Informe de la comisión del Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza sobre el caso Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS – Bolivia)

Informe de la comisión del Tribunal Internacional de Derechos de la Naturaleza sobre el caso Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS – Bolivia)

ARCHIVO DOCUMENTAL ISIBORO SÉCURE

conferencia 2

El informe de 44 páginas de la comisión señala que se están afectando y se afectarán aun más los siguientes Derechos de la Madre Tierra: derecho a la vida y a existir; derecho a ser respetada; derecho al agua como fuente de vida; derecho a la regeneración de su biocapacidad y continuación de sus ciclos y procesos vitales libres de alteraciones humanas, así como el derecho a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, auto-regulados e interrelacionados.

Así mismo la comisión constata que se vulneran los derechos de los pueblos indígenas y los derechos de las defensoras y los defensores de la Naturaleza. Violaciones que se ven agravadas por el irrespeto al marco jurídico e institucional del Estado Plurinacional de Bolivia.

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Politización y vida cotidiana en tiempos de crisis

Politización y vida cotidiana en tiempos de crisis

Oikologías

Politización y vida cotidiana en tiempos de crisis

Raúl Prada Alcoreza

politización y vida cotidiana en tiempos de crisis

vida cotidiana 2

Mientras el campo político se agita en la turbulencia de la crisis, la vida cotidiana sigue sus propios ritmos, apenas afectado por la turbulencia, salvo cuando ésta cobra tal intensidad y magnitud que llega a incidir en los ritmos de la vida cotidiana. Cuando esto ocurre los límites entre el campo político y la vida cotidiana se hacen no solo porosos, sino que se rompen, abriéndose a flujos entre los dos ámbitos, a tal punto que ya no se pueden ignorar, tampoco se puede ser indiferentes, el uno respecto del otro. El ciudadano común, como se dice por costumbre, aunque no sea correcto, pues es una definición homogeneizante, es invadido por el evento político, convirtiéndose este evento en una cotidianidad. Esto ocurre de varias maneras; una de ellas de modo…

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Politización y vida cotidiana en tiempos de crisis

Politización y vida cotidiana en tiempos de crisis

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

politización y vida cotidiana en tiempos de crisis

 

 

vida cotidiana 2

 

 

 

Mientras el campo político se agita en la turbulencia de la crisis, la vida cotidiana sigue sus propios ritmos, apenas afectado por la turbulencia, salvo cuando ésta cobra tal intensidad y magnitud que llega a incidir en los ritmos de la vida cotidiana. Cuando esto ocurre los límites entre el campo político y la vida cotidiana se hacen no solo porosos, sino que se rompen, abriéndose a flujos entre los dos ámbitos, a tal punto que ya no se pueden ignorar, tampoco se puede ser indiferentes, el uno respecto del otro. El ciudadano común, como se dice por costumbre, aunque no sea correcto, pues es una definición homogeneizante, es invadido por el evento político, convirtiéndose este evento en una cotidianidad. Esto ocurre de varias maneras; una de ellas de modo banal, cuando los medios de comunicación de masa “politizan” el espacio comunicacional, “politizando” la economía, incluso el mercado y otros aconteceres de este entorno. La información, si se puede todavía mantener este término, que aparece como noticia, es “politizada” por las tendencias implícita de los medios de comunicación. Pero también puede ocurrir de modo dramático, cuando la crisis política irrumpe en los espacios de la vida cotidiana; por ejemplo, cuando la politización comienza a emerger de los propios espesores de las prácticas cotidianas, cuando las decisiones que se toman comienzan a teñirse de halos políticos. En este intervalo la “politización” adquiere distintas formas mezcladas, incluso dramáticas. Empero, la politización trágica, cuando el acontecimiento político se traga todo, todos o casi todos los ámbitos de la vida cotidiana, emerge cuando se llegan a los extremos de la experiencia social.

En la coyuntura boliviana de comienzos de 2019 la “politización” ha dejado de ser banal, a través de los medios de comunicación, de sus modus operandi, y ha empezado adquirir las formas de la politización dramática, desde la evidencia de la crisis política de la forma de gubernamentalidad clientelar. Puede datarse este dramatismo de la politización desde la crisis del “gasolinazo”. El dramatismo de la politización ha seguido sus propios cursos en las distintas crisis singulares del “proceso de cambio”. Estas crisis han adquirido nombre o renombre: el conflicto del TIPNIS; las marchas y las movilizaciones especificas en defensa de derechos concretos, consagrados en la Constitución; la tercera guerra del agua; la movilización generalizada contra la ley inquisidora del Código Penal; las marchas, movilizaciones, bloqueos y toma de espacios urbanos por parte de ciudadanos y colectivos de Achacachi; los enfrentamientos con las marchas y bloqueadores de los cultivadores de la hoja de coja de los Yungas; también las movilizaciones, marchas y huelgas de hambre de los colectivos en defensa del referéndum del 21 de febrero de 2016. El voto mayoritario por el No a la repostulación del presidente, las anteriores elecciones de magistrados, donde ganó el voto nulo, corresponden no tanto al dramatismo político, sino mas bien a las variaciones estadísticas de la opinión pública y el voto ciudadano.   

