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Reforma, revolución o alteridad

Reforma, revolución o alteridad

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Reforma, revolución o alteridad

 

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¿Cuál es el referente de un debate sobre el proceso y el desenlace de un acontecimiento político[1], como la revolución o la reforma? ¿Los discursos justificativos y los discursos críticos del “proceso de cambio” mentado? ¿No es, mas bien, la materialidad misma del propio proceso, es decir, su material acontecer? Se entiende que un discurso crítico se contrapone a un discurso legitimador; esto es parte de las tradiciones y la herencia retórica, en el sentido antiguo de la palabra. Pero, no se trata, como en la retórica, de convencer, mediante el arte de la argumentación, sino de contrastar los discursos mismos con la facticidad de los hechos, de los sucesos y eventos, que hacen, por lo menos, al perfil de los acontecimientos. Las preguntas que debemos hacernos pueden parecerse a las siguientes: ¿Es ésta, la que observamos, una revolución? ¿Bajo qué condiciones de posibilidad históricas-sociales-culturales podemos afirmar que se trata de una revolución? Además, ¿respecto a qué es una revolución?

Las formaciones discursivas, herederas de la revolución francesa, que la tienen como un paradigma inaugural de la revolución, consideran que la revolución política y social se efectúa contra un régimen, el llamado ancien régime, antiguo régimen[2]; en consecuencia el cambio de un régimen monárquico a un régimen republicano es considerado como revolución. El concepto de revolución se mantuvo y mutó conservando la metáfora del cambio de régimen. Cuando se habla de revolución socialista, se supone que se cambia de un régimen liberal a un régimen socialista o, en su caso, en el caso de las revoluciones en la periferia del sistema-mundo capitalista, en el cambio de un régimen conservador, cualquiera sea éste, a un régimen de transición socialista. Ahora bien, tomando en cuenta la revolución rusa de 1917, parece evidente que se da un cambio de régimen, pasando del régimen zarista, monárquico, imperial y de características nombradas, equivocadamente, como despotismo asiático, a un régimen de poder de los soviets.

Toda nuestra discusión anterior giró sobre ¿qué clase de régimen se implantó después de la revolución de febrero y el golpe de Estado de octubre de 1917? ¿Socialista? Nuestras conclusiones dicen que, si bien la pretensión discursiva y programática fue socialista, lo que se implantó no fue un régimen socialista; no solo porque no estaban dadas las “condiciones económico-sociales”, no solo porque no puede edificarse el socialismo en “un solo país”, sino porque el régimen estatalista avanzó, acortando tiempos, por la acumulación originaria y ampliada de capital, cumpliendo la modernización por la vía del cuartel[3]. Sin embargo, a pesar de esta constatación interpretativa, no deja de ser un cambio de régimen. Entonces, ¿sigue siendo una revolución, en el sentido histórico-político otorgado? No deja de ser una revolución por el cambio de régimen, aunque no se pueda aceptar que haya sido una revolución socialista; tampoco un régimen soviético, pues el partido comunista no devuelve el poder a los soviets después de culminada la guerra civil contra los “rusos blancos” y la intervención imperialista.

¿Lo que ha pasado con los “gobiernos progresistas” de Sud América puede considerarse como revolución? ¿Se ha pasado de un régimen a otro? No. Del régimen liberal se sigue en un régimen liberal, aunque este haya sido adulterado o vuelto barroco, con incorporaciones populistas. ¿Se trata entonces de reforma? Si, se puede decir que se incorporan reformas, sobre todo a través de la promulgación de las nuevas constituciones. El impacto social de las políticas populistas puede considerarse incluso como positivo, pero este impacto no sostiene que ha habido una revolución. En todo caso se puede llegar a decir que las reformas implementadas han tenido un impacto positivo en la sociedad, en las clases subalternas de la sociedad. Pero, para decirlo esquemáticamente, las reformas no transforman ni el Estado ni la sociedad, sino que lo usan para incidir en modificaciones en la estructura social, cuya composición estructural no cambia, sino varía.

En consecuencia, la discusión debe situarse en estos contextos, teniendo en cuenta los referentes históricos-políticos de los que se habla. En relación a los llamados “gobiernos progresistas” no está en cuestión la llamada revolución, ni sus desenlaces, tampoco su porvenir; sino están en cuestión los alcances de las reformas. Considerar una evaluación de estos gobiernos populistas a partir de la inflamación de los discursos pretensiosos, que se reclaman de que expresan la “revolución en marcha”, es equivocar el método y la perspectiva de la evaluación misma. Por así decirlo, se mide con la vara de la revolución a un acontecimiento reformista.

Ahora bien, en términos de reformas, ¿qué es lo que han cambiado estos “gobiernos progresistas” en sus países, sociedades y estados? Se habla mucho, incluso, mediante los datos del PNUD, que han pasado contingentes notorios de “pobres” a las llamadas “clases medias”, que ha disminuido notoriamente la “pobreza extrema” y también la “pobreza” en general. Entonces, las valoraciones respecto a estos cambios demográficos pueden considerarse de positivos. Ahora bien, la pregunta de contraste sería: ¿estos cambios se habrían dado de todas maneras bajo los gobiernos neoliberales, que precedieron a los “gobiernos progresistas”? Las “clases medias” no han dejado de crecer debido al crecimiento vegetativo y social de las ciudades. Sin embargo, el impacto de los ajustes estructurales de los gobiernos neoliberales ha sido y es, mas bien, negativo respecto a las clases sociales más vulnerables, incluso llevando a la pauperización a parte de las “clases medias”. Hoy se vuelve a observar esta situación con el retorno de gobiernos neoliberales, después de la caída de los “gobiernos progresistas”.  

Ahora no vamos a tocar la temática y la problemática de la crisis múltiple del Estado-nación; nos remitimos a anteriores ensayos[4]. Nos vamos a concentrar en la contrastación o, mejor dicho, comparación, entre los alcances de la revolución y los alcances de la reforma, evaluándolos desde distintos parámetros o varas. Si bien una evaluación requiere valorizar el conglomerado completo de los procesos intervinientes en el acontecimiento político, es conveniente, por el momento, concentrarnos solo en la diferencia entre revolución y reforma, para asumir evaluaciones adecuadas de estos acontecimientos políticos. Volviendo a los alcances de la reforma, la pregunta que debemos hacernos es: ¿se podía haberlo hecho mejor de lo que lo han hecho los “gobiernos progresistas”? Si consideramos las constituciones en las que se basan, por lo menos, como referente jurídico-político, el alcance constitucional va más lejos de lo que alcanzaron fácticamente los “gobiernos progresistas”. ¿Por qué no lo hicieron? ¿Por qué no cumplieron con sus constituciones? ¿Por qué se quedaron a mitad del camino, incluso menos? ¿Se trata de los límites que pone el círculo vicioso del poder? ¿El proyecto efectivo no es el enunciado por la Constitución sino otro, el implícito, dado en la herencia de las prácticas de las dominaciones? ¿Proyecto más restringido y mezquino, circunscrito a las ilusiones del deseo, deseo del deseo, traducido pedestremente como deseo del poder y de riqueza? Si fuese así, no distingue a los líderes “progresistas” de los líderes neoliberales; ambos juegan, por distintos caminos, a lo mismo, al control, a la permanencia, sea rotando o perdurando, a la continuidad de lo mismo. Se diferencian en los discursos, en la forma ideológica, quizás en los comportamientos y conductas, hasta en los estilos; empero, comparten los mismos mitos e ilusiones del poder.

Si fuese así, entonces, no se trata de cumplir con los alcances posibles de la misma reforma, sino de usar la reforma como herramienta de convocatoria, de publicidad y propaganda; incluso, alargando la elasticidad, de convertirla como si fuese una “revolución”. Dramatizar su situación, sus problemas y contradicciones, haciendo que lo que se juega, ya no con la reforma, sino como si fuese ésta una revolución, es el destino mismo del pueblo, del país, de la región, del continente y del mundo.  Desde este dramatismo político, desde el teatro dramático de la política puesta en escena, entonces se convoca dramáticamente al pueblo en “defensa de la revolución”. Esta revolución no existe, no es tal; por lo tanto, lo que se hace es una puesta en escena para mantener la convocatoria popular.

Al respecto, se hagan los “análisis” que se hagan, de justificación o de crítica, cuando se toma en cuenta esta pretensión exagerada y exacerbada como referente válido, se ingresa de lleno a un debate ideológico; muy lejos de la descripción de lo que efectivamente ocurre, muy lejos de los referentes y consideraciones adecuadas para una evaluación del acontecimiento político, en sus singularidades presentes. No interesa tanto lo que dijo y dice tal ideólogo, legitimador de los “gobiernos progresistas”, sino, importa más por qué lo dice, por qué dice lo que dice, en plena constatación de la decadencia del “proceso de cambio”. Esta es la cuestión. Comprender el funcionamiento de las máquinas de poder, en la manifestación de sus singularidades.

No es apropiado buscar refugio en las teorías de la conspiración, tampoco en las intenciones secretas de los gobernantes, así como no tiene mucho sentido considerar las argumentaciones retóricas, que pasan como si fuesen teóricas. Los referentes para un análisis y para una evaluación. Hay que preguntarse sobre la potencia social que hizo emerger la reforma, en el caso concreto de los “gobiernos progresistas”, y la revolución, en el caso de las revoluciones históricas dadas en la modernidad. Las reformas y mucho más las revoluciones emergen de eclosiones sociales. Los alcances de las potencias sociales desatadas no pueden confundirse ni restringirse a los alcances de la reforma y la revolución misma desatada. Van más lejos.

Las eclosiones sociales estallan en los contextos de las contradicciones y antagonismos, de problemáticas, desatadas por formaciones sociales históricas conformadas sobre las bases de relaciones de poder y mallas institucionales, que hacen de instrumentos de dominación. Las eclosiones sociales conllevan sus propios procesos y los procesos responden a sus propias gestaciones. Desde esta perspectiva no se puede hablar de desenlaces de la eclosión social, refiriéndose al resultado de una forma de gobierno conformada, después de la eclosión, pues la forma de gobierno o forma de gubernamentalidad responde a otros procesos, que tienen que ver con las genealogías del poder y las genealogías del Estado. Si se da un resultado en la forma de gobierno que sea, si es más próximo o más lejano de las expectativas y esperanzas de la eclosión social, tiene que ver con la yuxtaposición de la genealogía del poder y de la genealogía de Estado a las propias anti-genealogías de poder de la eclosión social, a las propias estrategias de contra-poder de la eclosión social. No se puede hablar entonces, como más o menos comúnmente se hace, de algo así como el desenlace de la eclosión social, refiriéndose a la forma de gobierno con la que culmina la rebelión, la insurrección popular. Se trata, por así decirlo, de dos ámbitos del acontecimiento que se cruzan, dando lugar a una articulación compleja entre desenvolvimiento y despliegue de las anti-genealogías de poder y de contra-poderes respecto a las genealogías del poder y genealogías del Estado.

Usando figuras ilustrativas, se podría decir que una vez desatada la eclosión social, cuando la misma repercute en no solo el tejido social, sino también en las estructuras institucionales del Estado, las estructuras de poder reaccionan ante la avalancha social; desde la perspectiva conservadora, usan al Estado para defenderse de la revuelta social; desde la perspectiva crítica y opuesta al régimen, se persiguen transformaciones estatales e institucionales. Hay también perspectivas pragmáticas, si se quiere hasta oportunistas, o parecidas a del “gato pardo”, que aprovechan la ocasión para hacerse cargo del gobierno, combinar el inicio de algunas reformas, empero, manteniendo no solo la estructura estatal, sino incluso la estructura del poder, usado por unos y otros. Por lo tanto, lo que ocurre es una remoción o una perturbación en la estabilidad edificada del sistema de poder; puede tener mayor o menor alcance, mayor o menor repercusión en la estructura y la arquitectura estatal la rebelión social, empero, la malla institucional, el sistema mismo de poder, reaccionan, buscando recuperar su estabilidad y su reproducción, su continuidad, adecuándose a los cambios.

