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Consideraciones filosóficas e históricas-políticas

en los espesores de la coyuntura

Consideraciones filosóficas e históricas-políticas

en los espesores de la coyuntura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Consideraciones

 

 

Artista huichol

 

 

 

 

 

 

Horizontes restringidos y horizontes nómadas

 

Edmundo Husserl configuró el concepto de horizonte y en plural de horizontes. Se refiere a la apertura que se da el sujeto social, dada su situación originaria y, después, condición de cambio, también de transformación. Su situación inicial estaría dada naturalmente, en la naturaleza, en tanto forma parte de su cuerpo y, a partir del mismo, de la interrelación con los demás cuerpos y cosas. El mundo físico estaría dado por el conglomerado de cosas a las que asiste con su experiencia, el mundo natural estaría dado por el conglomerado de cuerpos con los que se relaciona e interactúa, estableciendo una atmósfera de empatía, todavía no representada. El mundo animado está conformado por las vivencias experimentadas por los cuerpos en las dinámicas de la naturaleza; este mundo supone el substrato del mundo material, que es conformado por el universo de cosas, mundo material al que se accede, sin embargo, a través de los sentidos y sensaciones, es decir por los fenómenos captados por la percepción. Es entonces el cuerpo el operador, si se quiere, el constructor del mundo material, así como del mundo natural animado. La empatía, que supone el reconocimiento, es decir, el substrato de la intersubjetividad, es experiencia primordial de constitución de la subjetividad, la constitución del sujeto, tanto solipsista como social, pues no pueden darse sino de manera recíproca, complementaria y diferenciada, siendo la condición del sujeto social más abstracta que la condición del sujeto solipsista, puesto que el soneto solipsista supone vivencias originarias experimentadas en el propio cuerpo. Sin embargo, el sujeto solipsista solo es posible a través del sujeto social, pues requiere de los recursos que tiene el sujeto social para comprenderse, incluso para configurarse a sí mismo. Esta diferencia radica en que el sujeto social supone no solo la interactividad entre sujetos, empatía y reconocimiento, sino también el uso del lenguaje y la inmersión en la cultura.

 

El cuerpo, en tanto materia animada, que supone la interrelación corporal, además de la interrelación entre sujetos, por lo tanto, supone los ámbitos del conglomerado de cuerpos y del conglomerado de sujetos, y en tanto se trata de cuerpo humano, constituye un yo, un cogito, de manera racional, siendo la razón una facultad también del cuerpo, solo que de un nivel más abstracto, pues utiliza las dinámicas sensorio-motoras y las dinámicas pre-interpretativas del sistema nervioso, que codifica y decodifica fisiológicamente el placer y el dolor, comprende, en cuanto ser animado, el alma, que es, según Husserl, la comunidad.  Hay alma en todo ser animado, por lo tanto, lo hay no solamente en el humano, solo que en el caso humano suponen la comunidad corporal y la comunidad de sujetos. En otras palabras, desde esta perspectiva compleja, no se trata una secuencia lineal de substratos y ámbitos, el material, el natural, el cultural, sino de que, siendo, el cuerpo humano el operador en esta conjunción entrelazada e imbricada de ámbitos, asistimos a la simultaneidad dinámica e integrada de los ámbitos diferenciados.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lecciones sobre democracia

 

Cuando se reclaman derechos y después se atropellan derechos de otros se pierde el derecho a reclamar derechos, incluso a tenerlos. La victoria electoral otorga legitimidad, pero si se usa esta legitimidad inicial para atropellar y ejercer autoritarismo y despotismo, se pierde inmediatamente la legitimidad. También se pierde el carácter democrático del gobierno, cuando se gobierna de esta manera el gobierno se convierte en ilegítimo. Ningún gobierno es imprescindible, solo el pueblo es inmortal, parafraseando a Maximilien Robespierre.

 

Hay gente, dedicada a la política, de una manera deportiva, a la que le basta ponerse la camiseta para fanatizarse y ver al contrincante como a un enemigo que hay que descalificar de entrada por llevar la otra camiseta. Esta gente confunde la política con un partido de fútbol. Hay gente dedicada a la politiquería, que cree que una victoria electoral es una entrega de un cheque en blanco, entonces cree que puede hacer lo que quiera y poner la cifra que quiera; estos politiqueros, “revolucionarios” de pacotilla o, en su caso, conservadores recalcitrantes y prepotentes, confunden la política con un banco especulador y de esquilmación. Cuando se llega a esto es que la política y la democracia han muerto; sobre sus cadáveres putrefactos se ejerce el poder. Pero, lo peor de todo esto es que hay gente que vota por ellos. Cuando ocurre esto, el pueblo ha muerto, sobre su cadáver danzan los saltimbanquis.

 

La bribonada no es un ejercicio democrático, vale para los juegos de la vida cotidiana, pero no es un recurso propio de la política, salvo si es un tramposo el que lo practica.  El tramposo confunde la política con el juego circunstancial. Estas son sus limitaciones. Tampoco la imposición forma parte de la práctica ortodoxa de la política, esta práctica de la imposición, el forcejeo, el atropello y la suspensión grotesca de las reglas democráticas forman parte de la violencia. Se trata de una costumbre patriarcal, donde se ventilan las profundas frustraciones ateridas y el resentimiento acumulado, el espíritu de venganza se deleita con saña. Esta actitud es de catarsis, nada más. No tiene alcance ni durabilidad, lo único que ha ocurrido es que se evidencian las miserias humanas. En consecuencia, la democracia desaparece para dar lugar al jolgorio provisional de las venganzas pequeñas. Esto no tiene horizonte ni provenir, es el momento en que los que perpetran estos actos cavan su tumba.

 

 

Crisis múltiple del Estado-nación y del orden mundial de las dominaciones, el imperio

 

En plena crisis múltiple del Estado-nación y del orden mundial, del imperio, de la civilización moderna, del sistema-mundo capitalista, tanto en su versión liberal como en su versión socialista, así como en las versiones barrocas neoliberales y neopopulistas, el poder apunta a la virtualidad, dado que no puede resolver sus problemas de legitimidad. Nada es real, en el sentido efectivo, todo se ha vuelto una construcción mediática, virtual, cibernética y adulterada, empleando instrumentos sofisticados y técnicas y procedimientos de montajes espectaculares, cuya manipulación es imperceptible. Ante este nuevo ataque de la genealogía de las dominaciones contra los pueblos, la vida y la democracia, que busca el control y la vigilancia absoluta de las poblaciones, los pueblos tienen la responsabilidad de defenderse radicalmente, de defender la vida integralmente, de defender la democracia contra el círculo vicioso del poder, su lado institucional y su lado oscuro.  La guerra contra la vida y los pueblos ha sido declarada.

 

La política, como tal, ha desaparecido. Lo que hay es comercio, negocio y negociaciones, espectáculos mediáticos, burdos montajes, comportamientos crápulas y sobretodo cinismo descomedido. Uno de los candidatos, en las recientes elecciones nacionales, ha declarado abiertamente, sin rubor, que ha comprado su candidatura a la presidencia. Para el colmo es pastor. ¿Qué clase de religión pregona este señor? Otro candidato a la presidencia hace pública la grabación de su candidato a la vicepresidencia, donde le pide dinero por su participación. Su alianza política, que no se sabe en qué cree y qué crea, paga por la participación en sus marchas. Los partidos políticos electorales participan en las elecciones, aunque sea por un curul, para negociar en el Congreso. Los partidarios del anterior gobierno, anterior a la “transición”, clientelar y corrupto, denuncian de un posible fraude electoral, cuando han sido los maestros sin escrúpulos de una serie de fraudes, al cual más escandaloso. Ahora, después de las elecciones nacionales, le toca a la “oposición”, acusar de fraude electoral. Esto no es política, es decadencia. Lo peor es que hay gente, población que vota por esta clase de personas, ejemplos del derrumbe ético y moral. Son cómplices de esta degradación generalizada y la destrucción del país. Lo grave que los medios de comunicación toman en serio esta extravagante comedia burlesca. ¿Qué clase de debate puede haber entre estas personas, antes, durante las elecciones nacionales, en las vísperas de las elecciones subnacionales?

 

 

 

 

La forma de gubernamentalidad clientelar

 

El gobierno de la forma de gubernamentalidad clientelar durante una década, sin contar con los cuatro años de la primera gestión, antes de la promulgación de la Constitución, no solo ha desmantelado sistemáticamente la Constitución, para servir mejor a los intereses de las empresas trasnacionales y del conglomerado de burguesías, burguesía agroindustrial, burguesía ganadera, burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, además de la burguesía rentista, el entorno palaciego del caudillo déspota, sino que ha intentado hacer la reforma de la Constitución, intentando liberarse de los candados puestos en temas cruciales del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. Ahora, el nuevo gobierno neopopulista barroco, salido de las últimas elecciones nacionales, intenta revisar la Constitución con la excusa de modificar la elección de los magistrados. Sabemos que los agentes encubiertos de las empresas trasnacionales extractivistas y del imperio buscan modificar la Constitución para beneficio de la nueva oligarquía en alianza con la antigua, además de su servidumbre respecto a la hiperburguesía de la energía fósil que domina el mundo. La responsabilidad del pueblo y de los constituyentes es evitar esta maniobra neopopulista que, después de desmantelar la Constitución, persigue su evaporación. En defensa de lo logrado por la movilización prolongada y el proceso constituyente debemos decir y actuar: ¡No se toca la Constitución!

 

 

 

 

 

La inclinación a la mentira

 

Tienen una inclinación a mentir, sobre todo, apego a presentarse como víctimas, aunque no lo sean y más bien sean agresores compulsivos, aprovechando su condición de dirigentes o representantes. Se construye una narrativa elemental e insostenible, salvo para el imaginario de políticos oportunistas y pragmáticos. El problema radica en la decadencia política, que incluye la decadencia sindical y de los partidos, que se inventan representaciones y desprenden promesas trasnochadas incumplibles.  Se trata de los nuevos perfiles de la burguesía nacional, burguesía sindical, burguesía rentista, burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, en alianzas intermitentes con los perfiles tradicionales de la burguesía y sus nuevas configuraciones, burguesía ganadera, burguesía maderera, burguesía de tráfico de tierras, burguesía agroindustrial y burguesía financieras. Estas burguesías locales son subalternas a la hiper-burguesía de la energía fósil, que domina el mundo. En una modernidad bizarra no es insólito que parte de estas burguesías se disfracen de “revolucionarias” para conseguir sus objetivos depredadores, que son los de la acumulación originaria y ampliada de capital, a costos excesivamente altos, la destrucción de los ecosistemas y los tejidos sociales. Llegando al control territorial perverso de los Cárteles y las mafias de toda clase, cuya consecuencia es el derrumbe catastrófico ético y moral, que deriva en la denigración humana y el incremento desmesurado de los tráficos y las tratas.

 

Los paramilitares de los Carteles han reiniciado su guerra contra el pueblo y la sociedad. El pueblo tiene que defenderse formando grupos de autodefensa. Defensa de la democracia, de la vida, de los bosques. Los Cárteles tienen control territorial; es menester la liberación del territorio del control del narcotráfico.

 

Ante este panorama apocalíptico, los pueblos deben defender radicalmente la vida, los ecosistemas, los tejidos sociales y la democracia. Lo que viene será de una dura y cruenta lucha, en plena niebla mediática y elocuencia de diatriba política. El pueblo, los pueblos indígenas, los tejidos sociales, las memorias y los saberes sociales deben prepararse a afrontar la guerra declarada del imperio camuflado, los conglomerados de Cárteles y empresas trasnacionales, apoyados por la casta política más descarada.

 

Un decantado correista, excanciller ecuatoriano, opina en RFI respecto a las elecciones en Bolivia, repitiendo las sandeces de los mal llamados “progresistas”, “revolucionarios” de pacotilla. Niega el escandaloso fraude electoral del 2019 comprobado empíricamente, informáticamente, estadísticamente y por la OEA. El escandaloso fraude comenzó desde el desconocimiento de la Constitución, después del referéndum, la voluntad popular, apoyándose en la tramoya leguleya que usa un argumento estrambótico, “derecho humano” de Evo Morales a reelegirse indefinidamente. El “opinador” devela su demagogia elevando a la enésima potencia su desconocimiento de la historia política reciente de Bolivia y América latina, falta saber si desconoce también la historia política reciente de Ecuador. RFI ha perdido seriedad en los análisis sobre América Latina.

 

 

 

 

Sobre el despilfarro y la década perdida

 

Manejaron y administraron más de 200 mil millones de dólares, se evaporaron. Las reservas internacionales acumuladas bajaron en más de la mitad; lo hicieron sin consultar al pueblo boliviano, propietario de los recursos. Tampoco rindieron cuenta de esos usos arbitrarios de los stock y flujos dinerarios. Creen que los pecados de la “transición” limpia sus demoledores pecados de la década perdida. Comienza el electo presidente con olvidos y mentiras, como sus antecesores.

 

 

El llamado de la Madre Tierra

 

El llamado de la Madre Tierra, su convocatoria primordial, es defender la vida. Contra los ecocidas y criminales de la naturaleza y de los pueblos. Esta gente usa argumentos trasnochados y reputados empírica e históricamente, además por la ciencia. La responsabilidad del pueblo es parar inmediato este ecocidio, etnocidio y homicidio diferido de los transgénicos, detener en el acto este crimen de lesa naturaleza. No hacerlo equivale a complicidad con el crimen organizado.

 

 

La mercantilización de los héroes

 

Ernesto “Che” Guevara, el legendario guerrillero, combatió toda su vida contra el imperialismo y las dominaciones burguesas locales. Un hombre de acción, comprometido con las luchas de liberación nacional, que siempre estuvo muy lejos de alagar el “cretinismo parlamentario”, como también lo denominaba Vladimir Ilyich Lenin. La decadencia política en la modernidad tardía ha terminado comercializando su figura emblemática y los “revolucionarios” de pacotilla usan como emblema de campaña electoral su imagen destacada. Esta desvalorización extrema de la trayectoria de vida revolucionaria del guerrillero legendario en los estandartes de los políticos neopopulistas muestra patéticamente el alcance de la desorientación ideológica de esta gente.

 

 

 

Meditaciones en el ojo de la tormenta

Meditaciones

en el ojo de la tormenta

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Meditaciones en el ojo de la tormenta

Ojo de la tormenta

 

Meditaciones filosóficas

 

Pensamiento y realidad

La realidad ha sido y es un desafío para el pensamiento, aunque el pensamiento no deja de formar parte y pertenecer a la realidad. Se puede decir que el pensamiento o, mejor dicho, el devenir pensamiento, deviene, de los devenires de la realidad o, si se quiere de las dinámicas complejas e integrales de la realidad. Concretamente el pensamiento forma parte de la fenomenología de la percepción y de la fenomenología corporal, ambas fenomenologías son componentes de las fenomenologías ecológicas. Ciertamente pensar tiene que ver con razonar, pero tenemos que insistir que hablamos, de manera integral del razonamiento concreto, que se potencia en la fenomenología de la percepción. Lo que se ha venido en conocer como razón abstracta no es más que una forma acabada del razonamiento concreto; no hay razón abstracta independiente de la percepción y de la experiencia corporal, salvo en el imaginario de la filosofía moderna. Entonces, se puede decir que pensar es razonar con todo el cuerpo, con toda la experiencia corporal, que, en lo que respecta a los entramados corporales, se amplifica como experiencia social.

Pensar es interpretar la realidad, lo que equivale a hacerse cargo de la realidad desde las configuraciones del pensamiento, es decir desde las intervenciones intelectivas hechas usando el lenguaje y recurriendo a la cultura. Tanto el lenguaje como la cultura tienen sus historias constitutivas, de desplazamiento y de transformación, aunque este último acontecimiento se dé de manera, mas bien, diferida. Pensar también es reflexionar, considerar un tópico, una temática, una problemática, incluso considerarse a uno mismo, analizar, evaluar, interpretar. El pensar se desenvuelve en íntima relación consigo mismo y con el mundo. El pensamiento puede realizarse en distintas formas de expresión, ideas, metáforas, configuraciones, narrativas; en lo que respecta a la filosofía se construyen conceptos. Las ciencias también construyen conceptos de otra índole, descriptivos y explicativos, en tanto que los conceptos de la filosofía son ideas sintéticas, corpus teóricos de sistemas interpretativos.

La realidad es operada por el cuerpo, por el entrelazamiento corporal, por el entrelazamiento social, por el entrelazamiento cultural, por la intersubjetividad, por el espíritu, que corresponde a la comunidad. Entonces se puede hablar del devenir realidad, desde el devenir corporal, desde el devenir social, desde el devenir cultural, que suponen la constitución de la materia, la constitución de la naturaleza, la constitución de la realidad, la constitución del espíritu. Podemos situar la construcción conceptual en la fenomenología de la percepción, basada en la experiencia corporal, en la experiencia individual, singular, y en la experiencia social. Entonces los conceptos vienen a ser devenir teórico en el devenir realidad, realizaciones teóricas de la fenomenología de la percepción.

Pensar es comprometerse, es también exponerse, ser comunidad, es colocarse en situación vulnerable, hurgar con la mirada a los propios espesores del cuerpo, es tomar consciencia de la propia condición existencial de la condición humana. Sus posibilidades y potencialidades. Hay que aclarar, el pensamiento no es imitar pensar, hacer teatro donde se actúa como pensador. El pensamiento supone la experiencia del padecer, así como también supone a la experiencia del goce, a la plenitud de la alegría; el pensamiento acude a la experiencia del sufrimiento, así, como también, en contraste, acude a la experiencia del entusiasmo. El pensamiento acude al leguaje y a la cultura, otorga la palabra a la experiencia; es decir, otorga, la palabra al cuerpo, en consecuencia, el cuerpo habla.

Hannah Arendt se forma en filosofía, estudia filosofía, se hace filósofa. Empero, no está contenta con este logro, pues le parece un logro abstracto y limitado ante los desafíos de la situación y la coyuntura local, nacional, continental y mundial. Siendo consecuente, teniendo en cuenta su compromiso, opta por la política. Se puede decir que inaugura una nueva configuración de la filosofía política y de la política que habla filosóficamente.

La tesis de doctorado de Hannah Arendt es sobre el amor en la filosofía de San Agustín; en la tesis distingue el amor placentero y el romántico del amor al creador, también lo distingue del amor al prójimo. El amor al prójimo es lo que caracteriza al cristianismo; por este recorrido, el cristianismo es lo que se convierte en uno de los substratos del acontecimiento del renacimiento, después en uno de los contenidos implícitos del humanismo. Pero, el humanismo no puede asumirse solamente abstractamente, sino en sus específicas singularidades, entonces en las demandas concretas de los que padecen y gozan las proliferantes vivencias de la hominización y de la humanización. La experiencia dramática del periodo de la entreguerra y, después, de la posguerra, la lleva a la toma de consciencia de su condición ineludible de judía. Se ve obligada a defenderse ante los avasallamientos del nacional socialismo como judía, no solo como ciudadana del mundo y portadora de los derechos humanos.

Sus investigaciones sobre el romanticismo le llevan a descubrir la intensa trayectoria de vida de Rahel Varnhagen, historia de vida con la que se identifica. Le dedica un ensayo reflexivo sobre la condición judía en la modernidad, en lo que respecta al referente del análisis, sobre la condición judía en el siglo XIX, La vida de una judía.  Este ensayo es una excusa para la auto-interpretación y la introspección propia. Hannah Arendt se interpreta desde la biografía intensa y problemática de Rahel Varnhagen.

Orígenes del totalitarismo se escribe después, cuando se encuentra ante los desenlaces histórico-políticos, cuando se requiere hacer un balance integral de lo que pasó en ese periodo beligerante y ultimatista del siglo XX. Hay que tener en cuenta que Hannah Arendt renuncia, por así decirlo a la filosofía, y opta por la política, se convierte en una activista política, activista política como judía, pero también como militante antinazi; posición política que deriva en su proyección política de la Confederación Judío-Árabe. El contexto de los Orígenes del totalitarismo abarca la historia de la modernidad, sus ciclos largos, económicos y sociales; lo llamativo es que esta historia coincide con el nacimiento y desplegué, además del desenvolvimiento del racismo. El racismo, entonces, es un fenómeno moderno. Sintomáticamente el racismo coincide con la conformación del Estado moderno, del Estado-nación, cuando el mito de la nación se opone a los emigrados incorporados, asimilados o no, a la sociedad , empero, no así al sistema de los derechos ciudadanos. En el caso europeo, sintomáticamente, el Estado-nación se opone efervescentemente, al pueblo judío, considerándolo en sus distintas estratificaciones, inclusive, en la pirámide de la jerarquía de la estructura social, a la excepción privilegiada que era la burguesía financiera judía, burguesía que financió a las monarquías absolutas, que incluso, en algunos casos, fue asimilada a la aristocracia y a la nobleza. Cuando se buscó la implementación de la ciudadanización de los judíos, a partir de las normativas napoleónicas, la burguesía financiera se opuso a esta democratización de los derechos ciudadanos, porque abolían el privilegio de la excepcionalidad en tanto partícipe de la clase dominante. 

El antecedente de este racismo en la genealogía de la modernidad es el colonialismo; el colonialismo es el sustrato de donde emerge el sistema mundo capitalista. Primero comienza el colonialismo moderno en la inauguración misma de la modernidad, cuando la tierra se constata como esférica, cuando el mundo es mundo, es decir, cuando adquiere la condición plena de abarcamiento mundial, cuando, dicho literariamente, los siete mares se integra, así como los mercados, y se da lugar propiamente al mercado mundial. También cuando los productos de la tierra, de las regiones, de las localidades agrícolas, circulan por todo el orbe planetario. Esto ocurre después de la conquista de Tenochtitlan. Hannah Arendt analiza el colonialismo africano, cuando las potencias imperialistas europeas se reparten el continente del África. Tomar en cuenta este antecedente es sumamente importante y esclarecedor en lo que respecta al fenómeno de la deshumanización. Se convierte a los humanos en cosas, para después convertirlos en esclavos, posteriormente, durante el colonialismo del siglo XIX, en plena revolución industrial, la expansión “civilizatoria” europea despoja a los pueblos africanos de sus territorios, de sus recursos naturales y de su soberanía. Las culturas nativas son destruidas o fragmentadas, marginándolas o arrojadas a las sombras. El desconocimiento del derecho de los pueblos y las naciones, la suspensión de los derechos del hombre, que después van a ser nombrados como los derechos humanos, hace desaparecer la política, sustituyéndola por la concurrencia de geopolíticas anacrónicas. Estas dinámicas coloniales, acompañadas por las dinámicas económicas de la expansión extraterritorial, el imperialismo, subordinan el Estado nación a la lógica expansionista imperialista.

Durante el siglo XIX tanto el Estado nación, así como el imperialismo, ingresan a la crisis múltiple de estas formaciones histórico-políticas. La concurrencia imperialista, es decir, la paz imperialista se clausura, deriva en la conflagración bélica continental y mundial.  Se desata la primera crisis de sobreproducción, que adquiere la forma de la crisis económica de 1929; la recesión, el paro, la inflación y el disfuncionamiento financiero son los síntomas de la crisis del ciclo del capitalismo vigente. Todo esto repercute en la crisis social y en la crisis política, es decir, en la crisis de legitimación y crisis institucional. En este contexto se dan movimientos sociales y movimientos políticos de magnitud, que, en algunos casos, deriva en revoluciones. Empero, también se dan fenómenos sociales y políticos que canalizan el ímpetu del descontento social a formas anacrónicas y recalcitrantes de conservadurismo barrocos. En unos casos de carácter nacionalista y chauvinista; en otros casos en la conformación corporativista de la política, el fascismo; en un tercer caso se manifiesta como totalitarismo, que es el concepto que construye Hannah Arendt. El fenómeno del totalitarismo adquiere la forma dualista, simétrica, paradójicamente, contrastada y complementaria, del nacional socialismo, por un lado, y del estalinismo, por otro lado, es decir, la revolución socialista institucionalizada, burocratizada y convertida en la máquina abstracta del poder, deshumanizado y vaciado del ejercicio de la política, salvo la pronunciada propaganda y la difusión “ideológica” banal y proliferante. Estos totalitarismos, que se proponen la dominación mundial, van más allá de las pretensiones de los imperialismos, que eran básicamente expansiones desbordantes económicas. Los totalitarismos pretenden el dominio absoluto planetario, integrando todos los campos sociales a la adecuación instrumental que se encamina a la realización de una finalidad abstracta, que en sentido concreto implica la muerte no solo de la política, sino de la sociedad y de la humanidad.

