Archivo de la etiqueta: Crítica

Nueva autocrítica en los espesores de la coyuntura política del plebiscito

Nueva autocrítica en los espesores de la coyuntura política del plebiscito

 

Raúl Prada Alcoreza

 

1-3

 

Es necesario volver a la autocrítica una y otra vez, pues es menester mejorar siempre las interpretaciones del acontecimiento. El desafío actual es la comprensión de los fenómenos sociales, políticos, económicos y culturales, desde la perspectiva de sus complejidades inherentes, sobre todo de sus singularidades, las que definen perfiles particulares. Para abordar una problemática concreta lo acontecido en Chile con los resultados del plebiscito constitucional, su aparente paradoja, como calificó la BBC, refiriéndose a la contundencia del rechazo, cuando antes, el 2020 fue contundente la apertura a una nueva Constitución.

 

Pese a que en octubre del 2020 casi un 80% de los electores en Chile votaron a favor de cambiar la Constitución y a hacerlo a través de una Convención Constitucional, casi dos años más tarde el texto que resultó de ese proceso fue ampliamente rechazado en el plebiscito de salida del proceso constitucional. La Convención de 155 integrantes que redactó la propuesta fue elegida en las urnas y su composición apostó a reflejar las demandas ciudadanas por paridad, diversidad, representación indígena e independencia de la política tradicional. Pero el texto que elaboró durante 12 meses no logró convencer a la mayoría del electorado y apenas logró el 38% de apoyos. Se trata, a primera vista, de una paradoja en un país que vio el proceso constitucional como salida a la crisis del estallido social de 2019. Tras entregar su decidido apoyo a un cambio constitucional en el plebiscito de entrada del proceso constituyente chileno y de votar en diciembre de 2021 como presidente a Gabriel Boric, partidario del «apruebo», una amplia mayoría decidió este domingo desechar la alternativa que se le presentó en su referéndum de salida[1].

 

 

 

En lo que respecta a nuestro análisis, antes del plebiscito constitucional, no cuestionamos el análisis mismo, que no deja de ser crítico del gobierno progresista de Boric, del manejo de la casta política, de izquierda y de derecha, del proceso constituyente en los límites de la Convención, de la manipulación mediática y el terrorismo sensacionalista de la burguesía gamonal, en un contexto de ocupación militar del Wallmapu. Lo que se cuestiona es el pronóstico implícito y explícito de que ganaba, de todas maneras, el apruebo. ¿A qué se debe este error de estimación? Lo diremos directamente: no se conocen a cabalidad las dinámicas moleculares de la sociedad. Aunque digamos que nunca se van a conocer a cabalidad las dinámicas moleculares de la sociedad, de todas maneras, el error de estimación evidencia que no se observaron dinámicas concretas y desplazamientos sociales en la coyuntura. En este sentido, vamos a abordar, a través de hipótesis interpretativas, lo que podría haber ocurrido. Pero, sobre todo nos interesa hacernos cargo de la autocrítica.

Comenzaremos por lo segundo, la autocrítica. Hemos heredado de las ciencias sociales la tendencia a la generalización, incluso a la homogeneización. En otras palabras, les quitamos su singularidad a los hechos, eventos sucesos, convirtiendo al acontecimiento en una composición esquemática. Lo que no puede ser, pues el acontecimiento es multiplicidad de singularidades, multiplicidad de procesos singulares, en constante devenir. Cuando hablamos de pueblo, nos referimos a una totalidad como si esta mantuviera cierto perfil más o menos homogéneo; lo que no es acertado, pues el pueblo es un concepto, por así decirlo, rousseauniano, que representa la voluntad general. No así a la multitudes, a los colectivos, a los grupos, a los individuos, dados en sus propias singularidades. Esta tendencia generalizante y homogeneizante, lleva a cometer errores, sobre todo cuando los procesos sociales, políticos, económicos y culturales, adquieren ritmos y velocidades marcadas.

Por otra parte, las observaciones del análisis suelen basarse en la evidencia visible, perceptible y audible, que muchas veces tiene que ver con la constatación del momento, en el mejor de los casos, en la constatación de un lapso reciente. Incluso, cuando se amplían las observaciones  y se las profundizan con una mirada histórica, también con una mirada estructural, se tiende a seleccionar núcleos que parecen más gravitatorios, más causales, que otros factores y condiciones. Cuando los escenarios corresponden a las crisis, que tienen varias aristas, varios planos de intensidad, estos núcleos estructurales y causales pueden variar o ser sustituidos por la composición de substratos cambiantes. Entonces, podemos decir, que cuando esto ocurre, en el devenir del acontecimiento, no se logra visualizar lo que está ocurriendo, por así decirlo, en las profundidades.

Aunque nos hemos movido o pretendido mover en la perspectiva de la complejidad, no necesariamente se da plenamente esta práctica y perspectiva, las herencias epistemológicas nos juegan, escondidamente, a retornos a paradigmas fosilizados y cristalizados, entonces inciden en el análisis de una manera imperceptible o incluso, a veces perceptible. Por ejemplo, los esquematismo dualistas tienden a sacar su estereotipada figura e incidir, de alguna manera en el análisis. A estas regresiones analíticas se suma la falta de investigaciones descriptivas. Claro, que se entiende que no se pude hacer las mismas en la inmediatez de la coyuntura, empero, su ausencia, en ciertos casos se hace notoria, cuando se evidencian y destacan ciertos errores de apreciación y de estimación.

Obviamente no estamos de acuerdo con las interpretaciones hechas tanto por la BBC como por algunos otros analistas con muy buena predisposición a explicarse la aparente paradoja del comportamiento plebiscitario en Chile. Son apreciaciones generales, provisorias, que pecan de miradas globales, esquemáticas y homogeneizantes. Vamos a descartar, de plano, las hipótesis de las teorías de la conspiración; son las más exaltadas y especulativas. Se basan en el supuesto del secreto, la estructura de poder en las sombras, grupos de control, grupos de poder, grupos que mueven hilos, de manera visible o invisible. Si bien pueden y, en verdad, existen, estos grupos, no controlan el conjunto de variables intervinientes; son en todo caso parte de estas variables. Tampoco compartimos las tesis de la culpabilidad o de la traición, se parecen a las tesis de la conspiración, solo que sustituyen la conspiración por la hipótesis permanente del mal. Así mismo descartamos las tesis de la victimización; siempre hay víctimas y verdugos, héroes y villanos. Estas tesis derivan de una predisposición religiosa o epopéyica. Nos quedaremos discutiendo con los análisis descriptivos, que mencionamos al principio, los que buscan en la paradoja de los comportamientos la explicación de lo ocurrido.

 

  

Análisis periodistico de la BBC

 

Como primera “razón” para explicar la aparente paradoja del plebiscito la BBC dice:

Aunque importantes constitucionalistas internacionales destacaron la calidad y las innovaciones en la propuesta constitucional, especialmente en áreas como la paridad y la protección del medio ambiente, el texto enfrentó varias críticas dentro del país. En el documento rechazado, por ejemplo, el Estado chileno se definía como plurinacional. Como dijo a BBC Mundo la cientista política Pamela Figueroa, los grupos por el rechazo asociaron la plurinacionalidad con la división del país y con la creación de los pueblos originarios como un grupo privilegiado, y ese discurso permeó el debate nacional.

 

Un poco después se dice:

 

En el proyecto se ordenaba la creación de autonomías territoriales indígenas, asegurando al mismo tiempo que el territorio del país era indivisible, y se planteaba el respeto a los sistemas de justicia indígena. Para el exintegrante del Tribunal Constitucional chileno Jorge Correa Sutil, el texto en general no dejaba bien delimitado el ejercicio de la autonomía política y la justicia indígena. Otro aspecto controvertido fue la idea de que la nueva Constitución no protegía el derecho a la propiedad privada, una idea tan extendida durante la campaña del plebiscito que los partidos oficialistas debieron dejar constancia escrita de que se protegería bajo toda circunstancia. Pero analistas entrevistados por BBC Mundo advirtieron que estas ideas no estaban en el proyecto sino en la desinformación que circuló en el país antes de acudir a las urnas.

 

 

Como segunda “razón” la BBC establece que:

Si bien la confianza en los partidos políticos, la Cámara y el Senado han ido en declive en el país, las controversias en el desarrollo de la Convención Constitucional y las dificultades para comunicar su trabajo también fueron generando distancia con parte de la ciudadanía.

Seguidamente dice:

Si bien la Convención desarrolló un trabajo de gran complejidad en el tiempo y las condiciones acordadas, las declaraciones y gestos más radicales de sus integrantes tuvieron amplio impacto en el debate público, aunque no pasaron los dos tercios necesarios para su inclusión. Según la encuesta CEP publicada en la recta final del trabajo constituyente, más de la mitad de las razones para votar ‘rechazo’ se asociaban a una mirada crítica sobre la Convención.

 

La tercera “razón” de la BBC para explicar la aparente paradoja dice:

En los días previos al plebiscito, aunque los partidos del gobierno favorecieron el apruebo y la oposición política impulsó el rechazo, ambos se comprometieron a continuar el proceso constituyente independiente del resultado del plebiscito. Bajo esos antecedentes, el resultado de la votación bien podría representar la oposición al texto propuesto y no el rechazo a un cambio constitucional. En un compromiso público por una nueva Constitución, la oposición propuso avanzar hacia un Estado social de derecho y, marcando diferencia con la propuesta de la Convención, ofreció defender el Senado, en vez de reemplazarlo por una Cámara de las Regiones, y reconocer a Chile como un estado multicultural, en vez de uno plurinacional.

 

Ahondando las contradicciones en la coyuntura política y profundizando el deterioro de la Convención se hacen las siguientes declaraciones:

El presidente, Gabriel Boric, que firmó como diputado el acuerdo que abrió el itinerario del cambio constitucional en 2019, aseguró en televisión antes del plebiscito que, de ganar el rechazo, correspondía abrir un nuevo proceso constituyente. El acuerdo de los partidos de gobierno para hacer una serie de reformas de aprobarse el texto, apuntó a resolver algunas de las principales dudas de la ciudadanía. Pero también apuntó a que, de ser aprobada, la Constitución recién escrita enfrentaría algunas reformas inmediatas en el Congreso.

 

 

Estas son las tres “razones” que estipula la BBC para entender el rechazo a la nueva Constitución. La primera tiene que ver con la definición de la condición plurinacional del Estado, la segunda tiene que ver con las controversias en el desarrollo de la Convención, la tercera “razón” tiene que ver con el acuerdo previo de la oposición y el gobierno en buscar una nueva redacción para la Constitución, se apruebe o se rechace. Como se puede ver esto es lo que se ha venido ventilando en los medios de comunicación, lo que se ha sacado a luz del debate dado en la sociedad, ocultando los detalles, las minucias, las singularidades propias de los debates en una multiplicidad de lugares y escenarios. Se puede aceptar que una parte de la población votante contenía como carga los prejuicios mencionados, empero no corresponde a otros sectores, estratos, colectivos y multitudes de la población. Hay quienes aceptaron el carácter plurinacional del Estado, no solamente los que votaron a favor del apruebo, sino incluso los que no votaron, es más, los que votaron por el rechazo, pues consideraron que el texto constitucional fue disminuido por los sectores conservadores dentro de la Convención, de derecha y de izquierda. La manipulación de la casta política se dio desde un  principio, una vez que se constató la significativa presencia de los constituyentes independientes, que emergieron del estallido. Boicotearon la expresión más clara y radical de los artículos y de la estructura integral del texto constitucional. También la casta política, colaborada por la campaña sensacionalista de los medios de comunicación, boicotearon la información y la comunicación entre la Convención y la población, la sociedad y el pueblo.

No se puede aseverar que la condición plurinacional del Estado incidió preponderantemente en la actitud de rechazo mayoritaria. Se puede, mas bien, sugerir, que fueron distintas actitudes, percepciones y posicionamientos, incluso en contraste y contradictorios, los que se fueron sumando para acumular la inclinación amplia por el rechazo.

También se puede aceptar que una parte de la población se vio aguijoneada por la propaganda mediática respecto a la abolición de la propiedad privada. Sin embargo, estamos hablando, en pleno siglo XXI, en contextos sociales y políticos donde los pueblos ya tienen una larga experiencia en el debate ideológico. No estamos hablando de poblaciones y sociedades ingenuas. Lo que se puede ver, mas bien, es que parte de la población, sobre todo la que se movilizó durante el estallido, se encontró con un texto excesivamente reformista, condescendiente en muchos aspectos, a pesar de las demandas claramente establecidas y dadas a conocer del estallido.

Lo que parece más atinado es lo que respecta al desgaste de la Convención, a sus dificultades, incluso para hacer aprobar artículos pertinentes de las propuestas de los independientes, recogidas socialmente, emergidas de las participaciones locales. Se puede decir que la Convención se desgastó, que su imagen se fue deteriorando, que sufrió el boicot de la manipulación mediática y de la casta política. Cuando se dio el plebiscito, presentando un texto constitucional disminuido, la convención se encontraba prácticamente aislada, mediada por la intervención del gobierno, que apoyó al apruebo, en las condiciones de disminución de la misma Convención. Algo que no le hizo bien ni a la Convención y al apruebo, en un contexto plagado de contradicciones de las gestiones del gobierno de Boric, sobre todo en el contexto específico de la represión en el Wallmapu.

Al respecto, se sabe que se atizó el conflicto del Wallmapu; no hablamos de lo que llama la misma jerga del gobierno, de grupos radicales, incluso “terroristas”, sino nos referimoa a los propios empresarios, los forestales y otros que tienen sus inversiones en el Wallmapu, quienes estaban interesados en agitar y convulsionar el Wallmapu. También no hay que descartar a los servicios de inteligencia del ejército. El gobierno progresista se desgastó rápidamente, mostrando una gestión ambivalente y de concesiones a los grupos de poder, a las estructuras de poder, a los diagramas de poder, que han atravesado la formación social, sometiéndola a la extorsión y expoliación de la burguesía gamonal. El involucramiento del gobierno en el proceso constituyente y por el apruebo le quitó gravitación a la Convención y le restó apoyo social.

Ya con el acuerdo previo, entre el gobierno y la oposición, a revisar el texto constitucional, sea aprobado o no, le quitó todo sentido a la propia votación por el apruebo o el rechazo de la nueva Constitución.

Como se puede ver estamos ante la derrota anunciada del apruebo, aunque no haya sido suficientemente visible esto, aunque nos hayamos dejado obnubilar por los comportamientos electorales y los comportamientos políticos de la historia reciente, creyendo que, de todas maneras, las inclinaciones votantes se mantendrían.

Análisis político de Patricio Altamirano Arancibia

El otro análisis descriptivo, aunque corresponda a una respuesta inmediata y no abarque, en la exposición oral, a la totalidad exaustiva de los resultados del plebiscito,  es significativo por la evaluación política y la ponderación e interpretación de los resultados del rechazo amplio, que se ha dado en el plebiscito constitucional. Este análisis está a cargo de Patricio Altamirano, quien es un escritor y un analista de las estructuras de poder económicas, de las familias de poder, que han dominado la economía y la política de Chile, a lo largo de la historia reciente[2]. Ahora Patricio Altamirano dirige una radio comunitaria, un medio comunitario, que llega, de manera audiovisual a la población. Él dice concretamente lo siguiente: que la victoria del rechazo significa, de manera específica, el rechazo de parte de la población de la nueva Constitución, sin embargo, dice también que no se puede olvidar que ya hubo el rechazo plebiscitario en el caso de la Constitución pinochetista. Por lo tanto, la consecuencia objetiva es que el pueblo chileno rechaza ambas constituciones. Lo que se requiere, en adelante, es realizar un proceso constituyente auténtico, con participación y control social. El mencionado analista establece que está en contra de la solución acordada por el gobierno y la oposición, es decir, por los grupos de poder, de revisar el texto constitucional, puesto en referéndum, y acordar un nuevo texto consensuado entre las fuerzas políticas dominantes. Lo que el analista deduce de los hechos es que el pueblo chileno, al rechazar ambas constituciones, no acepta tampoco una revisión del texto constitucional en cuestión, una revisión congresal, por parte de las fuerzas del gobierno y de la oposición. Después del rechazo a ambas constituciones, lo que se requiere es abrir un nuevo proceso constituyente, auténtico, controlado por el pueblo, un proceso constituyente que equivalga a una asamblea constituyente originaria, un poder constituyente, que está por encima de todo poder constituido.

Las conclusiones de Patricio Altamirano nos llevan no solo a hacer un análisis minucioso y comparativo de los resultados de los plebiscitos, el de entrada y el de salida, de los comportamientos políticos, de los movimientos sociales, dados en la historia reciente, sino también el análisis de las correlaciones de fuerzas en distintas coyunturas de los periodos recientes. Preguntarnos, por ejemplo, ¿por qué el estallido no derivó en la renuncia de Sebastian Piñeira?, ¿por qué no derivó en un proceso constituyente auténtico, con una Asamblea Constituyente originaria? Siguiendo con las preguntas: ¿Por qué se dejo cierta iniciativa a la casta política? La misma que limitó los alcances del proceso constituyente abierto y restringió los alcances de la Convención. ¿Por qué se dejo aislar a la Convención por parte del gobierno, la casta politica y los medios de comunicación? ¿Qué pasó con el pueblo movilizado durante el estallido?

Análisis evaluativo de Marcel Claude

En esta selección de las evaluaciones inmediatas a los resultados del plebiscito de salida, también contamos con el análisis de Marcel Claude[3], Una mirada algo optimista a los resultados del plebiscito de salida 2022. Marcel Claude escribe:

“La derrota del 4 de septiembre de 2022, es la derrota de una clase política que se ha empeñado en manipular, abusar y explotar a trabajadores y trabajadoras chilenas”.

En concreto dice que:

“No era posible pensar que el pinochetismo, que a punta de fraudes aprobó la constitución del 80, hoy en pleno apogeo “democrático” y después del levantamiento popular de 2019, llegara al 63% de apoyo electoral”.

Como explicación de lo ocurrido argumenta en base a la estructura social de la votación:

“A todo esto, es bueno saber que la clase media alta, ya no es tan alta, pues recuerden que el 99% de chilenos nos quedamos con el 50% del ingreso, que queda en Chile, y eso incluye a la clase media alta, puesto que solo la clase alta se lleva el 50% de la riqueza y esa es nada más que el 1% de chilenos y chilenas”.

Siguiendo con su argumentación dice:

“¿Cuál era la necesidad de reeditar la disputa electoral que llevó al líder de la izquierda rosa posmoderna a La Moneda? Primero, pensaron que se podía reeditar el resultado electoral y eso garantizaba el apruebo y legitimaba a Boric y a los hípsters ñuñoinos en el poder. Segundo, les permitía ocultar la verdadera Constitución, que se pretendía aprobar y que contradecía flagrantemente, no solo el espíritu de la revuelta popular de 2019, sino también, los mismos preceptos ideológicos que supuestamente inspiran a esta nueva izquierda sin tacos ni corbatas. La campaña del apruebo faltó gravemente a la verdad. No es cierto que recuperaríamos el agua, pues el artículo 35, de las normas transitorias, reconoce los derechos de agua otorgados, hasta la fecha, como realizados bajo la nueva Constitución. No era cierto que se protegía el bosque nativo, pues no tocaba la sustitución de especies nativas por pino y eucalipto, lo que ha sido siempre el punto de quiebre de quienes hemos peleado por evitar la desaparición del bosque nativo; no era cierto que protegía a los animales, pues la industria de la carne (donde se tortura, flagela y trata despiadadamente a los animales) ni siquiera fue mencionada, ni se pretendía tampoco establecer alguna regulación para esa industria. Tampoco se nacionalizaba el cobre, una fuente insustituible de recursos para financiar el desarrollo de Chile. Y se mantenían intactas las paredes maestras del neoliberalismo, tales como, el rol del Banco Central, el manejo “responsable” del presupuesto fiscal; el Tribunal Constitucional al que solo le cambian el nombre por Corte Constitucional; y mantenía el concepto de libertad sindical (léase poder crear todos los sindicatos posibles), lo que le ha permitido a la oligarquía hasta hoy, dividir el poder de los trabajadores creando sindicatos rastreros pro-empresa. ¿Y el Poder Judicial? Seguiría siendo un poder no sometido a la voluntad soberana ni al escrutinio del pueblo, o sea, seguiría siendo designado por los poderes constituidos. En fin, es larga la lista de concesiones que hizo la Convención Constitucional con el patronaje, con la clase empresarial dueña y señora de Chile S.A.”.

Más abajo escribe:

“Finalmente, al insistir tanto en reducir el plebiscito de salida 2022, a una disputa formal y superficial, entre la Constitución de Pinochet y la Nueva Constitución, entre ser facho o ser progre, entre ser pro Kast o apoyar los cambios, aunque fuesen estos mediocres y sibilinos, el plebiscito de salida emigró a una simple –aunque no tan simplona- evaluación del gobierno de turno, que era lo que buscaban tanto sipoaprovistas como ideólogos del rechazo”.

Sacando conclusiones escribe:

“Lo que ha ocurrido en realidad, a mí limitado entender, es que, por una parte, Boric no se demoró mucho en frustrar las expectativas de sus electores: puso a Mario Marcel (un socialista neoliberal, que ha sido parte permanente del staff de economistas, que durante todos los gobiernos de la Concertación han consagrado el capitalismo neoliberal más desigual de toda América Latina); desechó el quinto retiro, fue a ofrecer proyectos mineros a Canadá (una de las actividades económicas más contaminantes); cerró la Fundición Ventanas (la única que cumplía con los estándares ambientales); negó la cuestión de los presos políticos, se reunió con la BHP Biliton (un importante consorcio minero operando en Chile); continuó con la política de militarización de la Araucanía; encarceló a Llaitul y su hijo; envió a Jackson a cabildear para que no se incluyera la nacionalización del cobre en la nueva Constitución. Es decir, al poco andar, este nuevo producto del marketing político para captar la votación de izquierda, se puso de lado de sus patrones, y sin miramientos se alineo con Bachelet, Lagos y toda esa pléyade de notables figuras que han sido parte de la tragedia y del dolor del pueblo chileno”.

La conclusión política es la siguiente:

“Lo que ha estado ausente en el cuadro de la política chilena, es un proyecto político auténticamente popular”.

Especificando la evaluación política dice:

“El rechazo a la manipulación política de la Concertación y ahora del Frente Amplio, el rechazo a los proyectos políticos creados por la oligarquía para captar el voto de los oprimidos, es una gran oportunidad histórica que no debemos desaprovechar”.

La conclusión general dice así:

“La derrota del 4 de septiembre, no es una derrota del pueblo, es la derrota de la izquierda rosa posmoderna (un invento de las ONG yanquis), heredera de la vieja Concertación, amparada y levantada por los medios de comunicación de los oligarcas para capturar el voto de izquierda. No es la derrota de un proyecto popular, puesto que este no se ha podido aún construir ni echar a andar…la derrota del apruebo, es un llamado urgente a su creación y construcción, no hagamos oídos sordos a ese grito de angustia y desesperación que emerge desde el fondo del alma de este pueblo martirizado por el neoliberalismo reinante”[4].

Marcel Claude atribuye el contundente rechazo del plebiscito de salida a la nueva Constitución a la derrota de la izquierda rosa. Algo que también concluyó Patricio Altamirano. La crítica al gobierno progresista de Boric es compartida por ambos, también comparten que se quiere otro proceso constituyente. Se diferencian en el estilo de abordar la conclusión y la crítica al gobierno de Boric.

Hay que responder a la pregunta de porqué el estallido no llegó más lejos, porqué no incidió en otros desenlaces más favorables al pueblo movilizado. Porqué la correlación de fuerzas cambió una vez acabado el estallido, favoreciendo nuevamente a las estructuras dominantes, tanto económicas como políticas. No solo se trata de comparar dos plebiscitos, el de entrada y el de salida, señalar su contraste o, en su caso, su continuidad, al rechazar en los dos plebiscitos ambas constituciones. Bueno, aquí es cuando debemos ingresar a nuestra autocritica anunciada. Pero, antes, consideraremos otra evaluación y análisis político, que recoge una mirada deste el marxismo crítico.

Análisis político

Gustavo Burgos[5], en La estrepitosa derrota del Apruebo, abre una puerta a la irrupción de la clase trabajadora, escribe:

“La abultada derrota del Apruebo en el plebiscito constituyente terminó por barrer al Gobierno de Boric tal y como se había instalado. Mientras se escriben estas líneas tiene lugar el cambio de Gabinete que expresa el retorno de la Concertación a La Moneda. Carolina Tohá en Interior, Uriarte a Presidencia, un enroque con Jackson y el reemplazo de ministerios secundarios, marcan un vigoroso movimiento hacia la Derecha del Gobierno y la reinstalación de los partidos tradicionales en el formato de lo que fuera la Nueva Mayoría. De hecho el comunista Nicolás Cataldo no pudo asumir como subsecretario de Interior por haber sido vetado por la propia Derecha. Esta circunstancia, reactiva el fracaso electoral del domingo, es consecuencia directa de la derrota de un discurso dirigido a la clase media y a la pequeña burguesía, un discurso de minorías y que interpreta tales intereses minoritarios como un programa para el conjunto de la sociedad. Este discurso posmoderno ha sido macizamente repudiado por los sectores más explotados, por la juventud obrera, por las comunas campesinas y hasta por la mujer trabajadora”.

La primera conclusión somera dice que:

“Puesto de esta forma, el 62% de voto rechazo a la Nueva Constitución es un voto castigo a una política económica al servicio del gran capital financiero, que justificara impedir el quinto retiro de fondo de las AFP, el término del IFE y la negativa a condonar el CAE. Toda esta política que denominan política antiinflacionaria en la práctica redunda en un inclemente castigo a los salarios y a la condición de vida de la mayoría trabajadora. En un país en el que 1% más rico de la población se lleva casi un 40% del PIB, las medidas aplicadas por este Gobierno buscan cautelar los intereses de dicha minoría explotadora, de la misma forma como en los últimos treinta años la concentración de la riqueza se ha multiplicado hasta en 80 veces”.

En lo que respecta a lo más grave, a la represión contra la nación y los pueblos mapuches, Burgos escribe:

“Coherente con la ofensiva llevada en contra de los trabajadores, Boric ha hecho igualmente de la represión el centro de su política para resolver la crisis social. La ocupación militar del Wallmapu durante ya seis meses, el encarcelamiento de Héctor Llaitul y de figuras de su entorno en la CAM, configuran formalmente acciones enteramente incompatibles con cualquier Gobierno democrático. Adicionalmente, la impunidad a los violadores de los DDHH empezando por Piñera y la nula respuesta al reclamo por la libertad a los presos políticos, son elementos que hicieron a este Gobierno perder todo apoyo popular y del llamado «octubrismo» de izquierda. Acá debemos encontrar otra respuesta para el vertiginoso derrumbe político que ha protagonizado”.

La segunda conclusión somera dice:

“El referido derrumbe arrastró al proceso constitucional y especialmente a la campaña por el Apruebo a la Nueva Constitución votada por la Convención. El Apruebo y el Gobierno de Boric formaron la misma cara del proceso de restauración del régimen, una campaña cimentada principalmente en la clase media capitalina que resultó enteramente insuficiente para imponerse electoralmente”.

Un poco más abajo aclara:

“Por su parte, la izquierda apruebista —aquella que se ubica en la izquierda del Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático y fuera de ella— es hoy un territorio en ruinas. Ven en la derrota del Apruebo una derrota desoladora para las masas. Arrasados por la caída de Boric su única respuesta hasta ahora ha sido responsabilizar al roterío y al «facho pobre» de su propia derrota. Esta conducta, además de sincerar su posición de clase, la deja en la incómoda situación de tener que esperar en la puerta de la Cocina del poder el nuevo texto que pacte Boric con la Derecha moderada, un texto del que muy probablemente se resten los republicanos de Kast sirviendo —por lo mismo— de un nuevo argumento para «derrotar al fascismo» y volver a cimentar una política de mal menor. Éste camino descrito, no solo es el más probable, sino que el más optimista. Privados de todo acceso al poder y carentes de un programa revolucionario, caerán rápidamente en la irrelevancia”.

La tercera conclusión somera dice:

“La fuerza social expresada en el plebiscito a través del Rechazo corresponde a una expresión política básica y elemental de los trabajadores. No una fuerza con política propia, ni mucho menos una fuerza revolucionaria, pero tampoco es una fuerza política de derecha o pinochetista.”

Aclarando sostiene:

“Para sostener esto nos limitamos a constatar que el Rechazo se impuso masivamente en las comunas obreras , siendo las más explotadas aquellas que en mayor proporción se inclinaron en contra de la Nueva Constitución, superando hasta por 50 puntos al Apruebo. Inclusive en las cárceles —votaron por primera vez— el Rechazo igualmente se impuso por porcentajes igualmente elevados. Esta expresión electoral —como hemos dicho al comienzo de esta nota— es un voto castigo y al mismo tiempo es una fuerza social que no encuentra expresión hasta ahora ni en los partidos del régimen, ni en las alicaídas organizaciones populares”.

Siguiendo con la evaluación de la coyuntura, escribe:

“Inesperadamente, no el desenlace del plebiscito, sino que la magnitud de las cifras han terminado por abrir otra crisis en el régimen el que transita a una especie de «constitucionalización crónica», que le impedirá estabilizarse. La apertura y extensión de una nueva discusión constitucional arriesga superponerse a una crisis económica profunda, que en lo que va del año ha licuado de forma significativa los salarios y atacado el empleo. Esta crisis, expresión de la crisis global que atraviesa la economía capitalista mundial, no podrá ser contenida por el régimen sino agudizando su ataque a los trabajadores. Esta combinación de autonomización política y crisis económica amenaza con transformarse en un polvorín de lucha de clases y es este el proceso en el que el activismo, que se reclama de la clase trabajadora y la lucha revolucionaria, ha de construirse”[6].