Ahora bien, la pregunta que parece pertinente es: ¿la revolución responde a una eclosión de mayor alcance y la reforma a una eclosión de menor alcance? Podría hasta aceptarse como hipótesis plausible esta correlación enunciada desde la perspectiva de la unidimensionalidad epistemológica, donde se supone que la eclosión social se desenvuelve, una vez apagado el fuego, en forma política. Sin embargo, como acabamos de exponer, desde una perspectiva, mas bien, compleja, se trata de ámbitos diferentes, en los que se despliega la eclosión social, respecto a los donde se desenvuelve la genealogía del poder. Desde la perspectiva compleja, incluso una eclosión fuerte, de alcance e irradiación mayores, puede ser cruzada por una reacción estructural reformista. Esto no depende del impulso de la eclosión social, sino de la combinación que se da entre la reacción estructural del poder y la irradiación y consecuencias de la rebelión social. Cuando las genealogías del poder logran cierta acumulación de saberes de las dominaciones, respondiendo a la experiencia acumulada de las clases dominantes, pueden reaccionar mejor, por el bagaje de alternativas a mano; de tal manera, que, a pesar de una insurrección popular desmesurada, se logra imponer el camino de las reformas, evitando el camino de la revolución.

En la misma perspectiva del enfoque complejo, el camino de la revolución puede darse, no como inmediata consecuencia al alcance de la eclosión social, sino porque la estructura de poder, el sistema de poder, no cuenta con recursos suficientes para responder a las repercusiones de la movilización social. Bueno, como se verá, estas no son las únicas alternativas, sino que hay muchas y varias, dependiendo de las composiciones y combinaciones singulares entre los ámbitos de la eclosión social y los ámbitos de la genealogía del poder.

Volviendo a la temática abordada al principio,  las posibilidades abiertas por la eclosión social abren, por así decirlo, horizontes histórico-culturales en lo que se podría nombrar, manteniendo el nombre, discutido recientemente por nosotros[5], alternativas civilizatorias; estas posibilidades no pueden buscarse en los cuadros de la reforma o de la revolución, pues ambos acontecimientos políticos responden a la reacción, adaptación y adecuación de la estructuras, diagramas y cartografías del poder. Para hacerlo fácil, aunque esquemático, la clase política es la que administra la reforma o la revolución. Que se trate de perfiles políticos tradicionales o, mas bien, de perfiles políticos no tradicionales, nuevos e innovadores, va depender de lo que se ha gestado en los intersticios de esa separación conformada por la economía política del Estado, entre las fronteras entre el acontecimiento social y el acontecimiento   estatal. Que se crea que puede darse un perfil de “profesionales militantes” de la “política revolucionaria”, como creía Vladimir Ilich Lenin, es parte de la ideología. Las mediaciones entre sociedad y Estado no dejan de ser perversas, aunque durante un tiempo el romanticismo revolucionario pueda mantener la vocación destructiva del viejo régimen y la voluntad política de construir el nuevo régimen.

Como lo hemos dicho antes, en vano se busca explicar los derroteros dramáticos de la revolución en versiones de la teoría de la conspiración, ya sea que se diga que se ha “traicionado la revolución”, ya sea que se diga que los conductores del momento no estuvieron al alcance de la tarea, no la comprendieron, o ya sea que se aluda a la “inmadurez” de las “condiciones objetivas y subjetivas” para lograrlo. También desde otro ángulo, el justificativo, que se diga que el “imperialismo” ha conspirado e impedido el avance de la “revolución en marcha”. Todas estas explicaciones no son otra cosa que hipótesis ad hoc, que buscan salvar la ideología revolucionaria, la teoría revolucionaria, el partido revolucionario. Están muy lejos de comprender que la revolución política no es una continuidad de la eclosión social, sino, mas bien, una reacción de las estructuras del poder, en forma de círculo vicioso del poder.  La eclosión social emerge de malestares profundos, generados en los substratos mismos de lo social. Las sociedades alterativas[6], que son el substrato de las sociedades institucionales, se desatan, se despliegan, invadiendo los espacios de las sociedades institucionalizadas, buscando romper las restricciones institucionales que las sociedades institucionales, los estados, imponen a la potencia social. En el fondo, para decirlo sencillamente, la eclosión social es la expresión del malestar civilizatorio; dice: no se puede seguir como se ha seguido hasta ahora, no se puede seguir el recorrido de la civilización moderna, con todos los matices que pueda tener, de promesa o tradicional. Es menester desandar el camino equivocado, abrir otros rumbos que emenden los comienzos equivocados. No se puede construir una civilización de largo alcance contra la vida, contra el planeta, contra los seres y ciclos que forman parte de nuestro mismo hogar. 

 

 

[1] Ver la serie Acontecimiento político; en Cuadernos activistas. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/stacks/715dbb6b8faf4b70bef012832f796319.

[2] Fue el término que los revolucionarios franceses utilizaban para designar peyorativamente al sistema de gobierno anterior a la revolución francesa de 1789, la monarquía de Luis XVI; se aplicó también al resto de las monarquías europeas cuyo régimen era similar. El término opuesto a este fue el de nuevo régimen.

 

[3] Ver Teleología de la valorización. También La ilusión del desarrollo. Así como La valorización como hecho colonial.

http://movilizaciongeneral.blogspot.com/2018/03/teleologia-de-la-valorizacion.html.

http://movilizaciongeneral.blogspot.com/2018/03/la-ilusion-del-desarrollo.html.

http://movilizaciongeneral.blogspot.com/2018/03/la-valorizacion-como-hecho-colonial.html.

 

[4] Ver Gubernamentalidad y crisis de dominación. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/gubernamentalidad_y_crisis_de_domin.   

[5] Ver Arqueología y genealogía de la civilización. http://movilizaciongeneral.blogspot.com/2018/03/arqueologia-y-genealogia-de-la.html.

[6] Ver Imaginación e imaginario radicales. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/imaginaci__n_e_imaginario_radicales.

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Tres tareas que parecen primordiales

Tres tareas

que parecen primordiales

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Tres tareas

 

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¿Qué somos? ¿Qué hacemos? ¿Tenemos un papel o, mejor dicho, responsabilidad en la existencia de lo que podemos nombrar como la sincronización del pluriverso, en sus distintas escalas integradas, en forma de composiciones cambiantes en la simultaneidad dinámica del espacio-tiempo? No somos, obviamente, ajenos a lo que acaece, pero, no solamente en nuestras esferas o, ampliando, incluyendo nuestros entornos, sino a lo que podemos denominar esa totalidad que se des-totaliza y se vuelve a inventar. Quizás la primera tarea que tenemos es comprender cómo funciona la sincronización del pluriverso. Después de esta comprensión, la segunda tarea parece ser nuestra participación en la armonía del pluriverso. Empero, esto no parece ser posible si antes no logramos la comunicación con los seres del pluriverso, con sus ciclos complejos y entrelazados. Entonces, la comunicación llega a convertirse en la segunda tarea y lo que nombramos como tal llega a ser la tercera tarea.

Bueno pues, si estas son nuestras tres tareas primordiales; ahora podemos intentar responder a las preguntas hechas. Parece que no sabemos lo que somos; sustituimos esta falencia por suposiciones restringidas a los ámbitos de los prejuicios humanos, dependiendo de los contextos, los periodos y momentos. Preferimos aceptar que somos lo que creemos, lo que nos define la ideología; pareciera que no quisiéramos saber o conocer lo que somos, ni siquiera por aproximaciones. Renunciamos a esta comprensión, entendimiento y conocimiento; preferimos mantener como verdades las hipótesis hegemónicas, impuestas en los momentos.

Sobre la segunda pregunta, podemos decir que lo que hacemos, sin tener la comprensión de lo que somos, no solamente se mueve en los ámbitos restringidos de la ideología, sino que termina construyendo caminos desorientados, descarriados, que no van a ninguna parte, salvo que, si le damos a esta ninguna parte un nombre abstracto, como desarrollo o evolución; ungimos a esta desorientación de una legitimidad insostenible y vulnerable.  Teniendo en cuenta la historia de la modernidad, podemos constatar que la desorientación se convierte en el recorrido de la destrucción planetaria.

Sobre la tercera pregunta, podemos aseverar que tenemos responsabilidad ante la vida y la existencia, al ser parte de ellas. La responsabilidad ante la vida se puede expresar en términos de una participación e incidencia que, por una parte, potencie nuestras capacidades y facultades; por otra parte, que armonice con la potencia creativa de la vida. También tenemos que hablar la responsabilidad ante la existencia del pluriverso, que comprende la vida en sentido restringido y en sentido ampliado. En sentido restringido se circunscribe a las condiciones definidas por la biología; en sentido ampliado significa que la materia es vida, la energía es vida, las asociaciones de las partículas infinitesimales son vida, las composiciones de las cuerdas son vida[1]. La respuesta, aunque sea tentativa y provisional, en este caso, no deja de ser difícil, pero, podríamos decir que se trata de participar en la armonización múltiple y plural de la sincronización del multiverso, en la medida que nuestra comprensión, nuestro entendimiento y nuestro conocimiento mejoren.

Las preguntas que nos hemos hecho antes, varias veces, son por qué nos negamos a saber qué somos, quiénes somos, cuál es nuestra participación en la sincronización del multiverso, en sus distintas escalas. Otras preguntas que nos hemos hecho consisten en por qué hacemos lo que hacemos, por qué somos fetichistas; preferimos animar las cosas, las instituciones, las ideas, las representaciones, el dinero, el capital, el poder, en vez de atender a las dinámicas complejas moleculares y molares sociales. Por qué preferimos embarcarnos en el mundo de las representaciones, en vez de atender al mundo efectivo. Por último, también nos preguntamos qué hacemos en el multiverso y cuál es nuestra responsabilidad. Las respuestas tentativas que lanzamos a estas preguntas dicen, en última instancia, que no queremos saber lo que somos, pues nos consideramos poseedores de la verdad, la que sea, la que toque, la hegemónica en el momento, en el periodo y en el contexto. Entonces, si somos poseedores de la verdad, lo demás no importa, ese excedente de la verdad es una mentira.

Las respuestas tentativas al segundo grupo de preguntas apuntan a las prácticas de poder. Una vez que se opta por determinadas mallas institucionales, que son instrumentos organizativos para la sobrevivencia, se las convierte en principio y fines mismos de las sociedades humanas. Entonces, en vez de evaluar la utilidad de las instituciones, respecto a la armonía social y a la armonía de las sociedades orgánicas, además a la armonía de los ciclos vitales planetarios, se descarta esta evaluación y se sigue, como caballo cochero, adelante, por la misma ruta definida por las mallas institucionales inauguradas. En consecuencia, las sociedades se convierten de creadoras y constructoras de las instituciones en las esclavas de las instituciones.  La ruta parece una fatalidad, sin embargo, se trata de una tozudez de los comportamientos inducidos por las mismas instituciones, inscritos en los cuerpos.  

Las respuestas al tercer grupo de preguntas suponen que, al asumir la consciencia culpable, la consciencia del resentimiento y el espíritu de venganza, que corresponden a la consciencia desdichada, es decir, desgarrada en sus contradicciones, preferimos culpabilizar, buscar al culpable, descargamos las frustraciones en el cuerpo martirizado del o de la culpable, encontramos en la venganza la catarsis. Sin embargo, a pesar de la satisfacción imaginaria, no se resuelve absolutamente el problema.

Considerando esta interpretación, nos movemos en círculos viciosos, ya sean del poder, ya sean de la ideología, ya sea de lo que se denomina modernamente economía. El problema es que estos círculos viciosos, en la medida que cumplen sus círculos, en los siguientes la problemática se ahonda. Por eso, parece que hemos llegado, en lo que llamamos modernidad tardía o el nombre que se le dé a esta etapa avanzada de la civilización moderna, por así decirlo de la modernidad en su decadencia, con todas las características descritas en otros ensayos[2], a una situación de amenaza a la sobrevivencia humana. Si fuese así, si estamos en peligro inminente, entonces, lo que corresponde es reflexionar colectivamente sobre los decursos tomados por las sociedades, sobre todo las sociedades modernas. Evaluar críticamente estos decursos, no solamente desprender autocriticas colectivas, sino buscar transiciones que impliquen desandar el camino e inaugurar otros comienzos, sin desechar lo aprendido y lo acumulado. Inaugurar comienzos en las condiciones de la libertad que otorga la potencia social.

