Memoria y olvido

Memoria y olvido

 

Raúl Prada Alcoreza

Memoria y olvido

Memorio y olvido

El secreto está en la memoria sensible, es decir, en la vida. ¿Cómo es que se forma, se constituye, se crea, esta memoria sensible? ¿Cómo es que se pasa de las macromoléculas a las células? Al respecto, tenemos tres hipótesis especulativas.

 

 

La primera hipótesis:

Nada hay en el ser humano que no esté contenido en el universo. Nada hay en la vida, en sentido biológico, es decir, celular, que no se encuentre en el universo. La vida, en sentido biológico, es una de las formas de vida en la pluralidad de formas de vida del universo. La materia está viva, la materia oscura, la energía oscura, la materia luminosa, la energía luminosa, están vivas. Se trata de formas de vida no celular, no biológica, desplegadas en asociaciones de partículas infinitesimales, si se quiere, en asociación y composición de fuerzas fundamentales del universo. Después en asociación y composición de partículas que forman átomos; en este transcurso de la complejidad, de asociación y composición atómica que forman moléculas; transcurso de complejidades donde éstas, las moléculas, forman macromoléculas. Conocemos los comportamientos de las partículas infinitesimales estudiadas, conocemos las composiciones de los átomos estudiados, conocemos las dinámicas moleculares estudiadas, incluso empezamos, antes, a conocer las dinámicas molares. Sin embargo, no conocemos las razones de las asociaciones de las partículas infinitesimales; tampoco se ha explicado la fuerza gravitatoria; en consecuencia, no se ha logrado construir la teoría unificada de la física. De todas maneras, la emergencia de la vida, en sentido biológico, tiene que explicarse por los comportamientos de estas asociaciones y composiciones de las partículas infinitesimales, de las asociaciones y composiciones de lo que se llama las fuerzas fundamentales del universo.

La segunda hipótesis:

Las partículas infinitesimales no se mueven en el vacío, sino en océanos de energía. Son, a su vez, ondas, frecuencias y vibraciones de energía. La energía abundante y desplegada atraviesa todos los cuerpos, desde los corpúsculos infinitesimales hasta las grandes masas molares. Ahora bien, si la vida, en sentido biológico, es neguentropía, es decir, que retiene y administra la energía, negando la entropía, creando organización, que invierte, por así decirlo, la entropía, ¿cómo es que estas formas de composiciones de energía pasan a una escala, nivel, dimensión, si se quiere plano o espesor de intensidad, que requiere absorber energía, alimentarse de energía? ¿La emergencia de la vida, en sentido biológico, es un salto cualitativo en las estructuras, formas de organización y composición energéticas, que pasamos del derroche de energía a necesitar energía, a la alimentación cíclica de energía? La conclusión de la hipótesis establecería que la vida, en sentido biológico, corresponde a una complejización singular de las asociaciones, composiciones y combinaciones de energía, en su forma de ondas y en su forma de corpúsculos y cuerpos.  Esta complejización singular da lugar a la memoria sensible.

La tercera hipótesis, que no compartimos, dadas nuestras interpretaciones, que están expuestas sucintamente en las anteriores hipótesis y en escritos anteriores[1], circunscribe la vida sólo a su sentido biológico; no habría otras formas de vida no-biológicas. Entonces: El salto a la vida no solo es cualitativo, como en las anteriores hipótesis, sino corresponde a un paso trascendental de la materia a la vida.

El problema de la tercera hipótesis es que este salto trascendental se hace inexplicable. Quizás, en este caso, se entienda que se tenga que introducir la hipótesis de Dios, en su forma más especulativa y abstracta, para poder contar con una explicación ad hoc. No vamos a ocuparnos de la tercera hipótesis. Esto se comprende, pues no es nuestra perspectiva ni interpretación.

Asumiendo que la memoria sensible es memoria biológica, que es la vida, en sentido biológico, el tema es ¿cómo funciona esta memoria sensible, en su aspecto sensible, que tiene como substrato las dinámicas moleculares químicas de las células?

 

 

 

Memoria biológica

El profesor Antonio García-Bellido, docente de Investigación de Genética del Desarrollo del CSIC, en Madrid, dice que en el lenguaje común, la memoria corresponde a una actitud reflexiva, basada  en la experiencia.   La memoria corresponde a las funciones de retención de información. La memoria condiciona los sucesos venideros; se puede decir que la biología está condicionada por la memoria, dando lugar a las formas de sus manifestaciones. Los procesos de memoria biológica se dan de manera compleja. En el substrato de la memoria, la información aparece en la copia de largas moléculas de nucleótidos. “Todos estos procesos tienen una extraordinaria precisión y especificidad basada en el reconocimiento molecular, esto es, en la interacción de moléculas con forma y carga electrostática compatibles”. Desde esta perspectiva, el reconocimiento molecular es el fundamento de la estabilidad y especificidad del edificio biológico. Lo encontraremos en la base de todos los procesos que tienen lugar en todos los planos y espesores de intensidad de la complejidad. La fijación y registro de las formas moleculares más efectivas en sus interacciones es como el zócalo de lo que se llama inercia evolutiva. “El reconocimiento molecular pone un límite a la variación; es la sintaxis del lenguaje que mantiene la comunicabilidad del mensaje genético”. Cuantificando, se estima que el número de pliegues distintos de los polipéptidos, esto es su forma, es de sólo alrededor de mil; en tanto que el número de genes de los organismos, desde bacterias al hombre, no pasa mucho de treinta mil. La inercia explica que los genes están conservados y son funcionalmente intercambiables entre organismos tan dispares como levaduras, insectos y hombre. Las alternativas y alteraciones a esta inercia, ocasionadas por las limitaciones del reconocimiento molecular son, iteración génica y aparición de pequeñas variantes en genes (familias de genes), así como combinaciones diferentes en diferentes procesos celulares y en diferentes células.

La memoria, depositada en el DNA, contiene una gran riqueza de motivos para diferentes operaciones que determinan estructuras o procesos más y más complejos. Pero hay memoria a muchos más niveles de complejidad. Hay memoria en la estructura de los cromosomas, en otras organelas celulares y en las membranas de las células. “Las células se comunican entre sí enviando (ligandos) y recibiendo (receptores) señales moleculares que recaban la información de los genes específicos de respuestas que determinarán el comportamiento celular específico. Esta es también la base de la memoria inmune”.