También para Gustavo Burgos la contundencia del rechazo es una derrota del gobierno de Boric y de la izquierda apruebista, no de la clase trabajadora, que, mas bien, expresa en el rechazo, su repuslsión a la política condecendiente y encubierta del progresismo; una marcha hacia su autonomización, la independencia de clase. Para el analista crítico el gobierno de Boric es una continuidad de las gestiones de los gobiernos de la Concertación, que fueron escenarios de políticas en contra de la clase trabajadora y en favor de la burguesía, que se apodera del 40% del PIB, una continuidad de lo que nosotros llamamos el modelo colonial extrativista del capitalismo dependiente, con sus variantes singulares en Chile.

Lo interesante de los tres últimos análisis del plebiscito constitucional es que nos muestran la composición social del rechazo, donde sectores importantes de clases subalternas y clase trabajadora, votaron por el rechazo. Queda claro que la derecha no puede llevarse el agua a su molino, que queda pequeño ante el desborde social del repudio al teatro político del progresismo. En otras palabras, volvemos a las condiciones mismas de posibilidad de la crisis múltiple, a las condiciones que desataron las movilizaciones durante el estallido.

Ahora bien, ninguno de los análisis toca la problemática colonial, la problemática del desconocimiento colonial del Estado nación a la Confederación Mapuche. Se puede decir que se soslaya esta cuestión primordial, pues no puede haber emancipación social sin la emancipación de las naciones y pueblos indígenas. De todas maneras, el texto constitucional de la Convención propuso modificaciones a esta herencia colonial del Estado nación al reconocer la condición y el carácter plurinacional de la formación social chilena. También planteó la paridad institucional, reconociendo no solo la mitad complementaria femenina de la población, sino el efectivo funcionamiento de la sociedad en la reproducción social, por lo tanto, el otorgamiento a la realización paritaria de las gestiones. Por otra parte, por más disminuido que se haya encontrado el texto constitucional propuesto, con las revisiones y presiones de la casta politica, de izquierda y derecha, los artículo sobre la defensa ambiental, de la naturaleza y de la vida, abren la posibilidad de un desarrollo legislativo que no solamente atienda la crisis ecológica, sino que se encamine a la incursión en otras formas de gestión y administración, aperturando caminos hacia sociedades ecológicas.

Estas dos cuestiones son primoridales, al momento de atender la crisis múltiple, crisis ecológica, crisis de la civilización moderna, crisis del sistema mundo capitalista, crisis del orden mundial y crisis del Estado nación. No se puede seguir manteniendo los paradigmas modernistas, desarrollistas, clasistas, característicos del siglo XX, siglo ultimatista, cuando la episteme moderna ha sido desbordada, cuando avanzamos a la construcción de la episteme compleja, cuando sabemos que la crítica más radical al capitalismo es ecológica y descolonizadora.

 

 

 

Autocritica

Cómo podemos visualizar los límites de una movilización, los límites de una rebelión, los límites de una insurrección, en este caso, los límites del estallido. En la composición interna de la movilización, en el devenir mismo de la movilización, porque, de todas maneras, una movilización se transforma y cambia su composición interna. Entonces, en estas condiciones, circunstancias y perspectivas, se trataría de encontrar los límites que aparecen implícitamente en la movilización, en su composición y estructura inicial, sobre todo cuando no logra transformarse. Cuando la movilización no logra transformar su propia composición interna, logrando composiciones de mayor alcance, de mayor proyección, está destinada a estancarse en sus propios límites, que la circunscriben. Una movilización que al transformarse, al transformar su composición interna, transforma también a sus sujetos sociales involucrados, a sus multitudes, a sus colectivos, a sus grupos, a sus individuos, es una movilización que se abre camino aperturando horizontes. ¿Esto no habría ocurrido?

Si estalla una movilización es porque la sociedad se encuentra en crisis, esta crisis puede haber estado latente y después se hace evidente, se despliega, desborda. Ahora bien, cuando estalla la crisis y, por lo tanto, cuando estalla la movilización, con sus demandas y reivindicaciones propias,  lo hace con lo que tiene. Con las organizaciones que tiene, se convoca o se autoconvoca, con los sujetos que tiene. ¿Cuál  es la diferencia? La diferencia radica en la predisposición, la predisposición de los sujetos sociales ya no es la misma, están dispuestos a pelear por sus demandas y reivindicaciones, salen a la calle, a los caminos, se hacen escuchar. Se congregan, se multiplican,multiplican su convocatoria. La movilización irradia, afecta al conjunto de la sociedad.

Comenzando la autocrítica, lo más conveniente es ir a la nuez, al nudo de la cuestión, en este caso, de la autocrítica. Vamos a llegar a este nudo de la cuestión teniendo en cuenta la señal de la perturbación, en lo que respecta, a la marca del error que tiene que ver con la estimación, con el pronóstico respecto a los resultados del plebiscito constitucional de salida. De manera directa diremos que este error se debe al haber mantenido el criterio de una inclinación por continuar el perfil de las conductas y comportamientos electorales, respecto al plebiscito anterior y a las elecciones. Lo que de por sí ya no tienen en cuenta las conductas y comportamientos, inherentes a las movilizaciones, también no tienen en cuenta las conductas y comportamientos posteriores a la movilización. Esto nos hubiera permitido una comparación y evaluar contrastes en las dos formas de conductas y comportamientos, unas respecto a las votaciones y otras respecto a las movilizaciones. Por otra parte, quizás el mayor error estriba en creer que no iba a haber cambios en las conductas y comportamientos de las votaciones. ¿Por qué no?

En los tres últimos artículos considerados vemos claramente que el pueblo, lo popular, la clase trabajadora, se inclinó por el rechazo, manifestando su repulsa al teatro político de un gobierno condescendiente y continuista de la Concertación. Queda claro que no solamente ha habido una votación mayoritaria por el rechazo, por parte de los sectores conservadores, sino también ha habido votación por el rechazo por parte de las clases sociales subalternas, los sectores populares, la clase trabajadora. Esta situación deja evidentemente en dificultades a la propaganda de la derecha, que intenta llevarse el agua su molino, cuando el agua desborda y puede provocar un diluvio.

Entonces el error tiene que ver con no haber percibido los cambios singulares, específicos, múltiples y hasta imperceptibles, de las actitudes sociales respecto del texto constitucional, respecto de la Convención, en un contexto de deterioro político del gobierno. Esta actitud se da en un contexto donde el gobierno de Boric sufre, de manera inmediata, su desgaste, su regresión, para decirlo de manera simple, su derechización. Esto provoca no solamente la desconfianza popular sino el rechazo. Para decirlo en otras palabras, si no se resuelven las causas de la crisis, si las transiciones fracasan, hablamos de las transiciones políticas, si las soluciones políticas fracasan, en este caso, si las soluciones jurídico políticas constitucionales fracasan, entonces todo vuelve a su cauce. En el sentido que todo vuelve a las causas mismas de la crisis, por lo tanto, los sectores sociales, la clase trabajadora, los sectores populares, los pueblos, vuelven a la situación de predisposición a nuevas movilizaciones.

La crítica, en el caso que nos corresponde, la autocrítica estriba en no haber sensibilizado la mirada, la percepción, no haber ampliado la información respecto a los distintos planos de intensidad, en los que se mueve el campo social, también el campo político. En otras palabras, muestra estimación se basó en las impresiones de análisis anteriores, que corresponden a la interpretación del estallido de las movilizaciones,  a la impresión fenomenológica que deja el estallido, del que emergen análisis de las estructuras de poder, social y económica, durante este periodo. No se tuvo en cuenta las dinámicas moleculares, que inciden en las dinámicas molares, que, atendiendo a las referencias, no necesariamente son las dinámicas institucionales, sino las que están en el medio, es decir, las que alcanzan configuraciones masivas, colectivas, multitudinarias, inclusive estadísticas; de manera concreta, no solamente las conductas relativas a las elecciones, sino las relativas a la modificación del comportamiento electoral o de votación. Entonces, lo que habría pasado es que estas dinámicas moleculares singulares, específicas, locales, se habrían acumulado, de tal manera, que habrían terminado incidiendo en los comportamientos masivos. Algo que escapó a analistas, a comentaristas, a políticos, de derecha y de izquierda,  incluso partiendo de esta autocrítica, a críticos del poder y de las dominaciones, entre los que consideramos encontrarnos.

Hay que recordar y volver a remarcar, a partir de la crítica epistemológica, que la representación no es la repetición de la presencia, como pretende el concepto, sino que es una provisional iluminación de su referente, la realidad efectiva, las dinámicas integrales del acontecimiento, de donde forma parte la dinámica misma de la representaciones. Entonces, en consecuencia, no se puede esperar respuestas de la representación respecto a las problemáticas dadas en la realidad efectiva. La realidad efectiva es captada por la experiencia social, experiencia que pasa por sus propias interpretaciones, inherentes a la cultura, interpretaciones que deben ser puestas a la deconstrucción crítica, para lograr, con el apego activo a la experiencia social, a las prácticas, a las vivencias sociales, interpretaciones integrales, que articulen las dinámicas de los distintos planos de intensidad, obteniendo visualizaciones y enunciaciones cada vez más adecuadas del acontecimiento.

En lo que respecta a las dinámicas sociales, sobre todo cuando se trata de las resistencias, de las luchas, de las rebeliones, es indispensable mantener abierta las dinámicas de la interpretación, altamente sensibles, para que se pueda concebir la complejidad de la realidad efectiva, en este caso la realidad social.

Por otra parte, hay que tener en cuenta, desde la perspectiva libertaria, que lo que existe es el intelecto general, por lo tanto, es menester un trabajo colectivo en la interpretación crítica, aquella que está destinada al potenciamiento de la acción y las prácticas libertarias.

En consecuencia, para evitar errores, es aconsejable mantener la comunicación abierta con la multiplicidad de actores sociales, protagonistas de las resistencias y de las movilizaciones, también de la vida cotidiana y sus avatares.

Esto equivale a desechar las pretensiones de las vanguardias políticas, de los portadores de la verdad revolucionaria, de los profetas crepusculares. Los y las activistas ácratas tienen la tarea de activar la potencia social, inherente, inmanente, en los cuerpos sociales, colectivos, grupales, de los pueblos e individuales. No dirigen, ni son vanguardia, son aprendices de lo que hacen las multitudes en pie de lucha, las apoyan y participan, aprenden y ayudan en las interpretciones colectiva.

 

La permanente rebelión Mapuche

 

La Confederación de pueblos mapuches ha estado en pie de guerra anticolonial desde la llegada de los españoles, los conquistadores de coraza de hierro, montados a caballo, acompañados por infanteria, por arcabuceros y otros soldados. Ha vencido la guerra contra los conquistadores. Después tuvo que enfrentar la acometida de los criollos, de su república restringida, edificada solo para ellos, expluyendo a las naciones y pueblos indígenas. Por eso se han visto obligados a resistir la continuidad del colonialismo, sobre todo cuando se invade su territorio. Los ejércitos republicanos de Chile y Argentina los rodean en una tenaza, desatando la guerra contra las naciones y pueblos indígenas; violencia estatal encaminada al exterminio y al genocidio. Sin embargo, la tenacidad de los pueblos indígenas ha permitido su sobrevivencia, su resistencia se convirtió en una estrategia permanente, encarnada, manifestada en sus prácticas sociales, culturales y territoriales.

En la actualidad, vuelve la configuración de la Confederación Mapuche. Se muestra como alternativa a la crisis múltiple, ecológica, de la civilización moderna, del sistema mundo capitalista, del Estado nación. La lucha de la nación y los pueblos mapuches no se puede soslayar, menos con la narrativa anacrónica de la nación inventada por el Estado, tampoco con las aperturas constitucionalistas, que aunque pueden ir abriendo puertas y ventanas, aperturando horizontes, no son ninguna solución a la problemática crucial pendiente de la colonización y la colonialidad. La tierras del continente de Abya Yala son tierras indígenas, nativas, articuladas por los circuitos vitales, las composiciones de los ecosistemas y los nichos ecológicos, los tejidos comunitarios y sociales, los pactos y consensos de las confederaciones. Después de haber abierto la caja de Pandora, con la conquista de Tenochitlan, liberando a los monstruos, que hacen al sistema mundo capitalista, es en el continente donde la responsabilidad humana exige cerrar la caja de Pandora, volviendo a meter dentro a los monstruos. La responsabilidad es de los pueblos y sociedades del continente. La alternativa alterativa que clausura la genealogia de las dominaciones tiene que ver con la conformación de confederaciones de autogobiernos de los pueblos.

En la medida que se postergue esta alternativa alterativa, en la medida que siga abierta la caja de Pandora y los monstruos sueltos, no hay salida posible a la crisis, no hay solución. La emancipación social tiene como condición de posibilidad la emancipación de las naciones y pueblos indígenas. La emancipación de los pueblos y sociedades, los conglomerados barrocos del realismo mágico continental, de sus culturas de resistencias, se hace posible con la liberación de las naciones y pueblos indígenas, su descolonización radical.

A propósito, el historiador José A. Marimán, en La cuestión Mapuche, escribe:

“La conquista de la Araucanía, entre 1862 y 1883, significó la incorporación política de la población Mapuche al estado chileno. Esta incorporación tuvo, como primer efecto, el de transformar a los Mapuche en una minoría étnica al interior de la formación social chilena. Incorporación política compulsiva, ya que se realiza a través del sometimiento militar, ella implicó, al perder el pueblo Mapuche toda autonomía y al no serle reconocido ningún derecho político -ni cultural- específico en tanto que grupo étnico diferenciado del resto de la población nacional, la transformación de los Mapuche en minoría nacional oprimida en el seno del Estado nación chileno”.

El etnocidio se describe en la dilatación colonial:

“La ocupación y transformación de la Araucanía en territorio de colonización significó para los Mapuche el saqueo de su ganado -hasta entonces base de la economía Mapuche- y la expoliación de las mejores y mayor parte de sus tierras -proceso este último que se prosigue hasta hoy-. Esta expoliación material, con el consiguiente relegamiento a las clases más explotadas y sectores sociales marginales, hace de los Mapuche un pueblo colonizado; es decir expoliado materialmente, explotado, marginalizado y discriminado socialmente en tanto que grupo étnico. Como esta dominación colonial se da en el marco de un Estado-nación, en donde los Mapuches tienen los mismos derechos individuales de cualquier ciudadano chileno, no es entonces una situación colonial clásica, sino que corresponde a una situación de colonialismo interno”.

La exposición continúa con la caracterización:

“La cuestión Mapuche expresa entonces un tipo de contradicción -y por lo tanto de conflicto- particular al interior de la sociedad chilena. Como problemática étnica, ella es específica; ella está ciertamente vinculada y en relación con otras problemáticas de la sociedad nacional, pero en ningún caso puede ser reducida ni subordinada a alguna de ellas. Para el Estado, la solución del «problema indígena» -es decir, del problema que representa para el Estado-nación chileno una población colonizada, étnicamente diferenciada- será, obviamente, la «integración nacional»; en otras palabras, la asimilación”.

Se ha opuesto a la historia oficial la otra historia, basada en la memoria de los pueblos colonizados, nosotros hablamos de la historia alterativa, la historia basada en la inscripción de las resistencias en el espacio-tiempo social. Esta historia de las resistencia está en la memoria de los cuerpos, en la memoria de los pueblos, en las narrativas dispersas y locales, todavía no integradas, empero, que han emergido en las cultura de las resistencias, en la estética de las resistencias, que la literatura del llamado realismo mágico ha recogido en sus tramas y entramados literarios.

La historia de la nación y los pueblos mapuches es la historia de las resistencias anticoloniales, autonomistas y de autogobierno, que han atravesado los distintos periodos coloniales y republicanos, los distintos ciclos del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. Esta memoria se hace presente en los espesores de la coyuntura, se convierte en prácticas de resistencia actualizadas, en acciones y en proposiciones políticas. La figura de la confederación emerge como substrato, pero también como horizonte.

Actualidad del Conflicto

 

En otro escrito, que podemos caracterizar de la historia reciente, El nuevo ciclo de movilización mapuche en Chile: la emergencia de la CAM y el proyecto autonomista para una región plurinacional[7], el historiador, José Marimán, contando con la coparticipación de Esteban Valenzuela y Francisco Cortés en la investigación histórica presente, describen la situación contemporánea:

El origen de la Violencia en el Wallmapu

La irrupción de la CAM y las otras visiones, los sabotajes y ocupación de tierras usurpadas se han intensificado, por los mapuches a partir del año 1997, sobre todo en la Región de la Araucanía y la provincia de Arauco, colindante por el noroeste con La Araucanía, y que pertenece a la región del Bío Bío (capital Concepción). Los mapuche llaman Wallmapu a su territorio histórico, reducido en el presente a la región de la Araucanía, más zonas colindantes de las regiones Bío Bío, por el norte y Los Ríos por el sur. En esta zona vive una parte importante de los mapuches, constituyendo el 30% de la población regional. El resto se reparte en las regiones limítrofes y otras más lejanas, especialmente la Región Metropolitana. En ciudades importantes como Concepción (región del Bío Bío), Valparaíso (Vª Región de Chile) y Santiago (capital del país). En particular, en este último lugar viven medio millón de mapuches. La Araucanía posee varias comunas o municipios en que los mapuches son mayoría: Chol Chol, Ercilla, Puerto Saavedra, Currarehue, entre otros. Y en comunas colindantes de regiones vecinas también se da el mismo caso: Alto Bío-Bío, Tirúa (región del Bío Bío).

 

El cuadro social de la situación contemporánea se describe así:

Las comunidades campesinas mapuche que sufren el flagelo de no contar con agua en Malleco (y en la Araucanía entera) atribuyen su carencia a los chilenos y sus compañías madereras (industria forestal). Y otros mapuches lejos de la situación se solidarizan con ellos (solidaridad étnica desde las ciudades), asumiendo su lucha como propia. El movimiento mapuche se ha activado porque el Estado favorece las grandes empresas forestales, no devuelve las tierras usurpadas a las comunidades campesinas mapuche, no reconoce derechos políticos a los mapuche, según las propias convenciones de la ONU, que el Estado ha ratificado, y ha relegado a la Araucanía a seguir siendo la región de mayor pobreza del país.

 

El seguimiento de las interpretaciones del conflicto tiene su secuencia:

En las narrativas acerca del origen de la CAM se dice que nace oficialmente en 1998, pero comienza a gestarse en 1996, en un nguillatun realizado en la zona de Tranaquepe, cerca del Lago Lleu Lleu, Provincia de Arauco, donde se forma un primer germen de ella, como fue la Coordinadora Territoral Lafkenche (Klein 2008; Pairacán y Álvarez 2011; Weftun 2013), que contó con la suscripción de organizaciones y dirigentes como Adolfo Millabur (repetidas veces alcalde del pueblo de Titúa, actualmente en ejercicio del cargo), La Asociación Ñankucheo de Lumaco, dirigida por Galvarino y Adolfo Raiman, la ONG mapuche Xen Xen, Aukinco Domo, agrupación de mujeres mapuche, varias comunidades mapuche y dos organizaciones de mapuches urbanas de la ciudad de Santiago; Coordinadora Mapuche Metropolitana y Meli Wixan Mapu.

 

Al segundo encuentro de Tranaquepe solo llegan comunidades en conflicto; las demás organizaciones, con excepción de las de Santiago, se marginan del encuentro, quizás por desacuerdo en planteamientos estratégicos y tácticos, en desavenencias políticas o en formas diferenciadas de solución a las demandas de tierras, especialmente respecto de cómo relacionarse con la institucionalidad indígena del Estado. Sintomático de la división es que de la Coordinadora Territorial Lafkenche sale la Identidad Territorial Lafkenche y la Coordinadora Mapuche de Comunidades en Conflicto Arauco Malleco. Cada una se lleva una parte del nombre de la organización embrionaria.

 

La Coordinadora de Comunidades Mapuches en Conflicto Arauco Malleco (CAM) irrumpió con acciones y también un imaginario polisémico, para algunos un poder unificado de la insurgencia mapuche, para otros sólo las comunidades en conflicto abierto por tierras con las forestales y latifundistas, y según expertos como Martín Correa, en un “archipiélago de muchas comunidades que se manifiestan en su autonomía, en un amplio territorio tradicional de la resistencia mapuche”.

 

Un catastro de la Comisión Especial de Pueblos Indígenas (CEPI) realizado en 1994 detectó 80 conflictos de tierras en comunidades mapuches de la provincia de Malleco, muchos de los cuales no se expresaban orgánicamente o como demanda abierta, y los que se expresan generan inexorablemente hechos políticos. De hecho, en Arauco y Malleco existen 357 comunidades mapuche con Títulos de Merced, que suman una superficie de 90.601,34 hectáreas (González 1986). Estas comunidades representan el 12,2 del total de comunidades con Títulos de Merced, y en su mayoría presentan demandas de restitución de tierras.

 

Francisco Cortés (2013) distingue a la CAM de otras organizaciones por su estrategia y tácticas desplegadas en la consecución de sus objetivos, donde explicita la acción directa o resistencia con fines políticos. Estas operaciones, especialmente las acciones incendiarias contra las forestales, cambiarán el signo de las manifestaciones mapuche, que se conocían hasta 1997, provocando expectación pública, una inédita respuesta política y represiva del Estado chileno, y el despliegue de violencias de diverso signo. Pairacán y Álvarez (2011) postulan linealmente, sin complejizar el contexto de la demanda de tierras y sin considerar la diversidad de expresiones que posee el movimiento mapuche, que la CAM viene a ocupar un vacio reivindicativo y a dinamizar un proceso en que no existe conducción de organizaciones tradicionales, lo que parece dudoso a Cortés. Lo que sí es evidente es el desplazamiento de organizaciones surgidas en dictadura, como la liderada por el ex militante comunista (y después socialista) José Santos Millao, llamada Ad-Mapu. Y el Consejo de Todas las Tierras que impulsó Aucán Huilcaman al inicio de la nueva democracia. Para Martínez (2012), dirigentes como Santos Millao, Camilo Quilamán, Isolde Reuque o Juan Huenupi entre otros, perdieron apoyo en las bases sociales. Incluso el más joven líder de la transición que fue Aucán Huilcamán, del Consejo de Todas las Tierras, y que desde un comienzo había denunciado estas alianzas –con los partidos de la Concertación por la Democracia, coalición gobernante- tampoco se salvó de estas críticas desde la CAM (varios militantes del CTT terminaron en partidos de gobierno: Domingo Colicoy, Eugenio Alcamán, Elisa Loncón, por ejemplo).

 

El gran enemigo de la CAM y las comunidades son las empresas forestales, fomentadas por el Estado, desde el gobierno de Frei en los 1960s, como una manera de mejorar tierras degradadas. En algunos centros de la reforma agraria bajo Frei y Allende se convocó a llevar a cabo asentamientos comunitarios, a hacerse parte del Plan de Desarrollo Forestal a través de Forestal Lebu, empresa del Estado, administrada por la Corporación de Fomento de la Producción CORFO (Cruz y Rivera 1984, Molina 2000). En Malleco y Cautín, durante el Gobierno de Salvador Allende, se expropiaron 574 fundos con una superficie de 636.288,3 hectáreas. Todas estas comunidades mapuche tuvieron participación total o parcial en 138 predios, siendo la superficie favorable a los mapuches de 132.115,78 hectáreas físicas (Correa et al. 2002 y 2005). Luego del golpe de Estado de 1973, la concentración de la tierra estará en grupos empresariales monopólicos, que a través de sus empresas forestales llevaran adelante la expansión del monocultivo del pino insigne. Su principal soporte será el DL 701 de 1974, prácticamente fagocitado por estos grupos económicos, que les permitió tener un subsidio a las plantaciones por casi el 100%, alcanzando para el pago de mano de obra y gozando del beneficio de no pago de contribuciones (Cavieres et al. 1986).

 

Como se explicó en la introducción, el año 1997 es clave en el nuevo ciclo de la insurgencia mapuche por recuperar territorio. Las comunidades Pichiloncoyan y Pililmapu se movilizan por recuperar el fundo Pidenco de la empresa forestal Mininco. En octubre en la comuna de Traiguén, otra comunidad autónoma, no adscrita a la CAM, la Antonio Ñirripil o Temulemu, dirigida por el lonko (líder) Pascual Pichún, detuvieron el paso de camiones forestales para recuperar el fundo Santa Rosa de Colpi de propiedad de una empresa forestal, la cual les tenía usurpadas 58,4 hectáreas del Título de Merced original. El predio fue entregado a los mapuche (Correa et al. 2005), pero después de 1973 llegó a manos de Forestal Mininco (Vergara et al. 1999). El proceso de protestas y recuperación de tierras se dispara en el gobierno de Frei Ruiz Tagle (1994-2000). Hubo un máximo de 13 predios prácticamente ocupados en forma simultánea entre los días 22 y 27 de abril de 1999. Asimismo, las acciones violentas se convirtieron en una constante desde la quema de camiones de Forestal Arauco (en 1997), intensificándose notablemente en el último año. Entre el 1 de diciembre de 1997 y el 24 de mayo de 1999, se registraron un total de 17 acciones violentas, entre las que se cuentan ataques incendiarios a fundos y maquinarias forestales, enfrentamientos entre mapuches, carabineros y guardias forestales (Lavanchy 1999).

 

El ritmo de compra de tierras desde 1997 fue incrementándose, coincidiendo con el despliegue reivindicativo del movimiento mapuche y con las operaciones políticas del gobierno de turno, para controlar focos de activación política mapuche. Entre 1994 y 1997 el promedio de compra de tierras es de mil hectáreas anuales. En 1998 y 2002 las compras de tierras alcanzan las seis mil hectáreas promedio, y entre 2008 y 2011 el promedio anual supera las nueve mil hectáreas anuales. Aunque no se conocen las cifras desglosadas de las tierras adquiridas, un porcentaje relevante de tierras recuperadas corresponderían aquellas de empresas forestales, especialmente Mininco y Forestal Arauco, recuperaciones en las que han participado organizaciones como Ad Mapu, Consejo de Todas las Tierras, Identidad Lakquenche, Asociación Ñancucheo de Lumako, organizaciones territoriales y comunidades mapuche autónomas, así como también comunidades adscritas a la CAM.

 

La ocupación de tierras de hecho es una estrategia mapuche transversal a las comunidades del territorio entre el Bío Bío y Chiloé (región de Los Lagos hacia el sur de la Araucanía). Sin embargo, contemporáneamente, en Tirúa, una de las zonas más aisladas de menor acceso de la provincia de Arauco, presenta las mismas condiciones de los territorios de comunidades pehuenches y huilliches de zonas cordilleranas de los Andes y de la Costa, que posibilitaron estas ocupaciones, aunque debieron resistir los primeros intentos de desalojo. En zonas que podríamos pensar más reguladas y relativamente centrales, cercanas a vías de comunicación o centros poblados, como es la provincia de Malleco, el despoblamiento ocurrido con la expansión forestal también ha hecho las zonas más inaccesibles y con menor presencia del control del Estado, que no sea a través de los puestos policiales y los vigilantes de los fundos de las empresas forestales.

 

En 2012, varias comunidades mapuche de las provincias de Arauco y Malleco, no adscritas a la CAM, habían iniciado “recuperaciones productivas” de tierras ancestrales. En la caleta de Quidico, costa de Arauco, Comuna de Tirua, 250 familias de la Comunidad Mapuche María Colipí, viuda de Maril, iniciaron un proceso de recuperación de tierras con fines productivos sobre el fundo Labranza, de dos mil hectáreas de propiedad de Forestal Mininco. En el Fundo Rukañanco y La Posada de Contulmo, de 300 hectáreas y 200 hectáreas respectivamente, se hace la misma ocupación productiva. También se ocupan en Lleu Lleu 78 hectáreas. De igual modo se encontraban ocupados los Fundos “Cerro Negro” y Tirúa Sur, de 300 hectáreas, Fundo El Cardal de 1.600 hectáreas, y el Predio Choque de Forestal Mininco de 400 hectáreas. Un año después, el 16 de abril de 2013, en la provincia de Malleco, las comunidades Andrés Huaiquiñir, Mateo Huenchuman, Pascual Pichulman, Juan Quilaqueo, Painen Marileo y Rain Chillacura, todas pertenecientes al Lof Cayu del Bajo Pellahuén, proceden a recuperar 15 mil hectáreas de tierras consideradas usurpadas por las empresas forestales Masisa, Mininco y Arauco. Sin embargo, estas comunidades no apelan a los argumentos de la CAM, sino que interpelan a la historia y los compromisos del Estado de Chile con el Pueblo Mapuche, al señalar que la recuperación de los predios se efectúa después de 132 años de usufructo de las tierras por personas naturales o jurídicas ajenas al pueblo mapuche. Señalan que en virtud del Convenio 169 de la OIT vigente en Chile desde 2009 es posible invocar el Tratado de Tapihue de 1825, que prohibió la presencia de chilenos en territorios mapuches, debidamente demarcados por el río Bío Bío. Justifican además las recuperaciones de tierras en el Artículo 28 de la Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas, que establece el derecho a la reparación y restitución de tierras tradicionalmente ocupadas.

