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No es un golpe de estado, es la crisis. A Dilma la echaron porque ya no servía más

“No es un golpe de estado, es la crisis. A Dilma la echaron porque ya no servía más»

Giussepe Cocco es profesor en la Universidad de Río de Janeiro y coautor, junto con Antonio Negri de «Global: Biopoder y luchas sociales en una América Latina globalizada» (Barcelona, Paidos, 2006).

 

Giussepe Cocco.

Brasil acaba de vivir un fuerte golpe tras el impeachment que ha dejado a Dilma Rousseff sin la presidencia del país. Hablamos con el profesor en la Universidad de Río de Janeiro, Giuseppe Cocco, sobre qué ha ocurrido y qué puede ocurrir en el país.

¿Cómo se vivió la primera noche después de la destitución de Dilma Roussef en Río de Janeiro?

Aquí, en Río, hubo una manifestación pero fue tranquila, sin mucha gente. En Belo Horizonte, Brasilia y Porto Alegre también hubieron manifestaciones en donde además, hubo represión policial. En São Paulo la represión fue más violenta, como en junio del 2013.

Después del impeachment que ha derrotado a Dilma Roussef, ¿se ha quedado preocupado?

No hay más preocupación que lo que ya había. Pero no es un golpe: la narrativa del golpe es una narrativa mistificada y que viene de la reelección de Dilma que estuvo cargada con un montón de mentiras y dirigida por los que provocaron la crisis económica que viene desde el 2012. En esa trampa estamos. Dilma fue destituida con un pacto interno de la gobernabilidad y que tiene dos objetivos. El primero consistía en sacarla del gobierno porque era incapaz de hacer nada más en materia económica y así aplicar las reformas neoliberales y de austeridad que ella no ha sido capaz de realizar porque no tenía condiciones políticas, ya que perdió el apoyo parlamentario: ella no ha hizo estas reformas no porque no quisiera, sino porque no lo lograba. El segundo objetivo es que este gobierno quiere confrontar a los jueces que están investigando la corrupción.

No es un golpe, es la crisis. La crisis interna del bloque del poder. La echaron porque ya no servía más. No lograba proteger a la casta contra los jueces y no lograba hacer las políticas neoliberales.

Leer: Las cuatro crisis de Brasil (Raúl Zibechi)

Desde su punto de vista, ¿en dónde se ve claramente que no ha sido un golpe?

Aplicaron la Constitución y echaron a Dilma con un fuerte clamor popular (millones de personas en las calles) que pedía el impeachment. Al mismo tiempo, Dilma no pierde sus derechos políticos. Si fuera responsable de la acusación que la hacen, no podría gozar de ellos ya que la Constitución así lo señala en este tipo de delitos. No hay golpe, pero sí hay un gran pacto para salvar a toda la casta mediante las operaciones contra la corrupción: desde el presidente del Senado hasta Lula, pasando por todos los dirigentes del PMDB (y del PT). Se habla del «golpe» porque de esta manera no se habla de los escándalos de corrupción, Dilma aparece como víctima de un golpe de Estado y no hay un debate verdadero de lo que pasó.

¿Cuáles son para usted los detalles que han hecho quebrar a Rousseff?

Desde hace mucho tiempo hay una situación muy preocupante. Hay como tres elementos clave. La primera aparece en las protestas multitudinarias de junio de 2013,que mostraron que los jóvenes y los pobres no querían el modelo de desarrollo impuesto por ella. La segunda comienza después de las elecciones, cuando Dilma empieza a hacer lo contrario de lo que prometió durante la campaña y en su programa electoral y el país empieza en una fase de terrible crisis económica que se traduce en una fuerte recesión: algo como el -10% del PIB per capita y con 12 millones de desempleados. Y para terminar, la operación de represión de la corrupción, Lava Jato,que ya llevó a prisión a los grandes empresarios de las obras públicas y que ahora llegó a los políticos, al gobierno brasileño: a toda la casta.

¿Cómo se presenta este gobierno de Temer?

El gobierno de Temer tiene una legitimidad muy débil, la misma que tenía Dilma, que contaba con índice de popularidad estaba más o menos en un 8%. Temer no tiene carisma, habla muy mal y no sé si logrará estabilizarse. Eso sí, tiene mucho apoyo parlamentario. Además, en estos momentos, los grandes medios van a comenzar con una campaña de apoyo para que haga las reformas neoliberales que tienen previstas. Quieren usar la eventual retomada económica para intentar reducir la operación Lava Jato. Si el PT grita por el golpe, tiene interés en este ataque a Lava Jato: golpistas y golpeados están juntos.

