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La polisemia de la paz

La polisemia de la paz

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Hemos dicho que la paz es una idea, en el sentido kantiano; una construcción de la razón, un ideal. Aunque también construido por la esperanza. Sin embargo, hay que anotar que sus connotaciones se abren a la pluralidad semántica; dependiendo de la decodificación efectuada por distintos intérpretes sociales. Entonces estamos ante la polisemia de la paz, en el contexto de las concurrencias interpretativas. Si se supone como un promedio de sentido, que comparten todos, éste parece más una conjetura operativa, que efectiva. Sobre este supuesto compartido, que en la práctica no lo es, los grupos sociales se apropian del concepto de paz, atribuyéndole su propia interpretación.

 

Algunas preguntas orientadoras, podrían ser: ¿Cómo interpreta el gobierno el concepto de paz? ¿Cómo interpretan las FARC-EP la paz? ¿Cómo la interpretan los distintos estratos que votaron por el ? ¿Cómo la interpretan los distintos estratos que votaron por el No? ¿Cómo la interpretan los y las que se abstuvieron? ¿Cómo la interpretan las víctimas? Como se podrá ver la connotación del concepto de paz, si se quiere, la idea de paz, se abre a un abanico bastante grande. Por más que las interpretaciones se yuxtapongan en algunos o muchos casos; esto no borra la polisemia semántica de la paz.

 

Esta polisemia es importante tenerla en cuenta, al momento del análisis, pues, precisamente esta distribución connotativa es la que incide en las conductas políticas. Lo que es paz para unos es otra cosa para otros; es indispensable colocarse en esta múltiple hermenéutica social en juego, para comprender los comportamientos políticos; por ejemplo, al emitir el voto en el plebiscito o abstenerse.

 

Ahora bien, después de los resultados del plebiscito sobre el Acuerdo de Paz, que según las reglas del juego, ganó el No; es indispensable reflexionar sobre el resultado, no solamente desde las reglas del juego, sino sobre las señales y mensajes implícitos que manda este desenlace estadístico. Dijimos que es menester conocer las percepciones de los distintos estratos que votaron por el No; también dijimos que es necesario conocer las percepciones y la situación de los y las que se abstuvieron[1]. Esto para comprender la dinámica molecular social que converge en comportamientos políticos. Sin embargo, hay otros desplazamientos necesarios en el análisis de lo ocurrido. Enfocando desde la perspectiva democrática, por lo menos, de lo que debería ser, en el sentido de la legitimidad y legitimación política, siendo incluso el caso de la democracia formar e institucionalizada, vemos, que la masa estadística que ha ganado es la abstención; no exactamente el No.

 

Desde el punto de vista del enfoque de la democracia, el plebiscito no puede legitimar ni deslegitimar nada, pues la mayoría aplastante ha estado ausente en el plebiscito. Si el pueblo no está, en el sentido de la desmesura de la mayoría, que asume, representativamente, la expresión de la totalidad del pueblo, no hubo, efectivamente, ejercicio de la democracia; incluso bajo consideraciones formales e institucionales de la democracia. Ética y políticamente no puede realizarse la legitimación, ni lograrse la legitimidad de nada. En otras palabras, el ejercicio de la democracia está en crisis.

 

Quizás antes de pugnar sobre el Acuerdo de Paz, haya que exigir que se cumplan las condiciones de posibilidad del ejercicio de la democracia; por lo tanto, de las mecánicas políticas de la legitimación. No es aceptable, desde la perspectiva política, en sentido pleno, que grupos de poder, estructuras de poder, se apoderen de las decisiones políticas, de las representaciones, excluyendo al pueblo, hablando, paradójicamente, a nombre del pueblo.

 

Ciertamente, esta usurpación de la democracia, de la voz del pueblo, a través de la representación institucional, este forcejeo para legalizar las decisiones cupulares, en realidad, grupales, ha venido ocurriendo a lo largo de la historia política de la modernidad. Sin embargo, porque haya sido así no implica que también es explicable y aceptable lo acaecido en el plebiscito. El plebiscito, como desenlace político, muestra toda la carencia política de una democracia simulada.

 

Incluso, pongámonos en el caso hipotético, en ese “escenario”, tal como les gusta nombrar a los “analistas políticos”,  que hubiese ganado el – poco le faltaba -, tampoco podría el resultado ser legítimo ni legitimarse, pues sigue ausente de la participación de la mayoría del pueblo colombiano. Esto es grave, solo considerando nada más que la legitimidad democrática. Todavía no incorporamos las condiciones de posibilidad de la realización del Acuerdo de Paz, de concretarlo. Algo que exige mucho más que las condiciones de posibilidad de la legitimación.

 

Sin embargo, esto es lo sorprendente, ocurre como cuando se conjetura un promedio de sentido, en la concurrencia de las interpretaciones; la conjetura implícita, perversa, por cierto, es que el pueblo está, de alguna manera, en el contingente de los votantes. Es como si en esta ausencia se edificara la susodicha democracia institucional, circunscrita a la arquitectura de la república de equivalencia de poderes; donde están estas instituciones que hacen al Estado, cuando falta precisamente el ejercicio deliberativo y de formación de concesos por parte del pueblo. Es pues, precisamente en la exclusión de la mayoría popular donde se logra ejercer esta democracia extraña, que tiene de gubernamentalidad; pero, nada de democracia, en el sentido pleno de la palabra.

 

Se podría decir, comentando, que la democracia anda mal. Pero, esto parece que a nadie le mella; pues los gobernantes siguen gobernando y decidiendo como si la mayoría del pueblo hubiera avalado todas sus decisiones políticas. Las elecciones se dan de manera rutinaria, como cumpliendo con una ceremonia del poder, que se unge de una legitimidad chuta. La política, en sentido restringido, institucional, se efectúa con “normalidad”, sobre substratos, por así decirlo, de anomalías democráticas. Todo el mundo sabe que esto no está bien o, si se quiere, matizando, no está del todo bien; sin embargo, se sigue adelante sobre este mal funcionamiento de la máquina política. ¿Acaso no hay consciencia que una máquina que funciona mal es peligrosa? Conlleva el riesgo de desbarrancarse.

 

¿Queremos la paz? ¿Queremos parar la guerra permanente? ¿Lo vamos a lograr con un Acuerdo de Paz? Que después de ser anulado por la victoria del No, se trata de reformarlo, en convenio con otros participantes incorporados a posterioridad, participantes que tienen la peculiaridad de haber promocionado el No. ¿Por qué no se incorporan a los del , que no necesariamente hay que asimilarlos a las irradiaciones ideológicas de las FARC-EP? ¿Por qué no incorporar a los y las de la abstención? ¿Por qué no incorporar a las víctimas? ¿Por qué no incorporar a los y las jóvenes colombianas, a las composiciones sociales vitales de la sociedad colombiana? ¿Por qué restringirse a los que tienen el monopolio de la representación, también el monopolio de la fuerza de las armas? No solamente refiriéndonos al Estado-nación, a las FARC-EP, sino a las organizaciones paramilitares. Este desconocimiento taxativo del pueblo, en sus múltiples expresiones, constituciones, singularidades, habla mucho de no solo la usurpación de la palabra y de la voluntad popular, sino, sobre todo, de los métodos de dominación, de exclusión de las mayorías, justamente cuando se hacen las cosas a nombres de ellas.

 

¿Por qué pueblos tan vitales, tan intensos, en las expresiones sociales de la vida cotidiana, del arte, de la cultura, de los perfiles transgresores o, matizando, propios, deja que le usurpen la requerida construcción colectiva de la decisión política? ¿Por qué dejan que les impongan una democracia chuta, una democracia simulada? ¿Deja esta banalidad grotesca del forcejeo por el poder, de la concurrencia estridente de la clase política, a los señores y doctorcitos megalómanos y engreídos, que son nombrados como líderes? Hay que preguntarse multitudinariamente esto.

 

Como lo dijimos varias veces, el secreto del poder y las dominaciones, no se encuentra en la disponibilidad de fuerzas del Estado, en el acceso al asiento simbólico del poder, el gobierno, no se encuentra en los que dominan, sino en la renuncia a seguir luchando, por parte del pueblo; a esto hemos llamado deseo del amo[2]. Aunque no lo sepan los gobernantes, los dominadores, apuestan a esta docilidad de parte del pueblo. Si bien llegan a creer que ellos se merecen el poder, ya sea por “naturalidad”, por herencia o habilidad y astucia, o, si se quiere, por ser portadores de la palabra del pueblo, esto es más creencia e imaginario, que efectiva dinámica del poder. El secreto de la dominación se encuentra en la renuncia a luchar por los derechos conquistados, por el ejercicio de la democracia, incluso en sentido restringido; mucho más si se trata del ejercicio de la democracia en sentido pleno; es decir, como autogobierno.