 

 

Respecto a los beneficios percibidos por las empresas, se tiene el siguiente balance económico:

Los anunciados problemas económicos no se ajustan con los niveles de ganancias obtenidos por estas empresas, donde los principales grupos económicos forestales con plantas de celulosa, Arauco y Compañía Manufacturera de papeles y Cartones CMPC, entre 1996 y 2010 aumentaron sus ganancias en ocho veces, con rentabilidad superiores al 30% (Frêne y Núñez 2010): Las utilidades acumuladas durante el período 2000-2005 superaron los 2.268 millones de dólares. CMPC por su parte obtiene en 2005 utilidades mayores a 230 millones de dólares, acumulando en el período 2000-2005 más de 1.269 millones de dólares (Monsalve 2007). De igual modo, a pesar de la reivindicación de tierras del movimiento mapuche y de las acciones de violencia política atribuibles a la CAM, en el periodo 1993 a 2007, a juzgar por las declaraciones empresariales, se aprecia una disminución de la tasa de plantación, pero en ningún caso la paralización de las plantaciones.

 

 

La salida que visualizan los investigadores, considerando su estudio, es la siguiente:

La alternativa de una salida política: Región Plurinacional

 

La política de atacar las consecuencias de los desastrosos planes de desarrollo forestal, con criminalización y represión, en vez de atender a las causas que han generado los odios, miedos, uso de la fuerza, por ambos lados, no han hecho sino validar una hipótesis archiconocida en las ciencias sociales. A saber, que mientras más violencia se practique contra un grupo humano, que se plantea étnicamente diferente y es reconocido por el “otro” como tal, más se cohesiona y más se agudiza el conflicto. Y esos hechos de violencia y abuso-victimización son transmitidos a través de generaciones, ayudando a crear fronteras muchas veces infranqueables con malas disposiciones entre vecinos para el futuro.

 

En resumen:

 

La violencia en la Araucanía tiene varios rostros, una violencia política social, usada de modo circunstancial por las comunidades mapuche y organizaciones como la CAM, que busca justicia y que se expresa como resistencia y respuesta legítima ante los otros tipos de violencia material y simbólica, de carácter empresarial y del Estado, de manera permanente. En este sentido la violencia empresarial se expresa a través de las masivas plantaciones de pino insigne y sus efectos medioambientales y territoriales, en cuanto tiene la posesión y tenencia de tierras ancestrales indígenas, sino también con la presencia de las guardias y grupos paramilitares para resguardo de sus predios y bosques, reivindicados por las comunidades mapuche.

 

El balance del conflicto se describe en su secuencia dramática:  

 

Las recuperaciones de tierras en el período 1997 -2013 ha generado dos estrategias inéditas antes de 1990. Por una parte, la Ley Indígena introduce el mecanismo de compra de tierras en conflicto, en respuesta al movimiento mapuche, que surge durante la dictadura, y que en Arauco y Malleco permite recuperar importantes superficies de tierras y resolver algunos conflictos históricos; y un segundo tipo corresponde a la ocupación de hecho, que se conoce como recuperaciones productivas, las que de acuerdo a la información de prensa superaría las 20 mil hectáreas en Arauco y Malleco. Las recuperaciones de tierras corresponden a la acción de comunidades autónomas, organizaciones mapuche tradicionales (Ad Mapu, Consejo de Todas Las Tierras), organizaciones y asociaciones indígenas locales, identidades y coordinadoras territoriales, todas ellas expresiones de la diversidad orgánica de la que se compone el movimiento mapuche en la Araucanía. Así lo señala uno de sus dirigentes: Somos antisistémicos, porque no aceptamos la dominación occidental como modelo de vida y lo hacemos a través de la lucha territorial. Creemos que las vías que el sistema ofrece, sus programas y políticas sociales, resultan funcionales al sistema que nos oprime, no nos sirve. Queremos pasar a otro tipo de práctica: ocupar territorio y controlarlo. Mediante la acción directa quebrar de alguna manera la institucionalidad que se nos quiere imponer. Llamamos a este proceso “experiencias de control territorial, formas embrionarias de autonomía y liberación” (Llaitul y Arrate, 2012). Este pensamiento puede cobrar sentido en muchas comunidades y organizaciones mapuches que ven como sus negociaciones y demandas ante el Estado no tiene respuesta o solución. Por ello, ¿puede un proyecto emancipador o de liberación nacional trascender hacia comunidades que no están en conflictos de tierras, que son una importante proporción? ¿El proyecto puede ir más allá de las provincias de Arauco y Malleco? ¿Si el planteamiento de la CAM no considera alianzas, es posible sumar las fuerzas y voluntad mayoritaria para su concreción? Son preguntas a las que solo el tiempo puede contestar.

 

 

Conclusiones 

Después del resultado del plebiscito de salida, constatando que no se sale de la crisis constitucional y del contexto de esta crisis, que corresponde a la crisis múltiple que mencionamos, sobre todo, considerando la focalización nacional, aludiendo a la crisis del Estado nación, podemos aseverar que las salidas políticas, derivadas de elaboradas propuestas, independientemente de su alcance plausible, no son efectivas en la medida que el conglomerado de voluntades singulares de la población, no construye una voluntad integral consensuada. La composición diferencial de las voluntades no podría llegar a una voluntad integral  consensuada si es que las partes ponen obstáculos a lograrlo. Es más, yendo a las condiciones de posibilidad iniciales de las voluntades, éstas no llegarían a ser tales en la medida que no racionalicen sus deseos, sus necesidades, su incumbencia en la responsabilidad social, también responsabilidad ecológica. Se actuaría, por así decirlo, mecánicamente, como repetición de costumbres, comportamientos, prácticas, fosilizadas, convertidas en prejuicios.

Lo que se puede observar es el apego de los estratos sociales, para hablar en lenguaje sociológico, el apego de las clases sociales,  para hablar en lenguaje marxista, a esquemas de comportamiento, incrustados institucionalmente. Sobre todo las clases dominantes se inclinan por el apego a una ideología conservadora anacrónica, que considera “natural” la diferenciación social, la diferenciación colonial, y en esta “naturalidad” supuesta, consideran “normal” su dominio, su manejo, su monopolio político, económico y cultural. Por otra parte, circunscriben el futuro a un presente restringido al tamaño de sus prejuicios y sus miserias humanas. Hablan de “desarrollo” como si esta perspectiva fuese indiscutible, olvidando que su “desarrollo”, destruye las condiciones de posibilidad mismas de la vida, de los ciclos vitales. Esta visión es estrecha, no solo mezquina; no toman consciencia que con la contaminación, la depredación, la destrucción ecológica, también de los tejidos sociales, ellos también son arrastrados al abismo apocalíptico, que se avizora con la crisis ecológica.

Sin embargo, la estrechez es más notoria en la casta política, de izquierda y de derecha. Quizás hasta tengan más responsabilidad en el desastre, pues fungen de administradores de la cosa pública, del Estado, se colocan como direcciones políticas, como orientadores de opiniones y proponentes de políticas y estrategias. La casta política cree que puede jugar a diferir la crisis, a ganar tiempo, a manipular con las condiciones de posibilidad y los factores intervinientes. Esta es su ilusión de poder. No se da cuenta que las dinámicas de la crisis no están al alcance de sus dispositivos de poder. No controlan nada, no controlan la complejidad planetaria, incluso no controlan la complejidad social, solo pueden ocasionar débiles vaivenes en medio de la tormenta. Lo único que pueden hacer es diferir un poco, amortiguar muy poco, encubrir, los alcances de la crisis desatada. En verdad, lo único que pueden hacer es engañar a la gente, al pueblo. De esta casta política, la más demagógica es la que corresponde, en la historia reciente, a las formas de gubernamentalidad neopopulistas, a los gobiernos llamados progresistas, socialistas matizados del siglo XXI.

 

 

 

  

Notas 

[1]  Triunfo del «rechazo» | La (aparente) paradoja de Chile: 3 razones para entender el no a la nueva Constitución cuando casi el 80% estaba a favor de cambiarla. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-62790749.

[2] Ver de Patricio Altamirano Arancibia: La casta Larraín en la burguesía chilena. Ojo Editores; Chile.

[3] Marcel Henri Claude Reyes: (Santiago26 de febrero de 1957) es un economista, académico y activista político chileno. Fue candidato presidencial para elección de 2013 con el patrocinio legal del Partido Humanista (PH) y el apoyo del movimiento «Todos a La Moneda«.

[4] Cuadro:

https://www.facebook.com/photo/?fbid=2057640137958851&set=a.175609082828642&__cft__%5B0%5D=AZUmuSmV9AFPZINM6mo9iYw-NRsuz56Jr6bA347QYFe1GmxtFvbmNH9qR_YVkB7wPollPE8LhEo6qGWf81AblTACMBxbYesoEJfUBy9d2kNimeZZn16wyVs5j_c50bflX6k&__tn__=EH-R.

[5] Gustavo Burgos: Director de la revista «El Porteño» y conductor del programa «Mate al Rey».

[6] Leer de Gustavo Burgos: La estrepitosa derrota del Apruebo, abre una puerta a la irrupción de la clase trabajadora. https://elporteno.cl/la-estrepitosa-derrota-del-apruebo-abre-una-puerta-a-la-irrupcion-de-la-clase-trabajadora/.

[7] El nuevo ciclo de movilización mapuche en Chile: la emergencia de la CAM y el proyecto autonomista para una región plurinacional.

https://pdfs.semanticscholar.org/b2a1/17ec539cdac85b67062ef5213bce6163993b.pdf.

Umbrales y límites de los gobiernos progresistas

Umbrales y límites

de los gobiernos progresistas

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Gobiernos progresistas 

Alguien dijo alguna vez que es indispensable apoyar a los que se revelan hasta que llegan al gobierno, es cuando hay que dejarlos, dejar de apoyarlos, porque ahí en ese momento, que se convierten en gobierno, que asumen el Estado, ingresan a otro agenciamiento, forman parte del poder.

Es la relación con el Estado lo que define a los gobernantes, quiénes son, qué hacen, cuál es el sentido de su función en el Estado. Los gobiernos pueden distinguirse de acuerdo a su ideología, a sus prácticas, a sus orientaciones, incluso al perfil de sus composiciones personales, sin embargo, toda diferencia implica variaciones en la concretización del Estado; el gobierno concretiza al Estado, que es más bien abstracto.

Hemos retomado el concepto de gubernamentalidad de Michel Foucault; hablamos de forma de gubernamentalidad para distinguir las estrategias, las tácticas y el diseño de la forma de gobierno en cuestión. Michel Foucault se ocupó de describir lo que llamó la forma de gubernamentalidad liberal; en contraposición, sin atribuirle del todo el carácter de gubernamentalidad, habló de Estado policial. No reconocía el carácter de gubernamentalidad a la forma socialista. Empero, nosotros hemos preferido usar el concepto de forma de gubernamentalidad de manera abierta; lo que nos ayuda a diferenciar formas de gobierno, aunque no adquieran, del todo, el carácter completo de gubernamentalidad, es decir, de gobierno de las poblaciones, incidiendo masivamente en éstas, en sus maneras de comportamientos. Lo que nos importa es contar con un cuadro comparativo de forma de gobierno. De esta manera ayudarnos en el análisis político.

Nuestro aporte ha sido configurar lo que llamamos la forma de gubernamentalidad clientelar. Forma de gobierno que administra expandiendo sus clientelas, manejando el gobierno y el ejercicio de gobierno por prebendas. Al respecto, hemos propuesto que la forma de gubernamentalidad clientelar se sostiene en lo que hemos llamado a la economía política del chantaje.

Hemos aceptado que no hay una forma de gubernamentalidad socialista, aunque hayan habido revoluciones sociales; estas revoluciones no han abolido la sociedad de clases, mas bien, esta sociedad de clases se ha reproducido, precisamente a partir de la hipertrofia misma del Estado, que ha buscado controlar absolutamente la sociedad. No puede haber Estado socialista, eso es una contradicción a pesar de la hipótesis ad hoc de la transición de la dictadura del proletariado; el socialismo sólo es posible como democracia plena, como autogobierno del pueblo, empero esto es lo que no ha ocurrido en los llamados países del socialismo real. No pude haber socialismo en un solo país; mientras siga funcionando el sistema mundo capitalista. El socialismo es posible en el mundo transformando el sistema mundo capitalista, trastrocándolo o aboliéndolo;  conformándolo de manera democrática, a través de consensos entre los pueblos, sustituyendo el sistema mundo capitalista por un sistema mundo socialista. ¿Qué es lo que ha habido? Lo que se ha dado en estos países del socialismo real es lo qué se llama Estado policial, conformado como una hipertrofia estatal, además, administrada por una abundante burocracia, que sustituye a la burguesía, en el control de los medios de producción, así como en la apropiación del excedente, reproduciendo clases sociales de esta manera.

Al respecto nosotros hemos concebido un amplio movimiento y desplazamiento de lo que llamamos forma de gubernamentalidad clientelar. En este sentido hemos llegado a concebir en el largo plazo, si no es en el mediano plazo, a los países del socialismo real, como parte de la forma de la gubernamentalidad clientelar, que da lugar también a distintas formas del Estado policial. Sin embargo, a pesar de que esto ayuda a comprender, en el largo plazo, los desplazamientos de una forma de gubernamentalidad clientelar, sabemos que el concepto de forma de gubernamentalidad clientelar está específicamente configurado a partir de la experiencia de la conformación de los gobiernos populistas, al estilo latinoamericano. Estos gobiernos populistas han reaparecido al final del siglo XX y comienzos del siglo XXI, expresando las características conocidas en los llamados gobiernos neopopulistas. Solo por sus analogías, podemos suponer el boceto de un curso de desplazamientos, en el largo plazo, donde el Estado policial, dado en los regímenes del socialismo real, se comparte singularmente en los gobiernos populistas y en los gobiernos neopopulistas, aunque solo se repitan ciertos rasgos y ciertas características semejantes.

Ahora bien, se puede hablar con certeza de una forma de gubernamentalidad clientelar, propiamente dicha, que se despliega y desenvuelve a lo lago de la segunda mitad del siglo XX y llega a extenderse en las tres décadas iniciales de siglo XXI. Esto ocurre sobre todo en América Latina y el Caribe. La forma aparece plenamente conformada a lo largo del periodo descrito, solo que expandida intensamente con los llamados “gobiernos progresistas” del siglo XXI.

Hemos dicho que la forma de gubernamentalidad clientelar se caracteriza por la formación de clientelas, es decir, que se sustituye la convocatoria por el clientelaje. Este hecho o, mas bien, conjuntos de hechos, que se convierte en una serie de secuencias, donde se despliega un espectro de posiciones y de disposiciones políticas, esta situación, que contiene campos de práctica, que define contextos, tiene también repercusiones en la forma de institucionalidad de la democracia formal. La democracia formal institucionalizada pretende legitimar el gobierno, emergido de las elecciones, el Estado de derecho, a través de periódicas elecciones nacionales, pretende que estas elecciones son democráticas, en el sentido de la concurrencia electoral. Esta es una pretensión de verdad, si ustedes quieren, ideal. Sin embargo, no se cumple a cabalidad, de ese modo, a la manera ideal, porque hay perturbaciones, hay distorsiones, que son encubiertas por la propaganda política, que se vuelve compulsiva. Se ocultan otras distorsiones, que tienen que ver con la accesibilidad y los recursos en juego. Sin embargo, manteniendo ese esquema ideal, cuando se trata del ejercicio de la democracia en las formas de gubernamentalidad clientelar, las distorsiones y perturbaciones son notorias y visibles. Por ejemplo ya no se trata de una concurrencia electoral, sino de una movilización de las masas clientelares; las elecciones, en este caso, se parecen más a una compulsa de fuerzas que a una concurrencia electoral.

Por otra parte, el monopolio del Estado, de los medios del Estado, de sus dispositivos y sus aparatos ideológicos, sumándose al control de los medios de comunicación y el control de organizaciones sociales, fuera del control del partido, incide categóricamente en el control de la opinión pública y de la población; haciendo desaparecer el carácter propio de las elecciones. Aparte de esto, hay que tocar lo que se ha venido denunciando, lo que se da en estas circunstancias monopólicas, en términos de fraudes electorales, en pequeña escala, mediana escala o en gran escala. Así como hay que tener en cuenta la distorción que se da con el control del tribunal electoral. Estas situaciones anómalas inciden en la posibilidad y probabilidad de la manipulación del voto, de la información del voto, fuera de lo que ocurre en determinadas regiones y en determinados poblados, donde los resultados en favor del partido oficialista llega hasta el 100%.

En consecuencia, no estamos hablando de la misma característica, completamente equivalente, entre el ideal de la democracia formal y esta democracia clientelar, que se ejerce bajo la forma de la gubernamentalidad ejercida a través del prebendalismo; hay notoriamente distorsiones perturbaciones y adulteraciones. En consecuencia, se pierde, de inicio, el sentido mismo de la legitimación democrática, se pierde la posibilidad de legitimación, en pleno sentido de la palabra. Entonces, ingresamos, de lleno, en las formas de gubernamentalidad clientelar, en el ámbito problemático de lo que ha venido en llamar Jürgen Habermas problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Nosotros tendríamos que hablar de problemas de legitimación bajo la forma de gubernamentalidad clientelar.

La forma de gubernamentalidad clientelar no se basa en la convocatoria, sino en las complicidades y concomitancias; se trata de complicidades y concomitancias entre el poder y las clientelas. Entonces, hay como circuitos del chantaje, circulaciones del chantaje, en ambos lados, el poder y las clientelas. El apoyo es condicionado a recibir la prebenda. Se trata de relaciones perversas, pero también afectivas; en tanto que el poder hace de padre, se establece una relación paternal con el hijo, quien es protegido. La minoridad es asumida plenamente por las clientelas. La forma de gubernamentalidad clientelar establece relaciones de dominación, precisamente en esta relación paternal con la minoridad, que son las clientelas. Sin embargo, hay cierta reciprocidad anómala o adulterada, porque los hijos, las clientelas sonsacan al padre lo que se puede, sonsacan al poder lo que se puede, en tanto chantaje, pues el apoyo está condicionado.

Hemos dicho que la forma de gubernamentalidad clientelar se sostiene en la economía política de chantaje, vale decir, en la economía política que se mueve a través de la coerción, sucitando la diferenciación, como en toda economía política, entre lo abstracto y lo concreto, que, en este caso, vendría a ser diferencia entre la convocatoria del mito, el Caudillo, y los hijos, expulsados del paraíso político y el paraíso económico. La ideología populista contiene en su arqueología el imaginario mesiánico, la relación de dependencia es con el mesías político, el Caudillo.

La forma de gubernamentalidad clientelar es también un diagrama de poder o corresponde a un diagrama de poder. Llamaremos diagrama de poder clientelar. Hemos dicho antes que se trata de un diagrama de poder de la economía política del chantaje. ¿En qué consiste este diagrama de poder? Consiste fundamentalmente  en que se trata de un diagrama de poder que se desenvuelve a través de las prácticas de corrupción y corrosión institucional. El cuadro del diagrama de poder clientelar corresponde al espacio denso de verdaderos aparatos de corrosión institucional y de corrupción galopante, que se instalan en la estructura del Estado y en los dispositivos del gobierno. El discurso del diagrama de poder es demagógico, corresponde a un  barroco mesiánico político. El contenido de esta forma de diagrama de poder atañe al sujeto dependiente, al sujeto convertido en víctima, al sujeto de la minoridad, al sujeto de la demanda y del chantaje emocional; esto es, el mismo cliente, la misma clientela.

Ahora bien, qué hace el diagrama de poder clientelar con el cuerpo, de qué manera inscribe una historia política en la piel, de qué manera se sumerge en el cuerpo, en el espesor del cuerpo y constituye la subjetividad. El diagrama de la disciplina trabaja el cuerpo por partes, las adecúa, en conjunto integrado, a los requerimientos de la instrumentalización tecnológica, convierte al cuerpo en apto para producción y el trabajo en el modo de producción capitalista; disciplina el cuerpo. El diagrama de poder del control, que es, por así decirlo, posterior o distinto al diagrama de poder disciplinario, es un diagrama de poder que rompe con la disciplina, apertura al cuerpo, lo libera de las ataduras y ritmos disciplinarios, lo traslada a distintos escenarios, para lograr, sin embargo, un mayor control del cuerpo. Empero, esto no ocurre con el diagrama de poder clientelar, que, mas bien, tiene características barrocas. Si bien no disciplina el cuerpo, si se quiere, también des-disciplina el cuerpo, pero no para lograr fluidez, al contrario, no deja que fluya el cuerpo, lo retiene, lo estanca, lo atrapa. De esa manera barroca, pesada, mezclada, no logra mayor control, sino  coersión y constreñimiento. El diagrama de poder clientelar des-disciplina el cuerpo para la sumergirlo en la corrosión corporal. El cuerpo se vuelve amorfo, se adecúa a esa relación de dependencia, se convierte en el cuerpo del sujeto demandante, que se inviste de víctima y chantajea; es un cuerpo pasivo, donde las fuerzas han perdido lo que pueden, su potencia, se someten a los caprichos del mesías político, a la compulsión del caudillo.

Debemos pensar el poder en tanto despliegue de fuerzas, a partir de las relaciones entre fuerzas, tenemos que pensar campos diferentes de fuerzas. Foucault decía que el poder es relación de fuerzas. A estas alturas del partido, como se dice vulgarmente, tenemos que ir más lejos de Foucault. Estamos hablando, en plural, de campos de fuerzas, de campos de intensidad de fuerzas, de espesores de intensidad de fuerzas,  por lo tanto, estamos hablando de una complejidad mayor. En todo caso, podemos empezar por la siguiente pregunta: ¿Qué fuerzas están en relación en el diagrama de poder clientelar?

Diremos que se trata de fuerzas en el cuerpo humano y fuerzas en el entorno, en el contexto del cuerpo humano, en la exterioridad del cuerpo humano, en el afuera del cuerpo humano. Siguiendo con la interpretación, las fuerzas en el cuerpo humano tienen que ver con aquellas fuerzas que definen su campo de posibilidades en un presente determinado y en un contexto específico, en la coyuntura singular, en los espesores de la coyuntura, en los espesores del presente. Estas capacidades y posibilidades del cuerpo humano entran en relación con otras fuerzas del entorno, de la exterioridad y del afuera, estas fuerzas, que toma, de manera primordial, el diagrama de poder clientelar, tienen que ver con lo provisional, la incertidumbre, lo improvisado, la ambigüedad, que definen un campo configurando histórico político cultural barroco. Entonces, en términos de constitución de la subjetividad, hablamos no solamente del sujeto dependiente, del sujeto demandante, del sujeto convertido en víctima, en un ámbito de relaciones clientelares, en el contexto de la economía política del chantaje. Estamos hablando de un sujeto que ha optado por la inclinación inmediata del goce, de la satisfacción ilusoria, de la compulsión por el fetichismo el dinero, los símbolos de riqueza, la ostentación, manifestando pretensiones fabulosas, buscando desesperadamente el reconocimiento. Estamos ante un perfil de la subjetividad barroca, que corresponde, en el lenguaje de Hegel, a la conciencia desdichada, es decir a un sujeto desgarrado en sus propias contradicciones, a un sujeto que demanda desesperadamente el reconocimiento, pues emerge de la acumulación de frustraciones y resentimientos. Este sujeto encuentra el resarcimiento, la imposible satisfacción, en la ilusión del goce, en la inclinación por la acumulación de la riqueza fácil, en el consumismo compulsivo. Este perfil puede ser muy bien reconocido en los sujetos comprometidos en los juegos de poder del ámbito paralelo, del lado oscuro del poder, en las en las organizaciones clandestinas de los cárteles. No hay horizontes, no hay perspectivas, salvo la apropiación del excedente, mediante los recursos de los tráficos ilícitos. Estamos ante la ostentación grotesca de la riqueza inútil, del lujo depravado, de la exaltación del gasto abusivo, que busca desesperadamente el prestigio, el reconocimiento, paradójicamente en ámbitos donde no se valoriza nada, sino se disemina todo, se pulveriza todo, en ámbitos donde no hay referentes éticos, sino todo lo contrario; se trata de ámbitos de la desvalorización deprimente y de la ausencia absoluta de ética. No solamente estamos ante la corrupción institucional, la sumersión en las prácticas de la corrupción, en el uso de la fuerza y la violencia descarnada para el control territorial, sino también estamos en la en la diseminación y destrucción del tejido social.

La forma de gubernamentalidad clientelar tiene una relación perversa no solo con los cuerpos humanos, sino también con los territorios, con los recursos naturales, con las cuencas y los ecosistemas. Forma parte del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; este modelo se ha constituido, desde la conquista y la colonia, como paradigma de la destrucción territorial y de los pueblos nativos, de sus culturas y sus autonomías. Se trata del modelo económico de la transferencia de los recursos naturales como materias primas a la vorágine del sistema mundo capitalista.

Clientelismo y prebendalismo

Ahora tenemos que concentrarnos en las relaciones de la forma de gubernamentalidad clientelar en la historia reciente,  en lo que respecta al tiempo social, a la periodicidad experimentada, a la temporalidad acaecida, a lo que ocurre en la secuencia de hechos políticos, en las secuencias entrelazadas de hechos; ¿de qué manera acontece su propio deterioro y decadencia?

En otro ensayo, hace un tiempo, hemos lanzado una hipótesis interpretativa provocadora, que plantea que en la forma de gubernamentalidad clientelar no se trata de que funcione el Estado, mas bien, al contrario, se trata de que no funcione. Es este disfuncionamiento el que hace efectiva, paradójicamente, la reproducción de poder, el movimiento del círculo vicioso del poder, en el que está entrampada la forma de gubernamentalidad clientelar.

Vamos a la pregunta sobre el tiempo, sobre la temporalidad política, sobre estas estructuras y estas formas de poder, de gobierno. ¿Qué es, respecto a estas estructuras y éstas formas, lo que tiene que ver con la temporalidad política, sobre todo con los contextos políticos?

Hace un tiempo también hemos hablado de la crisis del Estado nación, hemos dicho que los Estado nación nacen con su propia crisis, que se convierte en crisis estructural y orgánica, que acompaña a sus genealogías políticas. Bueno, pero esta crisis estructural del Estado nación abarca tanto a la forma de gubernamentalidad clientelar así como a la forma gubernamentalidad neoliberal, también a la forma de gubernamentalidad populista, de la misma manera, la forma de gubernamentalidad liberal, incluso, antes, a la forma de gubernamentalidad conservadora. Lo que podemos decir al respecto es que la forma de gubernamentalidad clientelar responde, de una determinada manera, a la crisis estructural del Estado nación; de manera distinta lo hace la forma de gubernamentalidad neoliberal, respondiendo también a la crisis estructural del Estado nación. Respecto a la forma de gubernamentalidad clientelar, lo que nos interesa es comprender, entender y describir la forma singular con la que responde a la crisis del Estado nación. La forma de gubernamentalidad en cuestión ha experimentado un desplazamiento y una transformación, pues antes se presenta como una convocatoria de carácter populista y, recientemente, de carácter neopopulista, una convocatoria a los pobres, a los explotados, a los discriminados, a los que llama Frantz Fanon los condenados de la tierra. Es cuando se asume el gobierno, después de un interregno, en el que dura todavía la convocatoria, que aparece plenamente la forma de gubernamentalidad clientelar. ¿Por qué ocurre esto? Diremos que durante la convocatoria la promesa es atractiva, la promesa de salvación política, empero cuando se llega el gobierno, la promesa no se cumple, ya sea porque no se puede cumplir o porque no se quiere cumplir. Por el momento dejaremos pendiente estas alternativas, no van a ser tratadas; lo que nos interesa es que en el momento en que queda claro que no se cumple la promesa, se pierde la convocatoria. Entonces se requiere un cambio de estrategia. Se pasa de la convocatoria a la conformación de clientelas; sólo se puede gobernar dejando de lado la convocatoria de la promesa, solo se puede gobernar contando con la complicidad de las las clientelas.

El clientelismo y el prebendalismo son prácticas de forma de gobierno, como dijimos, no consiguen la legitimación, pero sí logran complicidades. Pero también dijimos que el clientelismo y el prebendalismo son formas de dominación, que podriamos llamar edulcoradas. Foucault decía que el poder juega con el deseo, incluso que se desea el poder; es decir, que el ejercicio de poder no es represión sino que se lo desea. Esto quiere decir que la dominación también es deseada, trabaja el deseo. En este sentido pervierte el cuerpo. Hemos dicho que la forma de gubernamentalidad clientelar y el diagrama de poder clientelar corroe el cuerpo; por lo tanto, lo pervierte. En la concreción singular, lo corrompe, lo soborna, lo convierte en cómplice, además de ser el continente, el espesor, de la constitución del sujeto demandante, del sujeto reducido a víctima, para usufructúo de los gobernantes progresistas.

Conclusiones

“Gobiernos progresistas” es un título, en realidad se trata de una apología mediática, también de propaganda, así como, obviamente, de publicidad, que no se sostiene. La pregunta es: ¿Qué de progresismo tienen estos gobiernos? Se trata, mas bien, de gobiernos de formación barroca, de barroquismos conservadores, de mezclas abigarradas, una composición estrambótica de herencias mesiánicas, de ideología patriarcal, de estilo paternalista, en el sentido de asistencia. Asistencialismo a los pobres, convocatorias semi-religiosas y políticas a los pobres. Se trata de un discurso demagógico, de exaltación de las víctimas, combinada con una pretensión, muy lejos de ser cierta, de vinculación con el socialismo, puesto que, al margen de algunos militantes que fueron miembros de partidos socialistas o pretendidamente marxistas, que son escasos, la mayoría del contingente que forma parte del “gobierno progresista”, de la burocracia “progresista”, y de la masa elocuente de llunk’us, que apoya al “gobierno progresista”, tiene una concepción muy distinta al socialismo, una concepción atiborrada, mucho más vinculada a las tradiciones asistenciales religiosas. Es decir, se trata de relaciones perversas, en pleno sentido la palabra; relaciones de dependencia, del pobre, de la víctima, respecto a los sacerdotes políticos, que, en este caso, se convierten los militantes “progresistas” de la asistencia.

