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Umbrales y límites de la experiencia

Umbrales y límites

de la experiencia

 

 

Sebastiano Monada

 

 

En los umbrales y límites de la experiencia

René Magritte

 

 

 

 

 

 

En los umbrales y límites de la experiencia, que, a su vez, impone acotaciones al conocimiento, nos encontramos, cuando asistimos a la invasión repentina de lo desconocido, que está más allá del conocimiento y, por lo tanto, más lejos del conocimiento. Esta invasión desbordante, descomunal y hasta sublime, nos coloca en situación de la exposición a la vulnerabilidad. Es cuando comprendemos o, por lo menos, intuimos, que somos chispas fugaces en la curvada oscuridad de la materia oculta y la energía escondida. Exaltadas y vanas son las pretensiones de grandeza, enunciadas como mitos o narrativas románticas; quizás lo hacemos por sentirnos más o menos seguros en la inmensidad inconmensurable del acontecimiento existencial; quizás nos convencemos de que es así como lo contamos, entonces, gozamos de este sueño de centralidad humana. Sin embargo, a pesar del adormecimiento mitológico, los sueños sufren de desgarramiento cuando irrumpe con evidencias el acontecimiento incognoscible de la existencia, de donde emana la vida.

Una de estas irrupciones de lo desconocido es la muerte. Desde remotos tiempos ha movido el suelo donde pisamos, nos ha hecho sentir la incontenible inestabilidad, la expuesta vulnerabilidad de nuestros singulares cuerpos, aunque olvidamos, que formamos parte de entrelazamientos corporales, conectados sincronizadamente con los ciclos vitales del planeta. Olvidamos que nuestros singulares cuerpos responden al programa inmerso en la más profunda intimidad secreta de la vida; por lo tanto, que somos vida participando en ese devenir vital de la potencia creativa de la vida. Este olvido nos hace sufrir, pues no encontramos sentido a la muerte, salvo el de la conclusión abrupta de una trayectoria individual. Desconsolados quedamos ante esta desmesura de la desaparición de los seres queridos. Si recuperáramos la memoria biológica, comprenderíamos que la muerte individual es parte de la reproducción proliferante de la vida, es decir, de la integral complejidad de la sincronización planetaria y universal.

Más allá de los límites y umbrales, cuando se los cruza, se ingresa a otros angenciamientos, es decir, a otros espaciotiempos. Entonces nos encontramos aprendiendo de lo que antes llamamos desconocido; empieza a dejar de serlo. Abrimos los poros de las sensaciones a las nuevas experiencias, nos bañamos en las aguas del mundo o los mundos abiertos, que antes estaban escondidos, pues clausuramos las aperturas sensuales y sensitivas a la experiencia de la alteridad, que, de todas maneras merodeaba nuestros pasos. El mundo que conocíamos resulta tan pobre ante las evidencias elocuentes y vitales del mundo y de los mundos que se descubre. La belleza desenvuelta de las novedades nos desborda y a la vez nos acoge, cobijándonos en sus embriagantes espesores, en sus acogedoras densidades, en sus acariciantes aires y en sus suelos húmedos. Aprendemos del néctar de cada detalle,  de las fragancias que nos envuelven, de los consumos orgánicos, de los ámbitos transformados de relaciones mutantes.

Nos reímos de todo lo que creíamos antes; nos causa gracia nuestra seguridad en las verdades aprendidas; nos asombramos de nuestro apego a las ideas que defendimos, como si fueran las cápsulas donde se guarda el sentido inmanente. Resulta gracioso este apego a teorías e interpretaciones que no dejan de ser provisionales. Nos declaramos defensores de estas expresiones y formaciones enunciativas como si fueran territorios sagrados. Esa separación entre lo profano y sagrado corresponde a una economía política; disecciona el espesor territorial, el Oikos, creyendo encontrar diferencias cualitativas, es más, diferencias entre lo material y lo espiritual. Separa estas diferencias, valoriza lo que considera divino, desvaloriza lo que considera mortal, corporal y material. Esta economía política no entiende que todo es integral, que está integrado; que se encuentra imbricado, atravesado e entrelazado. No hay separación real posible, salvo abstracta. Estamos ante la sincronización en devenir de simultaneidades dinámicas y complejas.

Defendimos fanáticamente lo sagrado y asesinamos fanáticamente lo profano. Creímos que al hacerlo cumplíamos con la tarea encomendada desde que nacimos. Nos investimos de ángeles vengadores, invistiendo a nuestros enemigos como demonios execrables, a los que había que dar muerte y hacerlos desaparecer de la faz de la tierra. La economía política de lo sagrado y profano ha servido para esto, para justificar los crímenes de lesa humanidad y legitimar las abominables dominaciones que se han turnado.

Se puede decir que todas estas actitudes fueron fundamentalistas; tienen como fundamento la idea que impulsa las acciones, cuando solo era posible como fundamento el cuerpo y el territorio donde cohabitamos. Nos parecieron inadecuados para constituir un fundamento, preferimos la idea por su intangibilidad, aunque la idea solo es posible como efluvio del cuerpo. Entonces, la idea se convirtió en el más allá, incluso en el comienzo de todo, en el origen primordial.  Se desataron guerras por ideas; pueblos enteros se jugaron la vida por ideas; también se inmoló a sociedades por ideas. La idea se convirtió en el sentido supremo, en el sentido mismo de la existencia, cuando apenas era un vaho de la existencia dinámica y en constante devenir. Pueblos carnales se entregaron a la muerte por la inmaculada idea.

Las sociedades humanas vivieron para la idea, trabajaron para la idea, construyeron y edificaron para la idea, como si estuvieran hechas de ideas. Sus materialidades, corporales e institucionales, sus relaciones y prácticas consistentes, fueron entregadas al horno de las fundiciones para que la idea se reproduzca. Del horno salió humo, que se disemina en el aire, donde parece divagar la idea.

Las sociedades humanas no se volvieron ideas, sino que siguieron siendo lo que son, nichos ecológicos, conglomerados de movimientos corporales, que consumen las donaciones de los ciclos climáticos. Sin embargo, persisten en esa inclinación encantada por las ideas, pretendiendo que la esencia del universo sea también ideal. Por eso se pierden en un viaje a la nada, sin retorno, aunque crean que viajan al saber absoluto.

Las sociedades acotaron la realidad al espacio de laboratorio que controlan; se movieron en esta circunscripción espacial y medida por el tiempo. Lo demás, lo que se encuentra más allá de sus fronteras, fue calificado como imposible, como fuera de la realidad, fantasía o ficción; desde la perspectiva empirista, como sin sentido. En el mejor de los casos, invadidas por la duda, se denominó como lo desconocido.