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Derrota de la esperanza y de las víctimas

Derrota de la esperanza

y de las víctimas

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Dedicado a los y las que votaron por el Sí, por una solución democrática a los problemas heredados, que desencadenaron la guerra permanente.

 

 

El plebiscito ha arrojado la victoria del No, aunque sea por un margen estrecho. Es de todas maneras una victoria cuantitativa, estadística, institucionalizada, del No. Además expresa contundentemente que estos votantes ganadores no están de acuerdo con el Acuerdo de Paz.  ¿Quiénes son los que votaron por el No? ¿Quiénes son los de la abstención? Estas preguntas muestran el tamaño de nuestra ignorancia. No los conocemos. Aunque perezca que conocemos, en algo, que creemos lo fundamental de sus rasgos, a los que votaron por el , esta, la del plebiscito, es una derrota no solo de la paz, sino también de nuestros análisis. No solo de los de la izquierda, que está acostumbrada a confundir la realidad efectiva con sus deseos, a reducirla a sus esquematismo dualistas, que le dan la ilusión de estar en lo justo, en lo racional, en la astucia de la razón, que cree que conduce la historia, sino de nosotros, que ya hicimos la crítica a la “izquierda”, a la ideología vanguardista, y orientamos pasos que van más allá del esquematismo dualista y político del amigo y enemigo, encaminándonos a el propósito de liberar la potencia social.  ¿En qué nos equivocamos?

 

En eso, no conocemos a los que votaron por el No; no conocemos a los que se abstuvieron. No conocemos la complejidad dinámica de la formación espacio-temporal-territorial-social-colombiana; no conocemos sus composiciones y combinaciones de composiciones singulares, en el momento, en la coyuntura, en el presente. Aunque, en nuestro caso, hayamos lanzado hipótesis interpretativas prospectivas, y reconocido las carencias de las que partimos, no nos salva, de ninguna manera del error.

 

Sobre errores no se construye avances libertarios y emancipaciones. Lo primero que hay que hacer, cuando se evidencia el equívoco, es aprender del error. No tratar de ocultarlo con retórica. La misma que construye esforzadamente hipótesis ad hoc para explicar lo que pasó; colocándose en el lado de lo justo, de la razón, de la verdad; señalando a fuerzas oscuras, que incidieron en los desenlaces. Después de una derrota, de la constatación del error, ésta es la peor conducta ante el peligro.  Es como persistir en lo que condujo a la derrota. Esta es la conducta de los que construyen otras derrotas; los que se cierran al porvenir. Porvenir que solo puede ser creado por los pueblos y las sociedades, en la medida que liberen su potencia social; en la medida que rompan sus cadenas, que los sujetan, que los mantienen en los habitus, en las ideologías, en los fetichismos, inhibidos en el terror  y en el miedo.

 

El activismo libertario, que no se cree vanguardia, que no cree que enseña al pueblo, que aprende con la experiencia social, tiene que mirar abiertamente los errores; detectar las equivocaciones, aprender de las amargas experiencias; abrirse a la complejidad dinámica y simultanea de la realidad efectiva. No podemos caer en la apología del vanguardismo, que, en el fondo dice: el pueblo o parte de él, en este caso, la mayoría votante del plebiscito, no ha comprendido la situación; se ha dejado llevar por sus prejuicios. Los y las que hemos caído en un desliz de ingenuidad somos nosotros y nosotras, los y las libertarias, que nos dejamos llevar por el entusiasmo; entusiasmo alimentado por la información con la que contábamos. Que a la luz de lo ocurrido, es incompleta; por lo tanto, inadecuada para la apreciación y el análisis de la complejidad del presente, en una formación social dada.

 

Aunque experimentemos la sorpresa, después, el desaliento y cierta consternación; esta experiencia ineludible, no puede convertirse en una desmoralización; tampoco, en contraste, en un delirio apologético, en una retórica izquierdista, que no reconoce sus errores y sus equivocaciones. Esta experiencia tiene la virtud de enseñaron dónde se encuentra el error, dónde está la equivocación.  De esta enseñanza, se debe pasar al aprendizaje y a mejorar la acción. Avanzar a la comprensión de los y las que no conocemos; los que votaron por el No; los que se abstuvieron. Entender las dinámicas moleculares y molares sociales de los planos y espesores de intensidad de la formación social, que no llegamos a conocer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Balance preliminar y provisional

 

El intento del Acuerdo de Paz, la labor desplegada, durante tres años, para lograrlo, no ha dejado de ser una propuesta institucionalizada y adecuada, en la búsqueda de caminos que no sean los de la guerra. La derrota del plebiscito no la convierte en una mala propuesta y en un logro inalcanzado. A pesar de los problemas que puede contener, que hemos, de alguna manera, señalado, a pesar que también, esto es lo importante, el pueblo colombiano ha evidenciado, no deja de ser un avance concreto hacia la paz y hacia la oportunidad de solucionar los problemas heredados de manera democrática.

 

Lo que hay que preguntarse es: ¿Cuántos de los y las que votaron por el No, cuántos de los que se abstuvieron, lo hicieron porque no los convocaron y no participaron? La construcción de la paz es acontecimiento social y es una construcción colectiva; no solamente de las partes encontradas. Es importante saber el peso de ellos y ellas, pues señalan una falencia mayúscula del Acuerdo de Paz; no estaba presente y participando la sociedad colombiana. Esta parte del No y de la abstención, quiere que la paz se construya democráticamente; incluso desde el Acuerdo de Paz mismo; desde la deliberación misma. Sobre los otros estratos que votaron por el No y se abstuvieron, también debemos conocer sus razones y sentimientos.

 

Si fuese significativo el peso de estos estratos del No y de la abstención, entonces, el mandato del voto parece ser el discutir el Acuerdo de Paz colectivamente, con la sociedad y el pueblo colombiano. Si el peso significativo, mas bien, se encuentra, en otros estratos; por ejemplo, para decirlo a tientas, en la oscuridad, en conglomerados irradiados por la presencia paramilitar; ya sea que estén de acuerdo o, más bien en contra, y se muevan por el miedo, entonces el mandato, por así decirlo, parece ser otro. Ahora no vamos hablar de esa otra señal.

 

El activismo libertario no puede dejar a su suerte a las víctimas del conflicto de la guerra permanente; eso lo sabe muy bien cada activista. Tampoco parece conveniente dejar a su suerte a los que se esforzaron en el Acuerdo de Paz, aunque no estemos de conformes en la forma y el contendido de parte del Acuerdo. Claro que lo último es una sugerencia personal discutible. Así mismo, no se puede dejar a su suerte a los que votaron por el ; esto también lo sabe cada activista, pues compartimos la búsqueda de la paz, no de la guerra. Sabiendo que la paz requiere de condiciones de posibilidad históricas, políticas, sociales, económicos y culturales.  De la misma manera, no se puede dejar a su suerte a los que votaron por el No y los que se abstuvieron. Pues, sin considerar los distintos estratos de esta votación, ni sus razones y tendencias, entre varias posibilidades y proyecciones de desenlaces se encuentra el camino a la continuidad de la guerra permanente. Que puede convertirse en una guerra civil; que puede avanzar incluso a desastres mayores, de alcance más destructivo. No hay en esto, en lo que decimos, ninguna intensión de abrumar con retórica apocalíptica, sino enumeración de algunas posibilidades, en el campo de posibilidades inherentes, que se dan por azar y necesidad, así como por correlaciones de fuerzas en juego.

 

Lo que importa es la consecuencia con la defensa de la vida, la responsabilidad con el porvenir de las sociedades humanas; por lo tanto, con el porvenir de la pluralidad y multiplicidad de las sociedades orgánicas y de los seres de la biodiversidad ecológica del planeta. Lo que importa es el activismo comprometido con la vida, con la tarea de liberar la potencia social de los pueblos. En este sentido, lo que importa es amar al continente de Abya Yala; comprender sus dinámicas moleculares y molares, su complejidad dinámica, su simultaneidad dinámica, en las formas singulares que se componen. En consecuencia, seguir aprendiendo para activar, seguir defendiendo la vida en sus plurales formas, desde las planetarias, hasta las individuales; para vivir y crear con la vida, donde estemos. En la misma perspectiva, lo que importa es que el amor por Colombia se convierta en efectiva creación social de una paz construida por todos.

