Apuntes sobre la decadencia política

Apuntes sobre la decadencia política

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

 

 

 

Crisis en los espesores de la coyuntura 

 

El término crisis viene del latín, crisis, a su vez, deviene del giego κρίσις, que significa coyuntura de cambios, empero, en el uso pragmático usualmente se hace hincapié en el sentido de cambios desequilibrantes. Se trata de ruptura del equilibrio, incluso de descompensación y de desorden, apareciendo la crisis como amenaza.

La utopía civilizatoria

Las comunidades se convirtieron en sociedades cuando extendieron sus asociaciones en las expansiones y continuidades territoriales, convirtiendo las filiaciones consanguíneas en alianzas territoriales. En la medida que los nudos sociales, concentrados, en las ciudades emergentes, se convirtieron en paradigmas de las formaciones sociales, se derivó en lo que se puede nombrar la evolución de las ciudades en lo que se conoce como civilización. La conformación de las civilizaciones responde a la configuración de las formaciones sociales en base al referente gravitatorio de las ciudades. Por eso, es indispensable, preguntarse, en el contexto de la crisis ecológica y la crisis de la civilización moderna, sobre las otras posibilidades alternativas, inhibidas por el decurso hegemónico y dominante de la arquitectura preponderante de las ciudades. Puede ser que haya habido y haya otras salidas, más allá de la civilización, empero esto solo se puede tomar en cuenta en la medida que estas otras salidas se vislumbren ante la mirada acuciante de la microhistoria crítica. Para responder a esta cuestionante es indispensable es menester hurgar sobre las posibilidades nómadas, también ante las posibilidades campesinas, de la vía campesina. 

 

 

De los pasos perdidos al siglo de las luces

Las dos novelas de Alejo Carpentier, Los pasos perdidos y El siglo de las luces, tienen nueve años de diferencia. También las narrativas se mueven en dos coyunturas distintas, aunque se podría decir que el contexto es casi el mismo, con la diferencia de temporalidad. Mientras Los pasos perdidos se mueven una coyuntura contemporánea al mediados del siglo XX, en tanto que El siglo de las luces se mueve en la segunda mitad del siglo XIX; sin embargo, la anterior novela fue publicada en 1953 y la segunda novela fue publicada en 1962. ¿Por qué el escritor se remonta al llamado siglo de las luces, después de haberse adentrado en los laberintos de una modernidad que podríamos llamar relativa a la historia reciente? No nos olvidemos que la revolución cubana se convierte en victoriosa en 1959 y que Carpentier va a ser representante diplomático de la triunfante revolución en París. ¿Se trata de una reflexión sobre la matriz cultural e ideológica de las revoluciones modernas, el iluminismo? En todo caso, se trata de hurgar en sus contrastes, en sus contrastaciones, en sus contradicciones profundas y manifiestas.

La decadencia estatal

No es un Estado sino una estructura mafiosa, una composición de dispositivos paralelos de poder que tomaron las estructuras institucionales del Estado. Entonces se tiene un gobierno que ejerce la dominación de las mafias, distribuidas en esta ocupación institucional y también territorial del Estado y del país. La escasa democracia aparente que quedaba se ha evaporado, lo que se tiene es el despliegue descarnado de la violencia en variadas formas y tonalidades, sobre todo el despliegue descarado de la judicialización y la violencia burocrática de magistrados, fiscales y jueces mafiosos. En este desenvolvimiento del terrorismo de Estado mafioso, las «elecciones» han terminado siendo instrumento de «legitimación» imposible de la dominación mafiosa de la burguesía rentista que gobierna.

El caudillo déspota

El Caudillo déspota, prestidigitador de promesas que no se cumplen, elocuente demagogo de poses que no comprende, máscara que encubre su compulsión por el poder que no tiene y confunde con la proliferante adulación grosera de llunk’us sin imaginación.

Delirio político

El delirio es un síntoma manifiesto de la decadencia de la casta política. Absorbidos en el desenfreno de la alocución desgarbada, empero estridente, se ahogan en la tormenta de emisiones bulliciosas, sin contenido y sin sentido. Pero creen que dicen algo, que hacen algo, cuando solo chapotean en el mismo pantano de la sin-razón. La política ha muerto y la casta política se mantiene artificialmente, alimentada por la maquinaria institucional estatal desvencijada.

Usufructo político de los héroes

Usan la imagen de los héroes, de los que dieron su cuerpo en plena entrega y acto heroico. Creen investirse del halo que deja su hazaña y su martirio, pero no hacen otra cosa que evidenciar su impostura, al usufructuar y desplegar comportamientos pragmáticos y oportunistas.

Sobre la desaparición de Marcelo Quiroga Santa Cruz

No hubo esclasificación de los archivos militares. A Marcelo lo llevaron herido al Estado Mayor y ahí lo torturaron hasta matarlo, el gobierno de Evo Morales fue cómplice de encubrir a los asesinos y de pactar con el ejército. El gobierno títere de Luis Arce Catacora continúa la complicidad y el encubrimiento, además de seguir con el teatro grosero de que se desgarran las vestiduras.

Perdidos en sus laberintos

 

Perdidos en sus laberintos discursivos y apócrifos, aturdidos por la evidencia de los hechos y la realidad efectiva, manoteando, ahogados en el fango, insisten, delirantes en el cuento sin imaginación del «golpe de estado». Es la muestra patética de la colosal decadencia.

Funcionarios del gobierno

Malos actores de una tramoya, que no tiene ni pies ni cabeza. Sin embargo, siguen adelante sin inmutarse de la evidente ridiculez en la que caen. No les importa, pues actúan para el entorno palaciego y la mermada masa elocuente de llunk’us. Fantoches despintados del teatro político.

El cretinismo funcionario llega lejos. Primero, a nombre de la defensoría del pueblo se avala el despotismo neopopulista; después, premiado como viceministro de gobierno, ejerce como verdugo. Los perfiles de la casta política se desdibujan, adquiriendo la diseminación del vacío.

Exvocal del Tribunal Electoral

Pobre diablo. Sin argumentos, sin dignidad, a partir de un momento, servil y sumiso a la forma de gobierno clientelar y corrupta neopopulista. Después de cerrar los ojos ante el escandaloso fraude que se perpetraba, después de decir que no sabía de los servidores clandestinos, ahora repite la patraña insostenible de que no hubo fraude. Este personaje es un ejemplo del derrumbe ético y moral de un profesional que perdió el decoro y la compostura.

Acto heroico del pueblo colombiano

Acto heroico del pueblo colombiano

 

Sebastiano Mónada

 

Acto heroico del pueblo colombiano

Rebelión en Colombia

Te levantas como volcán, emerges desde las profundidades.

Cavernas donde se guarnecieron los antepasados del comienzo

de todo, del nomadismo ligero, perseguidor de los rebaños,

que no huyen, sino buscan en la extensión interminable

de la tumba de su sombra.

Guardas en la memoria mineral de tus huesos la mirada de tus muertos.

Poblaciones asesinadas por las armas acumuladas por los señores de la propiedad,

cazadores de tierras, de la animalidad en fuga y de los bosques incinerados.

Los ancestros, memorias carnales de la tierra y de las piedras talladas,

jeroglíficos indescifrables por la ciencia de la lengua y la cultura,

no fueron dominados, tampoco conquistados, sino desaparecieron,

en la clandestinidad que ocasiona la mirada oscura de la luna.

¡Pueblo intenso de la cordillera y de la Amazonia!

¡Pueblo inmenso de los llanos y de los valles!

¡Pueblo de los bordes de los océanos ondulantes!

¡Pueblo, coraje resplandeciente y fogoso!

No pueden vencerte los que te temen y conspiran tu muerte.

Reinventas la rebelión intermitentemente, como arte creador

de la piel fulgurante deseada e imaginada por los dioses.

Son más de cien años, son siglos, los que laten en la compulsión

irreverente de tus gestos iconoclastas, destructores de imperios.

Me conmociono al saber de ti, rebeldía eterna, eres la esperanza.

Por ti sé que no podrán vencernos en ninguna parte.

La casta gamonal quiere imponerse por el terror,

delirio imaginario de ángeles caídos y estériles.

La casta política quiere embaucarte usando sus destrezas

especulativas del teatro cruel de la simulación

y la impostura desesperada y agonizante.

Los salvadores vienen a tu encuentro con promesas repetidas,

que no cumplen.

Eres la cenicienta que los déspotas desean, imaginan sumisa,

culpable y capturada por las redes que hila la burocracia somnolienta.

No entienden que eres ingobernable, insumisa y libre como la mariposa

de la eterna consagración de la primavera.

No te conocen, no pueden, encerrados en las burbujas de sus prejuicios.

No te quieren, te temen, pues saben que puedes emerger volcánica,

Por azar o por furia, por vocación o por estética.

Ahora ocupas las calles de las ciudades ingobernables,

arrinconas al régimen de la represión y la masacre,

enseñoreas en los espacios abiertos y en las atmósferas candentes,

empujando a los guardianes del régimen podrido al abismo de la nada,

pues solo pueden mostrar sus instrumentos de muerte.

Ahora que has vuelto inquietante, insobornable y temida,

anuncias el crepúsculo de los patriarcas otoñales,

escondidos en sus fortalezas carcomidas por el olvido del atardecer

y de la muerte.

Pueblo incodificable e indescifrable, hermenéutica desbordada,

paro nacional elocuente,

te parapetas en las barricadas contra las ilusiones de los patrones anacrónicos.

Eres el fuego, el estallido inicial repetido, tantas veces

como para vencer el olvido.  

Eres la noche en el día y el día en la noche.

Vences el rigor de la gravitación y de la oscuridad

Desconocida e incierta.  

Consideraciones filosóficas e históricas-políticas

en los espesores de la coyuntura

Consideraciones filosóficas e históricas-políticas

en los espesores de la coyuntura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Consideraciones

 

 

Artista huichol

 

 

 

 

 

 

Horizontes restringidos y horizontes nómadas

 

Edmundo Husserl configuró el concepto de horizonte y en plural de horizontes. Se refiere a la apertura que se da el sujeto social, dada su situación originaria y, después, condición de cambio, también de transformación. Su situación inicial estaría dada naturalmente, en la naturaleza, en tanto forma parte de su cuerpo y, a partir del mismo, de la interrelación con los demás cuerpos y cosas. El mundo físico estaría dado por el conglomerado de cosas a las que asiste con su experiencia, el mundo natural estaría dado por el conglomerado de cuerpos con los que se relaciona e interactúa, estableciendo una atmósfera de empatía, todavía no representada. El mundo animado está conformado por las vivencias experimentadas por los cuerpos en las dinámicas de la naturaleza; este mundo supone el substrato del mundo material, que es conformado por el universo de cosas, mundo material al que se accede, sin embargo, a través de los sentidos y sensaciones, es decir por los fenómenos captados por la percepción. Es entonces el cuerpo el operador, si se quiere, el constructor del mundo material, así como del mundo natural animado. La empatía, que supone el reconocimiento, es decir, el substrato de la intersubjetividad, es experiencia primordial de constitución de la subjetividad, la constitución del sujeto, tanto solipsista como social, pues no pueden darse sino de manera recíproca, complementaria y diferenciada, siendo la condición del sujeto social más abstracta que la condición del sujeto solipsista, puesto que el soneto solipsista supone vivencias originarias experimentadas en el propio cuerpo. Sin embargo, el sujeto solipsista solo es posible a través del sujeto social, pues requiere de los recursos que tiene el sujeto social para comprenderse, incluso para configurarse a sí mismo. Esta diferencia radica en que el sujeto social supone no solo la interactividad entre sujetos, empatía y reconocimiento, sino también el uso del lenguaje y la inmersión en la cultura.

 

El cuerpo, en tanto materia animada, que supone la interrelación corporal, además de la interrelación entre sujetos, por lo tanto, supone los ámbitos del conglomerado de cuerpos y del conglomerado de sujetos, y en tanto se trata de cuerpo humano, constituye un yo, un cogito, de manera racional, siendo la razón una facultad también del cuerpo, solo que de un nivel más abstracto, pues utiliza las dinámicas sensorio-motoras y las dinámicas pre-interpretativas del sistema nervioso, que codifica y decodifica fisiológicamente el placer y el dolor, comprende, en cuanto ser animado, el alma, que es, según Husserl, la comunidad.  Hay alma en todo ser animado, por lo tanto, lo hay no solamente en el humano, solo que en el caso humano suponen la comunidad corporal y la comunidad de sujetos. En otras palabras, desde esta perspectiva compleja, no se trata una secuencia lineal de substratos y ámbitos, el material, el natural, el cultural, sino de que, siendo, el cuerpo humano el operador en esta conjunción entrelazada e imbricada de ámbitos, asistimos a la simultaneidad dinámica e integrada de los ámbitos diferenciados.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lecciones sobre democracia

 

Cuando se reclaman derechos y después se atropellan derechos de otros se pierde el derecho a reclamar derechos, incluso a tenerlos. La victoria electoral otorga legitimidad, pero si se usa esta legitimidad inicial para atropellar y ejercer autoritarismo y despotismo, se pierde inmediatamente la legitimidad. También se pierde el carácter democrático del gobierno, cuando se gobierna de esta manera el gobierno se convierte en ilegítimo. Ningún gobierno es imprescindible, solo el pueblo es inmortal, parafraseando a Maximilien Robespierre.

 

Hay gente, dedicada a la política, de una manera deportiva, a la que le basta ponerse la camiseta para fanatizarse y ver al contrincante como a un enemigo que hay que descalificar de entrada por llevar la otra camiseta. Esta gente confunde la política con un partido de fútbol. Hay gente dedicada a la politiquería, que cree que una victoria electoral es una entrega de un cheque en blanco, entonces cree que puede hacer lo que quiera y poner la cifra que quiera; estos politiqueros, “revolucionarios” de pacotilla o, en su caso, conservadores recalcitrantes y prepotentes, confunden la política con un banco especulador y de esquilmación. Cuando se llega a esto es que la política y la democracia han muerto; sobre sus cadáveres putrefactos se ejerce el poder. Pero, lo peor de todo esto es que hay gente que vota por ellos. Cuando ocurre esto, el pueblo ha muerto, sobre su cadáver danzan los saltimbanquis.