Entonces no hay que dejarse llevar por el título, “gobiernos progresistas”, porque en efecto este título no expresa el sentido práctico, la realidad efectiva de los “gobiernos progresistas”. Estos gobiernos son, mas bien, fenómenos mediáticos; eso de “progresismo” es un mote que ayuda a distorsionar el sentido efectivo, abusando del sentido especulativo. Al respecto, lo que se interesa es el papel que cumplen los “gobiernos progresistas”, el papel que cumplen respecto a la sociedad, sobre todo respecto a las clases sociales discriminadas, explotadas, marginadas y subalternas. Actuan en la perspectiva del convencimiento, buscan convencer a las clases subalternas del papel supuestamente emancipador del “progresismo”. En efecto, como consecuencia de estas distoriciones, detienen a las clases subalternas  en su dependencia; en vez de liberarlas de sus ataduras y volverlas a autónomas, las iniciales rebeliones terminan limitándose a los alcances conservadores de los “gobiernos progresistas”.

Entonces, ¿cuáles son los umbrales y los límites de los “gobiernos progresistas? Son una forma más del Estado nación, aunque en algunos casos, como en Bolivia y el Ecuador, se autonombren “Estados plurinacionales”. Algo que no se sostiene porque no hay estructuras plurinacionales en la composición de estos Estados. Nunca han salido del de la condición de Estado nación; sólo el enunciado del discurso, el título, es plurinacional. En el mejor de los casos, hay un reconocimiento implícito de la plurinacionalidad, la condición plurinacional de la formación social, pero nada más, reconocimiento jurídico. Sin embargo, esta condición no se convierte en estructura del Estado. Mas bien, se subordinada la condición plurinacional a lo que siempre ha sido y es el Estado nación.

En consecuencia, los límites tienen que ver precisamente con los límites mismos del Estado nación, en este caso, en su temporalidad en crisis, como hemos dicho en principio, en decadencia. Es decir, las formas de gubernamentalidad progresistas buscan edulcorar, por así decirlo, la propia decadencia del Estado nación, la propia crisis múltiple del Estado; buscan comprometer, en un acto de pseudolegitimación del Estado, a partir del ejercicio de poder de estos gobiernos. Están entonces definidos los límites; estos límites se encuentran en el Estado mismo, por lo tanto, expresan, de una determinada manera, la crisis del Estado nación, la crisis múltiple del Estado nación. ¿De qué manera expresan esos límites? De una manera negativa, en la medida que comprometen a las masas sociales en una ilusión, una ilusión que termina legitimando lo que siempre se ha hecho, la ampliación del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, la ampliación de la subordinación y el sometimiento al orden mundial, por más que tengan un discurso “antiimperialista”. Se trata de una demagogia, discurso “antiimperialista” que no corresponde a los discursos del antiimperialismo efecivo, por ejemplo, en el contexto de la guerra de Vietnam.

Entonces los “gobiernos progresistas” inhiben las capacidades de lucha de los pueblos. Los convierten en sujetos pasivos, en todo caso, en sujetos subordinados al caudillo. Se trata, en efecto, de una forma de dominación; la forma de gubernamentalidad clientelar detiene y controla la posibilidad de rebelión.

Por otra parte, la forma de gubernamentalidad clientelar expande la corrupción institucional y la corrupción galopante, abarcando y comprometiendo al conjunto de la sociedad, en estas prácticas clientelares y prebendales. Trayendo a colación la consecuencia de la apropiación indebida del excedente por parte de los gobernantes, de una élite beneficiada por la apropiación y la administración de la renta. La consecuencia perversa de todo esto corresponde a la formación de lo que hemos llamado la burguesía rentista, acrecentando, de esta manera, la composición abigarrada de la burguesía nacional.

   

Crítica de la arqueología y genealogía de la civilización

Crítica de la arqueología

y genealogía de la civilización

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Sumeria

Hacia un horizonte transcivilizatorio

Retomando el análisis y la reflexión, que siempre de algún modo, son también evaluaciones, que apuntan y se proyectan al porvenir, debemos volver a plantear las premisas de las que partimos; queremos hacer hincapié en los ámbitos de lo que Peter Sloterdijk llama atmósferas. Nosotros hacemos hincapié en los ciclos planetarios. Todo esto nos plantea una decodificación, desciframiento, una resignificación de lo que llamamos relaciones. Concepto que es tan importante y caro para la sociología, pero también para la economía política y, de alguna manera, también para la teoría de sistemas, sólo que la teoría de sistemas complejiza aquello que llamos relaciones. Por ese camino queremos volver a la arqueología del concepto de relaciones, comprender lo que llamamos relaciones, dada su geología de sedimentaciones conceptuales. Émile Benveniste decía que el humano nace en el lenguaje y desde el lenguaje nombra el mundo, actúa en el mundo. Esta es una premisa importante, nos muestra esa compleja relación simultánea entre lo que llamó la filosofía lo externo o el afuera y lo interno o el adentro.

A partir de cierta tradición de las ciencias sociales se dice que el ser humano interpreta, que el ser humano construye sus culturas, con anterioridad, que inventa sus lenguajes, sin embargo,esta interpretación supone una concepción demasiado aislada del ser humano, independiente del ámbito complejo de relaciones. ¿Cómo puede haber un ser humano sin el ámbito complejo de relaciones? El ser humano sólo puede ser entendido en ese ámbito complejo de relaciones, porque es producto del ámbito complejo de relaciones, por lo tanto, de alguna manera, ayudándonos con el procedimiento de la ilustración, se puede decir que el ámbito de relaciones antecede al ser humano. Nos podrán criticar y preguntar, a su vez, ¿cómo puede haber ámbito de relaciones si ese ámbito de relaciones es creado por el ser humano? Se tiene que concebir la simultaneidad de la acción del ser humano en un ámbito complejo de relaciones y la incidencia del ámbito de relaciones en el ser humano. Hablamos de su propia constitución, la constitución de su subjetividad, también la constitución de su corporeidad, entendiendo que estamos hablando de cuerpos en el planeta. Hay que concebir la imbricación inmediata entre ser humano y ámbito de relaciones.

Volviendo al tema abordado por Émile Benveniste y también por Noam Chomsky, el lenguaje parece haber constituido al ser humano; en un contexto mayor, la cultura también lo hace, lo constituye como ser simbólico, como ser imaginario, deviniendo intérprete por excelencia, constituyendo su memoria, memoria social, basada en la experiencia social.

Utilizando viejos términos y sus paradigmas antiguos, que aunque se han repetido en la modernidad, han quedado antiguos, quizás obsoletos, pero, en la medida que los hemos heredado, nos ayudan a ilustrar. Parece que podemos hablar de una revolución del lenguaje, de una transformación desde lenguaje, en este sentido podemos hablar  de un ámbito lingüístico, que va a operar en la constitución misma del ser humano. Existen constantes flujos y reflujos de relaciones, que se configuran  constantemente en un ir y un venir de significaciones; las relaciones son significadas por el lenguaje, que explica esta constitución subjetiva, esta constitución humana, esta consciencia, también subconsciencia e inconsciente humanos. Entre las consecuencias de lo que decimos, es impensable ser humanos sin el lenguaje.

Podemos decir que hoy, en plena revolución cibernética e informática, estamos asistiendo a algo parecido a lo que ocurrió hace miles de años con el lenguaje, en lo que respecta a la constitución del ser humano, puesto que la redes cibernéticas e informáticas conforman una atmósfera irradiante y de inmediata incidencia, una atmósfera tan embriagante como el lenguaje, inclusive más poderosa. Más transformadora que el lenguaje, en la medida que está incidiendo de manera inmediata y veloz en la nueva constitución de subjetividades y en la nueva transformación del ser humano. La transformación o, si se quiere, la evolución, no se da en el robot de la robótica; no tenemos que mirar una suerte de superación del ser humano en esta producción científica y tecnológica. Esta apreciación es alienante, es una tesis parecida a la cosificación, a la fetichización del robot, de un producto del ser humano. Todos estos apologistas de la robótica interpretan de una manera cosificada lo que está ocurriendo, sin darse cuenta que precisamente estas transformaciones científicas y tecnológicas cibernética e informáticas están volviendo a incidir fuertemente en el ser humano, transformándolo, evolucionando el ser humano, usando ese concepto tan difícil y discutible como de evolución, pero lo hacemos, como hemos dicho, para ilustrar.

Recogiendo lo que decimos y sacando consecuencias, en resumen decimos lo siguiente: De manera simultánea, el lenguaje constituye al sujeto, al mismo tiempo que el ser humano inventa el lenguaje, de esta manera compleja, simultánea y complementaria incide en su corporeidad. A su vez, este cuerpo, de este ser humano, este sujeto, ambos, que son lo mismo, usan el lenguaje, los recursos culturales, los recursos cibernéticos e informáticos. El ser humano es atmosférico, acuático y territorial. Las atmósferas constituyen sus ámbitos complejos de relaciones. Ambos procesos ocurren de manera simultánea; no vamos a decir de una manera dialéctica, porque esa forma de pensamiento es restrictiva, se circunscribe en los laberintos de la razón abstracta. No logra pensar la complejidad.

Desde esta perspectiva podemos recoger la pregunta de Abdullah Öcalan, pregunta que recoge, a su vez, de Teodoro Adorno: ¿Dónde erramos el camino? La misma pregunta, dicha de otro moso: ¿Dónde comenzamos esta forma errada de vivir? Abdullah Öcalan hurga en lo que podemos llamar la arqueología de las culturas. Él encuentra tres matrices culturales, la aria, la semítica y la China, con distintos afluentes, dando mayor importancia y antigüedad, así como irradiación, a la arqueología cultural aria. Lo de el término de ario tiene que ver con la agricultura, con los quehaceres del campo. Es en estas arqueología y su consecuente desenvolvimiento genealógico donde va a encontrar, precisamente, el punto de inflexión, a partir del cual se pierden en el camino las sociedades, la misma humanidad, cuando las sociedades yerran el camino.

Orígenes de la civilización

Orígenes de la civilización de Abdullah o Öcalan es el primer tomo de una obra, que comprende distintas miradas que abarcan el ciclo más largo, el ciclo largo, el ciclo mediano y el ciclo corto de lo que se viene en llamar la historia de las civilizaciones. El primer tomo, Orígenes de la civilización corresponde a una sociología de la cultura, el siguiente tomo, Civilización capitalista, se asume como una sociología estructural, el tercer tomo, Sociologia de la libertad, corresponde a las dinámicas del ciclo corto, como una sociología de la libertad. Los siguientes tomos, Crisis de la civilización en Oriente Medio y La cuestión kurda y la propuesta de solución por una nación democrática, se ocupan de otros análisis críticos, de otras problemáticas específicas, que atíngen a situaciones pendientes en el presente.

Orígenes de la civilización se sitúa en la matriz cultural del Medio Oriente, en la paradisíaca tierra del Norte, del noroeste y del noreste. En el Medio Oriente se dio nacimiento a matrices civilizatorias. Öcalan sitúa a la matriz aria como la principal, que inaugura la memoria cultural fundamental, que se difunde e irradia por el mundo conocido de entonces. De esta matriz madre surgen y emergen otras, que se autonomizan, la matriz semítica y la matriz egipcia. La otra matriz cultural fuerte, matricial, se da en el Oriente, es la matriz cultural China. Éstas son las matrices culturales de la civilización, que comenzaría en el neolítico y llegaría hasta nuestros días. En otras palabras, para Öcalan hay sólo una civilización, que se habría transformado desde su propia constitución y conformación, en las paradisiacas tierras  del norte del Medio Oriente.

 

La guerra contra las mujeres

Quizás la tesis más fuerte en Origenes de la civilización, también en la obra de Abdullah Öcalan, es la tesis que interpreta la historia de las civilizaciones como la guerra permanente contra las mujeres, es decir, contra la vida. Öcalan acude a las fuentes de las tablas sumerias donde se narra el mito de la lucha entre la Diosa-Madre y el Dios-Padre sacerdotal del zigurat. Öcalan dice que hay sacerdotisas que construyen sus propios templos, que muchas ciudades tienen sus diosas protectoras, el ejemplo más claro es Inanna en Uruk. La lucha es entre Uruk y Eridu, ciudad del Dios Enki, ciudad que, a su vez, se puede considerar que corresponde al primer Estado sacerdotal. La lucha mítica termina con la derrota de Inanna y la victoria de Enki. “Después, la figura de la Diosa-Madre irá languideciendo hasta el periodo babilónico cuando quedará sometida, derrotada, esclavizada, convertida en prostituta oficial, pública y privada”[1].

Desde la perspectiva de la interpretación de Abdullah Öcalan, la guerra contra las mujeres no habría durado los tres siglos de la caza de brujas, que analiza Silvia Federici en Calibán y la bruja, sino toda la historia de la civilización. La civilización se habría constituido en la guerra permanente contra las mujeres; esta es la genealogía del patriarcado. Dominación masculina, de fraternidades de machos, de sacerdotes, dueños de la revelación y la verdad. Öcalan encuentra aquí, en el comienzo de esta guerra el punto de inflexión donde comienzan las sociedades humanas a errar el camino, a perderse en el laberinto de las dominaciones y las genealogías del poder.

La tesis de Öcalan es alumbradora, señala el origen del Estado, que es patriarcal y máquina sacerdotal de las dominaciones. La historia de las dominaciones caen en el círculo vicioso del poder, que, además, corresponde a la destrucción planetaria, a la marcha irremediable de la muerte, a la caída en el abismo y el Apocalipsis. La única salida apropiada, para evitar el Apocalipsis es desandar el camino errado. Deconstruir las ideologías civilizatorias, diseminar las estructuras y mapas institucionales de las civilizaciones, abolir los regímenes patriarcales, las dominaciones masculinas y con ellas, las otras dominaciones, las de clase, las coloniales, las imperiales y las imperialistas. Hay que matar al hombre, como titula uno de sus libros, que significa recuperar el ser humano masculino en su devenir. Despertar sus capacidades perceptuales y afectivas, su inteligencia emocional, liberando la potencia social.

Ahora, que nos encontramos ante el peligro de una tercera guerra mundial, una guerra nuclear devastadora, quizás la última, que acabe con la sobrevivencia humana, es indispensable la lectura de la obra de Abdullah Öcalan, recuperar su crítica a la civilización, tomar en serio la convocatoria de salir de la genealogía de la civilización e ingresar en los horizontes de sociedades ecológicas y plenamente democráticas, de pueblos autogestionarios y de autogobiernos del mundo. Proclamar el Confederalismo Democrático para todos los pueblos del mundo.

 Notas        

[1] Abdullah Öcalan: Orígenes de la civilización. Editorial Sudestada; Buenos Aires 2016. Pág. 147.

Ética y responsabilidad

Ética y responsabilidad

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Desafios 6

 

¿Qué pregunta es esa: Se puede cambiar la realidad?  La realidad siempre cambia, cambios imperceptibles, cambios perceptibles, desplazamientos, cambios trascendentales. La pregunta no apunta a algo tan general, quizás viene de la nostalgia romántica: ¿Es posible la revolución, es posible que triunfe la revolución y que logre sus objetivos transformadores y liberadores? ¿O toda revolución está condenada a padecer sus contradicciones? Estas preocupaciones vienen de las tradiciones románticas,  que son convocativocativas, correspondiendo a las emociones generosas y embriagantes, de entrega al acto heroico. La pregunta contiene la preocupación sobre el decurso de la acción, en el sentido de que, a pesar del acto heroico, a pesar de la entrega, del halo romántico, no todo cambia, como se quiere y se busca.

 

No se trata ni de ponerse optimista, ni ponerse pesimista, se trata de hurgar en las preguntas y las preocupaciones, que sostienen estas preguntas. Sobretodo se trata de tener la mirada en el acontecimiento, la mirada abarcadora de la complejidad del acontecimiento, de la multiplicidad de sus singularidades. Mirada que comprenda los desenlaces de las acciones y de  las prácticas, de las voluntades involucradas en los actos. Para decirlo de la manera figurativa, al modo de la epopeya, mirada y percepción comprometida con los actos heroicos, las entregas románticas, las búsquedas de transformación. De todas maneras, hay algo importante en todo esto,  independientemente de si se logra o no la utopía. La incertidumbre, el juego del azar y la necesidad, los efectos y consecuencias no controladas, constituyen el campo de posibilidades, los decursos sinuosos y el devenir.

 

Todo se hunde en un conjunto de de procesos, inherentes al acontecimiento, al conglomerado de eventos, de sucesos, de hechos, que no se controlan, sino que se desatan desbordantemente. Toda acción desata consecuencias que no se controlan. Sin embargo, independientemente de esto, de esta imprescindible complejidad, hay algo  ineludible, la actitud ante la violencia, la inaceptabilidad de su despliegue, en consecuencia, la denuncia de la misma, la interpelación de su desenvolvimiento. Esto se efectúa contra las violencias concretas y singulares, contra la multiplicidad de violencias desatadas. Contra los asesinatos y feminicidio, contra los etnocidios, genocidios y ecocidios. En este sentido, apuntando a las causas y dispositivos de la causalidad dramática, se actúa contra los agenciamientos concretos de la violencia, contra la intervención de organizaciones e instituciones responsables de la violencia, contra el lado institucional del poder y contra el lado oscuro del poder, contra lo controles territoriales de los grupos paralelos, contra las formas del terrorismo de Estado y no estatales. Es decir, hablamos de la predispoisición contra la multiplicidad de violencias proliferantes.

 

 La pregunta específica es: ¿Se puede detener la violencia? Esta pregunta implica, necesariamente, la responsabilidad. La responsabilidad de actuar contra la violencia. La responsabilidad ética. Se trata de  la predisposición en contra de la violencia, de la voluntad de parar la violencia. Claro que  esta resultante depende de la correlación de fuerzas.  Sin embargo aquí hay algo que es ineludible, no se puede ser indiferente ante la violencia. En consecuencia, el mismo hecho de la violencia exige una responsabilidad, una actitud ética, respuesta moral, de parte de nosotros. Esta exigencia si es ineludible.

 

¿Cuáles son los desafíos?

¿Cuáles son los desafíos que atañen a la ética y la responsabilidad contra la violencia? Esta es la pregunta involucrada en la actitud misma de predisposición contra la violencia, que podemos también llamar contra la dominación, por lo tanto, contra el poder.

 

Obviamente no se trata de caer en el voluntarismo, la voluntad de por sí misma no cambia la situación en cuestión. Tampoco la acción devenida de la voluntad. En esta perspectiva, no basta el acto heroico para que cambie la situación adversa, obstaculizadora, inhibidora, correspondiente al desenvolvimiento de la violencia. No es suficiente la denuncia, tampoco la interpelación sobre los hechos de violencia. La experiencia social y la memoria social nos enseñan de que es indispensable comprender, entender y conocer las dinámicas involucradas en los despliegues de la violencia. Sabemos que la violencia es padecida por los sujetos sociales; los sujetos sufren la violencia. La asumen como tal en la medida qué interpretan estas fuerzas que afectan al cuerpo como violencia. Es decir la violencia es asumida como lo que afecta el cuerpo, lo inhibe, lo descompone, lo enferma, lo hiere y lo destruye.

La violencia es vivida corporalmente y subjetivamente. Para que haya violencia tiene que haber dominación o pretensiones de dominación, es decir, hay ejercicio de poder. El poder, como sabemos, implica relaciones de fuerza, fuerzas que afectan y fuerzas afectadas. Fuerzas que suponen la separación de su potencia, fuerzas que actúan contra sí mismas, vaciándose de contenido,  usando su magnitud de fuerza contra otras fuerzas, buscando su desarticulación. Desencadenando la energía de una manera destructiva.

 

Se da lugar, apoteósicamente, la máquina abstracta de poder, cuya manifestación concreta e institucional aparece en el Estado, en la estructura estatal, en la composición del Estado. En los aparatos y dispositivos del Estado, aparatos administrativos, aparatos ideológicos, dispositivos de emergencia. Que son, efectivamente, aparatos administrativos de la violencia, aparatos de legitimación de la violencia, aparatos de represión. Frente al poder se han constituido formas de contra-poder, la resistencias han adquirido las características propias de formas de contrapoder, incluso de organismos y organizaciones de contrapoder, conformando composiciones singulares de contrapoder.

 

Una forma elocuente de resistencias corresponde a las movilizaciones sociales, que se han hecho elocuentes en la historia reciente de América Latina y el Caribe. Algunas veces las movilizaciones sociales han resultado en levantamientos y rebeliones, incluso han tenido consecuencias políticas y estatales, incidiendo en la forma de gobierno, es decir, en lo que hemos venido llamando forma de gubernamentalidad.  De alguna manera las demandas se han manifestado, no solamente como pliegos, sino como reivindicaciones colectivas, incluso proyecciones sociales, que atañen y comprometen a la sociedad. En la historia reciente, del ciclo corto y del ciclo mediano, las movilizaciones, los levantamientos y rebeliones han devenido en revoluciones, aunque escasas, pero con mayor incidencia en el perfil del Estado y en el perfil de la sociedad, incluso en el perfil de la economía, es más, en el perfil cultural. En este caso, se puede decir que han habido cambios, pero estos cambios no terminan de transformar las estructuras de poder y, por lo tanto, los diagramas de poder en cuestión, en consecuencia, en las formas polimorfas de dominación. Se puede decir, acudiendo a esa frase del gatopardo, de que todo cambia para que nada cambie. Como hemos dicho varias veces, las revoluciones cambian el mundo pero se hunden en sus contradicciones, destruyen el Estado y lo vuelven a restaurar, vuelven a reconstruir lo que han destruido, entonces ingresamos a lo que hemos llamado el ciclo vicioso del poder, el eterno retorno de las dominaciones polimorfas. Parece una paradoja, también una condena y una fatalidad. ¿Por qué ocurre esto? Esta es una buena pregunta, requiere de un balance exhaustivo, de una evaluación crítica de lo que ha ocurrido, de una evaluación crítica de la historia; parafraseando a Emmanuel Kant podríamos decir que se trata de una crítica de la razón histórica, una crítica de la razón crónica o, si se quiere, puesta en escena de la razón ucrónica. Sin embargo, esta apreciación tiene su equívoco, porque no hay una razón histórica, no hay una razón crónica y, por lo tanto, no es tan pertinente hablar de ucrania; lo que hay es el acontecimiento, en el acontecimiento la multiplicidad de procesos singulares, que dan lugar a distintos perfiles singulares del acontecimiento en devenir.  

 

Hay el juego entre azar y necesidad, donde los actos generan efectos que no se controlan; ingresamos a la perspectiva de la complejidad, que supone dinámicas complejas integradas, que atraviesan y articulan distintos planos y espesores de intensidad, definiendo perfiles singulares del acontecimiento, en una coyuntura, en un presente, en un momento, en los espesores del presente. Esta apreciación implica la comprensión del funcionamiento de esta complejidad, sinónimo de realidad. Esto equivale a construir soluciones que resuelvan la complejidad o, si se quiere, disminuyan la complejidad. El entendimiento de esta complejidad nos puede llevar a un potenciamiento de las prácticas, de los actos, de las acciones, de la intervención en coyunturas específicas, incidiendo en los decursos de la realidad efectiva. De eso se trata.

 

Volviendo al tema, ¿por qué caemos, una y otra vez, en el círculo vicioso del poder?, ¿por qué no se puede salir de este círculo vicioso del poder?, ¿por qué las movilizaciones, si bien plantean demandas, incorporan denuncias, interpelan a la institucionalidad, que ha instituido las formas de dominación vigentes, no logran trastocar la situación adversa de las dominaciones, la estructura de poder, que se repite, una y otra vez, como condena y fatalidad, repitiendo el eterno retorno de lo mismo? En el último ensayo, que contiene el análisis de los recientes movimientos sociales, particularmente del reciente movimiento social dado en Ecuador contra el gobierno de Guillermo Lasso, hemos dicho que no se puede resolver el problema dentro de el marco del Estado nación, dentro de la cartografía política definida por el orden mundial, dentro del contexto del mapa institucional conformado por el Estado nación y el orden mundial; este mapa institucional forma parte del problema. Esta aseveración es importante, tiene consecuencias prácticas, exige ir más allá de lo que se ha venido haciendo hasta ahora, incluyéndo a las movilizaciones sociales, a los levantamientos, rebeliones y a las revoluciones. Hay que salir de lo acostumbrado. Después de la evaluación crítica y de la crítica de los procesos de cambio, dados en Sudamérica, después de las nuevas críticas de las dominaciones y del poder, después de la crítica al círculo vicioso del poder, hemos llegado a la conclusión de qué no se trata de tomar el poder, pues cuando se toma el poder, los que lo toman se convierten en marionetas de la máquina fabulosa de las dominaciones, que es la máquina abstracta de poder.

 

En el balance de los “gobiernos progresistas” hemos observado que, de una manera repetitiva, por lo tanto, comediante, se ha vuelto al círculo vicioso del poder, se ha repetido la historia, no como tragedia sino como farsa, tal como decía Karl Marx en El 18 de brumario de Luis Bonaparte. En el balance que hicimos de la revoluciones, en la historia reciente, en la historia política moderna, hemos constatado lo que dijimos anteriormente, que las revoluciones se hunden en sus contradicciones, no salen del círculo vicioso del poder, lo repiten de una manera dramática. La conclusión es que hay que salir del círculo vicioso del poder. Empero, ¿cómo se hace esto? Esta es la pregunta. En términos teóricos dijimos que se trata de no tomar el poder sino de destruirlo. De abrir los decursos y devenires de la autogestión, de la autodeterminación, del autogobierno.

 

Otras formas de resistencia se han dado, como la conformación de comunidades autogestionarias, particularmente agrícolas, que han planteado el retorno al campo, una recampesinización, que podemos incorporarla a una de las variantes de la vía campesina. Esta forma de resistencia es sugerente, puesto que no solamente incide en las prácticas y en los órdenes de relaciones, sino que plantea, de inicio, la construcción de otro horizonte societario. Alguien puede leer estas iniciativas, estas conformaciones autogestionarias como relativas a lo que se llamó, en su tiempo, socialismo utópico. Este término es inadecuado, lo usó Marx para mostrar los límites de este socialismo utópico, planteando, mas bien, como alternativa, una revolución social y una revolución política, basada en el conocimiento de la sociedad moderna, concretamente del modo de producción capitalista. Ya conocemos el desenlace de estas revoluciones socialistas, que derivaron en el socialismo real, que derivaron en el Estado absolutista del socialismo real, que se parece, caricaturescamente, a una monarquía socialista. Visto en perspectiva, resulta mucho más prometedor esto que llamó Marx socialismo utópico; es una experiencia de resistencia social alternativa. Ahora bien, lo que podemos ver y de lo que se trata es de experiencias actuales, que todavía no se convierten en alternativas expansivas a la sociedad institucionalizada, a la sociedad moderna, al modo de producción capitalista y, en términos del contexto mundial, al sistema mundo capitalista. Esta circunscripción no habla del fracaso, de ninguna manera, de estas experiencias alternativas puntuales, de estos proyectos inherentes; se dan, de manera práctica, como alternativas, todavía no alterativas. Se puede esperar que prosperen, que proliferen, convirtiéndose en verdaderas alternativas alterativas a la sociedad capitalista. ¿De qué depende esto que esto acontezca?

 

No hay que olvidar que lo que llamamos sociedad capitalista, teóricamente modo modo de producción capitalista, históricamente sistema mundo capitalista, ha emergido de las anteriores formas de sociedad, para así decirlo, de anteriores modos de producción; en otras palabras, apuntamos a decir lo siguiente: Que una nueva sociedad emerge de manera espontánea, no como ingeniería social, no como proyecto político. La ingeniería social y el proyecto político son pretensiones, no solamente de verdad, sino pretensiones esquemáticas, impotentes, en comparación con la complejidad que conllevan las dinámicas sociales y las composiciones de la sociedad misma. Ninguna ingeniería social ni proyecto político controla la multiplicidad proliferante de variables intervinientes. Hacerlo lleva a semejante pretensión y proyecto a forzar la realidad efectiva, como ha ocurrido  en el  socialismo real; esto ha terminado no solamente en fracaso, en frustración, sino en una monstruosidad histórico y política. De lo que se trata es precisamente de hacer emerger a la nueva sociedad o, mejor dicho, a la ecosociedad, de manera espontánea, a partir de las mismas dinámicas inmannentes, sociales, ecológicas y vitales. Parte de este ejercicio, en la espontaneidad social, puede tener que ver con estas resistencias de la que acabamos de hablar, de recampesinización. Sin embargo, estos esfuerzos no parecen suficientes, pues la mayor parte de la población de la sociedades están atrapadas en estructuras sociales, en mapas institucionales, en relaciones sociales y prácticas sociales, que reproducen la sociedad capitalista. Entonces la pregunta es: ¿Cómo se activa la potencia social, cómo se libera la potencia social, cómo se interpela a los sujetos sociales, atrapados en estas redes de la reproducción capitalista y de las dominaciones, de sus propias dominaciones? ¿Cómo se los convoca a liberarse de sus propias cadenas? Otra vez, no bastan las denuncias, tampoco las interpelaciones, así que como no son suficientes las utopias, tampoco es suficiente la crítica, es indispensable el remozamiento, el desplazamiento y las rupturas histórico-politico-culturales en los ámbitos y contextos de las prácticas sociales. Éste es uno de los desafíos.