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Materia de poder: los cuerpos Contenido de los discursos de poder y sujeto constituido: las víctimas

Materia de poder: los cuerpos

Contenido de los discursos de poder y sujeto constituido: las víctimas

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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El quinto tópico del Acuerdo de paz es el campo temático definido por el Acuerdo sobre las Víctimas del Conflicto: “Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición”, incluyendo la Jurisdicción Especial para la Paz; y Compromiso sobre Derechos Humanos. Este bloque de intensidades, como anotamos en Episteme compleja[1], al aglutinar planos de intensidad y espesores de intensidad integrados, es quizás lo más importante del documento del Acuerdo de Paz y del Acuerdo mismo como compromiso de las partes. El desenlace dramático y trágico de la guerra permanente es este: las víctimas.  La desolación inconmensurable de las víctimas, sus cuerpos demolidos, desvalorizados, empujados a la desgracia y obligados a la migración o, en su caso a quedarse en el lugar fatal de la tragedia, compartiendo con los muertos y desaparecidos el miedo. Lo que produce la guerra, en el sentido más efectivo, contundente e indiscutible, son víctimas. Que alguien o algunos ganen y otros pierdan, siempre estará en discusión, dependiendo de las evaluaciones; siempre estará en suspenso. De todas maneras, se dirá una y otra cosa; pero estos son discursos o, si se quiere, momentos provisionales de victoria; la misma que desaparece con el tiempo. Lo que queda son los cuerpos enterrados, ocultados a la vista, las fosas comunes o individuales, los cuerpos desparramados en los territorios del olvido o de la amargura de familiares y amigos. Lo que queda son los cuerpos vivos magullados, heridos, donde el poder desbordante y demoledor de la violencia ha inscrito su marca de terror. Es este el producto material de la guerra; si se quiere incluir la memoria de la guerra, esa memoria de las víctimas, diremos también lo que queda es esa energía retenida en el cuerpo sufriente, que llaman espíritu, atrapada en su propio padecimiento.

 

¿Acaso los belicistas no saben esto? No lo saben o lo saben, de alguna manera, casi como dato, sin que termine de afectarles; por lo tanto, sin importancia para ellos. Pues creen que lo único que vale es la victoria; en consecuencia, el poder. Estos sujetos de mirada corta, atrapados en la ideología, en los prejuicios compartidos con sus grupos de poder, no entienden ni comprenden que no hay más valor, en sentido ético, que la vida. Sus finalidades, restringidas al poder, a la victoria o, si se quiere, también a la riqueza banal, que no es más que simbolismo, como las medallas otorgadas en competencias. Ahora bien, si conquistan territorios, si prolongan el poder, si obtienen otros beneficios; esos logros provisionales, dados en lapsos históricos, mas bien, cortos, no se comparan en nada a la vida misma.

 

Entonces estamos ante el resultado contundente de la guerra, la miles y hasta millones de víctimas. ¿Qué decirles? ¿Cómo resarcirles de los daños múltiples que los demolieron? ¿Cómo lograr la paz, para decirlo metafóricamente, en sus corazones y en los corazones de todos y todas las colombianas? No parece tarea posible; los muertos no regresan, las heridas se cicatrizas; pero, quedan; si no es en la piel y el cuerpo magullado o mutilado, en el espesor mismo del cuerpo, que no olvida. Pues las sensaciones quedan, como los golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé; como muy bien expresaba Cesar Vallejo.

 

El esfuerzo de las partes del Acuerdo de Paz, por acoger a las víctimas, resarcirlas de los daños, tomarlas en cuenta, aunque solo hayan sido tres mil, convocadas en el proceso del Acuerdo de Paz, es ya un gran paso. Que no solo busca enmendar los daños irreparables, sino establecer un nuevo suelo de relaciones sociales y políticas, que no pasen por las soluciones de la descarnada violencia de la guerra. Considerando estas apreciaciones, vamos a citar partes del texto; sobre todo aquellas donde se expresan las intenciones, las voluntades, las reflexiones sobre el drama y la tragedia ocasionada por la guerra; además por los conceptos vertidos sobre los derechos humanos y los derechos de las víctimas.

 

 

 

En el quinto punto del Acuerdo de Paz, se escribe:

 

 

 

Resarcir a las víctimas está en el centro del Acuerdo entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP. En tal sentido en la Mesa de Conversaciones de La Habana, hemos discutido y llegado a acuerdos sobre el punto 5 de la Agenda “Víctimas” que incluye los subpuntos: 1. Derechos humanos de las víctimas y 2. Verdad, tratando de dar contenidos que satisfagan las reivindicaciones de quienes han sido afectados por la larga confrontación respecto a cuya solución política hoy, mediante estos nuevos consensos e importantes medidas y acuerdos de desescalamiento, hemos dado un paso fundamental de avance para la construcción de la paz estable y duradera y la finalización de una guerra de más de medio siglo que ha desangrado al país.

 

El Gobierno Nacional y las FARC-EP, considerando la integralidad que debe caracterizar el desarrollo de los numerales comprendidos en el punto Víctimas, iniciamos nuestro análisis del punto asumiendo la “Declaración de principios” del 7 de junio de 2014. Estos principios fueron tenidos en cuenta a lo largo de todo el trabajo para el desarrollo del Punto 5 – Víctimas, y deberán irradiar su implementación:

 

 

El reconocimiento de las víctimas: Es necesario reconocer a todas las víctimas del conflicto, no solo en su condición de víctimas, sino también y principalmente, en su condición de ciudadanos con derechos.

 

El reconocimiento de responsabilidad: Cualquier discusión de este punto debe partir del reconocimiento de responsabilidad frente a las víctimas del conflicto. No vamos a intercambiar impunidades.

 

Satisfacción de los derechos de las víctimas: Los derechos de las víctimas del conflicto no son negociables; se trata de ponernos de acuerdo acerca de cómo deberán ser satisfechos de la mejor manera en el marco del fin del conflicto.

 

La participación de las víctimas: La discusión sobre la satisfacción de los derechos de las víctimas de graves violaciones de derechos humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario con ocasión del conflicto, requiere necesariamente de la participación de las víctimas, por diferentes medios y en diferentes momentos.

 

El esclarecimiento de la verdad: Esclarecer lo sucedido a lo largo del conflicto, incluyendo sus múltiples causas, orígenes y sus efectos, es parte fundamental de la satisfacción de los derechos de las víctimas, y de la sociedad en general. La reconstrucción de la confianza depende del esclarecimiento pleno y del reconocimiento de la verdad.

 

La reparación de las víctimas: Las víctimas tienen derecho a ser resarcidas por los daños que sufrieron a causa del conflicto. Restablecer los derechos de las víctimas y transformar sus condiciones de vida en el marco del fin del conflicto es parte fundamental de la construcción de la paz estable y duradera.

 

Las garantías de protección y seguridad: Proteger la vida y la integridad personal de las víctimas es el primer paso para la satisfacción de sus demás derechos.

 

La garantía de no repetición: El fin del conflicto y la implementación de las reformas que surjan del Acuerdo Final, constituyen la principal garantía de no repetición y la forma de asegurar que no surjan nuevas generaciones de víctimas. Las medidas que se adopten tanto en el punto 5 como en los demás puntos de la Agenda deben apuntar a garantizar la no repetición de manera que ningún colombiano vuelva a ser puesto en condición de víctima o en riesgo de serlo.

 

Principio de reconciliación: Uno de los objetivos de la satisfacción de los derechos de las víctimas es la reconciliación de toda la ciudadanía colombiana para transitar caminos de civilidad y convivencia.

 

Enfoque de derechos: Todos los acuerdos a los que lleguemos sobre los puntos de la Agenda y en particular sobre el punto 5 “Víctimas” deben contribuir a la protección y la garantía del goce efectivo de los derechos de todos y todas. Los derechos humanos son inherentes a todos los seres humanos por igual, lo que significa que les pertenecen por el hecho de serlo, y en consecuencia su reconocimiento no es una concesión, son universales, indivisibles e interdependientes y deben ser considerados en forma global y de manera justa y equitativa. En consecuencia, el Estado tiene el deber de promover y proteger todos los derechos y las libertades fundamentales, y todos los ciudadanos el deber de no violar los derechos humanos de sus conciudadanos. Atendiendo los principios de universalidad, igualdad y progresividad y para efectos de resarcimiento, se tendrán en cuenta las vulneraciones que en razón del conflicto hubieran tenido los derechos económicos, sociales y culturales.