Más allá de estos umbrales y límites lo que se llamó realidad queda como una cáscara de nuez perdida en la inmensidad del multiverso. La existencia se abre a sus maravillosos devenires y majestuosas creaciones y recreaciones, profusa en mutaciones y transformaciones, así como constante en regulaciones, que corresponden a la sincronización integral. Entonces comprendemos que la realidad es realización de la potencia creativa existencial y vital.

El multiverso no muere, existe, se realiza en su existencia. Existe en sus explosiones iniciales, así como en su inmersión destructiva en los agujeros negros. Existe en su expansión veloz, abismal, curvándose a la velocidad de la luz, incluso, quizás, con mayor velocidad. Existe en las configuraciones envolventes de sus millones de galaxias; existe en el choque descomunal de constelaciones y estrellas. Existe como materia visible y como materia invisible, así como existe en la energía luminosa y en la energía oscura. Existe en las partículas infinitesimales asociadas, conformando átomos; existe y no existe de manera intermitente en partículas más infinitesimales, que aparecen y desaparecen, contando con casi nada de energía. Existe en la entropía y en la negentropia. Existe en la diseminación y en la concentración, en la vida en sentido amplio, la existencia, en la vida en sentido restringido, vida biológica.

Las partículas no mueren, existen y dejan de existir. Lo mismo pasa con sus asociaciones; son composiciones y combinaciones de composiciones, que se consolidan y se descomponen, para volver a otras composiciones y combinaciones. Las células mueren, empero, se encuentran en compulsiones de reproducciones, que sustituyen a las muertas. Perdura la información genética. Los organismos biológicos mueren, pero, para dar lugar a otros organismos que los continúan. Los organismos singulares, los individuos, mueren, pero dejan su huella, además de haber sido únicos. Los humanos son mortales, pero, como los organismos, dejan lugar para que otros humanos continúen su camino. Las individualidades humanas, las personas, forman parte de memorias familiares y colectivas; cuando mueren como organismos, queda su huella que late, que se expresa, que es una escritura que hay que decodificar.

La muerte es un hecho cultural. Es la cultura que asume la desaparición de un ser como evento crucial, así como asume de la misma manera el nacimiento. La muerte es el símbolo de la finalización o la clausura, el nacimiento es el símbolo del comienzo y la apertura. Es en la cultura que el humano sufre la muerte. Su asombro se convierte en interpretación; sus preguntas son perseguidas y buscan respuestas en prolongadas narraciones. La interpretación de la muerte aparece en la trama del mito.

Al desaparecer un ser querido se sufre recurriendo a todos los recursos interpretativos de la cultura. El sufrimiento se convierte en duelo, en diferimiento del dolor, del pesar por haber perdido a un ser querido. El duelo es el ritual de la congoja que deja el drama del dolor fustigador. La cultura ha trabajado la experiencia de la pérdida como despedida y viaje a lo desconocido, también, en otras versiones, como resurrección, así como reencarnación. La cultura ha conectado la muerte con el nacimiento, convirtiendo a la muerte en un renacimiento. Aunque en las religiones monoteístas ha convertido la muerte en la puerta al paraíso celestial o al infierno tenebroso.

La cultura se encuentra en la circunscripción definida por los umbrales y límites, de los que hablamos;  es una náufraga agazapada en la cáscara de nuez. La cultura acompaña a los náufragos que se aferran a la cáscara de nuez. Ayuda en la desesperación, evita que se consideren perdidos en la inmensidad; pero no remedia la situación, sobre todo, cuando no se quiere aceptar que no es la cáscara de nuez donde estamos, sino en las dinámicas tejedoras de los tejidos móviles y mutantes del espaciotiempo.

Más acá y más allá de la cultura, conteniéndola, está la vida. La capacidad de retención de la energía, la condición de posibilidad de cálculo, la matriz del registro, la memoria sensible, la predisposición estructural de interpretación, la inclinación a la estimación y a la acción. La vida, en las sociedades humanas, tiene a la cultura como una de sus máquinas de interpretación, la evocativa, la que usa el lenguaje; pero no es la única máquina de interpretación.  Pues los sistemas autopoiéticos interpretan, primero, sensitivamente; después, de acuerdo a los códigos sociales de la especie; en tercer lugar, en las sociedades humanas, de acuerdo a los códigos culturales. Quizás, en cuarto lugar, suponiendo la sincronización integral, de acuerdo a complejas codificaciones y decodificaciones dadas en el multiverso.   

     

  

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Encuentro en el lugar de siempre cambiante

Encuentro en el lugar de siempre cambiante

Sebastiano Monada

Encuentro en el lugar de siempre cambiante 

Flores para mi Madre 07

Escucho de Rachmaninoff el Concerto No. 2 para piano; cuando sus notas me embriagan y me invaden; recuerdo que me regalaste el disco de vinilo del concierto. El mejor obsequio para un adolescente inquieto. Supuse que fue compuesto o tocado, una vez que fue compuesto con dilatada antelación, en pleno bombardeo de Varsovia. El concierto, desde las primeras notas, asombra, por su pausado comienzo, puntual, como iniciando una convocatoria solitaria, que es respondida por otra soledad, cuya tecla desata la vibración enaltecida, que se expande en la tonalidad de onda grave y subida. Después de este juego dual de llamadas y respuestas, de la oscuridad, donde se ocultan, emana la composición angustiada de desbordantes notas, que acompasan tanto la llegada galopante de la nostalgia, acompañada de tristeza, pero compensadas por el recuerdo de alegrías hundidas en el espesor de la memoria.

 

 

Por eso, llegas con la melodía del concierto, compartiendo la narrativa musical que nos gusta. Entonces comprendo que no existe el tiempo, no hay pasado, presente ni futuro; que el tiempo es una construcción imaginaria mediante la instrumentalidad de la medida, que conmensura la distancia, que se recorre en el espacio, que tampoco existe, salvo como a priori. Lo que se mide es el acontecimiento, que escapa a toda representación; para medirlo se lo disocia, se lo fragmenta y separa, se define una dimensión como tiempo y otra como espacio. Entonces, como no hay tiempo ni espacio, sino tejido del espacio-tiempo, articulados e integrados, no te has ido; sino que resides en la constancia del cambio donde te quedas mutando.

