íntimamente relacionada a la lógica de la acumulación de capital, que se da a nivel mundial. Los efectos multiplicadores de esta explotación, la mayor parte del excedente, no se queda en los países periféricos, sino vive el curso de los ciclos de inversión y acumulación a escala mundial. Los que se benefician son los que controlan  el monopolio financiero, el monopolio tecnológico, el monopolio de acceso a los recursos naturales, el monopolio de los mercados y el monopolio militar. Generalmente la industria, el capital industrial, no nace porque tiene como antecedente alguna matriz extractiva, nace porque se formó un capital industrial, por intermediación de una burguesía industrial, o en su caso por participación del Estado. Incluso, cuando esto último ocurre se observa la tendencia a que no se dé propiamente una acumulación; no se comporta el Estado como un administrador de empresas, sino que tiende a seguir mas bien una lógica rentista, salvo en los escasos casos donde la geopolítica estatal logra cruzar los umbrales de la lógica rentista e ingresa en la lógica de la acumulación.  
La genealogía de las nacionalizaciones
La historia de los hidrocarburos en Bolivia está vinculada a la historia dramática de sus insurgencias y de sus actos heroicos, a los procesos de nacionalización, en contraste con los periodos de apertura y de concesiones al gran capital de las empresas trasnacionales. Hay que seguir esta historia en el devenir de tres nacionalizaciones, la de 1937, después de la Guerra del Chaco, la de 1969, durante el gobierno del general Ovando Candía, y la de 2006, en el primer año y la primera gestión del gobierno de Evo Morales.
En un sentido homenaje al Ingeniero Enrique Mariaca, homenaje que se encuentra en una revista de Jubileo, dedicada a la nacionalización de los hidrocarburos, reproduciendo las Memorias del insigne ingeniero ligado al destino de los hidrocarburos en Bolivia, en la introducción la de las memorias se  escribe:
Al mediodía del 14 de junio de 1935, bolivianos y paraguayos dejaron caer sus armas para darse un abrazo emotivo, en medio de un llanto sin rencor. La Guerra del Chaco había llegado a su fin, pero no era la última batalla de los patriotas en la defensa del petróleo[24].
Dos años más tarde se nacionalizaba a la empresa concesionaria Standard Oíl por incumplimientos múltiples y estafa al Estado boliviano. Entre los acuerdos que tenía con el Estado era el abastecimiento del mercado interno, que nunca cumplió. En la misma revista, en la parte de las memorias del Ingeniero Mariaca, el autor de las mismas interpreta la situación del modo siguiente:
Sin embargo, el abastecimiento del mercado interno no fue prioritario para la Standard Oíl que buscó, principalmente, obtener información valiosa sobre el potencial hidrocarburífero del país, a objeto de preservar reservas hidrocarburíferas a futuro ya que, en ese tiempo, contaba con importantes volúmenes de producción en el ámbito mundial. Toda esta información geológica, junto con los datos de las inversiones realizadas dentro del contrato de concesión, no fue entregada al gobierno boliviano para su aprovechamiento. Además, Bolivia debía importar desde Perú el combustible necesario para el consumo interno, el cual, irónicamente, era producido y comercializado por la misma Standard Oíl en Perú. Este conjunto de irregularidades, además del incumplimiento del pago de regalías y patentes, la resistencia a ingresar en etapas de producción y las denuncias presentadas sobre exportaciones ilegales de petróleo del campo Bermejo hacia Argentina –donde también la empresa tenía concesiones– ocasionaron que en marzo de 1937, durante el gobierno del general David Toro, se decidiera la caducidad de todas las concesiones de la Standard Oíl en territorio boliviano y la reversión total de sus bienes a favor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), empresa estatal creada el 21 de diciembre de 1936. Finalmente, en 1942, luego de varias solicitudes presentadas, y a cambio de la información geológica obtenida por la Standard Oíl durante el tiempo de permanencia en Bolivia, se llegó a un acuerdo de indemnización por un millón de dólares aproximadamente, equivalente a unos sesenta millones de dólares en la actualidad[25].
Estas situaciones de enfrentamientos entre Estado y empresas trasnacionales de los hidrocarburos va volver a repetirse, sobre todo por el comportamiento sinuoso de las empresas, acostumbradas a manejar los negocios, los altos negocios, los negocios estratégicos, como es este del petróleo y del gas, como creen que se debe, imponiendo la ley del más fuerte. Si no imponen sus propias normas internacionales, que siempre les favorece, transgreden las propias normas nacionales. Siempre buscan el sobre-beneficio, la ganancia extraordinaria  en todos los detalles, en todas las transacciones, y cuando pueden ocultan información. Ante sus jugadas, todos los conquistadores y piratas se quedan pequeños. Han ocasionado guerras por todas partes, como en el caso de la Guerra del Chaco y siguen haciéndolo.  Esta historia de trampas se vuelve a repetir con la Gulf Oíl treinta años más tarde.
El ingeniero Mariaca escribe:
El 26 de septiembre de 1969, el General Ovando Candía asumió la Presidencia de la República y casi inmediatamente, en fecha 17 de octubre del mismo año, decidió revertir las concesiones de la Gulf Oíl Company al Estado, así como nacionalizar todos sus bienes e instalaciones, incluidos muebles, medios de transporte, estudios, planos, proyectos y todo otro bien, sin excepción alguna. Producto de esta nacionalización, la Gulf Oíl Company entró en disputa con el gobierno boliviano y aplicó un embargo petrolero que impedía a Bolivia la comercialización del petróleo producido y la continuación de la construcción del Gasoducto Bolivia–Argentina, que hasta entonces presentaba un avance de 10%, aproximadamente.
En los dos casos, el de la nacionalización de la Standard Oíl en 1937 y el de la nacionalización de la Gulf Oíl en 1969, ambas empresas consiguieron hacerse indemnizar, lo que descapitalizó a la empresa estatal. En la medida que tienen el monopolio del mercado, el monopolio financiero y el monopolio tecnológico, logran chantajear, presionar, efectuar coerción sobre los gobiernos nacionalistas. Ante la eventualidad de no poder vender la producción, se sienten acorralados y ceden.
De la primera nacionalización a la segunda, las reservas comprometidas son mayores, la escala de la economía hidrocarburífera es mayor, así también los compromisos de venta, sobre todo en el caso de la Gulf Oíl, que contaba con reservas gasíferas y con negociaciones de venta de gas a la Argentina. El Estado se hace cargo cada vez de mayores dimensiones del proceso hidrocarburífero, comprendiendo la exploración, la explotación, la separación de líquidos, la industrialización y la comercialización. Por lo tanto la confrontación con los dominios de estas empresas es mayor. La situación de enfrentamiento entre Estado y empresas trasnacionales hidrocarburíferas vuelve a reaparecer en los primeros años del milenio, esta vez haciéndose clara y directa la confrontación entre empresas trasnacionales y pueblo, incluso entre pueblo y gobierno neoliberal.
Después de seis años de luchas semi-insurreccionales, de procesos desatados por los movimientos sociales autogestionarios, autoconvocados y con vocación al autogobierno, se abre un proceso constituyente que irradia el poder constituyente de los movimientos sociales y naciones y pueblos indígenas originarios. Se optan por elecciones después de la fabulosa movilización de mayo y junio de 2005, que toma la ciudad de La Paz, de El Alto, de Oruro y Potosí, culminando con la toma de la capital, Sucre, donde se encontraba sesionando Congreso para tratar una nueva sustitución constitucional. El pueblo movilizado obligó a la extraordinaria sesión del Congreso a la renuncia del presidente del Congreso y del presidente de la cámara baja, habilitando la sustitución constitucional del presidente de la Corte Suprema, quien recibía el mandato de convocar a elecciones.
En adelante transcribimos el balance que hace de la tercera nacionalización la Fundación Jubileo en la revista mencionada[26].
Las elecciones realizadas a fines del año 2005 llevan a la presidencia a líder sindical Evo Morales Ayma, quien asumió la Presidencia de la República el 22 de enero de 2006. Entre las primeras medidas que adoptó el flamante gobierno popular fue la promulgación del Decreto Nº 28701 de Nacionalización de los Hidrocarburos “Héroes del Chaco”. El objetivo de esta norma fue recuperar, a favor del Estado, la propiedad y el control absoluto y total de los recursos naturales hidrocarburíferos del país. Además, con la emisión de este decreto, se pretendía que las empresas petroleras que realizaban actividades de producción de gas natural y petróleo entregasen toda esta producción a YPFB, empresa que definiría nuevas condiciones comerciales, aplicando una política de reposición de reservas que no fue aplicada luego del proceso de capitalización.
La medida inmediata más efectiva y más visible de cambio, a propósito de la nacionalización, fue la aplicación, durante un periodo de seis meses, de una participación para YPFB equivalente a 32% del valor de la producción, adicional al pago de 50% que ya se tributaba a partir de la vigencia de la Ley Nº 3058. Hay que aclarar, sin embargo, que esta participación no se aplicaba a todos los campos, sino solamente a aquellos cuya producción de gas natural se encontraba por encima de los 100 millones de pies cúbicos por día, es decir que esta participación se aplicaba prácticamente a los mega-campos San Alberto y Sábalo, operados por la empresa Petrobras Bolivia S.A.
Una segunda medida importante fue la conminatoria para la suscripción de nuevos contratos petroleros, los mismos que debían ser firmados dentro de un plazo máximo de 180 días, en las condiciones establecidas por el Gobierno nacional, caso contrario, las empresas petroleras no podían seguir operando en el país. Para este fin, se instruyó al Ministerio de Hidrocarburos y Energía realizar auditorías petroleras que permitan cuantificar el monto de inversiones que iba a ser reconocido a cada una de estas empresas, así como las amortizaciones, costos de operación y rentabilidad de cada campo.
Con estas medidas se potenciaría a YPFB para que nuevamente, después de tantos años, asuma la operación y administración de toda la cadena productiva de hidrocarburos. De acuerdo con el Decreto de Nacionalización, YPFB debía reestructurarse de manera integral y debía convertirse en una empresa modelo, transparente y eficiente. Lamentablemente ese cambio tan esperado aún no se ha producido, ya que la empresa petrolera todavía se encuentra en una situación muy crítica, con falta de recursos humanos, técnicos y económicos.
La información sobre el sector todavía es muy escasa y los datos que se publican de manera oficial no son presentados de manera oportuna. Respecto a otras determinaciones de esta tercera nacionalización, no se puede dejar de mencionar la transferencia a favor de YPFB, a título gratuito, de las acciones del Fondo de Capitalización Colectiva de las empresas capitalizadas Chaco S.A., Andina S.A. y Transredes S.A., que eran administradas por las AFP. Complementando esta medida, se instruye, como parte de la nacionalización, que YPFB controle, como mínimo, el 50% + 1 de las acciones necesarias en las empresas citadas, además de Petrobras Bolivia Refinación y la Compañía Logística de Hidrocarburos Bolivia.
Con el control de estas empresas se pretendía que YPFB retome las actividades de exploración, explotación, transporte, refinación, almacenaje y comercialización de todos los hidrocarburos en el territorio nacional.
Sin embargo, luego de la promulgación del Decreto de Nacionalización se sucedieron eventos que alteran al mismo proceso de nacionalización:
En septiembre de 2006 se iniciaron las auditorías a las empresas petroleras a cargo del Ministerio de Hidrocarburos y Energía, bajo la dirección del ingeniero Enrique Mariaca Bilbao. A través de un proceso de contratación, estas auditorías fueron adjudicadas a 11 empresas consultoras, a objeto de determinar las inversiones que serían reconocidas para la puesta en vigencia de los nuevos contratos petroleros. Sin embargo, considerando la elevada tasa tributaria fijada para los mega-campos y el plazo definido en el Decreto Supremo, estos contratos fueron suscritos en fechas 27 y 28 de octubre de 2006, dejando de lado los resultados que dichas auditorías estaban obteniendo.
El tipo de contrato aplicado fue el Contrato de Operación, el mismo que contenía siete anexos técnicos, contables y económicos. Entre ellos se encuentran el Anexo F y el Anexo G que establecen, respectivamente, las fórmulas para la retribución al titular y las inversiones que les serán reconocidas. De acuerdo con el Ingeniero Mariaca, a pesar del  establecimiento de estas fórmulas, aún no se cuenta con la información necesaria a objeto de verificar cuán beneficiosas son las condiciones económicas establecidas en cada contrato para YPFB; más aún, se desconoce la metodología para la determinación de las mismas.
Un aspecto observado en los 44 Contratos de Operación, aprobados por el Congreso Nacional, es el tema de inversiones. Si se lee y revisan bien estos contratos se notará que en ninguna parte existen obligaciones claras para realizar inversiones que permitan incrementar los niveles de producción de cada campo. Esta ausencia de inversiones ha traído consigo disminuciones en la producción de petróleo y, por ende, en las cargas de refinerías que actualmente entregan menores volúmenes de combustibles líquidos.
En el caso del diesel oíl, el país se ve continuamente obligado a importar cada vez mayores cantidades a precios internacionales, para luego comercializarlos a precios subsidiados, cuya diferencia es asumida por el Gobierno nacional, a través de la emisión de notas de crédito fiscal a favor de YPFB. En el caso de la gasolina, a la fecha, YPFB está importando aditivos de alto octanaje que, mezclados con la gasolina blanca, permiten obtener gasolina especial dentro de las especificaciones de calidad establecidas para este producto en el reglamento de calidad correspondiente.
Con relación al GLP, Bolivia, a pesar de ser un país productor de hidrocarburos, ha iniciado la importación de volúmenes mínimos de este combustible, a través de la República Argentina. Por lo anteriormente expuesto, YPFB debería ajustar los contratos petroleros vigentes, a través de la suscripción de adendas que establezcan compromisos y garantías de inversión que permitan incrementar los niveles de producción, así como las cargas en refinería, a objeto de garantizar el abastecimiento del mercado interno y reducir el nivel de importación de combustibles.
Siguiendo con el proceso de nacionalización, posterior a la suscripción de los nuevos Contratos de Operación, YPFB inició negociaciones con la empresa Petrobras Refinación S.A., a fin de recuperar las principales refinerías del país. Producto de estas negociaciones, en junio de 2007, YPFB compró el 100% de las acciones de las refinerías Guillermo Elder Bell y Gualberto Villarroel, hasta entonces propiedad de Petrobras Refinación, en 112 millones de dólares americanos. Así, más que una nacionalización de las refinerías del país fue más bien un proceso de concertación y compra de las empresas por parte de YPFB, sin existir de por medio procesos de confiscación de bienes y/o pagos por indemnización.
Como siguiente paso, YPFB decidió adquirir el 50% + 1 de las acciones de la Compañía Logística de Hidrocarburos Bolivia (CLHB), encargada del transporte y almacenaje de productos derivados como gasolina, diesel oíl, GLP, etc. Luego de intensas negociaciones en las que CLHB no cedía, el Gobierno emitió, en fecha 1º de mayo de 2008, el Decreto Supremo Nº 29542, a través del cual YPFB adquiere el 100% de las acciones, pagando un monto total de 12 millones de dólares americanos, aproximadamente.
La siguiente empresa que fue adquirida por YPFB fue Transredes S.A., cuyas acciones fueron “nacionalizadas” mediante Decreto Supremo Nº 29586, de fecha 2 de junio de 2008. El costo de esta adquisición, de acuerdo a información proporcionada por el Gobierno, fue de aproximadamente 240 millones de dólares. La empresa Andina S.A. llegó a un acuerdo para que YPFB adquiera el 50% + 1 de sus acciones, tomando el control de la misma y participando de manera conjunta en la administración de la empresa, toma de decisiones y operación de los campos que se encuentran bajo contrato.
Finalmente, en fecha 23 de enero de 2009, el Gobierno emitió el Decreto Supremo Nº 29888, mediante el cual “nacionaliza” la totalidad de las acciones de la empresa Chaco S.A., a un costo aproximado de 233 millones de dólares americanos.
A diferencia de las primeras nacionalizaciones de los hidrocarburos en Bolivia, la tercera no se produjo bajo políticas de confiscación de bienes y resolución inmediata de contratos, sino que respondió a un proceso de concertación y negociación de nuevas condiciones económicas para la suscripción de nuevos contratos, así como para la adquisición del total del paquete accionario de aquellas empresas capitalizadas y privatizadas[27].
Como se podrá ver se trata de una nacionalización sui generis, sin expropiación, como en los otros casos, la primera y la segunda nacionalización de los hidrocarburos. Esta es la razón por la que hemos preferido, en su momento, hablar de un proceso de nacionalización que tiene que completarse. Sin embargo, el proceso parece revertirse en el mismo momento que se firman los contratos de operaciones. Se entiende que las dificultades cada vez son mayores para la realización de una nacionalización, más si se trata de la explotación de los hidrocarburos. Se entiende que nos encontramos con un dominio mucho más estructurado del capital financiero, se entiende también que la globalización ha conformado redes complejas de asociación, subsidiarias, flujos de capital, cadenas de producción, complementariedades de rubros y capitales, que estas redes hacen más difícil que antes lograr los resultados de la nacionalización. Sin embargo, esto no quiere decir que sea imposible una nacionalización, que no se pueda llevar adelante un proceso de nacionalización, teniendo muy claro que se debe tener un control del proceso productivo y del proceso comercial, que se tiene que tener sobre todo el control técnico de la producción, que se debe refundar YPFB en todo el sentido de la palabra. Que esta empresa estatal debe tener, además del control nominal, el control real de las decisiones, del proceso técnico y de los flujos del petróleo y el gas. El problema radica en esto, no se tiene este control técnico, no se tiene el control real de las decisiones técnicas y operativas, no se tiene el control de los flujos; el control técnico y real la siguen teniendo las empresas trasnacionales.
En un estudio de CEDLA se afirma que:
En el 2009, el 85,2% del total de reservas de gas y petróleo de Bolivia estaba bajo el dominio de las petroleras extranjeras como Petrobras, Repsol y Total[28].
En el informe de CEDLA mencionado se sacan algunas consecuencias de esta situación, una de ellas es la siguiente:
Al no tener el control real del sector hidrocarburífero y mantener una presencia estatal secundaria a través de YPFB, el gobierno nacional optó por ofrecer mejores condiciones a las transnacionales para intentar superar por esta vía los grandes problemas del sector como la caída en la producción de líquidos y el virtual estancamiento en la producción de gas.
De acuerdo al estudio se interpreta que la reversión del proceso de nacionalización tiene que ver con los desesperados intentos del gobierno por viabilizar la medida de shock conocida popularmente como el “gasolinazo”. La baja de la producción de los combustibles, la subida de la demanda interna, el estancamiento de las reservas, el control efectivo de las empresas trasnacionales, han incidido en una situación altamente problemática en lo que respecta a los hidrocarburos. Empero, lo que es más grave, el balance del proceso de nacionalización muestra que no hubo tal nacionalización, que no se llegó a completar el proceso, que no se refundó YPFB, que no se controla el proceso productivo y el flujo de exportaciones. Lo que se tiene ahora es un proceso de reversión de la nacionalización. Esta lectura del proceso de nacionalización amerita una reflexión sobre los proyectos de nacionalización, sobre sus perspectivas de romper las cadenas de dependencia, sobre los proyectos de desarrollo casados a las nacionalizaciones.
Una pregunta directa que habría que hacerse es: ¿qué pasó con las nacionalizaciones, por qué no fueron la base del desarrollo? Dejemos las respuestas fáciles, dejemos de lado el problema de la burocratización, también el de la corrupción, así como la hipótesis de la conspiración, la traición o la falta de consecuencia. El problema es comprender las condiciones de posibilidad histórica y económica para lo que se supone es el desarrollo, centrado en la industrialización. ¿Puede una nacionalización llevarnos de por sí a la industrialización, por lo menos a la industrialización de los hidrocarburos? En relación a esta pregunta hay que despejar una confusión, que debería estar despejada desde la crítica de la economía política; el dinero no es capital, el ahorro no es capital, el ahorro de dinero no es capital; el capital es el dinero que se valoriza en el proceso de producción. El principal problema de las nacionalizaciones tiene que ver con esta distinción, que acabamos de hacer. Las nacionalizaciones tienden a llevar al Estado a optar por una economía rentista; el ingreso proveniente de la nacionalización es usado para el gasto no productivo, es usado para cubrir demandas, es usado en la distribución del presupuesto, que mayormente usa los recursos para cubrir gastos administrativos del fabuloso aparato de Estado. No se trata sólo de redistribuir el ingreso, que puede darse a través de bonos, sino, de lo que se trata es cómo la nacionalización convierte la recuperación del excedente en acumulación, en inversión productiva, en transformación de las condiciones de producción.
¿Ausencia de una burguesía nacional?  Esta era la hipótesis de la izquierda latinoamericana. ¿Falta de vocación industrial del Estado? Hipótesis de la inconsecuencia. Estas hipótesis son posibles si se tiene como referente la historia europea o por lo menos parte de esta historia, lo que se cree saber sobre esta historia, su reducción a la interpretación de la revolución industrial inglesa, de la formación de la burguesía francesa y con dificultades de la vía prusiana, la vía emprendida por Otto von Bismarck, donde el Estado juega un papel fundamental en la industrialización de Alemania. A propósito de estas hipótesis, resultan contraídas como por imitación de una supuesta historia europea; por otra parte, pecan de ser generales. Suponen una identidad universal de la burguesía, portadora del desarrollo capitalista; no tienen para nada en cuenta la historia efectiva de las burguesías nacionales y de la variación de sus identidades. Por otra parte, también se tiene una idea abstracta del Estado, de la que se deduce su papel protagónico en la industrialización y el desarrollo.  Lo llamativo de ambas hipótesis es que pretenden resultar de apreciaciones históricas; sin embargo, hay que decirlo, la historia es concebida como repetición o emulación. La historia efectiva, pensada en el espesor del flujo de acontecimientos, no se repite, ni siquiera dos veces. Cuando Hegel se expresa de esa manera lo hace desde la fenomenología del espíritu y de la filosofía de la historia, donde el devenir de los acontecimientos se convierte en la dialéctica de los conceptos. Cuando Marx parafrasea a Hegel, lo hace irónicamente, diciendo que la historia se repite dos veces, pero una como tragedia y la otra como comedia.
Hay que rescatar a la historia de estas interpretaciones teleológicas; hay que entender la historia no sólo como relato, no sólo como narración; es evidente que forma parte de las experiencias y el trabajo de la memoria, empero también, se ha convertido en un campo de batalla de las interpretaciones. Se ha distinguido, por ejemplo la historia de los vencedores de la historia de los vencidos. Empero, todo esto nos lleva a re-plantearnos nuestra relación compleja con las temporalidades, las experiencias, las memorias, las vivencias de los acontecimientos. Quizás se acerca a esta comprensión la relación que establece la hermenéutica entre historia y singularidad. La historia es singular, no universal, salvo la que tiene que ver con la narratividad de los vencedores. Las historias son singulares, hay que contar historias singulares, los acontecimientos son singulares, además de estar configurados por múltiples singularidades. Vale decir, la historia es plural. Cada presente, cada coyuntura, cada momento, cada perfil histórico, por ejemplo, de tal o cual burguesía, es singular. Desde esta perspectiva no podría hablarse de una identidad única de la burguesía. Lo que ocurrió en el siglo XIX con la burguesía británica no se repitió con la burguesía francesa, menos con la burguesía alemana. Se trata de distintas constituciones de la clase propietaria de los medios de producción. Menos puede pasar lo mismo con las burguesías latinoamericanas. No sólo porque los tiempos son diferentes, las condiciones distintas, los contextos heterogéneos, sino porque la historia de su constitución obedece a la combinación singular de condiciones y factores sociales, económicos, políticos y culturales que se dan en las periferias del sistema-mundo capitalista.
Genealogía de la revolución industrial
La pregunta que deberíamos hacernos es qué es lo que ha llevado a ciertas burguesías a la industrialización. La historia de la revolución industrial comienza en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII y se arrastra el despliegue de las transformaciones tecnológicas durante el siglo XIX. No hay que olvidar que el requerimiento de una transformación constante tecnológica forma parte de la compulsión productiva. Durante el siglo XIX comienzan su industrialización Estados Unidos de Norte América, Francia, Alemania y Japón. Durante el siglo XX la revolución industrial arrastra a más países, que intentan desesperadamente ponerse a la par. Son sintomáticos los casos de la Unión Soviética y la República Popular China, países de construcción socialista en formaciones sociales mayoritariamente campesinas, que se dan la descomunal tarea de industrializar sus países a paso forzado, de una manera militarizada. A fines del siglo XX saltan a la palestra de la renovada y actualizada revolución industrial los famosos países asiáticos denominados los tigres del Asia (Hong Kong, Singapur, Corea del Sur  y Taiwán), también China se integra a esta revolución en una escala gigantesca, convirtiéndose en la principal potencia emergente industrial. Como puede verse, no se trata de las mismas condiciones de emergencia de la llamada revolución industrial. Sin pretender hacer una historia de las revoluciones industriales en estos países, podemos distinguir algunas tendencias particulares.