 

Sobre la base de estos principios llegamos a acuerdos centrales sobre: 1. Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición; y 2. Compromiso con la promoción, el respeto y la garantía de los derechos humanos.

 

Dentro de estos compromisos se incluyen trascendentales acuerdos como la creación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición; la Unidad Especial para la Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto; la Jurisdicción Especial para la Paz y las medidas específicas de reparación. Todos estos componentes se han articulado dentro de un Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, al que se vinculan también medidas de no repetición, precisando que sobre este último tema, aparte de la implementación coordinada de todas las anteriores medidas y mecanismos, así como en general de todos los puntos del Acuerdo Final se implementarán medidas adicionales que se acordarán en el marco del Punto 3 – “Fin del Conflicto” de la Agenda del Acuerdo General.

 

Durante el desarrollo de los debates del punto 5 “Víctimas”, se puso en marcha la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, la cual arrojó importantes conclusiones de contenido diverso y plural en lo que concierne a los orígenes y las múltiples causas del conflicto, los principales factores y condiciones que han facilitado o contribuido a la persistencia del conflicto y los efectos e impactos más notorios del conflicto sobre la población, todo lo cual se ha considerado como insumo fundamental para el trabajo de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición.

 

Otras medidas de primer orden tomadas en el marco de las discusiones del punto 5 “Víctimas” han sido: la firma de medidas y protocolos para adelantar los programas de limpieza y descontaminación de los territorios de minas antipersonal (MAP), artefactos explosivos improvisados (AEI) y municiones sin explotar (MUSE), o restos explosivos de guerra (REG); medidas inmediatas humanitarias de búsqueda, ubicación, identificación y entrega digna de restos de personas dadas por desaparecidas en el contexto y con ocasión del conflicto[2].

Es un documento valioso en este punto del listado y la estructura ordenada del Acuerdo. Es un Acuerdo ponderable en este bloque de intensidades, que atingen a la experiencia dramática y trágica de las víctimas. Para decirlo, de manera valorativa, solo el contenido expresado en este tópico y campo temático de la problemática abordada, justifica el Acuerdo de Paz y el haberlo logrado por ambas partes. Solo el lograr los objetivos planteados en este apartado, justifican políticamente al Acuerdo de Paz. Es esta paz, la de las víctimas y de los y las colombianas, respecto de las víctimas y las irradiaciones de la guerra permanente, la que justifica el Acuerdo de Paz, como el trazado de un nuevo comienzo histórico-político-cultural. No se podría justificar después del plebiscito sobre el Acuerdo de Paz, el voto por el no. Esto no sería más que una muestra de la incomprensión ante el drama y la tragedia que asoló a la sociedad colombiana; independientemente de las posiciones que se tenga respecto a las ideologías de las partes enfrentadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crítica de las estrategias de muerte

 

 

Se ha dicho de todo sobre la guerra; quizás las tesis más famosas, por lo menos, en la contemporaneidad, son las que postulan simétricamente, contrastando, que la guerra es la continuación de la política, y la que dice que la política es la continuación de la guerra. Se ha hablado también de la guerra desde la formación discursiva histórico-política dialéctica, que la guerra es el enfrentamiento entre Estado-nación capitalistas; enfrentamiento bélico al que empujan las burguesías en competencia. Esta tesis se convirtió, en escala mundial, como que,  los Estado-nación imperialistas, en la etapa superior del capitalismo, cuando el capital financiero se articula con el Estado, no pueden resolver sus contradicciones, sino por medio de la conflagración a escala mundial. También se han enunciado teorías sobre la guerra, desde esa perspectiva de dominación del espacio, desde el vital hasta el mundial, llamada geopolítica. Así como también hay análisis de la guerra desde la perspectiva militar. La lista es larga, la bibliografía extensa, abarcando distintos niveles de incidencia de la guerra. Empero, la guerra no deja de ser acontecimiento, a pesar de los recortes de estas teorías, formaciones discursivas, análisis estratégicos y análisis técnicos-militares.

 

 

La guerra es un acontecimiento, compuesto de multiplicidad de singularidades y procesos singulares, cuyas características corresponden a la tendencia y convergencia hacia el desenlace bélico. La guerra, como acontecimiento múltiple, se mueve por formas, organizaciones, estructuras y mallas institucionales; si se quiere, por complejos-compuestos militares-tecnológicos-comunicacionales-políticos, que denominamos máquinas de guerra[3]. Dicho de manera simple, buscando una caracterización clara y contundente, podemos decir que la guerra, cuya dinámica es movida por máquinas de guerra, que suponen las máquinas de poder, produce muerte, en su proyección masiva. Se puede usar otra caracterización sencilla, metafóricamente, diciendo que la guerra es modo de producción de la muerte.

 

 

Si comparamos las “lógicas” de la guerra, mas bien, los alcances de sus engranajes maquínicos, con las lógicas creativas de la vida, vemos claramente la inutilidad de estas motricidades mecánicas, de estas máquinas de guerra, que destruyen; vemos el absurdo de las pretensiones ideológicas, que acompañan a estas máquinas de guerra. Así mismo, vemos las miserias de los hombres que conducen a la guerra, incluyendo a los hombres que conducen la guerra misma. Vemos las pobrezas alarmantes de las ideologías, que acompañan al desenvolvimiento de las máquinas de guerra.

 

 

No se pueden sostener las formaciones discursivas y enunciativas de los discursos belicistas; no llegan a estructurar un corpus teórico conceptual; solo imitan las voces, las tonalidades, las apariencias, de los conceptos. Lo que efectivamente emiten son los códigos del vacío humano de las instituciones armadas, de las instituciones estatales, de las instituciones del imperio, del orden mundial. Pues no se encuentra sentido en sus aseveraciones, sino el sin-sentido, disfrazado de pretensiones; sin-sentido avalado por ceremonialidades del poder; incluso por ceremonialidades académicas, tragadas por el chirriante movimiento de estas máquinas de guerra, que no son otra cosa que modos de producción de la muerte; en tanto que sus ideologías son apologías de la muerte.

 

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Economía política del narcotráfico

Economía política del narcotráfico

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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El cuarto tópico de la problemática, que ocupa al Acuerdo de Paz, es  Solución al Problema de las Drogas Ilícitas. Quizás sea éste el tema más delicado, por sus características propias; se trata de uno de los rubros de los negocios más rentables en el mundo, compartiendo los primeros lugares, con el tráfico de arma y el tráfico de cuerpos. Ciertamente hablamos de circuitos no institucionalizados, aunque ya cuentan con formas de organización, llamadas carteles. Hablamos de recorridos clandestinos de formas y estructuras de poder paralelas, no institucionales, aunque eficaces en lo que respecta al ejercicio del lado oscuro del poder[1], que podemos resumir como de la economía política del chantaje[2].  Estos circuitos y estos recorridos no institucionalizados, mas bien, clandestinos, han generado y desatado formas de violencia atroces contra las humanidades componentes de las sociedades, en toda la diversidad, pluralidad y tonalidades locales y territoriales. Son formas del ejercicio del poder que extreman, de manera demoledora, la violencia empleada, recurriendo a la amenaza y al terror para amedrentar a las poblaciones y someterlas por el miedo. Estas estructuras del lado oscuro del poder son las más destructivas de las formas de cohesión social, las más devastadoras de las estructuras sociales integradoras de lo social; no solamente institucionales estatales, ni solamente institucionales de la sociedad civil, sino también de estructuras estructurantes sociales, que funcionan como iniciativas creativas de la vida social. Se puede decir que estas formas de poder paralelas, no institucionales, correspondientes a la economía política del chantaje, que llevan la violencia hasta la intensidad demoledora del terror, anulan la condición humana; no solamente de las víctimas, no solamente de los contingentes involucrados, sino también de los grupos jerárquicos de los carteles y las mafias; que supuestamente se benefician grandemente con este negocio ilícito. Que solo puede desplegarse, por los mecanismo de los aparatos del lado oscuro del poder, sus aparatos de guerra sucia y sanguinaria, por el uso extremo de la fuerza, de la coerción y el chantaje.  Estos “oscuros personajes” son el ejemplo de a lo que llega el más extremo desgarramiento de la condición humana, hasta tal punto de llegar a la inhumanidad casi absoluta.