 

La bribonada no es un ejercicio democrático, vale para los juegos de la vida cotidiana, pero no es un recurso propio de la política, salvo si es un tramposo el que lo practica.  El tramposo confunde la política con el juego circunstancial. Estas son sus limitaciones. Tampoco la imposición forma parte de la práctica ortodoxa de la política, esta práctica de la imposición, el forcejeo, el atropello y la suspensión grotesca de las reglas democráticas forman parte de la violencia. Se trata de una costumbre patriarcal, donde se ventilan las profundas frustraciones ateridas y el resentimiento acumulado, el espíritu de venganza se deleita con saña. Esta actitud es de catarsis, nada más. No tiene alcance ni durabilidad, lo único que ha ocurrido es que se evidencian las miserias humanas. En consecuencia, la democracia desaparece para dar lugar al jolgorio provisional de las venganzas pequeñas. Esto no tiene horizonte ni provenir, es el momento en que los que perpetran estos actos cavan su tumba.

 

 

Crisis múltiple del Estado-nación y del orden mundial de las dominaciones, el imperio

 

En plena crisis múltiple del Estado-nación y del orden mundial, del imperio, de la civilización moderna, del sistema-mundo capitalista, tanto en su versión liberal como en su versión socialista, así como en las versiones barrocas neoliberales y neopopulistas, el poder apunta a la virtualidad, dado que no puede resolver sus problemas de legitimidad. Nada es real, en el sentido efectivo, todo se ha vuelto una construcción mediática, virtual, cibernética y adulterada, empleando instrumentos sofisticados y técnicas y procedimientos de montajes espectaculares, cuya manipulación es imperceptible. Ante este nuevo ataque de la genealogía de las dominaciones contra los pueblos, la vida y la democracia, que busca el control y la vigilancia absoluta de las poblaciones, los pueblos tienen la responsabilidad de defenderse radicalmente, de defender la vida integralmente, de defender la democracia contra el círculo vicioso del poder, su lado institucional y su lado oscuro.  La guerra contra la vida y los pueblos ha sido declarada.

 

La política, como tal, ha desaparecido. Lo que hay es comercio, negocio y negociaciones, espectáculos mediáticos, burdos montajes, comportamientos crápulas y sobretodo cinismo descomedido. Uno de los candidatos, en las recientes elecciones nacionales, ha declarado abiertamente, sin rubor, que ha comprado su candidatura a la presidencia. Para el colmo es pastor. ¿Qué clase de religión pregona este señor? Otro candidato a la presidencia hace pública la grabación de su candidato a la vicepresidencia, donde le pide dinero por su participación. Su alianza política, que no se sabe en qué cree y qué crea, paga por la participación en sus marchas. Los partidos políticos electorales participan en las elecciones, aunque sea por un curul, para negociar en el Congreso. Los partidarios del anterior gobierno, anterior a la “transición”, clientelar y corrupto, denuncian de un posible fraude electoral, cuando han sido los maestros sin escrúpulos de una serie de fraudes, al cual más escandaloso. Ahora, después de las elecciones nacionales, le toca a la “oposición”, acusar de fraude electoral. Esto no es política, es decadencia. Lo peor es que hay gente, población que vota por esta clase de personas, ejemplos del derrumbe ético y moral. Son cómplices de esta degradación generalizada y la destrucción del país. Lo grave que los medios de comunicación toman en serio esta extravagante comedia burlesca. ¿Qué clase de debate puede haber entre estas personas, antes, durante las elecciones nacionales, en las vísperas de las elecciones subnacionales?

 

 

 

 

La forma de gubernamentalidad clientelar

 

El gobierno de la forma de gubernamentalidad clientelar durante una década, sin contar con los cuatro años de la primera gestión, antes de la promulgación de la Constitución, no solo ha desmantelado sistemáticamente la Constitución, para servir mejor a los intereses de las empresas trasnacionales y del conglomerado de burguesías, burguesía agroindustrial, burguesía ganadera, burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, además de la burguesía rentista, el entorno palaciego del caudillo déspota, sino que ha intentado hacer la reforma de la Constitución, intentando liberarse de los candados puestos en temas cruciales del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. Ahora, el nuevo gobierno neopopulista barroco, salido de las últimas elecciones nacionales, intenta revisar la Constitución con la excusa de modificar la elección de los magistrados. Sabemos que los agentes encubiertos de las empresas trasnacionales extractivistas y del imperio buscan modificar la Constitución para beneficio de la nueva oligarquía en alianza con la antigua, además de su servidumbre respecto a la hiperburguesía de la energía fósil que domina el mundo. La responsabilidad del pueblo y de los constituyentes es evitar esta maniobra neopopulista que, después de desmantelar la Constitución, persigue su evaporación. En defensa de lo logrado por la movilización prolongada y el proceso constituyente debemos decir y actuar: ¡No se toca la Constitución!

 

 

 

 

 

La inclinación a la mentira

 

Tienen una inclinación a mentir, sobre todo, apego a presentarse como víctimas, aunque no lo sean y más bien sean agresores compulsivos, aprovechando su condición de dirigentes o representantes. Se construye una narrativa elemental e insostenible, salvo para el imaginario de políticos oportunistas y pragmáticos. El problema radica en la decadencia política, que incluye la decadencia sindical y de los partidos, que se inventan representaciones y desprenden promesas trasnochadas incumplibles.  Se trata de los nuevos perfiles de la burguesía nacional, burguesía sindical, burguesía rentista, burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, en alianzas intermitentes con los perfiles tradicionales de la burguesía y sus nuevas configuraciones, burguesía ganadera, burguesía maderera, burguesía de tráfico de tierras, burguesía agroindustrial y burguesía financieras. Estas burguesías locales son subalternas a la hiper-burguesía de la energía fósil, que domina el mundo. En una modernidad bizarra no es insólito que parte de estas burguesías se disfracen de “revolucionarias» para conseguir sus objetivos depredadores, que son los de la acumulación originaria y ampliada de capital, a costos excesivamente altos, la destrucción de los ecosistemas y los tejidos sociales. Llegando al control territorial perverso de los Cárteles y las mafias de toda clase, cuya consecuencia es el derrumbe catastrófico ético y moral, que deriva en la denigración humana y el incremento desmesurado de los tráficos y las tratas.

 

Los paramilitares de los Carteles han reiniciado su guerra contra el pueblo y la sociedad. El pueblo tiene que defenderse formando grupos de autodefensa. Defensa de la democracia, de la vida, de los bosques. Los Cárteles tienen control territorial; es menester la liberación del territorio del control del narcotráfico.

 

Ante este panorama apocalíptico, los pueblos deben defender radicalmente la vida, los ecosistemas, los tejidos sociales y la democracia. Lo que viene será de una dura y cruenta lucha, en plena niebla mediática y elocuencia de diatriba política. El pueblo, los pueblos indígenas, los tejidos sociales, las memorias y los saberes sociales deben prepararse a afrontar la guerra declarada del imperio camuflado, los conglomerados de Cárteles y empresas trasnacionales, apoyados por la casta política más descarada.

 

Un decantado correista, excanciller ecuatoriano, opina en RFI respecto a las elecciones en Bolivia, repitiendo las sandeces de los mal llamados “progresistas”, “revolucionarios” de pacotilla. Niega el escandaloso fraude electoral del 2019 comprobado empíricamente, informáticamente, estadísticamente y por la OEA. El escandaloso fraude comenzó desde el desconocimiento de la Constitución, después del referéndum, la voluntad popular, apoyándose en la tramoya leguleya que usa un argumento estrambótico, “derecho humano” de Evo Morales a reelegirse indefinidamente. El “opinador” devela su demagogia elevando a la enésima potencia su desconocimiento de la historia política reciente de Bolivia y América latina, falta saber si desconoce también la historia política reciente de Ecuador. RFI ha perdido seriedad en los análisis sobre América Latina.

 

 

 

 

Sobre el despilfarro y la década perdida

 

Manejaron y administraron más de 200 mil millones de dólares, se evaporaron. Las reservas internacionales acumuladas bajaron en más de la mitad; lo hicieron sin consultar al pueblo boliviano, propietario de los recursos. Tampoco rindieron cuenta de esos usos arbitrarios de los stock y flujos dinerarios. Creen que los pecados de la «transición» limpia sus demoledores pecados de la década perdida. Comienza el electo presidente con olvidos y mentiras, como sus antecesores.

 

 

El llamado de la Madre Tierra

 

El llamado de la Madre Tierra, su convocatoria primordial, es defender la vida. Contra los ecocidas y criminales de la naturaleza y de los pueblos. Esta gente usa argumentos trasnochados y reputados empírica e históricamente, además por la ciencia. La responsabilidad del pueblo es parar inmediato este ecocidio, etnocidio y homicidio diferido de los transgénicos, detener en el acto este crimen de lesa naturaleza. No hacerlo equivale a complicidad con el crimen organizado.

 

 

La mercantilización de los héroes

 

Ernesto “Che” Guevara, el legendario guerrillero, combatió toda su vida contra el imperialismo y las dominaciones burguesas locales. Un hombre de acción, comprometido con las luchas de liberación nacional, que siempre estuvo muy lejos de alagar el “cretinismo parlamentario”, como también lo denominaba Vladimir Ilyich Lenin. La decadencia política en la modernidad tardía ha terminado comercializando su figura emblemática y los “revolucionarios” de pacotilla usan como emblema de campaña electoral su imagen destacada. Esta desvalorización extrema de la trayectoria de vida revolucionaria del guerrillero legendario en los estandartes de los políticos neopopulistas muestra patéticamente el alcance de la desorientación ideológica de esta gente.

 

 

 

Meditaciones en el ojo de la tormenta

Meditaciones

en el ojo de la tormenta

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Meditaciones en el ojo de la tormenta

Ojo de la tormenta

 

Meditaciones filosóficas

 

Pensamiento y realidad

La realidad ha sido y es un desafío para el pensamiento, aunque el pensamiento no deja de formar parte y pertenecer a la realidad. Se puede decir que el pensamiento o, mejor dicho, el devenir pensamiento, deviene, de los devenires de la realidad o, si se quiere de las dinámicas complejas e integrales de la realidad. Concretamente el pensamiento forma parte de la fenomenología de la percepción y de la fenomenología corporal, ambas fenomenologías son componentes de las fenomenologías ecológicas. Ciertamente pensar tiene que ver con razonar, pero tenemos que insistir que hablamos, de manera integral del razonamiento concreto, que se potencia en la fenomenología de la percepción. Lo que se ha venido en conocer como razón abstracta no es más que una forma acabada del razonamiento concreto; no hay razón abstracta independiente de la percepción y de la experiencia corporal, salvo en el imaginario de la filosofía moderna. Entonces, se puede decir que pensar es razonar con todo el cuerpo, con toda la experiencia corporal, que, en lo que respecta a los entramados corporales, se amplifica como experiencia social.

Pensar es interpretar la realidad, lo que equivale a hacerse cargo de la realidad desde las configuraciones del pensamiento, es decir desde las intervenciones intelectivas hechas usando el lenguaje y recurriendo a la cultura. Tanto el lenguaje como la cultura tienen sus historias constitutivas, de desplazamiento y de transformación, aunque este último acontecimiento se dé de manera, mas bien, diferida. Pensar también es reflexionar, considerar un tópico, una temática, una problemática, incluso considerarse a uno mismo, analizar, evaluar, interpretar. El pensar se desenvuelve en íntima relación consigo mismo y con el mundo. El pensamiento puede realizarse en distintas formas de expresión, ideas, metáforas, configuraciones, narrativas; en lo que respecta a la filosofía se construyen conceptos. Las ciencias también construyen conceptos de otra índole, descriptivos y explicativos, en tanto que los conceptos de la filosofía son ideas sintéticas, corpus teóricos de sistemas interpretativos.

La realidad es operada por el cuerpo, por el entrelazamiento corporal, por el entrelazamiento social, por el entrelazamiento cultural, por la intersubjetividad, por el espíritu, que corresponde a la comunidad. Entonces se puede hablar del devenir realidad, desde el devenir corporal, desde el devenir social, desde el devenir cultural, que suponen la constitución de la materia, la constitución de la naturaleza, la constitución de la realidad, la constitución del espíritu. Podemos situar la construcción conceptual en la fenomenología de la percepción, basada en la experiencia corporal, en la experiencia individual, singular, y en la experiencia social. Entonces los conceptos vienen a ser devenir teórico en el devenir realidad, realizaciones teóricas de la fenomenología de la percepción.

Pensar es comprometerse, es también exponerse, ser comunidad, es colocarse en situación vulnerable, hurgar con la mirada a los propios espesores del cuerpo, es tomar consciencia de la propia condición existencial de la condición humana. Sus posibilidades y potencialidades. Hay que aclarar, el pensamiento no es imitar pensar, hacer teatro donde se actúa como pensador. El pensamiento supone la experiencia del padecer, así como también supone a la experiencia del goce, a la plenitud de la alegría; el pensamiento acude a la experiencia del sufrimiento, así, como también, en contraste, acude a la experiencia del entusiasmo. El pensamiento acude al leguaje y a la cultura, otorga la palabra a la experiencia; es decir, otorga, la palabra al cuerpo, en consecuencia, el cuerpo habla.

Hannah Arendt se forma en filosofía, estudia filosofía, se hace filósofa. Empero, no está contenta con este logro, pues le parece un logro abstracto y limitado ante los desafíos de la situación y la coyuntura local, nacional, continental y mundial. Siendo consecuente, teniendo en cuenta su compromiso, opta por la política. Se puede decir que inaugura una nueva configuración de la filosofía política y de la política que habla filosóficamente.

