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Nuevos horizontes

Nuevos horizontes

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

Nuevos horizontes

 

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Se trata de volver a los despliegues y repliegues en lo que respecta a la reflexión y a la exposición de la reflexión, por eso mismo, en lo que respecta a la escritura, es decir, la narración, la construcción de la narrativa, que también podemos nombrar la construcción del sentido. Pues bien, se trata de volver a la evaluación de lo hecho, así como también de avanzar, desplazarse hacia nuevos horizontes, dejando los anteriores logrados. Ya hicimos antes durante las respectivas evaluaciones, incluso críticas y autocríticas, que conllevaron sus propios desplazamientos y rupturas. Nos remitimos a los ensayos donde se exponen las mismas[1]. Ahora lo que importa es intentar nuevos desplazamientos y quizás hasta rupturas epistemológicas, aunque no solo. Para comenzar sería bueno abrir senderos hacia nuevos horizontes. En esta perspectiva vamos a proponer por lo menos cuatro hipotéticos senderos, que recogen lo aprendido y buscan abrirse a otros agenciamientos y experiencias, que llamamos nuevos horizontes.

 

 

 

 

 

 

Senderos

  1. Nadie puede cambiar el mundo, el mundo se cambia por si solo.

  1. Lo más importante y sublime del ser humano es el acto heroico por cambiar el mundo e inventar mundos nuevos.

  1. El ser humano está íntimamente ligado a los seres orgánicos del planeta, su porvenir depende del porvenir del conjunto de los seres orgánicos. Las sociedades humanas están íntimamente ligadas a las sociedades orgánicas del planeta, el porvenir de las sociedades humanas depende del porvenir del conjunto de las sociedades orgánicas. También el ser humano depende de los ciclos vitales integrados del planeta y de las complejas composiciones materiales y energéticas que hacen al planeta.

  1. Por si solo el ser humano no puede salvar al planeta de la crisis ecológica, requiere de la participación del conjunto de los seres orgánicos, del conjunto de las sociedades orgánicas, del conjunto de los ciclos vitales y de las dinámicas materiales y energéticas planetarias.

 

 

 

 

 

Exposición

El primer sendero que abrimos supone la tesis de que nadie controla la complejidad, sinónimo de realidad, que comprende dinámicas complejas; por eso, las acciones que se realizan desatan efectos de masa que no se controla. En otras palabras, las intencionalidades, los proyectos inherentes, la voluntad en juego, no se realizan como se esperaba, pues en el mundo efectivo se conectan con múltiples fuerzas y dinámicas que se articulan, integran y se sincronizan, dando como resultado lo inesperado, o más bien, la resultante de la participación de todas las fuerzas y dinámicas de la complejidad, sinónimo de fuerzas y dinámicas de la realidad.

En lo que respecta al segundo sendero, el aporte primordial del ser humano es el acto heroico, la entrega romántica, el derroche, por medio del cual pretende cambiar el mundo. Esta es su incidencia y participación en las dinámicas de la complejidad; su aporte, en el complejo juego de las fuerzas y dinámicas planetarias. Pero, de aquí no se puede pretender que cambie el mundo tal como se quiere, tal como su proyecto lo sugiere. Lo que el ser humano quiere es la realización de su voluntad puesta en escena, su proyecto es el ideal que persigue, pero el mundo efectivo no se reduce a la representación que tiene el ideal; por lo tanto, es tan solo una herramienta manejada para lograr los objetivos que se propone. Los objetivos que se propone también son orientaciones en los tejidos espaciotemporales de la complejidad. El acto heroico es la entrega del ser humano a lo que desconoce, si se quiere, metafóricamente, su sacrificio.

En lo que respecta al tercer sendero, la perspectiva de la ecología compleja, los ciclos ecológicos del planeta suponen la articulación, integración y sincronización de las dinámicas de los ecosistemas. Los efectos de las sociedades modernas en los ecosistemas y en el planeta inducen a resincronizaciones planetarias[2]. Hay que leer el eufemismo del “cambio climático” como resincronización planetaria, debido a los efectos ocasionados por las sociedades humanas en lo que respecta a la contaminación, depredación y destrucción de los ecosistemas, no solo por lo que se ha venido en llamar, también eufemísticamente, “efecto invernadero”, relativo a la emisión de gases que ocasionan el calentamiento global, sino por la destrucción taxativa de los ecosistemas por el avance de la frontera agrícola, la frontera minera, la frontera hidrocarburífera. En consecuencia, el planeta Tierra, que es un ser vivo complejo, que contiene multiplicidades de formas de vida, que, a su vez, suponen multiplicidades de procesos singulares, composiciones y combinaciones singulares de singularidades asociadas, hasta en sus formas individualizadas de seres, se re-sincroniza, de acuerdo con las lógicas inherentes de las dinámicas complejas ecológicas.   

Lo que haga el ser humano al respecto, forma parte de una de las múltiples incidencias en las dinámicas ecológicas. En este sentido aporta y participa, pero no depende de lo que haga lo que ocurra. Lo que ocurra depende del conjunto de incidencias de las complejidades dinámicas en el perfil integral planetario. De todas maneras, el mejor aporte que puede hacer el ser humano, como lo dijimos, es el acto heroico, el entregarse, dar todo de sí, para resolver la problemática de la crisis ecológica. Que no lo haga, es renunciar a su participación, optar por la voluntad de nada, por el camino nihilista de la desaparición.

En relación con el cuarto sendero, el enunciado lanza un mensaje: para resolver las problemáticas en las que se encuentra el ser humano, como enfrentando varias encrucijadas a la vez, tiene que reinsertarse a los ciclos vitales, dejar de creer en la tesis ecocida de la modernidad de que el deber del hombre es dominar la naturaleza. Esto implica abandonar el horizonte de la civilización moderna, que ya se ha agotado, que ya se ha clausurado, e incursionar en horizontes nuevos, abiertos por el acto heroico humano ante las tragedias y los dramas que conlleva la crisis ecológica. En este sentido, debe incursionar en la comunicación con el resto de los seres y las sociedades orgánicas con las que cohabita en el planeta. El porvenir del ser humano se encuentra en el campo de posibilidades de la reinserción de las sociedades humanas con los ciclos vitales planetarios, en lograr conformar y construir sociedades ecológicas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Perspectiva

Hablando de la perspectiva que asumimos y desde la cual vislumbramos el porvenir, antes, tenemos que repasar las definiciones dadas de este término y concepto. Se dice que la perspectiva tiene que ver con el estilo de representar uno o varios objetos en una superficie plana, que da idea de la posición, volumen y situación que ocupan en el espacio con respecto al ojo del observador. También se dice que “la perspectiva supone la contemplación del mundo desde un solo punto de vista, desde un ojo único que abarca todo el panorama; el refulgente logra auténticos efectos de buena perspectiva en la representación de los pliegues y vestiduras de los personajes, además de una buena caracterización de los rostros. Se trata del arte de representar los objetos de esa manera, tal como aparecen a la vista. “Todos los tratadistas subrayan el hecho de que con la perspectiva se busca la producción de un espacio racional, infinito, constante y homogéneo; la perspectiva artificial responde a la búsqueda de una solución técnica para representar icónicamente los fenómenos de la tridimensionalidad del mundo natural”.

El término perspectiva que, en latín se dice perspicere, que significa para ver a través de, se utiliza en las artes gráficas para designar a una grafía, generalmente sobre una superficie plana, de un motivo tal como es percibido por la vista, de forma que se pueda vislumbrar su configuración tridimensional. Geométricamente, estas representaciones se obtienen a partir de la intersección de un plano con un conjunto de visuales, las líneas rectas que unen los puntos del objeto representado con el punto desde el que se observa, denominado el punto de vista. Se han dado dos tipos fundamentales de perspectivas, en función de la posición relativa entre el modelo representado y el punto de vista:

Perspectiva cónica, también denominada perspectiva central, sus características más distintivas son que los objetos figurados son más pequeños a medida que aumenta su distancia al observador; la convergencia en un punto de fuga de la grafía de las líneas paralelas del modelo. Las visuales forman un haz cónico, con su vértice en el punto de vista. Las fotografías producen este tipo de perspectivas, mediante un elemento fotosensible, que recoge la imagen proyectada desde el foco de una lente, al igual que los ojos de los animales superiores, en los que se forma una imagen sobre la superficie de la retina, proyectada desde el foco del cristalino.

Perspectiva axométrica, es un tipo de proyección en la que todas las visuales son paralelas entre sí, lo que equivale a que el punto de vista se sitúe en el infinito. En este tipo de perspectivas, las líneas paralelas en el modelo conservan su paralelismo en la imagen, por lo que los objetos no reducen su tamaño a medida que se alejan del observador, ni existe ningún punto de fuga en el que converjan las líneas del dibujo. Es un sistema de representación gráfico más ligado a la ciencia y a la técnica que al arte[3].

Teniendo en cuenta las anteriores definiciones heredadas, diremos que nosotros asumimos una perspectiva ecológica y compleja. Claro que, a diferencia de las definiciones anteriores, ligadas a la representación del arte, la técnica y la ciencia, hacemos hincapié en la perspectiva epistemológica de la complejidad. Nos remitimos, al respecto, a ensayos anteriores, pertinentes al tema de reflexión[4]. Cuando hablamos de perspectiva ecológica nos referimos a la configuración compleja de los espesores de los tejidos espaciotemporales-territoriales-sociales dados en el planeta. Cuando hablamos de perspectiva compleja nos referimos a las dinámicas de la simultaneidad dinámica, que, obviamente son complejas en el contexto del multiverso. Bueno, entonces, al asumir la perspectiva ecológica y la perspectiva de la complejidad lo que hacemos es trasladarnos a un universo de cuatro dimensiones desplegadas, largo, ancho, profundidad y tiempo, y siete dimensiones plegadas, conjeturadas por la teoría de las cuerdas.

La perspectiva ecológica y la perspectiva de la complejidad, ya no solo como representaciones complejas de la realidad efectiva, de la potencia de la vida y de la existencia, sino como convocatoria, pero, no convocatoria política, menos ideológica, sino convocatoria existencial, es decir, integral, demandante de la misma totalidad que nos constituye.  Estos puntos de vistas, puestos en juego, en acción y en escena, múltiples y simultaneaos, que intuyen y comprenden el devenir de la sincronización, desincronización y resincronización planetaria, se convierten no solo en los artífices de la configuración de la complejidad de la crisis ecológica, sino en las proclamas que interpelan al ser humano a actuar en consecuencia, a dar de sí, a arrojarse en el acto heroico para salvar a las sociedades humanas y reinsertarlas a los ciclos vitales.

La perspectiva ecológica y la perspectiva compleja nos muestran que, si no hay cambios radicales en la estructura estructurante misma de la institucionalidad de las sociedades humanas, no hay porvenir para el ser humano; la humanidad no podrá sobrevivir a la crisis ecológica. Las perspectivas mencionadas nos ayudan a una evaluación crítica de las genealogías del poder de las sociedades humanas, de las arqueologías de los saberes modernos y de las hermenéuticas clásicas y modernas del sujeto. En resumen, los proyectos desplegaros de las sociedades humanas, comprendiendo periodos, etapas, eras históricas, geografías culturales, geopolíticas imperiales, ideologías, economías del mercado o de la producción, han fracasado. No se puede insistir en estas formas, conformaciones histórico-políticas, jurídico-políticas, económico-sociales-culturales de la modernidad. Es menester clausurarlas e iniciar viajes a los nuevos horizontes.

 

 

 

 

 

[1] Ver Balance y autocrítica. También Balance del análisis crítico a los gobiernos progresistas.

https://voluntaddepotencia.wordpress.com/2017/07/01/balance-y-autocritica/.

https://pluriversidadoikologas.wordpress.com/2017/09/20/balance-del-analisis-critico-a-los-gobiernos-progresistas/.

 

[2] Ver Re-sincronizacion planetaria  

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/resincronizacion_planetaria.

 

[3] Bibliografía: Martin Kemp (2000). La ciencia del arte: la óptica en el arte occidental de Brunelleschi a Seurat. Ediciones AKAL. p. 382. Lecturas adicionales: Andersen, Kirsti (2007). The Geometry of an Art: The History of the Mathematical Theory of Perspective from Alberti to Monge. Springer.Damisch, Hubert (1994). The Origin of Perspective, Translated by John Goodman. Cambridge, Massachusetts: MIT Press. Hyman, Isabelle, comp (1974). Brunelleschi in Perspective. Englewood Cliffs, New Jersey: Prentice-Hall. Kemp, Martin (1992). The Science of Art: Optical Themes in Western Art from Brunelleschi to SeuratYale University Press.Pérez-Gómez, Alberto, and Pelletier, Louise (1997). Architectural Representation and the Perspective Hinge. Cambridge, Massachusetts: MIT Press. Enciclopedia Libre: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Perspectiva.

 

[4] Ver Ecología compleja. También Episteme compleja, así como Hacia una ciencia compleja del espacio.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/ecolog__a_compleja_2.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/episteme_compleja.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/hacia_una_ciencia_compleja_del_espa.

 

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Los síntomas del Apocalipsis  

Los síntomas del Apocalipsis

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Apocalipsis

 

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El Apocalipsis de San Juan, conocido como el libro de las Revelaciones, último texto del Nuevo Testamento de la Biblia cristiana, también conocido como Revelaciones de Jesucristo, se ha convertido en una de las metáforas más usadas para expresar la premonición del cataclismo o de la catástrofe planetaria. El Apocalipsis es considerado como escritura del Nuevo Testamento de carácter elocuentemente profético. Hemos usado en varios ensayos esta metáfora para configurar la crisis de la civilización moderna y del sistema-mundo capitalista.

En la actualidad o el presente álgido que vivimos, el relativo a la crisis ecológica, el Apocalipsis está presente, es el ahora de la crisis múltiple, civilizatoria, social, política, económica y ecológica. Entre los múltiples síntomas de este catastrófico acaecer, los incendios en la Amazonia y en el Chaco evidencian esta descripción e interpretación. Los informes científicos dan evidencia de la gravedad de la situación.

El Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil ha detectado más de 76.620 focos en lo que va de año, casi el doble que en el mismo periodo de 2018 (41.400), pero una cifra no tan alejada de los 70.625 registrados en 2016. El presidente francés, Emmanuel Macron, dijo literalmente que  “nuestra casa está en llamas. La selva amazónica – los pulmones que producen el 20% del oxígeno de nuestro planeta – está en llamas. Es una crisis internacional”. En cambio algunos expertos consultados son cautos al respecto, dicen que “lo que muestran nuestros datos es que hubo una intensidad diaria de incendios por encima de la media en algunas partes de la Amazonia, durante las dos primeras semanas de agosto”. Mark Parrington, de Copérnico, el programa europeo de observación de la Tierra anota: “Pero, en general, las emisiones totales, de CO2 generado por los incendios, estimadas para agosto han estado dentro de los límites normales: más altas que en los últimos seis o siete años, pero más bajas que a principios de la década de 2000”. El Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE) de Brasil ha detectado más de 76.620 focos en lo que va de año, casi el doble que en el mismo periodo de 2018, cuando fueron 41.400 focos, sin embargo, una cifra no tan alejada de los 70.625 registrados en 2016. Alberto Setzer, investigador del INPE, explica que “el número de incendios ha aumentado con respecto a los últimos años y está cerca del promedio a largo plazo”. Asimismo la NASA también es cautelosa: “No es inusual ver incendios en Brasil en esta época del año, debido a las altas temperaturas y a la baja humedad. El tiempo dirá si este año es un récord o simplemente está dentro de los límites normales”. La NASA recuerda que los incendios en la cuenca amazónica son rarísimos el resto del año, pero su número aumenta a partir de julio, durante la estación seca, cuando muchas personas utilizan el fuego para mantener sus cultivos o para despejar la tierra para pastos u otros fines. Los incendios suelen alcanzar su pico en septiembre y desaparecen en noviembre. “Es cierto que el bosque amazónico sufre incendios regularmente, pero de ninguna manera esto significa que sea normal. La Amazonia no evolucionó con incendios frecuentes. La bióloga brasileña Manoela Machado advierte que los fuegos recurrentes no son un elemento natural en la dinámica de la selva tropical, como sí lo son en otros entornos, como El Cerrado – una región de sabana ubicada principalmente en Brasil -”. Machado, investigadora de la Universidad de Sheffield, Reino Unido, que estudia los impactos de las actividades humanas en las selvas tropicales, es explícita cuando dice que “la Amazonia arde durante las sequías, pero no por las sequías. Se quema porque hay una demanda de pastos y tierras de cultivo, y el Gobierno actual, presidido por Jair Bolsonaro, no solo no incluye el desarrollo sostenible en sus planes, sino que alienta la deforestación y restringe las acciones sistémicas contra ella”. El ecólogo David Edwards, jefe del mismo laboratorio de la Universidad de Sheffield, opina al respecto: “Creo que este año, hasta ahora, es normal en promedio, aunque la gravedad de los incendios varía por regiones. La diferencia es que este año los medios de comunicación se han hecho eco de la quema de la Amazonia, lo cual es genial”. El investigador David Edawards recuerda que los incendios en la cuenca amazónica son especialmente graves cuando ocurre El Niño, un fenómeno meteorológico natural y cíclico, vinculado a un incremento de las temperaturas en la parte oriental del Pacífico tropical. Los 70.625 focos registrados en 2016 coincidieron con un evento de El Niño potente. Este año, sin embargo, el fenómeno es débil y, pese a ello, se han detectado más incendios. De acuerdo a los cálculos de la Universidad del Estado de Oregon (EE UU), La selva amazónica alberga el 10% de todas las especies conocidas de animales y plantas y almacena 100.000 millones de toneladas de carbono, una cantidad 10 veces superior a la emitida cada año por el uso de combustibles fósiles. Edwards advierte de que es una pescadilla que se muerde la cola. El ecólogo David Edwards apunta que “el problema es que los bosques incendiados pierden carbono a medida que los árboles quemados van muriendo lentamente, lo que provoca un mayor cambio climático y una mayor pérdida de la biodiversidad”. La progresiva ‘sabanización’ de la selva es una amenaza real, según alertó en 2016 un equipo de científicos brasileños, encabezado por el climatólogo Carlos Nobre, de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU. El neerlandés Pepijn Veefkind, que dirige el instrumento Tropomi, un sensor a bordo del satélite europeo Sentinel-5P, que es capaz de identificar puntos calientes de gases contaminantes en la atmósfera, dice: “Es cierto que los incendios a gran escala en la región amazónica ocurren todos los años. Aunque las condiciones meteorológicas puedan desempeñar un papel, hay que recalcar que la mayoría de estos focos están provocados por el ser humano”[1].

Si bien, las magnitudes y los indicadores no se distancian demasiado de lo que ocurría antes, lo que queda claro es que hay un incremento en intensidad y en extensión, como una continuidad en crecimiento de lo que en la historia reciente del planeta venía ocurriendo. Pero, lo que es más evidente, es que los incendios se deben más a la mano humana que a la espontaneidad de los ciclos climáticos. Para sostener lo que decíamos al principio, aquello del Apocalipsis en el momento presente, podemos comenzar anotando que el solo incremento de lo que pasó y pasa, en términos de depredación y destrucción ecológica, ya es un dato alarmante, que nos autoriza hablar de la metáfora trágica y dramática del Apocalipsis.

Por otra parte, la segunda anotación, que apoya nuestra hipótesis interpretativa, que puede parecer exagerada, es que lo que acontece, en términos de destrucción de bosques y contaminación de cuencas, es decir, de demolición de ecosistemas, es más consecuencia de la mano humana. Esto quiere decir, que el llamado “desarrollo” avanza sembrando hogueras, por así decirlo, recurriendo a una metáfora de la poesía de Federico García Lorca.

El tercer argumento que corrobora de que estamos en el Apocalipsis es que debemos tener en cuenta lo que ocurre en el conjunto ecosistémico del planeta, en el impacto no solo de la desforestación de la Amazonia, sino con la depredación sistemática de ecosistemas en la totalidad misma del planeta. Entonces podremos sostener lo que ya sostienen los informes científicos sobre el “cambio climático” y el “calentamiento global”, esto es, que, si sobrepasamos los 2 grados más de calentamiento, ingresamos literalmente al Apocalipsis.

El cuarto argumento tiene que ver con la descripción de lo que ya acontece en el mundo, los desbordes migratorios, que deberían ser nombrados como climáticos, relativos al llamado eufemísticamente “cambio climático”; la exacerbación de las crisis sociales, acompañadas por las crisis económicas, además de las crisis políticas, con su sucedáneo de crisis ético-morales. Al respecto no se puede ocultar el incremento alarmante del desborde de la decadencia generalizada.

El quinto argumento tiene que ver con la ausencia fatal de horizontes, que no asoman en los límites mismos de la civilización moderna, que llamamos civilización de la muerte. En el estrecho campo de posibilidades del sistema-mundo, en todas sus versiones, tanto liberales o socialistas, tanto neoliberales o populistas, de “derecha” o de “izquierda”, no se encuentra ningún horizonte promisorio, salvo la repetición de lo mismo, en distintas versiones y guiones, el círculo vicioso del poder.

Como conclusión argumentativa, estamos en condiciones de afirmar que nos encontramos en pleno despliegue del Apocalipsis, que, a diferencia, de las interpretaciones evangélicas, no implican necesariamente el fin del mundo y la llegada del mesías, sino la muerte de la vida en el planeta, en el contexto de la civilización moderna. Esta otra interpretación no religiosa, sino histórico-político-cultural-social-civilizatoria, es contundente, en lo que respecta al destino de la humanidad, sino cambia de comportamientos y conductas suicidas, en otras palabras, modernas, consumistas, capitalistas, pero, también, da la alternativa de otro decurso de posibilidades, si es que las sociedades humanas son capaces de reinsertase con los ciclos ecológicos vitales del planeta. 

En Bolivia, el chaqueo es una costumbre arraigada que, a pesar de los daños que ocasiona, así como que es sancionada por ley, no ha podido ser frenado. Al contrario, las recientes decisiones políticas lo han alentado, en lugar de controlarlo. El 9 de julio, el presidente Evo Morales aprobó la modificación del Decreto Supremo 26075, sobre Tierras de Producción Forestal Permanente, para ampliar las áreas de producción del sector ganadero y agroindustrial de los departamentos del Beni y Santa Cruz. La norma autoriza el desmonte para actividades agropecuarias en tierras privadas y comunitarias, que estén concebidas bajo un sistema de manejo integral sustentable de bosques y tierras. Esta modificación también permite la “quema controlada”, de acuerdo con la reglamentación vigente. El mandatario remarcó que “tenemos la tarea y la misión de que Bolivia crezca económicamente, no solo en base a los recursos naturales no renovables sino también en base al tema agropecuario”, resaltó la apertura de importantes mercados para los productos nacionales, como lo que corresponde a la carne. Asimismo, planteó al sector ganadero del Beni construir frigoríficos certificados y modernos en la ciudad de Trinidad, para garantizar la exportación de la carne boliviana a otros continentes.

 

En lo que respecta a la geografía política de Bolivia, las situaciones y condiciones de las tramas y las tragedias ecológicas no son tan distintas, sino que parecen la repetición de determinados parámetros de la destrucción ecológica del planeta. Como patentizando el papel depredador del gobierno el presidente Evo Morales Ayma dijo que: “Tenemos la tarea y misión de que Bolivia crezca también a través del desarrollo agropecuario. Otra responsabilidad con Beni es la construcción de un matadero industrial a través de un acuerdo público y privado. Beni tiene que prepararse para exportar carne directamente a China”.

En un artículo sobre la situación de los incendios en el sudeste de Bolivia se escribe:

Roboré y las comunidades aledañas, que son 33, están en emergencia. Si bien son ocho las comunidades que han sido afectadas directamente por el fuego, ninguna se libra del humo, del calor y por supuesto del temor. Roboré es un municipio del departamento de Santa Cruz que tiene bosque, pero es un bosque seco y hace tres meses que no llueve, lo que ha agravado la situación y ha convertido a la región en material combustible. Una pequeña chispa es suficiente. La normativa actual; los chaqueos indiscriminados y descontrolados; el uso de vegetación local como combustible; y las condiciones climáticas adversas son, según un documento enviado a los medios de comunicación por expertos de entidades técnico-académicas, los factores que provocaron el desastre ambiental en el oriente del país. Al lugar han llegado bomberos desde la Gobernación de Santa Cruz, también la Policía, y han traído cisternas. Pero es complicado acceder al área de los incendios. Todo es bosque, no hay senderos. La gente carga mochilas y bidones con agua para apagar el fuego, mientras las cisternas deben quedarse a la vera del camino. Con todo, el fuego es más rápido y mientras se apaga de un lado se aviva del otro. Se maneja la cifra de que el 50 % del incendio se ha controlado. Es difícil saberlo. El trabajo intenso ha permitido apagar muchos focos, pero no se ha conseguido controlar ni mitigar el resto, que atenúa y se expande a momentos. El temor ahora son los intensos vientos que se pronostican para estos días. La gente está preocupada.

En la ciudad de Roboré, en medio del humo, la espera parece eterna, pero en las comunidades la situación es más grave, pues las familias se proveen del agua que cae de las serranías que rodean la región y que transportan por unas tuberías de goma, como mangueras. Ahora, estas se han quemado y no reciben agua para beber. Además, el agua que les llega está llena de cenizas y se están reportando problemas digestivos, infecciones, tos y conjuntivitis. No hay actividades, y las labores escolares se han suspendido. Las autoridades del lugar piden una declaratoria de emergencia. El Gobierno dice que no es necesario.

El activista Pablo Solón, que fue parte del Gobierno de Evo Morales hasta el 2011, lleva un recuento de las cifras de deforestación. Según sus registros, el 2012 la deforestación en el departamento de Santa Cruz bordeó 100.000 hectáreas, el 91 % era deforestación ilegal. Cinco años más tarde, un tercio de esta pérdida de bosque fue legalizada por el gobierno. En el 2015, de las 240.000 hectáreas deforestadas en Bolivia, 204.000 pertenecían a Santa Cruz. El año 2016 se deforestaron 295.777 hectáreas en el país, según datos oficiales de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT) en Bolivia. Hace unos días, la misma ABT habló de 953.000 hectáreas de bosques quemados en lo que va de 2019. La deforestación es el tema de mayor preocupación en relación con la naturaleza y la biodiversidad en el país. La soya, el modelo del agronegocio, la extensión de cultivos de coca, la ganadería, los biocombustibles, los asentamientos ilegales y el chaqueo son los factores que alientan el gran flagelo a la naturaleza. Los datos de la gráfica de la ABT son de deforestación de bosques, no de áreas quemadas, que siempre son más porque incluye pastizales, matorrales y otros terrenos no boscosos. Pablo Solón sostiene que “si tomamos como año base el 2012, donde se habrían deforestado 128.043 hectáreas, la deforestación de este año sería más de siete veces mayor; y si tomamos solo la deforestación de la Chiquitanía, sería tres veces mayor”. Los expertos y organizaciones ambientales que siguen el incendio calculan que un millón de hectáreas de bosques se han quemado en estos días: un área seis veces más grande que la mancha urbana de la ciudad de La Paz o casi toda la superficie del TIPNIS. La razón es ampliar la frontera agrícola. El etanol y el biodiesel requieren cientos de miles de hectáreas de caña de azúcar y soja, a lo que se suma la exportación de carne a la China, que necesita millones de hectáreas de pastos para el ganado. Por último, hay que añadir las dotaciones de tierra en áreas forestales y los asentamientos ilegales. La región afectada por el incendio reúne cultivos de soya y cría de ganado en grandes proporciones. Pablo Solón dice que “lo que está pasando no es un accidente. El vicepresidente hace cinco años desafiaba a los agroindustriales a ampliar la frontera agrícola en un millón de hectáreas por año. Ahora ha llegado a esa cifra, pero no de tierras agrícolas productivas sino de tierras devastadas por las llamas”. El tema de la deforestación masiva este año por incendios no solo se explica por razones económicas sino político-electorales. En sus primeros años, el MAS se opuso a los biocombustibles, pero en su proyecto continuista pasó a promover el etanol y el biodiesel, argumentando que se ahorrarían muchos recursos en la importación de gasolina y, en alianza con los sectores agroindustriales del oriente del país, presentó a los biocombustibles como energía “verde”. “Hay responsables directos de este desastre ambiental y el primero es el Gobierno que ha aprobado consistentemente en los últimos años leyes de ‘perdonazo’, promoción e impulso de la frontera agrícola.

La ambientalista Cecilia Requena resume: Luego han hecho una cumbre agropecuaria donde se han juntado el gobierno, el sector agroindustrial del oriente y campesinos aliados al MAS. En esa cumbre han decidido aprobar los organismos genéticamente modificados, los agrocombustibles, la expansión de la frontera agrícola, la exportación de carne a China y finalmente este decreto del 9 de julio que permite la deforestación con fines agropecuarios de superficies forestales”.

Alcides Vadillo, director regional de la Fundación Tierra, ONG que se dedica a investigar sobre el acceso, uso y gobernanza de la tierra y el territorio y los recursos naturales en Bolivia, señala que el Gobierno ha estado disponiendo de tierras fiscales que antes eran de uso forestal permanente. Todo lo que antes servía para concesiones forestales las ha devuelto al Estado y las está repartiendo a los colonizadores, creando comunidades falsas de personas que en realidad habitan en la ciudad. Dice que “hay mucho dinero que está en juego”. Según Requena, esto expresa una visión de desarrollo que ya no corresponde al siglo XXI y que se agrava con el cambio climático, la mega-extinción de especies y la pérdida masiva de bosque tropical. Requena dice que “el Gobierno trata de culpar al cambio climático diciendo que esto ocurre en otros países también, efectivamente pero justamente si reconoces la existencia del cambio climático no contribuyes a él alentando las quemas”. “Este daño es irreversible, inconmensurable. No tenemos idea de la dimensión de las consecuencias, pero podemos decir que esperamos que esto sirva, como otras desgracias, para hacer un alto en esta deriva suicida. Necesitamos una visión de desarrollo que valore el bosque en pie, porque además de ser vital para el agua, se puede traducir en una economía que se abra hacia el post extractivismo”. La contaminación en aire, agua y suelos, además de la extinción de especies, son algunas de las principales consecuencias que dejan los incendios. Según los expertos, se necesitarán años de trabajo para “recuperar una parte del bosque que se quemó”.

Cecilia Requena lamento el alcance dramático de los incendios, dice: “No entendemos muy bien lo que perdimos, pero sabemos que es enorme. Debido a la enorme biodiversidad, conocemos apenas una parte de su riqueza, pero esta es inabarcable”. El área que ahora está en cenizas era hogar y lugar de origen, por ejemplo, de la Frailea chiquitana, una planta endémica del lugar. Como esta quedaron calcinadas especies grandes, pequeñas y únicas. “Los daños ambientales son elevados a la máxima potencia. La bióloga Kathrin Barboza dice que: De las especies de flora y fauna que son afectadas, algunas son de reproducción lenta y si estas mueren en grandes cantidades pueden tardar muchos años en recuperarse”. Agregó que como se trata de un bosque de características únicas en el mundo, hay especies que pueden extinguirse o pueden catalogarse como amenazadas.

El Bosque Seco Chiquitano es un complejo de biodiversidad endémico donde también está la Reserva Natural Tucavaca. Allí existen 554 especies distintas de animales, distribuidas en 69 especies de mamíferos, 221 de aves, 54 de reptiles, 50 especies de anfibios y 160 de peces. En Tucavaca hay, además, 35 especies de fauna y más de 55 plantas endémicas que solamente hay en este lugar en todo el mundo. De acuerdo con la investigadora Barboza, todas estas especies, entre plantas y animales, cumplen un rol importante en el equilibrio del bosque. “Por ejemplo, con el tema de la polinización, la dispersión y el control natural de plagas e insectos”. Barboza acotó que una vez que cese el fuego se necesitará una evaluación del daño ambiental. “Desde cuántas hectáreas de bosque han sido dañadas, hasta ver si hay especies que se pueden rescatar”, agregó que además se debe hacer un monitoreo para evaluar cuánto tiempo puede tardar en recuperarse el bosque y el fortalecimiento de las plantas. La ingeniera ambiental, Cecilia Tapia, asegura que el principal daño fue a los suelos, la biomasa boscosa, y la biodiversidad que se albergaba. “Habrá que acudir a estudiar y hacer un inventario del área quemada. Pero entre los impactos de consideración tenemos suelos, aire, aumento de gases de efecto invernadero, y contaminación de agua, además de la pérdida del paisaje que igual es de impacto socioambiental”.