Seguir pensando a la usanza moderna, no solo es poner obstáculos epistemológicos, políticos, sociales y culturales, en el camino, sino descarta ciegamente y suicidamente las oportunidades que nos quedan.  Para comenzar en esto, de la deconstrucción y la diseminación de las formaciones discursivas y enunciativas y de las mallas institucionales, es indispensable concebirse como humanidad, manteniendo este concepto y su irradiación renacentista; no somos cualitativamente distintos, sino somos la variedad y diferencia proliferante de la inventiva social humana. Entonces, comencemos renunciando al fetichismo de los Estado-nación y de las nacionalidades. Seguir por estas identidades, que no dejan de ser concurrentes y de confrontación, es creer que las conformaciones histórico-sociales-culturales son como esenciales y no construcciones alternativas en decursos laberinticos no controlados por las sociedades. La responsabilidad de los pueblos y las sociedades es asumirse lo que son, por lo menos, desde la perspectiva humana. Esto significa actuar conjuntamente y mancomunadamente ante los problemas que afligen a las sociedades en la coyuntura álgida de la crisis ecológica.

Ya lo que se denomina como fenómeno de la “globalización” ha juntado a las diferencias culturales, nacionales, de lenguas e institucionales, en la integración civilizatoria moderna, aunque el sistema-mundo cultural sea el de la banalidad. Esta premisa fáctica, la de la “globalización” dada, con todas las limitaciones y contradicciones que conlleve, condiciona que las actitudes ante la crisis ecológica no pueden ser aisladas, tampoco parciales, ni menos de Estado-nación y países, incluso de regiones, sino de todo el mundo. La pregunta es: ¿podremos desentendernos de los fetichismos ideológicos que nos separan, por lo tanto, nos hacen vulnerables ante las contingencias desatadas por lo que se llama eufemísticamente “cambio climático”?

No se trata de hacerse al profeta ni nada por el estilo. Sino de asumir la posibilidad de que estamos en peligro y preguntarse dónde y cuándo nos equivocamos. Buscar las correcciones inmediatas, aunque sean transiciones, pero, sobre todo, consensuadas. La pregunta necesaria es si podremos hacerlo. En este momento o coyuntura no lo sabemos. La tarea de los colectivos activistas es buscar la comunicación efectiva con las sociedades y los pueblos; sobre todo para activar la potencia social. Entonces, la responsabilidad de los colectivos activistas es lograrlo y la responsabilidad de las sociedades y los pueblos es abrirse a la percepción de la crisis ecológica.   

 

 

[1] Ver Imaginación e imaginario radicales; también Más acá y más allá de la mirada humana.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/imaginaci__n_e_imaginario_radicales.

https://issuu.com/raulprada/docs/m__s_ac___y_m__s_all___de_la_mirada.

[2] Ver Diseminaciones. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/diseminaciones_2.

El mundo permisible del MAS

El mundo permisible del MAS

 

Raúl Prada Alcoreza

 

El mundo permisible del MAS

 

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Empujados por brisas y vientos de impulsos, que desconocen y no controlan o, mas bien, generadores de estas brisas, de estos vientos y hasta huracanes de impulsos, por sus múltiples y plurales intervenciones singulares, que al acumularse contingentemente desatan tormentas incontrolables e inesperadas, los humanos se sorprenden de lo que acaece, de los efectos incontrolados e inesperados de sus acciones. Es más, las instituciones, que congregan conjuntos de prácticas, actividades y acciones rutinarias, que pretenden controlar por la canalización de las energías sociales, también se sorprenden de los efectos de masa que se desatan en la sociedad. Ciertamente el Estado tiene como objetivos definidos, medios adecuados para alcanzar esos fines, instrumentos normativos y políticos para coadyuvar en su ejecución, tecnologías de poder para lograrlo, empero, tampoco la fabulosa máquina abstracta del poder, afincada en las máquinas y agenciamientos concretos de poder, puede controlar los efectos de la aplicación de sus propias políticas. ¿Por qué ocurre esto?

La respuesta que dimos a esta pregunta apuntó a la complejidad, sinónimo de realidad, a las dinámicas de la complejidad, es decir, a los múltiples planos y espesores de intensidad articulados e integrados que componen y combinan composiciones en constante devenir. Nadie ni nada controla ni puede controlar la complejidad, en otras palabras, la pluralidad innumerable de las variables intervinientes. Si bien es esta una pretensión, es un a pretensión imposible de viabilizarse.  Respecto a los aparatos, instrumentos y máquinas de las sociedades humanas, el mundo efectivo las desborda, de tal manera, que a ojos humanos resultan como contingencias abrumadoras que desvían los efectos, alejando los resultados de los objetivos buscados. Sin embargo, los efectos de las acciones humanas responden a sincronizaciones complejas planetarias.  Lo que pasa es que se desconoce los complejos funcionamientos de la integralidad de los ciclos vitales. Sin embargo, nadie podría sustituir ni controlar la sincronización compleja de las dinámicas ecológicas, donde se encuentran las dinámicas complejas sociales.

De lo que se trata, obviamente, no es de controlar esta sincronización, sino reinsertarse coherentemente a los ciclos vitales planetarios[1]. Empero, mientras no ocurra esto, las sociedades humanas se encontrarán con efectos masivos desatados, no controlados ni esperados, hasta incluso, muchas veces inexplicados. Lo que asombra, en todo caso, es la persistencia en lo mismo, la recurrencia a lo mismo, a las mismas prácticas y pretensiones, a pesar de los repetidos fracasos en lograr no solo las finalidades perseguidas sino el control de los procesos mismos. Esta tenacidad no parece coherente, pues choca, por así decirlo, con la pared de la realidad. Entonces, la segunda pregunta es: ¿A qué se debe esta persistencia en lo mismo, en vez de cambiar los métodos, los objetivos, las estrategias y los instrumentos?

La otra respuesta, a la segunda pregunta, apuntó a la ideología, es decir, a las prácticas de fetichización que envuelven a las sociedades humanas. Fetichización de las instituciones, fetichización del Estado, fetichización del capital, por lo tanto, de la mercancía, fetichización de los símbolos, así como de los signos, fetichización de las ideas, fetichización de las teorías; es decir, encantamiento de todas las producciones humanas. La ideología, en todas sus formas y profusiones, en todos sus estilos y formaciones discursivas, sustituye a la realidad efectiva por las narrativas ideológicas. En consecuencia, los humanos actúan y efectúan sus prácticas dentro de los ámbitos ideológicos, como si la realidad efectiva se circunscribiera en esos límites, los que la ideología otorga.

También hemos hablando de cómo se da, paradójicamente, la restricción de la sociedad humana, su repliegue sobre sí misma, aunque tesis de la historia digan lo contrario, repitiendo en los contextos sociales lo que las tesis de la evolución interpretaron para la biología. Las sociedades modernas al cerrarse ante la complejidad, sinónimo de realidad, la acotaron a sus entornos controlados; es más, al situarse en el centro ilusorio de la evolución o convertirse en el eje del mentado desarrollo, se encerraron en un mundo dominado por el hombre, sin entender que este mundo es apenas una parte vulnerable del mundo efectivo. El hombre, perfil dominante de las sociedades modernas, no se dio cuenta o no quiso entender que sus acciones en el mundo dominado generaban efectos incontrolables en el mundo efectivo, sobre todo, en el planeta. Como su ciencia, sobre todo, la relativa a las ciencias sociales y humanas, se clausuró para comprender el mundo efectivo al cual nunca ha dejado de pertenecer, no se encontraba en condiciones de corregir los errores de información y de interpretación, tampoco, por lo tanto, los errores prácticos del funcionamiento del conjunto de sus instituciones, respecto a dinámicas complejas de la constelación de las sociedades orgánicas. El error se convirtió en drama, después en tragedia, cuando elevó a filosofía su pretensión; el enunciado que expresa elocuentemente esto es el de la dominación del hombre sobre la naturaleza, incluso, en algunas versiones concebidas como el destino del hombre.

En el mismo sentido, propusimos hipótesis sobre el funcionamiento de la ideología en las sociedades humanas. Partimos de la tesis de Arthur Schopenhauer de que el mundo es tomado como representación, es decir, que las sociedades se sitúan en el mundo de las representaciones, disociandose del mundo efectivo. De esta tesis pasamos a la crítica de la economía política del fetichismo, no solo de la mercancía, sugiriendo una economía política generalizada. Después pasamos a describir y analizar algunos casos concretos donde se puede observar la incidencia de la ideología en las llamadas revoluciones de la historia política de la modernidad. Estos casos nos develaron lo que denominamos las paradojas de la revolución[2]. Una de las conclusiones de estos análisis fue que la ideología revolucionaria sustituye al proceso efectivo histórico-político en el que se encuentra la revolución como acontecimiento.  Los revolucionarios actúan de acuerdo a la ideología y no en correspondencia con las dinámicas inherentes al acontecimiento político.

Hemos reconocido que estas interpretaciones son generales, que se requiere de interpretaciones más detalladas, minuciosas, singulares, que respondan a situaciones singulares, específicas y diferenciadas. Por eso tratamos de adentrarnos a los funcionamientos de las máquinas de poder, las máquinas económicas, las máquinas políticas, las máquinas de guerra, las máquinas del chantaje, en contextos específicos y coyunturas concretas. Sabemos que toda esta hermenéutica operativa es hipotética, que se requiere de investigaciones en profundidad, de casos, comparativas e históricas. Sin embargo, en espera de estas investigaciones no se puede detener las interpretaciones prospectivas y auscultadoras.  En todo caso, es el procedimiento de adelantar hipótesis que serán contrastadas por las investigaciones.

Conflicto coca tradicional-coca excedentaria

En consecuencia, siguiendo los decursos nuestras interpretaciones, ahora vamos a intentar interpretar el conflicto sintomático entre los productores de la hoja de coca de los Yungas y los productores de la hoja de coca del Chapare; la primera coca está catalogada como “tradicional”, en tanto que la segunda está catalogada de “excedentaria”. La última ley sobre la coca que promulgó el “gobierno progresista” favorece al Chapare y reduce a los Yungas, en lo que respecta a la proyección de las cuotas o espacios de cultivo de la hoja de coca, teniendo en cuenta la expansión definida por el gobierno hasta las 22 mil hectáreas. Los productores de coca de los Yungas ya hicieron anteriormente sendas movilizaciones en defensa de la coca tradicional, increpando a la coca excedentaria, que, según su calificación, debe transitar hacia su desaparición sustituyéndose por el cultivo de otros bienes. Sin embargo, lejos de ocurrir esto, el “gobierno progresista” ha incentivado la producción y la expansión del cultivo de la hoja de coca excedentaria. El conflicto ha llegado a mayores con la intervención gubernamental a las instalaciones de ADEPCOCA. ADEPCOCA fue tomada; el dirigente de la institución, Franclin Gutiérrez acusa al gobierno de promover intervención. Como es de costumbre gubernamental, se ha conformado un organismo paralelo, para sustituir a ADEPCOCA y expulsar a la dirigencia que enfrenta al gobierno y a su ley de la coca. Según la noticia difundida surge paralelismo en la Asociación Departamental de Productores de Coca (ADEPCOCA) de los Yungas de La Paz. Las oficinas de esta entidad fueron tomadas físicamente este lunes por miembros de un Comité Ad Hoc, que se atribuye la representatividad de esta organización. Entretanto, en la otra vereda, el dirigente Franclin Gutiérrez aseguró que sigue como presidente de ADEPCOCA y denunció que el Gobierno está detrás de la toma de la institución. El problema surgió el sábado en la Asamblea de ADEPCOCA que se realizó en Coripata. En el evento, Gutiérrez presentó su informe y fue ratificado por aclamación como presidente de la Asociación. Sin embargo, dirigentes vinculados al Consejo de Federaciones Campesinas de los Yungas (COFECAY), acusada de favorecer al Gobierno, se subieron a la tarima y cuestionaron el informe económico de Gutiérrez y proclamaron al Comité Ad Hoc, encargado de llamar a elecciones. El Comité Ad Hoc había advertido que tomaría la sede de ADEPCOCA y este lunes al medio día cumplió su palabra. El dirigente del Comité, Édgar Burgoa, aseveró que el informe económico de Gutiérrez no satisfizo a los cocaleros e incluso señaló que hay indicios de corrupción, por lo cual las bases mandaron a que se tome la ADEPCOCA[3].

