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Umbrales y límites de los gobiernos progresistas

Umbrales y límites

de los gobiernos progresistas

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Gobiernos progresistas 

Alguien dijo alguna vez que es indispensable apoyar a los que se revelan hasta que llegan al gobierno, es cuando hay que dejarlos, dejar de apoyarlos, porque ahí en ese momento, que se convierten en gobierno, que asumen el Estado, ingresan a otro agenciamiento, forman parte del poder.

Es la relación con el Estado lo que define a los gobernantes, quiénes son, qué hacen, cuál es el sentido de su función en el Estado. Los gobiernos pueden distinguirse de acuerdo a su ideología, a sus prácticas, a sus orientaciones, incluso al perfil de sus composiciones personales, sin embargo, toda diferencia implica variaciones en la concretización del Estado; el gobierno concretiza al Estado, que es más bien abstracto.

Hemos retomado el concepto de gubernamentalidad de Michel Foucault; hablamos de forma de gubernamentalidad para distinguir las estrategias, las tácticas y el diseño de la forma de gobierno en cuestión. Michel Foucault se ocupó de describir lo que llamó la forma de gubernamentalidad liberal; en contraposición, sin atribuirle del todo el carácter de gubernamentalidad, habló de Estado policial. No reconocía el carácter de gubernamentalidad a la forma socialista. Empero, nosotros hemos preferido usar el concepto de forma de gubernamentalidad de manera abierta; lo que nos ayuda a diferenciar formas de gobierno, aunque no adquieran, del todo, el carácter completo de gubernamentalidad, es decir, de gobierno de las poblaciones, incidiendo masivamente en éstas, en sus maneras de comportamientos. Lo que nos importa es contar con un cuadro comparativo de forma de gobierno. De esta manera ayudarnos en el análisis político.

Nuestro aporte ha sido configurar lo que llamamos la forma de gubernamentalidad clientelar. Forma de gobierno que administra expandiendo sus clientelas, manejando el gobierno y el ejercicio de gobierno por prebendas. Al respecto, hemos propuesto que la forma de gubernamentalidad clientelar se sostiene en lo que hemos llamado a la economía política del chantaje.

Hemos aceptado que no hay una forma de gubernamentalidad socialista, aunque hayan habido revoluciones sociales; estas revoluciones no han abolido la sociedad de clases, mas bien, esta sociedad de clases se ha reproducido, precisamente a partir de la hipertrofia misma del Estado, que ha buscado controlar absolutamente la sociedad. No puede haber Estado socialista, eso es una contradicción a pesar de la hipótesis ad hoc de la transición de la dictadura del proletariado; el socialismo sólo es posible como democracia plena, como autogobierno del pueblo, empero esto es lo que no ha ocurrido en los llamados países del socialismo real. No pude haber socialismo en un solo país; mientras siga funcionando el sistema mundo capitalista. El socialismo es posible en el mundo transformando el sistema mundo capitalista, trastrocándolo o aboliéndolo;  conformándolo de manera democrática, a través de consensos entre los pueblos, sustituyendo el sistema mundo capitalista por un sistema mundo socialista. ¿Qué es lo que ha habido? Lo que se ha dado en estos países del socialismo real es lo qué se llama Estado policial, conformado como una hipertrofia estatal, además, administrada por una abundante burocracia, que sustituye a la burguesía, en el control de los medios de producción, así como en la apropiación del excedente, reproduciendo clases sociales de esta manera.

Al respecto nosotros hemos concebido un amplio movimiento y desplazamiento de lo que llamamos forma de gubernamentalidad clientelar. En este sentido hemos llegado a concebir en el largo plazo, si no es en el mediano plazo, a los países del socialismo real, como parte de la forma de la gubernamentalidad clientelar, que da lugar también a distintas formas del Estado policial. Sin embargo, a pesar de que esto ayuda a comprender, en el largo plazo, los desplazamientos de una forma de gubernamentalidad clientelar, sabemos que el concepto de forma de gubernamentalidad clientelar está específicamente configurado a partir de la experiencia de la conformación de los gobiernos populistas, al estilo latinoamericano. Estos gobiernos populistas han reaparecido al final del siglo XX y comienzos del siglo XXI, expresando las características conocidas en los llamados gobiernos neopopulistas. Solo por sus analogías, podemos suponer el boceto de un curso de desplazamientos, en el largo plazo, donde el Estado policial, dado en los regímenes del socialismo real, se comparte singularmente en los gobiernos populistas y en los gobiernos neopopulistas, aunque solo se repitan ciertos rasgos y ciertas características semejantes.

Ahora bien, se puede hablar con certeza de una forma de gubernamentalidad clientelar, propiamente dicha, que se despliega y desenvuelve a lo lago de la segunda mitad del siglo XX y llega a extenderse en las tres décadas iniciales de siglo XXI. Esto ocurre sobre todo en América Latina y el Caribe. La forma aparece plenamente conformada a lo largo del periodo descrito, solo que expandida intensamente con los llamados “gobiernos progresistas” del siglo XXI.

Hemos dicho que la forma de gubernamentalidad clientelar se caracteriza por la formación de clientelas, es decir, que se sustituye la convocatoria por el clientelaje. Este hecho o, mas bien, conjuntos de hechos, que se convierte en una serie de secuencias, donde se despliega un espectro de posiciones y de disposiciones políticas, esta situación, que contiene campos de práctica, que define contextos, tiene también repercusiones en la forma de institucionalidad de la democracia formal. La democracia formal institucionalizada pretende legitimar el gobierno, emergido de las elecciones, el Estado de derecho, a través de periódicas elecciones nacionales, pretende que estas elecciones son democráticas, en el sentido de la concurrencia electoral. Esta es una pretensión de verdad, si ustedes quieren, ideal. Sin embargo, no se cumple a cabalidad, de ese modo, a la manera ideal, porque hay perturbaciones, hay distorsiones, que son encubiertas por la propaganda política, que se vuelve compulsiva. Se ocultan otras distorsiones, que tienen que ver con la accesibilidad y los recursos en juego. Sin embargo, manteniendo ese esquema ideal, cuando se trata del ejercicio de la democracia en las formas de gubernamentalidad clientelar, las distorsiones y perturbaciones son notorias y visibles. Por ejemplo ya no se trata de una concurrencia electoral, sino de una movilización de las masas clientelares; las elecciones, en este caso, se parecen más a una compulsa de fuerzas que a una concurrencia electoral.

Por otra parte, el monopolio del Estado, de los medios del Estado, de sus dispositivos y sus aparatos ideológicos, sumándose al control de los medios de comunicación y el control de organizaciones sociales, fuera del control del partido, incide categóricamente en el control de la opinión pública y de la población; haciendo desaparecer el carácter propio de las elecciones. Aparte de esto, hay que tocar lo que se ha venido denunciando, lo que se da en estas circunstancias monopólicas, en términos de fraudes electorales, en pequeña escala, mediana escala o en gran escala. Así como hay que tener en cuenta la distorción que se da con el control del tribunal electoral. Estas situaciones anómalas inciden en la posibilidad y probabilidad de la manipulación del voto, de la información del voto, fuera de lo que ocurre en determinadas regiones y en determinados poblados, donde los resultados en favor del partido oficialista llega hasta el 100%.

En consecuencia, no estamos hablando de la misma característica, completamente equivalente, entre el ideal de la democracia formal y esta democracia clientelar, que se ejerce bajo la forma de la gubernamentalidad ejercida a través del prebendalismo; hay notoriamente distorsiones perturbaciones y adulteraciones. En consecuencia, se pierde, de inicio, el sentido mismo de la legitimación democrática, se pierde la posibilidad de legitimación, en pleno sentido de la palabra. Entonces, ingresamos, de lleno, en las formas de gubernamentalidad clientelar, en el ámbito problemático de lo que ha venido en llamar Jürgen Habermas problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Nosotros tendríamos que hablar de problemas de legitimación bajo la forma de gubernamentalidad clientelar.

La forma de gubernamentalidad clientelar no se basa en la convocatoria, sino en las complicidades y concomitancias; se trata de complicidades y concomitancias entre el poder y las clientelas. Entonces, hay como circuitos del chantaje, circulaciones del chantaje, en ambos lados, el poder y las clientelas. El apoyo es condicionado a recibir la prebenda. Se trata de relaciones perversas, pero también afectivas; en tanto que el poder hace de padre, se establece una relación paternal con el hijo, quien es protegido. La minoridad es asumida plenamente por las clientelas. La forma de gubernamentalidad clientelar establece relaciones de dominación, precisamente en esta relación paternal con la minoridad, que son las clientelas. Sin embargo, hay cierta reciprocidad anómala o adulterada, porque los hijos, las clientelas sonsacan al padre lo que se puede, sonsacan al poder lo que se puede, en tanto chantaje, pues el apoyo está condicionado.

Hemos dicho que la forma de gubernamentalidad clientelar se sostiene en la economía política de chantaje, vale decir, en la economía política que se mueve a través de la coerción, sucitando la diferenciación, como en toda economía política, entre lo abstracto y lo concreto, que, en este caso, vendría a ser diferencia entre la convocatoria del mito, el Caudillo, y los hijos, expulsados del paraíso político y el paraíso económico. La ideología populista contiene en su arqueología el imaginario mesiánico, la relación de dependencia es con el mesías político, el Caudillo.

La forma de gubernamentalidad clientelar es también un diagrama de poder o corresponde a un diagrama de poder. Llamaremos diagrama de poder clientelar. Hemos dicho antes que se trata de un diagrama de poder de la economía política del chantaje. ¿En qué consiste este diagrama de poder? Consiste fundamentalmente  en que se trata de un diagrama de poder que se desenvuelve a través de las prácticas de corrupción y corrosión institucional. El cuadro del diagrama de poder clientelar corresponde al espacio denso de verdaderos aparatos de corrosión institucional y de corrupción galopante, que se instalan en la estructura del Estado y en los dispositivos del gobierno. El discurso del diagrama de poder es demagógico, corresponde a un  barroco mesiánico político. El contenido de esta forma de diagrama de poder atañe al sujeto dependiente, al sujeto convertido en víctima, al sujeto de la minoridad, al sujeto de la demanda y del chantaje emocional; esto es, el mismo cliente, la misma clientela.

Ahora bien, qué hace el diagrama de poder clientelar con el cuerpo, de qué manera inscribe una historia política en la piel, de qué manera se sumerge en el cuerpo, en el espesor del cuerpo y constituye la subjetividad. El diagrama de la disciplina trabaja el cuerpo por partes, las adecúa, en conjunto integrado, a los requerimientos de la instrumentalización tecnológica, convierte al cuerpo en apto para producción y el trabajo en el modo de producción capitalista; disciplina el cuerpo. El diagrama de poder del control, que es, por así decirlo, posterior o distinto al diagrama de poder disciplinario, es un diagrama de poder que rompe con la disciplina, apertura al cuerpo, lo libera de las ataduras y ritmos disciplinarios, lo traslada a distintos escenarios, para lograr, sin embargo, un mayor control del cuerpo. Empero, esto no ocurre con el diagrama de poder clientelar, que, mas bien, tiene características barrocas. Si bien no disciplina el cuerpo, si se quiere, también des-disciplina el cuerpo, pero no para lograr fluidez, al contrario, no deja que fluya el cuerpo, lo retiene, lo estanca, lo atrapa. De esa manera barroca, pesada, mezclada, no logra mayor control, sino  coersión y constreñimiento. El diagrama de poder clientelar des-disciplina el cuerpo para la sumergirlo en la corrosión corporal. El cuerpo se vuelve amorfo, se adecúa a esa relación de dependencia, se convierte en el cuerpo del sujeto demandante, que se inviste de víctima y chantajea; es un cuerpo pasivo, donde las fuerzas han perdido lo que pueden, su potencia, se someten a los caprichos del mesías político, a la compulsión del caudillo.

Debemos pensar el poder en tanto despliegue de fuerzas, a partir de las relaciones entre fuerzas, tenemos que pensar campos diferentes de fuerzas. Foucault decía que el poder es relación de fuerzas. A estas alturas del partido, como se dice vulgarmente, tenemos que ir más lejos de Foucault. Estamos hablando, en plural, de campos de fuerzas, de campos de intensidad de fuerzas, de espesores de intensidad de fuerzas,  por lo tanto, estamos hablando de una complejidad mayor. En todo caso, podemos empezar por la siguiente pregunta: ¿Qué fuerzas están en relación en el diagrama de poder clientelar?

Diremos que se trata de fuerzas en el cuerpo humano y fuerzas en el entorno, en el contexto del cuerpo humano, en la exterioridad del cuerpo humano, en el afuera del cuerpo humano. Siguiendo con la interpretación, las fuerzas en el cuerpo humano tienen que ver con aquellas fuerzas que definen su campo de posibilidades en un presente determinado y en un contexto específico, en la coyuntura singular, en los espesores de la coyuntura, en los espesores del presente. Estas capacidades y posibilidades del cuerpo humano entran en relación con otras fuerzas del entorno, de la exterioridad y del afuera, estas fuerzas, que toma, de manera primordial, el diagrama de poder clientelar, tienen que ver con lo provisional, la incertidumbre, lo improvisado, la ambigüedad, que definen un campo configurando histórico político cultural barroco. Entonces, en términos de constitución de la subjetividad, hablamos no solamente del sujeto dependiente, del sujeto demandante, del sujeto convertido en víctima, en un ámbito de relaciones clientelares, en el contexto de la economía política del chantaje. Estamos hablando de un sujeto que ha optado por la inclinación inmediata del goce, de la satisfacción ilusoria, de la compulsión por el fetichismo el dinero, los símbolos de riqueza, la ostentación, manifestando pretensiones fabulosas, buscando desesperadamente el reconocimiento. Estamos ante un perfil de la subjetividad barroca, que corresponde, en el lenguaje de Hegel, a la conciencia desdichada, es decir a un sujeto desgarrado en sus propias contradicciones, a un sujeto que demanda desesperadamente el reconocimiento, pues emerge de la acumulación de frustraciones y resentimientos. Este sujeto encuentra el resarcimiento, la imposible satisfacción, en la ilusión del goce, en la inclinación por la acumulación de la riqueza fácil, en el consumismo compulsivo. Este perfil puede ser muy bien reconocido en los sujetos comprometidos en los juegos de poder del ámbito paralelo, del lado oscuro del poder, en las en las organizaciones clandestinas de los cárteles. No hay horizontes, no hay perspectivas, salvo la apropiación del excedente, mediante los recursos de los tráficos ilícitos. Estamos ante la ostentación grotesca de la riqueza inútil, del lujo depravado, de la exaltación del gasto abusivo, que busca desesperadamente el prestigio, el reconocimiento, paradójicamente en ámbitos donde no se valoriza nada, sino se disemina todo, se pulveriza todo, en ámbitos donde no hay referentes éticos, sino todo lo contrario; se trata de ámbitos de la desvalorización deprimente y de la ausencia absoluta de ética. No solamente estamos ante la corrupción institucional, la sumersión en las prácticas de la corrupción, en el uso de la fuerza y la violencia descarnada para el control territorial, sino también estamos en la en la diseminación y destrucción del tejido social.

La forma de gubernamentalidad clientelar tiene una relación perversa no solo con los cuerpos humanos, sino también con los territorios, con los recursos naturales, con las cuencas y los ecosistemas. Forma parte del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente; este modelo se ha constituido, desde la conquista y la colonia, como paradigma de la destrucción territorial y de los pueblos nativos, de sus culturas y sus autonomías. Se trata del modelo económico de la transferencia de los recursos naturales como materias primas a la vorágine del sistema mundo capitalista.

