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El continente alterativo de la transcivilización

El continente alterativo

de la transcivilización

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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La pregunta más importante, después de la revisión panorámica de la historia de las civilizaciones euroasiáticas, que comprenden como antecedente las migraciones africanas, es sobre el continente de Abya Yala, continente que parece haber estado oculto, por lo menos a la mirada de los europeos, aunque quizás también de los euroasiáticos. Independientemente del avistamiento y llegada de flotas chinas o, anteriormente, de flotas vikingas, que, en todo caso, no han tenido repercusiones en el continente de Abya Yala. La pregunta es: ¿Qué es este continente desde la perspectiva de la macrohistoria? ¿Por lo tanto, qué había en este continente? ¿Se puede hablar de otra matriz civilizatoria o, en plural, de otras matrices? ¿O, mas bien, de manera diferente, se trata de una alternativa alterativa a las civilizaciones, conteniendo y proyectando otras formas de sociedad, que podemos llamarlas correspondientes a la alteridad transcivilizatoria?

Ciertamente, con la última interpretación, hemos ingresado en el terreno de las hipótesis especulativas históricas, genialógicas, arqueológicas. Sin embargo, abren luces para nuevas interpretaciones, que, de todas maneras, se basan en la información tenida mano, en las revisiones de las informaciones, en los análisis, así como en las discusiones, que han llegado hasta nuestros días, a propósito de la conquista y la colonización, a propósito de la macrohistoria de las civilizaciones, a propósito de la crítica de la economía política, más aún, a propósito de la crítica de la economía política generalizada. Estas hipótesis especulativas tendrán que contrastarse con investigaciones macrohistóricas, arqueológicas, genealógicas, antropológicas, investigaciones correspondientes a las ciencia sociales y a las ciencias humanas, que incluyan las investigaciones lingüística. En el mejor de los casos, avanzar hacia la  investigaciones que tenga una perspectiva compleja, que articule una mirada más completa y dinámica, articulada a lo que llamamos ecológica compleja.

Desde Alaska al estrecho de Magallanes tenemos una variedad grande de lenguas, de pueblos, de formas de sociedad, de vinculaciones variadas con la tierra, con las aguas, con el aire, es decir, estamos ante una gama diferencial de relaciones con los ecosistemas, que se distribuyen en la geografía del continente de Abya Yala. Distanciándonos de esas descripciones esquemáticas y anacrónicas, acostumbradas en la academia, que distinguen sociedades nómadas de sociedades sedentarias, sociedades dispersas y distribuidas en gigantescos territorios de sociedades concentradas en urbes sacerdotales. Podemos dibujar otro panorama de la geografía de los pueblos del continente, teniendo en cuenta, en primer lugar, el carácter confederado de los pueblos. Lo que estamos diciendo es de que, las formas de organización territoriales, que vinculan las relaciones de filiación y las relaciones de alianzas político-territoriales, tienen que ver con la conformación intermitente de las confederaciones. Ahora bien, estas confederaciones pueden adquirir conformaciones rotativas de mandos, acuerdos y pactos o, en su caso, estas confederaciones pueden derivar en proyectos de carácter urbano y sacerdotal, con concentraciones densas de población, conllevando proyectos de mayor control y centralización. Estas últimas formas parecen haberse dado en la meseta mexicana y en los Andes. En cambio, hacia el norte y hacia el sur nos encontramos con pueblos que tienen características más marcadas de confederaciones abiertas, vinculadas a procesos de territorialización. Así mismo, hacia el este de los Andes, en el continente boscoso, selvático y acuático del Amazonas, nos encontramos con pueblos notoriamente vinculados a sus ecosistemas, pueblos que se mueven en territorialidades acuáticas, articuladas por los afluentes de la inmensa cuenca amazónica, conectados por la «serpiente sin ojos» del río Amazonas. Pueblos que se dispersan a lo largo y a lo ancho del espesor amazónico, que terminan conformando no solamente distintas distribuciones étnicas, por así decirlo, sino también desplazando nuevas modalidades lingüísticas. Las actuales investigaciones multidisciplinaria sobre la Amazonia han encontrado que se trata de un continente boscoso, selvático y acuático, en cuyo espesor habrían habitado sociedades altamente vinculadas con sus ciclos vitales. Estamos hablando de sociedades ecológicas, cuyos saberes articulan a las sociedades con los ciclos vitales, las sociedades forman parte los ciclos vitales; se trata de sociedades que han construido canales, lagos artificiales, irrigaciones agrícolas, que administraban el agua con variadas técnicas, inclusive han cultivado los bosques y la selva amazónica. La variedad y la gama de pueblos es proliferante en el continente de Abya Yala; no se puede resumir esta multiplicidad, de ninguna manera, a esquematismo simplones, a los que se han acostumbrado las ciencias sociales, los intérpretes y los historiadores del continente, que se basan fundamentalmente en los cronistas.

Este panorama, a vuelo de pájaro, nos muestra la complejidad de otras formas de vinculación de las sociedades humanas con los ecosistemas, con los ciclos vitales, con el continente llamado Abya Yala, en la lengua Kuna. Es precisamente esta complejidad geográfica y social, esta complejidad ecológica y de variedades de nicho ecológico, así como de estilos de sociedad, la que nos anima a sugerir la hipótesis de que en el continente de Abya Yala se conformó un proyecto de sociedad ecológico, que no tiene que ver con las civilizaciones, sino que, mas bien, tiene un carácter de transcivilización.

 

La guerra de conquista y colonización de la civilización

La aparición de las carabelas en el Caribe fue el comienzo del infierno. Lo que llegó es la civilización enajenada por el fetiche del oro y atrapada en la ilusión del poder. La civilización de la guerra, de las conquistas y de las dinámicas imperiales. La civilización de las religiones del desierto, que legitimaban la dominación absoluta. Aunque Europa ya incursionaba en el renacimiento y después iba a experimentar la ilustración, estos acontecimientos culturales no detuvieron el desenfreno de las violencias demoledoras, contenidas en una civilización patriarcal.

De fines del siglo XV a comienzos del siglo XVI la población nativa de la isla la Española había prácticamente desaparecido; lo mismo pasó en las islas aledañas. La vida cotidiana de las islas cambió drásticamente, del paraíso que encontrarán los españoles, que llegaron con Cristobal Colón, se transfomó en el infierno del trabajo, parecido a la esclavización, por encontrar oro, explotarlo y entregarlo a los señores de la conquista. A esto llaman proceso civilizatorio los apologista de la conquista y colonización europea del continente de Abya Yala.

Lo que viene después va a ser una continuidad de lo ocurrido, el despliegue de la destrucción ecológica, cultural y social de los territorios y sociedades nativas, solo que a una escala mucho mayor; esta vez continental. Sin embargo, a diferencia con lo ocurrido, hasta entonces, en las islas del Caribe, con el arribo a lo que se va a llamar Veracruz y el avance militar, político y de conspiración de alianzas contra los mexicas, hacia Tenochtitlán, va darse lugar el proyecto propiamente de la colonización.

Hay que tener en cuenta lo que podríamos considerar las condiciones de posibilidades históricas-culturales, añadidas a condiciones de posibilidades sociales-económicas, también, no estaría mal, incorporar las condiciones de posibilidades geográficas, dadas antes de la conquista. ¿Cuál es el mundo del conquistador? Él tiene una mirada eurocéntrica de lo que está ocurriendo, mirada devenida de su experiencia dramática, así como de la tragedia de las guerras, recientemente, de la guerra de reconquista contra los moros, cuyo logro mayor se encuentra en la conquista de Granada. Mirada política, mirada del Estado, mirada efectuada desde los campos definidos por los diagramas de poder. Mirada del campo político de entonces, incluso, como hemos dicho, más que política, mirada adulterada por las estructuras de poder, tal como estaban antes de la conquista. Tal como se componían y situaban las sociedades europeas. Sin embargo, como la historia es presentista, la reinventamos desde un presente vivido, debemos tener en cuenta nuestro presente, el de ahora, cuando ya contamos con investigaciones de las estructuras de los ciclos largos, como las hechas por la escuela de los anales y por Fernand Braudel, sobre El Mediterráneo y el mundo del mediterraneo en la época de Felipe II. Estas investigaciones nos sirven al momento de volver a interpretar lo acontecido, para darnos un idea de lo ocuirrido en Europa antes de la conquista.

¿La conquista y la colonización de Abya Yala era un proyecto de la Corona española, de Castilla y Aragón, del rey Felipe y de la reina Isabella, de la corte de la monarquía absoluta ibérica, o, mas bien, era un proyecto privado, que contó con financiamiento privado, o fue un proyecto aventurero, de osados guerreros, que habían participado en la conquista de Granada? Es posible que todas estas alternativas se hayan dado de una manera mezclada. ¿Cuál era la preponderante? En la medida que se revisa lo que ha venido aconteciendo, desde la llegada de las carabelas a lo que va a ser nombrada como la isla Española, después, su expansión a todo el archipiélago, siguiendo el avistamiento y el desembarco en Yucatán, se observa que el mismo proyecto inicial de Colón se va transformando. En plena búsqueda de la ruta hacia las Indias Orientales, por el océano Atlántico, se encuentran, sorprendentemente, con el archipiélago del Caribe, que creían que eran islas anteriores al Asia. Los conquistadores cuando se encuentran con Yucatán, que creen que es una isla, todavía no se dan cuenta que entre Europa y Asia hay todo un continente y otro océano, que va a ser nombrado el Pacífico. Poco a poco, en la medida que avanza la conquista, mas bien, las oleadas de conquista se van dando cuenta que, en realidad, el Yucatán forma parte de un continente. Entonces, podemos concebir todo un conjunto de procesos, de desplazamientos, de despliegues y de recomposiciones de la misma estructura organizativa de lo que podemos llamar la conquista.

No hay que olvidar, en todo este proceso de conquista y de transformación de la misma estructura de la conquista del continente, estructura compuesta, militar, privada, aventurera, eclesiástica, avalada por la Corona, que la transformación implica el trastrocamiento profundo de las sociedades y pueblos nativos, de sus culturas, sus formas de vida, sus propios mapas institucionales. La iglesia, los monjes de la conquista, fueron a nombre de la religión a convertir a los nativos, que, en principio, se consideraron algo parecido a los moros. En la medida que se fueron dando cuenta que son distintos,  que se trata de distintas poblaciones, diferentes pueblos, cualitativamentes distintas sociedades, con diferentes características sociales y, si se quiere, por el momento, civilizatorias. La religión parece haber servido para “legitimar” lo que se perpetraba con la conquista, la toma de posesión de territorios a nombre del rey y de la fe. Mientras todo esto pasaba en el imaginario conquistador, se iban cometiendo atrocidades, avanzaba el exterminio de las poblaciones, tanto por el trastrocamiento de su vida cotidiana como por la violencia perpetrada, no sólo militarmente, sino, sobre todo, por la obligación de trabajar para encontrar oro. Esta violencia transformaba la geografía de la población, así como la geografía humana, aunque también transformaba a los propios conquistadores, puesto que al asistir al despliegue de semejante violencia, la misma los convertía en en despiadados jinetes del apocalipsis.

Así como se dice que los dados estaban echados y había que esperar a leer el resultado, en el número del azar, se puede decir también que las naves estaban echadas y lo que habría que esperar era su llegada a tierra y el desencadenamiento de los desenlaces. Desde la primera expedición de Colón, que llegó primero a la Española, después, a otras islas, hasta la expedición preparada por Hernán Cortés, pasando por la expedición de Francisco Hernández de Córdoba, transcurren tres décadas. En todo este periodo se da lugar a conquistas diferidas en el espacio y en el tiempo, a destrucciones de ecosistemas y de sociedades, al genocidio y etnocidio de los pueblos nativos, al vaciamiento de sus territorios. En las distintas islas, incluyendo a la mayor, la que se va a conocer como Cuba, se dan también asentamientos, además de fundaciones y edificaciones de iglesias, así como al establecimiento de haciendas, basadas en las encomiendas. Por otra parte, no hay que olvidar que, sobretodo se desatan, desbordantes, la explotaciones mineras, que tienen que ver con la búsqueda y la extracción del oro.

La expedición de Cortés cuenta con la gente que ya había experimentado las anteriores expediciones, que tenía experiencia, inclusive había quienes venían de la experiencia militar en el continente de Europa. A diferencia de lo que había ocurrido con Colón, la expedición de Cortés si sabía dónde iba, sabía dónde se encontraba el Yucatán, sabía cuantos días iban a tardar, sabía los problemas que podían encontrar, inclusive también sabían los apoyos que podían encontrar en algunos pueblos nativos, que se encontraban bajo la jurisdicción de los mexicas. De manera muy clara la expedición de Cortés fue una expedición militar de conquista. No se puede decir lo mismo de la expedición de Colón, que consistía básicamente en la búsqueda de rutas hacia la India o hacia el Asia. En la expedición de Cortés se puso mucho esmero en la preparación militar, en llevar cañones, arcabuceros, ballesteros, además de menos de una veintena de caballos. Entonces, se puede decir que el propósito de Cortés estaba claro, la conquista, incluso en este proyecto de conquista estaba clara la idea de qué iban a asentarse y fundar, era decisivo de hacerse de las nuevas tierras, de sus riquezas, sobretodo de su metal precioso, el oro.

Antes de la preparación de la expedición de Cortés, se observa la distinta predisposición del gobernador Diego Velásquez de Cuellar, de sus inestables vínculos con la Corona, de sus diferencias con la expedición anterior al Yucatán, la de Francisco Hernández de Córdoba; distinta predisposición  que genera problemas entre Cortés y Velásquez. Todo esto nos muestra un inquietante mapa móvil de relaciones de poder, de personajes de poder, en distintos sitios de la estructura de poder, distribuida en la geografía expansiva de la conquista. Como se puede ver, no se trata de una estructura monolítica, sino todo lo contrario, fracturada y en constante recomposiciones. Tampoco se trata de una estructura del todo vertical o piramidal, sino de una estructura desestructurada, que tenía sus propias deformaciones o transgresiones, de parte de los que tomaban en sus propias manos el ejercicio mismo del poder. Muchos de los conquistadores eran hidalgos, fuera de los soldados de la tropa, algunos, muy pocos, eran ricos y financiaban la aventura, como una inversión en la perspectiva de lograr mayor riqueza; empero otros eran jóvenes, no contaban con riqueza, otros eran deudores. El gran contingente compartía esa esperanza de volverse ricos, una vez que pisaran tierra y la conquisten. El mismo Cortés llegó a definirse como una especie de corsario. Se vió obligado a maniobra y a manipular para lograr la realización de su expedición, tuvo que eludir la orden del gobernador Velásquez, que ya había decidido, al final, sustituirlo en el mando de la expedición. Enterado Cortés de lo que ocurría, manipuló habilmente, conspiró, se comportó, como se dice, maquiavélicamente, convenció a los capitanes, a los que integraban la expedición aventurera, haciendo uso de su manejo oratorio, de su destreza discursiva y convincente. La expedición de Cortés al Yucatán nos muestra la complejidad de esta fluida estructura de poder, que requería fundamentalmente de acuerdos, de pactos, de consensos esporádicos, pero también de lealtades, de amistades, de familiares con influencia, además de amigos de confianza, sobre todo de localidades de Extremadura.

La primera pregunta que nos hemos hecho es qué era el continente de Abya Yala, que después se va a llamarse América. Antes de la conquista era otro mundo, muy distinto al euroasiático, incluso al otro continente que se conocía, al África. La segunda pregunta es: ¿Qué pasó en la conquista? Que es lo mismo que preguntarse: ¿Por qué se dieron los desenlaces que se dieron,tanto en las Antillas como en el mismo continente, en Mesoamérica, pero también en los Andes, en la Amazonia? La tercera pregunta es: ¿Cómo comprender, entender y conocer el presente, en sus espesores espaciotemporales, es decir, concibiendo la simultaneidad dinámica de los tejidos espaciotemporales, territoriales y sociales? Remarcando: ¿Cómo comprender y descifrar este presente, en esta coyuntura de la crisis ecológica, de la crisis de la civilización moderna, de la crisis del sistema mundo capitalista, de la crisis múltiple del Estado nación y del orden mundial? ¿Cómo comprender todo esto a partir de el aprendizaje histórico-cultural, sobre todo el aprendizaje de lo que ocurrió durante la conquista?

La ruta al Oriente, encomendada a Cristóbal Colón, se fue transformando, como dijimos, en la medida que el recorrido maritimo se fue topando con el quinto continente, el continente desconocido, que se halla entre el Atlántico y el Pacífico, por eso el nombre de Abya Yala, que quieren decir entre ambas aguas, entre dos océanos. En principio, con la toma de las islas, primero, la nombrada como Española, y después, de Cuba y otras más, la conquista aparece como tránsito todavía hacia el objetivo de la primer empresa encomendada Colón. También aparece como demoledor el paso que deja su huella ecológica, genocida, etnocida y destructiva, vaciando las islas de su población nativa. A su vez aparece el delirio del fetichismo del oro, que es lo que ha obnubilado los ojos a los españoles y europeos, que emprenden esta aventura por el Océano Atlántico. Cuando se llega al Yucatán el proceso de conquista empieza a transformarse. Al parecer por las características de los pueblos con las que se topan estos marineros. Los pueblos con los que se topan primero son mayas. Es la expedición encomendada a Juan de Grijalva la que hace esto, no solamente toma contactos, sino realiza un recorrido por los bordes del Yucatán, con ciertas incursiones al interior. Esta expedición va a ser el antecedente importante de la expedición de Hernán Cortés. Hernán Cortés no solamente va a seguir la ruta de Juan de Grijalva, como siguiendo una huella marítima y terrestre, si no va a ir en busca de los lugares anotados por Grijalva, además de buscar a los dos españoles perdidos, atrapados y capturados por los mayas. Hernán Cortés no solamente tiene las mismas impresiones que Grijalva, sino que al corroborar las mismas, empieza a incubar un plan, un proyecto distinto de conquista. Se trata de una conquista con fundaciones territoriales, con fundaciones de ciudades, que iba no en la búsqueda de la ruta hacia el Oriente, sino de la conquista de el imperio de los mexicas. El encuentro con los totonacas y con otros pueblos que eran tributarios de los mexicas, alienta este proyecto de conquista de Tenochtitlán. Resulta que los totonacas le proponen que los colaboren en su liberación respecto a los mexicas, le dicen a Hernán Cortés que también otros pueblos estarían interesados en lo mismo. Totonacas y otros  pueblos van a ser clave en el ingreso y la conquista de Tenochtitlán, por parte de un contingente, de un ejército indígena, conducido por centenares de españoles.

Imaginarios

Antes de seguir es importante situarse o intentar situarse en los contextos imaginarios del siglo XVI, para tener referentes interpretativos de aquel entonces, que acompañan a las acciones de los involucrados en todos los sucesos, que se han dado en la conquista del continente de Abya Yala. Estamos hablando de los referentes más claros y evidentes, de los imaginarios encontrados; por un lado, la religión cristiana católica, por otro lado, hay que tener en cuenta los imaginarios de los pueblos nativos del continente. Imaginarios vinculados a una cosmovisión, por así decirlo, animista o vitalista de las fuerzas del cosmos y del mundo originario. Nos encontramos con mitos que dan cuenta de los orígenes, así como con mitos más elaborados, que tienen que ver, por decir algo, en comparación, con dioses. Tanto las ceremonias, los ritos, los procedimientos de iniciación, son cualitativamente distintos a los dados en Europa. Lo que más aborrecían, pues dejaba estupefactos a los españoles, eran los sacrificios humanos,  practicados por los mayas, así como por otros pueblos de Mesoamérica, incluyendo, claro está, a los mexicas de Tenochtitlán. Algo que sobresale en la diferencia de los comportamientos y simbolizaciones, que llama la atención, de manera inmediata, es la forma como se relacionan con las materias y metales preciosos, como el oro. En lo que respecta a los europeos, su codificación estaba vinculada al fetichismo monetario, que cuantifica la riqueza, también, por que no decirlo, el poder. Por las caractrísticas compulsivas de los conquistadores, llamemos a esto fetichismo del oro. En cambio, en lo que respecta a las sociedades nativas, el oro era usado como ornamento simbólico, en la vestimenta de las jerarquías, en los adornos, en los símbolos alegóricos de exaltación y sacrificio. Esta situación contrastante, nos muestra dos mundos, por así decirlo, distintos, tanto culturalmente, socialmente y económicamente; un mundo, que corresponde al capitalismo regional europeo, que tiene su contexto y su tradición genealógica en el capitalismo eurasiático, cuyo centro fue China; otro mundo, que corresponde a otras formaciones culturales, sociales y económicas, cualitativamente diferentes,  vinculadas al trueque, quizás al intercambio local y regional, pero también, de manera notoria, en caso de los mayas y los mexicas, al tributo, que se puede diferenciar de los impuestos, aunque dichas diferencias parecen de disquisiciones académica, no necesariamente conceptuales. Estas otras formaciones sociales tienen como substrato lo que se ha venido en llamar, por parte de la antropología, los circuitos del don. Para decirlo de otro modo, mas bien, restringido, estamos hablando de distintos modos de producción; para decir algo, manteniendo la comparación esquemática, en el caso, de Mesoamérica, estamos hablando de un “modo de producción tributario”; en el caso de Europa, estamos hablando de un modo de producción capitalista en ciernes.

La pregunta inicial no ha sido respondida: ¿En el continente de Abya Yala, que estructuras, formas y proyecciones de civilización o de  transcivilización se han dado? Los análisis históricos, inclusive los etnológicos y atropólógicos, además de los arqueológicos, se sitúan en la descripción de las jerarquías institucionales, tienen como arquetipo la estructura piramidal, donde aparece el emperador – término usado desde la perspectiva eurocéntrica -, acompañado o sostenido por los nobles, el estrato de la nobleza, ungido simbólicamente en la narrativa mitológica por los sacerdotes, sostenido funcionalmente por los funcionarios y administradores, sobretodo por los recaudadores de tributos. El resto de la sociedad, el pueblo desaparece; se situa en la nebulosa conceptual de ese tipo de interpretaciones. Sabemos que los que producen son la parte más importante de la sociedad; si hablamos de sociedades agrícolas estamos hablando de los cultivadores, de los trabajadores de la tierra, además de suponer la sabiduría de la domesticación del genoma de las plantas, así como de la domesticación de los animales, añadiendo el saber y las técnicas del uso de las semillas. Si hablamos de la alimentación, estamos hablando del saber culinario, el saber y el arte de la cocina, donde juegan un papel importante las mujeres. En el caso de Mesoamérica tenemos un bien fundamental para alimentación, que es el maíz. En consecuencia, hablamos de culturas del maíz. Hay animales que son parte típica de la alimentación. Todo esto entra en lo que podemos llamar la cocina, que separa lo crudo y lo cocido, tal como lo analiza Claude Lévi-Strauss en Mitológicas.

La sorpresa de los europeos en el continente es que se encuentran con la abundancia de bienes, la abundancia agrícola, la abundancia alimenticia, fuera de la abundancia misma de la naturaleza. Algo que no ocurría exactamente en Europa, donde todavía se ve, en contraste, la presencia abrumadora de la pobreza y los cuadros lúgubres de las penurias y del hambre, frente a núcleos privilegiados elitearios, de ricos, de nobles, de burgueses y sacerdotes, que acumulan riquezas. Otro contraste marcado, en este encuentro violento entre civilizaciones y culturas, en el contexto de la conquista, de la guerra de conquista, es la diferencia militar, la diferencia de tecnología militar, así como de organización militar. Los europeos venían de una larga historia de guerras y de desarrollo de las máquinas de guerra, de la evolución de la tecnología de la guerra, evolución de los instrumentos de guerra. En tanto que en el continentede Abya Yala si bien había guerras, no llegaban a la magnitud demoledora, al nivel de destrucción devastador, que  habían llegado en Europa y en Asia; es más, se puede decir que se trataba de guerras que buscaban el sometimiento, después del sometimiento de pueblos, la tributación de los mismos. Aunque después de las guerras venían los sacrificios, destinados a los dioses hambrientos; sacrificio de los vencidos seleccionados. Más que buscar matar en pleno enfrentamiento, se buscaba capturas, para después ofrendar capturados en los sacrificios, ofrendas que tiene un valor simbólico en las interpretaciones sagradas de Mesoamérica. Se trata de una comunicación con los dioses a través del sacrificio humano.

Pero, lo que describimos, a modo de ilustración, no ocurre en todo el continente de Abya Yala. En los casos mencionados, estamos hablando de sociedades centralizadas, no de confederaciones, no de alianzas territoriales de comunidades. Ciertamente, podemos diferenciar en el continente, sociedades cazadoras, sociedades itinerantes, sociedades agrarias y pastoriles, que no son centralizadas, que, mas bien, se oponen a la centralidad y a la jerarquización, como dice Pierre Clastres, se oponen al Estado. Estas sociedades aparecen en el norte y en el sur del continente, así como en la Amazonia. Las sociedades confederadas son distintas a las sociedades centralizadas, estructuradas, por así decirlo, en un modo de producción tributario o si se quiere, en un modo de producción hidráulico, como define Karl August Wittfogel. No pretendemos, ahora, discutir estos conceptos, lo hicimos antes, en otros ensayos, los usamos para ilustrar.  En el imaginario simbólico de las sociedades centralizadas, se ungía mitológicamente al monarca, al déspota o emperador, como hijo del sol. La magia también jugó un papel importante en las formas de comunicación de las sociedades del continente de Abya Yala, comunicación con lo sagrado o entre los mismos seres, no solamente humanos.

El Excedente, la parte maldita

No olvidemos la pregunta principal: ¿Cómo definir las figuras, las configuraciones, base de las conceptualizaciones, que tomen en cuenta las dinámicas, los funcionamientos, de la realidad efectiva, y no quedarse en los recortes narrativos de las ciencias sociales, que terminan sacando fotografías transversales, que hacen de imágenes ceremoniosas de los símbolos del poder? Estos esquematismos, en gran parte dualistas, no ven lo que ocurre en términos de genealogías del poder. No observan genealogías del poder que conforman diagramas de dominación, que capturan fuerzas sociales, fuerzas de la potencia social; esto es lo que hacen efectivamente las máquinas institucionales.

A propósito de las genealogias de poder, la pregunta es: ¿Cómo se convirtieron las familias, las filiaciones, los clanes, las alianzas de familias y clanes, las alianzas territoriales de las confederaciones, en estructuras piramidales? Estructuras jerárquicas que suponen estratificaciones sociales, diferenciaciones de mandos, de jerarquizaciones administrativas. Jerarquización que se corresponde con el imaginario mitológico, que encubre, por lo tanto, el acceso elitario a los beneficios, que define el acceso privilegiado en relación con el excedente social. ¿A partir de qué momento la alianza de los clanes es rota por un clan, que se convierte en dinastía? ¿A partir de qué momento la tierra, el acceso a los bienes comunes, al agua, a los bosques, a los animales, a los mismos bienes agrícolas, se convierte en propiedad del amo y el señor del tributo? Este es un aspecto de la pregunta, el otro aspecto tiene que ver con la necesidad de   invisibilizar al pueblo trabajador. ¿Cómo las partes encumbradas de la sociedad se apoderan del producto social, del excedente?

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En lo que respecta Europa, se sabe, de alguna manera, lo que ocurrió. El desplazamiento de las formaciones feudales, formaciones que devienen del sustrato del imperio romano, después de su caída. Posteriormente Europa  ingresa a la formación del capitalismo regional desde estos rasgos históricos precedentes. Estas características de la estructura social europea, de la huella de sus ciclos largos, reaparecen en los perfiles de los contingentes conquistadores.

Partamos de una base social, la comunidad. ¿Qué es una comunidad? Si suponemos que las relaciones sociales suponen asociación de mónadas, es decir, asociaciones de singularidades, podemos decir que una comunidad se logra a partir de un cúmulo de asociaciones, que conforman y configuran lo que viene a ser lo común entre una masa crítica de asociaciones, composiciones de asociaciones y combinaciones de las asociaciones dinámicas. Comparten territorios, paisajes, prácticas, saberes, memorias, leguaje, interpretaciones en forma de mitos y leyendas, además de representaciones del mundo, acotado y plagado de concepciones sobre lo que son, sobre lo que es la comunidad. Se da lugar una autoreferencia, se constituye una subjetividad singular. La comunidad puede estar compuesta por un clan o por clanes. En éste sentido por acuerdos, pactos, consensos, por reglas establecidas. Por adecuaciones a los ciclos, por el manejo de técnicas, así como por el manejo de ceremonias y ritos. Entones, una comunidad comparte bienes, memorias, lenguaje, responsabilidades, propósitos, además de una manera de asumirse a sí misma.

Ahora bien, las comunidades no son cerradas, sino que están abiertas a contactos y alianzas con otras comunidades. Las alianzas territoriales amplían el mundo social, amplificando las dinámicas comunales. Las asociaciones de comunidades, las alianzas, transforman el ámbito de relaciones, lo vuelven más complejo, lo que lleva a una organización mayor en la red extendida y comprometida de comunidades.

En el contexto de las alianzas territoriales sobresale el excedente del conjunto de comunidades asociadas. Es cuando el excedente tiene que ser usado o destruido. En principio, se lo usa de una manera simbólica, se derrocha; este derroche genera prestigio, lo que Gilles Deleuze y Felix Guattari llamaron plusvalía de código. George Bataille llamó al excedente la parte maldita, la parte que quema, la parte que ocasiona comportamientos culturales delirantes, interpretados por mitologías sublimes. De alguna manera, decía este filósofo, que el excedente  se consume imaginariamente. En sociedades de territorialización, inscritas por la memoria de la sangre de las filiaciones, así como por las huellas de las alianzas, la inclinación es por el derroche, el despilfarro del excedente; el gasto sin retorno, que puede implicar también el regalo, la donación, para adquirir prestigio. En este caso la valorización cultural se reproduce imaginariamente, en una estructura imaginaria, donde la dignidad radica en el donante.

Hablamos de sociedades no centralizadas, sino, mas bien, sin centro, sin jerarquización, sin estratificación del espacio, sociedades que no habrían sufrido la desterritorialización. Ocurre otra cosa con el excedente en sociedades centralizadas, que suponen ya la desterritorialización. Estas sociedades construyen ciudades, centro ceremoniales, centros de poder, centros de convergencia de distintas jerarquías, la simbólica, la sacerdotal, la administrativa de funcionarios, la relativa al control del mercado. Se puede decir que aquí nace lo que se viene llamar Estado. En estas sociedades centralizadas el consumo del excedente es distinto, no es de derroche, sino que su consumo diferencia estratos sociales, castas; la mayor parte del excedente es apoderada por la dinastía, los nobles, los sacerdotes, los militares. Es decir, el excedente es usado empoderando a los estratos dominantes, que, a su vez, son conformados por la centralización, por el Estado, como aparato abstracto de poder, que nace en estas sociedades.

Pregunta: ¿Cuándo se da lugar la centralización en las gestiones sociales, en qué momento se modifican las relaciones sociales, que corresponden a la comunidad y a las alianzas comunitarias, en qué momento se rompe el pacto entre mandos rotativos, en qué momento se da lugar a la dominancia de un clan, que se convierte en dinastía? A propósito podemos proponer una hipótesis especulativa, que corresponde a una mirada contra-genialógica y a un enfoque de contrapoder. Si suponemos que las comunidades se basan en la territorialización, lo que equivale no solamente a ocupar un territorio, a moverse en el territorio, a reinventarlo simbólicamente, sino también que corresponde a ceremonias que institucionalizan, por así decirlo, la territorialización, esto corresponde al dar, en el sentido pleno de la palabra, que la antropología ha usado como don, sobretodo la interpretación de Bronislaw Malinovski.  Quedémonos como lo define Jaques Derrida, se trata del dar, donde se derrocha, por así decirlo, el excedente, para obtener prestigio, plusvalía de código. Entonces, a partir de un momento, se produce una inversión, ya no se da, ya no se trata de dar, sino más bien de retener el excedente; es más, a partir de ese momento de inflexión o punto de inflexión se obliga al resto, al conjunto de comunidades involucradas a dar al que encarna y simboliza el mito despótico del poder. Esto corresponde a lo que se ha venido en llamar la tributación; en términos filosóficos dados por Deleuze y Guattari, se trata precisamente de la retención del excedente o del uso del excedente, para dar lugar a la reproducción de las castas, que acompañan al cuerpo que encarna el símbolo del poder. Pero, cómo se produce esto, cómo se da lugar de esta invención. ¿A partir de qué mecanismos de funcionamiento o disfuncionamiento, cambios de funcionamientos, cambios en el campo de fuerzas, se da lugar esta inversión, este punto de inflexión?

Se puede sugerir que pasamos de un campo de fuerzas a otro campo de fuerzas, pasamos del campo de fuerzas horizontal, por así decirlo, de las alianzas de comunidades, al campo de fuerzas vertical, por así decirlo, de la formación de la estructura social jerárquica, donde indudablemente se forma el Estado, ungido por la narrativa de los sacerdotes, sostenido por la administración de los funcionarios, defendido y expandido por los mandos militares. Empero, a pesar de estas contrastaciones, seguimos con el mismo problema, cómo sucede esto, cuál es el mecanismo, a partir de qué dinámicas, de qué funcionamiento, sucede esto, que denominamos cambio de campos de fuerazas.

Si decimos que viene de otro campo ya formado, de un exterioridad al campo de fuerzas de las alianzas de comunidades, de un campo de fuerzas estructurado estatalmente e incluso imperialmente, seguimos con el mismo problema. ¿Esos que vienen de la exterioridad, que conquistan y dominan, quiénes son, cómo se han conformado, cómo han llegado a ser lo que son, Estado, imperio, despotismo, estructura social diferenciada y jerárquica?