La reforestación de la zona afectada por los incendios en la Chiquitanía demorará unos 200 años, de acuerdo con datos del presidente del Colegio de Ingenieros Forestales de Santa Cruz (CIF-SC), Ever Durán. “El bosque que se ha quemado es duro; en ese sentido, se calcula que necesitará aproximadamente 200 años para restablecerse”. Durán agregó que es imperativo que el Gobierno active el protocolo de declaratoria de desastre nacional por los incendios y recurra a ayuda internacional, no solo para apagar el fuego, sino también para que se refuercen las tareas de reforestación y mitigación de los efectos de los incendios sobre la zona afectada y la salud de los habitantes. Representantes de los colegios profesionales de ingenieros agrónomos, ingenieros forestales y veterinarios del departamento de Santa Cruz exigieron ayer al Gobierno que detenga la ampliación de la frontera agrícola en zonas sin esa vocación. “Exigimos e instamos al Gobierno a pensar que los recursos naturales no son generación de recursos económicos para unos cuantos, sino generación de calidad de vida para todos los bolivianos y esto solo se logrará con un marco sostenible de estos recursos”. En el mismo documento, además, exigen a las autoridades que se derogue la Ley 741, los Planes de Desmonte iguales o menores a 20 hectáreas (PDM-20) y el Decreto Supremo 3973, que legaliza las quemas en los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando sin tomar en cuenta los planes de uso de suelos (PLUS).

El presidente de la Asamblea Departamental de Santa Cruz, Hugo Salmón, pidió que el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) paralice la dotación de tierras y la otorgación de permisos de asentamiento en las zonas protegidas o que no tienen una vocación productiva o agrícola. De acuerdo con el legislador departamental, la información del Sistema de Alerta Temprana Contra Incendios Forestales (SATIF) indica que la mayor cantidad de quemas y chaqueos en el departamento se llevan a cabo en áreas de producción forestal y en áreas de uso silvo-agro-pastoril. “Eso quiere decir que se está chaqueando en zonas que tienen vocaciones completamente diferentes al uso que se les está dando”. La tragedia no puede ser medida, las pérdidas tampoco. Y, mientras tanto, nadie todavía ha puesto sobre la mesa de debate la suspensión de los permisos para “las quemas controladas”[2].

 

Como se puede observar si nos situamos en un enfoque más local, por ejemplo, de una geografía política, correspondiente a un Estado-nación, como Bolivia, la denominada crisis ecológica adquiere perfiles propios y singulares, empero, forma parte de la crisis integral ecológica del planeta, en el momento presente. Lo que nos obliga a evaluar lo que ocurre nacionalmente, lo que ocurre localmente, tomando en cuenta el contexto global de un mundo en crisis múltiple. Pero, también, situándonos en el contexto mundial, mejor dicho, planetario, podemos observar que el acontecer nacional y local no es sino el despliegue de la misma crisis ecológica planetaria, solo que expresada en sus singularidades.

Desde esta perspectiva, no se trata de culpar a personas, que tampoco controlan el decurso de sus propios destinos, por más que se presenten como dignatarios, sino de entender que estos personajes forman parte de tramas desplegados en los tejidos sociales y políticos, donde las estructuras y substratos del poder se hallan en la base de la estructura social, además de en la transversalidad de denominaciones polimorfas persistentes. Estos personajes se ilusionan con manejar el poder, por lo menos el gobierno, sin embargo, no son más que marionetas en una constelación de concurrencias de juegos de poder. Entonces, el problema efectivo no son estos aborrecidos personajes en el imaginario colectivo, sino los entramados de hilos que los mueven. En el caso de Bolivia y Brasil, a pesar de la dicotomía entre los presidentes disímiles, los entramados subyacentes parecen ser los mismos, los relativos al modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, con la diferencia de que Brasil experimenta las revoluciones industriales, tecnológicas-científicas y cibernéticas, y Bolivia se mantiene en el perfil primario exportador. Los entramados histórico-político-culturales tienen que ver con la subordinación y sumisión a la geopolítica del sistema-mundo capitalista, con la diferencia que un país cumple los roles de potencia emergente y el otro de indudable país periférico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apocalipsis en Bolivia

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Siguiendo con la metáfora del Apocalipsis, queremos ahondar en el análisis de los síntomas del Apocalipsis a escala nacional. Los síntomas del Apocalipsis ecológico han cobrado magnitudes catastróficas en Bolivia, en un año, 2019, que parece aciago, en comparación con los años anteriores, o la continuidad incrementada del fenómeno depredador de los incendios. Los síntomas de los que hablamos adquieren impacto e incidencia no solamente en lo que respecta a la depredación ecosistémica sino también en lo que respecta a las formas del ejercicio político. En este sentido, los jinetes del Apocalipsis se presentan descomunales, galopando desbocados, encendiendo hogueras en los bosques, pero también desorbitados, incluso desorientados en el desencadenamiento de la catástrofe.

En lo que sigue intentaremos situarnos en la coyuntura caldeada y calcinada por los incendios, en los efectos, no solo ambientales, sino también sociales, económicos, políticos y culturales de la destrucción ecológica de la Amazonia y del Chaco húmedo. Buscando entrever los alcances de la destrucción ecológica, así como los alcances de la degradación política, institucional, ideológica y cultural. Pues el fenómeno de la crisis ecológica es un fenómeno integral o, mejor dicho, se trata de procesos de desintegración articulados y de incidencia en la totalidad, por así decirlo de la realidad efectiva. En lo que respecta a la formación social boliviana, en una coyuntura precisa, la del momento álgido de la catástrofe ecológica, es indispensable interpretar lo que pasa no solamente con los campos de fuerza, no solamente relativos a la sociedad, sino también las fuerzas físicas, territoriales y ecológicas, así como lo que sucede con el Estado-nación, mal llamado Plurinacional, la diseminación de sus estructuras institucionales, lo que sucede con la forma de gubernamentalidad, que hemos llamado clientelar, en un momento de crisis política, de merma en su convocatoria y, por lo tanto, en su recurrencia generalizada a las formas perversas del recurso a la violencia, se presente ésta abiertamente, de manera descarnada, o de manera opaca, hasta latente o, incluso disimulada, por ejemplo, mediática.  

El periodista e historiador Rolando Carvajal dice:

Génesis de la depredación forestal inducida: las quemas para el desmonte son un mal crónico, e irresoluble con el actual enfoque oficial que busca ampliar la frontera agrícola para los agroempresarios. La aparatosa y publicitaria, pero tardía, respuesta oficial ante del desastre en el bosque chiquitano, no oculta que la verdadera razón de la catástrofe natural es la política pública continuadora de un modelo de producción agropecuaria que no ha cambiado en los últimos 30 años; y no tanto por factores como el cambio climático y sus efectos en el calor, la baja humedad, la falta de lluvias y los vientos cambiantes. Al paso que se va ‒ sin afrontar el problema por la vía de la productividad de los suelos y tecnología moderna ‒ y sólo alentando desde el Estado los chaqueos, el Supertanker que comenzó a sofocar el fuego, volverá más pronto de lo que pudiera suponerse. Su anunciada compra, prueba que persistirán los siniestros. “Continuarán los incendios”, dijo el presidente Morales, censurado por la sociedad civil debido a que decretó el modo de deforestación que deja los llanos en llamas y 1,2 millón de tierras devastadas[3]

 

Carvajal hizo un análisis somero de la coyuntura relativa a la catástrofe ecológica, escribió:

Según diversos expertos consultados por Bolpress pese a regir desde 2015 una pausa en su verificativo, la función económica y social (FES) de las tierras, requisito para evitar su reversión al Estado, se ha convertido, junto con la dilatación de la superficie agrícola, en uno de los factores de política pública generadora de los incendios que asolan a las tierras bajas de Bolivia. Forma parte de una política de tierras corrompida que, asimismo, genera un tráfico de éstas destinado a intensificar el mercado de suelos, en un contexto donde el INRA (Instituto de Reforma Agraria) y otras instituciones que gestionan la dotación del recurso tierra, están plagadas de acusaciones sobre negociados y acciones ilegales. Se trata, aseguran, de un inflamable incentivo normativo que induce al desmonte mediante quemas, chaqueos o desbrozado de bosques chaqueños y amazónicos, en procura de ampliar la frontera agrícola, ensanchando las tierras de cultivo, objetivo gubernamental para producir biocombustibles, incluso por la vía de transgénicos y agrotóxicos, con el fin de exportar productos agropecuarios (carne, especialmente), debido la nueva demanda china y del mercado internacional.

La respuesta sorprendente y descolocada del presidente fue: “Si las pequeñas familias, pequeños productores, no chaquean, ¿de qué van a vivir?”. En una especie de primer descargo de su administración, fustigado desde la sociedad civil por reaccionar a destiempo ‒ casi un mes después de que comenzaran las quemas ‒ y no cuando estaban en su punto alto, hace tres semanas, con unos 8.000 focos de calor en la etapa crítica, según informó este martes el Gobierno, de un total de 33.000, en lo que va del año, de acuerdo con el Observatorio de la Autoridad de Bosques y Tierra. La Gobernación de Santa Cruz, reveló hoy que emitió hace un mes la alerta naranja y la alarma roja el 7 de agosto, pidiendo a la ABT se frenen los chaqueos.

Mientras el jefe de Estado apuraba una respuesta tardía a las quemas y el hollín que los vientos no tardan en trasladar desde las tierras bajas  hacia la cordillera de los Andes ‒ acelerando el deshielo de las cumbres nevadas y glaciares, en desmedro de las reservas de agua en Bolivia, como demostraron exposiciones de Juan Carlos Guzmán y otros expertos  (Silvia Molina, 2019) sobre la conmoción de restos  contaminantes y su impacto  en los acuíferos cordilleranos ‒, su gobierno anunció la compra y cotización del Supertanker, que incursiona desde el viernes sobre la superficie en llamas. En un anticipo de las derivaciones de un mal ya crónico con el que cohabitan el Gobierno y la sociedad, como el narcotráfico, el contrabando y otros flagelos en Bolivia, el mandatario sostuvo el domingo que, a futuro, “continuarán los incendios”. Sin embargo, pese a su reticencia inicial, Morales dio visos de activar por fin  la ayuda internacional, aunque su ministro de la Presidencia, sin pruebas fehacientes, acusó a “la derecha opositora” de causar un incendio “deliberado” de pastizales en un punto de la Chiquitanía, mientras, cuando se ingresaba la octava semana de incendios a partir del decreto del 9 de julio, se decidió por una “pausa ecológica” y la prohibición de reventa de tierras, aceptando los 650 mil dólares de ayuda ofrecida por la banca de desarrollo (CAF, BID) y el sistema de Naciones Unidas.

El mandatario y su administración afrontaban, asimismo, hogueras internas que ponían a prueba la fortaleza electoral oficialista, a dos meses de las elecciones, como la declaración del ministro César Cocarico, quien, en contradicción con su jefe, descartó la abrogación de cualquier norma que permita las quemas bajo al argumento de que si no hubiera desmontes, Bolivia podría quedarse sin alimentos; “el agricultor tiene dos caminos, uno ampliar, quemar, chaquear, es lo que siempre se hace, no hay otra tecnología”[4].

Como se puede ver no solamente estamos ante una coyuntura de crisis ecológica, a nivel nacional, sino ante los avatares de una crisis política, que cobra su singularidad, en lo que podemos llamar una suspensión peculiar de la realidad efectiva para embarcarse en los atolladeros de la burbuja ilusoria que conforma la propaganda y la publicidad compulsivas, una burbuja que parece atrapar a los gobernantes. Los gobernantes parecen ver en el espejo de las burbujas lo que su propio imaginario delirante les muestra, que no pasa nada, salvo la eterna conspiración de la “derecha” y del “imperialismo”. Indudablemente, en el contexto de la crisis ecológica, que llaman eufemísticamente “cambio climático” o “calentamiento global”, las políticas económicas del gobierno han atizado el fuego de los incendios en la Amazonia y en el Chaco húmedo, además de los focos aparecido en el Pantanal, incluso en zonas del Chaco seco. Al reducir su enfoque el gobierno al mero conflicto de la concurrencia electoral, se cierra la visibilidad para ver lo que ocurre en cuanto a impacto ambiental, que ha adquirido magnitudes de catástrofe ecológica. Entonces, en vez de coadyuvar a buscar soluciones, por lo menos paliativas, al insistir en una versión insostenible sobre los incendios, se convierte no solamente en parte del problema sino, sobre todo, en un obstáculo a la resolución del problema.

En ensayos anteriores hablamos del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente[5], que continúa el “gobierno progresista”, solo que lo hace bajo el perfil político del discurso neopopulista y el estilo de la forma de gubernamentalidad clientelar, pero, sobre todo, de una manera más intensa y expansiva que antes, cuando los gobiernos neoliberales implementaban, a su manera, el mismo modelo.  Ahora asistimos a desenlaces catastróficos de políticas económicas altamente extractivistas, desforestadoras y compulsivamente inclinadas por la ampliación desmesurada de la frontera agrícola. También en ensayos anteriores hablamos de la decadencia política e ideológica a la que asistimos en la modernidad tardía[6]; ahora, a nivel nacional, asistimos a desenlaces singulares de esta decadencia, los relativos a lo que podemos llamar a la suspensión casi absoluta de valores y de escrúpulos.

El balance de Carvajal continúa con la consideración de las leyes, la normativa, las regulaciones, además de las políticas efectuadas por el gobierno:

La Ley 741, vigente desde 2015 y que define la pausa en la certificación de la FES, es una de las piezas legislativas y normativas dictadas en los últimos años para estimular la ocupación de tierras fiscales por deforestación. Otra es el reciente y cuestionado decreto supremo 3973 (julio 2019), que modifica (en favor de la deforestación actual) el artículo 5 del DS 26075, que, a su vez, data de 2001 y se remonta a los tiempos del expresidente neoliberal Hugo Banzer, autorizando ahora el desmonte ‒ hasta 20 hectáreas ‒ para propiedades agropecuarias en tierras privadas y comunitarias no sólo de Santa Cruz sino también del Beni. Subsiste, asimismo, sin que el partido en el gobierno la haya abrogado, la ley 1745 del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria), promulgada en 1996 durante el primer gobierno del expresidente Gonzalo Sánchez de Loza, cuyo segundo artículo establece la FES.

Cuatro días después que Morales “optimizara”, hace unas seis semanas, el decreto banzerista con otro suyo ‒ observado desde el Colegio de Biólogos porque incentiva al chaqueo “en un contexto de anarquía y tráfico de tierras para justificar su posesión y aumentar los monocultivos industriales, sin evidencia de sostenibilidad” ‒, los empresarios privados de Beni anunciaron sus planes de habilitar de 4,5 a 6 millones de hectáreas para desarrollar agricultura y ganadería intensiva. Para ello preparaban inversiones por más de 2.000 millones de dólares en los próximos diez años, según el líder regional de la Federación de Empresarios Privados, Jorge Núñez del Prado.

El especialista del CIPCA, Carmelo Peralta, inmediatamente a que fue promulgado el decreto, se preguntó: “¿No será que más bien la modificación del DS 26075 es una manera fácil de legalizar la deforestación en estos dos departamentos en los cuales urge la expansión de la agroindustria y así consolidar el corredor agroindustrial, que se expande desde Santa Cruz y tiene como horizonte en Beni?”. ¿Era imprescindible abrir el candado para que la ganadería se expanda por la demanda actual de carne para el mercado de la China?; también cuestionó: “una visión economicista que no considera los potenciales problemas en materia socioambiental para diferentes grupos que habitan la región”.

El presidente de la Federación de Ganaderos del Beni, Abdón Nacif, sostuvo en descargo del sector que los ganaderos, por la experiencia que tienen, saben controlar las quemas y están al margen de responsabilidades por los incendios en la llanura beniana, con cerca de tres millones de reses. Sin embargo, otras organizaciones de la sociedad civil, entre ellas 21 instituciones privadas de desarrollo social agrupadas en UNITAS, censuraron la aprobación de medidas normativas y administrativas “atentatorias a los derechos de la Madre Tierra y de la vida” y reprocharon la “actitud indolente” de las autoridades al no actuar de manera diligente contra el desastre natural.

UNITAS (Unión Nacional de Instituciones para el Trabajo de Acción Social) consideró que las autorizaciones de chaqueo en el bosque seco chiquitano y sus cercanías, constituyen actos de “flagrante negligencia”, atribuyó especial responsabilidad a la estatal Autoridad de Bosques y Tierras (ABT), que debió rechazar los desmontes. Las instituciones de la sociedad civil exigieron al Estado boliviano “cumplir con su deber de garante de los derechos medioambientales y de la Madre Tierra” y a los altos funcionarios “garantizar políticas públicas adecuadas para prohibir la deforestación”. Contra las argumentaciones gubernamentales, remarcaron que las quemas controladas y su autorización vulneran “los derechos de la Madre Tierra y de la ciudadanía”, puesto que afectan al ecosistema y el medioambiente en que todos nos desarrollamos.

De acuerdo con datos del Censo Agropecuario (Instituto Nacional de Estadística, 2005-2006), lo que se considera como frontera agrícola abarcaba 2.508.923 millones de hectáreas (ha). Según proyecciones del INE al 2016-2017 había subido 3.498.203 ha, lo que muestra un crecimiento a 989.281 hectáreas que, dividido entre doce años resulta en unas 82.416 ha anuales, promedio, de ampliación de la frontera agrícola por la vía de la deforestación. Sin embargo, en los últimos tres años alcanzó niveles de 350 mil hectáreas por año, de acuerdo con la fundación Friedrich Ebert Stiftung. El especialista chiquitano Alex Willka reclamó en entrevista de la cadena RTP: “aunque solo en cinco días se ha consumido medio millón, en un bosque que es único en el mundo; no hay otro como él en todo el planeta”.

El ministro de Defensa, Javier Zabaleta, dijo en la zona de desastre, horas antes de que el Supertanker estadounidense sobrevolara los incendios para sofocarlos con descargas de agua, que el total de las hectáreas afectadas por las quemas era de 774 mil hectáreas solo en Santa Cruz y fundamentalmente en la Chiquitania. El director de Manejo de Bosques y Tierras de la ABT, había informado un día antes a la red PAT, fuera de la cifra señalada por el ministro, que se estimaban en 280 mil las hectáreas afectadas en el Beni, en la amazonia boliviana.

El jefe de Estado oficializó que la superficie afectada por incendios alcanzaba hoy a 1,2 millón de hectáreas, 500 mil en bosques y 700 mil en chaqueos agropecuarios. “Casi el 20, 30 por ciento de bosque, lo demás son aéreas de chaqueo”. La frontera agrícola bordearía, entonces, los 5,4, millones de hectáreas, si se añaden las 700 mil de los años 2017 y 2018, calculadas por otros organismos.

De acuerdo los datos del Censo Agropecuario 2013 (INE), la superficie total cultivada de 6,2 millones de hectáreas comprendía una superficie agrícola cultivada de casi 3,8 millones de ha (incluidos los cultivos de verano e invierno), pastos cultivados por 2,3 millones de ha y 150.219 ha de cultivos forestales maderables. De ese total, unos 5 millones se encontraban en los llanos o tierras bajas, menos de 588 mil ha en los valles y poco más de 617 mil ha en el altiplano. De la superficie agrícola cultivada de 3,7 millones de hectáreas, 2,7 se hallaban en los llanos, unas 457 mil en los valles y 564 mil en el altiplano.

En la Cumbre Agropecuaria “Sembrando Bolivia”, de 2015, el Gobierno y los agroempresarios anticiparon el inicio de un proceso agresivo de ampliación de la frontera agrícola, con metas de un millón de hectáreas por año que, para beneficio de la Madre Tierra, no se alcanzaron. Mitigadas las proyecciones, de 3,5 a 4,7 millones de hectáreas, a través del plan de Desarrollo Económico y Social 2016 -2020, por estos días las previsiones gubernamentales parecen haberse cumplido, sin embargo, sobrepasando los límites con el 1,2 millón de hectáreas deforestadas, según el reporte presidencial[7].

 

Los dispositivos normativos forman parte de la maquinaria estatal, la misma que es engranaje en la heurística de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. El desarrollo capitalista se ha basado y sustentado en las condiciones de posibilidad económicas que generaban los mecanismos y las técnicas extractivistas; es decir, en la destrucción de los ecosistemas, que implican, por lo menos, determinadas consecuencias, entre las que podemos citar las huellas ecológicas, la ampliación depredadora de la frontera agrícola, de una agricultura devastadora, habiendo la posibilidad de agriculturas complementarias o en armonía con los ecosistemas, incluso agriculturas ecológicas. Entre los efectos destructivos del planeta también podemos mencionar el deterioro de las estructuras sociales, sobre todo de sus capacidades de cohesión. A largo plazo, podemos también señalar el deterioro de las capacidades culturales de la sociedad, pues la contaminación, la depredación y la destrucción de los ecosistemas, por lo tanto, de los ciclos vitales planetarios, incide, a largo plazo, en el deterioro de los sistemas culturales. Por ejemplo, en la modernidad tardía se asiste a la banalización del sistema-mundo cultural.

A lo largo de la historia del capitalismo, que, en el contexto integral, se trata del sistema-mundo moderno, de la civilización moderna, la condición inicial o básica del modo de producción capitalista es la posibilidad de convertir a los recursos naturales en materias primas, antes convertir a los bienes naturales, por así decirlo, en recursos naturales. Los distintos ciclos largos del capitalismo se han desarrollado a costa de la extracción de recursos naturales, convertidos en materias primas, es decir, mercantilizados. Esto ha implicado horadar suelos y subsuelos, así como también convertir a los cuerpos en mercancías, entre ellos a los cuerpos humanos. La mercantilización generalizada es el horizonte propio del sistema-mundo capitalista, dentro de éste, en su composición dinámica, de la economía-mundo capitalista. La mercantilización generalizada implica la fetichización generalizada, es decir, la emergencia, conformación y consolidación de la ideología.

La ideología no solo es la economía, como pretendida ciencia social de la producción, distribución y el consumo, sino también la política y otras ciencias sociales, que se conformaron sobre los mecanismos de un saber útil a la valorización abstracta, mecanismos que funcionan como instrumentos de la división del trabajo, en un mundo que avanza a la especialización sofisticada. Por lo tanto, recurriendo a las tesis de Karl Marx y Friedrich Engels y ampliándola, la ideología no solo abarca a la economía, sino, proyectando las consecuencias teóricas y críticas, a las ciencias sociales de la modernidad, además de a las formaciones discursivas políticas, declaradamente ideológicas. En la modernidad tardía, los aparatos ideológicos, que no solo se circunscriben a ser aparatos ideológicos del Estado, sino son también aparatos que atraviesan los sistemas culturales, los de-culturalizan y los subsumen al fabuloso sistema-mundo cultural de la banalización. Los instrumentos más apropiados para los efectos de la fetichización generalizada son los medios de comunicación de masa. Los medios de comunicación, monopolizados por grandes empresas trasnacionales y también por empresas públicas o estatales, son las máquinas ideológicas por excelencia de la modernidad tardía, sobre todo cuando el ciclo del capitalismo vigente es dominado por el capitalismo financiero y especulativo.

La agricultura industrializada o la agroindustria ha dejado muy atrás las formas de la agricultura de comienzos del capitalismo que alimentaba a las poblaciones. La agroindustria no solo ha convertido los suelos en espacios inmensos del monocultivo, sino que ha intervenido o los ha modificado genéticamente. Las grandes industrias alimenticias, que además forman cadenas concatenadas e integradas, han transformado el perfil de la alimentación de las sociedades, homogeneizando los consumos y los comportamientos del consumo. Los animales domésticos para la alimentación se han convertido en cosas vivas serializadas, encerradas o enceldadas, desde que nacen hasta que mueren. También son modificados genéticamente o engordados artificialmente. La alimentación de grandes contingentes poblacionales se ha convertido en una industria y un mercado altamente rentables, controlados por unos cuantos monopolios. Las poblaciones humanas se han venido convirtiendo cada vez en más dependientes de las grandes cadenas de la industria alimenticia. No se puede considerar a ninguna parte o momento de estos procesos de la industria alimenticia como independiente, forma parte de los procesos de transformación alimenticia a escala mundial. Por ejemplo, la ganadería es uno de los dispositivos y disposiciones de las cadenas alimenticias de la carne. Si bien hay todavía mercados nacionales que definen localmente el precio de la carne, cada vez más, en la medida que se internacionaliza, los precios son regidos por la demanda y oferta de carne internacionales. Empero, lo más importante de esta descripción no tienen que ver con los precios sino con las cadenas mismas, con la conformación de un sistema-mundo de la alimentación

En consecuencia, se explica que el desarrollo del capitalismo venga acompañado por la ampliación de la frontera agrícola. Sin embargo, en la división del trabajo de la economía-mundo, los países se especializan, no solo en donadores de materias primas tradicionales, sino también en donadores de materias primas de la alimentación. Una de las consecuencias de esta división del trabajo es que zonas y hasta regiones del orbe, bajo los códigos y distribuciones de la geopolítica del sistema-mundo, son las que son convertidas en espacios de expansión de la frontera agrícola. Se trata de países que tienen que pagar con el costo irreparable de la destrucción de sus bosques. La tesis estrafalaria del ideólogo del extractivismo[8] es que los países en desarrollo, por así decirlo, tienen derecho a destruir sus bosques porque de esta manera ingresan al desarrollo industrial. Al contrario, en la modernidad tardía, este costo irreparable tienen que pagar los países en desarrollo de la periferia del sistema-mundo capitalista, incluso los que se encuentran en la transición a potencias emergentes, otro eufemismo de la ideología posmoderna del capitalismo tardío. La destrucción de los bosques en las periferias del sistema-mundo capitalista es el costo irreparable que se transfiere a los ecosistemas de los países involucrados, en esta desigual división del trabajo.

Podemos observar que este fenómeno de globalización y de monopolización en la industria alimenticia no solo ocurre con la carne, sea o no vacuna, sino también con los vegetales, los cereales, las frutas, incluso las flores. Estos bienes son convertidos en recursos naturales, después en materias primas de cadenas industriales alimenticias. Esto ha ocurrido notoriamente con la quinua, que se consideraba un bien de la agricultura nativa, con grandes propiedades alimenticias. La demanda mundial de la quinua, el control de cadenas monopólicas de la transformación alimenticia, la ha convertido en una mercancía altamente cotizada, convirtiendo a las tierras donde se cultiva en espacios de monocultivo, donde los suelos son degradados. Con esto las oikonomías comunitarias y las oikonomías campesinas se han transformado y convertido en economías empresariales, que experimentan la jerarquización piramidal de la estructura social. La soja es otro ejemplo de la mercantilización generalizada, del encadenamiento en procesos industriales de la alimentación, además de sufrir el control de grandes monopolios trasnacionales. Con todas las diferencias, dado el caso, además de los singulares procesos de transformación que sufren los bienes alimenticios, se puede citar también el ejemplo de la castaña. Aunque en un principio pueden participar agricultores familiares, campesinos, incluso trabajadores de la cosecha, en la medida que se desarrolla la industria y el mercado, el trastocamiento de la estructura social, volviéndose piramidal, es un destino ineludible. Lo que hay que remarcar en todos estos procesos singulares de la industrialización alimenticia, es que los lugares de siembra y de cosecha se convierten en zonas de economías dependientes en las cadenas globalizadas de la economía-mundo.

¿A dónde apuntamos con esta exposición? A la tesis de que la ampliación de la frontera agrícola está en función de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, que diferencia países periféricos, exportadores de materias primas o donadores de materias primas de la alimentación, de países centrales de concentración de tecnologías sofisticadas de transformación alimenticia industrial de última generación. En otras palabras, la expansión de la frontera agrícola es el costo no pagado, es decir la destrucción de sus ecosistemas, que deben pagar los países periféricos al desarrollo del capitalismo, en la etapa del ciclo largo del capitalismo que compete. Dicho de otra manera, paralelamente a lo que ocurre con las materias primas mineras e hidrocarburíferas, la explotación de los bosques resulta en la reproducción del círculo vicioso de la dependencia, solo que a costos tan altos que son irreparables ecológicamente.

  

 Conclusiones

 

Lo que llama la atención es que, a pesar de los síntomas del Apocalipsis, los Estado-nación persistan precisamente con políticas-económicas que desataron la crisis ecológica. Esta persistencia habla de la perduración enfermiza en el círculo viciosos del poder, también en el círculo vicioso de la dependencia, convertido en el círculo viciosos de la muerte planetaria.

La ampliación de la frontera agrícola es un fenómeno más de los fenómenos depredadores, extractivistas y destructivos que genera el desarrollo capitalista. Se requiere entonces una mirada compleja de las dinámicas integradas del sistema-mundo moderno, cuyo eje es el sistema-mundo capitalista.

En Sud América, con descomunal expansión, el fenómeno de la ampliación de la frontera agrícola se ha desbocado en Bolivia y Brasil, empujado por las políticas extractivistas e incendiarias de los gobiernos de Evo Morales y Jair Bolsonaro, aunque de distinto perfil ideológico y político, son presidentes coincidentes en esta ingrata tarea de destruir los ecosistemas y desforestar los bosques.

 

 

 

[1] El Amazonas devorado por los incendios, en imágenes: https://elpais.com/elpais/2019/08/24/album/1566645226_292535.html#foto_gal_1.

 

[2] Carolina MéndezIsabel Mercado: Desastre ambiental en Bolivia: incendios forestales arrasan bosques de la Chiquitania. https://es.mongabay.com/2019/08/incendios-quemas-bolivia-chiquitania/.

[3] Leer de Rolando Carvajal Incendios develan la madre oculta del desastre. https://www.bolpress.com/2019/08/27/incendios-develan-la-madre-oculta-del-desastre/.

 

[4] Ibídem.

[5] Ver Nudos y tejidos socioterritoriales. También Capitalismus versus vida; así como Subalternidad y máquinas del sistema.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/nudos_y_tejidos_socioterritoriales_.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/capitalismus_versus_vida_2.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/subalternidad_y_m__quinas_del_siste_8f9c2bc7a950e0.

 

[6] Ver La decadencia. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/la_decadencia.

[7] Ibídem.

[8] Álvaro García Linera.

La Amazonia y el Chaco arden

La Amazonia y el Chaco arden

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

La Amazonia y el Chaco arden

 

Brasil-incendios-mapa3NOAA12agosto

 

 

La Amazonia

 

Incendio en la Amazonia 2

Incendio

La Amazonia es una vasta región de la parte central y septentrional de América del Sur, abarca la selva tropical de red hídrica de la cuenca del río Amazonas. Las contiguas regiones de las Guayanas y el Gran Chaco también contienen selvas tropicales, así mismo se les considera parte de la Amazonia. La selva amazónica es el bosque tropical más extenso del mundo. Se calcula que su extensión llega a los 7 000 000 km², distribuidos entre nueve países, de los cuales Brasil y Perú poseen la mayor extensión, seguidos por Bolivia, Colombia Venezuela, Ecuador, Guayana, Francia (Guayana Francesa) y Surinam. La Amazonia se destaca por ser una de las ecorregiones con mayor biodiversidad en el planeta[1].