Algo parecido ocurre con la memoria cerebral. La complejidad de la memoria se encuentra en las conexiones entre neuronas y el refuerzo, por estimulación repetida de estas conexiones, entre las neuronas involucradas en un acto sensorial o motor. “La anatomía de estas conexiones está definida por el desarrollo y éste a su vez por el genoma de la especie. La memoria aparece así en su forma más simple en todos los animales, desde los más sencillos con un sistema nervioso. Esta memoria da lugar al automatismo del acto reflejo (en el movimiento de una medusa) en los tropismos (de respuesta a la luz entre otros) o en la respuesta estereotipada del instinto”. 

Se dicen que en estos organismos el substrato anatómico de la memoria ha derivado de la selección natural, favoreciendo redes de conexiones más eficaces, fundamento de las respuestas innatas. Del mismo modo hay memoria individual adquirida. En este caso su base estructural es la conectividad nerviosa entre regiones o centros de asociación del cerebro (cortex, hipocampo, cerebelo e hipocampo). “Así, estímulos sensoriales llegados al córtex se asocian por conexiones recurrentes con estos centros de asociación creando repertorios de experiencia integradas (sensorial, motora, propioceptiva, emocional), que son susceptibles de ser recabados ante una experiencia nueva o un acto volitivo. La memoria cerebral es así dinámica y dispersa”. Teniendo en cuenta estos mapas, la combinación al azar de estos alelos en un zigoto es única y va a definir la eficacia reproductiva del portador. “Para la población, esta es la memoria colectiva (dispersa) que permite la tolerancia a los cambios, lo que llamamos su adaptación. Ciertas combinaciones alélicas aumentan en la población por su eficacia reproductiva. La plasticidad del proceso evolutivo es enorme pero mantiene la inercia de lo que ha sido creado y probado antes. Así la experiencia de los ancestros de la especie está reflejada, determina y limita la fisiología y la morfología de los descendientes y en el fondo sus capacidades de seguir evolucionando”[2]

La primera anotación que debemos hacer es que no se trata de una memoria sino de memorias, de pluralidad de memorias; por lo menos, en principio, hay que considerar dos estratos de pluralidades de memorias. El primero, se trata del estrato de memorias que funcionan como hermenéuticas químicas, tal como hemos denominado en “La explosión de la vida”, también en “Más acá y más allá de la mirada humana”.  El segundo, es el estrato de plurales memorias que se conforma sobre los diseños de los recorridos de conexiones, sobre la base de las huellas inscritas por estas conexiones neuronales. El primer estrato es el substrato, matriz sobre la que emerge el segundo estrato, que podemos llamar para-estrato,  que aparece tanto como despliegue del primer estrato, pero, ya no como hermenéutica química, sino como hermenéutica sensible. Vale decir codificaciones y decodificaciones no-químicas; ¿de qué clase entonces? Se trata de impactos, de mapas de impactos, que, en la medida que se repiten, que son recurrentes, quedan como marcas, como inscripciones zonales o regionales. ¿Dónde? ¿Inscripciones de qué? Hablamos del cuerpo, del organismo; se trata del impacto de la exterioridad en la interioridad – usando estos términos filosóficos, que distinguen mismiedad y otredad, también términos que aluden a terminologías sistémicas, que definen clausura y apertura -, impactos de esta relación constitutiva del mundo. Entonces los impactos se dan en el cuerpo, en el organismo, en lugares precisos del organismo, la red neuronal.  Esta relación con el entorno no solo impacta, inscribe la huella de los impactos, la marca de los mapas de las huellas, sino, como se trata también de respuestas, reacciones, acciones del cuerpo, sino codifica y decodifica estos impactos. No de una manera química, como antes, en las dinámicas moleculares, sino de una manera somática. Para que estas huellas somáticas devengan huellas semánticas, se requiere de la interpretación de la experiencia, cuyos substratos profundos se encuentran, primero, en la hermenéutica química, después en le hermenéutica somática. Cuando la experiencia primaria, basada en estas huellas somáticas, llega a ser codificada y decodificada socialmente, vale decir, cuando interviene una interpretación social, es cuando pasamos a la hermenéutica semántica, por así decirlo. En este paso crucial está el lenguaje de por medio. En este caso podemos comprender la presencia de un tercer estrato, que llamaremos meta-estrato.

La aparición, la emergencia, mejor dicho el devenir del lenguaje, es un acontecimiento social. No sólo se trata de asociaciones, de composiciones, de combinaciones de mónadas, recurriendo al concepto de Leibniz, sino de transformaciones en las mismas estructuras de las asociaciones, composiciones y combinaciones, en las mismas formas, contenidos y expresiones de estas asociaciones, composiciones y combinaciones. Podemos entonces hablar del surgimiento, por así decirlo, de hermenéuticas simbólicas que codifican y decodifican las sensaciones, las imaginaciones y las primarias racionalizaciones efectuadas, codifican y decodifican las percepciones.  Como se puede ver, la memoria, mas bien, la pluralidad de memorias, en distintas escalas y niveles, además entrelazadas, formando tejidos estratificados, configuran la complejidad del acontecimiento memoria.  La memoria sensible es esta complejidad.

El olvido o la invención

¿Se puede hacer un balance de lo que se nombra como historia de la humanidad? La pregunta es válida si incluso hablamos en plural de historias de la humanidad o si se quiere historias de las sociedades humanas. ¿Qué clase de balance sería éste? Incluso si decimos que la historia es una invención, hasta un mito moderno. El problema no radica tanto aquí, que sea un mito, sino en que, en el caso, que llegue a ser mito, que es  lo más plausible, este mito, la historia, nos da un mensaje que puede ser terrible. No importa lo que haya ocurrido, podía haber ocurrido de una manera o de otra, lo que ha ocurrido es, en todo caso, casualidad, lo que importa es lo que ha quedado como interpretación. Ahora bien, lo que hay que resolver aquí es si esta interpretación es la oficial, la institucional, o se trata de la interpretaciones colectivas, que toman otro camino, al institucional. Interpretaciones contrapuestas a la versión institucional, a la versión de la historia oficial. Ampliando la problemática; incluso, en este caso, que entren otras versiones, contrapuestas, contra-históricas, estas versiones no dejan de ser también otras narrativas, quizás más próximas a la historia efectiva, pero, también tramas; es decir, interpretaciones, que atribuyen sentido a la direccionalidad histórica.