La tesis de doctorado de Hannah Arendt es sobre el amor en la filosofía de San Agustín; en la tesis distingue el amor placentero y el romántico del amor al creador, también lo distingue del amor al prójimo. El amor al prójimo es lo que caracteriza al cristianismo; por este recorrido, el cristianismo es lo que se convierte en uno de los substratos del acontecimiento del renacimiento, después en uno de los contenidos implícitos del humanismo. Pero, el humanismo no puede asumirse solamente abstractamente, sino en sus específicas singularidades, entonces en las demandas concretas de los que padecen y gozan las proliferantes vivencias de la hominización y de la humanización. La experiencia dramática del periodo de la entreguerra y, después, de la posguerra, la lleva a la toma de consciencia de su condición ineludible de judía. Se ve obligada a defenderse ante los avasallamientos del nacional socialismo como judía, no solo como ciudadana del mundo y portadora de los derechos humanos.

Sus investigaciones sobre el romanticismo le llevan a descubrir la intensa trayectoria de vida de Rahel Varnhagen, historia de vida con la que se identifica. Le dedica un ensayo reflexivo sobre la condición judía en la modernidad, en lo que respecta al referente del análisis, sobre la condición judía en el siglo XIX, La vida de una judía.  Este ensayo es una excusa para la auto-interpretación y la introspección propia. Hannah Arendt se interpreta desde la biografía intensa y problemática de Rahel Varnhagen.

Orígenes del totalitarismo se escribe después, cuando se encuentra ante los desenlaces histórico-políticos, cuando se requiere hacer un balance integral de lo que pasó en ese periodo beligerante y ultimatista del siglo XX. Hay que tener en cuenta que Hannah Arendt renuncia, por así decirlo a la filosofía, y opta por la política, se convierte en una activista política, activista política como judía, pero también como militante antinazi; posición política que deriva en su proyección política de la Confederación Judío-Árabe. El contexto de los Orígenes del totalitarismo abarca la historia de la modernidad, sus ciclos largos, económicos y sociales; lo llamativo es que esta historia coincide con el nacimiento y desplegué, además del desenvolvimiento del racismo. El racismo, entonces, es un fenómeno moderno. Sintomáticamente el racismo coincide con la conformación del Estado moderno, del Estado-nación, cuando el mito de la nación se opone a los emigrados incorporados, asimilados o no, a la sociedad , empero, no así al sistema de los derechos ciudadanos. En el caso europeo, sintomáticamente, el Estado-nación se opone efervescentemente, al pueblo judío, considerándolo en sus distintas estratificaciones, inclusive, en la pirámide de la jerarquía de la estructura social, a la excepción privilegiada que era la burguesía financiera judía, burguesía que financió a las monarquías absolutas, que incluso, en algunos casos, fue asimilada a la aristocracia y a la nobleza. Cuando se buscó la implementación de la ciudadanización de los judíos, a partir de las normativas napoleónicas, la burguesía financiera se opuso a esta democratización de los derechos ciudadanos, porque abolían el privilegio de la excepcionalidad en tanto partícipe de la clase dominante. 

El antecedente de este racismo en la genealogía de la modernidad es el colonialismo; el colonialismo es el sustrato de donde emerge el sistema mundo capitalista. Primero comienza el colonialismo moderno en la inauguración misma de la modernidad, cuando la tierra se constata como esférica, cuando el mundo es mundo, es decir, cuando adquiere la condición plena de abarcamiento mundial, cuando, dicho literariamente, los siete mares se integra, así como los mercados, y se da lugar propiamente al mercado mundial. También cuando los productos de la tierra, de las regiones, de las localidades agrícolas, circulan por todo el orbe planetario. Esto ocurre después de la conquista de Tenochtitlan. Hannah Arendt analiza el colonialismo africano, cuando las potencias imperialistas europeas se reparten el continente del África. Tomar en cuenta este antecedente es sumamente importante y esclarecedor en lo que respecta al fenómeno de la deshumanización. Se convierte a los humanos en cosas, para después convertirlos en esclavos, posteriormente, durante el colonialismo del siglo XIX, en plena revolución industrial, la expansión “civilizatoria” europea despoja a los pueblos africanos de sus territorios, de sus recursos naturales y de su soberanía. Las culturas nativas son destruidas o fragmentadas, marginándolas o arrojadas a las sombras. El desconocimiento del derecho de los pueblos y las naciones, la suspensión de los derechos del hombre, que después van a ser nombrados como los derechos humanos, hace desaparecer la política, sustituyéndola por la concurrencia de geopolíticas anacrónicas. Estas dinámicas coloniales, acompañadas por las dinámicas económicas de la expansión extraterritorial, el imperialismo, subordinan el Estado nación a la lógica expansionista imperialista.

Durante el siglo XIX tanto el Estado nación, así como el imperialismo, ingresan a la crisis múltiple de estas formaciones histórico-políticas. La concurrencia imperialista, es decir, la paz imperialista se clausura, deriva en la conflagración bélica continental y mundial.  Se desata la primera crisis de sobreproducción, que adquiere la forma de la crisis económica de 1929; la recesión, el paro, la inflación y el disfuncionamiento financiero son los síntomas de la crisis del ciclo del capitalismo vigente. Todo esto repercute en la crisis social y en la crisis política, es decir, en la crisis de legitimación y crisis institucional. En este contexto se dan movimientos sociales y movimientos políticos de magnitud, que, en algunos casos, deriva en revoluciones. Empero, también se dan fenómenos sociales y políticos que canalizan el ímpetu del descontento social a formas anacrónicas y recalcitrantes de conservadurismo barrocos. En unos casos de carácter nacionalista y chauvinista; en otros casos en la conformación corporativista de la política, el fascismo; en un tercer caso se manifiesta como totalitarismo, que es el concepto que construye Hannah Arendt. El fenómeno del totalitarismo adquiere la forma dualista, simétrica, paradójicamente, contrastada y complementaria, del nacional socialismo, por un lado, y del estalinismo, por otro lado, es decir, la revolución socialista institucionalizada, burocratizada y convertida en la máquina abstracta del poder, deshumanizado y vaciado del ejercicio de la política, salvo la pronunciada propaganda y la difusión “ideológica” banal y proliferante. Estos totalitarismos, que se proponen la dominación mundial, van más allá de las pretensiones de los imperialismos, que eran básicamente expansiones desbordantes económicas. Los totalitarismos pretenden el dominio absoluto planetario, integrando todos los campos sociales a la adecuación instrumental que se encamina a la realización de una finalidad abstracta, que en sentido concreto implica la muerte no solo de la política, sino de la sociedad y de la humanidad.

La pregunta

No hay que preguntar, qué se busca cuando se lo hace, ¿la pregunta por el sentido del ser? El sentido es el hogar añorado donde esperamos refugiarnos al volver, como cuando retornamos a la casa después de un largo viaje para ver el mar, cruzando el oleaje lerdo de la cordillera, después de haber atravesado el Altiplano, abrigado por el poncho y cubierto por el pasamontaña. El ser es lo que queda después de haber expuesto el cuerpo, que, curtido y endurecido, encapsula la huella del olvido. No hay respuesta para las preguntas, tan solo tejidos del lenguaje, que habla con el entusiasmo de la piel y la sabiduría de la voz que se empapa de melodía, inscribiendo en la carne los recorridos de los ríos, buscando desesperados la playa donde depositar sus huesos.

 

Líneas de fuga

Deberías irte como se van los desaparecidos, llevándose sus sombras como si fuesen maletas o mochilas. Se van casi sin dejar rastro, salvo la tenue huella de su recuerdo, que se hace vaporoso o se convierte en una estela abandonada por un cometa fugaz, que se olvidó llevársela consigo. Debería irme como se van los recuerdos en una memoria cansada de tanto buscar en sus recovecos la imagen primordial del universo infantil y travieso, ahora ausente, que hasta dudamos que alguna vez haya existido. Tú no puedes irte, yo tampoco. Quedamos apostados en la contemplación detenida en la cumbre de la montaña, que bordea la casa como si fuese un sueño.

Todo debería cambiar, empezando de nuevo, comenzando otra ruta, dándose la oportunidad de otra experiencia. Pero, todo sigue igual, repitiéndose las mismas escenas, repasando la misma trama que de tanto ser usada se encuentra ajada y desteñida, pero, parece que eso es lo que se persigue, la inclinación a inaugurar el mismo día y la misma noche, para no aventurarse en otros días y otras noches, que pueden ser tan distintos, irreconocibles. Es miedo, también costumbre, un conservadurismo madurado en la constancia de la misma receta, los mismos procedimientos, para obtener los mismos resultados, el ritual que esconde la profunda frustración, la muerte de la esperanza.

 

 

El presente

Podemos hablar, en el presente, coyuntura perdida en su laberinto, caracterizándolo como momento crucial de la diseminación generalizada. Disolución irremediable de los ámbitos, del íntimo, el privado, el social, el político y el cultural, pasando por la disolución del ámbito económico también.  Los individuos, las familias, los grupos, los colectivos, las comunidades e incluso las naciones se hallan extraviadas en una mundanidad diseminada, pulverizada, cohesionada solo virtualmente. Los grandes relatos quedan en el olvido o en la memoria erudita. Ni siquiera de las ideologías queda el buen recuerdo, salvo la mención de palabras y fragmentos discursivos vaciados de sus contenidos. Lo que da la ilusión de mantener algún sentido es la estridencia reiterativa de la publicidad de los medios de comunicación.  El nihilismo de la modernidad habría llegado a su desenlace fatal, la diseminación de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Meditaciones políticas

Reemergencia de los totalitarismos

En los nacimientos de los totalitarismos las formas de su aparición adquieren un carácter aparentemente ideológico, cuya esmerada expresión o desesperación busca mostrar sus extremismos, pretendidamente radicales, aunque emerjan de substratos harto conservadores. Cuando los totalitarismos, en ciernes, se desarrollan, atraen al “populacho», que es distinto de lo popular. El “populacho” se conforma añadiendo aditivamente a individuos aislados, atrapados en sus abrumadoras frustraciones. Cuando ocurre esto, cuando se conforma el “populacho,” y comienza a actuar como “masa», es cuando adquiere las formas de manifestación de la violencia exacerbada. El “populacho» no saca lo mejor de la población, sino más bien, la mediocridad desalentadora e inculta, sin memoria, salvo la de sus prejuicios que no alcanza lograr una mínima o escaza narrativa. Este es el perfil del hombre del “populacho», convertido en masa beligerante. Los discursos del totalitarismo pueden adquirir las formas estridentes del nacionalismo más chauvinista, la insulsa supremacía blanca, o las formas melosas de una pretendida oratoria social, que esconde el recóndito espíritu de venganza de una burocracia anodina, que tiene en sus manos demoledores dispositivos de poder.

Lo que pasó en el Capitolio de los Estados Unidos de Norte América es como la reiteración de lo ya visto antes, un nuevo intento de retomar el camino destructivo del totalitarismo. Ya Hannah Arendt nos advirtió, lo que pasó con el nacional socialismo y también con el descomunal patriarcalismo del “gran timonel», la versión del “modo de producción asiático” en la desmesurada forma del despotismo burocrático, la deshumanización y la desaparición de la política, embarrancándose en el genocidio mecánico, puede volver a ocurrir. La responsabilidad de los pueblos radica en actualizar y hacer dinámicas las memorias, el pensamiento crítico y la potencia social. Hay que evitar volver a caer en la ciénaga de un nuevo oscurantismo.

Respecto a lo sucedido en el Capitolio se ha evidenciado no solamente la superficialidad de los medios de comunicación, para los cuales es una sorpresa lo acaecido, cuando, en realidad, ha venido sucediendo desde que Donald Trump asumió el gobierno. A muchos medios les pareció cotidiano, aunque, excéntricas, las poses delirantes de la “supremacía blanca”, casi olvidando que se trata de un descomedido atentado contra los derechos civiles, políticos, sociales y humanos, contra la institucionalidad democrática y contra la Constitución. Los medios de comunicación aceptaron como tolerable la proliferación de la violencia racista, sobre todo encarnada en un delirante líder del ultraconservadurismo norteamericano.  Incluso “analistas políticos” y otros que se hacen pasar por “académicos” hacen elocuencia de su estrechez reflexiva, además de descomunal olvido y su desconocimiento, fuera de su lejanía respecto a la ética, cuando ignoran en sus análisis el avezado desconocimiento de la victoria electoral demócrata, diciendo banalidades dignas de conversaciones de bar. Entre las cantinfladas hacen gala de la especulación vacía de las “teorías de la conspiración”, reduciendo el conflicto de los grupos fascistas a una concurrencia y compulsas de “razas”, recurriendo, sin inmutarse de su sandez, a una pseudohistoria de los “fundadores de las trece provincias” de Norte América.

Los pueblos tienen la responsabilidad de evitar la emergencia de nuevos totalitarismos y holocaustos. Si en algo se pueden ponerse de acuerdo es en la defensa de la democracia, que es la base, el substrato, el conjunto de las reglas del juego y la predisposición política, la voluntad social, para consensuar transiciones en la perspectiva del porvenir de la humanidad y el futuro ecológico del planeta.

 

 

Desaparición de la política

Hay distintas maneras de hacer desaparecer la política, paradójicamente por parte de la casta política. Una es suspender la acción política y sustituirla por la proliferación de las violencias, manifiestas y encubiertas; otra es la marcha compulsiva hacia el totalitarismo. Una tercera tiene que ver con la clausura de la deliberación y el ejercicio interpretativo del discurso; en este caso se opta no solo por el panfleto y la diatriba, sino también por la ausencia total de la mínima argumentación y construcción de sentido, por escaso que sea. Una cuarta manera tiene que ver con la ya chabacana “astucia criolla»; se maniobra constantemente, se manipula obsesivamente, se copa lugares e instituciones, usándolos como dispositivos de poder.  La historia política reciente nos muestra que la casta política no aprende de sus errores, los repite como si nada hubiera pasado. En otras palabras, una vez que retorna vuelve a cavar su tumba.