El planeta Tierra no puede entenderse sino como sincronización dinámica de ciclos ecológicos y ciclos físicos, también químicos, de la misma manera, extendiendo la mirada compleja, ciclos biológicos, que participan de las dinámicas de la Vía Láctea, así como del multiverso, en sus distintas escalas. Se ha dicho que los bosques son los pulmones del planeta. Esta metáfora ilustra sobre el ciclo del aíre, así como sobre el ciclo del agua, también los ciclos inherentes a la tierra. Para resumir, la producción del oxígeno y la absorción del carbono; por otra parte,  los procesos biológicos de las plantas, así como de la fotosíntesis, habla de por sí de la interdependencia de la vida en el planeta. Al respecto, lo que llama la atención es el costo destructivo de la ecología planetaria por parte de la civilización moderna.

La selva Amazónica se desenvuelve en torno del río Amazonas y de su cuenca fluvial. Las altas temperaturas favorecen el desarrollo de una vegetación tupida y exuberante, siempre verde. El denominativo de pulmón del planeta, que ostenta la Amazonia, no es eventualidad sino una causalidad; mantiene un equilibrio climático: los ingresos y salidas de CO2 y de O2 están armonizados. Los científicos dedicados al estudio del medio ambiente, entre ellos los de la geografía ambiental, concuerdan en que la pérdida de la biodiversidad es resultado de la destrucción de la selva, lo que se hace patente con los efectos del “cambio climático”. La aparición en el área del río Caquetá de un sistema anterior del bosque selvático, en el que se utilizaron suelos de forma permanente “tierras prietas”, gracias a su progresivo abono, muestra la compleja ecología de la Amazonia.

Toda la flora de la selva tropical húmeda sudamericana está presente en la selva amazónica. Existen en ella innumerables especies de plantas todavía sin clasificar, miles de especies de aves, innumerables anfibios y millones de insectos. Las regiones geográfica-políticas de la Amazonia son, comparativamente, de la mayor riqueza biológica del mundo; la presencia de diferentes pisos ecológicos, en articulación con la cordillera de los Andes, genera una gran cantidad de nichos ecológicos singulares, por lo tanto, un alto índice de endemismos[2].

La cuenca amazónica comienza en la cordillera de los Andes; desde sus nevados fluyen las fuentes del agua que conforman los ríos, los afluentes del río Amazonas, conformando toda una red hídrica que alimenta a los bosques selváticos y desembocan en el océano Atlántico. Entonces, tenemos que hablar de ecosistemas integrados y complementarios, además de la variedad de pisos ecológicos de las regiones andinas. Como anotamos más arriba, se puede considerar también al ecosistema chaqueño como parte de la geografía amazónica, entendiendo que se trata de continuidades boscosas, aunque en otras condiciones climáticas y características, así como perteneciente a otra cuenca, la cuenca de la red hídrica que se convierte en el río de la Plata, que desemboca en el Atlántico sur.

La Amazonia, tomando en cuenta a los mamíferos, posee enorme cantidad de especies, como los monos, el jaguar, el puma, el tapir y los ciervos. En sus aguas viven dos especies de delfines, uno de ellos el delfín rosado, el otro el delfín gris. Cohabitan reptiles, así como gran cantidad de especies de tortugas acuáticas y terrestres, caimanes, cocodrilos y multitud de serpientes, entre ellas, la anaconda, el mayor ofidio del mundo. No hay otro ecosistema en el mundo con tanta cantidad de especies de aves; entre estas destacan los guacamayos, tucanes, las grandes águilas, como el águila harpía, además de otras muchas especies, exuberantes en coloridos plumajes. Un 20% de las especies mundiales de aves se halla en el bosque amazónico. Para los devotos del acuarismo, se trata de una fuente que provee la mayor cantidad de especies piscícolas, que hoy en día pueblan los mercados, comercios y acuarios del planeta.

Un 50% de las especies mundiales de plantas se halla en el bosque amazónico. En las lagunas, a lo largo del río Amazonas, florece la planta Victoria amazónica, cuyas hojas circulares alcanzan más de cuatro metros de diámetro. La Amazonia está conformada por la conglomeración de bosques, donde habitan una cantidad innumerable de árboles de todo tipo: itahuba, caricari, tajibos, cedro, ruta barcina, mandrilo y otros muchos más. El 50% de las especies de madera son exóticas. Existen muchas especies de plantas medicinales que pueden curar toda clase de enfermedades, además de guardar secretos todavía no descubiertos; entre las enfermedades curables se pueden mencionar, por ejemplo, úlceras, asma, mordeduras de víbora, problemas sanguíneos, apendicitis, problemas cardíacos, respiratorios, dentales, problemas digestivos; entre los secretos curativos se encuentra el “ojo de gato”, entre los secretos bio-comunicativos está la ayahuasca. En algunas lagunas también existen variedades de liliáceas, ya nombramos a la Victoria amazónica, que es la planta acuática más grande del mundo. Flores silvestres de impresionante belleza y diversidad botánica, que dan colorido a la zona, pueden ser encontradas a lo largo de toda las territorialidades tropicales amazónicas, desde los ríos hasta el monte.

La superficie de la selva amazónica se ha venido reduciendo dramáticamente, desde que se hizo una primera evaluación de la pérdida del bosque, partiendo de un 20%, cuando se inició la deforestación al principio de la década de los setenta. Los informes del Center for International Forestry Research (CIFOR) señalan como causa al rápido crecimiento en las ventas de carne  de res brasileña, el mercado de carne vacuna ha acelerado la destrucción de la selva tropical de la Amazonia. Jeremy Rifkin, presidente de la Fundación de Tendencias Económicas afirmó en una entrevista que “estamos destruyendo el Amazonas para alimentar vacas”. El 3 de abril de 2006 Greenpeace Internacional presentó el informe Devorando la Amazonia; el informe describe la deforestación que se está produciendo en la selva amazónica, con el objeto de introducir cultivos de soja; esta soja es destinada a la exportación para la alimentación de ganado, entonces, acaba sirviendo de alimento en cadenas de comida rápida y supermercados. Entre el 2000 y el 2013, tan solo en la Amazonía peruana se perdió un promedio de 113,056 hectáreas de bosque por año, lo que equivale a perder 17 campos de fútbol por hora. En Brasil, durante el gobierno de Jair Bolsonaro se ha incrementado dramáticamente la destrucción del Amazonas[3].

En la Amazonia se plasma la complejidad dinámica de la vida en su gran variedad y diversidad integrada y creativa. La vida se muestra en sus entrelazamientos y tejidos articulados de alta desmesura, la complejidad comunicativa de los seres orgánicos como una polifonía vibrante y cromática. La complementariedad de los seres orgánicos y sus ciclos vitales evidencia niveles superiores de la inteligencia ecológica, la que supone saberes biológicos, semiologías químicas e interpretaciones complejas, entre sistemas autopoiéticos interpenetrados y entrecruzados. La civilización moderna, la civilización de la muerte, que se desarrolla inscribiendo huellas ecológicas, transfiere los costos irreparables a la naturaleza, empero, no contabiliza estos costos. Tampoco entiende que lo que destroza no solamente son hectáreas de bosques sino la vida misma, integral y dinámica de la Amazonia. Una ejemplo figurativo e ilustrativo; ocurre como cuando se van amputando del cuerpo sus miembros, incluso peor, como cuando el cuerpo va perdiendo sus órganos por la enfermedad, así como ocurre con el cáncer. Entonces, tanto la amputación afecta al funcionamiento mismo del cuerpo; más grave aún, la perdida de órganos incide en el funcionamiento del cuerpo hasta convertirlo en disfuncional. La desforestación en la Amazonia, que se agrava espasmosamente y espantosamente, en la medida que avanza desbordada, afecta al funcionamiento integral de este continente ecosistémico, proliferante en nichos ecológicos.

La principal característica sudamericana es el gran desequilibrio en su distribución demográfica. Mientras la inmensa mayoría de la población humana se concentra en la costa, enormes regiones del interior quedan, en comparación, con bajas densidades demográficas. Otra característica del subcontinente sudamericano es su alta tasa de población urbana: tres de cada cuatro latinoamericanos viven en una ciudad. La selva amazónica, además de la brasilera, peruana, boliviana y colombiana, no escapa a esta distribución desigual de la población humana; la mayoría de los pobladores de la región amazónica se concentran en las ciudades, al borde del río Amazonas; nombramos ilustrativamente, entre los pocos ejemplos, a Iquitos, Leticia, Manaos, Belém de Pará, Riberalta, Guayaramerín. La mayoría de los pobladores son colonos; sus descendientes son mestizos e indígenas.

Las principales actividades económicas que se presentan en el río Amazonas, en su geografía acuática y terrestre, en su abigarrado ecosistema, tienen que ver con la exportación del caucho y la madera; también la pesca es primordial en la constelación territorial amazónica; se da lugar a variadas exportaciones de peces hacia toda la región y el mundo. La agricultura y exportación de alimentos, tales como la yuca, el plátano y el maíz, además de frutas típicas de la región como el Copoazú, Carambola, Arazá, Asaí, la Guanábana, entre tantas; todo este conglomerado de bienes hace parte de la diversidad de alimentos que produce la Amazonia. La importancia de la Amazonía para la armonía y sincronización del planeta es crucial; las ventajas son muchas, destaca la reproducción del ciclo del aire, particularmente del oxígeno. Es fuente de oxígeno y filtro de asimilación del CO2, conserva mucha agua, contiene multiplicidades singulares correspondientes a la biodiversidad[4].

Las sociedades humanas modernas han avanzado en los territorios amazónicos sin establecer las relaciones armónicas y de complementariedades con los nichos ecológicos, cuencas ríos, biodiversidad amazónica, como lo hicieron y lo hacen los pueblos indígenas sobrevivientes amazónicos. La civilización amazónica, que pobló el continente de la Amazonía hasta en la época de Tiahuanaco, supo establecer la complementariedad entre las sociedades humanas y las sociedades orgánicas, la armonía con los ciclos vitales; se trataba de una civilización ecológica. Si comparamos los saberes evocativos de aquél entonces con lo que ocurre en la civilización moderna, vemos que aquellos saberes alcanzaron niveles superiores, de los que está lejos la civilización moderna, cuyas ciencias, que es de lo que se puede jactar, se circunscriben a una división del trabajo y especialización del conocimiento, que no logra visualizar la complejidad del planeta y del multiverso. La actual crisis ecológica, que se ha desenvuelto desbordante a niveles que amenazan la sobrevivencia humana, obliga a un cambio de conductas y comportamientos de las sociedades modernas, para reinsertarse a los ciclos vitales, clausurando la civilización moderna, si es que quieren sobrevivir.

 

Desde el punto de vista cultural la selva amazónica es una de las regiones más diversas del planeta. Los pueblos autóctonos de la región pertenecen a diferentes grupos lingüísticos, entre los cuales no se ha probado una relación filogenética clara, lo que sugiere que tanto la diversidad cultural como lingüística se remonta a una ancestralidad lejana. Entre las hipótesis interpretativas cotejadas, se puede citar la que conjetura que esta diversidad pude deberse al hecho de que no se conformaron sociedades con Estado. En la Amazonia no emergieron sociedades estatales que incidan en un efecto homogeneizador en los planos de intensidad culturales y lingüísticos. Los grandes grupos lingüísticos de la región son:

  • Lenguas tupíes: la familia de lenguas autóctonas actualmente más extendida, aunque parte de su expansión dentro de la región pudo darse en un período reciente.
  • Lenguas ye: después de las lenguas tupí es la familia más extendida en la región amazónica.
  • Lenguas caribes: familia que se expandió probablemente desde la parte septentrional de la Amazonía, aunque existen miembros de esta familia lingüística en el centro de la Amazonía.
  • Lenguas arahuacas: una familia ubicada básicamente en la región circunamazónica propiamente dicha.
  • Lenguas pano-tacanas: Amazonía suroccidental.

Además de estas unidades filogenéticas de tipo lingüístico existen un número importante de pequeñas familias de lenguas que no han podido ser adecuadamente conectadas y vinculadas con ya citadas, por tanto, se consideran grupos independientes[5].

La biodiversidad de los ecosistemas amazónicos se repite en la diversidad de lenguas y pueblos. Es asombrosa la abundancia de lenguas y pueblos, mucho de los cuales han desaparecido por el avance de las oleadas de la conquista colonial, la expansión del mercado y la modernidad, la violencia de los Estado-nación. La colonialidad continua su expansión destructiva, acompañada por la desterritorialización de la modernidad, el mercado, el extractivismo y la industrialización. Los pueblos sobrevivientes resisten y luchan por sus derechos territoriales, culturales y de nación autóctona. Sin embargo, los Estado-nación, en sus distintas formas de gubernamentalidad, sean neoliberales o neopopulistas, se comportan colonialmente con las naciones y pueblos indígenas. La correlación de fuerzas es adversa a la defensa de la vida, de la Amazonia, de las naciones y pueblos indígenas. El futuro se dibuja catastrófico.

Se puede decir que Bolivia es el país que tiene la mayor proporción espacial de su territorio en la cuenca amazónica. Según datos del Tratado de Cooperación Amazónica, la superficie amazónica de Bolivia cubre una extensión de 824.000 kilómetros cuadrados, que representa el 75% de la geografía nacional, el 11.20 % de toda la cuenca amazónica continental. La Amazonía boliviana se encuentra ubicada en los departamentos de Beni, Pando, Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. Los ríos de la cuenca amazónica nacen en los nevados andinos, dan origen a uno de los más importantes afluentes del Amazonas: el río Madera. La región tiene la mayor diversidad étnica y cultural del país; es habitada por una treintena de pueblos indígenas, cada uno de ellos con sus propias formas de organización sociocultural e idiomas propios. La Amazonia boliviana es el espesor territorial y ecológico de una diversidad biológica, que se despliega en una extensa flora, además de una variada fauna. Bolivia es considerado el séptimo país del mundo con mayor diversidad de aves, además del onceavo en variedad de mamíferos.
   

La depredación, la contaminación y la destrucción de los ecosistemas de la Amazonia boliviana ha venido incrementándose en la medida que se ha intensificado el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, sobre todo en el periodo de la forma de gubernamentalidad clientelar de Evo Morales Ayma. Entonces, la Amazonía boliviana no escapa al vertiginoso avance de la depredación de la ampliación de la frontera agrícola, maderera, del ganado, de la minería y de los hidrocarburos.    

 

A la Amazonía Norte, caracterizada por su bosque tropical, siempre verde, de tierra firme y ríos encausados, se la conoce como la región del Caucho; produce importantes recursos naturales como la castaña, palmito, maderas finas, frutas exóticas, especies medicinales, caucho natural, además, por otro lado, se explota el oro aluvional. La llanura de Moxos presenta extensas pampas, las que intermitentemente se ven inundadas por las aguas que bajan desde la cordillera de los Andes. En esta zona, llamada “Varzea” se desarrolla la industria ganadera y el aprovechamiento sostenidos de recursos hidrobiológicos, como peces, saurios, tortugas. En cambio, la Chiquitanía, ubicada en el área de la formación geológica del Precámbrico brasileño, presenta ondulaciones boscosas, saltos de agua y estructura de mesetas. Aquí se encuentra la zona de expansión agrícola más importantes del país, donde se produce soja, algodón, caña de azúcar; también se hallan importantes yacimientos mineralógicos e hidrocarburíferos. Por otra parte, la Ceja de Selva, conformada por bosques que se deslizan, por así decirlo, desde la montaña andina, es una de las zonas con mayor biodiversidad; esta es conocida como los Andes Tropicales. Produce frutas tropicales, coca, maderas preciosas y tiene una reserva importante de petróleo. El Pantanal se encuentra al este del país; su característica principal es la inmensa cantidad de bañados, además de pantanos, ricos en fauna y flora. La zona también cuenta con una formación geológica rica en minerales como el hierro[6].

La geografía política de los Estado-nación se ha repartido el continente de ecosistemas y nichos ecológicos de la Amazonia; sin embargo, esta artificialidad institucional jurídica-política de la geografía estatal no puede separar las continuidades y los desplazamientos de los ciclos ecológicos, aunque si pueden afectar a la integralidad dinámica de los ecosistemas. La Amazonía norte, la llanura de Moxos, la Chiquitanía, la Ceja de la selva y el Pantanal conforman la geografía biodiversa amazónica, que se extiende más allá de la propia extensión considerada como Amazonía, propiamente la cuenca hídrica del río Amazonas. La Amazonía norte y las llanuras de Moxos se encuentran en el espesor mismo de la Amazonía, en cambio la Chiquitanía, la Ceja de la selva y el pantanal son como entornos articulados, desde la perspectiva del ecosistema de la Amazonía, aunque desde la perspectiva de estos otros referentes geográficos son ecosistemas singulares, que entran en relación con el impacto de la Amazonia en el continente y en el planeta.

 

La Chuiquitanía

 

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La Chiquitania es el nombre dado equivocadamente a la extensa llanura de América del Sur del Chaco húmedo, ubicada en la geografía política de Bolivia, en la zona transicional ecotectónica entre el Gran Chaco y la Amazonia. En los llanos de Chiquitos predominan talantes del bioma chaqueño. Los llanos de Chiquitos se encuentran al extremo sudeste de Bolivia, abarcando gran parte del este del departamento de Santa Cruz. Los límites septentrionales de la Chiquitanía corresponden aproximadamente al paralelo 17°30′ S y los meridionales al paralelo 20°S; los límites occidentales, por su parte, están dados por la penillanura, que antecede a la cordillera de los Andes. El denominativo de llanos de Chiquitos corresponde al topónimo que deriva del nombre, dado por error, por parte de los conquistadores españoles, a uno de pueblos pámpidos, que habitaba el Chaco. A inicios del siglo XVI los conquistadores encontraron varias aldeas abandonadas, les llamó la atención que las chozas fuesen construidas con puertas de solo poco más de medio metro de altura. Esto hizo que los conquistadores creyeran que sus habitantes eran pigmeos; los llamaran “chiquitos”. En todo caso, de acuerdo con otras fuentes de información, lo cierto es que los aborígenes chiquitanos, como es común entre los pámpidos, eran más altos que los conquistadores. El pequeño tamaño de las puertas obedecía a dos motivos, era una manera de mantener templada la temperatura interna de las chozas respecto al frío clima de la intemperie y hacía fácil defender la entrada de jaguares y pumas.

A pesar de las latitudes tropicales, el Chaco goza de un clima relativamente templado, que es efecto del constante intercambio de masas de aire muy cálido, procedentes de zonas ecuatoriales por el norte, y de masas de aire fresco, procedentes de la Antártida por el sur. La llegada de los llamados surazos se ve favorecida por la extensa llanura de la región chacopampeana, de la cual la Chiquitanía es en gran medida su sector más septentrional. Sin embargo, las temperaturas anuales promedio son relativamente cálidas. Debido a su continentalidad los llanos de Chiquitos presentan grandes amplitudes térmicas durante los ciclos diurno-nocturnos, sobre todo, durante el apogeo del verano y el apogeo del invierno. Antes de producirse los notorios efectos del crisis ecológica, la Chiquitanía presentaba días bastante frescos, entre los 5 a 15 grados centígrados, debido a los surazos, es decir, los vientos que son continuación del pampero; por el contrario, durante el estío la temperatura ascendía y asciende fácilmente a marcas que rondan los 40 °C.

El encuentro de los frentes cálidos y frentes fríos sobre el relieve llano deriva en la explosión de tempestades en los momentos de cambio estacional; estas tempestades están acompañadas de copiosas lluvias, especialmente en los límites orientales y occidentales de la región chiquitana. El régimen de precipitaciones pluviales varía notoriamente de norte a sur, siendo los promedios anuales de 1.050 mm en el norte y de poco más de 600 mm en el sur de esta región.

Tal como sugiere el nombre de llanos de Chiquitos, el relieve de la región es predominantemente llano, con un declive poco perceptible de oeste a este, además de dos declives, también muy poco perceptibles, a modo de “techo de dos aguas”, que toman las direcciones opuestas norte y sur; estos declives determinan el escurrimiento de las aguas, así como de las vertientes. El declive hacia el este y el declive hacia el sur hacen que la mayoría de los cursos fluviales de los mismos sean afluentes de la Cuenca Amazónica. Existen algunas pocas y escasamente elevadas formaciones montañosas, la principal es la pequeña y baja cordillera llamada serranía de Santiago, cuya cumbre es el cerro Chochis (1290 msnm). Unos 150 km al sudoeste del cerro Chochis; casi en la frontera paraguayo-boliviana se encuentra el cerro San Miguel, de solo 780 msnm. Existen grandes zonas de hundimiento o depresiones poco profundas. Ya se ha señalado que el Gran Pantanal es una de las fronteras de la Chiquitania. Los bañados de Otuquis, un conjunto de humedales que se encuentran en la frontera paraguayo-boliviana, próximas a la frontera de Brasil, son afluentes del Gran Pantanal, por lo tanto, pertenecientes a la Cuenca del Plata. En cambio, los más extensos bañados de Izozog, ubicados en dilatado valle de hundimiento al que afluye el río Parapetí, del cual sale el río San Pablo, debido a una amplia curva de la falla tectónica, resultan tener aguas tributarias de la Cuenca Amazónica, pasando por la importante laguna Concepción. Algunas de las depresiones se han transformado en salinas. Los Llanos de Chiquitos poseen pocos ríos permanentes, aunque algunos de ellos son de importantes caudales, los ya citados ríos Parapetí y San Pablo, además del río Guapay; todos estos tributarios del Amazonas. Al este, en la vertiente norte de la Serranía de Santiago nace el río Tucavaca, que después de confluir con el río San Rafael, continúa con el nombre de Bambural; este río aporta sus aguas a los Bañados de Outiquis, a través de estos afluye con el nombre de río Negro, al río Paraguay, siendo así todos estos ríos parte de la Cuenca del Plata. También nace en la Serranía de Santiago el río San Miguel, el que se dirige casi hacia el sur, sería asimismo afluente de la Cuenca del Plata si sus magros caudales no se subsumieran en el centro del Chaco Boreal dentro de territorio paraguayo.

La mayor parte de los llanos de Chiquitos presenta una flora semejante a la de otras regiones del Gran Chaco, esto es, un parque arbustivo con abundantes especies de maderas duras y espinosas; repartidos entre los arbustos y pastizales se encuentran árboles como las palmeras, especialmente yatay, palos, borrachos, guayacanes, algarrobos americanos y quebrachos. Sin embargo, en la zona norte de los Llanos de Chiquitos, especialmente formando selvas de galería en las riberas y valles de inundación de los grandes ríos tributarios del Amazonas, se encuentran grandes árboles de madera blanda, típicos del bioma amazónico; entre ellos se cuentan, por su valor económico, la caoba, también se encuentran especies arbóreas valiosas por sus aceites, esencias, bálsamos e incluso el árbol del caucho en el extremo noreste de esta región.

Refiriéndonos a la fauna, ésta tiene como principales exponentes al jaguar, animal focal del bioma, el puma, los pecaríes, tapires, ocelotes, aguará guazú, el yaguarundí, el aguarachay, ciervos como el guazuncho, el ciervo de los pantanos; en las zonas despejadas se encuentran ejemplares de ñandú; en los ríos y bañados, carpinchos, yacarés y nutrias gigantes. Fuera de los citados yacarés abundan los reptiles, ofidios como la anaconda, la yarará y la víbora de cascabel. La fauna aviar posee numerosísimas especies, podemos citar a los tucanes, chimangos, guacamayos, jotes, urubús, águilas harpía, halcones, buitres, pavas de monte, búhos, lechuzas como el ñacurutú o grandes aves corredoras.

La economía de los llanos de Chiquitos, a inicios del siglo XXI, aún se reduce a la obtención de productos del sector primario, por ejemplo, cultivos de soja, sembrados desde la década de los setenta; los más antiguos de caña de azúcar y arroz, introducidos por la colonia, los aún más antiguos, además de vernáculos, del maíz, la mandioca, llamada yuca, además de frutas tropicales, bananas, ananás, mangos. La ganadería ha sido principalmente extensiva de vacunos, cuyos orígenes se remonta a las primeras oleadas de la colonización.
Por otra parte, el subsuelo de la Chiquitanía es rico en hidrocarburos y gas natural, así como en yacimientos de hierro.

Hablando del bagaje cultural, en la región llamada Chiquitanía, formada por las provincias Ñuflo de Chávez, Velasco y Chiquitos, durante la restauración de los templos misionales, fueron descubiertas más de 5.000 hojas con partituras de música barroca, escritas entre los siglos XVII Y XVIII por los naturales y por los misioneros. El Festival Internacional de Música Barroca, que se realiza anualmente desde 1996, en las reducciones ha atraído a músicos de América Latina y Europa. Seis iglesias, que dan respectivamente nombre a las ciudades y pueblos en que están emplazadas, de la región, San Francisco Javier, Concepción, Santa Ana, San Miguel, San Rafael y San José, han sido contempladas por la UNESCO en 1990 con el título de Patrimonio Mundial de la Humanidad[7].

 

La mal llamada Chiquitanía forma parte del Chaco húmedo, que colinda al este con el Pantanal, al sureste con el Chaco Boreal, encontrándose al norte la Amazonía, pasando los llanos de Santa Cruz, y al oeste la compleja región andina, conformada por cadenas de la cordillera de los Andes, los valles y el Altiplano, además de los Yungas, las zonas subtropicales andinas. Hay que considerar su composición socio-geográfica donde no solamente las ciudades y los asentamientos humanos les han ganado espacios a los bosques, sino también la expansión de la ganadería y la agricultura, sobresaliendo, recientemente, los cultivos de la soja. También las carreteras y el ferrocarril cruzan su territorio, además de los campamentos petroleros y gasíferos. Esta composición socio-territorial despliega dinámicas concurrentes que rompen con la armonía ecológica. En la actualidad, las presiones de la expansión agrícola han provocado incendios devastadores en un contexto notoriamente definido por la crisis ecológica, que se nombra eufemísticamente “cambio climático”.

Los incendios incontrolables que se registran en la Chiquitanía, en Santa Cruz, han arrasado a más de 800 mil hectáreas de bosques, cultivos y pastizales. La devastación ha dejado los más de seis mil focos de calor que se registraron en lo que va de agosto en seis municipios: Roboré, San José, San Ignacio, Concepción, San Rafael y San Matías. Se evidencia la catástrofe ecológica en la muerte de animales silvestres; se puede ilustrar la tragedia con fotografías de tortugas y armadillos carbonizados. Se dice que lo que desató el incendio son los chaqueos, que buscan ampliar la frontera agrícola. Las políticas del gobierno se han caracterizado por apoyar el avance de la frontera agrícola; recientemente impulsando la “quema controlada” y la promoción del biocombustible, así como la tala de bosques. En este contexto se puede observar que los bosques se hacen más vulnerables, así como los ecosistemas. Si tomamos en cuenta el incremento de la desaparición de hectáreas de bosques en el periodo de gestiones del gobierno “progresista”, podemos inferir que parte significativa de la responsabilidad de lo que ocurre recae en el gobierno de Evo Morales Ayma. Ciertamente el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente es uno de los factores desencadenantes de los incendios dados, no solamente en la Chiquitanía, que se combina con otros factores intervinientes, que tienen que ver con la crisis ecológica o “calentamiento global”; sin embargo, el hecho de que estas políticas incentivan la ampliación de la frontera agrícola y dejan en suspenso políticas ambientalistas de protección, mucho más, políticas ecológicas de largo plazo, como llevando leña al fuego, convierten al gobierno en un factor de incidencia negativa.

Organizaciones ambientalistas alertaron del daño sobre más de 500 especies de fauna, algunas endémicas, después de difundirse las primeras imágenes de animales muertos por el fuego de los voraces incendios, que han consumido ya casi un millón de hectáreas de bosque, cultivos y pastizales en el noreste y el sureste de Bolivia. Un último reporte oficial del gobierno menciona que las llamas han consumido más de 700 mil hectáreas en el departamento de Santa Cruz, a causa de la quema de campos de cultivo, una práctica depredadora que en Bolivia recibe el nombre de “chaqueo”, con la equivocada creencia de que la ceniza mejora la calidad de la tierra para la siembra. Uno de los lugares más afectados es el Bosque Seco Chiquitano, un complejo de biodiversidad endémico, donde también está laReserva Natural de Tucavaca, donde existen 554 especies distintas de animales, distribuidas en 69 especies de mamíferos, 221 de aves, 54 de reptiles, 50 especies de anfibios y 160 de peces.

Los ambientalistas han achacado la responsabilidad al presidente Evo Morales por la aprobación de legislaciones que dan luz verde a la quema de pastizales para la siembra, con el objeto de ampliar la frontera agrícola, principalmente de soja. En efecto, un decreto supremo del 10 de julio, del año en curso, autoriza en los departamentos de Santa Cruz y Beni el desmonte para actividades agropecuarias.  La norma, emitida por el ejecutivo, se sumó a una ley de 2016, aprobada por el Congreso, de mayoría oficialista, que permite la quema de hasta 20 hectáreas de pastizales para pequeñas propiedades y propiedades comunitarias.

Los incendios que se han generado en la Chiquitanía, particularmente en el municipio de Roboré, han derivado en una emergencia medioambiental que ha afectado la calidad del aire en esta región. Uno de los últimos informes señala índices de concentración de material particulado que supera los 310 microgramos por metro cúbico a causa del humo.

En este trágico panorama, donde claramente el gobierno tiene su responsabilidad, lo lamentable es que, en vez de reconocer sus errores y enmendarlos, los encubre y utiliza la tragedia para hacer campaña electoral, contratando un avión apaga incendios, ante el cuál los jerarcas del oficialismo se sacan fotografías para la posteridad. Lo que no parece que haga el gobierno, que es lo sensato, después de la catástrofe ecológica, es derogar y abrogar sus leyes y decretos que incentivan el extractivismo depredador, la ampliación de la frontera agrícola, la tala de bosques y hasta el “chaqueo controlado”.

 

Conclusiones

Para situarnos en el momento, nos encontramos en el presente dramático de la crisis ecológica, que amenaza la sobrevivencia humana y la vida en el planeta. Es en este contexto donde se tiene que evaluar a los gobiernos, a los Estado-nación, a los organismos internacionales, a sus políticas compartidas y diferenciadas, por Estado, por gobierno, por perspectiva ideológica. Un balance rápido nos muestra fehacientemente que ninguna de estas entidades, instancias e instituciones políticas del mundo ha tomado consciencia del peligro en el que se encuentran las sociedades humanas y las sociedades orgánicas del planeta. En consecuencia, tal como está la correlación de fuerzas en el mundo, donde los Estado-nación, los gobiernos y los organismos internacionales dan la batuta, no hay porvenir para la humanidad, a la que le espera un planeta inhabitable.

Otra enseñanza de lo que acontece, la expansión dramática de los incendios en la Amazonia, en el Chaco y en el Pantanal, es que tanto las expresiones políticas ideológicas de “derecha” y de “izquierda, neoliberales, fascistas criollas, populistas, coinciden y comparten la compulsión depravada de la destrucción de los ecosistemas en aras de la ilusión del desarrollo.

La tercera conclusión tiene que ver con el sorprendente comportamiento pusilánime de las sociedades y los pueblos, que no hacen prácticamente nada ante el anuncio explícito, en términos de síntomas ecológicos, de su desaparición. Podríamos decir, que se trata de un comportamiento suicida, como si estuviesen seducidos por la propia magnitud de la catástrofe.

Sin embargo, lo alentador, en este trágico panorama, es la resistencia y la respuesta de colectivos, de individuos, de voluntades colectivas, como los pueblos indígenas y las agrupaciones activistas y ecologistas, que persisten con una voluntad inquebrantable en la defensa de la vida y del planeta.

Si las sociedades y los pueblos no toman consciencia del peligro en el que se encuentran, sino reaccionan y clausuran la civilización moderna, la civilización de la muerte, no hay porvenir para la humanidad, aunque la vida pueda continuar sin los humanos. En cambio, si lo hacen, si su potencia social es impulsada por los activismos ecológicos, se abre un campo de posibilidades donde el porvenir puede ser una plasmación de la potencia creativa de la vida. 