Vamos a sugerir otra hipótesis interpretativa, esta vez la hipótesis tiene que ver con el excedente. El tema es el excedente, la relación con el excedente de parte de la alianza de comunidades, en términos generales, qué se hace con el excedente de parte la sociedad. Hablamos que en la sociedades de la territorialización el excedente se derrocha, se convierte en fiesta, permite, en contrapartida, el prestigio, la plusvalía de código. ¿Pero, qué pasa en las sociedades centralizadas, de estructuras jerárquicas, de estructuras de poder y dominación, de estructuras que buscan ungir al poder de una narrativa que la glorifica y la justifica, que es la tarea de los sacerdotes? En este caso, parece ser claro que se usa el excedente para destruirlo. ¿En qué términos? En los términos de la reproducción de castas dominantes, de sacerdotes, de administradores y funcionarios, sobretodo de la nobleza y de la dinastía despótica. El excedente se usa para la reproducción de estas diferencias, de estos privilegios y, por lo tanto, de las dominaciones. ¿Pero, para que ocurra esto, qué es lo que ha tenido que pasar? Pasar de un campo de fuerzas horizontal a un campo de fuerzas vertical, jerárquico. ¿Qué es lo que ha ocurrido? La respuesta tiene que ver con lo que pasa con la relación con el excedente. Hay una relación con el excedente que termina encontrando una bifurcación, un punto de inflexión, donde la sociedad misma, de forma igualitaria, por así decirlo, o equivalente, se vuelve desigual e inequitativa.

La cuestión tiene que ver con la relación con el excedente, que según George Bataille es energía. El problema comienza, como hemos dicho, cuando se decide retener el excedente, no distribuirlo; es cuando se ingresa a un camino sinuoso y perturbador, que lleva a la disociación de la comunidad, de las alianzas comunitarias, de la territorialización. Es cuando se produce la desterritorialización, cuando todas las tierras se convierten en propiedad del déspota, cuando se inscribe en los cuerpos la deuda infinita. Cuando comienza el camino tortuoso de la sociedades de castas, de clases, de las desigualdades, el excedente sirve para reproducir a estas clases, castas ociosas, para mantener la ilusión del poder, el mito del poder, en la encarnación simbólica del poder, que es el déspota. De aquí en adelante de lo que se trata, entonces, es de apropiarse del excedente, incluso de más excedente;  para que ocurra esto, crear más excedente, se somete a la población no solamente a la tributación, no solamente a la deuda infinita, sino a trabajos extenuantes. No es difícil entender que, por este camino, llegamos al modo de producción capitalista, que es el modo de la producción de la acumulación originaria y ampliada de capital. La producción de excedente, a través de la proletarización de la población, alcanzan niveles industriales, es decir, se multiplica la producción y alcanza los niveles de la productividad compulsiva; en este sentido, se genera excedente en constante incremento. En estas condiciones históricas y económicas, la apropiación del excedente no solamente produce un consumo productivo, como dice la teoría del modo de producción capitalista, sino también genera un consumo destructivo, que es la guerra, además del uso en la reproducción de la burguesía, que adquiere gustos cada vez más lujosos, que envidiarían las nobleza de las monarquías absolutas. El recorrido de las civilizaciones, es decir, de sus genealogías, que lleva a la civilización moderna, es el recorrido de la relación con el excedente, como parte maldita, a través de los métodos y procedimientos de la destrucción. La relación con el excedente es destructiva, la prueba y su corroboración se encuentra en las huellas ecológicas. Remarcando, el problema radica en esta relación destructiva acumulativa y nihilista del excedente.

Conclusiones

Una primera conclusión tiene que ver con abundancia. Se concebía así a la naturaleza; por ejemplo, los fisiócratas atribuían la generación del excedente a la agricultura, pero también se puede atribuirle a la naturaleza este don. Decir que la naturaleza es algo así como el “excedente” primordial. Estas es una forma de decir, una representación; lo que importa es la idea de una abundancia primordial, antes de la generación del exedente por parte de las sociedades humanas. Sabemos que el concepto de excedente está ligado a la economía si quiere al campo económico, al espacio del consumo, la distribución y la producción. Se habla del excedente, en sentido económico, sin embargo, esta manera de concebir se da en una concepción restringida, es decir, economicista. Desde que George Bataille hablara de economía general es posible hablar de crítica de la economía política generalizada, como lo hemos hecho nosotros desde hace un tiempo. Entonces, en la economía política generalizada el excedente aparece tanto en el campo económico como en el campo cultural, repercute, si se quiere, en el campo social. El excedente es experimentado en el campo económico, es padecido en el campo social y es simbolizado, representado, en el campo cultural. En el ensayo hemos visto como el excedente generado por el pueblo trabajador aparece como producto en el campo económico, hemos visto también como es consumido socialmente, derrochado en la fiesta, en la circulación del don, en la distribución, diríamos para ilustrar, equitativa. También hemos visto la manera que es simbolizado y representado como plusvalía de código, como representación política y cultural, como valorización simbólica, como logro de dignidad reconocida. Esto ocurre en lo que hemos llamado sociedades descentralizadas, sociedades contra el Estado.

Cuando se trata de las sociedades centralizadas, donde se ha roto la alianza comunitaria, las sociedades asisten a su propia estratificación, a su propia jerarquicizacion, el excedente aparece como la parte maldita. Es más, en las sociedades capitalistas el excedente, que se multiplica y brota como acumulación originaria y acumulación ampliada de capital, aparece como una condena fatal y compulsiva. En la etapa avanzada del ciclo largo del capitalismo vigente, en la modernidad tardía, el excedente despliega demoledoramente toda su destrucción, dejando la marca expansiva de la muerte, las huellas ecológicas, en un planeta que se convierte en desierto.

Entonces, la primera conclusión tiene que ver con la abundancia desbordante del planeta, que podemos también interpretar como la abundancia de energía, de transformación de la energía, así mismo de conservación de la energía solar. Energía que se convierte en toda clase de energías múltiples, sobretodo por la capacidad biológica de retener y administrar la energía, con la capacidad de autopoiesis, de autoreproducción de la célula. Conteniendo la virtud de la neguentropía, la célula embarca a los seres orgánicos a un consumo de la energía en sentido vital. Las sociedades humanas se encuentran con este desborde de energía, este derroche de energía, en los distintos ecosistemas. Sobretodo aparece, de manera exuberante, en los trópicos, pero también, a su modo, en los valles, en otros contextos geográficos singulares, en otras geografías territoriales y acuáticas particulares, en territorios atravesados por ríos y sus afluentes. La vida prolifera abundantemente, en esa prodigalidad primordial de la vida, de la potencia creativa de la vida.

La segunda conclusión tiene que ver con lo que llamamos propiamente excedente, es decir, lo que excede al consumo básico de las necesidades sociales; este excedente, como hemos dicho, se puede consumir de una manera festiva, en la fiesta, pero también se puede consumir de una manera acumulativa, reteniendo el excedente, por así decirlo, en pocas manos, en los estratos privilegiados y dominantes. Esta retención puede aparecer en distintas figuras, es conocida la figura de la inscripción de la deuda infinita en los cuerpos, la tributación. Los pueblos se convierten en tributarios del dueño de todas las tierras del imperio, el déspota, que es la encarnación simbólica del poder concentrado, también es la encarnación simbólica de toda la tributación, realizada periódicamente. Así mismo, el déspota es el centro de esta estructura jerárquica, de esta estructura de poder y de dominación. Símbolo supremo, representación del poder en la narrativa sacerdotal, déspota ungido por el mito como hijo del sol. Todas las sociedades centralizadas, es decir, sociedades que han convertido al Estado en su síntesis política, son sociedades estratificadas, sociedades de clase, sociedades de castas, sociedades atravesadas por distinciones jerárquicas sociales y culturales, también religiosas. El consumo es destructivo, pues se consume en lujos, en ornamentos, en edificaciones fabulosas, en tumbas monumentales, donde viajan eternamente los faraones muertos, en pirámides destinadas a la ceremonias y rituales del sacrificio.

En las sociedades capitalistas el excedente, que se multiplica incesantemente, en la vertiginosidad moderna, donde todo lo sólido se desvanece en el aire, aparece como acumulación ampliada. La apropiación del excedente es de clase. La burguesía es la clase que se apropia del excedente, lo usa principalmente como inversión para amplificar el excedente; sin embargo, es también una clase que no renuncia al consumo no productivo del excedente, en términos de ostentaciones, lujos y dilapidaciones espectaculares.

                               

La tercera conclusión tiene que ver con la macrohistoria. Con certeza, hablamos teóricamente, acudiendo a esquemas abstractos y a metáforas históricas, al referirnos a paradigmas de sociedad. Sin embargo, en la pluralidad de sociedades hay una diversidad de formaciones sociales, culturales y económicas. No estamos tomando en cuenta la multiplicidad de singularidades; esta no es una exposición histórica, no es una descripción exhaustiva sociológica, antropológica y etnológica de las sociedades. De modo diferente, esta es una exposición teórica, que reflexiona sobre la información arrojada por las investigaciones históricas, genialógicas y macro-históricas; en ese sentido, hemos distinguido tres grandes tipos de sociedades, las sociedades sin Estado, las sociedades con Estado y, en este conjunto, de las sociedades con Estado, hemos distinguido las sociedades antiguas, fuertemente centralizadas, ungidas por la mitología y las narrativas de los sacerdotes, teniendo en el centro de la cúspide  piramidal a la encarnación simbólica del poder, que es el déspota. Efectivamente hay una variedad de sociedades con Estado, donde se sitúan las ciudades Estado, que se expanden, que se articulan con otras ciudades, conformando reinos regionales, incluso imperios. Empero, no estamos haciendo hincapié en estas distinciones. Por otra parte, teniendo en cuenta a las mismas sociedades centralizadas, tenemos a las sociedades capitalistas, que, paradójicamente, suspenden los valores, las tradiciones, las instituciones antiguas. Decodifican los códigos heredados de las sociedades antiguas, ponen en cuestión sus creencias religiones, sacralizaciones y mitos, sin embargo, estas sociedades, a pesar de haber puesto en cuestión las antiguas instituciones, inclusive el antiguo Estado, vuelven a restaurarlo. Restauran el Estado oriental, tal como lo hemos dicho en otros ensayos, porque el Estado nace en el Oriente.

La sociedad capitalista lo usa para legitimar la apropiación del excedente, por parte de la clase dominante, la burguesía. Teniendo en cuenta estos tres paradigmas de sociedad, son las sociedades paradigmáticas que se encuentran durante la conquista y la colonización. No estamos hablando de un capitalismo desarrollado, que corresponde a los conquistadores, al mundo de los conquistadores, estamos hablando de un capitalismo incipiente, de un capitalismo mercantil, pero también de un capitalismo que ya tiene sus dominancias no solamente en el mercado, sino en la industria inicial, hablamos también un capitalismo financiero, correspondiente a la época. Génova y Venecia forman parte de los ciclos largos iniciales del capitalismo. Hemos dicho, más de una vez, que con la conquista de Tenochtitlán se inaugura, de una manera apocalíptica, para decirlo de esa manera, metafórica, el sistema mundo capitalista, es decir, el capitalismo mundial, el modo de producción capitalista propiamente dicho, el sistema mundo capitalista, que articula todos los dispositivos de los distintos planos de intensidad, para dar lugar a la acumulación originaria y a la acumulación de capital.

En las Antillas los españoles se encuentran con sociedades no centralizadas; cuando llegan a Yucatán se encuentran con sociedades centralizadas; al norte de México se encuentran con sociedades no centralizadas, con confederaciones; al sur del Incanato se encuentran con sociedades confederadas, como las sociedades correspondientes a los pueblos mapuches. En la Amazonia se van a encontrar con sociedades sin Estado, tal como lo define Pierre Clastres. A la pregunta de cómo centenares de españoles terminan conquistando a imperios altamente organizados y centralizados, que cuentan con contingentes militares, también grandes, podemos responder, comprendiendo el ámbito de contradicciones, que anidaban en el continente de Abya Yala. Los españoles no hubieran conquistado jamás Tenochtitlán si no hubieran contado con aliados, otros pueblos, otras sociedades centralizadas, vencidas por los mexicas, obligadas a la tributación. Algo parecido ha ocurrido con la conquista del Cuzco, sin obviar las distinciones geográficas, sociales, culturales y económicas específicas. No vamos a expandirnos, ni detenernos, en estas analogías y diferencias, entre incas y mexicas, lo hemos hecho en otros ensayos, donde tocamos estos temas. Lo que interesa es responder a la pregunta que hicimos. Entonces, podemos decir, de manera sintética, que son las contradicciones, que anidaban en las sociedades del continente, en el ámbito social diferencial del continente, lo que da lugar a las condiciones de posibilidad política y militar para la victoria de los españoles, para la conquista de los españoles. Esto no tiene nada que ver con una justificación de la conquista y la colonización, sino todo lo contrario, es parte de la crítica de la conquista y de la colonización. Se trata de una crítica radical, no de una crítica restringida, auto-contemplativa, que hace una apología de la derrota, convirtiendo en víctimas a los conquistados, cuando parte de los conquistadores también fueron pueblos indígenas. La crítica de la conquista y de la colonización toma en cuenta la demoledora violencia con la que nace el sistema mundo capitalista, cuyo antecedente inmediato, cuyo acontecimiento promotor del sistema mundo moderno, es precisamente la conquista y la colonización, que además cuenta con la esclavización generalizada de poblaciones del África subsahariana.

La cuarta conclusión tiene que ver con la evaluación crítica, retrospectiva, desde el presente, de lo que ha acontecido desde la conquista y la colonización hasta ahora. La conclusión taxativa es la siguiente: No se han aprendido las duras, dramáticas y trágicas lecciones de las oleadas de conquista y de las oleadas de colonización. De manera paradójica, las conquistas y colonizaciones continúan, se repiten, en una especie de eterno retorno de la conquista y la colonización. Se ha implantado en las tierras conquistadas el sistema mundo capitalista, en el norte, como centros de la geopolítica del sistema mundo capitalista, en el sur, como periferias de la geopolítica del sistema mundo moderno. En América Latina y el Caribe se ha desplegado el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, con algunos desplazamientos recientes en la condición de potencias emergentes.  

Notas sobre los perfiles de la violencia

Notas sobre los perfiles

de la violencia

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Violencia encarnada

 

 

Continuidad del colonialismo

La continuidad del colonialismo es la del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. El neopopulismo es agente encubierto de las trasnacionales extractivistas y de los Cárteles. El gobierno folclórico, respecto a la Pachamama, ampara la destrucción de los ecosistemas amazónicos y chaqueño, la contaminación de las cuencas y el avasallamiento de territorios indígenas y parques nacionales. Los nuevos conquistadores y colonizadores son esta expresión delirante del populismo del siglo XXI, que, en efecto corresponde a la conquista y la colonización del siglo XXI, ampliando las huellas de la muerte del sistema mundo capitalista.

 

Neoliberalismo y neopopulismo

El neoliberalismo y el neopopulismo son simétricos, son dos caras de la misma medalla, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, ahora, además, mafioso. El neoliberalismo esquilma al pueblo mediante privatizaciones, el neopopulismo lo hace a través del uso privado de las instituciones y recursos del Estado y del país. Ambos empobrecen a las mayorías, aunque el neoliberalismo es explícito al enervar el costo social y encumbrar a una élite burguesa; en cambio el neopopulismo hace demagogia, favorece a una corrupta dirigencia, queriendo mostrar que su enriquecimiento es general, respecto a las clases excluídas. Solo es esta minoría que hace de pantalla de propaganda, los demás siguen excluidos como siempre. Lo que comparte con su simetría es que también encumbra a una élite burguesa, la burguesía rentista y mafiosa.

 

Perfiles del terrorismo de Estado

Terrorismo de Estado y terrorismos paramilitar y de los cárteles están articulados. Forman la maquinaria descarnada de la violencia de las dominaciones perversas. El neopopulismo anterior y el retornado han conformado esta maquinaria de poder como prolongación inaudita de su decadencia. Cuando el proceso de cambio ha muerto en manos de los impostores, que se subieron a la cresta de la ola, lo que queda para «legitimar» su permanecía inmerecida es el recurso descarado de la violencia, sobretodo cuando la demagogia ha dejado de convencer y servir.

 

Dinámicas perversas de la genealogía del lado oscuro del poder

Hay que diferenciar las distintas estructuras conglomeradas en la macroestructura social o que hace al campo social, que, más bien, es espesor. Pues resulta que una sociedad no es homogénea, al contrario es heterogénea. Pero a donde apuntamos no es tanto a la descripción del mapa heterogéneo de la sociedad, sino a ubicar las estructuras perversas, por así decirlo, que emergen de las mismas dinámicas sociales e inciden en la descomposición de las tejidos sociales. Una de estas estructuras tiene que ver con las asociaciones clandestinas de las mafias, de los cárteles, de las formas paralelas del poder.

Lo que se ha visto, en la historia reciente, es que la genealogía del lado oscuro del poder se inicia con desplazamientos, en principio imperceptibles, de las relaciones sociales, sus prácticas y recorridos. Después se hacen perceptibles los desplazamientos ocupando espacios donde se desarrollan propiamente. Cuando estos desplazamientos se vuelven constantes conforman estructuras estables que afectan al conjunto del campo social.

Una característica de las estructuras mafiosas es que buscan el control territorial; en otras palabra, se arraigan y se afincan como poder, en principio local, después regional y, si prospera su proyección, su control puede adquirir la dimensión nacional.

Las estructuras mafiosas atraviesan varios planos de intensidad social, deformándolos, de acuerdo a la reproducción misma de las prácticas y las formas paralelas de poder. Atraviesan las instituciones y los circuitos comerciales. Atraviesan a las instituciones estatales, corroyéndolas y corrompiéndolas. Conforman sus destacamentos armados y paramilitares. Cuando esto ocurre ya se ha ingresado a la “lógica” de la guerra. Guerra contra la sociedad para imponer la voluntad de los cárteles.

En el norte de México los cárteles controlan ciudades y hasta estados, en la República Federal. En pocas palabras, gobiernan. El gobierno solo es una máscara usada por el lado oscuro del poder. En Colombia los paramilitares controlan territorios donde imponen su ley. Donde no lo controlan realizan acciones punitivas. Pregunta: ¿En esta genealogía del lado oscuro de poder hasta dónde se ha llegado en Bolivia?

Sabemos que los cárteles controlan una amplia zona del trópico de Cochabamba y parte de las zonas del norte de Santa Cruz, con sus correspondientes circuitos en todo el país y sus conexiones en países fronterizos y contactos con otros países del continente y de otros continentes. La economía política de la cocaína es sobretodo mundial, no es solamente nacional. Sin embargo, los entramados sociales son complejos y mucho más extensos que lo que sucede en estas sociedades secretas. Las pretensiones de las mafias encuentran obstáculos y resistencias en esta complejidad social. En la medida que los tejidos sociales son fuertes, los obstáculos y resistencias son mayores; en cambio, en la medida que los tejidos sociales son débiles, la sociedad es más vulnerable ante la irradiación perversa del lado oscuro del poder.

Lo que ha venido sucediendo recientemente llama atención por las repercusiones en el plano político. Las implicaciones en los gobiernos, los síntomas de la penetración en la policía, los alcances del control en la administración de justicia. Todo en un contexto comprometido, la economía institucional atravesada por la economía oscura y opaca de los tráficos. Empero, cuando hay baños de sangre, significa que la violencia inherente se ha desbordado. Los ajustes de cuentas son conocidos y lastimosamente se han convertido en parte intermitente de la cotidianidad. Sin embargo, cuando estas acciones alcanzan a la policía, perpetrando asesinatos de efectivos uniformados, la espiral de la violencia expresa el alcance del desborde del lado oscuro del poder. El mensaje es de amenaza.

El modelo colonial extractivista y mafioso

El modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente se ha desplazado, ahora es el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y mafioso. Los cárteles controlan territorialmente, atraviesan las instituciones de emergencia del Estado, entre ellas la policía y el ejército; atraviesan los órganos de poder del Estado, sobre todo el sistema de administración de justicia. Atraviesan el gobierno y a la máquina fabulosa del poder, el Estado. Estas instituciones son usadas para cumplir la funciones que les asigne el lado oscuro del poder, de encubrimiento, de protección, de concomitancia y complicidad. Es cuando todo el campo político ha cambiado, se ha convertido en el campo de despliegues de los tráficos.

Proliferación de ilegalismos

Ya es, de principio, ilegal el mercado paralelo de la coca. «Evaluar la legalidad» de un mercado ilegal es con contrasentido. El gobierno es cómplice del desenvolvimiento de ilegalidades proliferantes, es parte de de la corrosión institucional y la corrupción galopante. Es un dispositivo de la economía política de la cocaína, de la economía política del extractivismo, de la destrucción de bosques y cuencas. La elocuencia de la muerte contra la vida.

El absurdo

Cuando no se explica lo ocurrido, cuando falla la interpretación emitida, mostrando vacíos. Cuando no hay coherencia en la interpretación oficial de los hechos, cuando no hay causa evidentes ni móviles para una acción criminal perpetrada, cuando es palpable el absurdo, es cuando se cae toda la narrativa oficial, por su propio peso; no tiene sostenimiento. Es cuando se fuerza la interpretación y los hechos desbordan por todas partes. Se hace evidente la complicidad de los aparatos de Estado con el lado oscuro del poder.

Acorralados

Acorralados, sin recursos argumentativos, perseguidos por sus fantasmas y sus miserias humanas, recurren a su puesto de jerarquía funcionaria para emitir sandeces y amenazar. Evidencian su cobardía desbordada en sus actos y en sus balbuceos. Estos personajes sin atributos son los que fungen de ministros. Es la muestra patente del hundimiento y el derrumbe ético y moral.

Los guerreros digitales

El entorno palaciego del Caudillo déspota, caído en desgracia, se refugia en la “fortaleza” política, mediática y de propaganda de un canal oficialista. Desde este lugar operan el despliegue de su guerra sucia virtual. Semiclandestinos, lo “guerreros digitales”, aprovechando la penumbra de su escondite, lanzan improperios, acusaciones estravagantes y amenazas, encarnando a los inquisidores del siglo XXI. El entorno palaciego y los “guerreros digitales” han convertido el canal en un dispositivo del terrorismo de Estado, que consume, en su vorágine, presupuesto del Tesoro del Estado, de una manera inútil y sin perspectiva, sobretodo explayándose en la anticomunicación.

Crisis universitaria

La crisis universitaria ha tocado fondo y lo ha atravesado, está en el abismo. La complicidad entre autoridades universitarias y mafias dirigenciales estudiantiles es evidente, por lo menos desde hace un buen tiempo. Esta concomitancia perversa ha convertido a la universidad en un antro donde se explaya la mediocridad, se solasa la prepotencia y se destruye la formación académica. Los últimos eventos bochornosos y sangrientos muestran patentemente el alcance de la decadencia. Un Congreso apócrifo quiere encubrir la putrefacción del cadáver institucional y, a su vez, legitimar a las mafias estudiantiles y rectorales, a pesar de la demoledora crisis innegable.

Hipótesis

Hay que concebir las sociedades desde sus operaciones asociativas, desde sus prácticas, desde sus relaciones constantes, desde sus tejidos, sus nudos, sus desenvolvimientos específicos, para comprender sus estructuras, sus instituciones, sus sistemas. De este modo podemos entender que los sistemas, las instituciones y las estructuras son nada, sin estas asociaciones, prácticas, relaciones, tejidos y nudos. Por ejemplo, un Estado es nada, sin las dinámicas sociales, no existe efectivamente sino a traves de la reproducción constante de las prácticas y relaciones. También la cultura es posible por las reproducciones culturales que despliegan y desenvuelven los sujetos sociales. El lenguaje es un acontecimiento social, no existe de por sí, sino por que se lo habla, se lo practica, se lo escribe, se lo expresa. Son los grupos, comunidades, colectivos, los que reinventan el lenguaje. Claro está que es herencia de generaciones anteriores, pero cada generación ha tenido que hacer lo mismo, reinventar el lenguaje para mantenerlo. Un libro existe propiamente cuando se lo lee. Claro está que el libro ha tenido que escribirlo alguien, que ha tenido que editarlo alguien, que ha tenido que imprimirlo un taller gráfico. Pero, cada una de estas producciones ha tenido que ser una actividad asociada, vinculada, articulada al conglomerado de conjuntos de dinámicas sociales.

En lo que respecta a la problemática y temática en cuestión, la proliferación de las violencias polimorfas, parecen corresponder, mas bien, a disociaciones, adulteraciones de las prácticas, deformaciones de las relaciones, desestructuración de las estructuras, corrosión de las instituciones o anclaje anacrónico de las mismas. Se puede decir, que cuando ocurre esto asistimos a la perversión del campo social. Entonces, emerge la violencia proliferante, polimorfa, cromática, desde la violencia imperceptible hasta la violencia desbordante, contundente, demoledora, pasando por todos los perfiles intermedios de la violencia.

Por así decirlo, se forman mundo paralelos, sumergidos, opacos, difusos, contenidos en el mundo efectivo, correspondiente a la integración compleja de planos y espesores de intensidad sociales. Estos mundos paralelos van modificando el aspecto del mundo efectivo; pueden llegar a deformarlo hasta hacerlo irreconocible. Es cuando los mundos paralelos irradian e inciden a tal punto que ejercen como una preponderancia, para no decir hegemonia, término que no corresponde al caso.

El mundo de los tráficos es uno de esos mundos paralelos clandestinos, que afectan en el desenvolvimiento y el despliegue, también en las reproducciones, del mundo efectivo. Pueden deformarlo y pervertirlo a tal punto hasta ocacionar su propio colapso. Con disociaciones, con destrucciones del tejido social, con desestructuracones, con corrociones institucionales, el mundo efectivo se derrumba, ya no puede funcionar. Agoniza en su decadencia.

Las fabulosas máquinas de la ideología y del poder

Las fabulosas máquinas de la ideología y del poder

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Miserias de la ideología nacionalista e imperial

El mundo es sistema mundo desde la conquista de Tenochtitlán. Emerge el sistema mundo moderno, el sistema mundo capitalista globalizado. No hay Occidente ni tampoco Oriente, así como no hay Norte ni Sur, salvo como invención del orientalismo, por parte de la ideológica imperialista europea, a decir de Edward Waidie Said. El occidentalismo es también un invento imperialista, después de los delirantes fundamentalismos. Norte y Sur, referencias geográficas relativas, dada la condición esférica de la Tierra, también son elucubraciones intelectuales, en pleno acontecimiento complejo de las modernidades heterogéneas.

En la contemporaneidad la seudoteorias conservadoras hablan de guerra de las civilizaciones, como lo hace Samuel P. Huntington. Posteriormente, de manera imitativa y con un discurso menos elaborado y más místico, lo hace Aleksandr Dugin, influencia “intelectual” de Vladimir Putin. Se trata de ideologías ultraconcervadoras y nacionalistas, anacrónicas y trasnochadas, que justifican pretensiones de propensiones racistas. Emergencias de antiguos imperios en plena decadencia de la civilización moderna, del sistema mundo capitalista, del que estos discursos anacrónicos son versiones ultramontanas.

Frente a la decadencia del sistema mundo capitalista, los pueblos del mundo tienen la responsabilidad de parar toda guerra, absurda y desentonada, deben detener la locomotora desbocada de la historia, y asumir en propias manos, la democracia plena, el autogobierno, la Confederación de Pueblos del Mundo. Salvando así al planeta de su destrucción y al mundo de su muerte, destrucción y muerte llevada a cabo por los señores de la guerra y el capital, que juegan a la geopolíticas con armas de destrucción masiva.

El fetichismo del Estado nación

No hay relaciones entre las instituciones porque éstas no tienen vida propia, la vida es transferida por las dinámicas sociales. Las instituciones se apropian de las fuerzas sociales, las capturan y las hacen funcionar como si pertenecieran, desde siempre, a la “vida” institucional.

La máquina institucional funciona por capturas; las fuerzas sociales son atrapadas en las redes institucionales. Se produce un fetichismo institucional; ocurre como que las dinámicas sociales se redujeran a las relaciones institucionales. Entonces desaparecen las fuerzas efectivas de las dinámicas institucionales y son sustituidas por las composiciones institucionales. Las dinámicas que hacen a la sociedad, que hacen al pueblo, compuesto por conglomerados de multitudes, de colectivos, de grupos, de individuos, desaparecen para dar lugar a composiciones sociales, sin vida propia, cada vez más monstruosas y fabulosas. Se llega, de esta manera, al Estado nación, que es una fabulosa composición maquínica institucional.

Es cuando la fabulosa máquina de la fetichización, que es la ideología, interviene magníficamente, otorgado contenido narrativo a la invención de la nación por parte de Estado. Entonces la nación ya no aparece como producto estatal sino como orígen del Estado. El mito del origen del Estado es la nación, que se convierte, imaginariamente, en un sujeto transhistórico. El espíritu nacional es, en esta narrativa, la esencia metafísica que se transforma en Estado, después de seguir un decurso dramático, el de la formación de la cultura nacional y de la constitución de la consciencia nacional.

En consecuencia, en el imaginario social, sobretodo estatal, el Estado nación aparece como un sujeto vivo, que tiene nombre propio, al que se convoca para defender al pueblo extraviado y a la sociedad perdida en sus laberintos. La convocatoria nacionalista habla de una civilización que hay que recuperar, incluso llega a configurar esta civilización inhibida o arrinconada como referida a la edad de oro del imperio perdido, que hay que revivir.

Se ha hablado de Estado nación subalterno y de nacionalismo antiimperialista, atribuyéndole a este nacionalismo un carácter revolucionario, a diferencia de los nacionalismos imperialistas e imperiales, que despojan a los pueblos sometidos y subyugados de sus identidades. Empero, ha bastado que estos nacionalismos antiimperialistas tomen el poder, se hagan cargo del Estado, para que muestren sus profundos conservadurismos, inclusive reaccionarios, pareciéndose a los otros nacionalismos, imperialistas e imperiales.

El problema radica en el fetichismo de Estado nación, en este sujeto imaginario, que subsume a los pueblos en la vorágine del mito nacionalista, convirtiéndolos en corporeidades disciplinadas y militares. Arrastrándolos a la tragedia de la guerra. Si no ocurre esto, en la filigrana de la paz, los pueblos, capturados por las máquinas institucionales y por la fabulosa máquina de poder del Estado nación, se embarcan en confrontaciones menores, que favorecen la reproducción ficticia del Estado nación, de los imperios e imperialismos.

Los pueblos atrapados en estas redes institucionales no controlan sus vidas, porque no les pertenecen; le pertenecen al Estado. Esta fabulosa máquina institucional decide sobre la vida y la muerte de los pueblos. Decide sobre el destino de las sociedades. En plena decadencia de la civilización moderna, del sistema mundo capitalista, en plena crisis múltiple del Estado nación y del orden mundial de las dominaciones, el Estado arrastra al abismo a las sociedades y los pueblos.

Para lograr la sobrevivencia de la humanidad, de las sociedades y los pueblos, éstos tienen que liberarse de la ideología, deconstruir la máquina fabulosa de la fetichización, diseminar la máquina fabulosa del poder, recuperar la espontaneidad del substrato efectivo de las dinámicas sociales, liberar la potencia creativa de la vida. Entonces hacerce cargo de sí mismo, asumiendo la responsabilidad autogestionaria y de autogobierno, conformando Confederaciones de Pueblos continentales y del mundo.

Genealogía de la consciencia desdichada y del revanchismo

¿Dónde emergen los nacionalismo reaccionarios, en qué momento de las historias de los Estado nación? A diferencia de los discursos histórico políticos, que situan la tragedia de los pueblos en la guerra de conquista, efectuada por los conquistadores, los nacionalismo reaccionarios parecen emergen en un momento de crisis profunda, de desasosiego, de humillación nacional, de derrota. La nación humillada cobra consciencia de su profunda depresión y poco a poco, busca reivindicarse, hasta que encuentra el momento de hacerlo, cuando emerge populosamente el nacionalismo conservador, convocando al pueblo humillado a vengarse de los vencedores. Este momento de reclamo, de convocatoria a la revancha, de movilización populista, coincide con la articulación perversa entre clases medias empobrecidas, clases medias todavia privilegiadas y burguesías, convocadas por el dicurso nacionalista altisonante, agresivo y violento de la venganza. Para contrastar con la humillasión, se declara la superioridad o la antigüedad del pueblo, unido a una cultura nacional, regional e imperial.

Los nacionalismos reaccionarios no son homogeneos, aunque contengan analogías, suponen historias singulares, si se quiere, nacionales. Una de sus expresiones históricas, quizás la más conocida, es el nacional socialismo, la expresión ideológica y partidaria nazi; otra, anterior, corresponde al fascismo italiano; por ese recorrido europeo tenemos al falangismo español. Sin embargo, hay más, como no podría ser de otra manera, pues los nacionalismos reaccionarios corresponden a la historia política de la modernidad, particularmente a los periodos de crisis profunda, económica, social y cultural. Sobre todo, crisis del Estado nación. Se trata, en los casos mencionados, de potencias seciundarizadas o derrotadas, marginadas del reparto imperialista, aunque, en lo que respecta a España, sufre su decadencia, después de haber sido un imperio, uno de los más grandes, que tenia, en sus administraciones extraterritoriales, nada menos que al conquistado continente de Abya Yala.

En América Latina y el Caribe, en el Africa, en el Asia y en el Medio Oriente, se han desatado nacionalismos antiimperialistas, en pleno contexto de las posguerras mundiales. Estos nacionalismos antiimperialistas, a diferencia de los nacionalismos reaccionarios, se situan, en principio, en la formación discursiva histórico politica, la que interpela a la historia oficial, la que reivindica la historia de los vencidos, la que interpela la legitimidad de los Estados y de los gobiernos, dispositivos de la dominación imperialista. Antes, durante las guerras de la independencia en el continente de América, emergieron los primeros nacionalismos, a decir de Benedic Anderson, en Comunidades imaginarias, construyeron un discurso criollo de convocatoria contra las élites coloniales. Usaron el periodico como medio de difusión, además de los pasquines, adaptaron el liberalismo a su proyecto intependentista y terminaron constituyendo repúblicas, aunque con coracteristicas gamonales, es decir, restringidas a las poblaciones minoritarias criollas, con cierta apertura a las poblaciones mestizas, dejando fuera de los derechos politícos a las mayorías de las poblaciones indígenas y las mujeres.