Clientelismo y prebendalismo

Ahora tenemos que concentrarnos en las relaciones de la forma de gubernamentalidad clientelar en la historia reciente,  en lo que respecta al tiempo social, a la periodicidad experimentada, a la temporalidad acaecida, a lo que ocurre en la secuencia de hechos políticos, en las secuencias entrelazadas de hechos; ¿de qué manera acontece su propio deterioro y decadencia?

En otro ensayo, hace un tiempo, hemos lanzado una hipótesis interpretativa provocadora, que plantea que en la forma de gubernamentalidad clientelar no se trata de que funcione el Estado, mas bien, al contrario, se trata de que no funcione. Es este disfuncionamiento el que hace efectiva, paradójicamente, la reproducción de poder, el movimiento del círculo vicioso del poder, en el que está entrampada la forma de gubernamentalidad clientelar.

Vamos a la pregunta sobre el tiempo, sobre la temporalidad política, sobre estas estructuras y estas formas de poder, de gobierno. ¿Qué es, respecto a estas estructuras y éstas formas, lo que tiene que ver con la temporalidad política, sobre todo con los contextos políticos?

Hace un tiempo también hemos hablado de la crisis del Estado nación, hemos dicho que los Estado nación nacen con su propia crisis, que se convierte en crisis estructural y orgánica, que acompaña a sus genealogías políticas. Bueno, pero esta crisis estructural del Estado nación abarca tanto a la forma de gubernamentalidad clientelar así como a la forma gubernamentalidad neoliberal, también a la forma de gubernamentalidad populista, de la misma manera, la forma de gubernamentalidad liberal, incluso, antes, a la forma de gubernamentalidad conservadora. Lo que podemos decir al respecto es que la forma de gubernamentalidad clientelar responde, de una determinada manera, a la crisis estructural del Estado nación; de manera distinta lo hace la forma de gubernamentalidad neoliberal, respondiendo también a la crisis estructural del Estado nación. Respecto a la forma de gubernamentalidad clientelar, lo que nos interesa es comprender, entender y describir la forma singular con la que responde a la crisis del Estado nación. La forma de gubernamentalidad en cuestión ha experimentado un desplazamiento y una transformación, pues antes se presenta como una convocatoria de carácter populista y, recientemente, de carácter neopopulista, una convocatoria a los pobres, a los explotados, a los discriminados, a los que llama Frantz Fanon los condenados de la tierra. Es cuando se asume el gobierno, después de un interregno, en el que dura todavía la convocatoria, que aparece plenamente la forma de gubernamentalidad clientelar. ¿Por qué ocurre esto? Diremos que durante la convocatoria la promesa es atractiva, la promesa de salvación política, empero cuando se llega el gobierno, la promesa no se cumple, ya sea porque no se puede cumplir o porque no se quiere cumplir. Por el momento dejaremos pendiente estas alternativas, no van a ser tratadas; lo que nos interesa es que en el momento en que queda claro que no se cumple la promesa, se pierde la convocatoria. Entonces se requiere un cambio de estrategia. Se pasa de la convocatoria a la conformación de clientelas; sólo se puede gobernar dejando de lado la convocatoria de la promesa, solo se puede gobernar contando con la complicidad de las las clientelas.

El clientelismo y el prebendalismo son prácticas de forma de gobierno, como dijimos, no consiguen la legitimación, pero sí logran complicidades. Pero también dijimos que el clientelismo y el prebendalismo son formas de dominación, que podriamos llamar edulcoradas. Foucault decía que el poder juega con el deseo, incluso que se desea el poder; es decir, que el ejercicio de poder no es represión sino que se lo desea. Esto quiere decir que la dominación también es deseada, trabaja el deseo. En este sentido pervierte el cuerpo. Hemos dicho que la forma de gubernamentalidad clientelar y el diagrama de poder clientelar corroe el cuerpo; por lo tanto, lo pervierte. En la concreción singular, lo corrompe, lo soborna, lo convierte en cómplice, además de ser el continente, el espesor, de la constitución del sujeto demandante, del sujeto reducido a víctima, para usufructúo de los gobernantes progresistas.

Conclusiones

“Gobiernos progresistas” es un título, en realidad se trata de una apología mediática, también de propaganda, así como, obviamente, de publicidad, que no se sostiene. La pregunta es: ¿Qué de progresismo tienen estos gobiernos? Se trata, mas bien, de gobiernos de formación barroca, de barroquismos conservadores, de mezclas abigarradas, una composición estrambótica de herencias mesiánicas, de ideología patriarcal, de estilo paternalista, en el sentido de asistencia. Asistencialismo a los pobres, convocatorias semi-religiosas y políticas a los pobres. Se trata de un discurso demagógico, de exaltación de las víctimas, combinada con una pretensión, muy lejos de ser cierta, de vinculación con el socialismo, puesto que, al margen de algunos militantes que fueron miembros de partidos socialistas o pretendidamente marxistas, que son escasos, la mayoría del contingente que forma parte del “gobierno progresista”, de la burocracia “progresista”, y de la masa elocuente de llunk’us, que apoya al “gobierno progresista”, tiene una concepción muy distinta al socialismo, una concepción atiborrada, mucho más vinculada a las tradiciones asistenciales religiosas. Es decir, se trata de relaciones perversas, en pleno sentido la palabra; relaciones de dependencia, del pobre, de la víctima, respecto a los sacerdotes políticos, que, en este caso, se convierten los militantes “progresistas” de la asistencia.

Entonces no hay que dejarse llevar por el título, “gobiernos progresistas”, porque en efecto este título no expresa el sentido práctico, la realidad efectiva de los “gobiernos progresistas”. Estos gobiernos son, mas bien, fenómenos mediáticos; eso de “progresismo” es un mote que ayuda a distorsionar el sentido efectivo, abusando del sentido especulativo. Al respecto, lo que se interesa es el papel que cumplen los “gobiernos progresistas”, el papel que cumplen respecto a la sociedad, sobre todo respecto a las clases sociales discriminadas, explotadas, marginadas y subalternas. Actuan en la perspectiva del convencimiento, buscan convencer a las clases subalternas del papel supuestamente emancipador del “progresismo”. En efecto, como consecuencia de estas distoriciones, detienen a las clases subalternas  en su dependencia; en vez de liberarlas de sus ataduras y volverlas a autónomas, las iniciales rebeliones terminan limitándose a los alcances conservadores de los “gobiernos progresistas”.

Entonces, ¿cuáles son los umbrales y los límites de los “gobiernos progresistas? Son una forma más del Estado nación, aunque en algunos casos, como en Bolivia y el Ecuador, se autonombren “Estados plurinacionales”. Algo que no se sostiene porque no hay estructuras plurinacionales en la composición de estos Estados. Nunca han salido del de la condición de Estado nación; sólo el enunciado del discurso, el título, es plurinacional. En el mejor de los casos, hay un reconocimiento implícito de la plurinacionalidad, la condición plurinacional de la formación social, pero nada más, reconocimiento jurídico. Sin embargo, esta condición no se convierte en estructura del Estado. Mas bien, se subordinada la condición plurinacional a lo que siempre ha sido y es el Estado nación.

En consecuencia, los límites tienen que ver precisamente con los límites mismos del Estado nación, en este caso, en su temporalidad en crisis, como hemos dicho en principio, en decadencia. Es decir, las formas de gubernamentalidad progresistas buscan edulcorar, por así decirlo, la propia decadencia del Estado nación, la propia crisis múltiple del Estado; buscan comprometer, en un acto de pseudolegitimación del Estado, a partir del ejercicio de poder de estos gobiernos. Están entonces definidos los límites; estos límites se encuentran en el Estado mismo, por lo tanto, expresan, de una determinada manera, la crisis del Estado nación, la crisis múltiple del Estado nación. ¿De qué manera expresan esos límites? De una manera negativa, en la medida que comprometen a las masas sociales en una ilusión, una ilusión que termina legitimando lo que siempre se ha hecho, la ampliación del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, la ampliación de la subordinación y el sometimiento al orden mundial, por más que tengan un discurso “antiimperialista”. Se trata de una demagogia, discurso “antiimperialista” que no corresponde a los discursos del antiimperialismo efecivo, por ejemplo, en el contexto de la guerra de Vietnam.

Entonces los “gobiernos progresistas” inhiben las capacidades de lucha de los pueblos. Los convierten en sujetos pasivos, en todo caso, en sujetos subordinados al caudillo. Se trata, en efecto, de una forma de dominación; la forma de gubernamentalidad clientelar detiene y controla la posibilidad de rebelión.

Por otra parte, la forma de gubernamentalidad clientelar expande la corrupción institucional y la corrupción galopante, abarcando y comprometiendo al conjunto de la sociedad, en estas prácticas clientelares y prebendales. Trayendo a colación la consecuencia de la apropiación indebida del excedente por parte de los gobernantes, de una élite beneficiada por la apropiación y la administración de la renta. La consecuencia perversa de todo esto corresponde a la formación de lo que hemos llamado la burguesía rentista, acrecentando, de esta manera, la composición abigarrada de la burguesía nacional.

   

Crítica de la arqueología y genealogía de la civilización

Crítica de la arqueología

y genealogía de la civilización

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Sumeria

Hacia un horizonte transcivilizatorio

Retomando el análisis y la reflexión, que siempre de algún modo, son también evaluaciones, que apuntan y se proyectan al porvenir, debemos volver a plantear las premisas de las que partimos; queremos hacer hincapié en los ámbitos de lo que Peter Sloterdijk llama atmósferas. Nosotros hacemos hincapié en los ciclos planetarios. Todo esto nos plantea una decodificación, desciframiento, una resignificación de lo que llamamos relaciones. Concepto que es tan importante y caro para la sociología, pero también para la economía política y, de alguna manera, también para la teoría de sistemas, sólo que la teoría de sistemas complejiza aquello que llamos relaciones. Por ese camino queremos volver a la arqueología del concepto de relaciones, comprender lo que llamamos relaciones, dada su geología de sedimentaciones conceptuales. Émile Benveniste decía que el humano nace en el lenguaje y desde el lenguaje nombra el mundo, actúa en el mundo. Esta es una premisa importante, nos muestra esa compleja relación simultánea entre lo que llamó la filosofía lo externo o el afuera y lo interno o el adentro.

A partir de cierta tradición de las ciencias sociales se dice que el ser humano interpreta, que el ser humano construye sus culturas, con anterioridad, que inventa sus lenguajes, sin embargo,esta interpretación supone una concepción demasiado aislada del ser humano, independiente del ámbito complejo de relaciones. ¿Cómo puede haber un ser humano sin el ámbito complejo de relaciones? El ser humano sólo puede ser entendido en ese ámbito complejo de relaciones, porque es producto del ámbito complejo de relaciones, por lo tanto, de alguna manera, ayudándonos con el procedimiento de la ilustración, se puede decir que el ámbito de relaciones antecede al ser humano. Nos podrán criticar y preguntar, a su vez, ¿cómo puede haber ámbito de relaciones si ese ámbito de relaciones es creado por el ser humano? Se tiene que concebir la simultaneidad de la acción del ser humano en un ámbito complejo de relaciones y la incidencia del ámbito de relaciones en el ser humano. Hablamos de su propia constitución, la constitución de su subjetividad, también la constitución de su corporeidad, entendiendo que estamos hablando de cuerpos en el planeta. Hay que concebir la imbricación inmediata entre ser humano y ámbito de relaciones.

Volviendo al tema abordado por Émile Benveniste y también por Noam Chomsky, el lenguaje parece haber constituido al ser humano; en un contexto mayor, la cultura también lo hace, lo constituye como ser simbólico, como ser imaginario, deviniendo intérprete por excelencia, constituyendo su memoria, memoria social, basada en la experiencia social.

Utilizando viejos términos y sus paradigmas antiguos, que aunque se han repetido en la modernidad, han quedado antiguos, quizás obsoletos, pero, en la medida que los hemos heredado, nos ayudan a ilustrar. Parece que podemos hablar de una revolución del lenguaje, de una transformación desde lenguaje, en este sentido podemos hablar  de un ámbito lingüístico, que va a operar en la constitución misma del ser humano. Existen constantes flujos y reflujos de relaciones, que se configuran  constantemente en un ir y un venir de significaciones; las relaciones son significadas por el lenguaje, que explica esta constitución subjetiva, esta constitución humana, esta consciencia, también subconsciencia e inconsciente humanos. Entre las consecuencias de lo que decimos, es impensable ser humanos sin el lenguaje.

Podemos decir que hoy, en plena revolución cibernética e informática, estamos asistiendo a algo parecido a lo que ocurrió hace miles de años con el lenguaje, en lo que respecta a la constitución del ser humano, puesto que la redes cibernéticas e informáticas conforman una atmósfera irradiante y de inmediata incidencia, una atmósfera tan embriagante como el lenguaje, inclusive más poderosa. Más transformadora que el lenguaje, en la medida que está incidiendo de manera inmediata y veloz en la nueva constitución de subjetividades y en la nueva transformación del ser humano. La transformación o, si se quiere, la evolución, no se da en el robot de la robótica; no tenemos que mirar una suerte de superación del ser humano en esta producción científica y tecnológica. Esta apreciación es alienante, es una tesis parecida a la cosificación, a la fetichización del robot, de un producto del ser humano. Todos estos apologistas de la robótica interpretan de una manera cosificada lo que está ocurriendo, sin darse cuenta que precisamente estas transformaciones científicas y tecnológicas cibernética e informáticas están volviendo a incidir fuertemente en el ser humano, transformándolo, evolucionando el ser humano, usando ese concepto tan difícil y discutible como de evolución, pero lo hacemos, como hemos dicho, para ilustrar.

Recogiendo lo que decimos y sacando consecuencias, en resumen decimos lo siguiente: De manera simultánea, el lenguaje constituye al sujeto, al mismo tiempo que el ser humano inventa el lenguaje, de esta manera compleja, simultánea y complementaria incide en su corporeidad. A su vez, este cuerpo, de este ser humano, este sujeto, ambos, que son lo mismo, usan el lenguaje, los recursos culturales, los recursos cibernéticos e informáticos. El ser humano es atmosférico, acuático y territorial. Las atmósferas constituyen sus ámbitos complejos de relaciones. Ambos procesos ocurren de manera simultánea; no vamos a decir de una manera dialéctica, porque esa forma de pensamiento es restrictiva, se circunscribe en los laberintos de la razón abstracta. No logra pensar la complejidad.

Desde esta perspectiva podemos recoger la pregunta de Abdullah Öcalan, pregunta que recoge, a su vez, de Teodoro Adorno: ¿Dónde erramos el camino? La misma pregunta, dicha de otro moso: ¿Dónde comenzamos esta forma errada de vivir? Abdullah Öcalan hurga en lo que podemos llamar la arqueología de las culturas. Él encuentra tres matrices culturales, la aria, la semítica y la China, con distintos afluentes, dando mayor importancia y antigüedad, así como irradiación, a la arqueología cultural aria. Lo de el término de ario tiene que ver con la agricultura, con los quehaceres del campo. Es en estas arqueología y su consecuente desenvolvimiento genealógico donde va a encontrar, precisamente, el punto de inflexión, a partir del cual se pierden en el camino las sociedades, la misma humanidad, cuando las sociedades yerran el camino.

Orígenes de la civilización

Orígenes de la civilización de Abdullah o Öcalan es el primer tomo de una obra, que comprende distintas miradas que abarcan el ciclo más largo, el ciclo largo, el ciclo mediano y el ciclo corto de lo que se viene en llamar la historia de las civilizaciones. El primer tomo, Orígenes de la civilización corresponde a una sociología de la cultura, el siguiente tomo, Civilización capitalista, se asume como una sociología estructural, el tercer tomo, Sociologia de la libertad, corresponde a las dinámicas del ciclo corto, como una sociología de la libertad. Los siguientes tomos, Crisis de la civilización en Oriente Medio y La cuestión kurda y la propuesta de solución por una nación democrática, se ocupan de otros análisis críticos, de otras problemáticas específicas, que atíngen a situaciones pendientes en el presente.