La pregunta

No hay que preguntar, qué se busca cuando se lo hace, ¿la pregunta por el sentido del ser? El sentido es el hogar añorado donde esperamos refugiarnos al volver, como cuando retornamos a la casa después de un largo viaje para ver el mar, cruzando el oleaje lerdo de la cordillera, después de haber atravesado el Altiplano, abrigado por el poncho y cubierto por el pasamontaña. El ser es lo que queda después de haber expuesto el cuerpo, que, curtido y endurecido, encapsula la huella del olvido. No hay respuesta para las preguntas, tan solo tejidos del lenguaje, que habla con el entusiasmo de la piel y la sabiduría de la voz que se empapa de melodía, inscribiendo en la carne los recorridos de los ríos, buscando desesperados la playa donde depositar sus huesos.

 

Líneas de fuga

Deberías irte como se van los desaparecidos, llevándose sus sombras como si fuesen maletas o mochilas. Se van casi sin dejar rastro, salvo la tenue huella de su recuerdo, que se hace vaporoso o se convierte en una estela abandonada por un cometa fugaz, que se olvidó llevársela consigo. Debería irme como se van los recuerdos en una memoria cansada de tanto buscar en sus recovecos la imagen primordial del universo infantil y travieso, ahora ausente, que hasta dudamos que alguna vez haya existido. Tú no puedes irte, yo tampoco. Quedamos apostados en la contemplación detenida en la cumbre de la montaña, que bordea la casa como si fuese un sueño.

Todo debería cambiar, empezando de nuevo, comenzando otra ruta, dándose la oportunidad de otra experiencia. Pero, todo sigue igual, repitiéndose las mismas escenas, repasando la misma trama que de tanto ser usada se encuentra ajada y desteñida, pero, parece que eso es lo que se persigue, la inclinación a inaugurar el mismo día y la misma noche, para no aventurarse en otros días y otras noches, que pueden ser tan distintos, irreconocibles. Es miedo, también costumbre, un conservadurismo madurado en la constancia de la misma receta, los mismos procedimientos, para obtener los mismos resultados, el ritual que esconde la profunda frustración, la muerte de la esperanza.

 

 

El presente

Podemos hablar, en el presente, coyuntura perdida en su laberinto, caracterizándolo como momento crucial de la diseminación generalizada. Disolución irremediable de los ámbitos, del íntimo, el privado, el social, el político y el cultural, pasando por la disolución del ámbito económico también.  Los individuos, las familias, los grupos, los colectivos, las comunidades e incluso las naciones se hallan extraviadas en una mundanidad diseminada, pulverizada, cohesionada solo virtualmente. Los grandes relatos quedan en el olvido o en la memoria erudita. Ni siquiera de las ideologías queda el buen recuerdo, salvo la mención de palabras y fragmentos discursivos vaciados de sus contenidos. Lo que da la ilusión de mantener algún sentido es la estridencia reiterativa de la publicidad de los medios de comunicación.  El nihilismo de la modernidad habría llegado a su desenlace fatal, la diseminación de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Meditaciones políticas

Reemergencia de los totalitarismos

En los nacimientos de los totalitarismos las formas de su aparición adquieren un carácter aparentemente ideológico, cuya esmerada expresión o desesperación busca mostrar sus extremismos, pretendidamente radicales, aunque emerjan de substratos harto conservadores. Cuando los totalitarismos, en ciernes, se desarrollan, atraen al “populacho”, que es distinto de lo popular. El “populacho” se conforma añadiendo aditivamente a individuos aislados, atrapados en sus abrumadoras frustraciones. Cuando ocurre esto, cuando se conforma el “populacho,” y comienza a actuar como “masa”, es cuando adquiere las formas de manifestación de la violencia exacerbada. El “populacho” no saca lo mejor de la población, sino más bien, la mediocridad desalentadora e inculta, sin memoria, salvo la de sus prejuicios que no alcanza lograr una mínima o escaza narrativa. Este es el perfil del hombre del “populacho”, convertido en masa beligerante. Los discursos del totalitarismo pueden adquirir las formas estridentes del nacionalismo más chauvinista, la insulsa supremacía blanca, o las formas melosas de una pretendida oratoria social, que esconde el recóndito espíritu de venganza de una burocracia anodina, que tiene en sus manos demoledores dispositivos de poder.

Lo que pasó en el Capitolio de los Estados Unidos de Norte América es como la reiteración de lo ya visto antes, un nuevo intento de retomar el camino destructivo del totalitarismo. Ya Hannah Arendt nos advirtió, lo que pasó con el nacional socialismo y también con el descomunal patriarcalismo del “gran timonel”, la versión del “modo de producción asiático” en la desmesurada forma del despotismo burocrático, la deshumanización y la desaparición de la política, embarrancándose en el genocidio mecánico, puede volver a ocurrir. La responsabilidad de los pueblos radica en actualizar y hacer dinámicas las memorias, el pensamiento crítico y la potencia social. Hay que evitar volver a caer en la ciénaga de un nuevo oscurantismo.

Respecto a lo sucedido en el Capitolio se ha evidenciado no solamente la superficialidad de los medios de comunicación, para los cuales es una sorpresa lo acaecido, cuando, en realidad, ha venido sucediendo desde que Donald Trump asumió el gobierno. A muchos medios les pareció cotidiano, aunque, excéntricas, las poses delirantes de la “supremacía blanca”, casi olvidando que se trata de un descomedido atentado contra los derechos civiles, políticos, sociales y humanos, contra la institucionalidad democrática y contra la Constitución. Los medios de comunicación aceptaron como tolerable la proliferación de la violencia racista, sobre todo encarnada en un delirante líder del ultraconservadurismo norteamericano.  Incluso “analistas políticos” y otros que se hacen pasar por “académicos” hacen elocuencia de su estrechez reflexiva, además de descomunal olvido y su desconocimiento, fuera de su lejanía respecto a la ética, cuando ignoran en sus análisis el avezado desconocimiento de la victoria electoral demócrata, diciendo banalidades dignas de conversaciones de bar. Entre las cantinfladas hacen gala de la especulación vacía de las “teorías de la conspiración”, reduciendo el conflicto de los grupos fascistas a una concurrencia y compulsas de “razas”, recurriendo, sin inmutarse de su sandez, a una pseudohistoria de los “fundadores de las trece provincias” de Norte América.

Los pueblos tienen la responsabilidad de evitar la emergencia de nuevos totalitarismos y holocaustos. Si en algo se pueden ponerse de acuerdo es en la defensa de la democracia, que es la base, el substrato, el conjunto de las reglas del juego y la predisposición política, la voluntad social, para consensuar transiciones en la perspectiva del porvenir de la humanidad y el futuro ecológico del planeta.

 

 

Desaparición de la política

Hay distintas maneras de hacer desaparecer la política, paradójicamente por parte de la casta política. Una es suspender la acción política y sustituirla por la proliferación de las violencias, manifiestas y encubiertas; otra es la marcha compulsiva hacia el totalitarismo. Una tercera tiene que ver con la clausura de la deliberación y el ejercicio interpretativo del discurso; en este caso se opta no solo por el panfleto y la diatriba, sino también por la ausencia total de la mínima argumentación y construcción de sentido, por escaso que sea. Una cuarta manera tiene que ver con la ya chabacana “astucia criolla”; se maniobra constantemente, se manipula obsesivamente, se copa lugares e instituciones, usándolos como dispositivos de poder.  La historia política reciente nos muestra que la casta política no aprende de sus errores, los repite como si nada hubiera pasado. En otras palabras, una vez que retorna vuelve a cavar su tumba.

 

Psicología de masas

En la psicología de masas anidan contradicciones profundas. La constelación de sus representaciones no responde, de manera inmediata, a la estructura económica vigente, sino que, más bien, se trata de conformaciones rezagadas y heredadas de distintos períodos. Cuando aflora la crisis social y económica, emergen comportamientos rebeldes, pero que tienden a justificar sus conductas mediante la selección de ideaciones ancladas, que corresponden a este bagaje anacrónico de representaciones, conglomeradas en la memoria social dispersa. Muy pocas veces se asume la responsabilidad de elaborar interpretaciones adecuadas a la realidad efectiva y al presente experimentado socialmente. Cuando esto ocurre, se produce un trastrocamiento de las estructuras sociales, económicas y políticas; lo que acontece escasas veces. Lo que lastimosamente se repite las más de las veces, cuando no acontece la actualización de las ideas, es que el origen de la motivación rebelde se encubre con ideas anacrónicas, que terminan siendo efectivamente reaccionarias, incluso claramente recalcitrantes y conservadoras. Entonces las acciones desplegadas, en vez de revolucionar las condiciones históricas, sociales, políticas, económicas y culturales, retroceden a lo mismo, a la misma decadencia anterior, solo que en versiones cambiadas, pero siguiendo equivalente guion y la misma trama. Se reproduce, nuevamente, el eterno retorno de las dominaciones polimorfas y el decadente círculo vicioso del poder. De este modo se pasa de la tragedia a la farsa, se pasa de una comedia a otra cada vez más grotesca.

El compartido modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente

El modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente es compartido por la gubernamentalidad neopopulista y la gubernamentalidad neoliberal, ahora por el neopopulismo reforzado, que ha retornado, a la misma órbita del círculo vicioso del poder. Ambas formas de gubernamentalidad regalan excedente a las empresas trasnacionales extractivistas, beneficiadas con la Ley Minera entreguista, promulgada por el régimen clientelar y corrupto de Evo Morales Ayma. En pleno desborde de la crisis económica, después de despilfarrar los recursos del Estado y corrupción galopante, concediendo recursos naturales a las trasnacionales y a la burguesía agroindustrial, ganadera, colonizadora y de la coca excedentaria, el gobierno neopopulista reforzado solo atina a buscar salidas mezquinas en impuestos acotados a la pequeña élite restringida. Con lo que vuelven a develar el servilismo neopopulista y neoliberal al dominio oprobioso de las trasnacionales extractivista, del Sistema Financiero Internacional, del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. El pueblo ha votado por una versión reforzada de lo mismo: el eterno retorno colonial del capitalismo dependiente. 

Si bien el gobierno del neopopulismo reforzado se posesiona, por la victoria electoral, sigue siendo inconstitucional como los dos gobiernos anteriores, el de “transición” y el neopopulista, pues no cumple, como éstos tampoco, con la Constitución, que establece la estructura jurídica y política del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico; el régimen de Evo Morales Ayma restauró el Estado-nación, solo le cambió el nombre, como un barniz. La Constitución establece el Sistema de Gobierno de la Democracia Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa. Paradójicamente, desde la promulgación de la Constitución (2009), el ejercicio político sigue siendo el de la democracia formal y liberal, solo representativa. El gobierno clientelar y corrupto neopopulista desnacionalizó los hidrocarburos con los Contratos de Operaciones, con lo que se efectuó una traición a la patria.  El gobierno del caudillo déspota arrastró al país a la tercera derrota de la guerra del Pacífico, también traición a la patria, al confundir la demanda marítima con una campaña electoral. Si el pueblo ha vuelto a llevar al gobierno a este neopopulismo, ahora reforzado, que no es otra cosa que usurpación e impostura, además de desmantelamiento sistemático de la Constitución, es que es cómplice en la construcción de derrotas, en la traición a la patria y en el saqueo de Bolivia, entregando los recursos naturales a las trasnacionales extractivistas. Apoya la destrucción de los ecosistemas con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y la quema demoledora de bosques, ampliando la frontera agrícola desmesuradamente en beneficio de la burguesía agroindustrial, ganadera, soyera, de la coca excedentaria y de la industria de la cocaína. Un pueblo que se comporta de esta manera, que desea al amo y al patrón, sea éste de la oligarquía o de la burguesía rentista, se invista de liberal o aparezca como caudillo, imitando la convocatoria del mito, no tiene provenir.

 

Politiquería

Hay gente, dedicada a la politiquería, en realidad, inclinada al oportunismo descarado y al pragmatismo programático grosero, que confunden la política con el comercio de promesas trasnochadas incumplibles, con el beneficio privado, usando los bienes del Estado. Esta gente confunde también, en su desesperación y enajenación, la política con la guerra. Además, creen que ser bribones es una viveza, esta “astucia criolla” expresa elocuentemente en el comportamiento crápula y las miserias humanas.

La desaparición de horizontes, la mediocridad estridente, son las características de estos “políticos” que, además, se creen “revolucionarios”. Estos “revolucionarios” de pacotilla son, en realidad, la burguesía rentista, en alianza con la burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, en convivencia con la burguesía agroindustrial y ganadera. En las elecciones pasadas todos estos estratos de la burguesía han competido por el control de la administración pública. Los distintos proyectos burgueses, en concurrencia, son inconstitucionales; no tomaron en cuenta las transformaciones estructurales e institucionales que exige la constitución.

Se viene un período económico de crisis, debido al despilfarro, derroche y corrupción del gobierno clientelar neopopulista, desplegados durante 14 años, y por la continuidad corrupta y pirómana del gobierno de “transición”, de menos de un año. Más de lo mismo, solo que con tonalidades más graves de la decadencia política.   

El gran perdedor es, como siempre, el pueblo, que no termina de aprender que puede prescindir de la casta política, de que el secreto del poder se encuentra en la donación de la potencia social a la casta política. La ingenuidad del pueblo es persistente y duradera; el problema es que el costo social y político es alto, la destrucción del porvenir. Lo único que hace una victoria electoral es ratificar los niveles de la decadencia política y del vaciamiento de la memoria popular y de las capacidades de lucha. A los colectivos radicales, propuestos a liberar la potencia social, les compete y se les otorga el compromiso rebelde de prepararse a una lucha consecuente, duradera, prolongada y radical contra el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, compartido por toda la casta política, de “izquierda”, de “centro” y de “derecha”, contra todas las tonalidades y formas de expresión y prácticas del círculo vicioso del poder.

El Sistema de Gobierno establecido por la Constitución es el de la Democracia Pluralista y Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa. En consecuencia, como dice la Constitución se debe ejercer el Control y la Participación Social, la construcción colectiva de la política y de la ley. En pocas palabras, realizar inmediatamente las transformaciones estructurales e institucionales que demanda la construcción del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. El pueblo, organizado en todas las formas y maneras posibles de la democracia directa, debe arrancar de los funcionarios y gobernantes la administración de la cosa pública y ejercer de manera consensuada, en asambleas, el ejercicio de la política.

El círculo vicioso del poder abarca todas las expresiones políticas, todos los perfiles políticos de la decadencia. El pueblo, concepto rousseauniano, también contiene y práctica ateridos conservadurismos, cuando no es consciente de sí mismo y para sí mismo, no ha salido de la conciencia desdichada.  El “pueblo” escoge entre los amos que lo van a gobernar, dominar y colonizar, sean neoliberales y neopopulistas. Cuando esto ocurre el “pueblo” es solamente esclavo; para que esto deje de acaecer es menester que libere su potencia social, logre madurez, haga uso crítico de la razón, se autogobierne.

La demagogia

La demagogia se ha convertido en una práctica usual de la casta política, sobre todo de los gobernantes. Hablan de tributación progresiva en un universo sumamente restringido de tributarios. Lo que obtenga el Estado de esta medida es paupérrimo, no resuelve nada respecto a la crisis económica que está a las puertas. En todo caso habría que aumentar el tamaño del universo tributario. Lo que se oculta con esta demagogia es la responsabilidad ante las causas de la crisis, debido a una administración clientelar, prebendal y corrupta durante 14 años.

Se llenan la boca cuando hablan del “modelo social-comunitario”, sin entender ni comprender de lo que hablan. Pura demagogia de oportunistas del pragmatismo neopopulista. La Constitución establece la conformación de la composición de la economía social y comunitaria. Esto implica la complementariedad de las distintas formaciones económicas y, sobre todo, la orientación del desenvolvimiento económico hacia la economía comunitaria, basada en los bienes comunes, pasando por la transición de la administración social de la economía. Cuando el presidente habla de “modelo social comunitario”, efectivamente se refiere al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, practicado por neopopulistas y neoliberales.

 

 

Apariencias exacerbadas

Ansioso de notoriedad, desesperado por el reconocimiento, es elocuente en la demagogia de la identidad exacerbada, más originario que los originarios, más indígena que los indígenas, reclama, a nombre de los pueblos nativos, para propagandizar su nombre como si fuese esencia anticolonial. Es justo cuando se devela el colonialismo cristalizado en sus huesos, confunde una máscara y el carnaval político neopopulista con lo que es lo indígena, la rebelión india, la lucha efectiva de los pueblos contra la dominación capitalista y de la colonialidad. Como mestizo, imbuido de consciencia culpable, se coloca en el lugar de la “vanguardia”, dirigiendo como maestro a las multitudes desposeídas. Otra herencia colonial, pretender ser “vanguardia” y maestro del pueblo “víctima”. Hace de juez, como inquisidor actualizado, señalando de “traición” a la crítica radical contra los impostores y “revolucionarios” de pacotilla.

 

 

Las frustraciones del último jacobino

Esconde sus frustraciones en un lenguaje violento, encubre sus vacíos en poses delirantes, el último Jacobino quiere emular a Robespierre del periodo del terror. Oculta sus atroces miedos en el teatro politiquero atiborrado de escenas rimbombantes y exageradas. Es un actor ya en decadencia, que quiere llamar la atención con gritos estridentes. La impostura es elocuente en todos sus actos y la vacuidad de sus improperios evidencia la perversión inédita del raciocinio, que desaparece cuando habla. En resumen, es responsable del fracaso y truncamiento del proceso de cambio, que sirvió para el enriquecimiento de la burguesía rentista del que fue el entorno palaciego. Efectivamente funge como agente encubierto de las empresas trasnacionales extractivistas del imperio. 

Procedimientos cobardes

No enfrenta directamente, usa sus fichas, recurre a mercenarios, hay quienes se prestan a sus juegos de grandeza; esa es la pequeñez de esta gente. Busca que alaben sus vacíos, sus mediocridades; hace pasar un panfleto, escrito apócrifo de descalificación, un “libro azul” de diatriba, como si fuese la crítica leninista del “infantilismo de izquierda”. No es más que una triste imitación de lo que fue el debate marxista después de la revolución socialista. Un documento elocuente en su mediocridad y estrambóticos argumentos. Pretende ser el último bolchevique, cuando es apenas uno más de la serie de actores e impostores de la política, trivial y oportunista de la modernidad tardía. Su ficha, como emulando a su referente de ficción, lanza acusaciones extravagantes e insostenibles. Forman un equipo en el teatro burlesco de la decadencia, donde pretenden ser los “auténticos” en el bochornoso carnaval neopopulista.

 

La conspiración del caudillo déspota

El caudillo déspota sigue creyendo que la realidad es relato, que depende qué se relata para cambiar la realidad.  Vuelve con la cantaleta, compartida por la inútil “izquierda” colonial, de que hubo “golpe de Estado”, cuando su régimen clientelar y corrupto implosionó estrepitosamente – todas las columnas y cimientos que lo sostenían estaban podridos. Desconoce incluso la victoria de su partido, MAS, que se reorganizó a través de la figura de reconducción de David Choquehuanca, con el apoyo militante de las organizaciones sociales, que nada quieren tener que ver con el entorno palaciego del caudillo, inclusive tampoco quieren la participación del caudillo exiliado y retornado, salvo la masa elocuente de llunk’us de la República del Chapare.

Lo que efectivamente hace el caudillo, herido en su ego descomunal e inflamado, es conspiración contra el nuevo gobierno, recién posesionado. En la práctica está montando, el caudillo y su entorno corroído y corrupto, un golpe de estado contra el flamante gobierno.

El pueblo boliviano, en defensa de la Constitución y la democracia y el voto popular, no debe permitir el decurso de semejante conspiración caudillista y de la mafia política, que acompaña al caudillo caído en desgracia. No debe permitir la marcha y el montaje del golpe de Estado, en ciernes, del caudillo celoso.

Sobre el ecocidio de los gobiernos neopopulistas y neoliberales

La responsabilidad del pueblo es parar de inmediato este ecocidio, etnocidio y homicidio diferido de los transgénicos, detener en el acto este crimen de lesa naturaleza. No hacerlo equivale a complicidad con el crimen. El llamado de la Madre Tierra, su convocatoria primordial, es defender la vida. Contra los ecocidas y criminales de la naturaleza y de los pueblos. Esta gente usa argumentos trasnochados y reputados empírica e históricamente, además por la ciencia.

El nuevo gobierno de la coca excedentaria, de la industria de la cocaína, de las empresas trasnacionales y de la burguesía agroindustrial, además de dispositivo del FMI, pretende lotear el Parque Nacional Tunari. Ha destituido al jefe de protección del parque, que ha luchado contra las mafias loteadoras.

El Director Departamental del INRA-Beni es un asesino de jaguares. Este personaje sin escrúpulos expresa fehacientemente las características ecocida, etnocida y depredadora del gobierno neopopulista, que retorna al poder después de las elecciones nacionales. Esta gente no tiene la menor idea de la Constitución y de los derechos de los seres de la Madre Tierra. Su comportamiento crápula manifiesta la decadencia y el derrumbe ético moral de la casta política. Los que votaron por las versiones, aparentemente opuestas, de la compulsa electoral son responsables de complicidad con el crimen de lesa naturaleza y la continuidad del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. 

 

 

Ausencia de cuantificación e ilegitimidad

La irreparable e irresponsable irrealización del Censo de Población y Vivienda, sustituyéndolo con un montaje grotesco  el 2012, sin efectuar la actualización cartográfica, requisito indispensable para el Censo, además de desbaratar la boleta censal, interviniendo en la parte de la boleta de comparación internacional, fuera de introducir preguntas que no responden a la metodología de la cuantificación, evidencian la falta de escrúpulos de un gobierno capaz de todo, inclusive dejar al país sin información demográfica, con el objetivo de controlar a la población votante  incluso inventarse “estimaciones demográficas”. Hoy no hay un patrón electoral que responda a la realidad demográfica, sino tan solo tanteos inciertos y especulativos sobre las cantidades poblaciones y su estructura demográfica. De tal manera que las elecciones resultan una aventura, conducida por funcionarios melindrosos del Tribunal Electoral y avalada por los partidos políticos en crisis y promocionada por un gobierno perdido en su laberinto. 

Después de las elecciones ameritan nuevos tribunales, entre ellos el TSE, sobre todo este último que fue elegido durante el “gobierno de transición”. No se puede ir a elecciones subnacionales con este tribunal, tampoco con el padrón, que sigue conteniendo falencias técnicas. El hecho de que el TSE actúe con violencia burocrática contra una vocal evidencia el encubrimiento de anomalías. En defensa de la democracia el pueblo tiene la responsabilidad de exigir transparencia, idoneidad, fiabilidad e imparcialidad.

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

autodestruccion (1)

 

 

Disociación, disyunción y diseminación en el funcionamiento de la máquina de poder desvencijada

Si las asociaciones y las relaciones sociales, que comenzaron como las relaciones de parentesco, relaciones de filiación consanguínea, acompañadas, después, por relaciones de alianzas territoriales, fueron inaugurales en la conformación de las comunidades, en la actualidad de la decadencia de la civilización moderna, se puede observar que lo que prepondera es la disociación, la disyunción y la diseminación, desarticulando las comunidades, los colectivos y las sociedades. Ocurre como que las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder se separaran del diseño integrado, produciendo el fenómeno de la desintegración. Se puede decir que, si antes la maquinaria del poder funcionaba para dominar, imponer, incidiendo en los comportamientos y conductas, ahora, en plena clausura crepuscular del sistema mundo capitalista, la maquinaria del poder domina para producir la desintegración generalizada.

Lo paradójico del caso es que, en estas condiciones de desarticulación y desintegración, la maquinaria del poder sigue funcionando en su desagregada disfuncionalidad expandida por todos los campos sociales, políticos, económicos y culturales; solo que la proyección del funcionamiento de la dominación ha cambiado. Ahora funciona para su propia autodestrucción, aunque no lo sepan las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder. Cada parte y dispositivo, cada engranaje, funciona como si nada hubiera cambiado, siguen en lo mismo, empero lo hacen de manera desarticulada, hipertrofiando su propia ejecución, coadyuvando, entonces, a una mayor desintegración de la maquinaria del poder, de la heurística de aparatos de Estado, de la sociedad, de sus mallas institucionales. Intensificando su autodestrucción sin saberlo.

Por ejemplo, en el campo político se destruye el espacio de su continuidad, ocasionando lo que se podría llamar disgregación feudal, usando una figura conocida para caracterizar la dispersión medieval. El Estado también se desarticula y desvencija, desmantelándose; el ejecutivo se encaracola, como dispositivo autista; el Congreso evidencia su desmesurada corrosión interna, hace tiempo no se parlamenta, sino que tan solo se votan las decisiones del partido, la conformación de “representantes del pueblo” no representa, sino que hace patente las prácticas del chantaje, de la coerción, de la congregación de votos, sin palabra, sin sentido, sin voluntad propia. La situación del Órgano Judicial es peor aún, habiéndose antes convertido en una máquina de extorsión, ahora es el dispositivo privilegiado del terrorismo de Estado. El órgano Electoral va por el mismo camino, a pesar de su reciente parcial recuperación, aunque sesgada y limitada, pues su crisis se hizo patente con el escandaloso fraude electoral de 2019, donde se evidenció la descarada manipulación de los votos y de los registros; hasta ahora no hay una auditoria de los padrones electorales.