Entonces también, considerando este panorama narrativo más amplio, en el caso de la contra-historia, estamos ante la problemática que plantea el mensaje aludido: No importa lo que haya pasado, incluso en el caso de que importe, de que sea indispensable acercarse más a la historia efectiva, lo que importa es lo que queda en las interpretaciones. Algo así como lo que importa es la idea que queda; que es lo mismo que decir que lo importa, al final de cuentas, es el mito. Es como si las sociedades humanas vivieran para el mito, para reproducir el mito, para reencarnar el mito, aunque no lo logren. No importa lo que vivan, que al final, es casualidad, sino que vivan para el mito, que hagan vivir el mito, aunque lo hagan a costa de ellas mismas.

Si este es el mensaje, es terrible. Es encaminarse a la ilusión, optar por la ilusión, encontrar que el sentido es precisamente la ilusión. Es como encontrar en el engaño y en el autoengaño el sentido de la existencia humana. ¿Es este nuestro destino?

Volviendo a ese concepto problemático de historia, sobre todo a sus referentes,  la historia parece confirmar este mensaje. Todas las invenciones humanas, desde sus primeros mitos hasta los actuales, pasando por sus instituciones convertidas en eternas, como si fuesen sagradas o derivadas de lo sagrado, como si no fuesen construcciones humanas, como si no fuesen sus criaturas, sino, mas bien, sus orígenes. Pasando por sus finalidades; las de salvación, después, las políticas, cuyos fines terrenales ungen a los mismos de plenitud histórica, como si el fin sean estos objetivos abstractos y no el mismo ser humano o, mejor dicho, la vida misma.  Las sociedades humanas se han dedicado a entregarse a sus mitos, a sus instituciones, a sus religiones, a sus “ideologías”, a sus finalidades. La dedicación al mismo ser humano, a la misma vida, ha sido relegada o subordinada al servicio de estos fines.

Es posible que los mitos hayan permitido a las sociedades humanas iniciales sobreponerse a las adversidades, a su propia debilidad corporal, a las condiciones de posibilidad ecológicas, logrando su sobrevivencia y afincarse en los territorios. Sin embargo, en la medida que lo ha hecho, que sus mismas sociedades se complejizaron, los mitos se convirtieron en un obstáculo, incluso en peligrosos para la sobrevivencia. Empero, en vez de abolir los mitos, el recurso al mito, las sociedades humanas optaron por sustituir los mitos heredados por otros nuevos. Este recurso o esta recurrencia renovada a mitos remozados, en vez de ayudar, complicó la situación, pues se decía que los nuevos mitos no lo eran, sino eran la mismísima verdad. Con lo que se reforzaba el carácter  estructural del mito.

Por otra parte, se han acumulado tantos mitos, se han multiplicado los mitos, que hay una variedad extensa; las sociedades humanas se encuentran entrampadas en campos de telarañas de mitos. Parece que ya no puede salir de mundos habitados por sus propios fantasmas. No puede ver la vida, los ciclos de la vida, la complejidad abundante y creativa de la vida; no puede verse a sí mismo, su cuerpo, su conexión sensible con el universo.  Sólo puede ver la forma y el perfil de sus propios conceptos; sólo puede ver la vida y verse a través de estos lentes abstractos. Ha perdido el contacto con la vida y con su propio cuerpo. 

Aunque exageremos o parezca que lo hacemos, la humanidad ha llegado a un punto, por así decirlo, donde, por este decurso, llamada historia, en la modernidad, desarrollo, más eufemísticamente, progreso, se encuentra en mayúsculo peligro, ha puesto definitivamente en entredicho su propia sobrevivencia. Entonces, aunque la historia parezca confirmar el mensaje, lo que hace es confirmar un derrotero hacia la desaparición de la humanidad. Lo que de por sí, coherentemente, apostando por la vida, debe ser rechazado.

Usando la frase popular conocida o, si se quiere, la sabiduría popular, ¿cómo poner las cosas en su sitio? No se trata de descartar la imaginación, sino de integrarla al cuerpo; no se trata de desterrar los mitos, que forman parte de un pasado y todavía de un presente, hasta no sabemos cómo continuaran, sino de comprender que los mitos son tramas, narrativas, construcciones estructurales de sentido; por lo tanto, de interpretación. En esta perspectiva, de ninguna manera se trata de someterse al mito, de vivir para el mito; tampoco de confundir la realidad, sinónimo de complejidad, de la que formamos parte, con las imágenes que conformamos de su experiencia. Sino, se trata de integrar todo esto a la dinámica de los ciclos vitales y la potencia de la vida.

Un nuevo comienzo

Lo que se ha vivido es experiencia, lo que han vivido las sociedades humanas son experiencias sociales. La experiencia se convierte en memoria, como dijimos, en memorias, con toda la complejidad que compete a la memoria. En lo que respecta a las sociedades, se convierte en memorias sociales. La memoria social no es historia, de ninguna manera. Puesto que la memoria social, la memoria misma, es vital; la memoria es vida, concretamente la memoria sensible. La historia es narrativa, una estructura discursiva dada, una interpretación de la experiencia social y de la memoria social; pero, no es ninguna de éstas, ni experiencia, ni memoria. La memoria es dinámica, si se quiere cambiante, mutable, en constante transformación, porque se actualiza, haciendo presente sus sedimentaciones y estratificaciones. Paradójicamente, la memoria también es conservadora; se aferra a sus huellas, a la inscripción de las huellas, a sus mapas sedimentados de huellas. Es obsesiva con estas inscripciones, que no son exactamente pasados, ni recuerdos, sino eso, huellas hendidas en el cuerpo. Huellas presentes en el cuerpo, a las que recurre para interpretar el presente.

En este sentido, la experiencia es también aprendizaje. A estas alturas del partido, las sociedades humanas ya deberían haber aprendido las dramáticas lecciones. Ya no deben insistir en lo mismo, en hacer lo mismo, a pesar de sus variantes. De manera concreta, ya no deben ni pueden seguir dominando de las distintas formas que lo han hecho y lo puede hacer. No es el camino de la sobrevivencia; es el camino de su desaparición. Tiene que aprender o, si se quiere, reaprender a comunicarse con los seres del universo; algo que sabe su cuerpo, pero no la razón abstracta e instrumental, separada del cuerpo; la que pretende enseñorear sobre la tierra y el universo. Esta humanidad presente, actual, contemporánea, atareada en sus problemas masivos, en los problemas pendientes, armada con dispositivos de destrucción masiva, tiene la responsabilidad imperiosa de resolver los problemas pendientes, de descartar los seudo-problemas, que son “ideológicos”, para encaminarse a darse tareas dignas de su presencia en el universo, compartiendo la conexión con los demás seres.  Los problemas pendientes son resolubles, tiene los recursos y medios para resolverlos, no son imposibles, tampoco difíciles de hacerlo. Lo difícil es arrancar a las sociedades humanas de su encantamiento, en la que se encuentran, seducidas por mundos de fantasmas y dramas fantasmagóricos, donde se ensaña en guerras a muerte por ideales sin carne ni hueso. 