 

 

El concierto es el lugar del encuentro, donde pertenecemos mientras dure la melodía. El concierto se convierte en el territorio provisional de la sinfonía, donde ingresamos como oídos y emociones, como sensaciones, que aletean y viajan al universo creado por notas asociadas, armonizadas en un juego de danzas acústicas. Es cuando sabemos que lo que llamamos realidad, la institucionalizada, incluso la del sentido común, es apenas una barcaza perdida en la tormenta. En la cual intentamos sostenernos, confiando en su madera trabajada, convertida en embarcación a la nada. Empero, la realidad efectiva es el acontecimiento, cuya complejidad conecta lo diverso, la variedad diferencial, los ritmos proliferantes de las vibraciones que viajan sin retorno, pero curvándose hasta volverse a encontrar.  Es en el acontecimiento donde nos encontramos, en uno de sus nudos del tejido mutante.

 

No conocemos el multiverso, en sus distintas escalas. Solo pretendemos conocerlo, mediante interpretaciones rigurosas, que reúnen eventos controlados y medidos por nuestros instrumentos provisionales. Se trata de aproximaciones, que no dejan de ser valiosas, en este viaje a lo desconocido. Si bien estas aproximaciones ayudan, es indispensable abrirse a la percepción de lo que no se controla, ni, por lo tanto, se lo ha medido; abrirse a lo que se desconoce. Esta exploración de lo desconocido es aventura; nos entregamos a ella con intrepidez. Es menester hacerlo, pues no es conveniente encaracolarse en esa ilusión que llamamos realidad, institucionalizada; esta actitud conservadora nos limita e inhibe, nos encierra en la habitación donde creemos que enseñoreamos. Sería un suicidio, encubierto con manuales de cautelas.

 

 

La paradoja es la siguiente: cuando estábamos comprobadamente juntos, cercanos, relacionados, compartiendo una charla o un almuerzo, gustábamos del momento; empero, no develamos la plenitud de la existencia singular. Solo cuando perdemos al ser que nos acompañó en esos momentos, descubrimos tardíamente otras dimensiones del momento. Parafraseando a Marcel Proust, recuperamos el tiempo perdido cuando lo hemos perdido, cuando lo vivido habita la memoria, en su esplendorosa forma mutante. A pesar que amamos a los seres que perdemos, solo logramos compenetrarnos de lo que se pierde cuando no están, cuando dejan un vacío inconmensurable.

 

 

No es aconsejable llenar este vacío con llantos, menos con arrepentimientos por lo que se pudo hacer, pues el vació no se llena con nada. Es, mas bien, la oportunidad de entender que no hay vacío, sino materia y energía oscura, que no es luminosa, por lo tanto que no se ve, a simple vista o con aparatos inadecuados para hacerlo. Que la materia y la energía oscuras son claves para comprender, entender y conocer las dinámicas complejas del multiverso. En consecuencia, que, exactamente, no hemos perdido un ser querido, sino que hemos ganado la oportunidad de adentrarnos a lo desconocido.

 

 

Volviendo a la melodía del concierto, es la oportunidad de volver a estar contigo, precisamente en algo que nos gusta, en esta composición maravillosa, que expresa musicalmente las preguntas que nos aquejan; ¿por qué?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, buscando el sentido inmanente. La cuestión es que las respuestas están antes que las preguntas se propaguen; se hacen preguntas cuando no se ve lo que nos cobija y contiene, el Oikos, el multiverso, la existencia, la vida. La vida no se circunscribe a las trayectorias individuales, la vida contiene a todas las trayectorias individuales, las absorbe en el acontecimiento de la memoria sensible y del programa que aprende. Las individualidades forman parte la complejidad dinámica e integral de la sincronización del multiverso mutante, en sus distintas escalas. La vida de la que formamos parte nos contiene y nos continúa; participamos e incidimos en ella, dejamos huella y somos como inscripciones del registro complejo de la existencia. La vida no desaparece cuando un ser querido se nos va, sino que continúa, no como desaparición sino como huella hendida en la memoria corporal, en la memoria familiar, en la memoria colectiva, en la memoria social. El amor al ser querido, que se ha ausentado, exige asumirlo en su ausencia, percibirlo en su falta, compartir con él cuando no está. Esto equivale a vivir y experimentar la intensidad de las situaciones plenamente. Estar con el ser amado cuando no está con nosotros. 

 

 

Esta manera de estar nos sitúa en el profundis de la existencia, en la potencia de la vida. Recuperar al ser querido y perdido es extender sus gestos, sus enseñanzas, su pedagogía, su manera de ser. 

 

 

Tu expresión de luminosa afectividad

Tu expresión de luminosa afectividad

 

Sebastiano Monada

 

Tu expresión de luminosa afectividad

 

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Se dice que el rostro es el lugar de la expresión humana, donde la humanidad alcanzada se expresa en la composición de sus rasgos, en un semblante sensible, adecuado al juego de las emociones, que brotan musicales o como inscripciones mutables de pasiones y preocupaciones, así como de alegrías que danzan con los ciclos vitales. Humanidad anticipada en el rostro de Jesús o del crucificado – como lo enuncian Gilles Deleuze y Félix Guattari -, que transmite en el acto el mensaje enunciado en las frases pronunciadas sentenciosamente; también en el camino del calvario, así como en el mito de la resurrección. Humanidad de rostro narrativo, que compone las tramas imaginadas por las memorias hermenéuticas. Rostro descifrable por la mirada atenta y curiosa, que recorre la composición facial e iluminadora. La experiencia se abre camino por los laberintos orgánicos del cuerpo, llega a la cara para decir lo que se siente y se piensa.

El rostro es eso, es la escritura vivencial del cuerpo vital, palpitante y desnudo, perseguido por el estruendo galopante de las figuras abismales del tiempo. Rostro de la sonrisa donde la alborada se abre paso, empujando la brisa suave, que viene del mar y la cordillera. Sonrisa que combina con los ojos, que también sonríen, viajando lejos, cruzando horizontes, curvando el tiempo y la luz migrante, hasta llegar al comienzo. Es cuando se comprende que se ha vivido para retornar, buscando recomponer las piezas del rompecabezas, para hacerlo mejor. Es cuando se goza del momento crucial del presente, lo único que tenemos a mano; amando a los tuyos, incluso a los ajenos.