¿Qué hay detrás de este conflicto y su reciente desenlace? Si partimos de que la coca para el consumo tradicional requiere no más de 12 mil hectáreas, como establecen las estimaciones de los organismos especializados de Naciones Unidas, entonces, tenemos, por lo menos, 10 mil hectáreas excedentarias. Según estimaciones la extensión de los cultivos alcanza a las 25 mil hectáreas, lo que significa que se tienen 13 mil hectáreas de cultivo excedentarias. Siguiendo otro reporte de noticias, se dice, como haciendo una evaluación que consciente del error cometido por la clase política al buscar la erradicación total (o coca cero), en 2004 el presidente Carlos Mesa aprobó una disposición solo semiilegal que autorizó a cada familia cocalera del Chapare a tener una parcela de coca. Esto sumó alrededor de 3.000 hectáreas a las 12.000 autorizadas en los Yungas de La Paz, que es la región tradicional de producción. Todo esto en los papeles, porque en la realidad había como unas 10.000 hectáreas demás. Finalmente, el Gobierno de Morales preparó un proyecto de ley para que el Chapare tuviera su propia cuota de coca autorizada. La oferta produjo la protesta de los cocaleros de los Yungas, que hasta entonces habían sido los poseedores del monopolio de la coca legal. Estos cocaleros no son dirigidos por Evo Morales. Luego de una semana de fuertes enfrentamientos con la policía en La Paz, el sindicato de los Yungas y el presidente llegaron a un acuerdo. El primero apoyaría la nueva ley y, a cambio, recibiría más hectáreas legales para sí. El acuerdo exigió que Morales mejorara también su oferta a los cocaleros del Chapare, los cuales se llevan muy mal con sus competidores del norte del país. Para que las cuentas cuadren, la torta de las hectáreas legales tuvo que incrementarse, de las 20.000 que el Gobierno pensaba aprobar inicialmente, a 22.000, que se dividieron así: 14.300 para los Yungas y 7.700 para el Chapare. Múltiples expresiones de indignación por la aprobación de esta ley se han publicado durante los últimos días en la prensa y las redes sociales bolivianas. Según se dice en ellas, la ley aumentará el volumen del narcotráfico. El gobierno ha explicado que su norma solo regularizará lo que ya se da en la práctica[4].

Lo primero que se observa es que el “gobierno progresista” no está dispuesto a disminuir el cultivo de la coca excedentaria, menos a concluirla.  Al contrario, se observa que está dispuesto no solo a mantenerla, sino también a incrementarla. Hay que anotar que el problema de la coca excedentaria también atañe a los Yungas, no solo al Chapare; sin hablar de otras zonas donde se cultiva coca excedentaria, con la excepción de los Yungas de Vandiola, que es donde se cultiva coca desde antes incluso que se lo hacía en los Yungas. ¿Qué es lo que empuja al gobierno hacer esto, a tomar esta opción, a arriesgar políticas en torno a la coca que van a ser observadas por los organismos internacionales pertinentes? No es un secreto, todo el mundo lo sabe, que la coca excedentaria está destinada a la “industrialización” de la coca como cocaína; aunque el gobierno se haga al desentendido, también la Federación Campesina del Trópico de Cochabamba. ¿Entonces, es la economía política de la cocaína la que impide que el gobierno cumpla con los convenios internacionales respecto al cultivo de la hoja de coca? Lo que equivaldría a decir que la economía política de la cocaína juega cada vez un papel de mayor incidencia en el conjunto de la economía nacional, fuera de comprometer a la propia institucionalidad del Estado.

Esta reacción y esta estrategia de conformar organizaciones paralelas afines al gobierno nos ha llevado a escribir un texto irónico: El mundo paralelo del MAS[5]. Dijimos en el texto que parece ciencia ficción, pero no es, deberíamos llamarla política ficción. Afligido por los conflictos sociales, que, obviamente no los entiende, desde la ideología estrecha de un populismo trasnochado, el Movimiento al Socialismo (MAS), partido de gobierno, no solamente ha atinado a recurrir a la invención política de la realidad, sino para darle como cuerpo, aunque sea un cuerpo insostenible y no vital, conformar desesperadamente organizaciones sociales paralelas. Cree que, con esto, eso de crear un mundo paralelo, mundo que pertenece al mundo de las representaciones, muy lejos del mundo efectivo, puede escapar como el avestruz, que oculta su cabeza en un hueco ante el peligro, para no mirar. Sea o no sea adecuada esta interpretación de la conducta del avestruz, que se ha hecho común, lo cierto es que, en el MAS, que no es un avestruz, es una conducta constatada. La actitud de refugiarse en el mundo paralelo se ha vuelto compulsiva; ahora le toca a ADEPCOCA. Ya se ha visto que las organizaciones paralelas son apócrifas, que no representan a nadie, salvo al propio gobierno. Con esta actitud no se resuelve el problema en cuestión, puesto en mesa por la interpelación de los movimientos y organizaciones sociales demandantes. El problema persiste, en el mejor de los casos, a ojos oficiales, se hace latente. Tarde o temprano va a volver a reaparecer con mayor intensidad. La problemática de la hoja de coca excedentaria es patente e ineludible. Lo que hace el gobierno, en todo caso, es diferir el tratamiento, a no ser que crea que puede lograr su preservación indefinida, además de la ampliación de la frontera agrícola de la coca. Lo segundo tiene un costo social, político, cultural y ecológico muy grande. Lo primero es una astucia, si se quiere, criolla, de alas cortas; no puede prolongarse muy lejos.

Independiente de cualquier consideración moral, es más, en contra de la doble moral de los organismos internacionales especializados y las agencias de interdicción, también de los gobiernos y Estados, la economía política de la cocaína, siendo una de las economías políticas del chantaje, de lo que hemos llamado el lado oscuro de la economía, no es, obviamente, sustentable ni sostenible[6]. Es un fenómeno económico en plena crisis de la economía-mundo, evolucionado o involucionado, al capitalismo financiero y especulativo; se trata de redes y circuitos de corto o de mediano alcance. Sus estructuras y sus articulaciones en el sistema-mundo no pueden sostener un largo plazo. Mientras tanto, la apropiación del excedente mediante los tráficos, que logran una alta rentabilidad de las inversiones, a costa de la descohesión social, la corrosión institucional y el derrumbe ético-moral, cobra su espeluznante población de víctimas y muertos, de comunidades destruidas y de sociedades devastadas. En todo caso la burguesía de la economía política de la cocaína es una minoría privilegiada, asentada en la cúspide de una pirámide jerárquica, donde la mayoría de los ilusos incorporados padecen la tragedia de los tráficos; la base amplia, que aporta el pellejo o muere o es encarcelada.

En este caso, el de la problemática de la coca excedentaria, los involucrados, las organizaciones, instituciones, gobiernos involucrados, desatan efectos de masa que no controlan. Es posible que los estrategas de semejante involucramiento crean que pueden hacerlo, que pueden controlar las máquinas de la economía política del chantaje, sobre todo, los efectos que desencadenan; esta creencia es una sobrevaloración de lo que son, de lo que hacen, de lo que pueden. Están afectados por las burbujas de poder, han perdido el sentido de realidad. Las contingencias de esta economía política de la cocaína son desbordantes y despiadadas. Se trata de una guerra declarada; no hablamos solo de la pantomima de los gobiernos y organismos internacionales que declararon la “guerra al narcotráfico”; sino de la guerra de los Cárteles a la misma sociedad. No exactamente al Estado, pues lo atraviesan y lo utilizan de distintas maneras. La estrategia del terror empleada por los Cárteles habla fehacientemente de ello.

La toma gubernamental, mediante los dispositivos organizacionales afines, parece mostrarnos que el “gobierno progresista” ha escogido el camino peligroso de preservar esta economía política del chantaje, cuyo núcleo orgánico es la economía política de la cocaína, creyendo que puede controlar las máquinas económicas y las máquinas de guerra del lado oscuro de la economía. Nada menos sensato. En este caso, lo que le queda es moverse conmovedoramente en la espiral de violencia, que antecede y que sobreviene.

Hablando de límites, hay un punto que se cruza, a partir del cual ya no se puede retroceder, todo es irreversible. ¿Ya lo ha cruzado el gobierno? ¿Recién lo va a cruzar? Es algo que no podemos saber a ciencia cierta. Si es lo primero, no hay donde perderse; o la sociedad asume la declaración de guerra y se defiende, o se queda atrapada en una suerte de inanición, asombrada por lo que ocurre, inhibida, peor aún aterrorizada. En este caso, lo que viene es la experiencia de la desolación más funesta y vacía. Si es lo segundo, la sociedad puede movilizarse para hacer retroceder al gobierno en toda la política económica comprometida con el lado oscuro de la economía.

Puntualizaciones

Amerita hacer algunas puntualizaciones. La primera; no es un tipo de gobierno o de forma de gubernamentalidad, por ejemplo, el populista o la clientelar, la que está asociada a la economía política del chantaje y al lado oscuro del poder; son todos los gobiernos, todas las formas de gubernamentalidad, salvo las excepciones que confirman la regla. En relación a la economía política del chantaje no se distingue si se trata de un gobierno de “izquierda” o de “derecha”; ambas modalidades de gobierno están atravesadas por las redes, circuitos y estructuras de la economía política del chantaje.

La segunda, la economía política del chantaje es parte importante de la economía-mundo capitalista, aunque no sea del todo visible; precisamente el lado oscuro de la economía se complementa con el lado luminoso de la economía. En consecuencia, si las sociedades y los pueblos se plantean y proponen liberarse del lado oscuro de la economía, también tendrían que hacerlo del lado luminoso de la economía.

La tercera, la economía política de la cocaína no solo se explica por las inestimables rentabilidades que otorgan los tráficos “ilícitos”, sino por las características del capitalismo financiero y especulativo, dominante en la etapa de clausura del ciclo largo capitalista vigente. La apropiación del excedente que deja la sobreproducción del sistema-mundo capitalista, que ingresa, desde la década de los setenta del siglo pasado, a la crisis de sobreproducción, se realiza mediante manipulaciones financieras, que difieren la crisis de sobreproducción, convirtiéndola en crisis intermitentes diferidas financieras. Los tráficos son los negocios más rentables del mundo precisamente porque son los mecanismos perversos de la apropiación del excedente.

En Sud América los cultivos excedentarios de la hoja de coca se han venido expandiendo en la medida que el lado oscuro del poder y el lado oscuro de la economía han venido cobrando importancia, incidiendo con mayor determinación en el lado luminoso del poder y en el lado luminoso de la economía. Hay pues una correlación entre la expansión de los tráficos “ilícitos” y la expansión de la frontera agrícola de la coca excedentaria. En la medida que esta economía, la del chantaje y la de la cocaína, adquiere mayor peso, los gobiernos, del tipo que sean, caen en el campo gravitatorio de las formas paralelas del poder y de las formas perversas de apropiación del excedente.

El conflicto Yungas-Chapare es, en gran parte un conflicto entre los cultivadores de la hoja de coca “tradicional” y los cultivadores de la hoja de coca “excedentaria” y su “industrialización”. ADEPCOCA es una institución legal fundada el 20 de julio de 1983, con el objetivo de concentrar a todos los productores de coca de la región de los Yungas de La Paz, además de defender la producción de “coca originaria, ancestral y tradicional”. De acuerdo a sus estatutos, su misión es defender y proteger la producción de “coca originaria, ancestral y tradicional” de los Yungas de La Paz – Bolivia. ADEPCOCA es la Institución legalmente establecida y representativa de los productores de hoja de coca “tradicional”, de las tres provincias del departamento de La Paz: Nor Yungas, Sud Yungas e Inquisivi, constituidos en 13 regionales, los mismos acreditados con carnets de productores legales. Al gobierno le afecta la existencia y presencia de esta institución, pues el solo hecho de su funcionamiento institucional y legal cuestiona las políticas gubernamentales en torno a la coca excedentaria.