Respecto a las condiciones de la revolución industrial inglesa el historiador Hobsbawm dice que la Revolución industrial inglesa fue precedida, por lo menos, por doscientos años de constante desarrollo económico. También dice que las principales condiciones previas para la industrialización ya estaban presentes en la Inglaterra del siglo XVIII. Otra caracterización importante es lo que acontece en el área rural; hacia 1750 es dudoso que se pudiera hablar con propiedad de un campesino propietario de la tierra en extensas zonas de Inglaterra y es cierto que ya no se podía hablar de agricultura de subsistencia. El país había acumulado y seguía acumulando un excedente lo bastante amplio como para permitir la necesaria inversión en un equipo no muy costoso, antes de los ferrocarriles, para la transformación económica. Buena parte de este excedente se concentraba en manos de quienes deseaban invertir en el progreso económico. Además Inglaterra poseía un extenso sector manufacturero altamente desarrollado y un aparato comercial todavía más desarrollado.El transporte y las comunicaciones eran relativamente fáciles y baratos, ya que ningún punto del país dista mucho más de los 100 km. del mar, y aún menos de algunos canales navegables. Esto no quiere decir que no surgieran obstáculos en el camino de la industrialización británica, sino sólo que fueron fáciles de superar a causa de que ya existían las condicione sociales y económicas fundamentales, porque el tipo de industrialización del siglo XVIII era comparativamente barato y sencillo, y porque el país era lo suficientemente rico y floreciente para que le afectaran ineficiencias que podían haber dado al traste con economías menos dispuestas[29]. 
Respecto a las condiciones iniciales y el nacimiento de la revolución industrial francesa podemos identificar las diferencias. Se trata más de una lenta transformación de las técnicas de producción; por lo tanto en este caso es difícil hablar de una revolución; se trata más bien de un desarrollo gradual. A lo largo del siglo XIX la economía francesa se transforma progresivamente. La clave de este proceso se encuentra en el desplazamiento paulatino del centro de gravedad, que se hallaba en la agricultura, hacia lo que va a ser la nueva médula de gravitación, el desarrollo industrial. Si el primer centro estaba extendido casi en todo el país, el segundo centro se encuentra mas bien localizado en algunas ciudades del norte del país.
De todas maneras hay que tener en cuenta que podemos contar con un conjunto de factores que favorecieron el desarrollo industrial francés, factores que tienen que ver con las transformaciones revolucionarias, en las transformaciones institucionales y políticas. Haciendo una interpretación comparativa un poco apresurada podríamos decir que Francia se adelanta con la revolución política y social, en tanto que Gran Bretaña se adelanta con la revolución económica.  La revolución de 1789 liquidó el feudalismo y abolió la servidumbre, la ley de marzo de 1791 sepultó el régimen gremial de las corporaciones de oficio. También hay que considerar el nuevo ordenamiento territorial de la geografía política. Todo esto se encaminó a organizar una estrecha centralización administrativa, sobre todo impulsada por Napoleón Bonaparte.  Se suprimieron las aduanas interiores entre las provincias, dejando que se produzca una libre circulación de humanos, mercancías y capitales. De esta manera se convirtió el espacio nacional en un mercado único, protegido por un elevado arancel exterior.    
El caso alemán en la revolución industrial es también diferente, la peculiaridad sobresaliente es el papel del Estado. Hay que comprender dos fases en este proceso, la primera fase corresponde al periodo de 1830-1880; una segunda fasecorresponde al lapso que comienza en 1880 y se extiende a la segunda década del siglo XX, a 1914. En este segunda etapa es  cuando la composición de la industrialización se complejiza, no sólo por las transformaciones tecnológicas requerida, que exigen mayor inversión, sino por la participación gravitante del sistema financiero.  
Un resumen de esta historia se expresa de esta manera:
La historia económica de Alemania nos enseña que el papel del Estado fue importante en el proceso de su industrialización. La revolución industrial se inició más tarde en Alemania que en Gran Bretaña o Francia. Este desfase explica por qué la construcción de ferrocarriles pudo jugar un papel motor en el proceso de industrialización alemán. La demanda de equipo ferroviario condujo a la expansión de la producción de carbón, de hierro y acero. La economía alemana se orientó desde el comienzo a la industria pesada. No podemos de dejar de recordar, sin embargo, que el gobierno prusiano había fomentado directamente la producción de hierro y carbón desde mediados del siglo XVIII. Estos recursos eran necesarios para la fabricación de armamento y bienes de producción. La economía alemana pudo industrializarse a partir del Zollverein, que consiste en la apertura aduanera y la libre circulación.
Las iniciativas estatales en el campo económico y la puesta a punto de una red de vías de comunicación ayudaron al proceso de industrialización. La abundancia de recursos carboníferos y minerales no hizo sino acelerar el desarrollo. La revolución industrial alemana dependió menos, en esta fase, del comercio colonial de lo que lo habían hecho Gran Bretaña y Francia, pues su mercado fue principalmente interno. Los progresos de las industrias textiles, siempre secundarias, se debieron más a la utilización de materias primas domésticas. En cualquier caso, a partir de 1850, aumenta considerablemente el proceso de concentración empresarial -siendo otra característica importante de la industrialización alemana-. Numerosas pequeñas empresas desaparecieron (en el contexto de la Gran Depresión; fase B o ciclo depresivo en los ciclos Kondratieff) y, con ellas, la figura del empresario individual. Este proceso de concentración se  puede explicar por tres causas:
1. El aumento constante de la complejidad técnica hace aumentar mucho los costes de la maquinaria utilizada.
2. Se buscaba obtener la mayor rentabilidad creando unidades de producción cada vez más grandes.
3. En el caso alemán se añade también la ausencia de colonias, lo que favorece, sobre todo en momentos de crisis, la concentración.
Esta evolución señala el paso del viejo capitalismo liberal hacia el capitalismo financiero y monopolista.
Tras la gran crisis del capitalismo de los años setenta se inicia una nueva etapa de expansión que ya no se detuvo hasta 1914.  El  desarrollo considerable de los medios de transporte (nueva extensión de la red ferroviaria, construcción de canales, de una flota marítima) así como la implantación de nuevos sectores industriales – químico, eléctrico, automovilístico… – dio un fuerte impulso a casi todas las actividades. La concentración del mercado financiero en manos de un reducido grupo de grandes bancos palió la insuficiencia de capitales y permitió la financiación de las empresas.  Hacia 1895 la  concentración de recursos financieros había llegado al extremo de que los cuatro grandes bancos de Berlín controlaban el 50 % del capital bancario y el 80 % de la actividad financiera. Se formaron así los llamados konzerne –que eran trust que, a su vez, estaba agrupados en cárteles, y que llegaban a controlar todo el mercado–.
Las industrias pesadas impulsan  el desarrollo económico alemán.  Los comienzos de la industria química se remontan a la década de 1860 y se basaron en los yacimientos de sal y potasa de la Sajonia prusiana.  A ello se sumó la existencia de una magnífica red de institutos técnicos que formó muy buenos químicos capaces de desarrollar nuevos métodos de producción que se impusieron en la fabricación de tintes y fertilizantes agrícolas. La creación de la industria eléctrica  constituyó un importante logro de la industrialización alemana.  Las  invenciones del generador electromagnético, del telégrafo y del teléfono favorecieron la rápida expansión de este sector.  Buena parte del mercado de estas industrias estaba en el extranjero –Suiza, Italia y Escandinavia especialmente–.
La industria del motor de combustión interna fue más tardía.  En su desarrollo tuvieron un papel fundamental tres ingenieros: Daimler, Benz y Diesel. Pero hasta principios del siglo XX  no se organizó ni cobró importancia esta industria. La influencia de los intereses agrarios y el deseo de no depender del extranjero -nacionalismo económico- explican que Alemania, a diferencia de Gran Bretaña, no sacrificase su agricultura, que en estos años experimentó una gran modernización y llegó a asegurar el 80 % del consumo[30].
Los tres casos europeos son distintos, cada uno tiene su propia peculiaridad; Gran Bretaña conforma un sistema mundial basado en el libre mercado; en esa expansión, en esa mundialización, un conjunto de desafíos la llevan a la revolución industrial. La misma lucha de clases, donde el proletariado organizado arranca acotar las horas de trabajo, obliga a la burguesía a incrementar la productividad y disminuir el tiempo de trabajo necesario. El requerimiento de comunicaciones y transportes rápidos que conecten su gran imperio y el mercado-mundo. La formación de un gran capital que requiere ritmos acelerados de reproducción y acumulación. Todo esto se podía resolver incorporando la tecnología al proceso de producción y absorbiendo la tecnología al capital, es decir, haciendo que la tecnología se incorpore al proceso de valorización. En contraste, Alemania incursiona en la revolución industrial como parte de su geopolítica. La industrialización es un tema de Estado, forma parte de las estrategias de Estado. Por eso se recurre rápidamente a la concentración de capital y al monopolio, así como a la intervención financiera. El ritmo de la industrialización alemana es acelerado en comparación. En cambio Francia se toma tiempo para experimentar un proceso gradual de transformación industrial. En Francia se combina una centralización administrativa con transformaciones graduales de la composición de capital. No se abandona la agricultura, se efectúa la reforma agraria, y se construye lentamente el sistema industrial.            
Esta rápida y breve revisión de los nacimientos de la revolución industrial en Europa nos lleva a remarcar algunos rasgos y tendencias. Comprendiendo que se trata de historias singulares, propias y particulares, que combinan las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales de cada país, en el contexto histórico de las propias intervenciones de la burguesía, del perfil particular de la burguesía, con la intervención estatal, podemos encontrar ciertos rasgos y tendencias sobresalientes.
1.       Se ha definido el capitalismo como el sistema que valoriza el dinero, esto sólo puede hacérselo en la esfera de la producción, como lo comprendió claramente Karl Marx. También se ha dicho visto que el capitalismo es un modo de producción y de funcionamiento múltiple que decodifica los códigos culturales, que deja de moverse en codificaciones, y recurre a una axiomática cuantitativa, tal como ha interpretado Gilles Deleuze. Empero, ahora también comprendemos, a partir de la historia de los ciclos del capitalismo, que el capitalismo supone varios ciclos estructurales de larga duración, que manifiestan diferencias estructurales entre los mismos ciclos del capitalismo, así como distintas estratificaciones de las formas capitalistas, tal como lo ha estudiado Giovanni Arrighi. Tenemos entonces en la geología de la genealogía capitalista una matriz de los desplazamientos y devenires capitalistas, esa matriz es comercial; después tenemos como un “fantasma” articulador y de conversión de los productos en mercancías, es la inexistente economía mercantil simple. Un supuesto, una hipótesis, un “fantasma” del modo de producción y del modo de circulación capitalista. Sobre la base de la matriz comercial del capitalismo, sobre el espacio diferencial y heterogéneo de los mercados, tenemos la formación, consolidación y expansión de capitalismo industrial, que Marx entendía como el modo de producción propiamente capitalista. Sin embargo, éste no es el último estrato del capitalismo; se ha tejido, desde un momento de simultáneo encuentro entre Estado y mercado, un sistema y red financiera que poco a poco se ha convertido en la expresión dominante del capitalismo, por su gran capacidad dual de centralización y de descentralización, de concentración y de desconcentración, de retención del ahorro y de inversión, añadiéndole constantemente a los flujos y las transacciones un interés, que no es valorización del capital, sino apropiación especulativa de la plusvalía. Al respecto, Arrighi observa que es el paso de la dominación del capital industrial a la dominación del capital financiero el que anuncia la clausura de un ciclo y el comienzo de otro, paso que se da en forma de crisis. Visto de esta forma, la historia y la estructura del capitalismo, sus desplazamientos y transformaciones, y comprendiendo que la valorización del dinero no es otra cosa que acumulación, acumulación originaria y acumulación ampliada de capital, vemos que el fenómeno de la acumulación conduce necesariamente a la revolución industrial. Esto nos lleva a diferenciar centros donde se produce la acumulación ampliada de capital y periferias donde no se produce la acumulación ampliada de capital, periferias que viven de la venta de sus recursos naturales, mayoritariamente de una forma rentista. Son pocos los casos dónde se intenta retener el excedente e iniciar un proceso de acumulación, por medio de incipientes revoluciones industriales o, en su caso de gigantescas revoluciones industriales, como en el caso de la China contemporánea.
2.       Otra característica notoria es que, fuera de Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos de Norte América, donde la revolución industrial llega prioritariamente por iniciativa de sus burguesías, en los demás países el Estado aparece como promotor de la revolución Industrial. Estos son los casos históricos de Alemania, Japón, la Unión Soviética y la China Popular, además de la China del “socialismo de mercado”. También va  a ser el caso de procesos inconclusos de revolución industrial como los dados en Argentina y Brasil. Casi en todos estos casos el problema de la revolución industrial se convierte en un problema geopolítico, en unos casos como proyecto de hegemonía y dominación, en otros como tareas necesarias en la construcción del socialismo, y en otros como modificación de las relaciones de intercambio entre centro y periferia.
3.       Una tercera característica sobresaliente es que se da una revolución verde que acompaña a la revolución industrial, por lo menos en los casos típicos de la revolución industrial. Algo que no ha ocurrido necesariamente en los casos a-típicos de la revolución industrial, como en la Unión Soviética, la China y los países periféricos. En estos casos, los gobiernos se obsesionan tanto por la revolución industrial que descuidad la producción agrícola, contrayendo graves problema en lo que respecta a la reproducción social y a la alimentación de la población.
4.       Otro aspecto importante es lo que tiene que ver con la masa crítica de la ciencia y la tecnología. Una revolución industrial requiere necesariamente de una formación cualitativa en la ciencia y en la tecnología. Hablamos de una masa de científicos y técnicos. No contar con esta masa te lleva a una dependencia atroz en lo que respecta a la trasferencia tecnológica. Algunos países periféricos que han incursionado en  la revolución industrial descuidan este aspecto creyendo que sólo se trata de comprar tecnología y de inversión de capital. Esta incompetencia les lleva a dramáticos desencuentros con la revolución industrial.
5.       Por último, debemos decir que no se puede hablar en general de la revolución industrial, ésta tiene su historia, sus etapas, sus fases, en la medida que avanza el desarrollo científico y tecnológico resulta más complicado iniciar la revolución industrial o continuarla, tanto por las inversiones que implica como por las actualizaciones que exige en la ciencia y en la tecnología, tomando en cuenta también la complejidad de las articulaciones entre capital financiero, inversiones, estados y mercados.
En relación a la revolución industrial en Estado Unidos de Norte América, el Japón, la Unión Soviética, los tigres del Asía y China, vamos a hacer apuntes muy rápidos y sintéticos, salvo en lo que respecta a China, de la que vamos a hacer una consideración un poco mayor.
De alguna manera la revolución industrial en Estados Unidos de Norte América es en parte extensión de la revolución industrial británica y en parte es también una revolución industrial propia. La expansión al oeste, conquistando los territorios de las naciones y pueblos indígenas, la Guerra de Secesión, la victoria del norte sobre el sud, la conformación de un extenso espacio y de una nación de migrantes, sobre todo la conformación de un inmenso mercado interno, dinámico y exigente, en pleno auge del capitalismo americano, terminan incidiendo favorablemente en una revolución industrial que adquiere características innovadoras, pujantes, contando con una masa crítica en crecimiento de científicos y técnicos, incluso cooptados de otros países. Aquí también es la burguesía la que se involucra tempranamente en la revolución industrial como consecuencia ineludible de una vertiginosa acumulación de capital. Cuando el nuevo ciclo del capitalismo sustituye al ciclo del capitalismo británico, la hegemonía y dominio estadounidense configura un sistema de la libre empresa a diferencia del sistema del libre mercado británico.
En contraste la revolución industrial nipona también va a ser un asunto de Estado, forma parte de la geopolítica del Imperio del sol naciente. La monarquía nipona se encontraba obsesionada por apropiarse de la tecnología europea, sobre todo se encontraba intrigada por la tecnología militar. En la segunda mitad del siglo XIX la monarquía absoluta nipona decide una transformación de la sociedad y de la economía japonesa, particularmente destinada a crear las condiciones de la industrialización y arrancar con la revolución industrial. Esta revolución va a ser conocida como Revolución Meiji.
La revolución industrial en la Unión Soviética y en la República Popular de China se dan en el siglo XX; primero en la Unión Soviética, en la segunda mitad del siglo XX, después de la revolución proletaria de 1917. Posteriormente la República Popular de China se encamina a una revolución industrial, esta vez en la segunda mitad del siglo XX. Esta tarea es ineludible, una vez que el Ejército Rojo entra a Pekín en 1949.   Para la Unión Soviética y la China Popular la revolución industrial era una tarea primordial, sobre todo comprendiendo la condición periférica en la que se encontraban respecto a la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Se produce una industrialización forzada y militarizada. Se dan pasos gigantes en poco tiempo, a costos que todavía no se han evaluado. Esta industrialización se concentra en la tecnología militar. Como se puede ver no solo se trata de una geopolítica, sino de la construcción del socialismo. Se entendía por parte de los partidos comunistas que una condición necesaria para lograr el socialismo era el desarrollo de las fuerzas productivas, entonces podemos decir que esa fue la tarea primordial de estas revoluciones, cumplir las metas de la revolución industrial. La herramienta para lograr este objetivo, acompañados de otras aspiraciones fueron los famosos planes quinquenales.
Empero, lo que nos interesa, por ahora, es la segunda revolución industrial de la China, la que se da a finales del siglo XX, después de la derrota de la Revolución Cultural promovida por Mao Zedong, cuando, después de la muerte del líder, se da un viraje fuerte hacia el mercado y hacia la inversión extranjera, promocionada por el propio Comité Central del Partico Comunista. A este viraje se le va llamar el “socialismo de mercado”. Vamos a detenernos un poco en este tema, pues nos interesa, no solamente por ser un tema actual, sino porque es un referente en el contexto y la coyuntura mundial. Debe discutirse este tema sobre todo por los dilemas del proceso boliviano.
La sorpresa de la dinámica desatada por la emergencia de la China del “socialismo de mercado” puede resumirse en una pregunta que hace John K. Fairbank:
 ¿Puede pasar China de una economía planificada al libre mercado en bienes, capital, personas y hasta ideas? En tal caso, ¿puede mantenerse la dictadura del partido? La construcción de ferrocarriles y ciudades, que parecía corresponder al siglo XIX, coincide con el florecimiento de la tecnología electrónica posindustrial. Cuestiones que en Occidente se plantearon durante el Renacimiento o la Ilustración compiten con la reapropiación de valores tradicionales chinos. En China se vive un cambio precipitado, en el que el desarrollo tensa las fuerzas y las ideas. La unidad entre teoría y práctica de Wang Yang-ming, tan admirada desde el siglo XVI, resulta difícil de encontrar. No es extraño que las reformas de Deng Xiaoping nos confundan a nosotros como a los propios chinos[31].
La discusión está echada: ¿Es posible un “socialismo de mercado”? En todo caso, ¿qué es un “socialismo de mercado”? Al respecto las posiciones son encontradas, hay quienes descalifican esta incursión y apertura al mercado por parte de la revolución socialista, manifestando su total desacuerdo con este proceso. A propósito de este debate Giovanni Arrighi anota en su libro Adam Smith en Pekín que la profesora He Qinglian de la Universidad de Fudan de Shanghai afirmaba que el principal resultado de las reformas de Deng era una gran desigualdad, una corrupción generalizada y la erosión de la base moral de la sociedad. En su opinión, en lugar de producir nueva riqueza, lo que se había producido durante la década de 1990 era un “saqueo” –esto es, la transferencia de propiedades estatales a los poderosos y sus secuaces y de los ahorros personales de ciudadanos corrientes a las empresas públicas desde los bancos estatales. Lo único que se había filtrado a la gente corriente era el cinismo y el hundimiento de la ética[32]. La revista marxista Monthly Reviewasume esta postura crítica ante el viraje chino, como la mayor parte de los marxistas occidentales; sin embargo, no todos los marxistas comparten con esta interpretación, incluyendo al mismo Giovanni Arrighi, quien escribe:
Aunque nadie niegue la penetración de tendencias capitalistas a raíz de las reformas de Deng, su naturaleza, alcance y consecuencias siguen siendo controvertidos, incluso entre los marxistas. Samir Amin, por ejemplo, no cree que por el momento el socialismo haya ganado o perdido en China, y afirma: “En tanto que sea reconocido y puesto en práctica el principio de acceso igualitario a la tierra, no será demasiado tarde para que la acción social influya con éxito en una evolución todavía tan incierta”[33].
La posición de Arrighi se hace evidente a continuación:
Acontecimientos recientes corroboran la valoración de Amin sobre el alcance y eficacia de las luchas populares en China. En febrero de 2006 el gobierno chino, preocupado por la creciente desigualdad y los disturbios en el campo, anunció importantes iniciativas bajo el estandarte de un “nuevo campo socialista” para ampliar los servicios de salud, educación y bienestar para los campesinos, posponiendo nuevamente la privatización de la tierra[34].
El debate también se encuentra en el seno del Partido Comunista Chino. El Congreso Popular Nacional abrió un debate ideológico sobre socialismo y capitalismo. La cuestión de fondo del debate no era tanto cuestionar la apertura al mercado sino las disparidades y desigualdades que creaba esta apertura. ¿Cómo evitar que esto ocurra? Insistir en el espíritu socialista de igualdad y responsabilidad social para no caer en la economía de mercado elitista[35]. Arrighi considera que asistimos a la clausura del ciclo del capitalismo hegemonizado por los Estados Unidos de Norte América, imperio que habría ingresado a la etapa de dominación a secas, sin hegemonía, cree que la crisis actual del capitalismo es estructural y financiera, que esto anuncia un nuevo ciclo o el crepúsculo de los ciclos del capitalismo mismo. Ve en la emergencia de la superpotencia China la posibilidad de un nuevo ciclo del capitalismo hegemonizada por China. Sin embargo, esto no está claro, todo depende de los alcances de la crisis y de las posibilidades de un nuevo ciclo. La crisis actual parece comprometer el provenir mismo del capitalismo, su continuidad, sobre todo por los alcances de la crisis ecológica que ha desatado. Los costos ecológicos y sociales de la reciente revolución industrial de las llamadas potencias emergentes son muy altos. Si bien sorprende la emergencia China, su gravitante peso en la economía mundial, la combinación entre una segunda revolución industrial y la revolución tecnológica científica, cibernética y digital, su participación en el sistema financiero, su influjo en otras economías como un gigante comprador, las consecuencias de esta reconfiguración geopolítica del sistema-mundo capitalista son inciertas y hasta pueden ser abrumadoras, sobre todo por las consecuencias ecológicas. El ascenso vertiginoso de la economía china ha vuelto a promocionar el mercado de las materias primas, de los minerales y de los hidrocarburos, haciendo subir el precio de las mismas y dinamizando las economías periféricas exportadoras de materias primas. También ha dinamizado la producción agrícola y agroindustrial, sobre todo de la soya. Empero esta situación refuerza el carácter dependiente de estas economías. Particularmente esta situación es problemática en América Latina, que mira con buenos ojos la emergencia china. ¿Cuál es el destino de las economías latinoamericanas? ¿Trasladar sus relaciones dependientes que tienen con Estados Unidos y Europa a relaciones con China? ¿Cómo van a ser estas relaciones? En este contexto: ¿Son posibles revoluciones industriales en los países latinoamericanos? Particularmente en Bolivia: ¿Es posible una revolución industrial? ¿Este es el camino? Son preguntas a las que se debe responder con una profunda reflexión histórica, política, económica, social y cultural. Una evaluación del capitalismo y del socialismo es necesaria a la luz de la crisis ecológica que vivimos, también de los resultados alcanzados en lo que respecta a las emancipaciones y a la resolución de los grandes problemas heredados.
A modo de conclusiones        
1.       El Estado ha jugado un papel primordial en las revoluciones industriales que se han dado desde las periferias. Estas revoluciones han formado parte de una geopolítica. Sin embargo, ninguna de estas revoluciones ha podido cambiar las estructuras de dominación mundial, salvo la actual emergencia China, que parece disputar la hegemonía y dominación a la hegemonía y dominación norteamericana. Sin embargo esto no está claro. No conocemos los resultados de este reacomodo mundial de las estructuras capitalistas. Un tiempo atrás, la Unión Soviética parecía disputar la hegemonía y la dominación, su presencia parecía mostrarnos un mundo bipolar a lo largo de la guerra fría, empero la Unión Soviética implosiona estrepitosamente después de siete décadas de régimen socialista, mostrando sus profundas debilidades y vulnerabilidad ocultadas. ¿Qué ocurre con China, que a diferencia de la Unión Soviética ha decidido incursionar en el mercado, abriéndose al libre mercado tanto internacional como nacional? ¿Es real su socialismo de mercado o es mas bien el desarrollo del capitalismo, combinando todas las formas feroces del capitalismo, desde el capitalismo salvaje hasta el capitalismo de redes de la revolución tecnológica-científica? ¿Qué pasa con Brasil, que es la otra potencia emergente regional? ¿La salida son revoluciones industriales paralelas acompasadas a la revolución industrial y cibernética china? ¿Es esto posible? ¿Cuál es el papel de los estados en este reacomodo de la estructura mundial del sistema-mundo? Sobre todo: ¿Cuál debería ser el papel de los estados involucrados en procesos de transformación?
2.       Haciendo un balance de las revoluciones en las periferias, vemos que ninguna de ellas ha resuelto el problema de las desigualdades y de las inequidades, no fueron la base, el desarrollo de las fuerzas productivas para resolver los grandes problemas. El derrumbe de la Unión Soviética nos trae una forma de capitalismo salvaje peculiar, dominado por las mafias. El viraje de la revolución china nos reproduce otra vez desigualdades, corrupciones, y el peligro de la privatización de la tierra. Se ha formado un burguesía china, con sus propias particularidades, ciertamente ha aparecido una clase media gigantesca que se beneficia de la emergencia china, altamente consumista. Al mismo tiempo que esto ocurre, se han acrecentado los desequilibrios sociales, sobre todo en lo que respecta a los estratos campesinos.