Todo esto es como el antecedente del desenlace fatal: el golpe de Estado perpetrado por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), convirtiendo al “gobierno progresista” en decadencia en un gobierno de facto. Esta es la nueva coyuntura, experimentada entre fines de 2018 y comienzos de 2019. ¿En estas condiciones histórico-políticas-jurídicas, ingresaremos en la experiencia de la politización trágica? Es decir, para decirlo resumidamente y de modo ilustrativo: ¿el pueblo recurrirá a la subversión para erradicar el gobierno de facto, impuesto por un golpe jurídico-político? Esta es la pregunta, pues la salida optada por los partidos de “oposición”, el participar en elecciones, que no cuentan con las mínimas condiciones de posibilidad democrática, después del desconocimiento de la voluntad popular, expresada en el referéndum, no es otra cosa que habilitar a los inhabilitados, además de legitimar al gobierno de facto en elecciones fraudulentas.

¿Cuáles son las condiciones de posibilidad histórico-políticas-culturales de una sublevación generalizada del pueblo? Volviendo a la imagen de la ruptura de los límites entre la vida cotidiana y el campo político, se puede conjeturar que, en el caso de la coyuntura presente, de una singular crisis política, donde el partido oficialista se ve obligado a recurrir a un golpe de Estado jurídico-político, para desconocer el mandato constitucional y el voto popular, se puede conjeturar que depende de la confluencia de las fuerzas que luchan por la recuperación de la democracia, contra la corrupción galopante y la cínica impostura. Vale decir, de manera directa, la confluencia entre las asociaciones ciudadanas y los movimientos sociales anti-sistémicos re-emergentes.  Es más, cuando estas fuerzas confluyan, pueden convertirse en atractores de los otros estratos sociales descontentos, aunque pasivos, como se dice, del campo y las ciudades.

Sin embargo, estos desenlaces de la politización trágica no se dan como consecuencia de ninguna astucia de la razón, ni teórica, ni de la justicia. Como hemos dicho varias veces, depende de las dinámicas de las correlaciones de fuerzas; sobre todo, en el substrato de las fuerzas, de la configuración de las voluntades singulares, de sus asociaciones, conexiones y concomitancias, conformando constelaciones de voluntades de la potencia social. Todo esto tiene que ver con la constitución-desconstitución-reconstitución de las subjetividades. La pedagogía política emerge de la experiencia social, también de la memoria social; ambas, experiencia y memoria, laburan interpretaciones radicales en momentos de crisis. ¿De qué manera llegan los distintos estratos sociales comprometidos a interpretaciones equivalentes? Parece que un factor es, entre otros, indispensable: el de la comunicación intersocial y transocial.

No basta la denuncia, tampoco, yendo más lejos, la interpelación, así como lo más cercano a lo que se requiere, el activismo consecuente; parece menester, en las condiciones de la modernidad tardía y de la modernidad barroca, el activismo integral, que sea capaz de activar la potencia social. Lograr la pedagogía política participativa y compartida. En pocas palabras, ya no son las vanguardias, de la modernidad clásica, las que pueden realizar esta tarea, sino se requiere del aprendizaje simultaneo de todos los componentes de la sociedad alterativa. Pues ya no se trata, como antes, de cambiar unos amos por otros, una élite gobernante por otra, sino de lograr salir del círculo vicioso del poder y de las genealogías de las dominaciones. ¿Podrán los pueblos ingresar a la condición de madurez, es decir, al uso crítico de la razón, en términos políticos, a autogobernarse y a ser autónomos?