Ambos nacionalismos están, de alguna manera conectados, por lo menos imaginariamente, en la narrativa, pues los nacionalismos aniimperialistas reivindican los nacionalismos independentistas, forman parte de su herencia; es más, incluso llegan a ser indigenistas, como en el caso de México y Bolivia. Sin embargo, cuando estos nacionalismos llegan al poder, por así decirlo, toman el Estado, se hacen gobierno, poco a poco se van desplazando, sufren una metamorfosis perversa, y se convierten en dispositivos ideológicos de las dominaciones ejercidas desde el Estado. Corresponden a las nuevas élites gobernantes, también a las nuevas oligarquías, a los nuevos estratos de las burguesías. Entonces emplean el Estado, los dispositivos de emergencia del Estado, para reprimir y o para prolongarse en el poder. De este modo se van pareciendo a los nacionalismos reaccionarios. El peronismo es un ejemplo de este fenómeno, pero no es el único, de una u otra manera los nacionalismos antiimperialistas en el poder comparten, mas o menos, estas transformaciones políticas.

A fines del siglo XX y porincipios del siglo XXI en América Latina se han vuelto a dar fenómenos políticos parecidos o análogos. Se vuelve al discurso animperialista, aunque vaciado de sus contenidos, emitido, mas bien, fragmentariamente y de forma barroca, mezclado con otros discursos fragmentarios, el socialista o lo que queda del mismo, como eco, por ejemplo, el discurso del socialismo del siglo XXI. También se incorporan, como en el caso boliviano y ecuatoriano, fragmentos del discurso indigenista. En el caso brasilero el nacionalismo aparece de una manera matizada, empero conectado a una herencia socialista, la dada por el Partido de los Trabajadores, con ribetes marcados de critica al neoliberalismo, como ocurre con casi todos los discursos del progresismo latinoamericano. En todos estos casos, el nacionalismo antimperialista deriva en el conservadurismo, una vez convertidos en administradores del poder, ejerciendo el gobierno y haciendose del Estado.

Recientemente, en la historia política moderna, se han vuelto a dar también nuevas expresiones del nacionalismo reaccionario. Esta vez en el mismo centro del sistema mundo capitalista. La expresion discursiva es la de la guerra de la civilizaciones; se habla de un Occidente que enfrenta a otras civilizaciones persistentes en el Oriente. A su vez, como eco, se dan discursos correspondientes a la guerra de las culturas, una Euroasia enfrentando al Occidente decadente. En este contexto, se puede tomar a los discursos fundamentalistas como variantes de esta guerra de civilizaciones, aunque en este caso se trate de una guerra santa, de una guerra religiosa contra los demonios occidentales.

Si consideramos al conjunto de estas genealogías nacionalistas podemos vislumbrar su esfuerzo ideológico de convocatoria y de legitimación. La nación, la cultura, la civilización, la religión, son los referentes de la mitología moderna que explica la crisis civilizatoria, la crisis política, la crisis económica, la crisis social y la crisis cultural, como olvido de la nación, de la cultura, de la civilización y la religión. De lo que se trata, para resolver la crisis, es de reivindicar la nación perdida, la cultura arrinconada, la civilización inhibida, la religión agraviada. El eje concervador de esta formación enunciativa ideológica radica en la fetichización del Estado, de la nación, de la cultura, de la civilización y de la religión, concebidas abstractamente y ahistóricamente, como si fuesen entidades transhistóricas eternas. En realidad hablan desde el mito de la nación, desde el mito de la cultura, desde el mito de la civilización, desde el mito de la religión.  Son incapaces de comprender la historia moderna, que se caracteriza por la invención de las naciones, la historia empotrada de museo de las culturas y las civilizaciones, la historia exaltada del fundamentalismo religioso. De este modo desaparecen las dinámicas sociales, las dinámicas culturales y las dinámicas de integración de la civilización moderna. Asi, se fragmentan las culturas efectivas y son absorvidas por el sistema mundo cultural de la banalidad.

Claro que los pueblos, en sus resistencias, no pueden renunciar a la creatividad cultural concreta; empero, esto implica la interpelación y la deconstrucción del sistema mundo cultural moderno, así como también implica la interpelación de la cultura folclorizada por los nacionalismos, así como la cultura convertida en mito, apta para fosilizarse en los museos de la contemplación. La potencia de la creatividad cultural no es asimilable a las estrategias estatales, tampoco a las estrategias geopolíticas. Es contraria a estas formas de dominación institucionalizadas.

La lucha anticolonial y descolonizadora de las naciones y pueblos indígenas no es asimilable a la institucionalización estatal, salvo como mediaciones impuestas que adulteran, deforman y usurpan las reivindicaciones de los pueblos nativos del continente de Abya Yala. La lucha por la democracia plena, el autogobierno del pueblo, por parte de los pueblos y sociedades, los conglomerados de multitudes, colectivos, grupos, asociaciones e individuos, que los constituyen, no es asimilable a la institucionalización estatal, salvo si esta proyección, inmanente a los pueblos, es destruida y sustituida por la democracia formal o, peor aun, es desconocida incluso como democracia formal, sustituyéndola por formas del despotismo, la tiranía y el totalitarismo. La inherencia histórica política y cultural de las naciones y pueblos indígenas es la asociación complementaria y la confederación, la filiación territorial y la alianza política territorial. El Estado, como tal, como máquina administrativa, política, jurídica y de guerra, ha sido impuesto desde la conquista y por la colonización. Toda estatalización de las reivindicaciones indígenas implica la continuidad colonial por las vías institucionales del Estado. La latencia de autogobierno de los pueblos es abruptamente desconocida e inhibida por las usurpaciones e intervenciones estatales, subsumiendo las fuerzas de esta latencia a la reproducción de las dominaciones impuestas.       

Volviendo al tema de la consciencia desdichada , el epíritu de venganza, basado en el resentimiento y la acumulación de frustraciones, que es el substrato de los nacionalismo reaccionarios, se puede constatar históricamente que estos fenómenos son posibilidades perversas en todas las sociedades modernas; basta que se den ciertas condiciones de posibilidad y circunstancias, vinculadas a la crisis social, económica, política y cultural, para que se desarrollen peligrosamente estos nacionalismos reaccionarios. En consecuencia, el nazismo, el fascismo, el falangismo son solo alguna de las formas de estos nacionalismos reaccionarios. El uso del discurso político de estigmatización que califica de nazismo y fascismo a toda expresión de derecha, por así decirlo, usando un término tan usual y esquemático como el de izquierda, es una distorsión polémica que afecta a la comprensión del problema. El nazismo no es el núcleo de este fenómeno conservador y reaccionario en política, mas bien, es una de sus expresiones, quizás una de las más violentas y demoledoramente destructivas, pero no la única. Hay que ir al fondo del problema, como intentó hacerlo Wilhelm Reich, cuando escribió Psicología de masas del fascismo. Como hemos dicho, la matriz de los nacionalismos reaccionarios parece encontrarse en las situaciones donde las composiciones sociales son mermadas, corroídas, derrumbándose en crisis y depresiones marcadas. En estas situaciones las subjetividades se desequilibran, se descomponen, padecen de profundas contradicciones, llegando a esa característica que Hegel definió dialécticamente como consciencia desdichada.

Perfiles de los nacionalismos reaccionarios

El concepto de nación, si bien tiene una arqueología del saber anterior, que tiene que ver con su etimología, con la raíz lingüística, con el núcleo verbal de nacer y la metáfora de nacimiento, si bien tiene que ver con la consanguinidad ancestral, comprendiendo las filiaciones territoriales,en la modernidad el concepto de nación adquiere connotaciones estatales, vale decir, que la nación es un constructor estatal. Incluso cuando la nación, en tanto convocatoria política, es lanzada con anterioridad al Estado; es un constructo pues se va a convertir en Estado nación.Esto ocurrió con los nacionalismos criollos en el continente de América; estos nacionalismos continentales construyeron la imagen de nación y el imaginario nacional, para distinguirse de la administración colonial y de los colonizadores extranjeros, que conquistaron el continente.Sobretodo porque impedían el libre desenvolvimiento económico y el ascenso social, en el transcurso de la movilidad social; es decir, inhibían las dinámicas sociales y las circunscribían a la estratificación social jerarquizada por la administración colonial.

No se puede decir, obviamente, que este nacionalismo criollo es reaccionario, de principio, de ninguna manera, mas bien, todo lo contrario, pues se opone a la administración colonial y busca la independencia. Condición histórico-política y jurídico-política que va a ser conseguida a través de la guerra de independencia. Lo que debe quedar claro, en este caso, es el origen del nacionalismo en el contexto de los procesos de estatalización; procesos que dan lugar a la conformación y configuración del nacionalismo, a la genealogía del nacionalismo y a la ideología del nacionalismo. Según Benedict Anderson, el nacionalismo va a cruzar el Atlántico y va a sembrarse y cosecharse en Europa, en un contexto diferente, en una modernidad más desarrollada y en un capitalismo más desenvuelto, en otro tiempo de la civilización moderna.Después de conformar los Estados nación, que particularmente tienen su origen en una genealogía más larga, una genealogía que se remonta al oriente, al oriente antiguo y al medio oriente, al periodo de las civilizaciones mesopotámicas, así como también comprende a la civilización egipcia. Por estos recorridos llegamos al extremo oriente donde el Estado tiene un desarrollo expansivo.

En esta remota historia, cuando hablamos de Estado, exactamente de qué hablamos, para evitar atribuirle las connotaciones modernas que tiene el concepto de Estado. Ciertamente tenemos que reconocer que aquí tenemos un problema de uso de lenguaje, incluso de connotación conceptual. No son lo mismo el Estado moderno y el Estado antiguo, no sólo porque corresponden a contextos temporales históricos distintos, sino porque el sentido de Estado es diferente, a pesar del uso del mismo término para definir esas administraciones fabulosas públicas. Para resumir, diremos que el origen del Estado es antropológico y antropocéntrico,además de patriarcal; tiene que ver con la dinastía, entonces con la ruptura de pacto entre clanes, entre jefaturas rotativas de mando, cuando un clan se impone a los demás clanes. Cuando esto ocurre construye el mito del origen de esta imposición arbitraria, que aparece simbólicamente en la figura del déspota, en el sentido antropológico político del término, es decir, figurativamente, al imponerse el primer incestuoso o al aceptar al único incestuoso posible, si hacemos caso la prohibición del incesto, de la que habla Lévi-Strauss. Entonces, para que haya este Estado antiguo tienen que haberse cumplido ciertas condiciones de posibilidad históricas, así como culturales. ¿Cuáles son estas?

Primero se ha tenido que pasar de unas formaciones sociales primarias, que tienen que ver con las comunidades iniciales, sobre todo con sus vínculos territoriales, además de sus recorridos itinerantes; por lo tanto, se ha asistido a la invención del espacio debido a los recorridos nómadas. En esta situación inaugural de las sociedades humanas, tenemos la configuración de lo que más tarde va a llamarse el matriarcado. Si esto es o no correcto, si este término es o no válido, no lo vamos a discutir aquí; lo que nos interesa es remarcar la característica de matriz social de la mujer en la comunidad, en estas sociedades iniciales. Podemos decir que en este contexto inaugural las mujeres son protagonistas, juntamente con los hombres comunitarios.Las mujeres, el entramado comunitario, su función articuladora e integradora de los tejidos comunitarios tienen que ver con el origen del lenguaje, con el origen del fuego, el origen de la agricultura. Los hombres desaparecían al dedicarse a la caza, en largos periodos. Aunque había hombres que se quedaban en el lugar de la comunidad para apoyar las gestiones de las mujeres.

Hablamos de otro perfil de sociedades sin Estado, sin dominación y jerarquización masculina,sociedades, por así decirlo, más democráticas, si es que este término no estuviera cargado por toda la semántica y el sentido conceptual que le ha otorgado la política moderna. No importa,por el momento, no vamos hacer una disquisición sobre la pertinencia o no de estas apreciaciones, que pueden considerarse hipotéticas; lo que importa es anotar la diferencia o las diferencias, en todo caso, la diferencial, en la composición de la formación social entre estas sociedades iniciales y las posteriores, que tienen que ver con la genealogía de las civilizaciones.

La hipótesis histórico política cultural, que tiene que ver con el nacimiento del Estado, es qué a partir de determinados puntos de inflexión se producen desplazamientos en la composición social. Una vez que los hombres cazadores disminuyen y se dedican, mas bien, a otras labores,por ejemplo, el intercambio, el control del intercambio, si ustedes quieren, el comercio, el control del comercio. Cuando ocurre esto habría que imaginarse la formación de asentamientos,en lugares de interjección de recorridos itinerantes y nómadas, donde se producían encuentros múltiples y se realizaban intercambios, inclusive trueques; estos asentamientos, en principio provisionales, se fueron conformando como estables, convirtiendo su permanencia en el lugar que conocemos como ciudad. Es en estas ciudades donde se dan las condiciones de posibilidadde lo que vamos a llamar el nacimiento de las civilizaciones, propiamente dichas, lo que quiere decir que las formaciones anteriores son, mas bien, transcivilizatorias; para decirlo de algún modo, son anteriores y posteriores a las eras de las civilizaciones.

Es en la ciudades donde los hombres van a adquiriendo cierto protagonismo, debido al control del intercambio del comercio y también del espacio de esta ciudades iniciales. Desde esta situación privilegiada, localmente, en estas ciudades, los hombres terminan estableciendo diferencias jerarquizadas respecto a las mujeres; no solamente en el interior de las ciudades,sino respecto al control comunitario o al entramado comunitario, que tienen las mujeres, fuera de las ciudades. Se puede o no situar el nacimiento del patriarcalismo en estas ciudades, esto está en discusión, puesto a debate por las investigaciones históricas. Por el momento, no nos interesa quedarnos en este debate, lo que importa es remarcar la distinción espacial, territorial y de configuraciones sociales en estas distintas formaciones sociales, que entran en contradicción.En la medida que las ciudades crecen y se desarrollan van a dar lugar a administraciones públicas estables. La pregunta aquí es: ¿Cómo se pasa de esa condición de control del intercambio del comercio a lo público, a la administración pública, a la necesidad de la administración pública? Para decirlo de alguna manera, la pregunta se transforma de la manera siguiente: ¿Cómo coincide la conformación de la dinastía, es decir, la ruptura del pacto entre clanes, con la formación de las ciudades y con el nacimiento de la dominación masculina o, por lo menos, de la diferenciación jerárquica masculina?

Ha tenido que haber un periodo de convivencia entre una formación social y otra, una formaciónsocial preponderantemente comunitaria y otra formación social citadina; empero, esta convivencia y equilibrio entre ambas formas sociales no podía perdurar, pues los contrastes estaban marcados, las diferencias proyectaban distintas evoluciones, por así decirlo, las contradicciones no esperaron en hacerse visible. La ciudad requería convertir a su entornocampesino en un espacio subordinado a los requerimientos de la administración pública, del intercambio y del comercio; en consecuencia, el espacio de las comunidades, sus territorialidades agrícolas debían ser subordinadas a la administración pública. Con esta interpretación provisional, de alguna manera, respondemos circunstancialmente con esta hipótesis al problema planteado. La administración pública emerge desde la necesidad de institucionalizar el control de los intercambios y del comercio, pero también de la necesidad de legitimar el dominio de un clan como dinastía; este es el comienzo de estructuración del poder abstracto del déspota y del despotismo, en el sentido antropológico político del término.

Antes, en otros escritos y ensayos, marcamos la diferencia entre lo común y lo público; lo común no es lo mismo que lo público. Lo común corresponde al entramado de comunidades,basadas en la complementariedad, en la coexistencia, en la convivencia, no sólo entrecomunidades, sino también respecto a las otras entidades del entorno ecológico. En cambio, lo público corresponde a una cualidad otorgada por el Estado, por la administración pública, en consecuencia, corresponde a una expropiación de lo común; más tarde se va a asistir a la expropiación privada de lo común. Entre la expropiación pública y la expropiación privada de lo común hay complicidades y concomitancias institucionales. Desde esta perspectiva podemos decir que la civilización se desprende y se desenvuelve a partir de la expropiación de lo común y de la destrucción de las comunidades, sobretodo del entramado comunitario. Trayendo otra consecuencia desde nacimiento de lo público, del Estado y de la civilización, estas composiciones institucionales y culturales se desarrollas en contraposición a las mujeres o en guerra contra las mujeres.

Volviendo al tema de la genealogía de los nacionalismos, podemos decir, que, en esta etapa de los primeros periodos y genealogía de las civilizaciones, no es posible el constructo conceptual de nación, en el sentido atribuido por el Estado; el concepto de nación es más bien moderno,corresponde al despliegue y desenvolvimiento de la política en la modernidad. Las concepciones imaginarias mitológicas y narrativas de la antigüedad son distintas, tienen que ver con la legitimación de las dinastías, de la administración pública y con las regulaciones del control del comercio. Podemos decir que, en estos casos, ya en etapas más avanzadas de estas civilizaciones antiguas, la religión va a jugar un papel primordial en la legitimación de estas conformaciones y estructuraciones del poder antiguo. Refiriéndonos a la expansión de la ciudades-Estado o de estas conformaciones y estructuraaciones de las dominaciones inaugurales, la figura del imperio es altamente expresiva, pues desarrolla las posibilidades y los contenidos de estas composiciones y conformaciones históricas y culturales, estructuradasinstitucionalmente, del poder.

Esta parte de la exposición es la más difícil, en la medida que contamos con menos información,aunque podemos acudir a la historia; sin embargo, la historia, en tanto que se presumeuniversal, no ha desplegado miradas más específicas, no se ha pluralizado, lo que le permitiría evaluar distintos ritmos, distintas composiciones históricas, distintos recorridos espaciotemporales, en lo que corresponde a las civilizaciones. Sin embargo, como no se trata de este punto exactamente, sino, mas bien, usando este punto como apoyo a la argumentación vertida, podemos decir que las ciudades, a partir de la relación con el entorno, a partir de laconsolidación de los regímenes basados en las ciudades, que han dado lugar a distintos perfiles de civilización, lo que ha devenido son las formaciones imperiales, así como los reinos, en otras geografías, señoríos, quizás, en el caso de Aby Ayala, a confederaciones. En ninguno de estos casos hablamos de naciones. Podemos hablar de mapas geográficos de las lenguas, de las culturas, de las prácticas, de los comportamientos y las conductas, incluso mapas geográficos de las religiones, pero no podemos hablar de naciones, como se habla en sentido moderno, aunque se hablen de lenguas, de territorios y de formas organizativas complejas, como los imperios, los reinos, los señoríos y, en otro caso, las confederaciones.

Esta disquisición y esta diferenciación teórica nos permite apreciar mejor lo que implica hablar de nación, en sentido moderno, hablar de nación como constructo estatal. Claro que hay teorías que hablan de nación, de Estado-nación, a partir del cumplimiento de esas condiciones de posibilidad, que se refieren a la lengua, al territorio y al mismo Estado; sin embargo, estamos hablando de teorías provisorias y poco sustentadas, mas bien se trata del discurso ideológico.Por cierto, estas elucubraciones no son objetivas, tampoco científicas, ni teóricamente consistentes. Lo que se tiene que tener en cuenta es el momento constitutivo de la nación como Estado-nación, como legitimación del Estado. Distinguir este acontecimiento histórico-político de su propio mito, que supone imaginariamente la preexistencia de la nación, antes del Estado, incluso mucho antes de la conformación estatal, atribuyéndole antigüedad, incluso ancestralidad, y dando lugar con esta narrativa a la irradiación del mito.

Por otra parte no hay que olvidar que en los imperios se da lugar a la coexistencia y convivencia de distintas lenguas. De esta manera podemos imaginar que la ciudades imperiales tenían perfiles multiculturales, quizás de una manera distinta a lo que hoy las ciudades y las metrópolis modernas tienen como multiculturalidad. Entonces podemos destacar esta diferencia entre el mito de la nación y su historia efectiva; el pasado, por así decirlo, de la historia efectiva, no corresponde a lo que narra el mito de la nación.

Estamos en condiciones de lanzar una hipótesis no solamente interpretativa sino operativa, en el sentido de que nos puede no solamente ayudar al interpretación, sino a apreciar de mejor manera lo que implica y significa la ideología nacionalista. La ideología nacionalista imagina un mundo homogéneo, una nación pura, un origen de la nación, un desarrollo de esta nación hasta la contemporaneidad, cuando la nación es convocada por el Estado. La narrativa nacionalista invirtie los términos de la realidad efectiva, coloca la historia de la nación antes de la historia del Estado. En consecuencia, estamos ante la invención de una realidad histórica, por parte de la ideología nacionalista, ideología que hace una limpieza de los espesores, de las rugosidades, de los accidentes, de las mezclas, de la condición abigarrada y  barroca, para contar una historia que nunca ha ocurrido, empero que requiere el Estado-nación, como legitimación y, sobre todo, requiere la casta política nacionalista, también la burguesía nacional, para legitimar sus dominaciones, el control de los monopolios de los recursos naturales, de los mercados y de los circuitos económicos y cadenas productivas.

La ideología nacionalista se traslada a una dimensión abstracta, limpia y vacía de contenidos,imponiendo una representación esquemática, donde los personajes estereotipados aparecenfantasmagóricamente, donde los protagonistas de la historia nacional se presentan monumentalmente, como si hubieran nacido para eso, como si el destino se haya inscrito desdesus nacimientos, para dar lugar a los protomartires, a los fundadores de la nación y del Estado;todo esto forma parte de la narrativa nacionalista.

La ideología no solamente es de legitimación sino también de convocatoria. Se trata de una convocatoria integral policlasista, donde no importan las diferencias de clases sociales, de localidades y regiones, si no lo que importa es que todos pertenecen a la nación. Todos están llamados por la nación; en caso de guerra todos tienen que dar su vida por la nación. Los símbolos y las ceremonias y los ritos estatales sirven para corroborar dramáticamente la narrativa nacionalista, darle apoteosis a este discurso de convocatoria del mito de la nación.

 

 

 

 

 

 

 

Hermenéutica de la guerra

Hermenéutica de la guerra

Paradigmas cerrados

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Podemos establecer que se ha heredado la costumbre de acudir a paradigmas cerrados para interpretar la realidad, que resulta ser recortada a partir de rejillas teóricas, en el mejor de los casos, rejillas ideológicas, en el peor de los casos. En otras palabras, se opta por estructuras preformadas de interpretación. Uno de los esquemas más usuales es el dualista, que puede corresponder a la definición del enemigo, que, en su versión más antigua, corresponde a la definición del infiel o del hereje. El esquematismo, de por sí, si bien ayuda, en un principio, a armar la interpretación, resulta un mecanismo restringido cuando hay que afrontar la complejidad, sinónimo de realidad. Después de la larga historia de la modernidad, en la contemporaneidad compleja, este esquematismo resulta inútil al tratar de comprender, entender, conocer y explicar la realidad. Para ejemplificar, reducir todo al contraste del blanco y el negro no ayuda a visualizar toda la gama de grises que hacen al dibujo de las manifestaciones de las dinámicas inherentes a lo que llamamos realidad. Peor aún, resulta altamente inapropiado usar este esquematismo cuando la realidad, sinónimo de complejidad, se presenta con gamas cromáticas de colores. Yendo más lejos, más grave aún cuando dejamos los cortes transversales y nos desplazamos al movimiento longitudinal, cuando pasamos de la fotografía y optamos por una mirada de imágenes en movimiento, a movimientos de las imágenes como ocurre con el cine. La situación del esquematismo es mucho más insostenible cuando sabemos que las dinámicas complejas de la realidad se mueven en distintos planos y espesores de intensidad integrados.

 

Entonces nos encontramos ante el problema de la reducción al momento de comenzar la interpretación de la realidad; esto equivale al restringir la comprensión y anular la posibilidad del entendimiento, por lo tanto, alejarnos del conocimiento y de la explicación posible de la problemática asumida como desafío desde la experiencia de la realidad. Esto implica una derrota de la inteligibilidad de la realidad, de la complejidad de la realidad, de las problemáticas inherentes a la relación que se establece socialmente con la realidad en la contemporaneidad, dónde se experimentan desplazamientos fuertes, transformaciones notorias, incluso metamorfosis perceptibles o imperceptibles, cuándo nos movemos en distintos planos de intensidad, cuándo experimentamos los espesores de intensidad, es decir, cuándo se manifiestan las distintas dimensiones de la realidad, reducida a este esquema dualista, resulta en un fracaso absoluto en esa relación con el entorno, desde la perspectiva del sí mismo o del sistema de autorreferencia, para decirlo en términos más sencillos.

 

Argumentos inconsistentes

 

En este ensayo vamos a intentar hacer un análisis de la incomunicación y de la desinformación, vertida a través de los medios de comunicación; también de los medios de propaganda y publicidad, que están básicamente manejados por los gobiernos y los Estados involucrados, así como por los aparatos ideológicos. Argumentos insostenibles, aunque de argumentos, propiamente dichos, no tienen nada; son más bien repeticiones mecánicas de emisiones propagandísticas, al estilo de la más absoluta ortodoxia, incluso, peor, de la más absoluta dogmática, del más absoluto dogmatismo. Asistimos pues a los procedimientos verbales, si podemos hablar de esa manera, de las nuevas inquisiciones, es decir, justificaciones de la tortura, de la persecución, de la guerra. La inquisición se caracterizó como la guerra contra las mujeres, guerra que duró tres siglos, reconocida popularmente como la caza de brujas. Podemos decir que ahora asistimos a otra guerra, que no dejan de ser contra las mujeres, porque son guerras patriarcales, de la dominación masculina sobre el planeta, sobre los pueblos, sobre las sociedades, sobre los países de la periferia del sistema mundo capitalista. Se vuelven a repetir estilos, sin acudir a la imaginación, donde lo que cambian son los contextos y, quizás, algo de los discursos, de la estructura discursiva preformada. Ejemplificando,  para decirlo de manera fácil, el esquema se reduce al burdo dualismo  de buenos y malos, de fieles  e infieles, de amigos y enemigos. Hay guerra justa.

 

Al respecto, lo grave es que se olviden que estos son argumentos anacrónicos, correspondiente a los finales del medioevo y comienzos de la modernidad, periodos históricos en plena conquista del continente de Abya Yala. Cuando se habló de guerra justa. Después, durante la historia de la modernidad vamos a volver a escuchar, precisamente, argumentaciones anacrónicas sobre la guerra justa. Los argumentos más intolerables son aquellos que van a hablar de guerra justa en plena campaña bélica de los países imperialistas; sin embargo, este anacronismo retórico no se circunscribe al periodo bélico que comprende a la primera y a la segunda guerra mundial, además de su interregno de paz incierta. Volvemos a escuchar estas argumentaciones anacrónicas durante la guerra de Corea. Aunque la concepción de guerra justa va desplazándose, va cambiando de contenido. En el caso del nacional socialismo, del régimen nazi, del tercer Reich, vamos a asistir a la guerra justa a nombre de la raza superior del pueblo alemán; los países aliados que enfrentan al tercer Reich en la segunda guerra mundial van a hablar de guerra justa en términos de la defensa de los pueblos y las sociedades afectadas, invadidas y atacadas por las invasiones nazis. Por otro lado, se va a hablar de guerra justa con respecto de la defensa de la Patria Socialista;  nos referimos a la movilización general del ejército rojo en el periodo que lucha contra la ocupación e invasión nazi de la URSS. Posteriormente se va a hablar de guerra justa en plena guerra fría, que de fría tiene poco, pues las acciones bélicas o calientes se van a trasladar a los entornos y las periferias. Mientras la metáfora del hielo o del invierno corresponde al centro, por así decirlo, de la geografía del sistema mundo capitalista, la metáfora fluida o de verano corresponde a las periferias del sistema mundo capitalista, donde si se efectúan guerras calientes.

 

Las hiperpotencias enfrentadas van a hablar de guerra justa en términos de defensa de la “democracia”, en un caso, hablando de la imagen que se tiene de democracia, de la imagen formal de la democracia, concebida y limitada a la circunscripción institucional del Estado liberal; en el otro caso, se habla de guerra justa en términos de la defensa de los países socialistas y de los pueblos del mundo. En ambos casos las argumentaciones resultan paradójicas; en el primer caso, el imperialismo norteamericano va a intervenir en los países de la periferia del sistema mundo capitalista, conspirando, promoviendo golpes de Estado, con el argumento de qué está en guerra contra el “comunismo”; en el otro caso, el social imperialismo, tal como caracterizó Mao Zedong a la URSS, va incursionar punitivamente de acuerdo a intereses nacionalistas, del nacionalismo ruso, en países donde, antes y al finalizar la segunda guerra mundial,  los pueblos se levantaron y efectuaron revoluciones sociales. Dos casos paradigmáticos, uno corresponde a la guerra civil española, el otro corresponde a la revolución griega; en el primer caso, se arma un ejército controlado para combatir a la revolución anarquista y a la militancia trotskista en armas contra el falangismo ibérico, antes de ocuparse plenamente de combatir al ejército franquista; en el segundo caso, a pesar de que los comunistas toman el poder en Grecia, la Unión Soviética abandona la revolución y la entrega a los norteamericanos. En pocas palabras, las dos hiperpotencias emergentes y vencedoras de la guerra se reparten el mundo. 

 

Desde la guerra de Corea hasta la guerra del Vietnam no se habla exactamente de guerra justa, sino de un concepto mas bien operativo, por así decirlo; se habla por un lado, el lado de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norte América, de guerra de defensa contra la expansión del “comunismo”, y por el otro lado, no solo de los Estados componentes del Pacto de Varsovia, sino también de los países y involucrados, de la guerras de liberación nacional y de la lucha antiimperialista de los pueblos.  En lo que corresponde a los aliados de la hiperpotencia de la URSS se no se va a hablar exactamente de guerra justa,  sino de una guerra anatimperialista; así como también se va a argumentar sobre la defensa de Estados socialistas. En lo que respecta a la guerra caliente, desplazada a los bordes del sistema mundo capitalista, se dan figuras singulares de los desplazamientos de la guerra.

 

Sin embargo, hay que considerar otros perfiles de la guerra, por ejemplo, las que se dan entre israelitas y palestinos, en un contexto mayor, entre israelitas y árabes, perfiles de las guerras posteriores a la segunda guerra mundial que emergen de otras historias y se dan por otras razones, aunque también se pueda considerar  como guerras calientes, que corresponden al desplazamiento de la guerra fría entre las hiperpoptencias hacia las periferias del sistema mundo capitalista. En este caso específico, se habla de guerra contra la ocupación israelí, por parte de las organizaciones armadas palestinas, y de guerra de defensa del Estado de Israel.  Considerando los distintos perfiles de la guerra dados podemos decir que no son los únicos casos de realidad efectiva que contrastan fácticamente a la tesis de Francis Fukuyama del fin del historia, donde se interpreta que habrían terminado las guerras. En contraste se desatan precisamente guerras, que se dan en los bordes de la geografía del sistema mundo capitalista, en la geografía de las periferias, así como se dan guerras calientes en las mismas proximidades del centro del sistema mundo capitalista. Desde las dos guerras del golfo pérsico hasta la guerra de Yugoslavia tenemos un desplazamiento hacia el centro del sistema mundo capitalista, es decir, hasta la geografía europea.  Contamos con la repetición bélica, en el contexto de la modernidad tardía o una posmodernidad; es decir estamos asistiendo a desplazamientos en la transformación misma de la guerra. Guerras que, en parte pueden considerarse virtuales, sin dejar de ser reales, sin dejar de ser virulentas. Guerras donde se usan tecnologías avanzadas, de ultima generación, probando su eficacia destructiva.

 

En el transcurso de estas guerras hemos asistido a distintas tonalidades de destrucción, desde la destrucción del Líbano, pasando, antes, por la destrucción de Libia; posteriormente, recientemente, la destrucción de Siria. Solamente dando algunos nombres y casos dramáticos.En todos estos casos tenemos la guerra como desenlace de las contradicciones profundas del sistema mundo capitalista y de la geopolítica del sistema mundo capitalista. Habría que situarse en cada uno de estas guerras para evaluarlas en su singularidad y entenderlas mejor; no es el momento de hacer esto, lo que nos interesa es hacer un seguimiento de los desplazamiento del mismo enunciado inmanente de “guerra justa”, desplazamientos que van modificando los discursos, el sentido emitido por los discursos, dependiendo de la singularidad. Un desplazamiento notorio se hace evidente cuando asistimos a la emergencia de el Estado Islámico, que lanza una “Guerra Santa” contra los infieles, contra los endemoniados, contra el imperio del demonio; entonces, es cuando la guerra vuelve a convertirse en una guerra santa, en una guerra religiosa. Ocurre como si retrocediéramos a la época de las cruzadas, el discurso retrocede a otro contexto del pasado; reaparece ese tipo de guerra, por lo menos en la enunciación, de manera anacrónica. Sin embargo, en la contemporaneidad puede ser considerada de manera distinta,  como dicen Antonio Negri y Michael Hardt, se trata de configuraciones fundamentalistas posmodernas.

 

Entonces, podemos concluir, en esta parte del ensayo, que se trata de un enunciado repetido, cuya escasez sostiene desplazamientos conceptuales. El enunciado de la guerra justa, cuyo armazón discursivo va a ir modificándose en la medida que hay desplazamientos en el contexto de la geopolítica del sistema mundo capitalista, en el nuevo orden mundial, y en la configuración de las contradicciones específicas, donde las mismas contradicciones derivan en el desenlace bélico, empero, adquiriendo un perfil singular diferente, dependiendo de la coyuntura, del contexto nacional, regional y mundial.