 

Psicología de masas

En la psicología de masas anidan contradicciones profundas. La constelación de sus representaciones no responde, de manera inmediata, a la estructura económica vigente, sino que, más bien, se trata de conformaciones rezagadas y heredadas de distintos períodos. Cuando aflora la crisis social y económica, emergen comportamientos rebeldes, pero que tienden a justificar sus conductas mediante la selección de ideaciones ancladas, que corresponden a este bagaje anacrónico de representaciones, conglomeradas en la memoria social dispersa. Muy pocas veces se asume la responsabilidad de elaborar interpretaciones adecuadas a la realidad efectiva y al presente experimentado socialmente. Cuando esto ocurre, se produce un trastrocamiento de las estructuras sociales, económicas y políticas; lo que acontece escasas veces. Lo que lastimosamente se repite las más de las veces, cuando no acontece la actualización de las ideas, es que el origen de la motivación rebelde se encubre con ideas anacrónicas, que terminan siendo efectivamente reaccionarias, incluso claramente recalcitrantes y conservadoras. Entonces las acciones desplegadas, en vez de revolucionar las condiciones históricas, sociales, políticas, económicas y culturales, retroceden a lo mismo, a la misma decadencia anterior, solo que en versiones cambiadas, pero siguiendo equivalente guion y la misma trama. Se reproduce, nuevamente, el eterno retorno de las dominaciones polimorfas y el decadente círculo vicioso del poder. De este modo se pasa de la tragedia a la farsa, se pasa de una comedia a otra cada vez más grotesca.

El compartido modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente

El modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente es compartido por la gubernamentalidad neopopulista y la gubernamentalidad neoliberal, ahora por el neopopulismo reforzado, que ha retornado, a la misma órbita del círculo vicioso del poder. Ambas formas de gubernamentalidad regalan excedente a las empresas trasnacionales extractivistas, beneficiadas con la Ley Minera entreguista, promulgada por el régimen clientelar y corrupto de Evo Morales Ayma. En pleno desborde de la crisis económica, después de despilfarrar los recursos del Estado y corrupción galopante, concediendo recursos naturales a las trasnacionales y a la burguesía agroindustrial, ganadera, colonizadora y de la coca excedentaria, el gobierno neopopulista reforzado solo atina a buscar salidas mezquinas en impuestos acotados a la pequeña élite restringida. Con lo que vuelven a develar el servilismo neopopulista y neoliberal al dominio oprobioso de las trasnacionales extractivista, del Sistema Financiero Internacional, del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. El pueblo ha votado por una versión reforzada de lo mismo: el eterno retorno colonial del capitalismo dependiente. 

Si bien el gobierno del neopopulismo reforzado se posesiona, por la victoria electoral, sigue siendo inconstitucional como los dos gobiernos anteriores, el de “transición” y el neopopulista, pues no cumple, como éstos tampoco, con la Constitución, que establece la estructura jurídica y política del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico; el régimen de Evo Morales Ayma restauró el Estado-nación, solo le cambió el nombre, como un barniz. La Constitución establece el Sistema de Gobierno de la Democracia Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa. Paradójicamente, desde la promulgación de la Constitución (2009), el ejercicio político sigue siendo el de la democracia formal y liberal, solo representativa. El gobierno clientelar y corrupto neopopulista desnacionalizó los hidrocarburos con los Contratos de Operaciones, con lo que se efectuó una traición a la patria.  El gobierno del caudillo déspota arrastró al país a la tercera derrota de la guerra del Pacífico, también traición a la patria, al confundir la demanda marítima con una campaña electoral. Si el pueblo ha vuelto a llevar al gobierno a este neopopulismo, ahora reforzado, que no es otra cosa que usurpación e impostura, además de desmantelamiento sistemático de la Constitución, es que es cómplice en la construcción de derrotas, en la traición a la patria y en el saqueo de Bolivia, entregando los recursos naturales a las trasnacionales extractivistas. Apoya la destrucción de los ecosistemas con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y la quema demoledora de bosques, ampliando la frontera agrícola desmesuradamente en beneficio de la burguesía agroindustrial, ganadera, soyera, de la coca excedentaria y de la industria de la cocaína. Un pueblo que se comporta de esta manera, que desea al amo y al patrón, sea éste de la oligarquía o de la burguesía rentista, se invista de liberal o aparezca como caudillo, imitando la convocatoria del mito, no tiene provenir.

 

Politiquería

Hay gente, dedicada a la politiquería, en realidad, inclinada al oportunismo descarado y al pragmatismo programático grosero, que confunden la política con el comercio de promesas trasnochadas incumplibles, con el beneficio privado, usando los bienes del Estado. Esta gente confunde también, en su desesperación y enajenación, la política con la guerra. Además, creen que ser bribones es una viveza, esta “astucia criolla” expresa elocuentemente en el comportamiento crápula y las miserias humanas.

La desaparición de horizontes, la mediocridad estridente, son las características de estos “políticos” que, además, se creen “revolucionarios”. Estos “revolucionarios” de pacotilla son, en realidad, la burguesía rentista, en alianza con la burguesía de la hoja de coca excedentaria y de la industria de la cocaína, en convivencia con la burguesía agroindustrial y ganadera. En las elecciones pasadas todos estos estratos de la burguesía han competido por el control de la administración pública. Los distintos proyectos burgueses, en concurrencia, son inconstitucionales; no tomaron en cuenta las transformaciones estructurales e institucionales que exige la constitución.

Se viene un período económico de crisis, debido al despilfarro, derroche y corrupción del gobierno clientelar neopopulista, desplegados durante 14 años, y por la continuidad corrupta y pirómana del gobierno de “transición”, de menos de un año. Más de lo mismo, solo que con tonalidades más graves de la decadencia política.   

El gran perdedor es, como siempre, el pueblo, que no termina de aprender que puede prescindir de la casta política, de que el secreto del poder se encuentra en la donación de la potencia social a la casta política. La ingenuidad del pueblo es persistente y duradera; el problema es que el costo social y político es alto, la destrucción del porvenir. Lo único que hace una victoria electoral es ratificar los niveles de la decadencia política y del vaciamiento de la memoria popular y de las capacidades de lucha. A los colectivos radicales, propuestos a liberar la potencia social, les compete y se les otorga el compromiso rebelde de prepararse a una lucha consecuente, duradera, prolongada y radical contra el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, compartido por toda la casta política, de “izquierda», de “centro» y de “derecha», contra todas las tonalidades y formas de expresión y prácticas del círculo vicioso del poder.

El Sistema de Gobierno establecido por la Constitución es el de la Democracia Pluralista y Participativa, Directa, Comunitaria y Representativa. En consecuencia, como dice la Constitución se debe ejercer el Control y la Participación Social, la construcción colectiva de la política y de la ley. En pocas palabras, realizar inmediatamente las transformaciones estructurales e institucionales que demanda la construcción del Estado Plurinacional Comunitario y Autonómico. El pueblo, organizado en todas las formas y maneras posibles de la democracia directa, debe arrancar de los funcionarios y gobernantes la administración de la cosa pública y ejercer de manera consensuada, en asambleas, el ejercicio de la política.

El círculo vicioso del poder abarca todas las expresiones políticas, todos los perfiles políticos de la decadencia. El pueblo, concepto rousseauniano, también contiene y práctica ateridos conservadurismos, cuando no es consciente de sí mismo y para sí mismo, no ha salido de la conciencia desdichada.  El “pueblo” escoge entre los amos que lo van a gobernar, dominar y colonizar, sean neoliberales y neopopulistas. Cuando esto ocurre el “pueblo” es solamente esclavo; para que esto deje de acaecer es menester que libere su potencia social, logre madurez, haga uso crítico de la razón, se autogobierne.

La demagogia

La demagogia se ha convertido en una práctica usual de la casta política, sobre todo de los gobernantes. Hablan de tributación progresiva en un universo sumamente restringido de tributarios. Lo que obtenga el Estado de esta medida es paupérrimo, no resuelve nada respecto a la crisis económica que está a las puertas. En todo caso habría que aumentar el tamaño del universo tributario. Lo que se oculta con esta demagogia es la responsabilidad ante las causas de la crisis, debido a una administración clientelar, prebendal y corrupta durante 14 años.

Se llenan la boca cuando hablan del “modelo social-comunitario”, sin entender ni comprender de lo que hablan. Pura demagogia de oportunistas del pragmatismo neopopulista. La Constitución establece la conformación de la composición de la economía social y comunitaria. Esto implica la complementariedad de las distintas formaciones económicas y, sobre todo, la orientación del desenvolvimiento económico hacia la economía comunitaria, basada en los bienes comunes, pasando por la transición de la administración social de la economía. Cuando el presidente habla de “modelo social comunitario», efectivamente se refiere al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, practicado por neopopulistas y neoliberales.

 

 

Apariencias exacerbadas

Ansioso de notoriedad, desesperado por el reconocimiento, es elocuente en la demagogia de la identidad exacerbada, más originario que los originarios, más indígena que los indígenas, reclama, a nombre de los pueblos nativos, para propagandizar su nombre como si fuese esencia anticolonial. Es justo cuando se devela el colonialismo cristalizado en sus huesos, confunde una máscara y el carnaval político neopopulista con lo que es lo indígena, la rebelión india, la lucha efectiva de los pueblos contra la dominación capitalista y de la colonialidad. Como mestizo, imbuido de consciencia culpable, se coloca en el lugar de la “vanguardia”, dirigiendo como maestro a las multitudes desposeídas. Otra herencia colonial, pretender ser “vanguardia” y maestro del pueblo “víctima». Hace de juez, como inquisidor actualizado, señalando de “traición” a la crítica radical contra los impostores y “revolucionarios» de pacotilla.

 

 

Las frustraciones del último jacobino

Esconde sus frustraciones en un lenguaje violento, encubre sus vacíos en poses delirantes, el último Jacobino quiere emular a Robespierre del periodo del terror. Oculta sus atroces miedos en el teatro politiquero atiborrado de escenas rimbombantes y exageradas. Es un actor ya en decadencia, que quiere llamar la atención con gritos estridentes. La impostura es elocuente en todos sus actos y la vacuidad de sus improperios evidencia la perversión inédita del raciocinio, que desaparece cuando habla. En resumen, es responsable del fracaso y truncamiento del proceso de cambio, que sirvió para el enriquecimiento de la burguesía rentista del que fue el entorno palaciego. Efectivamente funge como agente encubierto de las empresas trasnacionales extractivistas del imperio. 

Procedimientos cobardes

No enfrenta directamente, usa sus fichas, recurre a mercenarios, hay quienes se prestan a sus juegos de grandeza; esa es la pequeñez de esta gente. Busca que alaben sus vacíos, sus mediocridades; hace pasar un panfleto, escrito apócrifo de descalificación, un “libro azul” de diatriba, como si fuese la crítica leninista del “infantilismo de izquierda”. No es más que una triste imitación de lo que fue el debate marxista después de la revolución socialista. Un documento elocuente en su mediocridad y estrambóticos argumentos. Pretende ser el último bolchevique, cuando es apenas uno más de la serie de actores e impostores de la política, trivial y oportunista de la modernidad tardía. Su ficha, como emulando a su referente de ficción, lanza acusaciones extravagantes e insostenibles. Forman un equipo en el teatro burlesco de la decadencia, donde pretenden ser los “auténticos” en el bochornoso carnaval neopopulista.

 

La conspiración del caudillo déspota

El caudillo déspota sigue creyendo que la realidad es relato, que depende qué se relata para cambiar la realidad.  Vuelve con la cantaleta, compartida por la inútil “izquierda” colonial, de que hubo “golpe de Estado», cuando su régimen clientelar y corrupto implosionó estrepitosamente – todas las columnas y cimientos que lo sostenían estaban podridos. Desconoce incluso la victoria de su partido, MAS, que se reorganizó a través de la figura de reconducción de David Choquehuanca, con el apoyo militante de las organizaciones sociales, que nada quieren tener que ver con el entorno palaciego del caudillo, inclusive tampoco quieren la participación del caudillo exiliado y retornado, salvo la masa elocuente de llunk’us de la República del Chapare.

Lo que efectivamente hace el caudillo, herido en su ego descomunal e inflamado, es conspiración contra el nuevo gobierno, recién posesionado. En la práctica está montando, el caudillo y su entorno corroído y corrupto, un golpe de estado contra el flamante gobierno.

El pueblo boliviano, en defensa de la Constitución y la democracia y el voto popular, no debe permitir el decurso de semejante conspiración caudillista y de la mafia política, que acompaña al caudillo caído en desgracia. No debe permitir la marcha y el montaje del golpe de Estado, en ciernes, del caudillo celoso.

Sobre el ecocidio de los gobiernos neopopulistas y neoliberales

La responsabilidad del pueblo es parar de inmediato este ecocidio, etnocidio y homicidio diferido de los transgénicos, detener en el acto este crimen de lesa naturaleza. No hacerlo equivale a complicidad con el crimen. El llamado de la Madre Tierra, su convocatoria primordial, es defender la vida. Contra los ecocidas y criminales de la naturaleza y de los pueblos. Esta gente usa argumentos trasnochados y reputados empírica e históricamente, además por la ciencia.

El nuevo gobierno de la coca excedentaria, de la industria de la cocaína, de las empresas trasnacionales y de la burguesía agroindustrial, además de dispositivo del FMI, pretende lotear el Parque Nacional Tunari. Ha destituido al jefe de protección del parque, que ha luchado contra las mafias loteadoras.

El Director Departamental del INRA-Beni es un asesino de jaguares. Este personaje sin escrúpulos expresa fehacientemente las características ecocida, etnocida y depredadora del gobierno neopopulista, que retorna al poder después de las elecciones nacionales. Esta gente no tiene la menor idea de la Constitución y de los derechos de los seres de la Madre Tierra. Su comportamiento crápula manifiesta la decadencia y el derrumbe ético moral de la casta política. Los que votaron por las versiones, aparentemente opuestas, de la compulsa electoral son responsables de complicidad con el crimen de lesa naturaleza y la continuidad del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. 