Preguntas que se dejaron pendientes a lo largo de las historias políticas de la modernidad; que no se respondieron, prefiriéndose repetir los mismos errores, sin corregirlos. Amparándose en la suposición fácil de la hipótesis de la “traición” o en los esquematismos pueriles de las teorías de la conspiración. No hay culpables, tampoco “traidores”, menos super-humanos, como los que suponen las teorías de la conspiración, capaces de controlar todas las variables de la complejidad, sinónimo de realidad. Aunque haya conspiradores y actividades conspirativas, es más, organismos secretos de la conspiración, estos son parte de algunas de las variables intervinientes en las dinámicas complejas de la realidad efectiva. El no haber salido del círculo vicioso del poder radica en las mismas constelaciones de voluntades singulares, que se mantuvieron en los límites de la pasividad y aceptación, que no se convirtieron en constelación de voluntades de la potencia social. En resumidas cuentas, en que las subjetividades se mantuvieron en el deseo del amo, con distintos discursos, diferentes ideologías y actitudes.

Entonces, no hay que desear, hay que dejar el deseo del amo; hay que dejar de querer ser dominando, también de ser mandado, así como de ser representado. De renunciar a su propia voluntad singular, de transferirla a la conformación abstracta de una voluntad general; por lo tanto, de otorgar poder a otros, a sus voceros, representantes, gobernantes. Optar por la soberanía y la autonomía singulares, las propias, al alcance de uno mismo, al alcance del propio cuerpo. Se trata de crear, de liberar la potencia, de inventar otros mundos posibles. De constituirse en mónada libre, abierta a asociaciones y composiciones, así como a combinaciones de composiciones, libres. Se trata de que la potencia humana se conecte con la potencia de la vida planetaria. Se trata de construir sociedades humanas reinsertadas a las sociedades orgánicas, rearticularse a los ciclos vitales del Oikos. Por lo tanto, se trata de abrirse a la subversión de la praxis de manera integral.

Volviendo, parece que los secretos de las genealogías del poder y de las arqueologías del saber, que sostienen aquellas genealogías, se encuentra en los espesores y dinámicas de la vida cotidiana, donde los habitus campean por sus cristalizada repetición y reiteración. ¿Entonces se requiere hacer una deconstrucción de la vida cotidiana? La deconstrucción de la vida cotidiana equivale a la hermenéutica crítica de parte de la sociedad misma; hablamos de una hermenéutica participativa y compartida colectivamente. Se trata de aprender cómo hemos sido constituidos hasta el momento presente, encontrar las capas sedimentadas de estas constituciones subjetivas, comprender las estructuras de sus estratificaciones. En consecuencia, remover toda esta geología subjetiva, trastocar sus espesores, para volver a constituirse de manera autónoma.

Obviamente, todo esto no se da de manera rápida ni inmediata; no se produce, como se decía en la modernidad clásica, por toma de consciencia, por inoculación de las vanguardias. Sino que se trata de procesos desenvueltos, donde las sociedades y los pueblos participan activamente, aprendiendo de sus propias experiencias sociales políticas. Esto no quiere decir que los colectivos activistas no participen, sino que lo hacen de una manera horizontal, por así decirlo, también aprehendiendo de las dinámicas sociales y culturales. ¿Pero, entretanto qué; hay que esperar que los procesos deconstructivos se den de manera completa, antes de desplegar actitudes, conductas y comportamientos autónomos y soberanos? Tampoco. Sino que hay que lograr transiciones consensuadas colectivas, sociales y populares.

En conclusión, en la coyuntura presente, de crisis múltiple del Estado-nación, cuando uno de sus desenlaces se manifiesta en el dramatismo político de un  golpe de Estado jurídico-político, circunstancias y condiciones que definen un gobierno de facto sui generis, la politización de la vida cotidiana aparece de manera fragmentada, intermitente, concurriendo en determinados momentos de intensidad, como las movilizaciones, las marchas, los bloqueos, las interpelaciones; empero, no concurre todavía su generalización al pueblo y la sociedad. La posibilidad de la sublevación es todavía teórica, aunque esté latente.

El mito del “revolucionario”

El mito del “revolucionario”

Oikologías

El mito del “revolucionario” 

Raúl Prada Alcoreza

El mito del revolucionario

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No es que no hay revolucionarias y revolucionarios, los hay, en su momento, en las coyunturas de convocatoria y emergencia, en los periodos de crisis, de luchas sociales. Lo que no se puede aceptar es que la condición de “revolucionario” sea como una esencia, que permanezca permanentemente en el tiempo. Que alguien sea “revolucionario” por esencia. Este es un mito, que puede servir, en un principio; pero, también arruinar precisamente la capacidad de crítica, de interpelación, de lucha.  Ser revolucionario es una actitud en determinadas circunstancias históricas, cuando se desatan las rebeliones, individuales, grupales, colectivas y sociales contra las formas de opresión. Esta actitud para ser consecuente, debe mantener su capacidad crítica, de interpelación y de lucha. Cuando esto no ocurre, cuando se suplanta esta actitud por la sumisión al poder, aunque éste se…