 

En la actualidad, en la guerra de Ucrania, asistimos también a la repetición del mismo enunciado, repetido en su desplazamiento y mutación, en la acepción anacrónica de guerra cultural, manejada por los voceros de la Federación de Rusia. Se utiliza la noción de guerra de defensa, contra la amenaza, latente y extendida de la OTAN, al promover la incorporación de Ucrania a la OTAN, amenazando, de esta manera, a la Federación de Rusia y rompiendo acuerdos establecidos con anterioridad. Desde la perspectiva de Ucrania, teniendo en cuenta el discurso emitido por el gobierno de Ucrania, asistimos al discurso de la defensa de la nación contra la invasión del ejército ruso; la invasión resulta interpretada como delito en el marco del derecho internacional,  siendo Ucrania un país soberano. En lo que respecta a los discursos que emite la OTAN, se trata de la acusación a la Federación de Rusia por desatar una guerra injusta, una guerra no justificada, de ocupación, de invasión y destrucción de ciudades. Al respecto, a propósito de esta denuncia, debemos acordarnos que antecedieron otras guerras desplegadas por la Federación de Rusia, por lo menos dos son conocidas; una tiene que ver con la guerra de Chechenia, en realidad dos fases o dos guerras de Chechenia, y la guerra de Georgia. Sin embargo, tampoco hay que olvidar la guerra de Kazajistán. Como se podrá ver estas guerras tienen que ver, precisamente, con la argumentación  geopolítica, que supone la estrategia geográfica  heredada desde la Unión Soviética, sin embargo, es conveniente, en la comprensión, ir más lejos y remontarnos a la geopolítica del imperio zarista. La Federación de Rusia se sitúa en  la condición de “imperio” amenazado permanentemente, por la independencia de Chechenia, por la independencia de Georgia, por las movilizaciones militares musulmanas, recientemente por la soberanía de Ucrania.

 

 

 

Descripción de la genealogía de las guerras en la historia reciente

Breve descripción de las guerras de la Federación de Rusia

 

Las dos guerras de Chechenia

A finales de 1994, después de haber tolerado la independencia de facto de Chechenia durante tres años, el Kremlin convoca a su ejército para intervenir en el conflicto de Chechenia, volver a situar bajo la gravitación rusa a la república del Cáucaso ruso. Sin embargo, el ejército ruso enfrenta una tenaz resistencia; en consecuencia, el ejército ruso se ve obligado a retraerse el año 1996. Sin embargo, tres años después, en 1999, comenzando el influjo del primer ministro Vladimir Putin, que va a ser elegido posteriormente  presidente, el ejército ruso vuelve a ingresar en el conflicto checheno, ahora con el argumento de una «operación antiterrorista»; esto considerando el ataque de los independentistas chechenos contra la república caucásica rusa de Dagestán, además de otros atentados en la propia Federación de Rusia; estos atentados van a ser atribuidos a las organizaciones beligerantes chechenas. Un año después, en febrero de 2000, el ejército ruso reconquista la capital, Grozny, que fue arrasada por la artillería y la aviación rusas. Sin embargo, la guerra de guerrillas continuó la lucha. Nueve años después, el 2009, el Kremlin decretó el fin de su operación, a un costo muy alto, de decenas de miles de muertos en ambos bandos.

 

La denominada guerra relámpago ruso-georgiana

El año 2008, Georgia fue escenario de otra guerra; lanzó una operación militar contra Osetia del Sur, un territorio separatista prorruso, espacio geográfico que escapó del control de Tiflis. Esto había acontecido desde la caída de la URSS, desatándose una guerra a principios de la década de 1990. El presidente georgiano, Mikheïl Saakachvili, declaró que el ataque georgiano respondía a las presiones militares rusas, notorias en la frontera. 

En contraposición la Federación de Rusia optó por la  represalia militar, enviando al ejército a territorio georgiano. El desenlace derivó, durante un fugaz lapso de cinco días, en la victoria de las tropas rusas; derrotaron patentemente a la antigua república soviética, que formó parte de la URSS. En consecuencia, el Kremlin reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, esta última otra provincia separatista. A partir de entonces, la Federación de Rusia mantiene una fuerte presencia militar.

 

Conflicto en Ucrania

La guerra se trasladó al oeste. El año 2014, como consecuencia del desenlace del movimiento pro-Unión Europea de Maïdan, que provocó la huida del presidente Víktor Yanukóvich a Rusia, el Kremilin decidió anexionar la península ucraniana de Crimea al espacio geográfico de la Federación de Rusia. En este contexto de la anexión, emergieron movimientos separatistas prorrusos en el este de Ucrania, en Donetsk y Lugansk, regiones del Donbass, fronterizas con la Federación de Rusia. Las citadas flamantes  repúblicas autoproclamaron su independencia; lo que desató un conflicto armado.

El gobierno de Ucrania, con sede en Kiev acusó a la Federación de Rusia de apoyar a los separatistas, enviando tropas de “voluntarios” y equipos de guerra. El conflicto bélico ha disminuido su intensidad desde el 2015, contando con la firma de los Acuerdos de paz de Minsk. 

Empero, a pesar de los Acuerdos de paz , aproximadamente desde finales de 2021, el Kremlin se embarca  en masivas maniobras militares terrestres, aéreas y marítimas, alrededor de la frontera ucraniana. Se cuantifican hasta más de 150.000 efectivos movilizados. Al cabo de unos meses inciertos, el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, reconoció la independencia de las dos repúblicas secesionistas; esto ocurrió el 21 de febrero; inmediatamente después ordenó el despliegue del ejército concentrado en la frontera, seguidamente anuncia una «operación militar especial”. Esta incursión punitiva fue calificada por el Ministro de Asuntos Exteriores ucraniano como una «invasión a gran escala».

 

Las dos guerras de Nagorno Karabaj

La primera guerra del Alto Karabaj se remonta al conflicto armado, que ocurrió entre febrero de 1988 y mayo de 1994, en el pequeño enclave armenio del Alto Karabaj  o Nagorno Karabaj, en la región sureste del Cáucaso; una antigua provincia de la URSS,  poblada por una minoría azerí y una mayoría de armenios, rodeada completamente por la República de Azerbayán. La primera guerra del Alto Karabaj (1988-1994), entre Armenia y Azerbayan, tuvo como desenlace la victoria Armenia.

 

La segunda guerra del Alto Karabaj fue un conflicto  armado entre las fuerzas armadas de Azerbaiyán y la República de Artsaj, en la región del Alto Karabaj,  contra Armenia; el conflicto bélico se dio lugar entre el 27 de septiembre y el 10 de diciembre de 2020. Después se llegó a un acuerdo del alto el fuego,  promovido por la federación de Rusia.

 

La intervención del Kremlin, del presidente Vladímir Putin, puso fin a las duras hostilidades en el conflicto bélico de Nagorno Karabaj. La cruenta guerra entre tropas armenias y azerbaiyanas por el montañoso enclave se cobró miles de vidas. Se habla de cuarenta y cuatro días de combate, en los que Turquía intervino; apoyo que ayudó a inclinar la balanza definitivamente a favor de Azerbaiyán.

 

Intervención de la Federación de Rusia en Siria

En el año 2015 la Federación de Rusia interviene en el conflicto de Siria. Ha desplegado un contingente militar en Siria, apoyando abiertamente al cuestionado presidente Bashar al-Assad. La intervención rusa, empleando mortíferos bombardeos y efectuando destrucción masiva, sobre todo de ciudades, ha cambiado el curso de la guerra y ha permitido al régimen de Damasco obtener victorias decisivas, recuperando el terreno que había perdido frente a los rebeldes y los yihadistas.

El Kremilin tiene dos bases militares en Siria: el aeródromo de Hmeimim, en el noroeste, y el puerto de Tartus, en el sur. Se trata de alrededor de 63.000 soldados rusos involucrados en la campaña de Siria.

 

Breve descripción de las guerras de la OTAN

 

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) emergió, durante los primeros lapsos inciertos de la guerra fría, en 1949 con la firma del Tratado de Washington por parte de Estados Unidos, Canadá y 10 países europeos: Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Islandia y Portugal. En 1999, casi diez años después de la caída del Muro de Berlín, la OTAN admitió entre sus filas a tres exmiembros del disuelto Pacto de Varsovia: República Checa, Hungría y Polonia. Otros países que pertenecieron al antiguo bloque soviético se unieron a la OTAN en 2004: los estados bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.

 

Rusia quedó notoriamente molesta por la expansión de la OTAN a los países bálticos, que antes pertenecieron a la Unión Soviética y son vistos desde Moscú como parte de su «exterior próximo». Esa frase, usada comúnmente por políticos rusos, implica que los antiguos estados soviéticos no deberían actuar contra los intereses estratégicos de Rusia.

 

En la cumbre de la OTAN en Gales, Finlandia, que no es miembro, se compromete a firmar un acuerdo como país anfitrión con la alianza de 28 países. Quiere decir que Finlandia prestará a las fuerzas de la OTAN apoyo logístico, aunque no una base, en su territorio. Ningún país de la OTAN tiene una frontera tan larga con Rusia. Suecia también decidió firmar el acuerdo, pero en una fecha aún no establecida. Los dos países nórdicos ya cooperan estrechamente con la alianza y podrían convertirse en miembros en un futuro próximo.

 

A principios de 2008, la OTAN también consideró la perspectiva de una futura membresía a Georgia. El Kremlin lo vio como una provocación directa, lo mismo que los vínculos de la alianza con Ucrania. Recientemente, antes del estallido de la guerra, el primer ministro ucraniano, Arseniy Yatsenyuk, dijo que pediría al Parlamento despejar el camino para una solicitud de adhesión a la OTAN. Una medida similar había sido bloqueada por el expresidente Víktor Yanukóvich, amigo del gobierno de Moscú, derrocado en febrero tras masivas protestas en Kiev.

 

El desarrollo, encabezado por Estados Unidos, de un sistema de defensa contra misiles antibalísticos causó alarma en Rusia. La OTAN arguye que el escudo interceptor de misiles será puramente defensivo, no representa ninguna amenaza a Rusia y su intención es impedir, en el futuro, cualquier ataque con misil de un país problemático. En ese sentido, Irán y Corea del Norte son vistos como amenazas potenciales a la seguridad occidental. La Federación de Rusia dice que esperaba una sociedad de iguales con la OTAN en el desarrollo de ese sistema. Pero esa opción no prosperó y la alianza está comenzando a desarrollar los interceptores de misiles y radares en Rumanía, República y Polonia.

 

En diciembre de 2013, Rusia desplegó misiles tácticos móviles Iskander en su enclave de Kaliningrado, en respuesta al proyecto de la OTAN. La breve guerra de Rusia contra Georgia en agosto de 2008 agrió las relaciones con la alianza.

Durante la guerra, Rusia respaldó a los separatistas en dos regiones secesionistas de Georgia: Osetia del Sur y Abjasia. Rusia demolió a los militares georgianos, que habían tratado de reocupar Osetia del Sur. Rusia envió soldados a Georgia, en algún lugar muy cerca a la capital, Tiflis, y Occidente calificó las acciones de Moscú de desproporcionadas. Posteriormente, Rusia reconoció a las dos regiones como independientes, pero, en realidad se trata de un conflicto congelado, pues no han sido reconocidas internacionalmente. La alianza suspendió el Consejo OTAN-Rusia creado en 2002, posteriormente, en respuesta, Rusia suspendió la cooperación militar con la OTAN. Las relaciones se descongelaron al año siguiente.

 

La Federación de Rusia, una aliada histórica de Serbia, ha apoyado incondicionalmente a Belgrado en el problema de Kosovo. Serbia nunca aceptó la secesión de Kosovo, lograda con ayuda de la OTAN en 1999, aunque acordó no bloquear el camino de su antigua provincia a la membresía de la Unión Europea. Muchos otros países también rechazan la declaración de independencia de Kosovo en 2008.

En resumen, la Federación de Rusia congeló la cooperación militar con la OTAN poco después de que la alianza lanzó en 1999 incursiones de bombardeos a gran escala en Serbia.

Kosovo, mayormente poblada por albaneses étnicos, se separó en una insurrección armada por separatistas, durante la cual la violencia descomunal fue elocuente; se dio a conocer la indignación internacional por la brutalidad de las fuerzas de seguridad serbias. La OTAN intervino cuando los civiles huyeron en masa de los serbios, hacia los países vecinos. Durante esa intervención hubo un tenso enfrentamiento con tropas rusas en la capital, Pristina, que se desactivó rápidamente.

 

En 2007, Rusia suspendió su cumplimiento del Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE). El tratado, que limita la cantidad de equipo militar clave en regiones designadas; fue firmado por países occidentales y exintegrantes del Pacto de Varsovia en 1990. Fue revisado en 1999 para tomar en cuenta a los exsatélites soviéticos que se incorporaron a la OTAN. Sin embargo, la alianza, a diferencia de la Federación de Rusia, se negó a aprobar las actualizaciones, insistiendo que Moscú debía antes retirar las tropas que le quedaban en Georgia y Moldavia.

 

En el reciente periodo del conflicto bélico desatado la OTAN anunció planes para desplegar una fuerza de respuesta rápida de varios miles de soldados en el este de Europa, cerca a las fronteras de Rusia.

La fuerza, compuesta de soldados de los países miembros en rotación, podría ser movilizada en un lapso de cuarenta y ocho horas. Semejante acción socavaría aún más el FACE, aunque la OTAN insiste que la nueva fuerza no tendrá nuevas bases permanentes[1].

 

 

Análisis de la genealogía de la guerra en la historia reciente

 

En lo que se ha venido mencionando en la historia de Ucrania, en la historia del imperio zarista con respecto a Ucrania, después la historia de la URSS con respecto a Ucrania, se han recordado intervenciones genocidas, tanto del imperio zarista, así como del social imperialismo soviético de la era estalinista, sobre todo en pleno periodo de la represión bolchevique contra los campesinos ricos, contra los Kulak, pero también contra los campesinos pobres. Particularmente cuenta para el análisis la represión a los campesinos de Ucrania. Otro hilo a seguir, como se podrá ver, sin olvidar que hay varios hilos a seguir, por lo menos cuando se tiene que hacer la descripción y el análisis de lo que ocurre en la coyuntura álgida de la guerra de Ucrania. Es indispensable tener en cuenta varios hilos de estos tejidos de la guerra actual, desatada en Ucrania; el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Sin olvidar la deconstrucción de los discursos de legitimación de la guerra, que tienen que ver con la propaganda ideológica y mediática, que tienen que ver con la retórica bélica, con la invención de los «argumentos», insostenibles por cierto, que se emiten a través de los medios de comunicación y las redes. Estas prácticas discursivas son efectuadas en ambos bandos. En las cuales se observan desplazamientos y procedimientos de desinformación sobre lo que acontece en la guerra, salvo contadas excepciones de algunos medios más serios, que mantienen un mejor perfil, mas objetivo, por así decirlo, del manejo de  la información y buscando una adecuada descripción de los hechos, buscando lograr la realización de las noticias.

 

Llama la atención en este juego desinformativo de ambos bandos, el lamentable papel de una pretendida izquierda, revolucionarios de pacotilla, que creen que la Federación de Rusia sigue siendo la Unión Soviética. Consideran que se trata de una guerra entre la herencia de la URSS y los estados imperialistas de occidente, olvidando que la Unión Soviética implosionó. Peor aún, olvidando las discusiones que se dieron durante la época de la Unión Soviética, caracterizada como social imperialismo por Mao Zedong, definida como régimen burocrático por León Trotski,  caracterizada como contrarrevolución dentro de la revolución por el anarquismo. Esta “izquierda” oficialista habla como si no hubiera pasado absolutamente nada, como si no hubiera habido una crisis terminal en la Unión Soviética y en los Estados del socialismo real, de la Europa oriental, como si no se hubieran derrumbado estos regímenes burocráticos. De manera irreflexiva, tenazmente, mantienen el cuento de que estamos asistiendo a algo parecido a una lucha de la Unión Soviética contra los imperialismo occidentales. Semejante “argumentación”, por ciento, es insostenible, desde todo punto de vista; desde un punto de vista histórico, desde un punto de vista político, desde un punto de vista sociopolítico. Sin embargo, esta retórica fofa se mantiene contra viento y marea, ciegamente. Se trata de una retórica muerta, emitida como ruido, en la inercia, para convencer sobre la “legitimidad” de la invasión rusa a Ucrania. En todo caso, se trata de una guerra interimperial, de uno de los desenlaces de la crisis inter-imperial, de la crisis de dominación del nuevo orden mundial. En el contexto de la crisis se busca lograr una reorganización geopolítica, entre las potencias que forman parte del centro del nuevo orden mundial. Por un lado, están los países componentes de la OTAN; por otro lado, están la Federación de Rusia y la República popular de China. Ambos bloques del sistema mundo capitalista forman parte la élite de la dominación mundial; se trata de la composición piramidal del orden mundial de las dominaciones, donde se tiene una suerte de aristocracia, después una especia de oligarquía; la cúspide piramidal del orden imperial es defendida por la gendarmería de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norte América.

 

En conclusión, estamos ante una crisis interimperial y uno de los desenlaces de esta crisis. Como dijimos, ninguna guerra  se justifica o ninguna guerra se justifica por sí misma, ninguna guerra es justa.

No se justifica ninguna intervención bélica, tanto de la Federación de Rusia como de la OTAN. No es un argumento la premisa de defensa de la Federación de Rusia, tampoco, ni mucho menos, el pretendido argumento de la defensa de occidente, del Estado liberal, del estilo de vida del sueño americano, convertido en pesadilla. Desde las guerras de Chechenia hasta la guerra de Ucrania los mismos oficiosos publicistas, propagandistas, sin imaginación, llegan al reclamo de por qué se habla tanto de la destrucción en Ucrania y no se habla de la de bombardeo de Gaza, el bombardeo en Siria o los bombardeos en Libia; olvidan que han habido medios y analistas que han criticado esos bombardeos e intervenciones. Por otra parte resulta absurdo decir que si los imperialistas han destruido Siria, Libia y Yugoslavia, además de que el Estado de Israel bombardea Gaza, se justifica que los rusos hagan lo mismo en Chechenia, Georgia, Kazajistán y Ucrania. No se dan cuenta que lo que están diciendo es una barrabasada. Lo único que hacen es evidenciar que ambos bandos se parecen.

 

Estamos ante la emisión de discursos sin contenido argumentativo serio,  que emiten argumentos insostenibles, sin que se inmuten los voceros, ni sonrojen. Como dijimos, hay que entender que se trata de la inercia discursiva, es decir, aunque no tenga sentido repetir y se insista en la mentira, pretendiendo que la mentira se convierta en verdad; la mentira no se transforma en verdad, por más insistencia y repetición que se efectúe. Aunque se logre convencer provisionalmente, solo ocurre de manera imaginaria, lo que no dura mucho tiempo; como dice el refrán popular, la mentira tiene patas cortas.

 

 

Anotaciones sobre la muerte de la retórica, la argumentación

y la ideología

 

El mundo del espectáculo y de la simulación es un acontecimiento imaginario, donde la inercia, es decir, la repetición forzada y el eco mediático, juega un papel en la retórica, en el sentido antiguo de la palabra, en la retórica clásica, por así decirlo; en cambio en la actualidad, cuando esta práctica de retórica ha desaparecido, solo ronda el sentido desgastado de la palabra. Esto es lo que ocurre en la contemporaneidad, se trata de la retórica inútil, pero que es usual en tanto y en cuanto llene un vacío, el vacío de información, el vacío de la descripción y el vacío de análisis. En este caso, la realidad es un producto comunicacional, un producto mediático, un producto virtual, de la desinformación de las redes. Hablamos también de la manipulación, que es lo que único que se habría mantenido como perfil del arte del convencimiento, empero de manera des-contextuada, sesgada, separada del conjunto emotivo y de emisión de la retórica. Cierta forma de manipulación, en el sentido del arte del convencimiento, buscaba lograr la empatía del público del auditorio. En la retórica moderna de lo que trataba es de convencer a través de la imitación de argumentos, aparentemente descriptivos y con pretensiones analíticas, pero que forman parte definitivamente de discursos ideológicos, cada vez más fofos. En el siglo XXI habría desaparecido incluso la ideología, sobre todo en su forma ultimatista, correspondiente al siglo XX, tanto en su versión nacional socialista como en su versión del socialismo real, del estalinismo, así como en su versión del discurso único liberal, que adquiere una connotación apabullante durante la irradiación neoliberal y la aplicación de los proyectos de ajuste estructural. Lo que habrían cambiado son los contextos donde se mueven los «argumentos» insostenibles, que, sin embargo, no dejan de tener impacto. Tienen su impacto no solamente en tanto desinformación, en tanto incomunicación, en tanto fake news, falsas noticias, sino también tienen impacto en tanto y en cuanto llenan un vacío de sentido. Lo que queremos decir es de qué hay un vacío analítico, un vacío descriptivo, un vacío de información, un vacío de objetividad, entonces se llena ese vacío con la simulación de retórica. El vacío es síntoma de la decadencia generalizada, expresa, de una manera alarmante, el alcance de la crisis de la conciencia social e histórica, incluso crisis ética y moral. La cultura como tal, que comprende conglomerados de cultura, memoria y resguardo del sentido, habría desaparecido, es sustituida por  el sistema mundo cultural de la banalidad.

 

Asistimos al desenvolvimiento de una guerra cruenta, sin embargo, ya no hay el esmero en informar propiamente, en emitir noticias como corresponde, incluso en comentar pertinentemente. Durante la primera y segunda guerras mundiales, por lo menos todavía quedaba cierta herencia de la retórica, de la argumentación, de la información, una búsqueda y esfuerzo por la justificación ideológica. Aunque también es el periodo bélico de la bifurcación de esta herencia, pues es cuando comienza a usarse la propaganda partidaria, la publicidad, incluyendo al cine, en gran escala, para convencer a las masas. Sobre todo tratándose de la segunda guerra mundial, cuando se enfrentan los dos discursos de carácter universal, el liberal y del socialismo real, compitiendo también el discurso nacional socialista, el discurso nazi, aunque este no tenga pretensiones universales sino de supremacía nacional.

 

Volviendo al tema, ninguna guerra es justa. No vamos a discutir aquí si la guerra de defensa es justa; la defensa ya supone una guerra desatada, de agresión, que ya ha estallado. Nos referimos a esa guerra, la inicial, aunque la defensa sea justa. La guerra misma no puede ser justa, es una guerra de destrucción, si es que no es de exterminio y, peor aún, cuando nos referimos, desde nuestra propia perspectiva, en el continente de Abya Yala, a las guerras de conquista, que han dado lugar a la incorporación del continente al sistema mundo capitalista o, mas bien, dicho apropiadamente, con las guerras de conquistas en el continente de Abya Yala se ha conformado el sistema mundo capitalista, se ha constituido globalmente el modo de producción capitalista. A partir de la conquista del continente de Abya Yala, a partir de la colonización y la esclavización generalizadas. En consecuencia, en vez de retórica, lo que tenemos no es tanto un esfuerzo por convencer sino esfuerzo por mantener el ruido en el ámbito de la inercia. Cuando los desplazamientos fácticos, las violencias bélicas, se dan sin la necesidad del esmero discursivo, el discurso viene después, de una manera improvisada. No hay un esfuerzo por convencer, el arte de la argumentación, tampoco hay alguna intención de parar la acción bélica, sino que mediante el discurso mediático se buscar una cierta “legitimidad” imposible. La guerra no es legítima, si no es justa no es legítima, mucho menos cuando se trata de la invasión. No nos referimos solamente a la reciente invasión de la Federación de Rusia a Ucrania, sino que tenemos en cuenta la recurrencia anacrónica a la geopolítica por parte de los bandos involucrados. Tanto de la OTAN, que a pesar de finalizar la guerra fría ha mantenido su inclinación geopolítica de control territorial y de expansión, así como de la Federación de Rusia, que no esconde su anacrónica inclinación geopolítica, emitiendo un discurso imperial de proyecto hegemónico cultural, por lo menos eurasiático. En este contexto de concurrencia geopolítica hay que incorporar a la primera potencia económica, a la República Popular de China. En resumen, ninguna de las potencias involucradas  han salido de los juegos geopolíticos, sino que los mantienen y los extienden; en el caso de la República Popular de China, imprimiendo su propio sello asiático. En otras palabras, hay que comprender y entender la guerra de Ucrania como parte de estos juegos de poder de los señores de la guerra del capital, juegos geopolíticos.

 

Hemos dicho que estamos ante “argumentos” insostenibles, correspondientes a discursos de inercia, en un contexto de decadencia posmoderno, en una guerra anacrónica, de una conflagración sin horizontes. Se trata de la concurrencia interimperialista o, mas bien, mejor dicho, interimperial, sin embargo, hay que evaluar las dinámicas complejas inherentes de la guerra. No atenerse tanto a los “argumentos” insostenibles vertidos de este discurso de inercia, sino intentar hacer un análisis desde la perspectiva de la complejidad de la guerra, en el caso que nos ocupa, de la guerra de Ucrania, aunque también de las guerras anteriores de la historia reciente.

 

Parece menester volver a las teorías nómadas, que son parte de episteme compleja, es decir, del pensamiento complejo. Habíamos dicho que el modo de producción capitalista, que forma parte, como contenido nuclear metodológico, del sistema mundo capitalista, contiene implícitamente la estrategia de producción por la producción; pero, también se trata del modo de antiproducción. El capitalismo se desarrolla destruyendo no solamente los ecosistemas, no solamente los cuerpos, que se someten al trabajo, en principio a la esclavización generalizada y después a la esclavización encubierta, que es el trabajo que se da sobre todo en las periferias del sistema mundo capitalista, sino también por que recurre a la guerra como procedimiento de destrucción. Destrucción de lo que tiene como stock, que no puede venderse, debido a la crisis de sobreproducción, destrucción de ciudades y genocidio de poblaciones. La destrucción del stock es parte de la rehabilitación del desarrollo del modo de producción capitalista.

 

Hay que tener en cuenta no solamente las fenomenologías de los espesores territoriales, que tienen que ver con el referente de las teorías nómadas, en un devenir territorialización, devenir desterritorialización y devenir reterritorialización. Se observa que el capitalismo responde a la desterritorialización, en un nivel superior a la desterritorialización dada en el imperio antiguo, empero se produce también una reterritorialización institucional cuando se reinstaura el Estado oriental, en pleno desarrollo del modo capitalista, en la forma de Estado nación, Estado liberal, que es el Estado moderno, incluyendo sus deformaciones y adulteraciones. Sobre todo después, con el desborde geopolítico del imperialismo, que articula perversamente Estado y capital financiero, en una escala de expansión mundial. Podemos comprender las contradicciones actuales en la guerra de Ucrania, cuando, de manera anacrónica, se reviven las figuras del imperialismo, las figuras del imperio antiguo y la figura de un imperio posmoderno restringido, a una parte de este conglomerado de las dominaciones, como hemos escrito en El eterno retorno de la guerra.

 

La estrategia de la antiproducción, que supone la guerra, para reanimar, paradójicamente, la producción, se relaciona con la antipolítica, en plena era del espectáculo y de la simulación. Al respecto, vamos a traer a colación la tesis de los flujos dinerarios, como parte de la fenomenología de la fetichización generalizada, sobre todo de la máquina fabulosa de la fertilización, que es la ideología. Decimos que la economía, en tanto ideología, corresponde a distintos flujos dinerarios. Incluso podemos distinguir flujos dinerarios de acumulación respecto de flujos dinerarios de compra y venta, de pago, que sirven también para pagar salarios ysueldos. Esta diferencial de flujos dinerarios se recicla nuevamente o vuelven a los flujos dinerarios de la acumulación, que es propiamente la valorización del capital. Existe el dinero fluido en contraposición al dinero de compra, esta distinción es importante porque implica distintas cualidades, distintos espacios, en los que se mueven estas cualidades y, por lo tanto,exigen distintas cuantificaciones. No son lo mismo, el salario no es capital y no es susceptible de capitalizarse, puesto que sirve como dinero de compra de bienes de consumo. En cambio el capital, el flujo de capital, la acumulación, la valorización, la plusvalía, es inmediatamente el capitalizable, es eso valorización dineraria. Solo el flujo dinerario capitalizable se valoriza. El salario y el sueldo vuelven al flujo dinerario capitalizable, una vez que se invierten, una vez que compran, una vez que se gastan en bienes de consumo. Se integran y se articulan los distintosflujos dinerarios; esta integración hace al capital. Es en esta articulación integrada del capital que tenemos que comprender la producción o la destrucción del capital, el stock de capital.Destrucción que tienen que ver con estrategias o desenlaces desde la salida de la crisis de sobreproducción, donde la guerra forma parte del modo de producción capitalista, forma parte del sistema mundo capitalista, no solamente como geopolítica, sino como parte del ciclo de la acumulación de capital. La guerra es de parte del ciclo de la valorización, que supone, paradójicamente, la muerte de parte del stock, para poder nuevamente habilitar o liberar los flujos de capital., para lograr nuevamente la acumulación. No hay que olvidar que la guerra forma parte del modo de producción capitalista, entonces falta entender a cabalidad que la guerra forma parte de el sistema mundo capitalista. Supone la destrucción que anima nuevamente la producción misma; solo así se da lugar a valorización.

 

 

Análisis de la guerra desde una mirada retrospectiva

 

Hablando de guerra, del eterno retorno de la guerra, del enunciado criticado por nosotros,enunciado evidentemente inherente a las distintas conceptualización, que se puedan haber hecho, que es el enunciado de la guerra justa, tenemos que tomar en cuenta otras guerras. Por ejemplo, las guerras que se han dado en las periferias del sistema mundo capitalista, particularmente no podemos olvidarnos de las guerras largas, que tienen que ver con la guerra de guerrillas, por ejemplo, en Colombia, que ha durado más de cuarenta años, solo considerando la guerra de guerrillas de las FARC. Si tomamos en cuenta otros escenarios, otros contextos, otras coyunturas, además de otros proyectos y desplazamientos de ejércitos guerrilleros en Colombia, podemos hablar de más de medio siglo, hasta, incluso, podemos hablar de los cien años de soledad, que hacen de referencia temporal de la novela de Gabriel García Márquez. Se tienes que tener en cuenta estas guerras, puesto que en estas guerras está involucrada la geopolítica de los Estados Unidos de Norteamérica, que, concretamente en Colombia, ha promocionado a los grupos paramilitares y al narcotráfico, sostienen al gobierno gamonal y al Estado narco de Colombia, tanto en las versiones de Álvaro Uribe, así como de Iván Duque. Otras guerras de guerrillas como las dadas en Nicaragua, que incluye la guerra de los “contras” contra la revolución nicaragüense. Ahora ha desaparecido la revolución, ahora lo que tenemos es un esquema paradójico y dualista de poder, simétrico y similar. En ambos lados, por un lado y por el otro, los supuestos enemigos, gobierno de derecha y gobierno de izquierda, tenemos a narco-Estados; ambas estructuras de poder se parecen, aunque no necesariamente en el discurso, donde se diferencian los perfiles políticos, pero solo en la apariencia ideológica. El Estado de Colombia y el Estado Bolivariano de Venezuela corresponden a similares  estructura de poder, comparten una parecida estructura del lado oscuro del poder.

 

Tomar en cuenta estas guerras amplia el panorama y la temporalidad, así como la cromática de la guerra. Nos da una perspectiva mucho más amplia y aguda de lo que estamos hablando. Incluso Podemos contar con una mayor perspicacia con relación a la guerra de Ucrania. Abordar mejor el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Al referirnos a las guerras previas a la guerra de Ucrania, a la genealogía de la guerra desde los tiempos del imperio zarista, habíamos hablado de los hilos de la guerra de la Federación de Rusia, desde las guerras de Chechenia hasta la guerra de Ucrania. Así mismo habíamos hablado de las otras guerras, en las que se involucraron la OTAN y los Estados Unidos de Norteamérica. La primera y la segunda guerra del Golfo, la intervención punitiva, bélica y destructiva en Libia, incluso los eventos bélicos que se han desatado en el Líbano, una guerra intermitente y larga, lo que sucede en la reciente ocupación de Irak, el mapa de enfrentamientos con con el ejército fundamentalista del Estado Islámico. Con estas ampliaciones con otros hilos del tejido del entramado bélico. Las intervenciones de los Estados Unidos de Norteamérica y de sus agencias de inteligencia, sus conspiraciones y sus maniobras secretas, que se conforman en la época en de la guerra fría, vinculadas a golpes de Estado, además de otro tipo de sabotajes. Si bien se pueden considerar desplazamientos   en el contexto contemporáneo, modificando los estilos políticos, cierta incumbencia perversa no ha cambiado, por ejemplo, en lo que respecta a lo que acabamos de decir, al apoyo norteamericano al gobierno conservador de Duque y al narco-Estado de Colombia. Como se verá hay varios hilos con relación a la genealogía de la guerra. Tomando en cuenta el arte del tejido en el análisis podemos intentar una interpretación compleja de la guerra, a su vez, más completa de la guerra, de la historia de la guerra, de la genealogía de las guerras, de sus diferencias y singularidades, de sus matices contextuales, efectuando una interpretación más cabal de la guerra de Ucrania.

 

Podemos decir, lanzando hipótesis interpretativas, que no solamente hay guerras en la historia moderna, sino que la guerra es parte intrínsica de la historia moderna, la guerra es parte intrínseca del desarrollo capitalista. Lo hemos dicho, sin embargo, lo que queremos hacer es insistir y remarcar más en esto, hasta convertirlo en otro tipo de enunciación. Hablamos de que la historia es la historia de la guerra, aunque suene un tanto exagerando, dibujando una figura extrema, pero esta exageración, esta figura extrema, nos podría ayudar hacer una mejor interpretación de lo que está ocurriendo. Es como si dijéramos que no podemos salir de la guerra, la guerra está íntimamente vinculada la civilización moderna, a la misma existencia del sistema mundo capitalista; la guerra es intrínseca a la geopolítica del sistema mundo capitalista, al modo de producción capitalista y, como hemos dicho anteriormente, al modo de destrucción capitalista, que tiene que ver con la guerra. Se trata de una forma de volver habilitar la gestión de la valorización, de la acumulación ampliada de capital; entonces no solamente se trata de una crítica de la razón de Estado, de la irracionalidad de la guerra, de la crítica de la crisis interimperial, de sus múltiples disputas y distribuidas conflagraciones, así como concurrencias por la jerarquía de la dominación mundial en el orden global. Se trata de algo estructural, algo inmanente a la estructura misma del sistema mundo capitalista y del modo de producción capitalista, que tiene que ver con la guerra; no solamente con la competencia, que es lo que mitifica el discurso neoliberal, sino con la guerra misma, la competencia extrema como guerra. La guerra no solamente está en el horizonte, en la proyección histórica, no solo que es intermitente, tampoco solo está en los ciclos largos del capitalismo, sino que la guerra es una especie de inmanencia, abusando del término, es esencial; como si dijéramos que estamos en un modo de producción maldito, para jugar con esa figura la civilización moderna maldita. Un sistema mundo capitalista maldito, que constantemente va a hacer emerger desde adentro de la guerra. No se puede escapar de la guerra.