Pero esto no ocurre solo con lo que se denomina aparatos de Estado, en estricto sentido, sino también con la sociedad institucionalizada. Por ejemplo, el campo comunicacional también se desintegra no solo al convertirse en una fabulosa máquina de desinformación, propaganda y publicidad, sino que, además de convertirse en la proliferación de escenarios para espectáculos estridentes de la comedia grotesca, solo funciona en la inercia inaudita de discursos fofos, de audiovisuales mediocres, de mañaneros carnavalescos, de “análisis políticos” desabridos y aburridos, de noticiosos sensacionalista. El campo social no solo sufre de dispersión, disociación y desintegración, sino que es el espacio fraccionado de pequeños campos de batalla localizados y sin horizonte. Se podría decir que el campo social es el espacio fragmentado donde se ejerce preponderantemente la manipulación y descuella la economía política del chantaje. Lo mismo pasa con el campo económico, desarticulado, desmontado, diseminado. Si bien antes, por ciclos largos y medianos de los capitalismos hegemónicos mundialmente, vigentes en su turno, que contienen a los propios ciclos extractivistas de los recursos naturales, el campo económico ha sido circunscrito al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, en la actualidad ha sido atravesado y tomado por el lado oscuro, paralelo, clandestino, de la economía ilícita. Quizás la parte peor la lleva el campo escolar, que ha venido sufriendo ya su devaluación, su desatención, su empobrecimiento mayúsculo, que ocasiona deformaciones en la escolaridad y después se proyectan como deformaciones en las universidades, circunscribiéndose al triste papel de aparatos administrativos de titulación, produciendo profesionales mediocres – salvo escasas y honradas excepciones, que se deben a su propio esfuerzo -, con una educación bajísima, es decir, un bluff generalizado.  

El panorama es apocalíptico, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente ha destruido los ecosistemas, ha depredado los territorios y cuencas, ha contaminado aire, aguas y suelos, ha talado e incinerado bosques. Los territorios no solo de las naciones y pueblos indígenas, cuyos derechos están consagrados en la Constitución, han sido concesionados a las empresas trasnacionales extractivistas, entregadas a la vorágine de plantaciones transgénicas, opción destructiva de la burguesía agroindustrial. La ampliación de la frontera agrícola cobra un ritmo intenso y expansivo demoledor, ampliando, desbrozando, talando, destruyendo territorios, para la ganadería extensiva, para la explotación ecocida y comercio compulsivo de la madera, expandiendo el cultivo de la hoja de coca excedentaria y, con esta expansión, la expansión intensificada de la “industria” de la cocaína. En el panorama social, político, económico y cultural se manifiesta desbordante la desintegración de los campos, la fragmentación de los espacios, la descohesión generalizada y la disociación apabullante. Entonces, aparecen núcleos de poder feudalizados, controles territoriales de mafias, cárteles y conjunciones clientelares, que funcionan de manera incongruente y desarticulada, pero funcionan para sí, cada una de estas formaciones perversas. Ocasionando, en la conjunción provisional de fuerzas, resultantes inciertas.  Este funcionamiento disfuncional, por así decirlo, refuerza la dispersión, la disociación, la desarticulación, la desintegración y la diseminación. Estamos entonces no solamente ante la decadencia desbocada, sino ante la autodestrucción generalizada.

Fraternidades de machos en acción

A propósito de las autoridades ediles de Monteagudo

Fraternidad de machos desgarbados, para quienes no existe la mujer y tampoco su dignidad. Acostumbrados a dominarlas y mandonearlas, consideran que cuando se rebelan e interpelan, les reclaman como machos. Personajes acomplejados, manifiestan patentemente sus complejos y sus miedos a la mujer. En realidad, ocultan un inmanente homosexualismo, que temen como fantasma y del cual escapan con violencia exacerbada contra el cuerpo, su espontánea y devenir.

El neopopulismo en decadencia ha exacerbado estos ateridos prejuicios patriarcales, anacrónicos, pero actualizados en la turbulencia de subjetividades inconclusas, que son condensaciones grotescas de miserias humanas. Unos ocultan su mediocridad abrumadora invistiéndose de resentidos, esperando su oportunidad de venganza y cometer crímenes, que llaman estrambóticamente “justicia”. Otros se disfrazan de “revolucionarios”, sin entender de qué se trata, reduciendo lo que no entienden a la explosión patética de la consciencia desdichada, atrapada en sus propias contradicciones, que no resuelven, más bien, las enaltecen, hundiendo la consciencia desdichada en el pantano del derrumbe ético y moral. Otros opten por el chantaje epidérmico, victimizándose, siendo de esta forma cómplices de los patrones y amos, reproduciendo las dominaciones de una manera perversa. Otros se presentan como caudillos y “representantes del pueblo”, cuándo son solamente miembros dramáticos de la casta política, que se enriquece a nombre del pueblo. Los otros, más conocidos, pertenecen al conservadurismo tradicional, de donde viene de la inquisición y la guerra de tres siglos contra las mujeres, que encarnaban el entramado comunitario. Todas estas fraternidades de machos reproducen genealógicamente la dominación masculina, las estructuras patriarcales, el Estado patriarcal ya senil y estéril.

 

El cinismo en escena

Se puede decir que parte del cinismo concentrado se encuentra en la casta política, aunque también en los despliegues del sistema mundo cultural de la banalidad. El político habla aposentado en el trono o en el curul de la representación, sino es en el gabinete de funcionario o en la oficina de magistrado, lo hace usando sin discreción su disposición en la máquina de poder, para dar apariencia de verdad a lo que dice, un discurso sin sustento, que se cuelga en el hilo de la inercia.

El cinismo cobra vuelo, mostrando su desparpajo, cuando lo que pone en escena es la preponderancia, que es lo único real, el resto, la alocución, es la hipóstasis, la invención política de la realidad. Cuando el político habla al pueblo, lo considera un espectador manipulable, sujeto vulnerable, objeto plástico para la prestidigitación y la maniobra. El discurso político tiene esta finalidad, mientras encubre los objetivos de la práctica política, que son distintos al discurso emitido. En resumen, esquematizando al extremo, el objetivo político es el control del poder o, mas bien, de su maquinaria abstracta y de la malla de agenciamientos concretos de poder institucionales; la conservación del poder y su reproducción indefinida. Entonces el cinismo radica en este desparpajo, en esta práctica esquizofrénica que disocia la emisión del discurso y la práctica.

El cinismo desborda demoledoramente cuando las contradicciones evidentes, entre discurso y práctica, se tratan de ocultar mediante argumentos estrambóticos, por ejemplo, decir que lo que se hace es por la “justicia”, cuando efectivamente se convierte a la administración de justicia en un grotesco sistema de extorsión, es más, en momentos críticos, en un dispositivo del terrorismo de Estado. Se pretende encubrir desesperadamente un escandaloso fraude electoral, causa de la caída del gobierno neopopulista – que ya caminaba, desde hace tiempo, a su implosión -, recurriendo a una campaña publicitaria y propagandística, ex post, que busca imponer la versión insostenible de un golpe de Estado, la muletilla de los gobernantes en crisis.

Ciertamente el cinismo es proliferante en el sistema mundo moderno, es la predisposición subjetiva de la racionalidad instrumental y de la inclinación por el pragmatismo descarnado, sin embargo, lo que hay que tener en cuenta son los desbordes sintomáticos de la cultura cínica. El desparpajo político ha llegado lejos, la manipulación política es extrema, la prestidigitación política es delirante. Se mencionan valores, lo que les falta a los emisores de la impostura, de manera demagógica, de tal manera que al nombrarlos se hace patente  que exactamente se los pisotean; se habla de derechos, pregonando su apego falso a los mismos, cuando precisamente se los vulneran; se nombra la Constitución, reducida a adorno de vitrina, cuando evidentemente se la ha desmantelado; se habla se soberanía, principio enarbolado hipócritamente, cuando se la ha entregado para usufructo de las empresas trasnacionales; se menciona a la patria, reducida a símbolo discursivo, cuando se la ha traicionado con la tercera derrota de la guerra del Pacífico, con la derrota en el Tribunal  Internacional de la Haya, confundiendo la demanda marítima con una campaña electoral.

El cinismo campea no solamente porque hay cínicos que la encarnan y lo practican, sino también porque hay un pueblo que lo acepta. Entonces estamos ante el ciclo vicioso del cinismo. Se da pues una complicidad perversa, una relación sadomasoquista, entre la casta política, pragmática y oportunista, y un pueblo o parte del mismo, que renuncia a su potencia social, prefiriendo delegar su voluntad a sátrapas, actualizados, reaparecidos en plena decadencia de la modernidad tardía y en plena crisis múltiple del Estado nación, así como de su orbe, el imperio, el orden mundial de las dominaciones en la geopolítica actualizada del sistema mundo capitalista, geopolítica del saqueo de los recursos naturales por parte de los centros cambiantes y la inmensa periferia gobernada por las burguesías rentistas.

No se clausura históricamente el delito político

No se cierra histórica ni políticamente, tampoco constitucionalmente, el flagrante delito de fraude electoral. Solo un jerarca corrupto, sin atributos ni cualidades, puede imaginarse delirantemente que el caso se ha cerrado. Esto se explica por la paranoia de los gobernantes y sus marionetas judiciales. Tampoco crean que se logra el olvido por parte del pueblo, también de las leyes. Lo que hacen los gobernantes y su Fiscal General es evidenciar su delincuencia constitucional y política.

 

 

Sobre el sentido perdido de la referencia de izquierda

Si podemos hablar de lo que abarca esa referencia de orientación esquemática, en una dualidad que participa en una oposición complementaria, en una contradicción cómplice, en una guerra entre enemigos que se necesitan para existir como tales, que se llama comúnmente “izquierda” – opuesta esquemáticamente a la “derecha” -, podemos definirla a partir de motivaciones constituyentes, como solidaridad, igualdad, justicia, libertad, que conforman una praxis revolucionaria y una teoría crítica.

Sin embargo, lo que ahora llaman “izquierda” los medios de comunicación, los partidos políticos y se autonombran unas conformaciones barrocas incongruentes como el “socialismo del siglo XXI y el neopopulismo, se encuentra tan distante y es abismalmente tan diferente a esa “izquierda” inaugural e histórica, que en vez de la solidaridad tiene como compulsión la mezquindad, en vez de propensión a la igualdad se inclina por la in-equivalencia entre gobernantes y gobernados, en vez de buscar la justicia se obsesiona por la extorsión, en vez de libertad apuesta por el terrorismo de Estado. Es más, si antes se daba importancia y se expresaba una preocupación por la crítica, ahora descuella la impostura, la simulación, la actitud tramposa y la “justificación” demagógica de actos políticos deleznables.

Es absurdo e inútil hablar de “izquierda” y “derecha”, cuando en la modernidad tardía estos términos son intercambiables y rotativos. En el gobierno y en la práctica no se distinguen, hacen lo mismo, usufructúan del poder, contra el pueblo y la sociedad, salvo por el esmero provisional de discursos anacrónicos.

 

 

 

Reiniciando el debate en los espesores de la coyuntura

Reiniciando el debate

en los espesores de la coyuntura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Reiniciando el debate

Escena crepuscular

 

Debate sobre las perspectivas

Ciertamente es menester un balance, a estas alturas de las experiencias acumuladas de las sociedades humanas; pero no un balance como el que se acostumbra; separando lo positivo de lo negativo, separando fortalezas de debilidades, sacando enseñanzas de las lecciones aprendidas. Este balance plano, correspondiente a un cuadro comparativo, no nos sirve. Requerimos responder a la pregunta: ¿Por qué las sociedades humanas no se han emancipado hasta ahora? Vamos a iniciar el debate, poniendo, como quien dice, las cartas sobre la mesa, es decir, nuestras premisas, de las que partimos, para abordar, después, interpretaciones y análisis, derivados de las premisas.

 

El concepto de República

República significa res-publica, la cosa pública; el Estado moderno es República en la forma de Estado nación. La institucionalidad democrática, por lo menos, en su forma jurídico-política, es decir, constitucional, es la estructura operativa de la República. Supone la composición equilibrada de la compensación de poderes. Incluso cuando se destruye un Estado, considerado oprobioso, como el correspondiente al imperio zarista, y se conforma, por lo menos jurídica y políticamente, el Estado socialista, sigue siendo República. Hablamos de la Unión de Repúblicas Socialistas de la Unión Soviética. No se deja de ser República en la composiciones, descomposiciones y recomposiciones del Estado moderno por más transformaciones que se efectúen, mientras siga siendo la cosa pública, es decir la realización de la acción de la sociedad en el ámbito público. Mucho menos deja de ser República cuando se hacen reformas y modificaciones en la misma estructura del Estado liberal, de una manera barroca, como ocurre con las formas de gubernamentalidad populistas y neopopulistas. Tampoco deja de ser República una Constitución del Estado Plurinacional; su condición jurídica y política se enmarca en el preformato de la República.  Incluso si se hubieran dado transformaciones estructurales, como demandan las Constituciones de Bolivia y Ecuador, lo que no ha ocurrido, pues se ha mantenido la estructura del Estado-nación, si se hubiera conformado una Confederaciones, lo que implica un Estado Plurinacional, seguiría siendo República.

La diatriba panfletaria y el balbuceo ideológico que contrapone Estado Plurinacional a República evidencia su descomedido desconocimiento de la teoría política, de la filosofía política y de la ciencia política, mucho más si se trata de la crítica de la razón política. Esta gente, “revolucionarios” de pacotilla, charlatanes y demagogos, no saben de lo que hablan. Al final, su discurso endémico sirve para justificar la decadencia política, la restauración y el derrumbe ético moral de la casta política; busca legitimar el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que lo llaman “modelo social comunitario”. La Constitución define, en el marco del pluralismo económico, la economía social y comunitaria, distinguiendo lo comunitario de un proyecto de características socialistas, retomando ambas tendencias de manera diferenciada y complementaria. Empero, para ser proyecto comunitario se requiere la preservación de las territorialidades nativas, la mantención y la institucionalización de los bienes comunes. Para ser proyecto socialista se requiere la socialización de los medios de producción, la reforma agraria radical, la nacionalización de la banca; pero todo esto brilla por su ausencia en la forma de gubernamentalidad clientelar neopopulista, ahora retornado después de las elecciones nacionales. Lo que se tiene es una administración barroca, acompañada de un discurso demagógico, sin retórica y argumentación, del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. 

El concepto de ciclo político

¿Qué es un ciclo político? A diferencia del ciclo económico, sobre todo del mediano – el ciclo largo tiene otra concepción, más bien histórica -, que es caracterizado por las oscilaciones de expansión y contracción, el ciclo político puede caracterizarse por cuatro fases, la del entusiasmo, la del desencanto, la de la regresión y la de la decadencia. Si bien puede haber un parecido en la gráfica de la curva, ascenso y descenso, la diferencia radica en que cuando asciende el proceso político abulta, al principio, la curva, en el período del entusiasmo, alargando el descenso gráfico en una bajada diferida, abrupta al final. Cualitativamente un ciclo político está definido por un perfil contradictorio, que contrasta y hace concurrir la motivación transformadora versus la desmotivación restauradora. Cuando la motivación transformadora prepondera se da el ascenso político o el cambio, en contraposición, cuando la motivación restauradora se va imponiendo, comienza el descenso, a partir de un punto de inflexión. Cuando la motivación transformadora desaparece culmina el ciclo político, se clausura.

Desde el comienzo de la movilización prolongada (2000-2005) hasta el 2009 se podría decir se da como la preponderancia del entusiasmo, a partir de la promulgación de la Constitución, que es como la cúspide, también punto de inflexión, comienza a imponerse el pragmatismo de la desmotivación, obligando, por así decirlo, ilustrativamente, al descenso de la gráfica del ciclo político, hasta llegar a su finalización.

También, subjetivamente, en términos de interpretación narrativa, a través de personajes, se puede evaluar el ciclo político como concurrencia simbólica. Una interpretación literaria puede encontrar un personaje de la motivación y, en contraste, un personaje de la desmotivación. Desde este enfoque metafórico Felipe Quispe aparece como el personaje de la motivación política, en cambio Evo Morales aparece como el personaje de la desmotivación política. Con el fallecimiento de Felipe Quispe habría desaparecido el motor, por así decirlo de la motivación, que también le otorgó un perfil propio a la narrativa del ciclo político en cuestión. En consecuencia, desde distintos ángulos de la lectura del ciclo político, el ciclo político habría concluido. 

Ilusión y poder

Podemos hablar del consumo masivo de ilusiones, pero también de distracciones masivas, de inclinaciones grupales y colectivas a tomar por realidad las invenciones del poder y de los medios de comunicación. Se ocupan de “problemas” existentes en la difusión mediática y sensacionalista, también en la mentalidad delirante política. Las problemáticas efectivamente existentes en el mundo efectivo son soslayadas, son ignoradas, desperdiciando la oportunidad y el tiempo de resolverlas.

El pueblo está embaucado por los aparatos ideológicos, que ahora son los medios de comunicación, articulados eficazmente a las estructuras de poder.  No hay opinión pública, sino, más bien, opinión masiva inducida por los medios de comunicación y partidos políticos, sean de “izquierda” o sean de “derecha”. En la modernidad tardía y crepuscular no hay tampoco exactamente ideología, sino un conglomerado barroco de bricolaje discursivos, que pretenden parecerse a una ideología, empero solo llega a pronunciarse como estridencia espectacular. Por eso no tiene sentido hablar y distinguir, usar la referencia figurativa del esquema dualista de “izquierda” y “derecha”, para orientar el análisis político. Lo que se da efectivamente es la rotación de mandos, diferenciados en la pose y en el discurso, que, empero, comparten las mismas prácticas paralelas de poder. Esto se hace evidente cuando ejercen como gobierno.

Se trata de la reproducción de estructuras y diagramas de poder, establecidas como dispositivos y maquinarias de dominación. Por ejemplo, el diagrama de poder de la corrupción, compartido por ambas contrastadas opciones políticas. Así como se comparte el mismo modelo económico, el colonial extractivista del capitalismo dependiente. También se comparte la usurpación y la manipulación de las voluntades populares por parte de los “representantes del pueblo”.

La “izquierda” ha posesionado imaginariamente que se lucha por la justicia social, en tanto que la “derecha” ha posesionado imaginariamente que se lucha por la “libertad”, tratándose, obviamente de la “derecha” liberal, no así de la ultraconservadora. Sin embargo, esto es discursivo, pues, en la práctica, se pelea por el poder y por conservarlo. La “justicia social” y la “libertad” son términos usuales de “legitimación”.

Lo que ocurre efectivamente es muy diferente a la narrativa política y mediática; lo que ocurre tiene que ver con el ejercicio de las dominaciones, por un lado, y con la emergencia intermitente de las resistencias. En la actualidad, la recurrencia discursiva a la ideología desaparecida sirve para desarmar al pueblo, para castrarlo, quitándole sus capacidades de lucha. La recuperación de la capacidad de lucha solo es posible si se libera la potencia social; esto requiere de una comprensión profunda de las causas de la crisis múltiple, ecológica, civilizatoria y del sistema mundo moderno.

La madurez del pueblo radica en el logro del uso crítico de la razón, en la capacidad de autogestión y autogobierno; esto implica no depender de representantes, ni desear al amo, sea éste un caudillo o un líder liberal. Esto significa la construcción colectiva de la decisión política y del consenso.

 

Subsunción y subordinación

La subsunción de la rebelión se efectúa por la vía electoralista, la subordinación del pueblo pasa por la incorporación al “sistema” de partidos políticos, el vaciamiento de la interpelación pasa por la candidatura, la sujeción del sujeto social pasa por el acceso a la casta política.  El poder y la dominación, la colonialidad y la explotación, se reproducen mediante la farsa electoral, la simulación grotesca de la democracia.

Ha pasado una y otra vez, este fenómeno de la subsunción y la subordinación es reiterativo y recurrente. Hay como un apego explícito al reconocimiento por parte de la institucionalidad y la casta política.  Los símbolos y los discursos “ideológicos” solo sirven para encubrir la entrega de la acción y la movilización, dadas en el pasado inmediato, a las estructuras de poder institucionalizados, al constante retorno del colonialismo, las dominaciones polimorfas, la explotación capitalista.

Se puede hablar de un servilismo matizado, disfrazado de aparente “radicalismo” vacuo. Se olvida que lo radical tiene que ver con raíz, con llegar a la raíz del problema, no con desgarramiento de las vestiduras, tampoco victimizarse, menos con la gesticulación grandilocuente.

Por el camino del pragmatismo electorero se domestica la rebelión inherente en el pueblo. Esta salida de la simulación democrática disemina la potencia social, la dociliza y la hace funcional al poder, al diagrama de poder de la colonialidad y al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

Para salir de la condena de la reiteración fatal de la subsunción y subordinación de la acción a la reproducción de la colonialidad, la dominación y la explotación se requiere mantener el fuego, buscar, en contraposición, la liberación de la potencia social, la constitución de la comunidad, la autogestión y el autogobierno.

La maquinaria de la corrupción

 

Se podría decir que se trata de un “sistema”, si no fuera que este concepto se refiere a la complejidad del funcionamiento de las formas de vida y sociales, pero la analogía al funcionario mecánico, correspondiente a la articulación de la composición de los engranajes conectados, muestra la “reproducción” máquina de su funcionamiento perverso; entonces solo provisionalmente se puede hablar de “sistema” de corrupción.  Se trata de la maquinaria de la corrupción, cuyo diagrama de poder atraviesa las instituciones del Estado.

La maquinaria de la corrupción atraviesa al campo político, es más, los partidos políticos son parte de sus engranajes, articulados a los Órganos de Poder del Estado; articulados a la empresas, sobre todo a las empresas trasnacionales y extractivistas; articulados al sistema financiero, internacional y nacional. Particularmente los partidos son piezas de la maquinaria cuando están en función de gobierno, también en función legislativa, judicial y electoral. El poder ejecutivo es el dispositivo de la realización del funcionamiento maquínico de la corrupción, el poder legislativo “institucionaliza” la administración adulterada de la “legitimación” sobornada, el poder judicial legaliza la corrosión política y económica institucionalizada, el poder electoral otorga la apariencia “democrática” a la maquinaria de la corrupción.

Se podría decir que todo está pactado y acordado, empero no es del todo así, salvo en los casos efectivamente dados de esta manera; más bien, se da todo anteladamente, como preformación, ya se encuentra inscrito en el mecanismo. Los perfiles políticos y de los funcionarios son tan solo singularidades del funcionamiento de la maquinaria conformada en un pasado mediato e inmediato, que no controlan, pero sí con el que se comprometen. No escapan a la complicidad de la proliferación de delitos encubiertos de la maquinaria de la corrupción, inherente a la maquinaria del poder del Estado.

La población votante asiste a todas las tramoyas de la casta política, a todo el funcionamiento perverso de la maquinaria de la corrupción, embaucada por los aparatos ideológicos del sistema mundo moderno, a escala mundial y a escala nacional. Sin embargo, a pesar de estar sometida al bombardeo mediático, publicitario y propagandístico, en condición de enajenación masiva inducida, también es cómplice, aunque inocente, de la maquinaria de la corrupción.

Salir de círculo vicioso de la corrupción implica la demolición de esta monstruosa maquinaria. Para que ocurra esto se requiere el asumir la responsabilidad de lo que ocurre por parte del pueblo y, en consecuencia, actuar en la demolición. Si no se lo hace se es no solamente cómplice, sino que se establece y reproduce una relación sadomasoquista con el poder.

No hay “retorno a la democracia”

La decadencia política se expresa fehacientemente en la ausencia de imaginación de la casta política; solo atina a repetir mecánicamente trasnochadas consignas, sin contextuarlas ni entenderlas. Habla por inercia un discurso sin contenido, aparentando que dice algo cuando efectivamente no dice nada. Solo es espectáculo mediático. Todas estas falencias se hacen evidentes cuando pretende justificar sus actos anodinos refiriéndose a la “democracia”, que cree que es una puesta en escena para dar lugar a su protagonismo, que también es otro montaje circunstancial.

No hay “retorno a la democracia”, puesto que ésta se ha diseminado hace tiempo, cuando se restringió la democracia, el gobierno del pueblo, el autogobierno, a la democracia representativa y delegada, la democracia institucionalizada como República liberal, el Estado-nación. Después, esta misma democracia se deteriora, adulterándose el funcionamiento de sus instituciones. Formas paralelas de poder, opacas y oscuras, atraviesan a las instituciones del Estado de Derecho. La Constitución se convierte en un escrito simbólico, mientras, efectivamente, en la práctica, no se acata ni se cumple. En la modernidad tardía, ya el lado oscuro del poder controla al Estado, las instituciones “democráticas” son tan solo una máscara, que encubre la realización de los objetivos del lado oscuro del poder. Los medios de comunicación coadyuvan en este encubrimiento al desplegar el aparataje de la invención de la realidad.