Orígenes de la civilización se sitúa en la matriz cultural del Medio Oriente, en la paradisíaca tierra del Norte, del noroeste y del noreste. En el Medio Oriente se dio nacimiento a matrices civilizatorias. Öcalan sitúa a la matriz aria como la principal, que inaugura la memoria cultural fundamental, que se difunde e irradia por el mundo conocido de entonces. De esta matriz madre surgen y emergen otras, que se autonomizan, la matriz semítica y la matriz egipcia. La otra matriz cultural fuerte, matricial, se da en el Oriente, es la matriz cultural China. Éstas son las matrices culturales de la civilización, que comenzaría en el neolítico y llegaría hasta nuestros días. En otras palabras, para Öcalan hay sólo una civilización, que se habría transformado desde su propia constitución y conformación, en las paradisiacas tierras  del norte del Medio Oriente.

 

La guerra contra las mujeres

Quizás la tesis más fuerte en Origenes de la civilización, también en la obra de Abdullah Öcalan, es la tesis que interpreta la historia de las civilizaciones como la guerra permanente contra las mujeres, es decir, contra la vida. Öcalan acude a las fuentes de las tablas sumerias donde se narra el mito de la lucha entre la Diosa-Madre y el Dios-Padre sacerdotal del zigurat. Öcalan dice que hay sacerdotisas que construyen sus propios templos, que muchas ciudades tienen sus diosas protectoras, el ejemplo más claro es Inanna en Uruk. La lucha es entre Uruk y Eridu, ciudad del Dios Enki, ciudad que, a su vez, se puede considerar que corresponde al primer Estado sacerdotal. La lucha mítica termina con la derrota de Inanna y la victoria de Enki. “Después, la figura de la Diosa-Madre irá languideciendo hasta el periodo babilónico cuando quedará sometida, derrotada, esclavizada, convertida en prostituta oficial, pública y privada”[1].

Desde la perspectiva de la interpretación de Abdullah Öcalan, la guerra contra las mujeres no habría durado los tres siglos de la caza de brujas, que analiza Silvia Federici en Calibán y la bruja, sino toda la historia de la civilización. La civilización se habría constituido en la guerra permanente contra las mujeres; esta es la genealogía del patriarcado. Dominación masculina, de fraternidades de machos, de sacerdotes, dueños de la revelación y la verdad. Öcalan encuentra aquí, en el comienzo de esta guerra el punto de inflexión donde comienzan las sociedades humanas a errar el camino, a perderse en el laberinto de las dominaciones y las genealogías del poder.

La tesis de Öcalan es alumbradora, señala el origen del Estado, que es patriarcal y máquina sacerdotal de las dominaciones. La historia de las dominaciones caen en el círculo vicioso del poder, que, además, corresponde a la destrucción planetaria, a la marcha irremediable de la muerte, a la caída en el abismo y el Apocalipsis. La única salida apropiada, para evitar el Apocalipsis es desandar el camino errado. Deconstruir las ideologías civilizatorias, diseminar las estructuras y mapas institucionales de las civilizaciones, abolir los regímenes patriarcales, las dominaciones masculinas y con ellas, las otras dominaciones, las de clase, las coloniales, las imperiales y las imperialistas. Hay que matar al hombre, como titula uno de sus libros, que significa recuperar el ser humano masculino en su devenir. Despertar sus capacidades perceptuales y afectivas, su inteligencia emocional, liberando la potencia social.

Ahora, que nos encontramos ante el peligro de una tercera guerra mundial, una guerra nuclear devastadora, quizás la última, que acabe con la sobrevivencia humana, es indispensable la lectura de la obra de Abdullah Öcalan, recuperar su crítica a la civilización, tomar en serio la convocatoria de salir de la genealogía de la civilización e ingresar en los horizontes de sociedades ecológicas y plenamente democráticas, de pueblos autogestionarios y de autogobiernos del mundo. Proclamar el Confederalismo Democrático para todos los pueblos del mundo.

 Notas        

[1] Abdullah Öcalan: Orígenes de la civilización. Editorial Sudestada; Buenos Aires 2016. Pág. 147.

Ética y responsabilidad

Ética y responsabilidad

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Desafios 6

 

¿Qué pregunta es esa: Se puede cambiar la realidad?  La realidad siempre cambia, cambios imperceptibles, cambios perceptibles, desplazamientos, cambios trascendentales. La pregunta no apunta a algo tan general, quizás viene de la nostalgia romántica: ¿Es posible la revolución, es posible que triunfe la revolución y que logre sus objetivos transformadores y liberadores? ¿O toda revolución está condenada a padecer sus contradicciones? Estas preocupaciones vienen de las tradiciones románticas,  que son convocativocativas, correspondiendo a las emociones generosas y embriagantes, de entrega al acto heroico. La pregunta contiene la preocupación sobre el decurso de la acción, en el sentido de que, a pesar del acto heroico, a pesar de la entrega, del halo romántico, no todo cambia, como se quiere y se busca.

 

No se trata ni de ponerse optimista, ni ponerse pesimista, se trata de hurgar en las preguntas y las preocupaciones, que sostienen estas preguntas. Sobretodo se trata de tener la mirada en el acontecimiento, la mirada abarcadora de la complejidad del acontecimiento, de la multiplicidad de sus singularidades. Mirada que comprenda los desenlaces de las acciones y de  las prácticas, de las voluntades involucradas en los actos. Para decirlo de la manera figurativa, al modo de la epopeya, mirada y percepción comprometida con los actos heroicos, las entregas románticas, las búsquedas de transformación. De todas maneras, hay algo importante en todo esto,  independientemente de si se logra o no la utopía. La incertidumbre, el juego del azar y la necesidad, los efectos y consecuencias no controladas, constituyen el campo de posibilidades, los decursos sinuosos y el devenir.

 

Todo se hunde en un conjunto de de procesos, inherentes al acontecimiento, al conglomerado de eventos, de sucesos, de hechos, que no se controlan, sino que se desatan desbordantemente. Toda acción desata consecuencias que no se controlan. Sin embargo, independientemente de esto, de esta imprescindible complejidad, hay algo  ineludible, la actitud ante la violencia, la inaceptabilidad de su despliegue, en consecuencia, la denuncia de la misma, la interpelación de su desenvolvimiento. Esto se efectúa contra las violencias concretas y singulares, contra la multiplicidad de violencias desatadas. Contra los asesinatos y feminicidio, contra los etnocidios, genocidios y ecocidios. En este sentido, apuntando a las causas y dispositivos de la causalidad dramática, se actúa contra los agenciamientos concretos de la violencia, contra la intervención de organizaciones e instituciones responsables de la violencia, contra el lado institucional del poder y contra el lado oscuro del poder, contra lo controles territoriales de los grupos paralelos, contra las formas del terrorismo de Estado y no estatales. Es decir, hablamos de la predispoisición contra la multiplicidad de violencias proliferantes.

 

 La pregunta específica es: ¿Se puede detener la violencia? Esta pregunta implica, necesariamente, la responsabilidad. La responsabilidad de actuar contra la violencia. La responsabilidad ética. Se trata de  la predisposición en contra de la violencia, de la voluntad de parar la violencia. Claro que  esta resultante depende de la correlación de fuerzas.  Sin embargo aquí hay algo que es ineludible, no se puede ser indiferente ante la violencia. En consecuencia, el mismo hecho de la violencia exige una responsabilidad, una actitud ética, respuesta moral, de parte de nosotros. Esta exigencia si es ineludible.

 

¿Cuáles son los desafíos?

¿Cuáles son los desafíos que atañen a la ética y la responsabilidad contra la violencia? Esta es la pregunta involucrada en la actitud misma de predisposición contra la violencia, que podemos también llamar contra la dominación, por lo tanto, contra el poder.

 

Obviamente no se trata de caer en el voluntarismo, la voluntad de por sí misma no cambia la situación en cuestión. Tampoco la acción devenida de la voluntad. En esta perspectiva, no basta el acto heroico para que cambie la situación adversa, obstaculizadora, inhibidora, correspondiente al desenvolvimiento de la violencia. No es suficiente la denuncia, tampoco la interpelación sobre los hechos de violencia. La experiencia social y la memoria social nos enseñan de que es indispensable comprender, entender y conocer las dinámicas involucradas en los despliegues de la violencia. Sabemos que la violencia es padecida por los sujetos sociales; los sujetos sufren la violencia. La asumen como tal en la medida qué interpretan estas fuerzas que afectan al cuerpo como violencia. Es decir la violencia es asumida como lo que afecta el cuerpo, lo inhibe, lo descompone, lo enferma, lo hiere y lo destruye.

La violencia es vivida corporalmente y subjetivamente. Para que haya violencia tiene que haber dominación o pretensiones de dominación, es decir, hay ejercicio de poder. El poder, como sabemos, implica relaciones de fuerza, fuerzas que afectan y fuerzas afectadas. Fuerzas que suponen la separación de su potencia, fuerzas que actúan contra sí mismas, vaciándose de contenido,  usando su magnitud de fuerza contra otras fuerzas, buscando su desarticulación. Desencadenando la energía de una manera destructiva.

 

Se da lugar, apoteósicamente, la máquina abstracta de poder, cuya manifestación concreta e institucional aparece en el Estado, en la estructura estatal, en la composición del Estado. En los aparatos y dispositivos del Estado, aparatos administrativos, aparatos ideológicos, dispositivos de emergencia. Que son, efectivamente, aparatos administrativos de la violencia, aparatos de legitimación de la violencia, aparatos de represión. Frente al poder se han constituido formas de contra-poder, la resistencias han adquirido las características propias de formas de contrapoder, incluso de organismos y organizaciones de contrapoder, conformando composiciones singulares de contrapoder.

 

Una forma elocuente de resistencias corresponde a las movilizaciones sociales, que se han hecho elocuentes en la historia reciente de América Latina y el Caribe. Algunas veces las movilizaciones sociales han resultado en levantamientos y rebeliones, incluso han tenido consecuencias políticas y estatales, incidiendo en la forma de gobierno, es decir, en lo que hemos venido llamando forma de gubernamentalidad.  De alguna manera las demandas se han manifestado, no solamente como pliegos, sino como reivindicaciones colectivas, incluso proyecciones sociales, que atañen y comprometen a la sociedad. En la historia reciente, del ciclo corto y del ciclo mediano, las movilizaciones, los levantamientos y rebeliones han devenido en revoluciones, aunque escasas, pero con mayor incidencia en el perfil del Estado y en el perfil de la sociedad, incluso en el perfil de la economía, es más, en el perfil cultural. En este caso, se puede decir que han habido cambios, pero estos cambios no terminan de transformar las estructuras de poder y, por lo tanto, los diagramas de poder en cuestión, en consecuencia, en las formas polimorfas de dominación. Se puede decir, acudiendo a esa frase del gatopardo, de que todo cambia para que nada cambie. Como hemos dicho varias veces, las revoluciones cambian el mundo pero se hunden en sus contradicciones, destruyen el Estado y lo vuelven a restaurar, vuelven a reconstruir lo que han destruido, entonces ingresamos a lo que hemos llamado el ciclo vicioso del poder, el eterno retorno de las dominaciones polimorfas. Parece una paradoja, también una condena y una fatalidad. ¿Por qué ocurre esto? Esta es una buena pregunta, requiere de un balance exhaustivo, de una evaluación crítica de lo que ha ocurrido, de una evaluación crítica de la historia; parafraseando a Emmanuel Kant podríamos decir que se trata de una crítica de la razón histórica, una crítica de la razón crónica o, si se quiere, puesta en escena de la razón ucrónica. Sin embargo, esta apreciación tiene su equívoco, porque no hay una razón histórica, no hay una razón crónica y, por lo tanto, no es tan pertinente hablar de ucrania; lo que hay es el acontecimiento, en el acontecimiento la multiplicidad de procesos singulares, que dan lugar a distintos perfiles singulares del acontecimiento en devenir.  

 

Hay el juego entre azar y necesidad, donde los actos generan efectos que no se controlan; ingresamos a la perspectiva de la complejidad, que supone dinámicas complejas integradas, que atraviesan y articulan distintos planos y espesores de intensidad, definiendo perfiles singulares del acontecimiento, en una coyuntura, en un presente, en un momento, en los espesores del presente. Esta apreciación implica la comprensión del funcionamiento de esta complejidad, sinónimo de realidad. Esto equivale a construir soluciones que resuelvan la complejidad o, si se quiere, disminuyan la complejidad. El entendimiento de esta complejidad nos puede llevar a un potenciamiento de las prácticas, de los actos, de las acciones, de la intervención en coyunturas específicas, incidiendo en los decursos de la realidad efectiva. De eso se trata.

 

Volviendo al tema, ¿por qué caemos, una y otra vez, en el círculo vicioso del poder?, ¿por qué no se puede salir de este círculo vicioso del poder?, ¿por qué las movilizaciones, si bien plantean demandas, incorporan denuncias, interpelan a la institucionalidad, que ha instituido las formas de dominación vigentes, no logran trastocar la situación adversa de las dominaciones, la estructura de poder, que se repite, una y otra vez, como condena y fatalidad, repitiendo el eterno retorno de lo mismo? En el último ensayo, que contiene el análisis de los recientes movimientos sociales, particularmente del reciente movimiento social dado en Ecuador contra el gobierno de Guillermo Lasso, hemos dicho que no se puede resolver el problema dentro de el marco del Estado nación, dentro de la cartografía política definida por el orden mundial, dentro del contexto del mapa institucional conformado por el Estado nación y el orden mundial; este mapa institucional forma parte del problema. Esta aseveración es importante, tiene consecuencias prácticas, exige ir más allá de lo que se ha venido haciendo hasta ahora, incluyéndo a las movilizaciones sociales, a los levantamientos, rebeliones y a las revoluciones. Hay que salir de lo acostumbrado. Después de la evaluación crítica y de la crítica de los procesos de cambio, dados en Sudamérica, después de las nuevas críticas de las dominaciones y del poder, después de la crítica al círculo vicioso del poder, hemos llegado a la conclusión de qué no se trata de tomar el poder, pues cuando se toma el poder, los que lo toman se convierten en marionetas de la máquina fabulosa de las dominaciones, que es la máquina abstracta de poder.

 

En el balance de los “gobiernos progresistas” hemos observado que, de una manera repetitiva, por lo tanto, comediante, se ha vuelto al círculo vicioso del poder, se ha repetido la historia, no como tragedia sino como farsa, tal como decía Karl Marx en El 18 de brumario de Luis Bonaparte. En el balance que hicimos de la revoluciones, en la historia reciente, en la historia política moderna, hemos constatado lo que dijimos anteriormente, que las revoluciones se hunden en sus contradicciones, no salen del círculo vicioso del poder, lo repiten de una manera dramática. La conclusión es que hay que salir del círculo vicioso del poder. Empero, ¿cómo se hace esto? Esta es la pregunta. En términos teóricos dijimos que se trata de no tomar el poder sino de destruirlo. De abrir los decursos y devenires de la autogestión, de la autodeterminación, del autogobierno.