 

Lo que decimos es importante incluso como consecuencia en términos operativos. De alguna manera se puede disponer de esta perspectiva como crítica a los que se apegan, de manera inocente, a la diplomacia, como si pudiera detener la guerra o las estrategias políticas internacionales, como si pudieran detener la guerra las normas internacionales, las buenas intenciones y exigencias, que garantizan distintos organismos internacionales, incluso involucrando a los gobernantes implicados en la guerra. No es un problema de voluntades, se trata de la inmanencia estructural y de la estructura inmanente al sistema mundo capitalista;por lo tanto, parar la guerra implica parar al sistema mundo capitalista, suspenderlo, mejor clausurarlo.

 

La guerra como núcleo inicial del nacimiento del Estado

 

Volviendo al tema de la guerra, a la crítica de la guerra como acontecimiento inherente, inmanente al modo de producción capitalista, al sistema mundo capitalista, e incluso a las civilización moderna, vamos a acordarnos de aquellas tesis de las teorías nómadas que interpretan la deuda infinita como la inoculación del primer acto de dominación, propiamente dicho. Por parte, como acto inaugural de inscripción inicial del déspota, la encarnación misma de la deuda infinita, del acreedor absoluto del pueblo, de los pueblos encerrados en el imperio. La moneda es, desde ya, desde sus orígenes, una invención del Estado, más que ser una invención del mercado. La clave del nacimiento de la moneda es el tributo, no como piensa la economía política y como piensa la economía clásica, atribuyéndole al mercado y al intercambio el nacimiento de la moneda. No es así, desde la perspectiva de las teorías nómadas; la moneda es una invención del Estado para pagar el tributo, para facilitar la cuantificación del tributo; primero tributo en especie, luego tributo monetario. La misma es una materialización, la anticipación  del rostro del déspota, es el sello del poder. El poder que recorre con la  circulación monetaria, que atraviesan los mercados los circuitos y los intercambios, apoderándose de parte de la energía social, convirtiendo esa apropiación en huella de expropiación, a través  del tributo. Estamos hablando de la moneda como mecanismo del tributo, pero también estamos hablando de la moneda como sello del déspota del imperio. Por donde circula la moneda es por donde se extiende el imperio, incluso donde irradia el imperio, extendiéndose, yendo más allá de sus fronteras. De esta modo, de alguna manera, podríamos deducir también, interpretando especulativamente, que el mercado es una invención del Estado despótico, es una invención del imperio. No es que nace el mercado, en la libre gestión y determinación de los usuarios, de los vendedores y compradores; otra invención, otro mito liberal, otro mito de la economía política y de la economía clásica y neoclásica, mito heredado por la economía neoliberal.

 

Es el estado que está al inicio de estas genealogías e historias, sobre todo de la historia del modo de producción capitalista. ¿Cómo nace el modo de producción capitalista? El marxismo concibe el modo de producción capitalista como parte de la liberación de fuerzas, establecimiento de un contrato económico, entre propietarios no trabajadores y trabajadoras no propietarios; esta tesis forma parte del mito liberal. Marx no deja de ser liberal en este tipo de tesis, olvida que se da antes el nacimiento de dominación, el nacimiento de poder, que da lugar no solamente al mercado, no solamente el tributo, sino al mismo modo de producción capitalista; el modo de producción capitalista supone no solamente lo que dice Marx, una masa crítica monetaria, que se transforma de dinero, a partir de un punto de inflexión, en capital, sino que supone el monopolio de los medios de producción. Monopolio, que, de por sí, es ya una dominación. Desde la descripción de la historia del capitalismo, el capitalismo tiene que ver con la metamorfosis de los terratenientes, que se desplazan socialmente, siendo nobles se convierten en burgueses, contando con su monopolio de la tierra,  convertido en monopolio dinerario, en monopolio de capital y en monopolio de medios de producción. Estos nacimientos no pueden ser olvidados, de ninguna manera, sin embargo, lo que nos interesa fundamentalmente es que se produce una nueva desterritorialización con el nacimiento del capitalismo. Concebido metafóricamente como desierto, cuando se produce la decodificación extrema. Se da lugar como una liberación de fuerzas, una suspensión de la instituciones, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire. Empero, de manera paradójica, aterradas por este desborde vertiginosos de la modernidad temprana, las clases privilegiadas, en este caso monopólicas, no quieren perder sus privilegio; son estas clases dominantes las que restauran el Estado. En consecuencia, jugando con nuestra propias hipótesis especulativas, el nacimiento del modo de producción capitalista, como tal, se da lugar en un momento de ruptura, de crisis del antiguo régimen, del viejo Estado, momento donde se suspende el Estado mismo y sus instituciones; la vertiginosidad desbordante de la modernidad temprana podía haber dado lugar a otra forma de sociedad y civilización, quizás transcivilización, sin embargo, las clases dominantes, aunque aburguesadas, no podían soportar esta situación y este devenir, prefirieron dar marcha atrás y restaurar el Estado, para garantizar la génesis de los monopolios.

 

No es pues la liberación de fuerzas lo que da lugar, propiamente, al modo de producción capitalista, sino la restauración de los monopolios y el retorno al Estado en su forma moderna, en su forma de Estado nación.

 

La genealogía del Estado moderno pasa por distintas formas, de Estado territorial, soberano y, a la vez, policial, se pasa al Estado disciplinario, propiamente moderno, después se pasa a la forma de Estado flexibilizado, en el contexto del diagrama de poder del control, cuando el objeto del poder ya no es el territorio, no es el cuerpo para disciplinar, sino la población. Hablamos de una forma de Estado de control, aunque también de simulación, cuyos efectos de masa son notorios, hablamos de los efectos estadístico de las políticas de población. El mecanismo apropiado de estas políticas es la institucionalización de la cuantificación demográfica. Con la forma de Estado del control, donde las políticas tienen efectos masivos, efectos estadísticos,entramos a la biopolítica, en el sentido que le da Michel Foucault. En sentido más preciso, Negri y Hardt, diferencian biopoder de biopolítica, siendo el biopoder la máquina de poder, siendo la biopolítica la espontaneidad y creatividad social.

 

Constatamos la genealogía del Estado, entonces nunca habría desaparecido el Estado, siempre estaba ahí, nunca se ha dado una especie de interregno, de paraíso social, donde habría desaparecido el Estado, salvo en el momento mismo, fugaz, de su suspensión, en pleno vacío de las instituciones cuestionadas e interpeladas. El Estado se suspende momentáneamente  para retornar monstruosamente. El Estado nace en el oriente, sabemos que se forman también ciudades Estado, por ejemplo en Grecia, pero todo esto no es pensable sin esa concepción territorial, que sufre la desterritorialización. Desterritorialización soberana, en tanto hablamos del soberano, del supremo, que es el déspota. No habría desaparecido el Estado con los desplazamientos de desterritorialización capitalista.

Volvamos a la hipótesis de la guerra de conquista, la guerra inicial, de instauración de la dominación, de invasión, de anexión y de expansión, que supone el monopolio simbólico de la nobleza o de un clan, convertido en una dinastía. Entonces el núcleo del Estado no es exactamente el Estado de excepción, como habíamos supuesto anteriormente, en otros ensayos y otras hipótesis interpretativas, sino que el núcleo del Estado es la guerra. No es un Estado de excepción porque para que haya Estado de excepción ya tiene que haber habido un Estado, en el sentido jurídico jurídico político; tiene que haber habido la ley, para que se decrete la ley de excepción. La guerra no es una ley, la guerra es un acontecimiento, en consecuencia, el acontecimiento inicial del Estado es la guerra.

 

[1] Leer de Laurence Peter Cinco conflictos que han enfrentado a la OTAN con Rusia. BBC.

 

El eterno retorno de la guerra

El eterno retorno de la guerra

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Vamos a intentar hacer un análisis correspondiente a la recientes crisis bélica en Europa, que compromete a la Federación Rusa y a la República de Ucrania, de manera directa, pero también compromete a la OTAN y a la República Popular de China, en acuerdo con la Federación Rusa y los gobiernos que apoyan a Vladimir Putin, en su acción de invasión a Ucrania. Entonces, compromete, si ustedes quieren, al mundo, pues como posibilidad incierta aparece la tercera guerra mundial; por lo tanto no estamos hablando de poca cosa, ni tampoco de una coyuntura cualquiera de la crisis múltiple de el Estado nación y del orden mundial, del imperio. Sino estamos hablando de una crisis altamente peligrosa por las consecuencias bélicas que se pueden desprender. En este sentido, nos interesa intentar un análisis de lo que está ocurriendo en Europa, desde la perspectiva de la complejidad. Para tal efecto, vamos a lanzar algunas hipótesis interpretativas y establecer algunas herramientas de análisis que nos permitan la interpretación de este reciente acontecimiento bélico.

 

 

Hipótesis

 

Asistimos a una coyuntura convulsa y peligrosa, en plena crisis de la civilización moderna, en plena crisis desenvuelta del imperio, del orden mundial de las dominaciones y, obviamente, en plena crisis desplegada del Estado nación; en consecuencia, crisis múltiple, a la que podemos denominar correspondiente  a la clausura del ciclo largo del capitalismo vigente, bajo la hegemonía de los Estados Unidos de Norteamérica. Lo que pueda venir después, corresponde a las conjeturas. Una de las apreciaciones o estimaciones establecidas por Giovanni Arrighi, en el Largo siglo XX, fue de que, después de la clausura del ciclo largo del capitalismo vigente, posiblemente ingresaríamos a otra hegemonía, relativa a otro ciclo largo del capitalismo, bajo la jerarquía de otro predominio. En este caso la probabilidad era de que China se haga cargo de esta hegemonía; sin embargo, lo que establece como hipótesis lo hace en términos suspensivos, como incógnita, puesto que también se encuentra en la posibilidad de la clausura definitiva de todos los ciclos largos del capitalismo, que consideró a Arrighi en el Largo siglo XX, vale decir el ciclo largo genovés, el ciclo largo holandés, el ciclo largo británico y el ciclo largo de los Estados Unidos de Norteamérica. En consecuencia ya no habría más ciclos largos del capitalismo, entraríamos a otro horizonte histórico, político y cultural.

 

Considerando este panorama o, si ustedes quieren, este escenario presente, relacionado a la reciente crisis bélica europea, el mismo puede interpretarse a partir de este contexto. Desde esta perspectiva, se trataría, entonces, de desesperados intentos histórico-políticos y jurídico-políticos e histórico-institucionales-políticos, de alcance mundial, por mantener la hegemonía, mejor dicho el dominio global logrado. En otro caso, de dar lugar a la emergencia de otra hegemonía, mejor dicho, otro dominio; empero, cualquiera de estas dos alternativas, inclusive las dos en pugna, mantenidas paralelamente y en contraste, se dan, definitivamente, en pleno crepúsculo de la civilización moderna;  por lo tanto, en plena clausura del sistema mundo capitalista, lo que le da de por sí otro carácter a la interpretación del acontecimiento bélico reciente europeo. En consecuencia tenemos:

 

Pon un lado, a la Federación Rusa, que vive esta crisis, que hemos denominado crisis múltiple de la civilización moderna, del sistema mundo capitalista y del Estado nación, con la singularidad propia que corresponde. Hablamos de la genealogía de los diagramas de poder y las estructuras de dominación, que se han dado en esta parte del continente euroasiático, desde los comienzos mismos de la modernidad. Hablaríamos de la consolidación del imperio zarista, basado fundamentalmente en un Estado aristocrático, en una monarquía altamente centralizada, sostenida, en sus perfiles personalizados, en una nobleza extensa, propietaria de la tierra, vinculada a la religión ortodoxa y también vinculada al ejército imperial, así como a un sistema extenso y burocrático, relacionado tanto a la nobleza como a esta burocracia estatal. Estos dispositivos y esta composición anacrónica habría entrado en una suerte de decadencia, en un contexto mundial de alta pujanza y desarrollo del ciclo de capitalismo vigente. En realidad, dos ciclos marcados, desde entonces, el nacimiento de la formación social en cuestión, hasta ahora; uno de ellos tiene que ver con la hegemonía británica y el otro tiene que ver con la hegemonía norteamericana. Se puede anotar también las hegemonías, mejor dicho dominios,  anteriores que hemos mencionado. Entonces la formación social e histórica euroasiática se desenvuelve, en esta parte del mundo, en esta parte del continente eurasiático en términos de las composiciones y dispositivos de poder de la dominación  del régimen zarista. Estaríamos hablando, de manera clásica, por así decirlo, de la forma imperio antigua, es decir, de esta formación basada en la desterritorialización formal, que se instituye y se constituye sobre la base del aparato burocrático y administrativo de un modo administrativo tributario. El imperio zarista se habría desarrollado sobre intermitentes conquistas, guerras de conquista, pero también de alianzas territoriales y de noblezas, así como de alianzas entre conformaciones guerreras, como la de los tártaros. El imperio zarista se habría sostenido sobre la legitimidad religiosa, el ritual, la ceremonialidad y el simbolismo de la iglesia ortodoxa cristiana. Es esto lo que está en el sustrato de la genealogía del poder de la formación social eurasiática rusa. Lo que Max habría considerado, desde la perspectiva de la crítica de la economía política, el modo de producción asiático.

 

El imperio zarista se hunde en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. Ya la revolución de 1905, revolución democrática, vanguardizada por obreros y quizás por los primeros soviets o antecedentes del soviet. El 9 de enero de 1905, día conocido como Domingo Sangriento, hubo una marcha pacífica de protesta de obreros en San Petersburgo. El objetivo de la marcha era entregar al zar una petición de mejoras laborales. Iba encabezada por un sacerdote, el clérigo Gueorgui Gapón,  explícitamente no respondía a alguna reivindicación política clara; se trataba fundamentalmente de una marcha obrera y campesina, además de familias pobres. En la marcha los obreros y campesinos, además de las familias,  avanzaban llevando íconos religiosos y cruces; marchaban desarmados.

 

La manifestación fue cruentamente reprimida por soldados de infantería y tropas cosacas, apostados enfrente del Palacio de Invierno. Estas tropas dispararon sucesivas descargas de fusilería contra la multitud desarmada, para después perseguir por calles y avenidas a los sobrevivientes, fusilando durante un prolongado lapso, cobrándose un número grande de víctimas, muertos, heridos y desaparecidos. Los periódicos de entonces hablaron de al menos dos mil muertos, entre hombres, mujeres y niños, más un número indeterminado de heridos. El zar Nicolás II no se encontraba en la ciudad; la había abandonado temiendo por su vida. Cuando se difundieron las noticias de la sangrienta represión política en la capital, se generó una oleada de protestas en toda Rusia. Se dio lugar al divorcio definitivo entre el zar y el pueblo, la masa de campesinos y obreros, además de las familias pobres. El pueblo ruso que sale a la plaza del Palacio de Invierno a encontrarse con el Zar, el padre Zar, encuentra la masacre. Los cosacos responden con fusilería, perpetrando una masacre sangrienta. Durante la revolución se demandó la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

 

En pleno desenlace de la  primera guerra mundial, el aparatoso imperios zarista se hunde estrepitosamente, arrastrando a un ejército anacrónico, no modernizado. En el contexto económico se cuenta con una industria manejada por el capital europeo, con una burguesía incipiente, una nobleza decadente, teniendo, en el contexto social, la emergencia de la efervescencia campesina. En el frente de guerra, congelado, detenido, postrado dramáticamente en las trincheras, se forman organizaciones de contrapoder, de carácter socialista revolucionario, social demócrata y también anarquistas. Estas organizaciones clandestinas se van a oponer a la continuación de la guerra, van a pedir la paz. En febrero de 1917 se desata la revolución soviética, soldados, obreros y campesinos armados toman los cuarteles, las ciudades, los ferrocarriles y las fábricas; en este contexto se convoca a la Asamblea Constituyente. Dos meses más tarde es difundida la tesis de Lenin, la conocida Tesis de Abril, que proclama todo el poder a los soviet. Hay que tener en cuenta que la revolución ya estaba dada, a principios del año. En esta coyuntura se procede a la persecución de los llamados bolcheviques, que son una escisión del partido social demócrata, que disputaban el mando del partido con los llamados menchevique. En octubre se da un golpe de Estado, tal cual lo define León Trotski en la Historia de la revolución rusa; golpe de Estado contra la Asamblea Constituyente y contra el gobierno de Aleksándr Kerensky. Los bolcheviques toman el poder y se instaura un gobierno socialista, en cuyo sustrato se encuentran los soviets armados, donde no eran mayoría los bolcheviques sino los social revolucionarios y anarquistas. El golpe contra la Asamblea Constituyente y contra el gobierno de Kerensky se da lugar en las condiciones y situación que puede ser definida como de la pugna de los bolcheviques por el control de los soviets. En ese contexto crítico de la emergencia de la revolución proletaria y campesina se da lugar la intervención imperialista contra la Patria Socialista, lo que se va a conocer como guerra civil de los rusos blancos contra la República de los Soviets. En esta álgida coyuntura los soviets, tomando en cuenta el pedido del Partido Comunista, van a transferir provisionalmente el mando al Partido Comunista y al Comité Central del Partido Comunista; por lo tanto, se da la transferencia de poder al gobierno bolchevique, con el objeto de enfrentar la emergencia de la guerra civil, con el compromiso de que, una vez terminada la guerra, si se ganaba la misma, el gobierno bolchevique, el Partido Comunista, por tanto el Comité Central, devolverían el poder a los soviets. Después de la victoria del ejército rojo contra los rusos blancos, contra los ejercicios de intervención imperialistas, no se deriva, como se esperaba, en la devolución del poder a los soviets, sino, al contrario, se cae en la concentración del poder en el Partido Comunista, en el gobierno bolchevique y en el Comité Central.

 

Lo qué viene después es historia conocida. Posteriormente al atentado que sufre Lenin y sobre todo después de su muerte, teniendo en cuenta además que gran parte de los militantes del Partido Comunista, formados y templados, terminan muertos en plena guerra, dejan un vacío notorio. Quedando prácticamente el control del aparato burocrático del gobierno revolucionario en manos de los funcionarios. Se da lugar, entonces, a una situación adversa a la militancia curtida en la lucha, en el exilio y en la resistencia, cayendo el control efectivo de los engranajes del poder en la burocracia administrativa, una burocracia afín a Joseph Stalin, un miembro gris del Comité Central del Partido Comunista. A la muerte de Lenin la pugna de la herencia del mando del Comité central se da entre Joseph Stalin y León Trotsky. Trotsky pierde esta pugna, aunque no solamente León Trotsky, quién fungió de organizador y conductor del ejército rojo victorioso en la guerra civil, sino también todo el resto del Comité Central. Salvo Joseph Stalin, todo el Comité Central es asesinado por mandato y órdenes de Joseph Stalin. En consecuencia, lo que se conforma corresponde a la instauración de un inmenso imperio socialista, heredero del imperio zarista, bajo el nombre de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que de soviéticas solo tienen el nombre. Se conforma y reconstituye, recurriendo a la interpretación de Karl Kautsky, el modo de producción asiático, de ninguna manera se desarrolla una revolución por etapas, que cumple con las tareas democráticos burguesas pendientes y con el desarrollo capitalista faltante, para dar lugar a las condiciones de posibilidad histórica de un modo de producción socialista; mucho menos se da una revolución permanente, como la propugnada por Trotsky, si no se da una regresión y unas restauración barroca de una forma de gubernamental burocrática. Desaparecida la burguesía y la nobleza, la que sustituye a la burguesía y a la nobleza es la burocracia del Partido Comunista. Emerge, entonces, un anacronismo monstruoso, que hemos llamado una monarquía socialista. Que lo primero que hace es restaurar la represión del Estado contra las vanguardias de la revolución. El caso más conocido es la represión a los marineros Kronstadt, vanguardia de la revolución rusa, quienes demandaron la devolución del poder a los soviets, el retorno a la democracia obrera, es decir de la democracia de los soviets. La respuesta de Lenin a esta demanda, legitima y acordada, es mandar al rojo a reprimir a los marineros de Kronstadt; se perpetra la masacre de la vanguardia de la revolución, masacre conducida por Trotsky. Este es el comienzo del gran retroceso, de la regresión y de las restauración del fantasma mismo del imperio zarista, bajo el nombre y la legitimidad de una supuesta revolución socialista. Que a los ojos de los partidos comunistas y de la tercera internacional se va a presentar como la Patria Socialista, no solamente del proletariado ruso sino del proletariado de todo el mundo. No solamente asistimos a una paradójica situación, una contrarrevolución dentro de la revolución, sino a una impostura del tamaño del mundo, que ya se encuentra en pleno proceso de globalización. ¿Adónde apuntamos con este recuento? Que en este contexto se preparan las condiciones de posibilidad, setenta años después de la revolución, para un segundo hundimiento de la forma imperial restaurada, al hundimiento del socialismo real, del socialismo de la burocracia del Partido Comunista, por lo tanto, de un impostura del tamaño gigantesco del mundo moderno.

 

 

Descripción

 

Entonces la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se efectúa entre 1990 y 1991. corresponde a la desintegración de las estructuras políticas federales y el gobierno central de la URSS, que derivó en la independencia de quince repúblicas; independencia dada entre el 11 de marzo de 1990 y el 25 de diciembre de 1991. En estas condiciones se acordó el Tratado de Belavezha, que corresponde a un acuerdo internacional firmado el 8 de diciembre de 1991, por los presidentes de la República Socialista de la Federación Soviética de Rusa, la República Socialista Soviética de Ucrania y la República Socialista Soviética de Bielorusia; firmaron el acuerdo  Borís Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislav Dhushévich, en la reserva natural de Belovézhskaya Puscha. La firma del Tratado fue comunicada por teléfono al entonces presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. Con la firma del Tratado se declara la disolución oficial de la URSS, poniendo fin a la vigencia del Tratado de Creación de la URSS.  

 

El periodo de Yeltsin a Putin es un periodo de inestabilidad gubernamental y de evidente crisis de legitimidad que, no está demás decirlo, corresponde a la crisis ideológica, también a la crisis de la misma formación social euroasiática. Ciertamente, después de la muerte de Stalin, también se puede hablar de una crisis ideológica, pero se trata, en este caso, de una crisis distinta y en un contexto diferente; hablamos de la crisis del Partido Comunista, crisis diferida, encubierta y silenciada por los aparatos ideológicos de la burocracia, que gobierna la URSS y por la llamada Tercera Internacional. Crisis distinta a la crisis del imperio zarista, que es como el sustrato genealógico de lo que no deja de ser un social imperialismo, tal como definía a la Unión Soviética Mao Zedong. En el ciclo largo, tenemos entonces dos crisis ideológicas y de legitimación, en contextos distintos y en situaciones diferentes, lo que equivale a interpretarlas de manera distinta y diferente.

 

No hay que olvidar la crisis de gobernabilidad del imperio zarista, sobre todo evidenciada al principio del siglo XX y arrastrada a largo de la década, que viene después de la revolución de 1905, revolución social y política que no toma el poder pero deja al régimen zarista carcomido por dentro y, prácticamente, sin cimientos sólidos para sostenerse; solo ocurre, por así decirlo, la reforma superestructural, se conforma una monarquía constitucional. Por eso la crisis de la primera guerra mundial deriva en el derrumbe del imperio zarista.

 

En la perspectiva histórica tenemos tres crisis en tres contextos diferentes, si consideramos la crisis actual del régimen híbrido, que terminó armando Vladimir Putin. ¿Se trata acaso de un nuevo estilo de crisis de legitimidad, de crisis ideológica, además de crisis degubernamentalidad? Para responder esta pregunta no podemos olvidarnos de la primera y la segunda guerra de Chechenia dónde se pone a prueba el ejército de la Federación Rusa, que a duras penas logra tomar la capital de Chechenia, Gozni. Tampoco podemos olvidarnos de la guerra de Georgia, llamada también a guerra de Osetia del Sur de 2008, que fue un conflicto armado entre Georgia, por un lado, y las repúblicas prorrusas de Osetia del Sur y Abjasia, interviniendo la misma Federación de Rusia, por el otro lado. Empezó el 7 de agosto del 2008. Los combates se iniciaron en Osetia del Sur, con la Batalla de Ysjinval,  y se extendieron posteriormente a otras regiones de Georgia y al Mar Negro. 

 

Se dice que la estabilidad es un logro de Putin.  Durante los gobiernos de Putin se moderniza el ejército, se recupera la capacidad del complejo militar tecnológico y científico, se restablece su presencia geopolítica, sin embargo la Federación de Rusia no deja de ser una potencia disminuida, comparada con la situación de la URSS en el mundo,  a pesar de sus intentos desesperados de intervención geopolítica en el mundo, por ejemplo en Siria, donde interviene en defensa del gobierno oprobioso de Bashar al-Asad.

 

 

Breves anotaciones históricas

 

La historia de Ucrania comienza en el año 882 con el establecimiento de la Rus de Kiev. La Rus de Kiev estuvo habitada por diversas tribus de eslavos orientales, principalmente por los rutenos. Ucrania fue el centro del área habitada por este grupo. La Rus de Kiev se convirtió en el Estado más grande y poderoso de Europa, ​ siendo Kiev la ciudad más grande y con población más numerosa del continente en esa época. No se conoce mucho acerca de la Rus de Kiev debido a que, tras la invasión mongola en 1256, el Estado fue reducido a cenizas. Después de la desintegración de la Rus de Kiev, uno de sus principados, el Principado de Galicia-Volinia, se convirtió en el Reino de Rutenia o Reino de la Rus, continuando la jerarquía heredada de la Rus de Kiev. En 1349, el Reino de Rutenia se unió a Lituania formándose así el Gran Ducado Lituano, Ruteno y Aukštaitija. Al finalizar la dinastía Jagellón, el territorio de Rutenia o Ucrania se incorporó a la República de las Dos Naciones en 1569. En un tratado posterior se acordó el establecimiento del Gran Ducado de la Rus o Gran Ducado de Rutenia, pero debido al deseo de los cosacos del Sich de Zaporozhua de establecer un Estado independiente, en 1648, a consecuencia de la rebelión de Jmelnitski se formó el Hetmanato cosaco o la Ucrania cosaca. Se vivieron unas décadas de prosperidad, sin embargo, el Hetmanato fue dividiéndose gradualmente entre la República de las Dos Naciones y el Zarato moscovita, que, desde 1721  se considera imperio ruso, hasta el año 1772, cuando el Hetmanato desapareció por completo. En el territorio de Ucrania, ocupado por el Imperio ruso, la población y cultura ucraniana fue discriminada, intentando hacer desaparecer el idioma ucraniano antiguo, prohibiendo la literatura, la música y las misas en ucraniano. También se organizó la emigración masiva de población ucraniana a lugares remotos del imperio, lo que después daría lugar a la aparición de las colonias de Ucrania Verde, Ucrania Gris o Ucrania Amarilla. La caída del imperio ruso,  después de la revolución de febrero de 1917, dio lugar a la guerra de independencia de Ucrania.  Emergió la República Popular de Ucrania, la República Popular de Ucrania Occidental, el Segundo Hetmanato y la República de Jolodnoyarsk. En el transcurso de la guerra, Ucrania Occidental se unificó con Ucrania en 1919. En la Conferencia de Paz de París de 1919 se reclamó todo el territorio, donde la población ucraniana representaba una mayoría. Hablamos del territorio de la actual Ucrania, Kubán  e importantes regiones de la actual Bielorusia y Federación Rusa. Como resultado de la guerra de independencia, la República Popular Ucraniana fue derrotada y su territorio fue repartido principalmente entre Polonia y la Unión Soviética, que asignó un muy reducido territorio a la República Socialista Soviética de Ucrania en 1921. En 1922, la RSS de Ucrania fue una de las repúblicas fundadoras de la Unión Soviética, consolidándose la unión con la firma del Tratado de Creación de la URSS. 

 

En la época de la Unión Soviética (1922-1991), en mayor medida que en el Imperio ruso, la población ucraniana fue afectada con limpiezas étnicas, como el Holofomor en 1933, donde murieron entre cuatro millones y doce millones de ucranianos; el idioma ucraniano fue suprimido en gran medida en los años siguientes de la rusificación de Ucrania, razón por la cual hay tantos rusohablantes en Ucrania contemporánea. El movimiento nacionalista ucraniano pasó a la clandestinidad, cobrando importancia, entre los años 1942 y 1956, con el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), que intentó establecer un Estado independiente combatiendo a la invasión nazi y a los soviéticos, aunque sin éxito. En 1945, la RSS de Ucrania se convirtió en uno de los miembros fundadores de la ONU. ​

 

Ucrania se convirtió en un Estado independiente el 24 de agosto de 1991, posteriormente al intento de golpe de Estado en la Unión Soviética, crisis política que condujo finalmente a la disolución de la Unión Soviética, en diciembre del mismo año. ​ Desde entonces se encuentra en un proceso de transición de “descomunización”, embarcándose hacia una economía de mercado y hacia un Estado correspondiente a la democracia formal. Este proceso llevó a una inmediata depresión económica en la década de los años noventa.

 

Al comienzo del siglo XXI, Ucrania comenzó a recuperarse económicamente y empezó a moverse hacia la democracia formal, llevándose a cabo manifestaciones como Ucrania sin Kuchma, en 2001, y la revolución naranja en 2004. Hasta 2007, la economía de Ucrania creció sosteniblemente; sin embargo, a partir de la gran recesión de 2008, padeció una segunda depresión económica. 

 

En 2013, tras la decisión del presidente Viktor Yanukovich de rechazar el dilatado y negociado Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea y, por el contrario, estrechar relaciones con la Federación de Rusia para ingresar en la Unión Aduanera Eurasiática, dio comienzo una serie de protestas, principalmente en Kiev, conocidas como el Euromaidán; protestas que, en un momento de alta convocatoria, reunió a más de un millón de manifestantes de toda Ucrania. Como consecuencia de las crecientes tensiones entre los manifestantes y las fuerzas especiales antidisturbios, los llamados bérkuts, se derivó en abiertos enfrentamientos,  llegando incluso, por parte de la represión estatal, al fusilamiento de estudiantes. Posteriormente a estos hechos luctuosos, siguieron enfrentamientos mas cruentos, que dejaron centenares de muertos. Sin embargo, a pesar de la represión, los manifestantes del Euromaidán ganaron esta larga secuencia de batallas en las calles; Víktor Yanukóvich y su gobierno huyeron a la Federación de Rusia. Después la huida de Yanukóvich, la Rada Suprema tomó el control del país, Oleksandr Turchínov asumió la coordinación del Gobierno y la presidencia del Parlamento. En ese contexto, Ucrania se encontraba totalmente desestabilizada, particularmente sus fuerzas armadas se encontraban incomunicadas; circunstancias adversas que fueron aprovechadas por la Federación de Rusia para ocupar y anexar a Crimea, comenzando una operación híbrida con el objeto de ocupar el sureste de Ucrania. Bajo el manto ideológico de esta pretensión geopolítica se desataron movimientos prorusos en Lugansk, Donetsk, Járkov, Odesa, Dnipró y otras ciudades del este de Ucrania.

 

En la coyuntura y el contexto de la elección de un gobierno interino, Oleksandr Turchínov  no estuvo en condiciones de organizar y movilizar a las fuerzas armadas para recuperar Crimea; solo contaba con 5000 efectivos. ​ El presidente interino prefirió desplegar al ejército en el resto de las fronteras de Ucrania, debido al riesgo de una posible invasión rusa. Aprovechando los resultados favorables de las movilizaciones en Lugansk, Donetsk y Járkov, los separatistas prorrusos declararon su independencia respecto de Ucrania, lo que dio comienzo a la guerra en Donbás el 6 de abril de 2014.

 

Las Fuerzas Armadas de Ucrania, débiles al principio de la guerra, se fueron fortaleciendo paulatinamente. Es cuando se elige a Petró Poroshenko, en las elecciones presidenciales de 2014, cuando las fuerzas armadas empezaron a modernizarse y equiparse mejor, llevando a cabo desplazamientos militares de recuperación territorial. Las tropas ucranianas consiguieron recuperar la mayor parte del territorio ocupado por separatistas. Con la firma del protocolo de Minsk, a finales de 2014, el conflicto se congeló, aunque los enfrentamientos esporádicos no cesaron, cobrándose la vida de más de 13 000 ucranianos. A partir de entonces las Fuerzas Armadas de Ucrania se encuentran embarcadas en procesos de organización y modernización, de acuerdo a los patrones de la OTAN, convirtiéndose el 2019 en el tercer ejército más grande de Europa, con un personal total de 1 246 445 efectivos. ​ Ya en otra coyuntura, el 1 de junio de 2016 Ucrania firmó un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

 

Haciendo consideraciones estadísticas, se puede tener en cuenta que en el 2020, Ucrania ocupaba el 74° puesto en la lista del índice de desarrollo humano (IDH) de 189 países; en equivalencia con Moldavia, mostraba el menor PIB, a valores de paridad de poder adquisitivo (PPA) per cápita de Europa. Sufre una tasa de pobreza muy alta, así como una corrupción muy extendida; sin embargo, debido a sus extensas tierras de cultivo fértiles, Ucrania es uno de los mayores exportadores de cereales del mundo[1].

 

 

 

 

Balance y perspectiva 

 

 

Visto este panorama histórico, mediante una mirada sintética, ¿qué tenemos? Tal parece que nos encontramos con el retorno de la forma imperial, la forma de territorialización imperial, así como con la figura cúspide y simbólica de la figura del déspota, encarnación arquetípica de la deuda infinita territorial, es decir, el modo de producción tributario, inscrito en los cuerpos del eterno deudor, inscrito en las tierras. Tributo que tienen que pagar la gente, el pueblo de las comunidades, las naciones anexadas al extenso cuerpo del imperio. Esto por un lado; por el otro lado, tenemos la otra parte del orden mundial de las dominaciones, correspondientes a las formaciones monopólicas de la geopolítica del imperialismo, es decir, de los imperialismo articulados e integrados en el imperio moderno o, si se quiere, para distinguir, tenemos el imperio posmoderno, tal como lo definen Michael Hardt y Antonio Negri en el libro precisamente titulado Imperio.