  

   

Notas

 

[1] Referencias: Amazonia o Amazonía, en el Diccionario Panhispánico de Dudas. Primera edición (octubre de 2005). Guinness World Records 2013 (en español). Según se cita en la pág. 40. Fitzgerald, Eamonn (12 de noviembre de 2011). «Announcing the provisional New7Wonders of Nature» (en inglés). Consultado el 12 de diciembre de 2011. Amazonía, el pulmón del planeta. WWF Global: Ecosistemas amazónicos. Ecoportal.net – Comer carne, ¿es sostenible? “Estamos destruyendo el Amazonas para alimentar vacas”· ELPAÍS.com«Devorando la Amazonía.». Archivado desde el original el 3 de diciembre de 2009. Consultado el 7 de noviembre de 2009. «Ministerio de Ambiente (2016). Tercera Comunicación Nacional de Perú a la Convención Marco de las Naciones Unidas Sobre Cambio Climático, pág. 112.»Tercera Comunicación Nacional de Perú. Reuters (3 de julio de 2019). «Brazil: huge rise in Amazon destruction under Bolsonaro, figures show»The Guardian (en inglés británico)ISSN 0261-3077. Consultado el 4 de julio de 2019. «Amazon Deforestation Is Fast Approaching a ‘Tipping Point,’ Studies Show»The Weather Channel (en inglés estadounidense). Consultado el 2019-08-12. Ver Enciclopedia Libre: Wikipedia:  https://es.wikipedia.org/wiki/Amazonia.

 

[2] Ibídem: Amazonia.

[3] Ibídem: Amazonia.

[4] Ibídem: Amazonia.

[5] Ibídem: Amazonia.

[6] Amazonia. La amazonia boliviana:  https://www.youtube.com/watch?v=GpCfVf0o2tA.

[7] Referencias: Bosque chiquitano (geobotánica). https://es.wikipedia.org/wiki/Bosque_chiquitano_(geobot%C3%A1nica).

Província Chiquitos: https://es.wikipedia.org/wiki/Provincia_Chiquitos.

Ecorregión terrestre bosque chiquitano: https://es.wikipedia.org/wiki/Ecorregi%C3%B3n_terrestre_bosque_chiquitano.

Gobierno político y militar de Chiquitos: https://es.wikipedia.org/wiki/Gobierno_pol%C3%ADtico_y_militar_de_Chiquitos.

Proyecto de departamentización de Chiquitos y Guarayos: https://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_de_departamentizaci%C3%B3n_de_Chiquitos_y_Guarayos.

Leer Los llanos de Chiquitos: Enciclopedia Libre: Wikipedia.

https://es.wikipedia.org/wiki/Llanos_de_Chiquitos.

Decadencia y círculo vicioso del poder

Decadencia y círculo vicioso del poder

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

Decadencia y círculo vicioso del poder

 

Decadencia 2

 

 

 

No se encuentra en las ideas el secreto de la política, las ideas legitiman las acciones, aunque éstas no se correspondan con las ideas. No es que el secreto se encuentre en las acciones, o en el tipo de formato que siguen las acciones, sino, por así decirlo, en el consabido lenguaje estructuralista, en las estructuras subyacentes que rigen las acciones, aunque las acciones mismas puedan escapar intermitentemente a las estructuras estructurantes. Sin embargo, las ideas juegan un papel, fuera del relativo a la legitimación o de ungir discursivamente a la política; el papel de las ideas en la política es de hacer de dispositivo expresivo que acompaña a las acciones. Las acciones adquieren una tonalidad evocativa, cobrando la elocuencia de la gramática del lenguaje, habiendo sido parte de la gramática material de las prácticas.

Lo que hemos venido denominando poder, con las distintas connotaciones y las denotaciones que le atribuye la teoría critica y la crítica genealógica, es, como dice Michel Foucault, un ejercicio; es más, se trata de un conglomerado de efectuaciones, por medio de las cuales se ejercen las dominaciones polimorfas. El poder no solo se corresponde con estructuras subyacentes de dominación, cristalizadas en las subjetividades y en las instituciones, sino que se expande como campo de fuerzas, campo que define sus distribuciones, sus cartografías, sus tendencias y sus conformaciones duraderas. Pero, el poder no solo queda definido en el campo o campos de fuerzas que configura, sino que se convierte en sociedad institucionalizada. Este es el nivel de institucionalización del poder, también el nivel de socialización del poder. Es así como el poder adquiere capacidad de reproducción; el poder se reproduce a través de las mallas institucionales, a través de las prácticas reiteradas en la sociedad institucionalizada, reconfigurándose a través del campo de fuerzas que lo sustentan.

El problema del poder es que no puede reproducirse indefinidamente, como ocurre con las reproducciones biológicas, no solo porque requiere de las condiciones de posibilidad institucionales y sociales, además de las composiciones subjetivas logradas, sino porque no funciona, como en biología, a través de los programas genéticos, que tienen su propia autonomía, por así decirlo, y capacidad creativa. El poder funciona comunicativamente; se presenta a la sociedad con el esplendor de la formación discursiva y de la formación ideológica; busca, en principio, convencer y adquirir legitimidad en la opinión pública. Empero, como el convencimiento exige, como en las antiguas reglas de la retórica, la empatía, la formación ideológica no perdura. La opinión pública es exigente, es más, requiere de su propia participación en la construcción del consenso. En consecuencia, al no poder aceptar este ejercicio democrático, el poder se traslada al ámbito de la propaganda, es decir, del montaje, de la simulación, del impacto, para lograr incidir en los comportamientos de la opinión pública, de la población que nace de sociedad. Cuando esto ocurre, se abandona propiamente el ejercicio democrático; es sustituido por el engatusamiento del impacto comunicativo, más tarde, por la economía política del chantaje.

El poder adquiere distintas formas histórico-políticas, conocidas en la experiencia social, descritas por la historia política y las ciencias sociales. El análisis político se ha perdido y dejado atrapar por estas formaciones políticas, olvidando que estas formaciones no son otra cosa que efluvios de las dinámicas inherentes de las máquinas de poder, que responden a estructuras subyacentes. En otras palabras, en la sencillez de los esquematismos, las formaciones políticas liberales y las formaciones políticas socialistas, aunque se distingan en sus discursos, en la ideología, incluso en los estilos de gubernamentalidad, no hacen otra cosa que reproducir las dominaciones polimorfas, que pueden adquirir recomposiciones, dependiendo de las correspondencias que se dan entre las formaciones sociales y las formaciones políticas. Lo mismo pasa con las formaciones populistas, en contraste con las formaciones neoliberales; son distintas versiones histórico-políticas-ideológicas del ejercicio del poder. Lo que hay que atender, para comprender el funcionamiento del poder, es precisamente a lo que hemos nombrado estructuras subyacentes, los campos de fuerzas, las mallas institucionales que hacen a la sociedad institucionalizada, los esquemas de comportamiento social y los esquemas prácticos.

Al parecer se han agotado los recursos de la reproducción del poder, primero, sus actos de convencimiento, después, su acción de comunicación propagandística, para concluir con el agotamiento de sus formas de convocatoria institucionales, las cuales se deformaron en formas clientelares, retornando a los perfiles descarnados del ejercicio del poder, la recurrencia a la violencia desnuda. Incluso se habría agotado este recurso intermitente de la violencia descarnada. Entonces, al parecer, el poder se encuentra en plena crisis estructural, ya no puede reproducirse, salvo virtualmente.

La historia de las formaciones políticas parece reiterativa; hay regularidades recurrentes sorprendentes, no atendidas por las ciencias sociales. Una de estas, mencionada varias veces por nosotros, es que el decurso romántico de la política en la modernidad, que tiene como epicentro a la revolución, repite una fatalidad, por así decirlo; las revoluciones cambian el mundo, pero, se hunden en sus contradicciones. Las revoluciones, después de los primeros cambios, restauran lo que derribaron, claro que en otras condiciones y situaciones[1]. Los revolucionarios están demás una vez que se toma el poder; se requiere de funcionarios. Por el otro lado, las formas liberales, que también tienen una revolución como antecedente, que intentan prolongar como república la institucionalidad de la democracia formal, logra conformar un Estado de Derecho, incluso una malla institucional estable, empero, en la medida que el ejercicio democrático exige consensos sociales y participación, la institucionalidad se va convirtiendo en un referente, que no se cumple plenamente, y el Estado de Derecho queda petrificado como ideal jurídico-político, sin poder realizarse, como corresponde. Los Estado liberales ingresan también a las contingencias de la crisis; sus mallas institucionales son atravesadas por las formas paralelas del poder, las instituciones se corroen y se termina haciendo política de una manera también demagógica.

En consecuencia, no parece adecuado tomar en serio las delimitaciones ideológicas, como si las formaciones políticas fuesen irreconciliablemente antagónicas, mas bien, desde la perspectiva compleja, se las puede considerar complementarias, en un largo plazo, inclusive mediano, dependiendo de las circunstancias. Se trata entonces de formaciones políticas complementarias en lo que respecta a la reproducción del poder. Por lo tanto, los referentes del análisis político no parecen adecuados; por ejemplo, en los más conocidos y usados trilladamente, como el relativo al esquematismo dualista de “izquierda” y “derecha”. Como dijimos antes, el liberalismo hace hincapié ideológicamente en el ideal de la libertad, en tanto que el socialismo lo hace en el ideal de justicia; empero, no hay que olvidar que el acto inicial ideológico y político, más bien, expresaba ambos ideales de manera conjunta e integrada; esto se dice en el conocido slogan de la revolución francesa de libertad, igualdad, fraternidad, también de solidaridad. Se puede interpretar que lo que pasa después corresponde a una escisión arbitraria de tales ideales. En otras palabras, tanto el socialismo como el liberalismo tienen la misma raigambre en el nacimiento de la política en la modernidad. En una arqueología de la ideología podemos encontrar que la oposición y hasta el antagonismo político entre socialismo y liberalismo se debe a la diferenciación entre los ideales de libertad y justicia, como si fueran disociables. Desde este punto de vista, la formación discursiva liberal y la formación discursiva socialista se conforman sobre la base de la desintegración de la utopía política moderna inicial. Asombrosamente ocurre como lo que ocurre con las religiones monoteístas, que tienen como nacimiento enunciativo y simbólico la abstracción de lo Uno o la Unidad arcaica, que proviene de la filosofía antigua, aunque también de la narrativa religiosa zoroástrica. La religión de jehová, la religión judía, se escinde en la religión cristiana y más tarde en la religión musulmana. Aunque ciertamente, la escritura sagrada va a transformarse y llegar a plasmarse de manera distinta, estableciendo diferentes convocatorias religiosas, pasando de la convocatoria al pueblo escogido por Dios a la convocatoria a todos los pueblos del mundo, universalizando la salvación y el privilegio de ser hijos de Dios. Lo que se repite entonces, tanto en la historia de la religión como en la historia de la política, es la diferenciación de los desplazamientos narrativos y simbólicos, también imaginarios, respecto de su substrato religioso cultural, en un caso, político cultural, en el otro caso. Visto el asunto de esta manera, podemos también conjeturar que el substrato de la ideología se encuentra en el imaginario religioso, por lo tanto, el substrato de la política se encuentra en la religión.

Habría que tener una mirada circular y no lineal para acercarnos a la comprensión de lo que decimos o, si se quiere, mejor una mirada en espiral. Las formaciones políticas son recurrentes, se enrollan sobre sí mismas, como repitiéndose, aunque en cada argolla aparezcan distintas. Es más, reproducen los ejes vernáculares del poder envolviéndolos con las formas nuevas que adquieren los ejercicios del poder en la modernidad. La forma descarnada del poder como despliegue desnudo de la violencia reaparece en los momentos de crisis de la institucionalidad del poder o del poder institucionalizado. Desde esta perspectiva no es sorprendente que en la etapa tardía de la modernidad los Estados recurran de manera acuciosa, en momentos de emergencia, a la violencia descarnada, a la represión desnuda, incluso, de manera secreta, a la proliferación de la tortura. En esto comparten las distintas formaciones políticas, tanto liberales, socialistas, neoliberales, progresistas. No se distinguen en el recurso de la violencia desnuda en momentos de emergencia y de crisis.

En la perspectiva histórica, que no deja de ser lineal, aparecen secuencias que muestran una sustitución de distintas formas de gobierno, que, a la larga, la narrativa de la historia las presenta de una manera “evolutiva” o progresiva. Sin embargo, recientemente, en la historia reciente, no parece corroborarse la hipótesis evolutiva, pues asistimos a la decadencia política, en todas sus formas de gubernamentalidad desplegadas. La historia política narra las contingencias y los conflictos políticos como oposiciones y antagonismos ideológicos; la versión marxista, como lucha de clases. Sin embargo, cuando los enemigos comienzan a parecerse en sus acciones, incluso en sus comportamientos respecto del poder, se hacen notorias sus aproximaciones, relativizándose sus diferencias. Uno de los temas presentes compartidos es el relativo a la perdurabilidad. Las estrategias de poder apuntan a prolongar la perdurabilidad de la forma de gobierno. Para lograr este objetivo recurren a los más antiguos métodos del chantaje, de la coerción, del engaño, de la simulación. Su propia ideología es desvalorizada o convertida en mero recurso retórico; ya no interesa que se cumpla el ideal, sino que lo primordial se vuelve el permanecer en el poder o preservar la forma de dominación estatal. Es cuando el Estado se propone controlar a la sociedad por medio de la saturación comunicativa; ya no es la ideología, que era el instrumento de convocatoria y convencimiento político, el mecanismo primordial de la movilización, de la convocatoria y de la legitimización, sino son los medios de comunicación, informáticos y cibernéticos, los mecanismos fundamentales del espectáculo político.

Se puede decir que asistimos a la generalización de la decadencia en todos los campos de los espesores sociales. Particularmente, ahora, en este ensayo, queremos hacer hincapié en la decadencia política. La competencia política en la actualidad se caracteriza por el despliegue espectacular de los montajes mediáticos; el debate ideológico prácticamente ha desaparecido. Lo que importa ya no es convencer, ya no exactamente convocar, sino hacer creer, impactar, inhibiendo la capacidad de respuesta de la gente, sobre todo inhibiendo su facultad de raciocinio. Los gobiernos no se llegan a distinguir por los programas diferenciados, pues no hay tal diferencia, pues en el fondo responden a la continuidad variada del modo de producción capitalista y de la geopolítica del sistema-mundo moderno. En todo caso se diferencian por las siglas que componen al gobierno de turno. Más parece una competencia de grupos de poder, de clanes, que de proyectos de poder.

La decadencia política se hace patente en la recurrente repetición de lo mismo, de las mismas prácticas, aunque vengan acompañadas por distintos discursos y diferentes personajes. La imaginación política brilla por su ausencia.  Es más, recientemente, han aparecido y proliferado personajes inclinados a la apoteosis de la extravagancia exaltada de la provocación verbal. El teatro político se ha convertido en comedia banal, pero que usa grandes escenarios y difunde su trivialidad mundialmente a través de los medios de comunicación masivos. Estos personajes pueden emitir un discurso conservador o, en contraste, un discurso progresista; lo que menos importa es esto, lo que destaca es el estilo grandilocuente y la encarnación carismática de la política. Cuando los partidos políticos, cuando las ideologías, ya nada tienen que decir, pues están vacíos, el sistema político recurre a estrafalarios personajes, por lo menos para llamar la atención o para sacar de quicio al adormecido trámite político. El sistema político se ha topado con sus propios límites, entonces retrocede hasta la comedia e incorpora comediantes para mantener en vilo a los votantes.

El círculo vicioso del poder es la figura que expresa ilustrativamente esta reproducción recurrente de las dominaciones, que se realizan a través de las distintas formaciones políticas, adquiriendo, cada una de éstas, un perfil diferente del mismo substrato histórico-social-político-cultural. La configuración del círculo vicioso dibuja el fenómeno de la reiteración y el dilatado desgaste del ejercicio poder; también otorga imagen a la rotación de formas de gubernamentalidad que, a pesar de sus contrastes, repiten las regularidades de las dominaciones. Sobre todo, reproducen la economía política del poder, que separa poder de potencia, valorizando la expropiación abstracta de las fuerzas por parte del poder, respecto de la dinámica concreta de las fuerzas sociales, inventivas y creativas, valorizando lo abstracto, desvalorizando lo concreto, como en toda economía política. Reproduce la economía política del Estado, que separa Estado de sociedad, valorizando la síntesis política abstracta de la pluralidad social, desvalorizando las dinámicas moleculares sociales. Que reproduce la economía política de la representación, separando representación del referente concreto de lo representado, valorizando la delegación y representación, desvalorizando la praxis democrática. El círculo vicioso del poder funciona a través de estas economías políticas, que enajenan las formas de la potencia social, capturando parte de sus fuerzas, para reutilizarlas institucionalmente contra la potencia creativa de la vida.

Enfocando cartografías nacionales, se encuentran recorridos singulares de los círculos viciosos del poder particulares. En Bolivia el círculo vicioso del poder arranca con las oleadas de conquistas y las oleadas de colonización en los territorios del Collasuyo, parte constitutiva del Tawantinsuyo. El substrato del círculo vicioso de poder es colonial, como en el resto del continente.  El poder que se instaura es colonial, es decir, que se basa en el derecho de conquista, derivado de la guerra de conquista; por lo tanto, en la diferenciación de conquistadores y conquistados; en los términos del lenguaje institucional del virreinato, en la diferenciación entre españoles e indios. El poder colonial adquiere institucionalidad en las administraciones que se implantan; la legalidad del poder colonial se basa en la delegación soberana del rey al virrey y, después, en la delegación de éste a sus subalternos. En un momento de crisis, sobre todo por la desbordante disminución de la población nativa, por presión de parte de la iglesia, se promulgan los “derechos de los indígenas”, considerados vasallos de la corona. Estos derechos se hallan inmersos en las Leyes de Indias o Derecho Indiano. Se trata de un derecho esencialmente evangelizador, un derecho asistemático, un derecho casuístico, un derecho en que tiende a predominar el derecho público por sobre el derecho privado, una tendencia asimiladora y uniformista, un derecho que tendía a la protección del aborigen, un derecho fundamentado en el Principio de Personalidad del Derecho, un derecho íntimamente ligado a la moral cristiana y al Derecho natural.  Sin embargo, a pesar de las Leyes de Indias, lo que preponderó fue la facticidad de las prácticas de los conquistadores, de la burocracia colonial, de los propietarios de minas y de haciendas. En pocas palabras, el derecho indiano no se cumplió a cabalidad, distorsionado por el ejercicio efectivo de las dominaciones concretas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nacimiento político con carencias estructurales

El nacimiento de la república patentiza las carencias estructurales de su conformación. Se derrumba, más temprano que tarde, el proyecto, primero de Tupac Amaru, después de Simón Bolívar; en un caso, de la gran patria que se extiende desde el Pacífico hasta el Paititi, pasando por la región andina; en otro caso, el proyecto de la Gran Colombia. Conspiran contra este proyecto de lo que se conoce como la Patria Grande las oligarquías regionales, las cuales se circunscriben a los límites de sus haciendas y sus minas, renunciando, de entrada, a las condiciones de posibilidad históricas de la organización, estructuración e institucionalidad política de largo aliento. Estas limitaciones y mezquindades de casta van a repercutir en las historias singulares de los Estado-nación conformados, calificadas como “republiquetas”.  Los primeros periodos de la república van a manifestar los dramas políticos de una gran inestabilidad.

Después de la guerra de la independencia, el derecho colonial fue sustituido por el derecho liberal, que fue armándose de a poco, a partir de la promulgación de la Constitución. Sin embargo, el régimen liberal se conformó de manera restringida, manteniéndose fuera los derechos de las naciones y pueblos indígenas. En pocas palabras, en un principio, más o menos prolongado, los pueblos indígenas se mantuvieron fuera de la república, como si no existieran. El régimen liberal solo se conformó en las poblaciones criollas y mestizas. En comparación, las Leyes de Indias fueron más inclusivas que las leyes liberales criollas. Pero, compartieron la diferenciación colonial inicial, entre “blancos” y “mestizos”, por un lado, e “indios”, por otro lado. Lo que muestra la evidente herencia colonial del liberalismo criollo. Este liberalismo, sin sostén institucional, deriva rápidamente en la crisis temprana de la república.

Como contrastando la propia declaración de la independencia, la república flamante se sume en una crisis política crónica; el motín se convierte en la expresión facciosa de la crisis. Los primeros cincuenta años de la República se caracterizaron por la inestabilidad política, por constantes amenazas externas, que ponían en riesgo su independencia, soberanía e integridad territorial. Simón Bolívar abandona la presidencia en 1826, cumpliendo como tal un lapso corto en ejercicio. Nombra al Mariscal Antonio José de Sucre presidente de la República. El Estado-nación de Bolivia estuvo sometida a amenazas desde un principio; en 1825, el Imperio del Brasil invadió el oriente del país, ocupando la provincia de Chiquitos. En respuesta, el Mariscal Sucre envió una carta al Emperador del Brasil pidiendo que dejen la ocupación; el ejército invasor vuelve a su país. Antonio José de Sucre gobernó hasta 1828, año aciago, cuando una secuencia de revueltas y conspiraciones le hicieron renunciar al mando presidencial. Como condena, perfilando el destino del Estado-nación de Bolivia, declarada “hija del libertador”, las invasiones continuaron su decurso anexionista; se produce la invasión de tropas peruanas de 1828, lideradas por Agustín Gamarra, cuyo objetivo principal era forzar la salida de las tropas de la Gran Colombia. El conflicto bélico terminó con el Tratado de Piquiza; dándose lugar a la retirada peruana de territorio boliviano, empujando a la renuncia del presidente Sucre; buscando la instauración de un gobierno opaco, alejado de la irradiación del libertador.

Ante este panorama turbulento, amenazante, dibujado por facciones en pugna, se busca una solución, salir de la dramática crisis inicial de la república; en 1829 fue nombrado presidente el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana por la Asamblea Nacional. Andrés de Santa Cruz se destaca por lograr una relativa estabilidad política, además de demostrar su destreza como estadista, convirtiéndose en un constructor de aquella institucionalidad en ciernes. En la historiografía, se lo califica como forjador, también como artífice de la inicial organización del Estado-nación; entre sus gestiones se puede señalar la reforma y reorganización del ejército, incorporando una concepción militar napoleónica. El país vecino, el Perú, también sufre las contingencias y avatares del nacimiento vulnerable de la república; el presidente Luis José de Orbegoso y Moncada Galindo solicita ayuda al Mariscal Santa Cruz, buscando restablecer el orden en su país. El ejército boliviano ingresa a territorio peruano, derrota a las tropas del sublevado Felipe Salaverry. En estas condiciones histórico-políticas críticas se conforma la Confederación Perú-boliviana, que inicia su breve vida en 1837, nombrando al Mariscal Santa Cruz como su Protector. La Confederación Perú-boliviana se constituyó con los estados Nor peruano, Sur peruano y Bolivia. Como se sabe, la Confederación Perú-boliviana no logra consolidarse, pues tiene que enfrentar el desacuerdo de otros Estado-nación en concurrencia. El Estado de Chile y la Confederación Argentina, además de peruanos contrarios a la Confederación Perú-boliviana, se levantan en contra. Entre 1837 y 1839, se da lugar la guerra contra la Confederación Perú-boliviana. A pesar de que se comienza con victorias del ejército confederado peruano y boliviano, frente a la invasión argentina y chilena, ocasionando la retirada de estas fuerzas, ratificando su derrota con la firma del Tratado de Paucarpata, las consecuencias de la victoria no duran mucho. La guerra vuelve a darse, el Ejército Unido Restaurador, compuesto por chilenos y peruanos contrarios a la Confederación Perú-boliviana, reinicia la conflagración; en la Batalla de Yungay el ejército confederado es derrotado, con lo que se deriva en la disolución de la Confederación Perú-boliviana, disolución acaecida en 1839, conllevando, además, el derrocamiento del Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana.

Haciendo el recuento de esta guerra contra la Confederación Perú-boliviana, las tropas del gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas también intervinieron contra la Confederación; la consideraba refugio de sus enemigos políticos, los unitarios, así como de los caudillos de la guerra gaucha contra la oligarquía del puerto de Buenos Aires. El general boliviano, de origen alemán, Otto Philipp Braun concentró tropas en Tupiza; a fines de agosto de 1837 ingresó en la Provincia de Jujuy. El ejército confederado logra varias victorias, llegando a ocupar sectores fronterizos de las provincias de Jujuy y Salta; mediante contraataques argentinos, estos invaden territorio de la Confederación. El ejército argentino fue derrotado en la Batalla de Montenegro. El 22 de agosto de 1838, las tropas argentinas se retiran, después de los eventos dados en Yungay; con esta victoria se pone fin a la guerra[2].

Con la desaparición de la Confederación Perú-boliviana, el Estado-nación de Bolivia ingresa al derrotero de una continua crisis política, particularmente expuesta a enfrentamientos políticos entre partidarios y contrarios de la unión con el Perú. El presidente peruano Agustín Gamarra, partidario de la anexión de Bolivia al Perú, promueve la invasión de territorio boliviano, llegando a ocupar varias zonas del Departamento de La Paz. Ante esta emergencia, se convoca a la unidad para enfrentar la guerra; se otorgan los poderes del Estado a José Ballivián y Segurola. El 18 de noviembre de 1841 se dio lugar la Batalla de Ingavi, en la pampa altiplánica, en las proximidades de la población de Viacha, el ejército boliviano derrota a las tropas peruanas de Gamarra, que muere en plena batalla. Una vez terminada la batalla de Ingavi, tropas de la Segunda División boliviana, al mando del general José Ballivián, ocupan el Perú, desde Monquegua hasta Tarapacá. Estallan diversos frentes de lucha en el sur peruano. En ese contexto, el Ejército boliviano, no concontaba con tropas suficientes para mantener la ocupación. En la batalla de Tarapacá, montoneros peruanos formados por el mayor Juan Buendía, derrotaron el 7 de enero de 1842 al destacamento dirigido por el coronel José María García, que muere en el enfrentamiento. Las tropas bolivianas desocupan Tacna, Arica y Tarapacá en febrero de 1842, replegándose hacia Monquegua y Puno. Los combates de Motoni y Orurillo expulsan a las tropas bolivianas, que inician posteriormente la retirada, dejando la amenaza de una invasión. Como consecuencia de estos eventos se firma el Tratado de Puno[3].

Luego de la disolución de la Confederación, el general José Ballivián reunió a todos los contingentes rebeldes, logrando hacerse proclamar presidente de la República. En 1841 había tres Gobiernos; uno legítimo, en la ciudad Sucre, presidido por José Mariano Serrado, que suplía al Mayor General José Miguel de Velasco (1839-1840), oriundo de Santa Cruz de la Sierra, quién estuvo varios años exiliado en Argentina. Los otros dos gobiernos resultaban ilegitimos, el de la Regeneración en Cochabamba, y el del general José Ballivián en La Paz. Ante el peligro de la invasión de Agustín Gamarra, el pueblo boliviano se unifica, reuniéndose alrededor del general José Ballivián; los bolivianos se alistaron en el ejército, situándose la tropa en las llanuras de la altiplanicie de Ingavi. Antes de la batalla, en comparación, era más numerosa la tropa peruana, empero, la inferioridad numérica de la infantería boliviana fue compensada por un nuevo tipo de fusil, adquirido recientemente de Europa, conocido popularmente como “hannoveriano“; este fusil poseía un proyectil ajustadamente calibrado, pudiendo disparar al mismo tiempo pequeñas balas esféricas. Las tropas de José Ballivián se encontraban en el frente, en condiciones de inferioridad numérica, además de adolecer de poca experiencia militar, enfrentándose a las tropas veteranas de guerra al mando de Agustín Gamarra; en ese momento ingresó un ejército numeroso, comandadas por el veterano de guerra Mayor General José Miguel de Velasco, quién, sin embargo, había concurrido a La Paz para efectuar un golpe de Estado, buscando retomar de esta manera la presidencia. En las circunstancias del eminente conflicto bélico, depuso sus pretensiones políticas, en cambio, condujo a los veteranos de guerra al campo de batalla; con lo que el ejército boliviano se vio fortalecido[4]. El 18 de noviembre de 1841, en los campos de Ingavi, cerca de la población de Viacha, en el Departamento de La Paz, se inició la batalla en un día totalmente nublado, en un paisaje colorido por un arco iris, en un campo completamente lleno de lodo, abrumado por charcos de barro. Cuando estalló la batalla fracasó el envolvimiento efectuado por las tropas peruanas, el general José Ballivián lanzó su ataque, haciendo sentir los efectos de los nuevos fusiles. En la refriega muere Agustín Gamarra; la noticia se esparce, cunde la confusión, el desconcierto y la desmoralización en las tropas peruanas; la batalla concluye con la victoria boliviana[5].

En el decurso de la sinuosa historia política boliviana de aquél entonces, José Miguel de Velasco Franco asumió por cuarta vez el gobierno; le sucedieron una secuencia de gobiernos militares. El más connotado es el gobierno populista de Manuel Isidoro Belzu, que gobierna entre 1848 y 1855. En septiembre de 1857 una revolución otorga el mando presidencial a un civil, José María Linares Lizarazu; en cuyo gobierno se redujo el poder del ejército para que no urdiesen nuevas revueltas. Linares introdujo reformas en la organización judicial y administrativa del Estado; por ejemplo, gracias a gestiones gubernamentales se publicó el primer mapa de Bolivia el año 1859, diseñado por Lucio Camacho, con base en datos aportados por los generales Mariano Mejia y Juan Ondarza. En 1861 fue derrocado Linares por un golpe de Estado; le sucedió José María Achá, uno de los miembros del triunvirato que encabezó el golpe de cabeza. Este presidente dictó la Ley de Imprenta, implantó el servicio de correos con el uso de estampillas; en el ámbito administrativo de la geografía política fundó la población de Rurrenabaque. En el año 1864 un nuevo golpe militar interrumpió el inestable campo político; tomó el poder el controvertido e impulsivo Mariano Melgarejo. Su gobierno, si es que se puede decir que lo hubo, ocasionó grandes pérdidas territoriales para el Bolivia. Disposiciones arbitrarias e irrazonables derivaron en inconvenientes acuerdos con el Estado de Brasil y Estado de Chile, perdiendo Bolivia grandes extensiones de territoriales[6].

Como se puede ver, en esta brevísima descripción de un acontecer político a la deriva, asistimos a la dramática historia política, que nace prematura, con una república expuesta y vulnerable, que no logra asentarse ni erigirse como tal. Faltan las condiciones de posibilidad histórico-políticas para su edificación. En estas circunstancias estamos ante ejercicios de poder contingentes e improvisados; en el mejor de los casos, apropiados y estratégicos, pero que son interrumpidos por la sedición de caudillos locales y “bárbaros”. Se puede decir que lo que se patentiza es un vacío político, que trata de ser llenado por incursiones punitivas de motines y facciones. Si bien este vacío político se prolonga hasta la Guerra Federal (1899), pareciendo resolverse con el régimen liberal que se implanta, mediante elecciones circunscritas, lo que se trasluce después, en toda la periodización liberal, hasta la revolución nacional de 1952, es que el vacío político subsiste, de manera latente, manifestándose en las turbulencias de las crisis políticas intermitentes del régimen liberal.

Desde esta descripción sucinta de la eventualidad política en una formación social-política singular podemos sugerir un modelo esquemático de lo que podemos llamar la carencia política, entendiendo carencia en el sentido de ausencia de legitimidad, aunque también falta de institucionalidad estructurada y materializada. Como acabamos de decir la carencia política se patentiza por la ausencia de legitimidad, así como por la falta de institucionalidad estructurada y por la inhibición de su realización material. La ausencia de legitimidad se evidencia en la disminuida convocatoria, también en la escasez absoluta de consensos. En otras palabras, en la oquedad ideológica; no hay ningún esfuerzo por el convencimiento masivo, salvo los prejuicios de casta, que cohesionan a los grupos y clanes en disputa de la oligarquía regional. La falta de institucionalidad se manifiesta en la desmesura de la pretensión jurídica, la Constitución, respecto a la escaza edificación institucional, la que, mas bien, brilla por su ausencia o es endémica. En estas condiciones de imposibilidad histórica-políticas la crisis inicial del Estado-nación en gestación se manifiesta en la constante turbulencia política en la cúspide de la pirámide social, en los estratos de la oligarquía regional, conformada por perfiles particulares de las oligarquías locales.