 

Otras formas de resistencia se han dado, como la conformación de comunidades autogestionarias, particularmente agrícolas, que han planteado el retorno al campo, una recampesinización, que podemos incorporarla a una de las variantes de la vía campesina. Esta forma de resistencia es sugerente, puesto que no solamente incide en las prácticas y en los órdenes de relaciones, sino que plantea, de inicio, la construcción de otro horizonte societario. Alguien puede leer estas iniciativas, estas conformaciones autogestionarias como relativas a lo que se llamó, en su tiempo, socialismo utópico. Este término es inadecuado, lo usó Marx para mostrar los límites de este socialismo utópico, planteando, mas bien, como alternativa, una revolución social y una revolución política, basada en el conocimiento de la sociedad moderna, concretamente del modo de producción capitalista. Ya conocemos el desenlace de estas revoluciones socialistas, que derivaron en el socialismo real, que derivaron en el Estado absolutista del socialismo real, que se parece, caricaturescamente, a una monarquía socialista. Visto en perspectiva, resulta mucho más prometedor esto que llamó Marx socialismo utópico; es una experiencia de resistencia social alternativa. Ahora bien, lo que podemos ver y de lo que se trata es de experiencias actuales, que todavía no se convierten en alternativas expansivas a la sociedad institucionalizada, a la sociedad moderna, al modo de producción capitalista y, en términos del contexto mundial, al sistema mundo capitalista. Esta circunscripción no habla del fracaso, de ninguna manera, de estas experiencias alternativas puntuales, de estos proyectos inherentes; se dan, de manera práctica, como alternativas, todavía no alterativas. Se puede esperar que prosperen, que proliferen, convirtiéndose en verdaderas alternativas alterativas a la sociedad capitalista. ¿De qué depende esto que esto acontezca?

 

No hay que olvidar que lo que llamamos sociedad capitalista, teóricamente modo modo de producción capitalista, históricamente sistema mundo capitalista, ha emergido de las anteriores formas de sociedad, para así decirlo, de anteriores modos de producción; en otras palabras, apuntamos a decir lo siguiente: Que una nueva sociedad emerge de manera espontánea, no como ingeniería social, no como proyecto político. La ingeniería social y el proyecto político son pretensiones, no solamente de verdad, sino pretensiones esquemáticas, impotentes, en comparación con la complejidad que conllevan las dinámicas sociales y las composiciones de la sociedad misma. Ninguna ingeniería social ni proyecto político controla la multiplicidad proliferante de variables intervinientes. Hacerlo lleva a semejante pretensión y proyecto a forzar la realidad efectiva, como ha ocurrido  en el  socialismo real; esto ha terminado no solamente en fracaso, en frustración, sino en una monstruosidad histórico y política. De lo que se trata es precisamente de hacer emerger a la nueva sociedad o, mejor dicho, a la ecosociedad, de manera espontánea, a partir de las mismas dinámicas inmannentes, sociales, ecológicas y vitales. Parte de este ejercicio, en la espontaneidad social, puede tener que ver con estas resistencias de la que acabamos de hablar, de recampesinización. Sin embargo, estos esfuerzos no parecen suficientes, pues la mayor parte de la población de la sociedades están atrapadas en estructuras sociales, en mapas institucionales, en relaciones sociales y prácticas sociales, que reproducen la sociedad capitalista. Entonces la pregunta es: ¿Cómo se activa la potencia social, cómo se libera la potencia social, cómo se interpela a los sujetos sociales, atrapados en estas redes de la reproducción capitalista y de las dominaciones, de sus propias dominaciones? ¿Cómo se los convoca a liberarse de sus propias cadenas? Otra vez, no bastan las denuncias, tampoco las interpelaciones, así que como no son suficientes las utopias, tampoco es suficiente la crítica, es indispensable el remozamiento, el desplazamiento y las rupturas histórico-politico-culturales en los ámbitos y contextos de las prácticas sociales. Éste es uno de los desafíos.

 

Notas sobre los perfiles de la violencia

Notas sobre los perfiles

de la violencia

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Violencia encarnada

 

 

Continuidad del colonialismo

La continuidad del colonialismo es la del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. El neopopulismo es agente encubierto de las trasnacionales extractivistas y de los Cárteles. El gobierno folclórico, respecto a la Pachamama, ampara la destrucción de los ecosistemas amazónicos y chaqueño, la contaminación de las cuencas y el avasallamiento de territorios indígenas y parques nacionales. Los nuevos conquistadores y colonizadores son esta expresión delirante del populismo del siglo XXI, que, en efecto corresponde a la conquista y la colonización del siglo XXI, ampliando las huellas de la muerte del sistema mundo capitalista.

 

Neoliberalismo y neopopulismo

El neoliberalismo y el neopopulismo son simétricos, son dos caras de la misma medalla, el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, ahora, además, mafioso. El neoliberalismo esquilma al pueblo mediante privatizaciones, el neopopulismo lo hace a través del uso privado de las instituciones y recursos del Estado y del país. Ambos empobrecen a las mayorías, aunque el neoliberalismo es explícito al enervar el costo social y encumbrar a una élite burguesa; en cambio el neopopulismo hace demagogia, favorece a una corrupta dirigencia, queriendo mostrar que su enriquecimiento es general, respecto a las clases excluídas. Solo es esta minoría que hace de pantalla de propaganda, los demás siguen excluidos como siempre. Lo que comparte con su simetría es que también encumbra a una élite burguesa, la burguesía rentista y mafiosa.

 

Perfiles del terrorismo de Estado

Terrorismo de Estado y terrorismos paramilitar y de los cárteles están articulados. Forman la maquinaria descarnada de la violencia de las dominaciones perversas. El neopopulismo anterior y el retornado han conformado esta maquinaria de poder como prolongación inaudita de su decadencia. Cuando el proceso de cambio ha muerto en manos de los impostores, que se subieron a la cresta de la ola, lo que queda para «legitimar» su permanecía inmerecida es el recurso descarado de la violencia, sobretodo cuando la demagogia ha dejado de convencer y servir.

 

Dinámicas perversas de la genealogía del lado oscuro del poder

Hay que diferenciar las distintas estructuras conglomeradas en la macroestructura social o que hace al campo social, que, más bien, es espesor. Pues resulta que una sociedad no es homogénea, al contrario es heterogénea. Pero a donde apuntamos no es tanto a la descripción del mapa heterogéneo de la sociedad, sino a ubicar las estructuras perversas, por así decirlo, que emergen de las mismas dinámicas sociales e inciden en la descomposición de las tejidos sociales. Una de estas estructuras tiene que ver con las asociaciones clandestinas de las mafias, de los cárteles, de las formas paralelas del poder.

Lo que se ha visto, en la historia reciente, es que la genealogía del lado oscuro del poder se inicia con desplazamientos, en principio imperceptibles, de las relaciones sociales, sus prácticas y recorridos. Después se hacen perceptibles los desplazamientos ocupando espacios donde se desarrollan propiamente. Cuando estos desplazamientos se vuelven constantes conforman estructuras estables que afectan al conjunto del campo social.

Una característica de las estructuras mafiosas es que buscan el control territorial; en otras palabra, se arraigan y se afincan como poder, en principio local, después regional y, si prospera su proyección, su control puede adquirir la dimensión nacional.

Las estructuras mafiosas atraviesan varios planos de intensidad social, deformándolos, de acuerdo a la reproducción misma de las prácticas y las formas paralelas de poder. Atraviesan las instituciones y los circuitos comerciales. Atraviesan a las instituciones estatales, corroyéndolas y corrompiéndolas. Conforman sus destacamentos armados y paramilitares. Cuando esto ocurre ya se ha ingresado a la “lógica” de la guerra. Guerra contra la sociedad para imponer la voluntad de los cárteles.

En el norte de México los cárteles controlan ciudades y hasta estados, en la República Federal. En pocas palabras, gobiernan. El gobierno solo es una máscara usada por el lado oscuro del poder. En Colombia los paramilitares controlan territorios donde imponen su ley. Donde no lo controlan realizan acciones punitivas. Pregunta: ¿En esta genealogía del lado oscuro de poder hasta dónde se ha llegado en Bolivia?

Sabemos que los cárteles controlan una amplia zona del trópico de Cochabamba y parte de las zonas del norte de Santa Cruz, con sus correspondientes circuitos en todo el país y sus conexiones en países fronterizos y contactos con otros países del continente y de otros continentes. La economía política de la cocaína es sobretodo mundial, no es solamente nacional. Sin embargo, los entramados sociales son complejos y mucho más extensos que lo que sucede en estas sociedades secretas. Las pretensiones de las mafias encuentran obstáculos y resistencias en esta complejidad social. En la medida que los tejidos sociales son fuertes, los obstáculos y resistencias son mayores; en cambio, en la medida que los tejidos sociales son débiles, la sociedad es más vulnerable ante la irradiación perversa del lado oscuro del poder.

Lo que ha venido sucediendo recientemente llama atención por las repercusiones en el plano político. Las implicaciones en los gobiernos, los síntomas de la penetración en la policía, los alcances del control en la administración de justicia. Todo en un contexto comprometido, la economía institucional atravesada por la economía oscura y opaca de los tráficos. Empero, cuando hay baños de sangre, significa que la violencia inherente se ha desbordado. Los ajustes de cuentas son conocidos y lastimosamente se han convertido en parte intermitente de la cotidianidad. Sin embargo, cuando estas acciones alcanzan a la policía, perpetrando asesinatos de efectivos uniformados, la espiral de la violencia expresa el alcance del desborde del lado oscuro del poder. El mensaje es de amenaza.

El modelo colonial extractivista y mafioso

El modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente se ha desplazado, ahora es el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente y mafioso. Los cárteles controlan territorialmente, atraviesan las instituciones de emergencia del Estado, entre ellas la policía y el ejército; atraviesan los órganos de poder del Estado, sobre todo el sistema de administración de justicia. Atraviesan el gobierno y a la máquina fabulosa del poder, el Estado. Estas instituciones son usadas para cumplir la funciones que les asigne el lado oscuro del poder, de encubrimiento, de protección, de concomitancia y complicidad. Es cuando todo el campo político ha cambiado, se ha convertido en el campo de despliegues de los tráficos.

Proliferación de ilegalismos

Ya es, de principio, ilegal el mercado paralelo de la coca. «Evaluar la legalidad» de un mercado ilegal es con contrasentido. El gobierno es cómplice del desenvolvimiento de ilegalidades proliferantes, es parte de de la corrosión institucional y la corrupción galopante. Es un dispositivo de la economía política de la cocaína, de la economía política del extractivismo, de la destrucción de bosques y cuencas. La elocuencia de la muerte contra la vida.

El absurdo

Cuando no se explica lo ocurrido, cuando falla la interpretación emitida, mostrando vacíos. Cuando no hay coherencia en la interpretación oficial de los hechos, cuando no hay causa evidentes ni móviles para una acción criminal perpetrada, cuando es palpable el absurdo, es cuando se cae toda la narrativa oficial, por su propio peso; no tiene sostenimiento. Es cuando se fuerza la interpretación y los hechos desbordan por todas partes. Se hace evidente la complicidad de los aparatos de Estado con el lado oscuro del poder.

Acorralados

Acorralados, sin recursos argumentativos, perseguidos por sus fantasmas y sus miserias humanas, recurren a su puesto de jerarquía funcionaria para emitir sandeces y amenazar. Evidencian su cobardía desbordada en sus actos y en sus balbuceos. Estos personajes sin atributos son los que fungen de ministros. Es la muestra patente del hundimiento y el derrumbe ético y moral.

Los guerreros digitales

El entorno palaciego del Caudillo déspota, caído en desgracia, se refugia en la “fortaleza” política, mediática y de propaganda de un canal oficialista. Desde este lugar operan el despliegue de su guerra sucia virtual. Semiclandestinos, lo “guerreros digitales”, aprovechando la penumbra de su escondite, lanzan improperios, acusaciones estravagantes y amenazas, encarnando a los inquisidores del siglo XXI. El entorno palaciego y los “guerreros digitales” han convertido el canal en un dispositivo del terrorismo de Estado, que consume, en su vorágine, presupuesto del Tesoro del Estado, de una manera inútil y sin perspectiva, sobretodo explayándose en la anticomunicación.

Crisis universitaria

La crisis universitaria ha tocado fondo y lo ha atravesado, está en el abismo. La complicidad entre autoridades universitarias y mafias dirigenciales estudiantiles es evidente, por lo menos desde hace un buen tiempo. Esta concomitancia perversa ha convertido a la universidad en un antro donde se explaya la mediocridad, se solasa la prepotencia y se destruye la formación académica. Los últimos eventos bochornosos y sangrientos muestran patentemente el alcance de la decadencia. Un Congreso apócrifo quiere encubrir la putrefacción del cadáver institucional y, a su vez, legitimar a las mafias estudiantiles y rectorales, a pesar de la demoledora crisis innegable.

Hipótesis

Hay que concebir las sociedades desde sus operaciones asociativas, desde sus prácticas, desde sus relaciones constantes, desde sus tejidos, sus nudos, sus desenvolvimientos específicos, para comprender sus estructuras, sus instituciones, sus sistemas. De este modo podemos entender que los sistemas, las instituciones y las estructuras son nada, sin estas asociaciones, prácticas, relaciones, tejidos y nudos. Por ejemplo, un Estado es nada, sin las dinámicas sociales, no existe efectivamente sino a traves de la reproducción constante de las prácticas y relaciones. También la cultura es posible por las reproducciones culturales que despliegan y desenvuelven los sujetos sociales. El lenguaje es un acontecimiento social, no existe de por sí, sino por que se lo habla, se lo practica, se lo escribe, se lo expresa. Son los grupos, comunidades, colectivos, los que reinventan el lenguaje. Claro está que es herencia de generaciones anteriores, pero cada generación ha tenido que hacer lo mismo, reinventar el lenguaje para mantenerlo. Un libro existe propiamente cuando se lo lee. Claro está que el libro ha tenido que escribirlo alguien, que ha tenido que editarlo alguien, que ha tenido que imprimirlo un taller gráfico. Pero, cada una de estas producciones ha tenido que ser una actividad asociada, vinculada, articulada al conglomerado de conjuntos de dinámicas sociales.

En lo que respecta a la problemática y temática en cuestión, la proliferación de las violencias polimorfas, parecen corresponder, mas bien, a disociaciones, adulteraciones de las prácticas, deformaciones de las relaciones, desestructuración de las estructuras, corrosión de las instituciones o anclaje anacrónico de las mismas. Se puede decir, que cuando ocurre esto asistimos a la perversión del campo social. Entonces, emerge la violencia proliferante, polimorfa, cromática, desde la violencia imperceptible hasta la violencia desbordante, contundente, demoledora, pasando por todos los perfiles intermedios de la violencia.

Por así decirlo, se forman mundo paralelos, sumergidos, opacos, difusos, contenidos en el mundo efectivo, correspondiente a la integración compleja de planos y espesores de intensidad sociales. Estos mundos paralelos van modificando el aspecto del mundo efectivo; pueden llegar a deformarlo hasta hacerlo irreconocible. Es cuando los mundos paralelos irradian e inciden a tal punto que ejercen como una preponderancia, para no decir hegemonia, término que no corresponde al caso.

El mundo de los tráficos es uno de esos mundos paralelos clandestinos, que afectan en el desenvolvimiento y el despliegue, también en las reproducciones, del mundo efectivo. Pueden deformarlo y pervertirlo a tal punto hasta ocacionar su propio colapso. Con disociaciones, con destrucciones del tejido social, con desestructuracones, con corrociones institucionales, el mundo efectivo se derrumba, ya no puede funcionar. Agoniza en su decadencia.