 

En el contexto de la contemporaneidad más actual se da lugar a desplazamientos y modificaciones en la geopolítica del sistema mundo capitalista. Dado el desenvolvimiento del desarrollo del ciclo del capitalismo vigente, ya bajo la dominancia del capital financiero especulativo y extractivista, sostenido por el uso destructivo de la tecnología de punta, que supone la división del trabajo a escala mundial, convirtiendo, en principio, a la República Popular de China en la fábrica industrial del mundo, con bajos costos de producción, basados en la esclavización del proletariado posmoderno y en una división altamente desigual, inequitativa, entre ciudad y campo. Empero, aprovechando esta división del trabajo, la economía de la República Popular de China termina convirtiéndose, desde el punto de vista cuantitativo, en la primera economía del mundo. Principalmente deja de ser meramente la fábrica industrial del mundo globalizado y se convierte en la potencia emergente, después se convierte en la primera potencia económica, convirtiéndose también en un complejo tecnológico militar, científico, cibernético y comunicacional, como lo es la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norteamérica. En estas circunstancias y condiciones de posibilidad histórico-políticas, el imperio, en el sentido de Hardt y Negri, transforma su composición inherente. La República Popular de China, además de articularse e integrarse a las potencias dominantes del sistema mundo capitalista, entra también en competencia concurrente por establecer su primacía en la jerarquía del imperio moderno o del imperio posmoderno, como lo hemos definido figurativamente.

 

La República popular de China se puede caracterizar, en esta coyuntura y en este contexto mundial del ciclo vigente del capitalismo, bajo la dominancia del capital financiero y especulativo, como la forma imperialista redituada en el contexto de la modernidad tardía y en plena competencia concurrente en la composición del imperio del orden mundial de las dominaciones.

 

En este contexto, relativo a la competencia interior a la formación del imperio, del orden mundial de las dominaciones, la forma de imperio antiguo o la forma imperial antigua redituada y actualizada por la Federación Rusa se alía con la forma de imperialismo, redituada en la condición posmoderna de la República Popular de China. Esta coalición en alianza con formas de gobierno gubernamentalidad de las formaciones sociales de la periferia del sistema mundo capitalista, particularmente de aquellas formas de gobierno clientelares y despóticas, en las circunscripciones de sus países, se enfrenta a la otra parte de la composición del imperio posmoderno, que corresponde a la dominación de la hegemonía de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norteamérica, que encabeza la OTAN. Organización militar que se conformó en plena guerra fría como un sistema de defensa de las formas de gubernamental liberal, sobretodo europeas, frente a lo que va a ser la coalición de los estados del socialismo real, vale decir el Pacto de Varsovia. Terminada la guerra fría los vencedores de la guerra fría, vale decir la OTAN, bajo la conducción de los Estados Unidos de Norteamérica, intentan imponer su dominación en un mundo, pretendidamente unipolar. Sin embargo esto no ocurre, sino, mas bien, de manera paradójica, el contexto mundial se abre a un multipolarismo. La única hiperpotencia de magnitud, en condiciones de fabulosa hipertrofia, el complejo tecnológico, militar científico, cibernético y comunicacional de Estados Unidos de Norteamérica termina en una evidente soledad, donde al parecer la guerra se aleja como un fantasma débil y senil, que pareciera pertenecer al pasado.

 

 

En estas condiciones del contexto mundial, como no hay un enemigo de la talla de la Unión Soviética, la hiperpotencia y sus fabulosas maquinarias terminan monstruosamente hipertrofiadas. Es precisamente en este contexto del desenlace de la guerra fría donde emergen las llamadas potencias emergentes, abriendo un nuevo perfil en la composición del sistema mundo capitalista y una nueva presencia espacio territorial en la geopolítica del sistema mundo capitalista. Este perfil corresponde a la aparición de las potencias emergentes, que median, como un puente perverso, entre la geografía inmensa de las periferias y el centro cambiante del sistema mundo capitalista. Es en este contexto del desenlace de la guerra fría cuando la potencia emergente de la República Popular de China deja de ser meramente una potencia emergente para convertirse, como hemos dicho, en la primera potencia económica y en la segunda o la tercera potencia militar en términos del complejo, tecnológico, militar, económico, cibernético y comunicacional.

 

Observando el ciclo largo de las genealogías de la dominación, podemos ver que, en plena clausura crepuscular del sistema mundo capitalista, particularmente, para situar mejor, del ciclo largo del capitalismo vigente, se da lugar a una competencia interimperial, en plena clausura crepuscular de la civilización moderna, como queriendo despedirse apoteósicamente, con los últimos eventos apocalípticos de este círculo vicioso del poder y de las dominaciones a escala mundial.  En estas circunstancias reaparecen, de manera anacrónica, formaciones pasadas, redituadas en el contexto. Tendríamos por lo menos tres perfiles de formaciones redituadas anacrónicas; una que corresponde a la forma de imperio antiguo redituada; otra que corresponde a la forma de imperialismo, redituada en la posmodernidad; y otra que corresponde a la forma parcial, sesgada, vuelta sobre sí misma, replegada en sí misma, de la forma de imperio posmoderno. En estas condiciones coyunturales mundiales se da lugar o estalla la guerra de la Federación de  Rusia contra la República de Ucrania.

 

El argumento de Putin para perpetrar el invasión a Ucrania es que no le ha quedado otra cosa a la Federación de Rusia después de qué la OTAN ha buscado, por todos los medios, avanzar sus establecimientos en plena frontera con la Federación de Rusia, incluyendo recientemente a Ucrania, república a la que habría  promovido para que se incline por su ingreso a la OTAN. El otro argumento usado por Vladimir Putin es que entre Ucrania y Rusia hay una historia común que tiene que ver con la larga historia eslava. Por otra parte, usando argumentos insostenibles, ha criticado a Vladimir Lenin por haber promovido la independencia de Ucrania y de otras naciones, en la concepción del derecho a la autodeterminación de las naciones, comprendiendo la liberación de las naciones y el reconocimiento plurinacional dentro de la misma Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Este argumento insostenible de Putin llega al extremo del imaginario conservador que rescata la concepción imperial antigua del zarismo y reconoce el carácter imperialista ruso de Joseph Stalin.

 

Por otra parte el argumento de la OTAN y de los países que la componen, sobre todo de sus gobiernos, es de que la OTAN defiende las democracias los estados liberales del mundo, la “vida occidental” y la decisión de los pueblos y las naciones de escoger con quienes se integran. Este argumento es hipócrita después de que se sabe que la OTAN ha promovido la destrucción de Libia, la destrucción de Siria, la ocupación de Irak, la destrucción de Yugoslavia. Perpetrando una intervención anticipada, parecida a la que efectúa hoy la Federación de Rusia a la geografía territorial de Ucrania. Tampoco escapa a nadie, al analista perspicaz, de qué la OTAN ha promovido la incorporación de Ucrania a la OTAN, buscando arrinconar a la Federación de Rusia, recurriendo a la amplia estrategia geopolítica de la hiperpotencia de los Estados Unidos de América, que dirige la OTAN. Atacar o mermar la primacía económica de la República Popular de China y evitar una posible primacía hegemonía o dominación a secas, a nivel mundial, por parte de la República Popular de China. Primera potencia ya no solamente económica, sino también potencia militar, tecnológica y científica, en camino a convertirse en otro complejo militar, tecnológico, científico, cibernético y comunicacional, equivalente al de Estados Unidos de Norteamérica. En consecuencia, estamos ante juegos geopolíticos, que no dejan de ser anacrónicos, dado el contexto de la crisis múltiple que asola el planeta, crisis ecológica, crisis de la civilización moderna, crisis del sistema mundo capitalista y clausura del  largo ciclo vigente del capitalismo, también crisis de la forma de Estado nación. Por lo tanto, esto implica no solamente la clausura si no la apertura a otros horizontes transcivilizatorios que requieren los pueblos, las sociedades y, sobre todo, el planeta, que contiene a las sociedades orgánicas y a los ciclos vitales.

 

 

 

 

Notas

 

[1] Revisar Ucrania de la Enciclopedia Libre: Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Ucrania.

 

 

 

 

 

 

 

Apuntes sobre la decadencia política

Apuntes sobre la decadencia política

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

 

 

 

Crisis en los espesores de la coyuntura 

 

El término crisis viene del latín, crisis, a su vez, deviene del giego κρίσις, que significa coyuntura de cambios, empero, en el uso pragmático usualmente se hace hincapié en el sentido de cambios desequilibrantes. Se trata de ruptura del equilibrio, incluso de descompensación y de desorden, apareciendo la crisis como amenaza.

La utopía civilizatoria

Las comunidades se convirtieron en sociedades cuando extendieron sus asociaciones en las expansiones y continuidades territoriales, convirtiendo las filiaciones consanguíneas en alianzas territoriales. En la medida que los nudos sociales, concentrados, en las ciudades emergentes, se convirtieron en paradigmas de las formaciones sociales, se derivó en lo que se puede nombrar la evolución de las ciudades en lo que se conoce como civilización. La conformación de las civilizaciones responde a la configuración de las formaciones sociales en base al referente gravitatorio de las ciudades. Por eso, es indispensable, preguntarse, en el contexto de la crisis ecológica y la crisis de la civilización moderna, sobre las otras posibilidades alternativas, inhibidas por el decurso hegemónico y dominante de la arquitectura preponderante de las ciudades. Puede ser que haya habido y haya otras salidas, más allá de la civilización, empero esto solo se puede tomar en cuenta en la medida que estas otras salidas se vislumbren ante la mirada acuciante de la microhistoria crítica. Para responder a esta cuestionante es indispensable es menester hurgar sobre las posibilidades nómadas, también ante las posibilidades campesinas, de la vía campesina. 

 

 

De los pasos perdidos al siglo de las luces

Las dos novelas de Alejo Carpentier, Los pasos perdidos y El siglo de las luces, tienen nueve años de diferencia. También las narrativas se mueven en dos coyunturas distintas, aunque se podría decir que el contexto es casi el mismo, con la diferencia de temporalidad. Mientras Los pasos perdidos se mueven una coyuntura contemporánea al mediados del siglo XX, en tanto que El siglo de las luces se mueve en la segunda mitad del siglo XIX; sin embargo, la anterior novela fue publicada en 1953 y la segunda novela fue publicada en 1962. ¿Por qué el escritor se remonta al llamado siglo de las luces, después de haberse adentrado en los laberintos de una modernidad que podríamos llamar relativa a la historia reciente? No nos olvidemos que la revolución cubana se convierte en victoriosa en 1959 y que Carpentier va a ser representante diplomático de la triunfante revolución en París. ¿Se trata de una reflexión sobre la matriz cultural e ideológica de las revoluciones modernas, el iluminismo? En todo caso, se trata de hurgar en sus contrastes, en sus contrastaciones, en sus contradicciones profundas y manifiestas.

La decadencia estatal

No es un Estado sino una estructura mafiosa, una composición de dispositivos paralelos de poder que tomaron las estructuras institucionales del Estado. Entonces se tiene un gobierno que ejerce la dominación de las mafias, distribuidas en esta ocupación institucional y también territorial del Estado y del país. La escasa democracia aparente que quedaba se ha evaporado, lo que se tiene es el despliegue descarnado de la violencia en variadas formas y tonalidades, sobre todo el despliegue descarado de la judicialización y la violencia burocrática de magistrados, fiscales y jueces mafiosos. En este desenvolvimiento del terrorismo de Estado mafioso, las «elecciones» han terminado siendo instrumento de «legitimación» imposible de la dominación mafiosa de la burguesía rentista que gobierna.

El caudillo déspota

El Caudillo déspota, prestidigitador de promesas que no se cumplen, elocuente demagogo de poses que no comprende, máscara que encubre su compulsión por el poder que no tiene y confunde con la proliferante adulación grosera de llunk’us sin imaginación.

Delirio político

El delirio es un síntoma manifiesto de la decadencia de la casta política. Absorbidos en el desenfreno de la alocución desgarbada, empero estridente, se ahogan en la tormenta de emisiones bulliciosas, sin contenido y sin sentido. Pero creen que dicen algo, que hacen algo, cuando solo chapotean en el mismo pantano de la sin-razón. La política ha muerto y la casta política se mantiene artificialmente, alimentada por la maquinaria institucional estatal desvencijada.

Usufructo político de los héroes

Usan la imagen de los héroes, de los que dieron su cuerpo en plena entrega y acto heroico. Creen investirse del halo que deja su hazaña y su martirio, pero no hacen otra cosa que evidenciar su impostura, al usufructuar y desplegar comportamientos pragmáticos y oportunistas.

Sobre la desaparición de Marcelo Quiroga Santa Cruz

No hubo esclasificación de los archivos militares. A Marcelo lo llevaron herido al Estado Mayor y ahí lo torturaron hasta matarlo, el gobierno de Evo Morales fue cómplice de encubrir a los asesinos y de pactar con el ejército. El gobierno títere de Luis Arce Catacora continúa la complicidad y el encubrimiento, además de seguir con el teatro grosero de que se desgarran las vestiduras.

Perdidos en sus laberintos

 

Perdidos en sus laberintos discursivos y apócrifos, aturdidos por la evidencia de los hechos y la realidad efectiva, manoteando, ahogados en el fango, insisten, delirantes en el cuento sin imaginación del «golpe de estado». Es la muestra patética de la colosal decadencia.

Funcionarios del gobierno

Malos actores de una tramoya, que no tiene ni pies ni cabeza. Sin embargo, siguen adelante sin inmutarse de la evidente ridiculez en la que caen. No les importa, pues actúan para el entorno palaciego y la mermada masa elocuente de llunk’us. Fantoches despintados del teatro político.

El cretinismo funcionario llega lejos. Primero, a nombre de la defensoría del pueblo se avala el despotismo neopopulista; después, premiado como viceministro de gobierno, ejerce como verdugo. Los perfiles de la casta política se desdibujan, adquiriendo la diseminación del vacío.

Exvocal del Tribunal Electoral

Pobre diablo. Sin argumentos, sin dignidad, a partir de un momento, servil y sumiso a la forma de gobierno clientelar y corrupta neopopulista. Después de cerrar los ojos ante el escandaloso fraude que se perpetraba, después de decir que no sabía de los servidores clandestinos, ahora repite la patraña insostenible de que no hubo fraude. Este personaje es un ejemplo del derrumbe ético y moral de un profesional que perdió el decoro y la compostura.

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

autodestruccion (1)

 

 

Disociación, disyunción y diseminación en el funcionamiento de la máquina de poder desvencijada

Si las asociaciones y las relaciones sociales, que comenzaron como las relaciones de parentesco, relaciones de filiación consanguínea, acompañadas, después, por relaciones de alianzas territoriales, fueron inaugurales en la conformación de las comunidades, en la actualidad de la decadencia de la civilización moderna, se puede observar que lo que prepondera es la disociación, la disyunción y la diseminación, desarticulando las comunidades, los colectivos y las sociedades. Ocurre como que las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder se separaran del diseño integrado, produciendo el fenómeno de la desintegración. Se puede decir que, si antes la maquinaria del poder funcionaba para dominar, imponer, incidiendo en los comportamientos y conductas, ahora, en plena clausura crepuscular del sistema mundo capitalista, la maquinaria del poder domina para producir la desintegración generalizada.

Lo paradójico del caso es que, en estas condiciones de desarticulación y desintegración, la maquinaria del poder sigue funcionando en su desagregada disfuncionalidad expandida por todos los campos sociales, políticos, económicos y culturales; solo que la proyección del funcionamiento de la dominación ha cambiado. Ahora funciona para su propia autodestrucción, aunque no lo sepan las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder. Cada parte y dispositivo, cada engranaje, funciona como si nada hubiera cambiado, siguen en lo mismo, empero lo hacen de manera desarticulada, hipertrofiando su propia ejecución, coadyuvando, entonces, a una mayor desintegración de la maquinaria del poder, de la heurística de aparatos de Estado, de la sociedad, de sus mallas institucionales. Intensificando su autodestrucción sin saberlo.

Por ejemplo, en el campo político se destruye el espacio de su continuidad, ocasionando lo que se podría llamar disgregación feudal, usando una figura conocida para caracterizar la dispersión medieval. El Estado también se desarticula y desvencija, desmantelándose; el ejecutivo se encaracola, como dispositivo autista; el Congreso evidencia su desmesurada corrosión interna, hace tiempo no se parlamenta, sino que tan solo se votan las decisiones del partido, la conformación de “representantes del pueblo” no representa, sino que hace patente las prácticas del chantaje, de la coerción, de la congregación de votos, sin palabra, sin sentido, sin voluntad propia. La situación del Órgano Judicial es peor aún, habiéndose antes convertido en una máquina de extorsión, ahora es el dispositivo privilegiado del terrorismo de Estado. El órgano Electoral va por el mismo camino, a pesar de su reciente parcial recuperación, aunque sesgada y limitada, pues su crisis se hizo patente con el escandaloso fraude electoral de 2019, donde se evidenció la descarada manipulación de los votos y de los registros; hasta ahora no hay una auditoria de los padrones electorales.

Pero esto no ocurre solo con lo que se denomina aparatos de Estado, en estricto sentido, sino también con la sociedad institucionalizada. Por ejemplo, el campo comunicacional también se desintegra no solo al convertirse en una fabulosa máquina de desinformación, propaganda y publicidad, sino que, además de convertirse en la proliferación de escenarios para espectáculos estridentes de la comedia grotesca, solo funciona en la inercia inaudita de discursos fofos, de audiovisuales mediocres, de mañaneros carnavalescos, de “análisis políticos” desabridos y aburridos, de noticiosos sensacionalista. El campo social no solo sufre de dispersión, disociación y desintegración, sino que es el espacio fraccionado de pequeños campos de batalla localizados y sin horizonte. Se podría decir que el campo social es el espacio fragmentado donde se ejerce preponderantemente la manipulación y descuella la economía política del chantaje. Lo mismo pasa con el campo económico, desarticulado, desmontado, diseminado. Si bien antes, por ciclos largos y medianos de los capitalismos hegemónicos mundialmente, vigentes en su turno, que contienen a los propios ciclos extractivistas de los recursos naturales, el campo económico ha sido circunscrito al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, en la actualidad ha sido atravesado y tomado por el lado oscuro, paralelo, clandestino, de la economía ilícita. Quizás la parte peor la lleva el campo escolar, que ha venido sufriendo ya su devaluación, su desatención, su empobrecimiento mayúsculo, que ocasiona deformaciones en la escolaridad y después se proyectan como deformaciones en las universidades, circunscribiéndose al triste papel de aparatos administrativos de titulación, produciendo profesionales mediocres – salvo escasas y honradas excepciones, que se deben a su propio esfuerzo -, con una educación bajísima, es decir, un bluff generalizado.  

El panorama es apocalíptico, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente ha destruido los ecosistemas, ha depredado los territorios y cuencas, ha contaminado aire, aguas y suelos, ha talado e incinerado bosques. Los territorios no solo de las naciones y pueblos indígenas, cuyos derechos están consagrados en la Constitución, han sido concesionados a las empresas trasnacionales extractivistas, entregadas a la vorágine de plantaciones transgénicas, opción destructiva de la burguesía agroindustrial. La ampliación de la frontera agrícola cobra un ritmo intenso y expansivo demoledor, ampliando, desbrozando, talando, destruyendo territorios, para la ganadería extensiva, para la explotación ecocida y comercio compulsivo de la madera, expandiendo el cultivo de la hoja de coca excedentaria y, con esta expansión, la expansión intensificada de la “industria” de la cocaína. En el panorama social, político, económico y cultural se manifiesta desbordante la desintegración de los campos, la fragmentación de los espacios, la descohesión generalizada y la disociación apabullante. Entonces, aparecen núcleos de poder feudalizados, controles territoriales de mafias, cárteles y conjunciones clientelares, que funcionan de manera incongruente y desarticulada, pero funcionan para sí, cada una de estas formaciones perversas. Ocasionando, en la conjunción provisional de fuerzas, resultantes inciertas.  Este funcionamiento disfuncional, por así decirlo, refuerza la dispersión, la disociación, la desarticulación, la desintegración y la diseminación. Estamos entonces no solamente ante la decadencia desbocada, sino ante la autodestrucción generalizada.

Fraternidades de machos en acción

A propósito de las autoridades ediles de Monteagudo

Fraternidad de machos desgarbados, para quienes no existe la mujer y tampoco su dignidad. Acostumbrados a dominarlas y mandonearlas, consideran que cuando se rebelan e interpelan, les reclaman como machos. Personajes acomplejados, manifiestan patentemente sus complejos y sus miedos a la mujer. En realidad, ocultan un inmanente homosexualismo, que temen como fantasma y del cual escapan con violencia exacerbada contra el cuerpo, su espontánea y devenir.

El neopopulismo en decadencia ha exacerbado estos ateridos prejuicios patriarcales, anacrónicos, pero actualizados en la turbulencia de subjetividades inconclusas, que son condensaciones grotescas de miserias humanas. Unos ocultan su mediocridad abrumadora invistiéndose de resentidos, esperando su oportunidad de venganza y cometer crímenes, que llaman estrambóticamente «justicia». Otros se disfrazan de «revolucionarios», sin entender de qué se trata, reduciendo lo que no entienden a la explosión patética de la consciencia desdichada, atrapada en sus propias contradicciones, que no resuelven, más bien, las enaltecen, hundiendo la consciencia desdichada en el pantano del derrumbe ético y moral. Otros opten por el chantaje epidérmico, victimizándose, siendo de esta forma cómplices de los patrones y amos, reproduciendo las dominaciones de una manera perversa. Otros se presentan como caudillos y «representantes del pueblo», cuándo son solamente miembros dramáticos de la casta política, que se enriquece a nombre del pueblo. Los otros, más conocidos, pertenecen al conservadurismo tradicional, de donde viene de la inquisición y la guerra de tres siglos contra las mujeres, que encarnaban el entramado comunitario. Todas estas fraternidades de machos reproducen genealógicamente la dominación masculina, las estructuras patriarcales, el Estado patriarcal ya senil y estéril.

 

El cinismo en escena

Se puede decir que parte del cinismo concentrado se encuentra en la casta política, aunque también en los despliegues del sistema mundo cultural de la banalidad. El político habla aposentado en el trono o en el curul de la representación, sino es en el gabinete de funcionario o en la oficina de magistrado, lo hace usando sin discreción su disposición en la máquina de poder, para dar apariencia de verdad a lo que dice, un discurso sin sustento, que se cuelga en el hilo de la inercia.

El cinismo cobra vuelo, mostrando su desparpajo, cuando lo que pone en escena es la preponderancia, que es lo único real, el resto, la alocución, es la hipóstasis, la invención política de la realidad. Cuando el político habla al pueblo, lo considera un espectador manipulable, sujeto vulnerable, objeto plástico para la prestidigitación y la maniobra. El discurso político tiene esta finalidad, mientras encubre los objetivos de la práctica política, que son distintos al discurso emitido. En resumen, esquematizando al extremo, el objetivo político es el control del poder o, mas bien, de su maquinaria abstracta y de la malla de agenciamientos concretos de poder institucionales; la conservación del poder y su reproducción indefinida. Entonces el cinismo radica en este desparpajo, en esta práctica esquizofrénica que disocia la emisión del discurso y la práctica.

El cinismo desborda demoledoramente cuando las contradicciones evidentes, entre discurso y práctica, se tratan de ocultar mediante argumentos estrambóticos, por ejemplo, decir que lo que se hace es por la “justicia”, cuando efectivamente se convierte a la administración de justicia en un grotesco sistema de extorsión, es más, en momentos críticos, en un dispositivo del terrorismo de Estado. Se pretende encubrir desesperadamente un escandaloso fraude electoral, causa de la caída del gobierno neopopulista – que ya caminaba, desde hace tiempo, a su implosión -, recurriendo a una campaña publicitaria y propagandística, ex post, que busca imponer la versión insostenible de un golpe de Estado, la muletilla de los gobernantes en crisis.

Ciertamente el cinismo es proliferante en el sistema mundo moderno, es la predisposición subjetiva de la racionalidad instrumental y de la inclinación por el pragmatismo descarnado, sin embargo, lo que hay que tener en cuenta son los desbordes sintomáticos de la cultura cínica. El desparpajo político ha llegado lejos, la manipulación política es extrema, la prestidigitación política es delirante. Se mencionan valores, lo que les falta a los emisores de la impostura, de manera demagógica, de tal manera que al nombrarlos se hace patente  que exactamente se los pisotean; se habla de derechos, pregonando su apego falso a los mismos, cuando precisamente se los vulneran; se nombra la Constitución, reducida a adorno de vitrina, cuando evidentemente se la ha desmantelado; se habla se soberanía, principio enarbolado hipócritamente, cuando se la ha entregado para usufructo de las empresas trasnacionales; se menciona a la patria, reducida a símbolo discursivo, cuando se la ha traicionado con la tercera derrota de la guerra del Pacífico, con la derrota en el Tribunal  Internacional de la Haya, confundiendo la demanda marítima con una campaña electoral.

El cinismo campea no solamente porque hay cínicos que la encarnan y lo practican, sino también porque hay un pueblo que lo acepta. Entonces estamos ante el ciclo vicioso del cinismo. Se da pues una complicidad perversa, una relación sadomasoquista, entre la casta política, pragmática y oportunista, y un pueblo o parte del mismo, que renuncia a su potencia social, prefiriendo delegar su voluntad a sátrapas, actualizados, reaparecidos en plena decadencia de la modernidad tardía y en plena crisis múltiple del Estado nación, así como de su orbe, el imperio, el orden mundial de las dominaciones en la geopolítica actualizada del sistema mundo capitalista, geopolítica del saqueo de los recursos naturales por parte de los centros cambiantes y la inmensa periferia gobernada por las burguesías rentistas.

No se clausura históricamente el delito político

No se cierra histórica ni políticamente, tampoco constitucionalmente, el flagrante delito de fraude electoral. Solo un jerarca corrupto, sin atributos ni cualidades, puede imaginarse delirantemente que el caso se ha cerrado. Esto se explica por la paranoia de los gobernantes y sus marionetas judiciales. Tampoco crean que se logra el olvido por parte del pueblo, también de las leyes. Lo que hacen los gobernantes y su Fiscal General es evidenciar su delincuencia constitucional y política.

 

 

Sobre el sentido perdido de la referencia de izquierda

Si podemos hablar de lo que abarca esa referencia de orientación esquemática, en una dualidad que participa en una oposición complementaria, en una contradicción cómplice, en una guerra entre enemigos que se necesitan para existir como tales, que se llama comúnmente «izquierda» – opuesta esquemáticamente a la “derecha” -, podemos definirla a partir de motivaciones constituyentes, como solidaridad, igualdad, justicia, libertad, que conforman una praxis revolucionaria y una teoría crítica.

Sin embargo, lo que ahora llaman «izquierda» los medios de comunicación, los partidos políticos y se autonombran unas conformaciones barrocas incongruentes como el «socialismo del siglo XXI y el neopopulismo, se encuentra tan distante y es abismalmente tan diferente a esa «izquierda» inaugural e histórica, que en vez de la solidaridad tiene como compulsión la mezquindad, en vez de propensión a la igualdad se inclina por la in-equivalencia entre gobernantes y gobernados, en vez de buscar la justicia se obsesiona por la extorsión, en vez de libertad apuesta por el terrorismo de Estado. Es más, si antes se daba importancia y se expresaba una preocupación por la crítica, ahora descuella la impostura, la simulación, la actitud tramposa y la «justificación» demagógica de actos políticos deleznables.

Es absurdo e inútil hablar de «izquierda» y «derecha», cuando en la modernidad tardía estos términos son intercambiables y rotativos. En el gobierno y en la práctica no se distinguen, hacen lo mismo, usufructúan del poder, contra el pueblo y la sociedad, salvo por el esmero provisional de discursos anacrónicos.

 

 

 

Tipos tramposos

Tipos tramposos 

Raúl Prada Alcoreza 

 

Tipos tramposos

Tramposos

 

 

Creen que el mundo es de prestidigitación, un calidoscópico juego de manipulaciones. Entonces, lo adecuado en este juego de audacias es hacer trampa. Por eso se adelantan a la puesta en escena; buscan impresionar, persiguen a través del efecto shock llamar la atención en el espectáculo desplegado. Hacen bluff y ganan partidas, sin que nadie mire sus cartas. Están acostumbrados a la actuación, en escenarios montados. Mientras todo resulta se sienten seguros y confirmados, pero, cuando algo marcha mal, cuando no ocurre como lo programado, lo planeado o lo esperado, se descompaginan. Se desarman y se ven obligados a enfrentar el problema, asombrados del percance; empero, como no atinan a otra cosa que a lo que saben, por costumbre, siguen el mismo libreto, que evidencia su anacronismo.  

 

No dejan de hacer trampa, continúan con la táctica del bluff. Lo que cambia es el procedimiento de la trampa; aparecen nuevas figuras y formas de la artimaña. Por ejemplo, para salir de apuros ante el problema ineludible, firman acuerdos, prometen cumplirlos; acuerdos que nunca cumplen. Se vuelven más extravagantes; pretenden convencer, se desgañitan en confesar sus buenas intenciones, hacen gala de lo correcto de sus posiciones; aunque cuando exponen sus argumentos dejan mucho que desear. Cuando nada les sale bien, ni sus escapes mañosos, entonces recurren a espectáculos mayores, como montar Congresos, Encuentros, Reuniones, magnas hazañas de la puesta en escena política; se inclinan por los espectáculos de escala internacional, cuya agenda toca los temas álgidos heredados. También estos espectáculos políticos pueden restringirse a la escala nacional. En este caso los auditorios colosales se llenan de poblaciones llevadas por las organizaciones sociales afines al gobierno. Es cuando se presenta el espectáculo político como “encuentro de movimientos sociales”, que abiertamente apoyan al gobierno en apuros y a su caudillo afligido. Aunque en la disposición del evento no hayan participado, tampoco en los discursos, mucho menos en las conclusiones y en el documento de declaración, se hace como si todo esto fuese producto consensuado.  

 

El Encuentro de Países No Alineados fue un escenario anacrónico, desubicado y descolocado, teniendo en cuenta el contexto del presente. Se trajo a colación, remembrando, la conformación del bloque de países no alineados, bloque pertinente durante el siglo XX, cuando se enfrentaban las dos super-potencias vencedoras de la segunda guerra mundial; el llamado “bloque occidental” y el llamado “bloque oriental”, los denominados eufemísticamente bloques “democrático” y “comunista”. Los países no alineados abrieron en el espacio geopolítico mundial, definido y dibujado por los dos bloques enfrentados, otra geografía política a escala mundial, dando lugar a que el conjunto de países más numeroso, los que habitan la inmensa periferia del sistema-mundo capitalista, defina otro campo concurrente de fuerzas, poniendo en mesa otros intereses geopolíticos y buscando otro porvenir, no monopolizado por los dos bloques mencionados.  

 

El Encuentro de Países No Alineados dado lugar en pleno siglo XXI, en una Bolivia que se debate en los dilemas de la transición hacia un Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico, transición obstaculizada por la forma de gubernamentalidad clientelar, resulta notoriamente anacrónico y desajustado respecto al contexto de problemas del presente.  

 

La desaparición de la Unión Soviética y del bloque de Estados del Socialismo Real de la Europa Oriental, dejaba sin contexto al bloque de países no alineados. El peligro visible apareció como dominación unilateral y monolítica de la hiper-potencia vencedora de la guerra fría. Sin embargo, al parecer, la desaparición de su archienemigo, paradójicamente, desubicó a la hiper-potencia vencedora, que quedaba solitaria enseñoreando en un mundo sin archienemigos.  En este contexto mundial, lo que se dio, mas bien, es la emergencia de otros bloques en pugna por la hegemonía y el control de los mercados; el bloque de la Unión Europea, el bloque de los BRICS, de las potencias emergentes, encabezado por el complejo industrial-tecnológico-militar de la China Popular.  

 

En este contexto mundial del presente, no hay sitio para un bloque de países no alineados, porque no están los bloques de referencia enfrentados durante el siglo XX. La geopolítica es otra. En todo caso, cabría el diseño de países alineados contra todos los bloques capitalistas. Pero esto no se dio.  Se entiende que el “gobierno progresista” apostó al montaje de un escenario anacrónico, para enfrentar los problemas de legitimidad que ya eran evidentes y manifiestos.  

 

Recientemente el “gobierno progresista” ha convocado a una Reunión de Países Productores de Gas. Lo que parece pertinente ante la baja de los precios de las materias primas, sobre todo, del petróleo y, en consecuencia, del gas. Hacer algo parecido a la OPEP. Sin embargo, hay que tener en cuenta el período de coyunturas reciente en el contexto de la crisis ecológica. No se trata del mismo contexto que cuando se conformó la OPEP. El contexto de la crisis ecológica pone en evidencia el dominio anacrónico de la hiper-burguesía de la energía fósil, hiper-burguesía que se opone a los cambios tecnológicos, al cambio hacia el uso de energías limpias, cuando ya está constado posible hacerlo. El hecho de seguir con el modelo extractivista, sobre todo, apostando a la explotación de la energía fósil, coloca en actitud cómplice a los estados que lo hacen, incluyendo a los “gobiernos progresistas”. Esto los convierte no solamente en conservadores, sustentando el uso de la energía fósil, sino en destructores del planeta, por lo tanto, en enemigos de la vida.  

 

La Reunión de Países Productores de Gas resulta una reunión de estados destructores del planeta. Esta reunión, por cierto, no es anacrónica, sino que responde a los dilemas del presente, de una manera comprometedora. Se trata de una reunión que se coloca del lado de la destrucción del planeta y se sitúan como amenaza de la vida. A esto no se le puede llamar progresismo, mucho menos calificar de revolucionario; es todo lo contrario, reaccionario.  

 

Ante el conflicto médico, el gobierno ha terminado aceptando, a regañadientes, la propuesta de discutir ampliamente sobre la salud en Bolivia. El gobierno convoca a un Congreso sobre la Salud y la vida. Algo que no puede criticarse, sino aplaudirse. Sin embargo, este Congreso sobre la Salud y la Vida no puede resultar como respuesta de emergencia del gobierno ante el conflicto médico. Como la misma ministra de salud dijo, tiene que ir más allá de la coyuntura. ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad históricas-políticas-culturales para que esto ocurra?  