Y, grosso modo, ¿de qué reformas estamos hablando?

Son tres las reformas más destacadas. La primera consiste en la modificación de la Constitución que permita fijar un techo de gasto para los próximos diez años. Una auténtica locura. La segunda es una reforma que atañe al sistema de jubilación que consta de dos aspectos: aumentar la edad mínima de jubilación y separar el nivel mínimo de la jubilación del nivel mínimo del salario. La tercera es una mayor flexibilización laboral.

Temer va hacer unas reformas que ya se estaban haciéndose en el gobierno de Dilma porque hay que recordar que el partido de Temer lleva diez años con el PT. De hecho, [Henrique] Meirelles, el Ministro de Economía y Hacienda, peso pesado del gobierno de Temer, es un hombre de Lula. Fue presidente del Banco Central de Brasil durante los ochos años de gobierno de Lula. Lo que ocurre es que Dilma no consiguió terminar de hacerlas e hizo el peor de los ajustes: un ajuste desajustado.

¿Cómo va hacer Temer estas reformas? No lo sé. Será muy difícil aunque es necesario enfatizar que Temer parece mas flexible de Dilma. Por ejemplo, él ya ha cancelado el proyecto para hacer una nueva mega-represa en la Amazonia, en el río Tapajó. Dilma nunca la hubiera cancelado y se mostró inflexible con la mega-represa de Belo Monte: por si acaso peligraba el gran apoyo de la diputada (PMDB) Katia Abreu, una Marine Le Pen del agrobusiness.

Ante esta situación, ¿podría haber elecciones anticipadas o Brasil podría mantenerse con este gobierno hasta el 2018?

Seria la salida más popular. Hay un hecho que podría adelantarlas: un proceso abierto en la Corte Suprema Electoral que puede anular las elecciones del 2014 y destituir a Dilma y a Temer (por abuso del poder económico en la elecciones del 2014, algo demostrado por la operación contra la corrupción llamada Lava Jato). Ahora bien, si ese proceso no concluye de esa manera, hay que pensar que el 2018 está muy lejos y la economía no aguanta sin medidas y las únicas que hay en el horizonte son éstas, las neoliberales. Se podría aguantar si estas reformas estuvieran basadas en una retoma de las inversiones y con un apoyo de los grandes medios de comunicación.
Para mí, la mejor solución teórica desde el punto de vista democrático serían nuevas elecciones generales pero a la casta no les interesa adelantarlas. Serían a finales de año y no daría tiempo, con lo cual, generaría más inseguridad en los mercados y significaría que toda la casta se quedaría sin protección

Usted ha dicho que el PT ha creado un muro para que no haya una alternativa de izquierdas. ¿Qué alternativa de izquierdas hay para unas próximas elecciones brasileñas?

No hay. Hay una reorganización interna del sistema que incluye al PT. La única salida es que el movimiento sea capaz de hacer oposición a Temer y al PT –aunque ya está muy dañado– pero después de la represión de junio de 2013, está muy desactivado. Se necesita una movilización muy fuerte: un movimiento que sea contra Temer y no sea mistificado por el PT. Veamos si hay reacción popular después del impeachment, aún es temprano para saberlo.

En el 2018 hay una posibilidad de tener una salida moderada con el Partido REDE, la formación que encabeza Marina Silva. Es una candidata muy interesante que sería una alternativa al PT o a Temer, pero el partido de Marina es muy débil. Marina es una de las fundadoras del PT, fue la compañera de Chico Mendes, fue ministra con Lula dos veces y se peleó con Dilma –porque la que hasta ahora ha sido presidenta, ha favorecido la creación de las grandes represas, el “agrobusiness” y las políticas extractivistas en la Amazonía– y salió del gobierno en el 2007. Fue candidata en el 2010 y en el 2014 y consiguió el 20% y el 22% respectivamente. solo que la última vez fue masacrada por una propaganda infame por parte del PT. Sería una salida moderada para poder negociar la crisis pero su partido es muy débil y muy contradictorio. En él están los que apoyan el impeachment (sin apoyar Temer) y los que hablan de golpe. Necesitan definirse .