Liberalismo y socialismos, aparentemente contradictorios, hicieron de lados opuestos de la simetría en un dualismo de poder, cuyo esquematismo permitía la complementariedad del sistema mundo moderno, la geopolítica contrastante del sistema mundo capitalista. Después, neoliberalismos y neopopulismos, pretendidamente opuestos, desplegaron el esquematismo dualista complementario, conformando un teatro político grotesco, donde las prácticas de gobierno son equivalentes, efectuándose paradigmáticamente, aunque buscando diferenciarse mediante bricolaje discursivos.

La casta política, con todas sus variantes, responde a la reproducción diferida de la acumulación ampliada de capital, en la fase dominante del capitalismo financiero, especulativo y extractivista. El montaje mediático de la pelea de gallos, cada vez más desplumados, los espectáculos mediocres electoreros, están destinados a distraer a la población votante y a embaucar al pueblo.

No se puede salir del círculo vicioso del poder si el pueblo no se libera de la ideología, la máquina fabulosa de la fetichización, de las ilusiones del poder, sobre todo si no se libera de la casta política y del teatro político. Comprender la realidad efectiva, sus dinámicas complejas, requiere de confiar en su propia potencia social. 

Potencia y proyección del pensamiento propio

Potencia y proyección del pensamiento propio

 

Raúl Prada Alcoreza

Potencia y proyección del pensamiento propio

Pachamama

 

Impostura o liberación

La historia del capitalismo es mundial, también la historia del Estado moderno; las peculiaridades nacionales son singularidades en estas historias mundiales. El sistema mundo moderno nos abarca planetariamente. Las culturales específicas han sido fragmentadas y recicladas en el conglomerado articulado del sistema mundo cultural de la banalidad y del consumo. Los folclorismos son los mecanismos de subsunción de lo que fueron las culturas antiguas al sistema mundo cultural de la banalidad; a la vez, son los fetichismos ideológicos provisionales para mantener la ilusión inocente de “autenticidad”. La geopolítica del sistema mundo capitalista se legitima mediáticamente, espectacularmente y folclóricamente.

Hay poses políticas nacionalistas, culturalistas y localismos que siguen la corriente de esta ilusión ideológica y de esta subsunción al sistema mundo de la banalidad cultural. Es más, hasta llegan al colmo de creerse contestatarias, cuando son funcionales al sistema mundo capitalista, cuyos substratos contienen los desenlaces de las olas de conquista y de las olas de colonización, la marcha de la colonialidad recurrente. La mayoría de estos nacionalismos chauvinistas, culturalistas, folclorislistas y localistas optan por el jolgorio electorero, donde pretende legitimarse, mediante la simulación democrática, la dominación de la colonialidad perdurable y el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

La convocatoria al pueblo por parte de estos nacionalismos, culturalismos y folclorismos es una excusa en los juegos de poder, donde variados grupos improvisados pugnan por acceder a la reconfiguración de las élites y recomposición de la casta política. Es así como se reproduce y desenvuelve la colonialidad y la dominación mundial, nacional y local de la acumulación originaria de capital, por despojamiento y desposesión, y la acumulación ampliada de capital, por transferencia de recursos naturales, al centro cambiante de la geografía política del sistema mundo capitalista, y por industrialización. La masa votante es cómplice de la continuidad de la colonialidad y del saqueo de las periferias del sistema mundo capitalista.

Las liberaciones, descolonizaciones y despatriarcalizaciones solo pueden emerger y realizarse por la subversión de la praxis, la liberación de la potencia social, de la potencia de las memorias culturales, que conectan las experiencias sociales de los pueblos con el porvenir vital, la armonía y sincronización de las sociedades humanas a los ciclos vitales planetarios.

 

Metáfora del enseñoramiento

Usemos la siguiente figura para interpretar metafóricamente el fenómeno de la decadencia política:

Los recientes moradores llegaron a una casa en ruinas, que en otros tiempos fue una casa solariega, acogedora y espléndida, hogareña y prometedora, donde los antiguos moradores gozaron de sus comodidades, bondades y residencia placentera. Sin embargo, a pesar de encontrarse visiblemente en ruinas la deteriorada y casi destruida casa, los nuevos moradores, que no conocieron su esplendor de otrora, tampoco su proyección prometedora, creen haber logrado el sueño de su vida, tener la suerte de estar albergados en la famosa casa solariega, que por solo adquirirla obtienen el prestigio y la grandeza de su pasado. Son los “señores” de la casa y, en consecuencia, enseñorean en todo el barrio y hasta en toda la ciudad. No se dan cuenta tampoco que el mismo barrio y hasta la misma ciudad se encuentran gravemente deterioradas. Menos se dan cuenta que enseñorean sobre escombros, para ellos, lo que importa es poseer los títulos de la casa. Se ilusionan con que nada ha pasado, que todo sigue igual como antes, ignoran el deterioro, las ruinas y el mismísimo descalabro.

Si los ocupantes tardíos pretenden enseñorear sobre ruinas, los ocupantes anteriores, inclusive los originales, también pretendían enseñorear, aunque lo hacían en la apoteosis arquitectónica de la casa solariega, bien construida y mantenida. Tampoco estos ocupantes, anteriores y antiguos, lo lograron, pues enseñoreaban en un entorno dominado por las violencias iniciales, la guerra de conquista, y sostenido por las violencias perdurables de la colonización y de la colonialidad. “Enseñoreaban” en un ambiente de apariencias, de ceremonialidades y ritualidades simbólicas; tenían del otro lado a sus siervos y pongos; entonces enseñoreaban sobre despojamientos y desposesiones. Tenían una consciencia sierva, amaban las ilusiones que otorga el poder.

Esta figura, literaria, pude ilustrarnos sobre lo que ocurre en la modernidad tardía y en las periferias del sistema mundo capitalista. Tomemos la casa solariega como metáfora del Estado. La diferencia entre los que gobiernan en la actualidad y los que gobernaron antes, sobre todo al comienzo de la genealogía del Estado, es que antes se contaba con una arquitectura estatal estructurada jurídica, política e institucionalmente, en cambio, ahora, no se cuenta sino con las ruinas de un Estado desmoronado, derrumbado.

Realmente no existe la posibilidad de enseñoramiento efectivo, salvo en las apariencias manifiestas que otorgan las ceremonialidades del poder, la sumisión de la burocracia de funcionarios y la masa elocuente de llunk’us. Esta ilusión de poder va a continuar mientras el pueblo siga el juego de la dialéctica del amo y el esclavo, también de la dialéctica del verdugo y la víctima.

 

Dialéctica de la modernidad

 

No solo hay una modernidad, sino muchas. Para resumir y esquematizar, con el propósito pedagógico de ejemplificar, hablaremos interpretativamente y teóricamente de una dualidad, si se quiere, ilustrativamente, de una dialéctica de la modernidad, lo que denominaban dialéctica del iluminismo Adorno y Horkheimer.

En la crítica de la civilización moderna, que desenvolvimos y expusimos en distintos ensayos, hicimos hincapié en el aspecto destructivo de la modernidad, aunque, de vez en cuando, hacíamos notar que también había otro aspecto de la modernidad, más bien, de apertura y vertiginoso, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire, haciendo paráfrasis de una frase de Marx que, a su vez, hacia paráfrasis a un enunciado que se encuentra en La tempestad de Shakespeare. Si olvidamos este otro aspecto de la modernidad es porque la negatividad destructiva parece preponderar desmesuradamente, sobre todo en los períodos de la modernidad tardía. Sin embargo, no podemos olvidar que la modernidad nace como ilustración, como crítica de razón y como razón crítica, además como liberación de las potencias sociales, en el contexto histórico, social y cultural de este acontecimiento, el del iluminismo.

Vamos a usar la dialéctica de la ilustración de manera metafórica. Entonces diremos que el momento crítico de la modernidad es contrapuesta por la negatividad del momento opuesto, el de la legitimación.  La astucia de este otro momento negativo no radica en que se opone directamente a la ilustración, a la crítica demoledora, sino que usa los recursos de la ilustración y la crítica para amortiguar y limitar sus efectos, si se quiere para docilizar y domesticar la propia ilustración iluminista y la propia crítica demoledora.

Esta merma, este sabotear por dentro a las potencialidades y posibilidades de la ilustración, resultan en plegamientos conservadores de la modernidad. La genealogía constante de este socavamiento conservador, respecto de la vertiginosidad transformadora de la modernidad, termina imponiendo una ruta regresiva, para después convertirse en una ruta conservadora a secas y destructiva. La historia dramática de la modernidad nos muestra el camino sinuoso de una modernidad iluminista saboteada por una modernidad artera, regresiva, retardataria y bizarra, que lleva a las tragedias demoledoras, conocidas en la historia del siglo XX, incluso antes, desde el siglo XVI, como anticipando, desde los comienzos mismos del sistema mundo moderno, emergido de la colonización, avanzando compulsivamente a la destrucción planetaria.

En este transcurso sinuoso de la dialéctica de la modernidad aparecen ilustraciones acortadas, limitadas, barrocas, donde se conjuga una combinación perversa entre crítica, por cierto controlada y acotada, y señoríos teóricos autoritarios. Una de estas ilustraciones barrocas es el marxismo, que, desde sus fuentes mismas, ya preñadas de autoritarismo teórico, ha venido desenvolviéndose como una arqueología de un saber crítico que sabotea su propia capacidad crítica, y una genealogía que marcha indetenible a un autoritarismo descomunal, que adquiere la forma de un dogmatismo, por lo tanto, no saber, vaciado de los antiguos contenidos iluministas olvidados. El marxismo, paradójicamente, siendo crítica de la ideología, derivó en una ideología, que, en el presente, dice muy poco para ser instrumento apropiado en la lucha por las liberaciones múltiples.

En el contexto de la crisis ecológica, que amenaza la sobrevivencia humana, de la crisis de la civilización moderna, que devino sistema mundo cultural de la banalidad, de la crisis del sistema mundo capitalista, dominado por el capitalismo financiero, especulativo y extractivista, se requiere de un iluminismo del iluminismo, de una ilustración de la ilustración, ya convertida en un oscurantismo, se requiere de una crítica de la crítica. Es más, se requiere de la reinserción de las sociedades humanas a los ciclos vitales planetarios; se requiere de la clausura del horizonte de la modernidad y de la apertura a otros horizontes civilizatorios; se requiere salir del círculo vicioso del desarrollo, que no es otra cosa que la marcha fúnebre de la muerte de los ecosistemas; se requiere salir del círculo vicioso del poder, de la genealogía de las dominaciones polimorfas. Estos requerimientos no se pueden dar sin la participación plena de los pueblos y las sociedades, pero esta participación requiere, a su vez, de una deconstrucción crítica, de una descolonización plena, de la diseminación de los dispositivos autoritarios, de los discursos señoriales portadores de la verdad revelada, de los ateridos patriarcalismos.

El chantaje culturalista

Hay un estilo de discurso político que acompaña y acompañó a los regímenes neopopulistas, por cierto, comprometidos hasta la médula con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; encubriendo a las empresas transnacionales extractivistas, que saquean los recursos naturales de las periferias del sistema mundo capitalista; este discurso se esmera por demostrar su “autoctonía”. Para tal efecto se inviste de los símbolos y los ropajes de pretendida “ancestralidad”; se esfuerza por mostrar la pervivencia, encarnada en estos políticos, de un “pensamiento propio”, que data desde los abuelos y más remotamente. En sus discursos hacen gala de términos simbólicos, culturales y lingüísticos, supuestamente heredados, empero nunca desarrollan la idea, la composición desenvuelta del “pensamiento propio”; queda esta emisión propagandística como un resumen corto, atiborrado de títulos y subtítulos, sin sus respectivos contenidos.

El pensamiento existe como propiedad intrínseca corporal, conformado y configurado por procesos culturales locales, nacionales, regionales y mundiales entrelazados. No olvidemos que la cultura se constituye como autorreferencia respecto a otras culturas, entonces tiene una relación heterorreferente con el universo cultural. La cultura es un sistema de interpretación y comunicación, de memoria colectiva y de constitución intersubjetiva, un sistema dinámico de saberes en acción, también en reserva. Las sociedades ancestrales y antiguas nacen en las culturas iniciales y desde las culturas inaugurales nombran al mundo. La modernidad ha fragmentado, incluso, en algunos casos, diseminado las culturas nativas, al colonizar a los pueblos aborígenes. Ha vuelto a reunir estos fragmentos en un bricolaje folclórico; de esta manera el sistema mundo moderno pretende presentarse como multicultural. Empero, a pesar de la fragmentación y diseminación cultural, los sistemas culturales, ancestrales y antiguos, no han desaparecido, se encuentran como configuración inscrita en la conjunción gramatológica de las huellas hendidas en la memoria social. Para que emerja esta memoria se requiere de la liberación de la memoria y la potencia social, encriptadas.

El pensamiento no existe por sí solo, como entelequia, esto sería no solamente ingenuo, sino que denota el acto de cosificación y fetichización ideológico. Esto corresponde a una recolonización enmascarada y disfrazada de “autoctonía” al servicio del despliegue recurrente de la colonialidad y de la geopolítica del sistema mundo capitalista. El pensamiento existe porque los seres humanos piensan, activan la facultad corporal del pensar, contenida en la fenomenología de la percepción. El pensamiento es propio cuando los seres humanos asumen el acontecimiento de la vida como problemática y desafío, inmiscuyéndose en la experiencia social del acontecimiento, padeciendo y gozándolo, construyendo interpretaciones, narrativas y teorizaciones. En cambio, el pensamiento propio no acaece cuando se imitan conformaciones ideológicas preestablecidas, difundidas por aparatos ideológicos y por dispositivos mediáticos, machacadas balbuceantemente por político pajpak’us. Tampoco cuando se folcloriza, cuando ocurre esto se disminuye la potencia cultural, inscrita en la memoria social, a la banalidad de una mística posmoderna.  En este caso hay flojera de trabajar en serio en la emergencia, actualización y construcción del pensamiento propio.

Los “gobiernos progresistas” han manipulado los símbolos culturales con el objetivo de legitimación de la forma de gubernamentalidad clientelar, con esta actitud artera vacían de contenido a los símbolos, a las alegorías simbólicas, a los sistemas culturales, que no dejan de ser dinámicos. Los “gobiernos progresistas” han manipulado los nombres y categorías del socialismo, que es una utopía, vaciándola de contenido, con la finalidad de legitimación del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que practican. Los “gobiernos progresistas” han manipulado los conceptos comunitarios, vaciándolos de sus contenidos subversivos y ecológicos, buscando la legitimación del despliegue recolonizador de las políticas neopopulistas.

 

 

Hipótesis sobre el pensamiento propio

La ciencia, la filosofía, el pensamiento antiguo, que, obviamente no podemos homogeneizarlo, tuvieron como referencia, también como problema, a los llamados elementos, el agua, la tierra, el aire y el fuego. Esta referencia puede variar en sus señalamientos, idiomáticamente y culturalmente, incluso pueden variar en su número los elementos de referencia, sin mencionar todavía al quinto elemento, más bien, abstracto, indefinido e indeterminado, que Alexandro de Mileto denominaba ápeiron, que viene a ser el arché, el origen. En otras palabras, las sociedades antiguas han concebido el cosmos a partir de los elementos, por lo tanto, de cómo se combinan y componen los elementos conformando así el mundo. Las interpretaciones de cómo ha acontecido y acontece varían según culturas y escuelas; es en esta variación donde podemos compararlas y atender a sus analogías y diferencias, obteniendo la singularidad de sus cosmovisiones.

En el continente de Abya Yala, antes de las oleadas de conquista y de las oleadas de colonización, las sociedades antiguas del quinto continente configuraron cosmovisiones propias, adecuadas a la experiencia social, territorial y cultural vivida por los pueblos nativos. Las narrativas simbólicas, las alegorías y mitologías continentales sostienen, por así decirlo, narrativas interpretativas singulares, que conjugan clasificaciones, taxonomías, medidas y magnitudes, observadas y calculadas, cósmicas y terrestres, aplicadas a la agricultura, con interpretaciones sobre los orígenes del fuego, del agua, de la tierra y, también, dependiendo de la figura metafórica, del aire. También los mitos continentales se refieren al origen de la recolección y de la caza, al origen de los instrumentos de caza y de las armas, al origen de la agricultura, así como al origen de la artesanía, también al origen de la cocina, de la culinaria y de la mesa. Se podría decir, como lo expresa Claude Lévi-Strauss, de alguna manera, que se trata de una consciencia de la naturaleza y de la cultura.  No dijimos, a propósito, consciencia de la diferencia entre naturaleza y cultura, que es lo que termina estableciendo la antropología estructural, puesto que, más bien, puede darse una conjunción dinámica entre naturaleza y cultura en las sociedades precolombinas de Abya Yala.

El término pacha, en aymara y en quechua, alude precisamente a esta conjunción dinámica entre naturaleza y cultura. Se ha interpretado, por intelectuales andinos, que pacha expresa la dualidad del espacio y tiempo, aproximando el concepto pacha al concepto del tejido espacio-tiempo de la física relativista y cuántica. Se trata de interpretaciones contemporáneas. También, desde la antropología, se ha interpretado pacha como dualidad complementaria, la dualidad que mueve y conmueve la organización social del ayllu. Se trata de otra interpretación, que compartimos en ensayos anteriores al colectivo Comuna y durante la actividad de este colectivo. Lo que nos interesa ahora es proponer hipótesis interpretativas de la constitución del pensamiento en las sociedades antiguas precolombinas. Es distinto a hablar de la constitución del pensamiento propio después de la conquista y la colonización, abarcando los períodos coloniales y los periodos republicanos, hasta llegar a nuestros días, cuando se busca recuperar el pensamiento propio o, desde otra perspectiva, construir el pensamiento propio, teniendo en cuenta la remoción arqueológica de los saberes.

Volviendo a la conjunción de naturaleza y cultura, la hipótesis retoma esta premisa y propone que para las sociedades precolombinas la cultura es una continuidad de la naturaleza, para decirlo de ese modo, usando términos conocidos en la ciencias humanas y sociales, que se remiten a la physis y a la noesis de la filosofía griega. Entre cultura y naturaleza se pliegan y despliegan tejidos fácticos y tejidos sociales, ligazones prácticas y ligazones imaginarias. Todo un entramado de conexiones, articulaciones, metamorfosis y transformaciones, pasando por adaptaciones y adecuaciones, conllevando equilibraciones. Entonces se entiende que los mitos se remitan no al origen del humano sino a la anterioridad de la aparición humana, de la aparición de la gente, es decir, se remite a la anterioridad de las plantas y animales, de la tierra, de los bosques, de las montañas, de las aguas, por cierto, de los ríos, se remite a la anterioridad de las estrellas, del sol y la luna. Es de esta anterioridad que los humanos aprenden. No hay pues humanos sino devenir planta, devenir animal, devenir humano. Metamorfosis.

La segunda hipótesis propone que este devenir naturaleza y devenir cultura es el substrato de la experiencia social, colectiva y comunitaria, así como de las memorias de los pueblos nativos, dando lugar a la emergencia de imaginarios culturales y formaciones expresivas simbólicas y narrativas, que se estructuran a partir de la idea de ciclo. Pacha Kuty, en quechua, significa gran cambio o trastorno en el orden social y político, sinónimo también de cataclismo. Pacha Kuty, en tanto tiempo y espacio, implica regreso, kuty, a la pacha, al espacio y tiempo, a un nuevo ciclo cósmico, también social, que puede interpretarse como de alcance civilizatorio. Entonces, la idea de ciclo es primordial en la cosmovisión andina.

El término pacha tiene variadas connotaciones, se usa para referirse al gobierno territorial, entendiendo territorio en su acepción espacio temporal, como movimiento, cuando se nombra Pacha Kamaq. Aunque también tiene una connotación cósmica al referirse a la causa de la creación. Así mismo tiene connotaciones catastróficas cuando se refiere a cataclismos, como terremotos, cuando se menciona pacha kuyuy. Del mismo modo, adquiere el significado de luz universal, cuando se habla de pacha k’anchay. En un sentido específico se remite a la madrugada, cuando se dice pacha paqariy. Abriéndonos a más connotaciones pacha también significa época, es decir, ciclo largo; otra connotación es mundo; con mayor alcance, universo, cosmos. Pacha, entonces, es un término polisémico, abierto a connotaciones múltiples, dependiendo del uso práctico o teórico del lenguaje; empero, este mapa semántico, tiene como un núcleo de sentido, si se quiere de sentido inmanente, este sentido es el de la configuración de ciclo.

La tercera hipótesis se propone una búsqueda retrospectiva a partir de un hito histórico, donde se persigue precisamente el retorno a los dioses, un movimiento de resistencia contra la conquista y la colonización, dado en el siglo XVI, llamado Taki Unquy, que hemos interpretado, en ensayos anteriores, como el camino de retorno a los dioses, pero cuya traducción puede significar canto de la enfermedad o enfermedad del canto. Taki, en quechua, se traduce por canto, takina significa canción; pero, takillpa quiere decir talón, taklla, cuando se encuentra en chaki taklla, significa arado de pie. Quizás por esta connotación taki también se comprende como camino, en su expresión, mas bien, alegórica. En todo caso, la aproximación de canto y camino viene a ser altamente significativa de manera metafórica.

Entonces, este retorno a los dioses es el retorno a las huacas, a las deidades andinas, abandonadas desde la conquista, cuando se impuso la religión cristiana, exigiendo la fe monoteísta. Es el retorno al politeísmo y, se quiere, al animismo, aunque mejor suena al panteísmo. En consecuencia, podemos encontrar un substrato politeísta en el pensamiento andino. Hemos dicho que se trata de un pensamiento del devenir, ahora decimos que, en todo caso, se trata de un pensamiento plural más que dualista, que es lo que establecen las interpretaciones conocidas académicas. Por lo tanto, no se trata tanto de complementariedad dual sino de complementariedad plural. Se trata de la armonía no solo, volviendo a la exposición inicial, de los elementos primordiales, sino de la armonía o sincronía de los distintos ciclos vitales.

La cuarta hipótesis propone la concepción de un movimiento circular, que no necesariamente es el ciclo, pues se trata de la forma circular, también esférica, así como de remolino; estas son las connotaciones del término muyu, que significa círculo, también, en otra connotación, fruta. Muyuchay quiere decir redondear, muyuchiy hacer girar, muyupayay merodear, en tanto que muyuq wayra significa torbellino. Las implicaciones prácticas de esta concepción del movimiento circular son múltiples en la vida social de las comunidades, por ejemplo, la rotación de mandos en el ayllu.

La quinta hipótesis propone la concepción de la reciprocidad o ayni. Esta reciprocidad tiene que ver, desde una mirada interpretativa más amplia y más profunda con lo que la antropología de Marcel Mauss denomina don o circulación del don. Aunque los estudios etnográficos de Mauss se localizan en la polinesia, en Samoa, en Maorí, en las islas Andamán, en Melanesia, en Nueva Caledonia, en Trombriand, en América del Norte y, a través de los estudios de Bronislaw Malinowski, se basó en el intercambio del kula, la institución del Potlach, Dominique Temple aplicó el concepto de reciprocidad a las regiones andinas, amazónicas, del Caribe y México, ampliando ostensiblemente la geografía de irradiación de la circulación del don y de la complementariedad de la reciprocidad.

La sexta hipótesis propone la concepción transversal de la complementariedad, que mueve el cosmos, el mundo, que mueve a las sociedades y comunidades. La complementariedad integra, armoniza y sincroniza.

La séptima hipótesis es propiamente filosófica, para decirlo de esa manera. Propone la sabiduría a partir de la comprensión mediante la noción, yacha, en quechua. Sabiduría, yachay, que se logra a través del aprendizaje, yachaqay, y la enseñanza, yachachiy. El aprendizaje requiere de la experiencia de recorrer el camino de la sabiduría; este camino es el de la intuición, de la comprensión, del entendimiento y del conocimiento de la complejidad de las dinámicas integrales y de los ciclos de la pacha.

Ahora bien, estas son meras hipótesis prospectivas, en el boceto de un análisis retrospectivo del pensamiento propio ancestral de las sociedades y comunidades precolombinas de Abya Yala.  Se requiere contrastarlas mediante investigaciones multidisciplinarias, no sólo etnohistóricas, pues no son suficientes, sino arqueológicas, también semiológicas, como las que se dieron respecto a la lengua maya, logrando descifrar los códigos binarios de la escritura jeroglífica maya, escritura silábica. Los códigos de la escritura maya, las formas de expresión, son parecidas a las inscripciones de Tiwanaku.