 

Parece que lo primero que hay que hacer es conformar las condiciones adecuadas para dar lugar a una amplia participación de la sociedad civil. Es decir, por primera vez, aplicar la Constitución; dar lugar al ejercicio de la participación popular, a la construcción colectiva de la decisión política, a la construcción colectiva de la ley. En este caso, a la construcción social del conocimiento sobre la salud y las condiciones de vida en el país. No solamente actualizando toda la información, sino construyendo nueva información, conformando nuevos registros, relativos a la experiencia social y a la memoria social. Acopiando y registrando los perfiles, composiciones y singularidades locales. Retomando las experiencias médicas, interpretando la información en los procesos de salud-enfermedad. Todo esto y más, no puede quedar ahí, aunque ya sean desplazamientos hacia mapas de registros completos, minuciosos y detallados, atendiendo a la pluralidad diferencia de los casos. Comprendiendo la textura paisajista ecológica – paisaje en el sentido geográfico -, comprendiendo los tejidos y entramados de las sociedades orgánicas, entre ellas de las sociedades humanas. Se requiere de la hermenéutica compleja, que interpreta desde la sincronización de las dinámicas complejas integradas de los ciclos vitales planetarios.  

 

Como se podrá ver, estas magnas tareas, no pueden abordarse desde las prácticas y conductas políticas acostumbradas, desde la inclinación por los espectáculos y los montajes, desde la astucia criolla, tratando de ganar tiempo y dar el garrote en el momento más desprevenido del otro. Sobre todo, no se puede banalizar la problemática en cuestión y los temas a tratarse, que es otra costumbre de la retórica y política y del pragmatismo oficioso.  

Decadencia y círculo vicioso del poder

Decadencia y círculo vicioso del poder

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

Decadencia y círculo vicioso del poder

 

Decadencia 2

 

 

 

No se encuentra en las ideas el secreto de la política, las ideas legitiman las acciones, aunque éstas no se correspondan con las ideas. No es que el secreto se encuentre en las acciones, o en el tipo de formato que siguen las acciones, sino, por así decirlo, en el consabido lenguaje estructuralista, en las estructuras subyacentes que rigen las acciones, aunque las acciones mismas puedan escapar intermitentemente a las estructuras estructurantes. Sin embargo, las ideas juegan un papel, fuera del relativo a la legitimación o de ungir discursivamente a la política; el papel de las ideas en la política es de hacer de dispositivo expresivo que acompaña a las acciones. Las acciones adquieren una tonalidad evocativa, cobrando la elocuencia de la gramática del lenguaje, habiendo sido parte de la gramática material de las prácticas.

Lo que hemos venido denominando poder, con las distintas connotaciones y las denotaciones que le atribuye la teoría critica y la crítica genealógica, es, como dice Michel Foucault, un ejercicio; es más, se trata de un conglomerado de efectuaciones, por medio de las cuales se ejercen las dominaciones polimorfas. El poder no solo se corresponde con estructuras subyacentes de dominación, cristalizadas en las subjetividades y en las instituciones, sino que se expande como campo de fuerzas, campo que define sus distribuciones, sus cartografías, sus tendencias y sus conformaciones duraderas. Pero, el poder no solo queda definido en el campo o campos de fuerzas que configura, sino que se convierte en sociedad institucionalizada. Este es el nivel de institucionalización del poder, también el nivel de socialización del poder. Es así como el poder adquiere capacidad de reproducción; el poder se reproduce a través de las mallas institucionales, a través de las prácticas reiteradas en la sociedad institucionalizada, reconfigurándose a través del campo de fuerzas que lo sustentan.

El problema del poder es que no puede reproducirse indefinidamente, como ocurre con las reproducciones biológicas, no solo porque requiere de las condiciones de posibilidad institucionales y sociales, además de las composiciones subjetivas logradas, sino porque no funciona, como en biología, a través de los programas genéticos, que tienen su propia autonomía, por así decirlo, y capacidad creativa. El poder funciona comunicativamente; se presenta a la sociedad con el esplendor de la formación discursiva y de la formación ideológica; busca, en principio, convencer y adquirir legitimidad en la opinión pública. Empero, como el convencimiento exige, como en las antiguas reglas de la retórica, la empatía, la formación ideológica no perdura. La opinión pública es exigente, es más, requiere de su propia participación en la construcción del consenso. En consecuencia, al no poder aceptar este ejercicio democrático, el poder se traslada al ámbito de la propaganda, es decir, del montaje, de la simulación, del impacto, para lograr incidir en los comportamientos de la opinión pública, de la población que nace de sociedad. Cuando esto ocurre, se abandona propiamente el ejercicio democrático; es sustituido por el engatusamiento del impacto comunicativo, más tarde, por la economía política del chantaje.

El poder adquiere distintas formas histórico-políticas, conocidas en la experiencia social, descritas por la historia política y las ciencias sociales. El análisis político se ha perdido y dejado atrapar por estas formaciones políticas, olvidando que estas formaciones no son otra cosa que efluvios de las dinámicas inherentes de las máquinas de poder, que responden a estructuras subyacentes. En otras palabras, en la sencillez de los esquematismos, las formaciones políticas liberales y las formaciones políticas socialistas, aunque se distingan en sus discursos, en la ideología, incluso en los estilos de gubernamentalidad, no hacen otra cosa que reproducir las dominaciones polimorfas, que pueden adquirir recomposiciones, dependiendo de las correspondencias que se dan entre las formaciones sociales y las formaciones políticas. Lo mismo pasa con las formaciones populistas, en contraste con las formaciones neoliberales; son distintas versiones histórico-políticas-ideológicas del ejercicio del poder. Lo que hay que atender, para comprender el funcionamiento del poder, es precisamente a lo que hemos nombrado estructuras subyacentes, los campos de fuerzas, las mallas institucionales que hacen a la sociedad institucionalizada, los esquemas de comportamiento social y los esquemas prácticos.

Al parecer se han agotado los recursos de la reproducción del poder, primero, sus actos de convencimiento, después, su acción de comunicación propagandística, para concluir con el agotamiento de sus formas de convocatoria institucionales, las cuales se deformaron en formas clientelares, retornando a los perfiles descarnados del ejercicio del poder, la recurrencia a la violencia desnuda. Incluso se habría agotado este recurso intermitente de la violencia descarnada. Entonces, al parecer, el poder se encuentra en plena crisis estructural, ya no puede reproducirse, salvo virtualmente.

La historia de las formaciones políticas parece reiterativa; hay regularidades recurrentes sorprendentes, no atendidas por las ciencias sociales. Una de estas, mencionada varias veces por nosotros, es que el decurso romántico de la política en la modernidad, que tiene como epicentro a la revolución, repite una fatalidad, por así decirlo; las revoluciones cambian el mundo, pero, se hunden en sus contradicciones. Las revoluciones, después de los primeros cambios, restauran lo que derribaron, claro que en otras condiciones y situaciones[1]. Los revolucionarios están demás una vez que se toma el poder; se requiere de funcionarios. Por el otro lado, las formas liberales, que también tienen una revolución como antecedente, que intentan prolongar como república la institucionalidad de la democracia formal, logra conformar un Estado de Derecho, incluso una malla institucional estable, empero, en la medida que el ejercicio democrático exige consensos sociales y participación, la institucionalidad se va convirtiendo en un referente, que no se cumple plenamente, y el Estado de Derecho queda petrificado como ideal jurídico-político, sin poder realizarse, como corresponde. Los Estado liberales ingresan también a las contingencias de la crisis; sus mallas institucionales son atravesadas por las formas paralelas del poder, las instituciones se corroen y se termina haciendo política de una manera también demagógica.

En consecuencia, no parece adecuado tomar en serio las delimitaciones ideológicas, como si las formaciones políticas fuesen irreconciliablemente antagónicas, mas bien, desde la perspectiva compleja, se las puede considerar complementarias, en un largo plazo, inclusive mediano, dependiendo de las circunstancias. Se trata entonces de formaciones políticas complementarias en lo que respecta a la reproducción del poder. Por lo tanto, los referentes del análisis político no parecen adecuados; por ejemplo, en los más conocidos y usados trilladamente, como el relativo al esquematismo dualista de “izquierda” y “derecha”. Como dijimos antes, el liberalismo hace hincapié ideológicamente en el ideal de la libertad, en tanto que el socialismo lo hace en el ideal de justicia; empero, no hay que olvidar que el acto inicial ideológico y político, más bien, expresaba ambos ideales de manera conjunta e integrada; esto se dice en el conocido slogan de la revolución francesa de libertad, igualdad, fraternidad, también de solidaridad. Se puede interpretar que lo que pasa después corresponde a una escisión arbitraria de tales ideales. En otras palabras, tanto el socialismo como el liberalismo tienen la misma raigambre en el nacimiento de la política en la modernidad. En una arqueología de la ideología podemos encontrar que la oposición y hasta el antagonismo político entre socialismo y liberalismo se debe a la diferenciación entre los ideales de libertad y justicia, como si fueran disociables. Desde este punto de vista, la formación discursiva liberal y la formación discursiva socialista se conforman sobre la base de la desintegración de la utopía política moderna inicial. Asombrosamente ocurre como lo que ocurre con las religiones monoteístas, que tienen como nacimiento enunciativo y simbólico la abstracción de lo Uno o la Unidad arcaica, que proviene de la filosofía antigua, aunque también de la narrativa religiosa zoroástrica. La religión de jehová, la religión judía, se escinde en la religión cristiana y más tarde en la religión musulmana. Aunque ciertamente, la escritura sagrada va a transformarse y llegar a plasmarse de manera distinta, estableciendo diferentes convocatorias religiosas, pasando de la convocatoria al pueblo escogido por Dios a la convocatoria a todos los pueblos del mundo, universalizando la salvación y el privilegio de ser hijos de Dios. Lo que se repite entonces, tanto en la historia de la religión como en la historia de la política, es la diferenciación de los desplazamientos narrativos y simbólicos, también imaginarios, respecto de su substrato religioso cultural, en un caso, político cultural, en el otro caso. Visto el asunto de esta manera, podemos también conjeturar que el substrato de la ideología se encuentra en el imaginario religioso, por lo tanto, el substrato de la política se encuentra en la religión.

Habría que tener una mirada circular y no lineal para acercarnos a la comprensión de lo que decimos o, si se quiere, mejor una mirada en espiral. Las formaciones políticas son recurrentes, se enrollan sobre sí mismas, como repitiéndose, aunque en cada argolla aparezcan distintas. Es más, reproducen los ejes vernáculares del poder envolviéndolos con las formas nuevas que adquieren los ejercicios del poder en la modernidad. La forma descarnada del poder como despliegue desnudo de la violencia reaparece en los momentos de crisis de la institucionalidad del poder o del poder institucionalizado. Desde esta perspectiva no es sorprendente que en la etapa tardía de la modernidad los Estados recurran de manera acuciosa, en momentos de emergencia, a la violencia descarnada, a la represión desnuda, incluso, de manera secreta, a la proliferación de la tortura. En esto comparten las distintas formaciones políticas, tanto liberales, socialistas, neoliberales, progresistas. No se distinguen en el recurso de la violencia desnuda en momentos de emergencia y de crisis.

En la perspectiva histórica, que no deja de ser lineal, aparecen secuencias que muestran una sustitución de distintas formas de gobierno, que, a la larga, la narrativa de la historia las presenta de una manera “evolutiva” o progresiva. Sin embargo, recientemente, en la historia reciente, no parece corroborarse la hipótesis evolutiva, pues asistimos a la decadencia política, en todas sus formas de gubernamentalidad desplegadas. La historia política narra las contingencias y los conflictos políticos como oposiciones y antagonismos ideológicos; la versión marxista, como lucha de clases. Sin embargo, cuando los enemigos comienzan a parecerse en sus acciones, incluso en sus comportamientos respecto del poder, se hacen notorias sus aproximaciones, relativizándose sus diferencias. Uno de los temas presentes compartidos es el relativo a la perdurabilidad. Las estrategias de poder apuntan a prolongar la perdurabilidad de la forma de gobierno. Para lograr este objetivo recurren a los más antiguos métodos del chantaje, de la coerción, del engaño, de la simulación. Su propia ideología es desvalorizada o convertida en mero recurso retórico; ya no interesa que se cumpla el ideal, sino que lo primordial se vuelve el permanecer en el poder o preservar la forma de dominación estatal. Es cuando el Estado se propone controlar a la sociedad por medio de la saturación comunicativa; ya no es la ideología, que era el instrumento de convocatoria y convencimiento político, el mecanismo primordial de la movilización, de la convocatoria y de la legitimización, sino son los medios de comunicación, informáticos y cibernéticos, los mecanismos fundamentales del espectáculo político.

Se puede decir que asistimos a la generalización de la decadencia en todos los campos de los espesores sociales. Particularmente, ahora, en este ensayo, queremos hacer hincapié en la decadencia política. La competencia política en la actualidad se caracteriza por el despliegue espectacular de los montajes mediáticos; el debate ideológico prácticamente ha desaparecido. Lo que importa ya no es convencer, ya no exactamente convocar, sino hacer creer, impactar, inhibiendo la capacidad de respuesta de la gente, sobre todo inhibiendo su facultad de raciocinio. Los gobiernos no se llegan a distinguir por los programas diferenciados, pues no hay tal diferencia, pues en el fondo responden a la continuidad variada del modo de producción capitalista y de la geopolítica del sistema-mundo moderno. En todo caso se diferencian por las siglas que componen al gobierno de turno. Más parece una competencia de grupos de poder, de clanes, que de proyectos de poder.

La decadencia política se hace patente en la recurrente repetición de lo mismo, de las mismas prácticas, aunque vengan acompañadas por distintos discursos y diferentes personajes. La imaginación política brilla por su ausencia.  Es más, recientemente, han aparecido y proliferado personajes inclinados a la apoteosis de la extravagancia exaltada de la provocación verbal. El teatro político se ha convertido en comedia banal, pero que usa grandes escenarios y difunde su trivialidad mundialmente a través de los medios de comunicación masivos. Estos personajes pueden emitir un discurso conservador o, en contraste, un discurso progresista; lo que menos importa es esto, lo que destaca es el estilo grandilocuente y la encarnación carismática de la política. Cuando los partidos políticos, cuando las ideologías, ya nada tienen que decir, pues están vacíos, el sistema político recurre a estrafalarios personajes, por lo menos para llamar la atención o para sacar de quicio al adormecido trámite político. El sistema político se ha topado con sus propios límites, entonces retrocede hasta la comedia e incorpora comediantes para mantener en vilo a los votantes.

El círculo vicioso del poder es la figura que expresa ilustrativamente esta reproducción recurrente de las dominaciones, que se realizan a través de las distintas formaciones políticas, adquiriendo, cada una de éstas, un perfil diferente del mismo substrato histórico-social-político-cultural. La configuración del círculo vicioso dibuja el fenómeno de la reiteración y el dilatado desgaste del ejercicio poder; también otorga imagen a la rotación de formas de gubernamentalidad que, a pesar de sus contrastes, repiten las regularidades de las dominaciones. Sobre todo, reproducen la economía política del poder, que separa poder de potencia, valorizando la expropiación abstracta de las fuerzas por parte del poder, respecto de la dinámica concreta de las fuerzas sociales, inventivas y creativas, valorizando lo abstracto, desvalorizando lo concreto, como en toda economía política. Reproduce la economía política del Estado, que separa Estado de sociedad, valorizando la síntesis política abstracta de la pluralidad social, desvalorizando las dinámicas moleculares sociales. Que reproduce la economía política de la representación, separando representación del referente concreto de lo representado, valorizando la delegación y representación, desvalorizando la praxis democrática. El círculo vicioso del poder funciona a través de estas economías políticas, que enajenan las formas de la potencia social, capturando parte de sus fuerzas, para reutilizarlas institucionalmente contra la potencia creativa de la vida.

Enfocando cartografías nacionales, se encuentran recorridos singulares de los círculos viciosos del poder particulares. En Bolivia el círculo vicioso del poder arranca con las oleadas de conquistas y las oleadas de colonización en los territorios del Collasuyo, parte constitutiva del Tawantinsuyo. El substrato del círculo vicioso de poder es colonial, como en el resto del continente.  El poder que se instaura es colonial, es decir, que se basa en el derecho de conquista, derivado de la guerra de conquista; por lo tanto, en la diferenciación de conquistadores y conquistados; en los términos del lenguaje institucional del virreinato, en la diferenciación entre españoles e indios. El poder colonial adquiere institucionalidad en las administraciones que se implantan; la legalidad del poder colonial se basa en la delegación soberana del rey al virrey y, después, en la delegación de éste a sus subalternos. En un momento de crisis, sobre todo por la desbordante disminución de la población nativa, por presión de parte de la iglesia, se promulgan los “derechos de los indígenas”, considerados vasallos de la corona. Estos derechos se hallan inmersos en las Leyes de Indias o Derecho Indiano. Se trata de un derecho esencialmente evangelizador, un derecho asistemático, un derecho casuístico, un derecho en que tiende a predominar el derecho público por sobre el derecho privado, una tendencia asimiladora y uniformista, un derecho que tendía a la protección del aborigen, un derecho fundamentado en el Principio de Personalidad del Derecho, un derecho íntimamente ligado a la moral cristiana y al Derecho natural.  Sin embargo, a pesar de las Leyes de Indias, lo que preponderó fue la facticidad de las prácticas de los conquistadores, de la burocracia colonial, de los propietarios de minas y de haciendas. En pocas palabras, el derecho indiano no se cumplió a cabalidad, distorsionado por el ejercicio efectivo de las dominaciones concretas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nacimiento político con carencias estructurales

El nacimiento de la república patentiza las carencias estructurales de su conformación. Se derrumba, más temprano que tarde, el proyecto, primero de Tupac Amaru, después de Simón Bolívar; en un caso, de la gran patria que se extiende desde el Pacífico hasta el Paititi, pasando por la región andina; en otro caso, el proyecto de la Gran Colombia. Conspiran contra este proyecto de lo que se conoce como la Patria Grande las oligarquías regionales, las cuales se circunscriben a los límites de sus haciendas y sus minas, renunciando, de entrada, a las condiciones de posibilidad históricas de la organización, estructuración e institucionalidad política de largo aliento. Estas limitaciones y mezquindades de casta van a repercutir en las historias singulares de los Estado-nación conformados, calificadas como “republiquetas”.  Los primeros periodos de la república van a manifestar los dramas políticos de una gran inestabilidad.

Después de la guerra de la independencia, el derecho colonial fue sustituido por el derecho liberal, que fue armándose de a poco, a partir de la promulgación de la Constitución. Sin embargo, el régimen liberal se conformó de manera restringida, manteniéndose fuera los derechos de las naciones y pueblos indígenas. En pocas palabras, en un principio, más o menos prolongado, los pueblos indígenas se mantuvieron fuera de la república, como si no existieran. El régimen liberal solo se conformó en las poblaciones criollas y mestizas. En comparación, las Leyes de Indias fueron más inclusivas que las leyes liberales criollas. Pero, compartieron la diferenciación colonial inicial, entre “blancos” y “mestizos”, por un lado, e “indios”, por otro lado. Lo que muestra la evidente herencia colonial del liberalismo criollo. Este liberalismo, sin sostén institucional, deriva rápidamente en la crisis temprana de la república.

Como contrastando la propia declaración de la independencia, la república flamante se sume en una crisis política crónica; el motín se convierte en la expresión facciosa de la crisis. Los primeros cincuenta años de la República se caracterizaron por la inestabilidad política, por constantes amenazas externas, que ponían en riesgo su independencia, soberanía e integridad territorial. Simón Bolívar abandona la presidencia en 1826, cumpliendo como tal un lapso corto en ejercicio. Nombra al Mariscal Antonio José de Sucre presidente de la República. El Estado-nación de Bolivia estuvo sometida a amenazas desde un principio; en 1825, el Imperio del Brasil invadió el oriente del país, ocupando la provincia de Chiquitos. En respuesta, el Mariscal Sucre envió una carta al Emperador del Brasil pidiendo que dejen la ocupación; el ejército invasor vuelve a su país. Antonio José de Sucre gobernó hasta 1828, año aciago, cuando una secuencia de revueltas y conspiraciones le hicieron renunciar al mando presidencial. Como condena, perfilando el destino del Estado-nación de Bolivia, declarada “hija del libertador”, las invasiones continuaron su decurso anexionista; se produce la invasión de tropas peruanas de 1828, lideradas por Agustín Gamarra, cuyo objetivo principal era forzar la salida de las tropas de la Gran Colombia. El conflicto bélico terminó con el Tratado de Piquiza; dándose lugar a la retirada peruana de territorio boliviano, empujando a la renuncia del presidente Sucre; buscando la instauración de un gobierno opaco, alejado de la irradiación del libertador.

Ante este panorama turbulento, amenazante, dibujado por facciones en pugna, se busca una solución, salir de la dramática crisis inicial de la república; en 1829 fue nombrado presidente el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana por la Asamblea Nacional. Andrés de Santa Cruz se destaca por lograr una relativa estabilidad política, además de demostrar su destreza como estadista, convirtiéndose en un constructor de aquella institucionalidad en ciernes. En la historiografía, se lo califica como forjador, también como artífice de la inicial organización del Estado-nación; entre sus gestiones se puede señalar la reforma y reorganización del ejército, incorporando una concepción militar napoleónica. El país vecino, el Perú, también sufre las contingencias y avatares del nacimiento vulnerable de la república; el presidente Luis José de Orbegoso y Moncada Galindo solicita ayuda al Mariscal Santa Cruz, buscando restablecer el orden en su país. El ejército boliviano ingresa a territorio peruano, derrota a las tropas del sublevado Felipe Salaverry. En estas condiciones histórico-políticas críticas se conforma la Confederación Perú-boliviana, que inicia su breve vida en 1837, nombrando al Mariscal Santa Cruz como su Protector. La Confederación Perú-boliviana se constituyó con los estados Nor peruano, Sur peruano y Bolivia. Como se sabe, la Confederación Perú-boliviana no logra consolidarse, pues tiene que enfrentar el desacuerdo de otros Estado-nación en concurrencia. El Estado de Chile y la Confederación Argentina, además de peruanos contrarios a la Confederación Perú-boliviana, se levantan en contra. Entre 1837 y 1839, se da lugar la guerra contra la Confederación Perú-boliviana. A pesar de que se comienza con victorias del ejército confederado peruano y boliviano, frente a la invasión argentina y chilena, ocasionando la retirada de estas fuerzas, ratificando su derrota con la firma del Tratado de Paucarpata, las consecuencias de la victoria no duran mucho. La guerra vuelve a darse, el Ejército Unido Restaurador, compuesto por chilenos y peruanos contrarios a la Confederación Perú-boliviana, reinicia la conflagración; en la Batalla de Yungay el ejército confederado es derrotado, con lo que se deriva en la disolución de la Confederación Perú-boliviana, disolución acaecida en 1839, conllevando, además, el derrocamiento del Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana.

Haciendo el recuento de esta guerra contra la Confederación Perú-boliviana, las tropas del gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas también intervinieron contra la Confederación; la consideraba refugio de sus enemigos políticos, los unitarios, así como de los caudillos de la guerra gaucha contra la oligarquía del puerto de Buenos Aires. El general boliviano, de origen alemán, Otto Philipp Braun concentró tropas en Tupiza; a fines de agosto de 1837 ingresó en la Provincia de Jujuy. El ejército confederado logra varias victorias, llegando a ocupar sectores fronterizos de las provincias de Jujuy y Salta; mediante contraataques argentinos, estos invaden territorio de la Confederación. El ejército argentino fue derrotado en la Batalla de Montenegro. El 22 de agosto de 1838, las tropas argentinas se retiran, después de los eventos dados en Yungay; con esta victoria se pone fin a la guerra[2].

Con la desaparición de la Confederación Perú-boliviana, el Estado-nación de Bolivia ingresa al derrotero de una continua crisis política, particularmente expuesta a enfrentamientos políticos entre partidarios y contrarios de la unión con el Perú. El presidente peruano Agustín Gamarra, partidario de la anexión de Bolivia al Perú, promueve la invasión de territorio boliviano, llegando a ocupar varias zonas del Departamento de La Paz. Ante esta emergencia, se convoca a la unidad para enfrentar la guerra; se otorgan los poderes del Estado a José Ballivián y Segurola. El 18 de noviembre de 1841 se dio lugar la Batalla de Ingavi, en la pampa altiplánica, en las proximidades de la población de Viacha, el ejército boliviano derrota a las tropas peruanas de Gamarra, que muere en plena batalla. Una vez terminada la batalla de Ingavi, tropas de la Segunda División boliviana, al mando del general José Ballivián, ocupan el Perú, desde Monquegua hasta Tarapacá. Estallan diversos frentes de lucha en el sur peruano. En ese contexto, el Ejército boliviano, no concontaba con tropas suficientes para mantener la ocupación. En la batalla de Tarapacá, montoneros peruanos formados por el mayor Juan Buendía, derrotaron el 7 de enero de 1842 al destacamento dirigido por el coronel José María García, que muere en el enfrentamiento. Las tropas bolivianas desocupan Tacna, Arica y Tarapacá en febrero de 1842, replegándose hacia Monquegua y Puno. Los combates de Motoni y Orurillo expulsan a las tropas bolivianas, que inician posteriormente la retirada, dejando la amenaza de una invasión. Como consecuencia de estos eventos se firma el Tratado de Puno[3].

Luego de la disolución de la Confederación, el general José Ballivián reunió a todos los contingentes rebeldes, logrando hacerse proclamar presidente de la República. En 1841 había tres Gobiernos; uno legítimo, en la ciudad Sucre, presidido por José Mariano Serrado, que suplía al Mayor General José Miguel de Velasco (1839-1840), oriundo de Santa Cruz de la Sierra, quién estuvo varios años exiliado en Argentina. Los otros dos gobiernos resultaban ilegitimos, el de la Regeneración en Cochabamba, y el del general José Ballivián en La Paz. Ante el peligro de la invasión de Agustín Gamarra, el pueblo boliviano se unifica, reuniéndose alrededor del general José Ballivián; los bolivianos se alistaron en el ejército, situándose la tropa en las llanuras de la altiplanicie de Ingavi. Antes de la batalla, en comparación, era más numerosa la tropa peruana, empero, la inferioridad numérica de la infantería boliviana fue compensada por un nuevo tipo de fusil, adquirido recientemente de Europa, conocido popularmente como «hannoveriano«; este fusil poseía un proyectil ajustadamente calibrado, pudiendo disparar al mismo tiempo pequeñas balas esféricas. Las tropas de José Ballivián se encontraban en el frente, en condiciones de inferioridad numérica, además de adolecer de poca experiencia militar, enfrentándose a las tropas veteranas de guerra al mando de Agustín Gamarra; en ese momento ingresó un ejército numeroso, comandadas por el veterano de guerra Mayor General José Miguel de Velasco, quién, sin embargo, había concurrido a La Paz para efectuar un golpe de Estado, buscando retomar de esta manera la presidencia. En las circunstancias del eminente conflicto bélico, depuso sus pretensiones políticas, en cambio, condujo a los veteranos de guerra al campo de batalla; con lo que el ejército boliviano se vio fortalecido[4]. El 18 de noviembre de 1841, en los campos de Ingavi, cerca de la población de Viacha, en el Departamento de La Paz, se inició la batalla en un día totalmente nublado, en un paisaje colorido por un arco iris, en un campo completamente lleno de lodo, abrumado por charcos de barro. Cuando estalló la batalla fracasó el envolvimiento efectuado por las tropas peruanas, el general José Ballivián lanzó su ataque, haciendo sentir los efectos de los nuevos fusiles. En la refriega muere Agustín Gamarra; la noticia se esparce, cunde la confusión, el desconcierto y la desmoralización en las tropas peruanas; la batalla concluye con la victoria boliviana[5].

En el decurso de la sinuosa historia política boliviana de aquél entonces, José Miguel de Velasco Franco asumió por cuarta vez el gobierno; le sucedieron una secuencia de gobiernos militares. El más connotado es el gobierno populista de Manuel Isidoro Belzu, que gobierna entre 1848 y 1855. En septiembre de 1857 una revolución otorga el mando presidencial a un civil, José María Linares Lizarazu; en cuyo gobierno se redujo el poder del ejército para que no urdiesen nuevas revueltas. Linares introdujo reformas en la organización judicial y administrativa del Estado; por ejemplo, gracias a gestiones gubernamentales se publicó el primer mapa de Bolivia el año 1859, diseñado por Lucio Camacho, con base en datos aportados por los generales Mariano Mejia y Juan Ondarza. En 1861 fue derrocado Linares por un golpe de Estado; le sucedió José María Achá, uno de los miembros del triunvirato que encabezó el golpe de cabeza. Este presidente dictó la Ley de Imprenta, implantó el servicio de correos con el uso de estampillas; en el ámbito administrativo de la geografía política fundó la población de Rurrenabaque. En el año 1864 un nuevo golpe militar interrumpió el inestable campo político; tomó el poder el controvertido e impulsivo Mariano Melgarejo. Su gobierno, si es que se puede decir que lo hubo, ocasionó grandes pérdidas territoriales para el Bolivia. Disposiciones arbitrarias e irrazonables derivaron en inconvenientes acuerdos con el Estado de Brasil y Estado de Chile, perdiendo Bolivia grandes extensiones de territoriales[6].

Como se puede ver, en esta brevísima descripción de un acontecer político a la deriva, asistimos a la dramática historia política, que nace prematura, con una república expuesta y vulnerable, que no logra asentarse ni erigirse como tal. Faltan las condiciones de posibilidad histórico-políticas para su edificación. En estas circunstancias estamos ante ejercicios de poder contingentes e improvisados; en el mejor de los casos, apropiados y estratégicos, pero que son interrumpidos por la sedición de caudillos locales y “bárbaros”. Se puede decir que lo que se patentiza es un vacío político, que trata de ser llenado por incursiones punitivas de motines y facciones. Si bien este vacío político se prolonga hasta la Guerra Federal (1899), pareciendo resolverse con el régimen liberal que se implanta, mediante elecciones circunscritas, lo que se trasluce después, en toda la periodización liberal, hasta la revolución nacional de 1952, es que el vacío político subsiste, de manera latente, manifestándose en las turbulencias de las crisis políticas intermitentes del régimen liberal.

Desde esta descripción sucinta de la eventualidad política en una formación social-política singular podemos sugerir un modelo esquemático de lo que podemos llamar la carencia política, entendiendo carencia en el sentido de ausencia de legitimidad, aunque también falta de institucionalidad estructurada y materializada. Como acabamos de decir la carencia política se patentiza por la ausencia de legitimidad, así como por la falta de institucionalidad estructurada y por la inhibición de su realización material. La ausencia de legitimidad se evidencia en la disminuida convocatoria, también en la escasez absoluta de consensos. En otras palabras, en la oquedad ideológica; no hay ningún esfuerzo por el convencimiento masivo, salvo los prejuicios de casta, que cohesionan a los grupos y clanes en disputa de la oligarquía regional. La falta de institucionalidad se manifiesta en la desmesura de la pretensión jurídica, la Constitución, respecto a la escaza edificación institucional, la que, mas bien, brilla por su ausencia o es endémica. En estas condiciones de imposibilidad histórica-políticas la crisis inicial del Estado-nación en gestación se manifiesta en la constante turbulencia política en la cúspide de la pirámide social, en los estratos de la oligarquía regional, conformada por perfiles particulares de las oligarquías locales.

Como dijimos, esta carencia política se va a mantener a lo largo de los distintos periodos y de las diferentes fases y épocas de las formaciones políticas nacionales, incluso cuando se logra construir legitimidad e ideología de cohesión, acompañada de la materialización institucional, como ocurre a partir de la revolución nacional de 1952. En este caso, la carencia política se sumerge y se eclipsa, manteniéndose de forma latente, por lo menos durante los doce años de la revolución. Después, desde el golpe militar de 1964, la carencia política vuelve a emerger durante el periodo de las dictaduras militares, a pesar de algunos vaivenes en busca de legitimidad, como cuando se dan los gobiernos del general Alfredo Ovando Candia y del general Juan José Torrez Gonzáles. Durante el periodo democrático, que dura hasta ahora (1982-2019), la carencia política concurre y convive con la acumulación política, que adquiere legitimidad, mediante el voto, a pesar de las contingencias propias de disputa política-ideológica-económica. Durante el llamado lapso de los gobiernos neoliberales (1984-2005), de la coalición neoliberal, esta predisposición política se circunscribe a una provisional legitimidad, a un fraccionado consenso, además de a una institucionalidad en construcción. Durante el periodo de las gestiones de gobierno neopopulista (2006-2019) la legitimidad alcanza niveles de aceptación, comparables a la revolución nacional de 1952, incluso se puede decir que la legitimidad es mayor, por lo menos en la primera gestión del gobierno de Evo Morales Ayma (2006-2009). Empero, el problema sigue radicando en la vulnerable materialidad institucional.  En otras palabras, la carencia política vuelve a sumergirse en una primera etapa del periodo neopopulista, para volver a emerger lentamente en las subsiguientes gestiones de gobierno. Se puede decir que la crisis política del neopopulismo, manifestada en las últimas gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma, muestra la reemergencia nuevamente de la carencia política.

 

 

 

 

 

 

Abundancia política

Ahora vamos a esquematizar un modelo opuesto, por así decirlo, al de la carencia política; llamaremos a este modelo el de la abundancia política. A diferencia del anterior modelo, el de la carencia política, el modelo de la abundancia política se caracteriza por una alta legitimidad, por lo menos en los comienzos de sus periodizaciones y temporalidades propias. Como referente concreto tomaremos el de la revolución socialista, efectivamente dada en el antiguo imperio zarista. Como en el caso, anterior, cuyo referente es el del improvisado nacimiento de la República de Bolivia, en contra del proyecto de Bolívar de la Patria grande, y los turbulentos periodos que le siguieron, de escaza legitimidad, de estrechísimo consenso de casta, de carente institucionalidad, podemos encontrar otros referentes concretos. En el caso del modelo de la carencia política, tomamos como referente la dramática historia de Bolivia; lo hicimos por la proximidad de la experiencia propia. En el caso del modelo de la abundancia política, tomamos como referente concreto a la Revolución Rusa, lo hacemos pues se convirtió en el ejemplo de las revoluciones socialistas que le siguieron, que se efectuaron a nombre del proletariado.