El gobierno no solo requiere de organizaciones paralelas para moverse en su mundo paralelo, que, por cierto, es ficticio o mediático, no real, en el sentido de la representación genuina, sino que no soporta instituciones y organizaciones que preservan la hoja de coca “tradicional” para el consumo del acullico u otros usos culturales y medicinales. El gobierno no solo quiere refugiarse en su mundo paralelo, sino que quiere un mundo permisible, un mundo donde pueda moverse sin obstáculos, sin interpelaciones ni cuestionamientos, un mundo donde no escuche demandas sino solo halagos. Este es un mundo de cómplices con lo que se hace.

[1] Ver Resincronizacion planetaria. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/resincronizacion_planetaria.  

[2] Ver Paradojas de la revolución. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/paradojas_de_la_revoluci__n.

[3] Leer Adepcoca fue tomada; Gutiérrez acusa al Gobierno de promover intervención. http://www.erbol.com.bo/noticia/social/12032018/adepcoca_fue_tomada_gutierrez_acusa_al_gobierno_de_promover_intervencion.

[4] Leer Bolivia aumenta la extensión legal de cultivos de coca. https://elpais.com/internacional/2017/02/26/actualidad/1488144444_618630.html.

[5] Ver El mundo paralelo del MAS. https://www.bolpress.com/2018/01/02/el-mundo-paralelo-del-mas/.

[6] Ver Lado oscuro de la economía y del poder. https://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/lado-oscuro-de-la-economia-y-del-poder/.

Poliedro de la coyuntura

Poliedro de la coyuntura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Poliedro de la coyuntura

 

 

CH 04 - ICOSIDODECAEDRO (se hace en chicago)

 

 

En el plano comunicacional, el de los medios de comunicación de masa, y en el plano político institucional, la coyuntura se circunscribe al conflicto sobre la reelección del presidente, a la pugna en torno a las elecciones de magistrados, teniendo como horizonte inmediato a las elecciones nacionales de 2019. Además del escándalo del desfalco del Banco Unión y la incorporación al mercado de la gasolina del Ron 91, de octanaje menor a la gasolina Premium y mayor a la gasolina especial. Estos temas atiborran los periódicos, las pantallas de televisión y las frecuencias de las radios. Esta es la coyuntura desde la perspectiva estatal, también de los medios de comunicación y de la política institucionalizada. Sin embargo, se puede visualizar la coyuntura desde otras perspectivas; moviéndonos todavía en los planos hegemónicos, por así decirlo, el plano de intensidad económico pone en consideración la crisis económica, derivada de la baja de los precios de las materias primas y de la merma de las reservas. Aunque el gobierno no la reconozca, pues considera a la economía boliviana ajena a la crisis de la economía-mundo, por lo menos, ha reconocido una disminución en los ritmos de crecimiento; lo que ha llevado a suspender el doble aguinaldo. En el plano jurídico, la ley emitida por el Congreso que atiende los derechos de las diversidades subjetivas y sexuales ha retrocedido galopantemente respecto de la Constitución, ocasionando polémica y movilización de los colectivos de estas diversidades.

Hasta ahí con los planos hegemónicos, donde se asume una realidad circunscrita a las problemáticas que afligen al Estado, a los medios de comunicación, a la política institucionalizada, incluso a algunos otros planos de intensidad de la sociedad institucionalizada. Los planos y espesores de intensidad que no se toman en cuenta son los de la vida cotidiana, que son los que padece y goza la gente, que son los que interpreta, desde la variedad de sentidos comunes. En estos casos, la coyuntura puede adquirir intensidades locales, manifestadas en preocupaciones por la sequía, en unas zonas, o preocupaciones por inundaciones en otras zonas. El pronóstico de la llegada de las riadas preocupa a los cultivadores que le ganan al río terreno para la agricultura. Otras preocupaciones, vertidas notoriamente en las urbes, como las inquietudes de padres de familia por inscribir a sus hijos en la escuela; las mismas que se manifiestan en largas colas de espera para ganar el ingreso escolar, también prefiguran lecturas sociales de la coyuntura.

Como se puede ver, la coyuntura puede ser interpretada desde otras perspectivas y enfoques, no se crea que solo locales, incluso zonales, sino que pueden adquirir connotaciones micro-regionales y hasta regionales, así como nacionales. Por ejemplo, la demanda de trabajo en la población en edad de trabajo adquiere alcance nacional; así como la demanda de vivienda de amplios sectores de la población tiene la misma connotación.

Sin emerger de la vida cotidiana, se sitúan otras perspectivas, de configuración reciente, conformadas frente a la crisis ecológica. Se trata de miradas científicas, también de colectivos activistas ecologistas, así como visualizaciones territoriales de las naciones y pueblos indígenas. En este caso, la coyuntura adquiere profundidades geológicas, asume substratos de espesores vitales y, sobre todo, se configura una mirada integral y planetaria. La coyuntura es la de la crisis ecológica.

Como se puede ver la coyuntura puede ser visualizada e interpretada desde distintos ángulos, enfoques, perspectivas, dependiendo de los planos de intensidad desde donde se la percibe. Las interpretaciones mencionadas tienen distintos alcances, extensidades e intensidades, dependiendo del acopio asumido. En la medida que se logra abarcar más planos de intensidad se incorpora la complejidad, sinónimo de realidad, propia de las dinámicas efectivas. De lo que se trata es avanzar en la comprensión de las dinámicas de la complejidad para avanzar en el entendimiento de la realidad efectiva.

La coyuntura es un concepto que se refiere al acoplamiento, también a la articulación; como dijimos en otro ensayo[1], más que remitirse al tiempo, al momento, señala la composición de situaciones dadas o dándose. En tanto acoplamiento concibe complejidad; se trata de composiciones y combinaciones de hechos, usando un término discutible, que hacen a los eventos, así como en el contexto mayor, al acontecimiento. Por lo tanto, al enfocar la coyuntura, desde la coyuntura misma, exige desplazamientos hacia la perspectiva de la complejidad[2]. No se trata de usar el término en el discurso y en la enunciación como si fuese indicación del momento. Esta manera acostumbrada de usar los conceptos como palabras del discurso, sobre todo, político, se desentiende de la estructura categorial del concepto, para convertirlo en una figura plana sin estructura, en un plano sin profundidad. El análisis de coyuntura exige entonces adentrarse a los substratos de la coyuntura, a los espesores del presente. En otros textos hemos incursionado en este ejercicio o prospección en la simultaneidad dinámica del acontecimiento[3]. Ahora, en este escrito, volveremos a intentar otra incursión en los espesores de la coyuntura[4].

Perfiles de la coyuntura

Los voceros oficialistas se desgañitan por demostrar que la reelección del presidente es “derecho humano”, por certificar que la elección de magistrados es legítima. La “oposición” se esfuerza por corroborar que la reelección es inconstitucional y que la elección de magistrados es fraudulenta. El presidente ya se encuentra en campaña, diga lo que diga el Tribunal Constitucional, siguiendo el consejo de su vicepresidente, que dijo que es momento de comenzar la campaña, contra viento y marea. Lenin Moreno, presidente de Ecuador, criticó la reelección como una encubierta dictadura. La OEA, mediante su secretario general, se pronunció al aseverar que no puede darse ninguna reelección al margen de la Constitución y la voluntad del pueblo, que, en un referendo por la reforma constitucional, que buscaba habilitar al presidente a la reelección, dijo NO. Las organizaciones sociales, cooptadas por el MAS, salieron en marcha y se concentraron para apoyar la reelección indefinida del presidente. El Tribunal Electoral ya tiene listo todo para la realización de las elecciones de magistrados; la logística, además de los discursos justificativos que avalan la elección, conculcando el valor o las consecuencias del voto nulo. Lo que implica atentar y restringir el ejercicio democrático. Todo el aparataje estatal funciona como una máquina del chantaje[5].

Para decirlo en la forma anecdótica del relato, un poco al estilo de Gabriel García Márquez, en un país donde nada se aclara, donde los sucesos delictivos, sobre todo estatales, quedan en la opacidad, un nuevo escándalo, el del desfalco del Banco Unión, toma el mismo camino. Flujos de dinero que ingresaban sin control fueron interceptado por un empleado de cargo directivo, para desviar parte del mismo en propio beneficio. Los medios de comunicación, la policía, la justicia, se encargan de dar información e investigar al desfalcador, pero no dicen nada sobre el problema mayúsculo, los flujos dinerarios sin control. Una densa niebla de encubrimiento oculta a la vista lo sucedido y lo que sucede.

El gabinete económico lanza al mercado de carburantes el mentado Ron 91, de octanaje 85, a un precio más alto que la gasolina especial y menor que la gasolina premium. De acuerdo con el gerente general de la Cámara Automotor Boliviana en la medida que ingresen nuevos vehículos se demandará gasolina de mayor octanaje para cumplir con normas ambientales. A medida que el parque automotor ingrese en renovación, los nuevos vehículos que se importen al país sólo requerirán la nueva gasolina Ron 91; la premium es escasa. El parque automotor llega a 1,6 millones de automóviles; hasta 2015 y 2016, de ese parque automotor, el 70% tiene una antigüedad superior a los 10 años.  La tendencia habría cambiado; ahora se tendría un mayor número de coches con un año de antigüedad. Se debe llegar al 30% o 40%; se requiere gasolina con un mayor octanaje. Los nuevos coches van a requerir la Ron 91; aunque, pero aún hay un 60% de automóviles que aún utiliza un combustible corriente.  La gasolina Premiun tiene un octanaje superior, cumple incluso con la norma Euro IV, la que establece mayores exigencias respecto a la restricción de emisión de gases contaminantes. El Gobierno aprobó el Decreto Supremo 3244, el que establece que, a partir de 2018, sólo podrán ingresar al país vehículos modelo 2018 o 2019, que cumplan con la normativa. El   Ministerio de Obras Públicas, a través del Viceministerio de Transportes, otorgará autorizaciones previas por medio electrónico para la importación de vehículos automotores que acrediten el cumplimiento de las normas medioambientales. La “oposición” acusa de “gasolinazo”; el gobierno se defiende y dice, prácticamente, que se trata de ampliar la oferta del mercado, para el parque automotor, que modifica su perfil con los automóviles que lo requieren. Un analista económico conocido, de escritura que regala humor e ironía, dice que no se entiende que no se haya relanzado la gasolina premium, en vez de complicarse con un nuevo tipo de gasolina, que requiere, en todo caso un cuarto tanque en las gasolineras, las que solo tienen dos para gasolina y un tercero para el Diesel. A no ser que la gasolina especial esté destinada a desaparecer.

La premura económica ocasionada por la baja de los precios de las materias primas, entre ellos del gas, es respondida por el gobierno con un Foro Internacional del Gas, para organizar algo así como una OPEP del gas. No se entiende cómo puede este organismo internacional incidir en la subida de los precios del gas, salvo en situaciones de alta demanda internacional, donde los productores de gas se asignen cuotas, para no desbordar el mercado y hacer caer los precios.

Los empresarios privados se encuentran satisfechos con la suspensión del doble aguinaldo, aunque sea provisional, quién sabe. Coordinan con el gobierno, desde sus instancias representativas, la reactivación de la economía y el aparato productivo. La empresa privada que destaca es la empresa privada trasnacional, dedicada a la explotación extractivista, hidrocarburífera y minera; los empresarios nacionales parecen arrinconados en dimensiones cortas de la economía nacional, atrincherados en sus costumbres poco innovadoras, salvo contadas excepciones de notoria incursión en el mercado mundial.

