Pegaso sin alas

Acontecimiento poético II

¿Qué es la poesía? Respondiendo desde Federico García Lorca.

Raúl Prada Alcoreza

A modo de introducción

En Acontecimiento poético; ¿qué es la poesía?; respondiendo desde Cesar Vallejo; buscamos responder a la pregunta de ¿qué es la poesía?, desde la experiencia poética de Cesar Vallejo; ahora intentaremos hacerlo desde la experiencia poética de Federico García Lorca. Para tal efecto incursionaremos recorridos interpretativos, viajando por los poemas del poeta andaluz. No abarcaremos su vasta obra, sino optaremos por una selección arbitraria, la que osa el presente interprete, que viste y calza, como dice el refrán popular. El presente ensayo se ocupa de la relación del poeta con la poesía.

Pegaso sin alas

Acontecimiento poético II

 

 

En el poema dedicado a Antonio Machado, Federico García Lorca nos da a conocer su concepción de la poesía, por lo menos la que se refiere a la poesía completa de Antonio Machado, que es como titula el poema que también se conoce como Sobre un libro de versos. Federico dice que:

 

 

Un libro de poesías

Es el otoño muerto:

Los versos son las hojas

Negras en tierras blancas,

 

Y la voz que los lee

Es el soplo del viento

Que les hunde en los pechos

-Entrañables distancias-.

 

El libro de poesía es donde se encuentra la poesía, en su forma escrita, gramática e impresa. Por eso, el libro de poesías es el otoño muerto. Estación del año donde las hojas caen al suelo, aposentando sus capas amarillas de recuerdos. En el libro estas hojas son negras en tierras blancas, en los lechosos tejidos de las páginas blancas. Pero, un libro no es libro si no lo lee nadie; en el caso de la poesía, la voz del que lee es el soplo del viento. Voz del lector, que puede ser otro poeta, cuyo sonido acústico y descifrable hace de viento entrañable, que define distancias. Esta relación del poeta con el libro de poesías da vida al libro, despertándolo de su letargo; cobra vida el cuerpo del poeta, cuando en su voz viajan seres recorriendo distancias. La poesía es esta relación con la memoria inscrita en el espesor de las tierras lechosas de los libros, que repiten la memoria hendida en el espesor de las tierras develadas por la experiencia. La poesía escrita despierta la poesía acontecida en la vida. Por eso dice Federico que:

El poeta es el médium

De la Naturaleza

Que explica su grandeza

Por medio de palabras.

Este vínculo intenso entre el poeta y la Naturaleza hace al poeta un transmisor singular del acontecimiento de la vida, comprendido como acontecimiento poético, recogido en el leguaje metafórico y musical de los versos.  Las palabras tienen sentido, no por ellas mismas, sino por ser transmisoras de este acontecer vital, de este desborde sensible. El sentido se encuentra en esta relación entre el lenguaje y las formas desbordantes de la Naturaleza; también se encuentra en el sentido inmanente del acontecimiento, dando cuenta de algo, que quizás no sea sentido, sino creación, poiesis.

El poeta es un entramado sentimental, tejidos por donde recorre intrépidamente la corriente sanguínea de los sentimientos.  Intérpretes de los contenidos transmitidos por la experiencia, contenidos en devenir de mundos inventados, mundos, que, a su vez, nos inventan. El sentimiento es más musical que conceptual, es más pictórico que enunciado. El sentimiento es como una composición de cuerdas que narran con sonidos las tramas envolventes de la vida. Que mejor que usar figuras para dibujar el perfil del poeta, mejor que definirlo. Federico escribe:

El poeta es un árbol
Con frutos de tristeza
Y con hojas marchitas
De llorar lo que ama.

 

Desde esta perspectiva, habrá que entender la poesía en toda su complejidad; no reducida a un plano de intensidad; por ejemplo, el de la forma literaria, o a algunos planos de intensidad.  Añadiendo al anterior, por ejemplo, el plano de intensidad de los contenidos, es decir de los sentidos inherentes en las composiciones poéticas; también el plano de intensidad de las formas de expresiones, así como, sumando, el plano de intensidad cultural, contextualizado y temporalizado. Así mismo, se puede considerar lo que comúnmente se llama la biografía del poeta. Más allá de la consideración de estos planos de intensidad, parece menester comprender el acontecimiento poético como un acontecimiento que captura y conserva la experiencia intensa de un momento, en un contexto dado. Así como una fotografía puede captar el instante de una figura, de una composición de figuras, un cuadro, como recorte transversal de presencias encontradas y conjugadas, en el momento. Así como una película puede captar la imagen-movimiento de un lapso dado, sea construido, por medio de edición, o sea transmitido sin mayor elaboración. Así también, de una manera más compleja, la poiesis captura los planos de intensidad y los espesores de intensidad de una experiencia singular, sobre todo intensamente vivida.