Ahora bien, estudiar y abordar el pensamiento propio después de la conquista y la colonización, requiere de otro enfoque que, aunque incorpore el enfoque sobre el pensamiento propio ancestral, amerita desplazamientos que abarquen los trastocamientos civilizatorios y culturales dados durante los periodos coloniales y los periodos republicanos. Así como abordar la tarea del pensamiento propio en la actualidad requiere de una evaluación crítica de los movimientos de descolonización y de liberación dados durante el siglo XX y principios del siglo XXI. No hacerlo, equivale a renunciar al pensamiento propio y optar por la impostura demagógica de la ideología neopopulista, indigenista, no indianista, que implica radicalidad; ideología que degrada, vacía contenidos, banaliza, folcloriza y termina subsumiendo y subordinando los actos, las expectativas y las pretensiones a nuevos procesos de recolonización.

Interpelación radical y crítica alegre

Interpelación radical

y crítica alegre

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Interpelacion y critica

Mujeres combatientes

¿Con quién hablar?

¿Con quién hablar? ¿Quién escucha del otro lado? Para que ocurra hay que compartir equivalentes sensaciones y afectos, la apertura del cuerpo; no importa la diferencia de interpretaciones y pensamientos. Esta distinción y variación hace a la comunidad y a la comunicación. La comunidad de los bienes y de los actos, de las entregas y el gasto sin retorno, la donación. Del otro lado está la alteridad donde me encuentro con la otredad que también habla, escribe, hace y deshace, ama. Quiere ser escuchada.

Devenir cuerpo y devenir pensamiento

La razón es una de las facultades del ser humano y la racionalidad corresponde a su ejercicio, ambos términos que adquieran o se definan, se señalen con distintas palabras o nombres en las diferentes lenguas es característica de la variedad lingüística. De aquí no se puede deducir que los distintos nombres idiomáticos se refieren a distintas cualidades, como si en uno de pueblos los humanos hagan uso de la razón y en otros hagan uso de otra cualidad o capacidad humana, preponderante, en cada caso peculiar, facultad parecida, empero distinta a la razón.  Estas apreciaciones de una inadecuada conjetura antropológica y etnográfica, por parte de intérpretes fundamentalistas de las culturas, ha llevado a exageraciones estrambóticas como las que acabamos de mencionar.

El problema de estos fundamentalismos culturalistas es que no sitúan la discusión en el contexto, por ejemplo, el contexto de la modernidad, que abarca el mundo, que se ha mundializado, de tal manera que podemos hablar de un sistema mundo cultural moderno o, si se quiere, de la civilización moderna. Diferenciando este contexto histórico y cultural de otros contextos históricos y culturales, por ejemplo, no modernos, es decir, anteriores a las genealogías y arqueologías del desenvolvimiento de la modernidad, que comienza traumáticamente en el siglo XVI con la conquista y colonización del continente de Abya Yala.

En otros sistemas culturales no modernos las denotaciones y connotaciones de las facultades humanas adquieren otras funciones lingüísticas, culturales, semánticas y conceptuales en los sistemas culturales de referencia. En estos casos es menester comprender a cabalidad la singularidad de estas funciones en dichos sistemas culturales, además de las denotaciones y connotaciones propias a cada sistema, donde los símbolos, los signos, las palabras, adquieren distintos sentidos y significaciones en la propia hermenéutica del sistema cultural de referencia.

En los distinto períodos de la modernidad y la mundialización del sistema mundo capitalista, sobre todo en los más avanzados y tardíos, lo que hay que tener en cuenta es esta conmoción del acontecimiento moderno y sus consecuencias culturales, sobre todo en lo que respecta a la fragmentación de las culturas antiguas y su reciclaje en la civilización moderna, civilización de la suspensión de los valores y las instituciones tradicionales. Ciertamente se dan resistencias culturales, pero a éstas hay que entenderlas en los entramados y las mezclas, culturales y lingüísticas, donde las resistencias se enfrentan modernamente a la modernidad. La recuperación o el retorno cultural implica no un retorno tal cual, a las mismas condiciones históricas y culturales anteriores a la era moderna, esto es imposible. Sino una superación de la modernidad atravesándola, deconstruyéndola y diseminándola, por último, clausurándola. Haciendo emerger de las memorias sociales y colectivas las posibilidades y potencialidades no realizadas de las civilizaciones aplastadas y las culturas fragmentadas por la modernidad.

En consecuencia, ante esta liberación de las memorias y potencias sociales, también se liberan las posibilidades de la ciencia y la tecnología, restringidas por el sistema mundo capitalista, convertidas en meros instrumentos de la acumulación de capital. También se liberan las potencialidades del pensamiento y las potencialidades corporales humanas, que se abren al potenciamiento mutuo entre sociedades humanas y sociedades orgánicas, entre sistemas culturales humanos y ecosistemas planetarios.

La ideología autocomplaciente

Es como la mirada en el espejo, mirarse a uno mismo y concebirse el centro de la Tierra, por este camino, el centro del universo.  Toda gira en torno de este centro que es la mismidad, el ego también, así como la ipseidad, solo que la ipseidad alude al sí mismo en el sentido más propio, en el sentido más profundo. Sin embarga, la mirada en el espejo de la ideología autocomplaciente es, más bien, forzada y artificial, una comedia de la representación, convertida en la repetición de un vacío, el centro vacío que ocupa el comodín. Este centro puede ser la pretensión de ser amo, aunque también, simétricamente, la queja de la víctima, la pretensión de que se es siempre la víctima en las tramas sociales popularizadas, señaladas como dramáticas o trágicas. Amo o víctima es el centro vacío donde se aloja el comodín de la narrativa de la ideología autocomplaciente.

Tampoco es la mirada del espejo del psicoanálisis de Jacques Lacan, donde el otro hace de espejo del yo, entonces el yo se ve en el otro como espejo de uno mismo. Pues la ideología autocomplaciente no ve al otro, ni como alter, tampoco como anticipación de uno mismo en la constitución del sujeto. La ideología autocomplaciente sitúa el espejo en la imagen del caudillo, que es una invención del imaginario colectivo, del mesianismo político barroco. Quien se ve en el espejo es el caudillo y observa el mudo a través de esa imagen, donde, según su delirio, toda gira en torno a él, todo sucede según el motor de sus compulsiones. Esta imagen barroca de la convocatoria del mito, el caudillo, tiene su simetría en la imagen de la víctima o, mejor dicho, el chantaje de la victimización. La narrativa de la victimización tiene su referencia en la narrativa cristiana de la pasión de Cristo y en la apoteosis evangelista del dolor. Por una parte, se toma al mesías político y por otra parte a la fatalidad del condenado a sufrir. El centro vacío, entonces, de la ideología autocomplaciente puede ser llenado tanto por el caudillo como por la recurrente victimización.

En la ideología autocomplaciente no se considera la posibilidad del error, mas bien, los eventos y sucesos se presentan como la realización de una profecía anunciada, si esto no acontece es debido a la conspiración del mal. De este modo se justifican lo errores, las crasas equivocaciones y hasta las atrocidades cometidas. El efecto práctico de esta ideología autocomplaciente es que el pragmatismo chabacano y el oportunismo embustero se imponen en el juego político, los bribones ganan mediante el empleo de la “astucia criolla”, trazando un recorrido de imposturas, derrotas y fracasos, que siempre se encubren con hipótesis ad hoc de la ideología autocomplaciente.

La ideología autocomplaciente se ha convertido en una apología de las mediocridades proliferantes. Perfiles de la degradación ética y moral, personificaciones de la decadencia, la algarabía de los saltimbanquis, se hacen elocuentes en las pronunciaciones recientes de la ideología autocomplaciente. La banalidad es exaltada y las violencias polimorfas, machistas, politiqueras, inconstitucionales, ecocidas, etnocidas y democracidas convertidas en prácticas cotidianas del neopopulismo despintado y deshilachado.

Salir de los círculos vicioso del poder, de la ideología, de la estridente fama circunstancial mediática, de la corrosión institucional y la corrupción galopante, requiere de la abolición del poder, de la diseminación de la institucionalidad de la colonialidad y modernidad tardía, de la deconstrucción de la ideología, máquina de la fetichización. Se requiere que los pueblos se asuman como conglomerados de voluntades singulares, que no enajenen este conglomerado volitivo en la voluntad general, concepto abstracto de la legitimación del Estado nación. Que ejerzan su libertad como potencia creativa, como autogestión y autogobierno.

  

Cinismo o quinismo

La era moderna es la del desenvolvimiento contradictorio y contrastante del cinismo. Si bien podemos hablar de cinismo como una interpelación radical a la filosofía desde Diógenes  de Sinope, Peter Sloterdijk distingue dos formas de cinismo desenvueltas y desplegadas en la modernidad, el cinismo señorial, prepotente dominante, correspondiente al lenguaje desvergonzado del poder, y el cinismo consecuente con la herencia y tradición de Diógenes, llevando a cabo la crítica espontánea y natural contra el poder,  sus estructuras, diagramas y pretensiones. Para diferenciar ambos cinismos, Sloterdijk nombra al primero como cinismo moderno y al segundo, el cinismo propiamente dicho, como quinismo, conservando el sonido griego y aludiendo a su autenticidad.

Entonces, podríamos decir que el cinismo moderno se presenta como pragmatismo, como realismo político, como verdad cruda y cruel, pero verdad construida por el poder. En tanto que el quinismo, también moderno, continuando la tradición escatológica, por así decirlo, recupera la claridad elocuente y desenvuelta de la verdad corporal. Dinamita los cimientos del poder y derriba sus premisas iniciales, sobre la que construye la formación discursiva de la legitimidad de las dominaciones polimorfas. El quinismo emerge plebeyo, es contestatario desde lo palpable e ineludible, las manifestaciones singulares de la realidad efectiva. El quinismo se mofa y ridiculiza las poses y las ceremonialidades del poder, sus pretensiones de verdad, su manera de adulterar el quinismo convirtiéndolo en la cínica pose dominante, la desvergonzada elocuencia de la genealogía del autoritarismo.

La burguesía es cínica, la casta política también; para la burguesía todo se reduce a la producción de ganancia, que llama economía; para la casta política todo se reduce a la disposición de poder, que llama política; esta disposición de poder se consigue con astucia. Los medios de comunicación, de la misma manera, son cínicos; par a estos medios todo se reduce al espectáculo, a la publicidad y propaganda, a la manipulación de la opinión pública, con el efecto de hacerla desaparecer. Esto implica la colonización de las mentes. Así mismo, las dirigencias sindicales y populares se han vuelto cínicas; para éstas todo se reduce a acceder a la representación de la dirigencia, para desde allí negociar con la casta política y la burguesía, para arrancarles cuotas de prebendas y cuotas de poder. Se puede hablar entonces del cinismo generalizado en las sociedades de la modernidad tardía.   Recientemente ha aparecido una nueva versión del cinismo moderno, esta especie corresponde a los “revolucionarios de pacotilla”; para ellos todo se reduce al teatro político, a la comedia de la representación, de esta forma acceden rápidamente al poder, impulsados por el voto popular. Una vez en el poder continúan con la demagogia populista, empero, nunca practican la revolución, al contrario, adquieren rápidamente las mañas de la casta política, incluso las intensifican desbordantemente; se inclinan por la continuidad económica implantada por la burguesía, solo que mediante una combinación barroca entre burguesía y burocracia.

El quinismo pone en evidencia todos esto juegos de poder, los desmorona desnudándolos de sus investidura y disfraces, los interpela hurgando en sus tuétanos, hace visible sus imposturas mostrando sus vulnerabilidades ocultadas.

Interpelación fáctica y crítica alegre

El discípulo de Antístenes, fundador de la escuela cínica, también conocida como la “escuela del perro”, llamado Diógenes de Sínope, va llevar lejos las enseñanzas de su maestro que, a su vez, fue discípulo de Sócrates.  En comparación con Sócrates, que es conocido por haber propuesto, como alternativa al conocimiento del mundo, el enunciado de “conócete a ti mismo”, también comprando con la máxima anterior del templo de Delfos, que prescribe el “cuidado de sí mismo”, es decir, del cuerpo, por lo tanto de la salud, se podría resumir la máxima de Diógenes, que simplemente dice: ¡Vive! Vive como establece la naturaleza que vivas, desechando la invención de necesidades superfluas, inventadas por la sociedad institucionalizada. De esta comparación podemos concluir que Diógenes va más lejos. Dice, casi textualmente, que hay que vivir bien y no hay que vivir mal.

Vivir bien es vivir en armonía con la naturaleza, reivindicando la animalidad del ser humano, sus espontáneas dinámicas corporales, en cambio, en contraste, vivir mal corresponde a dejarse llevar por las necesidades artificiales inventadas, por lo superfluo de las ostentaciones, por las ilusiones de la riqueza circunstancial, por la comida dañina a la salud. Por lo tanto, hay que renunciar a toda esta indumentaria que está demás, a los artefactos innecesarios, a los lujos demostrativos, a la comodidad artificial, al consumo que envenena.

Diógenes crítica la enseñanza inútil de la escuela platónica, pues considera que hay que ocuparse del aquí y el ahora, del presente, de valorar los instantes y los detalles, de vivir sencillamente, como lo hacen los animales. Pero, también buscaba al hombre y no lo encontró; para él el hombre debe ser auténtico y no un impostor y un hipócrita. La sabiduría radica en lograr esta autenticidad mediante la acción, es decir, desenvolverla en la práctica.

Una anécdota conocida de Diógenes es la del encuentro con Alejandro Magno, cuando el soberano concedió al filósofo expresar un deseo, Diógenes le pidió que no le quite el sol, que no le de sombra. Esta anécdota nos enseña la relación de la sabiduría con el poder, la sabiduría es insobornable, es autónoma. De la misma manera, la anécdota de la linterna encendida por él, en plena luz del día, en busca del hombre, nos muestra la enseñanza pantomímica, procedimiento pedagógico de una crítica factual. La anécdota de su vivienda, que consistía en un tonel, nos muestra no solamente la renuncia a lo superfluo, sino que se está en condiciones de vivir en cualquier lugar, de acuerdo a las leyes de la naturaleza.

Peter Sloterdijk anota que el Diógenes desvergonzado es un “animal político”, no en el sentido de Aristóteles como zoon  politikon, sino como ser vivo. Se remarca la base animal de la existencia humana, en consecuencia, se expresa la plataforma para una antipolítica existencial. Sloterdijk considera a Diógenes como una anticipación temprana del ecologismo.

Cuando Diógenes interpreta al Oráculo, que le dice, respondiendo a su pregunta sobre la falsificación de la moneda, que condenó a su padre, que la moneda es falsa, comprendiendo el significado de esta sentencia como que la moneda es una invención social, una invención de las relaciones sociales, podemos considerar al antifilósofo como una anticipación temprana de la crítica de la economía política.  Solo que no solamente se trata del fetichismo monetario, sino de los fetichismos inventados por las relaciones sociales.

Trasladándonos de ámbitos, contextos, y tejidos espacio temporales, territoriales, sociales y culturales, en la cosmovisión andina se sitúa Tunupa como dios juguetón, dios travieso, también de la ironía, que pone en dificultades a los otros dioses, quienes lo castigan amarrándolo a una balsa de totora, puesta a la deriva, llevada por el río. El desenlace del mito ocurre cuando la balsa se hunde, llevando a Tunupa al Ukhu Pacha, una vez en el fondo, emerge como explosión volcánica, se eleva estruendoso hasta el Janaq Pacha, para caer como magma sobre la Jallp’a Pacha. En correspondencia con la cosmovisión, en la vida cotidiana, por así decirlo, en la fiesta, en el festejo, en la algarabía, aparece el qamchu, el asichiq, el sawka rimaq. Después de la conquista, la ironía y la burla de las resistencias culturales reaparece en las alegorías sincréticas de las entradas. Tunupa va convertirse en el Iquiqu para la feria mestiza, y van a proliferar las figuras sarcásticas en los bailes de carnaval. Se puede decir que la interpelación plebeya a los modales coloniales y, después, a los modales de la colonialidad, que la crítica alegre a las instituciones de la colonialidad y de la República, forma parte de las resistencias culturales, de las prácticas colectivas y del humor popular.

Sumaq Kawsay, que significa vida plena, corresponde a la ética comunitaria, que prescribe vivir en armonía con la Pachamama y vivir en armonía con el conglomerado de sociedades entrelazadas, humanas y orgánicas, de los ecosistemas de los ciclos vitales planetarios. Nada más alejado de esta prescripción son las políticas y prácticas de poder de los gobiernos neopopulistas, que administran el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

Diseminación y explosión social

Diseminación e implosión política y social

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Diseminacion 2

 

¡Fuera los pirómanos de los bosques! Son crímenes de lesa naturaleza, también etnocidios y crímenes de lesa humanidad.  Pueblo asume tu responsabilidad, expulsa a estos delincuentes de los bosques, han perdido ipso facto el derecho de habitar en la Amazonia, el Chaco, el pantanal y los valles.  Pueblo, si no actúas eres cómplice de estos crímenes.  Un pueblo que no defiende la vida, los ecosistemas, los bosques, no merece existir. 

 

 

 

Crisis múltiple y demagogia proliferante

 

Estamos en el remolino de la crisis que, como dijimos es una crisis múltiple, ecológica, civilizatoria, del sistema mundo capitalista, también crisis política y económica, además de social. Haciendo un recorte, hablando solamente de la crisis económica, que, obviamente, es mundial, por eso, regional y nacional, con las distintas tonalidades adquiridas singularmente, la crisis en Bolivia se configura en la composición histórica de tres ciclos, el ciclo largo, el ciclo mediano y el ciclo corto. En el ciclo largo tiene que ver con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que genera dependencia y, además a costos demasiado altos ecológicos, irreversibles. El ciclo mediano tiene que ver con un Estado rentista y una estructura económica cuyo diseño corresponde a la exportación, principalmente de materias primas, diseño en el cual está atrapada el resto de las exportaciones. El ciclo corto tiene que ver con políticas económicas sin horizonte y sin estrategia, sugeridas en la improvisación, tanto en su versión neopopulista como neoliberal.

Los síntomas en la coyuntura se pueden resumir en los siguientes indicadores macroeconómicos: La deuda externa que sobrepasa los 10 mil millones de dólares, al 2020. La deuda interna también sobrepasa los 9 mil millones de dólares. La deuda externa equivale al 25% del PIB y la deuda interna equivale al 23% del PIB, lo que implica, que la deuda total equivale al 48% del PIB. Las reservas internacionales bajaron a 6 mil millones de dólares, después de haber llegado en el 2014 a los 15 mil millones de dólares, desde cuando comienzan a bajar, debido al uso gubernamental que se hace de los mismos. Es decir, las reservas internacionales bajan al 2020 en más de la mitad; ya en el cierre de gestión del 2019 esa era la magnitud de reducción de las reservas internacionales.

En la coyuntura, las materias primas, los hidrocarburos y los minerales, anuncian una subida, sobre todo por el reciente comportamiento de la economía mundo.  Relativa recuperación económica de China, después de haber sufrido las consecuencias de sus primeras olas de la pandemia; incremento del consumo de gas en la India, el anuncio del nuevo gobierno de Estados Unidos de Norte América de un estímulo para reactivar la economía de 1,9 billones de dólares, además de la paulatina inclinación por regularizar la economía en otras regiones y países. Empero, esta subida de los precios tiene que ser contrastados con el costo de la restricción, recesión y paro económico, provocado por la pandemia en todo el mundo. Crisis económica que repercute notablemente en la crisis social, altamente agudizada.

El crecimiento económico, medido como variación del PIB, estuvo en el orden del 4,2% en el 2028, para bajar a 2,7% en el 2019, y bajar estrepitosamente a -5,9% en el 2020, llegando a recuperarse hasta el 2,2% en los primeros dos meses del 2021; no se tiene, ciertamente la variación del PIB del año entero, por lo que la última cifra no es comparable. Sin embargo, hay que tener en cuenta un recorrido un poco más largo de estas variaciones. El pico más alto se alcanzó el 2013, cuya tasa de crecimiento fue del orden del 6,83%, a parir de entonces se marca una tendencia a bajar. En el 2014 la tasa de crecimiento es de 5,5%, en el 2015 es de 4,85%, en el 2016 es de 4,30% y en el 2017 es de 4,20%; es decir que el llamado crecimiento económico comienza a bajar desde el 2014. ¿A qué se debe esta caída? El economista y analista económico Gonzálo Chavez Alvarez se pregunta:

“¿Quién es responsable de seis años de déficit comercial, siete de déficit público, pérdida de más de 8.500 millones de dólares de las reservas internacionales entre 2014 y 2019, aumento de la deuda externa del 14 al 26 % del PIB, caída de la inversión pública a partir de 2016, crecimiento brutal de la economía informal y la desaceleración de la economía desde 2014?”. Ironiza la respuesta inmadura del gobierno de Luis Arce Catacora que culpa de semejante caída del crecimiento económico y de la crisis actual al “gobierno de transición”, que solo duró un año.

Desde nuestra perspectiva, como lo dijimos en escritos anteriores, relativos a la temática y problemática, en Bolivia no hubo desarrollo económico, como acostumbran a hablar los economistas, que implica transformación de las condiciones iniciales de producción. Volviendo a la jerga economista, solo hubo crecimiento económico debido a la bonanza de las materias primas, no tanto por una buena gestión económica, cuyo procedimiento se restringió a la habilidad de cajero. Ahora bien, la tasa de crecimiento económico es un indicador relativo del crecimiento, se trata de una variación porcentual, no se refiere a nada más. No habla de los desplazamientos y modificaciones cualitativas de la composición de la estructura económica. Entonces este indicador solo sirve como orientación cuantitativa de los ritmos anuales de la variación del PIB. Empero, el gobierno neopopulista de Evo Morales Ayma y, ahora, el gobierno neopopulista reforzado de Luis Arce Catacora, incluso el desgobierno de la “transición” se aferran a la metafísica estadística sin visualizar la composición material y la estructura cualitativa de la economía. Por eso no pueden ver que la causa profunda de la crisis se debe al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y a las gestiones administrativas de un Estado rentista, fuera, ciertamente, de lo que hace singular a la crisis económica boliviana, que tiene que ver con la corrosión institucional y la corrupción galopante, además de la improvisación desesperada de ambas formas de gobierno, la neoliberal y la neopopulista. 

No solo estamos en el remolino de la crisis, sino que no hay perspectivas para salir de la crisis, menos se ven comportamientos adecuados gubernamentales. Al contrario, como si un instinto tanático posea a la casta política, solo ofrecen patéticos escenarios de comedias grotescas, de trifulcas banales y de pelea de gallos desplumados. Lo cierto es que el remolino de la crisis intensifica su fuerza y amenaza arrasar el panorama ficticio inventado por los gobernantes y analizado por los economistas. No se puede afrontar la crisis múltiple con cambiar el patrón primario exportador. ¿Por qué patrón habría que cambiar? ¿Uno productivo? Este fue el sueño de los gobiernos nacional populares de mediados del siglo XX. En los escasos lugares donde esto ocurrió, con el desplazamiento a la industrialización, en Argentina, Brasil y México, lo que evidenciaron estas economías pujantes, en su momento, es que se pasó de una forma de dependencia primaria a otra forma de dependencia más compleja, respecto del centro del sistema mundo capitalista. Además, a un costo demasiado alto de destrucción de los ecosistemas, contaminación, depredación y destrucción ecológica, acarreando expansiones intensas de la crisis social. Por otra parte, a la larga, las economías industriales de América Latina nunca salieron de una composición gravitante extractivista, para redundar en ésta después de un tiempo de bonanzas, expectativas y transformaciones, cuando la competencia de la fábrica mundial, que es la República Popular de China, desbordó los mercados con la oferta de bajos precios en el mercado mundial, incluso de los mismos países latinoamericanos mencionados.

La salida está en otra parte, parafraseando a Milan Kundera. No es sostenible ni sustentable un proyecto de industrialización, tampoco su cobertura ideológica desarrollista. Mucho menos continuar con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. El planeta, los continentes, los ecosistemas, ya no aguantan los niveles destructivos del sistema mundo capitalista, compartido por liberales y socialistas. No hay porvenir por esta vía de la modernidad productiva y consumista. Si las sociedades humanas no trascienden hacia la civilización ecológica están destinadas a perecer.

 

 

Caudillo caído en desgracia

 

No sabe desde cuándo se arruinó todo, cuando dejó de ser creíble, digno de confianza, en qué momento comenzó la sospecha que no era lo que parecía ser, a un principio, por qué tuvo que afrontar protestas sociales, sobre todo de las naciones y pueblos indígenas, ¿acaso no era el líder reconocido, indiscutible? Rodeado de un entorno palaciego que le filtraba la información, que le mostraba sus logros – grandes elefantes blancos, ahora cementerio de elefantes -, que le inflaba su ego, nunca se enteró de lo que pasaba en la realidad efectiva.