Bifurcación o encrucijada en la historia política

Apuntes para el análisis de coyuntura en Colombia

Bifurcación o encrucijada en la historia política

 

Raúl Prada Alcoreza

 

sabotear-marca-personal 

 

En los espesores de la coyuntura podemos encontrar las claves para comprender la singularidad misma toda la coyuntura. En los espesores del presente podemos encontrar las claves para comprender la singularidad de la historia, usando este término de historia como concepto perentorio para expresar tanto la memoria social y la imposibilidad de representar la simultaneidad del tejido del espacio tiempo. Lo que queremos decir es que lo que aparece no agota lo que se oculta, para decirlo de ese modo. Obviamente no se trata de un encubrimiento, ni ocurre que el substrato histórico se oculta, sino que no es visible, no es evidente, ni perceptible a una mirada ligera. Tampoco se trata efectivamente de una mirada superficial, pues comprendemos la metáfora de que lo más profundo es la piel, sino que aludimos a una mirada circunscrita a los límites que le impone la ideología, la máquina de la fetichización, que también podemos nombrar como el substrato miserable de los prejuicios. Entonces cuando hablamos de espesores nos referimos a esta complejidad, a las dinámicas de la complejidad, a la simultaneidad dinámica, a las composiciones de las singularidades, en distintos planos de intensidad, en fin, a los perfiles singulares, que aparecen como síntesis toda la coyuntura.

En Colombia asistimos a una coyuntura, que mediáticamente se la nombra como electoral. Ciertamente, no podemos reducir las connotaciones de esta coyuntura a la circunscripción electoral, pues, como hemos dicho antes, en los espesores de la coyuntura y en los espesores del presente se esconde, para decirlo metafóricamente, la complejidad misma del contexto y de la historia. Otra interpretación podría abordarse circunstancialmente, diciendo que se trata de una coyuntura donde se disputa la posibilidad de la paz, en una formación social colombiana, que ha sido atravesada por lo que hemos llamado la guerra permanente. Esta apreciación es más adecuada y menos mediática, puesto que se sitúa en la historia del conflicto de la lucha armada y de la lucha de clases, que hacen de contextos variados y en constante desplazamiento en la formación social colombiana. Sin embargo, no agota, de ninguna manera, las otras posibilidades de interpretación de la coyuntura y del presente colombiano. Por así decirlo, se juegan más cosas, se juegan otras posibilidades, otras aperturas y otros desenlaces, en un momento que puede convertirse en un punto de inflexión histórica.

Hay que remontarse a los momentos constitutivos de las formaciones sociales abigarradas, como lo decía René Zavaleta Mercado. Uno de esos momentos en la historia de los ciclos largos, medianos y cortos, es el momento constitutivo de la república barroca, después de las guerras de independencia. Visto en perspectiva, se trata del Virreinato de Nueva Granada, administración colonial que se derrumbó ante los levantamientos anticoloniales, que se dieron desde el levantamiento panandino y la sublemación indígena y mestiza en Nueva Granada. Desde entonces se anuncia la crónica de una muerte anunciada de la Corona española, en el continente conquistado por su armada y su ejército de conquistadores, acompañado por su ejército de evangelizadores y por el conglomerado de comerciantes, de empresas y empresarios, de ese capitalismo barroco, que se inaugura precisamente con la conquista del continente de Abya Ayala, conquista seguida por las olas de colonización que devienen después. Usando una adecuada configuración conceptual histórica, dada por Marie-Danielle Demélas, diremos que la invención política de las repúplicas criollas fue la forma de continuar la inauguración de la modernidad barroca. También, de manera temprana, las formaciones sociales continentales se vieron atravesadas por las contradicciones de la modernidad y del sistema mundo capitalista naciente. La herencia colonial institucional y el barroco de la formación social entraron en concurrencia de contrastes y contradicciones. El peso institucional de la flamante república fue absorbida por el campo gravitatorio del mapa institucional colonial. En principio, las flamantes repúblicas se circunscribían a la Constitución; en consecuencia, se limitaba a la ilusión jurídico-política, sostenida apenas por la premura en construcción de la institucionalidad republicana, todavía en ciernes. En esta provisionalidad republicana, en un campo gravitatorio institucional colonial, emergieron rápidamente las contradicciones inaugurales, que van a atravesar la historia de las formaciones sociales continentales. Contradicciones que no se han resuelto hasta ahora, este presente, dilatado en más de dos décadas en pleno siglo XXI.

Para resumir, pues ahora, en este ensayo, no pretendemos un análisis histórico exhaustivo, sino tan sólo presentar configuraciones y perfiles históricos, que nos ayuden a vislumbrar la composición de las singularidades de las formaciones sociales, en los espesores del presente, diremos que no solamente la arquitectura de las flamantes instituciones republicanas, improvisadas en el momento y mantenidas en la duración temporal, cayeron en las deformaciones que impone el campo gravitatorio de la institucionalidad colonial, preservadas en las prácticas, ligadas al barroco sistema mundo capitalista, naciente en el sur del planeta. Se impusieron como prácticas económicas, hegemónicas y dominantes, en los circuitos de los recursos comerciales y en los modos productivos de las formaciones sociales republicanas del continente. Sin embargo, a pesar del campo gravitatorio de la institucionalidad colonial, no desaparecieron las multiplicidades de resistencias anticoloniales, de las resistencias culturales, de las resistencias comunitarias, de las resistencias sociales, que desordenaron los mapas institucionales, heredados de la colonia y preservados en la colonialidad republicana. Por otra parte, en las primeras etapas de la mundialización se hicieron presente las formas convocantes y críticas del iluminismo. En este sentido, asistimos al nacimiento de las utopías políticas, también a la emergencia de imaginarios de esa modernidad temprana, donde todos los sólido se desvanece en el aire. La ciencia se convirtió en el referente prestigioso de la objetividad, del conocimiento y del saber. Este iluminismo se enfrentó a los oscurantismos variados, ateridos y anclados, heredados de la colonia, de la contrarreforma católica. Los contrastes y las luchas ideológicas no se dan de manera pura, clara y desenvuelta, sino, debido a la correlación de fuerzas, a los obstáculos ideológicos y epistemológicos, derivan en perfiles singulares barrocos. Estos perfiles son las expresiones conservadoras de la guerra entre liberales y conservadores, en las iniciales etapas republicanas de la formación social colombiana.

Las guerras intestinas, la guerra civil entre los regionalismos, aparecieron proliferantes y persistentes a lo largo de la historia. Más tarde, el acuerdo entre liberales y conservadores, para gobernar de manera rotativa, fue la búsqueda de una paz, requerida por el propio desenvolvimiento económico del modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente inaugural. Quizás podamos hablar del primer acuerdo de paz en una ya intermitente historia de acuerdos de paz, que no logran realizar su objetivo primordial, que es precisamente la paz. En aquel entonces tampoco se logró la paz perpetua, menos permanente, ni tampoco la paz incipiente, puesto que la paz convivió  con el tejido de la guerra y, al revés, simultáneamente, también, es certero decir, la guerra fue latente en la filigrana de la paz. La guerra volvió descarnadamente en toda su desnudez, la guerra reapareció en la forma dilatada de la guerrilla. Después de un periodo de convulsiones bélicas se volvió a buscar la paz en otro acuerdo de paz. Los guerrilleros depusieron las armas, pero no se tardó mucho tiempo para encontrarlos abatidos por las balas. No se cumplió el acuerdo de paz, se rompió ante la intensidad desbordante de la lucha de clases, en el desenfreno de las pretensiones de dominación y control perpetuos y absoluto de la burguesía gamonal. La Constitución Política de 1991 fue el resultado jurídico-político del acuerdo de paz. A pesar de contar con una Constitución avanzada, al estilo de lo que se viene en llamar el constitucionalismo latinoamericano, altamente participativo y consensuado, abriendo el reconocimiento de los derechos de las naciones y pueblos indígenas, esta Constitución no se realizó, ni se respetó. La Constitución no se cumplió, salvo en esporádicas excepciones que confirman la regla.

Ante el avance violento de la frontera hacendada contra los territorios de las economías campesinas, se desató una guerrilla campesina, la autodefensa, que se fue convirtiendo en la guerrilla más larga de la historia de Colombia. Quizás en la historia compleja del ciclo reciente de la formación social, que fue el espacio de la administración del Virreinato de Nueva Granada, después la geografía política de la Gran Colombia, para terminar dividiéndose en lo que se puede nombrar como “republiquetas”. Hay que también tener en cuenta los mapas territoriales donde se dio lugar la de formación misma de la guerrilla campesina. La burguesía gamonal, empujada por las estrategias del lado oscuro del poder, optó por el paramilitarismo, parte de ella por el narcotráfico, en contra de la guerrilla. Como por contagio, la misma guerrilla terminó absorbida por las lógicas perversas del lado oscuro del poder. Casi medio siglo de guerrilla campesina, comandados por el Partido Comunista de Colombia o por lo que se transformó el Partido Comunista, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), derivó en un desenlace inconcluso, que obligó a una resolución de el conflicto bélico. Perdiendo poco a poco terreno la guerrilla, ganando poco a poco el terreno el ejército. A pesar de qué la misma perduración por más de cuatro décadas de la guerrilla ya es, en sí misma, una victoria militar, aunque no, de ninguna manera, una victoria política. La opción para las FARC y también para el Estado colombiano, aparecía como un nuevo acuerdo de paz. En este contexto se ingresó a lo que se viene en conocer como la los diálogos de paz. Los diálogos de paz derivaron en el Acuerdo de Paz, Acuerdo garantizado por otros estados, que se involucraron en la búsqueda de la paz, así como la intervención de la ONU. Sin embargo, cuando se votó el Acuerdo de Paz en el referéndum ganó, por un margen estrecho, la negativa al Acuerdo de Paz. Esto debido a varios factores. Si nos detenemos en el análisis de la distribución geográfica de la votación donde ganó el Acuerdo de Paz, fue en las zonas de guerra, donde la gente estaba cansada y era víctima de la guerra; en cambio, donde ganó la negativa al Acuerdo de Paz corresponde a las zonas que no eran propiamente las que padecieron la guerra. Parte de estas zonas son controladas y dominadas por el paramilitarismo. El paramilitarismo, usando su control territorial, impuso un terrorismo desenvuelto, para obligar a una votación negativa. Esta explicación parcial nos muestra, de todas maneras, las grandes dificultades, los obstáculos, impuestos por la violencia paramilitar y política, contra el Acuerdo de Paz. Obstáculos impuestos por los dispositivos de poder, sobretodo de la burguesía gamonal, así como de la burguesía mafiosa y de los servicios secretos norteamericanos, que en su momento incentivaron la proliferación del paramilitarismo y el narcotráfico para combatir a la guerrilla campesina.

Ante estos resultados tan alarmantes y deprimentes salen los jóvenes colombianos a defender el Acuerdo de Paz, a defender la posibilidad institucional la paz, a exigir que se cumpla el Acuerdo de Paz, tal como han firmado las partes involucradas, los estados garantes y el propio Estado colombiano, durante el gobierno de Juan Manuel Santos Calderón. Desde el Acuerdo de Paz se tienen cerca de 1400 muertos, dirigentes sociales, dirigentes indígenas, defensores ambientales y defensores de los derechos de las naciones y pueblos indígenas, asesinados. No hay que ser muy ducho para darse cuenta que detrás de todas estas matanzas está el paramilitarismo uribista, está la burguesía mafiosa, que está en contra el Acuerdo de Paz, Acuerdo de Paz que atentaría al perfil de sus dominaciones perversas. Este es el contexto complejo de la coyuntura, herencia de otros contextos en la historia reciente, en la historia larga, mediana y corta. Esta es la configuración de los perfiles políticos en la coyuntura del momento presente, la herencia de otras coyunturas, acumuladas en los espesores del presente colombiano, cuando se da la coyuntura electoral.

Descripciones coyunturales.

¿Qué se juega en las elecciones del 19 de junio en Colombia?

El que ganó la primera vuelta de las elecciones, Gustavo Francisco Petro Urrego, viene de una tradición de izquierda, como se acostumbra decir, tanto desde la perspectiva mediática como desde el sentido común político. Ha sido alcalde y ha tenido una buena administración en la alcaldía de Bogotá. Al parecer, buscando boicotear su gestión, afectados precisamente por su empatía con la urbe bogotana, los dispositivos de judicialización del poder han terminado obstaculizando su administración y la proyección de su gestión; cómo se dice vulgarmente, se desencadenó la guerra sucia por parte del conservadurismo gamonal.

Algunos perfiles de los candidatos en las elecciones de 2022

Gustavo Petro, del Pacto Histórico, nació en Bogotá. Es economista, formado en la Universidad Externado de Colombia. Fue militante de la guerrilla del M-19. Ejerce el cargo de senador desde 2018;  fue alcalde de Bogotá desde 2012 hasta 2015. Así mismo, fue concejal de la ciudad de Zipaquirá. Cofundó el partido político Alianza Democrática M-19, cuando se desmovilizó la guerrilla del M-19. También fue asesor de la Gobernación de Cundinamarca, formó parte en varias ocasiones de la Cámara de Representantes.

En las presentes elecciones, es su tercer intento por acceder a la Casa de Nariño. Petro encabeza una coalición progresista de izquierda, que persigue, de acuerdo a su programa, hacer «girar la economía alrededor de la vida» y «profundizar la democracia». Plantea la creación de un Ministerio de Igualdad, lograr el cincuenta por ciento de representación femenina en las instituciones públicas. Busca una transición energética, que pase de una «economía extractivista a una economía productiva», sustituyendo la la energía fósiles y  optando por la descarbonización.

Francia Elena Márquez Mina nació en la vereda Yolombó, corregimiento del municipio de Suárez del departamento del Cauca. Es, según su propia descripción, la primera mujer «negra, afrodescendiente, oriunda de las regiones más empobrecidas» de Colombia. La candidata a vicepresidenta, Francia Márquez, es conocida  como  activista medioambiental y  feminista, reconocida internacionalmente. Ella denunció la explotación minera indiscriminada cuando era representante legal del Consejo Comunitario del corregimiento de La Toma de Suárez, en el Cauca. Francia es técnica agropecuaria del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA),  estudió Derecho en la Universidad Santiago de Cali.

Rodolfo Hernández Suárez, de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, es catalogado como populista de derecha. De profesión ingeniero civil. Nació en el departamento de Santander. Estudió en la Universidad Nacional. Es empresario y dirige la empresa HG Constructora. En su trayectoria política fue concejal de Piedecuesta, en Santander. En 2016 fue elegido alcalde de Bucaramanga. El perfil de Rodolfo Hernández no corresponde a la pasarela política. Considerando sus propuesta de gobierno, es clasificado como un populista de derecha, el «Trump colombiano», un outsider millonario. Está investigado por presunta corrupción en un contrato millonario de tecnificación de basuras, que habría sido adjudicado a la empresa Vitalogic a cambio de una coima de 100 millones de dólares. Entre sus propuestas destaca el diseño de un plan de ahorro e inversión en vivienda, incentivos a la habilitación del suelo; así como inversiones en ciencia y tecnología, para mejorar la competitividad de la industria de medicamentos. «Cero impunidad» en el combate a la corrupción, a través de un fondo de recompensa. Propone una «Colombia como Estado social de derecho», «a la altura del siglo XXI». Tambien propone que el cincuenta por ciento de los cargos públicos sean asignados a mujeres; busca reforzar la educación de mujeres de zonas rurales. Su candidata a la vicepresidencia es Marelen Castillo, especialista en liderazgo y gestión administrativa.

Federico Andrés Gutiérrez Zuluaga, apodado «Fico», de la Coalición Equipo por Colombia, es candidato de derecha. Fue alcalde de Medellín (2016-2019). Profesionalmente es ingeniero civil de la Universidad de Medellín; también obtuvo una especializada en Ciencias Políticas, en la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha sido consultor en seguridad urbana en México y Argentina. Fue concejal de Medellín durante siete años y medio, así como presidente del Concejo de Medellín (2008). A pesar de ser un candidato de derecha, no quiere que se lo caracterice como tal. En su programa de gobierno propone «cárcel, muerte política y pérdida de investidura» para los funcionarios culpables de corrupción. Aspira a crear leyes antimafia y una «Unidad Nacional Contra Atracos».