Esta comprensión de la poesía como acontecimiento, nos empuja a interpretarla de una manera compleja, como articulación de múltiples planos y espesores de intensidad, registrados en la experiencia; por lo tanto, ir más allá de la interpretación literaria.  Interpretar una poesía, desde la perspectiva de la complejidad, implica activar la captación de las capturas de la experiencia, efectuadas por el poeta. Interpretar la intensidad de lo vivido, devenido poema, es, a la vez, activar en el o la lectora la capacidad integral corporal para hacerlo. No es solo la vista, el oído, vinculados a la inteligibilidad del lenguaje, lo que alcanza esta integralidad compleja, sino las actividades corporales articuladas, integradas y complementadas las que pueden hacerlo. Entonces, se trata de descifrar el conjunto entrelazado de emociones, de sensaciones, de sentimientos, de imágenes, de pensamientos; es decir, de percepciones, que desata la lectura del poema. A esto nos invita Federico:

Sabe que los senderos
Son todos imposibles
Y por eso en lo oscuro
Va por ellos con calma.

 

Quizás, de una manera más clara, lo dice en los siguientes versos:

En los libros de versos,
Entre rosas de sangre,
Van desfilando tristes
Y eternas caravanas
Que hirieron al poeta
Que lloraba en la tarde,
Rodeado y ceñido
Por sus propios fantasmas.

 

Volviendo a las teorías de la narrativa, se puede distinguir dos procesos conjugados, que aunque complementarios, son diferentes. Uno es el de la configuración y el otro es el de refiguración; el primero, corresponde a la interpretación, elaboración, composición, del autor; el segundo, corresponde a la re-interpretación, a la re-elaboración, a la re-composición, del o la lectora, aunque lo haga de manera condicionada por el entramado de la composición ya dada, que tiene a mano, aunque esta re-elaboración no sea escrita ni llegue a composición. Lo importante en esta diferenciación de procesos interpretativos, logrados analíticamente, el del autor y el del o la lectora, radica que se consideran dos experiencias encontradas; una, que llamaremos, provisionalmente, experiencia pasada, escrita en el libro de poesía; la otra, que llamaremos, también provisionalmente, experiencia presente, que, si bien, no está escrita, transcurre en la experiencia del o la lectora.

Sin embargo, este encuentro de experiencias no es, usualmente, rescatado reflexivamente, expresivamente, manifiestamente, en su completud y complejidad; mas bien, se lo reduce a interpretaciones en planos de intensidad seleccionados como representativos de lo que se considera institucionalmente poesía. No se trata de quitarle su valor a la interpretación literaria, a la crítica literaria, que ciertamente han ayudado a comprender y a interpretar las constelaciones poéticas de los poetas; sino que parece indispensable ir más allá, buscando comprender el acontecimiento poético en su complejidad.

El poeta no transmite solamente figuras y metáforas, en formas armónicas de versos, sino que, usando estas figuras, estas metáforas, el lenguaje, manejado armónicamente, transmite vivencias, descifradas por el poeta o la poetisa, que buscan, a su vez, ser reactivadas en la lectura.  El acontecimiento poético es entonces un acontecimiento renovado en la lectura. Resulta una actualización constante, en la medida que es reconfigurado, rompiendo la secuencia, arrastrándonos a la experiencia de la simultaneidad.

Tal parece que nos encontramos no solamente ante la simultaneidad de la configuración y la refiguración, sino también ante la simultaneidad entre el imaginario humano y el imaginario cósmico, por así decirlo. Lo que, a su vez implica, la simultaneidad corporal del macrocosmos y el microcosmos, para decirlo de una manera sencilla. Federico se expresa de esta manera:

Libros dulces de versos
Son los astros que pasan
Por el silencio mudo
Al reino de la Nada,
Escribiendo en el cielo
Sus estrofas de plata.

 

Poesía es entonces este compartir con el mundo y el universo, por lo tanto, los seres que los pueblan; interpretar sus voces, que aunque parezcan mudas, a veces, no lo son. Interpretar el movimiento de sus cuerpos, que aunque parezcan a-gramáticas, no lo son. Lo que pasa es que se trata de otras escrituras, de otras gramas, que debemos a aprender a leerlas. Sobre todo es interpretar sus composiciones mutantes.

Poesía es devenir, poiesis de los tejidos espacio-temporales, captados en las tramas armónicas de la poesía. Por eso mismo, es alegría y nostalgia, a la vez; alegría, por participar en la elocuencia plural y múltiple de la vida; nostalgia, por saber que lentamente pasa, para la singularidad de nosotros, aunque no pase, de esta manera secuencial, en el tejido curvado del espacio-tiempo, que, mas bien, es simultáneo.

Poesía es la composición sensible y sentimental que promueven los cuerpos, en sus múltiples encuentros. Composiciones que pueden ser captadas como tramas de dolores y penas o, en las formas expresivas de gozos y alegrías.

Poesía no es solamente amor a la vida, sino también amor a la humanidad y sus formas singulares de serlo.  Es tristeza de ver al hombre desnudo en Pegaso sin alas; pues se descubre dramáticamente su finitud y su vulnerabilidad incurables. Sin embargo, en esta misma finitud y vulnerabilidad radica, en forma de asociaciones, composiciones y combinaciones, en devenir, la vastedad y la invulnerabilidad de la especie.

Poesía es develar la paradoja de la nada y el todo, de la vida y la muerte, que, en espacios profundos, se miran y se abrazan.

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