Félix Santos (Segunda versión)

Félix Santos

(Segunda versión)

Sebastiano Monada

 

Félix Santos

Félix Santos

Aymara de Aroma

Fruto de semilla cultivada

Por siglos insistentes

Fundador del katarismo

Canción de piedras y de vientos

Repetidos a pulmón por las zampoñas

Hombres y mujeres bronceadas

A fuego regalado en ráfagas

Por el astro Inti, deidad andina

Y curtidos a soplo de la brisa helada

Convocados por la serpiente luminosa

Serpiente alada aposentada en cumbres

Nevadas, lágrimas plateadas de la luna

Y estrellas hechas trizas por excesivo encanto

Su polvo de recuerdos depositado en blanco

Poncho extendido sobre las musicales curvas

De la excelsa muralla de la cordillera inquieta

Propósito político forjado a martillazos

Despertando en los yunques fraguados

Fantásticos sueños de llamas y de alpacas

Emanados cuerpos profusos minerales

De los proliferantes archipiélagos andinos

Efluvio intranquilo culto y civilizado

En la segunda mitad del ciclo luminoso

Como equilibrio fugaz del medio día

Y la media noche de las constelaciones

Del camino marcado por la euforia lechosa

Brotada de los senos voluptuosos y lúbricos

De estrellas precipitadas al abismo

En la gravitación de las memorias

Recuperadas en las cavernas de la nada

Del siglo ultimatista

Que gritaba arronjado

¡O todo o nada!

Félix Santos

Dirigente campesino

En los escabrosos años

De las décadas perdidas

En la agonía filuda de bayonetas caladas

Contraste belicoso con el tinku comunal

Mas bien, pugna entre cóndores y leopardos

Complemento y choque del cielo y de la selva

Tocando en la atmósfera el fondo del volcán

Años abrumados de resistencias tercas

En repetidos combates permanentes

Contra las dictaduras condecoradas

Por las muertes sin nombres

Y las calaveras clamando como luces

Perene memoria golpeando las puertas

De las casas de parientes y amigos

Félix Santos

Incondicional del ajayu,

De la qamasa compartida

Pasaste como vuelo de gaviotas en el cielo

Y como estampida de vicuñas en la apacheta

Dejando el recorrido duro de tus pies

En la tierra abierta en surcos

Para la siembra y la cosecha

De tubérculos sumergidos como topos

Enrollados de invierno

Profesamos el retorno cíclico

Como bucle de luz navegante

Mirándose curiosamente la espalda

Como dragón mordiéndose la cola

Retorno curvado al Ayllu

Comunidad de entretejidas moradas

Como tupidas enredaderas de alianzas

De humanos y plantas

De humanos y vicuñas

De humanos y fuerzas vitales

Ciclos de luz y aguas de plata

Lágrimas de luna

Territorios espesos guardados

Como caldo suculento de humus

Y de ritos creativos

En las rotaciones de la tierra

Y descendencias consanguíneas filiadas

Por las musicales sangres

Alianza complementaria

De markas y de suyus

Encomendamos nuestros cuerpos

Sus anhelos y suspiros conjugados

A la profusa voluptuosa pachamama

Ensamble como símbolo partido

Encajando de nuevo en encuentros furtivos

La academia moderna y las comunidades ancestrales

Haciendo compartir en espontaneo juego

A los jóvenes de la ciudad y del campo

La tierra y la utopía

Entusiasmo por lo alterno

Pasión inexplicable por la alteración

La pelota de futbol, la cancha improvisada

Arquitectura comunitaria adecuada al retorno

A la meditación insomne del Altiplano

Al perfil raso de los cerros,

Apus vigilantes de la puna

Recuerdo tu dirigencia tenaz

Tu compromiso temerario

Después de la masacre del Valle

Consumando un bloqueo de caminos

En la apacible ciudad india de Lahuachaca

Apoyando a los jilatas y a las qullacas quechuas

Del pródigo valle de Cochabamba

Te hostigaron por esta proeza

Temeraria como las envolventes hazañas

Sitiando ciudades somnolientas

Siguiendo el ejemplo de tus antepasados

Cuando se quebrantaba como rama desprendida

El blando cordón umbilical de las instituciones

Atado patrimonialmente por los republicanos

Entre los hombres y mujeres del campo

Aymaras, quechuas, urus y chipayas,

De los distintos pisos de tierras altas

Que respiran la diseminación de los luceros

Guaraníes, moxeños, guarayos y chácobos

De los distintos afluentes de tierras bajas

Que respiran la condensación oxigenada

De las narrativas vegetales de los bosques

Roto el burocrático cordón umbilical

Con el subalterno Estado boliviano

Anulando repentinamente en la sublevación

El forzado pacto militar-campesino

Anulando como canción de vendaval

Las huellas lejanas de la conquista

En la irradiación rebelde

Aboliendo en el acto

El pacto nacionalista afincado

Desde la incursión activa

De la inconclusa reforma agraria

Anulando la historia inscrita en la piel

Como corrientes de ríos desbordantes

La paradoja señorial

Jilatas y qullacas sembraron en la tierra

La pronunciación hermética de las piedras

Emergiendo de las entrañas minerales

Y de muchedumbres de raíces sedientas

La magmática convulsión de los Ayllus

Levantamiento originario insurgente

Llevando el nombre recurrente

Del descuartizado héroe refulgente

En las planicies de Peñas

Pronunciamiento rumoroso nativo

Como variedad agitada proliferante

De capsulas de tubérculos nutritivos

Alzamiento de órganos compulsivos

Y voces intérpretes del pasado

Composición descolonial de los cuerpos

Sinfonía de multitudes cantoras

Plasmando la consigna lanzada

Como rayos intempestivos de tormentas

Del guerrero comunal naciente

De las entrañas minerales de la tierra

Y volátil en los aíres transparentes

Del cardinal Qullasuyu

El legendario Tupac Katari

¡Volveré y seré millones!