En la lucha contra el narcotráfico, propone sustituir cultivos ilícitos apuntando al desarrollo agrario, promover el concepto de la adicción como un problema de salud pública. Planea apoyar a los guerrilleros desmovilizados, empero dice que, de todas maneras, combatirá a las disidencias. Busca para Colombia un crecimiento económico del 5 por ciento del PBI hasta 2026, en un «entorno fiscal y monetario responsable», con austeridad en el gasto público y lucha contra la evasión fiscal. También apuesta a la estrategia «Colombia sin hambre», garantizando tres comidas diarias a los más pobres. Entre sus metas de género está la lucha contra la violencia hacia la mujer, la mejora en la atención a las víctimas, así como de la comunicación para prevenir el acoso y la explotación sexual. Su compañero de fórmula, para la vicepresidencia, es el médico Rodrigo Lara, especialista en Gobierno y Gestión Pública, además de ser exalcalde de Neiva, la capital del sureño departamento del Huila. Hizo campaña en el pasado con los  excandidatos presidenciales Sergio Fajardo y Antanas Mockus.

Resultados de la primera vuelta

En la primera vuelta electoral a pesar de qué Gustavo Petro fue el primero de la votación con más del 40%, sin embargo, no llegó al 50% más uno, tal como establece la ley para acceder a la presidencia. Lo que equivale a pugnar en una segunda vuelta, en el balotaje. La compulsa electoral se dará entonces entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, quien sacó un 28% de la votación. Según declaraciones del tercero,  Federico Gutiérrez, quien obtuvo el 23% de la votación, apoyaría a Rodolfo Hernández. Evaluando las tendencias de la intención de votos, hay que tener en cuenta que en la segunda vuelta no se puede estimar, mecánicamente, una suma de votos, en este caso de los del segundo y del tercero, puesto que, considerando la estructura de la votación, el cuadro estadístico electoral no es aritméticamente el resultado de los que apoyan a un candidato, sumando los votos de otro candidato que apoya al segundo, sino que depende del comportamiento de los que votaron por los candidatos.

La campaña de Rodolfo Hernández hizo hincapié en la lucha contra la corrupción, atacando a la casta política y, entre la casta política, atacó al uribismo, a los que gobernaron el país. En consecuencia, el apoyo de Federico Gutiérrez es, por lo menos, complicado, para los que votaron por Rodolfo Hernández, atendiendo sobretodo a su liga contra la corrupción. Por eso, en este caso, puede tratarse de una suma que reste. Esta parecer ser la explicación que podemos dar en relación al comportamiento de las estadísticas de las encuestas electorales, que miden las tendencias de la intención de voto. En principio se hizo hincapié, a través de los medios de comunicación, que hay un empate técnico entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández. Pero, en la medida que ha ido pasando el tiempo, ha disminuido la intención de voto por Rodolfo Hernández, en tanto que ha ido subiendo, paulatinamente, la intención de voto por Gustavo Petro. Esto quiere decir que parte de los votantes de Rodolfo Hernández no van a votar por su propio candidato, puesto que recibe un apoyo que ha sido criticado por el propio Rodolfo Hernández. Este es un comportamiento que hay que tener en cuenta en la estimación, especulativo o no, de los resultados electorales en Colombia para el 19 de junio.

Mediáticamente, se dice que estas elecciones se dan en el contexto caracterizado por una marcada polarización, por el descontento social, derivado de la inequidad y la pobreza, además de demandas para reducir la inseguridad en las ciudades y la violencia en las zonas rurales, donde operan grupos armados ilegales dedicados al narcotráfico.

¿Qué son las elecciones?

¿Qué son las elecciones? ¿Una compulsa de votos entre candidatos y partidos adversarios? ¿Expresan las elecciones las contradicciones profundas, que anidan en las misma formación social? Ciertamente no se puede homogenizar todos los casos electorales, ni en la coyuntura, ni el historia, ni en el continente, ni el  orbe mundial. Sin embargo, no se puede afirmar que las elecciones expresan, de manera directa, la lucha de clases, la lucha de los pueblos por su emancipación, menos la lucha de las naciones y pueblos indígenas contra la colonialidad persistente. Los partidos no encarnan a las clases y a los pueblos de manera directa; en todo caso, lo hacen de manera indirecta. No solamente hay mediaciones entre las referencias evocativas de los discursos políticos y los dispositivos políticos, sus prácticas, sus formas de gobierno, sino también se trata de otros planos de intensidad, de otros campos. Hay que distinguir el espesor de las fuerzas concurrentes y los campos sociales, donde adquieren connotaciones institucionales y discursivas, del campo propiamente político, sobretodo cuando se trata de la concurrencia electoral. Obviamente no hay que desatender la compulsa electoral, pues forma parte del juego político, de aquel juego que legitima a los gobiernos de turno, más aún, termina legitimando al Estado, a la máquina institucional abstracta del poder. Empero, no hay que creer que las elecciones, los resultados electorales, los desenlaces electorales, resuelven los grandes problemas heredados por un país, a pesar de las promesas que puedan dar los candidatos, incluso si tienen buenas intenciones.

En el campo político, los resultados electorales pueden marcar diferencias en la historia política, iniciar otra etapa política, pero esto no significa que hay trastocamientos históricos, sobretodo relacionados a las estructuras de poder, que atraviesan a la formación social. Si entendemos que una formación social responde a dinámicas sociales, en un complejo articulado de planos de intensidad, entonces, lo que ocurre en el campo político, en el plano de intensidad político, sobre todo en la concurrencia electoral, en el mapa estadístico, que miden de manera muy indirecta las fuerzas concurrentes, no deja de incidir en el conjunto articulado de los planos intensidad de la formación social. En el mejor de los casos, puede producir desplazamientos, cambios de ritmos, modificaciones de perfiles, no solamente políticos sino también sociales. Sin embargo, está lejos de ser lo que se consideró en la modernidad una revolución. 

Hay que acordarse que incluso las revoluciones en la modernidad, si bien cambiaron el mundo terminaron hundiendose en sus contradicciones y, paradójicamente, restauraron lo derribado, repusieron el Estado después de haberlo destruido,  se encaminaron a una regresión y después a una decadencia. Visto desde el ciclo largo, se puede decir que las revoluciones formaron parte de los círculos viciosos del poder. Este es el problema, el círculo vicioso del poder, el círculo vicioso de las dominaciones, que tienen que ver con el Estado, que tienen que ver con las estructuras de poder y las estructuras sociales, que consolidan las desigualdades, las discriminaciones y las violencias inherentes, que tienen que ver con los diagramas de poder y las cartografías políticas. No se sale de ese círculo vicioso del poder mediante las elecciones.

Crítica de la modernidad

Hay que tener en cuenta que para salir del ciclo vicioso del poder, que se manifiesta circularmente, círculo que se encuentra en el campo social, en el campo político, como figura manifiesta, se requiere destruir los cimientos de las estructuras de poder, estructuras profundas que sostienen esta viscosidad del poder. Esto implica  derrumbar, desmantelar y diseminar todos los nudos de todos planos de intensidad, articulados e integrados, que hacen al mundo efectivo donde se da lugar el círculo vicioso del poder. No es suficiente una postura,  intencionadamente crítica y denunciativa electoral. Tampoco ha sido suficiente, como hemos observado y experimentado en la historia política de la modernidad, el acontecimiento de las revoluciones, que han resultado paradójicas, puesto que la revoluciones, si bien se han desenvuelto en distintos planos de intensidad, por ejemplo, en los  planos de intensidad sociales, en el plano de intensidad político, en el plano de intensidad cultural, no han transformado el sistema mundo capitalista.  En la medida que han dado lugar a la  interpelación y a la demolición, la revoluciones modernas, han alumbrado una utorpía. La interpelación del iluminismo, desde la crítica que ha  adquirido cierta connotación, labrada filosóficamente,  como crítica de la economía política, después critica de la modernidad, se han removido los espesores de intensidad del mundo efectivo, empero, el sistema mundo moderno no se ha transformado, aunque se haya desplazado. Si bien se han trastocado distintos planos de intensidad, entre ellos el plano de intensidad político y el plano de intensidad ideológico, no se han trastocado todos los planos de intensidad articulados, toda la integralidad de lo que podemos llamar el mundo efectivo; es decir, han quedado pendientes el resto de los planos de intensidad, articulados en la integración del mundo efectivo. Se mantiene incolumne aquello que llamamos modernidad. Modernidad que es posible por los substratos de la civilización moderna, que hacen de condición de posibilidad históricas y culturales. La modernidad es paradójica. Se tiene, por un lado, una modernidad iluminista, crítica, pero, por otro lado, se tiene una modernidad oscurantista, por así decirlo, que se da en la modernidad tardía. Aunque también tenemos modernidades light, por así nombrarlas. Esto ocurre en la medida que se restringe su configuración a la mera interpretación económica,  por ejemplo, del desarrollo. Modernidad light moviéndose solo en algunos planos de intensidad. Esta interpretación circunscrita se refugia en este recorte de realidad arbitrario, pretendiendo circunscribir la realidad a algunos planos de intensidad. Olvidándose de qué la realidad efectiva tiene que ver con integralidad de los planos y espesores de intensidad. Integralidad no solamente mundana, sino planetaria.

La interpretación restringida se circunscribe dentro de limitaciones acotadas, cayendo en notorias contradicciones.  Se hace evidente la paradoja de la revoluciones, que cambian el mundo pero se hunden en sus contradicciones. Se requiere de la crítica de la modernidad, tal como la han intuido y empezado a la elaborar Horkheimer y Adorno.  Iluminismo del iluminismo, crítica de la crítica. Deconstrucción crítica continuada por la crítica de la filosofía,  la crítica del epistemología, correspondiente a las teorías nómadas. ¿Dónde apunta todo esto? Apunta precisamente a deconstruir todo lo que cabe en la cultura moderna, comprendiendo, en toda su complejidad,  la civilización moderna. Cuando se hace la crítica de la modernidad lo que se está desplegando no es solamente un iluminismo del iluminismo, sino que se está tocando fondo, se está trastocando el fondo, los substratos de la civilización moderna. Se requiere tener conciencia de que el problema radica en la civilización moderna. Civilización donde todo lo sólido se desvanece en el aire; esta vertiginosidad de las transformaciones tecnológicas y económicas. Esta modernidad que, sin embargo, a pesar de mostrar  transformaciones, lo que ha evidenciado es el desenvolvimiento de la violencia descomunal, que implica el costo del desarrollo capitalista y de la acumulación ampliada de capital. Violencia desmesurada del colonialismo. Oleadas de colonialismo que desata la conquista del continente de Abya Yala y el vaciamiento del África subsahariana. Substrato de la colonización que despliega demoledoramente la esclavización generalizada,  la conversión del humano no solamente en mercancía sino en nada.  No se trata solamente del fenómeno de la cosificación, sino de la inhumanización. La conformación del proletariado se inaugura con en esta deshumanización generalizada, la esclavización generalizada. El proletariado va a vivir su propia metamorfosis.

La crítica de este nacimiento de la modernidad revela que la civilización moderna tiene que ver con el colonialismo, tiene que ver con esa violencia descomunal, desenvuelta mundialmente, tiene que ver con la  ilusión del desarrollo.  Ilusión de la modernidad, ilusión de la economía, que es, efectivamente una ideología. Ideología del desarrollo. Fetichismo de la mercancía, fetichismo dinerario, fetichismo del capital. Esta ideología de la economía oculta de que, en realidad, no hay con exactitud desarrollo, propiamente dicho, sino destrucción planetaria; no hay exactamente ganancia, lo que arroja la contabilidad capitalista, sino, más bien, pérdida, costos que se transfieren a la naturaleza y que no se reponen. Lo que hay es una acumulación ampliada de capital, cuantificada estadísticamente, valorización dineraria, contabilizada aritméticamente.

La crítica de la modernidad implica la deconstrucción integral de la cultura y de la civilización modernas. También implica la diseminación integral del mapa institucional del sistema mundo capitalista, de sus dispositivos y máquinas de poder y de funcionamiento. La crítica de la modernidad es la condición de posibilidad intelectual de la diseminación de la civilización moderna. Solo así se puede salir del círculo vicioso del poder.

Sin embargo, como hemos dicho antes, no se puede obviar lo que ocurre en el campo político, lo que ocurre, por ejemplo, en una elección particular, singularizada por su presencia en un contexto “polarizado”. Cierto, hay elecciones y elecciones, unas son más importantes que otras, unas pueden tener más consecuencias que otras. En el contexto de las limitaciones que tienen estas elecciones, limitaciones de las que hemos hablado, no podemos desentendernos de lo que ocurre. Si bien se tiene una posición antielectoral, como la que tiene los y las libertarias, una posición ácrata, un gesto transgresor anarquista, esto no quiere decir que se tenga que desentenderte del análisis, así como de la valorización del evento electoral, de la evaluación que se puede hacer de las elecciones. No se puede cerrar los ojos a lo que está ocurriendo en Colombia.       

Las elecciones del 19 de junio en Colombia pueden convertirse en un punto de inflexión en el campo político. Desde la perspectiva de la historia política, en una formación social atravesada por la guerra permanente,  en un país donde la burguesía gamonal se ha impuesto a sangre y fuego, donde el pacto entre liberales y conservadores ha sellado la dominación de la burguesía gamonal y, recientemente, de la burguesía mafiosa, institucionalizando la dominación en la arquitectura estatal, establecida como república barroca, la situación electoral, donde se disputa la presidencia de la nación, entre la figura de un connotado político de izquierda y una construcción mediática y forzada por la casta política gobernante y la burguesía gamonal, sobre todo teniendo en cuenta los distintos rostros del uribismo, la victoria de Gustavo Petro puede implicar un punto de inflexión, un punto de bifurcación en la historia política.

Esta evaluación de la coyuntura política no puede dejar de tener en cuenta, en la historia reciente, el discurso sinuoso de los “gobiernos progresistas”, gobiernos de características neopopulistas, que se reclaman del socialismo del siglo XXI, incluso del socialismo comunitario. Éstos “gobiernos progresistas” han desplegado manifiestamente el recurso sinuoso del círculo vicioso del poder de manera rápida y asombrosa. Varias veces hemos repetido esa apreciación de Marx sobre la repetición histórica, cuando dice que la historia no se repitió dos veces, si ocurriera, acontece una como tragedia y otra como farsa. Nosotros, recurriendo a esta referencia, dijimos que incluso la historia puede repetirse tres veces, aunque una como tragedia, otra como farsa y otra como comedia. Hemos ido más lejos en estas apreciaciones, cuando vimos que incluso se puede repetir más veces, con la repetición en forma de comedia grotesca; eso es lo que ha pasado con los «gobiernos progresistas».

Una primera anotación al respecto tiene que ver con que estos “gobiernos progesistas” han hecho hincapié, remarcado, insistido y continuado, con el modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente. Una segunda anotación tiene que ver con el teatro político, incluso con el teatro grotesco político, cuando, a diferencia de los populismos de mediados del siglo XX, los gobiernos neopopulistas optaron por un espectáculo mediático, dejando de lado los desplazamientos y las transformaciones políticas. Lo único que han hecho es cambiar de nombres al mismo Estado nación, a la misma decadencia, en plena crisis múltiple del Estado nación, llevándola, de manera desmesurada, a una mayor decadencia. A una demoledora y desmesurad crisis descomunal. La corrupción institucional y la corrupción galopante, han sido dos las prácticas ordinarias de la actualidad de estos gobiernos. Un balance de los “gobiernos progresistas” no solamente nos ha llevado a la paradoja de el conservadurismo y progresismo, sino a la constatación de qué los contrastes políticos no solamente son simétricos, sino complementarios, que los aparente enemigos y antagónicos políticos son, en realidad, cómplices del círculo vicioso del poder.