Mucha agua corrió bajo el puente, el puente ya no está, pero el agua sigue todavía. Ahora, como ángel desalado, senil, envejecido, sin los oropeles que otorga el poder, cree que puede cambiar, por su sola presencia, la masiva inclinación de votos por la candidata que tuvo el coraje de quedarse y resistir al gobierno de transición, cuando la orden del caudillo y su entorno palaciego fue que nadie vuelva, haciendo contrapeso con el retorno del Congreso, mientras ya el caudillo, que dijo ¡patria o muerte!, huía con todo su entorno aterrorizado, desmoralizado y casi en pleno llanto. Su partido ganó las elecciones, pero, no por el caudillo en el exilio, desprestigiado, tampoco por su entorno palaciego y la masa elocuente de llunk’us, ni por su aparato de propagando, ni por sus recursos ingentes derrochados, sino porque le hizo a su partido un gran favor la gestión del “gobierno de transición”, corrosiva y corrupta, como la de sus propias gestiones, la de su “gobierno de movimientos sociales”, solo que la corrupción de la “transición” fue de menor escala e incluso más torpe. Empero, los grandes pecados de sus gestiones de “gobierno progresista” no se borran por los pecados lamentables del “gobierno en transición”.

Votaron por su partido incluso sectores sociales y populares que ya no votaban por el partido que los desencantó y se mostró tal cual es: parte del círculo vicioso del poder. Votaron también sectores que siempre fueron beligerantes contra sus gestiones demagógicas y entreguistas. Votaron no por el candidato que el caudillo impuso, sino por el candidato acompañante, del que tampoco quería saber, que fue defendido por las organizaciones sociales, antes, propuesto como candidato a la presidencia. Sin embargo, el segundo candidato, prefirió, primero, quedarse como segundo, repitiendo su inclinación por la renuncia a la voluntad propia, aceptando el papel opaco y triste de segundón, quien, después, no tuvo el valor de defender la reorientación, que querían las organizaciones sociales; por último, lo que hizo es volverse a entregar a las manipulaciones del anterior entorno palaciego. Esta es la razón por la que parte significativa de sus candidatos oficialistas, impuestos a dedo, van a perder en las elecciones subnacionales. Sin embargo, el caudillo déspota y caído en desgracia no cree esto, sigue sin asumir la realidad efectiva, desesperado todavía apuesta a su imagen desgastada, desvencijada y maltrecha.

Juegos de las apariencias y juegos de poder

El cinismo político hace el espectáculo para el pueblo, la comedia funciona en el teatro político; en el discurso se habla para mantener las apariencias. Así como en el siglo XVIII en el siglo XXI se repite la misma pugna entre “izquierda” y “derecha”, entre jacobinos y girondinos; solo que en el presente los nombres cambian, la lucha es entre “progresistas” y “reaccionarios”, entre neosocialistas y neoliberales. Sin embargo, fuera del teatro político el mecanismo y el funcionamiento de la máquina política es otro. El realismo político y el pragmatismo preponderan; se trata de los juegos de poder.

Los juegos de apariencias hacen a la ilusión del poder, en tanto que los juegos de poder corresponden a las dinámicas efectivas de la política.  El cinismo político radica en esto, en la perspectiva dualista de la élite de la casta política, que la lleva a un comportamiento esquizofrénico. Esta élite conoce la diferencia entre mensaje político y práctica política, entre discurso y acción, entre lo que se dice y lo que se hace. El problema es que la población interlocutora se encuentra atrapada en la atmósfera ideológica del teatro y el discurso político, es ciega respecto a las prácticas y dinámicas efectivas de la actividad política.  En pocas palabras, el pueblo cree en los políticos o, dicho de modo mesurado, prefiere creer y no complicarse con disquisiciones.

Hace un tiempo que ya se conformó la composición y la configuración de la estructura de poder, el entramado establecido articula al Estado y su mapa institucional con el monopolio de las empresas trasnacionales extractivistas, gobiernos, independientemente de su inclinación ideológica, con mecanismos operativos de concesiones y contratos, explotación de recursos naturales y tributos, regalías, rentas y sobornos. Esto en lo que respecta al lado luminoso, institucional, del poder; en lo que respecta al lado oscuro, paralelo, del poder, las conexiones de los gobiernos son con los monopolios, Cárteles, del lado oscuro de la economía. Esta configuración del poder está atravesada por dominios de escala mundial, como el Sistema Financiero Internacional, así como por la jerarquía de la estratificación inter-burguesa; en la cúspide de la pirámide se encuentra la hiper-burguesía de la energía fósil, después vienen las otras burguesías regionales y nacionales, incorporando en su campo, de manera clandestina, a las burguesías del lado oscuro de la economía. También, participando de este conglomerado, se encuentra la burguesía rentista, que corresponde a la élite de la casta política gobernante.

Aquí se encuentra la explicación de las paradojas de la revolución y de la rebelión, que, en su recorrido sinuoso, terminan atrapadas en el círculo vicioso del poder. Ciertamente no son los mismos los que comienzan la rebelión e inauguran la revolución, en el transcurso del proceso van a ser sustituidos por otros, más bien pragmáticos, en el peor de los casos, oportunistas, sobre todo cuando se accede al gobierno; es cuándo los revolucionarios están de más, no son necesarios, se requiere de funcionarios obedientes y sumisos. Es más, estos funcionarios, incluso la masa amorfa que los acompaña, se presentan como los más intransigentes y dogmáticos militantes del “proceso de cambio”. A éstos se los puede señalar como “revolucionarios” de pacotilla. Es cuando el teatro político se expande a los espacios mismos de la sociedad, donde se disputa la pretensión de legitimidad.

En resumen, la población engatusada por el teatro político y el discurso ideológico es cómplice de las rutas sinuosas del proceso político, sobre todo de aceptar el juego de las apariencias y tomarlas como realidad. Para salir del círculo vicioso del poder se requiere que el pueblo asuma su responsabilidad, que deje de ser cómplice de sus dominaciones polimorfas y del colonialismo cristalizado en sus huesos.

Paradoja de las utopías

Las utopías del siglo XIX ya se dieron de la única manera que puede realizarse la utopía; cuando se materializa lo hace como resultado de la correlación de fuerzas concurrentes. Por eso, al adquirir su realización concreta, se singulariza en composiciones combinadas y compuestas. El resultado no es el esperado, pues su efectuación no es abstracta, al ser concreta, resulta un más acá de la utopía, que, más bien es decepcionante.

El siglo XIX es antecedido, atravesado, en parte, y cruzado por el siglo de las luces, el de la ilustración, que comienza a mediados del siglo XVIII y se extiende hasta un primer periodo del siglo XIX, siglo que se convierte en la temporalidad de la revolución industrial y de la emergencia y concurrencia de los imperialismos europeos. Esta modernidad, de la revolución industrial, se afinca y emerge de la larga modernidad barroca, que comienza en el siglo XVI y se extiende hasta el siglo XVII, siendo el siglo XVIII de transición y desplazamiento de la modernidad barroca por la modernidad industrial. La modernidad barroca tiene su hegemonía geográfica en el sur del orbe terráqueo, en tanto que la modernidad de la revolución industrial tiene su hegemonía geográfica en el norte. La mundialización del sistema mundo capitalista se ha dado, primero de una manera barroca, después de una manera homogénea.

La paradoja de la concreción de la utopía es que se realiza contradictoriamente. Perdiendo el encanto de la promesa utópica. Por eso las revoluciones entusiasman al principio, cuando se las hace, como creación de la rebelión de las multitudes, empero, desencantan cuando se institucionalizan. Como dijimos varias veces, las revoluciones cambian el mundo, pero se hunden en sus contradicciones; después de destruir el Estado lo vuelven a restaurar para cumplir con la “defensa de la revolución”, creyendo que esta defensa radica en la violencia, la dictadura y la represión. Usan las mismas armas que los amos, patrones, castas y burguesías dominantes, que derrumbaron. Al hacerlo no reparan, no solamente que hacen lo mismo que los enemigos de la revolución, sino que se convierten en los nuevos amos, en la nueva casta dominante.

La utopía socialista, al realizarse, se concretó en el socialismo real, que no era otra cosa que el capitalismo de la escasez, la inquisición moderna, institucionalizada en la religión burocrática de la nomenclatura del partido único, compuesto por los sacerdotes del dogma de las leyes de la historia, la nueva providencia de los intelectuales “materialistas”. De la misma manera, lo mismo aconteció con la utopía indigenista; al realizarse, se concretiza como la continuidad de la colonialidad por otras vías, la del despotismo de la convocatoria del mito, la del caudillo “indígena”, que no es otra cosa que la máscara indígena del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. La revolución indigenista sueña con los símbolos anacrónicos de una modernidad ya transcurrida, que demostró fehacientemente sus limitaciones y mediocridades, a pesar de la racionalidad instrumental. También, a su modo, igual que los caudillos nacional populares, sueñan con la industrialización, cuando ya la crisis ecológica evidenció su obsolescencia destructiva. 

A diferencia del indigenismo, una versión nativa de la colonialidad, aunque con otro discurso, otros ropajes y otros ritos y ceremonialidades, el indianismo, expresión radical de la guerra anticolonial y anticapitalista, se propone la clausura del horizonte moderno y la apertura a otros horizontes civilizatorios, proyectando reinsertar la sociedad humana a los ciclos vitales planetarios. La convivencia con las otras sociedades orgánicas, en integración dinámica y ecológica. La anticolonialidad y el anticapitalismo se sustentan en la actualización de los saberes colectivos y culturales, liberándose de sus camisas de fuerza ideológicos y de los fetichismos de la demagogia folclórica, así como de los fetichismos de la racionalidad instrumental. Lo que implica liberar a la ciencia y a la tecnología de las ataduras que le impone el capitalismo, convirtiéndolas en meros instrumentos de la acumulación de capital, es decir, de la destrucción de la vida y del planeta. También implica liberar a la creatividad de los saberes de las instituciones académicas, por ejemplo, las universidades. Las dinámicas de los saberes se abren a la gestión multidisciplinaria y pluriversa.

 

Diseminación política y social

Diseminación es un concepto relativo a la desintegración y también a la disolución. El concepto elaborado por Jacques Derrida se refiere a la disolución institucional como crítica política radical en acción, así como política radical demoledora de la materialidad institucional del poder, realización de la crítica material. El concepto de diseminación puede ser usado tanto como acción política del activismo ácrata, así como también, en otros contextos y otra configuración, como metáfora de la desintegración del Estado nación.  Bueno es esto lo que parece ocurrir en la contemporaneidad respecto a estas máquinas abstractas y, a la vez, concretas de poder, hablando del mapa de los agenciamientos concretos de poder, que hacen a la composición del Estado y también a la composición heterogénea de la sociedad.

El Estado nación ha ingresado a un grado mayúsculo de diseminación, desintegración y disolución. Un síntoma: En el gobierno aparecen los personajes de más desenfrenada banalidad, carentes de atributos; esto ocurre en muchos países, tanto del centro cambiante, así como de la periferia del sistema mundo capitalista, independientemente de su pretensión ideológica. Lo mismo ocurre con los “representantes del pueblo”, independientemente de su inclinación política. Contra el deber ser y lo estratégicamente aconsejable, se hacen cargo del gobierno y la “representación”, por así decirlo, ilustrativamente y estereotipadamente, a modo de ejemplo, los peores y no los mejores. Ocurre como si el propio Estado y la propia casta política jugara a su aniquilación. El problema es que también hunden en el naufragio a la sociedad y destruyen al país.

Esto ocurre en todos los ámbitos del Estado, en los relativos a la administración económica, así como en la administración política; tanto en la administración educativa, así como en la administración de los bienes del Estado, recursos naturales y patrimonios; tanto en la administración social y de la salud, así como en la administración del trabajo y de los recursos humanos; tanto en la administración nacional, así como en la administración de las relaciones internacionales. La diseminación entonces está generalizada, así como la crisis múltiple del Estado nación ha tocado fondo.

En un ensayo anterior dijimos que ya no se trata, paradójicamente, que la maquinaria del Estado funcione, sino todo lo contrario, que, más bien, no funcione, que chirríe, que crepite, desvencijándose. En este mal funcionamiento atroz se consiguen otros objetivos, no de la buena administración y del buen gobierno, sino los objetivos de la convocatoria clientelar, ya que es imposible, en estas condiciones, la legitimación. Entonces, en la etapa decadente del ciclo vicioso del poder, la reproducción de las dominaciones polimorfas no pasa por la garantía del orden, sino, paradójicamente, por la promoción del desorden. En río revuelto ganancia de pescadores.

De la autodestrucción estatal

Lo asombroso de la decadencia de la política y también de la sociedad institucionalizada es que, en lo que respecta a la transformación,  que desde la perspectiva revolucionaria, comienza con la demolición del Estado, es que ya no lo tienen que hacer los revolucionarios, como antes, cuando esto vino aconteciendo en el mundo moderno desde el siglo XVIII, sino que éstos,  demoledores por excelencia del  antiguo régimen, parece que tienen que esperar, mirando desde el balcón, como lo hacen los propios gobernantes, funcionarios y representantes del Estado-nación, en pleno jolgorio de la autodestrucción.

El funcionario se ha convertido en una ficha cambiante al gusto de los caprichos del gobierno de turno, a su vez el gobierno de turno confunde Estado con gobierno, que es la realización práctica y circunstancial del Estado, además cree que su gobierno singular es el único gobierno posible. Cuando emerge el Estado-nación y se lo construye en base a una arquitectura institucional, con pretensiones de larga duración, la burocracia responde a la función profesional de la administración y gestión pública, por lo menos teóricamente, aunque hay países del centro del sistema-mundo capitalista donde se ha cumplido en gran parte este diseño de la arquitectura del poder, por lo menos durante el siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX, para después ingresar a la crisis estructural del Estado durante la últimas décadas de la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, en las periferias del sistema mundo capitalista se ha tomado el Estado como botín de los que conquistaban momentáneamente el gobierno, y a los puestos de la burocracia como un obsequio a clientela leal, que, ciertamente no cumple con los requisitos del perfil profesional del administrador y gestor público. Muy lejos del estadista y estratega se encuentra el perfil carismático de los presidentes y el perfil adulador del resto de los gobernantes. Algo parecido pasa con los “representantes del pueblo”, que después de la revolución francesa expresaban las tendencias políticas e ideológicas en concurrencia y, por lo menos teóricamente, representaban los intereses del pueblo. Esto ya no ocurre, la casta política, de todos los colores políticos, ya exentos de ideología, solo expresan descaradamente la compulsión de sus propios intereses de casta.

Si algún momento los partidos políticos portaban programas y pretendían realizarlos cuando fuesen gobierno, esto tampoco ocurre ahora. Los partidos políticos, en vez de programa político e ideológico, cuentan con una oferta electoral, por lo tanto, improvisada, que tampoco cumplen. Lo que buscan en la administración pública es aprovechar la oportunidad para enriquecerse, resolver sus problemas privados a costa del erario nacional. Para esto, obviamente no se requiere el perfil profesional del administrador y gestor que, por cierto, puede darse sin necesariamente título académico adecuado, dado el caso, siendo suficiente la experiencia.

En resumen, nos encontramos ante la implosión, a ratos diferida, a ratos intensa, del Estado y de las instituciones. El único lugar donde se buscan encubrir estos hechos ineludibles, en la historia política recientes, es en la estridente y espectacular comedia mediática de los medios radiales, de prensa y de la televisión, donde prolifera la desinformación, la especulación sensacionalista y el rumor. En consecuencias, los gobiernos casi solo se sostienen en la ficción política, por cierto, provisional y fofa, que difunden los medios de comunicación. Otra consecuencia, estos gobiernos no se aposentan ni en cimientos ni en columnas sólidas institucionales, sino en la propaganda y publicidad, en campañas mediáticas; esto implica que tienen, como se dice popularmente, pies de barro o, mejorando el dicho, y actualizando, pies virtuales. Cualquier rato, ante un soplo de viento   una crisis circunstancial, pueden derrumbarse como castillos de naipes.

Clausura civilizatoria y apertura de horizontes

Clausura civilizatoria

y apertura de horizontes

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La muerte de las ideologías

Crepusculo astillero

 

 

La muerte de las ideologías

La era de las ideologías ha pasado, así como de las grandes narrativas. Campea el nihilismo, la voluntad de nada, peor aún, el jolgorio de la trivialidad, la proliferación de la simulación cultural, la elocuencia estridente de la banalidad.  Quizás hasta los discursos mismo hayan desaparecido, solo son memoria, recuerdo, de lo que alguna vez se dijo, en un pasado que no se quiere actualizar; pertenece a la búsqueda del tiempo perdido. Ahora ya no importa la pérdida, tampoco el tiempo, menos el espacio; los tejidos espacios temporales son teoría. Lo que importa es la virtualidad, la simulación, mejor aún, la impostura. No importa la realidad, sino hacer creer que ocurre algo, la desinformación, la invención de la noticia, el sensacionalismo de los medios de comunicación. En el mejor de los casos, el teatro político, el carnaval electoral, el deleite en la fama pomposa, espumosa y fugaz, inventada mediáticamente. Nuestra posición sobre toda esta decadencia es el de la deconstrucción, la hermenéutica crítica, y la diseminación, la demolición y el desmantelamiento de las instituciones anacrónicas, los agenciamientos concretos de poder. También el de la crítica de la civilización moderna, civilización de la muerte.  Sobre todo, hay que tomar en cuenta la crítica de la ideología, la máquina fabulosa de la fetichización. En todo caso, si aparece algo parecido a lo que fue la ideología durante los siglos XVIII, XIX y XX, se dan anacronismos; de todas maneras, se observa que hay gente que ni se ha enterado de lo que es la ideología, son personas que creen que el mundo se reduce al oportunismo descarado. A esta gente se la puede señalar como la que asume la política de manera deportiva, convierte la comedia en el espectáculo esmerado de lo grotesco. Por otra parte, cuando la mediocridad se hace del gobierno suele buscar encubrir sus vacíos con el recurso desmedido de la violencia.

A propósito de las esferas

Las esferas siempre estuvieron ahí delante de nosotros, de cada quien, de cada nacimiento. Para saberlo basta ver parte de ella en la contemplación de la bóveda celeste o, de manera completa, mirar al sol de día, aunque sea un rato, mejor de soslayo, y mirar a la luna de noche; a veces se puede mirar a ambos, suspendidos, más allá de la bóveda celeste.  No se requería, entonces que una escuela de matemáticos o de filósofos inventaran o construyeran una esfera artificial, admirada por quienes la contemplan y sienten que han descubierto el secreto centralizado del cosmos.

Esta relación inmediata con el acontecimiento de la existencia y de la vida fue y es la certeza primordial de los seres; son en esa relación fundamental y a través de esa relación son. La interpretación del acontecimiento a partir de esta relación se da como fenomenología del cuerpo. Es más, hasta se puede hablar de una interpretación arcaica inmanente al genoma; su capacidad programática y de reprogramación supone la información del universo, si se quiere, del multiverso. Georges Canguilhem hablaba del saber no evocativo, inherente a la biología. Este reconocimiento equivale a descentrar la egología metafísica de la subjetividad esférica constituida por las religiones del desierto.

 

Saber del devenir, devenir experiencia, devenir saber. Vida, es decir, vivir en el devenir. Pensar en devenir, devenir pensamiento, pensar es devenir. Estos enunciados nos trasladan a la multiplicidad, complejidad y, a la vez, a la singularidad del pensamiento. Se puede decir que se trata de liberar al pensamiento y al pensar de un estereotipo, por así decirlo, el que considera que el pensamiento solo es la relación consigo mismo; ciertamente que lo es, pero de una forma de pensamiento, no de la única, tampoco de la más importante. En todo caso, todas las formas de pensamiento son realizaciones de esta capacidad de pensar, que es parte de las fenomenologías corporales. En los mitos amazónicos se desenvuelve otra forma de pensamiento, el pensamiento del devenir, que se expresa en las proliferantes figuras de las metamorfosis vitales, conformando narrativas de alegorías simbólicas, que se explayan en clasificaciones metonímicas y metafóricas de los acontecimientos vitales. Si, por el momento, provisionalmente, calificamos al pensamiento que se basa en la reflexión y en la relación consigo mismo como pensamiento caracol, pensamiento que se pliega encaracolándose, entonces, podemos, en contraste, también provisional, calificar al pensamiento que se relaciona con la otredad, si se quiere, la exterioridad, como pensamiento mariposa, pensamiento, que asume la metamorfosis como proceso propio para alzar vuelo.   

 

Recurriendo a un esquema ilustrativo que nos ayude a configurar nuestros enunciados sobre el pensamiento, podemos comprender el cuerpo como conexión entre la interioridad y la exterioridad, no del cuerpo, pues el cuerpo se constituye en ambos ámbitos de realización y desenvolvimiento. Para decirlo resumidamente, el cuerpo es un nicho ecológico singular. Entonces, el cuerpo experimenta tanto los fenómenos de la “interioridad” así como los fenómenos de la “exterioridad”; en este sentido, puede desarrollar fenomenologías que partan de la experiencia de la “interioridad” así como puede desarrollar fenomenologías que partan de la experiencia de la “exterioridad”. Para decirlo de una manera figurativa, puede desarrollar formas de pensamiento que sean como el eterno retorno a uno mismo o formas de pensamiento que sean como el desarrollo al eterno retorno a lo distinto, a la diferencia. Exagerando el esquematismo podemos decir que las primeras formas responden a una inclinación egocéntrica, en tanto que la segunda forma responde a una inclinación exocéntrica, relativa de un constante descentramiento.

 

Estar inmediatamente en el acontecer del acontecimiento, en sus devenires, es situarse en la apertura del pensamiento de la alteridad, en otras palabras, pensar la alteridad en el flujo de sus alteraciones permanentes, que también implica pensar la armonización recurrente ante el avatar de sus desequilibrios insistentes. La composición, entonces, de estas narrativas míticas o desenvueltas en la congruencia del mito, inscrito en el origen de las metamorfosis, corresponde a la complementariedad de los seres y de sus ciclos vitales. Al respecto, tomando en consideración, ciertas consecuencias de las configuraciones de las formas de pensamiento, el “egocéntrico” y el “exocéntrico”, sobre todo tomando en cuentas sus inquietudes, ya el propio balance de la filosofía ha concluido que el pensamiento filosófico recae en la sensación deprimente de soledad; en cambio, un provisional balance del pensamiento del devenir y de la alteridad, del pensamiento de la metamorfosis, puede tener la certeza de que el pensamiento devenido de la experiencia de la “exterioridad” recae en la sensación de acompañamiento, de complementariedad, relativas a los entrelazamientos, conexiones y articulaciones de integraciones mayúsculas vitales. Exagerando nuevamente el esquematismo, podemos sugerir que el pensamiento “egocéntrico” ha llevado, no pocas veces, a la angustia, en cambio el pensamiento “exocéntrico” lleva a la alegría de vivir.

Al respecto, de lo que acabamos de escribir, sobre la diférance, usando metafóricamente el concepto de Jacques Derrida para comprender los desplazamientos imperceptibles, pero, que hacen a la diferencia misma, como acontecimiento de la repetición y en la repetición dar lugar al acontecimiento de la diferenciación, podemos establecer que entre el pensamiento egocéntrico y el pensamiento exocéntrico hay como un campo de diferencias y diferenciaciones, en unos casos imperceptibles, en otros casos perceptible. Por lo tanto, no es que se trata de pensamientos que se oponen, que entran en contradicción; tampoco que se da lugar  una dialéctica, donde se pasa de la tesis a la antítesis y de aquí a la síntesis, que supera las contradicciones; sino que hay que comprender las fenomenologías de estas formas y formaciones de pensamiento desde la perspectiva de la complejidad, vale decir, desde la complementariedad implícita de estas fenomenologías, complementariedad que aparece en las dinámicas mismas de la complejidad, por lo tanto en la fenomenología compleja corporal y de los entrelazamientos corporales. En consecuencia, no es que el pensamiento exocéntrico ignore o se desentienda completamente del pensamiento egocéntrico, pues, de alguna manera, lo contiene, se encuentra implícito, empero, articula esta posibilidad al desenvolvimiento espontáneo del pensamiento exocéntrico. En este caso el cuerpo, aunque es la bisagra, por decirlo figurativamente, entre la experiencia de la interioridad y la experiencia de la exterioridad, fluye y se desenvuelve como intérprete de la experiencia de la exterioridad, de los entrelazamientos corporales y ciclos vitales, que hacen de condición de posibilidad existencial del mismo cuerpo intérprete.