 

CREPÚSCULO O AURORA DE LA HUMANIDAD

Crepúsculo o aurora

de la humanidad

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Apocalipsis ignorado 

 

 

 

La desaparición humana

La posibilidad de una tercera guerra mundial es aterradora, por así decirlo, para encontrar palabras que expresen algún sentido del significado implicado en semejantes evento apocalíptico; sin embargo, más aterrador resulta la situación donde nadie quede para narrar el acto apocalíptico, nadie quede para narrar la desaparición humana.

Que no ocurra esta guerra apocalíptica y continúe la humanidad su historia trae algunas preguntas. ¿Si continúa por el mismo camino de destrucción planetaria no es equivalente a una tercera guerra mundial apocalíptica, aunque, en este caso dilatada? ¿Si opta por otro camino, corregir sus errores, enmendar la ruta destructiva, reinsertándose a los ciclos vitales planetarios, ha evitado la condena apocalíptica y se proyecta a desenvolver y desplegar su potencia en el universo? Las situaciones intermedias no valen la pena considerarlas, salvo como aproximaciones a uno u otro extremo del intervalo trazado.

Tomando en cuenta la segunda alternativa, sugerimos una hipótesis: El ser humano no se conoce, no conoce su potencia, la tiene inhibida debido al constreñimiento al que lo someten las estructuras y genealogías del poder. Si revisamos las historias de las sociedades humanas, podemos observar que, en la medida que se libera de sus constreñimientos, que desmantele las estructuras de poder, que las tienen sometidas, su potencia se libera, se activa y se convierten en creadoras de nuevos horizontes. Sin embargo, al poco tiempo reaparece como condena el retorno de las estructuras de poder y nuevos diagramas de poder, aunque reformados; entonces el ser humano vuelve a constreñirse, a inhibirse, a clausurar su potencia, convirtiéndose nuevamente en sujeto sometido. En consecuencia, vuelve el dilema anterior, vuelve a aparecer la amenaza de su desaparición.

¿De qué depende que no se retorne a las estructuras de poder, que son estructuras de constreñimiento? ¿De qué depende que no reaparezca la amenaza de su desaparición? Parece que depende que se disuelvan completamente las estructuras de poder, que se diseminen las genealogías del poder, que son estructuras y diagramas de dominación.

Volviendo a la posibilidad de la segunda situación, más aterradora, de que no haya quien narre la destrucción humana, que, por el contrario, todavía haya quién interprete y narre, depende, obviamente, de que no se de lugar el Apocalipsis. En esta situación, sobretodo teniendo en cuenta el contraste entre desaparición y no desaparición, aparece la importancia de la interpretación y de la narración en el recorrido humano en el planeta y en el universo.

 

¿Qué es interpretar?

Se dice que la condición básica de una interpretación es ser fiel, de alguna manera especificada, al contenido original del objeto interpretado. Para Hans-Georg Gadamer el lenguaje es el medio universal en el que se realiza la comprensión misma. La forma de realización de la comprensión es la interpretación. La relación intérprete-interpretación se considera compleja; cada caso responde a múltiples y diferenciadas finalidades, condiciones y situaciones, lo que plantea multitud de cuestiones y problemas.

Los problemas de interpretación se entienden mejor si se especifica el contexto o marco en el que se hace dicha interpretación. Por ejemplo, no existen los mismos problemas en la interpretación de unas observaciones científicas que en la interpretación de algunos aspectos culturales. Dada la variedad de campos en los que aparece la necesidad de interpretación, parece necesario hacer una clasificación de ámbitos fundamentales de interpretación.

Podemos resumir de la siguiente manera: Interpretar es comprender, realizar la comprensión mediante la interpretación.

Ahora bien, una de las realizaciones de la interpretación se da a través de la narración. Narrar es construir una estructura temporal, donde los hechos se ordenan, adquieren un sentido, en la medida que se desenvuelven la secuencia. Entonces, se puede entender a la interpretación y a la narración como el esfuerzo por encontrar el sentido inmanente, se trata de la búsqueda del sentido inmanente.

Volviendo al tema, si no hay intérprete del último acontecimiento, el apocalíptico, no solamente implica que ha fracasado definitivamente la búsqueda del sentido inmanente, sino que ha desaparecido completamente la posibilidad del sentido. Ya no hay sentido, por lo tanto, tampoco mundo. No hay mirada humana, tampoco experiencia humana. No es que no hay nada, sino que no hay algo en un mundo sin el humano. Ha desaparecido, ni siquiera es una ausencia. Sin embargo, hay planeta sin el ser humano.

El diagrama de poder de la ingeniería imaginaria de la dominación mediática

Es indispensable reflexionar y, si es posible, analizar la función de lenguaje como recurso indispensable de la comunicación humana, en lo que podemos llamar la fenomenología de las representaciones; lo que comúnmente hemos venido nombrando como ideología, pero ahora se trata de tener una mirada más precisa, más detallada, que tome en cuenta los mecanismos, los engranajes, las dinámicas, por así decirlo, de los desplazamientos representativos, de las transformaciones representativas y de las metaforizaciones, que no necesariamente están vinculadas al acto creativo de la poiesis que deriva en la poesía. Necesitamos evaluar las circunstancias y las operaciones en el lenguaje, dadas para lograr estos desplazamientos representativos, pero sobretodo nos interesa comprender el uso de estas representaciones, de estos desplazamientos representativos, en las pretensiones de legitimación, por lo tanto, en lo que podemos llamar los juegos de poder.

Pregunta: ¿Estos desplazamientos representativos tienen que ver con una trama, es decir, con una narrativa, sobretodo con una composición narrativa, que no necesariamente termina en la novela o en el cuento, que son acontecimientos literarios, sino que derivan en narrativas apócrifas, por así decirlo, dónde el que emite el discurso se coloca en el centro de la representación, casi teatral y, de este modo, se convierte en el héroe apócrifo, imagen que le sirve para legitimar sus actos?

Estos procedimientos lingüísticos, pues pertenecen al lenguaje, deben ser analizados pormenorizadamente, para entender los desplazamientos representativos y su uso en las pretensiones de legitimación de las dominaciones. En otras palabras, nos referimos a la construcción de contextos adecuados y adaptados, para lograr los objetivos de estos de desplazamientos representativos. El método, por así decirlo, para efecto de estos desplazamientos representativos, tiene que ver con el uso del universal de la representación misma, para el uso pertinente de esta universalidad y de esta representación, con fines de legitimación del poder. Por ejemplo, al hablar a nombre de los otros y al convertir a los otros en el referente del discurso, la representación del que habla se convierte en una usurpación de los otros, sobretodo de su voluntad, convertida en una voluntad general y, a su vez, convertida en la voluntad del que discursa y habla a nombre de los otros. Hablar del pobre y de la víctima se ha convertido en un procedimiento de usurpación de la representación de los pobres y de las víctimas. El emisor de este discurso, sin decirlo, se convierte en el héroe apócrifo, aprovechando las representaciones del imaginario colectivo, que narra historias de héroes. Entonces se produce también una expropiación de los significados de esas narraciones colectivas. El héroe apócrifo, el emisor del discurso, obtiene, de este modo, imaginariamente, dos características de usurpación, la usurpación del referente de la representación y la usurpación de los contenidos significativos de héroes antiguos. De esta manera, en la historia política, los supuestos salvadores se terminan convirtiendo en los nuevos amos y verdugos de los que dicen representar.

Lo sugerente de esta fenomenología de las representaciones, en función de la legitimación del poder, es que se produce una transferencia del mundo efectivo al mundo de la representaciones. Ocurre como si todo aconteciera en el mundo de las representaciones, que es un mundo imaginario y no en el mundo efectivo. Sin embargo, se aprovechan estos efectos de transferencia o de traslado de lo real a lo imaginario. Es en el mundo efectivo donde se da lugar la concurrencia de las fuerzas y se resuelve el problema de la disputa, del conflicto, en el terreno de la correlación de fuerzas. El problema puede ser definido de la manera siguiente: Para que ocurra todo esto, para que se dé lugar esa transferencia del mundo efectivo al mundo de la representaciones, se tiene que empujar al pueblo a la condición de espectador pasivo, espectador que termina asumiendo el teatro político como realidad. Para que esto ocurra es menester el uso de la fuerza, incluso el uso de la violencia, con todos los matices que esta realización de la violencia puede darse. El convertir a la sociedad, el convertir al pueblo, en un público, más aún, en un espectador, si quieren ustedes, usando a la tesis de Maurizio Lazzarato,  en una mente expuesta a la colonización, a la manipulación, a la inoculación de narrativas apócrifas, donde los protagonistas del poder y los protagonistas del capital se convierten en un centro del contexto de estas narrativas, que circulan en los medios de comunicación.

Maurizio Lazzarato sugiere un diagrama de poder que tiene como contenido al público, como contenido de la formación discursiva, y tiene como función operativa a los medios de comunicación, a las redes, si ustedes quieren, a todos los aparatos ideológicos. Esto ocurre en la formación discursiva, en tanto que en el cuadro, en el campo de lo visible, tenemos a una ingeniería imaginaria, por así decirlo, que se ocupa de producir realidad desde la perspectiva del poder.

Este diagrama implícito, que configura Lazzarato, en Políticas del acontecimiento, puede ser ampliado. Se puede incorporar en el cuadro visible, en el campo de lo visible, a todo tipo de dispositivos del espectáculo, de los montajes de escenarios, de la escenificaciones de las ceremonialidades y de las ritualidades. Entonces tenemos un inmenso y variado campo visible heurístico de la colonización de mentalidades, de la definición del público, de las circunscripciones de los espectadores, que hacen de sujetos pasivos ante la función activa de esta fabulosa maquinaria de la producción del imaginario social, adecuado a la reproducción del poder.

En el decurso de las narrativas políticas tenemos toda clase de protagonistas apócrifos, héroes mediáticos, salvadores de los últimos tiempos, defensores de los pueblos, revolucionarios exaltados, por un lado, por el otro, honorables hombres del orden, de la institucionalidad y de la democracia formal, hombres de ley y de valores. Es decir, se tiene protagonistas de narraciones apócrifas, que cambian a los protagonistas, según el objetivo de la legitimación. Las víctimas, los pobres, los pueblos, se convierten en los coros de este teatro político, que emula la epopeya anacrónica.

Fetichización y divinización

La fetichización de las instituciones, también de las representantes nacionalistas, de las naciones, de los países, además de los Estados, forma parte de las acciones y prácticas de la máquina fabulosa de la fetichización, que es la ideología. Estas instancias y dispositivos, estas estructuras y máquinas se convierten en sujetos, son nombradas como tales, cuando no lo son. Son engranajes e instrumentos movidos y dinamizados por sujetos sociales. En el caso de las de naciones y países son representaciones, que adquieren, en en el imaginario social institucionalizado, contenido afectivos de convocatoria.

En estas condiciones, los sujetos sociales asumen estos instrumentos y representaciones como si fuesen sujetos, como si tuvieran vida propia, voluntad propia e individualizada, correspondiente a estos sujetos ideológicos construidos. Ninguna de estas representaciones e instituciones tiene voluntad propia, menos consciencia propia. Se trata, en todo caso, de multiplicidades de voluntades singulares, que actúan constreñidas por los dispositivos de captura, que son estas máquinas de poder. En consecuencia, se puede suponer que las voluntades que actúan, de manera conglomerada, es la de las élites, castas y clases dominantes, actúan inhibiendo las múltiples voluntades singulares de los estratos, colectivos sociales, clases sociales subalternas. Una vez inhibidas estas voluntades, el conglomerado, más o menos compacto, de las voluntades concentradas de la élites, castas y clases dominantes se expresa como si representara a la voluntad general, a la voluntad del pueblo, de la nación, del país.

Eso de convertir en sujetos a construcciones, a conformaciones, a configuraciones sociales, tiene que ver con la animación de estas construcciones, que es muy distinto que de hablar de animismo, atribuido a las sociedades iniciales. El animismo tiene que ver con el atribuir a los seres de la “naturaleza”, para darle ese nombre conocido al planeta mismo, vida, que es lo que tiene la integralidad dinámica planetaria. Entonces es concebida como armonía de fuerzas inmanentes, que intervienen en el mundo, lo que también es cierto, dada la comprensión y la certeza científica contemporánea. Que la representación de todo esto adquiere la connotación de la espiritualidad, tiene que ver con la interpretación de las comunidades inaugurales, en relación con su experiencia y asombro ante el acontecimiento vital.

Para decirlo fácilmente, el atribuir vida a cosas inanimadas es otro asunto, aunque desde una perspectiva amplia ya consideremos, como lo hicimos en Potencia de la vida, que la materia es vida, en sentido ampliado, en tanto es energía, vibraciones y ondas energéticas. Pero en el mundo de la genealogía de las civilizaciones, mundo que obviamente experimenta sus transformaciones, el atribuir vida propia a las construcciones humanas, que son construcciones sociales y, en el caso de las representaciones, concepciones sociales, tiene que ver, mas bien, con lo que hemos llamado la fetichización, si ustedes quieren, jugando con las metáforas, tiene que ver con la magia atribuida a las cosas. Podemos decir que esta transferencia de las dinámicas sociales, de la relaciones sociales y de las estructuras sociales a las construcciones humanas está asociada a la interpretación, que requieren los estratos dominantes en la búsqueda de legitimación de su situación privilegiada.

Esto de transferir los efectos de las dinámicas sociales, de las relaciones sociales y de las estructuras sociales a las cosas corresponde al procedimiento de la fetichización ideológica. Entonces, los sujetos sociales se relacionan respecto a estas cosas como si fueran sujetos, con vida propia; se subordinan a estos sujetos, productos del fetichismo, que adquieren un cierto aire de divinidad. Se puede observar y estudiar este fenómeno de la fertichización ideológica en la historia de la civilización moderna, aunque no solo se restringe el fenómeno a esta etapa de la genealogía de las civilizaciones. Se puede también inferir que fenómenos parecidos acontecen en las civilizaciones antiguas, por así decirlo, anteriores a la civilización moderna. En las civilizaciones antiguas se ha dado el fenómeno de la divinización del déspota, del monarca, del rey, del emperador. En este caso, estos sujetos, que encarnan simbólicamente tanto la narrativa mitológica como la narrativa religiosa monoteísta, no son exactamente cosas, sino personas encumbradas en la cúspide del poder. Sin embargo, podemos vislumbrar analogías entre el fenómeno de la fetichización ideológica y el fenómeno de la divinización de personas encumbradas en el poder. Podemos decir que hay diferencia entre la divinización de personas y la fetichización de cosas. Para ayudarnos en nuestra interpretación y análisis podemos circunscribir el fenómeno de la fetichización a la ideología y referirnos al fenómeno de la divinización como mitificación. La analogía radica en la transferencia de las dinámicas sociales a las personas y a las cosas. Esta analogía tiene que ver con las pretensiones de explicación, aunque también de justificación, de lo que ocurre, buscando la explicación y justificación en un orden, por así decirlo “natural”, un orden establecido para siempre; algo que no se puede cambiar, en sentido contemporáneo podríamos decir algo que no tiene historia. Entonces, podemos encontrar una cierta continuidad entre la sociedades antiguas y la sociedad moderna, que tiene que ver con lo que hoy llamamos legitimación, aunque la legitimación como tal no puede ser atribuida a las estructuras de poder de las sociedades antiguas.

Se puede hablar de antropomorfismo a esta transferencia de las dinámicas sociales humanas a las personas, que encarnan simbólicamente el poder, así como también a la transferencia de las mismas dinámicas a las cosas. Pero, lo que no hay que olvidar, en esta   construcción de las representaciones, es que se produce la divinización, en un caso, y la fetichización, en otro caso. Es decir se atribuye propiedades mitológicas a las personas simbólicas y propiedades mágicas, por así decirlo, a las cosas.

Estos recorridos antropomórficos, de divinización y de fetichización de las civilizaciones parecen ser las causales de sus propias crisis civilizatorias. Primero, porque se trata de interpretaciones incorrectas, basadas en informaciones adulteradas. Desde la perspectiva de las teorias de sistemas autopoiéticos, si los sistemas interpretan inadecuadamente a sus entornos no pueden resolver las problemáticas que se les presentan, por lo tanto, no pueden reducir la complejidad, conformando mayor complejidad interior, fundamentalemente interpretativa y organizativa. Segundo, porque al atribuir propiedades divinas y mágicas a las personas y a las cosas las convierte en lo que no son. Al terminar creyendo que lo son se espera que resuelvan problemas que no pueden resolver, pues carecen de la capacidad y de las cualidades para hacerlo. En consecuencia, las crisis civilizatorias tienen mucho que ver con estos imaginarios sociales, que se institucionalizan.

 

La salida alterativa

Ahora bien, cuando dijimos que el problema radica en los constreñimientos, en las inhibiciones, de la potencia social, por parte de las estructuras de poder, los diagramas de poder, las cartografías políticas, establecimos, de partida, la tesis macro-histórica, relativa a las civilizaciones, de que el eterno retorno, dicho metafóricamente, del círculo vicioso del poder estriba en este problema, la inscripción de las dominaciones en el cuerpo. ¿Qué pasaría, hipotéticamente, si desaparecen estos constreñimientos, si se libera la potencia social? ¿Salimos del eterno retorno del círculo vicioso del poder? ¿Al liberar la potencia social nos abrimos hacia otras rutas históricas? La búsqueda de las respuestas a estas preguntas nos traslada a la posibilidad de recorridos transcivilizatorios.

Lo anterior implica, en consecuencia, salir de la mistificación y de la fetichización. No perder de vista que se trata de la fenomenología de las relaciones y dinámicas sociales, que los efectos y las producciones de las dinámicas sociales son circunstanciales, no son esenciales, no corresponden al mito y al fetiche. Por ejemplo, que las instituciones son solamente instrumentos de sobrevivencia, que ésta es su función. En consecuencia, son descechables cuando estas instituciones se vuelven anacrónicas, inadecuadas y hasta obstáculos a la sobrevivencia; por lo tanto, no solo modificables sino que se requiere construir otras instituciones más adecuadas y pertinentes a la función para la que responden. Es así como entramos al devenir social, al devenir de las instituciones, que forman parte del devenir de la potencia social. De esta manera se apertura la posibilidad de la activación permanente de la potencia social. Trayendo a colación la posibilidad del devenir de la democracia plena, el autogobierno, la autogestión y la autodeterminación. Ya no se trata del principio y finalidad de las instituciones, sino de su uso, de acuerdo a los propósitos consensuados socialmente.

Consideraciones filosóficas e históricas-políticas

en los espesores de la coyuntura

Consideraciones filosóficas e históricas-políticas

en los espesores de la coyuntura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Consideraciones

 

 

Artista huichol

 

 

 

 

 

 

Horizontes restringidos y horizontes nómadas

 

Edmundo Husserl configuró el concepto de horizonte y en plural de horizontes. Se refiere a la apertura que se da el sujeto social, dada su situación originaria y, después, condición de cambio, también de transformación. Su situación inicial estaría dada naturalmente, en la naturaleza, en tanto forma parte de su cuerpo y, a partir del mismo, de la interrelación con los demás cuerpos y cosas. El mundo físico estaría dado por el conglomerado de cosas a las que asiste con su experiencia, el mundo natural estaría dado por el conglomerado de cuerpos con los que se relaciona e interactúa, estableciendo una atmósfera de empatía, todavía no representada. El mundo animado está conformado por las vivencias experimentadas por los cuerpos en las dinámicas de la naturaleza; este mundo supone el substrato del mundo material, que es conformado por el universo de cosas, mundo material al que se accede, sin embargo, a través de los sentidos y sensaciones, es decir por los fenómenos captados por la percepción. Es entonces el cuerpo el operador, si se quiere, el constructor del mundo material, así como del mundo natural animado. La empatía, que supone el reconocimiento, es decir, el substrato de la intersubjetividad, es experiencia primordial de constitución de la subjetividad, la constitución del sujeto, tanto solipsista como social, pues no pueden darse sino de manera recíproca, complementaria y diferenciada, siendo la condición del sujeto social más abstracta que la condición del sujeto solipsista, puesto que el soneto solipsista supone vivencias originarias experimentadas en el propio cuerpo. Sin embargo, el sujeto solipsista solo es posible a través del sujeto social, pues requiere de los recursos que tiene el sujeto social para comprenderse, incluso para configurarse a sí mismo. Esta diferencia radica en que el sujeto social supone no solo la interactividad entre sujetos, empatía y reconocimiento, sino también el uso del lenguaje y la inmersión en la cultura.

 

El cuerpo, en tanto materia animada, que supone la interrelación corporal, además de la interrelación entre sujetos, por lo tanto, supone los ámbitos del conglomerado de cuerpos y del conglomerado de sujetos, y en tanto se trata de cuerpo humano, constituye un yo, un cogito, de manera racional, siendo la razón una facultad también del cuerpo, solo que de un nivel más abstracto, pues utiliza las dinámicas sensorio-motoras y las dinámicas pre-interpretativas del sistema nervioso, que codifica y decodifica fisiológicamente el placer y el dolor, comprende, en cuanto ser animado, el alma, que es, según Husserl, la comunidad.  Hay alma en todo ser animado, por lo tanto, lo hay no solamente en el humano, solo que en el caso humano suponen la comunidad corporal y la comunidad de sujetos. En otras palabras, desde esta perspectiva compleja, no se trata una secuencia lineal de substratos y ámbitos, el material, el natural, el cultural, sino de que, siendo, el cuerpo humano el operador en esta conjunción entrelazada e imbricada de ámbitos, asistimos a la simultaneidad dinámica e integrada de los ámbitos diferenciados.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lecciones sobre democracia

 

Cuando se reclaman derechos y después se atropellan derechos de otros se pierde el derecho a reclamar derechos, incluso a tenerlos. La victoria electoral otorga legitimidad, pero si se usa esta legitimidad inicial para atropellar y ejercer autoritarismo y despotismo, se pierde inmediatamente la legitimidad. También se pierde el carácter democrático del gobierno, cuando se gobierna de esta manera el gobierno se convierte en ilegítimo. Ningún gobierno es imprescindible, solo el pueblo es inmortal, parafraseando a Maximilien Robespierre.

 

Hay gente, dedicada a la política, de una manera deportiva, a la que le basta ponerse la camiseta para fanatizarse y ver al contrincante como a un enemigo que hay que descalificar de entrada por llevar la otra camiseta. Esta gente confunde la política con un partido de fútbol. Hay gente dedicada a la politiquería, que cree que una victoria electoral es una entrega de un cheque en blanco, entonces cree que puede hacer lo que quiera y poner la cifra que quiera; estos politiqueros, “revolucionarios” de pacotilla o, en su caso, conservadores recalcitrantes y prepotentes, confunden la política con un banco especulador y de esquilmación. Cuando se llega a esto es que la política y la democracia han muerto; sobre sus cadáveres putrefactos se ejerce el poder. Pero, lo peor de todo esto es que hay gente que vota por ellos. Cuando ocurre esto, el pueblo ha muerto, sobre su cadáver danzan los saltimbanquis.

 

La bribonada no es un ejercicio democrático, vale para los juegos de la vida cotidiana, pero no es un recurso propio de la política, salvo si es un tramposo el que lo practica.  El tramposo confunde la política con el juego circunstancial. Estas son sus limitaciones. Tampoco la imposición forma parte de la práctica ortodoxa de la política, esta práctica de la imposición, el forcejeo, el atropello y la suspensión grotesca de las reglas democráticas forman parte de la violencia. Se trata de una costumbre patriarcal, donde se ventilan las profundas frustraciones ateridas y el resentimiento acumulado, el espíritu de venganza se deleita con saña. Esta actitud es de catarsis, nada más. No tiene alcance ni durabilidad, lo único que ha ocurrido es que se evidencian las miserias humanas. En consecuencia, la democracia desaparece para dar lugar al jolgorio provisional de las venganzas pequeñas. Esto no tiene horizonte ni provenir, es el momento en que los que perpetran estos actos cavan su tumba.

 

 

Crisis múltiple del Estado-nación y del orden mundial de las dominaciones, el imperio

 

En plena crisis múltiple del Estado-nación y del orden mundial, del imperio, de la civilización moderna, del sistema-mundo capitalista, tanto en su versión liberal como en su versión socialista, así como en las versiones barrocas neoliberales y neopopulistas, el poder apunta a la virtualidad, dado que no puede resolver sus problemas de legitimidad. Nada es real, en el sentido efectivo, todo se ha vuelto una construcción mediática, virtual, cibernética y adulterada, empleando instrumentos sofisticados y técnicas y procedimientos de montajes espectaculares, cuya manipulación es imperceptible. Ante este nuevo ataque de la genealogía de las dominaciones contra los pueblos, la vida y la democracia, que busca el control y la vigilancia absoluta de las poblaciones, los pueblos tienen la responsabilidad de defenderse radicalmente, de defender la vida integralmente, de defender la democracia contra el círculo vicioso del poder, su lado institucional y su lado oscuro.  La guerra contra la vida y los pueblos ha sido declarada.

 

La política, como tal, ha desaparecido. Lo que hay es comercio, negocio y negociaciones, espectáculos mediáticos, burdos montajes, comportamientos crápulas y sobretodo cinismo descomedido. Uno de los candidatos, en las recientes elecciones nacionales, ha declarado abiertamente, sin rubor, que ha comprado su candidatura a la presidencia. Para el colmo es pastor. ¿Qué clase de religión pregona este señor? Otro candidato a la presidencia hace pública la grabación de su candidato a la vicepresidencia, donde le pide dinero por su participación. Su alianza política, que no se sabe en qué cree y qué crea, paga por la participación en sus marchas. Los partidos políticos electorales participan en las elecciones, aunque sea por un curul, para negociar en el Congreso. Los partidarios del anterior gobierno, anterior a la “transición”, clientelar y corrupto, denuncian de un posible fraude electoral, cuando han sido los maestros sin escrúpulos de una serie de fraudes, al cual más escandaloso. Ahora, después de las elecciones nacionales, le toca a la “oposición”, acusar de fraude electoral. Esto no es política, es decadencia. Lo peor es que hay gente, población que vota por esta clase de personas, ejemplos del derrumbe ético y moral. Son cómplices de esta degradación generalizada y la destrucción del país. Lo grave que los medios de comunicación toman en serio esta extravagante comedia burlesca. ¿Qué clase de debate puede haber entre estas personas, antes, durante las elecciones nacionales, en las vísperas de las elecciones subnacionales?

 

 

 

 

La forma de gubernamentalidad clientelar

 

El gobierno de la forma de gubernamentalidad clientelar durante una década, sin contar con los cuatro años de la primera gestión, antes de la promulgación de la Constitución, no solo ha desmantelado sistemáticamente la Constitución, para servir mejor a los intereses de las empresas trasnacionales y del conglomerado de burguesías, burguesía agroindustrial, burguesía ganadera, burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, además de la burguesía rentista, el entorno palaciego del caudillo déspota, sino que ha intentado hacer la reforma de la Constitución, intentando liberarse de los candados puestos en temas cruciales del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. Ahora, el nuevo gobierno neopopulista barroco, salido de las últimas elecciones nacionales, intenta revisar la Constitución con la excusa de modificar la elección de los magistrados. Sabemos que los agentes encubiertos de las empresas trasnacionales extractivistas y del imperio buscan modificar la Constitución para beneficio de la nueva oligarquía en alianza con la antigua, además de su servidumbre respecto a la hiperburguesía de la energía fósil que domina el mundo. La responsabilidad del pueblo y de los constituyentes es evitar esta maniobra neopopulista que, después de desmantelar la Constitución, persigue su evaporación. En defensa de lo logrado por la movilización prolongada y el proceso constituyente debemos decir y actuar: ¡No se toca la Constitución!

 

 

 

 

 

La inclinación a la mentira

 

Tienen una inclinación a mentir, sobre todo, apego a presentarse como víctimas, aunque no lo sean y más bien sean agresores compulsivos, aprovechando su condición de dirigentes o representantes. Se construye una narrativa elemental e insostenible, salvo para el imaginario de políticos oportunistas y pragmáticos. El problema radica en la decadencia política, que incluye la decadencia sindical y de los partidos, que se inventan representaciones y desprenden promesas trasnochadas incumplibles.  Se trata de los nuevos perfiles de la burguesía nacional, burguesía sindical, burguesía rentista, burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, en alianzas intermitentes con los perfiles tradicionales de la burguesía y sus nuevas configuraciones, burguesía ganadera, burguesía maderera, burguesía de tráfico de tierras, burguesía agroindustrial y burguesía financieras. Estas burguesías locales son subalternas a la hiper-burguesía de la energía fósil, que domina el mundo. En una modernidad bizarra no es insólito que parte de estas burguesías se disfracen de “revolucionarias» para conseguir sus objetivos depredadores, que son los de la acumulación originaria y ampliada de capital, a costos excesivamente altos, la destrucción de los ecosistemas y los tejidos sociales. Llegando al control territorial perverso de los Cárteles y las mafias de toda clase, cuya consecuencia es el derrumbe catastrófico ético y moral, que deriva en la denigración humana y el incremento desmesurado de los tráficos y las tratas.

 

Los paramilitares de los Carteles han reiniciado su guerra contra el pueblo y la sociedad. El pueblo tiene que defenderse formando grupos de autodefensa. Defensa de la democracia, de la vida, de los bosques. Los Cárteles tienen control territorial; es menester la liberación del territorio del control del narcotráfico.