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza La explosión de la vida. También Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015.

[2] Antonio García-Bellido: “La memoria biológica”. http://www.elcultural.com/revista/ciencia/La-memoria-biologica/5689.

 

 

 

 

 

 

Experiencia y narración

Experiencia y narración

Oikologías

Experiencia y narración

Raúl Prada Alcoreza

narracion¿Qué es narrar? ¿Relatar lo ocurrido? Que es pasado, de acuerdo con el sentido común. ¿O interpretar lo acontecido? Pero, también se puede narrar el presente, ¿y el futuro? ¿Pronosticar el futuro, en el mejor de los casos imaginarlo? Puede darse la narración escrita, sobre todo literaria, pero, la narración no se restringe a los signos lingüísticos, sino que se abre a los signos semiológicos, es decir, a toda clase de signos, marcas, señales y hasta huellas. Entonces se puede narrar en distintos planos de intensidad con diferentes recursos. ¿Se puede decir entonces que la narración corresponde a la interpretación del acontecimiento, en los términos que efectúa toda representación? Para responder estas preguntas vamos a repasar algunas consideraciones, que llamaremos comunes, sobre la narración, pero, sobre todo, volveremos, ya lo hicimos antes, a la teoría de la…

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Experiencia y narración

Experiencia y narración

Raúl Prada Alcoreza

narracion

¿Qué es narrar? ¿Relatar lo ocurrido? Que es pasado, de acuerdo con el sentido común. ¿O interpretar lo acontecido? Pero, también se puede narrar el presente, ¿y el futuro? ¿Pronosticar el futuro, en el mejor de los casos imaginarlo? Puede darse la narración escrita, sobre todo literaria, pero, la narración no se restringe a los signos lingüísticos, sino que se abre a los signos semiológicos, es decir, a toda clase de signos, marcas, señales y hasta huellas. Entonces se puede narrar en distintos planos de intensidad con diferentes recursos. ¿Se puede decir entonces que la narración corresponde a la interpretación del acontecimiento, en los términos que efectúa toda representación? Para responder estas preguntas vamos a repasar algunas consideraciones, que llamaremos comunes, sobre la narración, pero, sobre todo, volveremos, ya lo hicimos antes, a la teoría de la narración de Paul Ricoeur.

Se dice que la narración, en el género literario, se entiende como relatar una historia. Se denomina narración a la práctica de contar en forma de secuencia, hechos realizados por unos personajes, en un lugar determinado a lo largo de un lapso; en otras palabras, se refiere lingüística, así como figurativamente, a una sucesión de hechos. Tanto las acciones, como los personajes, así como el lugar. Que se trate de una referencia real o ficticia no afecta al carácter de la narración; el autor narra y se vincula con el lector a través de la imaginación, los sucesos se reproducen imaginariamente. Si para la perspectiva semiológica la narración se puede efectuar con cualquier clase de signos, la lingüística considera que un texto narrativo responde a una clasificación basada en la estructura interna, donde se despliegan las secuencias narrativas que usan composiciones de signos[1].

Lo que queda claro es que la narración está asociada al tiempo o a la idea del tiempo; ¿se puede decir que la narración corresponde a la invención del tiempo o, al contrario, que el tiempo inventa la narración? Lo primero tiene que ver con las tesis de Paul Ricoeur, lo segundo es más abstracto, podría implicar a la hipótesis de una teoría especulativa, en el buen sentido de la palabra. O, en el mejor de los casos, podría implicar una relación, por así decirlo, dialéctica; para narrar se inventa el tiempo y el tiempo inventado termina configurando la narración. Cualquiera de estas alternativas nos pone en claro la importancia de la narración.

La narración expone entonces la experiencia singular, asumida como memoria sensible, sobre todo como memoria elaborada, la que construye un sentido. Desde esta perspectiva, podemos decir que la narración construye un sentido; la narración da sentido a la experiencia singular. ¿Cómo es que da sentido? ¿Acaso se trata del destino o algo parecido como el principio y la finalidad? Puede ser, pero, no solamente; el sentido es algo más, para empezar. Es, si se quiere, la significación atribuida a una experiencia singular.

Para la lingüística y la semiótica el significado es el contenido mental, que se le atribuye a un signo lingüístico. Es el concepto que se asocia a la forma sensible (significante) del signo y al objeto que representa (su referente), asociación que se da en toda clase de comunicación. Hablamos entonces de su significado denotativo; el significado se realiza a través de una vivencia subjetiva, connotación. El significado es convencional; de este  se pueda realizar una comunicación óptima; se supone que esto acontece en la ciencia física, la que tiende a la monosemia, a diferencia de  lo que ocurre en las ciencias sociales y humanas, así como en el arte y la literatura, que tienden a la polisemia[2].

Darle sentido a la experiencia singular es convertir las huellas de la experiencia en marcas y signos; se trata entonces de interpretar estas huellas. Ahora bien, ¿cómo se interpretan las huellas de la experiencia? Desde la experiencia misma, desde la memoria, desde lo aprendido, desde los instrumentos de interpretación, que se tiene a mano. ¿Por qué se interpreta? Se interpreta porque se decodifica la información que se recibe de lo que se puede llamar, siguiendo una tradición, el entorno. La interpretación es innata a los seres orgánicos; la decodificación puede darse químicamente, como en el caso del genoma, puede darse biológicamente, como en todos los seres orgánicos, puede darse lingüísticamente, como en el caso de los seres humanos. La narrativa entonces, de la que hablamos, tiene que ver con las interpretaciones que han desarrollado las sociedades humanas.

Ahora bien, la narración supone un arquetipo, configurado en el mito; hablamos de la trama, que está estructurada por el principio o comienzo de la narración, que en el mito se remite al origen, por la mediación o transición, si se quiere de los hechos o sucesos, para derivar en el desenlace. Toda narración supone, entonces, una trama. El sentido, entonces, emerge de esa relación entre principio u origen y desenlace, mediado por sucesos trágicos o cosmológicos. Ahora bien, el sentido puede emerger por la transición de sucesos dramáticos; un ejemplo es la novela.