La coyuntura para unas familias agricultoras del valle de Luribay tiene que ver con la pronosticada riada que se lleva los cultivos. Por eso están interesadas en construir defensas y desvíos del río para evitar la destrucción de los cultivos. En cambio, para las poblaciones de algunos departamentos, que sufren de sequía, es imprescindible la construcción de una represa, que capte aguas y pueda distribuirlas en los pueblos necesitados, como es el caso de las poblaciones de Potosí. Por lo menos una treintena de municipios en cinco departamentos se declararon en emergencia a causa de la sequía. Tres centenares de familias estarían afectadas por este problema de la sequía.  Los municipios aquejados pertenecen a los departamentos de Potosí, Tarija, Chuquisaca, Cochabamba, Santa Cruz y el Beni. Las huellas de las sequías han adquirido las características de situaciones dramáticas; desde 2015 siete de las principales ciudades del país han padecido un déficit crítico de agua: La Paz, El Alto, Cochabamba, Sucre, Oruro y Potosí. Los datos revelan que esta situación afecta a cerca de doscientas mil familias; lo que equivale a, por lo menos, ciento setenta y tres municipios implicados, los que se declararon en emergencia. Los cálculos estiman que la sequía zozobra a más de seiscientos mil hectáreas de cultivos y hasta seiscientos mil cabezas de ganado. Incluso en la Amazonia la sequía hace estragos. La producción de castaña ha caído en un 50% como secuela de la sequía, afectando a más de quince mil familias del noreste, las que se dedican a la recolección del fruto. El “cambio climático” repercute en la Amazonía, causando desbordes climáticos extremos; combinando fuertes lluvias promotoras de inundaciones y sequías prolongadas, ocasionando incendios forestales. El “cambio climático” redunda en precipitaciones intensas, variables y cada vez menos predecibles. Se dice que un 70% de la economía regional depende de la recolección de la castaña, de amplio uso en la alimentación y la medicina. Bolivia obtuvo 180 millones de dólares en exportaciones de la castaña.

El Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza determinó que, en cada uno de los siete casos denunciados se habían producido violaciones graves y sistemáticas de la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra (UDRME), a menudo acompañadas de violaciones de los derechos humanos, y en varios casos el daño era tan grave que constituía un ecocidio, con daños irreversibles a los ecosistemas. En todos los casos, el sistema jurídico no preveía recursos adecuados para prevenir ni reparar los daños permanentes. En la mayoría de los casos, el daño fue causado por actividades como la deforestación y la minería, que sólo podían llevarse a cabo porque habían sido autorizadas por la ley. Era evidente que los sistemas legales elevan los derechos de propiedad y los derechos de las corporaciones por encima de los derechos al agua, al aire y los ecosistemas para existir y contribuir a la salud ecológica del planeta, que están exacerbando el “cambio climático” al permitir actividades destructivas bajo un manto de legitimidad legal. El Tribunal observó que las compensaciones de carbono, biológicas y de conservación y los servicios ecosistémicos son procesos de financiación que permiten privatizar, mercantilizar y comercializar la naturaleza en los sistemas de los mercados financieros. El mercado del carbono es una solución falsa que no reduce las emisiones en origen. 

 

En lo que respecta a las amenazas a la Amazonía, el Tribunal decidió escuchar simultáneamente una serie de casos de diferentes partes de la Amazonía para considerar las amenazas al ecosistema amazónico de una manera holística. Este escuchó evidencia de violaciones generalizadas a los derechos indígenas y los derechos de la Madre Tierra a lo largo de la gran región amazónica. Esto incluyó testimonio sobre la enorme mina de oro denunciada por Guyana Francesa, y casos de Brasil, Bolivia y Ecuador. Está claro que este vital ecosistema, que es una reserva de vida – hogar de muchos pueblos y una parte esencial para mantener la estabilidad climática global, está siendo sometida a muchos ataques que violan su derecho para existir y mantener sus ciclos vitales. El modelo global extractivista inevitablemente genera violaciones de los derechos de la Amazonía en su conjunto y disminuye la calidad de vida de todos los organismos en la región. 

 

El Tribunal escuchó denuncias de violaciones de los derechos de la Madre Tierra derivadas de la propuesta de construcción de una carretera internacional de alta velocidad, a través del área protegida TIPNIS en Bolivia, declarada zona intangible. Esta intangibilidad fue anulada con el propósito de explotación petrolera y plantación de coca, amén de talar los árboles de madera preciosa. También se presentó al Tribunal evidencia acerca del hostigamiento e intimidación a aquellos que se oponen a la construcción de dicha carretera. El Tribunal tomó nota de esta evidencia con gran preocupación, particularmente porque la Declaración Universal de los Derechos de La Madre Tierra fue proclamada en Bolivia en 2010 y Bolivia ha defendido los derechos de la naturaleza internacionalmente. 

 

El Tribunal decidió que deseaba recabar más pruebas de todos los interesados, incluido el Estado de Bolivia y, de ser posible, enviar una delegación a una misión investigadora en Bolivia. También decidió solicitar al gobierno boliviano que imponga una moratoria a la propuesta de construcción de la carretera y puentes a través del TIPNIS y en la exploración de hidrocarburos en o cerca del TIPNIS, hasta que el Tribunal haya completado su trabajo. El Tribunal opinó que la imposición de tal moratoria sería una medida de precaución apropiada para evitar posibles violaciones de los derechos de la Madre Tierra mientras se busca una solución a este conflicto[6].

Los perfiles de la coyuntura configuran las formas cambiantes como de un poliedro, para usar metafóricamente este referente geométrico, en constante movimiento, cuya composición voluminosa, que anida procesos integrados, emergidos de substratos y espesores dinámicos, hacen de materia en devenir de la coyuntura. Un poliedro es un cuerpo geométrico cuyas caras son planas y encierran un volumen finito. Los poliedros se conciben como cuerpos tridimensionales, aunque hay semejantes topológicos del concepto en cualquier dimensión. Así, el punto o vértice es el semejante topológico del poliedro en cero dimensiones, una arista o segmento lo es en una dimensión, el polígono para dos dimensiones; y el polícoro el de cuatro dimensiones. Todas estas formas son conocidas como politopos, por lo que podemos definir un poliedro como un polítopo tridimensional.

Entonces, podemos decir que la coyuntura se presenta de forma poliédrica. Usando esta figura geométrica como metáfora ilustrativa; en este sentido, cada cara del poliedro es como un perfil de la coyuntura. Pero, ninguna cara define, por sí sola la coyuntura. La coyuntura como composición dinámica corresponde a las propiedades integradas del poliedro, a las correspondencias entre todas las caras y la voluminosidad en movimiento conformada. Supondremos, lo más aconsejable, dada la complejidad del referente, la coyuntura, que se trata, representativamente, como de un poliedro irregular. Se puede conjeturar y deducir que las propiedades, por así decirlo, continuando con la metáfora, poliédricas de la coyuntura tienen que ver con las correspondencias geométricas, en este caso, sociales y políticas, entre todas las caras; así también tienen que ver con la voluminosidad o la combinación de los espesores que contiene la coyuntura.

Yendo a lo concreto, por lo menos, tomando en cuenta, por el momento, a algunas caras o perfiles mencionados de la coyuntura nacional, se puede decir que el perfil de la pugna por la reelección no puede interpretarse sino en correspondencia con los otros perfiles de la coyuntura. Para no ir comenzando por lo fácil, por ejemplo, por la correspondencia entre este perfil y el perfil coyuntural de la elección de magistrados, donde asoma la conexión de manera más evidente, sino empezando con la correspondencia del perfil mencionado con la actualización del conflicto del TIPNIS, podemos sugerir la hipótesis de que la correspondencia entre los dos perfiles coyunturales se da por y en la continuidad del modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente[7]. El conflicto del TIPNIS puede ser interpretado como el enfrentamiento entre el modelo extractivista y los derechos de las naciones y pueblos indígenas, consagrados en la Constitución. También como el enfrentamiento entre la valorización abstracta de la acumulación de capital, tanto ampliada como originaria, y el valor inconmensurable de la vida. Un tercer resumen interpretativo sugerido es que el conflicto expresa la confrontación entre la máquina del chantaje y el ejercicio efectivo de la democracia.

Ciertamente, el gobierno clientelar a vertido la versión de que se trata de la lucha por el “desarrollo”, que enfrenta a los obstáculos implantados por el “ambientalismo imperial”. Sin necesidad de entrar a sopesar esta versión, que parece jalada de los cabellos, este discurso forma parte de las peculiaridades del perfil coyuntural del conflicto del TIPNIS. No se trata de ninguna correspondencia en el poliedro de la coyuntura; a no ser que se considere al imperio como otra cara del poliedro coyuntural. Si fuese así, habría que considerar las formas, estructuras y manifestaciones efectivas del imperio, en el presente, no las figuras ideológicas, repetidas chabacanamente, de las tesis de principios de siglo XX, del marxismo austriaco. De este análisis está muy lejos el discurso de diatriba gubernamental[8].

Sin embargo, no se puede reducir la composición del poliedro coyuntural a la correspondencia entre los perfiles o caras mencionadas. Hay que encontrar las otras correspondencias. Buscando, en la exposición ilustrativa, otra correspondencia más difícil todavía; por ejemplo, siguiendo con la pugna por la reelección y su correspondencia con el perfil coyuntural de la sequía, se puede sugerir, para efectos de contrastación, mediante investigación, que la crisis ecológica, llamada eufemísticamente, “cambio climático”, hace como contexto problemático donde ocurren ambos eventos, que no están, obviamente, vinculados de manera ni causal, ni determinante, ni incidente. Si no, en este caso, la pugna por la reelección se encuentra tan distante y dicotómica de alguna incidencia en el “cambio climático”, en consecuencia, lejos de repercutir positivamente en resolver el problema de la sequía, que la correspondencia aparece como indiferencia.

No podemos, en este texto, hacer un cuadro de la combinatoria del poliedro coyuntural, entre todas las caras o perfiles que lo componen -lo que dejaremos para posteriores ensayos -; sin embargo, podemos ir anotando algunos desplazamientos interpretativos sobre la coyuntura, desprendidos de la perspectiva de la complejidad.

Hipótesis interpretativas para la investigación

  1. La singularidad de la coyuntura viene concretada por la combinatoria de correspondencias entre todos los perfiles del poliedro de la coyuntura.
  1. Desde el enfoque que nos brinda la figura del poliedro de la coyuntura no se trata tanto de sopesar la pugna por la reelección, algo que ya se lo ha hecho[9], sino de comprender el funcionamiento mismo de las dinámicas socio-territoriales en la coyuntura; es decir, de la composición y combinatoria de los espesores del presente.
  1. Lo que parece darse como inmanencia coyuntural es la encrucijada misma del poliedro coyuntural, no tanto como rutas de círculos viciosos, tampoco solo como rutas al abismo, sino como encrucijada del estancamiento. La coyuntura aparecería como acoplamiento o articulación de procesos que derivan en el atascamiento; en el laberinto no se encuentra la salida.
  1. Para encontrar la salida, hay que salir del acoplamiento singular de la coyuntura; hay que desacoplar. Hay que desarticular, si se quiere, destejer, desanudar; hacer otro tejido.
  1. Una consecuencia de lo dicho, por lo menos, consecuencia teórica, es que la salida no se encuentra en ninguno de los bandos enfrentados. Ambos son cómplices paradójicos, sobre todo, cuanto más se enfrentan con más encono.
  1. El contexto integral, inclusivo, es necesariamente el planeta, la sincronía planetaria, los ciclos vitales entrelazados[10]. En consecuencia, si no se toma en cuenta la reinserción de las sociedades humanas a los ciclos vitales del planeta, las pugnas y conflictos, en unos casos, las situaciones de depredación, en otros casos, no hay proyección solucionable ni de solución, tampoco de salidas.
  1. La coyuntura aparece como oportunidad para desanudar los nudos de la trama trágica y de la trama dramática de las sociedades modernas.

 

 

[1] Ver Espesores coyunturales. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/espesores_coyunturales_3.   

[2] Ver Episteme compleja. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/episteme_compleja.

[3] Ver Imaginación e imaginario radicales. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/imaginaci__n_e_imaginario_radicales.

[4] Ver El presente aterido al pasado. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/el_presente_aterido_al_pasado_2_a80013d4608129.

[5] Ver La máquina del chantaje.

http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-maquina-del-chantaje/.

[6] Revisar EL TRIBUNAL INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA ENCUENTRA QUE LOS SISTEMAS JURÍDICOS SON INCAPACES DE PREVENIR EL CAMBIO CLIMÁTICO Y PROTEGER LA NATURALEZA BONN.

http://movilizaciongeneral.blogspot.com/2017/11/el-tribunal-internacional-de-los.html.

 

[7] Ver Capitalismo contra vida. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/capitalismus_versus_vida_2.