Pero en el próximo mes de octubre se celebrarán las municipales. ¿Considera que tampoco hay alternativas?

Sí, no hay alternativas. Lo que sí vamos a ver cómo se refleja lo sucedido en los partidos. Hay un pequeño partido de izquierda alternativa que se llama PSOL (Partido Socialismo e Liberdade) y que en algunas ciudades puede tener un resultado positivo: aquí en Río y en Porto Alegre. También hay que ver cómo el PT resiste, porque en muchas ciudades presenta candidatos aliados con el partido de Temer, el PMDB. Hay ya un ejemplo de esta alianza: el partido de Temer gobierna en Río y el vice-alcalde es del PT. A pesar de la narrativa del golpe, continúan con la coalición.

Volviendo a hablar de los comicios presidenciales ¿Ve a Lula como candidato para el 2018 ?

Sí, sí. Si lo dejan, será un candidato competitivo en la primera vuelta, en la segunda, no tanto. No tiene más dinero y tiene un rechazo popular muy fuerte. Lo que va a hacer es un llamado de unidad de la izquierda contra Temer y va a ser el líder de esa unidad de la izquierda pero sin hacer ningún análisis de lo que ha sucedido. Él es el único nombre que tiene el PT. Pero hay también una fuerte posibilidad que Lula vaya a la cárcel.

Hoy Temer está en China porque Brasil depende cada vez más de este país económicamente y tiene que dar dinero a Petrobras porque ha quebrado, porque han robado todo lo que tenía y el PT no dice nada sobre lo que se ha hecho. Hay un montón de empresas que van a privatizar para que no quiebren y lo llaman cesión de activos. El país está quebrado por el PT, por eso me atrevería a decir que muchos saldrían del PT en octubre. Es más, hay unas declaraciones del ex-marido de Dilma que habla de cómo el partido la ha abandonado y me inclino a pensar que ella también podría irse a otro partido.

¿Podría haber una estrategia geopolítica en la zona después de los resultados electorales en Argentina, del Golpe de Estado en Paraguay?

No, eso no explica nada. El agotamiento del ciclo es global, continental pero por causa del fracaso de todas las experiencias. En Brasil, la crisis empieza en el 2012 y comienza a agrandarse, proporcionalmente, por el hecho de que Dilma continuaba haciendo políticas anticíclicas y dando miles de millones a las grandes empresas brasileñas e internacionales, sin ningún efecto sobre el crecimiento. Este fracaso comenzó a demostrarse aquí en el 2013 con un movimiento de gente increíble que mostraba que ya había problemas graves y el PT ya estaba dentro del esquema del poder. El PT en este momento hacía el discurso de la nueva clase media, sin ningún horizonte popular; destruyó las empresas estatales, no hizo ninguna reforma estructural, ni siquiera reformas que no generaran ningún problema macroeconómico, como por ejemplo la abolición del “Auto de resistencia” –una ley recogida en el código penal que permite a la policía matar a cualquier persona por un incidente en las favelas– y por la que mueren decenas de personas al día. ¿Ni siquiera fue capaz de hacer ésa en 14 años?. Tampoco planificaron una política de seguridad y vemos cómo los homicidios en Río han aumentado en un 33% en el último año.
Lo que el PT hizo fue de destruir el movimiento para quedarse en el poder junto a Temer y su partido, en la corrupción sistémica y ahora tenemos como consecuencia este gobierno explícitamente de derecha.

La crisis es endógena y es el fracaso de todas estas experiencias sudamericanas. Es la misma ceguera que tenía la izquierda con la Unión Soviética, pero Brasil no es la Unión Soviética. No hay que decir que no ha pasado nada y que todo ha sido un golpe imperialista: no es la realidad. La situación es preocupante porque no hay alternativa y la alternativas son sistemáticamente destruidas por esas mistificaciones, como la narrativa del «golpe».

Cocco, si pudiera, ¿qué alternativa propondría?

La construcción de un movimiento contra Temer, pero sin el PT.