La crisis múltiple del imperio zarista, estancado en los frentes de la primera guerra mundial, agregando derrotas flagrantes, que derrumbaron al gigantesco ejército que llevó a la guerra, derivó en la desmoralización generalizada, pero también en la interpelación popular al régimen de la aristocracia centenaria. Se puede decir que la revolución socialista rusa se gestó un siglo antes, con el despliegue de las luchas encaradas por el populismo ruso, que arraigaron en una concepción campesinista anticapitalista. La socialdemocracia rusa, imbuida por la concepción marxista de la historia y por la crítica de la economía política, se opuso ideológicamente al populismo ruso. La primera gran asonada proletaria y popular contra el régimen zarista se dio lugar en la revolución de 1905. Aunque esta revolución fue derrotada, dejó una profunda huella en la experiencia y en la memoria social, incidiendo en la configuración de la revolución que se va a dar doce años después. Las tradiciones de lucha del pueblo ruso se distribuyen entre el populismo ruso, cuyas vertientes radicales evolucionan al anarquismo, también al socialismo revolucionario; las formaciones partidarias marxistas, principalmente la socialdemocracia, cuya ala radical va a evolucionar en la conformación del Partido Comunista, cuya matriz fue la tendencia bolchevique de la socialdemocracia, en competencia con la llamada tendencia menchevique. Anarquistas y socialistas revolucionarios también van a estar influenciados por otra lectura marxista, distinta a la de los bolcheviques, así como los mencheviques elaboraron también una interpretación marxista diferente, aunque más cercana a la de los bolcheviques y más distante a la de los anarquistas y socialistas revolucionarios.

No vamos a hacer una descripción exhaustiva, tampoco larga y pormenorizada de la revolución rusa, nos remitimos a los escritos publicados, donde se maneja un poco más detenidamente esta temática y problemática[7].  Lo que nos interesa es señalar el referente de lo que llamamos el modelo de la abundancia política para dibujar su configuración esquemática. Nombramos modelo de la abundancia o la acumulación política, primero, como dijimos, por su entusiasmo revolucionario, entonces por la alta legitimidad popular del que goza la revolución, en un principio. Acudiendo a lo que escribimos en Paradojas de la revolución, podemos volver anotar que la revolución proletaria y campesina, además de soldados, ya se dio en febrero de 1917; lo que ocurrió en octubre del mismo año se parece más a un golpe de Estado contra la Asamblea Constituyente, por parte de los bolcheviques, la tendencia más organizada como partido de profesionales militantes. Esta alta legitimidad mantiene su magnitud en los primeros años de la revolución, incluso en lo que dura la guerra civil contra los “rusos blancos” (1917-1923), respaldados por la intervención de los imperialismos de entonces, europeos, norteamericano y japonés, además de Turquía. Empero, cuando termina la guerra civil con la victoria del Ejército Rojo, los soviets de obreros, soldados y campesinos piden el retorno de la democracia obrera y sindical, es decir, el retorno del poder a los soviets; el Partido Comunista, ya conformado, se niega a hacerlo. En respuesta a la demanda de los soviets el Partido Comunista opta por la represión; el caso más dramático ocurre cuando el Ejército Rojo reprime y masacra a la vanguardia de la revolución, los marineros de Kronstadt (1921). Esta represión y masacre marca un hito y un punto de inflexión en la revolución; ésta comienza su lenta regresión, institucionalizando la revolución en el Estado Socialista, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que de soviéticas no tienen paradójicamente nada, pues el poder no retorna a los soviets. Los soviets, al comienzo de la guerra civil contra los “rusos blancos y la intervención de los imperialismos, deciden delegar y concentrar el poder en el comité central del Partido Comunista, congregando el mando, con el objeto de unificar la dirección y efectivizar las decisiones militares, organizando la logística y la movilización de la guerra. Esta delegación era provisional, hasta que culmine la guerra civil; sin embargo, después de la victoria del ejército rojo no se devuelve el poder a los soviets.  

Un segundo momento de regresión de la revolución acontece con la represión y masacre de los kulaks, los campesinos ricos, aunque también del resto de los estratos campesinos. Se renuncia a la Nueva Política Económica (NEP), de transición y convivencia con los campesinos, implantándose la colectivización forzada en el campo. La nombrada revolución obrera y campesina, simbolizada en el logo de la hoz y el martillo, deja de ser campesina, también, antes, obrera, para convertirse en una revolución burocrática. El tercer hito y punto de regresión lo marcan los apócrifos juicios de la década de los treinta, llevando al banquillo de los acusados a los propios miembros y jerarcas “sospechosos” del Partido Comunista. Con antelada anticipación, el “hombre de acero”, Josef Stalin, acaba con todo el comité central del Partido Comunista histórico, quedando sin competencia; el último que quedaba, Lev Davídovich Bronstein, conocido con el seudónimo de León Trotsky, será asesinado en México en 1940.  En lo que sigue se asiste a dilatada regresión, cayendo en la decadencia misma de la revolución, hasta el derrumbe de la URSS en 1991. En el transcurso se suceden represiones de la nomenclatura a levantamientos y movilizaciones obreras, que resisten a la burocracia del régimen del socialismo real, buscando recuperar el sentido utópico de la revolución socialista. Esto suceden en la República Democrática Alemana (1953) y en la República Popular de Hungría (1956), durante la década de los cincuenta; en 1977 se repitió el drama en la República Socialista de Checoslovaquia.

Desde la perspectiva del esquemático modelo de la abundancia política, podemos anotar que la acumulación política de la revolución socialista es mermada por la casta burocrática del Partido Comunista, que se apropia institucionalmente de la revolución, convirtiéndola en un Estado absoluto en tiempos del capitalismo tardío. Nosotros, incluso, anotamos, que se trata de una forma de gubernamentalidad barroca que más se parece a un raro perfil de monarquía socialista[8].

El modelo de la abundancia política implosiona, se hunde su propia estructura, se derrumba la institucionalidad construida, sobre la base de la mitificación y estatalización de la revolución. El Estado adquiere dimensiones monstruosamente hipertrofiadas; ocurre como si el Estado se tragara a la sociedad misma, su substrato de constitución, inhibiéndola a tal punto, que el Estado ya no encuentra fuerzas sociales para reproducirse, pues están capturadas y congeladas. La legitimidad espontanea, de un principio, se reduce a la compulsiva propaganda ideológica, difundida por un Estado donde la imaginación brilla por su ausencia. Propaganda acompañada por una sistemática represión y control de la sociedad, cada vez más extensa. Si bien, en el transcurso, se dan como aperturas, dentro de la misma nomenclatura, salió a la luz lo que llamaron un día, en la difusión de la revista Socialismo o Barbarie, Cornelius Castoriadis y Claude Lefort, pugna entre clanes del partido, estas aperturas no detienen la dilatada caída del socialismo real.

El modelo de la abundancia política hace hincapié en la desmesura del plano de intensidad política en el espesor social, subsumiendo al resto de los planos de intensidad que hacen al espesor social. Recordemos la tesis de Louis Althusser que interpreta el materialismo histórico desde la lectura de la predominancia de uno de los planos de intensidad; se habría pasado de la predominancia del plano de intensidad religioso, en el medioevo, a la hegemonía del plano de intensidad económica, en la modernidad capitalista, y de aquí se iría a la preminencia del plano de intensidad político, en la modernidad socialista. Sin discutir, ya lo hicimos antes, esta tesis de Althusser, anotando la misma para ilustrar sobre el modelo que proponemos de la abundancia política, lo que nos interesa es señalar que la crisis del poder, crisis estructural, orgánica y genealógica, emerge tanto en la condición de la carencia política, así como en la condición de la abundancia política.    

Desde las perspectivas del modelo de la carencia política o de la acumulación política no se alcanza el equilibrio político, demandado por las fuerzas concurrentes de la política. Se experimenta la debacle institucional del ejercicio de la democracia. Tanto el modelo de la carencia política como el modelo de la abundancia política evidencian la crisis política del Estado-nación. La crisis política emerge tanto de la carencia o la abundancia política; la crisis tiene que ver con las pretensiones del plano de intensidad política. No es la política lo que ciega los ojos, sino el arte, la amistad o la esgrima, el amor, como recita el poema de Federico García Lorca, en Oda a Salvador Dalí. Desde esta perspectiva o lectura poética, la política es la entrega al derroche afectivo sin retorno, al derroche del al acto heroico. Sin embargo, tanto por la carencia o la abundancia políticas la efectuación política no se realiza sino a través de la perpetración de la crisis.  La crisis de legitimación por carencia o por abundancia, que deriva en la ausencia o la saturación de la convocatoria. En cambio, desde la perspectiva romántica, lo que importa es la irradiación de la interpelación estética de la rebelión social.

Ni la carencia ni la abundancia política pueden resolver la crisis congénita y estructural del poder, que adquiere la forma del círculo vicioso del poder, de la crisis múltiple del Estado. Ambos modelos son modelos de la crisis política. Tampoco se puede resolver esta crisis genealógica, como se ha visto en la historia política de la modernidad, en lo que podemos llamar el modelo del equilibrio político aparente del paradigma político liberal. El modelo del equilibrio aparente liberal recurre al la sumatoria del voto en el campo cuantitativo de la concurrencia masiva. Esto no es más que tratar exasperadamente recuperar en la distribución de los votos la legitimidad perdida. Lo que es evidente imposible, pues la legitimidad es cualitativa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El modelo del equilibrio aparente, el de legitimidad cuantitativa

En lo que respecta a la exposición de lo que llamaremos el modelo del equilibrio político aparente, no vamos a usar un  referente singular, como en los otros casos, el modelo de la carencia política y el modelo de la abundancia política, sino vamos a considerar la experiencia social de los pueblos, que han vivido en sus propios cuerpos, conformando memorias sociales políticas, durante la historia política de la modernidad, la manifestación proliferante del paradigma liberal, que se implantó en los países en sus formas singulares. Si bien no podemos hablar exactamente como modelo, como en los anteriores casos, sino en tanto y en cuanto nos permite dibujar un perfil ilustrativo y ciertos rasgos característicos del paradigma liberal, podemos referirnos al esquema de la legitimación por medio del voto. El liberalismo legitima su régimen político mediante la corroboración del voto, que es un sustituto empírico, sobre todo estadístico, de la verificación de consensos. Se puede entonces hablar de un modelo intermedio, entre el modelo de la carencia política y el modelo de la abundancia política. Se trata del modelo del equilibrio político aparente, que se corrobora mediante el voto. Un modelo cuantitativista, que pretende resolver los problemas cualitativos en términos numéricos. En este caso no hay ni carencia ni abundancia políticas, sino formas proliferantes de la especie de la inercia política. Los problemas de legitimidad se resuelven en términos de las formas numéricas; se trata de verificaciones estadísticas. La legitimidad entonces se evalúa aritméticamente.

Sin embargo, los problemas de legitimidad del capitalismo tardío no se resuelven estadísticamente. Se trata principalmente de una problemática ideológica; como dice Jürgen Habermas, la ideología no convence, no se realiza ni es aceptada como retórica y argumentación del convencimiento[9].  El modelo liberal pretende resolver los problemas fundamentales de la democracia en el sentido de la delegación y representación. Si bien logra verificaciones cuantitativas a través de la elección, no puede lograr el consenso, que solo puede ser el resultado de un debate colectivo y de la participación social. El modelo del equilibrio político aparente solo puede sustituir la necesidad de consensos colectivos por la sumatoria electoral. Esquemáticamente se puede decir que se trata de un modelo intermedio, entre el modelo de la carencia política y el de la abundancia política. Pero, por eso mismo, peca, por así decirlo, de la misma fatalidad que conllevan ambos modelos contrapuestos, la crisis de la legitimidad en el largo plazo. El modelo liberal logra resolver, por un tiempo, el problema de legitimidad, mediante la verificación estadística del voto, aritmética mediante la cual evalúa la magnitud cuantitativa de la inclinación electoral. Sin embargo, esta estadística no puede sustituir a la cualidad de la legitimidad otorgada por el entusiasmo popular.

Este modelo liberal logra diferir la vigencia institucional de lo que se llama el Estado de Derecho, también, la legitimidad aparente del régimen liberal, que se prolonga en sus distintas expresiones políticas. A diferencia del referente de la carencia política y del referente de la abundancia política, el modelo del equilibrio político aparente logra transferir en el imaginario social la imagen de una “legitimidad” cuantificada. Sin embargo, la legitimidad es un acontecimiento subjetivo y político, además de ideológico y cultural, emergidos del entusiasmo popular. Lo que logra el modelo liberal es la simulación mediática del consenso nunca dado; logra presentarse, en las primeras etapas, como corroboración cuantitativa de las fuerzas concurrentes. En el largo plazo, esta corroboración estadística se desgasta, pues devela su vulnerabilidad unidimensional. Se trata de una “legitimidad” cuantitativa y no cualitativa, por lo tanto, una simulación de la legitimación, entonces, debilitada en una representación aritmética. En este caso, el del modelo del equilibrio político aparente, la legitimidad prolongada tampoco es lograda, sino que es simulada institucionalmente[10].

En consecuencia, se trata, en este ensayo de interpretación esquemática, de un tercer modelo relativo a los problemas de legitimación en el capitalismo tardío; un modelo que fracasa porque se malogra el decurso del raciocinio, que se hace imposible ante la desmesura y la incidencia de los medios de comunicación de masa. Un modelo, que paradójicamente se remite a la opinión pública, pero la hace desaparecer, interviniendo en la invención del sentido común enlatado.  En el largo plazo, esta aparente legitimación se pronuncia en las crisis de la forma de gubernamentalidad liberal, que se expresa no solo en la distribución del voto fragmentado, sino sobre todo en los hechos manifiestos de la ingobernabilidad develada; en principio, imperceptiblemente, después, de manera notoria, así como también en la caída de la forma de gubernamentalidad liberal en  la corrosión institucional y la corruptibilidad de las prácticas políticas, de la misma manera como ocurre en las prácticas paralelas de la forma de gubernamentalidad clientelar, aunque lo haga de manera menos extensiva e intensiva.

En otras palabras, el modelo liberal del equilibrio político aparente logra diferir la crisis de legitimidad congénita en la estructura estructurante de la formación política, en la estructura subyacente de las formas de poder, sin embargo, no logra resolverla, pues la legitimidad prolongada requiere de participación social, en pleno sentido de la palabra, lo que no puede aceptar el formato de la democracia representativa y delegativa. En algún momento el diferimiento no puede prolongarse, el modelo liberar del equilibrio político aparente también ingresa enteramente a la crisis, mantenida en los umbrales. La crisis comienza a aparecer con mermadas asistencias a las elecciones, haciéndose patente la indiferencia relativa de gran parte de los ciudadanos. Otros síntomas de la crisis se muestran en la letanía aburrida de las convocatorias rutinarias a la concurrencia política, que parece ser siempre la misma, salvo alguna que otra turbulencia política que se da de vez en cuando.  Sin embargo, la crisis desenvuelta aparece después, mostrando los síntomas de la degradación del modelo del equilibrio político aparente, conllevando el desmoronamiento del sistema de partidos políticos, que puede darse en dos formas, la del bipartidismo rotativo o el de la diseminación fragmentada de partidos; es anecdótico cuando aparecen personajes carismáticos que cambian la rutina por la demagogia o la provocación, otorgándole cierta motivación a la concurrencia política liberal. Sin embargo, cuando ocurre esto no es precisamente el esquema y el procedimiento liberal, ni sus propias reglas, las que entran en juego, sino se introducen prácticas de otras formas de gubernamentalidad y de convocatoria política. Recientemente, en el juego electoral liberal han cobrado vigencia fuerzas políticas que no se las puede calificar de liberales, mas bien todo lo contrario; no hablamos de las fuerzas de izquierda, cuando éstas participan en el modelo del equilibrio político aparente, sino de fuerzas más bien ultraconservadoras, identificadas como de ultraderecha. Es cuando se constata la debacle del modelo del equilibrio político aparente, cuya ideología, institucionalidad, constitucionalidad, es liberal, es decir, que colocan como presupuesto las garantías de las libertades civiles, políticas, de las generaciones de los derechos logrados, que suponen la igualdad jurídica entre los individuos. Valores que desestima precisamente el ultra-conservadurismo, la ultraderecha.

Si bien se puede decir que algo parecido ocurre con los partidos socialistas, incluso los partidos comunistas, que participan en la concurrencia electoral, codificada en el modelo liberal, no es lo mismo, pues, en todo caso, estas participaciones en las prácticas liberales lo hacen a nombre de la justicia, también de la libertad, aunque la entiendan a su manera, suponiendo el presupuesto de la igualdad. Los partidos socialistas se moverían en los límites del paradigma liberal, si es que no fueron ya asimilados por el habitus liberal. Lo que no ocurre con la participación electoral de la ultraderecha. Así mismo, se puede decir también que ocurre algo parecido con las versiones populistas; sin embargo, también, en este caso, se presupone la igualdad y se persigue la justicia y la libertad, por más acotadas ideológicamente que se interpreten estos valores y principios. Lo sugerente en estos casos es que se participa en el modelo liberal, buscando llevarlo más allá de sus propios límites. En cambio, la participación de la ultraderecha lo hace para abolir las libertades, revisar los alcances de la justicia, desvalorizándola, desconociendo de entrada el presupuesto de igualdad. Por eso, reafirmamos que cuando la participación ultraconservadora alcanza niveles significativos de convocatoria electoral, se puede decir que el modelo liberal ha incubado a la serpiente – recordando la película El huevo de la serpiente de Ingmar Bergman – que se comerá al régimen liberal, imponiendo un régimen declaradamente de las desigualdades cualitativas y raciales.   

  

Notas

 

[1] Ver Paradojas de la revolución, también Fetichismo ideológico.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/paradojas_de_la_revoluci__n.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/fetichismo_ideol__gico.

 

[2] Otto Philipp Braun adquiere la nacionalidad boliviana, sirve al gobierno boliviano en varios proyectos. Braun fue prefecto de La Paz, también es nombrado ministro de Guerra y Marina de Bolivia. En 1835 recibe el cargo de comandante en jefe de las provincias del sur, encarggado de proteger el país de una posible invasión peruana. Braun dirige varias batallas contra los enemigos de la Confederación Perú-boliviana. En 1838 obtiene la victoria contra el ejército argentino invasor en la batalla de Montenegro; por lo que es nombrado Mariscal de Montenegro. En el mismo año es nombrado ministro de Guerra y Marina, así como ministro del interior de la Confederación. Ver Otto Philipp Braun; https://es.wikipedia.org/wiki/Otto_Philipp_Braun.

 

[3] Bibliografía: Arguedas, Alcides (1922). Historia General de Bolivia. De Mesa, José; Gisbert, Teresa; Mesa, Carlos (1998 [5ª Ed. 2003]). Historia de Bolivia. La Paz: Gisbert.

Referencias: Teresa Gisbert por encargo del Instituto Nacional de Estadística (2010). «Período Prehispánico Bolivia». Archivado desde el original el 5 de marzo de 2010. Consultado el 6 de abril de 2010. Arqueobolivia.com : Actualidad de la arqueología en Bolivia. [Tras las Huellas de los Chané, El Deber, 1 de junio de 2003 ]. «UNESCO World Heritage Centre – Official Site». Consultado el 2009. [Al Margen de Mis Lecturas, Marcelo Terceros B., septiembre de 1998]. Historia de España en sus documentos: siglo XIX, Volumen 5, pág. 80. Historia. Serie Mayo Series. Historia (Cátedra).: Serie mayor. Autor: Fernando Díaz-Plaja. Editor: Fernando Díaz-Plaja. Compilado por Fernando Díaz-Plaja. Editor: Cátedra, 1983.  Documentos para la historia argentina, Volúmenes 39-41, pág. 182. Autor: Universidad de Buenos Aires. Instituto de Investigaciones Históricas. Publicado en 1965. Valdivieso, Patricio (Junio de 2004). «Relaciones Internacionales. Relaciones Chile-Bolivia-Perú: La Guerra del Pacífico». Archivado desde el original el 28 de noviembre de 2006. Consultado el 31 Ene 2007. El Mercurio (8 de febrero de 2009). «Evo Morales promulga la nueva Constitución y proclama el «socialismo comunitario»». Consultado el 12 de febrero de 2009. (enlace roto disponible enInternet Archive; véase el historial y la última versión). BBC Mundo (7 de febrero de 2009). «Bolivia promulga nueva Constitución». Consultado el 12 de febrero de 2009. Corte Nacional Electoral«Referéndum Nacional Constituyente 2009». Archivado desde el original el 3 de febrero de 2009. Consultado el 9 de febrero de 2009. «Bolivia, entre los países con mayor desarrollo en 2015 – La Razón»http://www.la-razon.com. Consultado el 12 de marzo de 2017. Infobae. «Malas noticias para América Latina: el FMI anticipó un crecimiento de sólo 1% en 2015 | América Latina, Latinoamérica, FMI, crecimiento económico, Fondo Monetario Internacional, Argentina, Bolivia, Brasil – América». Consultado el 12 de marzo de 2017. «Pobreza en Bolivia disminuyó 20 por ciento en la última década»Prensa Latina – Agencia Latinoamericana de Noticias. Consultado el 7 de enero de 2017. Enciclopedia Libre: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Bolivia.

 

[4] El Mayor General José Miguel de Velasco 25 de julio de 1835 fue declarado héroe el por el Senado Nacional de Bolivia, declarándolo Eminente Republicano.

[5] Notas: Flores, Zoilo (1869). Efemérides americanas: precedidas de un bosquejo histórico sobre el descubrimiento, la conquista y la guerra de la independencia de la América Española. Tacna: Impr. de «El Progreso», pp. 138. Urquidi, José Macedonio (1921). Nuevo compendio de la historia de Bolivia. La Paz: Arno Hermanos, pp. 143. Moscoso, Octavio (1896). Geografía política, descriptiva é histórica de Bolivia. Imrp. «La Glorieta», pp. 46. Kieffer Guzmán, Fernando (1991). Ingavi: batalla triunfal por la soberanía boliviana. EDVIL, pp. 498. «Nombrarán patrimonio a los campos de Ingavi». fmbolivia.net. 31 de marzo de 2010. Archivado desde el original el 2 de diciembre de 2013. Consultado el 25 de noviembre de 2013. Ver Batalla de Ingavi: Enciclopedia Libre: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Ingavi.

 

[6] Ver Historia de Bolivia. Ob. Cit.

[7] Ver Paradojas de la revolución. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/paradojas_de_la_revoluci__n.

[8] Ver La pantomima del Gran Timonel. https://pradaraul.wordpress.com/2018/08/03/la-pantomima-del-gran-timonel/.

 

[9] Leer de Jürgen Habermas Problemas de legitimación en el capitalismo tardío.

http://www.bioeticanet.info/habermas/ProLegCaTa.pdf.

[10] Ver Decadencia y gubernamentalidad liberal. https://pradaraul.wordpress.com/2016/05/17/decadencia-y-gubernamentalidad-liberal/.

 

Polemos en la guerra y la política

Polemos en la guerra y la política

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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En este ensayo, Polemos en la guerra y la política, vamos a intentar una reflexión crítica y ponderadora del Acuerdo de Paz, en lo que respecta al tercer tópico del documento acordado, entre las partes beligerantes. En este apartado, el tono de la prosa es, mas bien, técnico, instrumental y normativo; estableciendo las garantías del desarme, del fin del conflicto, y la incorporación a la vida política, de parte de las FARC-EP. Seguramente es un apartado necesario, para establecer y normar las operaciones de la finalización del conflicto, del desarme y de la incorporación a la vida política. Sin embargo, nos da la oportunidad para reflexionar sobre la paz, las condiciones de posibilidad de la paz.

 

 

 

El tercer tópico y campo temático del Acuerdo de Paz es Fin del Conflicto. Ambas partes, El Gobierno de la República de Colombia (Gobierno Nacional) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP); en desarrollo de los sub-puntos 1: Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y 2: Dejación de las armas, del punto 3, Fin del Conflicto, del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado en la ciudad de La Habana, Cuba, el 26 de agosto de 2012, acuerdan: El Gobierno Nacional, en cumplimiento y en los términos de lo acordado en el punto 2 “Participación política: Apertura democrática para construir la paz”, reafirma su compromiso con la implementación de medidas que conduzcan a una plena participación política y ciudadana de todos los sectores políticos y sociales, incluyendo medidas para garantizar la movilización y participación ciudadana en los asuntos de interés público, así como para facilitar la constitución de nuevos partidos y movimientos políticos con las debidas garantías de participación, en condiciones de seguridad[1].

 

 

El documento del Acuerdo de Paz dice, seguidamente:

 

 

Así mismo, el Gobierno Nacional reafirma su compromiso con lo acordado en los puntos 3.4. y 3.6. del punto 3 Fin del Conflicto, entre los que se encuentra la creación de un nuevo Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política, en los términos acordados en el punto 2 Participación Política, como parte de una concepción moderna, cualitativamente nueva de la seguridad que, en el marco del fin del conflicto, se funda en el respeto de la dignidad humana, en la promoción y respeto de los derechos humanos y en la defensa de los valores democráticos, en particular en la protección de los derechos y libertades de quienes ejercen la política, especialmente de quienes luego de la terminación de la confrontación armada se transformen en movimiento político y que por tanto deben ser reconocidos y tratados como tales[2].

 

 

Como corolario de esta primera consideración del Fin del conflicto, se escribe:

 

 

Adicionalmente, el Gobierno Nacional y las FARC-EP expresan su compromiso de contribuir al surgimiento de una nueva cultura que proscriba la utilización de las armas en el ejercicio de la política y de trabajar conjuntamente por lograr un consenso nacional en el que todos los sectores políticos, económicos y sociales, nos comprometamos con un ejercicio de la política en el que primen los valores de la democracia, el libre juego de las ideas y el debate civilizado; en el que no haya espacio para la intolerancia y la persecución por razones políticas. Dicho compromiso hace parte de las garantías de no repetición de los hechos que contribuyeron al enfrentamiento armado entre los colombianos por razones políticas.

 

 

Por último, el Gobierno Nacional y las FARC-EP se comprometen con el cumplimiento de lo aquí acordado en materia de Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo (CFHBD) y Dejación de Armas (DA), para lo cual elaborarán una hoja de ruta que contenga los compromisos mutuos para que a más tardar a los 180 días luego de la firma del Acuerdo Final haya terminado el proceso de dejación de armas[3].

 

 

Como se puede ver, el apartado del documento del Acuerdo de Paz, está dedicado a hacer viable y operable la finalización del conflicto. El carácter del contenido se encuentra en los límites de la democracia formal, aunque ampliada, en lo que respecta a menciones a la participación de la sociedad, a la ampliación de los marcos jurídicos y políticos,  insistiendo en la solución de los problemas sociales y políticos, que ocasionaron la guerra permanente en Colombia.

 

 

 

 

 

Reflexiones sobre la guerra y la política

 

 

¿Pasar de la guerra, como ámbito bélico, para resolver problemas socio-políticos, a la política, como ámbito polémico para resolver los problemas no resueltos en la guerra, en el campo político, es asumir la política como continuación pacífica de la guerra? ¿Antes, en la guerra permanente, la guerra era asumida como continuación bélica de la política?  ¿Cuál la relación entre la guerra y la política? Como escribimos en La guerra y la paz, ni la guerra es continuación de la política, ni la política es continuación de la guerra[4]. La relación paradójica de la guerra y la política, no se da en el esquematismo dualista, ni en el tiempo lineal, no se resuelve dialécticamente, que es una versión móvil y mutante del esquematismo dualista; se da en la complejidad dinámica de las composiciones singulares de la formación espacio-temporal-territorial-social, que articulan e integran dinámicamente múltiples planos y espesores de intensidad. La guerra es acontecimiento, que contiene múltiples singularidades, que se asocian, convergen o divergen, se articulan de una determinada manera, en una coyuntura, combinando formas de desenlaces, por así decirlo, momentáneos o definiendo lapsos. La política es otro acontecimiento, que como tal, es multiplicidad de singularidades, articuladas e integradas en composiciones y combinaciones sociales, que hacen a los desenvolvimientos de la política. Para comprender estos acontecimientos, además en su singularidad compleja, es menester comprender las simultaneidades dinámicas y singulares, que se dan en los acontecimientos.

 

 

Desde esta perspectiva, la política no aparece como el ámbito institucional y normativo, además de prácticas y relaciones estructuradas, que hacen a la paz. Sino que la paz aparece como un concepto que expresa una idea, en sentido kantiano; es decir, una finalidad construida por la razón, aunque también por la esperanza. Para conseguir la paz, idea esperada en el ámbito de la guerra, se finaliza el conflicto bélico; para conseguir la paz, idea esperada en el ámbito político, es menester resolver los problemas que ocasionaron la guerra.

 

 

El Acuerdo de Paz considera algunos de estos problemas, que supone cruciales, en la coyuntura presente; sin embargo, como no son todos los problemas heredados o por lo menos un núcleo significativo de la problemática social, económica, política y cultural, no es todavía la condición de posibilidad jurídica para lograr la paz, anhelada en el ámbito político; tampoco es la condición de posibilidad jurídico-política, es decir, institucional, para realizar la paz esperada. Así mismo, no es todavía la condición de posibilidad histórico-política para efectivizar la paz, ya entendida como ideal exhaustivo, es decir, como concordia y fraternidad. Para decirlo, de manera resumida, el Acuerdo de Paz es la condición de posibilidad jurídica de la finalización del conflicto bélico, para alcanzar la realización de la paz, anhelada en la conflagración bélica. Para conformar la condición de posibilidad jurídico-política de la paz, anhelada en el ámbito político, se requieren de transformaciones jurídicas, de las reglas del juego político, así como transformaciones institucionales, que operen los desplazamientos hacia la paz. Si se quiere; para decirlo de una manera simplona, por razones de exposición, se requiere de un proceso constituyente, que otorgue potestad al poder constituyente, es decir, el pueblo. Sin embargo, desde la perspectiva histórico-política, esto no es suficiente para alcanzar la paz, anhelada políticamente. Se requiere de transformaciones estructurales e institucionales, que profundicen la democracia formal, que la conviertan en democracia participativa; que se resuelvan, por lo menos, algunos problemas estructurales de la formación social. Uno, el relativo a la estructura de las desigualdades, que adquieren diferencias abismales. Dos, el relativo a la cuestión agraria, es decir, el materializar la reforma agraria integral; como menciona el mismo documento del Acuerdo de Paz. Tres, resolver el problema de la violencia descomunal y perversa, generada por las estructuras de poder paralelas del narcotráfico; lo que implica, desmantelar a los carteles y a las mafias; así mismo, denota el desarme total de los paramilitares. Cuatro, avanzar sustantivamente, por así decirlo, en la descolonización; en otras palabras, en la desracialización de las relaciones sociales; lo que conlleva el respeto efectivo, es decir, institucional y en la práctica, de los derechos de las naciones y pueblos indígenas, así como de las poblaciones afro-descendientes. En consecuencia, para lograr la paz, anhelada políticamente, desde esta perspectiva histórico-política, se requiere de la reivindicación plena, el ejercicio pleno de la ciudadanía integral de las y los oprimidos, excluidos, marginados, discriminados, subalternizado. Para decirlo, en la expresión del discurso histórico-político puesto en escena, tanto en el acontecimiento de la guerra como en el acontecimiento político, el discurso marxista, se requiere de la condición social-política-económica del socialismo. ¿Es este último logro, la paz anhelada por la perspectiva histórica-política, la paz como idea integral, como armonía? No. La paz como armonía es posible resolviendo la problemática en su complejidad integral, comprendiendo los múltiples planos y espesores de intensidad, que hacen a la realidad efectiva. Esto compromete resolver la crisis ecológica, la amenaza a la vida, que ocasionan las sociedades humanas institucionalizadas; las que, bajo el manto de la cultura-mundo, la civilización moderna, han convertido a la naturaleza, mejor dicho, a la integralidad de los ciclos vitales, al Oikos, al planeta, en objeto de dominación y materia de poder. Por lo tanto, cumplir con las condiciones de posibilidad para la paz como armonía, requiere de la armonización de las sociedades humanas con los ciclos ecológicos, los ciclos vitales del planeta; para decirlo, en términos jurídicos, de la última generación de derechos, garantizando los derechos de los seres, que cohabitan, coexisten, con las sociedades humanas.

 

 

En consecuencia, no hay que perder de vista que la paz es una idea racional y afectiva; no algo o circunstancias que se efectivizan inmediatamente, después de un Acuerdo de Paz. Tampoco hay que perder de vista que la paz tiene distintas connotaciones conceptuales, de alcances diferentes, o, si se quiere, hay distintas ideas de paz; unas más simples, otras más complejas. En tercer lugar, no hay que perder de vista, que si se quiere alcanzar esta finalidad o esta idea de paz como armonía, se requiere reintegrar a las sociedades humanas a las ecologías de la pluralidad de sociedades orgánicas y de sus ciclos vitales; logrando armonizar a las sociedades humanas con los devenires creativos de la potencia de la vida.

 

 

 

Esta reflexión no tiene porque desalentar, tampoco desmoralizar, menos desvalorizar el logro del Acuerdo de Paz; sino, mas bien, se trata de ponderar el Acuerdo de Paz, como condición de posibilidad jurídico-política para alcanzar la paz, anhelada desde las entrañas devoradoras de la guerra. Se trata también de definir ámbitos de tareas, en distintos horizontes de la paz; ámbitos de tareas que responsabilizan o exigen la responsabilidad, en primer lugar, del pueblo; en segundo lugar, de los involucrados en el conflicto bélico; en tercer lugar, de los y las activistas libertarias, activismo múltiple e integral, no solo en la crítica, en la interpelación y en la convocatoria, sino como despliegue afectivo del amor a la vida.

 

 

 

 

 

[1] Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera: https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/24_08_2016acuerdofinalfinalfinal-1472094587.pdf.

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Ver La guerra y la paz. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-guerra-y-la-paz/.