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El juego de la correlación de fuerzas

El juego de la correlación de fuerzas

Oikologías

El juego de la correlación de fuerzas

Raúl Prada Alcoreza

El juego de la correlación de fuerzas

Correlacion de fuerzas

Tal parece que el “gobierno progresista”, en plena crisis tanto de gubernamentalidad como política, por su falta de convocatoria, incluso por su ausencia ideológica, pues solo atina a repetir viejos argumentos des-contextuados, usados como si se tratara de las mismas coyunturas donde alguna vez se pronunciaron, juega a la correlación de fuerzas; es decir, intenta acumular, disponer y desplegar fuerzas que sean cuantitativamente mayores a las fuerzas que se oponen, que resisten, que interpelan, incluso, algunas han entrado en franca ofensiva al régimen. Se trata de fuerzas que se mueven en distintos planos y se ejercen de manera diferente, teniendo también connotaciones distintas. Por una parte, el gobierno cuenta con la disponibilidad de fuerzasinstitucionales del Estado; se suma a esta disponibilidad su convocatoria efectiva, que se circunscribe a la región del…

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El juego de la correlación de fuerzas

El juego de la correlación de fuerzas

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

El juego de la correlación de fuerzas

 

Correlacion de fuerzas

 

 

 

Tal parece que el “gobierno progresista”, en plena crisis tanto de gubernamentalidad como política, por su falta de convocatoria, incluso por su ausencia ideológica, pues solo atina a repetir viejos argumentos des-contextuados, usados como si se tratara de las mismas coyunturas donde alguna vez se pronunciaron, juega a la correlación de fuerzas; es decir, intenta acumular, disponer y desplegar fuerzas que sean cuantitativamente mayores a las fuerzas que se oponen, que resisten, que interpelan, incluso, algunas han entrado en franca ofensiva al régimen. Se trata de fuerzas que se mueven en distintos planos y se ejercen de manera diferente, teniendo también connotaciones distintas. Por una parte, el gobierno cuenta con la disponibilidad de fuerzas institucionales del Estado; se suma a esta disponibilidad su convocatoria efectiva, que se circunscribe a la región del Chapare, también se suman las redes clientelares, que sostienen una relación prebendal con el gobierno. Entre éstas se encuentran los mal llamados “movimientos sociales”, que no son tales pues no responden a la movilización social sino al pedido y estímulo gubernamental. También las deterioradas organizaciones sociales, sobre todo sindicales, cooptadas por el MAS. A estas fuerzas, que las llamaremos oficialistas, se oponen otras fuerzas, no menos mezcladas, que corresponden, desde las más visibles, a los partidos de “oposición”; de manera distinta a la actitud y el perfil de los partidos de “oposición” aparecen las plataformas ciudadanas, autodenominadas “plataformas del 21f”, refiriéndose a la victoria del 21 de febrero de 2016, cuando en el referéndum sobre la reforma constitucional el pueblo dijo NO a la repostulación del presidente.  Otras fuerzas resisten, se oponen, critican e interpelan al “gobierno progresista”; estas son las que se identifican con las naciones y pueblos indígenas de tierras altas y de tierras bajas. Casi en el mismo sentido de las resistencias sociales reaparecen los movimientos sociales anti-sistémicos; fuera de las movilizaciones de las naciones y pueblos indígenas por sus territorios y sus derechos, consagrados en la Constitución, reaparecen los movimientos sociales regionales, como el de la defensa de la hoja de coca tradicional de los Yungas. Así mismo, otro movimiento social regional o local es el de Achacachi, que se enfrentó a la corrupción galopante del municipio, incluso interpelo al gobierno por su complicidad y connivencia con la corrupción. Recientemente han emergido iniciales actitudes proclives a la acción directa, al ejercicio de la democracia directa, convocando a la sublevación contra un gobierno, considerado despótico, tirano y de evidente dictadura.