Se concentraron, desemboque de afluentes

En confederación de pueblos tejedores

En la cuna de Julián Apaza

Pueblo insurrecto de Ayo Ayo

Comprometiéndose en pacto de sangre

En la reiteración obstinada

En la continuidad vinculante

De la antigua guerra inconclusa

Anti-colonial de los achachilas

Hombres y mujeres rudas,

De ponchos y polleras lugareñas

De chullos y sombreros de ala ancha

Anacrónica perennidad de vestuario

De la década de los veinte

Mujeres alegóricas como danzas ceremoniales

Reiterando apoteósicamente sus notas corporales

La transgresión irruptora de Bartolina Sisa

De inmensas trenzas largas

Como las canciones milenarias de las galaxias

De las noches embriagadas de ensueños

Atiborradas de constelaciones lúdicas

Hombres y mujeres cobrizos como el verso

De Cesar Vallejo el trovador insomne

Consagración ceremonial de los órganos

Minerales vivos de los socavones iluminados

Por la oscuridad sin espacio ni tiempo

Pómulos salientes como en las pinturas

De Cecilio Guzmán de Rojas

Alumbrando el entorno agitado

Pasiones fulgurantes despertadas

De su sopor y largo sueño

Irrupción de pututus de guerra

Y wipalas enarboladas en el horizonte

Como alborozados y flameantes arcoíris

Emplazados en la emergencia

De la convocatoria de los cuerpos

Memoria larga de los ciclos

Del agua y de los suelos devenidos

Convocados a bramido de pututus

Por las voces pasmadas

De los legendarios muertos

Declarando la guerra renovada

Al vetusto Estado republicano

Continuación colonial de la conquista

Félix solía hablar pausadamente

Amar la quinua real

Frondosa y violeta como nota

Primordial del amanecer

Acompañada suavemente

De manchas blancas de acuarela

Pintada por la brisa y el frio

Sembrada en Culli Culli

Solía acompañando al viento

Caminar con sus invulnerables piernas

De afable hombre fornido

Reír suavemente como brisa matutina

En conversaciones despreocupadas

Solía meditar en la montaña

Desvelado como insomne amauta

Por el destino de los jóvenes

A quienes dedicaba

Con afecto cultivado por las lluvias

De aguas de las nubes

De luces de reluciente sol

Su tiempo y sus charlas gustosas

De mirada firme y convicciones labradas

Dedicó su vida entera

A la acuciosa dirigencia sindical

A la promoción escrupulosa

De paladines iniciados

A la siembra, al cultivo,

A la cosecha de los tubérculos

De la tierra tercamente fértil

A querer a sus hijos,

A amar tácitamente a su mujer,

A almorzar entrañablemente

Con los suyos,

A celebrar cordialmente

Con los amigos,

A contemplar la vida

Con ojos generosos

Alegrándose, travesura colorida,

Muchedumbres de alborotadas mariposas,

Un poco por sus hazañas

Entristeciéndose otro poco

Por el menoscabo de corolarios

En fin,

Tasando la biografía

De manera optimista

Lo dejó en la opaca penumbra

La expiración temprana de la pareja

Mama t’alla de toda la vida

Quien acompañó su aventura

De este viaje de retorno al Ayllu

Cuando se llega a la edad de la razón

Quedamos irremediablemente yermos

Como lejanos paramos abandonados

Escoltados en caravanas de recuerdos

Por nuestros fantasmas cenicientos

Melancolía de pálida niebla

Viene de lejos custodiada

Por la filuda desdicha

Los achaques rebosan

Proliferan bochincheros

Como insectos porfiados

Uno de ellos

Se convierte en el padecimiento

Excavador del organismo

Destruyendo toda vitalidad

Es ese, el más testarudo,

El ángel sombrío

Encomendado de remolcarte al viaje

Inescrutable sin regreso

Félix Santos

Después de haber vivido tanto

Después de haber luchado

Otro tanto

Después de haber mirado

Con ojos de búho nocturno

Y de vigilante águila diurna

Tantas veces los albores anaranjados

Tantas veces los crepúsculos ensangrentados

Después de haber visto

En la pantalla de la experiencia

A tantos gobiernos

Como ferias de carnaval

Al inicio de sus gestiones prometidas

Después como carrozas fúnebres

En la clausura de sus gestiones no cumplidas

En su diversidad repentina

Después de haber comprobado

En sabia ponderación de sus decursos

Todos terminan pareciéndose

Pues son engranajes de la misma maquinaria

Chirriante como locomotora veterana

Del mismo reiterado pavoroso poder

A pesar de sus matices y diferencias

Félix Santos

Después de haber amado tanto

Tener amigos entre los conocidos

Enemigos entre los desconocidos

Deja su inscripción honda

Como huella indeleble

En el espesor de la memoria

En el hálito acorazonado del tiempo

En la atmósfera pura como pensamiento

De intocables vírgenes soñadoras

Del Altiplano inmenso

Deja su huella indeleble

Como estela lumbrera

Dibujando con sus ásperos dedos

Artísticamente la trama secreta

Del destino inventado

Caminos de herradura

Como senderos de acequias

Y recorridos constantemente repetidos

Por pesuñas de rebaños perseguidos

Todos van al mismo lugar

Enunciado hierático de los sabios

Y las adivinas escondidas

De largas experiencias registradas

En los troncos y en las arrugas

Lo importante es vivir

Manteniendo el fulgor ardiente

De la esperanza bañada

En agua de las alondras

De las comunidades ancestrales

Viajeras de la inventiva memoria

Afincándose en el espesor

Del eterno presente

 

 

 

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