Como dijimos, esta carencia política se va a mantener a lo largo de los distintos periodos y de las diferentes fases y épocas de las formaciones políticas nacionales, incluso cuando se logra construir legitimidad e ideología de cohesión, acompañada de la materialización institucional, como ocurre a partir de la revolución nacional de 1952. En este caso, la carencia política se sumerge y se eclipsa, manteniéndose de forma latente, por lo menos durante los doce años de la revolución. Después, desde el golpe militar de 1964, la carencia política vuelve a emerger durante el periodo de las dictaduras militares, a pesar de algunos vaivenes en busca de legitimidad, como cuando se dan los gobiernos del general Alfredo Ovando Candia y del general Juan José Torrez Gonzáles. Durante el periodo democrático, que dura hasta ahora (1982-2019), la carencia política concurre y convive con la acumulación política, que adquiere legitimidad, mediante el voto, a pesar de las contingencias propias de disputa política-ideológica-económica. Durante el llamado lapso de los gobiernos neoliberales (1984-2005), de la coalición neoliberal, esta predisposición política se circunscribe a una provisional legitimidad, a un fraccionado consenso, además de a una institucionalidad en construcción. Durante el periodo de las gestiones de gobierno neopopulista (2006-2019) la legitimidad alcanza niveles de aceptación, comparables a la revolución nacional de 1952, incluso se puede decir que la legitimidad es mayor, por lo menos en la primera gestión del gobierno de Evo Morales Ayma (2006-2009). Empero, el problema sigue radicando en la vulnerable materialidad institucional.  En otras palabras, la carencia política vuelve a sumergirse en una primera etapa del periodo neopopulista, para volver a emerger lentamente en las subsiguientes gestiones de gobierno. Se puede decir que la crisis política del neopopulismo, manifestada en las últimas gestiones de gobierno de Evo Morales Ayma, muestra la reemergencia nuevamente de la carencia política.

 

 

 

 

 

 

Abundancia política

Ahora vamos a esquematizar un modelo opuesto, por así decirlo, al de la carencia política; llamaremos a este modelo el de la abundancia política. A diferencia del anterior modelo, el de la carencia política, el modelo de la abundancia política se caracteriza por una alta legitimidad, por lo menos en los comienzos de sus periodizaciones y temporalidades propias. Como referente concreto tomaremos el de la revolución socialista, efectivamente dada en el antiguo imperio zarista. Como en el caso, anterior, cuyo referente es el del improvisado nacimiento de la República de Bolivia, en contra del proyecto de Bolívar de la Patria grande, y los turbulentos periodos que le siguieron, de escaza legitimidad, de estrechísimo consenso de casta, de carente institucionalidad, podemos encontrar otros referentes concretos. En el caso del modelo de la carencia política, tomamos como referente la dramática historia de Bolivia; lo hicimos por la proximidad de la experiencia propia. En el caso del modelo de la abundancia política, tomamos como referente concreto a la Revolución Rusa, lo hacemos pues se convirtió en el ejemplo de las revoluciones socialistas que le siguieron, que se efectuaron a nombre del proletariado.

La crisis múltiple del imperio zarista, estancado en los frentes de la primera guerra mundial, agregando derrotas flagrantes, que derrumbaron al gigantesco ejército que llevó a la guerra, derivó en la desmoralización generalizada, pero también en la interpelación popular al régimen de la aristocracia centenaria. Se puede decir que la revolución socialista rusa se gestó un siglo antes, con el despliegue de las luchas encaradas por el populismo ruso, que arraigaron en una concepción campesinista anticapitalista. La socialdemocracia rusa, imbuida por la concepción marxista de la historia y por la crítica de la economía política, se opuso ideológicamente al populismo ruso. La primera gran asonada proletaria y popular contra el régimen zarista se dio lugar en la revolución de 1905. Aunque esta revolución fue derrotada, dejó una profunda huella en la experiencia y en la memoria social, incidiendo en la configuración de la revolución que se va a dar doce años después. Las tradiciones de lucha del pueblo ruso se distribuyen entre el populismo ruso, cuyas vertientes radicales evolucionan al anarquismo, también al socialismo revolucionario; las formaciones partidarias marxistas, principalmente la socialdemocracia, cuya ala radical va a evolucionar en la conformación del Partido Comunista, cuya matriz fue la tendencia bolchevique de la socialdemocracia, en competencia con la llamada tendencia menchevique. Anarquistas y socialistas revolucionarios también van a estar influenciados por otra lectura marxista, distinta a la de los bolcheviques, así como los mencheviques elaboraron también una interpretación marxista diferente, aunque más cercana a la de los bolcheviques y más distante a la de los anarquistas y socialistas revolucionarios.

No vamos a hacer una descripción exhaustiva, tampoco larga y pormenorizada de la revolución rusa, nos remitimos a los escritos publicados, donde se maneja un poco más detenidamente esta temática y problemática[7].  Lo que nos interesa es señalar el referente de lo que llamamos el modelo de la abundancia política para dibujar su configuración esquemática. Nombramos modelo de la abundancia o la acumulación política, primero, como dijimos, por su entusiasmo revolucionario, entonces por la alta legitimidad popular del que goza la revolución, en un principio. Acudiendo a lo que escribimos en Paradojas de la revolución, podemos volver anotar que la revolución proletaria y campesina, además de soldados, ya se dio en febrero de 1917; lo que ocurrió en octubre del mismo año se parece más a un golpe de Estado contra la Asamblea Constituyente, por parte de los bolcheviques, la tendencia más organizada como partido de profesionales militantes. Esta alta legitimidad mantiene su magnitud en los primeros años de la revolución, incluso en lo que dura la guerra civil contra los “rusos blancos” (1917-1923), respaldados por la intervención de los imperialismos de entonces, europeos, norteamericano y japonés, además de Turquía. Empero, cuando termina la guerra civil con la victoria del Ejército Rojo, los soviets de obreros, soldados y campesinos piden el retorno de la democracia obrera y sindical, es decir, el retorno del poder a los soviets; el Partido Comunista, ya conformado, se niega a hacerlo. En respuesta a la demanda de los soviets el Partido Comunista opta por la represión; el caso más dramático ocurre cuando el Ejército Rojo reprime y masacra a la vanguardia de la revolución, los marineros de Kronstadt (1921). Esta represión y masacre marca un hito y un punto de inflexión en la revolución; ésta comienza su lenta regresión, institucionalizando la revolución en el Estado Socialista, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que de soviéticas no tienen paradójicamente nada, pues el poder no retorna a los soviets. Los soviets, al comienzo de la guerra civil contra los “rusos blancos y la intervención de los imperialismos, deciden delegar y concentrar el poder en el comité central del Partido Comunista, congregando el mando, con el objeto de unificar la dirección y efectivizar las decisiones militares, organizando la logística y la movilización de la guerra. Esta delegación era provisional, hasta que culmine la guerra civil; sin embargo, después de la victoria del ejército rojo no se devuelve el poder a los soviets.  

Un segundo momento de regresión de la revolución acontece con la represión y masacre de los kulaks, los campesinos ricos, aunque también del resto de los estratos campesinos. Se renuncia a la Nueva Política Económica (NEP), de transición y convivencia con los campesinos, implantándose la colectivización forzada en el campo. La nombrada revolución obrera y campesina, simbolizada en el logo de la hoz y el martillo, deja de ser campesina, también, antes, obrera, para convertirse en una revolución burocrática. El tercer hito y punto de regresión lo marcan los apócrifos juicios de la década de los treinta, llevando al banquillo de los acusados a los propios miembros y jerarcas “sospechosos” del Partido Comunista. Con antelada anticipación, el “hombre de acero”, Josef Stalin, acaba con todo el comité central del Partido Comunista histórico, quedando sin competencia; el último que quedaba, Lev Davídovich Bronstein, conocido con el seudónimo de León Trotsky, será asesinado en México en 1940.  En lo que sigue se asiste a dilatada regresión, cayendo en la decadencia misma de la revolución, hasta el derrumbe de la URSS en 1991. En el transcurso se suceden represiones de la nomenclatura a levantamientos y movilizaciones obreras, que resisten a la burocracia del régimen del socialismo real, buscando recuperar el sentido utópico de la revolución socialista. Esto suceden en la República Democrática Alemana (1953) y en la República Popular de Hungría (1956), durante la década de los cincuenta; en 1977 se repitió el drama en la República Socialista de Checoslovaquia.

Desde la perspectiva del esquemático modelo de la abundancia política, podemos anotar que la acumulación política de la revolución socialista es mermada por la casta burocrática del Partido Comunista, que se apropia institucionalmente de la revolución, convirtiéndola en un Estado absoluto en tiempos del capitalismo tardío. Nosotros, incluso, anotamos, que se trata de una forma de gubernamentalidad barroca que más se parece a un raro perfil de monarquía socialista[8].

El modelo de la abundancia política implosiona, se hunde su propia estructura, se derrumba la institucionalidad construida, sobre la base de la mitificación y estatalización de la revolución. El Estado adquiere dimensiones monstruosamente hipertrofiadas; ocurre como si el Estado se tragara a la sociedad misma, su substrato de constitución, inhibiéndola a tal punto, que el Estado ya no encuentra fuerzas sociales para reproducirse, pues están capturadas y congeladas. La legitimidad espontanea, de un principio, se reduce a la compulsiva propaganda ideológica, difundida por un Estado donde la imaginación brilla por su ausencia. Propaganda acompañada por una sistemática represión y control de la sociedad, cada vez más extensa. Si bien, en el transcurso, se dan como aperturas, dentro de la misma nomenclatura, salió a la luz lo que llamaron un día, en la difusión de la revista Socialismo o Barbarie, Cornelius Castoriadis y Claude Lefort, pugna entre clanes del partido, estas aperturas no detienen la dilatada caída del socialismo real.

El modelo de la abundancia política hace hincapié en la desmesura del plano de intensidad política en el espesor social, subsumiendo al resto de los planos de intensidad que hacen al espesor social. Recordemos la tesis de Louis Althusser que interpreta el materialismo histórico desde la lectura de la predominancia de uno de los planos de intensidad; se habría pasado de la predominancia del plano de intensidad religioso, en el medioevo, a la hegemonía del plano de intensidad económica, en la modernidad capitalista, y de aquí se iría a la preminencia del plano de intensidad político, en la modernidad socialista. Sin discutir, ya lo hicimos antes, esta tesis de Althusser, anotando la misma para ilustrar sobre el modelo que proponemos de la abundancia política, lo que nos interesa es señalar que la crisis del poder, crisis estructural, orgánica y genealógica, emerge tanto en la condición de la carencia política, así como en la condición de la abundancia política.    

Desde las perspectivas del modelo de la carencia política o de la acumulación política no se alcanza el equilibrio político, demandado por las fuerzas concurrentes de la política. Se experimenta la debacle institucional del ejercicio de la democracia. Tanto el modelo de la carencia política como el modelo de la abundancia política evidencian la crisis política del Estado-nación. La crisis política emerge tanto de la carencia o la abundancia política; la crisis tiene que ver con las pretensiones del plano de intensidad política. No es la política lo que ciega los ojos, sino el arte, la amistad o la esgrima, el amor, como recita el poema de Federico García Lorca, en Oda a Salvador Dalí. Desde esta perspectiva o lectura poética, la política es la entrega al derroche afectivo sin retorno, al derroche del al acto heroico. Sin embargo, tanto por la carencia o la abundancia políticas la efectuación política no se realiza sino a través de la perpetración de la crisis.  La crisis de legitimación por carencia o por abundancia, que deriva en la ausencia o la saturación de la convocatoria. En cambio, desde la perspectiva romántica, lo que importa es la irradiación de la interpelación estética de la rebelión social.

Ni la carencia ni la abundancia política pueden resolver la crisis congénita y estructural del poder, que adquiere la forma del círculo vicioso del poder, de la crisis múltiple del Estado. Ambos modelos son modelos de la crisis política. Tampoco se puede resolver esta crisis genealógica, como se ha visto en la historia política de la modernidad, en lo que podemos llamar el modelo del equilibrio político aparente del paradigma político liberal. El modelo del equilibrio aparente liberal recurre al la sumatoria del voto en el campo cuantitativo de la concurrencia masiva. Esto no es más que tratar exasperadamente recuperar en la distribución de los votos la legitimidad perdida. Lo que es evidente imposible, pues la legitimidad es cualitativa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El modelo del equilibrio aparente, el de legitimidad cuantitativa

En lo que respecta a la exposición de lo que llamaremos el modelo del equilibrio político aparente, no vamos a usar un  referente singular, como en los otros casos, el modelo de la carencia política y el modelo de la abundancia política, sino vamos a considerar la experiencia social de los pueblos, que han vivido en sus propios cuerpos, conformando memorias sociales políticas, durante la historia política de la modernidad, la manifestación proliferante del paradigma liberal, que se implantó en los países en sus formas singulares. Si bien no podemos hablar exactamente como modelo, como en los anteriores casos, sino en tanto y en cuanto nos permite dibujar un perfil ilustrativo y ciertos rasgos característicos del paradigma liberal, podemos referirnos al esquema de la legitimación por medio del voto. El liberalismo legitima su régimen político mediante la corroboración del voto, que es un sustituto empírico, sobre todo estadístico, de la verificación de consensos. Se puede entonces hablar de un modelo intermedio, entre el modelo de la carencia política y el modelo de la abundancia política. Se trata del modelo del equilibrio político aparente, que se corrobora mediante el voto. Un modelo cuantitativista, que pretende resolver los problemas cualitativos en términos numéricos. En este caso no hay ni carencia ni abundancia políticas, sino formas proliferantes de la especie de la inercia política. Los problemas de legitimidad se resuelven en términos de las formas numéricas; se trata de verificaciones estadísticas. La legitimidad entonces se evalúa aritméticamente.

Sin embargo, los problemas de legitimidad del capitalismo tardío no se resuelven estadísticamente. Se trata principalmente de una problemática ideológica; como dice Jürgen Habermas, la ideología no convence, no se realiza ni es aceptada como retórica y argumentación del convencimiento[9].  El modelo liberal pretende resolver los problemas fundamentales de la democracia en el sentido de la delegación y representación. Si bien logra verificaciones cuantitativas a través de la elección, no puede lograr el consenso, que solo puede ser el resultado de un debate colectivo y de la participación social. El modelo del equilibrio político aparente solo puede sustituir la necesidad de consensos colectivos por la sumatoria electoral. Esquemáticamente se puede decir que se trata de un modelo intermedio, entre el modelo de la carencia política y el de la abundancia política. Pero, por eso mismo, peca, por así decirlo, de la misma fatalidad que conllevan ambos modelos contrapuestos, la crisis de la legitimidad en el largo plazo. El modelo liberal logra resolver, por un tiempo, el problema de legitimidad, mediante la verificación estadística del voto, aritmética mediante la cual evalúa la magnitud cuantitativa de la inclinación electoral. Sin embargo, esta estadística no puede sustituir a la cualidad de la legitimidad otorgada por el entusiasmo popular.

Este modelo liberal logra diferir la vigencia institucional de lo que se llama el Estado de Derecho, también, la legitimidad aparente del régimen liberal, que se prolonga en sus distintas expresiones políticas. A diferencia del referente de la carencia política y del referente de la abundancia política, el modelo del equilibrio político aparente logra transferir en el imaginario social la imagen de una “legitimidad” cuantificada. Sin embargo, la legitimidad es un acontecimiento subjetivo y político, además de ideológico y cultural, emergidos del entusiasmo popular. Lo que logra el modelo liberal es la simulación mediática del consenso nunca dado; logra presentarse, en las primeras etapas, como corroboración cuantitativa de las fuerzas concurrentes. En el largo plazo, esta corroboración estadística se desgasta, pues devela su vulnerabilidad unidimensional. Se trata de una “legitimidad” cuantitativa y no cualitativa, por lo tanto, una simulación de la legitimación, entonces, debilitada en una representación aritmética. En este caso, el del modelo del equilibrio político aparente, la legitimidad prolongada tampoco es lograda, sino que es simulada institucionalmente[10].

En consecuencia, se trata, en este ensayo de interpretación esquemática, de un tercer modelo relativo a los problemas de legitimación en el capitalismo tardío; un modelo que fracasa porque se malogra el decurso del raciocinio, que se hace imposible ante la desmesura y la incidencia de los medios de comunicación de masa. Un modelo, que paradójicamente se remite a la opinión pública, pero la hace desaparecer, interviniendo en la invención del sentido común enlatado.  En el largo plazo, esta aparente legitimación se pronuncia en las crisis de la forma de gubernamentalidad liberal, que se expresa no solo en la distribución del voto fragmentado, sino sobre todo en los hechos manifiestos de la ingobernabilidad develada; en principio, imperceptiblemente, después, de manera notoria, así como también en la caída de la forma de gubernamentalidad liberal en  la corrosión institucional y la corruptibilidad de las prácticas políticas, de la misma manera como ocurre en las prácticas paralelas de la forma de gubernamentalidad clientelar, aunque lo haga de manera menos extensiva e intensiva.

En otras palabras, el modelo liberal del equilibrio político aparente logra diferir la crisis de legitimidad congénita en la estructura estructurante de la formación política, en la estructura subyacente de las formas de poder, sin embargo, no logra resolverla, pues la legitimidad prolongada requiere de participación social, en pleno sentido de la palabra, lo que no puede aceptar el formato de la democracia representativa y delegativa. En algún momento el diferimiento no puede prolongarse, el modelo liberar del equilibrio político aparente también ingresa enteramente a la crisis, mantenida en los umbrales. La crisis comienza a aparecer con mermadas asistencias a las elecciones, haciéndose patente la indiferencia relativa de gran parte de los ciudadanos. Otros síntomas de la crisis se muestran en la letanía aburrida de las convocatorias rutinarias a la concurrencia política, que parece ser siempre la misma, salvo alguna que otra turbulencia política que se da de vez en cuando.  Sin embargo, la crisis desenvuelta aparece después, mostrando los síntomas de la degradación del modelo del equilibrio político aparente, conllevando el desmoronamiento del sistema de partidos políticos, que puede darse en dos formas, la del bipartidismo rotativo o el de la diseminación fragmentada de partidos; es anecdótico cuando aparecen personajes carismáticos que cambian la rutina por la demagogia o la provocación, otorgándole cierta motivación a la concurrencia política liberal. Sin embargo, cuando ocurre esto no es precisamente el esquema y el procedimiento liberal, ni sus propias reglas, las que entran en juego, sino se introducen prácticas de otras formas de gubernamentalidad y de convocatoria política. Recientemente, en el juego electoral liberal han cobrado vigencia fuerzas políticas que no se las puede calificar de liberales, mas bien todo lo contrario; no hablamos de las fuerzas de izquierda, cuando éstas participan en el modelo del equilibrio político aparente, sino de fuerzas más bien ultraconservadoras, identificadas como de ultraderecha. Es cuando se constata la debacle del modelo del equilibrio político aparente, cuya ideología, institucionalidad, constitucionalidad, es liberal, es decir, que colocan como presupuesto las garantías de las libertades civiles, políticas, de las generaciones de los derechos logrados, que suponen la igualdad jurídica entre los individuos. Valores que desestima precisamente el ultra-conservadurismo, la ultraderecha.

Si bien se puede decir que algo parecido ocurre con los partidos socialistas, incluso los partidos comunistas, que participan en la concurrencia electoral, codificada en el modelo liberal, no es lo mismo, pues, en todo caso, estas participaciones en las prácticas liberales lo hacen a nombre de la justicia, también de la libertad, aunque la entiendan a su manera, suponiendo el presupuesto de la igualdad. Los partidos socialistas se moverían en los límites del paradigma liberal, si es que no fueron ya asimilados por el habitus liberal. Lo que no ocurre con la participación electoral de la ultraderecha. Así mismo, se puede decir también que ocurre algo parecido con las versiones populistas; sin embargo, también, en este caso, se presupone la igualdad y se persigue la justicia y la libertad, por más acotadas ideológicamente que se interpreten estos valores y principios. Lo sugerente en estos casos es que se participa en el modelo liberal, buscando llevarlo más allá de sus propios límites. En cambio, la participación de la ultraderecha lo hace para abolir las libertades, revisar los alcances de la justicia, desvalorizándola, desconociendo de entrada el presupuesto de igualdad. Por eso, reafirmamos que cuando la participación ultraconservadora alcanza niveles significativos de convocatoria electoral, se puede decir que el modelo liberal ha incubado a la serpiente – recordando la película El huevo de la serpiente de Ingmar Bergman – que se comerá al régimen liberal, imponiendo un régimen declaradamente de las desigualdades cualitativas y raciales.   

  

Notas

 

[1] Ver Paradojas de la revolución, también Fetichismo ideológico.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/paradojas_de_la_revoluci__n.

https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/fetichismo_ideol__gico.

 

[2] Otto Philipp Braun adquiere la nacionalidad boliviana, sirve al gobierno boliviano en varios proyectos. Braun fue prefecto de La Paz, también es nombrado ministro de Guerra y Marina de Bolivia. En 1835 recibe el cargo de comandante en jefe de las provincias del sur, encarggado de proteger el país de una posible invasión peruana. Braun dirige varias batallas contra los enemigos de la Confederación Perú-boliviana. En 1838 obtiene la victoria contra el ejército argentino invasor en la batalla de Montenegro; por lo que es nombrado Mariscal de Montenegro. En el mismo año es nombrado ministro de Guerra y Marina, así como ministro del interior de la Confederación. Ver Otto Philipp Braun; https://es.wikipedia.org/wiki/Otto_Philipp_Braun.

 

[3] Bibliografía: Arguedas, Alcides (1922). Historia General de Bolivia. De Mesa, José; Gisbert, Teresa; Mesa, Carlos (1998 [5ª Ed. 2003]). Historia de Bolivia. La Paz: Gisbert.

Referencias: Teresa Gisbert por encargo del Instituto Nacional de Estadística (2010). «Período Prehispánico Bolivia». Archivado desde el original el 5 de marzo de 2010. Consultado el 6 de abril de 2010. Arqueobolivia.com : Actualidad de la arqueología en Bolivia. [Tras las Huellas de los Chané, El Deber, 1 de junio de 2003 ]. «UNESCO World Heritage Centre – Official Site». Consultado el 2009. [Al Margen de Mis Lecturas, Marcelo Terceros B., septiembre de 1998]. Historia de España en sus documentos: siglo XIX, Volumen 5, pág. 80. Historia. Serie Mayo Series. Historia (Cátedra).: Serie mayor. Autor: Fernando Díaz-Plaja. Editor: Fernando Díaz-Plaja. Compilado por Fernando Díaz-Plaja. Editor: Cátedra, 1983.  Documentos para la historia argentina, Volúmenes 39-41, pág. 182. Autor: Universidad de Buenos Aires. Instituto de Investigaciones Históricas. Publicado en 1965. Valdivieso, Patricio (Junio de 2004). «Relaciones Internacionales. Relaciones Chile-Bolivia-Perú: La Guerra del Pacífico». Archivado desde el original el 28 de noviembre de 2006. Consultado el 31 Ene 2007. El Mercurio (8 de febrero de 2009). «Evo Morales promulga la nueva Constitución y proclama el “socialismo comunitario”». Consultado el 12 de febrero de 2009. (enlace roto disponible enInternet Archive; véase el historial y la última versión). BBC Mundo (7 de febrero de 2009). «Bolivia promulga nueva Constitución». Consultado el 12 de febrero de 2009. Corte Nacional Electoral«Referéndum Nacional Constituyente 2009». Archivado desde el original el 3 de febrero de 2009. Consultado el 9 de febrero de 2009. «Bolivia, entre los países con mayor desarrollo en 2015 – La Razón»http://www.la-razon.com. Consultado el 12 de marzo de 2017. Infobae. «Malas noticias para América Latina: el FMI anticipó un crecimiento de sólo 1% en 2015 | América Latina, Latinoamérica, FMI, crecimiento económico, Fondo Monetario Internacional, Argentina, Bolivia, Brasil – América». Consultado el 12 de marzo de 2017. «Pobreza en Bolivia disminuyó 20 por ciento en la última década»Prensa Latina – Agencia Latinoamericana de Noticias. Consultado el 7 de enero de 2017. Enciclopedia Libre: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Bolivia.

 

[4] El Mayor General José Miguel de Velasco 25 de julio de 1835 fue declarado héroe el por el Senado Nacional de Bolivia, declarándolo Eminente Republicano.

[5] Notas: Flores, Zoilo (1869). Efemérides americanas: precedidas de un bosquejo histórico sobre el descubrimiento, la conquista y la guerra de la independencia de la América Española. Tacna: Impr. de “El Progreso”, pp. 138. Urquidi, José Macedonio (1921). Nuevo compendio de la historia de Bolivia. La Paz: Arno Hermanos, pp. 143. Moscoso, Octavio (1896). Geografía política, descriptiva é histórica de Bolivia. Imrp. “La Glorieta”, pp. 46. Kieffer Guzmán, Fernando (1991). Ingavi: batalla triunfal por la soberanía boliviana. EDVIL, pp. 498. «Nombrarán patrimonio a los campos de Ingavi». fmbolivia.net. 31 de marzo de 2010. Archivado desde el original el 2 de diciembre de 2013. Consultado el 25 de noviembre de 2013. Ver Batalla de Ingavi: Enciclopedia Libre: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Ingavi.

 

[6] Ver Historia de Bolivia. Ob. Cit.

[7] Ver Paradojas de la revolución. https://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/paradojas_de_la_revoluci__n.

[8] Ver La pantomima del Gran Timonel. https://pradaraul.wordpress.com/2018/08/03/la-pantomima-del-gran-timonel/.

 

[9] Leer de Jürgen Habermas Problemas de legitimación en el capitalismo tardío.

http://www.bioeticanet.info/habermas/ProLegCaTa.pdf.

[10] Ver Decadencia y gubernamentalidad liberal. https://pradaraul.wordpress.com/2016/05/17/decadencia-y-gubernamentalidad-liberal/.

 

Felipe Delgado perdido en el laberinto de su soledad

Felipe Delgado perdido en el laberinto de su soledad

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Felipe Delgado en el laberinto de su soledad

 

 

Jaime Saenz 6

 

 

En Antofagasta Felipe Delgado aparece perdido en el laberinto de su soledad. Una soledad extrema, abismal; el desencuentro consigo mismo no puede ser mayor. Solo el inmenso mar es un sosiego para su angustiosa soledad. Al encontrarse con el mar se encuentra con la infinitud acuosa y salada de lo que parece interminable, lo que llama el ser del mar; un ser sin tiempo, eterno, desmesuradamente abrumador por su cuantiosa totalidad inabarcable a la mirada, pero, a la vez, inmenso espacio donde se encuentra la paz en la expansión sublime del océano. Es allí donde Felipe Delgado desenvuelve sus más abstractas reflexiones. En esa inmensidad, que hace de metáfora de lo eterno, encuentra las respuestas a sus preguntas. A diferencia de las reflexiones nihilistas, donde la nada es el referente de la culminación, el ser del mar aparece como totalidad lograda. El mar borra el tiempo, es un acontecimiento acuoso sin tiempo, comienzo y fin de la vida; es más, la vida en su fluir y refluir eternos.

Después de este aprendizaje, Delgado sabe que tiene que volver, no solo debido a la nostalgia, sino para cumplir con su propio destino, que no es más que el recorrido de una ola que se estrella contra las rocas, que no es más que una vibración en un océano incontable de vibraciones. Ante el ser del mar la muerte es una nada, es parte del flujo y reflujo de la vida. Aunque parezca paradójico esto de ir a cumplir su destino, que no es otra cosa que despojarse del cuerpo, cuando se descubre el ser del mar, que es la vida misma, en su versión acuosa y fluida, Delgado sabe que lo que importa no es su recorrido individual y su clausura, sino esta eternidad fluyente donde se sumergen las particularidades, convirtiéndose en la totalidad bullente. Se puede decir, que no cambia su destino, sino que es interpretado de otra manera, desde otra perspectiva, ya no dese la mirada de la nada, sino, mas bien, desde la mirada del todo.

Pero, es cuando más solo se siente Felipe Delgado. Solo en la lejanía de su patria, de su terruño, de su ciudad, de sus amigos, de la bodega. Mucho más solo cuando ya no cuenta con los tiernos brazos de Ramona Escalera. A pesar de que lo acompañan Estefanic y Ramón Peña y Lillo, él se encuentra irremediablemente solo, en un entorno que hace patente su soledad incontestable. Por eso, se dedica, otra vez, a perderse en el alcohol. Esta dedicación lo va a llevar al extremo del delirio y el paroxismo de la locura; su amigo Estefanic, desesperado, recurre llevarlo a un sanatorio, donde va a tener experiencias extrañas. Fuera de experimentar y sufrir la terapia lapidaria del sanatorio, Felipe asiste al descubrimiento de la música del silencio o del silencio como matriz de la música. Una joven que recibe la visita de su madre, quien le regala un vestido nuevo, el que se pone inmediatamente, desnudándose en público sin pudor alguno, se pone a bailar en el salón como si fuese una pista de danza. Es cuando se arrima a la ventana y escucha el silencio.  El silencio es el secreto de la música, el silencio es la melodía suprema; suena en su propio mutismo, por así decirlo. Esta es la revelación de todo. Venimos del silencio y vamos al silencio; el motor de la música, la melodía, los sonidos, es el silencio.

Felipe Delgado decide llevarse en una botella agua de mar para depositarla en la tumba de Ramona Escalera, una ofrenda de lo que ha encontrado, parte del secreto del ser del mar; también lleva otra botella de licor de uva para compartir con los amigos de la bodega. Quiere festejar con los amigos el encuentro con el mar, pero también su regreso. A su retorno, ya en el Altiplano, al contemplarlo, considera que en esta inmensa puna arde el mar. Como si el Altiplano se hubiera tragado el mar y se hubiera convertido en fuego. Su sequedad no sería otra cosa que el mar convertido en fuego. Algo que equivale a decir, más o menos, que la tierra se licua en el mar, cambia de estado físico, como decir que la tierra se apacigua en el mar, a pesar de que el mar puede llegar a ser tormentoso. Esta dialéctica, al estilo de Felipe Delgado, que encuentra la conexión íntima entre el mar y la tierra, entre el océano y el continente terroso, nos muestra la inseparabilidad del acontecimiento paisajístico. En el paisaje se despliega el devenir del agua en tierra y de la tierra en agua, de lo húmedo en lo seco, de lo frío en fuego. Estas metáforas, en movimiento dialéctico, develan la inquietud incontrolable de Felipe Delgado, su angustia y su convulsión pasional. Va a ir a cumplir con el desenlace de su destino, pero de una manera agitada; no se trata de resistencia, tampoco de rebeldía, de oponerse, menos de un acto heroico, sino de una entrega apasionada a su propia diseminación.

Felipe Delgado, cuando regresa a la Paz y va al cementerio a la tumba de Ramona Escalera, confunde las botellas y deja la botella de agua ardiente de uva en el nicho de la amada difunta y se lleva para beber el agua de mar. Esto le parece una señal de mal augurio a su amigo Peña y Lillo que lo acompaña; sin embargo, se ve obligado por Felipe a beber el vaso lleno de agua de mar, pues Felipe apuesta plenamente al cumplimiento de este cambio, de esta equivocación, que es señal de lo que hay que beber es el mar y lo que hay que dejar en el cementerio es la bebida de agua ardiente.   Esta equivocación de Felipe Delgado de las botellas le parece al protagonista la señal de lo que debe ser, en relación con el ser del mar. Aunque no le parezca a Peña y Lillo decide que sea así, le sigue el guion a su amigo, que se exhibe ya enloquecido. A estas alturas lo que vale a ojos de Delgado es el juego de las cartas descubiertas del destino.