 Como se puede ver, las fuerzas que enfrentan al “gobierno progresista” son disimiles, además que no pueden considerarse aditivas, como en el caso de las fuerzas, también mezcladas y diferentes, que congrega el oficialismo. Si hay algo que unifica a todas estas fuerzas es el estar en contra de la repostulación de Evo Morales Ayma, la habilitación del presidente y el vicepresidente y, recientemente, contra el golpe de Estado perpetrado por el TSE, que habilita legalmente a estos candidatos mencionados. Sin embargo, los objetivos que persiguen son claramente diferentes; así como las estrategias que se emplean, además de las interpretaciones que hacen de la coyuntura. Para los partidos de “oposición” se trata de disputar en las elecciones de 2019, a pesar de que sean inconstitucionales; para las plataformas del 21f – hablamos de las plataformas ciudadanas que no se han adherido a la formación de un frente de “oposición” – se trata de evitar elecciones con candidatos inhabilitados por el referéndum. Para los movimientos sociales anti-sistémicos resurgidos se trata de retomar la lucha social de liberación, descolonizadora y autogestionaria, truncada por la asunción al gobierno de la expresión política-ideológica neopopulista. Para las movilizaciones de las naciones y pueblos indígenas se trata de un enfrentamiento radical contra la nueva versión de la colonialidad y el modelo extractivista depredador. Para el incipiente movimiento subversivo se trata de la sublevación general y la búsqueda de consensos para conformar autogobiernos.

A primera vista puede parecer que el conglomerado de fuerzas oficialista suma más que el conglomerado de fuerzas que enfrentan al “gobierno progresista”; sin embargo, ninguno de los conglomerados puede ser definido como cohesionado; está lejos de llegar a ser un bloque. En el conglomerado oficialista no llegan articular plenamente las fuerzas institucionales con las fuerzas clientelares, tampoco con las fuerzas sindicales. Se trata de un amarre, mas bien, provisorio, dependiendo del alcance de la asociación prebendal. Si se mira mejor, cuantitativamente, el conglomerado de fuerzas que enfrentan al gobierno es mayor; sin embargo, tienen una mayor desventaja en cuanto a aproximaciones cohesivas que el conglomerado oficialista. Por eso se puede decir que el desenlace en la coyuntura, álgida y de crisis acuciante, es incierto.

Empero, se puede conjeturar no desenlaces, tampoco escenarios, sino congruencias de cualquier desenlace o escenario que pueda efectuarse y realizarse. Si el “gobierno progresista” logra imponer su golpe de Estado jurídico-político, consiguiendo que las elecciones inconstitucionales se realicen, la congruencia de la composición política que devenga será inconsistente; como lo que ocurre en Venezuela. Donde el régimen populista del “socialismo del siglo XXI” en crisis impuso elecciones inconstitucionales y, a través de las mismas, a la Asamblea Constituyente trucha, ganándolas mayoritariamente. A pesar de esta maniobra el Gobierno de Nicolas Maduro no logra legitimarse, a pesar de haberse legalizado mediante la victoria forzada de la Asamblea Constituyente. La crisis política perdura, irradia y se desplaza demoledoramente, afectando globalmente a la forma de gubernamentalidad clientelar.  Ingenuamente los partidos de “oposición” creen que pueden ganar las elecciones, considerando que la mayoría del pueblo está en contra de la reelección del presidente. Lo que olvidan es que las distintas fuerzas del conglomerado “anti-oficialista” están en contra de distinta manera, desde diferentes perspectivas y con disímiles objetivos. Además, una parte de las fuerzas no están de acuerdo con ir a avalar las elecciones. En este caso, que el gobierno imponga las elecciones inconstitucionales, todo indica a que va a ganar las elecciones de una u otra manera. Entonces, por así decirlo, estamos ante una minoría oficialista que puede convertir su conglomerado de fuerzas en una victoria electoral; y estamos ante una mayoría opuesta al régimen que no puede convertir su conglomerado de fuerzas en una victoria electoral. 

Sin embargo, como lo que viene no es lo preformado por la fatalidad, sino el desenlace de la correlación de fuerzas, lo que suceda depende de la composición de la correlación de fuerzas; por eso mismo depende de la constelación de voluntades singulares. Si hay convergencias en esta constelación de voluntades singulares, entonces la construcción de la decisión política esta en camino, es más, la construcción de la acción colectiva está en elaboración y emergiendo. Como se puede ver, los posibles desenlaces dependen de la conformación de estas convergencias, de estas elaboraciones y estas construcciones de las voluntades singulares, las decisiones y las acciones. 