 

El apartado correspondiente que comentamos del Acuerdo de Paz, Solución al Problema de las Drogas Ilícitas, se parece a muchas declaraciones de los organismos internacionales y nacionales, que se esmeran por expresar las buenas intenciones, que motiva su buena voluntad de resolver este flagelo para los pueblos y países.  Casi todo lo que se menciona como metodologías, incluso integrales, de incidencia política, social, alternativa y de lucha efectiva contra el narcotráfico, ya se ha empleado en muchos países; monitoreados por organismos internacionales y hasta por dispositivos policiales, de acuerdos internacionales, así como por intervenciones militares. Todos los programas, tanto de “desarrollo alternativo”, también de “concientización” de la población, así como también la misma interdicción del narcotráfico, han fracasado. ¿Por qué volver a repetirlos, quizás con más ímpetu, alcance y de manera “integral”?

 

Parece que es menester atender esta problemática en su complejidad misma; no reducirla ni a la estigmatización como “monstruosidad” o como desenvolvimiento implacable del mal. Este esquematismo dualista entre bien y mal, también entre lo normal y lo patológico, no ayuda a la comprensión integral de la problemática en cuestión. Solo expresa la angustia de la consciencia desdichada, de la consciencia culpable, de la consciencia moralista. No parece haber salida por este lado, salvo la satisfacción de la catarsis por haber expresado discursos de buenas intenciones. Al respecto, diremos que, los involucrados en esta economía política ilícita, ni son “monstruos”, ni son endemoniados tomados por el mal, ni son anormales ni patológicos. Aunque usted no lo crea, también son víctimas de entramados de estructuras de poder, que hacen al sistema-mundo capitalista, que contiene al sistema-mundo cultural de la banalidad y al sistema-mundo político de la simulación. Son víctimas todos los involucrados en las telarañas de los circuitos, los recorridos, las producciones, de esta economía política del chantaje, que llamamos narcotráfico. Son víctimas de la decadencia de la civilización moderna, de la decadencia del sistema-mundo capitalista, cuya economía política generalizada[3] ha construido un mundo institucionalizado, que abarca y articula concomitantemente, distintos planos de intensidad, zurcidos, por así decirlo, con imbricadas mallas institucionales. Son víctimas, aunque usted no lo crea, desde los y, sobre todo, las que sufren y padecen las violencias perversas y polimorfas del lado oscuro del poder, hasta los jerarcas multimillonarios de los carteles y las mafias. ¿Por qué lo son, en este último caso? Por qué son sujetos desdichados, consciencias desgarradas, a tal extremo que  no se encuentra en ellos, exagerando, para ilustrar, rasgos de humanidad. Han optado, quizás debido a sus historias de vida, por el goce banal y provisional; por la ostentación rabiosa, que no puede cubrir los profundos abismos y vacíos de su desdicha. Precisamente cuando aparecen como implacables y crueles, es cuando más se manifiesta, paradójicamente, sus miedos tremendos y sus angustias mortíferas.

 

No hay solución en la “guerra contra el narcotráfico” desencadenada, optada por décadas de fracasos. Lo único que se ocasiona es obligar a mejorar la organización y la irradiación de las organizaciones clandestinas del narcotráfico; obligarlas a armarse cada vez mejor, incluso mejorando la viabilidad de sus circuitos. Lo único que ocurre, en términos económicos, es que suben exorbitantemente los precios de las drogas, haciendo incluso mucho más rentable un “negocio” que no deja de ser riesgoso. También se ocasiona el avance de la centralización y concentración del monopolio de los flujos y circuitos, de los cultivos y de la producción. Así como ocurre con las formas del capitalismo institucional, en sus ciclos largos. ¿Dónde encontrar una salida o, por lo menos, caminos cuyas direccionalidades mejoren los proyectos ejecutados en el pasado, que fracasaron?

 

Comenzaremos con la propuesta más fácil, además que cuenta con la experiencia de la aplicación, en otro tiempo y en otro rubro, en Estados Unidos de Norteamérica; hablamos de la legalización de la producción y comercialización de las bebidas alcohólicas. Esta medida fue suficiente para hacer bajar los precios de las bebidas, particularmente del whisky; así como para desmoronar a las organizaciones clandestinas encargadas de la producción, comercialización y el monopolio de esta economía política ilícita; aunque después, se hayan generado otros monopolios lícitos. Entonces, tal parece que una salida, por lo menos, inicial, es la legalización de las drogas. Ciertamente, esta medida no puede ser sino mundial. Si algo les queda de honestidad a las burocracias de los organismos internacionales, a las burocracias nacionales, encargadas de la “lucha contra el narcotráfico”, deberían asumir la tarea de la legalización mundial de las drogas, coordinando, evidentemente, las disposiciones y dispositivos institucionales de la distribución y la comercialización controlada.

 

Ya que hablamos de la honestidad de las burocracias del orden mundial, incluyendo a los órdenes nacionales, vamos a largar una pregunta indispensable, a estas alturas de la “evolución” del lado oscuro del poder, en el mundo institucionalizado por el orden mundial y sostenido por el sistema-mundo capitalista. Cuando podemos decir que el lado oscuro del poder, que comprende, obviamente, no solo la economía política del narcotráfico, sino otras formas del ejercicio del poder desmesurado y violento de la economía política del chantaje, el lado oscuro del poder ha, no solamente atravesado las mallas institucionales del lado luminoso del poder, de las formas de poder institucionalizadas, de los Estado-nación, incluso del Sistema Financiero Internacional, sino que, en algunos países, parece haber subsumido a las mallas institucionales, integrándolas a las  estrategias del lado oscuro del poder. La pregunta es: ¿De la misma manera, que afirmamos, que las jerarquías de los carteles y las mafias, son víctimas, lo son las burocracias, gobiernos, Estado-nación, trasnacionales, Sistema Financiero Internacional, que se encargan de lavar el dinero abundante de la economía política del narcotráfico?

 

Aunque parezca provocador y hasta desmesurado lo que vamos a decir, es menester decirlo, pues ilustra sobre una diferencia, plausible de tomar en cuenta. Los carteles, las mafias, ponen el pellejo; arriesgan, aunque cada vez menos, en la medida que se involucra a las mallas institucionales de los Estado-nación y del Sistema Financiero Internacional. En cambio las burocracias comprometidas y cómplices, encargadas del lavado, no arriesgan, no ponen el pellejo; ganan por su condescendencia, por su participación en el lavado, obteniendo grandes y superabundantes beneficios, por solo lavar el abultadísimo flujo dinerario de la economía política del narcotráfico. Sin querer hacer ninguna apología de los carteles y las mafias, de ninguna manera, es menester distinguir la labor de los carteles y las mafias en la división del trabajo de esta economía política ilícita; distinguirla de la labor de las burocracias gubernamentales, policiales, judiciales, tanto nacionales como internacionales, de la labor de lavado del Sistema Financiero Internacional. La perversidad extrema, por así decirlo, metafóricamente, no se encuentra en estas formas de organización del lado oscuro del poder, relativas a la economía política del narcotráfico, sino en las mallas institucionales estatales, comprometidas con el lavado. Estas burocracias no solo son cómplices, si se quiere, son tragadas por los circuitos de la economía política clandestina, sino que le otorgan la estructura nacional e internacional institucional para que el “negocio” prospere, se globalice y se proyecte espantosamente en el tiempo, hacia un futuro apocalíptico. En conclusión, estas burocracias, nacionales e internacionales, civiles y policiales, no son víctimas; al contrario, son el amarre del círculo vicioso del poder, en su decadencia, en el desenvolvimiento de sus formas más destructivas y atroces.

 

¿Dónde radica el núcleo del problema, por así decirlo, para no hablar de los contextos de la problemática en cuestión?  Nuestra hipótesis interpretativa, en distintos ensayos, ha sido esta: En la economía política generalizada, que ha estructurado el sistema-mundo capitalista, la economía política del poder, que separa poder de potencia social, desvalorizando la potencia social y valorizando el poder, que es el fantasma-vampiro, alimentándose de la sangre vital de la potencia de la vida; también la economía política del Estado, que separa Estado de sociedad, valorizando a la criatura de la sociedad, desvalorizando a la creadora, la sociedad; han impulsado la decadencia de la civilización moderna, su apuesta por las estrategias de muerte, desechando la potencia creativa de la vida. Es pues el núcleo representativo de la economía política del poder, el Estado, así como, ahora, en el mundo globalizado, es el núcleo del orden  mundial, el imperio, lo que ha “evolucionado” a estas formas cómplices, concomitantes, condescendientes, de la economía política del narcotráfico, de la dominancia del lado oscuro del poder.