¿Cuál es la narrativa que se teje? ¿La del escritor de la novela o la de la compulsión del protagonista? Entonces, ¿cuál es la relación entre autor y el protagonista de la novela? ¿Se trata de una autobiografía o de una narración de la interpretación de la autobiografía deformada del autor? ¿De lo que pudo haber sido y no fue o de lo que fue sin haber sido? Quizás la novela se encuentra en el momento de no solo tomar decisiones sobre el decurso de la trama, sino sobre el carácter de la mima interpretación, que, por cierto, no solo se trata de la historia de vida del autor, sino de la vida misma que le toca afrontar al escritor, como ser concreto y singular de la multiplicidad de historias de vida, es más, sobre el sentido de la vida humana. Quizás terminar la trama de una novela implica decidir el desenlace de ésta, hablamos de la singularidad misma del descenlace. ¿Hacia donde conduce el itinerario del recorrido dramático de Felipe Delgado? Sobre todo, después de la pérdida irremediable de Ramona Escalera. En los mensajes que lanza Felipe se habla del encuentro con Ramona, en la suspensión de la vida y la muerte. Ramona no ha muerto, sino que se encuentra suspendida, en una anhelante espera del despojamiento del cuerpo de Felipe. 

Ya sabemos cual es el desenlace de la novela; el autor decide dejarse llevar por la compulsión nihilista del protagonista. ¿Pero, cuál es la relación del protagonista con el escritor? ¿Son el mismo sujeto o, mas bien, distintos sujetos que expresan distintas alternativas? Felipe delgado es y no es Jaime Sáenz; lo es en tanto posibilidad; no lo es en tanto el autor conserva o contiene otras posibilidades efectivas. ¿Por qué el autor acepta el desiderátum del protagonista, Felipe Delgado? ¿Por qué hubiera querido terminar de esa manera, desapareciendo repentina como el protagonista de la novela? No pasa lo mismo con el autor; el escritor muere más tarde en el transcurso del diferimiento de la muerte. Obviamente, un autor, en este caso un escritor, no se reduce a la trama de su novela; empero, su novela dice mucho de él, de sus campos de posibilidad, de sus decursos posibles, de lo que quiso y no quiso ser. Pero, también, la interpretación de su obra no parece posible sin considerar el campo de posibilidades que contiene el autor. Ciertamente, la historia del escritor puede caber en gran parte en su biografía; sin embargo, su biografía lograda, impresa y difundida, no agota lo que contiene como campo de posibilidad un autor. Así como la biografía de un escritor puede ser reinterpretada desde las huellas y los entramados tejidos en su obra. El desenlace de la novela no es el desenlace de la vida del escritor Jaime Saénz, pero este desenlace devela una de las significaciones perseguidas por el autor; que no es exactamente, ni la muerte, ni la nada, tampoco el sin-sentido, sino la desaparición, quizás la suspensión sobre los avatares mismos de la vida cotidiana.

En la medida que avanza la trama de la novela, cobra importancia lo que hemos denominado el plano de intensidad filosófico, el plano de la búsqueda insaciable del sentido inmanente. Aunque, podemos decir que el encuentro o el develamiento de este sentido inmanente no aparece en la novela, pues no se lo logra descifrar, lo que cobra relevancia en la novela, en los últimos capítulos, es que lo que importa es la revelación de lo aprendido en la experiencia del protagonista, que no puede expresarse sino reflexivamente. Las reflexiones teóricas adquieren extensidad y buscan decodificar las claves del destino. A estas alturas del despliegue del plano de intensidad filosófico, que se vuelve preponderante en la narrativa, ya no se trata de aseverar la tesis nihilista del ser para la muerte, que esta contrapuesta a la tesis opuesta del ser para la vida; sino de comprender la significación de esta última tesis, ¿Qué implica ser para la vida? En la tercera parte de la novela se plantea esta problemática; aunque no se la resuelva, queda expuesta en varias alternativas.

Sin embargo, a pesar de esta apertura, de contar con varias alternativas, anotadas en las reflexiones de Felipe Delgado, el autor decide el desenlace que venía anunciado desde un principio, la salida nihilista. ¿Acaso se puede leer una novela teniendo en cuenta otros posibles desenlaces? Serían otras novelas; la que tenemos es la que está escrita y publicada; y esta tiene el desenlace conocido. Entonces, de lo que se trata es de explicarse porqué, esta vez el protagonista, Felipe Delgado, decide hacer lo que hace, encaminarse a su desaparición. A lo largo de los comentarios sueltos, que hemos venido acumulando, lo que se ha hecho notorio y en lo que se ha hecho hincapié es en esta tendencia suicida del protagonista, que el mismo, además, la ha venido reafirmando. Empero, contrastan con esta tendencia sus reflexiones de la parte tercera de la novela, donde el valor de la vida sobresale sobre el valor de la muerte; es más, la muerte no es más que un momento en el devenir mismo de la vida. Podemos decir, entonces, que en la tercera parte de la novela se pone en cuestión lo que se venía gestando en la primera y segunda parte. Es como el momento de la duda; mucho más, el momento de la lucidez, cuando se cobra consciencia de la complejidad misma de la vida y de la muerte; no solo de su interrelación y dialéctica, sino, sobre todo de la desmesura de la vida. La tercera parte es como una reconciliación del protagonista con la vida.

El contradictorio comportamiento de Felipe Delgado radica en que, a pesar de esta lucidez sobre la vida y el momento de la muerte en el devenir de la vida, se inclina por el derrumbe que se ha venido gestando desde un principio. Acepta este derrumbe como fatalidad, que, en otros términos, también implica el destino del que no se puede escapar. Entonces, esta falta de libertad ante el destino escrito es como una afirmación misma de la fatalidad y del destino inscrito. Felipe Delgado no se rebela ante el destino, como lo haría un griego clásico en la tragedia, sino que acepta pasivamente su destino. De esta manera reafirma también su inclinación nihilista, su voluntad de nada, por lo tanto, su falta de voluntad de potencia. La novela narra la trama del fracaso del sujeto ante los dilemas que se plantea, ante los problemas que enfrenta; también renuncia a la lucidez lograda. La expresa como contraste al pesimismo filosófico, largamente labrado; demuestra la equivocación de la perspectiva nihilista y el asombro ante la eternidad de la vida. Sin embargo, a pesar de este horizonte creativo, Felipe Delgado opta por la diseminación, el despojarse del cuerpo, que es, a su vez, el despojarse de la vida o del substrato que hace la vida presente, y realización espiritual de la vida, es decir, realización abstracta y especulativa de la vida, que no es otra cosa que una afirmación de la muerte.

Si seguimos a Ernesto Sábato, la novela trata de los grandes problemas y temas de la humanidad, que son los relativos al sentido de la vida y de la muerte; entonces, Jaime Sáenz, en la novela prefiere encontrar el sentido de la vida en el núcleo vacío de la muerte. No hace al revés, como en la tercera parte de la novela, interpretar la muerte como momento de la vida. La textura y la urdimbre de la narrativa configura intensamente esta pugna de los instintos fundamentales, por así decirlo, el vital, el creativo, relativo a la potencia de la vida, y el tanático, el destructivo, el del vaciamiento de la vida, la muerte. Por eso, quizás la tercera parte de la novela sea el lugar donde la narrativa adquiere una intensidad reflexiva. Si bien, el desenlace toma el camino fácil del derrumbe, este desmoronamiento es antecedido por una reflexión lúcida que cuestiona al mismo desenlace. En la novela se patentizan las tendencias encontradas del escritor.

Sin embargo, si bien las reflexiones lo transportan a la experiencia del pensamiento que ilumina el mundo, retirando sus nieblas, la ciudad no deja de ejercer su campo gravitacional, mostrando no solo sus rutinarios ajetreas, sino también los anecdóticos hechos que concentran o sintetizan los secretos y claves de la urbe. Una de esas anécdotas es la del muerto que aparece y desaparece, que tiene en vilo a la ciudad. Al final encuentran un muerto; hay un revuelo, la población curiosa va al mercado de flores a verlo, donde lo encontraron, observando desde una grieta que se abría hacia uno de los ríos que cruza la ciudad, un barranco. Cuando lo suben, por intermedio de un rescatista, el muerto se encuentra en mal estado. Los curiosos se dividen en dos bandos: los que no aceptan que sea el muerto, por falta de dignidad, debido a la putrefacción, sobre todo debido a haber aparecido como muerto, y los que aceptaban la verdad pedestre. El encanto del muerto, que aparecía y desaparecía, era precisamente que comparecía como un fantasma o un espectro, incluso un cuerpo mágico, que aparece y desaparece. Mientras habitaba en el imaginario de la gente, el muerto era un misterio; pero, cuando al final aparece su cadáver, el referente de la representación, el cadáver hace desvanecer el misterio de la representación.

Al volver a la casa de Oblitas, donde estaba alojado Felipe Delgado, después de observar el espectáculo del mercado de las flores, donde se arremolinó la muchedumbre de curiosos, donde también hubo amagues de peleas, acompañadas de discusiones, y a donde llegó la guardia municipal, llevándose a los responsables de la aparición del muerto, Felipe tuvo una larga conversación con su anfitrión. La conversación giro sobre la existencia y no existencia, tanto en sus connotaciones abstractas, así como en sus denotaciones concretas, la existencia y no existencia del muerto, la existencia y no existencia de la bodega. Para Oblitas la existencia no puede separarse de su no existencia, que lo que existe a la vez no existe; en cambio, para Felipe el problema radicaba en el misterio de la existencia misma, por ejemplo, en el misterio que encerraba la bodega. El misterio de la existencia se encuentra en su propio desaparecer. Ambos, Delgado y Oblitas tocan analizando el cuadro de la locura; la entienden como una razón última o, si se quiere, como el hilo mismo de la razón. Los locos serían los únicos que comprenden el sinsentido de los devaneos mundanos. Pero, Oblitas, en relación con la seducción de Felipe Delgado por la bodega, considera que su amigo esta definitivamente maldecido. La única manera de salir de esa fatalidad es llevar a extremo su propia perdición. Sin embargo, también considera que los brujos son los otros que van más allá al usar su magia y atentar contra las mismas leyes de la naturaleza, que la ciencia pretende corroborar.

En la tercera parte de la novela se da como una curva cóncava; se comienza con reflexiones filosóficas anotadas por Felipe Delgado, se hunde en los estragos anecdóticos de una cotidianidad en crisis, para volver a ascender, por así decirlo, a conversaciones especulativas, empero, emergidas de temas concretos, como las del muerto que aparece y desaparece, así como sobre el significado de la bodega. De todas maneras, a pesar de estas hondonadas y estas cumbres reflexivas, en esta parte de la novela es cuando se constata patentemente la decadencia y la degradación de la condición humana de Felipe Delgado. A la llegada de Estefanic a La Paz desde Antofagasta, quien descubre la miseria a la que fue arrastrado el hijo de su amigo, aquél decide intervenir para sacar a Felipe de este hundimiento. Busca al Doctor Sanabria, viejo amigo de él y de Virgilio Delgado, papá de Felipe Delgado, para encontrar una solución. Se puede observar que, en esta parte de la narrativa y de la trama, la novela se prepara a clausurar el desenvolvimiento de las condiciones de la trama misma, del despliegue de los dramas, de la configuración del perfil de los personajes, de la expansión de lo que hemos llamado planos de intensidad de la novela. Todo esto, el cierre de las condiciones, de los desenvolvimientos y de los despliegues de las condiciones de la trama, para iniciar, en la cuarta parte, la última, el recorrido culminante del desenlace de la novela.

No es pues casual que en la tercera parte de la novela las reflexiones adquieran una tonalidad mayor, así como una elaboración y composición solemne. Se trata de clausurar el plano de intensidad filosófico, habiendo desmenuzado antes los tópicos inherentes a las preocupaciones teóricas, habiendo puesto en mesa las premisas y el tratamiento de los temas y problemas, motivos de la reflexión, la búsqueda del sentido mismo de las trayectorias de vida. Antes del desenlace, el plano de intensidad filosófico hace de trasfondo de los eventos que van a acontecer en la cuarta parte de la novela. En contraste, tampoco es casual que Felipe Delgado haya llegado al colmo de la degradación y de la miseria, que el mismo reconoce que es así, asombrado. Al tocar fondo, por así decirlo, el personaje se prepara para iniciar su depuración, limpieza y espiritualización, que viene en forma de desaparición.

¿Cómo caracterizar la novela a estas alturas de la narrativa?  Por cierto, no se puede calificarla, como fácilmente se puede caer, como una novela que hace apología de la bohemia paceña; por este camino, tampoco como una novela nihilista, que ya sería como un primer acercamiento. Si bien brotan secuencias de escenas que podemos describir como derrumbe o decadencia, como marcha incontenible de la voluntad de nada, así como surgen reflexiones que enaltecen la muerte y la nada, sin embargo, también se muestran reflexiones que meditan sobre la vida, la existencia, ponderando su vitalidad y su creatividad; así como aparecen escenas de júbilo y regocijo como las del amor. Se puede decir que, mas bien, estamos ante una narrativa que se mueve en constante tensionamiento entre la nada y el todo, la muerte y la vida, el derrumbe y el amor, la destrucción y la creación. El protagonista experimenta el tensionamiento entre sus expectativas y sus frustraciones, entre sus júbilos y depresiones. Felipe Delgado, a pesar de que hace gala de su propia perdición, se encuentra en la encrucijada donde pugna entre sus propias inclinaciones encontradas. Lo que acabamos de decir ya es un segundo acercamiento a una mejor caracterización de la novela. De aquí podemos animarnos a más elaboradas caracterizaciones de la novela.

La novela Felipe Delgado de Jaime Sáenz coloca a su protagonista en medio de una sociedad desencontrada consigo mismo. Una sociedad que ha heredado dos mundos enfrentados y, a la vez, mezclados, el mundo indígena y el mundo colonial; en la modernidad, que es como su actualidad vertiginosa, ingresa a un mundo diseñado por el comercio, de las haciendas y de la extracción minera, además de un Estado que se pretende república, pero que queda en los marcos de la enunciación jurídica. Una sociedad golpeada por las derrotas bélicas del país, concretamente por la guerra del Pacífico y por la guerra del Acre; una sociedad que se encuentra al borde de una nueva guerra, la del Chaco. Cuando Felipe Delgado pierde al padre pierde al referente de la familia, pero, también al referente de un cierto orden familiar y social. El protagonista ya había perdido a su madre al nacer, experiencia dilatada en el tiempo, que parece no haber superado; al contrario, retorna a la memoria para hacer hincapié en la falta, en la ausencia irremediable. Quizás por esto Felipe demanda permanentemente afecto, algo que podría haberle dado la madre. Este afecto lo encuentra en Ramona Escalera, su amante amada; empero, también la pierde, lo que refuerza el insondable hueco de la ausencia. Por eso, cae en una profunda depresión que lo arrastra a la miseria humana. Las reflexiones sobre la vida las hace precisamente cuando más perdido se encuentra; en cambio, las reflexiones sobre la nada y la muerte, valorando la diseminación, se dan como a un principio, cuando todavía incursiona bien parado el desenvolvimiento de su drama.

La novela pone en escena las contradicciones en las que se debate el protagonista. Es cierto que Felipe Delgado se presenta, después de cada prueba, derrotado. Es vencido una y otra vez por los avatares del destino. En consecuencia, el desplazamiento de la narrativa es una marcha a la perdición del personaje; en el desenlace hacia su desaparición. Aunque en la conversación que tiene con el Doctor Sanabria, amigo de su padre, que quiere rescatarlo de semejante caída a la miseria y al suicidio alcohólico, le dice que él busca voluntariamente su perdición, que lo dejen ser tal como ha llegado a ser, que eso es precisamente lo que quiere, en la novela Felipe intenta más de una vez remontar el camino de otra manera, con júbilo y regocijo, como cuando se enamora; en la finca de Uyupampa incluso deja de beber. No es que, apuesta a su rehabilitación, a lo que se opone con contundencia, sino que, en derrotero paralelo, alternativo, encuentra oportunidades a la expectativa y al sentido. Entonces, estamos ante una novela que pone en escena a una sociedad desencontrada consigo misma, a pesar de las ínfulas de seguridad que se dé en sus ceremonias y en sus instituciones, además de sus valores fosilizados. El protagonista se encuentra en medio de este desencuentro social y cultural. Vive el drama social subjetivamente; en los espesores del sujeto se asiste a los dilemas del hombre paceño tensionado por un mundo mestizo, que anhela la modernidad, pero tiene nostalgia de lo indígena. Los perfiles del mestizaje sobresalen en casi todos los personajes de la novela; hay mestizos que se consideran indios como Oblitas, hay mestizos que hablan muy bien el aymara como Beltrán. Si bien Estefanic es un eslavo adoptado por Bolivia y adaptado a la tierra, es quien sabe acullicar y lo hace asiduamente, cosa que observan positivamente los aparapitas de la bodega. Felipe Delgado no sabe aymara, empero es seducido por el aparapita, el cargador aymara de la ciudad barroca de La Paz. En la experiencia subjetiva el mestizaje se vive en las tensiones simbólicas de una cultura urbana mezclada. Felipe Delgado es una novela de los desencuentros y las encrucijadas, de las tensiones culturales de una sociedad urbana barroca. También es una novela de la rebeldía negativa, autodestructiva, que no quiere llegar a ninguna parte, salvo al despojamiento del cuerpo; empero, lo que no hay que olvidar, se trata de una rebeldía contra la institucionalidad carcomida de una sociedad perdida en sus propios laberintos.

Felipe Delgado presiente su pronta desaparición del mundo, al salir de la casa del Doctor Sanabria, después de una larga conversación, a propósito de su vida descarriada, deambulando por las calles, se topa con una banda militar, que pasa marchando y tocando sus tonadas marciales; cuando se aleja la banda dejando una estela sonora que se va apagando emerge una mirada, que podríamos llamar el de la intuición de la lucidez repentina, que sintetiza el recorrido de su vida y lo que le queda de porvenir. Cuando da un paseo por el Valle de las Ánimas con su amigo Ramón Peña y Lillo interpreta a la conformación petrificada como almas petrificadas, encontrando que presiente su propia petrificación. Recuerda que cuando niño, en una situación de que se queda solo en la casa, al observar el vuelo de una mosca, al deleitarse con esta soledad repentina, descubre una mirada en el techo, una mirada de niño, que podía ser ángel o un demonio. Estos tres episodios son como los anuncios de lo que va a venir, el protagonista logra el júbilo de la mirada de la intuición, aunque también es consciente de que hay que sentir esto, mas bien, con temor y temblor. En el tercer episodio mencionado, estamos, más bien en el recuerdo, siendo ya adulto, ante la interpretación de una premonición. Entonces, en la tercera parte de la novela no solo se clausuran las condiciones de la trama y los desenvolvimientos de los planos de intensidad de la narrativa, sino que también se menciona la lucidez lograda en pleno crepúsculo de Felipe Delgado.   

 

  

Conclusiones

La tercera parte de la novela, recogida en este comentario, hace patente el laberinto de la soledad de Felipe Delgado. Pero, no solo se trata del laberinto de soledad del protagonista, sino que este laberinto subjetivo expresa singularmente el laberinto de la sociedad urbana barroca de La Paz. En esta parte de la narrativa se clausuran los desenvolvimientos de las condiciones de la novela, así como se cierran los planos de intensidad, que hacen a la composición de la novela. Como dijimos se prepara el camino al desenlace, que se despliega en la cuarta parte de la novela. Sobresalen las reflexiones largas sobre la vida y la existencia, que suponen las reflexiones sobre la muerte y la nada; empero, en este caso, la muerte aparece como parte de la vida, ya no exactamente, como en las anteriores reflexiones, como realización misma de la vida. Estas reflexiones son compensadas por la narración anecdótica de eventos que conmueven a la ciudad. La estructura imaginaria se devela en estos eventos anecdóticos; el sentido común prefiere la representación alucinante, descarta la presencia pedestre del cuerpo martirizado. También se patentiza la degradación y la miseria alcanzada por el protagonista, quien, desarrapado, deshilachado y mugriento, prácticamente aparece como una piltrafa humana, incluso un pordiosero. Una vez alcanzado este hundimiento, los viejos amigos del padre de Felipe Delgado deciden rescatarlo, recurriendo al brujo Oblitas en una conspiración de amigos. La tercera parte de la novela, esta parte de la trama, ya tiene preparado el desenlace en un nuevo escenario, en la finca de Uyupampa, donde, después de asistir a su rehabilitación, distanciamiento, meditación y limpieza, Felipe Delgado culmina con su apoteósica desaparición.

       

El amor en tiempos de Felipe Delgado

Dos+momentos+en+la+vida+de+Jaime+Sáenz_+su+adhesión+al+nazismo+y+su+matrimonio+con+una+alemana,+Erika. (2)
Entre 1938 y 1939 vivió en Alemania. Fue parte de las juventudes hitlerianas en Bolivia al final de su adolescencia. Viaja a Alemania con una brigada de 25 jóvenes en septiembre de Trabajó en proyectos de construcción hasta fines del 39. Se casa con una alemana, Erika, que lo abandona y deja Bolivia en 1948 llevándose a su hija Jourlaine.

a través de El amor en tiempos de Felipe Delgado

El amor en tiempos de Felipe Delgado

El amor en tiempos de Felipe Delgado

 

Raúl Prada Alcoreza

 

El amor en tiempos de Delipe Delgado

 

Dos+momentos+en+la+vida+de+Jaime+Sáenz_+su+adhesión+al+nazismo+y+su+matrimonio+con+una+alemana,+Erika. (2)

 

 

Felipe Delgado se enamora de Ramona Escalera. Seducido por su naturalidad, su comportamiento espontáneo, y su belleza solitaria, cada vez más atraído, así como apesadumbrado, por su cautiverio en manos de José Luis Prudencio y su hermana Luisa. Ramona es entregada a Prudencio debido a problemas familiares, al parecer económicos, los padres adoptivos que se hacen cargo de Ramona la obligan a casarse con el potentado y hombre rico, metido en negocios turbios. Cuando conoce a Felipe Delgado, se entrega a él por amor. Felipe la lleva a la bodega la noche de San Juan, el día también del cumpleaños de Ramona, quizás también la fecha de la ejecución de una supuesta conspiración en la que estaba involucrado Prudencio. Ramona va a ser recibida por la confraternidad beoda de la bodega un tanto recelosamente y un tanto sorprendidos, los miembros del colectivo alcohólico de la taberna, por tan grata visita de una mujer bella. Esa noche, tan esperada, cuando le regala Felipe Delgado una cabeza de jibaro que se parece a él, tienen el primer desencuentro de su relación amorosa. Ramona, antes de que Felipe entre a la taberna, le pide que mire hacia ella, que esperaba en la esquina, y vea si lo que se queda es su sombra o ella misma, así como ella va a observar si lo que entra y sale de la taberna es Felipe o su sombra. Le dice, tú sabrás si yo o tú morirá antes. Al salir de la bodega efectivamente Felipe sabe, al mirar hacia Ramona, que era ella la que iba a morir, sin embargo, a pesar de que promete decir la verdad, Felipe no se anima a decirle lo que ha visto y descubre. Ramona sabe que miente; esa mentira de Felipe es lo que inicia la primera pelea de la pareja.

Del primer encuentro en las puertas de la iglesia con Ramona, casual, imprevisto y hasta espontáneo, al segundo encuentro en el hospital, donde se encontraba Felipe Delgado convaleciente, después del atropello sufrido, Felipe está cada vez más seguro de los sentimientos de Ramona hacia él, lo que le causa un gran regocijo. Después de la noche de San Juan, Ramona visita a Felipe en su departamento de la calle Catacora. Allí prospera el romance secreto de ambos; Ramona encuentra un refugio afectivo y amoroso, un oasis en el desierto de su soledad. Sin embargo, la pareja no va a dejar de tener desavenencias; Felipe provoca enojos en Ramona, cuando no la deja dormir, sugiriéndole repita una frase mágica que la va a tener despierta; Ramona se comporta irónicamente ante los pedidos extravagantes de Felipe.   

José Luis Prudencio era descendiente de Juan Huallpa Rimachi, es decir, de la nobleza incaica. Vivía en la calle Recreo entre las calles Cochabamba y Sagárnaga. Alrededor de él se conformó un mito sórdido; se decía que coleccionaba muñecas, entre ellas confundía a su mujer Ramona Escalera con una muñeca. Esta imagen enigmática, misteriosa y oscura de Prudencio obligó a Felipe Delgado a montar todo un sistema de espionaje en la zona céntrica donde vivía. Lo que más llamaba la atención es la guardia pretoriana de Prudencio que custodiaba su mansión, que también adquiría la figura tenebrosa de ángeles de las tinieblas, que vigilaban la entrada al infierno; eran aymaras de sus haciendas del altiplano, disfrazados de afros. El disfraz era extremadamente simple, se embadurnaban de alquitrán para parecer descendientes del continente africano, de la región subsahariana. Felipe se atrevió entrar sorprendiendo a los de esta guardia africana-nativa, la misma que no se inmutaba de la presencia intrusa. Pero, Felipe solo llegó hasta un enrejado, que era la entrada de un patio, por lo visto descuidado; entonces se vio obligado a retornar sobre sus pasos. Es cuando la guardia pretoriana de Prudencio, que parecían estatuas petrificadas, le pareció amenazante, que lo miraban con furia y podían atacarlo el rato menos pensado. Delgado llegó a montar una cadena de espionaje eficaz, que le permitió buena información y comenzar a descifrar lo que ocurría en esa casa solariega. A la llegada de un circo alemán, creyó encontrar la oportunidad de aproximarse a los habitantes de la casa, sobre todo al núcleo hogareño que se encontraba dentro de la fachada tenebrosa. Pues le pareció que José Luis Prudencio y su esposa Ramona Escalera no podían perderse semejante espectáculo que llegaba a la ciudad de la Paz. Efectivamente fue así; en pleno espectáculo del circo se aproximó tanto que tuvo casi contacto con Ramona, mujer que lo impresionó por su altura y su belleza. Cuando pasó por su lado Ramona, lo dejó desarmado, incluso asustado, por la presencia que le dejaba su halo estético. Es cuando se desencantó del misterioso personaje, que era el esposo viejo de esta señora joven, y comenzó a interesarse e inquietarse por Ramona.

A estas alturas Felipe Delgado comenzó a escribir una crónica sobre los eventos a los que asistía. En la crónica expresó su sorpresa por la atracción que ejercía semejante mujer, se preguntó si no era arrastrado por los efluvios del amor. Felipe definió al amor como el camino de la esperanza; empero, en lo que respecta a él, no tenía esperanza, por lo tanto, no era el indicado para comenzar un romance. Pero, a pesar de estas anotaciones, Felipe terminó involucrado en un romance intenso e intempestivo con Ramona. Con Ramona Escalera llevó adelante un romance en la apertura de nuevos horizontes, los que le abrieron el sinuoso decurso a la desaparición de la amada e incluso del amor no logrado. Las desavenencias con la amada y el amor pleno no logrado terminan señalando lo imposible de la relación. Un amor de entrega absoluta, sin embargo, imposible de realizarse cuando se encuentran los amantes en zonas de imposible encuentro, en las encrucijadas de las historias de vida.

Prudencio resulta ser un aduanero de tabacos, que trabajaba en la Recaudación Nacional de estancos; es diputado suplente de la provincia Muñecas, en tiempos de los gobiernos de Saavedra. Su padre es Juan Prudencio, antiguo veterinario del ejercito; le dejó a su hijo José Luis tres fincas del altiplano, casas en La Paz y joyas. José Luis nació en Camata; la madre de Prudencio era indígena. Pero Prudencio llevó al extremo sus contradicciones; siendo lo que es, de donde viene, se dejó llevar por el mezquino juego de los intereses económicos y los juegos lúdicos y artificiosos con muñecas. Su mezquindad llegó tan lejos que prefirió quedar cojo a gastar en la atención médica.  Atormentado por sus contradicciones inherentes y empujado por extravagantes comportamientos, además de delirantes imaginarios, en el peor de sus momentos tormentosos fue llevado al panóptico de Sucre. Posiblemente cuando volvió a la casa, la hermana controló los avatares del hermano.  ¿Quién sabe?  En 1928 se casó con Ramona Escalera. ¿Qué significaba para él, Prudencio, este matrimonio? Este es un problema en la interpretación de la novela. No se puede olvidar que Ramona es huérfana como lo fue Titina Castellanos; esta situación nos lleva al hecho del abandono y la soledad. Sin embargo, Titina y Ramona son distinta, porque una no es amada y la otra si lo es. Entonces las dos mujeres se oponen, en lo que respecta al afecto que despiertan en Felipe Delgado. Sin embargo, ambas son huérfanas. Este es un dato que hay que tener en cuenta en la interpretación de la novela.

El amor en Felipe Delgado es contradictorio, se ama y no se ama. Cuando se ama, se entrega todo, pero uno se embarca en un viaje exigente de entrega o, en contraste, de inconsecuencia. Felipe reconoce, al final, que es inconsecuente, que se deja llevar por la premura de los sentimientos orgullosos. Esta inclinación soterrada se le convierte en una revelación cuando Ramona se despide definitivamente, abrumada por el avance inconmensurable del cáncer que ha tomado su cuerpo. El amor entonces no es una esperanza sino una despedida.

La narrativa de la novela opone el mito contra la realidad efectiva. No es el mito misterioso de Prudencio sino su cruda realidad pedestre, no es el misterioso personaje de la sorda conspiración, sino la realidad efectiva de la presencia ineludible de Ramona. Sin embargo, Felipe Delgado no podrá sobrellevar el desafío, se aplaza. Ramona se va, como se van las personas bellas, como se van los muertos de la tierra, los muertos que se olvidan, como un montón de perros apagados, siguiendo al poema de Federico García Lorca. La vida de Felipe Delgado resulta un desaprensivo comportamiento que no logra aprovechar las oportunidades que se le brindan. La narrativa hace hincapié en la pérdida o la renuncia a la felicidad; ocurre como si el personaje conspirara conta su propia felicidad.  El plano de intensidad del amor deja de ser una esperanza, como el mismo Felipe la definió, sino un campo de batalla. La muerte de Ramona Escalera es una corroboración de la ilusoria esperanza del amor.

El amor en tiempos de Felipe Delgado es imposible. No se puede realizar. Solo se puede dar como entrega, sin compensación requerida. Felipe no puede gozar plenamente de la entrega de Ramona y Ramona no puede gozar plenamente de Felipe porque es inmaduro. No está preparado para la entrega inconmensurable de Ramona. Lo que hace Felipe Delgado es deshacerse en lamentaciones póstumas, que no son otra cosa que el reconocimiento de su incomprensión y su fracaso. Se puede interpretar la novela Felipe Delgado como una narrativa de la imposibilidad de la realización de lo que se persigue. El fracaso de las utopías de la subjetividad. Teniendo en cuenta la definición de Felipe Delgado sobre el amor, resulta que no es la esperanza sino el intento heroico de oponerse a los designios del destino. El amor es una ilusión imposible, mientras dura, los ritmos del tiempo se modifican, al calor de los sentimientos que se debocan. Pero, esto es un acto heroico ante los designios irreversibles del destino. Por eso, Felipe Delgado, después de la muerte de Ramona, se expone extremadamente vulnerable ante los avatares indiscutibles de la vida. Quizás como resistencia imaginaria aparece la interpretación de los sueños. Ramona y Felipe coinciden en la interpretación de los símbolos expresivos de los sueños. Lo que sobresalta a Felipe. Por eso le confiesa el encuentro en el espejo con la luna y la calavera. Para Ramona el espejo es una puerta a lo desconocido, para Felipe es un abismo que lo lleva a su propia diseminación.