3.       La disyuntiva boliviana, del proceso descolonizador, es crucial. Optar por estos caminos de la revolución industrial – que en todo caso es mejor que optar por la sola ilusión  y demagogia desarrollista, que esconde el modelo extractivista adoptado – o abrir una nueva alternativa que combine una revolución tecnológica y científica, que incorpore tecnología de punta y tecnología limpia, combinada con una revolución en la soberanía alimentaria, que no es revolución verde, sino la recuperación formas comunitarias y sociales encaminadas al vivir bien. No renunciar a transformaciones tecnológicas, empero encauzarlas a satisfacer la demanda interna, desconectándose relativamente de la dependencia del mercado externo, orientando la estrategia a la soberanía alimentaria y a la armonía con los ecosistemas.
4.       Sin embargo, estas opciones no son fáciles de viabilizar sino se logra construir transiciones trasformadoras, si no se tiene claro el significado de la transición, si no se producen transformaciones institucionales y estructurales adecuadas. Sobre todo si no se logra resolver el problema fundamental, inherente a todo esto, que es construir una alternativa a la acumulación capitalista. ¿Cómo salimos de la esfera de la valorización cuantitativa?  ¿Cómo liberamos las potencialidades inherentes a la reproducción de la vida que tienen que ver con la apreciación cualitativa de la plenitud y el cuidado de la vida?       
      
El modelo extractivista
El tema de fondo de nuestra discusión es el modelo extractivista, modelo que forma parte de la organización y de la división del trabajo a nivel internacional, forma parte de la economía-mundo capitalista, del sistema-mundo capitalista. Hay dos formas de explotación en el proceso de acumulación del capital, la explotación de la fuerza de trabajo y la explotación de los recursos naturales. Se puede decir que la primera forma de explotación ha sido ampliamente explicada por la teoría del valor y que la segunda forma, en parte también ha sido explicada por la teoría del valor, en tanto se la puede considerarla como parte de esta teoría a la teoría de la teoría de la renta, no de la tierra sino precisamente de los recursos naturales. Empero en este caso habría que diferenciar las formas de renta de los recursos naturales, la de los minerales, la de los hidrocarburos, la de las otras formas de recursos naturales. Sin embargo, esta investigación, sobre la renta de los recursos naturales, articulada al proceso de valorización no ha sido de ninguna manera agotado, acabado; al contrario, se trata de investigaciones pendientes. Esta problemática se complica mucho más desde la perspectiva ecológica, cuando se introduce como imponderables los daños causados a los ecosistemas, daños que pueden ser irreparables y que están afectando a los ciclos vitales de la reproducción de la vida. La teoría de la renta de la tierra se basa en que el capital o la incorporación del capital, en las explotaciones agrarias, termina valorizando, como si fuese producto del trabajo, algo que no tiene valor, en ese sentido, en el sentido económico. Al hacerlo introduce el concepto de renta, anexo al de ganancia y salario, en la composición del capital. ¿Pasa lo mismo cuando hablamos de renta minera, de renta petrolera, de rentas de otros recursos naturales? Ciertamente se les atribuye valor, como si formaran parte del capital, ingresando de este modo al proceso de acumulación de capital, es decir de valorización. En este caso, la renta no la reciben los terratenientes sino otros actores que aparecen en la escena, preponderantemente el Estado si es que no se reconocen propietarios territoriales, que pueden ser privados o comunidades. En este caso el Estado, si tomamos esta figura, que es la que más aparece, no alquila, sino concesiona territorios de explotación, recibiendo a cambio un tipo de tributación por volúmenes de explotación. El Estado incluso puede participar como socio o, en su caso, como dueño exclusivo, y contar con empresas de servicios. El Estado entonces participa en la renta o percibe la renta de la explotación minera o hidrocarburífera, puede incluso participar en la ganancia, empero el control de la acumulación múltiple y agregativa se produce en el mercado internacional, bajo la condición de control de grandes monopolios empresariales, dándose lugar las respectivas transformaciones productivas e industriales. En este itinerario podemos ver dos fenómenos limítrofes; uno que ocurre en los territorios de explotación y en los respectivos ecosistemas, ocasionando depredación y desequilibrio ecológico, sin compensación equivalente al daño; el otro que ocurre en los centros de acumulación de capital, lugar del control efectivo de la acumulación y de los sistemas de control, como los relativos a las estructuras y redes financieras. En resumidas cuentas, la explotación no beneficia a los países convertidos en exportadores de materias primas sino a las burguesías de los países donde se manejan los grandes monopolios, el financiero, el de los mercados, el tecnológico, el comunicacional y el militar. En conclusión el modelo extractivista es un modelo colonial. En tanto tal sostiene el proceso de acumulación de capital mediante la explotación de los recursos naturales, el método de despojamiento, que no es otro que la reiterada acumulación originaria del capital. Así como hay trabajo no pagado que explica la formación de la plusvalía, también hay extracción no compensada, depredación no repuesta, desequilibrio no armonizado, en lo que respecta los componentes, los sistemas de vida, de lo que llamaremos la Madre Tierra. El capitalismo también se explica por esta dialéctica de la destrucción de las condiciones naturales de la reproducción de la vida.
Ciertamente el modelo extractivista no se circunscribe solamente a la geografía extensa de la periferia del sistema-mundo capitalista, pues forma parte de la historia y de los recorridos de los ciclos del capitalismo, extrayendo también recursos naturales en el centro del sistema-mundo. Sin embargo, hay que tener en cuenta, que en la geopolítica de la economía-mundo se ha especializado prácticamente a la periferia en las formas extractivas, respondiendo a una división del mercado internacional. Aunque las fronteras de centro y periferia no son inmovibles, al contrario, son móviles y cambiantes, haciendo emerger nuevas potencias con vocación industrial, de todas maneras mientras haya un dominio y una hegemonía en el ciclo del capitalismo, en este sentido se puede seguir hablando de centro y periferias en los procesos de acumulación de capital. Visto desde la perspectiva de las periferias, el modelo extractivista es una condena al círculo vicioso de la dependencia. Visto desde una perspectiva ecológica, el modelo extractivista pone en peligro la reproducción de la vida, de sus ciclos vitales, de sus interrelaciones integrales. La acumulación desmedida o la compulsión por la acumulación tienen un costo irreparable y sin retorno, la vida misma.  Una segunda conclusión tiene que ver con que el modelo extractivista es depredador, en el sentido más destructivo del término. A mediano o a largo plazo sus daños son irreparables.
El modelo extractivista es una estructura compleja de explotación de la fuerza de trabajo. La incorporación de tecnología cada vez más avanzada ha ocasionado un uso intensivo de la fuerza de trabajo, disminuyendo el número de trabajadores, aumentando su rendimiento con las maquinarias y tecnologías sofisticadas, incluso pagando mejor a sus trabajadores, técnicos, ingenieros administrativos, empero produciendo entornos de poblaciones pobres y dependientes, afectadas por la contaminación y supeditadas a formas desmesuradas de dependencia y de discriminación. La diferencia descomunal entre los enclaves extractivistas, mineros e hidrocarburíferos, y los poderes locales, incluso el poder del Estado, provocan relaciones corrosivas con las instituciones locales, regionales y nacionales. Una tercera conclusión tiene que ver con la potencia altamente corrosiva del modelo extractivista respecto de las formas de cohesión social y las formas institucionales.
El modelo extractivista está íntimamente ligado al mercado internacional, es como ajeno al mercado interno, su lógica entonces se mueve con los vaivenes de los precios internacionales de las materias primas, no con los requerimientos del mercado interno. Por eso mismo es tan difícil  arrancar desde el modelo extractivista un proyecto de industrialización de las materias primas. Esto ocurre cuando se modifican los términos de intercambio y se modifica la misma división del mercado internacional, transfiriéndose la industria pesada a las potencias emergentes. En todo caso, cuando esto pasa, las potencias emergentes no dejan de estar apegadas al modelo extractivista y les resulta difícil armonizar la composición desgarrada de su economía. Ya la vinculación con el mercado externo es muy grande y gravitante.
Ahora bien, hay que entender que cuando se habla de modelo extractivista se lo hace desde cierta perspectiva, la perspectiva de las periferias, donde el modelo concurre de manera expansiva y gravitante, condicionando toda la economía de los países, irradiando su lógica a todos los sectores e incluso orientando las políticas económicas de los gobiernos. Lo que hay que tener en cuenta es que este modelo no es un modelo distinto del modo de producción capitalista, no es un modelo externo a la economía-mundo capitalista, no está fuera del sistema mundo capitalista; al contrario forma parte del modo de producción capitalista, garantiza el flujo constante de materias primas, que serán transformadas e industrializadas. Forma parte integrante de la economía-mundo capitalista, de la división del trabajo internacional, de la articulación de flujos y stock en las redes de los mercados, en la articulación de un consumo productivo dado escala mundial. No cabe duda que el modelo extractivista es el modo de producción capitalista en su forma de dominación sobre la naturaleza, recogiendo esa idea brillante de los mitos de la modernidad, expuestos en Dialéctica del iluminismo de Horkheimer y Adorno, de que la modernidad y el progreso de basan en un dominio sobre la naturaleza, que pueden ejercer este dominio, sin tener consecuencias. El modo de producción capitalista supone no solo la transformación de la materia de producción, además de consumir tiempo de trabajo y producir la valorización en el proceso de producción, sino también la transformación de sus propias condiciones de producción. Lo que hay que anotar al respecto es que también produce la transformación de los ecosistemas, transformando radicalmente los territorios y espacios donde se asienta el sistema productivo. La economía-mundo capitalista convierte a todas estas gestiones extractivistas en dispositivos de una maquinaria global integrada, articulando plenamente al modelo extractivista a los procesos de acumulación de capital. El sistema-mundo capitalista define el papel del modelo extractivista en el contexto de la geografía y la geopolítica mundial.  Lo que queremos decir es que el modelo extractivista es parte estratégica de un modelo de acumulación, de un modelo de producción, de un modelo de consumo, incluso de un modelo energético. No es un modelo independiente, tampoco controla los hilos que hacen funcionar su maquinaria, pues al ser parte del modo de producción capitalista, de la economía-mundo y del sistema-mundo capitalista se encuentra sometido a los juegos del capital financiero, de los grandes monopolios, de las trasnacionales, de los mismos mercados y sus vaivenes de precios de las materias primas. Podemos decir que este modelo se encuentra ligado a la base económica de los Estado-nación subalternos de la periferia, así como a su ilusión de desarrollo y progreso basado en la economía extractivista. El modelo extractivista es básicamente el modelo que adoptan estos Estado-nación y sus gobiernos. Esta apuesta explica el circulo vicioso de la dependencia; cuanto más apuestan al modelo extractivista más dependientes son sus economías particulares. Por eso estos Estado-nación terminan funcionando como engranajes administrativos de la transferencia de recursos naturales al centro del sistema-mundo capitalista. Se convierten en dispositivos políticos de la dominación capitalista a escala mundial. Cuando se dan intentos de replantear las condiciones de las relaciones de intercambio, buscando una salida nacionalista, puede mejorarse la situación, en la medida que se mejore el control del excedente, de parte del excedente, optando incluso por la industrialización de las materias primas; empero en la medida que sus propias salidas independientes mantienen el modelo extractivista, vuelven a caer en la lógica perversa de la dominación, que ocasiona la subalternidad, y en la lógica destructiva de la dependencia.  Los proyectos nacionalistas no dejan de ser intentos dramáticos de independencia económica en contextos definidos por el orden mundial de dominación capitalista. No es que no hay opción sino que las opciones deben ser alternativas, tienen que salir de la lógica extractivista, tienen que desconectarse de los condicionamientos del mercado internacional, del condicionamiento del sistema financiero, buscando en la pluralidad de intercambios posibles transiciones transformadoras y emancipadoras. La construcción de otro mundo es posible en tanto se den alianzas, complementariedades e intercambios alternativos.  Conformar otras lógicas de producción, abrir el horizonte de la valorización de la vida, saliendo de la valorización del capital.
El extractivismo minero
Maristella Svampa dice que hay catorce mitos en torno al extractivismo, uno de ellos supone que los que se oponen al extractivismo son fundamentalistas, están en contra de todo tipo de minería. Cosa que no es cierto, pues depende de las características de la minería; de lo que se trata es de oponerse al extractivismo minero de las empresas trasnacionales debido a su capacidad destructora y depredadora. También es necesario detener el desplazamiento depredador de una explotación minera contaminante, que aunque sea nacional, termina también afectando los ecosistemas. Por ejemplo, incluso las cooperativas mineras han optado por formas de explotación salvajes y depredadoras de sus propias regiones. Lo que se requieres es abastecer primordialmente el mercado interno, no así las exigencias compulsivas del mercado externo; lo que se requiere es una minería al servicio de una estrategia económica que se encamine a cumplir con la soberanía alimentaria. Una minería que sea como un sostén, una infraestructura que sustente esta estrategia de la seguridad y soberanía alimentaria.
Un segundo mito supone que la minería es un “motor de desarrollo” que impulsa la economía nacional. Esta afirmación desarrollista y extractivista es completamente insostenible a la luz de la experiencia histórica de nuestros países periféricos del sistema-mundo capitalista. La minería ha sido una de las formas de articulación de nuestros países a un modelo capitalista impuesto, por medio de procedimientos de violencia colonial. El modelo extractivista es históricamente un modelo colonial impuesto a los países periféricos. El extractivismo no deja sino cementerios mineros y los escombros de la explotación desmesurada, el empobrecimiento de las poblaciones involucradas y la depredación de los suelos de las regiones afectadas por la minería. El excedente, el plus-producto, la plusvalía, la acumulación ampliada de capital se transfiere al centro de acumulación del sistema mundo capitalista. Este “desarrollo” genera el subdesarrollo y la dependencia. La explotación minera de las empresas trasnacionales y de las empresas mineras nacionales, articuladas a los circuitos del mercado internacional y a los circuitos del capital financiero, no genera sino la ilusión del desarrollo.
Relacionado al anterior, otro mito es el que supone que la minería genera empleo y crecimiento económico local. Así también el que supone que la minería crea muchos puestos de trabajo indirectos. En el mismo tono se dice que la minería se instala en zonas postergadas, crea un círculo virtuoso, genera desarrollo y eleva el nivel de vida de la población. Al respecto, Maristella Svampa y los autores de 15 mitos y realidades de la minería transnacional en la Argentina  escriben:
Desde Voces de Alerta, cuestionamos radicalmente la actual colonización que los grandes poderes económicos producen en las universidades, sistemas científicos y en la educación pública en general. Estamos convencidos de que no existe ninguna posibilidad de avanzar en la democratización de la sociedad, si no se pone coto tanto al modelo extractivo (régimen social de acumulación y distribución de riqueza), que necesita dominar y doblegar bajo cualquier medio a las poblaciones que habitan esos territorios, como a las guardias pretorianas que los custodian[36].
El cuarto mito es el que dice que la minería crea muchos puestos de trabajo indirectos. Lo que no es cierto, recogiendo las experiencias e la minería en el continente se ve que si bien se crea un entorno de población y actividades, básicamente comerciales, no se ve de ninguna manera un incremento del empleo indirecto, sino mas bien un incremento de las actividades comerciales, incluso del contrabando, pero principalmente de las actividades informales. Lo que se crea son el subempleo, o el desempleo encubierto. El problema es que el conjunto de estas actividades terminan sosteniendo el ciclo vicioso de los bajos salarios y de la super-explotación de los trabajadores. Se trata mas bien de un aporte a la formación de la plusvalía de parte de estos entornos que de un gasto o una inversión de la empresa minera. Si las empresas mineras llegan a invertir en proyectos de salud, culturales e incluso productivos agrarios, lo hacen en muy baja escala y sobre todo para legitimar y encubrir sus actividades desbastadoras y depredadora, cuyos costos jamás los cubren, más bien los ocultan, como aquellos que tienen que ver con la contaminación múltiple, la destrucción a escala, el desequilibrio ecológico, además de la destrucción de la cohesión social y los fenómenos de deculturación y aculturación.   
El quinto mito tiene que ver con que cuando la minería se instala en zonas postergadas, crea un círculo virtuoso, genera desarrollo y eleva el nivel de vida de la población. Esto tampoco es cierto, para tal efecto aproximémonos a una de las experiencias de la instalación en una “zona postergada” de una de las empresas trasnacionales que desarrolla la tecnología desbastadora de cielo abierto, arrancando toneladas de tierra y minerales a los territorios afectados. Hablamos de la Empresa San Cristóbal, que paso de manos de la corporación financiera y de inversiones del famoso empresario Soros a la empresa japonesa Sumimoto. Resulta que el pueblo y la población que habita el lugar donde se concentran los minerales a explotar, hablamos de los yacimientos mineralógicos, con sus propias características, era un obstáculo para la explotación minera. Ante la negativa del pueblo a dejar el pueblo para permitir la explotación extractiva, la empresa se ve obligada a proponer un plan espectacular; trasladar al pueblo a otro logar, en el entorno de la zona de explotación. ¿Este nuevo pueblo es una muestra elocuente de desarrollo? No, quizás haya mejorado la construcción, que se hizo como los que corresponde a los planes de vivienda, homogeneizando la arquitectura; empero lo que ocurrió notablemente es la marginación del poblado, ahora se trata de un pueblo aislado de los beneficios del excedente que extrae la explotación minera y los transfiere a los centros de acumulación de capital. Se pueden tocar muchos ejemplos, los mismos que, a pesar de sus características particulares, expresan análogos efectos, aislamiento, marginación, subempleo, subalternidad.
Quizás el mito más sobresaliente es el que enuncia que los beneficios de la minería se quedan en los países donde se extraen los minerales, y las empresas contribuyen con el pago de diferentes impuestos en el desarrollo del país. Este enunciado es una falacia, se propone contra toda evidencia empírica, evade descaradamente la aritmética de la acumulación originaria y ampliada de capital. La explotación minera, el extractivismo, que corresponde más bien a la acumulación originaria, a la acumulación por despojamiento, es el comienzo del ciclo de la acumulación ampliada de capital. ¿De lo que extraen, del excedente formado,  las empresas trasnacionales cuánto se llevan? ¿Cuánto queda en el país que es objeto del extractivismo y el despojamiento? ¿Cuál la relación de lo que invierten y lo que se llevan como ganancia? Las cifras que se pueden arrojar son escalofriantes, además dependen de los rubros, los contextos, los periodos; en otras palabras, de la historia de la explotación minera. Por efectos de síntesis sólo empleemos uno de los indicadores que da una de las investigaciones sobre la capitalización o la privatización en Bolivia. Este estudio encuentra que por cada dólar invertido en el rubro de hidrocarburos las empresas trasnacionales se llevan siete dólares. Ciertamente el estudio habla de las empresas dedicadas a la explotación de los hidrocarburos, empero el caso no es distinto en minería, incluso podríamos aseverar que, con la nueva tecnología arrasadora de cielo abierto, las ganancias son mayores, podríamos hablar de que por cada dólar invertido las empresas mineras se llevan de 8 hasta 10 dólares. Estamos entonces hablando de ganancias extraordinarias. Si las empresas trasnacionales tienen el control financiero, tienen el control tecnológico, tienen el control de los mercados, tienen el control incluso de los gobiernos, además del resguardo militar, se entiende que crearon las condiciones de posibilidad de super-ganancias; hablamos de inversiones con muy alta rentabilidad, con tasas de retornos a corto y mediano plazo. ¿Qué queda en las zonas, países y regiones de intervención extractivista? Cementerios mineros, huecos gigantescos en los territorios, ecosistemas desequilibrados, contaminados y depredados, con daños irreparables.
El séptimo mito plantea una total contradicción con la realidad, dice que la minería puede ser limpia, no contamina el ambiente, y se puede hacer sin riesgos ambientales. Hay una solución técnica para cada problema ambiental. Mas bien el carácter contaminante y depredador de la minería ha ido avanzando e incrementándose con el desarrollo tecnológico y a aplicación de tecnologías avanzadas que son desbastadoras, por lo tanto el alcance de sus efectos multiplicadores se han expandido, afectando cada vez más a amplias zonas y regiones, sumando nichos ecológico y ecosistemas desequilibrados. Los casos más patéticos, que hoy son muestra de estudios descriptivos de estas calamidades, son los que tienen que ver con la tecnología de extracción a cielo abierto. Por otra parte es escandaloso el uso gratuito y depredador que hacen del agua, incluso de agua fósil, desecando los entornos y acabando con los bofedales, por lo tanto también atentando contra la producción agrícola, fundamentalmente campesina y comunitaria.     
El siguiente mito tiene que ver con el cumplimiento institucional, dice que los emprendimientos cumplen con exigentes regulaciones ambientales y la minería es la única actividad regulada por una ley ambiental en nuestro país. La experiencia de nuestros países muestra todo lo contrario; la gran minería, la minería con emprendimientos trasnacionales, goza de paraísos fiscales, incluso se da el lujo sistemático de atravesar las normas y regulaciones mineras corroyendo la institucionalidad y corrompiendo a los funcionarios. Hay una historia larga de escándalos financieros y fiscales que involucran a estas empresas mineras. Podemos hablar de pillaje, corrupción y criminalidad,  como así lo  hace Alain Deneault en su estudio de Noir Canadá[37]. Se puede decir que la historia de la minería está íntimamente ligada a la historia de las violaciones y transgresiones a las normas y reglamentaciones mineras. 
El noveno mito tiene que ver con la necesaria consulta a las poblaciones afectadas por el extractivismo minero y la violación al Convenio 169 de la OIT, dice que ningún proyecto minero se hace sin el consentimiento previo de las comunidades involucradas. La costumbre es más bien que no se consulte de acuerdo a los procedimientos adecuados y establecidos; cuando las empresas se ven impelidas a consultar ya sea por las normas ambientales o las normas relativas a los territorios y pueblos indígenas, lo hace a su manera, manipulando consultas a las poblaciones afectadas, comprometiendo a dirigentes, ofreciendo dinero y compensaciones, que obviamente están muy lejos de subsanar los daños ocasionados. En estos casos generalmente se benefician dirigentes corruptos o que han sido atropellados o sorprendidos en su buena fe. No se cumplen con las normas internacionales sobre consulta e impacto ambiental. 
El décimo mito dice que la minería fortalece el tejido social, reduce la migración y la descomposición de las comunidades. El enunciado de este mito parece una ironía, parece reírse de lo que acontece; precisamente la minería ha demostrado su gran potencia destructiva del tejido social, de la cohesión social, disgregando a las comunidades, fragmentando a la sociedades aledañas, pervirtiendo las costumbres. En lo que respecta a la migración, podemos evaluar dos efectos migratorios; uno que tiene que ver con los migrantes climáticos, quienes se desplazan precisamente por el factor destructivo y depredador de los ecosistemas, que afecta directamente a la agricultura; el otro que tiene que ver con la aculturación y deculturación, con la introducción de esquemas de comportamiento modernos que motivan precisamente la migración a las ciudades. 
El siguiente mito tiene que ver con la afectación a los derechos democráticos, que tienen que ver con la transparencia y la evaluación, dice que las empresas transnacionales garantizan transparencia y libertad de opinión en cuanto a la evaluación de sus actividades. Es difícil sostener semejante aseveración cuando precisamente tenemos la intromisión de la gran empresa minera en los medios de comunicación, su incidencia manipulada en la opinión pública, su interposición, a través de los medios fiscales y policiales, sobre la libertad de opinión, cuando se tiene una larga historia de encubrimiento, de ocultamiento, de falsificaciones, de doble contabilidad, es decir, cuando precisamente estamos ante ejemplos elocuentes de total falta de transparencia.  
El siguiente mito dice que cada país es autónomo y soberano en sus relaciones con empresas mineras transnacionales. Las empresas mineras transnacionales respetan el marco legal de los países donde operan. Este mito contrasta con la larga y dramática historia de la dependencia y la supeditación de los Estados de los países periféricos des sistema-mundo capitalista a la dominación de los circuitos e inversiones del gran capital, de la hegemonía y dominación imperialista, de la conspiración constante de las empresas trasnacionales, vulnerando las soberanías nacionales. Ahora que ya se tiene la opción claramente implementada por el proyecto neoliberal de los tribunales internacionales, las empresas trasnacionales optan por estos tribunales escapando a las leyes nacionales.  
Los siguientes mitos son también discutibles, no se sostienen ante la evidencia de los hechos y la experiencia de la minería en nuestros países. El mito treceavo dice que las empresas transnacionales se comportan con responsabilidad social empresarial, robusteciendo el tejido socioeconómico de la zona. El siguiente mito dice que los que se oponen a la minería a gran escala, nacional o trasnacional, no tienen alternativas de desarrollo. Y el último mito de la lista dice que América tiene un destino mineral. Sin desarrollo minero, no hay futuro para nuestras sociedades. El mito sobre la responsabilidad social empresarial contrasta con las exiguas inversiones que realiza en este sentido, comparadas con las enormes riquezas que se lleva. El decir que los que se oponen a la minería a gran escala no tienen alternativas de desarrollo choca con las experiencias que han logrado sacar a la minería y han optado por la soberanía alimentaria. Por último decir que no hay alternativa económica sino es con la minería, es apostar a un modelo colonial, al modelo extractivista que ha generado precisamente “subdesarrollo”, pobreza, desigualdades y ausencia de horizontes, en los países precisamente donde se ha practicado esta minería.