 

 

Ausencia de cuantificación e ilegitimidad

La irreparable e irresponsable irrealización del Censo de Población y Vivienda, sustituyéndolo con un montaje grotesco  el 2012, sin efectuar la actualización cartográfica, requisito indispensable para el Censo, además de desbaratar la boleta censal, interviniendo en la parte de la boleta de comparación internacional, fuera de introducir preguntas que no responden a la metodología de la cuantificación, evidencian la falta de escrúpulos de un gobierno capaz de todo, inclusive dejar al país sin información demográfica, con el objetivo de controlar a la población votante  incluso inventarse “estimaciones demográficas». Hoy no hay un patrón electoral que responda a la realidad demográfica, sino tan solo tanteos inciertos y especulativos sobre las cantidades poblaciones y su estructura demográfica. De tal manera que las elecciones resultan una aventura, conducida por funcionarios melindrosos del Tribunal Electoral y avalada por los partidos políticos en crisis y promocionada por un gobierno perdido en su laberinto. 

Después de las elecciones ameritan nuevos tribunales, entre ellos el TSE, sobre todo este último que fue elegido durante el “gobierno de transición”. No se puede ir a elecciones subnacionales con este tribunal, tampoco con el padrón, que sigue conteniendo falencias técnicas. El hecho de que el TSE actúe con violencia burocrática contra una vocal evidencia el encubrimiento de anomalías. En defensa de la democracia el pueblo tiene la responsabilidad de exigir transparencia, idoneidad, fiabilidad e imparcialidad.

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

Oikologías

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

autodestruccion (1)

 

 

Disociación, disyunción y diseminación en el funcionamiento de la máquina de poder desvencijada

Si las asociaciones y las relaciones sociales, que comenzaron como las relaciones de parentesco, relaciones de filiación consanguínea, acompañadas, después, por relaciones de alianzas territoriales, fueron inaugurales en la conformación de las comunidades, en la actualidad de la decadencia de la civilización moderna, se puede observar que lo que prepondera es la disociación, la disyunción y la diseminación, desarticulando las comunidades, los colectivos y las sociedades. Ocurre como que las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder se separaran del diseño integrado, produciendo el fenómeno de la desintegración. Se puede decir que, si antes la maquinaria del poder funcionaba para dominar, imponer, incidiendo en los comportamientos y conductas, ahora, en plena clausura crepuscular del sistema mundo…

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Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Sobre la autodestrucción compulsiva y generalizada

autodestruccion (1)

 

 

Disociación, disyunción y diseminación en el funcionamiento de la máquina de poder desvencijada

Si las asociaciones y las relaciones sociales, que comenzaron como las relaciones de parentesco, relaciones de filiación consanguínea, acompañadas, después, por relaciones de alianzas territoriales, fueron inaugurales en la conformación de las comunidades, en la actualidad de la decadencia de la civilización moderna, se puede observar que lo que prepondera es la disociación, la disyunción y la diseminación, desarticulando las comunidades, los colectivos y las sociedades. Ocurre como que las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder se separaran del diseño integrado, produciendo el fenómeno de la desintegración. Se puede decir que, si antes la maquinaria del poder funcionaba para dominar, imponer, incidiendo en los comportamientos y conductas, ahora, en plena clausura crepuscular del sistema mundo capitalista, la maquinaria del poder domina para producir la desintegración generalizada.

Lo paradójico del caso es que, en estas condiciones de desarticulación y desintegración, la maquinaria del poder sigue funcionando en su desagregada disfuncionalidad expandida por todos los campos sociales, políticos, económicos y culturales; solo que la proyección del funcionamiento de la dominación ha cambiado. Ahora funciona para su propia autodestrucción, aunque no lo sepan las distintas partes y dispositivos de la maquinaria del poder. Cada parte y dispositivo, cada engranaje, funciona como si nada hubiera cambiado, siguen en lo mismo, empero lo hacen de manera desarticulada, hipertrofiando su propia ejecución, coadyuvando, entonces, a una mayor desintegración de la maquinaria del poder, de la heurística de aparatos de Estado, de la sociedad, de sus mallas institucionales. Intensificando su autodestrucción sin saberlo.

Por ejemplo, en el campo político se destruye el espacio de su continuidad, ocasionando lo que se podría llamar disgregación feudal, usando una figura conocida para caracterizar la dispersión medieval. El Estado también se desarticula y desvencija, desmantelándose; el ejecutivo se encaracola, como dispositivo autista; el Congreso evidencia su desmesurada corrosión interna, hace tiempo no se parlamenta, sino que tan solo se votan las decisiones del partido, la conformación de “representantes del pueblo” no representa, sino que hace patente las prácticas del chantaje, de la coerción, de la congregación de votos, sin palabra, sin sentido, sin voluntad propia. La situación del Órgano Judicial es peor aún, habiéndose antes convertido en una máquina de extorsión, ahora es el dispositivo privilegiado del terrorismo de Estado. El órgano Electoral va por el mismo camino, a pesar de su reciente parcial recuperación, aunque sesgada y limitada, pues su crisis se hizo patente con el escandaloso fraude electoral de 2019, donde se evidenció la descarada manipulación de los votos y de los registros; hasta ahora no hay una auditoria de los padrones electorales.

Pero esto no ocurre solo con lo que se denomina aparatos de Estado, en estricto sentido, sino también con la sociedad institucionalizada. Por ejemplo, el campo comunicacional también se desintegra no solo al convertirse en una fabulosa máquina de desinformación, propaganda y publicidad, sino que, además de convertirse en la proliferación de escenarios para espectáculos estridentes de la comedia grotesca, solo funciona en la inercia inaudita de discursos fofos, de audiovisuales mediocres, de mañaneros carnavalescos, de “análisis políticos” desabridos y aburridos, de noticiosos sensacionalista. El campo social no solo sufre de dispersión, disociación y desintegración, sino que es el espacio fraccionado de pequeños campos de batalla localizados y sin horizonte. Se podría decir que el campo social es el espacio fragmentado donde se ejerce preponderantemente la manipulación y descuella la economía política del chantaje. Lo mismo pasa con el campo económico, desarticulado, desmontado, diseminado. Si bien antes, por ciclos largos y medianos de los capitalismos hegemónicos mundialmente, vigentes en su turno, que contienen a los propios ciclos extractivistas de los recursos naturales, el campo económico ha sido circunscrito al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, en la actualidad ha sido atravesado y tomado por el lado oscuro, paralelo, clandestino, de la economía ilícita. Quizás la parte peor la lleva el campo escolar, que ha venido sufriendo ya su devaluación, su desatención, su empobrecimiento mayúsculo, que ocasiona deformaciones en la escolaridad y después se proyectan como deformaciones en las universidades, circunscribiéndose al triste papel de aparatos administrativos de titulación, produciendo profesionales mediocres – salvo escasas y honradas excepciones, que se deben a su propio esfuerzo -, con una educación bajísima, es decir, un bluff generalizado.  

El panorama es apocalíptico, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente ha destruido los ecosistemas, ha depredado los territorios y cuencas, ha contaminado aire, aguas y suelos, ha talado e incinerado bosques. Los territorios no solo de las naciones y pueblos indígenas, cuyos derechos están consagrados en la Constitución, han sido concesionados a las empresas trasnacionales extractivistas, entregadas a la vorágine de plantaciones transgénicas, opción destructiva de la burguesía agroindustrial. La ampliación de la frontera agrícola cobra un ritmo intenso y expansivo demoledor, ampliando, desbrozando, talando, destruyendo territorios, para la ganadería extensiva, para la explotación ecocida y comercio compulsivo de la madera, expandiendo el cultivo de la hoja de coca excedentaria y, con esta expansión, la expansión intensificada de la “industria” de la cocaína. En el panorama social, político, económico y cultural se manifiesta desbordante la desintegración de los campos, la fragmentación de los espacios, la descohesión generalizada y la disociación apabullante. Entonces, aparecen núcleos de poder feudalizados, controles territoriales de mafias, cárteles y conjunciones clientelares, que funcionan de manera incongruente y desarticulada, pero funcionan para sí, cada una de estas formaciones perversas. Ocasionando, en la conjunción provisional de fuerzas, resultantes inciertas.  Este funcionamiento disfuncional, por así decirlo, refuerza la dispersión, la disociación, la desarticulación, la desintegración y la diseminación. Estamos entonces no solamente ante la decadencia desbocada, sino ante la autodestrucción generalizada.

Fraternidades de machos en acción

A propósito de las autoridades ediles de Monteagudo

Fraternidad de machos desgarbados, para quienes no existe la mujer y tampoco su dignidad. Acostumbrados a dominarlas y mandonearlas, consideran que cuando se rebelan e interpelan, les reclaman como machos. Personajes acomplejados, manifiestan patentemente sus complejos y sus miedos a la mujer. En realidad, ocultan un inmanente homosexualismo, que temen como fantasma y del cual escapan con violencia exacerbada contra el cuerpo, su espontánea y devenir.

El neopopulismo en decadencia ha exacerbado estos ateridos prejuicios patriarcales, anacrónicos, pero actualizados en la turbulencia de subjetividades inconclusas, que son condensaciones grotescas de miserias humanas. Unos ocultan su mediocridad abrumadora invistiéndose de resentidos, esperando su oportunidad de venganza y cometer crímenes, que llaman estrambóticamente «justicia». Otros se disfrazan de «revolucionarios», sin entender de qué se trata, reduciendo lo que no entienden a la explosión patética de la consciencia desdichada, atrapada en sus propias contradicciones, que no resuelven, más bien, las enaltecen, hundiendo la consciencia desdichada en el pantano del derrumbe ético y moral. Otros opten por el chantaje epidérmico, victimizándose, siendo de esta forma cómplices de los patrones y amos, reproduciendo las dominaciones de una manera perversa. Otros se presentan como caudillos y «representantes del pueblo», cuándo son solamente miembros dramáticos de la casta política, que se enriquece a nombre del pueblo. Los otros, más conocidos, pertenecen al conservadurismo tradicional, de donde viene de la inquisición y la guerra de tres siglos contra las mujeres, que encarnaban el entramado comunitario. Todas estas fraternidades de machos reproducen genealógicamente la dominación masculina, las estructuras patriarcales, el Estado patriarcal ya senil y estéril.

 

El cinismo en escena

Se puede decir que parte del cinismo concentrado se encuentra en la casta política, aunque también en los despliegues del sistema mundo cultural de la banalidad. El político habla aposentado en el trono o en el curul de la representación, sino es en el gabinete de funcionario o en la oficina de magistrado, lo hace usando sin discreción su disposición en la máquina de poder, para dar apariencia de verdad a lo que dice, un discurso sin sustento, que se cuelga en el hilo de la inercia.

El cinismo cobra vuelo, mostrando su desparpajo, cuando lo que pone en escena es la preponderancia, que es lo único real, el resto, la alocución, es la hipóstasis, la invención política de la realidad. Cuando el político habla al pueblo, lo considera un espectador manipulable, sujeto vulnerable, objeto plástico para la prestidigitación y la maniobra. El discurso político tiene esta finalidad, mientras encubre los objetivos de la práctica política, que son distintos al discurso emitido. En resumen, esquematizando al extremo, el objetivo político es el control del poder o, mas bien, de su maquinaria abstracta y de la malla de agenciamientos concretos de poder institucionales; la conservación del poder y su reproducción indefinida. Entonces el cinismo radica en este desparpajo, en esta práctica esquizofrénica que disocia la emisión del discurso y la práctica.

El cinismo desborda demoledoramente cuando las contradicciones evidentes, entre discurso y práctica, se tratan de ocultar mediante argumentos estrambóticos, por ejemplo, decir que lo que se hace es por la “justicia”, cuando efectivamente se convierte a la administración de justicia en un grotesco sistema de extorsión, es más, en momentos críticos, en un dispositivo del terrorismo de Estado. Se pretende encubrir desesperadamente un escandaloso fraude electoral, causa de la caída del gobierno neopopulista – que ya caminaba, desde hace tiempo, a su implosión -, recurriendo a una campaña publicitaria y propagandística, ex post, que busca imponer la versión insostenible de un golpe de Estado, la muletilla de los gobernantes en crisis.

Ciertamente el cinismo es proliferante en el sistema mundo moderno, es la predisposición subjetiva de la racionalidad instrumental y de la inclinación por el pragmatismo descarnado, sin embargo, lo que hay que tener en cuenta son los desbordes sintomáticos de la cultura cínica. El desparpajo político ha llegado lejos, la manipulación política es extrema, la prestidigitación política es delirante. Se mencionan valores, lo que les falta a los emisores de la impostura, de manera demagógica, de tal manera que al nombrarlos se hace patente  que exactamente se los pisotean; se habla de derechos, pregonando su apego falso a los mismos, cuando precisamente se los vulneran; se nombra la Constitución, reducida a adorno de vitrina, cuando evidentemente se la ha desmantelado; se habla se soberanía, principio enarbolado hipócritamente, cuando se la ha entregado para usufructo de las empresas trasnacionales; se menciona a la patria, reducida a símbolo discursivo, cuando se la ha traicionado con la tercera derrota de la guerra del Pacífico, con la derrota en el Tribunal  Internacional de la Haya, confundiendo la demanda marítima con una campaña electoral.

El cinismo campea no solamente porque hay cínicos que la encarnan y lo practican, sino también porque hay un pueblo que lo acepta. Entonces estamos ante el ciclo vicioso del cinismo. Se da pues una complicidad perversa, una relación sadomasoquista, entre la casta política, pragmática y oportunista, y un pueblo o parte del mismo, que renuncia a su potencia social, prefiriendo delegar su voluntad a sátrapas, actualizados, reaparecidos en plena decadencia de la modernidad tardía y en plena crisis múltiple del Estado nación, así como de su orbe, el imperio, el orden mundial de las dominaciones en la geopolítica actualizada del sistema mundo capitalista, geopolítica del saqueo de los recursos naturales por parte de los centros cambiantes y la inmensa periferia gobernada por las burguesías rentistas.

No se clausura históricamente el delito político

No se cierra histórica ni políticamente, tampoco constitucionalmente, el flagrante delito de fraude electoral. Solo un jerarca corrupto, sin atributos ni cualidades, puede imaginarse delirantemente que el caso se ha cerrado. Esto se explica por la paranoia de los gobernantes y sus marionetas judiciales. Tampoco crean que se logra el olvido por parte del pueblo, también de las leyes. Lo que hacen los gobernantes y su Fiscal General es evidenciar su delincuencia constitucional y política.