Hoy recordamos tu rostro, la biblioteca narrativa de tu rostro expresivo. Hoy volvemos al momento cuando fuiste pleno en la coyuntura auscultada por tu gesto. Nos enseñas a experimentar intensamente el eterno presente del instante fugaz. Meditamos al verte en la imagen fija de la fotografía, que seduce en el recuerdo como si no hubiera pasado nada, como si se hubiera detenido el tiempo en el instante atrapado por la captura de luces de la cámara. ¿Aprenderemos acaso que lo único que tenemos son las circunstancias conjugadas en la situación donde nos encontramos atrapados o de apertura?  No hay otras circunstancias, no hay otra situación; solo la que nos toca experimentarlas, solo la que tenemos al alcance de la mano. Entonces, se trata de gozar en la profusión de sensaciones desatadas en el instante; compartir el momento con el entorno, con quienes te acompañan en el momento.     

¿Acaso no solamente se exprese en el rostro la humanidad alcanzada, sino también la comprensión lograda a través de la experiencia acumulada, sobre todo de la experiencia asumida en la memoria auscultadora y cuestionadora? Comprensión somatizada en el rostro sonriente y en la mirada inteligente; mirada que brilla luminosa en vibraciones de afecto; musicalmente componiendo una sinfonía de amor y de alegría. Rostro, escritura biológica y cultural, donde los ancestros retornan combinando sus múltiples rasgos guardados, donde los hijos reconocen el referente familiar, el substrato inaugural, el comienzo cambiante de las historias y de las anécdotas compartidas. Por eso, primero los cuadros, después las fotografías, adquieren el valor simbólico de la consanguineidad y de la alianza en las narrativas familiares. El padre no es el patriarca sino el hogar que cobija, al calor de las leñas prendidas en los fuegos sentimentales de las constancias y del compartir juntos los territorios de la casa y las ceremonias rituales de los encuentros. Por eso nos alegramos de estar juntos en la espontaneidad de los momentos que nos congregan en un lugar o en un viaje corto, un paseo por la ciudad o el jardín.

El rostro es vitalidad emotiva, donde la sabia expresión deleita en el juego de colores que la luz configura, con pinceladas sutiles pintando enunciados faciales. Cuando recordamos aquella mañana o aquella tarde de charla, retornamos al acontecimiento de sensaciones, que brotan espontaneas, jugando a interpretaciones somáticas y semánticas, conjugadas en el acto. Pero, este retorno no es la vuelta a lo mismo sino a la diferencia, que esconde la mismidad; descubrimos lo que no habíamos visto conscientemente en el momento compartido, lo que se oculta en la fugacidad del instante. Por eso, la memoria es la tejedora que hila y deshila, que teje y desteje, mostrando distintas composiciones de lo mismo, haciendo de lo mismo el abanico de la diferencia, que airea con profusos recuerdos la recuperación del tiempo inscrito en el espacio, del espacio fluido y móvil que hace al tiempo huellas en el devenir.

Rostro de luminosa afectividad; afectividad que ilumina en la oscuridad, descubriendo la pluralidad escondida en el acontecimiento. Afectividad vital, que es la vida misma, el impulso ondulante de la vida proliferante; memoria sensible. Por lo tanto, acontecimiento que siente, que se relaciona con el mundo efectivo y el multiverso sensualmente, sensitivamente; inscribiendo esta relación en el espesor sensitivo del cuerpo, escribiendo en el entorno esta relación en las atmósferas, en los climas, en los territorios, que cobijan.  Entonces el substrato primordial de la vida es el acontecimiento afectivo. Es en los espesores de la memoria sensible de donde emerge la comprensión del mundo efectivo; la interpretación afectiva se transforma en interpretación cultural. Se narra, se conjetura tramas, dando sentido a la experiencia registrada.

Rostro en plenitud expresiva, donando brisas de afecto y cadencia humana, irradia atmósfera templada en el vaivén de los sauces y en el aroma dulce de los choclos. Lo dice todo cuando armoniza con el ambiente, conjugando en la composición del momento, en ese espacio-tiempo circunstancial, donde cabe un paisaje y viajan otras miradas. Es el acontecimiento de un instante fugaz, que se fija en la memoria y en la captura fotográfica. Queda entonces el testimonio de que ocurrió el encuentro entre el cuerpo vital y un lugar del mundo, que muta, se mueve y es recorrido. La impresión de la huella es esa hendidura en un ámbito visitado de una atmósfera y de una territorialidad, en ese recorte de realidad que configura la visita.

La luminosidad de la materia hace composiciones ondeantes, que combinan encuentros, casualidades, en tejidos de la necesidad que desconocemos. La maravilla de la existencia y la hermosura de la vida componen esos momentos intensamente afectivos, que se dan en su dúctil movilidad y en su constante devenir. Es cuando, al recordar y remembrar descubrimos que somos parte de la sincronía dinámica del multiverso, en sus distintas escalas. Ese momento ya no está, pero la vida fluye proliferante y creativa. El momento se hunde en el registro del tejido de esa composición coyuntural. Entonces el registro queda, aunque el tejido se haya destejido, para volver a tejer otros entramados.

El registro enraíza en distintos planos y espesores de intensidad; aparece como virtualidad en las memorias de otros; en el lugar queda el halo, aunque en el mismo ya habiten otras composiciones corporales. No es que sea invisible, sino que en la premura de los recorridos de los que pasan, no se dan cuenta, no se detienen a presentir el halo, no lo perciben, no decodifican el halo en la fenomenología de la percepción; fenomenología que queda detenida en el camino, en espera que alguien, con más tiempo, pueda hacerlo. Sin embargo, sin ser fantasma, el halo se impregna en las nuevas composiciones del tejido.  Participa en las nuevas composiciones, como un hilo más, aunque no se lo detecte.

Por eso habría que buscarte en los lugares donde estuviste presente; hacer de tu presencia señales de huellas en el tejido del espacio-tiempo, en el nudo singular de ese tejido, que se ha desanudo. Así podríamos percibir los halos, sumergirlos en el presentimiento del cuerpo, dejando que sus hermenéuticas carnales descifren otros códigos insondables. Es una manera de desandar los caminos que recorriste, buscándote a contracorriente, encontrándote en ese viaje al revés, dejando que la retrospección te devuelva a nosotros.

Hay que aprender entonces a moverse en la simultaneidad dinámica, comprendiendo que nada desaparece, nada se va, sino que forma parte de los espesores del presente. Hay que sumergirse entonces en esos espesores, como si fuesen las aguas del océano incognito,  hay que bucear en sus profundidades, descansar en sus corales, admirarse ante la polifonía de colores y ritmos que cobijan nuestro paso. Entonces, se puede interpretarte nuevamente y de distintas maneras, en diferentes narrativas posibles. Te hacemos volver al presente, de variadas formas, en distintas tonalidades, en una gama de perfiles. Te conviertes en clave para descifrar nuestras vidas, comprender, a su vez, nuestros viajes singulares en mapas de lugares, que las circunstancias nos ofrecieron dadivosas.  Hay que poner mucha atención en esta hermenéutica afectiva que hace inteligible la experiencia, que se aposenta por capas, como estratificaciones movedizas de una geología sentimental.