 

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No es un golpe de estado, es la crisis. A Dilma la echaron porque ya no servía más

“No es un golpe de estado, es la crisis. A Dilma la echaron porque ya no servía más”

Giussepe Cocco es profesor en la Universidad de Río de Janeiro y coautor, junto con Antonio Negri de “Global: Biopoder y luchas sociales en una América Latina globalizada” (Barcelona, Paidos, 2006).

 

Giussepe Cocco.

Brasil acaba de vivir un fuerte golpe tras el impeachment que ha dejado a Dilma Rousseff sin la presidencia del país. Hablamos con el profesor en la Universidad de Río de Janeiro, Giuseppe Cocco, sobre qué ha ocurrido y qué puede ocurrir en el país.

¿Cómo se vivió la primera noche después de la destitución de Dilma Roussef en Río de Janeiro?

Aquí, en Río, hubo una manifestación pero fue tranquila, sin mucha gente. En Belo Horizonte, Brasilia y Porto Alegre también hubieron manifestaciones en donde además, hubo represión policial. En São Paulo la represión fue más violenta, como en junio del 2013.

Después del impeachment que ha derrotado a Dilma Roussef, ¿se ha quedado preocupado?

No hay más preocupación que lo que ya había. Pero no es un golpe: la narrativa del golpe es una narrativa mistificada y que viene de la reelección de Dilma que estuvo cargada con un montón de mentiras y dirigida por los que provocaron la crisis económica que viene desde el 2012. En esa trampa estamos. Dilma fue destituida con un pacto interno de la gobernabilidad y que tiene dos objetivos. El primero consistía en sacarla del gobierno porque era incapaz de hacer nada más en materia económica y así aplicar las reformas neoliberales y de austeridad que ella no ha sido capaz de realizar porque no tenía condiciones políticas, ya que perdió el apoyo parlamentario: ella no ha hizo estas reformas no porque no quisiera, sino porque no lo lograba. El segundo objetivo es que este gobierno quiere confrontar a los jueces que están investigando la corrupción.

No es un golpe, es la crisis. La crisis interna del bloque del poder. La echaron porque ya no servía más. No lograba proteger a la casta contra los jueces y no lograba hacer las políticas neoliberales.

Leer: Las cuatro crisis de Brasil (Raúl Zibechi)

Desde su punto de vista, ¿en dónde se ve claramente que no ha sido un golpe?

Aplicaron la Constitución y echaron a Dilma con un fuerte clamor popular (millones de personas en las calles) que pedía el impeachment. Al mismo tiempo, Dilma no pierde sus derechos políticos. Si fuera responsable de la acusación que la hacen, no podría gozar de ellos ya que la Constitución así lo señala en este tipo de delitos. No hay golpe, pero sí hay un gran pacto para salvar a toda la casta mediante las operaciones contra la corrupción: desde el presidente del Senado hasta Lula, pasando por todos los dirigentes del PMDB (y del PT). Se habla del “golpe” porque de esta manera no se habla de los escándalos de corrupción, Dilma aparece como víctima de un golpe de Estado y no hay un debate verdadero de lo que pasó.

¿Cuáles son para usted los detalles que han hecho quebrar a Rousseff?

Desde hace mucho tiempo hay una situación muy preocupante. Hay como tres elementos clave. La primera aparece en las protestas multitudinarias de junio de 2013,que mostraron que los jóvenes y los pobres no querían el modelo de desarrollo impuesto por ella. La segunda comienza después de las elecciones, cuando Dilma empieza a hacer lo contrario de lo que prometió durante la campaña y en su programa electoral y el país empieza en una fase de terrible crisis económica que se traduce en una fuerte recesión: algo como el -10% del PIB per capita y con 12 millones de desempleados. Y para terminar, la operación de represión de la corrupción, Lava Jato,que ya llevó a prisión a los grandes empresarios de las obras públicas y que ahora llegó a los políticos, al gobierno brasileño: a toda la casta.

¿Cómo se presenta este gobierno de Temer?

El gobierno de Temer tiene una legitimidad muy débil, la misma que tenía Dilma, que contaba con índice de popularidad estaba más o menos en un 8%. Temer no tiene carisma, habla muy mal y no sé si logrará estabilizarse. Eso sí, tiene mucho apoyo parlamentario. Además, en estos momentos, los grandes medios van a comenzar con una campaña de apoyo para que haga las reformas neoliberales que tienen previstas. Quieren usar la eventual retomada económica para intentar reducir la operación Lava Jato. Si el PT grita por el golpe, tiene interés en este ataque a Lava Jato: golpistas y golpeados están juntos.

Y, grosso modo, ¿de qué reformas estamos hablando?

Son tres las reformas más destacadas. La primera consiste en la modificación de la Constitución que permita fijar un techo de gasto para los próximos diez años. Una auténtica locura. La segunda es una reforma que atañe al sistema de jubilación que consta de dos aspectos: aumentar la edad mínima de jubilación y separar el nivel mínimo de la jubilación del nivel mínimo del salario. La tercera es una mayor flexibilización laboral.

Temer va hacer unas reformas que ya se estaban haciéndose en el gobierno de Dilma porque hay que recordar que el partido de Temer lleva diez años con el PT. De hecho, [Henrique] Meirelles, el Ministro de Economía y Hacienda, peso pesado del gobierno de Temer, es un hombre de Lula. Fue presidente del Banco Central de Brasil durante los ochos años de gobierno de Lula. Lo que ocurre es que Dilma no consiguió terminar de hacerlas e hizo el peor de los ajustes: un ajuste desajustado.

¿Cómo va hacer Temer estas reformas? No lo sé. Será muy difícil aunque es necesario enfatizar que Temer parece mas flexible de Dilma. Por ejemplo, él ya ha cancelado el proyecto para hacer una nueva mega-represa en la Amazonia, en el río Tapajó. Dilma nunca la hubiera cancelado y se mostró inflexible con la mega-represa de Belo Monte: por si acaso peligraba el gran apoyo de la diputada (PMDB) Katia Abreu, una Marine Le Pen del agrobusiness.

Ante esta situación, ¿podría haber elecciones anticipadas o Brasil podría mantenerse con este gobierno hasta el 2018?

Seria la salida más popular. Hay un hecho que podría adelantarlas: un proceso abierto en la Corte Suprema Electoral que puede anular las elecciones del 2014 y destituir a Dilma y a Temer (por abuso del poder económico en la elecciones del 2014, algo demostrado por la operación contra la corrupción llamada Lava Jato). Ahora bien, si ese proceso no concluye de esa manera, hay que pensar que el 2018 está muy lejos y la economía no aguanta sin medidas y las únicas que hay en el horizonte son éstas, las neoliberales. Se podría aguantar si estas reformas estuvieran basadas en una retoma de las inversiones y con un apoyo de los grandes medios de comunicación.
Para mí, la mejor solución teórica desde el punto de vista democrático serían nuevas elecciones generales pero a la casta no les interesa adelantarlas. Serían a finales de año y no daría tiempo, con lo cual, generaría más inseguridad en los mercados y significaría que toda la casta se quedaría sin protección

Usted ha dicho que el PT ha creado un muro para que no haya una alternativa de izquierdas. ¿Qué alternativa de izquierdas hay para unas próximas elecciones brasileñas?

No hay. Hay una reorganización interna del sistema que incluye al PT. La única salida es que el movimiento sea capaz de hacer oposición a Temer y al PT –aunque ya está muy dañado– pero después de la represión de junio de 2013, está muy desactivado. Se necesita una movilización muy fuerte: un movimiento que sea contra Temer y no sea mistificado por el PT. Veamos si hay reacción popular después del impeachment, aún es temprano para saberlo.

En el 2018 hay una posibilidad de tener una salida moderada con el Partido REDE, la formación que encabeza Marina Silva. Es una candidata muy interesante que sería una alternativa al PT o a Temer, pero el partido de Marina es muy débil. Marina es una de las fundadoras del PT, fue la compañera de Chico Mendes, fue ministra con Lula dos veces y se peleó con Dilma –porque la que hasta ahora ha sido presidenta, ha favorecido la creación de las grandes represas, el “agrobusiness” y las políticas extractivistas en la Amazonía– y salió del gobierno en el 2007. Fue candidata en el 2010 y en el 2014 y consiguió el 20% y el 22% respectivamente. solo que la última vez fue masacrada por una propaganda infame por parte del PT. Sería una salida moderada para poder negociar la crisis pero su partido es muy débil y muy contradictorio. En él están los que apoyan el impeachment (sin apoyar Temer) y los que hablan de golpe. Necesitan definirse .