 

En lo que respecta al pensamiento egocéntrico, a la fenomenología basada en el relacionamiento consigo mismo, al encaracolamiento subjetivo, ocurre que tampoco ignora la posibilidad del pensamiento exocéntrico, empero, lo exorciza o, en su caso, dependiendo, lo inhibe hasta enmudecerlo. Aunque aparecen deformaciones, podríamos decirlo, notoriamente restringidas de lo que podría haber sido el pensamiento exocéntrico, por ejemplo, con el desarrollo del empirismo. El empirismo no deja de ser pensamiento egocéntrico, no deja el relacionamiento consigo mismo, lo que pasa es que considera la experiencia de la exterioridad a partir de la racionalidad instrumental, como campo de experimentación, donde hay que contrastar las hipótesis del pensamiento ensimismado. De lo que decimos no se puede concluir, de ninguna manera, que hay que desentenderse del pensamiento que se basa en el relacionamiento consigo mismo, sino que se trata de comprender la complementariedad de los ámbitos de la experiencia, la complementariedad de las formas de pensamiento; comprender que el pensamiento corresponde al conjunto de operaciones de interpretación del cuerpo respecto a sus entornos, “íntimos” y “externos”.  Por eso, podemos decir que un pensamiento egocéntrico es un pensamiento restringido, en tanto que un pensamiento exocéntrico, si no desarrolla formas de relacionamiento consigo mismo, no termina en lograr completarse, no llega a ser pensamiento completo, integrado y articulado en el despliegue se sus dinámicas complejas.

 

 

El derrotero de los fundamentalismos

 

Todo fundamentalismo lleva al crimen. La compulsión fatalista por defender los “fundamentos”, la conjetura insostenible de una premisa primera, originaria, inicial, como si fuese certeza indiscutible, justifica el asesinato, pues se supone que la idea de finalidad justifica los medios usados, incluso los del crimen, el homicidio, el genocidio, el etnocidio y el ecocidio. Este comportamiento muestra patentemente que los fundamentalismos son, prioritariamente, la inclinación argumentativa al crimen. Se trata de una apología elaborada, religiosa, de la violencia, sobre todo de la violencia descomunal, la más destructiva. El fundamentalismo es la expresión discursiva y práctica de la consciencia desdichada, del sujeto desgarrado en sus contradicciones, del espíritu de venganza, en el fondo, de la consciencia culpable. Con el fundamentalista ocurre como con el religioso en éxtasis enajenado, que se cree culpable debido al pecado original; el fundamentalista se considera culpable por haber nacido, entonces la violencia extrema por defender su proyecto queda corta ante la extrema exigencia de entregar todo por la causa, que en el fondo es la causa de su propia salvación o de su propia justificación ideológica ante los avatares de su dramática vivencia.

 

Hay pues una diferente radical entre la rebelión y el fundamentalismo; la rebelión es espontánea y alegre; se trata del impulso vital por dejar fluir la potencia de la vida; en cambio el fundamentalismo es la puesta en escena de los sacerdotes de la “verdad”, los inquisidores recurrentes y repetidos intermitentemente. El fundamentalismo nace con la incrustación de su desenlace fatal o trágico, la destrucción de su entorno y, después, su propio suicidio.

 

También se dan expresiones destructivas menores al fundamentalismo, los discursos barrocos y las mezcolanzas diletantes ideológicas. En este caso hay, más bien, una inclinación al pragmatismo y al oportunismo. Los sujetos de este barroco ideológico no son tan fanáticos como los fundamentalistas, aunque hagan más teatro desgarrándose las vestiduras, pero llegado el momento no se las juegan, prefieren huir o, en su caso, negociar. El problema de este barroco ideológico y pragmatismo político es que en el espectáculo estridente de los medios de comunicación se presentan despavoridamente radicaloides; sus inocentes interlocutores convocados se dejan engatusar por esta comedia y sostienen la algarabía política de los comediantes.

 

Tanto el fundamentalismo trágico como el barroco ideológico y diletante suplantan y usurpan, inhibiendo la potencia creadora de la rebelión. Confunden al pueblo y castran su capacidad lucha. Por estas circunstancias desmoralizantes del teatro político y del barroco ideológico es indispensable la crítica deconstructiva y la diseminación de los dispositivos de los fundamentalismos, los oportunismo y diletantismos.

 

 

La desaparición de la política

 

Varias veces dijimos que la política había desaparecido en las condiciones de la decadencia de la modernidad tardía del sistema mundo capitalista, en la fase, de su ciclo largo, de dominancia del capitalismo financiero, especulativo y salvajemente extractivista. Ahora volvemos a reiterar esta apreciación de lo que ocurre en ese ámbito de la realización de la democracia, entendida como gobierno del pueblo. Aunque, a lo largo de la modernidad, en los límites de la democracia restringida de la democracia formal, representativa y delegativa, no se logre el gobierno del pueblo, vale decir, el autogobierno del pueblo, de todas maneras, el ejercicio de la democracia avanzó por las conquistas sociales de los derechos sociales, colectivos, de género, humanos, ampliando notoriamente el campo del ejercicio de la política. Sin embargo, a partir de un momento o punto de inflexión, si se quiere, momentos y puntos de inflexión, que, como una serie en plena caída y comienzo de la decadencia, la política se suspende, levita, para terminar de desaparecer. Como anota Jacques Rancière la política es inmediatamente el equivalente de democracia y la democracia es la realización misma de la política. Entonces, si desaparece la política también desaparece la democracia.

 

También hemos dicho que se ha sustituido la democracia por la impostura de las prácticas paralelas del poder, que tienen que ver con la economía política del chantaje, la expansión intensiva de las relaciones clientelares y prebéndales, la corrosión institucional y la corrupción galopante.  Por consiguiente, asistimos en plena decadencia del sistema mundo capitalista, que contiene como subsistemas al sistema mundo cultural y al sistema mundo político, al desenvolvimiento de las formas de la decadencia, donde la política es sustituida por el teatro grotesco de la comedia politiquera, difundidas por los medios de comunicación. En esta perspectiva, también anotamos que el lado oscuro del poder no solamente ha atravesado al lado luminoso o institucional del poder, sino que lo controla; del mismo modo, el lado oscuro de la economía no solamente se encuentra en las periferias de la economía institucional, sino que, además de atravesarlo, lo controla y lo domina. Por lo tanto, en las farándulas electorales no se asiste, de ninguna manera, al despliegue de práctica políticas, sino al despliegue de prácticas clientelares, prebéndales, corrosivas y de corrupción, donde la política brilla por su ausencia y la democracia es un cadáver donde saltan los saltimbanquis, las agrupaciones, cofradías y partidos políticos, que nos son más que dispositivos de poder de las dominaciones polimorfas, en plena decadencia de la civilización moderna y de las sociedades institucionalizadas barrocas, demolidas por su propio derrumbe ideológico, cultural, ético y moral.

 

Como dice el refrán popular, sobre lo llovido mojado. A la decadencia política se suma la tragedia y el drama proliferante de la pandemia; la cual pone en evidencia la vulnerabilidad patente del sistema mundo de salud, además del mismísimo sistema mundo capitalista, que se vio parado, detenido, por la intervención insoslayable del virus. Los síntomas de la decadencia de estos sistemas mundos se hace notorio cuando los Estados, las empresas, en vez de asociarse y responder mancomunadamente ante una catástrofe apocalíptica, lo hacen como acostumbran, extendiendo su irracionalidad, compitiendo entre empresas y estados por la vacuna contra el Covid 19. Ya, antes, las burguesías nacionales, evidenciaron su comportamiento irracional frente a la crisis de sobreproducción, donde, en vez de limitar sus producciones nacionales y acordar cuotas de producción se lanzas a una mayor productividad y producción desatando el ahondamiento de la crisis de producción, administrada por intermitentes crisis financieras. Lo mismo ocurre en la exploración espacial del Cosmos, donde sus mezquindades, miserias humanas y competencias egoístas preponderan, en vez de convertir la aventura espacial en una proyección de la humanidad y en un aprendizaje transformador por parte de la misma. En consecuencia, la modernidad tardía ha ingresado plenamente a lo que hemos llamado la etapa de la periclitación del sistema mundo capitalista, en varias formas y estilos; por ejemplo, se ha entrado de lleno a lo que hemos llamado el ejercicio de la antipolítica, también de la antiproducción, así como se ha ingresado al nihilismo más extremo del vaciamiento cultural, entrando ampliamente y desbordantemente al sistema mundo de la banalidad cultural. Así mismo se ha caído en el vaciamiento ideológico, es decir a la ausencia absoluta de ideas, también de imaginación, donde en vez de ideología se pronuncia el gesto sin sentido de la inercia balbuceante del ruido, que no dice nada, pero hace eco en los medios de comunicación.

 

Neopopulismos y neoliberalismos se manifiestan elocuentemente en las formas de la decadencia política e ideológica de la contemporaneidad sin horizontes. Se trata de las nuevas formas del derrumbe ético, moral, político y cultural del circulo vicioso del poder; antes, asombrosamente, las formas, aparentemente opuestas, del liberalismo y el socialismo, evidenciaron su participación en un mismo esquema dual del mismo modo de producción, el capitalista. Ahora, se trata de formaciones discursivas barrocas, una con pretensiones de justicia social, otra con pretensiones institucionales, empero, dadas vacuamente en momentos donde la convocatoria social es una excusa para legitimar a las mafias del poder, y cuando la institucionalidad ha sido completamente corroída y prácticamente desmantelada. Entonces, ambas formas discursivas no son más que dos versiones de una pronunciación demagógica al servicio de la burguesía rentista y de las burguesías tradicionales en decadencia.  Ambas poses políticas no son más que dispositivos discursivos que encubren sus sumisiones y servicios al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

 

 

 

La marcha fúnebre del despotismo decrépito

 

Las miserias humanas se hacen patentes en los comportamientos crápulas. La falencia absoluta de valores, la vacuidad abismal de hombres sin cualidades ni atributos, es decir la mediocridad preponderante de perfiles amorfos, arrastra a gente sin horizontes al oportunismo político y al pragmatismo perverso. Esta gente se desenmascara o hace patente su decadencia cuando se encuentra en función de gobierno.

 

El poder, el objeto oscuro del deseo, incumplible, por cierto, es el sueño delirante de gente sin imaginación, salvo la compulsión exacerbada por dominar y vengarse. Consciencias desdichadas, desgarradas por atroces contradicciones, buscan desesperadamente consuelo a sus acumuladas frustraciones y terribles complejos en el uso de la violencia del terrorismo de Estado. La mediocridad, agazapada en el poder, solo tiene como salida a sus tormentos y paranoias en el crimen.

 

Sin ideología, pues ésta ha muerto, sustituyendo el hueco del sin sentido con balbuceos y mezcolanzas discursivas improvisadas. Creen que pueden justificar sus actos inconstitucionales con propaganda desgastada y publicidad estridente. Estos son, en el fondo gritos de miedo, que delata su abrumadora cobardía.

 

Estos déspotas tardíos y decrépitos se disfrazan, queriendo imitar sin talento perfiles políticos pasados, convirtiendo la política en un carnaval crepuscular y en un teatro burlesco. La decadencia ha llegado lejos, destruye lo poco que queda; es una marcha fúnebre que lleva en hombros el cadáver del Estado.

 

 

Lo grotesco político y el desenlace de la decadencia

 

La comedia política tiene su historia, data desde cuando la política comienza a convertirse en espectáculo, en teatro para distracción de los espectadores. Incluso tiene su antecedente en el Coliseo romano, donde el espectáculo sangriento de batallas a muerte entre gladiadores no solo hacia delirar al público asistente, sino expresaba el mensaje del poder del Imperio: La vida es postergación de la muerte, sobrevive el más fuerte. Tal como interpreta Peter Sloterdijk en Esferas II. Entonces, el teatro político, sobre todo la comedia política lanza un mensaje al pueblo espectador: La vida no vale nada, lo que vale todo es acceder al gobierno y conservarlo.

 

En la medida que la comedia política se deteriora, en plena fase decadente de la casta política y de sus mismos papeles y funciones anacrónicas, que sobran, que están demás, en la medida que se pasa al grotesco político, la comedia es cada vez más abrumadoramente insulsa y descaradamente forzada y falaz. Se judicializa la política, se criminaliza la protesta, se descalifica las posiciones y opiniones adversas. Solo se acepta una “verdad”, la oficial, la montada por jueces y funcionarios corruptos, con el apoyo de medios de comunicación sensacionalistas.

 

La paranoia del poder no se queda ahí, ejerce el terrorismo de Estado. No solamente se satisface con el control del monopolio institucional de la violencia, sino que requiere desatar la violencia demoledora del Estado contra todo lo que considera enemigos, incluso llegando al extremo estrafalario de perseguir a sus propias sombras, que contiene sus propios miedos y terrores como efluvios de sus propios complejos insuperables.

 

Es cuando la muerte de la política se ha prolongado en el ritual anacrónico del sacrificio, es decir del crimen. Los jerarcas del poder senil y estéril no pueden irse sin arrasar con todo, sin destruir lo que queda, sin incinerar los bosques, sin contaminar las cuencas, sin depredar los suelos, sin martirizar al pueblo.

 

Ante esta destrucción de la comedia política grotesca el pueblo tiene la responsabilidad de acabar con el círculo vicioso del poder, retirar del escenario a los comediantes políticos, desmontar las máquinas de poder, clausurar la impostura política. Si no lo hace será arrastrado al abismo por la casta política decadente, en su crepúsculo ensangrentado.

 

 

Lecciones no aprendidas y suicidio político

El neopopulismo reforzado, en su reciente gestión de gobierno, ya se encuentra abruptamente en crisis. No se dio cuenta que la victoria electoral no le correspondía a su partido sino al repudio al “gobierno de transición”, también a la resistencia de los ninguneados por el entorno palaciego y la jerarquía corrupta de su partido, así como a la disposición de las organizaciones sociales que postularon como candidato a la presidencia a David Choquehuanca. Tampoco se dieron cuenta que en la rearticulación de fuerzas se encontraban sectores sociales populares francamente antimasistas y antievistas. Simplemente, sin haber aprendido las lecciones de su derrota ante una intermitente movilización social, desde la crisis del “gasolinazo”, de su implosión anunciada desde el conflicto del TIPNIS, creyeron que recuperaban el poder que se les escapó de las manos, cuando fueron arrinconados por movilizaciones nacionales y una insurrección que emergía desde abajo, en todos los niveles institucionales de emergencia y no institucionales ciudadanos. Bajo una premisa política equivocada, que más se parece a la desesperación compulsiva por el poder, se aposentaron a empellones en el gobierno los del entorno palaciego, arrinconando nuevamente a la gente de la resistencia y movilización contra el “gobierno de transición”, a quienes les deben el haber vuelto sin merecerlo, además de deberles la victoria electoral.

Sin más las fraternidades de machos, anacrónicos y oportunistas, atacaron a los referentes de la resistencia al “gobierno de transición” – que hay que diferenciar de la resistencia al gobierno de la implosión política, del desmantelamiento de la constitución y del fraude electoral, que es anterior -, y de la compensación de fuerzas en equilibrio de los órganos de poder del Estado.  Atacaron a la líder de la ciudad de El Alto y de la resistencia aymara, apoyada por el combativo guerrero aymara Felipe Quispe, que falleció hace poco. Sobre todo, la atacaron por celos y por ser mujer. Estos machos angurrientos creyeron que, como antes, bastaba la proximidad aduladora al caudillo caído, para conseguir el beneficio de la farándula electoral. Se equivocaron; la ciudad de El Alto votó por la mujer referente de la resistencia aymara, en contra de las groseras manipulaciones y maniobras de los machos enardecidos, oportunistas y clientela desorbitada del caudillo déspota, caído en desgracia.

Ahora, sin haber aprendido las lecciones de su derrota, de su implosión y caída, se lanzan a una aventura conspirativa estatal, usando los dispositivos judiciales y policiales bajo su control. Apuestan a que la jugada y el montaje político, policial y judicial les vuelva a salir bien, consiguiendo los efectos esperados, como antes, cuando sorprendieron a la opinión pública con montajes de servicios secretos del descomunal, autoritario y terrorista de Estado de otro “gobierno progresista”. Se equivocan, la historia no se repite, tampoco la conspiración es la clave para los desenlaces. Lo que pasa es que se da, en algunos momentos de predisposición de fuerzas, como una coincidencia con la resultante de la correlación de fuerzas puestas en concurrencia. Este no es el caso ahora; la correlación de fuerzas no pone en ventaja al gobierno, menos al entorno de conspiradores incrustados. Una vez aposentados en el gobierno las marionetas del entorno palaciego, las fuerzas articuladas en la resistencia y las movilizaciones, organizadas para afrontar las elecciones, se dispersaron, desencantadas ante la evidencia del eterno retorno de lo mismo, la putrefacta decadencia política y la inercia endémica del círculo vicioso del poder.

 

 

 

¿Cómo funciona el poder?

En realidad, el poder no funciona, es disfuncional, se opone a la sociedad, que es esencialmente alternativa. Por eso tiene que imponerse, dominar, controlar, vigilar, castigar, disciplinar, marcar y reprimir. Tiene que aparentar que funciona, por eso se institucionaliza de manera pretenciosa y desmesurada, presentándose como eterno, casi como sustituto de Dios. Por eso, se expresa en ley, para legalizar su propia ilegitimidad. Pero el poder no solamente es una máquina abstracta, sino es, sobre todo, una heurística instrumental de agenciamientos concretos de poder, además de ejercerse y efectuarse singularmente. Hay formas de poder y distintos planos de intensidad donde se realiza; por eso se dice que el poder es polimorfo. Se ha situado en el Estado a la forma de poder nacional, aunque no se puede decir que es la forma de poder por excelencia, pues todas las formas de poder son complementarias, actúan articuladamente reforzándose; por ejemplo, las estructuras patriarcales de dominación se refuerzan y adquieren irradiación en las estructuras familiares, es más, en el campo escolar. Yendo más lejos, en el Estado adquieren las estructuras patriarcales proyección espacial y temporal, afectando a los cuerpos, incidiendo en las conductas y comportamientos de tal manera que constituye sujetos dominados, controlados y moldeados de acuerdo a las finalidades que se traza el poder. La forma de gubernamentalidad clientelar reproduce, de manera perversa, las estructuras de dominación patriarcal, llevando al extremo la dominación masculina con la imposición delirante del mito del caudillo, el pretendido mesías político. No solamente se repite abusivamente la dominación de las fraternidades de machos contra la mujer, sino que se “feminiza” a los hombres, convirtiéndolos en sumisos soldados obedientes sin pensamiento y voluntad propia, así como se ha pretendido reducir a las mujeres a sujetos sumisos, obedientes y respetuosas, además de domésticas, de los hombres, que son sus dueños. Las otras formas de gubernamentalidad, por ejemplo, la liberal y neoliberal, también son patriarcales; al respecto de la dominación masculina, tienen mucho en común con la forma de gubernamentalidad clientelar populista y neopopulista. Empero, tienen sus propias singularidades, por ejemplo, la pretensión de legitimar la dominación masculina en la expresión jurídica y política del Estado de Derecho, donde, a pesar del reconocimiento, reciente, de los derechos de la mujer, se mantiene su subalternidad y subsunción a las estructuras de dominación de las fraternidades de machos. La forma de gubernamentalidad del socialismo real también se refuerza con las estructuras patriarcales tradicionales, en la lamentable recurrencia a la figura, también mesiánica, del “gran timonel”. Esto a pesar de que al comienzo las mujeres adquieren cierto protagonismo en las acciones, movilizaciones y ejercicios prácticos en el trabajo y la política. De la misma manera las estructuras de dominación colonial se refuerzan con la recurrencia a las estructuras patriarcales. La economía política colonial desvaloriza al hombre y la mujer de “color”, inventándose un “hombre blanco” como símbolo imaginario de la civilización, cuando todos los humanos son de “color”, tienen un color de toda la gama epidérmica. Ocurre como en toda economía política, se desvaloriza lo concreto y se valoriza lo abstracto. Lo peculiar del caso es que en las llamadas sociedades poscoloniales se prolonga la dominación colonial en las versiones de la colonialidad. Es más, en las formas de “gobiernos progresistas” se prolonga la colonialidad de manera paradójica; a nombre de la “descolonización” se sigue colonizado a las naciones y pueblos indígenas, reducidas a mera mención propagandista, mientras se desconoce sus derechos territoriales, institucionales, políticos y culturales, consagrados por la Constitución Plurinacional Comunitaria y Autonómica. Cuando las formas de gubernamentalidad entran en crisis también entran en crisis las formas de poder complementarias y articuladas. Es cuando se hace evidente que son fachadas impuestas contra las sociedades, esencialmente alternativas. Empero, el poder se reúsa a dejar sus máscaras, sus disfraces, sus armaduras y sus mitos. Se aferra desesperadamente a sus artefactos anacrónicos, quiere restaurar el prestigio de las instituciones, en vez de transformarlas, se aferra al mito del caudillo, patriarca otoñal y estéril, se agazapada en el juego político, reviviendo la forma de partidos, que ya han patentizado su inutilidad para representar y responder a las demandas del pueblo. En estas circunstancias, en la medida que son inútiles los esfuerzos por volver a una supuesta época dorada del poder, la maquinaria abstracta y los agenciamientos concretos de las dominaciones recurren a sus medidas de emergencia, que evidencian en núcleo oculto de Estado de excepción en toda forma de Estado. Entonces se habría vuelto al principio constitutivo del Estado, la guerra.

 

 

     

 

 

 

   

Sátrapas y eunucos

Sátrapas y eunucos

de los últimos tiempos

Notas sobre la decadencia política en la coyuntura electoral

Sátrapas y eunucos

Satrapas y eunucos

 

  

 

Ecocidio

La civilización moderna es ecocida, basa su desarrollo en la destrucción planetaria. El sistema mundo capitalista avanza sembrando hogueras, ampliando la frontera agrícola, incendiando bosques y talando árboles, contaminando suelos, cuencas y el aire. El ecocidio es el costo del crecimiento y el desarrollo de la economía mundo. La medida de este desarrollo capitalista es plasmada en la extensión y profundidad de las huellas ecológica, la inscripción de la muerte. La metafísica económica pretende demostrar sus “beneficios” mediante la presentación de estadísticas e indicadores macroeconómicos; de la metafísica económica pasamos a la metafísica estadística, basada en un gran equívoco de cálculo; no se toman en cuenta en los costos económicos las transferencias de costos a la naturaleza. Si se hiciera esto, no habría ganancia, quedaría el resultado con un saldo negativo, lo que se le debe a la naturaleza.

El desarrollo capitalista es una ilusión, una ideología, es decir, una formación discursiva de legitimación del poder, que hace de dispositivo político y conglomerado de agenciamientos concretos de poder, que son los mapas institucionales, que sostienen la geopolítica del sistema mundo capitalista. Este sistema de demolición planetaria tiene como dos versiones paradigmáticas, entre otras más difusas y mezcladas; una es la economía de la abundancia, sostenida por la expansión del mercado, el consumismo exacerbado, la extensión del crédito impagable, la inscripción de la deuda infinita, que corresponde a la forma de Estado liberal; la otra es la economía de la escasez, sostenida por los aparatos burocráticos del capitalismo de Estado, llamado socialismo real, recientemente, socialismo de mercado.  Ambos paradigmas, paradójicamente, aparentemente se contrastan y, a la vez, se complementan. Ambas versiones del sistema mundo capitalista son igualmente ecocidas.

 

Cuero de anta

La sabiduría popular se expresa en los refranes populares, que conforman la herencia acumulada del sentido común. Una expresión que reclama contra el cinismo es la que dice: ¡Hay que ser cara dura! Otra cuando se interroga: ¿Con qué moral hablas? Otra, de alguna manera difundida y usada, por los menos en el pasado reciente, dice: ¡Hay que tener cuero de anta! Así mismo se señala como “cuerudo” al personaje que no aprende o que pretende seguir simulando o engañando. En las vísperas de las elecciones del 18 de octubre hay un estrato de la casta política, que se ha acostumbrado al comportamiento crápula, a la exacerbada demagogia, vacía y sin gracia, habla y acusa de un “posible fraude”. Podemos decir, acudiendo al acervo popular: ¿Con qué moral habla de fraude el maestro de los fraudes?  La impostura, la simulación y el descaro se han convertido en la práctica usual de la casta política, de “izquierda” o de “derecha”, para los tiempos bizarros de la actualidad, da los mismo, ambas expresiones discursivas hacen lo mismo en el gobierno, además de despreciar elocuentemente al pueblo, pues lo consideran su monigote o el sujeto social que está para aplaudir y escuchar todo lo que dicen los políticos, por más reiterativo que sea.