Tu luminosidad afectiva enseña la apertura a otras maneras de relacionarse, de asociarse, de construir complicidades afectivas, de lograr fijar momentos en la intimidad de los tejidos, mostrando que es posible efectuar el eterno retorno a lo mismo, en su sutil diferencia. Entonces, comprendemos que no te perdimos, sino que nos ganaste para la vida, que debe ser vivida plenamente. Una conclusión podría ser: entreguémonos intensamente a la eternidad del instante. Otra conclusión podría ser: no perdamos la oportunidad de vivir plenamente los momentos. Una tercera conclusión podría ser: No perdamos el tiempo en banalidades, en rencores, en resentimientos, en odios, pues estas pasiones triviales reducen la oportunidad de vivir al tamaño mezquino de los prejuicios. Con esta actitud ya no se vive, sino se muere lentamente en la letanía de los días y en la oquedad arrepentida de las noches. 

       

Mi padre

Mi padre

 

Sebastiano Monada

 

 

La imagen puede contener: 1 persona, sonriendo, sombrero y exterior

 

 

 

 

Solía mirar con sus ojos de valle en primavera,

sonreír como brisa de alborada

con el rostro placentero donde se dibujan

huellas sabias de antiguos tiempos

inscritos en rocas pulidas por vientos,

barcos viajeros en océanos impetuosos.

 

Solía hablar pausadamente domesticando al aire

divagante,

pronunciar la palabras como olas constantes,

decir frases claras como manantiales brotados

en las cumbres de la cordillera ondulante

al caer la tarde.

Despedida de pétalos de rosas

desprendidas como mariposas

meditando sus vuelos liberados.

 

Solía recordar a sus padres con afecto entrañable

recordando en su ausencia

la fragancia del paraíso perdido.

Volvía a la niñez,

a la inocencia de los comienzos

cuando se cuida a la madre

y al ausente padre.

 

Solía compartir con los amigos, afable

pues importaba el momento del encuentro

amistoso y entrañable

 

Solía decir sentencioso

nadie muere en la víspera.

Murió en la víspera

cuando todavía no le tocaba.

El destino le jugó una adelantada

sorprendiéndolo en una emboscada

improvisada por el azar

jugando en la mesa de la necesidad.

 

Solía querer más que nadie la charla

acompañando con café tinto

la conversación meditada,

tejedora de narrativas rememoradas,

cuadros de árboles frondosos del valle,

sabor a choclo jugoso y dulce

como el néctar que roban las abejas

de las flores seductoras.

 

Se fue sin decirnos nada,

ya lo había dicho antes

en toda su intensa historia afectiva

en toda su construcción arquitectónica de la familia

en todos sus pasos previsores y sabios.

Ya no tenía que hablar

sino sorprendernos con su abrupta desaparición

para enseñarnos lo vulnerables que somos,

lo expuestos que estamos

a los juegos aleatorios del drama

cotidiano

y de la tragedia del siglo crepuscular.

 

Ahora que no está

llenaremos el vacío sin fondo

con inscripciones de la memoria,

archivo y registro de experiencias inolvidables.

Por eso volverá

en nuestros recuerdos y nostalgias

en nuestra manera de quererlo

en las enseñanzas que nos dejó.

 

Sabremos entonces que nadie muere

sino que persiste en nosotros

cuando seguimos sus pasos

cuando escuchamos su voz

cuando intentamos repetir sus gestos

en nuestros actos.

 

Mi padre es ese canto a la alegría,

esa sinfonía de Ludwig Van Betoven,

mensaje de esperanza en la humanidad,

confianza en su razón y estética

a pesar de sus desaveniencias

e intermitentes violencias.

Confianza en el porvenir

Construido con ladrillos de afectos

Y emociones.

 

Todos hemos tenido un padre o lo tenemos;

no solamente es único

sino nuestro puente con el pasado,

nuestro vinculo denso con el presente,

nuestra posibilidad proyectada al futuro.

Fundamento en el caminar en el laberinto

de la soledad que oculta multitudes

solidarias y acompañantes.

 

Cuando perdemos un padre

perdemos el zócalo donde nos edificamos,

el padre ya no está pero el zócalo sigue todavía.

Es cuando descubrimos que el padre sembró el zócalo

para que cocechemos virtudes,

el padre vuelve con el viento

aunque el molino haya desaparecido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La sorprendente muerte

La sorprendente muerte

 

Sebastiano Monada

 

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¿Por qué la muerte nos sorprende?

Nos deja desarmados ante su acontecimiento

repentino y desolado.

Cuando nos expone tan vulnerables y exhibidos

la muerte parece una improvisación de la nada,

atacando los grandes esfuerzos de dar sentido

a la existencia desolada

al estar navegando en la ausencia,

al no estar detenido en el consumado

momento fijado en la memoria.

 

Somos vulnerables,

hilos endebles de telaraña

atrapando pedazos de formas

diseminadas en el espacio-tiempo

mientras atraviesan los vientos de ondas

las aberturas que deja el tejido

sutilmente espaciado.

 

La muerte es una paradoja,

es parte de la vida

no la culminación de la potencia creativa

sino momento de ciclos incesantes

y repetidos

de la reproducción constante,

invenciones variadas y proliferantes.

 

La muerte aparece como clausura

de una historia de vida,

cuerpo singular e irradiante,

crepúsculo del día que tuvo su alborada

su mañana, su medio día y su tarde.

Fin de un nombre apreciado,

querido por los suyos

y entrañables amigos,

amado por la esposa y los hijos.

Es el comienzo de la memoria,

el camino de la recuperación del tiempo perdido.

 

La muerte deja un hueco irremediable

en el diario vivir,

acostumbrado a repetir

el constante cronograma de la rutina cotidiana

de los fines de semana

de los meses recorriendo la esférica morada

y de los años dando la vuelta la rueda

del carruaje que nos traslada al horizonte

de la interminable espera.

 

La ausencia no se compensa,

es la presencia de la falta,

herida abierta en el mundo

hermético vacío sin fondo,

abismo insondable de lo desconocido.