 

Ante este panorama apocalíptico, los pueblos deben defender radicalmente la vida, los ecosistemas, los tejidos sociales y la democracia. Lo que viene será de una dura y cruenta lucha, en plena niebla mediática y elocuencia de diatriba política. El pueblo, los pueblos indígenas, los tejidos sociales, las memorias y los saberes sociales deben prepararse a afrontar la guerra declarada del imperio camuflado, los conglomerados de Cárteles y empresas trasnacionales, apoyados por la casta política más descarada.

 

Un decantado correista, excanciller ecuatoriano, opina en RFI respecto a las elecciones en Bolivia, repitiendo las sandeces de los mal llamados “progresistas”, “revolucionarios” de pacotilla. Niega el escandaloso fraude electoral del 2019 comprobado empíricamente, informáticamente, estadísticamente y por la OEA. El escandaloso fraude comenzó desde el desconocimiento de la Constitución, después del referéndum, la voluntad popular, apoyándose en la tramoya leguleya que usa un argumento estrambótico, “derecho humano” de Evo Morales a reelegirse indefinidamente. El “opinador” devela su demagogia elevando a la enésima potencia su desconocimiento de la historia política reciente de Bolivia y América latina, falta saber si desconoce también la historia política reciente de Ecuador. RFI ha perdido seriedad en los análisis sobre América Latina.

 

 

 

 

Sobre el despilfarro y la década perdida

 

Manejaron y administraron más de 200 mil millones de dólares, se evaporaron. Las reservas internacionales acumuladas bajaron en más de la mitad; lo hicieron sin consultar al pueblo boliviano, propietario de los recursos. Tampoco rindieron cuenta de esos usos arbitrarios de los stock y flujos dinerarios. Creen que los pecados de la «transición» limpia sus demoledores pecados de la década perdida. Comienza el electo presidente con olvidos y mentiras, como sus antecesores.

 

 

El llamado de la Madre Tierra

 

El llamado de la Madre Tierra, su convocatoria primordial, es defender la vida. Contra los ecocidas y criminales de la naturaleza y de los pueblos. Esta gente usa argumentos trasnochados y reputados empírica e históricamente, además por la ciencia. La responsabilidad del pueblo es parar inmediato este ecocidio, etnocidio y homicidio diferido de los transgénicos, detener en el acto este crimen de lesa naturaleza. No hacerlo equivale a complicidad con el crimen organizado.

 

 

La mercantilización de los héroes

 

Ernesto “Che” Guevara, el legendario guerrillero, combatió toda su vida contra el imperialismo y las dominaciones burguesas locales. Un hombre de acción, comprometido con las luchas de liberación nacional, que siempre estuvo muy lejos de alagar el “cretinismo parlamentario”, como también lo denominaba Vladimir Ilyich Lenin. La decadencia política en la modernidad tardía ha terminado comercializando su figura emblemática y los “revolucionarios” de pacotilla usan como emblema de campaña electoral su imagen destacada. Esta desvalorización extrema de la trayectoria de vida revolucionaria del guerrillero legendario en los estandartes de los políticos neopopulistas muestra patéticamente el alcance de la desorientación ideológica de esta gente.

 

 

 

Meditaciones en el ojo de la tormenta

Meditaciones

en el ojo de la tormenta

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Meditaciones en el ojo de la tormenta

Ojo de la tormenta

 

Meditaciones filosóficas

 

Pensamiento y realidad

La realidad ha sido y es un desafío para el pensamiento, aunque el pensamiento no deja de formar parte y pertenecer a la realidad. Se puede decir que el pensamiento o, mejor dicho, el devenir pensamiento, deviene, de los devenires de la realidad o, si se quiere de las dinámicas complejas e integrales de la realidad. Concretamente el pensamiento forma parte de la fenomenología de la percepción y de la fenomenología corporal, ambas fenomenologías son componentes de las fenomenologías ecológicas. Ciertamente pensar tiene que ver con razonar, pero tenemos que insistir que hablamos, de manera integral del razonamiento concreto, que se potencia en la fenomenología de la percepción. Lo que se ha venido en conocer como razón abstracta no es más que una forma acabada del razonamiento concreto; no hay razón abstracta independiente de la percepción y de la experiencia corporal, salvo en el imaginario de la filosofía moderna. Entonces, se puede decir que pensar es razonar con todo el cuerpo, con toda la experiencia corporal, que, en lo que respecta a los entramados corporales, se amplifica como experiencia social.

Pensar es interpretar la realidad, lo que equivale a hacerse cargo de la realidad desde las configuraciones del pensamiento, es decir desde las intervenciones intelectivas hechas usando el lenguaje y recurriendo a la cultura. Tanto el lenguaje como la cultura tienen sus historias constitutivas, de desplazamiento y de transformación, aunque este último acontecimiento se dé de manera, mas bien, diferida. Pensar también es reflexionar, considerar un tópico, una temática, una problemática, incluso considerarse a uno mismo, analizar, evaluar, interpretar. El pensar se desenvuelve en íntima relación consigo mismo y con el mundo. El pensamiento puede realizarse en distintas formas de expresión, ideas, metáforas, configuraciones, narrativas; en lo que respecta a la filosofía se construyen conceptos. Las ciencias también construyen conceptos de otra índole, descriptivos y explicativos, en tanto que los conceptos de la filosofía son ideas sintéticas, corpus teóricos de sistemas interpretativos.

La realidad es operada por el cuerpo, por el entrelazamiento corporal, por el entrelazamiento social, por el entrelazamiento cultural, por la intersubjetividad, por el espíritu, que corresponde a la comunidad. Entonces se puede hablar del devenir realidad, desde el devenir corporal, desde el devenir social, desde el devenir cultural, que suponen la constitución de la materia, la constitución de la naturaleza, la constitución de la realidad, la constitución del espíritu. Podemos situar la construcción conceptual en la fenomenología de la percepción, basada en la experiencia corporal, en la experiencia individual, singular, y en la experiencia social. Entonces los conceptos vienen a ser devenir teórico en el devenir realidad, realizaciones teóricas de la fenomenología de la percepción.

Pensar es comprometerse, es también exponerse, ser comunidad, es colocarse en situación vulnerable, hurgar con la mirada a los propios espesores del cuerpo, es tomar consciencia de la propia condición existencial de la condición humana. Sus posibilidades y potencialidades. Hay que aclarar, el pensamiento no es imitar pensar, hacer teatro donde se actúa como pensador. El pensamiento supone la experiencia del padecer, así como también supone a la experiencia del goce, a la plenitud de la alegría; el pensamiento acude a la experiencia del sufrimiento, así, como también, en contraste, acude a la experiencia del entusiasmo. El pensamiento acude al leguaje y a la cultura, otorga la palabra a la experiencia; es decir, otorga, la palabra al cuerpo, en consecuencia, el cuerpo habla.

Hannah Arendt se forma en filosofía, estudia filosofía, se hace filósofa. Empero, no está contenta con este logro, pues le parece un logro abstracto y limitado ante los desafíos de la situación y la coyuntura local, nacional, continental y mundial. Siendo consecuente, teniendo en cuenta su compromiso, opta por la política. Se puede decir que inaugura una nueva configuración de la filosofía política y de la política que habla filosóficamente.

La tesis de doctorado de Hannah Arendt es sobre el amor en la filosofía de San Agustín; en la tesis distingue el amor placentero y el romántico del amor al creador, también lo distingue del amor al prójimo. El amor al prójimo es lo que caracteriza al cristianismo; por este recorrido, el cristianismo es lo que se convierte en uno de los substratos del acontecimiento del renacimiento, después en uno de los contenidos implícitos del humanismo. Pero, el humanismo no puede asumirse solamente abstractamente, sino en sus específicas singularidades, entonces en las demandas concretas de los que padecen y gozan las proliferantes vivencias de la hominización y de la humanización. La experiencia dramática del periodo de la entreguerra y, después, de la posguerra, la lleva a la toma de consciencia de su condición ineludible de judía. Se ve obligada a defenderse ante los avasallamientos del nacional socialismo como judía, no solo como ciudadana del mundo y portadora de los derechos humanos.

Sus investigaciones sobre el romanticismo le llevan a descubrir la intensa trayectoria de vida de Rahel Varnhagen, historia de vida con la que se identifica. Le dedica un ensayo reflexivo sobre la condición judía en la modernidad, en lo que respecta al referente del análisis, sobre la condición judía en el siglo XIX, La vida de una judía.  Este ensayo es una excusa para la auto-interpretación y la introspección propia. Hannah Arendt se interpreta desde la biografía intensa y problemática de Rahel Varnhagen.

Orígenes del totalitarismo se escribe después, cuando se encuentra ante los desenlaces histórico-políticos, cuando se requiere hacer un balance integral de lo que pasó en ese periodo beligerante y ultimatista del siglo XX. Hay que tener en cuenta que Hannah Arendt renuncia, por así decirlo a la filosofía, y opta por la política, se convierte en una activista política, activista política como judía, pero también como militante antinazi; posición política que deriva en su proyección política de la Confederación Judío-Árabe. El contexto de los Orígenes del totalitarismo abarca la historia de la modernidad, sus ciclos largos, económicos y sociales; lo llamativo es que esta historia coincide con el nacimiento y desplegué, además del desenvolvimiento del racismo. El racismo, entonces, es un fenómeno moderno. Sintomáticamente el racismo coincide con la conformación del Estado moderno, del Estado-nación, cuando el mito de la nación se opone a los emigrados incorporados, asimilados o no, a la sociedad , empero, no así al sistema de los derechos ciudadanos. En el caso europeo, sintomáticamente, el Estado-nación se opone efervescentemente, al pueblo judío, considerándolo en sus distintas estratificaciones, inclusive, en la pirámide de la jerarquía de la estructura social, a la excepción privilegiada que era la burguesía financiera judía, burguesía que financió a las monarquías absolutas, que incluso, en algunos casos, fue asimilada a la aristocracia y a la nobleza. Cuando se buscó la implementación de la ciudadanización de los judíos, a partir de las normativas napoleónicas, la burguesía financiera se opuso a esta democratización de los derechos ciudadanos, porque abolían el privilegio de la excepcionalidad en tanto partícipe de la clase dominante. 

El antecedente de este racismo en la genealogía de la modernidad es el colonialismo; el colonialismo es el sustrato de donde emerge el sistema mundo capitalista. Primero comienza el colonialismo moderno en la inauguración misma de la modernidad, cuando la tierra se constata como esférica, cuando el mundo es mundo, es decir, cuando adquiere la condición plena de abarcamiento mundial, cuando, dicho literariamente, los siete mares se integra, así como los mercados, y se da lugar propiamente al mercado mundial. También cuando los productos de la tierra, de las regiones, de las localidades agrícolas, circulan por todo el orbe planetario. Esto ocurre después de la conquista de Tenochtitlan. Hannah Arendt analiza el colonialismo africano, cuando las potencias imperialistas europeas se reparten el continente del África. Tomar en cuenta este antecedente es sumamente importante y esclarecedor en lo que respecta al fenómeno de la deshumanización. Se convierte a los humanos en cosas, para después convertirlos en esclavos, posteriormente, durante el colonialismo del siglo XIX, en plena revolución industrial, la expansión “civilizatoria” europea despoja a los pueblos africanos de sus territorios, de sus recursos naturales y de su soberanía. Las culturas nativas son destruidas o fragmentadas, marginándolas o arrojadas a las sombras. El desconocimiento del derecho de los pueblos y las naciones, la suspensión de los derechos del hombre, que después van a ser nombrados como los derechos humanos, hace desaparecer la política, sustituyéndola por la concurrencia de geopolíticas anacrónicas. Estas dinámicas coloniales, acompañadas por las dinámicas económicas de la expansión extraterritorial, el imperialismo, subordinan el Estado nación a la lógica expansionista imperialista.

Durante el siglo XIX tanto el Estado nación, así como el imperialismo, ingresan a la crisis múltiple de estas formaciones histórico-políticas. La concurrencia imperialista, es decir, la paz imperialista se clausura, deriva en la conflagración bélica continental y mundial.  Se desata la primera crisis de sobreproducción, que adquiere la forma de la crisis económica de 1929; la recesión, el paro, la inflación y el disfuncionamiento financiero son los síntomas de la crisis del ciclo del capitalismo vigente. Todo esto repercute en la crisis social y en la crisis política, es decir, en la crisis de legitimación y crisis institucional. En este contexto se dan movimientos sociales y movimientos políticos de magnitud, que, en algunos casos, deriva en revoluciones. Empero, también se dan fenómenos sociales y políticos que canalizan el ímpetu del descontento social a formas anacrónicas y recalcitrantes de conservadurismo barrocos. En unos casos de carácter nacionalista y chauvinista; en otros casos en la conformación corporativista de la política, el fascismo; en un tercer caso se manifiesta como totalitarismo, que es el concepto que construye Hannah Arendt. El fenómeno del totalitarismo adquiere la forma dualista, simétrica, paradójicamente, contrastada y complementaria, del nacional socialismo, por un lado, y del estalinismo, por otro lado, es decir, la revolución socialista institucionalizada, burocratizada y convertida en la máquina abstracta del poder, deshumanizado y vaciado del ejercicio de la política, salvo la pronunciada propaganda y la difusión “ideológica” banal y proliferante. Estos totalitarismos, que se proponen la dominación mundial, van más allá de las pretensiones de los imperialismos, que eran básicamente expansiones desbordantes económicas. Los totalitarismos pretenden el dominio absoluto planetario, integrando todos los campos sociales a la adecuación instrumental que se encamina a la realización de una finalidad abstracta, que en sentido concreto implica la muerte no solo de la política, sino de la sociedad y de la humanidad.

La pregunta

No hay que preguntar, qué se busca cuando se lo hace, ¿la pregunta por el sentido del ser? El sentido es el hogar añorado donde esperamos refugiarnos al volver, como cuando retornamos a la casa después de un largo viaje para ver el mar, cruzando el oleaje lerdo de la cordillera, después de haber atravesado el Altiplano, abrigado por el poncho y cubierto por el pasamontaña. El ser es lo que queda después de haber expuesto el cuerpo, que, curtido y endurecido, encapsula la huella del olvido. No hay respuesta para las preguntas, tan solo tejidos del lenguaje, que habla con el entusiasmo de la piel y la sabiduría de la voz que se empapa de melodía, inscribiendo en la carne los recorridos de los ríos, buscando desesperados la playa donde depositar sus huesos.

 

Líneas de fuga

Deberías irte como se van los desaparecidos, llevándose sus sombras como si fuesen maletas o mochilas. Se van casi sin dejar rastro, salvo la tenue huella de su recuerdo, que se hace vaporoso o se convierte en una estela abandonada por un cometa fugaz, que se olvidó llevársela consigo. Debería irme como se van los recuerdos en una memoria cansada de tanto buscar en sus recovecos la imagen primordial del universo infantil y travieso, ahora ausente, que hasta dudamos que alguna vez haya existido. Tú no puedes irte, yo tampoco. Quedamos apostados en la contemplación detenida en la cumbre de la montaña, que bordea la casa como si fuese un sueño.

Todo debería cambiar, empezando de nuevo, comenzando otra ruta, dándose la oportunidad de otra experiencia. Pero, todo sigue igual, repitiéndose las mismas escenas, repasando la misma trama que de tanto ser usada se encuentra ajada y desteñida, pero, parece que eso es lo que se persigue, la inclinación a inaugurar el mismo día y la misma noche, para no aventurarse en otros días y otras noches, que pueden ser tan distintos, irreconocibles. Es miedo, también costumbre, un conservadurismo madurado en la constancia de la misma receta, los mismos procedimientos, para obtener los mismos resultados, el ritual que esconde la profunda frustración, la muerte de la esperanza.

 

 

El presente

Podemos hablar, en el presente, coyuntura perdida en su laberinto, caracterizándolo como momento crucial de la diseminación generalizada. Disolución irremediable de los ámbitos, del íntimo, el privado, el social, el político y el cultural, pasando por la disolución del ámbito económico también.  Los individuos, las familias, los grupos, los colectivos, las comunidades e incluso las naciones se hallan extraviadas en una mundanidad diseminada, pulverizada, cohesionada solo virtualmente. Los grandes relatos quedan en el olvido o en la memoria erudita. Ni siquiera de las ideologías queda el buen recuerdo, salvo la mención de palabras y fragmentos discursivos vaciados de sus contenidos. Lo que da la ilusión de mantener algún sentido es la estridencia reiterativa de la publicidad de los medios de comunicación.  El nihilismo de la modernidad habría llegado a su desenlace fatal, la diseminación de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Meditaciones políticas

Reemergencia de los totalitarismos

En los nacimientos de los totalitarismos las formas de su aparición adquieren un carácter aparentemente ideológico, cuya esmerada expresión o desesperación busca mostrar sus extremismos, pretendidamente radicales, aunque emerjan de substratos harto conservadores. Cuando los totalitarismos, en ciernes, se desarrollan, atraen al “populacho», que es distinto de lo popular. El “populacho” se conforma añadiendo aditivamente a individuos aislados, atrapados en sus abrumadoras frustraciones. Cuando ocurre esto, cuando se conforma el “populacho,” y comienza a actuar como “masa», es cuando adquiere las formas de manifestación de la violencia exacerbada. El “populacho» no saca lo mejor de la población, sino más bien, la mediocridad desalentadora e inculta, sin memoria, salvo la de sus prejuicios que no alcanza lograr una mínima o escaza narrativa. Este es el perfil del hombre del “populacho», convertido en masa beligerante. Los discursos del totalitarismo pueden adquirir las formas estridentes del nacionalismo más chauvinista, la insulsa supremacía blanca, o las formas melosas de una pretendida oratoria social, que esconde el recóndito espíritu de venganza de una burocracia anodina, que tiene en sus manos demoledores dispositivos de poder.

Lo que pasó en el Capitolio de los Estados Unidos de Norte América es como la reiteración de lo ya visto antes, un nuevo intento de retomar el camino destructivo del totalitarismo. Ya Hannah Arendt nos advirtió, lo que pasó con el nacional socialismo y también con el descomunal patriarcalismo del “gran timonel», la versión del “modo de producción asiático” en la desmesurada forma del despotismo burocrático, la deshumanización y la desaparición de la política, embarrancándose en el genocidio mecánico, puede volver a ocurrir. La responsabilidad de los pueblos radica en actualizar y hacer dinámicas las memorias, el pensamiento crítico y la potencia social. Hay que evitar volver a caer en la ciénaga de un nuevo oscurantismo.

Respecto a lo sucedido en el Capitolio se ha evidenciado no solamente la superficialidad de los medios de comunicación, para los cuales es una sorpresa lo acaecido, cuando, en realidad, ha venido sucediendo desde que Donald Trump asumió el gobierno. A muchos medios les pareció cotidiano, aunque, excéntricas, las poses delirantes de la “supremacía blanca”, casi olvidando que se trata de un descomedido atentado contra los derechos civiles, políticos, sociales y humanos, contra la institucionalidad democrática y contra la Constitución. Los medios de comunicación aceptaron como tolerable la proliferación de la violencia racista, sobre todo encarnada en un delirante líder del ultraconservadurismo norteamericano.  Incluso “analistas políticos” y otros que se hacen pasar por “académicos” hacen elocuencia de su estrechez reflexiva, además de descomunal olvido y su desconocimiento, fuera de su lejanía respecto a la ética, cuando ignoran en sus análisis el avezado desconocimiento de la victoria electoral demócrata, diciendo banalidades dignas de conversaciones de bar. Entre las cantinfladas hacen gala de la especulación vacía de las “teorías de la conspiración”, reduciendo el conflicto de los grupos fascistas a una concurrencia y compulsas de “razas”, recurriendo, sin inmutarse de su sandez, a una pseudohistoria de los “fundadores de las trece provincias” de Norte América.

Los pueblos tienen la responsabilidad de evitar la emergencia de nuevos totalitarismos y holocaustos. Si en algo se pueden ponerse de acuerdo es en la defensa de la democracia, que es la base, el substrato, el conjunto de las reglas del juego y la predisposición política, la voluntad social, para consensuar transiciones en la perspectiva del porvenir de la humanidad y el futuro ecológico del planeta.

 

 

Desaparición de la política

Hay distintas maneras de hacer desaparecer la política, paradójicamente por parte de la casta política. Una es suspender la acción política y sustituirla por la proliferación de las violencias, manifiestas y encubiertas; otra es la marcha compulsiva hacia el totalitarismo. Una tercera tiene que ver con la clausura de la deliberación y el ejercicio interpretativo del discurso; en este caso se opta no solo por el panfleto y la diatriba, sino también por la ausencia total de la mínima argumentación y construcción de sentido, por escaso que sea. Una cuarta manera tiene que ver con la ya chabacana “astucia criolla»; se maniobra constantemente, se manipula obsesivamente, se copa lugares e instituciones, usándolos como dispositivos de poder.  La historia política reciente nos muestra que la casta política no aprende de sus errores, los repite como si nada hubiera pasado. En otras palabras, una vez que retorna vuelve a cavar su tumba.

 

Psicología de masas

En la psicología de masas anidan contradicciones profundas. La constelación de sus representaciones no responde, de manera inmediata, a la estructura económica vigente, sino que, más bien, se trata de conformaciones rezagadas y heredadas de distintos períodos. Cuando aflora la crisis social y económica, emergen comportamientos rebeldes, pero que tienden a justificar sus conductas mediante la selección de ideaciones ancladas, que corresponden a este bagaje anacrónico de representaciones, conglomeradas en la memoria social dispersa. Muy pocas veces se asume la responsabilidad de elaborar interpretaciones adecuadas a la realidad efectiva y al presente experimentado socialmente. Cuando esto ocurre, se produce un trastrocamiento de las estructuras sociales, económicas y políticas; lo que acontece escasas veces. Lo que lastimosamente se repite las más de las veces, cuando no acontece la actualización de las ideas, es que el origen de la motivación rebelde se encubre con ideas anacrónicas, que terminan siendo efectivamente reaccionarias, incluso claramente recalcitrantes y conservadoras. Entonces las acciones desplegadas, en vez de revolucionar las condiciones históricas, sociales, políticas, económicas y culturales, retroceden a lo mismo, a la misma decadencia anterior, solo que en versiones cambiadas, pero siguiendo equivalente guion y la misma trama. Se reproduce, nuevamente, el eterno retorno de las dominaciones polimorfas y el decadente círculo vicioso del poder. De este modo se pasa de la tragedia a la farsa, se pasa de una comedia a otra cada vez más grotesca.

El compartido modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente

El modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente es compartido por la gubernamentalidad neopopulista y la gubernamentalidad neoliberal, ahora por el neopopulismo reforzado, que ha retornado, a la misma órbita del círculo vicioso del poder. Ambas formas de gubernamentalidad regalan excedente a las empresas trasnacionales extractivistas, beneficiadas con la Ley Minera entreguista, promulgada por el régimen clientelar y corrupto de Evo Morales Ayma. En pleno desborde de la crisis económica, después de despilfarrar los recursos del Estado y corrupción galopante, concediendo recursos naturales a las trasnacionales y a la burguesía agroindustrial, ganadera, colonizadora y de la coca excedentaria, el gobierno neopopulista reforzado solo atina a buscar salidas mezquinas en impuestos acotados a la pequeña élite restringida. Con lo que vuelven a develar el servilismo neopopulista y neoliberal al dominio oprobioso de las trasnacionales extractivista, del Sistema Financiero Internacional, del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. El pueblo ha votado por una versión reforzada de lo mismo: el eterno retorno colonial del capitalismo dependiente. 

Si bien el gobierno del neopopulismo reforzado se posesiona, por la victoria electoral, sigue siendo inconstitucional como los dos gobiernos anteriores, el de “transición” y el neopopulista, pues no cumple, como éstos tampoco, con la Constitución, que establece la estructura jurídica y política del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico; el régimen de Evo Morales Ayma restauró el Estado-nación, solo le cambió el nombre, como un barniz. La Constitución establece el Sistema de Gobierno de la Democracia Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa. Paradójicamente, desde la promulgación de la Constitución (2009), el ejercicio político sigue siendo el de la democracia formal y liberal, solo representativa. El gobierno clientelar y corrupto neopopulista desnacionalizó los hidrocarburos con los Contratos de Operaciones, con lo que se efectuó una traición a la patria.  El gobierno del caudillo déspota arrastró al país a la tercera derrota de la guerra del Pacífico, también traición a la patria, al confundir la demanda marítima con una campaña electoral. Si el pueblo ha vuelto a llevar al gobierno a este neopopulismo, ahora reforzado, que no es otra cosa que usurpación e impostura, además de desmantelamiento sistemático de la Constitución, es que es cómplice en la construcción de derrotas, en la traición a la patria y en el saqueo de Bolivia, entregando los recursos naturales a las trasnacionales extractivistas. Apoya la destrucción de los ecosistemas con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y la quema demoledora de bosques, ampliando la frontera agrícola desmesuradamente en beneficio de la burguesía agroindustrial, ganadera, soyera, de la coca excedentaria y de la industria de la cocaína. Un pueblo que se comporta de esta manera, que desea al amo y al patrón, sea éste de la oligarquía o de la burguesía rentista, se invista de liberal o aparezca como caudillo, imitando la convocatoria del mito, no tiene provenir.

 

Politiquería

Hay gente, dedicada a la politiquería, en realidad, inclinada al oportunismo descarado y al pragmatismo programático grosero, que confunden la política con el comercio de promesas trasnochadas incumplibles, con el beneficio privado, usando los bienes del Estado. Esta gente confunde también, en su desesperación y enajenación, la política con la guerra. Además, creen que ser bribones es una viveza, esta “astucia criolla” expresa elocuentemente en el comportamiento crápula y las miserias humanas.

La desaparición de horizontes, la mediocridad estridente, son las características de estos “políticos” que, además, se creen “revolucionarios”. Estos “revolucionarios” de pacotilla son, en realidad, la burguesía rentista, en alianza con la burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, en convivencia con la burguesía agroindustrial y ganadera. En las elecciones pasadas todos estos estratos de la burguesía han competido por el control de la administración pública. Los distintos proyectos burgueses, en concurrencia, son inconstitucionales; no tomaron en cuenta las transformaciones estructurales e institucionales que exige la constitución.

Se viene un período económico de crisis, debido al despilfarro, derroche y corrupción del gobierno clientelar neopopulista, desplegados durante 14 años, y por la continuidad corrupta y pirómana del gobierno de “transición”, de menos de un año. Más de lo mismo, solo que con tonalidades más graves de la decadencia política.   

El gran perdedor es, como siempre, el pueblo, que no termina de aprender que puede prescindir de la casta política, de que el secreto del poder se encuentra en la donación de la potencia social a la casta política. La ingenuidad del pueblo es persistente y duradera; el problema es que el costo social y político es alto, la destrucción del porvenir. Lo único que hace una victoria electoral es ratificar los niveles de la decadencia política y del vaciamiento de la memoria popular y de las capacidades de lucha. A los colectivos radicales, propuestos a liberar la potencia social, les compete y se les otorga el compromiso rebelde de prepararse a una lucha consecuente, duradera, prolongada y radical contra el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, compartido por toda la casta política, de “izquierda», de “centro» y de “derecha», contra todas las tonalidades y formas de expresión y prácticas del círculo vicioso del poder.

El Sistema de Gobierno establecido por la Constitución es el de la Democracia Pluralista y Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa. En consecuencia, como dice la Constitución se debe ejercer el Control y la Participación Social, la construcción colectiva de la política y de la ley. En pocas palabras, realizar inmediatamente las transformaciones estructurales e institucionales que demanda la construcción del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. El pueblo, organizado en todas las formas y maneras posibles de la democracia directa, debe arrancar de los funcionarios y gobernantes la administración de la cosa pública y ejercer de manera consensuada, en asambleas, el ejercicio de la política.

El círculo vicioso del poder abarca todas las expresiones políticas, todos los perfiles políticos de la decadencia. El pueblo, concepto rousseauniano, también contiene y práctica ateridos conservadurismos, cuando no es consciente de sí mismo y para sí mismo, no ha salido de la conciencia desdichada.  El “pueblo” escoge entre los amos que lo van a gobernar, dominar y colonizar, sean neoliberales y neopopulistas. Cuando esto ocurre el “pueblo” es solamente esclavo; para que esto deje de acaecer es menester que libere su potencia social, logre madurez, haga uso crítico de la razón, se autogobierne.

La demagogia

La demagogia se ha convertido en una práctica usual de la casta política, sobre todo de los gobernantes. Hablan de tributación progresiva en un universo sumamente restringido de tributarios. Lo que obtenga el Estado de esta medida es paupérrimo, no resuelve nada respecto a la crisis económica que está a las puertas. En todo caso habría que aumentar el tamaño del universo tributario. Lo que se oculta con esta demagogia es la responsabilidad ante las causas de la crisis, debido a una administración clientelar, prebendal y corrupta durante 14 años.

Se llenan la boca cuando hablan del “modelo social-comunitario”, sin entender ni comprender de lo que hablan. Pura demagogia de oportunistas del pragmatismo neopopulista. La Constitución establece la conformación de la composición de la economía social y comunitaria. Esto implica la complementariedad de las distintas formaciones económicas y, sobre todo, la orientación del desenvolvimiento económico hacia la economía comunitaria, basada en los bienes comunes, pasando por la transición de la administración social de la economía. Cuando el presidente habla de “modelo social comunitario», efectivamente se refiere al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, practicado por neopopulistas y neoliberales.