Los campos problemáticos de la Madre Tierra
A estas alturas de la luchas y las reivindicaciones de las naciones y pueblos indígenas, sobre todo teniendo en cuenta los alcances de las constituciones de Ecuador y Bolivia, además de los problemas de su aplicación, sobre todo en lo que tienen que ver con la materialización de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios y los derechos de la Madre Tierra, debemos ponernos a evaluar y analizar las problemáticas que son a su vez los desafíos que hay que sobrellevar para continuar el camino de la descolonización y la construcción de alternativas al capitalismo y la modernidad. En ese sentido, vamos a trabajar con los campos problemáticos que todavía enfrentan las organizaciones y movimientos indígenas en el camino de su emancipación. Un primer tópico es el que tiene que ver con el modelo extractivista, sus consecuencias para las comunidades y territorios indígenas. En esa perspectiva es indispensable ahondar la problemática de la minería y sus efectos irradiantes de contaminación, además de destrucción y descohesión social. En el mismo camino, tenemos que ver lo que pasa con los hidrocarburos, que es el segundo rubro importante en la composición y estructura del modelo extractivista. También aquí se sucede una afectación irremediable a los territorios indígenas y a los ecosistemas. Hay más rubros vinculados al extractivismo, empero, por el momento nos concentraremos en estos dos. Sin embargo, es importante considerar las formas del extractivismo en lo que se viene en llamar neo-extractivismo; no solamente nos referimos a las tecnologías avanzadas en minería y en hidrocarburos, como son la explotación a cielo abierto que se da en minería, también las nuevas tecnologías destructivas de la explotación hidrocarburífera, sino también nos referimos a la compleja biotecnología de los transgénicos. Aunque esté en discusión si los transgénicos pertenecen o no al neo-extractivismo, lo que importa es que forman parte de los avances del bio-poder y la bio-producción en los últimos desplazamientos del capitalismo. Es importante tratar esta problemática de los transgénicos, pues ataca de manera directa al control de las semillas y al control de proceso reproductivo de los cultivos, así como ataca a lo que llamamos la soberanía alimentaria. En esta perspectiva es indispensable escudriñar los temas relativos al control de la información genética; también a la recuperación de la biodiversidad genética, recurriendo a los saberes ancestrales. En este terreno se asocia al control de la información genética el control de los saberes ancestrales, que son de propiedad colectiva, comunitaria y de las naciones y pueblos indígenas. Por eso mismo debemos tratar de evaluar someramente los alcances de la destrucción de la biodiversidad, así como también los alcances de la destrucción comunitaria.
En contraposición debemos también evaluar y visualizar las posibilidades de salida de la crisis ecológica, de la crisis capitalista, de la crisis de la modernidad, así también de la crisis del desarrollo. En ese sentido debemos trabajar con los tópicos o los horizontes que tienen que ver con la gestión territorial comunitaria de la Madre Tierra, la soberanía alimentaria, la transición del modelo extractivista al Vivir Bien, la defensa de la biodiversidad, la defensa de los saberes colectivos y ancestrales, la defensa de las comunidades y territorios indígenas, la garantía de recorrer los caminos de la  descolonización. Por lo tanto, tratemos de analizar cada uno de estos tópicos.
Madre Tierra y Vivir Bien
Nos movemos en lenguajes e imaginarios, pero también en un mundo al alcance de la mano. Mundo lleno de sentidos, porque a pesar de ser un mundo construido de manera práctica y útil, comprendiendo mundo como el ámbito al alcance de la mano, como mundo de la cotidianidad; por lo tanto mundo que escapa en parte a la ocupación de los lenguajes y los imaginarios. Sin embargo, este mundo al alcance de la mano, de la circunmundaneidad,  es un mundo que se hace comprensible precisamente por los sentidos que lo habitan y lo componen, por lo tanto se encuentra atravesado por los lenguajes. Mundo que también puede ser leído como redes, circuitos, recorridos, tejidos sociales; por lo tanto habitado por los sentidos implícitos en los propios utensilios, usos y prácticas. De todas maneras, los lenguajes, las formaciones discursivas, los núcleos enunciativos, el haz de relaciones, juegan de mapas expresivos de articulación.   Ese mundo del que hablamos se ha vuelto cada vez mas complejo, no sólo por la crisis y los cambios de sentido, sino por su expansión misma, por su apertura a otros mundos, por los horizontes abiertos a partir de experiencias liminares. El mundo de la modernidad está en crisis, en su interior los propios procesos que lo conforman lo desarticulan. El mundo de la modernidad está en crisis porque ya no puede dar vueltas sobre sí mismo, se encuentra a la deriva. Ante esta crisis ya no se trata de ponerlo en su curso sino de construir otro mundo alternativo, uno que incluya a lo excluido, a lo inhibido, a lo discriminado, a lo ocultado, a lo que no se ha tomado en cuenta desde una perspectiva homogeneizadora y universalizadora, desde una perspectiva cuantificadora. Empero también que incluya lo nuevo, lo que emerge como desplazamiento y líneas de fuga, lo subversivo, lo alterativo, la invención. Se trata de construir un mundo complejo e integrador, que sea capaz de contener los mundos posibles, los proyectos civilizatorios conculcados, un mundo abarcador pero también aperturante. Un mundo así contiene otros ejes, otros ámbitos de relaciones, otros recorridos. Entre estos ejes estratégicos contamos con la interpelación indígena, interpelación que ha cobijado y actualizado sus propias cosmovisiones ancestrales, sus propias prácticas, normas, procedimientos e instituciones, que aunque han sufrido isomorfismos, transformaciones, sincretismos y simbiosis, contienen la memoria de otros tiempos. Memoria que se ha convertido en la interpretación utópica del pasado y que apunta a su reconstitución política en el presente.
Desde las cosmovisiones indígenas se nombra al mundo como Madre Tierra o, mas bien, el mundo es construido y comprendido desde el imaginario de la Madre Tierra. Hablamos de una tierra dadora de vida, fértil y fecunda. El imaginario, a pesar de que se refiere primordialmente a los otros seres y a otros ciclos vitales, se nombra desde un antropomorfismo, madre. Paradójicamente se descentra del antropomorfismo, cuando no considera como centro al ser humano, empero lo hace desde un nombre antropomórfico, la madre. No entendamos esto como una contradicción, sino mas bien veamos la riqueza dinámica de la imaginación y de los lenguajes. La riqueza de las combinaciones de las figuras y de las referencias. De todas maneras esto se entiende a partir de la misma relación que tienen las comunidades con el Hogar territorial del que forman parte. Hay que entender los nombres a partir de las relaciones que establecen vínculos indisociables con la complejidad de planeta. Al nombrar la Madre Tierra las comunidades expresan su afecto y manifiestas su dependencia, su vínculo, que requiere ser complementario.
Lo importante no está tanto en las ceremonias y en los ritos, que son variados, conformando un mapa diverso en una geografía cultural, sino en el vínculo que se establece con la tierra, el agua, el aire, los suelos, los bosques, los cerros, los vientos, los climas, los ciclos vitales. La importancia de este vínculo radica en la comprensión de ser parte de y no estar aparte, no estar separado, sobreponiéndose dominantemente a esa modalidad que se nombra como Madre Tierra y los modernos han nombrado como naturaleza. No hay separación sino continuidad. Ser es ser parte de y no ser distinto, especial, la imagen de Dios, ser en cuanto humano, en cuanto mortal, en cuanto único y diferente de las piedras, de las plantas y de los animales. Ser parte de en cuanto formamos parte de los mismos ciclos. La Madre Tierra es entonces el imaginario que incluye la participación humana, de las comunidades, de las sociedades, en los ciclos vitales.
Ante el acontecimiento cultural ancestral, la proliferación de sus formas y expresiones, no importa tanto la variedad de imágenes que tienen los pueblos cuyo imaginario tiene como origen la configuración de la Madre Tierra, sino la analogía de estas imágenes en tanto formas de expresión de relaciones de inclusión, de articulación y de pertenencia a una matriz originaria. Estas relaciones suponen ciclos, climáticos, de caza, de pesca, de recolección, ciclos agrarios; ciclos, por lo tanto movimientos de retorno y de salida. Ciclos que suponen recorridos; ciclos que suponen viajes, flujos, pero también articulaciones y alianzas. Entonces los tiempos de la Madre Tierra son circulares.
¿Cuál es la importancia de este imaginario de la Madre Tierra y de las cosmovisiones indígenas? No radica solamente en su ancestralidad, pues de todas maneras se trata de cosmovisiones que se han venido actualizando, haciéndose presentes, en tanto sistemas de interpretación dinámicos, que sufren de mutaciones debidas a la propia interculturalidad a la que se ven sometidos. Su importancia también radica en su potencia interpeladora del mundo moderno, de su base capitalista, de su sentido de desarrollo y progreso. Sobre todo su importancia aparece en la contemporaneidad, en el momento presente, en plena del ciclo del capitalismo bajo la hegemonía norteamericana, crisis que también se ha convertido en una crisis ecológica. Las interpretaciones de la Madre Tierra de las cosmovisiones indígenas desmoronan la idea de naturaleza, separada, convertida en objeto de dominación del hombre. Por lo tanto esta interpretación de la Madre Tierra se abre a otra perspectiva y relación con los territorios, los bosques, los ríos, las plantas, los seres, los climas, los mares y océanos, las cordilleras y los nevados, con los ciclos vitales, la compleja matriz cósmica de la que formamos parte y participamos en su reproducción que llamamos Madre Tierra.
Ya que comenzamos usando algunos conceptos existenciales y fenomenológicos de Martín Heidegger para referirnos al mundo moderno, a la circunmundaneidad, valdría la pena poner en la mesa la cuestión de si es posible, en lo que respecta a la Madre Tierra, hacerse la pregunta por el sentido del ser. Esta pregunta tiene como centro al ente en cuanto tal, a la diferencia analítica entre ser y ente, tiene como eje al Dasein, a la existencia arrojada al mundo, al ser humano, el único que tiene mundo según Heidegger. Ante esta cuestión, nuestra apreciación es  que no es posible hacerse esta pregunta cuando el humano deja de ser el eje de una complejidad que deja de ser una unidad homogénea, centrada en la perspectiva humana, dejad de ser el eje no ya de la existencia ni el mundo, sino de la complejidad cósmica de la que formamos parte.
No es posible hacerse la pregunta por el sentido del ser, en el sentido de la analítica existencial, de la diferencia fenomenológica, entre ser y ente, tomando en cuenta de que hablamos de la existencia humana; empero es posible hacerse la pregunta por el sentido de la Madre Tierra. Ahora bien, ¿podemos hablar del ser de la Madre Tierra? ¿Es una unidad o es una multiplicidad, una pluralidad? ¿Esta multiplicidad, esta pluralidad, es totalizable, conforma una totalidad o, mas bien, su dinámica se encamina a una permanente des-totalización, reinvención, recreación? En todo caso, obviamente, este sentido, el sentido de la Madre Tierra,  ya no tendría nada que ver con la interpretación filosófica que le otorga  al sentido Heidegger; el sentido, en la interpretación de Heidegger, tiene que ver, en su primer estrato, con la utilidad, con el uso, con la manipulación, en el sentido práctico o factico, de lo al alcance de la mano, sentido práctico dado por el humano en su cotidianeidad. Este sentido fáctico tiene que ver con la analítica de la diferencia entre ser y ente, en su segundo estrato. El sentido tiene que ver con el ser mortal, el humano como mortal, como el único que muere, pues los animales perecen, con el ser destinado a la muerte; tiene que ver con muerte que da sentido a la vida. No es este sentido en todo caso el sentido de la Madre Tierra. La complejidad del sentido o, incluso, la pluralidad complementaria de significados, quizás su devenir sentido escape a la comprensión; tenga múltiples sentidos, incluso, no haya sentido. La Madre Tierra está más allá del sentido y del ser.
Ciertamente las cosmovisiones indígenas se componen de estratificaciones interpretativas y narrativas. En principio estamos ante la revelación de fenómenos cósmicos, como las estrellas, el firmamento, las constelaciones, también la presencia diaria del sol y la presencia nocturna de la luna, así como la revelación de las fuerzas, la del agua, también la de la tierra, la de los bosques, de los climas, de los elementos, así como la presencia anterior de otros vivientes. En un segundo estrato tenemos a los mitos, a las explicaciones sobre los orígenes de las plantas, del fuego, de los instrumentos, de los cultivos, de la comida. En un tercer estrato tenemos la interpretación de los ciclos, de las metamorfosis, de las mutaciones; por ejemplo, las explicaciones de un devenir volcán desde las entrañas mismas de la tierra hasta las espectaculares alturas desde donde se arroja la lava, el polvo y las cenizas, vinculando, articulando, lo más interior con lo más exterior, lo profundo con lo lejano, las entrañas de la tierra con el cielo. En un tercer estrato tenemos a las interpretaciones integrales de la complejidad misma, de todos los fenómenos, procesos, ciclos integrados. Entre estas narraciones se encuentran las configuraciones y las narrativas de la Madre Tierra, así también de las representaciones cósmicas.
Descolonización y transición
¿Qué se entiende por colonialismo, descolonización y colonialidad?
Debemos acercarnos a los problemas a través de las estructuras de pensamiento; de alguna manera podemos decir que los problemas dependen de las estructuras de pensamiento. Éstas los inventan o los construyen; por lo menos están asociadas estructuras de pensamiento y problemas. No podemos separar las formaciones enunciativas de las reglas que definen los juegos de verdad. El colonialismo a pesar de ser una realidad cruda y expansiva desde el siglo XVI, asociada a la expansión capitalista, al ciclo del capitalismo del mediterráneo, no es tratado como materia del discurso teórico hasta mucho después. Si bien se puede decir que se desplegaron discursos anticoloniales constatables desde el siglo XVIII, conformándose de un modo moderno durante el siglo XIX, es a mediados del siglo XX, sobre todo después de la segunda guerra mundial y las consecuencias irradiantes de las revoluciones orientales, la rusa (1917) y la china (1949), cuando se construye un discurso descolonizador articulado al discurso antiimperialista. Uno de los artífices de esta construcción es indudablemente el intelectual crítico martinico Franz Fanon (1925-1961). Diremos que la teoría sobre el colonialismo está íntimamente ligada al discurso descolonizador; podríamos decir que es la voluntad descolonizadora la que ilumina sobre la problemática del colonialismo y la colonialidad. Lo que permite hacer ver de manera más estructurada las formas de dominación colonial, su subsistencia y perdurabilidad, dando lugar a la colonialidad en las sociedades llamadas poscoloniales, es decir, a la herencia colonial en los países independizados. Sin embargo, a pesar de esta constatación, de que el discurso descolonizador se da con bastante posterioridad al hecho colonial, no podemos de ninguna manera desentendernos de expresiones y discursos anticoloniales que aparecieron con anterioridad; primero durante el siglo XVIII y después durante el siglo XIX en el continente americano, atravesado por las guerras anticoloniales y por las guerras de independencia.  Durante estos dos siglos se extiende la crisis de los dominios coloniales extraterritoriales británico, español y portugués. Se trata de discursos anticoloniales heterogéneos y diferenciados. Durante el siglo XVIII en los Andes se desata una guerra anticolonial indígena que cuestiona las mediaciones coloniales de los caciques y el dominio de las autoridades coloniales, configurándose un proyecto político cultural de reconstitución que adquiere distintas tonalidades en los distintos periodos y contexto del conflicto. Durante el siglo XIX se conforma un nacionalismo criollo articulado al discurso liberal, vinculando los conflictos locales y regionales a un ideario republicano o patriótico. Se puede decir que el ámbito de esta formación discursiva política tiene dos umbrales, uno que corresponde a la guerra anticolonial norteamericana (1775-1783) y el otro que corresponde a la revolución independentista de los esclavos africanos en la isla La Española (1795), inspirada en la revolución francesa, revolución que emite la declaración de los derechos del hombre. Pero también se puede decir que el ámbito de esta formación discursiva política anticolonial se abre a horizontes que no terminan de desplazarse.
En toda esta historia de la problemática colonial no pueden confundirse las distintas formaciones discursivas y estructuras de pensamiento, no son las mismas interpretaciones. Las expresiones comunitarias nativas, ligadas a las estructuras del ayllu, son distintas a las invenciones políticas de los criollos andinos, usando un título de Marie Danielle Démelas[38]. En un caso hablamos de una combinación compleja y en transcurso de representaciones mesiánicas en combinación con cosmovisiones cíclicas del pachakuti, articuladas también con problemas de legitimidad de los caciques y mediadores entre el Estado colonial y las comunidades reconocidas. En el otro caso hablamos de la incorporación del discurso liberal a los conflictos de poder y representatividad entre criollos, mestizos y españoles, colocando como transformado a la comunidades indígenas. La incorporación liberal fue bastante complicada pues no era simple asimilarla en una coyuntura histórica atiborrada, definida por la invasión napoleónica al centro del imperio español, la abdicación del rey Carlos IV, la transferencia de la monarquía a Felipe VII, preso también del ejército francés, contando así mismo con pretensiones de la infanta Carlota Joaquina, en medio de los conflicto de las juntas que reaccionan a la ocupación, la de Sevilla y la Central. Una confusión que lleva a los primeros levantamientos a hablar a nombre del rey, acudiendo a la legitimidad del monarca, incluso en contra de las autoridades coloniales, los virreyes y las autoridades de la Audiencia de Charcas[39]. Este discurso adquiere ribetes cada vez más liberales en la etapa de la elaboración de las constituciones, después de la guerra de independencia.
Durante el siglo XX emergen otras estructuras de pensamiento y formaciones discursivas que ponen en cuestión las herencias coloniales, podemos identificar entre éstas a las alocuciones indigenistas en el despliegue de estos discursos. Habría que remontarse a la experiencia de las escuelas indígnales ambulantes que se inician en 1905, recorriendo ayllus y comunidades para enseñar el alfabeto. En esta secuencia, cinco años después, debemos tomar en cuenta la publicación de la Creación de la pedagogía nacional de Franz Tamayo, que con una visión vitalista define al indio como fuente de la energía nacional. Después de la guerra del Chaco los gobiernos nacionalistas van a retomar la perspectiva indigenista de una manera más integral vinculándola a las políticas públicas y a las estrategias nacionales. Primero será el gobierno militar de Gualberto Villarroel el que se comprometerá en abrir espacios para las reivindicaciones indígenas en el Estado, después será la misma revolución nacional de 1952 la que conforme institucionalmente una política indigenista en el marco del nacionalismo revolucionario. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los nacionalismos articulan el indigenismo en la perspectiva del mestizaje. Comparando nacionalismo y liberalismo, si el liberalismo quería civilizar a las poblaciones nativas, el nacionalismo buscaba su mestización. Ambos proyectos buscan la incorporación modernizadora al Estado de los pueblos nativos, desconociendo la historia, la cultura, la civilización propia de las naciones y pueblos indígenas, aunque recogen preocupaciones por la condición y destino de las poblaciones nativas. También podemos decir con cierta certeza que ambos proyectos no cobran conciencia de que no dejan de ser prolongaciones de las políticas coloniales, aunque se den por otros medios y caminos, con otras metodologías, utilizando un discurso indigenista.
Habría que preguntarse si de esta colonialidad del saber escapa el marxismo boliviano de aquellos tiempos. Por razones de espacio no podemos hacer una evaluación descriptiva de los autores considerados marxistas, empero podemos seleccionar algunos, que por su incidencia en el tema son importantes. Uno de ellos es indudablemente Gustavo Navarro, que es más conocido por su seudónimo, Tristán Marof. A diferencia de una interpretación mas bien culturalista del indigenismo Tristán Marof va tocar claves materiales de la emancipación indígena. En la Tragedia del Altiplano comprende que lo queinteresa al indio no es su instrucción inmediata sino su libertad inmediata. Vale decir, su independencia económica, la ruptura de su sumisión con el patrón, la reivindicación de sus condiciones de hombre[40]. El discurso marxista introduce en la interpelación a la explotación la perspectiva de la emancipación del trabajo, la toma de tierras y la nacionalización de las minas. Es conocida la consigna de Tristán Marof de tierras al indio y minas al Estado. Reivindicaciones con las que cumplen la revolución nacional de 1952 con la reforma agraria y la nacionalización de las minas. Ante la elocuencia de este discurso y ante las medidas de la revolución, habría que hacerse una pregunta: ¿Se agota en este discurso y con estas medidas la problemática colonial? Retomando lo que dijimos, podemos afirmar que no se resuelve de ninguna manera la problemática colonial con la incorporación del indio a la llamada civilización, que no es otra cosa que la imitación de modernidad, tampoco con su incorporación al Estado, así mismo no se resuelve el problema con la reforma agraria y la emancipación económica. Estas soluciones políticas suponen una perspectiva colonial, considerar que la civilizaciónes la occidental, consolidada después como cultura moderna, y que de lo que se trata es de civilizar, modernizar y liberar económicamente al pongo. Lo que ha hecho precisamente la dominación colonial es destruir las civilizaciones, las culturas, las instituciones nativas, atravesando los cuerpos, inscribiendo su dominio como historia política en la superficie de los mismos, induciendo a comportamientos y conductas de sumisión. La dominación colonial es polimorfa, afecta el ámbito de las subjetividades, se efectúa en la desconstitución de sujetos colectivos y trabaja la constitución de sujetos sumisos, domesticados, después, con el establecimiento de las instituciones modernas, trabaja la constitución de sujetos disciplinados. Por eso, si bien podemos aceptar que de alguna manera, los discursos liberales, nacionalistas y también de la izquierda tradicional se enmarcan en el horizonte del  derrumbamiento de las potencias coloniales, no llegan a ser discursos descolonizadores, no responden a la problemática de la dominación civilizatoria, tampoco de la crisis de la modernidad y su universalización.
Las anotaciones de Karl Marx en los Cuadernos Kovalevsky nos muestran un interés por aprender sobre las comunidades campesinas, sus orígenes, su pervivencia y su posibilidad alternativa a superar el capitalismo, sin esperar el desarrollo del capitalismo en la periferia del sistema-mundo. Esta lectura abre la posibilidad de pensar la condición multilineal de la historia, escapando a esa visión reduccionista y evolucionista de la linealidad de los modos de producción. Planteando también otras posibilidades de transición del capitalismo al comunismo[41]. En esta perspectiva se encuentra también las tesis de Marx sobre el modo de producción asiático, mostrando la necesidad de una interpretación histórica diferente de las formaciones económicas sociales y modos de producción de las civilizaciones asiáticas. Aunque Gayatri Chakravorty Spivak critica esta forma de manejar una excepción histórica, la del modo de producción asiático, inventándose otra homogeneidad asiática sin poder ver la pluralidad de formaciones y multinilealidad de historias,  queda claro que no se puede asumir la historia europea como historia universal[42]. Así mismo queda planteada la necesidad de discutir el concepto de modo de producción.  Estos desplazamientos de Karl Marx, incluyendo las cartas a Vera Zasulich, muestran búsquedas alternativas comprendiendo la evidencia deferencial de los procesos históricos[43]. Estos análisis, tomando en cuenta también a los Grundrisse, estuvieron ausentes en las lecturas y reflexiones de la izquierda tradicional, en gran parte porque las publicaciones y traducciones vinieron con posterioridad. Sobre todo no fueron atendidas sus consecuencias cuando se trataba de definir estrategias y tácticas políticas en las luchas sociales de cada país. Fueron los estudiosos de la obra de Karl Marx los que terminaron introduciendo estos tópicos, frecuentemente en la formación académica, teórica e investigativa. Ahora bien, retomando la crítica de Gaya Chakravorty Spivak, podemos decir que, de todas maneras, Marx no dejó de ser un hombre de su tiempo y no dejó de pertenecer a la episteme naciente de la modernidad. Se notan condicionamientos epistemológicos de la economía política inglesa, por lo tanto también de concepciones liberales sobre el capitalismo, también es notoria la perspectiva en un horizonte eurocéntrico en expansión[44].  No se puede esperar que en aquel tiempo se desarrolle una tesis descolonizadora sobre el capitalismo. Estas tesis vendrán después; los portadores serán intelectuales que emergen de la experiencia dramática del colonialismo.
El colonialismo moderno, del siglo XVI adelante, corresponde a la expansión violenta del capitalismo como acciones sucesivas de conquista, ocupación de territorios, sometimiento de poblaciones, extracción desmesurada de los recursos naturales, explotación, sometimiento y esclavización de las poblaciones nativas y africanas. Por esto mismo el colonialismo está asociado con la expansión universalizadora de la modernidad, aunque ésta al implantarse en territorios periféricos del sistema-mundo sufra adecuaciones heterogéneas. Lo que significa que el colonialismo no es solamente la dominación de las potencias europeas, tampoco solamente la dominación del capitalismo a escala mundial, sino la dominación de la civilización occidental de acuerdo a los códigos de la modernidad. Por lo tanto la lucha contra el colonialismo implica esta comprensión múltiple y compleja, también integral, del fenómeno colonial, lo que implica el combate en múltiples niveles a las formas y engranajes de dominación colonial, particularmente interesa la lucha contra la dominación civilizatoria, eurocéntrica y moderna. Lucha múltiple que implica abrirse a los diferentes proyectos civilizatorios inhibidos con las conquistas y los ciclos coloniales. En el continente de Abya Ayala, llamado América, implica la interpretación del presente y su futuro alternativo a partir de su pasado contenido, bajo la interpretación de las cosmovisiones indígenas. Esta lucha anticolonial, descolonizadora, es también una lucha anti-imperialista y contra el capitalismo.
La descolonización significa revertir la cristalización en los huesos de la violencia colonial contra las estructuras, instituciones y formas de la dominación colonial[45]. Significa alternativamente la deconstrucción, el desmontaje, desandando el camino, de los engranajes, las maquinarias y las prácticas de la colonialidad. Lo que también implica la desconstitución de subjetividades sumisas, domesticadas y sometidas, así como la constitución de subjetividades de resistencia, de emancipación, abiertas a distintos posicionamientos del sujeto liberado, en sus condiciones individuales, grupales, colectivas, comunitarias y multitudinarias. La descolonización significa también transiciones múltiples, institucionales, políticas, económicas, sociales y culturales. En Bolivia el camino optado de la transición descolonizadora tiene el nombre de Estado plurinacional comunitario y autonómico. Lo que comprende un nuevo mapa institucional, la transformación estructural del Estado de acuerdo a su condición plurinacional y comunitaria, también de acuerdo al sistema político de la democracia participativa, en el sentido de un ejercicio pluralista de la democracia, directa, representativa y comunitaria. Así mismo comprende un nuevo modelo territorial de acuerdo al pluralismo autonómico establecido por la Constitución. Entendiendo los mandatos de la constitución, también comprende la transformación del modelo económico, abriendo caminos hacia la economía social y comunitaria. Estos tres modelos constitucionales, el de Estado, el territorial y el económico, se encuentran articulados por el modelo civilizatorio alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo del vivir bien.