 

Quedan las huellas de los recorridos

hendidos en la piel,

figuras guardadas en los ojos navegantes

fijadas en las laminas virtuales de la memoria.

Son como las señales del retorno al pasado

en un presente abrumado de nostalgias.

 

No se sabe, no se entiende, la repentina desaparición

del ser amado,

no se acepta que no esté nuevamente con nosotros,

nos rebelamos al destino

como Ulises perdido en los laberintos del océano.

Interpelamos a los dioses, quienes juegan a los dados

en la mesa del azar

cuya madera es la necesidad.

Nos dicen: los humanos no son nada sin los dioses.

 

Buscamos recuperar el tiempo perdido,

retornar a la añorada Ítaca,

rememoramos las hazañas del desaparecido.

Recordamos su perfil y su gracia,

su amor aposentados en los entornos

construidos por sus pasos firmes y robustos,

sus frases aladas y la pronunciación musical de su voz

y aliento cariñoso.

 

Ya no está, se ha ido para siempre

dejándonos solos en el páramo,

el mensaje de la brisa que lo traslada

nos dice que sigamos adelante

continuando el sendero abierto por sus sueños,

que prolonguemos el viaje realizado

por su cuerpo experimentado

reanudando la ruta de sus esperanzas.

Volando como aves migratorias,

inventando los ciclos climáticos

en un planeta girando en danza,

seduciendo a las galaxias nómadas

para que retornen nuevamente

al comienzo de todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Intuición y revelación

Intuición y revelación

 

Sebastiano Monada

 

 

Intuición y revelación

 

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Pletórica bóveda doblándose como bailarina

Al ritmo de los sonidos brillantes del astro apasionado

Debajo

El murmullo sentimental de las cadenas de montañas

Espesores de coros pronunciando entornos

Comenzando a evaporar sus sueños

Mientras los árboles escuchan con multitudinarias

Orejas abiertas

 

Desde las memorias de mi cuerpo salen al encuentro

Recuerdos de antaño

Y olvidos de futuro

Inventan un presente

Que versa con palabras de sensaciones

Jamás desmentidas

Pues no inventan sino constatan

La belleza sublime de la experiencia

 

El planeta azulado rota y se traslada

Moviéndose encantado

Con el desplazamiento del sol

Acompañado de planetas

Y cometas

Mutando con las metamorfosis del universo

 

Los pueblos son empujados por la sinfonía de la Tierra

Y por la polifonía cósmica

En cambio, las sociedades ignoran la constante creación

De las infinitesimales asociaciones singulares

De cuerdas compositoras

De partículas infinitesimales laboriosas

De átomos de órbitas saltantes

De moléculas pegadas por saliva de afectos

De materias ondulantes condensando melodías

Energías cambiantes en transformadores devenires

 

Tú estás cercana y distante

Escuchando lo que lees

Leyendo lo que escuchas

Descubriendo la premura vital

De tu lluvia de venas

Y sigilosas arterias

Preguntando a la brisa

Por el tiempo perdido

¿No sabes acaso que no hay tiempo?

Sino tejidos mutantes

E inspiradas tejedoras

Desata tu propio tejido

Y vuelve a hilar de nuevo

Con desbordes de afecto

Las nuevas narrativas que entonan tus sueños

 

Estamos unidos con los ciclos vitales

Por enmarañados juegos corporales

El aire nos besa con sus labios fragantes

El agua nos baña con dulces canciones de cuna

Los suelos nos cobijan con fertilidades minerales

Los bosques oxigenan atmósferas renovadas

Y los seres, parientes nuestros

Acompañan recorridos entrelazados

Nudos que amarran destinos comunes

 

 

 

 

¡Qué solos están los pueblos! ¡Y qué acompañados están!

¡Qué solos están los pueblos! ¡Y qué acompañados están!

 

Sebastiano Monada

 

 

Qué solos están los pueblos

 

“La calle ante la casa de Boccioni”, 1911.

 

 

 

 

¡Qué solos están los pueblos!

Cargando su soledad a solas

Poblada por insomnes guerreros 

Muchedumbres insondables

Soleados por el sol del olvido

Los periódicos no hablan de ellos

Tampoco las radios ni los televisores

Los medios del encantamiento de charol

Hablan de sus representantes elegidos

Hablan de sus caudillos y de sus gobernantes

También de los opositores exacerbados

Pero, no hablan de los pueblos

 

Los pueblos están solos ante máquinas dominantes

Titánicas armaduras de caballerías fantasmas

Perdidas en el fragor amarillento de libros de epopeya

Máquinas mortíferas incrustadas en los cuerpos y territorios

Resistidas por proliferantes gestos de desacatos

Constelaciones encendidas de cuerpos divagantes

Se mueven en juguetones torbellinos creativos

Incendiando desbordantes enérgicos ciudades babilónicas

Atravesando con sus tejidos espesores sensibles

Elementos amoldados por manos artesanas

Secretos heredados de ancestral alfarero

Fuego, aire, agua y tierra amasados con afecto

Y ternura de piel bronceada

 

Los pueblos multitudinarios están solos

Como bamboleantes bosques desprotegidos

Otros dirigen los asuntos públicos

Deciden el destino de pueblos en palacios de espejos

O en bombardeados palacios de monedas

Hombres grises engominados y de trajes impecables

Hombres de colores engreídos por cortes de eunucos

Grises doctores de abolengo o sin estirpe

Convencidos de contar con atributos emperifollados

Para decretar y promulgar leyes no consultadas

Ya las votaciones los ungen en padres de la patria

Por eso hacen de su capricho constancia  

 

Los pueblos escriben con sus cuerpos narrativas vitales

Huellas inscritas en territorios y en memorias

Espesores de rocas, de humus y de estalactitas

Donde se sedimentan las huellas que dejan los ciclos

Rememoradas en flujos melodiosos de canciones

Oscilando gramáticas corporales danzantes

Mutando serpentinas composiciones cambiantes

Narrativas fáticas que no se toman en cuenta

En los cerros de archivos del Estado

 

Los pueblos están solos en el teatro político del mundo

Pero están acompañados por los mismos pueblos

Plurales constelaciones vibrantes navegando tejidos

Texturas ondulantes en metamorfosis constante

Rutilando multiplicidades coloridas y singulares

Polifonías tejedoras soñadoras de embriagantes composiciones

Están acompañados por sus espesores territoriales

Y las fragancias exuberantes de bosques

El clamor cristalino de aguas presurosas buscando el mar

Brisas o vientos enardecidos de aires soplando voces

Cantando pasiones rotativas del planeta azulado

 