 

 

Apariencias exacerbadas

Ansioso de notoriedad, desesperado por el reconocimiento, es elocuente en la demagogia de la identidad exacerbada, más originario que los originarios, más indígena que los indígenas, reclama, a nombre de los pueblos nativos, para propagandizar su nombre como si fuese esencia anticolonial. Es justo cuando se devela el colonialismo cristalizado en sus huesos, confunde una máscara y el carnaval político neopopulista con lo que es lo indígena, la rebelión india, la lucha efectiva de los pueblos contra la dominación capitalista y de la colonialidad. Como mestizo, imbuido de consciencia culpable, se coloca en el lugar de la “vanguardia”, dirigiendo como maestro a las multitudes desposeídas. Otra herencia colonial, pretender ser “vanguardia” y maestro del pueblo “víctima». Hace de juez, como inquisidor actualizado, señalando de “traición” a la crítica radical contra los impostores y “revolucionarios» de pacotilla.

 

 

Las frustraciones del último jacobino

Esconde sus frustraciones en un lenguaje violento, encubre sus vacíos en poses delirantes, el último Jacobino quiere emular a Robespierre del periodo del terror. Oculta sus atroces miedos en el teatro politiquero atiborrado de escenas rimbombantes y exageradas. Es un actor ya en decadencia, que quiere llamar la atención con gritos estridentes. La impostura es elocuente en todos sus actos y la vacuidad de sus improperios evidencia la perversión inédita del raciocinio, que desaparece cuando habla. En resumen, es responsable del fracaso y truncamiento del proceso de cambio, que sirvió para el enriquecimiento de la burguesía rentista del que fue el entorno palaciego. Efectivamente funge como agente encubierto de las empresas trasnacionales extractivistas del imperio. 

Procedimientos cobardes

No enfrenta directamente, usa sus fichas, recurre a mercenarios, hay quienes se prestan a sus juegos de grandeza; esa es la pequeñez de esta gente. Busca que alaben sus vacíos, sus mediocridades; hace pasar un panfleto, escrito apócrifo de descalificación, un “libro azul” de diatriba, como si fuese la crítica leninista del “infantilismo de izquierda”. No es más que una triste imitación de lo que fue el debate marxista después de la revolución socialista. Un documento elocuente en su mediocridad y estrambóticos argumentos. Pretende ser el último bolchevique, cuando es apenas uno más de la serie de actores e impostores de la política, trivial y oportunista de la modernidad tardía. Su ficha, como emulando a su referente de ficción, lanza acusaciones extravagantes e insostenibles. Forman un equipo en el teatro burlesco de la decadencia, donde pretenden ser los “auténticos” en el bochornoso carnaval neopopulista.

 

La conspiración del caudillo déspota

El caudillo déspota sigue creyendo que la realidad es relato, que depende qué se relata para cambiar la realidad.  Vuelve con la cantaleta, compartida por la inútil “izquierda” colonial, de que hubo “golpe de Estado», cuando su régimen clientelar y corrupto implosionó estrepitosamente – todas las columnas y cimientos que lo sostenían estaban podridos. Desconoce incluso la victoria de su partido, MAS, que se reorganizó a través de la figura de reconducción de David Choquehuanca, con el apoyo militante de las organizaciones sociales, que nada quieren tener que ver con el entorno palaciego del caudillo, inclusive tampoco quieren la participación del caudillo exiliado y retornado, salvo la masa elocuente de llunk’us de la República del Chapare.

Lo que efectivamente hace el caudillo, herido en su ego descomunal e inflamado, es conspiración contra el nuevo gobierno, recién posesionado. En la práctica está montando, el caudillo y su entorno corroído y corrupto, un golpe de estado contra el flamante gobierno.

El pueblo boliviano, en defensa de la Constitución y la democracia y el voto popular, no debe permitir el decurso de semejante conspiración caudillista y de la mafia política, que acompaña al caudillo caído en desgracia. No debe permitir la marcha y el montaje del golpe de Estado, en ciernes, del caudillo celoso.

Sobre el ecocidio de los gobiernos neopopulistas y neoliberales

La responsabilidad del pueblo es parar de inmediato este ecocidio, etnocidio y homicidio diferido de los transgénicos, detener en el acto este crimen de lesa naturaleza. No hacerlo equivale a complicidad con el crimen. El llamado de la Madre Tierra, su convocatoria primordial, es defender la vida. Contra los ecocidas y criminales de la naturaleza y de los pueblos. Esta gente usa argumentos trasnochados y reputados empírica e históricamente, además por la ciencia.

El nuevo gobierno de la coca excedentaria, de la industria de la cocaína, de las empresas trasnacionales y de la burguesía agroindustrial, además de dispositivo del FMI, pretende lotear el Parque Nacional Tunari. Ha destituido al jefe de protección del parque, que ha luchado contra las mafias loteadoras.

El Director Departamental del INRA-Beni es un asesino de jaguares. Este personaje sin escrúpulos expresa fehacientemente las características ecocida, etnocida y depredadora del gobierno neopopulista, que retorna al poder después de las elecciones nacionales. Esta gente no tiene la menor idea de la Constitución y de los derechos de los seres de la Madre Tierra. Su comportamiento crápula manifiesta la decadencia y el derrumbe ético moral de la casta política. Los que votaron por las versiones, aparentemente opuestas, de la compulsa electoral son responsables de complicidad con el crimen de lesa naturaleza y la continuidad del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. 

 

 

Ausencia de cuantificación e ilegitimidad

La irreparable e irresponsable irrealización del Censo de Población y Vivienda, sustituyéndolo con un montaje grotesco  el 2012, sin efectuar la actualización cartográfica, requisito indispensable para el Censo, además de desbaratar la boleta censal, interviniendo en la parte de la boleta de comparación internacional, fuera de introducir preguntas que no responden a la metodología de la cuantificación, evidencian la falta de escrúpulos de un gobierno capaz de todo, inclusive dejar al país sin información demográfica, con el objetivo de controlar a la población votante  incluso inventarse “estimaciones demográficas». Hoy no hay un patrón electoral que responda a la realidad demográfica, sino tan solo tanteos inciertos y especulativos sobre las cantidades poblaciones y su estructura demográfica. De tal manera que las elecciones resultan una aventura, conducida por funcionarios melindrosos del Tribunal Electoral y avalada por los partidos políticos en crisis y promocionada por un gobierno perdido en su laberinto. 

Después de las elecciones ameritan nuevos tribunales, entre ellos el TSE, sobre todo este último que fue elegido durante el “gobierno de transición”. No se puede ir a elecciones subnacionales con este tribunal, tampoco con el padrón, que sigue conteniendo falencias técnicas. El hecho de que el TSE actúe con violencia burocrática contra una vocal evidencia el encubrimiento de anomalías. En defensa de la democracia el pueblo tiene la responsabilidad de exigir transparencia, idoneidad, fiabilidad e imparcialidad.

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

autodestruccion (1)

 

 

Disociación, disyunción y diseminación en el funcionamiento de la máquina de poder desvencijada

Si las asociaciones y las relaciones sociales, que comenzaron como las relaciones de parentesco, relaciones de filiación consanguínea, acompañadas, después, por relaciones de alianzas territoriales, fueron inaugurales en la conformación de las comunidades, en la actualidad de la decadencia de la civilización moderna, se puede observar que lo que prepondera es la disociación, la disyunción y la diseminación, desarticulando las comunidades, los colectivos y las sociedades. Ocurre como que las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder se separaran del diseño integrado, produciendo el fenómeno de la desintegración. Se puede decir que, si antes la maquinaria del poder funcionaba para dominar, imponer, incidiendo en los comportamientos y conductas, ahora, en plena clausura crepuscular del sistema mundo capitalista, la maquinaria del poder domina para producir la desintegración generalizada.

Lo paradójico del caso es que, en estas condiciones de desarticulación y desintegración, la maquinaria del poder sigue funcionando en su desagregada disfuncionalidad expandida por todos los campos sociales, políticos, económicos y culturales; solo que la proyección del funcionamiento de la dominación ha cambiado. Ahora funciona para su propia autodestrucción, aunque no lo sepan las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder. Cada parte y dispositivo, cada engranaje, funciona como si nada hubiera cambiado, siguen en lo mismo, empero lo hacen de manera desarticulada, hipertrofiando su propia ejecución, coadyuvando, entonces, a una mayor desintegración de la maquinaria del poder, de la heurística de aparatos de Estado, de la sociedad, de sus mallas institucionales. Intensificando su autodestrucción sin saberlo.

Por ejemplo, en el campo político se destruye el espacio de su continuidad, ocasionando lo que se podría llamar disgregación feudal, usando una figura conocida para caracterizar la dispersión medieval. El Estado también se desarticula y desvencija, desmantelándose; el ejecutivo se encaracola, como dispositivo autista; el Congreso evidencia su desmesurada corrosión interna, hace tiempo no se parlamenta, sino que tan solo se votan las decisiones del partido, la conformación de “representantes del pueblo” no representa, sino que hace patente las prácticas del chantaje, de la coerción, de la congregación de votos, sin palabra, sin sentido, sin voluntad propia. La situación del Órgano Judicial es peor aún, habiéndose antes convertido en una máquina de extorsión, ahora es el dispositivo privilegiado del terrorismo de Estado. El órgano Electoral va por el mismo camino, a pesar de su reciente parcial recuperación, aunque sesgada y limitada, pues su crisis se hizo patente con el escandaloso fraude electoral de 2019, donde se evidenció la descarada manipulación de los votos y de los registros; hasta ahora no hay una auditoria de los padrones electorales.

Pero esto no ocurre solo con lo que se denomina aparatos de Estado, en estricto sentido, sino también con la sociedad institucionalizada. Por ejemplo, el campo comunicacional también se desintegra no solo al convertirse en una fabulosa máquina de desinformación, propaganda y publicidad, sino que, además de convertirse en la proliferación de escenarios para espectáculos estridentes de la comedia grotesca, solo funciona en la inercia inaudita de discursos fofos, de audiovisuales mediocres, de mañaneros carnavalescos, de “análisis políticos” desabridos y aburridos, de noticiosos sensacionalista. El campo social no solo sufre de dispersión, disociación y desintegración, sino que es el espacio fraccionado de pequeños campos de batalla localizados y sin horizonte. Se podría decir que el campo social es el espacio fragmentado donde se ejerce preponderantemente la manipulación y descuella la economía política del chantaje. Lo mismo pasa con el campo económico, desarticulado, desmontado, diseminado. Si bien antes, por ciclos largos y medianos de los capitalismos hegemónicos mundialmente, vigentes en su turno, que contienen a los propios ciclos extractivistas de los recursos naturales, el campo económico ha sido circunscrito al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, en la actualidad ha sido atravesado y tomado por el lado oscuro, paralelo, clandestino, de la economía ilícita. Quizás la parte peor la lleva el campo escolar, que ha venido sufriendo ya su devaluación, su desatención, su empobrecimiento mayúsculo, que ocasiona deformaciones en la escolaridad y después se proyectan como deformaciones en las universidades, circunscribiéndose al triste papel de aparatos administrativos de titulación, produciendo profesionales mediocres – salvo escasas y honradas excepciones, que se deben a su propio esfuerzo -, con una educación bajísima, es decir, un bluff generalizado.  

El panorama es apocalíptico, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente ha destruido los ecosistemas, ha depredado los territorios y cuencas, ha contaminado aire, aguas y suelos, ha talado e incinerado bosques. Los territorios no solo de las naciones y pueblos indígenas, cuyos derechos están consagrados en la Constitución, han sido concesionados a las empresas trasnacionales extractivistas, entregadas a la vorágine de plantaciones transgénicas, opción destructiva de la burguesía agroindustrial. La ampliación de la frontera agrícola cobra un ritmo intenso y expansivo demoledor, ampliando, desbrozando, talando, destruyendo territorios, para la ganadería extensiva, para la explotación ecocida y comercio compulsivo de la madera, expandiendo el cultivo de la hoja de coca excedentaria y, con esta expansión, la expansión intensificada de la “industria” de la cocaína. En el panorama social, político, económico y cultural se manifiesta desbordante la desintegración de los campos, la fragmentación de los espacios, la descohesión generalizada y la disociación apabullante. Entonces, aparecen núcleos de poder feudalizados, controles territoriales de mafias, cárteles y conjunciones clientelares, que funcionan de manera incongruente y desarticulada, pero funcionan para sí, cada una de estas formaciones perversas. Ocasionando, en la conjunción provisional de fuerzas, resultantes inciertas.  Este funcionamiento disfuncional, por así decirlo, refuerza la dispersión, la disociación, la desarticulación, la desintegración y la diseminación. Estamos entonces no solamente ante la decadencia desbocada, sino ante la autodestrucción generalizada.

Fraternidades de machos en acción

A propósito de las autoridades ediles de Monteagudo

Fraternidad de machos desgarbados, para quienes no existe la mujer y tampoco su dignidad. Acostumbrados a dominarlas y mandonearlas, consideran que cuando se rebelan e interpelan, les reclaman como machos. Personajes acomplejados, manifiestan patentemente sus complejos y sus miedos a la mujer. En realidad, ocultan un inmanente homosexualismo, que temen como fantasma y del cual escapan con violencia exacerbada contra el cuerpo, su espontánea y devenir.

El neopopulismo en decadencia ha exacerbado estos ateridos prejuicios patriarcales, anacrónicos, pero actualizados en la turbulencia de subjetividades inconclusas, que son condensaciones grotescas de miserias humanas. Unos ocultan su mediocridad abrumadora invistiéndose de resentidos, esperando su oportunidad de venganza y cometer crímenes, que llaman estrambóticamente «justicia». Otros se disfrazan de «revolucionarios», sin entender de qué se trata, reduciendo lo que no entienden a la explosión patética de la consciencia desdichada, atrapada en sus propias contradicciones, que no resuelven, más bien, las enaltecen, hundiendo la consciencia desdichada en el pantano del derrumbe ético y moral. Otros opten por el chantaje epidérmico, victimizándose, siendo de esta forma cómplices de los patrones y amos, reproduciendo las dominaciones de una manera perversa. Otros se presentan como caudillos y «representantes del pueblo», cuándo son solamente miembros dramáticos de la casta política, que se enriquece a nombre del pueblo. Los otros, más conocidos, pertenecen al conservadurismo tradicional, de donde viene de la inquisición y la guerra de tres siglos contra las mujeres, que encarnaban el entramado comunitario. Todas estas fraternidades de machos reproducen genealógicamente la dominación masculina, las estructuras patriarcales, el Estado patriarcal ya senil y estéril.

 

El cinismo en escena

Se puede decir que parte del cinismo concentrado se encuentra en la casta política, aunque también en los despliegues del sistema mundo cultural de la banalidad. El político habla aposentado en el trono o en el curul de la representación, sino es en el gabinete de funcionario o en la oficina de magistrado, lo hace usando sin discreción su disposición en la máquina de poder, para dar apariencia de verdad a lo que dice, un discurso sin sustento, que se cuelga en el hilo de la inercia.

El cinismo cobra vuelo, mostrando su desparpajo, cuando lo que pone en escena es la preponderancia, que es lo único real, el resto, la alocución, es la hipóstasis, la invención política de la realidad. Cuando el político habla al pueblo, lo considera un espectador manipulable, sujeto vulnerable, objeto plástico para la prestidigitación y la maniobra. El discurso político tiene esta finalidad, mientras encubre los objetivos de la práctica política, que son distintos al discurso emitido. En resumen, esquematizando al extremo, el objetivo político es el control del poder o, mas bien, de su maquinaria abstracta y de la malla de agenciamientos concretos de poder institucionales; la conservación del poder y su reproducción indefinida. Entonces el cinismo radica en este desparpajo, en esta práctica esquizofrénica que disocia la emisión del discurso y la práctica.

El cinismo desborda demoledoramente cuando las contradicciones evidentes, entre discurso y práctica, se tratan de ocultar mediante argumentos estrambóticos, por ejemplo, decir que lo que se hace es por la “justicia”, cuando efectivamente se convierte a la administración de justicia en un grotesco sistema de extorsión, es más, en momentos críticos, en un dispositivo del terrorismo de Estado. Se pretende encubrir desesperadamente un escandaloso fraude electoral, causa de la caída del gobierno neopopulista – que ya caminaba, desde hace tiempo, a su implosión -, recurriendo a una campaña publicitaria y propagandística, ex post, que busca imponer la versión insostenible de un golpe de Estado, la muletilla de los gobernantes en crisis.

Ciertamente el cinismo es proliferante en el sistema mundo moderno, es la predisposición subjetiva de la racionalidad instrumental y de la inclinación por el pragmatismo descarnado, sin embargo, lo que hay que tener en cuenta son los desbordes sintomáticos de la cultura cínica. El desparpajo político ha llegado lejos, la manipulación política es extrema, la prestidigitación política es delirante. Se mencionan valores, lo que les falta a los emisores de la impostura, de manera demagógica, de tal manera que al nombrarlos se hace patente  que exactamente se los pisotean; se habla de derechos, pregonando su apego falso a los mismos, cuando precisamente se los vulneran; se nombra la Constitución, reducida a adorno de vitrina, cuando evidentemente se la ha desmantelado; se habla se soberanía, principio enarbolado hipócritamente, cuando se la ha entregado para usufructo de las empresas trasnacionales; se menciona a la patria, reducida a símbolo discursivo, cuando se la ha traicionado con la tercera derrota de la guerra del Pacífico, con la derrota en el Tribunal  Internacional de la Haya, confundiendo la demanda marítima con una campaña electoral.

El cinismo campea no solamente porque hay cínicos que la encarnan y lo practican, sino también porque hay un pueblo que lo acepta. Entonces estamos ante el ciclo vicioso del cinismo. Se da pues una complicidad perversa, una relación sadomasoquista, entre la casta política, pragmática y oportunista, y un pueblo o parte del mismo, que renuncia a su potencia social, prefiriendo delegar su voluntad a sátrapas, actualizados, reaparecidos en plena decadencia de la modernidad tardía y en plena crisis múltiple del Estado nación, así como de su orbe, el imperio, el orden mundial de las dominaciones en la geopolítica actualizada del sistema mundo capitalista, geopolítica del saqueo de los recursos naturales por parte de los centros cambiantes y la inmensa periferia gobernada por las burguesías rentistas.

No se clausura históricamente el delito político

No se cierra histórica ni políticamente, tampoco constitucionalmente, el flagrante delito de fraude electoral. Solo un jerarca corrupto, sin atributos ni cualidades, puede imaginarse delirantemente que el caso se ha cerrado. Esto se explica por la paranoia de los gobernantes y sus marionetas judiciales. Tampoco crean que se logra el olvido por parte del pueblo, también de las leyes. Lo que hacen los gobernantes y su Fiscal General es evidenciar su delincuencia constitucional y política.

 

 

Sobre el sentido perdido de la referencia de izquierda

Si podemos hablar de lo que abarca esa referencia de orientación esquemática, en una dualidad que participa en una oposición complementaria, en una contradicción cómplice, en una guerra entre enemigos que se necesitan para existir como tales, que se llama comúnmente «izquierda» – opuesta esquemáticamente a la “derecha” -, podemos definirla a partir de motivaciones constituyentes, como solidaridad, igualdad, justicia, libertad, que conforman una praxis revolucionaria y una teoría crítica.

Sin embargo, lo que ahora llaman «izquierda» los medios de comunicación, los partidos políticos y se autonombran unas conformaciones barrocas incongruentes como el «socialismo del siglo XXI y el neopopulismo, se encuentra tan distante y es abismalmente tan diferente a esa «izquierda» inaugural e histórica, que en vez de la solidaridad tiene como compulsión la mezquindad, en vez de propensión a la igualdad se inclina por la in-equivalencia entre gobernantes y gobernados, en vez de buscar la justicia se obsesiona por la extorsión, en vez de libertad apuesta por el terrorismo de Estado. Es más, si antes se daba importancia y se expresaba una preocupación por la crítica, ahora descuella la impostura, la simulación, la actitud tramposa y la «justificación» demagógica de actos políticos deleznables.

Es absurdo e inútil hablar de «izquierda» y «derecha», cuando en la modernidad tardía estos términos son intercambiables y rotativos. En el gobierno y en la práctica no se distinguen, hacen lo mismo, usufructúan del poder, contra el pueblo y la sociedad, salvo por el esmero provisional de discursos anacrónicos.

 

 

 

Reiniciando el debate en los espesores de la coyuntura

Reiniciando el debate

en los espesores de la coyuntura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Reiniciando el debate

Escena crepuscular

 

Debate sobre las perspectivas

Ciertamente es menester un balance, a estas alturas de las experiencias acumuladas de las sociedades humanas; pero no un balance como el que se acostumbra; separando lo positivo de lo negativo, separando fortalezas de debilidades, sacando enseñanzas de las lecciones aprendidas. Este balance plano, correspondiente a un cuadro comparativo, no nos sirve. Requerimos responder a la pregunta: ¿Por qué las sociedades humanas no se han emancipado hasta ahora? Vamos a iniciar el debate, poniendo, como quien dice, las cartas sobre la mesa, es decir, nuestras premisas, de las que partimos, para abordar, después, interpretaciones y análisis, derivados de las premisas.

 

El concepto de República

República significa res-publica, la cosa pública; el Estado moderno es República en la forma de Estado nación. La institucionalidad democrática, por lo menos, en su forma jurídico-política, es decir, constitucional, es la estructura operativa de la República. Supone la composición equilibrada de la compensación de poderes. Incluso cuando se destruye un Estado, considerado oprobioso, como el correspondiente al imperio zarista, y se conforma, por lo menos jurídica y políticamente, el Estado socialista, sigue siendo República. Hablamos de la Unión de Repúblicas Socialistas de la Unión Soviética. No se deja de ser República en la composiciones, descomposiciones y recomposiciones del Estado moderno por más transformaciones que se efectúen, mientras siga siendo la cosa pública, es decir la realización de la acción de la sociedad en el ámbito público. Mucho menos deja de ser República cuando se hacen reformas y modificaciones en la misma estructura del Estado liberal, de una manera barroca, como ocurre con las formas de gubernamentalidad populistas y neopopulistas. Tampoco deja de ser República una Constitución del Estado Plurinacional; su condición jurídica y política se enmarca en el preformato de la República.  Incluso si se hubieran dado transformaciones estructurales, como demandan las Constituciones de Bolivia y Ecuador, lo que no ha ocurrido, pues se ha mantenido la estructura del Estado-nación, si se hubiera conformado una Confederaciones, lo que implica un Estado Plurinacional, seguiría siendo República.

La diatriba panfletaria y el balbuceo ideológico que contrapone Estado Plurinacional a República evidencia su descomedido desconocimiento de la teoría política, de la filosofía política y de la ciencia política, mucho más si se trata de la crítica de la razón política. Esta gente, “revolucionarios” de pacotilla, charlatanes y demagogos, no saben de lo que hablan. Al final, su discurso endémico sirve para justificar la decadencia política, la restauración y el derrumbe ético moral de la casta política; busca legitimar el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que lo llaman “modelo social comunitario». La Constitución define, en el marco del pluralismo económico, la economía social y comunitaria, distinguiendo lo comunitario de un proyecto de características socialistas, retomando ambas tendencias de manera diferenciada y complementaria. Empero, para ser proyecto comunitario se requiere la preservación de las territorialidades nativas, la mantención y la institucionalización de los bienes comunes. Para ser proyecto socialista se requiere la socialización de los medios de producción, la reforma agraria radical, la nacionalización de la banca; pero todo esto brilla por su ausencia en la forma de gubernamentalidad clientelar neopopulista, ahora retornado después de las elecciones nacionales. Lo que se tiene es una administración barroca, acompañada de un discurso demagógico, sin retórica y argumentación, del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. 

El concepto de ciclo político

¿Qué es un ciclo político? A diferencia del ciclo económico, sobre todo del mediano – el ciclo largo tiene otra concepción, más bien histórica -, que es caracterizado por las oscilaciones de expansión y contracción, el ciclo político puede caracterizarse por cuatro fases, la del entusiasmo, la del desencanto, la de la regresión y la de la decadencia. Si bien puede haber un parecido en la gráfica de la curva, ascenso y descenso, la diferencia radica en que cuando asciende el proceso político abulta, al principio, la curva, en el período del entusiasmo, alargando el descenso gráfico en una bajada diferida, abrupta al final. Cualitativamente un ciclo político está definido por un perfil contradictorio, que contrasta y hace concurrir la motivación transformadora versus la desmotivación restauradora. Cuando la motivación transformadora prepondera se da el ascenso político o el cambio, en contraposición, cuando la motivación restauradora se va imponiendo, comienza el descenso, a partir de un punto de inflexión. Cuando la motivación transformadora desaparece culmina el ciclo político, se clausura.

Desde el comienzo de la movilización prolongada (2000-2005) hasta el 2009 se podría decir se da como la preponderancia del entusiasmo, a partir de la promulgación de la Constitución, que es como la cúspide, también punto de inflexión, comienza a imponerse el pragmatismo de la desmotivación, obligando, por así decirlo, ilustrativamente, al descenso de la gráfica del ciclo político, hasta llegar a su finalización.

También, subjetivamente, en términos de interpretación narrativa, a través de personajes, se puede evaluar el ciclo político como concurrencia simbólica. Una interpretación literaria puede encontrar un personaje de la motivación y, en contraste, un personaje de la desmotivación. Desde este enfoque metafórico Felipe Quispe aparece como el personaje de la motivación política, en cambio Evo Morales aparece como el personaje de la desmotivación política. Con el fallecimiento de Felipe Quispe habría desaparecido el motor, por así decirlo de la motivación, que también le otorgó un perfil propio a la narrativa del ciclo político en cuestión. En consecuencia, desde distintos ángulos de la lectura del ciclo político, el ciclo político habría concluido. 

Ilusión y poder

Podemos hablar del consumo masivo de ilusiones, pero también de distracciones masivas, de inclinaciones grupales y colectivas a tomar por realidad las invenciones del poder y de los medios de comunicación. Se ocupan de “problemas” existentes en la difusión mediática y sensacionalista, también en la mentalidad delirante política. Las problemáticas efectivamente existentes en el mundo efectivo son soslayadas, son ignoradas, desperdiciando la oportunidad y el tiempo de resolverlas.

El pueblo está embaucado por los aparatos ideológicos, que ahora son los medios de comunicación, articulados eficazmente a las estructuras de poder.  No hay opinión pública, sino, más bien, opinión masiva inducida por los medios de comunicación y partidos políticos, sean de “izquierda” o sean de “derecha”. En la modernidad tardía y crepuscular no hay tampoco exactamente ideología, sino un conglomerado barroco de bricolaje discursivos, que pretenden parecerse a una ideología, empero solo llega a pronunciarse como estridencia espectacular. Por eso no tiene sentido hablar y distinguir, usar la referencia figurativa del esquema dualista de “izquierda” y “derecha”, para orientar el análisis político. Lo que se da efectivamente es la rotación de mandos, diferenciados en la pose y en el discurso, que, empero, comparten las mismas prácticas paralelas de poder. Esto se hace evidente cuando ejercen como gobierno.

Se trata de la reproducción de estructuras y diagramas de poder, establecidas como dispositivos y maquinarias de dominación. Por ejemplo, el diagrama de poder de la corrupción, compartido por ambas contrastadas opciones políticas. Así como se comparte el mismo modelo económico, el colonial extractivista del capitalismo dependiente. También se comparte la usurpación y la manipulación de las voluntades populares por parte de los “representantes del pueblo”.

La “izquierda” ha posesionado imaginariamente que se lucha por la justicia social, en tanto que la “derecha” ha posesionado imaginariamente que se lucha por la “libertad”, tratándose, obviamente de la “derecha” liberal, no así de la ultraconservadora. Sin embargo, esto es discursivo, pues, en la práctica, se pelea por el poder y por conservarlo. La “justicia social” y la “libertad” son términos usuales de “legitimación”.

Lo que ocurre efectivamente es muy diferente a la narrativa política y mediática; lo que ocurre tiene que ver con el ejercicio de las dominaciones, por un lado, y con la emergencia intermitente de las resistencias. En la actualidad, la recurrencia discursiva a la ideología desaparecida sirve para desarmar al pueblo, para castrarlo, quitándole sus capacidades de lucha. La recuperación de la capacidad de lucha solo es posible si se libera la potencia social; esto requiere de una comprensión profunda de las causas de la crisis múltiple, ecológica, civilizatoria y del sistema mundo moderno.

La madurez del pueblo radica en el logro del uso crítico de la razón, en la capacidad de autogestión y autogobierno; esto implica no depender de representantes, ni desear al amo, sea éste un caudillo o un líder liberal. Esto significa la construcción colectiva de la decisión política y del consenso.

 

Subsunción y subordinación

La subsunción de la rebelión se efectúa por la vía electoralista, la subordinación del pueblo pasa por la incorporación al “sistema» de partidos políticos, el vaciamiento de la interpelación pasa por la candidatura, la sujeción del sujeto social pasa por el acceso a la casta política.  El poder y la dominación, la colonialidad y la explotación, se reproducen mediante la farsa electoral, la simulación grotesca de la democracia.

Ha pasado una y otra vez, este fenómeno de la subsunción y la subordinación es reiterativo y recurrente. Hay como un apego explícito al reconocimiento por parte de la institucionalidad y la casta política.  Los símbolos y los discursos “ideológicos» solo sirven para encubrir la entrega de la acción y la movilización, dadas en el pasado inmediato, a las estructuras de poder institucionalizados, al constante retorno del colonialismo, las dominaciones polimorfas, la explotación capitalista.

Se puede hablar de un servilismo matizado, disfrazado de aparente “radicalismo” vacuo. Se olvida que lo radical tiene que ver con raíz, con llegar a la raíz del problema, no con desgarramiento de las vestiduras, tampoco victimizarse, menos con la gesticulación grandilocuente.