 

La órbita del círculo vicioso del poder

 

Parece incorregible la historia política, sobre todo, en su fase más decadente, ésta, la correspondiente al capitalismo tardío de la dominación del capitalismo financiero, extractivista y especulativo. La historia política no sale de su campo gravitatorio definido por las turbulencias de los diagramas de poder y las cartografías políticas, campo gravitatorio que define la órbita recurrente del círculo vicioso del poder. En las elecciones próximas, en la inmediatez de una coyuntura atrapada en sus derroteros laberínticos de la crisis múltiple del Estado, que no encuentran salida, concurren expresiones políticas que retrocedieron a la anterior Constitución, la sustituida por la Constitución vigente Plurinacional, Comunitaria y Autonómica. Una de las expresiones políticas ha mostrado patentemente lo que es, en sus gestiones de gobierno, una forma de gubernamentalidad clientelar, desbordada por la galopante corrupción, en los distintos niveles del Estado, usando el discurso demagógico de representar al pueblo, a los pobres y a los indígenas, colocándose en el centro de la victimización de variopintas conspiraciones inimaginables, deriva en el uso descomunal de los recursos del Estado para enriquecer a la burguesía rentista, la élite de la burocracia gobernante. Además, a pesar de su discurso “anti-imperialista”, se convierte en el agenciamiento encubierto de las empresas trasnacionales extractivistas.  Lo más grave ha sido el haber desmantelado sistemáticamente la Constitución, restaurando el Estado nación de la colonialidad. La otra expresión política de la compulsa electoralista es conocida por el quién fue presidente de la sustitución constitucional después del derrocamiento del gobierno de la coalición neoliberal de Gonzalo Sánchez de Losada, ahora encabeza a una alianza que ha enfrentado al partido oficialista de entonces en las dramáticas elecciones anteriores, señaladas como inconstitucionales y acusadas de un escandaloso fraude. La propuesta política gira en la restitución institucional y la pacificación, fuera de algunas propuestas medioambientalistas, no ecologistas, que es lo que corresponde dada la crisis ecológica; sin embargo, el programa de gobierno se encuentra en el horizonte de la anterior Constitución; por lo tanto, como en el caso anterior, también es inconstitucional. La tercera expresión política concurrente es más improvisada, empero basada en los estratos más calados de los prejuicios sociales y más saturados por el conservadurismo recalcitrante. De manera mucho más clara que antes, el programa político de esta alianza electoral está en contra de la Constitución vigente, mostrando, además, la calamidad de sus improvisaciones. Su propaganda se basa en que los postulantes a la presidencia y a la vicepresidencia encabezaron los 21 días de resistencia y movilización en defensa de la democracia y del voto ciudadano. Esta figura propagandista es una muestra de la desubicación política y de la falta asombrosa de objetividad, así como de principio de realidad. La historia de las movilizaciones de resistencia al régimen neopopulista comenzaron con la movilización al “gasolinazo”, continuaron con la lucha y resistencia en torno a la VIII Marcha Indígena en defensa del TIPNIS,  siguieron con la movilización contra el código inquisidor del Código penal. Las derrotas electorales del régimen clientelar se manifestaron con la victoria del voto nulo en las elecciones de magistrados, además en la derrota sufrida por Evo Morales Ayma en el referéndum constitucional. Las movilizaciones en defensa de la democracia y del voto fueron la continuidad de estos recorridos de resistencias, iniciados antes; por otra parte, participaron nacional y regionalmente distintos sectores sociales y locales; para comenzar debemos mencionar a los voluntarios bomberos que empezaron a denunciar las atrocidades del gobierno pirómano y de los colonos, de los ganaderos y de la burguesía agroindustiral, comprometidos en la ampliación de la frontera agrícola. Los sectores urbanos de esta movilización fueron parte de un panorama más completo y variado de activismos y posicionamientos contra el despotismo. Los héroes son multitudes y muchedumbres sociales que enfrentaron la tiranía.   En resumen, en las elecciones próximas concurren expresiones políticas que retrocedieron al horizonte de la anterior Constitución, desconociendo la Constitución Plurinacional Comunitaria Autonómica. Esta situación, de por sí, nos muestra las estrecheces y mezquindades de los partidos políticos en la nueva coyuntura electoral.

Similitudes y contrastes en la decadencia política

¿Desde dónde interpretar lo que ocurre en   la decadencia política? Ya no sirve el esquematismo dualista de “izquierda” y “derecha”, aunque, incluso antes, era poco útil para interpretar la decadencia de las revolucione socialistas. Ahora, en la actualidad contemporánea del siglo XXI, donde se borran los límites y las delimitaciones entre expresiones políticas e ideológicas, donde lo que inscribe el sello y lo que abunda es el espectáculo mediático, no tiene sentido hablar de “izquierda” y “derecha”, pues es cuando más se parecen, digan lo que digan en sus mutuas acusaciones, que se despreocupan por la argumentación, incluso por la retórica. En el gobierno hacen lo mismo, realizan, a su manera, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; en sus prácticas irrumpen en los escenarios utilizando los mismos procedimientos, aunque lo hagan con distintos discursos desgarbados. Dentro del círculo vicioso del poder forman parte de los turnos o rotaciones de formas de gobierno, se señalen unos como neoliberales o se reconozcan a los otros como neopopulistas. En estas circunstancias, lo pertinente es enfocar lo que ocurre, la decadencia política, desde otro enfoque, más plausible y útil para el análisis. ¿Cuál es aconsejable?

Parecer mejor y adecuado considerar la situación de las problemáticas que atraviesan las coyunturas del periodo aciago, el de la decadencia, sobre todo, la posición que toman las organizaciones y expresiones políticas en concurrencia. La problemática más evidente es, ciertamente, la crisis ecológica; vinculada a esta crisis planetaria y a la crisis civilizatoria, se puede identificar claramente la crisis del modelo extractivista colonial, tanto del capitalismo dependiente como del capitalismo dominante mundialmente, el de la dominancia del capitalismo financiero y especulativo.    En relación a estas problemáticas, vemos que tanto las expresiones políticas de “izquierda” como de “derecha” son coincidentes; tienen como horizonte la modernidad y como fin el desarrollo, que no es otra cosa que capitalista, tanto en su versión de la escasez, la de los gobiernos del socialismo real, también de los gobiernos neopopulistas, con sus singulares diferencias, como en su versión de la abundancia consumista, la de los gobiernos liberales y neoliberales. Los llamados “gobiernos progresistas” son los que, paradójicamente, han extendido intensivamente el modelo extractivista, a pesar de hablar de la defensa de la “Madre Tierra”. Los gobiernos neoliberales que los precedieron estaban metidos en los mismo, los gobiernos neoliberales que les sucedieron, cuando, en su caso, perdieron en las elecciones, continuaron el mismo curso. Lo que se puede ver es la continuidad sinuosa de un mismo modelo económico, el de la dependencia y el demoledor extractivismo.

Ahora bien, ¿qué es lo que articula esta continuidad económica, a pesar de las aparentes diferencias discursivas? Fuera de lo obvio, de pertenecer al horizonte, estrecho ya, de la modernidad tardía, por lo tanto, de su pertenencia al sistema-mundo capitalista, hay que encontrar los mecanismos más específicos y las dinámicas moleculares, que conectan las expresiones discursivas políticas de “izquierda” y “derecha”. En la fase financiera del ciclo largo del capitalismo vigente, las estructuras y diagramas de poder se han adecuado a las formas de explotación de la especulación económica, sobre todo a la economía política del chantaje. Estas formas y diagramas de poder enlazan el lado institucional de la economía con el lado oscuro de la economía, el lado institucional del poder con el lado oscuro del poder. Si esta es la situación, la condición de posibilidad o, mejor dicho, de imposibilidad, de la economía y la política, pues se incursiona notoriamente en la anti-política y en la anti-producción, entonces, la ubicación de las formaciones discursivas en la composición singular de la formación económica social actual ha cambiado, respecto de lo que ocurría antes. Si antes, como dice Jürgen Habermas, la acción comunicativa se construía sobre la base de pretensiones de verdad, queriendo convencer sobre la validez de sus emisiones, ahora, en la fase decadente de la civilización moderna, los discursos no solo develan problemas de legitimación en el capitalismo tardío, es decir, problemas ideológicos, sino que han dejado de basarse, prácticamente, en las pretensiones de verdad; en otras palabras, no buscan convencer, sino tan solo emitirse como inercia, como repetición mediática, de publicidad y propaganda. El raciocinio, como tal, habría desaparecido completamente, si antes lo hizo parcialmente.

La manera de la conformación de los discursos políticos en la actualidad radica, preponderantemente, en la exaltación de pequeñas distinciones, aunque, incluso sean imperceptibles, en lo que respecta a las prácticas, como si fuesen contrastes abismales. También pasa por la restitución de temas correspondientes al pasado político, como si estuviesen presentes, tal cual, como lo fueron en su momento. La emisión discursiva se pronuncia como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera habido desplazamientos en las problemáticas sociales, políticas y culturales; entonces se coloca, imitativamente, en papeles anacrónicos. Lo que denota la incapacidad de actualidad, de interpretar los problemas actuales y en su singularidad de contexto y de momento. Se prefiere situarse en la figura estereotipada de un esquematismo dualista vulgar. En este tono, de estas prácticas discursivas deslucidas, se vuelve, sin imaginación, a la dualidad trasnochada de la lucha entre buenos y malos, que repite el esquematismo inicial religioso de la guerra entre fieles e infieles. Si antes se lo hacía también, sin embargo, con mayor esmero ideológico, en cambio ahora, el descuido no solo argumentativo, que brilla por su ausencia, sino también retórico, pues se emite el discurso sin ganas y sin empatía, es ampliamente notorio.

En todo caso, ¿qué es lo que se quiere encubrir, si ya no es justificar? Las prácticas de la economía política del chantaje, de la corrosión institucional y de la corrupción. En consecuencia, la exaltación de las mínimas diferencias, incluso imperceptibles, adquiere el carácter de una dramática comedia. Se quieren mostrar contrastes abismales donde apenas son diferencias de tonalidades. Hay como un malestar profundo en la política de la decadencia, una turbulencia que agita por dentro, una consciencia culpable que no se puede controlar. Por eso, los estereotipos exaltados, vueltos caricaturas, nada convincentes, convertidos en rituales mediáticos para llenar los profundos vacíos.

La punta del Iceberg

La punta del Iceberg

Raúl Prada Alcoreza

 

 

La punta del iceberg

 

Iceberg

 

Una buena metáfora de lo que ocurre en política, sobre todo, en lo que podemos denominar perturbaciones políticas, mejor dicho, deformaciones políticas, así como también deformaciones económicas, de lo que se hace visible, en lo que respecta a las proliferación y preponderancia de las prácticas de poder, referidas principalmente al lado oscuro del poder, puede nombrarse como la punta del iceberg. Lo que se ve, si se quiere desde el barco, es la punta del iceberg, que es apenas una sexta, séptima u octava parte de la masa de la montaña de hielo, cuya mayor parte se encuentra debajo de la superficie del agua. La palabra iceberg proviene del idioma inglés, aunque su origen se remonta al concepto germánico ijsberg. Se trata de una gran masa de hielo flotante, desprendida de un glaciar o de una plataforma de hielo, cuya parte superior sobresale de la superficie del mar. Como dijimos, la palabra proviene del inglés iceberg, a su vez del neerlandés medio ijsberg, quiere decir literalmente “montaña de hielo”. Otras lenguas germánicas emplean palabras similares para referirse al mismo concepto; así, en alemán se dice eisberg, en bajo sajón iesbargy, en sueco isberg.

Los escándalos de narcotráfico, vinculados no solo a la policía boliviana, sino incluso a las instituciones del Estado, al gobierno mismo, han venido apareciendo intermitentemente en la prensa y en los medios de comunicación, sobre todo televisivos. La pregunta al respecto es: ¿lo que aparece, lo que es visible, a qué proporción de la magnitud corresponde del tamaño mismo del problema y de la problemática del involucramiento o el atravesamiento de la malla institucional estatal por parte del lado oscuro del poder? La hipótesis interpretativa que usamos para medir esta proporción de la magnitud de las prácticas paralelas del poder, no institucionales, es la punta del iceberg. La corroboración o pertinencia de esta hipótesis puede sostenerse comparando las cantidades que se encuentran de cocaína incautada al narcotráfico, que viene cifrada en kilos, cuando sabemos, por estimaciones consistentes, que en Bolivia se producen entre 144 a 245 o más toneladas de cocaína al año. Los cientos de kilos de cocaínas son pues una bicoca ante los cientos de miles de kilos de cocaína que se produce. De la misma manera, sin trasladar las mismas proporciones, pues pueden ser otras, se puede suponer lo que sucede en lo que respecta a la extensión y atravesamiento de la economía política de la cocaína en las mallas institucionales del Estado.

Al respecto, de lo que podemos llamar el ocultamiento, debajo de la superficie, del fenómeno perverso aludido, no solo las instituciones del Estado, que deberían cuidar de la sociedad, como se dice, sino también los medios de comunicación son responsables; una concomitancia sorda, quizás no intencional, se sucede, cuando solo se muestra, porque tampoco lo ven, la punta del iceberg. No hay transparencia en las instituciones del Estado y el periodismo de investigación brilla por su ausencia. Ni que decir de los partidos políticos, tanto del oficialismo como de la “oposición”; pues prefieren inclinarse al ocultamiento, encubrimiento o relativización del problema, minimizando los alcances, en el caso del oficialismo; también inclinarse al sensacionalismo, para aprovechar la ocasión para acusar al gobierno de ser parte del problema o de complicidad, así como de decidía, en el caso de la “oposición”.  Por lo tanto, también los partidos políticos, por preferir caer en la pugna política electoralista, terminan ocultando los verdaderos alcances del problema en cuestión.

La que paga los costos de semejante visión estrecha, por decirlo suavemente, es la sociedad, en otras palabras, el pueblo. No se trata de colocarse en el enfoque moral fosilizado y señalar escandalizados al mal que queja a la sociedad; enfoque que no es útil, salvo para desgarrarse las vestiduras y golpearse el pecho. Sino de comprender el funcionamiento de lo que hemos llamado la economía política del chantaje y la economía política de la cocaína, que forma parte de las economías políticas específicas del narcotráfico, que, a su vez, forman parte de la economía política generalizada[1]. Tampoco se trata de buscar culpables, para descargar en ellos la furia implacable de la justicia; esto es demonizar a unas personas o grupos de personas, llámense como se llamen, entre los nombres usados, mafias; lo que significa efectuar la catarsis, es decir el castigo, sin solucionar el problema, que es lo que ha venido ocurriendo con el tema en cuestión en la historia reciente. Lo que importa es resolver el problema; para tal efecto, se requiere conocer el funcionamiento de estas máquinas del lado oscuro del poder, que ya atraviesan y controlan el lado luminoso del poder; estas máquinas de poder del lado no institucional, que ya atraviesan y controlan el lado institucional del poder.

Para comenzar o, mejor dicho, rememorar lo que escribimos[2], la corrosión institucional es como un fenómeno inherente al funcionamiento mismo de las instituciones. Ocurre, si se quiere, como un desgaste, que se viene acrecentando en la medida que pasa el tiempo. Esta corrosión puede incrementarse y marchar más aceleradamente cuando las instituciones se anquilosan y se duermen en sus laureles, como si ya estuvieran ungidas por la inmaculada verdad institucional que no se contamina. Peor aún, cuando las instituciones, sobre todo del Estado, son usada para otros fines, que no sean los estatales mismos, como, por ejemplo, para favorecer intereses particulares y no garantizar el bien común, para decirlo en un lenguaje tradicional y hasta conservador. La pregunta es: ¿desde cuándo, desde qué momento ha venido ocurriendo esto? Puede decirse, introduciendo una interpretación radical, que esto es inherente a la misma heurística institucional, a la misma fundación y consolidación de las instituciones, que es cuestión de tiempo para que esto, el fenómeno de la corrosión, se haga patente. Puede decirse, manejando interpretaciones históricas, que esto ocurre cuando las instituciones se vuelven anacrónicas, se anquilosan y optan por preservarse como trans-históricas ante las contingencias del acontecer histórico. Pueden también usarse interpretaciones económicas y políticas; decir, por ejemplo, que la determinación económica deriva en la compulsión por la acumulación, peor aún, más prosaicamente, en la compulsión por el enriquecimiento. Otro ejemplo, puede conjeturarse que el ejercicio del poder lleva indefectiblemente a este tipo de prácticas, vinculadas a la economía política del chantaje. Que la forma de gubernamentalidad clientelar termina inclinándose por el lado oscuro del poder. Sin discutir la pertinencia de estas interpretaciones, que pueden ser más o menos plausibles, lo que hay que destacar es el reconocimiento de formas perversas del funcionamiento de las máquinas del poder, inherentes a las mismas estructuras de poder.

Por otra parte, el problema y la problemática de la que hablamos no solamente es local o nacional, sino regional y mundial. Con lo que no se quiere, de ninguna manera, exculpar a los responsables nacionales. Sino de lo que se trata es entender lo que llamaremos, provisionalmente, la geopolítica del lado oscuro del poder. Para decirlo en lenguaje sistémico, resolver el problema es reducir su complejidad, comprender sus dinámicas, y conformar una complejidad sistémica, capaz de interpretar la complejidad del problema y de resolverla, construyendo funcionamientos sistémicos que salgan de la recurrente problemática. Claro que siendo mundial el problema, tiene que resolverse mundialmente; sin embargo, esto no evita la responsabilidad de la iniciativa local y nacional. Para hacerlo fácil, por razones ilustrativas, por ejemplo, comenzar con no cultivar coca excedentaria; así de simple. Este es un buen comienzo, aunque, de ninguna manera una solución al problema. Esta medida, si es que se diera, como consenso social, tiene que venir acompañada por transformaciones estructurales e institucionales. No pueden las instituciones, sobre todo del Estado, ser un botín de la casta política, no pueden convertirse en instrumentos del ejercicio singular del poder del gobierno de turno. Las instituciones estatales son instrumentos para garantizar el bien común, usando todavía un lenguaje tradicional y hasta conservador, recurriendo a conceptos aristotélicos y platónicos. Por lo tanto, las personas que administren y manejen estas instituciones tienen que ser idóneas y preparadas para tal administración y manejo, independientemente de las contingencias de las formas de gobierno.  Hablamos, en palabras jurídico-políticas, de una separación, por así decirlo, del Estado respecto del gobierno. El funcionamiento, incluso, la reproducción del Estado debe guiarse por el bien común, no por los intereses particulares, incluso si se trata de intereses gubernamentales. Sabemos que lo que decimos suena a abstracción; sin embargo, ilustra sobre lo que no puede confundirse cuando se habla de Estado y cuando se habla de gobierno. A propósito, no nos interesa pretender una verdad, sino establecer parámetros para orientar una reflexión

Lo que decimos, como se podrá notar, no se refiere a la revolución, tampoco, en menor envergadura, a las reformas, sino a cómo, teóricamente, de acuerdo con la misma ciencia política, deberían funcionar las instituciones estatales. El problema es que, en la realidad efectiva, las instituciones, los agenciamientos concretos de poder, así no funcionan; más bien funcionan alterando este orden supuesto, si se quiere, esta utopía jurídica-política. Funcionan desviándose de sus funciones establecidas, adulterando sus funcionamientos, redirigiéndolos a cumplir con los intereses particulares. ¿A dónde apuntamos, entre otras cosas, con esta exposición? Primero, a decir que no se trata de personas culpables, por más responsabilidad que tengan en el asunto; si se castiga a las personas que se hacen evidentes en estas prácticas perversas, aparecerán otras que ocupen el vacío que dejan. El tema es abolir las estructuras de poder que reproducen esta convivencia entre lado luminoso del poder y lado oscuro del poder.

Así como no hay demonios, tampoco hay santos. No es la recurrencia a la trama religiosa, que se oculta en la trama política moderna, la que explica el problema en cuestión. Como dijimos, se trata de prácticas discursivas de la catarsis. Estamos ante estructuras de poder, ante el ejercicio de dominaciones, que no solo reproducen el círculo vicioso del poder, en distintas órbitas y versiones, sino que derivan en las formas dramáticas de estos ejercicios, donde no se encuentra otra cosa para proseguir adelante que satisfacer la angustia humana en la adoración de fetiches, en la compulsión por la multiplicidad de fetichismos, que tratan de sustituir las insatisfacciones humanas.  En lo que respecta a las transformaciones institucionales y estructurales, esto equivale, hablando en lenguaje gramsciano, que tampoco deja de ser acostumbrado, a una reforma intelectual y moral, si se quiere, también a una reforma cultural.

Lo poco que hemos dicho al respecto, de comenzar a resolver el problema que agobia a las sociedades contemporáneas, pues, se requiere, en todo caso, de elaborar una lista larga de acciones de emergencia, no parece que puedan ser asumidas por los actores y protagonistas de la política institucionalizada, tampoco por los actores y protagonistas de la economía hegemónica. Así como tampoco por las cofradías moralistas, tradicionales o recientes, que hacen gala de elocuentes dramatismos orales. Todos estos personajes en boga, por lo menos, visibles en los escenarios espectaculares que proyectan y difunden los medios de comunicación, son parte del problema.

¿De donde puede emerger la voluntad para cambiar el estado lamentable de cosas y de sujetos? De las sociedades mismas, de los pueblos mismos, que hoy por hoy, se encuentran inhibidos y sometidos al teatro político y a la marcha destructiva de la economía de la acumulación.  Esto puede sonar no solamente a una convocatoria abstracta y hasta romántica, por las alusiones generales; sin embargo, debemos tener en cuenta que las sociedades y los pueblos también son composiciones múltiples. En un ensayo anterior, distinguimos sociedad alterativa de la sociedad institucionalizada[3]; dijimos que el substrato de la sociedad institucionalizada es la sociedad alterativa, que no solo tiene que ser comprendida como un magma de resistencias, sino como potencia social creativa. De lo que se trata, lo que también dijimos, es de liberar la potencia social, liberarla de las ataduras, no solo de las mallas institucionales del Estado, vale decir, concretamente, de las mallas institucionales estatales cooptadas por la forma de gobierno, sino de las mallas institucionales de la sociedad institucionalizada.

Para no seguir con este tono, que parece el de la exposición de otra utopía, volviendo al tono pragmático que usamos, para ilustrar, de lo que se trata es de dar la posibilidad a los pueblos de efectuar transiciones consensuadas.  El desenvolvimiento de la pedagogía política, donde los pueblos aprendan de su propia experiencia social, de su propia memoria social, parece ser la praxis necesaria en momentos de crisis múltiple política, económica y cultural. Ahora bien, ¿en qué consiste esta pedagogía política? Aprender de la experiencia y la memoria sociales implica la posibilidad efectiva de reflexionar sobre ambos substratos existenciales de la sociedad. Llama la atención que poderosos instrumentos de comunicación, de tecnologías de la información y la difusión, sirvan para la conformación del sistema-mundo cultural de la banalidad. Están muy lejos de un uso liberador y formativo de los colectivos, de las multitudes, de los individuos. Entonces, como que sugerimos una apropiación social de estos medios; que dejen de servir al espectáculo de la banalidad, al espectáculo del sensacionalismo, a la espuria práctica de la desinformación.  Estos medios tienen que servir de instrumentos masivos de las reflexiones colectivas e individuales.

Quizás lo más importante, en estos quehaceres sociales, tenga que ver con la democratización de las ciencias y las tecnologías. Más que nunca las ciencias y tecnologías están en condiciones del alcance de sus socializaciones. Sin embargo, este alcance se reduce al comercio y al mercado de productos tecnológicamente de moda. Tecnologías controladas por monopolios, por lo tanto, tecnologías y ciencias inhibidas a las finalidades banales de la acumulación. Se requiere liberar la potencialidad de la ciencia y la tecnología.  Esto implica salir de los horizontes acotados y fetichistas de la civilización moderna.

Volviendo, al asunto, como quien dice, es indispensable no seguir manejando la problemática en cuestión como tabú o secreto. Las sociedades institucionalizadas están altamente comprometidas con las formas de la economía política del chantaje, por lo tan tanto, están comprometidos los países; hay que hablar abiertamente sobre los alcances e irradiación del problema. Esto significa no caer en el gesto hipócrita de la culpabilización. En sentido pragmático, las mas adecuadas propuestas que se han hecho, respecto a los tráficos de productos fetiches de la ilusión artificial de las drogas, es su legalización, que no puede ser sino mundial. La mejor manera de acabar con el monopolio de los cárteles es pues la legalización de lo que venden especulativamente estos monopolios del lado oscuro de la economía.

Todo esto no quiere insinuar, de ninguna manera, que se detengan o no se hagan las “investigaciones” en marcha, respecto al último escándalo de involucramiento policial con el narcotráfico; que sigan adelante estas “investigaciones”. Solo que hay que hacer notar que deberían ser exhaustivas e imparciales, lo que no ocurre, por costumbre o incumbencia institucional. En todo caso, las investigaciones, en beneficio de la sociedad, del conocimiento del pueblo, no deben restringirse a las investigaciones policiales y jurídicas, sino tienen que abrirse a las investigaciones económicas, sociales y políticas. Es menester, a estas alturas del problema desbordado, investigaciones integrales de la problemática de la economía política de la cocaína.  Por cierto, no con el fin de castigar, es decir, de efectuar catarsis, sino por conocer el funcionamiento del lado oscuro del poder. Conocimiento que es indispensable al momento de resolver el problema aludido.  

 

 

 

 

[1] Crítica de la economía política generalizada.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cr__tica_de_la_econom__a_pol__tica_.

[2] El lado oscuro del poder.

https://issuu.com/raulprada/docs/el_lado_oscuro_del_poder_3.

[3] Imaginación e imaginario radicales.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/imaginaci__n_e_imaginario_radicales.