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/no-es-un-golpe-de-estado-es-la-crisis-a-dilma-la-echaron-porque-ya-no-servia-mas/

El discurso del despotismo ilustrado

 

El discurso del despotismo ilustrado

En defensa de Rebeca Delgado
Raúl Prada Alcoreza
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¿De dónde se saca la creencia de que se tiene la potestad de descalificar, de denigrar, de destruir, a las personas, por el sólo hecho de contar con la disponibilidad del poder? ¿Son dioses los que sienten que tienen este atributo? Estos jueces supremos, estos castigadores, estos patriarcas insólitos, creen que pueden descargar su violencia descomunal, contando con la ventaja de la diferencia jerárquica. ¿Dónde se encuentra el secreto de este deseo por destruir, por pulveriza, el cuerpo del otro, por desencadenar violencia? ¿Se exige respeto, reconocimiento, de una manera exacerbada, pidiendo a gritos obediencia y sumisión? ¿Es que no hay respeto ni reconocimiento? ¿Tan inseguros se sienten los todopoderosos? Estas son las paradojas de esas subjetividades extrañas de los que disponen el poder.  Tal parece que están carcomidos por dudas, por complejos de inferioridad, por ateridas inseguridades. El déspota es paranoico; este enunciado de Deleuze y Guattari caracteriza al supremo, al cuerpo convertido en símbolo del poder, representado como divinidad. Pero, el déspota es paranoico, no sólo porque cree que sus enemigos están por todas partes y conspiran permanentemente, sino porque es también el sujeto más inseguro; la máscara de la divinidad oculta la certidumbre de su propia mortalidad y finitud. La manifestación de la violencia de sus gestos encubre su profunda vulnerabilidad, su desbordante pretensión de seguridad es una clara señal de que no la tiene. Su total falta de respeto a los demás es un síntoma de que tampoco se respeta a sí mismo. Lo único que hace es simular lo contrario de lo que es, en realidad. Estamos ante un alma atormentada por sus propias tribulaciones, la más patética inestabilidad de una estructura subjetiva atormentada.
Rebeca Delgado, la presidenta de la cámara baja del Congreso, ha sido abusada por la delirante violencia verbal de los jerarcas. Esto no sólo es una elocuente muestra de discriminación y violencia contra la mujer, sino la manifestación del desprecio a la condición humana. Lo que ha acontecido con Rebeca Delgado por discrepar con un ministro que considera que ella no está a la altura de su sapiencia, por exigir que se investigue profundamente y se esclarezca completamente el caso de la red de extorsión, es inaudito. La mayoría de “llunkus”, aduladores, oficialistas del Congreso justifican y aplauden la actitud denigradora de sus jefes. No se podía esperar otra cosa, pues esta gente hace tiempo que perdió su dignidad. No se puede ocultar con nada  esta destrucción moral, menos con la demagogia forzada de la “disciplina” partidaria y la defensa del proceso de cambio. Lo único que defienden es sus curules y su participación en las pequeñas y miserables prebendas. Su disciplina partidaria es bochornosa, pues solamente se reduce a la obediencia servil, mientras viven el desorden y la confusión de pequeñas triquiñuelas, sin importarles para nada el destino del proceso.
Pregunto: ¿Hasta cuándo van a permitir las mujeres semejantes vejámenes y maltratos de parte de patriarcas furibundos? ¿Hasta cuándo los movimientos sociales van a permitir la impostura y la suplantación de los movimientos sociales por astutos políticos que se montaron a la cresta de la ola de las movilizaciones? ¿Hasta cuándo va permitir el pueblo boliviano que le usurpen nuevamente la posibilidad de cambio, de transformaciones estructurales, de emancipaciones y liberaciones soñadas? ¿Hasta cuándo las naciones y pueblos indígenas van a permitir que le arrebaten la posibilidad de descolonización, ahora arrebatada por un grupo intrépido de folkloristas políticos? Que pasen estas cosas es también nuestra corresponsabilidad por dejar hacer y dejar pasar.