En los espesores de la coyuntura boliviana la configuración de la correlación de fuerzas está en juego, las formas de las fuerzas, sus perfiles y tendencias, han salido, por así decirlo a la palestra, pero no han definido todavía sus alcances. Están como en gestación. Los partidos de “oposición” han ingresado al juego electoral en condiciones adversas para éstos; el partido gubernamental ha ingresado en campaña electoral en  condiciones de favorables, definidas por el golpe de estado jurídico-político, perpetrado por el TSE; las plataformas ciudadanas, podríamos llamarlas “auténticas”, continúan con su arremetida contra el golpe de Estado y defendiendo el referéndum del 21 de febrero; las organizaciones indígenas orgánicas han efectuado la denuncia internacional del atropello a sus derechos, consagrados en la Constitución y en la declaración de Naciones Unidas sobre pueblos indígenas; las incipientes, todavía, fuerzas subversivas han intentando convocar a la sublevación con una marcha. En este panorama los medios de comunicación juegan un papel tibio, nada comprometido; solo atinan a difundir información, tomando en cuenta las versiones de un lado y de otro. Las instituciones religiosas, sobre todo la iglesia católica, se hallan en medio de la tormenta política; se pronuncian sobre temas polémicos como el del aborto, además de pedir el respeto a los resultados del referéndum. A pesar de que el gobierno cuenta con la disponibilidad de fuerzas del Estado, no logra controlar la situación de crisis política; la conjunción de fuerzas adversas al gobierno no forma un bloque, lo que incide en la dispersión de sus incidencias, que tienen distintos objetivos. En resumidas cuentas, nadie tiene el suficiente peso como para definir una resultante en el juego de la correlación de fuerzas. Aunque el gobierno logre imponerse en lo de la realización de elecciones truchas, ese desenlace no deja de ser incierto, no tanto por si gana o no las elecciones – que para el oficialismo se tiene descontado que va a ganar, pues lo tiene preparado todo -, sino por la insostenibilidad a mediano plazo de elecciones fraudulentas, en un contexto donde la correlación de fuerzas no está definida. ¿De qué depende que esto ocurra?

Para que el gobierno logre sostener las elecciones fraudulentas requiere sostener una constante espiral de violencia, para esto requiere de lograr concentrar obedientemente los dispositivos de emergencia del Estado, el ejército y la policía; pero, además, requiere legitimar estas acciones con la movilización de sus propias fuerzas sociales, las organizaciones cooptadas. Tener el control casi total de los medios de comunicación, mucho más que antes. Todo esto de alguna manera aposentado en un funcionamiento económico en equilibrio o en crecimiento. Aunque aparentemente se puede decir que esto parece ocurrir, salvo la situación económica, que se encuentra en franca crisis, efectivamente este no es el caso, pues el desgaste es notorio en el conjunto de aparatos gubernamentales. Para que los partidos de “oposición” logren sus objetivos tendrían que ganar las elecciones, algo que no parece probable, a pesar de las campañas publicistas que se disfrazan de encuestas. Para que la defensa ciudadana de la democracia logre hacer respetar la voluntad popular, expresada en el referéndum, requiere de una coalición de fuerzas mayor; por ejemplo, contar con la alianza de los movimientos sociales anti-sistémicos, que renacen. Para que los movimientos sociales anti-sistémicos logren retomar el curso de las transformaciones estructurales e institucionales se requiere de su expansión e irradiación a todo el pueblo; pero, para esto hace falta consensos y sobre todo autocríticas. Para que el incipiente movimiento subversivo logre romper el círculo vicioso del poder se requiere que el pueblo comprenda que para cumplir con su responsabilidad histórica y ecológica se quiere clausurar las genealogías del poder y construir otros mundos posibles.

Las convulsiones de la forma de gubernamentalidad clientelar

Las convulsiones de la forma de gubernamentalidad clientelar

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Las convulsiones de la forma de gubernamentalidad clientelar

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Las convulsiones de la forma de gubernamentalidad clientelar

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El dato de que el MAS se vio obligado a recurrir a una violación explicita de la Constitución, en lo referido a la reelección del presidente, desconociendo, además, el referéndum de 2016, es decir la voluntad popular, nos muestra claramente los límites de la forma de gubernamentalidad clientelar. Ya no convoca, tampoco puede hacer funcionar las redes clientelares – perdió el referéndum -, por eso no puede conservar la masa cuantitativa de sus clientelas, entonces, se ve empujado a incrementar el uso del monopolio institucional de la violencia, acompañado por el uso no institucional de la violencia, como la coerción y el chantaje sobre los propios miembros de los tribunales, aunque fuesen incluso partidarios. Este dato indica que la forma de gubernamentalidad clientelar ha llegado a su

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Praxis y formación en ecologías

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