             
Descolonización y anticapitalismo
Parece que la clave de la discusión de la coyuntura del proceso radica en cómo resolver la necesaria articulación entre la lucha anticolonial, que con el tiempo se transformó en una lucha anti-imperialista y también en una lucha descolonizadora, con la lucha anticapitalista, con la lucha de emancipación proletaria, en contra de la explotación del capital, de las formas de acumulación del capital. La pregunta en términos sociales y políticos puede traducirse del modo siguiente: ¿cómo articular la perspectiva de los movimientos sociales, de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos con la perspectiva del proletariado? Ciertamente no podemos contentarnos con el uso del término pueblo, que es demasiado amplio, aunque la convocatoria anti-imperialista acude a la movilización del pueblo contra la dominación e intervención imperialista. En el análisis de esta posibilidad, de la posibilidad de una articulación compleja y múltiple, que encare la combinación y composición de la lucha descolonizadora y anticapitalista, aparecen varios problemas. Detengámonos en algunos de ellos, sobre todo los más determinantes.
La perspectiva de los movimientos sociales se configura desde las capacidades inherentes de resistencias y auto-convocatorias autogestionarias de los sujetos y subjetividades interpelantes de las instituciones, las leyes, los ordenamientos jurídicos, políticos y sociales, las limitaciones económicas impuestas por las realidades económicas concretas. La perspectiva de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos deviene de las luchas anticoloniales del siglo XVIII; se trata de una acumulación política y cultural, de una interpelación a las formas del colonialismo, la colonialidad, incluso en sus herencias y condiciones poscoloniales. La perspectiva proletaria ha sido construida en la lucha económica y política de los trabajadores, con incidencia del discurso marxista y de las formas de organización partidista, que apunta a la revolución de los trabajadores contra las formas de explotación, de subsunción, de acumulación del capital. En las condiciones de los países periféricos, esta lucha adquirió las formas de una lucha anti-imperialista combinadas con las formas de una revolución que se nombró como ininterrumpida, permanente, guerra prolongada. En Bolivia adquiere el diseño de un programa de transición que combina las tareas propias del proletariado que apunta a una sociedad sin clases y las tareas no cumplidas por la burguesía nacional. En la jerga de los militantes se hablaba de la combinación de las tareas socialistas y las tareas democrático-burguesas. Esta interpretación se puede adscribir bien a las tesis sobre el desarrollo desigual y combinado, también a las tesis orientales elaboradas por Lenin, Trotsky y Mao Zedong sobre el desplazamiento de la revolución a los países dominados por imperialismo, con incipiente desarrollo industrial y poblados preponderantemente por campesinos.
Estas tres perspectivas, corresponden a distintas temporalidades, a distintos campos problemáticos, aunque también se superponen en contextos de realidad compartidos, conformados en la complejidad del sistema-mundo capitalista. Estas perspectivas han convivido de manera entrelazada en el estallido de la crisis múltiple del Estado y del proyecto neoliberal durante el periodo de movilizaciones de 2000 a 2005. Ciertamente, se puede notar, que los discursos preponderantes en este periodo, incluso desde antes, durante la última década del siglo XX, van a ser los discursos autogestionarios y auto-determinantes de los movimientos sociales, también los discursos críticos del colonialismo interno y de la de-colonialidad. En cambio el discurso obrerista y los discursos izquierdistas van a quedar rezagados, afectados por el derrumbe del movimiento obrero con la derrota de la Asamblea Popular (1971), también afectados por la derrota del gobierno de la Unidad Democrática y Popular (UDP; 1984), derrotas patentizadas con la frustración de la marcha por la vida de los mineros, que trataban de impedir la relocalización y el cierre de los centros mineros (1986). Lo que viene desplegándose desde la guerra del agua (abril de 2000) es la conformación de una perspectiva descolonizadora, plurinacional, comunitaria y autonómica. Perspectiva expresada en la concurrencia de distintos discursos, indianistas, populistas, nacionalistas, izquierdistas, también autonomistas, que no terminan de irradiar su propia hegemonía. Sin embargo logran darle una textura a la escritura de la Constitución Política del Estado. Esta convivencia discursiva, que no logra configurar una formación enunciativa plasmada, ha durado aproximadamente y dramáticamente la dificultosa temporalidad de la primera gestión de gobierno. Los primeros problemas aparecen en la propia Asamblea Constituyente, durante el proceso constituyente, también aparecen en el conflicto de Huanuni en el enfrentamiento entre mineros trabajadores de COMIBOL y cooperativistas mineros (2006). Sin embargo, los problemas de convivencia discursiva y de perspectivas se hacen acuciantes después de la aprobación de la Constitución, cuando hay que asumirla y aplicarla, con el objetivo de las transformaciones institucionales y estructurales económicas, políticas, sociales y culturales. Los enfrentamientos con el CIDOB, que exigía el cumplimiento de la Constitución, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, el respeto al territorio indígena y a las áreas protegidas, muestran patentemente el choque de enfoques diferentes, de discursos ya contradictorios y de perspectivas políticas distintas. El enfrentamiento se da entre un discurso populista-nacionalista y un discurso indianista descolonizador. También los enfrentamientos en Caranavi con las organizaciones sindicales campesinas y las instituciones locales muestran patéticamente que no es fácil conjugar intereses locales y los intereses del gobierno, perspectivas burocráticas institucionales y demandas específicas de desarrollo local. Hay pues una crisis del discurso campesino y del discurso populista. Así mismo, los enfrentamientos en el departamento de Potosí, con el Comité Cívico de Potosí, acompañado por otras instituciones y organizaciones del departamento, muestran las complicaciones del discurso autonomista, pero también muestran las contradicciones inherentes entre las regiones y la estrategia del gobierno central.
Avanzando en la revisión de los conflictos, podemos observar claramente que la crisis del gasolinazo ha destapado profundas contradicciones latentes del proceso (fines de 2010). El levantamiento popular contra el decreto de nivelación de precios muestra patéticamente el desarrollo de la contradicción entre las políticas públicas y el pueblo. Esta contradicción se ha vuelto el rasgo fuerte de la coyuntura crítica del proceso. Hay demandas económicas insatisfechas, también hay demandas políticas, que tienen que ver con la participación social en el marco de la democracia participativa, contradicciones en las lecturas del proceso de nacionalización. Después del decreto 748, de su abrogación, los precios de los bienes, sobre todo de los alimentos, subieron para no bajar, ocasionando grados de intensidad en el incremento de la inflación. Frente a esta situación, la COB reclama un incremento salarial acorde a la situación. El gobierno responde con un incremento del orden del 10%, empero la COB rechaza esta oferta y opta por una lucha salarial y económica, con algunos ribetes de crítica política, desatando un conflicto social en las principales ciudades capitales, sobre todo en la sede de gobierno. Este conflicto deriva con una prolongada movilización, en marchas y bloqueos de caminos, que sólo consigue arrancar al gobierno un 1% más de incremento sobre el 10% ya ofrecido. Podríamos decir que se ha movido una montaña para parir un ratón. Sin embargo, las características mismas del conflicto nos muestran tendencias a la reorganización del proletariado en el contexto de un proceso en crisis. Por eso es menester analizar las posibilidades de los sujetos involucrados, de sus perspectivas, sus discursos y sus estrategias políticas.
 Al respecto, la hipótesis interpretativa que podemos lanzar se expresa de la siguiente manera:
No se puede ser consecuentemente anticapitalista si no se es consecuentemente anticolonial, por lo tanto descolonizador; tampoco se puede ser consecuentemente descolonizador si no se es consecuentemente anticapitalista. Por lo tanto, es indispensable para salir del estancamiento del proceso, de la crisis política de la coyuntura, articular ambas estrategias, la anticapitalista y la anticolonial. Esto en términos organizacionales significa resolver las diferencias entre los sindicatos urbanos y los sindicatos campesinos; en términos políticos significa una discusión profunda sobre los alcances y límites de los discursos en concurrencia, proyectando la construcción consensada de una formación enunciativa que dé cuenta de la complejidad de la transición transformadora. En otras palabras, se requiere de una perspectiva que interpretante del diálogo necesario entre proletarios, movimientos sociales y naciones-pueblos indígenas originarios campesinos.  En términos teóricos se requiere elaborar una estrategia anticapitalista y descolonizadora; en términos prácticos se requiere responder a la pregunta sobre cómo articular la demanda de desarrollo de los trabajadores y la demanda por la soberanía alimentaria de los campesinos, decodificada en la perspectiva ecológica de armonía con los seres vivos de la madre tierra de las naciones y pueblos indígenas originarios.                
Contradicciones y transformaciones en el proceso
El proceso constituyente
Dos preguntas de inicio: ¿Cuándo comienza el proceso constituyente? ¿Cuándo acaba el proceso constituyente? Estas preguntas son fundamentales al momento de abordar el análisis del proceso constituyente boliviano. ¿Comenzó con la marcha indígena de tierras bajas al inicio de la década de los noventa? ¿Comenzó con la interpelación del discurso katarista de la segunda década de los setenta? ¿Comenzó con la guerra del agua, en pleno Cabildo, cuando se propuso la convocatoria a la Asamblea Constituyente? ¿Comenzó con la convocatoria de la Agenda de Octubre, después de la guerra del gas? ¿Comenzó, con la formalidad del caso, con la convocatoria del Congreso de 2006? Estas preguntas son importantes no sólo por el corte que proponen sino debido a que podemos entender el proceso constituyente de diversas maneras. Empero la interpretación primordial tiene que ver con el acontecimiento histórico y político. Hay que asociar el proceso constituyente con la crisis del Estado. ¿Desde cuándo está en crisis el Estado? ¿Desde cuándo hay consciencia colectiva de la crisis estatal? ¿Desde cuándo se tiene la voluntad de construir una alternativa al Estado? Nosotros asociamos todo lo que ha ocurrido en la Asamblea Constituyente con lo desatado durante el ciclo de movimientos sociales de 2000 al 2005. Esto parece ser lo más apropiado evaluando la concomitancia de los acontecimientos; empero la crisis del Estado comienza antes del 2000 y el proceso de interpelación al Estado tiene varios hitos que conviene tener en cuenta. Ahora trataremos de evaluar estos hitos, estos momentos de crisis del Estado, para comprender desde una perspectiva más amplia el proceso constituyente, a través de esta visualización.
¿Cuándo comenzar? ¿Desde el inicio mismo de la república? ¿Qué es lo que se conformó con la independencia? ¿Un Estado-nación? Hay que construir las respuestas a la luz de los campos de fuerzas con-figurantes del proceso y de la guerra de la independencia. El panorama histórico de la época no es nada claro, menos cuando se trata de evaluar los proyectos republicanos en un entorno de posicionamientos monárquicos en defensa de del rey cautivo.
Lo que se formó entonces en el contexto de los quince años de guerra de guerrillas y los años de la guerra de independencia son las condiciones histórico políticas barrocas de un de una forma de Estado que era imaginariamente moderno, empero su materialidad preservaba la materialidad práctica e institucional de la administración colonial, por lo menos en su escala local y regional. En la jerga de la época incluso se habló de “republiquetas”, casi definidas por el dominio de las oligarquías regionales y locales. Al respecto, lo que se puede decir como una primera conclusión es que preponderaron los intereses de las castas y clases dominantes locales y regionales frente a los intereses de una burguesía continental o subcontinental, que en ese entonces era prácticamente inexistente. En todo caso se descartaron los grandes proyectos nacionales y estatales de Túpac Amaru y Simón Bolívar. Se puede decir que se llegó como a un acuerdo y un pacto entre todas las parte al momento de la conformación de las administraciones políticas independientes. Terratenientes, comerciantes, iglesia, abogados, sobre todo los famosos doctorcitos de Charcas, militares, sobre todo los del ejército independentista, no tanto los comandantes guerrilleros, pues a ese momento se encontraban bajo tierra o en desgracia como es el caso del “Tambor” Vargas. En el caso de las repúblicas criollas, los indígenas fueron prácticamente descartados, lo que no ocurrió en el pacto colonial, cuando la nobleza indígena formó parte de la estructura de poder colonial y los caciques mediaron entre dos formas administrativas, la relativa a las autonomías indígenas y la correspondiente a la administración colonial.  En esta independencia los indígenas perdieron su autonomía, por lo menos la que les quedaba y todavía conservaban durante la colonia. La guerra de la independencia fue complicada y enrevesada, los ejércitos libertadores y realistas tenían prácticamente casi la misma composición, españoles, criollos, mestizos, indígenas en ambos bandos. La diferencia radicaba en los intereses que defendían, un comercio todavía ligado al monopolio de la Corona en contraposición con un libre comercio propugnado por Gran Bretaña. El Estado que nace en estas condiciones es un Estado Pactante[46]; en el contexto de la distribución de fuerzas o, mas bien, en el contexto de las fuerzas distribuidas y diseminadas se pacta, usando un discurso republicano, aunque conservando todos los modales coloniales. A propósito, se puede decir que todos los Estado-nación se han basado en una especie de pacto, pero entre las fuerzas victoriosas, aunque el caso británico nos muestre también un pacto entre fuerzas encontradas, que no terminan de definir contundentemente de parte de quién está la victoria; en todo caso este pacto inicial del Estado-nación se asienta en una victoria, algo que no terminó de ser concluyente en América Latina, salvo lo que ocurrió en la Isla La Española, con la revolución y la independencia de Haití, donde la revuelta de los esclavos comandados por François Dominique Toussaint-Louverture pone fin a la dominación francesa y a la esclavitud en 1795.
En lo que respecta a Bolivia, se ilustra muy bien esta complicada red de alianzas en El complejo proceso hacia la independencia de Charcas (1808-1826) de María Luisa Soux[47]; se vuelven a repetir estos complicados procesos en plena crisis de la república durante la Guerra Federal. También se ilustra esta perdurabilidad de la crisis estatal en Entre la alianza y la confrontación de Pilar Mendieta[48]. Se trata de pactos matriciales, empero también de alianzas inestables, por eso mismo condiciones explicables de la crisis permanente estatal. Se trata de estados que se construyen en su propia crisis política y luchan denodadamente contra sus propias vulnerabilidades, se parecen a fortalezas en constante desplazamiento flexible, aplastando rebeliones y resolviendo conflictos. Estados que renacen de sus pactos y alianzas, los recomponen y los reorganizan, empero muchas veces hasta los traicionan, como en el caso de la alianza entre el General José Manuel Pando y el ejército aymara conducido por Zarate Willca. Son estados construidos sobre la definición de las armas, pero también sobre la gravitación de las propiedades latifundistas, así como sobre las formas administrativas heredadas, las formas burocráticas, las formas jurídicas, pero también la de las formas administrativas de las almas, correspondiente a las parroquias. Se puede decir que la república era una idea no necesariamente una realidad. Su existencia cobraba fuerza en los discursos, pero perdía peso material en las prácticas, en las normas y en las instituciones. En las repúblicas criollas se confundía los espacios públicos y privados, lo privado latifundista, minero y comercial se confunde con lo público. Lo público fue un espació de difícil y lenta construcción; lo mismo podemos decir de la ciudadanía.
Hablar de Estado en estas condiciones es no solamente hacerlo desde la tesis de la relación sino también desde la tesis de la articulación. Desde esta perspectiva el Estado no solamente respondería a relaciones sino a articulaciones; un Estado visto desde su ámbito relacional, pero también de su ámbito de articulaciones, lo que comprende también el entendimiento de sus alianzas. Un Estado como acontecimiento político es este minucioso tejido relacional, articulador y de alianzas, que de ninguna manera detiene el conflicto, sino al contrario, lo contiene e interpreta. Desde esta perspectiva también podemos decir que el Estado tarda en lograr su condición moderna, como instrumento separado de la sociedad; en principio está fuertemente atravesado por el juego de las fuerzas, de sus intereses, de sus perspectivas, de sus propios circuitos e imaginarios. Se puede constatar una utopía del Estado moderno en el imaginario de las elites, sobre todo liberales, empero un uso práctico que distribuye su ejercicio institucional de acuerdo a los poderes locales y regionales concretos. Démonos a propósito una figura, recurramos a una representación metafórica para ilustrar mejor lo que queremos decir. La historia la genealogía política del Estado-nación en Bolivia se parece al a un cuadro literario, el cual podría narrar una tragicomedia.
En un país perdido en los inmensos territorios de la periferia concurren intentos repetidos y minuciosos de grupos de pobladores dispersos e itinerantes por ocupar un edificio en construcción, algo así como una torre de Babel, empero esta vez no se trata de la proliferación de las lenguas sino de la abundancia de las formas políticas. En cada intento se fracasa y se vuelve a intentar más tarde cuando la construcción del edificio esté más avanzada. La pregunta que se hace un observador es de si ¿una vez terminada la construcción del edificio podrán ocuparla los grupos desesperados de contar con un condominio? El observador no puede responder a la pregunta pues queda asombrado ante la diversidad y variedad de ocupantes quienes conllevan además distintos intereses. Hay en todo esto una sensación de improvisación, de incertidumbre, de contingencia y de inacabamiento. Ciertamente, mientras no logran ocupar y habitarlo permanentemente los distintos grupos el edificio, viven en otros lugares, donde mantienen el control de sus territorios, sus antiguas casas dispersas y barrocas. Las incursiones al edificio en construcción son asaltos intempestivos de distintas vanguardias y dirigencias. El observador empieza a sospechar; es posible que el edificio no sea otra cosa que un ideal, un proyecto, que en su materialidad práctica siempre va a ser una construcción inacabada, que además debe adecuarse constantemente a los rediseños y la escasez de material de construcción o a los cambios de insumos.
Saliendo de la figura literaria, que nos ayuda a ilustrar la complejidad material e imaginaria del Estado Nación, podemos interpretar que el ideal de Estado moderno ha sido constante, ha permanecido presente en las cabezas de las elites, lo estuvo en Simón Bolívar, lo está ahora en la mentalidad del bloque nacionalista que domina el gobierno indígena-popular, lo estuvo en las élites liberales de la Guerra Federal, volvió a hacerse presente en los nacionalistas revolucionarios de las décadas de los cincuenta y sesenta, así también, aunque de otra manera, en las élites neoliberales.                   
En conclusión podemos decir que en la historia política de Bolivia el Estado moderno se ha mantenido en construcción y reconstrucción constante, forma parte del imaginario liberal y también del imaginario nacionalista, también de los diseños y rediseños, de los proyectos, de las edificaciones inacabadas y de las reformas de modernización. Sin embargo, en esta historia, en la genealogía política del Estado, hay que considerar los recorridos, los circuitos, las estrategias, los socavones, si se puede hablar así, las influencias, las visitas, las salas, los lobbies,  las ocupaciones temporales de distintos visitantes, de diferenciadas clases, castas, grupos de poder. Para expresar mejor lo que queremos decir, volviendo a la figura literaria, podemos decir que al final el observador de la narración se da cuenta que, aquello que se llama Estado moderno y está en construcción no es solamente ese edificio, esa edificación visible, sino que resulta precisamente edificado por esos recorridos, esas prácticas, esas estrategias de influencia y de ocupación provisorias. Llamemos a esta configuración dinámica Estado barroco; dicho de otra manera, veamos a esta fabulosa instrumentalidad, a esta maquinaria jurídico-política,  a este complejo mapa institucional, que es el Estado moderno, a partir de los recorridos, los circuitos, las relaciones de poder que lo atraviesan ocupándolo perentoriamente, a partir de sus propios fragmentos e intereses, en el tiempo continuo político. No se trata tanto del análisis de las formas de gubernamentalidad, sino de las formas de penetración, ocupación e influencia de distintos grupos y estratos de poder; se trata en todo caso del ejercicio descarnado del poder, ejercicio dado en sus formas no-institucionales, empero cristalizada en las prácticas que denominaremos de economía política de la coerción. Practicas efectivas, empero no reconocidas formalmente, ni legalmente ni institucionalmente. Sobre todo interesa esta perspectiva por las profundas y compenetradas articulaciones de estas dinámicas moleculares con la misma edificación del Estado moderno, compenetraciones que dan precisamente vida, si se puede hablar así, a este Estado y a sus formas de gobierno. No se trata de la burocracia y del ejercicio de la burocracia, tampoco de las normas y la administración de las normas, ciertamente no se trata de la institucionalidad, sino del crudo desenvolvimiento de las influencias, de las transacciones, de los circuitos y las ocupaciones intermitentes del Estado por parte de los grupos y estratificaciones que hacen uso de diversas relaciones de poder. Esta perspectiva es importante a la hora de entender el funcionamiento efectivo del Estado, el accidentado accionar de los gobiernos, las desviaciones prácticas de la norma, el sentido atiborrado de las acciones administrativas, y sobre todo, desde el enfoque de este ensayo, el uso retórico de las constituciones y sus formas deformadas de aplicación.
Historia de la Asamblea Constituyente
¿Dónde comienza esta historia? No puede por cierto restringirse esta historia a la descripción temporal de las constituyentes, convenciones y asambleas desplegadas durante los siglos XIX y XX, diez y ocho en total[49], pues como dijimos más arriba esta historia está íntimamente ligada a la crisis estatal. Las asambleas constituyentes van intentar construir un nuevo Estado, por lo menos en la letra escrita, o, de alguna manera hacer reformas constitucionales, como es la mayoría de los casos de esta historia de constituyentes, convenciones y asambleas, empero de lo que se trata es comprender todo el proceso constituyente. Esto significa relacionar lo acontecido en las asambleas constituyentes con la crisis estatal, pero sobre todo relacionar estas acciones jurídico-políticas con los acontecimientos histórico-políticos, relacionar las formas de expresión con las luchas sociales y la guerra anticolonial, con su desemboque en la lucha descolonizadora. Retomando esta perspectiva, como dijimos, este análisis quedaría incompleto si no se termina de relacionar las formas de expresión también con los juegos de poder. Todo esto nos lleva también a comprender que el proceso constituyente y el poder constituyente no se reducen al texto escrito sino mas bien hay que entenderlos como acontecimientos vitales, la constitución viva, encarnada en la acción de las multitudes. Así mismo hay que entender que lo que se opone al proceso constituyente y al poder constituyente no se reduce a una anterior constitución y estructura de leyes sino a un viejo mapa institucional y el ejercicio del poder de los grupos y estratos dominantes, aunque también de los subalternos. En esta dinámica de la materialidad política y de la dinámica molecular se encuentra el secreto de la contingencia y de los acondicionamientos de los desenlaces y el despliegue efectivo de los acontecimientos. Por lo tanto vamos a tratar de concentrarnos en el análisis de la crisis del Estado-nación, de las luchas sociales y de las naciones y pueblo indígenas originarios campesinos y afro-bolivianos, como define la Constitución, en el análisis de la lucha descolonizadora y anticapitalista, así como en el análisis de la inercia estatal y los juegos de poder. Todo esto para permitirnos una perspectiva abierta, móvil y plural que nos ayude a interpretar la complejidad y la pluralidad de significaciones inherentes a la Constitución del Estado plurinacional comunitario y autonómico.
La Crisis del Estado-nación         
Ya habíamos dicho que la construcción del Estado moderno se efectúa en el contexto de la crisis política, crisis que expresa la crisis de los pactos, crisis del pacto colonial, crisis del pacto señorial, crisis de la mediación de los caciques, crisis de la jerarquía colonial, crisis de la administración colonial y su legalidad, teniendo al rey preso por las fuerzas de ocupación francesa, crisis de la elites locales y regionales. Todo esto en el contexto de la crisis de la minería de la plata, pero también del monopolio comercial y mercante del imperio español, crisis dada en el cierre de un ciclo del capitalismo, el correspondiente a la hegemonía del capitalismo genovés, repetido con el cierre del ciclo del capitalismo bajo la hegemonía del capitalismo holandés, en plena apertura a un nuevo ciclo del capitalismo, el relativo a la hegemonía del capitalismo británico, que introduce dos cambios estructurales profundos en la composición del sistema-mundo capitalista: uno es el que tiene que ver con la articulación e integración del Estado con el Capital, el segundo es el correspondiente a la revolución industrial. La respuesta política a este contexto histórico crítico, que manifiesta los alcances y la complejidad de la conformación universal de la modernidad, van a ser, en el continente nombrado como América, las guerras de la independencia, por lo tanto el logro de la independencia misma, conformando repúblicas, es decir, estados modernos. En el caso de la Audiencia de Charcas se constituye la República de Bolívar, que después va a ser llamada República de Bolivia.
Hay que anotar que cuando se habla de crisis del Estado-nación, este enunciado puede tener por lo menos dos connotaciones temporales: una que se hable de crisis cuando se cierra el ciclo del Estado-nación, otra que se dé la crisis mas bien al comienzo, en el nacimiento mismo del Estado-nación. Este parece ser el caso boliviano y de otros países del continente. Se trata de una crisis en la composición misma del nacimiento del Estado-nación, de alguna manera como anunciando su propia incompatibilidad. Hablamos entonces de la crisis del Estado-nación en tanto construcción incompleta, como inacabamiento, en el sentido de una incongruencia inherente. Al respecto, puede ser que todos los estados modernos hayan enfrentado esta disconformidad, sin embargo, muchos de ellos, sobre todos los Estado-nación del centro de la geopolítica del sistema-mundo-capitalista, sin descartar a los Estado-nación de la periferia, han resuelto el problema mediante la violencia y el monopolio de la violencia imponiendo a sangre y fuego la nueva institucionalidad y el imaginario de la nación. Otros Estado-nación de la periferia habrían aplicado también la violencia, empero a pesar de los aplastamientos de los pueblos nativos, no habrían terminado de resolver el problema, dejando pendiente la compatibilidad y la coherencia institucional y la articulación de la formación económica y social, optando por la renovación incierta de pactos y acuerdos provisorios, entendidos más como treguas, que repetidamente han sido traicionados. Este es el caso de la República de Bolivia.