La virtud de Rebeca Delgado es haberse atrevido a disentir con una conducta masiva de obediencia oportunista, buscando cumplir con el mandato constitucional y el papel otorgado a la Asamblea Legislativa de legislar y fiscalizar, además de deliberar. Resulta que esta decisión de hacer uso crítico de la razón, de oponerse a una ley interpelada por los gremialistas y transportistas, por la mayoría informal del país, de exigir una actitud consecuente de lucha contra la corrupción, es un pecado a ojos de los dueños del poder y de la verdad. Estos déspotas creen decir algo con sentido cuando la descalifican de libre pensadora. ¿Qué significa esto? ¿Qué el lugar de los libre pensadores es el café, tal cual se imagina el vicepresidente? ¿De dónde ha sacado este tipo de descalificación? Esta figura forma parte del imaginario burgués, imaginario que valorizó el realismo de la ganancia y la dedicación al trabajo. Forma parte pues de un discurso conservador y calvinista. Antes, el imaginario aristócrata descalificaba de una manera parecida a los jacobinos que deliberaban en cafés ¿Es consciente de lo que dice alguien que pretende ser la expresión de la clarividencia? La descalificación del libre pensador acompaña a la descalificación del pensamiento libre, por lo tanto del pensamiento, porque no se puede pensar sino libremente. Este discurso disciplinario y represivo es la muestra de la pervivencia de un recóndito oscurantismo.
Hay que defender a Rebeca Delgado, pues al hacerlo no solamente la defendemos a ella, sino también defendemos a la mujer de la violencia de la dominación masculina y patriarcal, defendemos el proceso, la Constitución, el derecho al ejercicio de la democracia participativa, defendemos la democracia directa, la democracia comunitaria y la democracia representativa. Pues lo que se hizo desde el control y monopolio supremo de la violencia simbólica, verbal y física, contra Rebeca Delgado es un irrespeto a la representación, a los representantes, elegidos democráticamente. Estamos ante una total falta de respeto a los valores y símbolos de la democracia, a las delegaciones y representaciones democráticas. Resulta, que desde el punto de vista despótico, los representantes fueron elegidos para obedecer a los jefes y no cumplir con la representación. ¿De dónde se ha sacado esto? No es esto una confusión total entre lo que son las personas de la jerarquía del poder, la ocupación del trono, con ejercicio político, que es fundamentalmente deliberante, con el ejercicio de la democracia, que es primordialmente libre, con el ejercicio revolucionario, que es esencialmente contestatario, y no de soldados obedientes, que responden a un mando ciegamente. Se confunde al partido con un cuartel.
Callarse sobre lo que ha ocurrido sería una complicidad.
Rebeca Delgado ha sido una militante leal, incluso le tocó defender las posiciones inconstitucionales y anti-indígenas del gobierno en el conflicto del TIPNIS. Ha cumplido un papel decidido en la Asamblea Constituyente, como el de todos los constituyentes elegidos por las mayorías, ha sido elegida por el MAS presidenta de la cámara bajo; lo que ha hecho y dicho forma parte de sus tareas como representante y presidenta de diputados, expresaba también el sentimiento y la interpelación de gremialista, transportistas, ciudadanos de a píe, que no estaban de acuerdo con la ley sobre bienes, también participó en las observaciones de la comisión y de la Asamblea a la ley, se corrigió parte de ella. Todo esto son atributos de la asamblea Legislativa; se comenzaba a hacer algo distinto de lo acostumbrado, cuando los asambleístas sólo aprobaban lo que mandaba el ejecutivo. Esto no podía ser permitido, los ministros estaban acostumbrados a que los asambleístas aprueben sus leyes sin chistar, a veces hasta sin leer.  Esta actitud, que corresponde a las potestades de la Asamblea, no podía ser permitida, no entra en la “disciplina” partidaria. Esta es la “disciplina “partidaria, atentar contra el ejercicio democrático del legislativo. A nombre de la “disciplina” partidaria se cometen atropellos, se violan derechos, se convierte  a la Asamblea Legislativa en una fortaleza de control y vigilancia. Cualquiera, a la menor sospecha, puede ser acusado de “opositor”, de “derechista”, de infiltrado. Este es un régimen de terror. Rebeca Delgado de la noche a la mañana se convierte en infiltrada del imperialismo. ¿Cómo puede ocurrir esto? Tiene que aceptar y justificar la red de extorsión, ahora convertida en producto de la conspiración imperialista; si no lo hace es una infiltrada, una lacaya, una libre pensadora. Este es un atrevimiento sin límites, la jerarquía del poder descubre infiltrados, los reconoce porque no hacen caso. La “disciplina” partidaria exige avalar la corrupción con cualquier argumento, por más estrambótico que sea. Si no lo hace, llega la condena, la descalificación y la destrucción. ¿A dónde hemos llegado? 