Ahora bien, después de este balance, atendiendo a los desenlaces, las movilizaciones en Sudamérica han continuado haciendo temblar y removiendo las estructuras de los Estado nación, sus estructuras de poder y sus dispositivos de dominación. En Chile y en Colombia se han dado movilizaciones de magnitud interpeladora, qué incluso han ocasionado desplazamientos políticos significativos. En el caso de Chile abriendo un proceso constituyente, dando lugar a un nuevo gobierno progresista; en Colombia incidiendo en un nuevo panorama político electoral. No se puede equiparar estos últimos eventos políticos, incluso el gobierno progresista de Gabriel Boric, en el contexto del proceso constituyente y la elaboración de la Constitución, por parte de la Convención, así como la victoria política aunque insuficiente de Gustavo Petro, en la primera vuelta electoral, con lo que ha ocurrido antes, en el desenvolvimiento dramático de los “gobiernos progresistas” anteriores. Ciertamente, puede repetirse la historia, con sus propias singularidades, esta es una probabilidad y también una posibilidad, pero no hay que desatender las diferencias, en lo que podemos llamar el aprendizaje de los pueblos movilizados. Ya es una experiencia para los pueblos movilizados el desenlace de los “gobiernos progresistas” anteriores. Al respecto se nota cierta cautela de los nuevos actores políticos a no repetir esta historia. Desde la perspectiva de este ensayo, perspectiva crítica, no caemos en el ilusionismo electoralista y en la ideología política de la promesa; tenemos en cuenta los grandes desafíos en el momento y en los espesores del presente, en la complejidad misma de la coyuntura, dejando claro que para salir del círculo vicioso del poder hay que clausurar la civilización moderna. Hay que cerrar no solamente el ciclo largo vigente de la hegemonía actual del capitalismo, sino clausurar toda la genealogía de los ciclos largos del capitalismo, e ingresar radicalmente a otros horizontes histórico-político-culturales, que comprenden la complementariedad ecológica e integración corpórea al mundo efectivo, la realidad efectiva de los ciclos vitales planetarios. Esto equivale al reinsertarse en estos ciclos vitales, dando lugar a la apertura y a la liberación de la potencia social creativa.

Semiología de la violencia

Semiología de la violencia

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Violencia 

 

 

Hacer una semiología de la violencia puede resultar una tarea compleja, desde ya hay que diferenciar lenguaje y referente de lenguaje, es decir, de aquello que apunta o señala como realidad; sin embargo, no hay que olvidar que la realidad también abarca al lenguaje. En sentido más estricto, tendríamos que decir que se trata del referente de los hechos, de los sucesos, de los eventos, del acontecimiento; de aquello que se incorpora a la experiencia y, obviamente, es interpretado desde el lenguaje. Hablábamos de la complejidad, sinónimo de realidad. Violencia es un concepto, hay que distinguir el concepto, lo que el concepto de violencia interpreta del referente fáctico, del referente mismo al que alude el concepto; aquello que nombra como violencia, hechos de la violencia, en sentido fáctico, que no están todavía investidos por el lenguaje, interpretados por el concepto. Algo así como la violencia descarnada que no tiene nombre. Entonces tendríamos que hablar del padecimiento de los hechos singulares, de los eventos, de los sucesos, relativos al acontecimiento. En cambio, la violencia como concepto se refiere a la experiencia del padecimiento.

En otros escritos, en otros ensayos, en otras exposiciones, decíamos que la violencia ocurre cuando se afecta al sujeto, cuando determinadas fuerzas activas afectan al sujeto. El sujeto interpreta esa afectación como violencia. En este sentido, no se puede separar el padecimiento de la experiencia de esa afectación de fuerzas sobre el sujeto del concepto de violencia. Sin embargo, tenemos que distinguir el concepto de violencia de la facticidad correspondiente a los hechos de la violencia, puesto que hay como la inclinación y la tendencia, que se ha vuelto sentido común, de reflexionar más sobre el concepto de la violencia sin necesariamente tener en cuenta que se trata del concepto, del uso del concepto y sus consecuencias interpretativas. Ocurre como si fuese una ventana cristalina, que nos lleva directamente a los hechos, los sucesos, los eventos y acontecimientos de la violencia. En otras palabras, se discute sobre la violencia en los campos de lenguaje, en los campos de la teoría y, peor aún, en los campos de la ideología, sin tener necesariamente en cuenta lo que podemos llamar la estructura del referente singular de la violencia. Se trata, por lo tanto, de comprender las dinámicas propias de aquéllo que llamamos violencia, usando de la mejor manera el lenguaje y lo aprendido sobre lo que se conoce de la violencia desatada. Pero, esto generalmente no ocurre, puesto que nos perdemos en el lenguaje de la violencia, en las representaciones de la violencia, incluso, en el mejor de los casos, en la denuncia de la violencia, convirtiéndola en objeto de la denuncia, también en objeto de los discursos sobre el tema. Esto nos aleja comprender las dinámicas propias de la violencia, en cuanto a sus manifestaciones fácticas, las estructuras singulares de las violencias, para entenderlas y conocerlas a cabalidad.

Recapitulando, hacemos hincapié en la experiencia, en el padecimiento y el goce, que es el referente de las representaciones, que buscan interpretar la experiencia del padecimiento y el goce. Podemos decir que lo que llamamos violencia se remite a la experiencia dolorosa de sufrimiento, al padecimiento, que afecta negativamente al sujeto. Al respecto, adelantándonos un poco, podemos decir que la antinomia de la violencia tiene que ver con la libertad, también con la liberación, así como hemos dicho, en otros escritos y otros ensayos, con la activación de la potencia social. Moviéndonos en los planos de intensidad del lenguaje, donde tenemos el campo de las representaciones, podemos conjeturar que la violencia tiene que ver con desencadenamiento de la afectación al cuerpo, por parte de fuerzas intervinientes, tiene que ver con forzar, con imponer, con afectar destructivamente; en cambio, que liberar, activar la potencia, tiene que ver con no forzar, con no imponer, con no destruir; tiene que ver, mas bien, con potenciar.

Al respecto, antes dijimos que el poder inhibe. Nos referimos obviamente al poder en el sentido de la dominación. Remitiéndonos a la relación de fuerzas fuerzas, entre fuerzas que afectan y fuerzas afectadas, entre fuerzas activas y fuerzas pasivas. Dijimos también que el poder restringe la capacidad, inhibe la potencia, limitando lo que puede el cuerpo, hasta tal punto que lo puede anular. En este sentido, hacemos hincapié en el factor destructivo del poder, con respecto al cuerpo,  inhibiendo la potencia del cuerpo, reduciendo las capacidades del cuerpo,  obstaculizando la espontaneidad del cuerpo, incluso podemos decir ofuscando la inteligencia del cuerpo. Las estructuras de poder aprisionan el cuerpo y lo postran a una situación depresiva,  recurrentemente enferma, incidiendo negativamente en los comportamientos y conductas, haciendolas repetitivas y mecánicas, sin mayor innovación. En contraste, la liberación, la libertad, la activación de la potencia, dan lugar a la apertura de la capacidad, a la apertura de la potencia, a la innovación, a la invención, a la creatividad.

¿Cuál es la relación entre representación y referente de la representación, entre dinámicas de la representación y dinámicas del referente de la representación, si se quiere, entre dinámicas de la representación y dinámicas de la facticidad? Esta pregunta es distinta a preguntarse sobre la realidad, sobre qué es la realidad, que, mas bien, es una pregunta ontológica, relativa al ser, incluso podemos decir relativa la potencia. Empero, la realidad implica tanto representación como facticidad, no se puede separar de la realidad a la representación, aunque podamos distinguir el mundo de la representaciones respecto del mundo efectivo. La realidad comprende ambos mundos,  ambas dinámicas, que hacen al ser, al ente y a la potencia; la realidad tienen que ver con las dinámicas de ambos , el de las representaciones y el mundo fáctico. Entonces, la pregunta se hace no solamente pertinente sino altamente sugerente, pues las dinámicas de la representación intervienen en las dinámicas de la realidad, aunque tenga que ver con el campo de la representaciones y no con el campo de la facticidad, propiamente dicho. El problema radica en la confusión o, mas bien, en la circunscripción, de ambos mundos a uno solo; esto acaece cuando se supone la autonomización del campo de la representaciones, como si no dependieran de lo que ocurre en los otros campos, en los otros planos de intensidad, es decir, en los espesores de intensidad de la realidad. No hay representación posible sin el soporte, sin el sustrato, de la facticidad, incluso si apreciamos que, además de prácticas en el sentido de la facticidad, hay prácticas discursivas, tal como las había definido Michel Foucault en las Palabras y las cosas y en Arqueología del saber. ¿Por qué es importante esta distinción entre representación y facticidad, esta disquisición sobre representación y facticidad? Porque es importante salir de la ideología, que confunde la idea con la realidad, aunque la idea pertenezca a las dinámicas de la realidad. En consecuencia, se termina reflexionando sobre la realidad solo a partir del campo de las ideaciones. Esto implica una suspensión en el campo fantasmagórico de las ideas, entendidas en sentido de su independencia supuesta y de su autonomía supuesta, cuando esto no puede ocurrir de ninguna manera, puesto que las ideas emergen de las dinámicas de la complejidad, que es sinónimo de realidad.

Volviendo al tema de la violencia, tanto como concepto así como referente, que en tanto tal va a ser siempre singular y no de carácter universal, como irradia el concepto. Ciertamente hay que hacer una genealogía de la violencia, que tiene que ver también con la genealogía del poder y la genealogía de las dominaciones. Hay que tener en cuenta, en este caso, que estamos hablando de prácticas, prácticas vinculadas al desencadenamiento de la violencia, prácticas vinculadas al poder, a las dominaciones efectuadas. En ese sentido, se hace más hincapié en los desplazamientos y desenvolvimientos de las dinámicas dadas en los terrenos de la facticidad; desde esta perspectiva se exigen adecuaciones conceptuales respecto a lo que ocurre en la realidad efectiva. Al respecto, vemos no solamente una proliferación de las violencias en sus manifestaciones singulares, en su expansión, en sus variadas figuras, sino también asistimos a desplazamientos y a transformaciones de las técnicas usadas en las prácticas de poder y dominación, que tienen efectos de violencia. En este sentido, ante la expansión de las violencias singulares, su intensificación zonal y regional, así como también en lo que respecta a la localización geográfica y de estratificación social, se exige una deconstrucción de las teorías de la violencia, de las reflexiones sobre la violencia, puesto que se nota ya un rezago de las teorías respecto a lo que ocurre.

Hipótesis sobre la violencia

La violencia no es abstracta sino concreta, adquiere su desmesura en su manifestación singular. Por ejemplo, en el repetido feminicidio, así como en expansivo ecocidio. Solo tomando estos aspectos y perfiles concretos de la violencia podemos encontrar su descripción en los reportajes e información específica de estas formas de violencia. En otro contexto podemos evidenciar la violencia destructiva de las guerras, que reaparecen en distintos lugares y regiones con toda la elocuencia de los cuadros de la destrucción y el crimen localizado. Las formas de la violencia política reaparecen, en sus peculiaridades singulares, en las prácticas políticas de gobierno. Ni que decir con respecto a la violencia tortuosa de las cárceles, de su instucionalizada tortura, de su encubrimiento e increíble aceptación social. Siguiendo estos panoramas de las violencias singulares tenemos a las violencias impuestas y prácticadas por los Cárteles en los territorios controlados por las mafias. Podemos citar, en este listado inacabable, a las violencias correspondientes a la economía política del chantaje. En fin, la lista es interminable. Lo que parece mostrar que asistimos a un mundo hecho por las proliferantes violencias singulares.

Esto parece corroborar lo que dice Roberto Bolaños, a través de uno de sus personajes, en la novela 2666, cuando expresa que el secreto del mundo está en los feminicidios que se dan en el norte de México. ¿Cuál es este secreto, en qué consiste? Diremos que la violencia pone en evidencia las crisis estructurales de la sociedad. Las violencias singulares muestran patentemente la crisis inherente a la sociedad, crisis que termina exteriorizandose en su despliegue destructivo. La realización de la violencia es una muestra patente de los síntomas de que algo va mal, no funciona bien en la sociedad. Lo que sorprende es el comportamiento social,sobre todo, de las instituciones que, en vez de atender el síntoma y buscar resolver el problema,mas bien, lo mantienen normalizando por así decirlo la violencia, como si esta formara parte, de manera natural, del funcionamiento social, dicho de otra manera, de el ámbito de las relaciones sociales. Nada más equivocado. Ocurre como si a pesar de los síntomas de la enfermedad se lo aceptara como si formará parte del equilibrio corporal, cuando es todo lo contrario, manifiesta el desequilibrio. Desde esta perspectiva podemos decir que el mal inherente a la sociedad es asumido institucionalmente, perseverado institucionalmente y estatalmente,  peor aún, se aceptan sus consecuencias, que tienen que ver con el desenvolvimiento demoledor y persistente de las violencias recurrentes en el depliegue perverso de círculos viciosos del poder. Entonces, podemos inferir que la sociedad misma no funciona bien, no interpreta bien; la sociedad institucionalizada se niega a mirar lo que ve, se niega a aceptar lo que observa y, al hacerlo, evidencia no solamente su ceguera y su tozudez sino también su enajenación. Este mal persistente e institucionalizado y la enajenación social estructurada, en una sociedad que acepta sus malos funcionamientos, se complementan, se fortalecen mutuamente, trayendo a colación mayores consecuencias negativas y destructivas. La sociedad se coloca en una situación de aceptado y encantado embarrancamiento, cayendo al abismo del que no va a poder salir.

Al respecto, sin entrar a las descripciones específicas de las violencias singulares, sino tomándolas en cuenta, remitiéndonos a otros escritos donde las consideramos como referente de nuestras interpretaciones, podemos sugerir algunas hipótesis interpretativas.

Hipótesis

La violencia es antipotencia. La violencia destruye el cuerpo, lo enferma, lo contamina y lo intoxica. Ocurre como cuando la violencia depreda los territorios, contamina las cuencas, los suelos, los aires, es decir, cuando destruye el planeta. La violencia constituye sujetos restringidos, inhibidos, obedientes, domesticados y disciplinados. De esta manera los reincorpora a los ciclos perversos del círculo vicioso del poder, reprodiciéndo sus estructuras, sus diagramas de poder, sus cartografías politicas.

La violencia incapacita al cuerpo, anula la capacidad creativa, reduciendo las facultades a la distorsionada obediencia, a la mecánica disciplina y a la credibilidad ingenua. Genera el deseo enfermo del amo, del patriarca, de la dominación. En todo caso elige ser esclavo, incluso cuando quiere sustituir al amo, pues el amo tiene consciencia esclava, cosificada, enajenada.

La violencia muestra los síntomas de la profunda crisis en la sociedad, en su mapa institucional, en su funcionamiento y en su maquinaria oxidada. El dolor masivo que causa es correspondiente al dolor del cuerpo, que llama la atención, que evidencia un mal, una enfermedad que hay que atender. Sin embargo, en el caso de la violencia las instituciones, el Estado, el gobierno, no atienden las dolencias sociales, el dolor causado, sino que se inventan hipótesis auxiliares insostenibles para justificar la violencia. Ingresando, de esta manera, en círculos viciosos de la enfermedad social, reproduciendo, intensificando, expandiendo, la crisis estructural.