Que la crisis sea de inacabamiento no quiere decir que se pueda resolver acabando de construir, de completar el Estado-nación. Esto parece ya no ser posible en el contexto avanzado y consolidado de la mundialización, en el contexto de la propia crisis de la modernidad, sobre todo teniendo en cuenta la maduración y emergencia de las fuerzas descolonizadoras. La solución a la crisis permanente del Estado en Bolivia, inventada por las multitudes, movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios, proletariado nómada, es la configuración del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Una perspectiva intercultural y descolonizadora que enfrenta la estrategia de la transición pos-capitalista. Una perspectiva que reivindica a las naciones y pueblos indígenas originarios y se abre a las posibilidades y potencialidades de otros proyectos civilizatorios alternativos a la modernidad y al capitalismo.
De la resistencia a la ofensiva indígena y popular
Se puede decir que fueron cinco los procesos de modernización, incluyendo a las reformas borbónicas, del último periodo colonial: las reformas borbónicas (fines del siglo XVIII), la misma constitución e institución de la república (1825-1826), las reformas liberales (1899-1920), la revolución nacional (1952-1964), las reformas estructurales neoliberales (1985-2000). De todos estos procesos el de mayor impacto y profundización fuel el correspondiente a la revolución nacional, todo esto sobre todo por las características de la propia revolución con clara participación obrera, campesina y popular, por las reformas profundas que introduce, la nacionalización de las minas, la reforma agraria, el voto universal y la reforma educativa, por el proyecto de constituir la nación a partir de la simbiosis del mestizaje, como ocurrió en otras partes de América Latina, siendo el caso más paradigmático el mexicano. Sin embargo, este proceso de construcción del Estado-nación, que se puede decir es el único intento serio de constituir un Estado-nación, fracasa debido a las contradicciones internas mismas de la revolución, el proletariado tenía una versión propia de la construcción del Estado-nación, en tanto que las clases medias, si se puede hablar así, tenían otra versión de la construcción del mismo-Estado. Para el proletariado se trataba de una transición al socialismo, para las clases medias y quizás también para el campesinado, se trataba de una revolución democrática y burguesa. La revolución nacional fracasa también por sus propias indefiniciones y ambigüedades, sus propios retrocesos y traiciones; los gobiernos nacionalistas del periodo de la revolución terminan entregándose a la hegemonía norteamericana, convirtiendo al país en zona de influencia del sistema de libre empresa, conformado en el ciclo de hegemonía del capitalismo norteamericano. Así mismo, y no podemos dejar de mencionarlo, la revolución nacional cae por los niveles irracionales de burocratismo y los escandalosos alcances de la economía política del chantaje, es decir, de la corrupción, la corrosión de las formas administrativas por las prácticas prebéndales y clientelares, el funcionamiento de los circuitos de influencia y de presión, así como de ocupación esporádica del complejo edificio de la construcción del Estado moderno.
El último proceso de modernización fue el proceso neoliberal, que no se puede decir que intenta conformar y consolidar el Estado-nación, sino más bien se propone articular la economía boliviana a la globalización por medio de la estrategia de la privatización, lo que se llama en la jerga de los estudios críticos acumulación por despojamiento y desposesión de los recursos naturales, de las empresas públicas, de la economía popular y del ahorro de los trabajadores. Los trabajadores, el proletariado, los pueblos indígenas, el pueblo resiste a las reformas neoliberales en un contexto de correlación de fuerzas nacionales y mundiales adverso. La resistencia no logra cambiar el curso programado del proyecto neoliberal, sin embargo es la experiencia mediante la cual se constituyen un nuevo sujeto insurgente que emerge de las profundidades de las estructuras de larga duración históricas, las estructuras de la rebelión anticolonial, de la memoria larga, este es el sujeto indígena que ocupa el vacío político dejado por el sujeto proletario, que había definido las características de las luchas desde 1945 hasta 1986, año de la desesperada marcha por la vida, desplegada por los trabajadores mineros, que intentaban detener el cierre de los centros mineros y la relocalización. A lo largo de la década de los noventa se articulan nuevos movimientos que aparecen como movimientos anti-neoliberales, movimientos anti-privatizadores, movimientos de resistencia de todo tipo, que poco a poco van adquiriendo forma y perfil definidos. La irrupción de las marchas indígenas de tierras bajas por la dignidad y el territorio de 1990 y de 1992 abre un periodo de acumulación de fuerzas y de organización de los movimientos indígenas y originarios, planteando como reivindicación la recuperación, reconstitución, reconocimiento y defensa de los territorios indígenas. Este planteamiento abre una nueva perspectiva e interpretación a la lucha política, la significación de la problemática territorial y la demanda de los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. Esta emergencia descolonizadora ya plantea la necesidad de reformas constitucionales, tema que va a ser retomado durante el ciclo de movimientos sociales de 2000 a 2005 como convocatoria a la Asamblea Constituyente.
El ciclo de movimientos sociales de 2000 a 2005 se caracteriza por una permanente ofensiva, se puede nombrar a todo el periodo de luchas sociales como una movilización prolongada. También se caracteriza por la proliferación de múltiples movimientos y diversos perfiles de los movimientos, sin embargo hay determinadas movilizaciones gravitantes en todo el desplazamiento de las luchas. Podemos mencionar dos formas de movilizaciones decisivas en todo el ciclo: las relativas a la guerra del agua y a la guerra del gas.  Estas movilizaciones en defensa del agua y de la vida, así como en defensa de los recursos naturales, particularmente de los hidrocarburos, como acontecimientos políticos y sociales irradiantes a todo el país, como que se desdoblaron convergiendo en dos ciudades y en dos tiempos sucesivos. La guerra del agua estalló en Cochabamba en abril de 2000, pero también se dio otra guerra del agua en la ciudad de El Alto prolongada durante dos años, en el 2004 y 2005. La guerra del gas estalló en la ciudad de El Alto en octubre de 2003, pero también se dio otra guerra del gas en mayo y junio de 2005 en varias ciudades, La Paz, el Alto, Oruro, Potosí, confluyendo la movilización en Sucre. Se puede decir que estas movilizaciones fueron los ejes articuladores del ciclo de movilizaciones, transfirieron responsabilidades a la Asamblea Constituyente en relación a una concepción ecológica y soberana de los recursos naturales. Otro acontecimiento referencial e irradiante del ciclo de movilizaciones fue el bloqueo indígena y campesino de septiembre de 2000, cuando emerge nuevamente no solamente la cuestión de la tierra sino también la cuestión que ahora llamamos plurinacional, que en ese entonces se planteó en el discurso de las dos Bolivia, la indígena y la blanca-mestiza. Este acontecimiento se comporta mas bien como sustrato de todo el ciclo de movilizaciones, conectado a las estructuras de larga duración de la rebelión indígena. Estos dos ejes y este sustrato del ciclo de movilizaciones terminan dándole una textura a todo el proliferante flujo de movilizaciones, de marchas, de protestas, de bloqueos y pronunciamientos. Las marchas de los y las cocaleras comenzaron antes del 2000 y atravesaron todo el periodo del ciclo de movilizaciones, sus reivindicaciones eran más bien focalizadas, correspondientes a la zona del Chapare y los Yungas, y casi circunscritas a la defensa de la hoja de coca, empero terminaron formando parte de todo el tejido, uno de los colores de la narrativa del awayo. Otras marchas como la de los y las prestatarias, los jubilados, la llamada clase sándwich, forman también parte del colorido de la narrativa colectiva de las movilizaciones. En conjunto, los acontecimientos del ciclo de movilizaciones son como el plano de consistencia, el plano de intensidades, de todo el proceso; son también el antecedente, el referente y la causa del proceso constituyente. No podríamos explicar el proceso constituyente con su núcleo instituyente de la Asamblea Constituyente, tampoco interpretar apropiadamente la Constitución sin tener en cuenta el ciclo de movilizaciones.
La Asamblea Constituyente
La Asamblea Constituyente tiene dos convocatorias; una práctica y efectiva dada por las propias movilizaciones, un cabildo en Cochabamba, la Agenda de Octubre y como mandato de las movilizaciones de mayo y junio de 2005; otra formal dada por el Congreso. Estas dos convocatorias nos muestran el intervalo de la contradicción en la que se va mover la propia Asamblea Constituyente y la redacción del texto constitucional, contradicción que puede expresarse como conflicto entre el poder constituyente y el poder constituido. Esta contradicción explica no solamente el conflicto sino también todos los dilemas de la redacción de la Constitución, así como lo sucedido después de la aprobación de la Constitución en Oruro. Como se sabe sucede algo inaudito, el Congreso se declara constitucional y revisa la redacción aprobada por los constituyentes, violando de esta forma los alcances ilimitados del poder constituyente, forzando una corrección de la redacción por parte de un poder constituido, limitado en sus atribuciones, como es el Congreso. Esto se hizo lastimosamente en connivencia con el ejecutivo; el objetivo era claro, limitar los alcances de la Constitución.     
La Asamblea Constituyente se instala el 6 de agosto de 2006 en la ciudad de Sucre, capital de Bolivia, acompañada por un desfile apoteósico de las naciones y pueblos indígenas originarios, pero también por un desfile militar; lo que nos muestra también los contrastes del escenario donde se va a desenvolver las sesiones de la Asamblea. La composición de la Asamblea Constituyente es la siguiente: cuenta con 255 asambleístas mayoritariamente representantes sindicales e indígenas. La correlación de fuerzas, móvil y flexible por cierto, es la siguiente: El Movimiento al Socialismo (MAS) cuenta con 142 asambleístas, en tanto que el resto de las representaciones políticas cuenta con 113 asambleístas. Como se puede ver el MAS contaba con la mayoría absoluta, un 56%, empero no podía resolver el problema de la aprobación, pues la convocatoria formal, la del Congreso, introduce en la redacción de la convocatoria la fórmula de aprobación por dos tercios del texto constitucional. La discusión en una primera etapa dentro de la Asamblea Constituyente se va demorar en resolver esta problemática de la aprobación, nombrada sugerentemente como de la aritmética de las decisiones. Para resolver este problema se van distinguir etapas en el proceso de aprobación, la aprobación de detalle y la probación integral del texto, también se van a identificar temas cruciales que tendrían que ser aprobados por dos tercios o en consenso. El tratamiento del problema de la aprobación es tedioso y genera el primer conflicto de la Asamblea Constituyente, conflicto que detiene las sesiones por aproximadamente medio año. Quizás valga la pena detenerse un poco en este primer conflicto para mostrar de una manera ilustrativa la marcha de las contradicciones que atraviesan a la Asamblea Constituyente.
Recurriendo a la comparación, tomemos en cuenta la solución por la que opta la Asamblea Constituyente de Ecuador respecto del problema de la aprobación, en este caso se aprueba por mayoría simple. En Bolivia, teóricamente la aprobación debía haber sido por mayoría absoluta, sin embargo, como dijimos, el Congreso introduce la fórmula de los dos tercios. La primera comisión de la constituyente, encargada de elaborar el reglamento de la Asamblea Constituyente, llega en doce días a elaborar el reglamento y a un acuerdo, dos tercios para el texto final, dos tercios para el desafuero y dos tercios para la revisión del reglamento; todo lo demás era por mayoría absoluta. La bancada del MAS se reúne para discutir esta propuesta, cuando la mayoría de las bancadas departamentales se inclinan por la propuesta de la comisión, se interrumpe abruptamente la reunión y se declara cuarto intermedio. Una comisión del ejecutivo llega a Sucre con la orden de mantener la posición por mayoría absoluta, a pesar de que se les informa que se llegó a un acuerdo en la comisión, de que si no se acordaba un arreglo la Asamblea Constituyente podía entrar a un conflicto sin precedentes, y que, además la mejor forma de aprobar por mayoría absoluta es aceptar la aprobación por dos tercios en algunos temas. Lo que viene después es conocido, no se acepta la propuesta de la comisión y estalla el conflicto. Después de medio año se llega a un acuerdo parecido al de la comisión de reglamento.
Sobre qué nos ilustra esta experiencia; primero que el conflicto se explica en gran parte por la contradicción inherente entre el poder constituyente y el poder constituido; segundo que es muy grave no tomar en cuenta la experiencia en el terreno de los constituyentes, quienes evalúan las condiciones concretas del desenvolvimiento de la Asamblea, esta desconexión entre la experiencia de los constituyentes de la bancada mayoritaria de la Asamblea y el ejecutivo va a traer consecuencias graves, debido a órdenes y orientaciones desatinadas del ejecutivo a la propia dirección de la Asamblea; se pierde mucho tiempo en problemas como el de la aprobación dejando pendientes las tareas primordiales como era de concentrarse en la estructura del texto constitucional y en la redacción de la Constitución.
Otro conflicto también pone en peligro la continuación de la Asamblea Constituyente, este conflicto va a ser conocido como el conflicto de la “capitalía”, que consiste en la supuesta reivindicación de Chuquisaca por el retorno de la sede de gobierno a la capital, de la ciudad de La Paz a Sucre, reivindicación asumida políticamente por el Comité Interinstitucional de Chuquisaca y respaldada por las organizaciones cívicas de la llamada “media luna”, Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando. Este conflicto es sumamente grave dada las circunstancias; primero porque la sede de la Asamblea Constituyente se encontraba en Sucre; después por que el conflicto estalla cuando se inicia el trabajo de las comisiones de la estructura del texto constitucional, una vez cumplidos los encuentros territoriales; tercero por que el conflicto impide que se termine de redactar el texto constitucional en el plazo de tiempo, de un año, dado por la convocatoria del Congreso a la Asamblea Constituyente para terminar con la redacción de la Constitución. Una vez cumplido el tiempo otorgado la Asamblea se encuentra en dificultades, está obligada a contar con una ampliación del plazo; para tal efecto tenía al alcance dos alternativas, una, que la propia Asamblea, recurriendo a sus propias atribuciones, amplié su propio tiempo de funcionamiento, la otra, que el Congreso, quien había convocado formalmente a la Asamblea Constituyente, sea el que amplíe el plazo. Lo segundo significaba supeditarse nuevamente al poder constituido. Lastimosamente se decide por la segunda alternativa obedeciendo a las decisiones del ejecutivo. Estas supeditaciones constantes del poder constituyente  al poder constituido van a tener consecuencias no sólo en el desarrollo mismo de la Asamblea Constituyente sino también en la redacción del texto constitucional, en la revisión que sufre la redacción de la Constitución y en desenlace posterior, que tiene que ver con la aplicación de la Constitución.         
Haciendo un balance de lo sucedido podemos decir que a pesar de las grandes dificultades y contradicciones que tiene que afrontar la Asamblea Constituyente, a pesar de la revisión humillante que tiene que sufrir el texto constitucional aprobado en Oruro, la Asamblea logra redactar y aprobar una Constitución, donde los ejes fundamentales del mandato de las movilizaciones y de la propuesta del Pacto de Unidad para la Asamblea Constituyente se mantienen; esto es el planteamiento descolonizador de la fundación de un nuevo Estado, las condicionantes fundamentales del nuevo Estado, la condición plurinacional, la condición comunitaria y la condición autonómica. Los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos y afro-bolivianos son constitucionalizados. Se plasman los valores y principios de las naciones y pueblos indígenas originarios, orientadores de la interpretación de la Constitución como el vivir bien, suma qamaña, suma kausay, ñandereko, ivimarey, la complementariedad y reciprocidad, además de los principios universales democráticos.   En lo que respecta a la Organización Económica del Estado, se conserva la perspectiva de la economía social y comunitaria en el contexto de la articulación e integración complementaria de la economía plural. El modelo económico comprende un enfoque ecológico y territorial encaminado al vivir bien. Toda esta concepción y este espíritu constituyente, que se preserva recogiendo el mandato de las luchas sociales, es la médula de la Constitución Política del Estado, lo demás tiene que interpretarse a partir de este núcleo conceptual, a pesar de las contradicciones que puedan haberse dado. Hay que comprender a la Constitución como la construcción dramática del pacto político. En este sentido se comprende no sólo la complejidad del texto, sino también la presencia dispersa y esporádica de artículos que pueden sonar a contradictorios. La propia constitución contempla la posibilidad de su reforma, este recurso puede servir para mejorar la coherencia y la armonía del texto constitucional de acuerdo al espíritu constitucional y a la voluntad del constituyente.
La Constitución es aprobada el  2008 en Oruro con la presencia de 164 de los 255 asambleístas, es decir con el 64% de su conformación. La redacción de la Constitución es revisada por el Congreso, que efectúa 144 modificaciones que afectan a 122 artículos. En términos cuantitativos la Constricción aprobada en Oruro es modificada en un 30%. Una vez acontecido esto, quedaba pendiente la aprobación del pueblo boliviano. El Congreso aprueba la convocatoria al referéndum constitucional  y el 25 de enero de 2009  el pueblo boliviano aprueba la Constitución Política del Estado  con el 61,43% de los votos. La Constitución política del Estado Plurinacional de Bolivia fue promulgada el 7 de febrero de 2009 por el Presidente Evo Morales y publicada en la Gaceta Oficial de Bolivia el 9 de febrero de 2009, fecha en que entró en vigencia.
Interpretación genealógica de la Constitución
Se pueden hacer varias interpretaciones de la Constitución, situarse en distintas perspectivas, detenerse en describir lo que dicen los artículos, por lo menos los más importantes, se puede desarrollar una interpretación constitucional y tener discusiones jurídicas con este propósito. Sobre todo esto último se ha hecho viniendo de las tradiciones constitucionales y jurídicas. No creemos que se trate de esto, sobre todo tratándose del proceso constituyente boliviano, que está íntimamente vinculado con las luchas sociales y descolonizadoras de los movimientos sociales y los pueblos indígenas originarios campesinos y afrobolivianos. Se trata de contar con una interpretación desde el espíritu y la voluntad constituyente, ¿qué es lo que han querido transcribir las multitudes y el poder constituyente? ¿Cuál es la significación histórica y política de la Constitución a partir de los saberes comunitarios y colectivos, a partir de las pasiones y esperanzas de las multitudes? ¿Cuál es la significación del texto comprendiendo el espesor histórico y cultural de su propia memoria? Vamos a abordar entonces la interpretación de la Constitución desde los paradigmas de la pluralidad, que la propia Constitución exige, desde la gramática de las multitudes, desde las normatividades colectivas de las luchas. También vamos a tener en cuenta el recorrido de la dramática construcción del pacto social, la propia historia efectiva de la Asamblea Constituyente.
El primer artículo de la Constitución abre el nuevo escenario constitucional, el nuevo horizonte histórico político, establece que:
Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, Intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país.
Este artículo, como dijimos, tiene que ser leído desde varias perspectivas, indudablemente su redacción corresponde a un acuerdo político entre la propuesta del informe por mayoría, que recoge lo sostenido en la Comisión Visón de País, que a su vez defiende el documento articulado del Pacto de Unidad. La propuesta de las organizaciones atribuía las características de plurinacional, social y comunitario. La caracterización social de derecho se encontraba ya en la anterior Constitución y fue defendida por una de las minorías dispuestas a acordar una redacción conjunta. La definición del Estado como libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, también se encuentra en la anterior caracterización constitucional del Estado; la caracterización nueva viene, fuera de la definición de plurinacional comunitario, de la definición de descentralizado y con autonomías. Esto es resultado de la incorporación en la Asamblea Constituyente de las reivindicaciones regionales, que demandaban descentralización y autonomías. Lo nuevo en la caracterización del Estado es su condición plurinacional, su condición comunitaria y su condición autonómica. En este sentido se puede decir que el nuevo horizonte descolonizador e intercultural se abre con la comprensión de que se trata ahora de un Estado plurinacional comunitario y autonómico, ya no hay cabida para el Estado-nación. Constitucionalmente este Estado habría muerto; de lo que se trata es de fundar y construir el Estado plurinacional comunitario autonómico mediante transformaciones estructurales institucionales, económicas, políticas, sociales y culturales, abriendo el espacio a formas de relacionamiento integrales y participativas entre los ámbitos políticos y sociales. La forma, el contenido y la expresión de lo que se llama Estado se convierten en instrumento de las sociedades, las comunidades, las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos y afrobolivianos, del proletariado nómada, de los estratos populares, del pueblo. Se puede decir que el primer artículo de la Constitución Política del Estado define la transición necesaria del Estado social de derecho al Estado plurinacional comunitario y autonómico, comprendiendo, claro está, las descentralizaciones administrativas y políticas. Por otra parte el artículo da una clave fuerte para la transición:
Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país.
Esto es, el pluralismo, pensar la transición desde la pluralidad; interpretar la Constitución desde las móviles perspectivas de la pluralidad; aplicar la constitución respondiendo al pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico. Esto significa no solamente el reconocimiento pleno de la interculturalidad, de su manifestación y ejercicio en múltiples planos, sino también el cambio epistemológico. No se puede pensar y posibilitar esta transición desde un pensamiento universal, esto sería volver al monoculturalismo, no se puede transitar la transición manteniendo las mismas formas y estructuras institucionales correspondientes al Estado-nación subalterno; no se puede mantener la forma dominante económica del capitalismo dependiente, que es la forma de la economía-mundo en la periferia de la geopolítica del sistema-mundo capitalista; no se puede mantener el dominio del sistema jurídico único, incluso en el caso de una apertura a ciertas formas de la justicia indígena originaria campesina; se debe entonces, abrirse plenamente, consecuentemente, desde la episteme y praxis pluralista, al pluralismo jurídico. Es comprensible que deben liberarse las potencialidades culturales, inhibidas por la cultura dominante, no sólo poniéndolas en igualdad de condiciones, sino también convirtiendo a las culturas en verdaderos mundos simbólicos, significantes e imaginarios, capaces de una hermenéutica abierta y enriquecedora de interpretaciones e intercambios culturales. Ciertamente debe quedar claro que el pluralismo lingüístico no se reduce al reconocimiento constitucional de las lenguas de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, no puede reducirse a la oficialización de estas lenguas, sino que exige que se liberen las potencialidades lingüísticas y culturales de las lenguas, promocionando su reconstitución plena.
El segundo artículo de la Constitución ratifica las condiciones plurinacional, comunitaria y autonómica, desde la perspectiva fuerte de la descolonización. El artículo dice que:
Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley.    
El artículo 2 de la Constitución convierte el carácter plurinacional del Estado en un camino de descolonización; se constitucionaliza la condición ancestral de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, por lo tanto el derecho al dominio ancestral sobre sus territorios, a la libre determinación, el derecho a la autonomía y al autogobierno. Aquí radica el desplazamiento fuerte respecto al Estado moderno, al Estado-nación, al Estado centralizado; este desplazamiento debe ser retomado en las leyes fundacionales del nuevo mapa legal, del nuevo mapa institucional en la transición fundacional del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Cuando el artículo establece que las naciones y pueblos indígenas originarios tienen derecho a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales exige no sólo crear las condiciones institucionales de la interculturalidad sino la incorporación de las instituciones propias a la forma de Estado, tal como va a ser expresado en los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios. Esto también implica un descentramiento profundo del Estado moderno por la forma de organización del nuevo estado, que exige un pluralismo institucional. Otro tópico importante tiene que ver con los territorios indígenas, territorios que no sólo deben plasmarse en el nuevo ordenamiento territorial sino que deben concebirse en su propio espesor cultural y formas espaciales, en armonía con la Madre Tierra, los seres vivos y los ecosistemas. A partir de estos desplazamientos jurídicos y políticos debe comprenderse que la descolonización no solamente es cultural sino que implica profundas transformaciones institucionales y en los ámbitos de las relaciones de las comunidades, de las sociedades y de los pueblos con sus hábitats. A esto es a lo que podemos llamar alternativa civilizatoria a la modernidad. En este sentido la autonomía debe ser concebida plenamente, en toda su integralidad, y no como un apéndice de un Estado. Mas bien el Estado está constituido por autonomías, la forma de Estado es un entrelazamiento de autonomías. Este es el carácter plural del nuevo Estado; el pluralismo autonómico nos lleva a un pluralismo de gobiernos. La descolonización no solamente es desandar el camino colonial, desmontar los engranajes de la dominación colonial, sino también avanzar por los caminos de la emancipación.
En el artículo 3 se define al pueblo, tema que fue de fuerte discusión en la bancada del  Movimiento al Socialismo (MAS). Algunos decían que el pueblo no se define, mientras otros planteaban que dado el carácter diverso e intercultural del pueblo, había que definirlo. Como se puede ver, es la segunda posición por la que se optó prácticamente en consenso. Sin embargo, esta redacción sufrió varios cambios, quedando con una descriptiva, a partir de su condición cultural e identidad colectiva. Por eso el artículo expresa que:   
La nación boliviana está conformada por la totalidad de las bolivianas y los bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afrobolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano.