Una conclusión de esta exposición es que la narración, más que ser una techné que inventa el tiempo es, mas bien, una techné que produce el sentido. Ahora bien, ¿qué es el sentido? El sentido no se restringe al arquetipo configurado por el mito y repetido por la historia de la narración. Hay sentido incluso cuando no hay desenlace, es decir, cuando está ausente la estructura iniciada por el mito, es decir, la trama. Cuando, mas bien, nos encontramos ante entramados en constante devenir. Se puede decir que el sentido emerge del orden de relaciones de los seres humanos con sus entornos, incluso se podría ampliar la connotación y decir que el sentido emerge de la constelación de relaciones de los seres orgánicos con los entornos, incluso con el universo. Enunciándolo mejor, recurriendo a la teoría de sistemas auto-poiética, se podría decir que el sentido emerge de la interpretación efectuada por los sistemas auto-poiéticos respecto a sus entornos.

Hablamos del sentido inmanente, inmanente al acontecimiento. ¿Qué tiene que ver la narración con el sentido inmanente? La narración está íntimamente ligada la composición de la trama; hay narración cuando hay trama. Entonces, ¿cómo se expresa el sentido inmanente al acontecimiento? El sentido inmanente ha sido mencionado en la teoría fenomenológica; en este caso se lo ha señalado, se ha elucubrado, si se quiere, una tesis especulativa sobre el sentido inmanente. Entonces el sentido inmanente es alumbrado por la teoría fenomenológica, se convierte como en horizonte y a la vez el núcleo de la teoría fenomenológica. Empero, ¿cómo emerge el sentido inmanente del acontecimiento y como se expresa?  Esta es la pregunta que pone a prueba la tesis sobre el sentido inmanente. Si el sentido inmanente no encuentra expresión y solo aparece como una intuición teórica, la fenomenología se encuentra en problemas.

Hay escrituras, hay documentos, que no contienen una trama, por lo tanto, un desenlace, como, por ejemplo, los informes, registros, documentos de archivos; aunque las noticias terminen conformando como una trama provisional, de todas maneras, estas fuentes expresivas no suponen, de por sí, una trama. Ahora bien, ¿la escritura científica contiene trama? En un ensayo anterior, Más acá y más allá de la mirada humana, dijimos que, aunque la escritura científica no se constituya a partir de la trama, de todas maneras, al narrar sus explicaciones, como que no deja de aludir un origen, el big bang, incluso un final del universo, el big crunch. Sin embargo, estos parecidos no confirman una relación estrecha de la escritura científica con la narrativa, por lo menos literaria. Puede haber relaciones a distancias, por analogías.

Ahora bien, ¿en la escritura científica se expresa el sentido inmanente del acontecimiento? ¿Por ejemplo, una ley física es la expresión del sentido inmanente del acontecimiento físico? Aunque no se exprese la teoría científica de esa manera, parece que es la pretensión subyacente de la teoría científica, al querer explicar no solo el fenómeno físico sino el acontecimiento físico. Si la ley física fuera, no necesariamente el sentido inmanente del acontecimiento físico, sino una aproximación buena, entonces la fenomenología empieza a salir del problema mentado.

Pero, volvamos a la narración. ¿Puede darse una narración sin trama? En otros ensayos, dedicados a la novela de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, dijimos que estamos ante una prosa que parece no construirse en una trama, sino en varias; es más, que se mueve en entramados sin desenlaces. Como se podrá ver, la novela, que es como el modelo de la narrativa moderna, puede desplazarse, hasta convertirse en una “novela” sin trama, sino mas bien, entramados. Con esto habríamos llegado a no solo la posibilidad sino a la realización de una narrativa que ha roto con el arquetipo inicial del mito.

Paul Ricoeur nos expone, en los tres tomos de Tiempo y narración, la teoría de la narración, partiendo de la teoría aristotélica del mito, es decir, de la composición de la trama, además de considerar la teoría del tiempo de San Agustín. Aunque en Tiempo y narración se complejiza el manejo de la trama, sobre todo respecto a la problemática del tiempo, hasta el punto de poner en cuestión la trama misma, avanzando, en el estudio de la narrativa moderna, a composiciones complejas de tramas entrelazadas y movedizas, además de desplazarse a manejos alternativos y casi simultáneos del tiempo, de todas maneras, se tiene como referencia el nacimiento mismo de la narrativa, el mito. El sentido inmanente, incluso como eventualidad, plantea otras posibilidades de realización de la construcción de la narración. Por eso, puede ser sugerente volverse a preguntar ¿qué es la narración?

Para responder a la pregunta debemos considerar no solamente las narrativas escritas, sino las narrativas visuales y audiovisuales, además de lo que hemos llamado las pre-narrativas fácticas. Por otra parte, es menester también considerar los registros no solo humanos, documentados o no, sino los registros biológicos y geológicos, aunque no sean narrativas.