Los pueblos están con los seres innumerables y planetarios

Con la rotación imperturbable de la esfera apasionada

Con sus sueños desiderativos proyectando utopías

Tejiendo alegres coloridos nichos vitales

Cobijando asociaciones orgánicas entrelazadas

Complementariedades sensibles al entramado viviente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sentimiento en los umbrales

Sentimiento en los umbrales

 

Sebastiano Monada

 

 

Sentimiento de los umbrales

 

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Sentimiento de los umbrales

No se sabe que hay más allá de los límites

Hasta aquí mi presencia consternada

La familia, sus pronunciados avatares

Y sus minuciosas historias prolongadas

Qué hay detrás de estas paredes de adobes

Conteniendo la invasión de las heladas

En el Altiplano inmenso e inconmensurable

Hasta aquí Viacha aymara

Y sus memorias petrificadas

Allá en lo desconocido el desafío

 

Esta sensación inscrita quedó guardada

Aparece de manera inesperada

Cuando me pregunto por destino del continente

¿Hacia dónde va una vez desbocado por la conquista?

¿A dónde van sus hijos nacidos en tierras relumbrantes?

Mezclados en filiaciones de sangre

Y en confederadas alianzas territoriales

Dejados a su suerte

Una vez destapada la caja de pandora

 

¿Hacia dónde vamos hijos del continente de Abya Yala?

Indígenas, mestizos y criollos

Atravesados por tiempos derrochados

Somos herencias de pasados no escogidos

Sino heredados como marcas indelebles

Ahora viajamos en rumbos no decididos

Mirando vaporosos horizontes desconocidos

Preguntándonos por lo acontecido

Sin encontrar respuestas satisfactorias

 

Desafiados por la historia narrada

Y la realidad sin tramas

Estamos obligados a encontrarnos

A parar viaje en que nos embarcaron

A suspender la condenada historia larga

Inventar nuevas rutas aventuradas

Y otros viajes inesperados

Que sean trazos de nuestros sueños

De nuestros afectos crecidos como enredaderas

En el exuberante monte escondido

Trepando longevos árboles frondosos

Hasta alcanzar el canto del cielo

Artísticamente embovedado

 

No podemos seguir empujados por impulso desatado

En guerra de conquista imprevista

Llegada como cataclismo

Y la colonización dilatada

Hasta nuestros días

No podemos seguir el camino asfaltado

De vertiginosa modernidad destapada

Después de la conquista de Tenochtitlan

No podemos seguir embarcados en viaje al naufragio

De la civilización delirante del consumo insatisfactorio

Y del goce banal

Que hemos desencadenado

 

En nuestras manos está parar carrera desbocada

Al insondable abismo de la nada

En nuestros corazones está la voluntad

De resguardar los paisajes que amamos

En nuestros pies se encuentran posibilidades

De otras rutas ignoradas

En nuestras decisiones se halla oportunidad

De cambiar lo dado

La orientación del recorrido de muerte

Acabando vida proliferante en el planeta

 

Una inmensa nostalgia incomprensible se vislumbra

En brillo alegre de nuestros ojos navegantes

Una vaga pena hace de sombra a cuerpos danzantes

Gozando de ritmos ondulantes

Y de melodías que emiten las guitarras

Acompañados por percusiones acorazonadas

De los tambores afros

No somos completamente alegres

Porque sabemos que algo hemos perdido

No somos plenamente espontáneos

Porque lo olvidado nos toca en la puerta

No somos totalmente auténticos

Porque un crimen inaugural repercute

En nuestros gestos expresados

No lo seremos mientras no encaremos lo no resuelto

 

Coterráneas no estamos solos

Sino acompañado por presencia ancestral de bosques

Por polifonía colorida de vida proliferante

En cobijadoras cuencas fecundas

Y entrañables nichos ecológicos

Estamos acompañados por sabias

Múltiples voces de brisas enternecidas

Por sociedades orgánicas de animales nombrados

Y plantas clasificadas por la botánica de Linneo

Por reflexiones geológicas de minerales ensimismados

Y rocas mudas como pensamientos enrollados

 

Convocados estamos a encarar la historia

Institucionalizada por el Estado

A desatar sus nudos gordianos

Y entramados nihilistas

A liberar la potencia creativa de la vida

A unirnos como pueblos barrocos

Entrelazados y mezclados en sus pasiones

En inspirado proyecto alterativo

Rompiendo con herencia colonial

Inventando luminosos mundos alternativos

Con estética fragancia de nuestras emanaciones

 

Convoquemos a los pueblos del mundo a hacer lo mismo

Encontrémonos con ellos en este desandar los caminos

Del laberinto civilizado del desarrollo especulativo

Detengamos la monstruosa destrucción desplegada

Paremos la costosa ilusión del paraíso trivial moderno

Gozo efímero y banal de las masas citadinas

Detengamos la marcha tanática al abismo

Cementerio de las formas de vida logradas

 

 

 

 

 

Estamos hechos de cuerdas

Estamos hechos de cuerdas

 

Sebastiano Monada

 

 

Estamos hechos de cuerdas

 

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Estamos hechos de cuerdas

Vibrantes ondas creadoras de materia

Oscilantes productoras de energía

Somos melodías de notas evocadas

En pentagramas de múltiples escalas

Cuyas tonadas componen tejidos

Entrelazados hilos de colores

Y en constante movimiento

 

En el fondo, en lo más profundo

No están las partículas infinitesimales

Sino la música inaugural de todo

Están las acompasadas sinfonías

Al darse crean universos

Suenan cuerdas impulsadas

Por explosión de afectos desbocados

Desbordaron de pronto a la nada

Donde estaban contenidas

 

Por eso la música nos seduce

Nos devuelve al comienzo de todo

La música recuerda lo olvidado

Volvemos sin esfuerzo con tan solo escuchar

El cuerpo emocionado libera la memoria

No necesita interpretar

Estamos inmediatamente en acontecimiento

 

Los instrumentos musicales reviven acaecimiento

Emiten sonidos vitales sosteniendo existencia

Las melodías vibran haciéndola posible

Y ellas son composiciones de afectos trovadores

Sensibilidades profusas se desenvuelven creando

 

Las cuerdas son tocadas por dedos de afectos

Sus notas impulsan sincronizado movimiento

Del creado multiverso

Proliferantes composiciones recorren tejidos

Haciéndolos vibrar emocionados

En envolventes constelaciones sumergiéndose

En sus agujeros negros

Y en flujos de fuga dilatados

Parecen escapar al infinito

Se curvan por intensa inmanencia

De explosiva entrañable potencia

 