Ramona Escalera muere de cáncer, afronta sola su enfermedad, incomprendida por un Felipe Delgado que no llega ha entender la magnitud del drama. Sin embargo, es sobrecogido por la irradiación de los símbolos expresivos de la muerte. Después de la muerte de Ramona, quien dijo, anticipadamente, que también se despoja de su cuerpo, además de exigir como interpretación desiderativa, que quiere como epitafio lo que dijo Oblitas, en una de las charlas con Felipe, que, en todo caso, se trata del cuerpo que muere, insinuando algo así como que el espíritu se libera. Felipe queda atrapado en una desbocada y demoledora soledad insoslayable, pues su amor verdadero, Ramona, ha muerto, llevándose con ella la última oportunidad que tenía de entablar una relación armónica con la vida. Después de la muerte de Ramona, Felipe Delgado va a experimentar el sinsentido de lo que viene cuando ya no hay amor.

Se puede decir que el romance con Ramona Escalera es el recorrido de la esperanza, sin embargo, como se conspirara contra esta posibilidad, se opta por el menosprecio y la competencia. No se acepta el desafío de la mujer, la exigencia de ir más allá del bien y el mal. La novela expresa patentemente la innegable inmadurez de Felipe Delgado; en contraste la fortaleza y la madurez ante la muerte de Ramona Escalera. Ante la muerte singular y concreta de Ramona, la filosofía sobre el ser encaminado a la muerte pierde fuerza, no tiene mucho sentido. Lo que importa, en este caso, lo que llama la atención, es la manera de asumir el destino, la muerte, por parte de Ramona. No se trata de un ser destinado a la muerte sino de ser que enfrenta la muerte, la muerte concreta, la suya. La filosofía no puede ante esta experiencia, que, en este caso, da como testimonio, la novela. La muerte para Ramona es no solo una fatalidad, sino, sobre todo, una enseñanza de que las ponderaciones sociales, que no dejan de ser banales, son relativas. Felipe intuye esta enseñanza, pero, la deja ahí, como una certeza pasajera y reveladora. Por eso, quizás se embarca en su propia diseminación. Ramona, le dice, que ella también se despoja del cuerpo, que esta experiencia la traslada al instante eterno de los momentos amados, a la contemplación de los atardeceres.

Aunque, en la novela, el autor llega a decir que José Luis Prudencio es el ejemplo del ser contradictorio del boliviano, no es la única forma en la que se manifiesta este ser. Sin embargo, en este caso, no se trata de un ser diletante, especulativo, por eso amante de la ilusión mitológica, que intermitentemente se manifiesta como acto heroico, sino de un ser moderno, con todas las contradicciones que contrae la modernidad. Entre ellas, la contradicción entre el pasado y el presente vertiginoso. La crónica de Felipe Delgado alude a la combinación exaltada de lo indio y lo mestizo, pero, no olvida, expresado de otra manera, en la narrativa, que se trata de un ser que tiene que resolver el dilema histórico-cultural de la colonialidad, ser o no ser ante la herencia colonial. En la novela se plantea este problema, pero no se lo resuelve. Se opta por las configuraciones místicas y las interpretaciones herméticas. Sin embargo, en la narrativa se encuentra el dilema, que obviamente, no solo se trata del ser boliviano sino del ser histórico-cultural del continente de Abya Ayala.

¿Cómo se puede considerar la novela desde esta perspectiva? Cuando Felipe Delgado define el amor como esperanza, sobre todo cuando la narrativa se embarca en el relato del romance entre Felipe Delgado y Ramona Escalera, nos muestra una rebelión afectiva, que logra disponer de la perspectiva amorosa, la que valora los hechos desde el sentido atribuido por la memoria sensible del amor. Felipe comprende esta revelación, pero se niega a asumir las consecuencias. Prefiere repetir el drama de las relaciones amorosas, sus fusiones corporales y sus desencuentros sociales. Se entraba en lamentables disputas triviales de pareja. La novela revela la derrota del amor ante el recurrente drama de lo cotidiano.

Se puede decir que lo que constata la narración es el fracaso del amor. Una vez pasados los momentos de asombro, de emoción inédita, de compartir efusivamente las sensaciones del romance como distinción y diferencia, como mundo aparte, de dos que se embarcan en el viaje de la entrega y del descubrimiento del otro, se ingresa al desafío de la permanencia y la continuidad. El mundo romántico y del romance no se encuentra definitivamente aislado del mundo efectivo, tampoco, y esto es lo más concreto en cuanto a la afectación, de las demandas cotidianas, sobre todo cuando se trata de no quedar atrapados en las concurrencias de los egos. Es cuando la inmadurez acumulada emerge cruelmente y empuja a los amantes a los pequeños juegos de poder. Felipe Delgado compite con extravagancias y exigencias absurdas, sospecha de la ironía suelta de Ramona Escalera, sobre todo se disgusta ante un notorio distanciamiento, después de algunas peleas. La proximidad del viaje de Ramona a Europa le parece una desvalorización de su persona; se siente como descentrado. No comprende la importancia de este viaje en lo que respecta a la enfermedad que aqueja a Ramona, de la que no se entera sino hasta el final del desenlace de esta penuria. Es cuando le reclama a Ramona no haberle anoticiado antes, pero no lo hace tanto por el sufrimiento de Ramona, sino más porque se siente relegado. Cuando Ramona retorna de Europa, de la terapia a la que es sometida, ya sabe que no le queda mucho de vida; busca a Felipe sobre todo para despedirse y confesarle de la pena que siente al dejar solo a Felipe. Ante semejante trance, Felipe no logra colocarse a la altura del acontecimiento; se queda como sobrepasado y con mucho pesar. Pero, acepta los pedidos de su amada y los cumple al pie de la letra; compromete a Juan de la Cruz Oblitas y a Ramón Peña y Lillo a que no se aparten durante su velorio, vigilando a que su esposo no la entierre con la muñeca que se le parece. Le entrega, a través de un sirviente de su esposo, que la estimaba, un paquete de sus objetos de valor, para que los tire al río. Felipe no puede asistir al velorio y espera la llegada de Oblitas y Peña y Lillo para informarse de los pormenores de lo acontecido. De esta manera se clausura el plano de intensidad amoroso; en adelante, en lo que viene, lo del hombre sin esperanzas, como él mismo se definió, se hace dramáticamente patente.

El amor es un fracaso; se trata del amor romántico, el amor de pareja, que dura lo que dura el lapso del romanticismo; después, se interna en los recovecos de la competencia entre parejas, en los egocentrismos bullentes, que reaparecen intermitentemente en la propagación de la incomunicación en expansión. Felipe Delgado la pierde antes de su muerte a Ramona Escalera, porque no sabe cultivar la relación amorosa, no sabe construir la perdurabilidad del romance. En su comportamiento caprichoso Felipe Delgado hace patente la inmadurez consuetudinaria del hombre. En la narrativa como que se opone la figura del hombre inmaduro a la figura de la mujer madura, en concreto, entre el perfil subjetivo de Felipe Delgado y el perfil subjetivo de Ramona Escalera. La mujer como que se encuentra más allá de los avatares de la concurrencia amorosa, más allá de las pequeñas trifulcas y de los celos masculinos. Se trata de una sabiduría que ha mirado la muerte, la finitud humana; también de una sabiduría que emerge de los sufrimientos, del dolor, sobre todo de la discriminación y la marginación de la mujer, de la experiencia cosificante que la convierte en objeto. Aprende desde la experiencia de esta cosificación de la sociedad patriarcal y de las dominaciones de las fraternidades masculinas a descubrir la profunda latencia de la vida, la capacidad creativa, por lo menos de la intuición de esta creación; entonces, relativiza los avatares y logra amar, sin miramientos. Lo que no sucede con Felipe Delgado, quien, a pesar de haberse enamorado, de valorar la extraña espontaneidad de Ramona, su seductora belleza, notoriamente destacable, queda atrapado en el campo gravitatorio de la competencia egocéntrica. Felipe Delgado no aprende de la exigente experiencia amorosa; la goza, se acerca al placer del sentir y el compartir, pero, prefiere boicotear a la persistencia del amor, prefiere volver al recurso fácil de la victimización, prefiere retomar su camino insondable a la nada. Cuando muere Ramona, la valora como un mito; es decir, construye un mito, la mujer inalcanzable. Pero, también construye una narrativa de la perdición, de la derrota, de la frustración, que se convierten en argumentos de la diseminación, del suicidio, del despojamiento del cuerpo.    

Lo que acontece en el cementerio, en el entierro de Ramona, es anecdótico. Una ceremonia cuidada celosamente por la guardia pretoriana de Prudencio, los sirvientes aymaras disfrazados de afros. Unas lloronas expulsadas del rito de la muerte, un cortejo silencioso, adormecido en la despedida, un esposo, ahora viudo, más silencioso y enmudecido, acompañado por el halo de misterio, del que no se separa; observado por los amigos de Felipe Delgado, Oblitas y Peña y Lillo, quienes creen descifrar en sus gestos imperceptibles los signos de la culpabilidad de la muerte de Ramona. La ventisca del atardecer paceño termina empujando el polvo y las reminiscencias de la basura en los rincones del primer piso de la columna de nichos del cementerio.

Felipe Delgado se encuentra refugiado en la bodega, asistiendo a su duelo en un dilatado sufrimiento alcohólico, asistido por la fraternidad de beodos, quienes se conduelen del amigo martirizado por la pérdida. Duerme y bebe, bebe y duerme. Al despertar se descubre otra vez solo, toma consciencia de su marcado anacronismo con el lugar, con el momento, con su situación. Decide ir a hablar con el brujo Oblitas, quien le da el relato pormenorizado sobre lo ocurrido en el velorio y en el cementerio, le hace conocer sus sospechas y sus interpretaciones, lo que significa Ramona y su muerte. Termina aconsejando al Felipe un viaje a las costas marítimas, algo que coincide con la intención de Felipe de ir a visitar a Estefanic a Antofagasta. La segunda parte de la novela concluye con esta escena; Felipe se despide de esta etapa clausurada, se despoja de sus cosas, de su departamento, de sus utensilios, de todo lo que le recuerda al espacio y a la fragancia que dejó el paso de Ramona.

La segunda parte de la novela Felipe Delgado tiene como eje conductor el amor, los dilemas del amor, su itinerario, por así decirlo, que comienza con el entusiasmo romántico, escala hasta el afecto mayúsculo y la entrega absoluta, para luego, después de un punto de inflexión, decaiga en los campos rutinarios de las microfísicas del poder triviales y cotidianos, hasta llegar al abismo de la despedida, que deriva en un acto heroico o en una diseminación completa, también es posible dejar absorberse por lo anodino e insípido. La tercera parte de la novela transcurre en Antofagasta, donde viaja Felipe Delgado a encontrarse con el ser del mar, un ser eterno, sin tiempo e infinito. Allí reflexiona sobre la distancia, aunque también sobre la pérdida del mar y lo que significa para hombres de la montaña y del Altiplano como él. Así mismo relata el retorno de Felipe a la ciudad de La Paz, donde vuelve a encontrar a los amigos y a la misma ciudad de siempre. Sin embargo, asiste a la desaparición accidentada de la bodega, a la enfermedad de Corsino Ordóñez, el bodeguero, y a su despedida, antes de morir. Se compromete dar el discurso final de despedida, durante el entierro, sin embargo, no logra articular algo coherente, amedrentado por la presencia del carpintero de la “Nave del Diluvio Final”, que era el nombre de la carpintería instalada en sustitución de la taberna. Sin perder de vista al carpintero que se encontraba en la muchedumbre asistente al entierro, que fue alejándose paulatinamente, hasta ser solo visible su sombrero de paja, siendo del tamaño de un insecto, Felipe, en vez de discurso dio un grito, agarrándose el pecho, y se fue de bruces desmayado. La cuarta parte de la novela, que corresponde al desenlace, transcurre en la hacienda de Sanabria llamada Uyupampa. Allí, el intrigado Doctor Sanabria, amigo del papá de Felipe Delgado, que ha decidido rescatar a Felipe del alcoholismo, da la orden a su administrador Menelao Vera a encontrar y hurtar el cuaderno de anotaciones de Felipe Delgado; Sanabria creía poder encontrar claves para entender el comportamiento extravagante de Felipe. Más tarde, en la noche de San juan, después de que aparece el cuaderno, Felipe, ante el asombro de todos quema su cuaderno de anotaciones. En la hacienda muere Estefanic, el otro amigo de su padre, que lo acompaña hasta el final, y es enterrado debajo de un Sauce, árbol que amaba el difunto. Estos son sucesos que anteceden a la desaparición de Felipe Delgado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

Se ha dicho que la novela es la narrativa del anti-héroe, contraste con la épica y la narrativa del héroe; se ha dicho o insinuado también que se abandona la grandilocuencia de la tragedia para entrar de lleno a los avatares del drama. También se puede decir que se trata de viajes hermenéuticos a las cavernas y recovecos laberínticos del sujeto, de las dinámicas de la subjetividad. En Felipe Delgado el protagonista se enfrenta a sus múltiples contradicciones; no solo se trata de las contradicciones culturales en al abigarrado entramado mestizo, que se debate entre la nostalgia de lo indígena y la expectativa moderna criolla, sino también de contradicciones sociales, entre la sociedad institucionalizada y la sociedad arrinconada, marginada, ocultada en las sombras. Así mismo aparecen las contradicciones relativas al deseo insatisfecho, insatisfacción que se oculta en juegos artificiales y fetichistas. Por otra parte, se nota el contraste entre las fraternidades de hombres y el aislamiento obligado de las mujeres, aunque se las presente como hechiceras o símbolos de la belleza y entrega espontáneas. No se dejan de dibujar los anuncios histórico-políticos, en este caso, de los primeros actos bélicos de la guerra del Chaco. Es decir, que el sujeto de la novela se halla, por una parte, en pleno ojo de la tormenta, aparentemente apacible, aunque sitiado por torbellinos; por otra parte, ante encrucijadas que le exigen bifurcar el camino, decidir el curso venidero, aunque arriesgue perderse en el laberinto.

Felipe Delgado es un personaje perdido en el laberinto social, cultural, imaginario, subjetivo, de una sociedad que no logra encontrarse, que se siente arrastrada en torbellinos que no controla, aunque, como Estado, como sociedad institucionalizada, intenta mostrar seguridad, determinación, institucionalidad. Felipe Delgado se encamina, desde un principio, el comienzo de la novela, a su propia diseminación, a lo que llama el “sacarse el cuerpo”, es decir, despojarse del cuerpo. Marcha a este desenlace como una embarcación al naufragio, a pesar del sinuoso decurso de los eventos y escenarios donde hace como escalas. En estas escalas, como las del amor, la isla del amor, en pleno mar tempestuoso, se asiste al desenvolvimiento de oportunidades, empero deterioradas y desechadas en el despliegue de sus tejidos autónomos. Son como síntomas de esperanza, pero también acompañados por síntomas del fracaso anticipado, de la diseminación y el despojamiento del cuerpo.      

Felipe Delgado ya no está, pero su fantasma sigue todavía

Felipe Delgado ya no está, pero su fantasma sigue todavía

Comentarios sueltos sobre Felipe Delgado

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Felipe Delgado ya no está

 

Jaime_Sáenz

 

 

La dualidad barroca entre lo grotesco y lo sublime, entre lo trivial y lo místico, entre lo profano y lo sagrado, aparece en la novela Felipe Delgado de Jaime Sáenz. La narrativa se mueve en un devenir escritura de búsqueda del tiempo perdido en el vaho nocturno de una urbe dual. La realización de la escritura, la emergencia de la prosa y la poesía, la fenomenología de la percepción convertida en fenomenología de la narración y de la metaforización, es un acontecimiento literario. Jaime Sáenz lo fue en la mundanidad nocturna de la urbe paceña.

La trama de la novela Felipe Delgado comienza con la muerte del padre, cuando empieza el laberinto del protagonista. Siguen las mediaciones de urdimbres, hilos donde el personaje se pierde en los tejidos de su soledad. El desenlace corresponde a su desaparición repentina. Después de la muerte de su padre Felipe Delgado se embarca en el denso viaje vaporoso de los efluvios del alcohol. El vacío abierto trata de ser llenado por la búsqueda insondable del sentido perdido en la utopía y en la ucronía del sinsentido o del secreto misterioso inhallable.

El demonio-payaso, que Felipe Delgado descubre, cuando su abuela lo lleva a una casa misteriosa, quizás expresa una de las sorprendentes paradojas de la novela; la fama sublime y aterradora, en los hechos, visto de cerca por el niño, aparece en su esplendor ridículo, más penoso que risible. El demonio también se transmuta en un viejo pordiosero irreverente, que no tiene miramientos en depositar sus heces en las puertas del convento donde vivía Fray Guzmán. El demonio tendrá apariciones insólitas a lo largo de la novela de Felipe Delgado.

Calixto María Medrando, el profesor de música de Felipe Delgado y compositor de cuecas, entre ellas de “No le digas”, es un personaje fugaz en la novela, pero, que deja una profunda huella en la memoria y en el corazón del protagonista. Cuando Calixto María Medrano toca Brahms, el piano cruje; no solamente emite la melodía de la composición que tanto le gustaba a Felipe Delgado, sino hace crujir del fondo de la madera y los instrumentos sonidos desoladores, un dolor acompañado por el olor de la eternidad.

En la conversación de despedida con Nicolas Estefanic, amigo heredado de su padre, sobresale la nostalgia del tiempo perdido o del espacio nunca encontrado, pero también aparece el recurso de la ironía que se aplica a uno mismo, como burlándose de lo que se es y de lo que se ha sido, aunque en el presente se considere la oportunidad de emprender un proyecto que valga la pena. Estefanic quiere lograr una economía estable que le otorgue dignidad, en cambio Felipe Delgado quiere fundar un partido fanáticamente nacionalista, absolutamente consecuente con el renacimiento del país. Los dos amigos se despiden en actitud también de comenzar una nueva etapa, la de sus proyectos mencionados, empero sin tomarlos muy en serio. De lo que se trata es de escapar a la encrucijada en la que se encuentran. 

Juan de la Cruz Oblitas, un brujo entre otras cosas, sorprende a Felipe Delgado con su elocuente caracterización de su persona a partir de la lectura de expresiones de su rostro. El brujo especula graciosamente sobre el destino de su interlocutor, acogido por el vaho nocturno. El personaje Juan de la Cruz Oblitas sintetiza el abigarramiento subjetivo. Se trata de pliegues del mestizaje cultural, coagulado en una estructura subjetiva diletante. La presencia pintoresca de Oblitas atrae a Felipe Delgado y lo embarca en un viaje laberíntico sin retorno. En Felipe Delgado, pretensiones de brujería, magia, mística, sabiduría vernácula, se mezclan y se combinan con manifestaciones banales y charlatanerías demagógicas. Este barroco que se mueve entre lo grotesco y lo sublime resuelve su dilema en variados actos extravagantes y en distintos escenarios ambientales.

La carta de Felipe Delgado a su tía Lía es descabellada, declara haber nacido para la muerte, en tanto que su tía ha nacido para la vida; que lo perdone por eso. Quiere convencerla de que no venda la casa, herencia del padre de Felipe y hermano de Lía, para donar, lo que le corresponde a la tía, al convento de monjas. Empero, esta carta está lejos de convencer a la tía, que ha decidido con antelación empedernida hacerlo, pues considera que su sobrino es incorregible y debe afrontar la vida realistamente; por ejemplo, casarse y tener una familia. La carta devela el sentido heideggeriano del protagonista, el ser para la muerte. El considerar que ha nacido para la muerte alumbra sobre el substrato existencial de la subjetividad conmovida de Felipe Delgado; quizás, sobre todo por su inherente tendencia suicida. La carta también devela que Felipe Delgado no puede vivir solo, no puede hacerse cargo de sí mismo; confiesa que extraña a la tía Lía, quien ha cuidado de él desde pequeño, sobre todo, a partir de la muerte de su madre. Se presenta desvalido ante la contingencia abrupta de una secuencia de hechos que se desencadenan desde la muerte de su padre; la escandalosa reaparición de la amante de su tío Apolinar Borda, antes ocultada, ahora ostentándose semidesnuda por la casa, haciendo gala de su habilidad en el piano, tocando para Apolinar. La tía Lía considera esta presencia y su actuación una afrenta a la casa, sobre todo a ella, la mujer de la casa, la administradora de ésta y la hermana de plena confianza del padre de Felipe Delgado. Es cuando la tía decide tomar las medidas urgentes del caso; vender la casa y refugiarse en el convento de monjas, dejando a su suerte a su sobrino.

Se puede decir que hay un antes y un después en la vida de Felipe Delgado; el antes corresponde al tiempo anterior a la muerte de su padre, incluso, jalando un poco más, hacia su presente, como las reminiscencias de lo que quedó, antes de la salida de la casa del padre, vendida por la tía Lía, dejando la herencia en dinero al sobrino, de la parte que le corresponde, según testamento. El antes tiene referentes, el padre, la casa, la vida hogareña en la casa, incluyendo al tío Apolinar Borda y a su amante escondida, abarcando entrañablemente a la tía Lía, a la cocinera, a su hijo Uaca. Incluso las referencias tienen que adjuntar al propio desempeño que ejercía en las oficinas del padre y sus empresas, una especie de administración cualitativa, que velaba por los bienes, es decir, el trabajo que tenía y lo ocupaba parte de su tiempo. En el después se difuminan los referentes, el suelo que pisa se vuelve fluido; tiene ante sí su soledad y abierto un mundo ignoto de posibilidades. Es en este otro tiempo, desatado y hasta desbocado, cuando la tendencia tanática se desborda. Si bien consigue alquilar el segundo piso de una casa en la calle Catacora, en un recodo con la calle Junín, segundo piso maltrecho que refacciona a su gusto, colocando su dormitorio en la mejor habitación, contigua a un balcón que miraba a la ciudad, este refugio no logra estabilizarlo. Es apenas el cuartel de invierno o si se quiere casa de seguridad; en tanto que el centro de gravitación se convertirá la bodega, donde encontrará un nuevo hogar, insólito y refugio de los desterrados urbanos y los marginados sociales.

En su nueva etapa los personajes sobresalientes serán otros y de otro mundo; personajes iluminados por la bohemia mestiza de La Paz, en plena oscuridad de cobijo fraterno y cómplice de la noche. En la taberna se van a tejer otras relaciones, basadas en la condición marginal, incluso clandestina, a la que fueron empujados estos personajes habitantes de la luminosidad nocturna y del afecto compulsivo, alimentado por el alcohol compartido. Entonces, como que se oponen la experiencia diurna y la experiencia nocturna; se opone el recuerdo de la vida anterior y la innovación desbordante de la nueva vida que se inventa en el azar y la jugada absoluta de la perdición. También se oponen la vida y la muerte como dos acontecimientos contrapuestos, pero también entrelazados.

Un plano de intensidad de la novela se desenvuelve en la trama que parte de los antecedentes de Felipe Delgado, antecedentes que entran en crisis a la muerte del padre, aunque se hayan gestado antes de manera latente. A la muerte del padre o en el entorno de los escenarios que se conforman, provocados por su fallecimiento, aparecen los personajes del entorno del padre y de la casa, los amigos del padre y Fray Guzmán; aunque también hace su primera aparición el demonio en forma de pordiosero irreverente y craso, si no tomamos en cuenta al demonio ridículo, que aparece, mas bien, disfrazado, en la casa que visita con su abuela. Otro plano de intensidad es el que corresponde a lo que podríamos llamar el tejido filosófico, coloquial, de diálogo y retórico, donde se va configurando, poco a poco, a retazos, como un traje teórico de aparapita, la concepción de mundo y de vida, también se podría decir la ontología existencial de Felipe Delgado. Uno de los hilos y componentes de esta teoría del aparapita filósofo son las reflexiones sobre el olor; podríamos decir percepciones del olor que devienen enunciaciones sensitivas y conceptuales del olor, tomado como una esencia o sustancia reveladora de la condición social. Ya hablamos del olor de la eternidad al que se refería la narración al comienzo de la novela, también hablamos del crujir del piano cuando tocaba Brahms el profesor de música de Felipe Delgado. Son estas sensaciones, estos sentidos primordiales, también su manifestación material, olfativa y sonora, las que hacen de fuentes iniciales de una fenomenología enunciativa, nocional y hasta conceptual. La concepción de mundo, de vida y de muerte de Felipe Delgado.

El olor venía de la cocina y según el criterio de Felipe Delgado provenía de la inocencia de los alimentos. Después de sufrir en pensiones el tormento de la mala comida, fuera de experimentar la presencia diferenciada de los comensales, a quienes termina clasificando el protagonista, de acuerdo a sus singulares comportamientos con la comida y la mesa, Felipe toca la puerta del primer piso, de donde provenía el grato olor de la inocencia de los alimentos; le abre una anciana de baja estatura, Serafina Bustillos, a la que le explica su atracción hacia la fragancia culinaria de la casa y le pide que lo atienda como pensionado. La anciana le acepta sin mayores contemplaciones; queda estupefacta ante el adelanto por un año de la pensión por parte del insigne comensal.

La clasificación de los comensales era sucinta pero prodigiosa; comenzaba con los comensales silenciosos, imperturbables, que comían como por obligación. Después venían los comensales que compartían con sus animales, sus gatos, la comida; también se nombra el caso de un comensal ladrón de azúcar, que al menor descuido metía el azúcar del azucarero en su bolsillo. En cuarto lugar, aparecen los comensales susceptibles, que convierten en enemigos a los comensales que no responden al saludo de “buen provecho”. Sin embargo, en quinto lugar, están los comensales que, si aprecian la comida, consideran un privilegio almorzar, se reconocen formar parte de una clase especial de comensales, que aprecian como un ritual el acto de comer, incluso respetan ceremoniosos y callados el sonido que hacen al partir el pan, al hacer crujir los alimentos.

Hablamos de planetas o mundos de Felipe Delgado, uno es el relativo al entorno familiar; otro es el que se conforma con su tío Apolinar Borda y el brujo negociante Juan de la Cruz Oblitas; un tercer mundo , quizás el más querido, es el que se constituye en la bodega, donde encuentra un nuevo hogar y el sentido profundo de la amistad de los condenados de la tierra o, mas bien, de uno de los estratos de los condenados de la tierra, los marginados y desterrados, los exiliados en su propia ciudad, los considerados el lastre oscuro de la sociedad urbana. Hay otros mundos, que después comentaremos, como el mundo de sus amores y desamores; también el mundo que se conforma en la hacienda, en la campiña, mundo de despedida, antes de la desaparición de Felipe Delgado.

El tío Apolinar y Juan de la Cruz esquilman a Felipe Delgado; no le devuelven el préstamo concedido a condición de socios, él, el socio capitalista, los otros los socios industriales y comerciales. No es que Delgado no se da cuenta de lo que acontece; ante un informe truculento y embaucador de Oblitas, el acreedor decide donar la deuda a su tío, de manera altruista y dadivosa. Lo que lleva al festejo no solo de los socios embaucadores, sino del propio prestamista, pues se entusiasma con el júbilo que provoca su decisión. En el mundo de los amores y desamores, Felipe tiene un reencuentro con su amiga Titina Castellanos de una manera sintomática y por lo demás extraña. Se rompe su reloj colgado de la pared, debido al sobrepeso y a un clavo enclenque que se dobla; este hecho va a ser una señal, que va a ser descifrada después, cuando se propone llevar el reloj de pared destrozado al relojero. En ese trance se acuerda de su amiga Titina, con la que tuvo una relación esporádica, a quinen no veía hace un tiempo. Cuando llega a la casa de la amiga se lleva la sorpresa de la noticia equivocada de que acababa de morir; se queda atónito, pero mucho mayor es su sorpresa cuando ve salir jocosa a Titina, vivita y coleando. La noticia equivocada la da la nieta del relojero; el que murió fue precisamente su abuelo. La coincidencia se da entre el reloj de pared destrozado y la muerte del relojero.

En la borrachera con el tío Apolinar y Juan de la Cruz Felipe Delgado queda dormido, cuando despierta esta solo y encuentra la casa oscura, con las luces apagadas, lo que incrementa la sensación de soledad. La consciencia de su soledad abrumadora lo empuja a deambular por las calles, buscando calmar su angustia con la bebida. Ningún lugar conocido que encuentra le satisface, lo que le lleva a deambular por callejones, hasta que encuentra uno misterioso, de mal augurio, donde vuelve a encontrar al demonio en otra metamorfosis; esta vez bien vestido, empero, sin desprenderse del vaho hediondo que lo acompaña. A tientas se anima a subir el misterioso callejón, donde encuentra una entrada cuyas gradas ascienden a la famosa bodega, que, hasta entonces estaba escondida para sus andanzas. En la bodega se velaba a la nieta del tabernero; cuando ingresa Felipe Delgado, con temor y como descubriendo el interior denso y abismal de una caverna, localiza a su entrañable colectivo de amigos, que lo van a acompañar en el laberinto, esta vez multitudinario, de su soledad.

El colectivo de amigos de la bodega, cómplices de la búsqueda insaciable de los secretos inesperados de la noche, proliferan en la taberna, empero, conforman estratificaciones fluidas y cambiantes, aunque siempre generando un centro de referencia, conforman meandros que se curvan alargando el viaje al desemboque inesperado. Corsiño Ordóñez es el tabernero y el abuelo de la nieta muerta, Román Peña y Lillo es el jorobado, que se va a convertir en el amigo más cercano y leal a Felipe; Indalecio Beltrán, el decano de los borrachos de la bodega. Están los aparapitas, como coro sitiando el escenario beodo alumbrado, arremolinados en los umbrales; son nombrados los que llevan apodos, el Delicado, el Negro, el Mazorral, el Fú, el Fá; está Amézga, excombatiente de la guerra del pacífico, el asistente del tabernero. En fin, se trata del colectivo fluido de la bodega, que va a iluminar con el afecto etílico la concavidad conmovida de la noche paceña. Felipe Delgado va a derrochar en la bodega afecto y dinero, convirtiéndola en refugio de su soledad y en la entrada a otro mundo, según él, lleno de señales y secretos.

El amorío con Titina Castellanos no dura mucho tiempo, es un amor intempestivo y abrupto. A Titina le desagrada el apego de Felipe Delgado a la bodega, que considera un antro de perdición. Esta inclinación al trago de parte de Felipe lo convierte en sospechoso de inseguridad, inestabilidad e irresponsabilidad sin límites. A pesar de que Felipe le ofrece tener un hijo con ella para alagarla, pero sin necesariamente casarse, la distancia y las diferencias entre Felipe y Titina se ensanchan hasta la crisis y el conflicto. Titina increpa a Felipe y le enumera sus defectos, sobre todo descarga su furia e improperios contra el antro de la bodega; Felipe sale en defensa de sus hogar nocturno y misterioso, denso en búsquedas sin horizonte y en guarida ardiente de los desolados. Le dice que ella no entiende que se trata de un lugar de otro mundo, lugar donde se desenvuelven los secretos recónditos del universo. La relación amorosa con Titina se quiebra, aunque todavía Delgado va a ir a buscarla, un tanto por costumbre y demanda, otro tanto por querer remediar la ruptura. En la última discusión, que deja perplejo a Felipe Delgado, Titina le dice, antes de romper, que ella sabe que está sola, que se puede hacer cargo del hijo sola, que él no la quiere, tampoco ella, aunque no sabe cómo explicarle esta situación, sino que la necesita. Ella, una huérfana, que sale de un hospicio de monjas, está sola en el mundo, solo tiene a su madrina, que es la muñeca que la protege. Como para contrarrestar las historias esotéricas en las que se explaya su amante no amado, le cuenta a Felipe un secreto; una historia que la tiene afligida y embargada en la consciencia culpable, hasta el presente; le cuenta la historia guardada y enmudecida, pero no olvidada, para desahogarse. En el hospicio había dos huérfanas muy recatadas, Inocencia del Campo y Soledad del Invierno; sin embargo, a pesar de su conducta circunspecta, ellas guardaban un libro erótico con dibujos pornográficos; libro indecente que todas las huerfanitas del hospicio leían y observaban con ahínco, a ocultas de la vigilancia de las monjas. Un día aciago una confidente de sor Pía Armonía delató a las hermanas guardianas del libro secreto. Sor Pía Armonía tomó las medidas del caso, enjauló a las culpables, hizo formar una ronda en el patio a las huérfanas del hospicio, obligó a las culpables, que se encontraban enjauladas y rapadas, a quemar el libro del delito. Al día siguiente las culpables fueros incineradas en el horno de pan. Una vez terminado el relato, Titina confesó que ella fue la confidente que las delató. El asombro de Felipe es grande, se mueve entre el terror y el estupor, pero también en la incredulidad, sospechando que su amante no amada se hacía la burla; le dice a Titina que esto no era otra cosa que una monstruosidad inaceptable. Respecto a la muñeca madrina, le dice protestando nunca había asistido a semejante argumentación, culpando a un objeto inanimado de lo que acontece, atribuyéndole responsabilidad, cuando no la podía tener. Dice que lo inanimado está más allá de lo orgánico y que los humanos son los que degradan la vida y la muerte.