 

 

Sobre el sentido perdido de la referencia de izquierda

Si podemos hablar de lo que abarca esa referencia de orientación esquemática, en una dualidad que participa en una oposición complementaria, en una contradicción cómplice, en una guerra entre enemigos que se necesitan para existir como tales, que se llama comúnmente «izquierda» – opuesta esquemáticamente a la “derecha” -, podemos definirla a partir de motivaciones constituyentes, como solidaridad, igualdad, justicia, libertad, que conforman una praxis revolucionaria y una teoría crítica.

Sin embargo, lo que ahora llaman «izquierda» los medios de comunicación, los partidos políticos y se autonombran unas conformaciones barrocas incongruentes como el «socialismo del siglo XXI y el neopopulismo, se encuentra tan distante y es abismalmente tan diferente a esa «izquierda» inaugural e histórica, que en vez de la solidaridad tiene como compulsión la mezquindad, en vez de propensión a la igualdad se inclina por la in-equivalencia entre gobernantes y gobernados, en vez de buscar la justicia se obsesiona por la extorsión, en vez de libertad apuesta por el terrorismo de Estado. Es más, si antes se daba importancia y se expresaba una preocupación por la crítica, ahora descuella la impostura, la simulación, la actitud tramposa y la «justificación» demagógica de actos políticos deleznables.

Es absurdo e inútil hablar de «izquierda» y «derecha», cuando en la modernidad tardía estos términos son intercambiables y rotativos. En el gobierno y en la práctica no se distinguen, hacen lo mismo, usufructúan del poder, contra el pueblo y la sociedad, salvo por el esmero provisional de discursos anacrónicos.

 

 

 

Reiniciando el debate en los espesores de la coyuntura

Reiniciando el debate

en los espesores de la coyuntura

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Reiniciando el debate

Escena crepuscular

 

Debate sobre las perspectivas

Ciertamente es menester un balance, a estas alturas de las experiencias acumuladas de las sociedades humanas; pero no un balance como el que se acostumbra; separando lo positivo de lo negativo, separando fortalezas de debilidades, sacando enseñanzas de las lecciones aprendidas. Este balance plano, correspondiente a un cuadro comparativo, no nos sirve. Requerimos responder a la pregunta: ¿Por qué las sociedades humanas no se han emancipado hasta ahora? Vamos a iniciar el debate, poniendo, como quien dice, las cartas sobre la mesa, es decir, nuestras premisas, de las que partimos, para abordar, después, interpretaciones y análisis, derivados de las premisas.

 

El concepto de República

República significa res-publica, la cosa pública; el Estado moderno es República en la forma de Estado nación. La institucionalidad democrática, por lo menos, en su forma jurídico-política, es decir, constitucional, es la estructura operativa de la República. Supone la composición equilibrada de la compensación de poderes. Incluso cuando se destruye un Estado, considerado oprobioso, como el correspondiente al imperio zarista, y se conforma, por lo menos jurídica y políticamente, el Estado socialista, sigue siendo República. Hablamos de la Unión de Repúblicas Socialistas de la Unión Soviética. No se deja de ser República en la composiciones, descomposiciones y recomposiciones del Estado moderno por más transformaciones que se efectúen, mientras siga siendo la cosa pública, es decir la realización de la acción de la sociedad en el ámbito público. Mucho menos deja de ser República cuando se hacen reformas y modificaciones en la misma estructura del Estado liberal, de una manera barroca, como ocurre con las formas de gubernamentalidad populistas y neopopulistas. Tampoco deja de ser República una Constitución del Estado Plurinacional; su condición jurídica y política se enmarca en el preformato de la República.  Incluso si se hubieran dado transformaciones estructurales, como demandan las Constituciones de Bolivia y Ecuador, lo que no ha ocurrido, pues se ha mantenido la estructura del Estado-nación, si se hubiera conformado una Confederaciones, lo que implica un Estado Plurinacional, seguiría siendo República.

La diatriba panfletaria y el balbuceo ideológico que contrapone Estado Plurinacional a República evidencia su descomedido desconocimiento de la teoría política, de la filosofía política y de la ciencia política, mucho más si se trata de la crítica de la razón política. Esta gente, “revolucionarios” de pacotilla, charlatanes y demagogos, no saben de lo que hablan. Al final, su discurso endémico sirve para justificar la decadencia política, la restauración y el derrumbe ético moral de la casta política; busca legitimar el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que lo llaman “modelo social comunitario». La Constitución define, en el marco del pluralismo económico, la economía social y comunitaria, distinguiendo lo comunitario de un proyecto de características socialistas, retomando ambas tendencias de manera diferenciada y complementaria. Empero, para ser proyecto comunitario se requiere la preservación de las territorialidades nativas, la mantención y la institucionalización de los bienes comunes. Para ser proyecto socialista se requiere la socialización de los medios de producción, la reforma agraria radical, la nacionalización de la banca; pero todo esto brilla por su ausencia en la forma de gubernamentalidad clientelar neopopulista, ahora retornado después de las elecciones nacionales. Lo que se tiene es una administración barroca, acompañada de un discurso demagógico, sin retórica y argumentación, del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. 

El concepto de ciclo político

¿Qué es un ciclo político? A diferencia del ciclo económico, sobre todo del mediano – el ciclo largo tiene otra concepción, más bien histórica -, que es caracterizado por las oscilaciones de expansión y contracción, el ciclo político puede caracterizarse por cuatro fases, la del entusiasmo, la del desencanto, la de la regresión y la de la decadencia. Si bien puede haber un parecido en la gráfica de la curva, ascenso y descenso, la diferencia radica en que cuando asciende el proceso político abulta, al principio, la curva, en el período del entusiasmo, alargando el descenso gráfico en una bajada diferida, abrupta al final. Cualitativamente un ciclo político está definido por un perfil contradictorio, que contrasta y hace concurrir la motivación transformadora versus la desmotivación restauradora. Cuando la motivación transformadora prepondera se da el ascenso político o el cambio, en contraposición, cuando la motivación restauradora se va imponiendo, comienza el descenso, a partir de un punto de inflexión. Cuando la motivación transformadora desaparece culmina el ciclo político, se clausura.

Desde el comienzo de la movilización prolongada (2000-2005) hasta el 2009 se podría decir se da como la preponderancia del entusiasmo, a partir de la promulgación de la Constitución, que es como la cúspide, también punto de inflexión, comienza a imponerse el pragmatismo de la desmotivación, obligando, por así decirlo, ilustrativamente, al descenso de la gráfica del ciclo político, hasta llegar a su finalización.

También, subjetivamente, en términos de interpretación narrativa, a través de personajes, se puede evaluar el ciclo político como concurrencia simbólica. Una interpretación literaria puede encontrar un personaje de la motivación y, en contraste, un personaje de la desmotivación. Desde este enfoque metafórico Felipe Quispe aparece como el personaje de la motivación política, en cambio Evo Morales aparece como el personaje de la desmotivación política. Con el fallecimiento de Felipe Quispe habría desaparecido el motor, por así decirlo de la motivación, que también le otorgó un perfil propio a la narrativa del ciclo político en cuestión. En consecuencia, desde distintos ángulos de la lectura del ciclo político, el ciclo político habría concluido. 

Ilusión y poder

Podemos hablar del consumo masivo de ilusiones, pero también de distracciones masivas, de inclinaciones grupales y colectivas a tomar por realidad las invenciones del poder y de los medios de comunicación. Se ocupan de “problemas” existentes en la difusión mediática y sensacionalista, también en la mentalidad delirante política. Las problemáticas efectivamente existentes en el mundo efectivo son soslayadas, son ignoradas, desperdiciando la oportunidad y el tiempo de resolverlas.

El pueblo está embaucado por los aparatos ideológicos, que ahora son los medios de comunicación, articulados eficazmente a las estructuras de poder.  No hay opinión pública, sino, más bien, opinión masiva inducida por los medios de comunicación y partidos políticos, sean de “izquierda” o sean de “derecha”. En la modernidad tardía y crepuscular no hay tampoco exactamente ideología, sino un conglomerado barroco de bricolaje discursivos, que pretenden parecerse a una ideología, empero solo llega a pronunciarse como estridencia espectacular. Por eso no tiene sentido hablar y distinguir, usar la referencia figurativa del esquema dualista de “izquierda” y “derecha”, para orientar el análisis político. Lo que se da efectivamente es la rotación de mandos, diferenciados en la pose y en el discurso, que, empero, comparten las mismas prácticas paralelas de poder. Esto se hace evidente cuando ejercen como gobierno.

Se trata de la reproducción de estructuras y diagramas de poder, establecidas como dispositivos y maquinarias de dominación. Por ejemplo, el diagrama de poder de la corrupción, compartido por ambas contrastadas opciones políticas. Así como se comparte el mismo modelo económico, el colonial extractivista del capitalismo dependiente. También se comparte la usurpación y la manipulación de las voluntades populares por parte de los “representantes del pueblo”.

La “izquierda” ha posesionado imaginariamente que se lucha por la justicia social, en tanto que la “derecha” ha posesionado imaginariamente que se lucha por la “libertad”, tratándose, obviamente de la “derecha” liberal, no así de la ultraconservadora. Sin embargo, esto es discursivo, pues, en la práctica, se pelea por el poder y por conservarlo. La “justicia social” y la “libertad” son términos usuales de “legitimación”.

Lo que ocurre efectivamente es muy diferente a la narrativa política y mediática; lo que ocurre tiene que ver con el ejercicio de las dominaciones, por un lado, y con la emergencia intermitente de las resistencias. En la actualidad, la recurrencia discursiva a la ideología desaparecida sirve para desarmar al pueblo, para castrarlo, quitándole sus capacidades de lucha. La recuperación de la capacidad de lucha solo es posible si se libera la potencia social; esto requiere de una comprensión profunda de las causas de la crisis múltiple, ecológica, civilizatoria y del sistema mundo moderno.

La madurez del pueblo radica en el logro del uso crítico de la razón, en la capacidad de autogestión y autogobierno; esto implica no depender de representantes, ni desear al amo, sea éste un caudillo o un líder liberal. Esto significa la construcción colectiva de la decisión política y del consenso.

 

Subsunción y subordinación

La subsunción de la rebelión se efectúa por la vía electoralista, la subordinación del pueblo pasa por la incorporación al “sistema» de partidos políticos, el vaciamiento de la interpelación pasa por la candidatura, la sujeción del sujeto social pasa por el acceso a la casta política.  El poder y la dominación, la colonialidad y la explotación, se reproducen mediante la farsa electoral, la simulación grotesca de la democracia.

Ha pasado una y otra vez, este fenómeno de la subsunción y la subordinación es reiterativo y recurrente. Hay como un apego explícito al reconocimiento por parte de la institucionalidad y la casta política.  Los símbolos y los discursos “ideológicos» solo sirven para encubrir la entrega de la acción y la movilización, dadas en el pasado inmediato, a las estructuras de poder institucionalizados, al constante retorno del colonialismo, las dominaciones polimorfas, la explotación capitalista.

Se puede hablar de un servilismo matizado, disfrazado de aparente “radicalismo” vacuo. Se olvida que lo radical tiene que ver con raíz, con llegar a la raíz del problema, no con desgarramiento de las vestiduras, tampoco victimizarse, menos con la gesticulación grandilocuente.

Por el camino del pragmatismo electorero se domestica la rebelión inherente en el pueblo. Esta salida de la simulación democrática disemina la potencia social, la dociliza y la hace funcional al poder, al diagrama de poder de la colonialidad y al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

Para salir de la condena de la reiteración fatal de la subsunción y subordinación de la acción a la reproducción de la colonialidad, la dominación y la explotación se requiere mantener el fuego, buscar, en contraposición, la liberación de la potencia social, la constitución de la comunidad, la autogestión y el autogobierno.

La maquinaria de la corrupción

 

Se podría decir que se trata de un “sistema”, si no fuera que este concepto se refiere a la complejidad del funcionamiento de las formas de vida y sociales, pero la analogía al funcionario mecánico, correspondiente a la articulación de la composición de los engranajes conectados, muestra la “reproducción” máquina de su funcionamiento perverso; entonces solo provisionalmente se puede hablar de “sistema” de corrupción.  Se trata de la maquinaria de la corrupción, cuyo diagrama de poder atraviesa las instituciones del Estado.

La maquinaria de la corrupción atraviesa al campo político, es más, los partidos políticos son parte de sus engranajes, articulados a los Órganos de Poder del Estado; articulados a la empresas, sobre todo a las empresas trasnacionales y extractivistas; articulados al sistema financiero, internacional y nacional. Particularmente los partidos son piezas de la maquinaria cuando están en función de gobierno, también en función legislativa, judicial y electoral. El poder ejecutivo es el dispositivo de la realización del funcionamiento maquínico de la corrupción, el poder legislativo “institucionaliza» la administración adulterada de la “legitimación” sobornada, el poder judicial legaliza la corrosión política y económica institucionalizada, el poder electoral otorga la apariencia “democrática” a la maquinaria de la corrupción.

Se podría decir que todo está pactado y acordado, empero no es del todo así, salvo en los casos efectivamente dados de esta manera; más bien, se da todo anteladamente, como preformación, ya se encuentra inscrito en el mecanismo. Los perfiles políticos y de los funcionarios son tan solo singularidades del funcionamiento de la maquinaria conformada en un pasado mediato e inmediato, que no controlan, pero sí con el que se comprometen. No escapan a la complicidad de la proliferación de delitos encubiertos de la maquinaria de la corrupción, inherente a la maquinaria del poder del Estado.

La población votante asiste a todas las tramoyas de la casta política, a todo el funcionamiento perverso de la maquinaria de la corrupción, embaucada por los aparatos ideológicos del sistema mundo moderno, a escala mundial y a escala nacional. Sin embargo, a pesar de estar sometida al bombardeo mediático, publicitario y propagandístico, en condición de enajenación masiva inducida, también es cómplice, aunque inocente, de la maquinaria de la corrupción.