 Al respecto debemos hacer una aclaración, cuando se habla de comunidades interculturales se habla de todas las poblaciones y conformaciones demográficas cuya composición es explícitamente intercultural, como son las poblaciones de las ciudades, las poblaciones migrantes, las poblaciones multiétnicas. Esta aclaración es indispensable cuando la organización sindical de los llamados anteriormente colonizadores se nombra como interculturales, y después de su último Congreso, interculturales originarios; la aclaración tiene que ver en el sentido de que la definición del pueblo boliviano que se refiere a las comunidades interculturales no solamente se refiere a estas poblaciones de migrantes climáticos sino a toda condición social y demográfica e intercultural diversa y entrelazada, por lo tanto también se refiere a las poblaciones urbanas así como de asentamientos multiétnicos. Desde el punto de vista del discurso constitucional es interesante que se defina el concepto de pueblo de una manera plural, mostrando su composición compleja y diferencial, de esta forma se acerca el concepto de pueblo al concepto de multitud renacentista, dejado de lado por el propio proceso de estatalización que vivieron las sociedades y los países. De esta forma el concepto de pueblo se acerca más a su composición plural, a su múltiple perfil, volviendo a abrir las compuertas a una desestatalización de la sociedad, incursionando nuevamente por las rutas de la autogestión y la participación.
Los tres artículos que hemos analizado, hasta el momento, nos muestran el carácter intercultural, el carácter comunitario, el carácter autonómico, el carácter descolonizador y el carácter pluralistas de la Constitución. Es así como comienza la Constitución, con una ruptura epistemológica con el pensamiento único, con el pensamiento universal, con el pensamiento moderno, se abre a la circulación de distintos paradigmas y, por lo tanto, a la transformación de los mismos, al desplazamiento y a la transformación de las formaciones enunciativas y discursivas. Pero, lo que es más significativo, apunta a la transformación pluralista del Estado, a la transformación pluralista de las instituciones y de la política. No se puede interpretar la constitución sino es desde este pensamiento pluralista, lo que tiene implicaciones no solamente en la interpretación sino también en la producción significativa de un pluralismo normativa y de un pluralismo institucional. Quizás aquí radica uno de los problemas de acceso a la interpretación de la Constitución que, en los círculos oficiales y los círculos de la oposición se sigue haciéndolo desde lecturas estrechas, circunscritas al constitucionalismo académico, al modelo jurídico-político del derecho o, en el mejor de los casos, a una sociología constitucional o una sociología política, que no dejan de limitarse a estructuras conceptuales generales y universales, como si hubiesen objetos de estudios susceptibles de ser afectados por las teorías, conmoverse ante la mirada científica, descubriendo sus secretos ocultos. Lo que mas bien nos muestra la episteme pluralista es que estamos ante construcciones políticas-conceptuales de campos de objetividad, entendidos como campos de posibilidad, perspectivas descubiertas por los recorridos y los viajes, sobre todo por las luchas sociales que abren nuevos horizontes de decibilidad y de visibilidad. Las leyes que se deriven y se construyan con la participación popular nos son repeticiones monótonas del formato de leyes anteriores, sino instrumentos contra-normativos de cambio. En la medida que no se entiende esta apertura y, por lo tanto esta ruptura, se comprende que la aplicación de la Constitución se encuentra detenida y el proceso de transformaciones estancado, moviéndose en un círculo vicioso, el círculo vicioso de la repetición y la restauración. El quiebre sólo puede ser producido por el trasgresión de las prácticas, sobre todo de las prácticas políticas y las prácticas legislativas, por la fractura de las prácticas de gobierno, abriéndose al acto de gobierno de las multitudes, al acto perceptivo de la construcción colectiva de las leyes, al acto primordialmente político, que es la efectuación concreta de la lucha de clases y de la guerra anticolonial; no la reducción de la política al manejo administrativo, a la policía, no la defensa del orden, que en la medida que no se lo afecte reproduce el orden liberal y el orden colonial. Por eso la importancia de los artículos de la Constitución, sobre todo los que marcan el inicio instituyente y constituyente del modelo de Estado.
Vamos a dejar pendiente los artículos 4, 5 y 6. El artículo 4 trata de la libertad de religión y de creencias, que en definitiva es la declaración del Estado laico, a pesar de las modificaciones hechas en la redacción, que buscaban amortiguar la expresión; el artículo 5 trata de la oficialización de las lenguas de las naciones y pueblos indígenas y originarios; el artículo 6 trata sobre la ratificación constitucional de la ciudad de Sucre como capital, además de establecer los símbolos del Estado. Nos concentraremos en artículos que consideramos estratégicos, como son el artículo 7, que define el sujeto de la soberanía. Este artículo se encuentra en el capítulo segundo, donde se establecen los principios, valores y fines del Estado. Así también el artículo 8, donde se definen los principios ético-morales de la sociedad plural. De aquí saltaremos al tercer capítulo que trata del sistema de gobierno, capítulo que analizaremos íntegramente en sus dos artículos, el 11 y el 12.
El artículo 7 establece que el sujeto de la soberanía es el pueblo, dice expresamente que:
La soberanía reside en el pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan, por delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible.
Esta es una declaración primordial democrática, supone la transferencia de la legitimación del poder al pueblo, el ejercicio de la soberanía en el pueblo, la potencia de elaborar leyes en el pueblo. Este artículo es de suma importancia, sobre todo por que contrasta con la definición primera del Estado como social de derecho. El artículo 7 expresa claramente que la soberanía radica en el pueblo, no en la ley, con lo que queda relativizada, supeditada y articulada la característica de social de derecho. Estos contrastes nos muestran la presencia todavía de complejas combinaciones en una transición constitucional, en el contexto de una Constitución de transición, en el proceso de las transformaciones pluralistas del Estado. ¿Cómo interpretar esto sobre todo cuando un poco más abajo, en el capítulo sobre el sistema de gobierno, el artículo 11 defina a este sistema como de democracia participativa? En primer lugar, como dijimos más arriba, la característica del Estado como social de derecho se encuentra en una definición compleja y plural de Estado unitario social de derecho plurinacional comunitario y autonómico. Es en este pluralismo constitucional dónde debemos encontrar la ubicación relativa de la caracterización del Estado como de social de derecho. Esta discusión es importante al momento de la elaboración de leyes que sustenten las transformaciones institucionales. En la interpretación que hacemos de la Constitución es de suma importancia tener en cuenta algunos condicionamientos históricos y políticos, la condición temporal de la transición, la condición radical de la transformación, la condición política de la descolonización, la condición epistemológica del pluralismo y la condición de la heterogeneidad intercultural. Este es el contexto para interpretar el texto, para desentrañar la textura del texto, para figurar, configurar y refigurar las imágenes inherentes a un texto descolonizador. Pero también este es el contexto para la comprensión conceptual que sirve de marco teórico para la elaboración de las leyes; así como también este es el contexto histórico y político para el desarrollo de las transformaciones institucionales.
El artículo 7 continúa estableciendo que la soberanía se ejerce de forma directa y de forma delegada, combinando el ejercicio directo de la participación con el ejercicio delegado de la representación. Aquí también nos encontramos con la combinación de formas de soberanía o de ejercicio de la soberanía. Hablamos entonces de una soberanía plural. ¿Cómo puede entenderse esto? El pueblo ejerce la soberanía de acuerdo a su propia compleja composición, hablamos del ejercicio de la  soberanía de los distintos sujetos y subjetividades, las colectivas, las comunitarias, las individuales, el ejercicio de la soberanía de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos y afrobolivianos, el ejercicio de la soberanía del proletariado, el ejercicio de la soberanía popular, el ejercicio de la soberanía de los ciudadanos, ejercitando también su ciudadanía plurinacional e intercultural. Como se podrá ver estamos ante una transformación pluralista de los conceptos. Esto es importante al momento de descentrarnos de la modernidad universal e ingresar a las modernidades heterogéneas, que es como debemos asumir un presente de interpelación y de emergencias, modernidades barrocas y modernidades alternativas.
Cuando se dice que de la soberanía que radica en el pueblo emanan, por delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público, no se dice otra cosa que lo que dice la tesis sobre el poder constituyente. La tesis afirma que del poder constituyente emana el poder constituido; pero el problema es que esta institución termina limitando al poder constituyente, limitando los alcances desbordantes del poder constituyente. La teoría del poder constituido es la teoría que establece los límites al ejercicio directo del poder constituyente. Esta contradicción es inherente al ejercicio mismo de la soberanía, a la realización misma de la soberanía, en tanto y en cuanto ésta se da en forma delegada. En el caso de la Constitución boliviana lo importante es resolver el problema en las tareas relativas a las trasformaciones institucionales correspondientes a la fundación del Estado plurinacional comunitario y autonómico. La institución de los órganos del poder público deben darse de tal forma que el poder constituyente no se quede relegado a las puertas del aparato institucional, sino hacer que el poder constituyente atraviese la propia maquinaria institucional, la utilice como instrumento, llegando a desplazar los propios límites que impone el poder constituido. De lo que se trata es que lo constituido no solamente esté transformado pluralmente, interculturalmente, comunitariamente y participativamente, sino que constantemente esté abierto a su reinvención, adecuándose a las distintas problemáticas que se le presenten. Entre ellas las problemáticas territoriales y eco-sistémicas. La nueva institucionalidad exige plasticidad, flexibilidad, salir de las formas rígidas de las estructuras administrativas liberales. La salida de las hipertrofias burocráticas no se encuentra en las reformas institucionales modernizadoras, que hasta ahora lo único que han hecho es conformar distintos sedimentos de estrategias administrativas, formando una geología institucional densa. La clave de la desburocratización parece encontrarse en la relación directa de la gestión de las políticas públicas con las poblaciones concretas que son el fin de estas políticas. Hablamos de la gestión compartida, también de la cogestión e, incluso, dependiendo de los casos en la autogestión. Como se puede ver, el ejercicio de la soberanía popular no es meramente un problema jurídico, de interpretación jurídica, de legislación, tampoco de realización institucional, sino que es un problema práctico, de realizaciones concretas de la participación y el control social.
No vamos a leer completo el artículo 8, pues la parte que corresponde a lo que podríamos llamar los principio negativos, ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), está en discusión por las corrientes descolonizadoras y los investigadores de los primeros periodos coloniales, sobre todo el relativo al siglo XVI, quienes dicen que no son principios del incario sino de la Colonia. También estuvo en discusión por algunos amautas, quienes plantean que son cuatro categorías y no tres. En todo caso, creemos que la importancia de los valores radica en lo que sigue:
El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: … suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble).
Estos valores son primordiales pues tienen que ver con el proyecto civilizatorio del vivir bien, la vida armoniosa, la vida buena, la tierra sin mal y el camino o vida noble. A la luz de la apropiación de la Constitución y de su uso político, cultural y social, sobre todo respecto a la problemática del cambio climático, estos valores se han convertido en las resoluciones de Tiquipaya en el modelo civilizatorio alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo del vivir bien. Entonces el vivir bien se convierte no solo en una transversal en el texto constitucional, en la estructura del texto, sino también en un macro-modelo que articula tres modelos constitucionales: el modelo de Estado, plurinacional comunitario; el modelo territorial, el pluralismo autonómico; el modelo económico, social y comunitario. El vivir bien no sólo le da una perspectiva y abre un horizonte civilizatorio sino también le da sentido y dirección a la aplicación de la Constitución.
¿Qué es el vivir bien? Esta es una de las traducciones del aymara y del quischwa más discutidas en Bolivia y Ecuador, se ha traducido del suma qamaña aymara y del suma kausay quischwa. Los aymaristas y quischwistas no se han puesto de acuerdo; hay interpretaciones puntuales, que tienen que ver con los usos prácticos del lenguaje presentes, en contextos específicos; así como interpretaciones contextuales, recurriendo a figuras como el taqui, el camino, la armonía, interpretada como pacha. También se dan interpretaciones filosóficas que conciben el vivir bien como plenitud o vida plena. El término qamaña está asociado al término qamiri, que quiere decir jaque, es decir alguien, hombre y/o mujer, rico, empero en el sentido de que tiene condiciones y sabe vivir bien. La discusión lingüística va continuar y quizás mejore las condiciones de la interpretación; lo sugerente es que el vivir bien ha sido apropiado políticamente como proyecto político y cultural de las naciones y pueblos indígenas originarios, por los movimientos sociales, por la Asamblea Constituyente, por el gobierno y por la Conferencia de los Pueblos y Movimientos sociales Contra el Cambio  Climático, por el proyecto de Planificación Plurinacional del Vivir bien. En otras palabras, el vivir bien ha adquirido vida propia, forma parte de la enunciación política y del debate plurinacional, que se ha irradiado al manejo discursivo de parte de la cooperación internacional, incluso de estudios en algunas universidades. No vamos a abordar este tema tan rico en lo que respecta a la invención de horizontes o, si se quiere, en la renovación de utopías, desde la discusión de la verdad del vivir bien. Consideramos que si bien esta discusión puede ser esclarecedora sobre todo cuando se desprende desde la erudición y desde la investigación, no resuelve los usos políticos y culturales que se hacen en el presente de las transiciones y de los procesos abiertos por los movimientos sociales. ¿Entonces qué es el vivir bien desde esta perspectiva?
El vivir bien es la búsqueda de alternativas a la modernidad, al capitalismo y al desarrollo, la búsqueda de lograr una armonía con los ecosistemas, una armonía con los seres vivos, sus ciclos vitales, con las comunidades, sociedades y pueblos. Es una búsqueda de lograr un nuevo ámbito de relaciones, nuevas formas de producción y reproducción sociales, armónicas con las formas de reproducción de la vida. En este sentido es una búsqueda para lograr resolver los grandes problemas como los relativos a la soberanía alimentaria, a la escasez de agua, al calentamiento global, a la pobreza, a la explotación, a la discriminación, a las dominaciones polimorfas sobre la Madre tierra, los seres, los cuerpos, los pueblos, las mujeres. ¿Es una nueva utopía?  Se podría decir que sí sobre todo si pensamos el horizonte emancipador que abre, pero también es una crítica al bienestar, al desarrollo, a la reducción de las valoraciones de las condiciones y la calidad de vida a los códigos economicistas del ingreso y del gasto.          
La declaración de principios, valores y fines no solamente contiene valores de las naciones y pueblos indígenas originarios sino también valores democráticos largamente conquistados y posesionados en la historia de las luchas sociales. El artículo en su segunda parte establece que:
El Estado se sustenta en los valores de unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad, solidaridad, reciprocidad, respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad, justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, para vivir bien.
Lo interesante de este enunciado es que la combinación de valores democráticos y los de las naciones y pueblos indígenas originarios sustentan la predisposición ética en la perspectiva del vivir bien, con lo que resulta que el vivir bien es también una construcción posible desde los valores democráticos. Lo que nos lleva nuevamente a plantear la alternativa en tanto apertura a las modernidades heterogéneas, en contextos dinámicos de hermenéuticas interculturales. El enunciado también nos plantea los recorridos de las distintas disposiciones de los sujetos y las subjetividades, también la complementación, si se puede hablar así, de los sujetos individuales, colectivos, grupales, comunitarios. Pero sobre todo el enunciado define la posibilidad de una valoración del vivir desde la composición de valores plurales y combinados.
En el capítulo tercero sobre el sistema de gobierno se produce uno de los desplazamientos más importantes en lo que respecta al ejercicio de la democracia, por lo tanto al ejercicio del contra-poder, pues se constitucionaliza no sólo la participación sino el sistema de gobierno, el sistema político, de la democracia participativa, que se ejerce pluralmente. Este pluralismo democrático y participativo transforma constitucionalmente el ejercicio de la democracia. Ya no se trata solamente de la transferencia simbólica de la soberanía del rey al pueblo, sino de la transferencia efectiva del ejercicio del poder de la burocracia administrativa al pueblo, creando nuevas formas de gobierno o de gubernamentalidad, que llamaremos gobierno de las multitudes.   
El artículo 11 establece en el numeral I que:
La República de Bolivia adopta para su gobierno la forma democrática participativa, representativa y comunitaria, con equivalencia de condiciones entre hombres y mujeres.
Este enunciado configura el ejercicio plural de la democracia y también la concepción de un pluralismo democrático. Esto es retomar la profundización y expansión de la democracia por los caminos de las formas de la democracia, formas plurales que además comprenden dos figuras avanzadas, el ejercicio directo y el ejercicio comunitario de las formas de la democracia, compartiendo su vigencia con el ejercicio representativo de la democracia. Este pluralismo democrático, esta democracia plural, plantea desafíos complejos en lo que respecta a las formas de gobierno, que llamaremos pluralismo gubernamental. Lo que equivale también a diseñar y construir de manera compartida los espacios del pluralismo institucional. En lo que respecta a la constitucionalización de las reivindicaciones de género, el artículo establece la equidad de género en la representación. Este es un gran avance en lo que respecta al reconocimiento del sujeto femenino en la configuración política del Estado plurinacional comunitario y autonómico. La pluralidad del Estado también tiene que ser entendida desde la perspectiva de género, como pluralidad introducida por la sensibilidad, inteligibilidad y praxis femeninas. 
En el segundo numeral el artículo dice que: 
La democracia se ejerce de las siguientes formas, que serán desarrolladas por la ley:
Directa y participativa, por medio del referendo, la iniciativa legislativa ciudadana, la revocatoria de mandato, la asamblea, el cabildo y la consulta previa. Las asambleas y cabildos tendrán carácter deliberativo conforme a Ley.
Este ejercicio directo de la democracia es el que reivindica el proyecto más anhelado por los movimientos autogestionarios y auto-determinantes. Mediante la efectuación de las formas de la democracia directa se da sustento y materialidad política a la democracia participativa. El referendo, la revocatoria de mandato, la asamblea, el cabildo y la consulta previa son las formas de la democracia directa. Se trata de mecanismos de deliberación y de participación en la construcción colectiva de la decisión política. ¿Si el proceso ha sido construido por asambleas y cabildos como recursos de la movilización, por qué no van a ser precisamente las asambleas y los cabildos los recursos de la conducción del proceso? Ciertamente en el mismo artículo se dice que la asamblea y el cabildo son instancias deliberativas cuyos alcances serán definidas por la ley. Este es uno de los lugares donde se manifiesta a la vez la voluntad de abrirse a la participación y una preocupación por delimitarla. En todo caso habría que vivir la experiencia de la participación para comprender sus dinámicas y entrelazamientos, además de las relaciones con las otras formas democráticas, antes de pretender regular la participación con una ley. 
Ciertamente la forma de la democracia representativa es la más conocida, además es la que funciona en los sistema políticos republicanos, que consideran que la forma representativa es la única forma de democracia. Esta reducción de la democracia a su forma delegada y representativa ha reforzado la división entre representantes y representados, entre gobernantes y gobernados, reforzando también la relación de dominación en todas sus formas. Aunque la forma de democracia representativa se ha ido ampliando y extendiendo en la medida que las luchas por la ampliación de los derechos han ido plasmándose, esta extensión de la democracia representativa con la expansión de los derechos no resuelve, sin embargo, la problemática del ejercicio del gobierno de todos, del gobierno del pueblo, también de la problemática de la articulación entre comunicación, deliberación, argumentación colectivas y formulación de políticas consensuadas, materializadas en gestiones publicas transparentes. Estos problemas solo se pueden resolver si salimos del círculo de la democracia representativa y se profundiza la democracia con el ejercicio de formas de democracia participativas, como son la democracia directa y la democracia comunitaria.
En el artículo en cuestión la democracia representativa se la define así:      
Representativa, por medio de la elección de representantes por voto universal, directo y     secreto, conforme a Ley.
El gran avance del ejercicio plural de la democracia es la democracia comunitaria. Esta es una transformación descolonizadora de la política, sobre todo al reconocer las formas propias de participación colectivas, de mandos rotativos, de juegos de complementariedades y de caminos (taqui) que recorren las autoridades originarias en el ascenso de sus responsabilidades. Aunque el artículo se atiene a definir el carácter de representación directa comunitaria, por medio de la elección, designación o nominación de autoridades y representantes, atendiendo a las normas y procedimientos propios de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, el hecho jurídico de la constitucionalización de la democracia comunitaria abre el espacio a la institucionalización de las estructuras y prácticas del ejercicio de las formas de gobierno comunitario. Desde esta perspectiva podemos hablar de la transformación comunitaria del Estado y las formas de gobierno, así como de las formas de gestión.
En el artículo se define así a la democracia comunitaria:
Comunitaria, por medio de la elección, designación o nominación de autoridades y representantes por normas y procedimientos propios de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, entre otros, conforme a Ley.
Por lo tanto el ejercicio plural de la democracia se da en esta composición rica de formas democrática, en su ejercicio propio de cada una de estas formas, en la combinación y complementación de las mismas, en la articulación de estas formas que conforman un mapa abierto y dinámico de los campos políticos.
En cuanto a la organización del Estado, se cambia el nombre de los poderes por el nombre de órganos, creándose un nuevo órgano o, mas bien, convirtiendo a la Corte Electoral en Órgano Electoral Plurinacional. La discusión sobre este artículo fue importante, pues, en un principio se planteó coherentemente que debería constituirse un poder social, que además debía ser la matriz de todos los otros poderes, de donde emerjan éstos. Esta propuesta de los dirigentes sociales era consecuente con el sentido histórico-político de las luchas, los  movimientos sociales de las naciones y pueblos indígenas originarios, era coherente con el alcance ilimitado del poder constituyente, se establecía la base amplia y participativa de la organización del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Empero el argumento del ejecutivo fue que no se podía confundir a los dirigentes sociales con los funcionarios, que una cosa eran la organizaciones sociales y otra las organizaciones políticas. Con estos argumentos se impidió dar lugar a una de las más avanzadas formas de organización del Estado, replanteando la propia composición de los poderes desde la matriz fundante del ejercicio mismo del poder, del gobierno y de la organización estatal. Del poder social es de donde emanan los otros poderes, tomados no como división sino como formas de funcionamiento del poder social. Lo que quedó de este planteamiento es lo que se trasladó al Título VI de la Constitución Política del Estado, donde se define la Participación y el Control Social. Volviendo a la interpretación integral de la Constitución podemos decir que con la definición del sistema de gobierno como democracia plural, participativa, directa, representativa y comunitaria, y con el título sobre la Participación y Control Social, se puede recuperar el sentido inicial de cómo construir una nueva forma de organización del Estado.      
El artículo 12 establece que:
El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del Estado está fundamentada en la independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos.
En el numeral II se amplían las funciones de la organización del Estado al Control, a la Defensa de la Sociedad y la Defensa del Estado. Se está hablando de mecanismos legales de control y defensa, como se puede ver en los desarrollos específicos de la Constitución al respecto. Aunque interpretando desde el espíritu constituyente también se puede llegar interpretar como ejercicios políticos de control y defensa, ejercicios atribuidos a la misma sociedad, tareas prácticas de las organizaciones, las instituciones, los colectivos, las comunidades, los grupos y los individuos. De este modo puede resolverse el problema en beneficio del sentido participativo de la democracia plural.
El enunciado del numeral citado es el siguiente:
Son funciones estatales la de Control, la de Defensa de la Sociedad y la de Defensa del Estado.
Dejando claro que se trata de órganos independientes los correspondientes a la organización del Estado, recogiendo además implícitamente la figura de la división, el numeral III deja despejado que no puede haber una unificación de poderes, ni tampoco una invasión de los mismos, ni transferencia de sus funciones. Esta idea de división de poderes debe ser discutida a la luz del espíritu constituyente, de la voluntad constituyente, así como del sentido histórico y político del Estado plurinacional comunitario y autonómico, de las transformaciones institucionales y estructurales que implica.
Esta figura de la división se expresa en el artículo de la manera siguiente:
Las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano ni son delegables entre sí.
Conclusiones
Se hizo el análisis del proceso constituyente, que todavía no ha concluido, pues nos encontramos en la etapa de la aplicación de la Constitución. También nos concentramos en el Capítulo primero, que trata sobre el modelo de Estado, del Título I, que trata sobre las bases fundamentales del Estado. Se puede decir que estos artículos son fundamentales pues dan inicio a la interpretación de la Constitución, definiendo los marcos conceptuales desde los cuáles hay que leer el texto constitucional de una manera integral.
Para comenzar con las conclusiones podemos decir que estamos ante una Constitución de transición, de la transición descolonizadora, correspondiente a la construcción de un Estado en transición, que es el Estado plurinacional comunitario y autonómico, en una coyuntura mundial que está caracterizada como de la crisis de la modernidad y del capitalismo. Aquí radica el valor de esta Constitución, por diseñar las bases y mecanismos de la descolonización, partiendo de la exigencia de las transformaciones institucionales y la fundación del Estado plurinacional comunitario y autonómico. Esto significa la muerte constitucional del Estado-nación, que es la forma moderna del Estado liberal, que a su vez, en los territorios de la periferia, responde al carácter colonial del Estado al desconocer los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, al desconocer sus instituciones, normas y procedimientos propios.
Partimos de que el proceso constituyente se debe a la crisis del Estado, una crisis permanente desde los inicios mismos de la república. Se ha mostrado que una manifestación de la crisis se da en los reiterados pactos para sostener la endeble administración del poder, también se ha redefinido la idea de Estado moderno en la periferia del sistema-mundo capitalista como la de un Estado en construcción y articulado a circuitos de redes, influencias, presiones, cohechos,  ocupaciones de disímiles grupos de poder. Después de una evaluación de los intentos de modernización del Estado y teniendo en cuenta los fracasos sucesivos de las reformas de modernización, además de la crisis del proyecto neoliberal, del desenlace de esta última reforma estructural, se concluye que ya no hay cabida para seguir construyendo el Estado nación en plena crisis global del capitalismo y de la modernidad. Se deduce que se ha abierto una etapa de transición descolonizadora y alternativa al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, y que esta etapa puede ser considerada como la temporalidad de las condiciones de posibilidad históricas de la descolonización, de la transición pos-capitalista y trans-moderna, condiciones de posibilidad histórica que hacen de contextos mundiales de la crisis del Estado nación. Se puede entender entonces que se dan también entonces las condiciones históricas de posibilidad de la construcción del Estado plurinacional comunitario, como forma organizacional estatal en la transición descolonizadora.