Esta concepción nihilista de la vida y de la muerte, una dialéctica existencial negativa, también esta concepción nociva de lo humano, forman parte de lo que hemos llamado el plano de intensidad filosófico de Felipe Delgado, como dijimos, plano de intensidad tejido a retazos como vestimenta teórica de aparapita. Plano de intensidad de una filosofía nihilista singular, cuya universalidad radica en la tesis heideggeriana del ser para la muerte, cuya particularidad radica en la elocuencia y la enunciación barroca. Una suerte de mezcla de filosofía negativa y misticismo, magia y brujería.  

 

En la bodega Indalecio Beltrán se explaya en una apología del aparapita, después de exponer su tesis sobre la inspiración. Se podría decir una tesis idealista, en tanto que la apología del aparapita es trágica y existencialista, marcadamente barroca. En la tesis idealista asume que los poetas miran con el alma lo invisible, lo que no está al alcance de la vista común; en tanto que en la apología del aparapita encuentra el substrato y la síntesis de la condición nacional en este insigne cargador de la urbe paceña. Se pondera su fuerza, su coraje, su valor, su laburo, aunque también su humildad y su sabiduría silenciosa. Beltrán declara a los miembros de la bodega como poetas prácticos, pues ven desde la experiencia dramática a la que son sometidos por su entrega sin límites al compromiso de la diseminación nocturna. En el ínterin, entre su tesis sobre el arte y la apología del aparapita hace una disertación intermedia, dedicada a la chola, a la madre chola. Abnegada madre cuya dedicación al cuidado afectivo de los hijos es admirable, sobre todo cuando son guaguas. El ejemplo que da es lo que observa detenidamente en la calle Illampu cuando una madre chola lavaba el culo de su guagua con un cariño asombroso, sin hacerle doler, además lo hacía a veces cantando un huaiño. Felipe delgado interviene, interrumpiendo a Beltrán, para decirle que estaba completamente de acuerdo con él, solo que otorgando a su apreciación un contenido del espíritu nacional.  Sin embargo, el interés de Felipe Delgado se dirigía al aparapita que no llevaba el manto y hace vistoso el traje de múltiple textura, compuesto por las propias manos del insigne cargador. Después de un sueño estrambótico con moscas, enredadas en un juego de palabras que riman, entre la fraternidad de la taberna, donde él mismo se convierte en una mosca perdida en el abismo, descubre, al despertar, enfrente, la composición abigarrada del traje del aparapita, que se le antoja de una cristalización mineral. Pide a Delicado que se lo presenten al aparapita, sujeto de su atención, y a su compañero, más viejo, con el que compartía la coca, los puchos y el trago. Se acercaron Fortunato Condori, el mayor, y Damian Tintaya, el más joven.

Si bien Beltrán comenzó la apología del aparapita, debido a una discusión acre con Delicado, que, en discordancia a su nombre tiene una consistencia corporal de fortachón, es Felipe Delgado quien extiende la apología, la prolonga y la concluye de una manera ejemplar. Según Delgado el aparapita es un anarquista nato. Sobresale en el legendario cargador la grandeza auténtica. Habita la ciudad efectiva y contrasta su figura contra la ciudad ilusoria y envilecida. Así como la bodega es una síntesis de la ciudad, el traje de la aparapita configura y expresa la realidad total. Delgado considera que en la composición del traje del aparapita se puede leer la escritura secreta de la realidad, contada en el juego del bricolaje del tejido heterogéneo del traje del aparapita. Con esto el aparapita supera la realidad y llega a la fantasía. Delgado confiesa que se encuentra seducido por esta elocuente presencia existencial. También confiesa que quisiera tener un traje de aparapita, pero, sabe que no se lo merece, que, aunque tuviera muchos trajes de estos ninguno le pertenecería, pues no los podría poseer. El traje del aparapita está íntimamente ligado al cuerpo y a la experiencia del aparapita; el aparapita se ha hecho el traje, poco a poco, retazo a retazo, cosido a cosido; por eso mismo, es una extensión de él, de su cuerpo, de su ser.

La interpretación que hacemos, los comentarios sueltos, de Felipe Delgado, supone varios planos de intensidad del entramado de la narrativa de Jaime Sáenz en la novela; algunos los hemos mencionado, el plano de intensidad familiar y sus entornos, el plano de intensidad de los amores y desamores, el plano de intensidad del colectivo de la bodega, quizás también el plano de intensidad de los amigos heredados del padre, que terminan jugando un papel fundamental en el desenlace de la novela. Mencionamos el plano de intensidad filosófico, que hace como substrato reflexivo a lo largo de la novela, sobre todo busca hacer emerger de la trama o, mejor dicho, del entramado de la narrativa, el sentido inmanente de sus tejidos. Bueno pues, si fuese así, importa comprender las conexiones y las articulaciones de los distintos planos de intensidad en la narrativa. Al respecto se pueden sugerir distintas hipótesis interpretativas, empero nos vamos a concentrar solo en algunas, comenzando con una relativa a un enfoque estructuralista, hipótesis que alude a distribuciones binarias subyacentes en la estructura del texto. En el plano de intensidad familiar aparece el contraste entre el tío Apolinar y la tía Lía, la oposición entre el señor y la señora, entre el irresponsable y la responsable, entre el inmoderado y la cuerda; en el plano de intensidad de los amores y desamores se evidencia el contraste entre Titina Castellanos y Ramona Escalera, entre la amante no amada y la amante amada, entre la sensualidad de la hechicera y la belleza de la mujer que se acerca a la artificialidad de muñeca. En el plano de intensidad del colectivo de la bodega no hay exactamente contrastes binarios, pues todos llegan a parecerse, empero se puede sugerir que, a pesar de que comparten el mismo espacio bohemio de la bodega, que sintomáticamente lo nombran como “el purgatorio”, se hacen notorias ciertas diferencias; por ejemplo, entre el decano de los borrachos, Indalecio Beltrán, y, en algunos casos, Delicado, en otros, Román Peña y Lillo. Pues Beltrán aparece como el magistral expositor de temas, en tanto que los otros, a excepción de Delgado, aparecen de manera pedestre, en su elocuencia, mas bien, crasa. En el plano de intensidad de los amigos heredados, se hace notorio la diferencia entre el perfil del Doctor Sanabria, amigo del finado Virgilio Delgado, el padre del protagonista, que reprende la conducta de Felipe, pero que termina cobijando al descarriado Felipe Delgado, y Nicolas Estefanic, otro amigo del padre, que, mas bien, lo secunda. En el plano de intensidad filosófico se hace hincapié en las paradojas que expresan las dinámicas mismas existenciales de la vida y de la muerte.

Sin embargo, fuera de estos contrastes notorios, que pueden dar claves de la estructura del texto, se pueden mencionar otros dualismos que expresan otras distribuciones subyacentes de la narrativa, que ya no tienen que ver con los planos de intensidad individualizados, sino, mas bien, con el conglomerado conectado y articulado de los mismos. Hablando de las pretensiones de brujería y hechicería, que es como una atmósfera difusa y transversal en la novela, se oponen la figura de Juan de la Cruz Oblitas y Titina Castellanos. El brujo Oblitas es el amigo que esquilma, en tanto que Castellanos es la amante no amada; por otra parte, la hechicera Titina está ligada a la muñeca-madrina, que aparece como protectora y hacendosa, en tanto que el brujo de Juan de la Cruz, pajpaku y tramposo, está ligado al demonio, que emerge en la novela en su metamorfosis fantasmal como una amenaza. Deteniéndonos en este dualismo estructurante de la novela, entre otros dualismos, vemos que la muñeca, como fetiche, se opone, al demonio como amenaza, sobre todo por sus connotaciones figurativas. La muñeca es de una belleza artificial, en tanto que el demonio no deja las irradiaciones de la fealdad concreta, como la fetidez que lo acompaña. No olvidemos que José Luis Prudencio, el esposo de Ramona Escalera, colecciona muñecas y retiene a Ramona como si fuese una muñeca; ese es su placer. En cambio, el demonio aparece presagiando mal augurio o está vinculado a un hecho funesto. Felipe Delgado se enamora de Ramona y teme a todo lo que anuncia el demonio.

Sin embargo, en toda esta profusión de planos de intensidad, de hilos, urdimbres de los tejidos de la narrativa, el aparapita es la figura no solo más enigmática de la novela, sino que guarda la clave de la interpretación de la novela, en cuanto al sentido inmanente. Cuando Felipe Delgado expone el sentido de despojarse del cuerpo, “sacarse el cuerpo”, según sus propias palabras, que conlleva el aparapita, comprende que se trata del destino del aparapita. El despojarse del cuerpo acontece cuando el aparapita decide morir, esto quiere decir, deshacerse del cuerpo, del cuerpo que ha cargado con todos los pesos que tuvo que sostener en la espalda, del cuerpo agotado cuyas últimas fuerzas son usadas para despojarse de su carne. La propuesta interpretativa de Felipe Delgado es que con este acto el aparapita se espiritualiza.

Volviendo a los dualismos, podemos decir que el aparapita se opone al mundo envilecido, como el mismo Delgado lo dijo en su exposición. Metafóricamente podemos decir que el aparapita carga con el mundo; una vez que considera que ha terminado su tarea, no del día, cuando va a la bodega, sino su tarea de todos los días que le tocó vivir, el aparapita decide deshacerse de su cuerpo para encontrar otro mundo, espiritual, con esta desaparición. Mientras vive y carga con el mundo, su traje configura el mundo en su multiplicidad, logrando expresar la armonía de la pluralidad. Cuando deja su cuerpo, cuando decide morir, deja su cuerpo para que se lo lleven a la morgue y escruten los estudiantes de medicina en su cuerpo los secretos de la biología humana. Los compañeros aparapitas se reparten su traje y sus cosas, como herencia legítima y adecuadamente prorrateada entre todos los compañeros. El aparapita se “saca el cuerpo” como desenlace de su destino; al final la novela tiene como desenlace la desaparición de Felipe Delgado, es decir, éste también termina sacándose el cuerpo.

Indalencio Beltrán invita a Felipe Delgado a contemplar desde la claraboya de su cuarto el majestuoso Illimani, a la hora conveniente del atardecer, cuando la pintura de la luz del verano o del invierno permite apreciar mejor los secretos que esconde la fabulosa montaña de varios picos. Beltrán le comenta los secretos de la claraboya, ligados a la biografía de su padre, pintor especializado en la pictórica y el paisaje del Illimani; por otra parte, le revela que además es topógrafo, lo que le permite tener entraditas que le hacen un poco más soportable la pobreza en la que se encuentra. La otra conversación en la que se embarcan los amigos es sobre Franz Tamayo, a quien considera Delgado el poeta absoluto y el pedagogo del pueblo boliviano. Beltrán hace observaciones sobre su condición de hacendado y sobre la explotación de sus pongos; empero, Delgado considera que Tamayo se preocupa por todo lo que atinge al pueblo, sobre todo se preocupa de los peligros que acechan. Que, si bien, explota a sus pongos y es consciente de esto, lo hace comprendiendo que su labor es educativa, para transmitir las enseñanzas, para que se adquiera la disciplina y, sobre todo, para el resurgir de la nación desde su cuna de Tiwanaku. La conversación gira anecdóticamente tanto en una apología grandilocuente del connotado escritor, pero, también, a ratos adquiere como un tono de ironía. El mensaje que trasluce es que el Illimani y Tamayo están íntimamente involucrados y conectados, tanto por su desmesura sublime como por su grandeza absoluta.

Lo que habíamos nombrado el plano de intensidad filosófico del entramado de la novela parece disentir con estas alocuciones, que adquieren un tono paisajista o de determinismo geográfico, también una tonalidad nacionalista, incluso indigenista. Ocurre como si la ontología existencialista heideggeriana del ser para la muerte se contrapondría y, a la vez, conjugara con estos tonos deterministas geográficos, nacionalistas e indigenistas. Llamemos a esta otra variante de la cosmovisión plano de intensidad ideológico. En este caso, se trata de la consciencia nacional o, dicho de manera ontológica, del ser nacional, del ser boliviano, que, a diferencia de la tesis heideggeriana no está destinado a la muerte, sino al renacimiento.

Habíamos dicho que la clave para interpretar la novela se encuentra en la tesis de Felipe Delgado sobre el aparapita, sobre su desenlace, el “sacarse el cuerpo”, que también se convierte en el desenlace de la novela, cuando el propio Felipe Delgado se saca el cuerpo, desaparece. Nombramos a esta clave hermenéutica el sentido inmanente de la narrativa de la novela; sin embargo, se pueden encontrar otros sentidos, no necesariamente inmanentes, que tienen que ver tanto con la tesis ontológica existencialista, así como con las tesis ideológicas nacionalistas e indigenistas. Para decirlo en términos interpretativos, podemos conjeturar que la formación social abigarrada boliviana adquiere configuraciones simbólicas en la conjugación de la tesis existencialista nihilista y las tesis ideológicas nacionalista e indigenista. El entramado de la novela, al desenvolverse y combinar los distintos planos de intensidad de la narrativa, busca los sentidos subyacentes, que se encuentran diseminados en los dramas desplegados por las acciones de los personajes. El plano de intensidad filosófico y el plano de intensidad ideológico son como los decursos de las reflexiones inherentes en la novela.

Hay otra conversación que sobresale entre los amigos, Beltrán y Delgado, que tiene que ver con la teoría de la conspiración, por así decirlo. Beltrán alude a un rumor que recorre la bodega; se habla de un personaje misterioso, que prepara una convocatoria a la nación, que arma un ejército para recuperar los territorios perdidos por el país en las sucesivas guerras, que cuenta con consejeros sabios y especialistas, entre los que se encontraría el mismísimo Tamayo. Delgado no estaba enterado de este rumor, lo que le sorprende, sobre todo al enterarse que el que lo ha difundido en la taberna es su amigo Román Peña y Lillo, lo que lo hace sospechoso de difundir rumores especulativos. Los dos amigos quedaron en encarar a Peña y Lillo, para que aclare sobre este rumor difundido. La conversación vespertina de Beltrán y Delgado culminó con música, Beltrán desempolvó su mandolina para tocar unas piezas de Adrián Patiño Carpio, terminando el repertorio con la interpretación de una cueca. Lo que entusiasma sobremanera a Felipe Delgado; los dos amigos llegan hasta las lágrimas. Esta parte de la narrativa nos muestra otro plano de intensidad de la composición de la novela; denominaremos a este plano de intensidad musical. La música, el ritmo de la música, la composición melódica, acompañada de la letra, escolta al entramado narrativo, desde la presentación de la letra de la cueca “No le digas”. La música es la melodía de fondo, que acompasa a las tramas de la narrativa; se podría decir que está más acá y más allá del sentido evocado en palabras. Se trata de un sentido anterior al sentido inmanente, por lo tanto, también a los otros sentidos subyacentes. Este más acá y más allá es la armonía que se le escapa a la comprensión intelectiva, tanto del plano de intensidad filosófico, así como del plano de intensidad ideológico. Se podría decir que la armonía musical emite los secretos que se buscan con el entendimiento, secretos que se le escapan, que no puede encontrarlos. La música emerge directamente, sin mediaciones, de las ondas y vibraciones energéticas.

La primera parte del libro, compuesta por doce capítulos, desenvuelven una composición combinada y entrelazada de los distintos planos de intensidad narrativos mencionados. Esta composición muestra cumbres y hondonadas, que hacen variar la textura de las tramas y urdimbres de la narrativa. Entre las cumbres se encuentran lo que simbolizan el Illimani y Tamayo para la utopía nacional; entre las hondonadas se encuentran los recovecos dramáticos y pasionales en los que se entrampan los distintos personajes involucrados. Las cumbres son como la simbolización de las utopías perseguidas, las hondonadas son como la simbolización de los laberintos y los abismos donde se cae irremediablemente. El sentido del ser, el ser para la muerte es como la expresión de esta caída a la nada; en cambio, el ser nacional es como su contrapeso, la expresión de la posibilidad del renacimiento o el resurgimiento.

En las tres siguientes partes de la novela, compuesta por cuatro partes, que en total hacen cincuenta y dos capítulos, la composición del entramado narrativo ha de combinarse de distinta manera, desenvolviendo distintos desplazamientos del centro gravitacional o de agujero negro del campo orbital de los escenarios de los dramas, que se conforman, dependiendo de la jerarquización de alguno de los planos de intensidad respecto de los otros.

En este contexto, en sentido hermenéutico, en este círculo interpretativo, podemos comenzar a interpretar el tejido de la trama narrativa. Dijimos que a los ojos de Felipe Delgado la bodega aparece como un lugar de resistencia, fuera de sitio entrañable de misterio; ahora también podemos considerar, en el contexto, como un espacio de la protesta existencial contra la sociedad institucionalizada. Ante la irrealización de las utopías, que se simbolizan en las cumbres alegóricas mencionadas o crasamente en la conspiración por el resurgir político, Delgado opta por la diseminación corporal. El alcoholismo resultaría una protesta suicida de los vencidos o, mejor dicho, de los que no encuentran el sendero de la realización de la utopía, pues ésta se encuentra clausurada por la misma sociedad institucionalizada, el mismo Estado, limitado en sus alcances y fronteras mezquinas. Aunque al final de la novela Felipe Delgado es rescatado por el Doctor Sanabria y llevado a su hacienda para su rehabilitación y limpieza; un tanto, haciendo remembranza al Quijote que recupera la razón y reconoce haberse extraviado en su locura; empero lo hace para despedirse, antes de morir. En este transcurrir, cuando Felipe reflexiona sobre lo acontecido y acumula sus notas, con la intención de armar una escritura reveladora de su experiencia, se produce un hecho sintomático, desaparece su cuaderno de notas y memorias.  Su testimonio de vida, sus reflexiones, profanas y sagradas, su escritura en ciernes, es hurtada. Sus secretos son conocidos por otro, el ladrón o los ladrones, el que perpetra el acto y el autor intelectual del hurto. Felipe va a buscar por todas partes su tesoro de inscripciones gramáticas. Está lejos de la bodega, a la que solo llega a verla, al revés, con un telescopio roto, que le brinda Sanabria. Este es el escenario de la desaparición de Felipe Delgado. Se trata de un escenario de distanciamiento y de vaciamiento, que recalca de otra manera su soledad, ya no como antes, dramáticamente, que comienza con la muerte de su padre, sino de una manera paisajística, donde se hace hincapié en el alejamiento.  

 

A lo largo de la novela descubrimos que Felipe Delgado vive la experiencia de duplicación, es decir, se desdobla; se encuentra el mismo en otro. En la medida que se vuelve a encontrar con el demonio, éste se le va a ir pareciendo, hasta suponer que el demonio es el mismo, solo que de viejo o como vuelto de la muerte. Cuando muere el bodeguero, Corsino Ordóñez, se encuentra en el hospital con un médico que no solo se le parece, como su doble, sino que, además, lo insólito, lleva su mismo nombre y apellido: Felipe Delgado. Por otra parte, aparecen otras duplicaciones; su madre se llamaba Ramona, la mujer de la que se enamora, la esposa de José Luis Prudencio, se llama también Ramona. Su madre murió cuando precisamente nació Felipe; la muerte de su madre acompaña al nacimiento de Felipe, custodia a la vida de Felipe. La muerte es una sombra que le persigue, así mismo adquiere otra connotación, más bien, de liberación, por así decirlo, como cuando el sacarse el cuerpo implica la espiritualización, quizás el encuentro con uno mismo. Para decirlo resumidamente, hay como dos formas de muerte, contrastadas, aunque haya otras formas más, como las relativas al morir lenta o diferidamente. Como dice Blanca Wiethuchter, la experiencia de la duplicación, el encontrarse en el otro, supone la escisión[1]. Como en la poesía de Jaime Saénz la novela comienza con el asombro del protagonista, Felipe Delgado; le sigue el descubrimiento del otro, al que se llega después de una larga experiencia dramática, de diferenciación, de reconocimiento y de identidad. Sin embargo, no se identifica con el otro en todos los personajes con los que se topa, sino tan solo con algunos, pocos. Se puede decir que la duplicación es como retornar a sí mismo, después de su extrañamiento. Se encuentra consigo mismo cuando el demonio se le parece, se encuentra consigo mismo cuando se ve en el médico, más joven que el mismo. También Ramona, en sueños, termina pareciéndose a él. Por último, termina encontrándose consigo mismo en el desaparecer.

Sin embargo, en la experiencia de extrañamiento y, dialectalmente, de retorno, a la vez, el descubrimiento del otro no solo emerge en las analogías, sino también en las diferencias; diferencias que no solo muestran contrastes, hasta contradicciones, sino lo que el mismo niega o rechaza. Por ejemplo, aborrece de José Luis Prudencio. Descubre que el misterioso personaje del rumor que se propagó en la bodega es precisamente Prudencio, al que decide vigilar y espiar. Empero, la curiosidad enigmática que siente por Prudencio va desapareciendo hasta el desencanto, en la medida que se va aproximando y observando, descubriendo sus secretos. Además de cojo, aparece como un personaje cruel y hasta indiferente, incluso anodino y despreciable, salvo su apego por la colección de muñecas que tiene en casa, además de su mujer, Ramona escalera, que se parece mucho a una de sus muñecas apreciadas. Cuando ocurre esto, cuando crece el desprecio por Prudencio, deja de interesarle y se deja seducir por la belleza de Ramona.

Ramona se encuentra cautiva en casa de Prudencio, sometida a control y vigilancia por parte del enigmático esposo, también por parte de la hermana de este ignominioso personaje. Incluso sufre violencia por parte de esta hermana, a lo cual Prudencio es indiferente. El romance con Felipe Delgado es como una liberación; empero, tampoco dura, como hubiera querido Felipe. A Ramona le detectan un cáncer que la va a llevar a la muerte. Felipe vuelve a enfrentar la muerte como ruptura, evento que le quita a sus seres queridos. La muerte de su amada va a marcar la clausura de una etapa y el comienzo de otra, como en el caso de la muerte de su padre. Va a buscar consuelo de una manera más desmesurada en el alcohol, que lo va a llevar a la perdición, completa, casi al exterminio; pierde todo, su casa, sus amigos no aparecen, en la bodega bebe con extraños, que se comportan agresivamente, se convierte prácticamente en un pordiosero o no se diferencia en su aspecto de este desventurado. Se refugia en casa del brujo Oblitas, quien lo cobija. Cuando se encuentra completamente perdido, el Doctor Sanabria, Estefanic y Oblitas conspiran para rescatarlo, prácticamente secuestrarlo y llevárselo a la finca de Sanabria, para que allí se cure y se rehabilité. La situación y condición de Felipe Delgado llegaron tan lejos del desamparo y la desdicha, a su propia indigencia, que incluso la bodega, su refugio, desaparece del escenario. Antes, como anuncio de la clausura, Amézaga se convierte en el administrador de la taberna, el carpintero acreedor de Ordoñez, Noé Salvatierra, compadre del bodeguero, se instala en la bodega y perturba la armonía beoda del colectivo fraterno que se había formado. La bodega es sustituida por la Carpintería del Diluvio Universal de Noé Salvatierra.

En la finca del Doctor Sanabria Felipe Delgado prácticamente se vuelve un abstemio, no toma, salvo cuando lo visita Peña y Lillo, su amigo, que trae consigo botellas para brindar, o en alguna que otra ocasión, como en San Juan. En la hacienda de Sanabria tiene un altercado con el administrador de la finca, Menelao Vera, quien confiesa que odia a Delgado. En la noche de San Juan le ruega que vuelva a beber, para que vuelva a ser lo que siempre fue y, de esta forma se lleve la maldición que ha traído a la hacienda. Felipe vuelve a beber y culmina la conversación con Menelao rompiéndole una botella en la cabeza. Antes de su desaparición Felipe se perdía intermitentemente, obligando a Vera a buscarlo y encontrarlo en los lugares más recónditos e insólitos, como en un pozo profundo; al final una tarde se pierde definitivamente sin que nadie después pueda encontrarlo, a pesar de las incursiones organizadas tanto por Menelao Vera y Peña y Lillo.

En la noche de San Juan Felipe Delgado quema su cuaderno de anotaciones y memorias, que reaparecen después de una subrepticia pérdida, altamente sospechosa y sintomática. Esta quema de la escritura, que, por cierto, era valiosa, anuncia, como despedida, la propia desaparición. Felipe Delgado no solamente se saca el cuerpo, emulando al aparapita, sino que su cuerpo se esfuma, no aparece ni como cadáver, lo que obliga al brujo Oblitas a preparar una sesión de brujería en La Paz para desvelar lo que había acontecido o, en su caso, descubrir al culpable de su desaparición. Sospechaba que fue Menelao Vera el autor de su supresión. A esta sesión solo asistió Peña y Lillo. Oblitas encontró en la habitación el saco de aparapita que improvisó Delgado, cosiendo a duras penas; para el brujo esta aparición del saco era una prueba de que Felipe Delgado se encontraba y, al mismo tiempo, no se encontraba en la casa, la última morada del protagonista errante, convertido en un fantasma.

Conclusiones

Ahora bien, estamos ante una novela, Felipe Delgado, que es el nombre del protagonista de la narrativa, que se sitúa en una ciudad de La Paz anterior a la guerra del Chaco, si se quiere en una coyuntura en el umbral mismo de la guerra entre Bolivia y Paraguay, dos países empujados a la conflagración por dos empresas trasnacionales del petróleo, pero también por sus propias oligarquías criollas, en pleno contexto de la crisis de los Estado-nación. Una guerra donde se disputaba el control del Chaco Boreal y de las reservas hidrocarburíferas, en pleno contexto de la demanda energética de la revolución industrial, todavía bajo la hegemonía británica. A través de la novela se puede vislumbrar el perfil de la estructura social, de las estratificaciones de las clases sociales de la formación social boliviana, por lo menos de parte de este perfil, un poco sesgado en el enfoque literario de la dramática de lo que se ha venido en llamar las clases medias, preponderantemente mestizas. Ciertamente el personaje principal, Felipe Delgado, experimenta los dilemas, el diletantismo, el dramatismo y la angustia de la sedimentación social de la clase media, en las formas extremas de la bohemia barroca y marginal paceña.   Desde esta perspectiva, se puede decir, que las enunciaciones relativas a lo que hemos llamado el plano de intensidad filosófico y el plano de intensidad ideológico son los recursos discursivos del protagonista para interpretar esta experiencia abigarrada de los estratos medios y mestizos. Manteniéndonos en esta perspectiva y en este enfoque interpretativo – puede haber otros -, no se trata tanto de concentrarse en las tesis nihilistas o en las tesis nacionalistas e indigenistas, tampoco así, concentrarse tanto en el plano de intensidad pretendidamente místico o en la atmósfera especulativa de la brujería, sino entender que se trata de recursos provisorios para interpretar la experiencia singular de los estratos mencionados, solo que asumidos de manera existencialista barroca y vividos en el dramatismo de trayectorias de vida que se pierden en sus propios laberintos. La estética, entendida como substrato de las sensaciones y las sensibilidades, que captan la multiplicidad de los fenómenos percibidos, en este caso, estética de la novela, adquiere la composición del entramado narrativo, la trama del antihéroe mestizo de una urbe enclavada en plena cordillera de los Andes.

No pretendemos sugerir una sociología de la novela, sino contar con esta referencia al momento de apoyar una lectura arqueológica de la novela, por lo menos en los términos y límites improvisados de unos comentarios sueltos. Felipe Delgado, que puede corresponder a una biografía ficticia del propio autor, Jaime Sáenz – entre otras biografías posibles -, es un personaje descentrado de los ejes normativos y de los comportamientos aconsejables de la clase media. Un personaje errante, deambulante de mundos, que hacen como sus entornos, unos más valorizados afectivamente que otros; mundos habitados subrepticiamente por el protagonista errante; de los que obtiene lo que necesita para continuar su marcha sinuosa de una búsqueda nebulosa hacia lo desconocido. No es la sociología la que va a dar cuenta de esta escritura paradójica de Jaime Sáenz, pues la escritura literaria, la narrativa de la novela se teje con hilos sensibles, componiendo figuras imaginarias, otorgándoles contenidos simbólicos, que hablan más de las dinámicas subjetivas inmanentes que de las estructuras trascendentes sociales.

Estamos ante una subjetividad en crisis, que puede tomarse hipotética y provisionalmente, como crisis de identidad; que empero no agota la comprensión y la interpretación de lo que contiene como posibilidades expresivas el personaje central de la novela. La condición de antihéroe de Felipe Delgado ya es, de por sí, una crítica desde la literatura a la sociedad institucionalizada de entonces, a sus pretensiones, a sus mitos y juegos de poder. El protagonista, entrampado en su drama embrollado de vaciamiento continuo, busca refugiarse en oasis afectivos, en la amistad y en el amor. Pero, es la muerte la que, intermitentemente, arrebata a sus seres queridos, arrastrándolo, cada vez más, al abismo. Es la música la que acaricia su ser, conmoviéndolo, recordándole los sentidos fundantes y creativos, anteriores a todo sentido intelectivo. Y es el juego paradójico del discurso lúdico el que amortigua la distancia del desconocimiento de la alteridad inscrita en los cuerpos. Las paradojas, por lo menos muestran, el quiebre de las certezas, las fracturas en el estallido de las contradicciones, fracturas que se abren tanto al abismo, así como a la intuición de horizontes utópicos.  

La novela Felipe Delgado es un acontecimiento literario, como tal, nos permite la lectura, vale decir la reconfiguración, la apropiación por la lectura y la reinvención de la novela en la experiencia de su decodificación, de su destejido, para volver a hilvanar y tejer en la imaginación y la memoria hermenéuticas. Como dice Paul Ricoeur, la narración está íntimamente ligada con la invención del tiempo, así como la invención de la memoria de un pasado[2]; por eso mismo, una adecuación al presente fugaz y también dilatado, es decir, una disposición a la espera y a la expectativa. El contexto de Felipe Delgado no solamente es la formación social paceña de aquél entonces, sino, hermenéuticamente, el contexto mismo de la novela, no solamente boliviana, sino latinoamericana, además de la novela mundial, con todas las concomitancias que pueda haber entre los más cercano y lo más lejano, no en el sentido geográfico, sino de los apegos y las propias lecturas del autor. También tenemos que referirnos al contexto cultural de su época. ¿Cuánto de esto todavía sobrevive y es substrato de sedimentos culturales e imaginarios hoy? No cabe duda de que sí queda, la herencia se transmite cambiante, pues el pasado se actualiza y, obviamente se transforma. La urbe paceña no es lo que fue en la preguerra del Chaco, tampoco exactamente su estructura social, así como sus imaginarios sociales; sin embargo, en el desenvolvimiento, despliegue y transformación de sus estructuras sociales y culturales, en la ciudad de la hoyada, cobijada en los brazos de la cordillera de los Andes, los cambios se dan a través de la conservación de lo heredado, aunque en sus composiciones actualizadas se den combinaciones distintas. Para decirlo parafraseando a Vicent van Gogh, Felipe Delgado ya no está, pero la ciudad sigue todavía.

  

[1] Ver de Blanca Wiethuchter Estructuras de lo imaginario en la obra poética de Jaime Saenz. Obra poética. Biblioteca del Sesquicentenario de la República; La Paz, 1975.

[2] Leer de Paul Ricoeur Tiempo y narración I, II y III. Siglo XXI; México 1995.