[8] Ver Crepúsculo del sistema mundo y alteridad. También Defensa de la vida y lo común.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/crep__sculo_del_sistema_mundo_y_alt.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/cuadernos_activistas_9.  

  

[9] Ver Nudos y tejidos socioterritoriales. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/nudos_y_tejidos_socioterritoriales_.

[10] Ver Resincronización planetaria. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/resincronizacion_planetaria.

Apogeo o decadencia

Apogeo o decadencia

Violaciones constitucionales, infractores políticos

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Apogeo o decadencia

 

Odisea

 

 

En lenguaje jurídico-político se habla de violaciones constitucionales como de delitos constitucionales; a los infractores políticos de estas violaciones y otras violencias, relativas al abuso y uso perverso de la autoridad y de la representación, se los nombra como delincuentes políticos. La Constitución ha sido vulnerada sistemáticamente por el “gobierno progresista”; las infracciones políticas proliferan en las gestiones de gobierno, en las labores legislativas y judiciales, en la complicidad y condescendencia de los tribunales; sobre todo, del Tribunal Constitucional. Es más, la concomitancia es patente en el Tribunal Electoral. Este es el panorama decadente del ejercicio del poder de la forma de gubernamentalidad clientelar, prebendal y corrupta.   

Lo que llama la atención es que los comprometidos en estas infracciones políticas y en estas violaciones constitucionales ni se inmutan. No parece afectarles estos actos bochornosos. Todo pasa como si todo esto fuese “normal”, como si estuviese avalado por el sistema jurídico y el sistema político, además del sistema institucional del Estado.  Si bien se puede decir que estos sistemas son usados para efectuar esas infracciones y esas vulneraciones; no se pude aseverar que las estructuras jurídicas, políticas e institucionales avalan explícitamente estos delitos constitucionales y estas delincuencias políticas. En todo caso, mas bien, aparecen como los dispositivos del orden, del Estado, de la Ley, de la Justicia y del ejercicio de gobierno como principio categórico. Este contraste entre leyes, discursos constitucionales, normas, reglamentos y regulaciones institucionales, respecto a las prácticas, al ejercicio efectivo del poder, es precisamente lo que sirve ideológicamente para la legitimación de las formas de poder.

Mientras se mantiene este contraste, el discurso jurídico-político dice lo que establece el sistema jurídico-político; entonces, la Constitución aparece como ideal; ideal al que se aproxima perfectiblemente el ejercicio político de gobierno y de poder. La ideología funciona como le corresponde, como imaginario conservador, que contiene las narrativas estatales, legitimando los ejercicios de poder, por más distantes que se encuentren del ideal. Empero, cuando se pretende que estos dispositivos discursivos jurídico-políticos, estos dispositivos institucionales, digan exactamente lo que se hace, el contraste ideológico desaparece; desapareciendo el ideal como fin. Ya no hay ideal y fin; pretendiendo groseramente que el fin está alcanzado en el descarnado ejercicio del poder, que es el de la violencia desnuda y demoledora. En vez del ideal, dado como promesa ideológica, aparece lo grotesco político.

Es como si el teatro perdiera su magia y su hechizo, cuando se muestra lo que ocurre entre bambalinas y en los entretelones; mirando disfrazarse a los actores, observando la conformación de los escenarios y las luces. Mostrando, en definitiva, abiertamente, los secretos de las puestas en escena. Con esta descarnada desnudez, desaparece el teatro, también la escena misma; para mostrar la evidencia atroz de los juegos de poder y de los forcejeos políticos.

Los “gobiernos progresistas” del siglo XXI hacen precisamente esto, mostrarlo todo descarnadamente. Hacer desaparecer el ideal y los fines, reduciéndolos al tamaño de las miserias humanas. La política pierde el encanto que todavía le quedaba; en otras palabras, muere, desaparece. Este fin de la historia “progresista” es lamentablemente grotesco.  Violencia sin seducción del poder; es como pornografía y no erotismo; muy lejos de este excedente de placer. Todos los símbolos de la revolución se banalizan. La misma revolución se convierte en el “culto a la personalidad”, personalidad que cada vez más es una caricatura sin espesores, un estereotipo sin color y sin sangre; pura publicidad bulliciosa y estridente. Esta es la miseria de esta “política progresista”.

¿Quiénes dicen que consideran que todo este jolgorio de la banalidad y de lo grotesco político es el “ideal” alcanzado, el “fin de la historia”, el logro supremo de la justicia, de la igualdad, de la descolonización y de la libertad? Son precisamente, en primer lugar, los mismos actores de esta comedia desnuda y abierta; en segundo lugar, toda la burocracia mediocre al servicio de estos montajes visibles. En tercer lugar, la masa elocuente de llunk’us; en cuarto lugar, los estratos incorporados de oportunistas y pragmáticos, que son los que siempre medran a la sombra del poder, bajo cualquier forma que adquiera.

¿Cómo puede ocurrir todo esto, esta banalización de los símbolos y de la ideología, este vaciamiento de los contenidos, esta grosera reducción de la política a las miserias humanas? La explicación que dimos es que solo puede concurrir esta decadencia debido al uso múltiple y proliferante, además de constante, de las formas de violencia. Es decir, todo lo que ocurre, todo lo que adquiere forma y hasta expresión, de la manera descrita, es realización proliferante de las violencias ejercidas y sistemáticas. Estas violencias adquieren formas, adquieren expresiones; aunque estas formas no sean nada estéticas ni logradas, sino aparezcan, mas bien, como inconclusas y deformadas; aunque estas expresiones parezcan, mas bien, balbuceos. No se trata de astucia, por lo tanto, no se trata de astucia criolla, tan mentada en nuestros medios; pues la astucia brilla por su ausencia. Sino de torpeza, forcejeo, sumatoria de empellones, para hacer encajar estas “políticas”, estos ejercicios de poder, cada vez más elementales, en los boquetes de la ideología anacrónica y envejecida, que muestra sus desgarraduras y vacíos.

Después de haber perdido el referendo sobre la reforma constitucional para habilitar al presidente a nuevas reelecciones, los abogados, legisladores llunk’us presentan una “interpretación” enredada e insostenible jurídicamente, para habilitar al presidente, de todas maneras, a pesar de la derrota; esta vez usurpando y desconociendo la soberanía que radica en el pueblo. El usurpador comedido sería el Tribunal Constitucional; los magistrados elegidos y ungidos de una manera espuria. Pues se impusieron desconociendo la mayoría cuantitativa del voto nulo; lo que anulaba la elección de los magistrados. Esta maniobra es a todas luces, no solo grotesca, una muestra de la sandez política. Sin embargo, como dijimos, los ejecutores de la maniobra ni se inmutan. El presidente dijo, en un principio, que “deja al pueblo” la posibilidad de su reelección; después, corrigiendo, dice que deja en manos del Tribunal Constitucional. Es más, para asombrar con sus incongruencias, algunos voceros oficialistas llegan a decir que los “derechos” de ser reelegido están por encima del referéndum; incluso, al parecer, en esta alargada insensatez, encima de la propia Constitución. ¿Creen que esto que hacen y dicen es algo parecido a la “astucia política”?

Estos son los niveles, el tocar fondo en la decadencia política, a los que se ha llegado, en la era de la simulación, con esta forma de gubernamentalidad clientelar, prebendal y corrupta. Lo que queda claro, es, como dijimos, que lo hacen, no por astucia, ni logro táctico y estratégico, que también brillan por su ausencia, sino por imposición a través de la violencia ejercida. El recurrir a la mayoría congresal, la masa de representantes “levanta manos”, como se los llama popularmente, es violencia de la perversión legislativa. El recurrir a los aparatos del Estado, entre ellos a los Tribunales, sobre todo, al Tribunal Constitucional, apéndices del ejecutivo y al servicio del poder, es violencia de la perversión institucional. El recurrir al Tribunal Electoral para avalar la segunda elección de magistrados, hecha de manera fraudulenta, sin cumplir con los requisitos constitucionales y democráticos, tampoco institucionales, es violencia de la perversión de las prácticas de votación. Con todo esto, la ciudadanía se esfuma, sustituyéndose los derechos consagrados en la Constitución por imposiciones adulteradas, que responden a los intereses de la casta política gobernante; concretamente de la burguesía rentista.

¿Cuál es el problema y cuál es el tema en cuestión, respecto a esta decadencia? No es que los gobernantes sean como son; que los “representantes del pueblo” sean, mas bien, representantes del poder, en sus formas más opacas y oscuras; no es que la burocracia y los funcionarios estén al servicio de la forma de gubernamentalidad clientelar; no es que la masa elocuente de llunk’us no encuentre otro sentido político que la de la sumisión servil; sino que el pueblo deje hacer lo que quieran a estos sujetos de las formas banales y grotescas de la política decadente.

En ensayos anteriores dijimos que se trata del deseo del amo, también de la voluntad de nada, de la marcha destructiva del espíritu de resentimiento, del espíritu de venganza, de la consciencia culpable; todas estas formas y perfiles de la consciencia desdichada, del sujeto desgarrado.  También remarcamos que la responsabilidad de lo que acontece es fundamentalmente del pueblo, que, al conformarse, reproduce el poder; que permite las órbitas del círculo vicioso del poder. La consecuencia que sacamos es que el pueblo es cómplice de su propia esclavización y subordinación, es cómplice de las dominaciones y cadenas a las que está sujeto.  Estas interpretaciones, que parecen categóricas, además de interpeladoras, ayudan a comprender el funcionamiento de las máquinas de poder, sin buscar culpables, ni en los ejecutores de las dominaciones, ni en los que las sufren. Sin embargo, también anotamos que, además, sobre todo, como condición de posibilidad histórico-social-cultural-corporal se encuentra, como substrato, la sociedad alterativa, sosteniendo, los vaivenes de la sociedad institucional. Por lo tanto, que lo vital social se encuentra en la sociedad alterativa, en sus flujos de fuga, también en sus incursiones desbordantes, que sitian y llegan a tomar, provisionalmente, los espacio-tiempos de la institucionalidad social y estatal. En esta perspectiva, dijimos, que la potencia social, es la energía vital de las sociedades; la que emerge, provocando cambios, que son considerados revoluciones, en las formaciones discursivas y enunciativas de la modernidad.

Vamos a sugerir una nueva paradoja en estos decursos de la modernidad crepuscular; la paradoja del apogeo y la decadencia; que se complementa y articula con la paradoja de la transformación/conservación. Tal parece que la decadencia, más aún, la decadencia en su grado de intensidad abismal, sobre todo, la hondura profunda del desmoronamiento, desata la necesidad de un nuevo apogeo, proliferante en nuevas invenciones y creaciones sociales. Esto dicho teóricamente. El problema es que todavía no se vislumbran claramente las formas inaugurales de este apogeo, si se quiere, de este horizonte civilizatorio. Si bien ya se manifiestan formas de pensamiento complejos, que conciben la integralidad de los ciclos vitales planetarios, la sincronización de todos sus espesores y planos de intensidad, en las distintas escalas del multiverso, además de los activismos vinculados, no se muestra claramente la emergencia compensatoria a la decadencia; es decir, el apogeo.

Por lo tanto, se podría decir, que una cosa es la posibilidad teóricamente vislumbrada y otra cosa es la posibilidad efectivamente dada como flujo de fuerzas sociales. La posibilidad teórica, es decir, la posibilidad de su realización, no depende de la armonía del corpus teórico que la enuncia, sino de las fuerzas sociales que efectivamente puedan realizarla. Entonces, no sabemos sobre los desenlaces que se darían concretamente. Lo que sí se puede saber es que hay responsabilidad social en lo que pueda ocurrir. Que las posibilidades, no solo teóricas, sino inherentes a los espesores del acontecimiento, puedan darse, depende de las voluntades singulares, para que se dé lugar la apertura a otros horizontes histórico-culturales-civilizatorios. Depende de la integración acumulativa de estas voluntades singulares, convertidas en potencia social creativa. Entonces, el desafío parece ser el cómo se activa la potencia social, inhibida en los cuerpos, por los diagramas de poder, por las cartografías políticas, por las mallas institucionales.