El análisis ha remarcado el sustrato de proceso constituyente, sustrato candente de movilizaciones, luchas sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos y afrobolivianos. Es este sustrato el que explica la apertura al proceso constituyente y el ingreso a una temporalidad descolonizadora. A propósito se ha señalado que el ciclo de movilizaciones de 2000 al 2005 puede ser interpretado a partir de un tejido de la eclosión social, este tejido tiene dos ejes articuladores, la guerra del agua y la guerra del gas, y un plano de consistencia, la emergencia de los levantamientos indígenas desde las estructuras largas de la rebelión y la memoria larga anticolonial. Estos ejes y este plano de consistencia articulan y son atravesados por múltiples movilizaciones y marchas de los distintos sujetos de la interpelación; cocaleros, gremialistas, proletariado nómada, jubilados, prestatarios e incluso policías que demandaban mejores condiciones. Los movimientos sociales se caracterizan por su capacidad de convocatoria y su perspectiva autogestionaria, estos movimientos se sostienen y sustentan una movilización prolongada, que derrota al modelo neoliberal, abriendo el horizonte del proceso constituyente.
La Asamblea Constituyente ha sido definida como el escenario convulsivo de la construcción dramática del pacto social. Asamblea que se ha movido en el dilema contingente de la contradicción entre el poder constituyente y el poder constituido, dilema que ha afectado su desenvolvimiento, en un contexto adverso de una ciudad que termina oponiéndose al proceso constitúyete, a la asamblea y a la Constitución que se iba elaborando, en un contexto donde las oligarquías regionales intentan trucar el proceso constituyente, recurriendo a movilizaciones fuera de la Asamblea y boicot dentro de la Asamblea. Empero, a pesar de todo, la Asamblea logra aprobar una Constitución que recoge los mandatos más caros de las organizaciones y movimientos sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos y afrobolivianos.
En lo que respecta al modelo de Estado, a los doce primeros artículos analizados de la Constitución, hemos visto que los tres primeros artículos configuran el Estado plurinacional comunitario y autonómico, en tanto instrumentalidad de la transición descolonizadora, exigiendo una epistemología pluralista y dando apertura a transformaciones pluralistas institucionales y estructurales. Los otros artículos analizados constituyen las bases jurídicas y políticas de la democracia participativa, del ejercicio plural de la democracia, nombrado como un sistema de gobierno de la democracia participativa, representativa y comunitaria.            
               
La crisis del proceso
Antes una anotación sobre el concepto de proceso, prosessus, en latín, que significa ir adelante, hacia un fin, comprendiendo el transcurso del tiempo, fases sucesivas; hay en la idea de proceso un presupuesto acumulativo, también evolutivo, incluso de transformación. Está claro que el concepto contiene el sentido teleológico, de encaminarse a un fin, y de alguna manera que todos los componentes del proceso están articulados, no necesariamente como una unidad, empero sí afectando simultáneamente una dirección, una orientación. También puede entenderse el proceso como una producción, usando la metáfora del proceso productivo, donde se controla la transformación de las materias primas en el proceso productivo mediante la intervención de los medios de producción, la tecnología, y la fuerza de trabajo, la administración de la composición del capital, llegando a la realización del producto y la valorización del valor. Ciertamente hay que comprender que se trata de una metáfora cuando se usa el concepto de proceso para referirse a los acontecimientos políticos, a la lucha de clases, a la lucha descolonizadora, pues en este caso no se controlan las condicionantes, los factores intervinientes, las múltiples singularidades intervinientes. Lo que da la sensación de un cierto control, de una afectación, es la fuerza de las movilizaciones, la fuerza de la multitud, la fuerza de la masa, la participación de las organizaciones, el flujo interpretativo de los discursos interpeladores. Para que haya proceso, en el sentido riguroso del término, es menester que se dé una constante afectación, cambio y transformación de las condiciones, factores, estructuras, instituciones, relaciones, singularidades intervinientes. De alguna manera una especie de control de la composición del acontecimiento. En la medida que la transformación de las condiciones no se da no es tan fácil sostener hablar de proceso para referirse a la coyuntura y a las coyunturas del periodo crítico. En este sentido lo que vamos a hacer es poner a prueba el concepto de proceso en relación al periodo de crisis y de emergencia que se vive en Bolivia desde el 2000 al 2011. 
Es imprescindible hacer una reflexión teórica sobre el proceso que vivimos, llamado proceso de cambio; reflexión teórica pues requerimos evaluar la complejidad del curso de los acontecimientos inherentes, sus articulaciones, complementariedades y vecindades, la fuerza de sus tendencias, la correlación de fuerzas, los ritmos, las resistencias y obstáculos al cambio. Sobre todo responder a la pregunta: ¿Por qué está en crisis el proceso? Decimos que hay crisis por las evidencias que se presentan en la coyuntura del proceso: 1) el proceso se ha estancado, no puede realizarse, seguir ascendiendo, continuar con los cambios, con las transformaciones; 2) no se aplica la Constitución aprobada por la mayoría del pueblo boliviano, al contrario, en vez de lograr las transformaciones institucionales, las transformaciones estructurales económicas, políticas, sociales y culturales, se mantiene la vieja maquinaria estatal, se restaura el Estado-nación, se mantienen las normas y prácticas liberales; 3) se producen enfrentamientos entre el gobierno indígena y popular con el pueblo, con las organizaciones indígenas originarias, con sindicatos campesinos y organizaciones e instituciones regionales, ciertamente también con los sindicatos obreros y de los sectores urbanos de maestros y trabajadores de salud; 4) se devela con la medida de nivelación de precios, llamada popularmente gasolinazo, las profundas contradicciones y estancamiento del proceso. Al respecto de esta medida conocida popularmente como gasolinazo, se trata de una medida antipopular, pensada desde la más cristalizada mentalidad monetarista, medida de shock, que termina mostrándonos el estancamiento del proceso de nacionalización, el dominio de las empresas trasnacionales, la efectiva vigencia de los procedimientos neoclásicos en el gabinete económico, la bondadosa política con las transnacionales mineras, la derechización de la conducción del gobierno, perdido en un imaginario industrialista, que no es otra cosa que la supeditación a las necesidades de energía de una potencia emergente vecina. Por lo tanto es esta crisis política la que debe ser analizada.
A propósito, no es suficiente decir que todo proceso vive esta curva de ascenso y descenso, que llega a un momento cuando las contradicciones logran estancar el proceso, detenerlo, que es menester en esa coyuntura precisa, resolver las contradicciones acumuladas, de tal manera que se afecte a las correlaciones de fuerzas en el campo político, en el campo social, en el campo económico y en el campo cultural, empujando las transformaciones institucionales postuladas por los movimientos sociales. Tampoco es suficiente decir que las razones de este estancamiento se encuentran en el realismo político y pragmatismo optado, en el diferimiento de las tareas de cambio; así como no es suficiente decir que un bloque dominante nacionalista se ha hecho cargo de la conducción del gobierno y del proceso; por lo tanto empuja el desenlace del proceso a una dirección y orientación estatalista, centralista, nacionalista, industrialista y desarrollista, desestimando la realización de las trasformaciones estructurales y la fundación del Estado plurinacional comunitario. De lo que se trata es de comprender como se ha llegado a una situación donde las formas del contra-proceso apuntan a no sólo detener el proceso mismo sino también a desarticularlo. Nos acercaremos a este análisis a través de la evaluación de la dinámica molecular de las fuerzas concurrentes del proceso.
Hipótesis
La crisis múltiple del Estado emergida desde las entrañas mismas del mapa inscrito de los dispositivos de poder, de los diagramas de poder, que atraviesan los cuerpos, crisis manifestada como crisis política, en la contundencia de las movilizaciones explosivas que atravesaron los espesores subjetivos y los mapas sociales, sus geografías políticas y cartografías, durante seis años de luchas insurreccionales sostenidas, muestra la vulnerabilidad de las instituciones, de la clase política y de la maquinara estatal, empero también oculta los sedimentos acumulados de las costumbres, de los sentidos comunes, le las propias organizaciones y dirigencias involucradas en la movilización. En otras palabras, la rebelión social y de los pueblos indígenas originarios, los levantamientos populares múltiples, expresan la fuerza de la interpelación de los sujetos colectivos, empero terminan ocultando el carácter conservador de los sujetos individuales, de las subjetividades labradas en las instituciones y organizaciones. La movilización social abre el horizonte descolonizador, plurinacional, comunitario y autonómico del proceso, empero esconde la persistencia y fortaleza de esta persistencia, por así decirlo, de las estructuras consolidadas de una sociedad heredera de las patrimonios y transmisiones coloniales.
Las fuerzas capaces de convocatoria a la movilización, capaces de desplegar formas organizativas autogestionarias y de autoconvocatoria, con fuerte configuración organizacional horizontal, no estaban preparadas para inventar nuevas formas de administración autogestionarias. Esto se puede observar cuando la Coordinadora del Agua y Defensa de la Vida debe hacerse cargo de la administración del agua en Cochabamba, se opta a volver a la administración municipal, donde se termina ahogando el proyecto de administración autogestionaria. Casi lo mismo ocurre o algo parecido cuando las dirigencias se hacen cargo de las administraciones municipales, donde terminan ahogados por las normas, procedimientos y formas administrativas del viejo Estado. Terminan tragadas y lo que es lo peor se convierten en los mejores defensores de estas administraciones liberales y nacionales. Lo más patético ocurre cuando el MAS llega al gobierno, el poder termina tomando al MAS y no el MAS al poder. El MAS se convierte, a través de los celosos ministros invitados, en el mejor dispositivo de mantención, conservación del Estado-nación, como forma moderna del Estado liberal y como forma oculta, opaca, del Estado colonial. El gobierno llamado indígena-popular se agarra de las redes, de los amarres, de los engranajes e instrumentos operativos y técnicos del Estado, buscando refugio en el aprendizaje dramático de la administración pública. Los altos funcionarios y los mandos medios, incluso la poca dirigencia que ingresa al aparato ejecutivo, terminan convirtiéndose en los mejores defensores del sistema administrativo, de sus normas y sus prácticas. Se gana de esta forma un nuevo funcionario, perdiéndose un dirigente. ¿Qué nos muestra esta experiencia? ¿Qué los postulados, las agendas y los objetivos que se proponen los movimientos sociales son sólo utopías, que no pueden trastrocar las estructuras fosilizadas de una sociedad de clases y de un Estado colonial? ¿O mas bien, qué no hay voluntad política, que no hay las condiciones para la realización de esta voluntad, que no se dan las condiciones subjetivas, para usar términos de una vieja discusión? El problema es que no es tan fácil responder a esta pregunta, pues tenemos, de todas maneras, a pesar de la construcción dramática del pacto social y político, aprobada una Constitución, la escritura de los planteamientos caros de las movilizaciones: Estado plurinacional, comunitario, autonómico, modelo pluri-institucional del Estado, democracia participativa, modelo de pluralismo autonómico, modelo de economía social y comunitaria, manteniendo la condición comunitaria del Estado y apuntando a la perspectiva de un paradigma alternativo al capitalismo, la modernidad y el desarrollo, el vivir bien. Esta decisión es mayoritaria, está constitucionalizada, ese es el programa político, ese es el querer de la mayoría de los bolivianos. ¿Cómo es que no se convierte este querer en voluntad o cómo la voluntad no se plasma en materialidad política y en un nuevo mapa institucional? Considero que para poder responder esta pregunta es menester considerar un grave problema político, que puede ser llamado como de disyunción, desencajamiento, desacoplamiento, incluso de hasta contradicción política; problema político que tiene que ser comprendido, hecho inteligible, mediante una cruda interpretación: en el fondo, a pesar de los discursos, el gobierno, los ministros, los funcionarios, tampoco el MAS, y, lastimosamente, la dirigencia ejecutiva de las organizaciones, no creen en la Constitución. Consideran que es un discurso político bueno para lanzarlo en las campañas electorales, contra la derecha, y en los escenarios donde se recicla la ritualidad y ceremonialdad del poder, está bien para el teatro político, pero no para aplicarla, no para tomarla en serio, menos para usarla como instrumento de transformación. Esa posición nos muestra fehacientemente que se ha llegado al poder para estar en el mismo, aposentarse,  gozar de sus beneficios y privilegios, pero no para transformarlo, se ha llegado al Estado para mantenerse en el mismo, habitarlo, pero no para destruirlo y construir otra forma política que ayude a efectuar las emancipaciones múltiples.
              
El llamado modelo económico extractivista tiene varado a todo el campo económico en las formas de reproducción de la dependencia, de la supeditación y subsunción a las formas de acumulación del capital a escala mundial. En este sentido se entiende que todos los dispositivos administrativos, normativos e institucionales estatales estén condicionados por las formas de la economía extractiva y estén para mantener este sistema, conservarlo e incluso mejorarlo, ampliando la expansión extractiva. Por eso mismo se puede entender que la administración estatal de la economía sea uno de los espacios más conservadores y resistentes al cambio. No es tan fácil cambiar las políticas económicas cuando estas se han consolidado en las formas de funcionamiento de las oficinas del gabinete económico. Menos aun cuando se trata enfoques y métodos incorporados desde los programas de apoyo de la cooperación internacional. Hay como una concomitancia entre los programas internacionales y las reformas nacionales en la perspectiva de reforzar los engranajes del orden internacional, de la dominación mundial del centro sobre la periferia del sistema-mundo capitalista. No es casual entonces que en este espacio de acción institucional se haya gestado el gasolinazo, tampoco que se oriente la política económica desde la cautelosa lectura del supuesto del equilibrio macroeconómico. Usando términos relativos a la metáfora arquitectónica del Prefacio de El capital, podríamos decir que entre estructura económica y superestructura jurídica, política, ideológica y cultural, se produce un condicionamiento perverso induciendo una estrategia económica dependiente. Estos condicionamientos materiales impiden la aplicación de la Constitución en lo que respecta a la transformaciones económicas, al cambio de modelo económico, salir del modelo extractivista e ingresar a un modelo productivo-producente, orientado a la economía social y comunitaria, articulando y complementando la economía plural de una manera integral, en la perspectiva de la democracia económica, la armonía ecológica y la soberanía alimentaria, en el horizonte del vivir bien.
No se ha construido el sistema de gobierno de la democracia participativa, no se ejerce la democracia plural, ejerciendo la democracia directa, representativa y comunitaria. No se han abierto las puertas a la participación y el control social. Al contrario, se mantienen las formas de gestión liberal, que separa Estado de sociedad civil, gobernantes y gobernados, especialistas de neófitos, los que saben respecto de los que no saben, es decir, recreando la división del trabajo entre la clase política respecto de las y los ciudadanos, las y los trabajadores, las comunidades. Por lo tanto se trae, como consecuencia de todo esto, el moverse en un círculo vicioso, los que creen saber terminan repitiendo lo mismo que hicieron la burocracia y los funcionarios de anteriores gobiernos, reforzar la auto-referencia de un sistema institucional parasitario, que sirve para mantener las dominaciones múltiples, bajo la ilusión de que se hace política, cuando lo que se hace es legitimar las estructuras de poder.
No se han abierto los espacios de crítica y autocrítica, al contrario se han cerrado, optando mas bien por descalificar estas opciones, de reforzar las formas de reproducción de la alabanza generalizada, del contingente de aduladores, los llamados popularmente lluncus, recreando los escenarios patéticos de supeditación servil a los jefes, ocasionando grotescas sobre-estimaciones de sus egos. Empujando con todas estas prácticas sumisas a la desconexión institucional de la realidad, generando microclimas organizacionales aislados de los contextos concretos, de las contradicciones y de los conflictos. De esta forma se puede explicar la formación de una consciencia paranoica en los altos funcionarios, que los empuja a la permanente defensa y a identificar enemigos por todas partes.
No se ha podido extirpar la corrupción, mas bien se ha generalizado, invadiendo expansivamente zonas que antes estaban como exentas de estas prácticas, pues estaban al margen de ellas. Se retoma la idea del botín en expresiones como que ahora nos toca, reutilizando viejas prácticas prebéndales y clientelares, de circuitos de influencias, de corrosiones exacerbadas, demoliendo con esta imposición de relaciones morbosas las posibilidades de prácticas transformadoras y comprometidas con el cambio. Lo grave de esta proliferación corrosiva es que se articulan redes de alianzas complicadas entre las viejas castas dominantes y ciertos estratos de decisión política.
Conclusiones
Hay que acercarse a la dinámica molecular del proceso para comprender sus cursos, sus rutas y recorridos, sus contradicciones, su campo de posibilidades, sus tendencias y sus correlaciones de fuerzas. Sobre todo tratar de explicarse la crisis del proceso. Teniendo en cuenta las hipótesis planteadas y la experiencia del proceso, lo que llama la atención es la separación casi inmediata entre ejecutivo, incluso gobierno, y movimientos sociales en lo que respecta a la construcción de la decisión política, de las políticas públicas y de las medidas que deberían estar destinadas al cambio. En otras palabras, los que lucharon y abrieron el camino del proceso no gobiernan, gobiernan los funcionarios. Quizás esta separación forma parte importante de la matriz de la crisis, empero para tratar la matriz de la crisis debemos tener una mirada integral. Tampoco debemos circunscribirnos sólo a las condicionantes internas de la crisis del proceso sino también debemos abrirnos a sus condicionantes externos; no podemos olvidar que nos encontramos insertos en un sistema-mundo y en una economía-mundo capitalista, que, por lo tanto estamos también afectados por la crisis global. En este sentido, al conjunto de hipótesis relativas a las condicionantes de la crisis del proceso, debemos añadir una lectura de la crisis estructural del capitalismo. 
¿A qué llamamos crisis estructural del capitalismo?  Hablamos de una crisis múltiple, crisis de reproducción, de sobreproducción, crisis de hegemonía, crisis financiera. Esta crisis es estructural porque afecta al sistema-mundo y a la economía-mundo capitalista, pero lo hace bajo las condiciones históricas concretas, las que corresponden al ciclo del capitalismo vigente, nos referimos al ciclo que contuvo la hegemonía norteamericana y ahora contiene el dominio a secas de los Estados Unidos de América. Este ciclo ha ingresado a su fase de crisis financiera, que es como el lugar especulativo del sistema económico del capital, cuando se transfiere la crisis de sobreproducción a los mecanismos especulativos financieros. Los Estados Unidos hegemonizan el despliegue del ciclo de acumulación capitalista vigente desde el fin de la segunda guerra mundial, imponen su sello, transformando el sistema de libre comercio, conformado por la hegemonía británica, en un sistema de libre empresa, produciendo transformaciones estructurales en la forma del capitalismo, introduciendo nuevas formas de administración industrial y de administración económica, como el taylorismo y el fordismo, expandiendo estas formas por el mundo, amparados por su dominio y mediante la inversión directa de capital y la instalación de sus corporaciones trasnacionales. Esta hegemonía se clausura con la derrota en la guerra de Vietnam, dándose lugar desde entonces a una crisis política, a un replanteo de sus estrategias y a un dominio a secas sobre el mundo, sin hegemonía y sin legitimidad. Hablamos de un mundo capitalista estructurado y jerarquizado geopolíticamente y geográficamente; en la cúspide contamos con el dominio tecnológico, militar, económico y comunicacional de los Estados Unidos de América; después están los países centrales, que comparten la dominación y se comportan ambiguamente, a veces como satélites, otras veces resistiendo o abriendo la posibilidad de bloques alternativos como la Unión Europea, también emergiendo como posibilidades de un nuevo ciclo, como es el caso del desplazamiento capitalista de China en la red regional asiática; después vienen los países semi-periféricos; por último se encuentra el gigantesco espacio multi-diverso de la periferia, lugar indomable, de plurales resistencias, aunque también de complicadas sumisiones. En este contexto del sistema-mundo nos interesa las formas de inserción e irradiación de la crisis estructural del capitalismo en la periferia, sobre todo interesa comprender los efectos de esta crisis en el desenvolvimiento de las crisis políticas y las crisis económicas en la periferia. En lo que respecta a Bolivia interesa entender cómo la crisis política desatada el 2000 y la crisis del Estado-nación que se extiende hasta nuestros días (2011) son afectadas, se articulan y forman parte de la crisis estructural del capitalismo. De cómo ambos escenarios de las crisis, la mundial y la periférica, desatan procesos de emancipación y de descolonización. Esto sobre todo para evaluar las posibilidades y los alcances de los procesos desatados.
 Volviendo a la anotación del comienzo, podemos concluir lo siguiente:
Los movimientos sociales desatados el 2000 y que continúan hasta el 2005 logran desarticular la legitimidad y la dominación de la clase política, representantes de la burguesía intermediaria y de la casta blancoide-mestiza privilegiada por la perduración de las estructuras coloniales, logran poner en evidencia la crisis múltiple del Estado-nación y logran expulsar a los gobiernos neoliberales, abriendo un nuevo curso descolonizador con el gobierno de Evo Morales, el proceso constituyente y el inicio de un proceso de nacionalización. Empero, una vez en el gobierno, los movimientos sociales no logran transformar las condiciones, las estructuras y las instituciones sobre las que se conforma y reproduce el Estado-nación. Los aparatos, la maquinaria estatal, las estructuras de gobierno, siguen siendo prácticamente las mismas. Las prácticas de gestión siguen siendo recurrentemente liberales, las normas de la gestión siguen las mismas lógicas liberales. También en la sociedad perduran las estructuras desiguales, las estratificaciones históricas, las relaciones y prácticas de reproducción de clases y de castas. Lo que se ha dado es una irrupción indígena, un empoderamiento de espacios, un trastrocamiento simbólico de los imaginarios coloniales. En este sentido, lo que podemos decir es que desde el 2006 se experimentan intentos de construir un proceso de transformación, empero de una manera diferida, pragmática, contradictoria, que incluso puede tomarse como regresiva. Este intento de cambio se efectúo desde el gobierno a través de políticas, que en principio fueron de irrupción, como el inicio del proceso de nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, pero, en la medida que pasaba el tiempo, las otras políticas fueron excesivamente tímidas, en la medida que se dejó intacto el aparato estatal, la estructura ejecutiva y la forma de gobierno y la forma de gestión. El intento de trasformación también se hizo sentir, de alguna manera, desde las actividades desesperadas de las organizaciones sociales, intentando desordenadamente incidir en las decisiones políticas del gobierno. Así mismo desde el accionar crítico de las organizaciones indígenas originarias, intentando redefinir voluntariamente un proyecto coherente con la descolonización. Ciertamente el mayor intento de transformación se efectúo desde la Asamblea Constituyente, escribiendo una Constitución descolonizadora que apunta al Estado plurinacional comunitario y autonómico. También se puede decir que el intento de transformación se efectúo de una manera dispersa y distribuida, a partir de un conjunto de puntos y líneas de enfrentamiento que intentan lograr transformaciones concretas y específicas. Sin embargo, estos intentos no han logrado articularse y conformar una fuerza hegemónica de conducción del proceso; han prevalecido las fuerzas resistentes al cambio, consolidadas en estructuras, en instituciones y en la arquitectura estatal, han prevalecido las prácticas y relaciones consolidadas en la costumbre social. Entonces se puede decir que la articulación de un proceso de transformación está pendiente.
 En relación a la puesta en prueba del concepto de proceso para referirnos a la segunda etapa del periodo en cuestión, pues la primera corresponde más claramente a un proceso de movilización social que replantea la correlación de fuerzas en el campo político, descompagina las estructuras de poder, cuestiona las formas de dominación y legitimación liberal del Estado-nación, barre con el modelo neoliberal. El proceso de transformación del que hablamos, etapa cuya delimitación arranca el 2006, no está articulado, en otras palabras, no está conformado, se encuentra en curso de una difícil construcción; se encuentra como emergiendo, empero enfrentando grandes resistencias y obstáculos de las estructuras de la vieja maquinaria estatal, de las costumbres liberales, de la ideología nacionalista cristalizada en los huesos de los funcionarios y dirigentes. La exigencia del momento, la emergencia de la coyuntura, es desatar una revolución cultural descolonizadora y una movilización generalizada que reconduzca el proceso a sus cauces iniciales, establecidos en la Constitución. 
Apuntes sobre el Estado plurinacional comunitario autonómico y pluralismo jurídico[50]
Podemos decir que el Estado plurinacional supone una nueva concepción de la transición pos-capitalista, la anterior tesis de transición estaba íntimamente ligada a la transición de la dictadura del proletariado. La gran diferencia de ambas tesis consiste en que la dictadura del proletariado pensada como transición socialista al comunismo no salía de los horizontes de la modernidad, en cambio la transición pluralista atraviesa los límites de la modernidad, cruza el umbral de la misma, y entra a otros agenciamientos civilizatorios. Además se trata de transiciones pensadas pluralmente en distintos planos y niveles. Por lo tanto la configuración del Estado plurinacional supone otra teoría crítica del capitalismo, ya no se trata sólo de visualizar un desarrollo desigual y combinado, ni tan sólo quedarse en la tesis del imperialismo como fase superior del capitalismo. Ya es un avance visualizar los ciclos del capitalismo, los ciclos de las crisis del capitalismo, las transformaciones estructurales de los ciclos y las transformaciones estructurales de las crisis. Pero esto no es suficiente; en lo que respecta a la compresión del Estado plurinacional se requiere entender los ciclos del colonialismo, sus transformaciones, la estructura de sus crisis, además de sus estrechos vínculos con el capitalismo y la modernidad. Es indispensable comprender la crisis civilizatoria y los alcances de la crisis ecológica. Por otra parte es urgente situar el pensamiento pluralista en el contexto de las cosmovisiones indígenas, en su profundo animismo e inmanencia. La