Encuentro melodías en oleajes de cordilleras

En danzas coreadas del ramaje de bosques

En polifonía de pájaros acompasando madrugadas  

En tierra húmeda preparada para el cultivo

En lluvia retornando a suelos sedientos

Después de su metamorfosis cíclica

En brisas besándome las mejillas

 

Escucho sinfonías en desplazamientos humanos

En sus habituales movimientos rutinarios

Y en sus repentinas movilizaciones de ruptura

Ritmos acompasando rotaciones

Y traslaciones del planeta

No las escuchan orejas enajenadas

De sociedades atareadas en desvanecimiento

Vertiginosidad productiva desechable

Donde todo lo sólido se desvanece en el aire

Ensordecidas por estruendo del mercado

Por portentoso fetichismo del Estado

Enloquecidas por ilusión de riqueza

Banalidad puesta en pantalla

Por medios de comunicación que no dicen nada

 

Me llega musicalidad expresiva de tu cuerpo

Me habla en idioma universal compartido

Lenguaje inherente de percepción corpórea

No se tiene que aprenderlo

Pues es innato a todos

El idioma cadencioso de la música

Melodía hallada en juegos traviesos

De niños heracliteanos

Y en recuerdos inscritos en piel

De sabias ancianas platónicas

En miradas reflexivas de longevos

Filósofos crepusculares

En premuras de gestos adolescentes

Aprendices de brujo

En activada esperanza de adultos

Encantados por magia de la modernidad

En agitaciones tumultuosa de ciudades

Atrapadas en densidad metropolitana

Máquina de captura de muchedumbres humanas

 

Conciertos de latidos musicales

Mueven rítmicamente mundos y universos

Proliferantes ondas ocasionan irradiantes energías

Y crean con sus variadas tonalidades

Composiciones diversas de materia

Armonía cohesionadora de existencia

Integral composición del multiverso

Soñado en la ausencia absoluta de dioses

 

Paradoja del hombre moderno

Productor también de estilos musicales

Es su sordera ante polifonías vitales

Conmoviendo entrañables tejidos de la vida

Polifonías de ritmos inmanentes planetarios

 

 

 

  

Pasión mestiza

 

Pasión mestiza

 

Sebastiano Monada

 

 

Pasión mestiza

 

Natalia Lafourcade

 

 

 

 

Poema a Natalia

 

 

Las guitarras suenan para ti mujer mestiza

La corneta enciende el aire de emociones agudas

Mientras danzas, candente ondulando caderas

Provocando tormentas en la atmósfera que te rodea

Canta voz cristalina batiendo silencios adormecidos

En espesores agazapados en memorias fluidas

Por espacios vibrantes transparentes ocupados

Por pronunciadas nostalgias no codificadas

 

Tu melodía de palabras narra aventura de fugitiva

Recorriendo como al galope el desierto humano

No quieres ser atrapada por redes patriarcales

Llevas contigo un beso largo de amor clavado

Cantas la aventura de mujer transgresora

Convocando a cuerpos a subversión exótica

Como el jugo de maguey del pulque

 

Se escuchan versos a mujer divina

Poemas exaltados en su delirio

Ritmos de miel y vahos románticos

Declaran asombro por belleza femenina

Pintada con pinceles improvisados

Y pintores enamorados de la Arcadia

Diosa fecunda en mundos soñados

Aunque nunca es suficiente para ti

Te entregas inmensa a pasión inaugural

Tu corazón estalla como sol

Por su incandescente producción de fuego

Que no logra incendiar el universo

Cuando te embarga el dolor

Al ser incondicional en donación apasionada

No encontraste reciprocidad esperada

 

Por eso la historia romántica terminó

Cuando lo construido artesanalmente acabó

Se eleva reflexión musical desatando en el cielo

Brisas emotivas acariciando piel encendida

Con manos conceptuales enseñando lecciones

De besos finales y madrugadas renovadas

 

También eres lo mentado prohibido

Eres donde se derrumba toda pretensión

De especuladora dominación masculina  

Rendido el hombre a tus pies

Eres sueño desiderativo inalcanzable

Mientras tu encanto teje la urdimbre

De azarosos destinos indescifrables

 

Llegas cavando en alborada hasta la raíz

Como percusión ritmando corazones

Tambores cimarrones escondidos en selva

Entrañable de coro de árboles cantores

Inexpugnable de la Amazonia cultivada

Porque llevas dentro el amor inolvidable

En laberinto de cavernas donde lo resguardas

 

Al son del caribe danzan las gardenias

Refloreciendo el encanto de mujer mestiza

En profusos gestos seductores marinos

Como poemas de Vicente Huidobro

Que encandilan a los navegantes nocturnos

En marea luminosa ondeante de tu rostro sonriente

 

Te gusta cuando saben quererte

Tal como eres con todos sus efectos creadores

Con todos tus defectos transitorios

Pides residencia en concavidad del instante

Huella de la eternidad sin nombre

 

Acontecimiento mestizo, nicho denso de entramados

Anudados en tus pulsaciones aladas

Viajando intrépida por ciclos vitales

Cruzando hordas versátiles climas labradores

De tiempos fugases y avatares inesperados

 

¿Cuáles son las claves para descifrarte?

¿Se encuentran en tu fluida voz acuática?

¿En tu mirada brillante girando en esferas embriagantes?

¿En tu pasión barroca mezclando civilizaciones?

¿En la novedosa invención de tu presencia nómada?

 

Eres convergencia de tierra y aire que nos cobija

Eres combinación del agua y bosques que nos alimentan

Eres tejidos de narrativas compuestas como awayos

Nativa sumergida en substratos de la piel

Moderna en vertiginosa audacia de tu cuerpo

 

Mexicana hermosa, águila y serpiente amistadas

Complementariedad de confederaciones indigenas

Herencia nativa haciéndose presente rebelde

En la intempestiva insurgencia campesina

Elevando consigna de tierra y libertad

Metamorfosis moderna del maíz cultivado

Por ancestrales sociedades agrícolas conocedoras

De la combinatoria programada del genoma inscrito

En el sistemático recuerdo de las plantas

Y la composición armónica de los ríos  

 

En tu voz juguetona se cobijan nuestras memorias sensibles

En pentagrama de notas se pronuncian nuestras utopías

En tus gestos coquetos se expresan nuestras estéticas

Maravillosamente barrocas y el espesor de nuestras escrituras

Mágicas en su realismo inverosímil 

Eres mitología usada para interpretar el cosmos