 

La guerra y la paz

La guerra y la paz

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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Podríamos comenzar con dos figuras genealógicas; una, la guerra en la filigrana de la paz; la otra, la paz en el corazón de la guerra. ¿Son dos figuras duales, opuestas, o, mas bien, complementarias, articuladas paradójicamente? No decimos que la guerra nace en el vientre de la paz, ni que la paz es anhelada en la guerra. Lo que queremos hacer es encontrar su conexión paradójica, sobre todo, la complejidad dinámica que relaciona estas figuras; por cierto, no como oposiciones duales, sino como situaciones paradójicas de un mismo acontecimiento. ¿Cuál es este acontecimiento que es la guerra y la paz simultáneamente? De entrada vamos a descartar dos tesis que han conformado teorías, hasta corrientes teóricas, en la ciencia política, también en las teorías de la guerra, así como en la filosofía. Una de las tesis es la que concibe a la guerra como matriz de la sociedad, por lo tanto, también de la paz; la otra tesis es la que concibe el origen arcádico en la paz matricial, algo así como el paraíso perdido. Podemos nombrar a la primera tesis como genealógica y a la segunda tesis como romántica.

 

El problema de estas tesis es no solamente la conjetura sobre el origen puro, que recuerda inmediatamente el mito, sino que no explica cómo aparece o emerge la guerra, de dónde, de qué matriz; lo mismo pasa con la otra tesis, no explica la presencia de la paz, salvo la narrativa romántica del comienzo armónico y primordial. Tanto la guerra y la paz, si las tomamos como situaciones, son eventos complejos, no pueden reducirse a un origen puro; tampoco a un factor desencadenante; por ejemplo, un supuesto instinto bélico o la memoria olvidada de la armonía natural. Aunque después se tengan teorías más elaboradas, el hecho de haber arrancado de estas premisas fundamentales, gravita sobre las teorías; por ejemplo, algunas corrientes teóricas parten de la premisa del origen puro, después explican la guerra de una manera descriptiva. Pueden llegar a generar explicaciones, en base a estas descripciones, proponer teorías deterministas o historicistas, así mismo, estructurales o dialécticas, también geopolíticas; empero, estas teorías, por más elaboradas que lleguen a ser, al no haber revisado su fundamentos, la conjetura inicial, quedan sin llegar a comprender el acontecimiento mismo, tanto de la guerra como de la paz.

 

Es insostenible la tesis del instinto agresivo, innato en el hombre, ya se haga hincapié como constitutiva de la identidad o como predisposición a la defensa, incluso como consecuencia de la posesión de territorio o concepción territorialidad. El cuerpo no parece funcionar a partir de instintos, sino, mas bien, parece responder a las dinámicas complejas de la percepción, donde sensibilidad, imaginación, razón, se integran dando lugar a distintas composiciones de la percepción. Lo que se llamó instinto, que tendría que ver con la información genética, transmitida al fenotipo, en el contexto de su ontogénesis, suponiendo el entramado filogenético, al encontrarse en el cuerpo, al formar parte de las dinámicas corporales, no puede funcionar aisladamente, sino en conexión y articulación con la fenomenología de la percepción.

 

Por otra parte, la percepción humana no se restringe al individuo, sino también funciona socialmente o es conformada también socialmente. La percepción, corporal y de la corporeidad social, es configurada socialmente y es configuradora de lo social. En este tejido bio-social se inscribe lo institucional. Hemos dicho que los nacimientos de las genealogías institucionales aparecen como estrategias de sobrevivencia, también como formas de cohesión consolidadas de las comunidades, así como mecanismos de distribución de funciones, también clasificaciones expresadas en símbolos, alegorías simbólicas, mitos. Hemos buscado en las genealogías de las instituciones la emergencia de la guerra y del poder, de sus genealogías propias.

 

En las hipótesis interpretativas que lanzamos, la guerra viene a ser como una construcción institucional. Ahora bien, los dispositivos ligados a la guerra son las máquinas de guerra. Las instituciones y las máquinas de guerra se inscriben en los cuerpos; entran en relación con las dinámicas corporales. Es explicable, entonces, que las instituciones puedan capturar fuerzas vitales, puedan incluso incidir en los comportamientos y conductas, aprovechando energías corporales, codificadas y decodificadas institucionalmente. De esta manera, se puede interpretar, que las máquinas de guerra cuentan con “guerreros” iniciados, ungidos y constituidos por las instituciones.

 

El problema que no es fácil interpretar, incluso hipotéticamente; la problemática puede ser dibujada por la pregunta: ¿por qué las sociedades humanas, al construir sus instituciones, como instrumentos de sobrevivencia y de cohesión social, se han dejado atrapar por ellas, convertidas en fetiches, como si fueran el origen y el fin de las sociedades? En estas condiciones de enajenación, las sociedades generaron diagramas de poder, estrategias de poder, bio-poderes, que se alimentan, viven y reproducen, con la captura de fuerzas, con la captura de vida, de energía vital, que son usadas en el desarrollo y acumulación del poder. Esta situación ha llegado a tal punto, que se ha convertido todo esto, estos substratos de procesos y estructuras estructurantes, las genealogías institucionales, los diagramas de poder, las máquinas de guerra en una amenaza a la vida.

 

 

Una larga guerra, dilatada en décadas, como deteniendo al país en la eternidad de la violencia. Guerra cuyos comienzos no se olvidan; empero, se borran sus perfiles, que fueron claros al inicio. Guerra cuyos horizontes se pierden en la bruma; que quizás fueron definidos de una manera, mas bien, nítida, que, sin embargo, se volvieron confusos, después de tantos años de guerra. Cuando después de esta larga guerra, que deja agotados a los contrincantes, al pueblo, a la sociedad, cansados de muertos, de heridos, de desaparecidos, cansados de las consecuencias destructivas de la violencia desatada, llega la promesa de la paz, como un acuerdo logrado, discutido durante otros buenos años,  es como luz que alumbra al final del túnel.

 

 

El acuerdo de Paz entre las FARC y el gobierno colombiano, firmado en la Habana, es esta luz al final del túnel. Un acuerdo, difícil de lograrlo; empero, logrado al fin. Aunque sea solo eso, acuerdo; documento firmado por ambas partes y los garantes. Esto, ciertamente, no es la paz; sin embargo, es un compromiso para desplegar las voluntades encontradas para alcanzar la paz, poniendo lo de las partes todo lo que se pueda para lograrlo. Sabemos, que esto no basta; como dice el refrán popular: el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones. Lo que ocurra no depende del documento firmado, de los acuerdos logrados, incluso de las voluntades puestas, aunque sea al inicio. Lo que ocurra o pueda ocurrir depende de lo que haga el conjunto de la sociedad, el conjunto del pueblo, de la acumulación de voluntades singulares, puestas en escena; así como de sus prácticas desplegadas, de las fuerzas desenvueltas y, obviamente, de las correlaciones de los campos de fuerzas. Depende del pueblo, en pleno ejercicio de sus libertades y haciendo respetar sus derechos, ejerciendo la democracia, el que se cumpla con el acuerdo logrado; haciendo, además, que este acuerdo se efectivice, realizando la oportunidad histórica-política aprovechada.

 

 

Reflexiones en torno al Acuerdo de paz

 

Comenzaremos con una pregunta provocativa: ¿Quién ha ganado la guerra? El presidente Juan Manuel Santos, en su discurso, después de la firma del Acuerdo de Paz, dijo que no hay “ganadores” ni “perdedores”, la que ha ganado es la sociedad Colombiana, la que ha ganado es la paz. ¿Es así? El Acuerdo de Paz tiene la característica del acuerdo como de dos Estados, aunque uno sea institucionalizado, y el otro sea una proyección posible. El Estado-nación colombiano, respaldado por el Estado-nación estadounidense norteamericano, por el gendarme del imperio, del orden mundial del sistema-mundo capitalista, en su etapa decadente, a pesar de la disponibilidad de fuerzas concentradas, del monopolio de la violencia legítima, de un engrandecido ejército para luchar contra la guerrilla, ha tenido que asumir, primero, las conversaciones para dar apertura al acuerdo; después, ingresar en las conversaciones mismas del proceso del acuerdo de paz, para, ocupando tres años, culminar con un Acuerdo de Paz, convenida por ambas partes. ¿Quién ha ganado? ¿Nadie?

 

No parece plausible esta conclusión; no es sostenible, incluso en el caso que se aclare que es el pueblo colombiano el que ha ganado, también la paz; lo que de por sí, es convincente. Gana el pueblo colombiano el acuerdo de paz; ¿qué significa esto? Diremos, de la manera más abierta, ni optimista, ni pesimista, que el pueblo colombiano gana la oportunidad y la posibilidad de resolver los problemas candentes, que han arrastrado a una guerra que parece interminable. Bueno, empero, debe queda en claro, que se trata de una oportunidad; no de una efectiva materialización de la paz misma. Tampoco del camino ya hecho hacia otras formas, no bélicas, de resolver los problemas sociales, políticos y perversos, como los relativos a la economía política del chantaje. La experiencia social y política del pueblo colombiano, le ha enseñado, que los acuerdos de paz, terminaban en el asesinato de los guerrilleros que entregan las armas, como ocurrió con el M-19. No es, ciertamente, el mismo contexto histórico-político, tampoco son los mismos sujetos sociales, políticos y militares, los que firman el reciente acuerdo de paz; empero, la experiencia enseña que no se puede cantar antes de que amanezca, antes de que los primeros tenues rayos del sol, se anuncien, aunque sea como iluminaciones latentes.

 

De todas maneras, la firma del Acuerdo de Paz ya es un desenlace del largo conflicto. Se puede decir, por lo menos, como conclusión provisional, que si un Estado-nación, concretamente su forma expresa y gubernamental, el gobierno, el Congreso, el poder judicial, se ven empujados a dialogar y, después, firmar con el que consideraron, durante tanto tiempo, el enemigo, es que, primero, constata que no puede vencer la guerra. Lo que ya es, de por sí, una cierta victoria de la guerrilla. Esto significa, por lo menos, que la correlación de fuerzas parece equilibrada. Se ha llegado a un punto de estancamiento.

 

En segundo lugar, el contenido del Acuerdo de Paz toca tópicos y temas estratégicos, que no solamente se refieren a la conclusión del conflicto, a las condiciones estrictas de paz, en el sentido restringido, sino a las condiciones de posibilidad de una paz duradera, para decirlo sencillamente. El Acuerdo de Paz toca problemáticas que fueron como despejadas, desdeñadas o encubiertas, incluso ignoradas por los gobiernos del Estado-nación colombiano, como, por ejemplo, el relativo a la cuestión agraria y a la reforma agraria. También se toca el ámbito complicado y problemático del tráfico ilícito; lo que ya es un avance, incluso más, un desplazamiento del contexto político. Así mismo, el incorporar al Acuerdo de Paz y a la realización del acuerdo la condición educativa y la necesidad de su expansión, atendiendo a todo el pueblo, es un desplazamiento del tratamiento del tema, abarcando a las fuerzas involucradas en el conflicto, también a las organizaciones sociales. Sin embargo, faltan tópicos y temáticas, que atingen a problemáticas fundamentales, como la relacionada a no solamente los derechos de las naciones y pueblos indígenas, así como de los derechos de los pueblos afros, sino a su reconocimiento pleno como pueblos. Lo que implica, de suyo, tratándose de estas naciones y pueblos, resolver la problemática maldita heredada de la colonia. No se puede hablar ni de democracia, ni de república, si los Estado-nación y las sociedades institucionalizadas, se edificaron sobre cementerios indígenas y sobre la sangre y los huesos de los y las esclavizadas.

 

Por otra parte, en el Acuerdo de Paz, no ha participado directamente el pueblo colombiano. Falta entonces, sin que el pueblo, por lo menos, en mayoría, esté en desacuerdo con el Acuerdo de Paz, que el pueblo y la sociedad colombiana participen plenamente en la construcción colectiva de la paz. Participen con su pluralidad, con sus multiplicidades, con sus territorialidades, con sus singularidades, dándole dinámica a una construcción de la paz, que se debe dar en la pluralidad de los planos y espesores de intensidad de la formación social-territorial-cultural integral. Que sea una paz en los distintos planos y espesores de intensidad, construida como estética y fenomenología de la potencia social.

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