Salir de círculo vicioso de la corrupción implica la demolición de esta monstruosa maquinaria. Para que ocurra esto se requiere el asumir la responsabilidad de lo que ocurre por parte del pueblo y, en consecuencia, actuar en la demolición. Si no se lo hace se es no solamente cómplice, sino que se establece y reproduce una relación sadomasoquista con el poder.

No hay “retorno a la democracia”

La decadencia política se expresa fehacientemente en la ausencia de imaginación de la casta política; solo atina a repetir mecánicamente trasnochadas consignas, sin contextuarlas ni entenderlas. Habla por inercia un discurso sin contenido, aparentando que dice algo cuando efectivamente no dice nada. Solo es espectáculo mediático. Todas estas falencias se hacen evidentes cuando pretende justificar sus actos anodinos refiriéndose a la “democracia”, que cree que es una puesta en escena para dar lugar a su protagonismo, que también es otro montaje circunstancial.

No hay “retorno a la democracia”, puesto que ésta se ha diseminado hace tiempo, cuando se restringió la democracia, el gobierno del pueblo, el autogobierno, a la democracia representativa y delegada, la democracia institucionalizada como República liberal, el Estado-nación. Después, esta misma democracia se deteriora, adulterándose el funcionamiento de sus instituciones. Formas paralelas de poder, opacas y oscuras, atraviesan a las instituciones del Estado de Derecho. La Constitución se convierte en un escrito simbólico, mientras, efectivamente, en la práctica, no se acata ni se cumple. En la modernidad tardía, ya el lado oscuro del poder controla al Estado, las instituciones “democráticas» son tan solo una máscara, que encubre la realización de los objetivos del lado oscuro del poder. Los medios de comunicación coadyuvan en este encubrimiento al desplegar el aparataje de la invención de la realidad.

Liberalismo y socialismos, aparentemente contradictorios, hicieron de lados opuestos de la simetría en un dualismo de poder, cuyo esquematismo permitía la complementariedad del sistema mundo moderno, la geopolítica contrastante del sistema mundo capitalista. Después, neoliberalismos y neopopulismos, pretendidamente opuestos, desplegaron el esquematismo dualista complementario, conformando un teatro político grotesco, donde las prácticas de gobierno son equivalentes, efectuándose paradigmáticamente, aunque buscando diferenciarse mediante bricolaje discursivos.

La casta política, con todas sus variantes, responde a la reproducción diferida de la acumulación ampliada de capital, en la fase dominante del capitalismo financiero, especulativo y extractivista. El montaje mediático de la pelea de gallos, cada vez más desplumados, los espectáculos mediocres electoreros, están destinados a distraer a la población votante y a embaucar al pueblo.

No se puede salir del círculo vicioso del poder si el pueblo no se libera de la ideología, la máquina fabulosa de la fetichización, de las ilusiones del poder, sobre todo si no se libera de la casta política y del teatro político. Comprender la realidad efectiva, sus dinámicas complejas, requiere de confiar en su propia potencia social. 

Potencia y proyección del pensamiento propio

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Raúl Prada Alcoreza

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Impostura o liberación

La historia del capitalismo es mundial, también la historia del Estado moderno; las peculiaridades nacionales son singularidades en estas historias mundiales. El sistema mundo moderno nos abarca planetariamente. Las culturales específicas han sido fragmentadas y recicladas en el conglomerado articulado del sistema mundo cultural de la banalidad y del consumo. Los folclorismos son los mecanismos de subsunción de lo que fueron las culturas antiguas al sistema mundo cultural de la banalidad; a la vez, son los fetichismos ideológicos provisionales para mantener la ilusión inocente de “autenticidad”. La geopolítica del sistema mundo capitalista se legitima mediáticamente, espectacularmente y folclóricamente.

Hay poses políticas nacionalistas, culturalistas y localismos que siguen la corriente de esta ilusión ideológica y de esta subsunción al sistema mundo de la banalidad cultural. Es más, hasta llegan al colmo…

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Potencia y proyección del pensamiento propio

Potencia y proyección del pensamiento propio

 

Raúl Prada Alcoreza

Potencia y proyección del pensamiento propio

Pachamama

 

Impostura o liberación

La historia del capitalismo es mundial, también la historia del Estado moderno; las peculiaridades nacionales son singularidades en estas historias mundiales. El sistema mundo moderno nos abarca planetariamente. Las culturales específicas han sido fragmentadas y recicladas en el conglomerado articulado del sistema mundo cultural de la banalidad y del consumo. Los folclorismos son los mecanismos de subsunción de lo que fueron las culturas antiguas al sistema mundo cultural de la banalidad; a la vez, son los fetichismos ideológicos provisionales para mantener la ilusión inocente de “autenticidad”. La geopolítica del sistema mundo capitalista se legitima mediáticamente, espectacularmente y folclóricamente.

Hay poses políticas nacionalistas, culturalistas y localismos que siguen la corriente de esta ilusión ideológica y de esta subsunción al sistema mundo de la banalidad cultural. Es más, hasta llegan al colmo de creerse contestatarias, cuando son funcionales al sistema mundo capitalista, cuyos substratos contienen los desenlaces de las olas de conquista y de las olas de colonización, la marcha de la colonialidad recurrente. La mayoría de estos nacionalismos chauvinistas, culturalistas, folclorislistas y localistas optan por el jolgorio electorero, donde pretende legitimarse, mediante la simulación democrática, la dominación de la colonialidad perdurable y el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente.

La convocatoria al pueblo por parte de estos nacionalismos, culturalismos y folclorismos es una excusa en los juegos de poder, donde variados grupos improvisados pugnan por acceder a la reconfiguración de las élites y recomposición de la casta política. Es así como se reproduce y desenvuelve la colonialidad y la dominación mundial, nacional y local de la acumulación originaria de capital, por despojamiento y desposesión, y la acumulación ampliada de capital, por transferencia de recursos naturales, al centro cambiante de la geografía política del sistema mundo capitalista, y por industrialización. La masa votante es cómplice de la continuidad de la colonialidad y del saqueo de las periferias del sistema mundo capitalista.

Las liberaciones, descolonizaciones y despatriarcalizaciones solo pueden emerger y realizarse por la subversión de la praxis, la liberación de la potencia social, de la potencia de las memorias culturales, que conectan las experiencias sociales de los pueblos con el porvenir vital, la armonía y sincronización de las sociedades humanas a los ciclos vitales planetarios.

 

Metáfora del enseñoramiento

Usemos la siguiente figura para interpretar metafóricamente el fenómeno de la decadencia política:

Los recientes moradores llegaron a una casa en ruinas, que en otros tiempos fue una casa solariega, acogedora y espléndida, hogareña y prometedora, donde los antiguos moradores gozaron de sus comodidades, bondades y residencia placentera. Sin embargo, a pesar de encontrarse visiblemente en ruinas la deteriorada y casi destruida casa, los nuevos moradores, que no conocieron su esplendor de otrora, tampoco su proyección prometedora, creen haber logrado el sueño de su vida, tener la suerte de estar albergados en la famosa casa solariega, que por solo adquirirla obtienen el prestigio y la grandeza de su pasado. Son los “señores” de la casa y, en consecuencia, enseñorean en todo el barrio y hasta en toda la ciudad. No se dan cuenta tampoco que el mismo barrio y hasta la misma ciudad se encuentran gravemente deterioradas. Menos se dan cuenta que enseñorean sobre escombros, para ellos, lo que importa es poseer los títulos de la casa. Se ilusionan con que nada ha pasado, que todo sigue igual como antes, ignoran el deterioro, las ruinas y el mismísimo descalabro.

Si los ocupantes tardíos pretenden enseñorear sobre ruinas, los ocupantes anteriores, inclusive los originales, también pretendían enseñorear, aunque lo hacían en la apoteosis arquitectónica de la casa solariega, bien construida y mantenida. Tampoco estos ocupantes, anteriores y antiguos, lo lograron, pues enseñoreaban en un entorno dominado por las violencias iniciales, la guerra de conquista, y sostenido por las violencias perdurables de la colonización y de la colonialidad. “Enseñoreaban» en un ambiente de apariencias, de ceremonialidades y ritualidades simbólicas; tenían del otro lado a sus siervos y pongos; entonces enseñoreaban sobre despojamientos y desposesiones. Tenían una consciencia sierva, amaban las ilusiones que otorga el poder.

Esta figura, literaria, pude ilustrarnos sobre lo que ocurre en la modernidad tardía y en las periferias del sistema mundo capitalista. Tomemos la casa solariega como metáfora del Estado. La diferencia entre los que gobiernan en la actualidad y los que gobernaron antes, sobre todo al comienzo de la genealogía del Estado, es que antes se contaba con una arquitectura estatal estructurada jurídica, política e institucionalmente, en cambio, ahora, no se cuenta sino con las ruinas de un Estado desmoronado, derrumbado.

Realmente no existe la posibilidad de enseñoramiento efectivo, salvo en las apariencias manifiestas que otorgan las ceremonialidades del poder, la sumisión de la burocracia de funcionarios y la masa elocuente de llunk’us. Esta ilusión de poder va a continuar mientras el pueblo siga el juego de la dialéctica del amo y el esclavo, también de la dialéctica del verdugo y la víctima.

 

Dialéctica de la modernidad

 

No solo hay una modernidad, sino muchas. Para resumir y esquematizar, con el propósito pedagógico de ejemplificar, hablaremos interpretativamente y teóricamente de una dualidad, si se quiere, ilustrativamente, de una dialéctica de la modernidad, lo que denominaban dialéctica del iluminismo Adorno y Horkheimer.

En la crítica de la civilización moderna, que desenvolvimos y expusimos en distintos ensayos, hicimos hincapié en el aspecto destructivo de la modernidad, aunque, de vez en cuando, hacíamos notar que también había otro aspecto de la modernidad, más bien, de apertura y vertiginoso, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire, haciendo paráfrasis de una frase de Marx que, a su vez, hacia paráfrasis a un enunciado que se encuentra en La tempestad de Shakespeare. Si olvidamos este otro aspecto de la modernidad es porque la negatividad destructiva parece preponderar desmesuradamente, sobre todo en los períodos de la modernidad tardía. Sin embargo, no podemos olvidar que la modernidad nace como ilustración, como crítica de razón y como razón crítica, además como liberación de las potencias sociales, en el contexto histórico, social y cultural de este acontecimiento, el del iluminismo.

Vamos a usar la dialéctica de la ilustración de manera metafórica. Entonces diremos que el momento crítico de la modernidad es contrapuesta por la negatividad del momento opuesto, el de la legitimación.  La astucia de este otro momento negativo no radica en que se opone directamente a la ilustración, a la crítica demoledora, sino que usa los recursos de la ilustración y la crítica para amortiguar y limitar sus efectos, si se quiere para docilizar y domesticar la propia ilustración iluminista y la propia crítica demoledora.

Esta merma, este sabotear por dentro a las potencialidades y posibilidades de la ilustración, resultan en plegamientos conservadores de la modernidad. La genealogía constante de este socavamiento conservador, respecto de la vertiginosidad transformadora de la modernidad, termina imponiendo una ruta regresiva, para después convertirse en una ruta conservadora a secas y destructiva. La historia dramática de la modernidad nos muestra el camino sinuoso de una modernidad iluminista saboteada por una modernidad artera, regresiva, retardataria y bizarra, que lleva a las tragedias demoledoras, conocidas en la historia del siglo XX, incluso antes, desde el siglo XVI, como anticipando, desde los comienzos mismos del sistema mundo moderno, emergido de la colonización, avanzando compulsivamente a la destrucción planetaria.

En este transcurso sinuoso de la dialéctica de la modernidad aparecen ilustraciones acortadas, limitadas, barrocas, donde se conjuga una combinación perversa entre crítica, por cierto controlada y acotada, y señoríos teóricos autoritarios. Una de estas ilustraciones barrocas es el marxismo, que, desde sus fuentes mismas, ya preñadas de autoritarismo teórico, ha venido desenvolviéndose como una arqueología de un saber crítico que sabotea su propia capacidad crítica, y una genealogía que marcha indetenible a un autoritarismo descomunal, que adquiere la forma de un dogmatismo, por lo tanto, no saber, vaciado de los antiguos contenidos iluministas olvidados. El marxismo, paradójicamente, siendo crítica de la ideología, derivó en una ideología, que, en el presente, dice muy poco para ser instrumento apropiado en la lucha por las liberaciones múltiples.

En el contexto de la crisis ecológica, que amenaza la sobrevivencia humana, de la crisis de la civilización moderna, que devino sistema mundo cultural de la banalidad, de la crisis del sistema mundo capitalista, dominado por el capitalismo financiero, especulativo y extractivista, se requiere de un iluminismo del iluminismo, de una ilustración de la ilustración, ya convertida en un oscurantismo, se requiere de una crítica de la crítica. Es más, se requiere de la reinserción de las sociedades humanas a los ciclos vitales planetarios; se requiere de la clausura del horizonte de la modernidad y de la apertura a otros horizontes civilizatorios; se requiere salir del círculo vicioso del desarrollo, que no es otra cosa que la marcha fúnebre de la muerte de los ecosistemas; se requiere salir del círculo vicioso del poder, de la genealogía de las dominaciones polimorfas. Estos requerimientos no se pueden dar sin la participación plena de los pueblos y las sociedades, pero esta participación requiere, a su vez, de una deconstrucción crítica, de una descolonización plena, de la diseminación de los dispositivos autoritarios, de los discursos señoriales portadores de la verdad revelada, de los ateridos patriarcalismos.

El chantaje culturalista

Hay un estilo de discurso político que acompaña y acompañó a los regímenes neopopulistas, por cierto, comprometidos hasta la médula con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; encubriendo a las empresas transnacionales extractivistas, que saquean los recursos naturales de las periferias del sistema mundo capitalista; este discurso se esmera por demostrar su “autoctonía”. Para tal efecto se inviste de los símbolos y los ropajes de pretendida “ancestralidad”; se esfuerza por mostrar la pervivencia, encarnada en estos políticos, de un “pensamiento propio”, que data desde los abuelos y más remotamente. En sus discursos hacen gala de términos simbólicos, culturales y lingüísticos, supuestamente heredados, empero nunca desarrollan la idea, la composición desenvuelta del “pensamiento propio»; queda esta emisión propagandística como un resumen corto, atiborrado de títulos y subtítulos, sin sus respectivos contenidos.