Hipótesis prospectivas sobre las narrativas inherentes

  1. Todo ser orgánico interpreta su propio acontecer, incluyéndose como parte de los entornos, en un juego dinámico de autorreferencia y hetero-referencia. Desde la perspectiva de la teoría de sistemas, los sistemas se relacionan, se interpretan, se inter-penetran, prestando uno su propia complejidad para ser interpretado.
  1. Los seres humanos, además de interpretar, narran sus interpretaciones. Construyen sentido relativas a sus experiencias singulares recurriendo al arquetipo del mito, que supone un origen y una finalidad, incluso un fin.
  1. Se han clasificado distintos tipos de narraciones, sobre todo en literatura, tragedia, drama, comedia, epopeya, novela, atribuyéndoles distintas configuraciones y características, dependiendo de lo que estructuralmente conforman. Podemos ampliar la clasificación, sobre todo si salimos del campo literario y entramos a otros campos donde se despliegan otras narraciones. Pero, lo que importa es qué es lo que se busca al narrar. Si decimos que se busca el sentido y después construir el sentido, sobre todo expresarlo, entonces la narración resulta ser un instrumento hermenéutico por excelencia.
  1. En parte, la búsqueda del sentido aparece como búsqueda del tiempo perdido, como lo hace Marcel Proust, entonces, en este caso, la búsqueda del sentido es como un viaje por el pasado, es decir, por la experiencia sedimentada, a través de las dinámicas de la memoria.
  2. En la narrativa que deviene del arquetipo del mito, es decir, de la trama, el tiempo se convierte en el substrato donde ocurren los hechos. La narración, entonces, es como un viaje por el tiempo. La narración fija el tiempo, por así decirlo, en la escritura; lo retiene, para trabajarlo en sus flujos y desplazamientos, detenidos como fotografías.
  1. Considerando provisionalmente, la tesis de Emmanuel Kant de que el a priori del tiempo corresponde a la experiencia de la interioridad y el a priori del espacio corresponde a la experiencia de la exterioridad, podemos conjeturar que la narración narra la experiencia de la interioridad recurriendo a las huellas que imprime la experiencia de la exterioridad.
  1. Para decirlo con metáforas fuertes e ilustrativas, podemos enunciar que la narración es experiencia concentrada. Experiencia expresada en la escritura que conforma su arquitectura a partir del arquetipo del mito. Pero también, considerando otras alternativas de modelo, se entiende que la narración expresa la experiencia, convertida en escritura enlazada a entramados
  1. Si hablamos de otras materialidades narrativas, más acá y más allá de la escritura, los distintos recursos narrativos siempre tienen como substrato la experiencia. No dejan de ser concentraciones o coagulaciones de la experiencia.
  1. Resumiendo, estamos ante el siguiente cuadro: experiencia, memoria, interpretación y narración. Donde la experiencia es el substrato dinámico de las huellas impresas en el cuerpo; la memoria corresponde al registro, mejor dicho, al registrar dinámico del cuerpo; la interpretación corresponde a la codificación-decodificación dinámicas del cuerpo; la narración corresponde a la producción expresiva del cuerpo.

[1] Bibliografía: Martínez Jiménez, José Antonio; Muñoz Marquina, Francisco; Sarrión Mora, Miguel Ángel (2011). «La narración (I). La acción narrativa». Lengua Castellana y Literatura (Akal edición). Madrid: Akal Sociedad Anónima. p. 343. https://es.wikipedia.org/wiki/Narraci%C3%B3n.

[2] Bibliografía: F. de Saussure,curso de lingüística general, éd. Payot, (1913)1995. Fodor, Jerry A.; & Katz, Jerrold J. (Eds.). (1964). The structure of language. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall. Lakoff, George. (1971). On generative semantics. In D. D. Steinberg & L. A. Jakobovits (Eds.), Semantics: An  interdisciplinary reader in philosophy, linguistics and psychology (pp. 232-296). Cambridge: Cambridge University Press. Pustejovsky, James. «The generative lexicon». Computational linguistics (MIT press) 17 (4): 409-441. https://es.wikipedia.org/wiki/Significado.

La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

Oikologías

La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

Paraba

Se ha dicho que el cuento es una novela corta. Una narrativa intensa acotada en la extensión definida del cuento. Rosario Aquim Chávez publica varias novelas cortas en Las huellas de la paraba. Podemos hablar de un itinerario que viaja en la memoria narrativa y en la imaginación emergida de la escritura, desde las narraciones dramáticas de personajes reprimidos por los abundantes prestigios de una sociedad asustada por sus propios fantasmas, hasta los cuentos que recuperan en la escritura la memoria de las abuelas y del padre, habitantes del mundo exuberante de la Amazonia.

Se dice que el cuento es una narración breve, basada en hechos reales o ficticios, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de personajes y con un argumento relativamente sencillo. El cuento es…

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La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

 

Raúl Prada Alcoreza

 

La narrativa de los cuentos de Las huellas de la paraba

Paraba

Se ha dicho que el cuento es una novela corta. Una narrativa intensa acotada en la extensión definida del cuento. Rosario Aquim Chávez publica varias novelas cortas en Las huellas de la paraba. Podemos hablar de un itinerario que viaja en la memoria narrativa y en la imaginación emergida de la escritura, desde las narraciones dramáticas de personajes reprimidos por los abundantes prejuicios de una sociedad asustada por sus propios fantasmas, hasta los cuentos que recuperan en la escritura la memoria de las abuelas y del padre, habitantes del mundo exuberante de la Amazonia.

Se dice que el cuento es una narración breve, basada en hechos reales o ficticios, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de personajes y con un argumento relativamente sencillo. El cuento es compartido tanto por vía oral como escrita; aunque en un principio, lo más común era por tradición oral. Además, puede dar cuenta de hechos reales o fantásticos, pero siempre partiendo de la base de ser un acto de ficción, o mezcla de ficción con hechos reales y personajes reales. Suele contener varios personajes que participan en una sola acción central. Se opina que un final impactante es requisito indispensable de este género. Su objetivo es despertar una reacción emocional duradera en el lector. Aunque puede ser escrito en verso, total o parcialmente, la costumbre es expresarlo en prosa. Se realiza mediante la intervención de un narrador, con primacía de la narración en el monólogo, el diálogo, o, en su caso, la descripción.

Una de las funciones, por así decirlo, de la narración es la configuración del tiempo. Se puede conjeturar que el tiempo, en gran parte, es invención de la narrativa; la narración construye el tiempo en el imaginario social. Por eso es conveniente, interpretar Las huellas de la paraba a partir de la configuración peculiar del tiempo, que se efectúa a través de los cuentos que se publican. Intentando una clasificación podemos decir que hay un tiempo que se agota en sí mismo, el tiempo de la convergencia en el hecho dramático o, en su caso, trágico, que se repite, el de la muerte, mas bien, abrupta. Persistentemente el asesinato, así como la posibilidad del suicidio, aparece como el síntoma exacerbado de la crisis social, que se muestra insistentemente como odio o, en su caso, notoriamente prejuicio arraigado como miedo, terror, así también celos. El cuento ¿Por qué? Es elocuente en el tratamiento del tema del suicidio, de su posibilidad, pero sobre todo de sus condiciones de posibilidad, plagadas de desaliento.

En contraste, la configuración del tiempo como pasado, recogido o guardado por la memoria, aparece en los recuerdos familiares, narrados como confesiones o tratamiento de problemas, desempolvados mucho después. Las abuelas retornan con toda la densidad de su centralidad; fueron el referente y el eje de la constitución de la familia, fueron también el ejemplo de la fortaleza femenina en un mundo hecho por hombres, a imagen y dominio de los hombres. Se trata del tiempo pasado, pero constantemente actualizado, por su presencia. La misma que se encuentra en la constitución subjetiva, en el espesor que deja entrever la narración. Embarcarse en el pasado es como recuperar el tiempo perdido, es todo un viaje a través de los tejidos de signos, que hay que descifrar.   