Por el camino del pragmatismo electorero se domestica la rebelión inherente en el pueblo. Esta salida de la simulación democrática disemina la potencia social, la dociliza y la hace funcional al poder, al diagrama de poder de la colonialidad y al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

Para salir de la condena de la reiteración fatal de la subsunción y subordinación de la acción a la reproducción de la colonialidad, la dominación y la explotación se requiere mantener el fuego, buscar, en contraposición, la liberación de la potencia social, la constitución de la comunidad, la autogestión y el autogobierno.

La maquinaria de la corrupción

 

Se podría decir que se trata de un “sistema”, si no fuera que este concepto se refiere a la complejidad del funcionamiento de las formas de vida y sociales, pero la analogía al funcionario mecánico, correspondiente a la articulación de la composición de los engranajes conectados, muestra la “reproducción” máquina de su funcionamiento perverso; entonces solo provisionalmente se puede hablar de “sistema” de corrupción.  Se trata de la maquinaria de la corrupción, cuyo diagrama de poder atraviesa las instituciones del Estado.

La maquinaria de la corrupción atraviesa al campo político, es más, los partidos políticos son parte de sus engranajes, articulados a los Órganos de Poder del Estado; articulados a la empresas, sobre todo a las empresas trasnacionales y extractivistas; articulados al sistema financiero, internacional y nacional. Particularmente los partidos son piezas de la maquinaria cuando están en función de gobierno, también en función legislativa, judicial y electoral. El poder ejecutivo es el dispositivo de la realización del funcionamiento maquínico de la corrupción, el poder legislativo “institucionaliza» la administración adulterada de la “legitimación” sobornada, el poder judicial legaliza la corrosión política y económica institucionalizada, el poder electoral otorga la apariencia “democrática” a la maquinaria de la corrupción.

Se podría decir que todo está pactado y acordado, empero no es del todo así, salvo en los casos efectivamente dados de esta manera; más bien, se da todo anteladamente, como preformación, ya se encuentra inscrito en el mecanismo. Los perfiles políticos y de los funcionarios son tan solo singularidades del funcionamiento de la maquinaria conformada en un pasado mediato e inmediato, que no controlan, pero sí con el que se comprometen. No escapan a la complicidad de la proliferación de delitos encubiertos de la maquinaria de la corrupción, inherente a la maquinaria del poder del Estado.

La población votante asiste a todas las tramoyas de la casta política, a todo el funcionamiento perverso de la maquinaria de la corrupción, embaucada por los aparatos ideológicos del sistema mundo moderno, a escala mundial y a escala nacional. Sin embargo, a pesar de estar sometida al bombardeo mediático, publicitario y propagandístico, en condición de enajenación masiva inducida, también es cómplice, aunque inocente, de la maquinaria de la corrupción.

Salir de círculo vicioso de la corrupción implica la demolición de esta monstruosa maquinaria. Para que ocurra esto se requiere el asumir la responsabilidad de lo que ocurre por parte del pueblo y, en consecuencia, actuar en la demolición. Si no se lo hace se es no solamente cómplice, sino que se establece y reproduce una relación sadomasoquista con el poder.

No hay “retorno a la democracia”

La decadencia política se expresa fehacientemente en la ausencia de imaginación de la casta política; solo atina a repetir mecánicamente trasnochadas consignas, sin contextuarlas ni entenderlas. Habla por inercia un discurso sin contenido, aparentando que dice algo cuando efectivamente no dice nada. Solo es espectáculo mediático. Todas estas falencias se hacen evidentes cuando pretende justificar sus actos anodinos refiriéndose a la “democracia”, que cree que es una puesta en escena para dar lugar a su protagonismo, que también es otro montaje circunstancial.

No hay “retorno a la democracia”, puesto que ésta se ha diseminado hace tiempo, cuando se restringió la democracia, el gobierno del pueblo, el autogobierno, a la democracia representativa y delegada, la democracia institucionalizada como República liberal, el Estado-nación. Después, esta misma democracia se deteriora, adulterándose el funcionamiento de sus instituciones. Formas paralelas de poder, opacas y oscuras, atraviesan a las instituciones del Estado de Derecho. La Constitución se convierte en un escrito simbólico, mientras, efectivamente, en la práctica, no se acata ni se cumple. En la modernidad tardía, ya el lado oscuro del poder controla al Estado, las instituciones “democráticas» son tan solo una máscara, que encubre la realización de los objetivos del lado oscuro del poder. Los medios de comunicación coadyuvan en este encubrimiento al desplegar el aparataje de la invención de la realidad.

Liberalismo y socialismos, aparentemente contradictorios, hicieron de lados opuestos de la simetría en un dualismo de poder, cuyo esquematismo permitía la complementariedad del sistema mundo moderno, la geopolítica contrastante del sistema mundo capitalista. Después, neoliberalismos y neopopulismos, pretendidamente opuestos, desplegaron el esquematismo dualista complementario, conformando un teatro político grotesco, donde las prácticas de gobierno son equivalentes, efectuándose paradigmáticamente, aunque buscando diferenciarse mediante bricolaje discursivos.

La casta política, con todas sus variantes, responde a la reproducción diferida de la acumulación ampliada de capital, en la fase dominante del capitalismo financiero, especulativo y extractivista. El montaje mediático de la pelea de gallos, cada vez más desplumados, los espectáculos mediocres electoreros, están destinados a distraer a la población votante y a embaucar al pueblo.

No se puede salir del círculo vicioso del poder si el pueblo no se libera de la ideología, la máquina fabulosa de la fetichización, de las ilusiones del poder, sobre todo si no se libera de la casta política y del teatro político. Comprender la realidad efectiva, sus dinámicas complejas, requiere de confiar en su propia potencia social. 

Potencia y proyección del pensamiento propio

Potencia y proyección del pensamiento propio

 

Raúl Prada Alcoreza

Potencia y proyección del pensamiento propio

Pachamama

 

Impostura o liberación

La historia del capitalismo es mundial, también la historia del Estado moderno; las peculiaridades nacionales son singularidades en estas historias mundiales. El sistema mundo moderno nos abarca planetariamente. Las culturales específicas han sido fragmentadas y recicladas en el conglomerado articulado del sistema mundo cultural de la banalidad y del consumo. Los folclorismos son los mecanismos de subsunción de lo que fueron las culturas antiguas al sistema mundo cultural de la banalidad; a la vez, son los fetichismos ideológicos provisionales para mantener la ilusión inocente de “autenticidad”. La geopolítica del sistema mundo capitalista se legitima mediáticamente, espectacularmente y folclóricamente.

Hay poses políticas nacionalistas, culturalistas y localismos que siguen la corriente de esta ilusión ideológica y de esta subsunción al sistema mundo de la banalidad cultural. Es más, hasta llegan al colmo de creerse contestatarias, cuando son funcionales al sistema mundo capitalista, cuyos substratos contienen los desenlaces de las olas de conquista y de las olas de colonización, la marcha de la colonialidad recurrente. La mayoría de estos nacionalismos chauvinistas, culturalistas, folclorislistas y localistas optan por el jolgorio electorero, donde pretende legitimarse, mediante la simulación democrática, la dominación de la colonialidad perdurable y el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

La convocatoria al pueblo por parte de estos nacionalismos, culturalismos y folclorismos es una excusa en los juegos de poder, donde variados grupos improvisados pugnan por acceder a la reconfiguración de las élites y recomposición de la casta política. Es así como se reproduce y desenvuelve la colonialidad y la dominación mundial, nacional y local de la acumulación originaria de capital, por despojamiento y desposesión, y la acumulación ampliada de capital, por transferencia de recursos naturales, al centro cambiante de la geografía política del sistema mundo capitalista, y por industrialización. La masa votante es cómplice de la continuidad de la colonialidad y del saqueo de las periferias del sistema mundo capitalista.

Las liberaciones, descolonizaciones y despatriarcalizaciones solo pueden emerger y realizarse por la subversión de la praxis, la liberación de la potencia social, de la potencia de las memorias culturales, que conectan las experiencias sociales de los pueblos con el porvenir vital, la armonía y sincronización de las sociedades humanas a los ciclos vitales planetarios.

 

Metáfora del enseñoramiento

Usemos la siguiente figura para interpretar metafóricamente el fenómeno de la decadencia política:

Los recientes moradores llegaron a una casa en ruinas, que en otros tiempos fue una casa solariega, acogedora y espléndida, hogareña y prometedora, donde los antiguos moradores gozaron de sus comodidades, bondades y residencia placentera. Sin embargo, a pesar de encontrarse visiblemente en ruinas la deteriorada y casi destruida casa, los nuevos moradores, que no conocieron su esplendor de otrora, tampoco su proyección prometedora, creen haber logrado el sueño de su vida, tener la suerte de estar albergados en la famosa casa solariega, que por solo adquirirla obtienen el prestigio y la grandeza de su pasado. Son los “señores” de la casa y, en consecuencia, enseñorean en todo el barrio y hasta en toda la ciudad. No se dan cuenta tampoco que el mismo barrio y hasta la misma ciudad se encuentran gravemente deterioradas. Menos se dan cuenta que enseñorean sobre escombros, para ellos, lo que importa es poseer los títulos de la casa. Se ilusionan con que nada ha pasado, que todo sigue igual como antes, ignoran el deterioro, las ruinas y el mismísimo descalabro.

Si los ocupantes tardíos pretenden enseñorear sobre ruinas, los ocupantes anteriores, inclusive los originales, también pretendían enseñorear, aunque lo hacían en la apoteosis arquitectónica de la casa solariega, bien construida y mantenida. Tampoco estos ocupantes, anteriores y antiguos, lo lograron, pues enseñoreaban en un entorno dominado por las violencias iniciales, la guerra de conquista, y sostenido por las violencias perdurables de la colonización y de la colonialidad. “Enseñoreaban» en un ambiente de apariencias, de ceremonialidades y ritualidades simbólicas; tenían del otro lado a sus siervos y pongos; entonces enseñoreaban sobre despojamientos y desposesiones. Tenían una consciencia sierva, amaban las ilusiones que otorga el poder.

Esta figura, literaria, pude ilustrarnos sobre lo que ocurre en la modernidad tardía y en las periferias del sistema mundo capitalista. Tomemos la casa solariega como metáfora del Estado. La diferencia entre los que gobiernan en la actualidad y los que gobernaron antes, sobre todo al comienzo de la genealogía del Estado, es que antes se contaba con una arquitectura estatal estructurada jurídica, política e institucionalmente, en cambio, ahora, no se cuenta sino con las ruinas de un Estado desmoronado, derrumbado.

Realmente no existe la posibilidad de enseñoramiento efectivo, salvo en las apariencias manifiestas que otorgan las ceremonialidades del poder, la sumisión de la burocracia de funcionarios y la masa elocuente de llunk’us. Esta ilusión de poder va a continuar mientras el pueblo siga el juego de la dialéctica del amo y el esclavo, también de la dialéctica del verdugo y la víctima.

 

Dialéctica de la modernidad

 

No solo hay una modernidad, sino muchas. Para resumir y esquematizar, con el propósito pedagógico de ejemplificar, hablaremos interpretativamente y teóricamente de una dualidad, si se quiere, ilustrativamente, de una dialéctica de la modernidad, lo que denominaban dialéctica del iluminismo Adorno y Horkheimer.

En la crítica de la civilización moderna, que desenvolvimos y expusimos en distintos ensayos, hicimos hincapié en el aspecto destructivo de la modernidad, aunque, de vez en cuando, hacíamos notar que también había otro aspecto de la modernidad, más bien, de apertura y vertiginoso, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire, haciendo paráfrasis de una frase de Marx que, a su vez, hacia paráfrasis a un enunciado que se encuentra en La tempestad de Shakespeare. Si olvidamos este otro aspecto de la modernidad es porque la negatividad destructiva parece preponderar desmesuradamente, sobre todo en los períodos de la modernidad tardía. Sin embargo, no podemos olvidar que la modernidad nace como ilustración, como crítica de razón y como razón crítica, además como liberación de las potencias sociales, en el contexto histórico, social y cultural de este acontecimiento, el del iluminismo.

Vamos a usar la dialéctica de la ilustración de manera metafórica. Entonces diremos que el momento crítico de la modernidad es contrapuesta por la negatividad del momento opuesto, el de la legitimación.  La astucia de este otro momento negativo no radica en que se opone directamente a la ilustración, a la crítica demoledora, sino que usa los recursos de la ilustración y la crítica para amortiguar y limitar sus efectos, si se quiere para docilizar y domesticar la propia ilustración iluminista y la propia crítica demoledora.

Esta merma, este sabotear por dentro a las potencialidades y posibilidades de la ilustración, resultan en plegamientos conservadores de la modernidad. La genealogía constante de este socavamiento conservador, respecto de la vertiginosidad transformadora de la modernidad, termina imponiendo una ruta regresiva, para después convertirse en una ruta conservadora a secas y destructiva. La historia dramática de la modernidad nos muestra el camino sinuoso de una modernidad iluminista saboteada por una modernidad artera, regresiva, retardataria y bizarra, que lleva a las tragedias demoledoras, conocidas en la historia del siglo XX, incluso antes, desde el siglo XVI, como anticipando, desde los comienzos mismos del sistema mundo moderno, emergido de la colonización, avanzando compulsivamente a la destrucción planetaria.

En este transcurso sinuoso de la dialéctica de la modernidad aparecen ilustraciones acortadas, limitadas, barrocas, donde se conjuga una combinación perversa entre crítica, por cierto controlada y acotada, y señoríos teóricos autoritarios. Una de estas ilustraciones barrocas es el marxismo, que, desde sus fuentes mismas, ya preñadas de autoritarismo teórico, ha venido desenvolviéndose como una arqueología de un saber crítico que sabotea su propia capacidad crítica, y una genealogía que marcha indetenible a un autoritarismo descomunal, que adquiere la forma de un dogmatismo, por lo tanto, no saber, vaciado de los antiguos contenidos iluministas olvidados. El marxismo, paradójicamente, siendo crítica de la ideología, derivó en una ideología, que, en el presente, dice muy poco para ser instrumento apropiado en la lucha por las liberaciones múltiples.

En el contexto de la crisis ecológica, que amenaza la sobrevivencia humana, de la crisis de la civilización moderna, que devino sistema mundo cultural de la banalidad, de la crisis del sistema mundo capitalista, dominado por el capitalismo financiero, especulativo y extractivista, se requiere de un iluminismo del iluminismo, de una ilustración de la ilustración, ya convertida en un oscurantismo, se requiere de una crítica de la crítica. Es más, se requiere de la reinserción de las sociedades humanas a los ciclos vitales planetarios; se requiere de la clausura del horizonte de la modernidad y de la apertura a otros horizontes civilizatorios; se requiere salir del círculo vicioso del desarrollo, que no es otra cosa que la marcha fúnebre de la muerte de los ecosistemas; se requiere salir del círculo vicioso del poder, de la genealogía de las dominaciones polimorfas. Estos requerimientos no se pueden dar sin la participación plena de los pueblos y las sociedades, pero esta participación requiere, a su vez, de una deconstrucción crítica, de una descolonización plena, de la diseminación de los dispositivos autoritarios, de los discursos señoriales portadores de la verdad revelada, de los ateridos patriarcalismos.

El chantaje culturalista

Hay un estilo de discurso político que acompaña y acompañó a los regímenes neopopulistas, por cierto, comprometidos hasta la médula con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; encubriendo a las empresas transnacionales extractivistas, que saquean los recursos naturales de las periferias del sistema mundo capitalista; este discurso se esmera por demostrar su “autoctonía”. Para tal efecto se inviste de los símbolos y los ropajes de pretendida “ancestralidad”; se esfuerza por mostrar la pervivencia, encarnada en estos políticos, de un “pensamiento propio”, que data desde los abuelos y más remotamente. En sus discursos hacen gala de términos simbólicos, culturales y lingüísticos, supuestamente heredados, empero nunca desarrollan la idea, la composición desenvuelta del “pensamiento propio»; queda esta emisión propagandística como un resumen corto, atiborrado de títulos y subtítulos, sin sus respectivos contenidos.

El pensamiento existe como propiedad intrínseca corporal, conformado y configurado por procesos culturales locales, nacionales, regionales y mundiales entrelazados. No olvidemos que la cultura se constituye como autorreferencia respecto a otras culturas, entonces tiene una relación heterorreferente con el universo cultural. La cultura es un sistema de interpretación y comunicación, de memoria colectiva y de constitución intersubjetiva, un sistema dinámico de saberes en acción, también en reserva. Las sociedades ancestrales y antiguas nacen en las culturas iniciales y desde las culturas inaugurales nombran al mundo. La modernidad ha fragmentado, incluso, en algunos casos, diseminado las culturas nativas, al colonizar a los pueblos aborígenes. Ha vuelto a reunir estos fragmentos en un bricolaje folclórico; de esta manera el sistema mundo moderno pretende presentarse como multicultural. Empero, a pesar de la fragmentación y diseminación cultural, los sistemas culturales, ancestrales y antiguos, no han desaparecido, se encuentran como configuración inscrita en la conjunción gramatológica de las huellas hendidas en la memoria social. Para que emerja esta memoria se requiere de la liberación de la memoria y la potencia social, encriptadas.

El pensamiento no existe por sí solo, como entelequia, esto sería no solamente ingenuo, sino que denota el acto de cosificación y fetichización ideológico. Esto corresponde a una recolonización enmascarada y disfrazada de “autoctonía” al servicio del despliegue recurrente de la colonialidad y de la geopolítica del sistema mundo capitalista. El pensamiento existe porque los seres humanos piensan, activan la facultad corporal del pensar, contenida en la fenomenología de la percepción. El pensamiento es propio cuando los seres humanos asumen el acontecimiento de la vida como problemática y desafío, inmiscuyéndose en la experiencia social del acontecimiento, padeciendo y gozándolo, construyendo interpretaciones, narrativas y teorizaciones. En cambio, el pensamiento propio no acaece cuando se imitan conformaciones ideológicas preestablecidas, difundidas por aparatos ideológicos y por dispositivos mediáticos, machacadas balbuceantemente por político pajpak’us. Tampoco cuando se folcloriza, cuando ocurre esto se disminuye la potencia cultural, inscrita en la memoria social, a la banalidad de una mística posmoderna.  En este caso hay flojera de trabajar en serio en la emergencia, actualización y construcción del pensamiento propio.

Los “gobiernos progresistas» han manipulado los símbolos culturales con el objetivo de legitimación de la forma de gubernamentalidad clientelar, con esta actitud artera vacían de contenido a los símbolos, a las alegorías simbólicas, a los sistemas culturales, que no dejan de ser dinámicos. Los “gobiernos progresistas» han manipulado los nombres y categorías del socialismo, que es una utopía, vaciándola de contenido, con la finalidad de legitimación del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que practican. Los “gobiernos progresistas» han manipulado los conceptos comunitarios, vaciándolos de sus contenidos subversivos y ecológicos, buscando la legitimación del despliegue recolonizador de las políticas neopopulistas.

 

 

Hipótesis sobre el pensamiento propio

La ciencia, la filosofía, el pensamiento antiguo, que, obviamente no podemos homogeneizarlo, tuvieron como referencia, también como problema, a los llamados elementos, el agua, la tierra, el aire y el fuego. Esta referencia puede variar en sus señalamientos, idiomáticamente y culturalmente, incluso pueden variar en su número los elementos de referencia, sin mencionar todavía al quinto elemento, más bien, abstracto, indefinido e indeterminado, que Alexandro de Mileto denominaba ápeiron, que viene a ser el arché, el origen. En otras palabras, las sociedades antiguas han concebido el cosmos a partir de los elementos, por lo tanto, de cómo se combinan y componen los elementos conformando así el mundo. Las interpretaciones de cómo ha acontecido y acontece varían según culturas y escuelas; es en esta variación donde podemos compararlas y atender a sus analogías y diferencias, obteniendo la singularidad de sus cosmovisiones.

En el continente de Abya Yala, antes de las oleadas de conquista y de las oleadas de colonización, las sociedades antiguas del quinto continente configuraron cosmovisiones propias, adecuadas a la experiencia social, territorial y cultural vivida por los pueblos nativos. Las narrativas simbólicas, las alegorías y mitologías continentales sostienen, por así decirlo, narrativas interpretativas singulares, que conjugan clasificaciones, taxonomías, medidas y magnitudes, observadas y calculadas, cósmicas y terrestres, aplicadas a la agricultura, con interpretaciones sobre los orígenes del fuego, del agua, de la tierra y, también, dependiendo de la figura metafórica, del aire. También los mitos continentales se refieren al origen de la recolección y de la caza, al origen de los instrumentos de caza y de las armas, al origen de la agricultura, así como al origen de la artesanía, también al origen de la cocina, de la culinaria y de la mesa. Se podría decir, como lo expresa Claude Lévi-Strauss, de alguna manera, que se trata de una consciencia de la naturaleza y de la cultura.  No dijimos, a propósito, consciencia de la diferencia entre naturaleza y cultura, que es lo que termina estableciendo la antropología estructural, puesto que, más bien, puede darse una conjunción dinámica entre naturaleza y cultura en las sociedades precolombinas de Abya Yala.

El término pacha, en aymara y en quechua, alude precisamente a esta conjunción dinámica entre naturaleza y cultura. Se ha interpretado, por intelectuales andinos, que pacha expresa la dualidad del espacio y tiempo, aproximando el concepto pacha al concepto del tejido espacio-tiempo de la física relativista y cuántica. Se trata de interpretaciones contemporáneas. También, desde la antropología, se ha interpretado pacha como dualidad complementaria, la dualidad que mueve y conmueve la organización social del ayllu. Se trata de otra interpretación, que compartimos en ensayos anteriores al colectivo Comuna y durante la actividad de este colectivo. Lo que nos interesa ahora es proponer hipótesis interpretativas de la constitución del pensamiento en las sociedades antiguas precolombinas. Es distinto a hablar de la constitución del pensamiento propio después de la conquista y la colonización, abarcando los períodos coloniales y los periodos republicanos, hasta llegar a nuestros días, cuando se busca recuperar el pensamiento propio o, desde otra perspectiva, construir el pensamiento propio, teniendo en cuenta la remoción arqueológica de los saberes.

Volviendo a la conjunción de naturaleza y cultura, la hipótesis retoma esta premisa y propone que para las sociedades precolombinas la cultura es una continuidad de la naturaleza, para decirlo de ese modo, usando términos conocidos en la ciencias humanas y sociales, que se remiten a la physis y a la noesis de la filosofía griega. Entre cultura y naturaleza se pliegan y despliegan tejidos fácticos y tejidos sociales, ligazones prácticas y ligazones imaginarias. Todo un entramado de conexiones, articulaciones, metamorfosis y transformaciones, pasando por adaptaciones y adecuaciones, conllevando equilibraciones. Entonces se entiende que los mitos se remitan no al origen del humano sino a la anterioridad de la aparición humana, de la aparición de la gente, es decir, se remite a la anterioridad de las plantas y animales, de la tierra, de los bosques, de las montañas, de las aguas, por cierto, de los ríos, se remite a la anterioridad de las estrellas, del sol y la luna. Es de esta anterioridad que los humanos aprenden. No hay pues humanos sino devenir planta, devenir animal, devenir humano. Metamorfosis.

La segunda hipótesis propone que este devenir naturaleza y devenir cultura es el substrato de la experiencia social, colectiva y comunitaria, así como de las memorias de los pueblos nativos, dando lugar a la emergencia de imaginarios culturales y formaciones expresivas simbólicas y narrativas, que se estructuran a partir de la idea de ciclo. Pacha Kuty, en quechua, significa gran cambio o trastorno en el orden social y político, sinónimo también de cataclismo. Pacha Kuty, en tanto tiempo y espacio, implica regreso, kuty, a la pacha, al espacio y tiempo, a un nuevo ciclo cósmico, también social, que puede interpretarse como de alcance civilizatorio. Entonces, la idea de ciclo es primordial en la cosmovisión andina.

El término pacha tiene variadas connotaciones, se usa para referirse al gobierno territorial, entendiendo territorio en su acepción espacio temporal, como movimiento, cuando se nombra Pacha Kamaq. Aunque también tiene una connotación cósmica al referirse a la causa de la creación. Así mismo tiene connotaciones catastróficas cuando se refiere a cataclismos, como terremotos, cuando se menciona pacha kuyuy. Del mismo modo, adquiere el significado de luz universal, cuando se habla de pacha k’anchay. En un sentido específico se remite a la madrugada, cuando se dice pacha paqariy. Abriéndonos a más connotaciones pacha también significa época, es decir, ciclo largo; otra connotación es mundo; con mayor alcance, universo, cosmos. Pacha, entonces, es un término polisémico, abierto a connotaciones múltiples, dependiendo del uso práctico o teórico del lenguaje; empero, este mapa semántico, tiene como un núcleo de sentido, si se quiere de sentido inmanente, este sentido es el de la configuración de ciclo.

La tercera hipótesis se propone una búsqueda retrospectiva a partir de un hito histórico, donde se persigue precisamente el retorno a los dioses, un movimiento de resistencia contra la conquista y la colonización, dado en el siglo XVI, llamado Taki Unquy, que hemos interpretado, en ensayos anteriores, como el camino de retorno a los dioses, pero cuya traducción puede significar canto de la enfermedad o enfermedad del canto. Taki, en quechua, se traduce por canto, takina significa canción; pero, takillpa quiere decir talón, taklla, cuando se encuentra en chaki taklla, significa arado de pie. Quizás por esta connotación taki también se comprende como camino, en su expresión, mas bien, alegórica. En todo caso, la aproximación de canto y camino viene a ser altamente significativa de manera metafórica.

Entonces, este retorno a los dioses es el retorno a las huacas, a las deidades andinas, abandonadas desde la conquista, cuando se impuso la religión cristiana, exigiendo la fe monoteísta. Es el retorno al politeísmo y, se quiere, al animismo, aunque mejor suena al panteísmo. En consecuencia, podemos encontrar un substrato politeísta en el pensamiento andino. Hemos dicho que se trata de un pensamiento del devenir, ahora decimos que, en todo caso, se trata de un pensamiento plural más que dualista, que es lo que establecen las interpretaciones conocidas académicas. Por lo tanto, no se trata tanto de complementariedad dual sino de complementariedad plural. Se trata de la armonía no solo, volviendo a la exposición inicial, de los elementos primordiales, sino de la armonía o sincronía de los distintos ciclos vitales.

La cuarta hipótesis propone la concepción de un movimiento circular, que no necesariamente es el ciclo, pues se trata de la forma circular, también esférica, así como de remolino; estas son las connotaciones del término muyu, que significa círculo, también, en otra connotación, fruta. Muyuchay quiere decir redondear, muyuchiy hacer girar, muyupayay merodear, en tanto que muyuq wayra significa torbellino. Las implicaciones prácticas de esta concepción del movimiento circular son múltiples en la vida social de las comunidades, por ejemplo, la rotación de mandos en el ayllu.

La quinta hipótesis propone la concepción de la reciprocidad o ayni. Esta reciprocidad tiene que ver, desde una mirada interpretativa más amplia y más profunda con lo que la antropología de Marcel Mauss denomina don o circulación del don. Aunque los estudios etnográficos de Mauss se localizan en la polinesia, en Samoa, en Maorí, en las islas Andamán, en Melanesia, en Nueva Caledonia, en Trombriand, en América del Norte y, a través de los estudios de Bronislaw Malinowski, se basó en el intercambio del kula, la institución del Potlach, Dominique Temple aplicó el concepto de reciprocidad a las regiones andinas, amazónicas, del Caribe y México, ampliando ostensiblemente la geografía de irradiación de la circulación del don y de la complementariedad de la reciprocidad.

La sexta hipótesis propone la concepción transversal de la complementariedad, que mueve el cosmos, el mundo, que mueve a las sociedades y comunidades. La complementariedad integra, armoniza y sincroniza.

La séptima hipótesis es propiamente filosófica, para decirlo de esa manera. Propone la sabiduría a partir de la comprensión mediante la noción, yacha, en quechua. Sabiduría, yachay, que se logra a través del aprendizaje, yachaqay, y la enseñanza, yachachiy. El aprendizaje requiere de la experiencia de recorrer el camino de la sabiduría; este camino es el de la intuición, de la comprensión, del entendimiento y del conocimiento de la complejidad de las dinámicas integrales y de los ciclos de la pacha.

Ahora bien, estas son meras hipótesis prospectivas, en el boceto de un análisis retrospectivo del pensamiento propio ancestral de las sociedades y comunidades precolombinas de Abya Yala.  Se requiere contrastarlas mediante investigaciones multidisciplinarias, no sólo etnohistóricas, pues no son suficientes, sino arqueológicas, también semiológicas, como las que se dieron respecto a la lengua maya, logrando descifrar los códigos binarios de la escritura jeroglífica maya, escritura silábica. Los códigos de la escritura maya, las formas de expresión, son parecidas a las inscripciones de Tiwanaku.

Ahora bien, estudiar y abordar el pensamiento propio después de la conquista y la colonización, requiere de otro enfoque que, aunque incorpore el enfoque sobre el pensamiento propio ancestral, amerita desplazamientos que abarquen los trastocamientos civilizatorios y culturales dados durante los periodos coloniales y los periodos republicanos. Así como abordar la tarea del pensamiento propio en la actualidad requiere de una evaluación crítica de los movimientos de descolonización y de liberación dados durante el siglo XX y principios del siglo XXI. No hacerlo, equivale a renunciar al pensamiento propio y optar por la impostura demagógica de la ideología neopopulista, indigenista, no indianista, que implica radicalidad; ideología que degrada, vacía contenidos, banaliza, folcloriza y termina subsumiendo y subordinando los actos, las expectativas y las pretensiones a nuevos procesos de recolonización.