El pensamiento existe como propiedad intrínseca corporal, conformado y configurado por procesos culturales locales, nacionales, regionales y mundiales entrelazados. No olvidemos que la cultura se constituye como autorreferencia respecto a otras culturas, entonces tiene una relación heterorreferente con el universo cultural. La cultura es un sistema de interpretación y comunicación, de memoria colectiva y de constitución intersubjetiva, un sistema dinámico de saberes en acción, también en reserva. Las sociedades ancestrales y antiguas nacen en las culturas iniciales y desde las culturas inaugurales nombran al mundo. La modernidad ha fragmentado, incluso, en algunos casos, diseminado las culturas nativas, al colonizar a los pueblos aborígenes. Ha vuelto a reunir estos fragmentos en un bricolaje folclórico; de esta manera el sistema mundo moderno pretende presentarse como multicultural. Empero, a pesar de la fragmentación y diseminación cultural, los sistemas culturales, ancestrales y antiguos, no han desaparecido, se encuentran como configuración inscrita en la conjunción gramatológica de las huellas hendidas en la memoria social. Para que emerja esta memoria se requiere de la liberación de la memoria y la potencia social, encriptadas.

El pensamiento no existe por sí solo, como entelequia, esto sería no solamente ingenuo, sino que denota el acto de cosificación y fetichización ideológico. Esto corresponde a una recolonización enmascarada y disfrazada de “autoctonía” al servicio del despliegue recurrente de la colonialidad y de la geopolítica del sistema mundo capitalista. El pensamiento existe porque los seres humanos piensan, activan la facultad corporal del pensar, contenida en la fenomenología de la percepción. El pensamiento es propio cuando los seres humanos asumen el acontecimiento de la vida como problemática y desafío, inmiscuyéndose en la experiencia social del acontecimiento, padeciendo y gozándolo, construyendo interpretaciones, narrativas y teorizaciones. En cambio, el pensamiento propio no acaece cuando se imitan conformaciones ideológicas preestablecidas, difundidas por aparatos ideológicos y por dispositivos mediáticos, machacadas balbuceantemente por político pajpak’us. Tampoco cuando se folcloriza, cuando ocurre esto se disminuye la potencia cultural, inscrita en la memoria social, a la banalidad de una mística posmoderna.  En este caso hay flojera de trabajar en serio en la emergencia, actualización y construcción del pensamiento propio.

Los “gobiernos progresistas» han manipulado los símbolos culturales con el objetivo de legitimación de la forma de gubernamentalidad clientelar, con esta actitud artera vacían de contenido a los símbolos, a las alegorías simbólicas, a los sistemas culturales, que no dejan de ser dinámicos. Los “gobiernos progresistas» han manipulado los nombres y categorías del socialismo, que es una utopía, vaciándola de contenido, con la finalidad de legitimación del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, que practican. Los “gobiernos progresistas» han manipulado los conceptos comunitarios, vaciándolos de sus contenidos subversivos y ecológicos, buscando la legitimación del despliegue recolonizador de las políticas neopopulistas.

 

 

Hipótesis sobre el pensamiento propio

La ciencia, la filosofía, el pensamiento antiguo, que, obviamente no podemos homogeneizarlo, tuvieron como referencia, también como problema, a los llamados elementos, el agua, la tierra, el aire y el fuego. Esta referencia puede variar en sus señalamientos, idiomáticamente y culturalmente, incluso pueden variar en su número los elementos de referencia, sin mencionar todavía al quinto elemento, más bien, abstracto, indefinido e indeterminado, que Alexandro de Mileto denominaba ápeiron, que viene a ser el arché, el origen. En otras palabras, las sociedades antiguas han concebido el cosmos a partir de los elementos, por lo tanto, de cómo se combinan y componen los elementos conformando así el mundo. Las interpretaciones de cómo ha acontecido y acontece varían según culturas y escuelas; es en esta variación donde podemos compararlas y atender a sus analogías y diferencias, obteniendo la singularidad de sus cosmovisiones.

En el continente de Abya Yala, antes de las oleadas de conquista y de las oleadas de colonización, las sociedades antiguas del quinto continente configuraron cosmovisiones propias, adecuadas a la experiencia social, territorial y cultural vivida por los pueblos nativos. Las narrativas simbólicas, las alegorías y mitologías continentales sostienen, por así decirlo, narrativas interpretativas singulares, que conjugan clasificaciones, taxonomías, medidas y magnitudes, observadas y calculadas, cósmicas y terrestres, aplicadas a la agricultura, con interpretaciones sobre los orígenes del fuego, del agua, de la tierra y, también, dependiendo de la figura metafórica, del aire. También los mitos continentales se refieren al origen de la recolección y de la caza, al origen de los instrumentos de caza y de las armas, al origen de la agricultura, así como al origen de la artesanía, también al origen de la cocina, de la culinaria y de la mesa. Se podría decir, como lo expresa Claude Lévi-Strauss, de alguna manera, que se trata de una consciencia de la naturaleza y de la cultura.  No dijimos, a propósito, consciencia de la diferencia entre naturaleza y cultura, que es lo que termina estableciendo la antropología estructural, puesto que, más bien, puede darse una conjunción dinámica entre naturaleza y cultura en las sociedades precolombinas de Abya Yala.

El término pacha, en aymara y en quechua, alude precisamente a esta conjunción dinámica entre naturaleza y cultura. Se ha interpretado, por intelectuales andinos, que pacha expresa la dualidad del espacio y tiempo, aproximando el concepto pacha al concepto del tejido espacio-tiempo de la física relativista y cuántica. Se trata de interpretaciones contemporáneas. También, desde la antropología, se ha interpretado pacha como dualidad complementaria, la dualidad que mueve y conmueve la organización social del ayllu. Se trata de otra interpretación, que compartimos en ensayos anteriores al colectivo Comuna y durante la actividad de este colectivo. Lo que nos interesa ahora es proponer hipótesis interpretativas de la constitución del pensamiento en las sociedades antiguas precolombinas. Es distinto a hablar de la constitución del pensamiento propio después de la conquista y la colonización, abarcando los períodos coloniales y los periodos republicanos, hasta llegar a nuestros días, cuando se busca recuperar el pensamiento propio o, desde otra perspectiva, construir el pensamiento propio, teniendo en cuenta la remoción arqueológica de los saberes.

Volviendo a la conjunción de naturaleza y cultura, la hipótesis retoma esta premisa y propone que para las sociedades precolombinas la cultura es una continuidad de la naturaleza, para decirlo de ese modo, usando términos conocidos en la ciencias humanas y sociales, que se remiten a la physis y a la noesis de la filosofía griega. Entre cultura y naturaleza se pliegan y despliegan tejidos fácticos y tejidos sociales, ligazones prácticas y ligazones imaginarias. Todo un entramado de conexiones, articulaciones, metamorfosis y transformaciones, pasando por adaptaciones y adecuaciones, conllevando equilibraciones. Entonces se entiende que los mitos se remitan no al origen del humano sino a la anterioridad de la aparición humana, de la aparición de la gente, es decir, se remite a la anterioridad de las plantas y animales, de la tierra, de los bosques, de las montañas, de las aguas, por cierto, de los ríos, se remite a la anterioridad de las estrellas, del sol y la luna. Es de esta anterioridad que los humanos aprenden. No hay pues humanos sino devenir planta, devenir animal, devenir humano. Metamorfosis.

La segunda hipótesis propone que este devenir naturaleza y devenir cultura es el substrato de la experiencia social, colectiva y comunitaria, así como de las memorias de los pueblos nativos, dando lugar a la emergencia de imaginarios culturales y formaciones expresivas simbólicas y narrativas, que se estructuran a partir de la idea de ciclo. Pacha Kuty, en quechua, significa gran cambio o trastorno en el orden social y político, sinónimo también de cataclismo. Pacha Kuty, en tanto tiempo y espacio, implica regreso, kuty, a la pacha, al espacio y tiempo, a un nuevo ciclo cósmico, también social, que puede interpretarse como de alcance civilizatorio. Entonces, la idea de ciclo es primordial en la cosmovisión andina.

El término pacha tiene variadas connotaciones, se usa para referirse al gobierno territorial, entendiendo territorio en su acepción espacio temporal, como movimiento, cuando se nombra Pacha Kamaq. Aunque también tiene una connotación cósmica al referirse a la causa de la creación. Así mismo tiene connotaciones catastróficas cuando se refiere a cataclismos, como terremotos, cuando se menciona pacha kuyuy. Del mismo modo, adquiere el significado de luz universal, cuando se habla de pacha k’anchay. En un sentido específico se remite a la madrugada, cuando se dice pacha paqariy. Abriéndonos a más connotaciones pacha también significa época, es decir, ciclo largo; otra connotación es mundo; con mayor alcance, universo, cosmos. Pacha, entonces, es un término polisémico, abierto a connotaciones múltiples, dependiendo del uso práctico o teórico del lenguaje; empero, este mapa semántico, tiene como un núcleo de sentido, si se quiere de sentido inmanente, este sentido es el de la configuración de ciclo.

La tercera hipótesis se propone una búsqueda retrospectiva a partir de un hito histórico, donde se persigue precisamente el retorno a los dioses, un movimiento de resistencia contra la conquista y la colonización, dado en el siglo XVI, llamado Taki Unquy, que hemos interpretado, en ensayos anteriores, como el camino de retorno a los dioses, pero cuya traducción puede significar canto de la enfermedad o enfermedad del canto. Taki, en quechua, se traduce por canto, takina significa canción; pero, takillpa quiere decir talón, taklla, cuando se encuentra en chaki taklla, significa arado de pie. Quizás por esta connotación taki también se comprende como camino, en su expresión, mas bien, alegórica. En todo caso, la aproximación de canto y camino viene a ser altamente significativa de manera metafórica.

Entonces, este retorno a los dioses es el retorno a las huacas, a las deidades andinas, abandonadas desde la conquista, cuando se impuso la religión cristiana, exigiendo la fe monoteísta. Es el retorno al politeísmo y, se quiere, al animismo, aunque mejor suena al panteísmo. En consecuencia, podemos encontrar un substrato politeísta en el pensamiento andino. Hemos dicho que se trata de un pensamiento del devenir, ahora decimos que, en todo caso, se trata de un pensamiento plural más que dualista, que es lo que establecen las interpretaciones conocidas académicas. Por lo tanto, no se trata tanto de complementariedad dual sino de complementariedad plural. Se trata de la armonía no solo, volviendo a la exposición inicial, de los elementos primordiales, sino de la armonía o sincronía de los distintos ciclos vitales.

La cuarta hipótesis propone la concepción de un movimiento circular, que no necesariamente es el ciclo, pues se trata de la forma circular, también esférica, así como de remolino; estas son las connotaciones del término muyu, que significa círculo, también, en otra connotación, fruta. Muyuchay quiere decir redondear, muyuchiy hacer girar, muyupayay merodear, en tanto que muyuq wayra significa torbellino. Las implicaciones prácticas de esta concepción del movimiento circular son múltiples en la vida social de las comunidades, por ejemplo, la rotación de mandos en el ayllu.

La quinta hipótesis propone la concepción de la reciprocidad o ayni. Esta reciprocidad tiene que ver, desde una mirada interpretativa más amplia y más profunda con lo que la antropología de Marcel Mauss denomina don o circulación del don. Aunque los estudios etnográficos de Mauss se localizan en la polinesia, en Samoa, en Maorí, en las islas Andamán, en Melanesia, en Nueva Caledonia, en Trombriand, en América del Norte y, a través de los estudios de Bronislaw Malinowski, se basó en el intercambio del kula, la institución del Potlach, Dominique Temple aplicó el concepto de reciprocidad a las regiones andinas, amazónicas, del Caribe y México, ampliando ostensiblemente la geografía de irradiación de la circulación del don y de la complementariedad de la reciprocidad.

La sexta hipótesis propone la concepción transversal de la complementariedad, que mueve el cosmos, el mundo, que mueve a las sociedades y comunidades. La complementariedad integra, armoniza y sincroniza.

La séptima hipótesis es propiamente filosófica, para decirlo de esa manera. Propone la sabiduría a partir de la comprensión mediante la noción, yacha, en quechua. Sabiduría, yachay, que se logra a través del aprendizaje, yachaqay, y la enseñanza, yachachiy. El aprendizaje requiere de la experiencia de recorrer el camino de la sabiduría; este camino es el de la intuición, de la comprensión, del entendimiento y del conocimiento de la complejidad de las dinámicas integrales y de los ciclos de la pacha.

Ahora bien, estas son meras hipótesis prospectivas, en el boceto de un análisis retrospectivo del pensamiento propio ancestral de las sociedades y comunidades precolombinas de Abya Yala.  Se requiere contrastarlas mediante investigaciones multidisciplinarias, no sólo etnohistóricas, pues no son suficientes, sino arqueológicas, también semiológicas, como las que se dieron respecto a la lengua maya, logrando descifrar los códigos binarios de la escritura jeroglífica maya, escritura silábica. Los códigos de la escritura maya, las formas de expresión, son parecidas a las inscripciones de Tiwanaku.

Ahora bien, estudiar y abordar el pensamiento propio después de la conquista y la colonización, requiere de otro enfoque que, aunque incorpore el enfoque sobre el pensamiento propio ancestral, amerita desplazamientos que abarquen los trastocamientos civilizatorios y culturales dados durante los periodos coloniales y los periodos republicanos. Así como abordar la tarea del pensamiento propio en la actualidad requiere de una evaluación crítica de los movimientos de descolonización y de liberación dados durante el siglo XX y principios del siglo XXI. No hacerlo, equivale a renunciar al pensamiento propio y optar por la impostura demagógica de la ideología neopopulista, indigenista, no indianista, que implica radicalidad; ideología que degrada, vacía contenidos, banaliza, folcloriza y termina subsumiendo y subordinando los actos, las expectativas y las pretensiones a nuevos procesos de recolonización.

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Raúl Prada Alcoreza

 

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