Pero, también está la configuración del tiempo como transformación, transformación del cuerpo en el tiempo o, si se quiere, el tiempo de la transformación. Es en este devenir donde el sujeto se pierde, no se encuentra en el recorrido de las transformaciones; desde su perspectiva, subjetiva, se encuentra en un laberinto que no resuelve. Por eso, termina desapareciendo, despidiéndose, como confesando que no se ha resuelto el acertijo de las identidades inventadas.

También se puede hablar de la narrativa como configuración de la acción, que se supone que es, en la escritura, imitación de la acción, definición que viene de la teoría del mito, es decir, del arquetipo de la trama en Aristóteles. La acción se repite en la narrativa en la actividad de los protagonistas, en lo que hacen, pero también en lo que sienten, así como en lo que piensan. En el cuento aparece esto de una manera circunscrita, si se quiere, fragmentaria; incluso se podría decir que el cuento tiene una vinculación más notoria con los hechos, por eso, configura los hechos. Ahora bien, al respecto, hay como dos tendencias en la narrativa; una es la tendencia del verificacionismo, que tiene que ver con el realismo, también con la novela histórica; otra es la tendencia a la ficción o la fantasía, donde los hechos se inventan en el universo imaginario de lo inverosímil. Entre las dos tendencias se pueden encontrar otras tendencias combinadas, como la que se expresan en el realismo mágico. En el cuento El viaje se tiene un tipo de combinación que conjuga la descripción de hechos ocurridos con sucesos ficticios, que terminan siendo delirantes, pues se trata del sueño de un personaje sufriente, calificado como enajenado por los prejuicios sociales. En el cuento El puerto la narración rescata rumores entre los habitantes del lago sagrado. En cambio, en El robo, el cuento retoma hechos traumáticos de un rapto, que son atendidos en un contexto diferente; los hechos son asumidos en su singularidad, empero compuestos en otras situaciones, expresando el sentido mismo de lo ocurrido, aunque dados en las posibilidades mismas que ofrece la narración.   

En Las huellas de la paraba el itinerario de la vida y el itinerario de la muerte se cruzan caprichosamente. La muerte es constante, repetida, una y otra vez, en los distintos contextos donde la vida prolifera. Sobre todo, en la exuberante Amazonía, pero también en la misteriosa ciudad de La Paz, cobijada por la cordillera y vigilada por el Illimani. Dos ciudades se complementan y se contrastan, la ciudad de la meseta altiplánica, El Alto, y la ciudad de Chuqui-Apu, La Paz, ciudad de la hoyada o del camino geográfico a los valles, también a la Amazonia, por los senderos sinuosos de Los Yungas. En los caminos de Yungas se muere y si no, se arriesga la vida, porque se circula en sus despeñaderos, atiborrados de niebla y asediados por los abismos. El cuento de Los Yungas describe este panorama laberintico y abismal, nebuloso y subtropical, para narrar la muerte de la viajera intrépida, que cuando se desbarranca la flota, donde viajaban, ella y su hijo, asume la fatalidad, y el acto heroico de la madre que salva al hijo, al romper la ventana y tirar al hijo por esta abertura, en plena caída, para salvarlo. Es de los cuentos densos y entrañables, con espesores de significaciones a descifrar.

En el conglomerado de cuentos también hay los que juegan con el terror, la fantasía del miedo y del asedio de fantasmas, muertos y asesinos. Sachojere es uno de ellos. El hijo que se convierte en asesino al defender a la madre que es golpeada por el padre; el padre muere golpeado con un palo por el hijo, empero la madre queda choqueada para siempre. Conversa con el esquelético esposo, que se encuentra sentado en una mesera, espera la llegada del hijo, cuando éste llega, trae un bebe, todavía vivo para descuartizarlo. La madre huye aterrorizada, pidiendo socorro al esposo muerto. En Las huellas de la paraba, como se puede ver, se presentan distintos tipos de cuentos, se juega con los estilos, las formas y las funciones del cuento. En este caso, el cuento vuelve al cuento de la noche, cuando se los contaba oralmente, alrededor de una fogata o en un cuarto alumbrado por mecheros, no tanto para dormir, sino para todo lo contrario.

En Reminiscencias, en cambio, estamos ante un cuento que podemos caracterizar como costumbrista. Esta la tierra, la aldea, la casa del pueblo, la barraca, la memoria de los siringueros, en el trópico amazónico. Pero, todo esto se recoge en la versión de una señora mayor, encerrada en un cuarto; la viejita conversa con su muñeca, recordando viejos tiempos. El género literario del cuento adquiere el movimiento narrativo de la variabilidad literaria. El cuento entonces se manifiesta como una escritura ágil, cambiante, cuyas metamorfosis lo trasladan a distintos mundos imaginarios. Como en los cuentos familiares, vinculados a la memoria de la familia, a la búsqueda del tiempo perdido, guardado en los recovecos de la memoria, en Reminiscencias la configuración del tiempo trabaja el pasado que se actualiza en los recuerdos de alguna protagonista. En cambio, en otros cuentos, como dijimos, prepondera la configuración de la acción; en estos últimos, como que el tiempo desaparece para hundirse en el espesor de los hechos.  

¿Se puede hablar del cuento testimonial? Del cuento que da testimonio de un etnocidio, sostenido por un constante y diferido genocidio. El cuento Bosé Yacu sería uno de ellos. El pueblo Pacahuara, perseguido, arrinconado, sistemáticamente esquilmado, además de asesinado, empero resistente durante siglos, decide el suicidio étnico con la muerte de Bosé Yacu, quien se niega a reproducirse, en interpelación trágica a la colonialidad persistente. Se puede decir que este cuento es del tipo social, que denuncia la injusticia y la dominación. Sin embargo, no podemos perder de vista, en la interpretación, que se trata de literatura y no de análisis político, aunque éste esté subyacente. La diferencia radica en una prosa rica en la fuerza de la metáfora, en la locución, por cierto, escrita, de los protagonistas del cuento, la que narra y el esposo de Bosé Yacu. La poesía está presente en la descripción de los paisajes y la prosa en la reflexión de los personajes. En este caso la configuración de la acción se combina fuertemente con la configuración del tiempo, la memoria actualiza un pasado y lo hace presente en los hechos del momento. La protesta, demanda e interpelación del pueblo Pacahuara adquiere dramatismo en la narración, conformando un cuento donde la protagonista ausente adquiere, paradójicamente, con su muerte, la fuerza de la memoria ancestral.