En este régimen de terror, avalado por la mayoría parlamentaria, se considera que es “normal” lo que se hace, pues la atmósfera y el clima de adulación y sumisión como que crean una realidad circunscrita, donde otras reglas y valores se imponen. Reglas relativas a la “lealtad”, valores relacionados a la renuncia y la entrega total a los jefes. Reglas y valores que pueden justificar las mayores atrocidades que se puedan cometer. Se trata de una atmósfera espesa donde no se puede discernir lo que establece la Constitución y lo que interpretan el “sacerdote” de la verdad y el símbolo del proceso. En esta penumbra a lo que se atina es a unirse como bloque y en la complicidad de la obediencia, sin necesidad de discernirla, pues si viene de los jefes, eso basta. Pero, no todo es tan amenazante y mecánico, hay satisfacciones, los sumisos son recompensados con pequeñas prebendas, pequeños privilegios, con ciertas tolerancias a faltas, con viajes y otros regalos. La Asamblea Legislativa es controlada por el juego combinado de la amenaza y la prebenda. Este es un logro de la “disciplina” partidaria, a este avance “democrático” se le llama cambio. A nombre de este cambio se exige obediencia.
No es pues esta “disciplina” partidaria una buena manera de defender el proceso de cambio, que se encuentra en crisis, en peligro, y llevada al naufragio. No es pues esta “disciplina” partidaria un buen procedimiento para defender la Constitución. Menos es una buena táctica para defenderse del imperialismo; al contrario, el exorcismo contra el fantasma del imperialismo impide la lucha concreta contra las formas actuales y efectivas del imperialismo; el sistema financiero internacional, al que es obediente el gobierno y su política monetarista; las empresas trasnacionales, que controlan técnicamente la producción de los hidrocarburos, y tienen el monopolio de los yacimientos mineralógicos más ricos en concesión; el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente. La lucha anti-imperialista gubernamental es una demagogia, es una puesta en escena, una dramática escena de rasgarse las vestiduras, mientras se entrega nuevamente los recursos naturales a las formas actuales del imperio del capital. Su supuesta lucha contra el fantasma del imperialismo no es otra cosa que la escusa necesaria para descalificar a la dirigencia indígena, para destruir el TIPNIS, para evitar la deliberación y el debate, es decir, el raciocinio, para encubrir la corrupción, mientras se continúa con el entreguismo de los recursos naturales y la exportación de materias primas, a pesar de la propia nacionalización de los hidrocarburos.
Estamos ante la impostura y la suplantación de los movimientos sociales por parte de astutos políticos, que se invisten de jacobinos y bolcheviques, que utilizan lo que queda de la imagen del presidente, para legitimar su usurpación. Los revolucionarios franceses del siglo XVIII se invistieron de republicanos romanos para cumplir con la revolución liberal, los revolucionarios rusos del siglo XX se invistieron de jacobinos para cumplir con la revolución social; ahora, a inicios del siglo XXI, los neo-populistas bolivianos en el gobierno se invisten de jacobinos y bolcheviques para destruir el proceso y el germen de Estado plurinacional que se encuentra en la Constitución.    
Dicho esto, tampoco se puede caer en lo mismo que se critica, no se puede caer en otra versión de la teoría de la conspiración, no se puede llegar a decir que los jerarcas conspiran contra el proceso, no se puede hablar de traición. Es posible que ni se den cuenta, que crean en su guion; lo que ocurre es que se volvieron engranajes de estructuras de poder ya establecidas, ya sedimentadas en la geología política del Estado. En la medida que no se desmontaron estas estructuras de poder, también los habituscorrespondientes al campo burocrático y al campo político, en la medida que se restauró el Estado-nación, que no se construyó el Estado plurinacional comunitario y autonómico, los gobernantes, que provienen del campo popular, cayeron en la condena del poder; el poder te toma, te hace su siervo, te transforma, te convierte en parte de su maquinaria. Desde entonces actúas de acuerdo a las lógicas del poder. El discurso que se emite es sólo justificativo, es como un anacronismo discursivo que corresponde a otro tiempo, cuando el momento en el que se vive es otro, cuando se ejerce el poder como gobierno, cuando la práctica los lleva a la defensa del Estado, los convierte en portavoces de la razón de Estado, y por este recorrido se llega a la opción de la represión a nombre de la seguridad del Estado, así como se opta por aceptar las formas paralelas y colaterales del ejercicio del poder.