Pero en el próximo mes de octubre se celebrarán las municipales. ¿Considera que tampoco hay alternativas?

Sí, no hay alternativas. Lo que sí vamos a ver cómo se refleja lo sucedido en los partidos. Hay un pequeño partido de izquierda alternativa que se llama PSOL (Partido Socialismo e Liberdade) y que en algunas ciudades puede tener un resultado positivo: aquí en Río y en Porto Alegre. También hay que ver cómo el PT resiste, porque en muchas ciudades presenta candidatos aliados con el partido de Temer, el PMDB. Hay ya un ejemplo de esta alianza: el partido de Temer gobierna en Río y el vice-alcalde es del PT. A pesar de la narrativa del golpe, continúan con la coalición.

Volviendo a hablar de los comicios presidenciales ¿Ve a Lula como candidato para el 2018 ?

Sí, sí. Si lo dejan, será un candidato competitivo en la primera vuelta, en la segunda, no tanto. No tiene más dinero y tiene un rechazo popular muy fuerte. Lo que va a hacer es un llamado de unidad de la izquierda contra Temer y va a ser el líder de esa unidad de la izquierda pero sin hacer ningún análisis de lo que ha sucedido. Él es el único nombre que tiene el PT. Pero hay también una fuerte posibilidad que Lula vaya a la cárcel.

Hoy Temer está en China porque Brasil depende cada vez más de este país económicamente y tiene que dar dinero a Petrobras porque ha quebrado, porque han robado todo lo que tenía y el PT no dice nada sobre lo que se ha hecho. Hay un montón de empresas que van a privatizar para que no quiebren y lo llaman cesión de activos. El país está quebrado por el PT, por eso me atrevería a decir que muchos saldrían del PT en octubre. Es más, hay unas declaraciones del ex-marido de Dilma que habla de cómo el partido la ha abandonado y me inclino a pensar que ella también podría irse a otro partido.

¿Podría haber una estrategia geopolítica en la zona después de los resultados electorales en Argentina, del Golpe de Estado en Paraguay?

No, eso no explica nada. El agotamiento del ciclo es global, continental pero por causa del fracaso de todas las experiencias. En Brasil, la crisis empieza en el 2012 y comienza a agrandarse, proporcionalmente, por el hecho de que Dilma continuaba haciendo políticas anticíclicas y dando miles de millones a las grandes empresas brasileñas e internacionales, sin ningún efecto sobre el crecimiento. Este fracaso comenzó a demostrarse aquí en el 2013 con un movimiento de gente increíble que mostraba que ya había problemas graves y el PT ya estaba dentro del esquema del poder. El PT en este momento hacía el discurso de la nueva clase media, sin ningún horizonte popular; destruyó las empresas estatales, no hizo ninguna reforma estructural, ni siquiera reformas que no generaran ningún problema macroeconómico, como por ejemplo la abolición del “Auto de resistencia” –una ley recogida en el código penal que permite a la policía matar a cualquier persona por un incidente en las favelas– y por la que mueren decenas de personas al día. ¿Ni siquiera fue capaz de hacer ésa en 14 años?. Tampoco planificaron una política de seguridad y vemos cómo los homicidios en Río han aumentado en un 33% en el último año.
Lo que el PT hizo fue de destruir el movimiento para quedarse en el poder junto a Temer y su partido, en la corrupción sistémica y ahora tenemos como consecuencia este gobierno explícitamente de derecha.

La crisis es endógena y es el fracaso de todas estas experiencias sudamericanas. Es la misma ceguera que tenía la izquierda con la Unión Soviética, pero Brasil no es la Unión Soviética. No hay que decir que no ha pasado nada y que todo ha sido un golpe imperialista: no es la realidad. La situación es preocupante porque no hay alternativa y la alternativas son sistemáticamente destruidas por esas mistificaciones, como la narrativa del “golpe”.

Cocco, si pudiera, ¿qué alternativa propondría?

La construcción de un movimiento contra Temer, pero sin el PT.

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El discurso del despotismo ilustrado

 