El otro cuento, Tatú, no es exactamente del mismo estilo, no podemos decir que es un cuento social o un cuento testimonial, pues no trata ni de dar testimonio, tampoco de describir, menos interpelar; lo que hace es narrar el retorno en canoa de la abuela y de la nieta, del pueblo originario mbia, mal denominadas sirionó. Viaje acuático donde la abuela responde a las preguntas de la nieta, quien comienza su cuestionario preguntando sobre la danza que bailó la abuela. La abuela le comenta que es una danza de agradecimiento a los espíritus de la selva y del río, danza que ya no se baila hace mucho tiempo, pero, que ahora había que hacerlo, retomando antiguas tradiciones. Al respecto la abuela también le anuncia que tiene que prepararse para ser mujer mediante un rito de iniciación, así como también los hombres lo hace para merecer una esposa. Tatú no está de acuerdo con cumplir con el rito, pues no está segura de querer ser esposa. Cuando se duerme Tatú sueña con ser una hermosa garza blanca que alza vuelo y se aleja. Interpretando, desde la perspectiva de la antropología estructural, podemos decir que el cuento juega a construir un mito, el mito de Tatú, la muchacha que se vuelve garza blanca y emprende un viaje. Tatú no sería una “eriri nea”, una machorra, tampoco una “viaranda”, mujer que tiene varios hijos con diferentes maridos, por no cumplir con el rito de iniciación, sino se convertiría en una garza libre. Apropósito de la narrativa del cuento, no hay que olvidar que en la arqueología del saber de la narración se encuentran en el substrato de la misma el mito, los ritos, las ceremonias, es decir, lo que se viene en llamar la cultura inaugural, por lo tanto, la separación de naturaleza y cultura. El cuento Tatú se remonta a los ritos de iniciación, a las danzas tradicionales y a los mitos amazónicos, en un relato que es narración literaria, es decir, la construcción de los mitos modernos.

Paul Ricoeur habla de inteligencia narrativa; dice que la historia literaria no puede ser ignorada, se trata de la herencia, de la familiaridad acumulada con las obras, la que construye o, si se quiere, conforma la escritura narrativa, integra y recapitula su propia historia[1]. Pero, ciertamente, no basta retomar esta herencia para abordar la lectura de una narrativa determinada, sino que es indispensable hacerlo desde la llamada crítica literaria, cuya función es discernir un estilo de desarrollo, un orden en movimiento, que hace de la serie de acontecimientos una legado significativo[2]. Aunque también, no hay que olvidar, que se trata de considerar la experiencia social de donde emerge, el acontecimiento pre-narrativo. En pocas palabras, volviendo a nuestros enunciados anteriores, hablamos de la configuración del tiempo y de la configuración de la acción en la narrativa. Ciertamente cuando hablamos de experiencia social, la misma está mediada por la propia experiencia individual, en este caso de la escritora. Una de las conclusiones sobre la lectura de Las huellas de la paraba podría ser que la configuración del tiempo en Rosario Aquím Chávez radica en un presente tensionado por el pasado, sobre todo por el pasado territorial y familiar. La otra conclusión podría ser que la configuración de la acción radica en la huella dejada por las abuelas, sus afectos, sus recorridos en un mundo dominado por hombres, donde los mismos brillan por su ausencia.

[1] Paul Ricoeur: Tiempo y narración II. Configuración del tiempo en el relato de ficción. Siglo XXI, México 1995. Págs. 394-395.

[2] Ibídem: Pág. 395.

Ciclo de Tunupa

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Sebastiano Monada

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Tunupa en metamorfosis corporal

Se encuentra en el centro de la esfera azul

En el comienzo mismo del torbellino formador del planeta

Recuerda cómo llegó ahí después de explosión inaugural

Como viaje de ondas vibrando al inventar espesores oscuros

En contraste de densidades iluminadas

Sin tiempo ni espacio sino como cuerdas doradas

Que al sonar crean fuerzas primordiales

Partículas de cuerpecillos ágiles y distancias esféricas

En tejido múltiple de acústicos hilos gravitacionales

Y de serpenteantes hebras electromagnéticas

Llegó sin memoria al sitio donde aposentó bucle turbulento

Mirando en orbitas curiosas al astro incandescente

Al morder su propia cola como serpiente alada

Se convirtió en abrasadora esfera como corazón ardiente

Atrapando emanaciones en movimiento envolvente

Buscando tenaz su cardinal nacimiento

Danzando deliciosas rondas con pies descalzos

Cursando órbita emboscando al astro sitiando murallas de fuego

Alguna vez desde profundidades soñadas emerge desde adentro

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Metamorfosis de Tunupa

Metamorfosis de Tunupa

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Poemas políticos

Sebastiano Monada                 

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Índice:

Prologo                                                   

Ciclo de Tunupa                                       

La pregunta náufraga                          

Así son los asesinos                                

Tristeza de valiente alegría                    

Laberinto y soledad                                 

Avanzo                                        …

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Oikonomías campesinas

Oikonomías campesinas

Oikologías

Horizontes de los mundos posibles

Oikonomías campesinas

Raúl Prada Alcoreza

 

maiz Tlaxcala 

Dedicado a Pilar Lizárraga, quien ha consagrado su vida académica y su vida de activista a la defensa de las comunidades campesinas.

Índice:

¿De qué se trata?

La vía campesina y mundos de complementariedades                                    

Arqueología de los códigos y umbrales de las sociedades                          

Horizonte de la vía campesina y de las sociedades complementarias

Racionalidad no-capitalista de la economía campesina

Aparentemente es una pregunta vaga. Es cómo asistir a una conversación ya dada, donde alguien pregunta: ¿de qué se trata? Sin embargo, no lo es. Es quizás la primera pregunta que debemos hacernos.  ¿De qué se trata? También: ¿Por qué estamos aquí? Así como: ¿Qué debemos hacer? Después…

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Horizontes de los mundos posibles

Horizontes de los mundos posibles

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Horizontes de los mundos posibles

Oikonomía campesina

Raúl Prada Alcoreza

 

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Índice:

¿De qué se trata?

La vía campesina y mundos de complementariedades                                            

Arqueología de los códigos y umbrales de las sociedades                                     

Horizonte de la vía campesina y de las sociedades complementarias                

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Dedicado a Pilar Lizárraga, quien ha consagrado su vida académica y su vida de activista a la defensa de las comunidades campesinas.

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Praxis y formación en ecologías