El discurso del despotismo ilustrado

En defensa de Rebeca Delgado
Raúl Prada Alcoreza
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¿De dónde se saca la creencia de que se tiene la potestad de descalificar, de denigrar, de destruir, a las personas, por el sólo hecho de contar con la disponibilidad del poder? ¿Son dioses los que sienten que tienen este atributo? Estos jueces supremos, estos castigadores, estos patriarcas insólitos, creen que pueden descargar su violencia descomunal, contando con la ventaja de la diferencia jerárquica. ¿Dónde se encuentra el secreto de este deseo por destruir, por pulveriza, el cuerpo del otro, por desencadenar violencia? ¿Se exige respeto, reconocimiento, de una manera exacerbada, pidiendo a gritos obediencia y sumisión? ¿Es que no hay respeto ni reconocimiento? ¿Tan inseguros se sienten los todopoderosos? Estas son las paradojas de esas subjetividades extrañas de los que disponen el poder.  Tal parece que están carcomidos por dudas, por complejos de inferioridad, por ateridas inseguridades. El déspota es paranoico; este enunciado de Deleuze y Guattari caracteriza al supremo, al cuerpo convertido en símbolo del poder, representado como divinidad. Pero, el déspota es paranoico, no sólo porque cree que sus enemigos están por todas partes y conspiran permanentemente, sino porque es también el sujeto más inseguro; la máscara de la divinidad oculta la certidumbre de su propia mortalidad y finitud. La manifestación de la violencia de sus gestos encubre su profunda vulnerabilidad, su desbordante pretensión de seguridad es una clara señal de que no la tiene. Su total falta de respeto a los demás es un síntoma de que tampoco se respeta a sí mismo. Lo único que hace es simular lo contrario de lo que es, en realidad. Estamos ante un alma atormentada por sus propias tribulaciones, la más patética inestabilidad de una estructura subjetiva atormentada.
Rebeca Delgado, la presidenta de la cámara baja del Congreso, ha sido abusada por la delirante violencia verbal de los jerarcas. Esto no sólo es una elocuente muestra de discriminación y violencia contra la mujer, sino la manifestación del desprecio a la condición humana. Lo que ha acontecido con Rebeca Delgado por discrepar con un ministro que considera que ella no está a la altura de su sapiencia, por exigir que se investigue profundamente y se esclarezca completamente el caso de la red de extorsión, es inaudito. La mayoría de “llunkus”, aduladores, oficialistas del Congreso justifican y aplauden la actitud denigradora de sus jefes. No se podía esperar otra cosa, pues esta gente hace tiempo que perdió su dignidad. No se puede ocultar con nada  esta destrucción moral, menos con la demagogia forzada de la “disciplina” partidaria y la defensa del proceso de cambio. Lo único que defienden es sus curules y su participación en las pequeñas y miserables prebendas. Su disciplina partidaria es bochornosa, pues solamente se reduce a la obediencia servil, mientras viven el desorden y la confusión de pequeñas triquiñuelas, sin importarles para nada el destino del proceso.
Pregunto: ¿Hasta cuándo van a permitir las mujeres semejantes vejámenes y maltratos de parte de patriarcas furibundos? ¿Hasta cuándo los movimientos sociales van a permitir la impostura y la suplantación de los movimientos sociales por astutos políticos que se montaron a la cresta de la ola de las movilizaciones? ¿Hasta cuándo va permitir el pueblo boliviano que le usurpen nuevamente la posibilidad de cambio, de transformaciones estructurales, de emancipaciones y liberaciones soñadas? ¿Hasta cuándo las naciones y pueblos indígenas van a permitir que le arrebaten la posibilidad de descolonización, ahora arrebatada por un grupo intrépido de folkloristas políticos? Que pasen estas cosas es también nuestra corresponsabilidad por dejar hacer y dejar pasar.
La virtud de Rebeca Delgado es haberse atrevido a disentir con una conducta masiva de obediencia oportunista, buscando cumplir con el mandato constitucional y el papel otorgado a la Asamblea Legislativa de legislar y fiscalizar, además de deliberar. Resulta que esta decisión de hacer uso crítico de la razón, de oponerse a una ley interpelada por los gremialistas y transportistas, por la mayoría informal del país, de exigir una actitud consecuente de lucha contra la corrupción, es un pecado a ojos de los dueños del poder y de la verdad. Estos déspotas creen decir algo con sentido cuando la descalifican de libre pensadora. ¿Qué significa esto? ¿Qué el lugar de los libre pensadores es el café, tal cual se imagina el vicepresidente? ¿De dónde ha sacado este tipo de descalificación? Esta figura forma parte del imaginario burgués, imaginario que valorizó el realismo de la ganancia y la dedicación al trabajo. Forma parte pues de un discurso conservador y calvinista. Antes, el imaginario aristócrata descalificaba de una manera parecida a los jacobinos que deliberaban en cafés ¿Es consciente de lo que dice alguien que pretende ser la expresión de la clarividencia? La descalificación del libre pensador acompaña a la descalificación del pensamiento libre, por lo tanto del pensamiento, porque no se puede pensar sino libremente. Este discurso disciplinario y represivo es la muestra de la pervivencia de un recóndito oscurantismo.
Hay que defender a Rebeca Delgado, pues al hacerlo no solamente la defendemos a ella, sino también defendemos a la mujer de la violencia de la dominación masculina y patriarcal, defendemos el proceso, la Constitución, el derecho al ejercicio de la democracia participativa, defendemos la democracia directa, la democracia comunitaria y la democracia representativa. Pues lo que se hizo desde el control y monopolio supremo de la violencia simbólica, verbal y física, contra Rebeca Delgado es un irrespeto a la representación, a los representantes, elegidos democráticamente. Estamos ante una total falta de respeto a los valores y símbolos de la democracia, a las delegaciones y representaciones democráticas. Resulta, que desde el punto de vista despótico, los representantes fueron elegidos para obedecer a los jefes y no cumplir con la representación. ¿De dónde se ha sacado esto? No es esto una confusión total entre lo que son las personas de la jerarquía del poder, la ocupación del trono, con ejercicio político, que es fundamentalmente deliberante, con el ejercicio de la democracia, que es primordialmente libre, con el ejercicio revolucionario, que es esencialmente contestatario, y no de soldados obedientes, que responden a un mando ciegamente. Se confunde al partido con un cuartel.
Callarse sobre lo que ha ocurrido sería una complicidad.
Rebeca Delgado ha sido una militante leal, incluso le tocó defender las posiciones inconstitucionales y anti-indígenas del gobierno en el conflicto del TIPNIS. Ha cumplido un papel decidido en la Asamblea Constituyente, como el de todos los constituyentes elegidos por las mayorías, ha sido elegida por el MAS presidenta de la cámara bajo; lo que ha hecho y dicho forma parte de sus tareas como representante y presidenta de diputados, expresaba también el sentimiento y la interpelación de gremialista, transportistas, ciudadanos de a píe, que no estaban de acuerdo con la ley sobre bienes, también participó en las observaciones de la comisión y de la Asamblea a la ley, se corrigió parte de ella. Todo esto son atributos de la asamblea Legislativa; se comenzaba a hacer algo distinto de lo acostumbrado, cuando los asambleístas sólo aprobaban lo que mandaba el ejecutivo. Esto no podía ser permitido, los ministros estaban acostumbrados a que los asambleístas aprueben sus leyes sin chistar, a veces hasta sin leer.  Esta actitud, que corresponde a las potestades de la Asamblea, no podía ser permitida, no entra en la “disciplina” partidaria. Esta es la “disciplina “partidaria, atentar contra el ejercicio democrático del legislativo. A nombre de la “disciplina” partidaria se cometen atropellos, se violan derechos, se convierte  a la Asamblea Legislativa en una fortaleza de control y vigilancia. Cualquiera, a la menor sospecha, puede ser acusado de “opositor”, de “derechista”, de infiltrado. Este es un régimen de terror. Rebeca Delgado de la noche a la mañana se convierte en infiltrada del imperialismo. ¿Cómo puede ocurrir esto? Tiene que aceptar y justificar la red de extorsión, ahora convertida en producto de la conspiración imperialista; si no lo hace es una infiltrada, una lacaya, una libre pensadora. Este es un atrevimiento sin límites, la jerarquía del poder descubre infiltrados, los reconoce porque no hacen caso. La “disciplina” partidaria exige avalar la corrupción con cualquier argumento, por más estrambótico que sea. Si no lo hace, llega la condena, la descalificación y la destrucción. ¿A dónde hemos llegado? 
En este régimen de terror, avalado por la mayoría parlamentaria, se considera que es “normal” lo que se hace, pues la atmósfera y el clima de adulación y sumisión como que crean una realidad circunscrita, donde otras reglas y valores se imponen. Reglas relativas a la “lealtad”, valores relacionados a la renuncia y la entrega total a los jefes. Reglas y valores que pueden justificar las mayores atrocidades que se puedan cometer. Se trata de una atmósfera espesa donde no se puede discernir lo que establece la Constitución y lo que interpretan el “sacerdote” de la verdad y el símbolo del proceso. En esta penumbra a lo que se atina es a unirse como bloque y en la complicidad de la obediencia, sin necesidad de discernirla, pues si viene de los jefes, eso basta. Pero, no todo es tan amenazante y mecánico, hay satisfacciones, los sumisos son recompensados con pequeñas prebendas, pequeños privilegios, con ciertas tolerancias a faltas, con viajes y otros regalos. La Asamblea Legislativa es controlada por el juego combinado de la amenaza y la prebenda. Este es un logro de la “disciplina” partidaria, a este avance “democrático” se le llama cambio. A nombre de este cambio se exige obediencia.
No es pues esta “disciplina” partidaria una buena manera de defender el proceso de cambio, que se encuentra en crisis, en peligro, y llevada al naufragio. No es pues esta “disciplina” partidaria un buen procedimiento para defender la Constitución. Menos es una buena táctica para defenderse del imperialismo; al contrario, el exorcismo contra el fantasma del imperialismo impide la lucha concreta contra las formas actuales y efectivas del imperialismo; el sistema financiero internacional, al que es obediente el gobierno y su política monetarista; las empresas trasnacionales, que controlan técnicamente la producción de los hidrocarburos, y tienen el monopolio de los yacimientos mineralógicos más ricos en concesión; el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. La lucha anti-imperialista gubernamental es una demagogia, es una puesta en escena, una dramática escena de rasgarse las vestiduras, mientras se entrega nuevamente los recursos naturales a las formas actuales del imperio del capital. Su supuesta lucha contra el fantasma del imperialismo no es otra cosa que la escusa necesaria para descalificar a la dirigencia indígena, para destruir el TIPNIS, para evitar la deliberación y el debate, es decir, el raciocinio, para encubrir la corrupción, mientras se continúa con el entreguismo de los recursos naturales y la exportación de materias primas, a pesar de la propia nacionalización de los hidrocarburos.
Estamos ante la impostura y la suplantación de los movimientos sociales por parte de astutos políticos, que se invisten de jacobinos y bolcheviques, que utilizan lo que queda de la imagen del presidente, para legitimar su usurpación. Los revolucionarios franceses del siglo XVIII se invistieron de republicanos romanos para cumplir con la revolución liberal, los revolucionarios rusos del siglo XX se invistieron de jacobinos para cumplir con la revolución social; ahora, a inicios del siglo XXI, los neo-populistas bolivianos en el gobierno se invisten de jacobinos y bolcheviques para destruir el proceso y el germen de Estado plurinacional que se encuentra en la Constitución.    
Dicho esto, tampoco se puede caer en lo mismo que se critica, no se puede caer en otra versión de la teoría de la conspiración, no se puede llegar a decir que los jerarcas conspiran contra el proceso, no se puede hablar de traición. Es posible que ni se den cuenta, que crean en su guion; lo que ocurre es que se volvieron engranajes de estructuras de poder ya establecidas, ya sedimentadas en la geología política del Estado. En la medida que no se desmontaron estas estructuras de poder, también los habituscorrespondientes al campo burocrático y al campo político, en la medida que se restauró el Estado-nación, que no se construyó el Estado plurinacional comunitario y autonómico, los gobernantes, que provienen del campo popular, cayeron en la condena del poder; el poder te toma, te hace su siervo, te transforma, te convierte en parte de su maquinaria. Desde entonces actúas de acuerdo a las lógicas del poder. El discurso que se emite es sólo justificativo, es como un anacronismo discursivo que corresponde a otro tiempo, cuando el momento en el que se vive es otro, cuando se ejerce el poder como gobierno, cuando la práctica los lleva a la defensa del Estado, los convierte en portavoces de la razón de Estado, y por este recorrido se llega a la opción de la represión a nombre de la seguridad del Estado, así como se opta por aceptar las formas paralelas y colaterales del ejercicio del poder.