CREPÚSCULO O AURORA DE LA HUMANIDAD

Crepúsculo o aurora

de la humanidad

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Apocalipsis ignorado 

 

 

 

La desaparición humana

La posibilidad de una tercera guerra mundial es aterradora, por así decirlo, para encontrar palabras que expresen algún sentido del significado implicado en semejantes evento apocalíptico; sin embargo, más aterrador resulta la situación donde nadie quede para narrar el acto apocalíptico, nadie quede para narrar la desaparición humana.

Que no ocurra esta guerra apocalíptica y continúe la humanidad su historia trae algunas preguntas. ¿Si continúa por el mismo camino de destrucción planetaria no es equivalente a una tercera guerra mundial apocalíptica, aunque, en este caso dilatada? ¿Si opta por otro camino, corregir sus errores, enmendar la ruta destructiva, reinsertándose a los ciclos vitales planetarios, ha evitado la condena apocalíptica y se proyecta a desenvolver y desplegar su potencia en el universo? Las situaciones intermedias no valen la pena considerarlas, salvo como aproximaciones a uno u otro extremo del intervalo trazado.

Tomando en cuenta la segunda alternativa, sugerimos una hipótesis: El ser humano no se conoce, no conoce su potencia, la tiene inhibida debido al constreñimiento al que lo someten las estructuras y genealogías del poder. Si revisamos las historias de las sociedades humanas, podemos observar que, en la medida que se libera de sus constreñimientos, que desmantele las estructuras de poder, que las tienen sometidas, su potencia se libera, se activa y se convierten en creadoras de nuevos horizontes. Sin embargo, al poco tiempo reaparece como condena el retorno de las estructuras de poder y nuevos diagramas de poder, aunque reformados; entonces el ser humano vuelve a constreñirse, a inhibirse, a clausurar su potencia, convirtiéndose nuevamente en sujeto sometido. En consecuencia, vuelve el dilema anterior, vuelve a aparecer la amenaza de su desaparición.

¿De qué depende que no se retorne a las estructuras de poder, que son estructuras de constreñimiento? ¿De qué depende que no reaparezca la amenaza de su desaparición? Parece que depende que se disuelvan completamente las estructuras de poder, que se diseminen las genealogías del poder, que son estructuras y diagramas de dominación.

Volviendo a la posibilidad de la segunda situación, más aterradora, de que no haya quien narre la destrucción humana, que, por el contrario, todavía haya quién interprete y narre, depende, obviamente, de que no se de lugar el Apocalipsis. En esta situación, sobretodo teniendo en cuenta el contraste entre desaparición y no desaparición, aparece la importancia de la interpretación y de la narración en el recorrido humano en el planeta y en el universo.

 

¿Qué es interpretar?

Se dice que la condición básica de una interpretación es ser fiel, de alguna manera especificada, al contenido original del objeto interpretado. Para Hans-Georg Gadamer el lenguaje es el medio universal en el que se realiza la comprensión misma. La forma de realización de la comprensión es la interpretación. La relación intérprete-interpretación se considera compleja; cada caso responde a múltiples y diferenciadas finalidades, condiciones y situaciones, lo que plantea multitud de cuestiones y problemas.

Los problemas de interpretación se entienden mejor si se especifica el contexto o marco en el que se hace dicha interpretación. Por ejemplo, no existen los mismos problemas en la interpretación de unas observaciones científicas que en la interpretación de algunos aspectos culturales. Dada la variedad de campos en los que aparece la necesidad de interpretación, parece necesario hacer una clasificación de ámbitos fundamentales de interpretación.

Podemos resumir de la siguiente manera: Interpretar es comprender, realizar la comprensión mediante la interpretación.

Ahora bien, una de las realizaciones de la interpretación se da a través de la narración. Narrar es construir una estructura temporal, donde los hechos se ordenan, adquieren un sentido, en la medida que se desenvuelven la secuencia. Entonces, se puede entender a la interpretación y a la narración como el esfuerzo por encontrar el sentido inmanente, se trata de la búsqueda del sentido inmanente.

Volviendo al tema, si no hay intérprete del último acontecimiento, el apocalíptico, no solamente implica que ha fracasado definitivamente la búsqueda del sentido inmanente, sino que ha desaparecido completamente la posibilidad del sentido. Ya no hay sentido, por lo tanto, tampoco mundo. No hay mirada humana, tampoco experiencia humana. No es que no hay nada, sino que no hay algo en un mundo sin el humano. Ha desaparecido, ni siquiera es una ausencia. Sin embargo, hay planeta sin el ser humano.

El diagrama de poder de la ingeniería imaginaria de la dominación mediática

Es indispensable reflexionar y, si es posible, analizar la función de lenguaje como recurso indispensable de la comunicación humana, en lo que podemos llamar la fenomenología de las representaciones; lo que comúnmente hemos venido nombrando como ideología, pero ahora se trata de tener una mirada más precisa, más detallada, que tome en cuenta los mecanismos, los engranajes, las dinámicas, por así decirlo, de los desplazamientos representativos, de las transformaciones representativas y de las metaforizaciones, que no necesariamente están vinculadas al acto creativo de la poiesis que deriva en la poesía. Necesitamos evaluar las circunstancias y las operaciones en el lenguaje, dadas para lograr estos desplazamientos representativos, pero sobretodo nos interesa comprender el uso de estas representaciones, de estos desplazamientos representativos, en las pretensiones de legitimación, por lo tanto, en lo que podemos llamar los juegos de poder.

Pregunta: ¿Estos desplazamientos representativos tienen que ver con una trama, es decir, con una narrativa, sobretodo con una composición narrativa, que no necesariamente termina en la novela o en el cuento, que son acontecimientos literarios, sino que derivan en narrativas apócrifas, por así decirlo, dónde el que emite el discurso se coloca en el centro de la representación, casi teatral y, de este modo, se convierte en el héroe apócrifo, imagen que le sirve para legitimar sus actos?

Estos procedimientos lingüísticos, pues pertenecen al lenguaje, deben ser analizados pormenorizadamente, para entender los desplazamientos representativos y su uso en las pretensiones de legitimación de las dominaciones. En otras palabras, nos referimos a la construcción de contextos adecuados y adaptados, para lograr los objetivos de estos de desplazamientos representativos. El método, por así decirlo, para efecto de estos desplazamientos representativos, tiene que ver con el uso del universal de la representación misma, para el uso pertinente de esta universalidad y de esta representación, con fines de legitimación del poder. Por ejemplo, al hablar a nombre de los otros y al convertir a los otros en el referente del discurso, la representación del que habla se convierte en una usurpación de los otros, sobretodo de su voluntad, convertida en una voluntad general y, a su vez, convertida en la voluntad del que discursa y habla a nombre de los otros. Hablar del pobre y de la víctima se ha convertido en un procedimiento de usurpación de la representación de los pobres y de las víctimas. El emisor de este discurso, sin decirlo, se convierte en el héroe apócrifo, aprovechando las representaciones del imaginario colectivo, que narra historias de héroes. Entonces se produce también una expropiación de los significados de esas narraciones colectivas. El héroe apócrifo, el emisor del discurso, obtiene, de este modo, imaginariamente, dos características de usurpación, la usurpación del referente de la representación y la usurpación de los contenidos significativos de héroes antiguos. De esta manera, en la historia política, los supuestos salvadores se terminan convirtiendo en los nuevos amos y verdugos de los que dicen representar.

Lo sugerente de esta fenomenología de las representaciones, en función de la legitimación del poder, es que se produce una transferencia del mundo efectivo al mundo de la representaciones. Ocurre como si todo aconteciera en el mundo de las representaciones, que es un mundo imaginario y no en el mundo efectivo. Sin embargo, se aprovechan estos efectos de transferencia o de traslado de lo real a lo imaginario. Es en el mundo efectivo donde se da lugar la concurrencia de las fuerzas y se resuelve el problema de la disputa, del conflicto, en el terreno de la correlación de fuerzas. El problema puede ser definido de la manera siguiente: Para que ocurra todo esto, para que se dé lugar esa transferencia del mundo efectivo al mundo de la representaciones, se tiene que empujar al pueblo a la condición de espectador pasivo, espectador que termina asumiendo el teatro político como realidad. Para que esto ocurra es menester el uso de la fuerza, incluso el uso de la violencia, con todos los matices que esta realización de la violencia puede darse. El convertir a la sociedad, el convertir al pueblo, en un público, más aún, en un espectador, si quieren ustedes, usando a la tesis de Maurizio Lazzarato,  en una mente expuesta a la colonización, a la manipulación, a la inoculación de narrativas apócrifas, donde los protagonistas del poder y los protagonistas del capital se convierten en un centro del contexto de estas narrativas, que circulan en los medios de comunicación.

Maurizio Lazzarato sugiere un diagrama de poder que tiene como contenido al público, como contenido de la formación discursiva, y tiene como función operativa a los medios de comunicación, a las redes, si ustedes quieren, a todos los aparatos ideológicos. Esto ocurre en la formación discursiva, en tanto que en el cuadro, en el campo de lo visible, tenemos a una ingeniería imaginaria, por así decirlo, que se ocupa de producir realidad desde la perspectiva del poder.

Este diagrama implícito, que configura Lazzarato, en Políticas del acontecimiento, puede ser ampliado. Se puede incorporar en el cuadro visible, en el campo de lo visible, a todo tipo de dispositivos del espectáculo, de los montajes de escenarios, de la escenificaciones de las ceremonialidades y de las ritualidades. Entonces tenemos un inmenso y variado campo visible heurístico de la colonización de mentalidades, de la definición del público, de las circunscripciones de los espectadores, que hacen de sujetos pasivos ante la función activa de esta fabulosa maquinaria de la producción del imaginario social, adecuado a la reproducción del poder.

En el decurso de las narrativas políticas tenemos toda clase de protagonistas apócrifos, héroes mediáticos, salvadores de los últimos tiempos, defensores de los pueblos, revolucionarios exaltados, por un lado, por el otro, honorables hombres del orden, de la institucionalidad y de la democracia formal, hombres de ley y de valores. Es decir, se tiene protagonistas de narraciones apócrifas, que cambian a los protagonistas, según el objetivo de la legitimación. Las víctimas, los pobres, los pueblos, se convierten en los coros de este teatro político, que emula la epopeya anacrónica.

Fetichización y divinización

La fetichización de las instituciones, también de las representantes nacionalistas, de las naciones, de los países, además de los Estados, forma parte de las acciones y prácticas de la máquina fabulosa de la fetichización, que es la ideología. Estas instancias y dispositivos, estas estructuras y máquinas se convierten en sujetos, son nombradas como tales, cuando no lo son. Son engranajes e instrumentos movidos y dinamizados por sujetos sociales. En el caso de las de naciones y países son representaciones, que adquieren, en en el imaginario social institucionalizado, contenido afectivos de convocatoria.

En estas condiciones, los sujetos sociales asumen estos instrumentos y representaciones como si fuesen sujetos, como si tuvieran vida propia, voluntad propia e individualizada, correspondiente a estos sujetos ideológicos construidos. Ninguna de estas representaciones e instituciones tiene voluntad propia, menos consciencia propia. Se trata, en todo caso, de multiplicidades de voluntades singulares, que actúan constreñidas por los dispositivos de captura, que son estas máquinas de poder. En consecuencia, se puede suponer que las voluntades que actúan, de manera conglomerada, es la de las élites, castas y clases dominantes, actúan inhibiendo las múltiples voluntades singulares de los estratos, colectivos sociales, clases sociales subalternas. Una vez inhibidas estas voluntades, el conglomerado, más o menos compacto, de las voluntades concentradas de la élites, castas y clases dominantes se expresa como si representara a la voluntad general, a la voluntad del pueblo, de la nación, del país.

Eso de convertir en sujetos a construcciones, a conformaciones, a configuraciones sociales, tiene que ver con la animación de estas construcciones, que es muy distinto que de hablar de animismo, atribuido a las sociedades iniciales. El animismo tiene que ver con el atribuir a los seres de la “naturaleza”, para darle ese nombre conocido al planeta mismo, vida, que es lo que tiene la integralidad dinámica planetaria. Entonces es concebida como armonía de fuerzas inmanentes, que intervienen en el mundo, lo que también es cierto, dada la comprensión y la certeza científica contemporánea. Que la representación de todo esto adquiere la connotación de la espiritualidad, tiene que ver con la interpretación de las comunidades inaugurales, en relación con su experiencia y asombro ante el acontecimiento vital.

Para decirlo fácilmente, el atribuir vida a cosas inanimadas es otro asunto, aunque desde una perspectiva amplia ya consideremos, como lo hicimos en Potencia de la vida, que la materia es vida, en sentido ampliado, en tanto es energía, vibraciones y ondas energéticas. Pero en el mundo de la genealogía de las civilizaciones, mundo que obviamente experimenta sus transformaciones, el atribuir vida propia a las construcciones humanas, que son construcciones sociales y, en el caso de las representaciones, concepciones sociales, tiene que ver, mas bien, con lo que hemos llamado la fetichización, si ustedes quieren, jugando con las metáforas, tiene que ver con la magia atribuida a las cosas. Podemos decir que esta transferencia de las dinámicas sociales, de la relaciones sociales y de las estructuras sociales a las construcciones humanas está asociada a la interpretación, que requieren los estratos dominantes en la búsqueda de legitimación de su situación privilegiada.

Esto de transferir los efectos de las dinámicas sociales, de las relaciones sociales y de las estructuras sociales a las cosas corresponde al procedimiento de la fetichización ideológica. Entonces, los sujetos sociales se relacionan respecto a estas cosas como si fueran sujetos, con vida propia; se subordinan a estos sujetos, productos del fetichismo, que adquieren un cierto aire de divinidad. Se puede observar y estudiar este fenómeno de la fertichización ideológica en la historia de la civilización moderna, aunque no solo se restringe el fenómeno a esta etapa de la genealogía de las civilizaciones. Se puede también inferir que fenómenos parecidos acontecen en las civilizaciones antiguas, por así decirlo, anteriores a la civilización moderna. En las civilizaciones antiguas se ha dado el fenómeno de la divinización del déspota, del monarca, del rey, del emperador. En este caso, estos sujetos, que encarnan simbólicamente tanto la narrativa mitológica como la narrativa religiosa monoteísta, no son exactamente cosas, sino personas encumbradas en la cúspide del poder. Sin embargo, podemos vislumbrar analogías entre el fenómeno de la fetichización ideológica y el fenómeno de la divinización de personas encumbradas en el poder. Podemos decir que hay diferencia entre la divinización de personas y la fetichización de cosas. Para ayudarnos en nuestra interpretación y análisis podemos circunscribir el fenómeno de la fetichización a la ideología y referirnos al fenómeno de la divinización como mitificación. La analogía radica en la transferencia de las dinámicas sociales a las personas y a las cosas. Esta analogía tiene que ver con las pretensiones de explicación, aunque también de justificación, de lo que ocurre, buscando la explicación y justificación en un orden, por así decirlo “natural”, un orden establecido para siempre; algo que no se puede cambiar, en sentido contemporáneo podríamos decir algo que no tiene historia. Entonces, podemos encontrar una cierta continuidad entre la sociedades antiguas y la sociedad moderna, que tiene que ver con lo que hoy llamamos legitimación, aunque la legitimación como tal no puede ser atribuida a las estructuras de poder de las sociedades antiguas.

Se puede hablar de antropomorfismo a esta transferencia de las dinámicas sociales humanas a las personas, que encarnan simbólicamente el poder, así como también a la transferencia de las mismas dinámicas a las cosas. Pero, lo que no hay que olvidar, en esta   construcción de las representaciones, es que se produce la divinización, en un caso, y la fetichización, en otro caso. Es decir se atribuye propiedades mitológicas a las personas simbólicas y propiedades mágicas, por así decirlo, a las cosas.

Estos recorridos antropomórficos, de divinización y de fetichización de las civilizaciones parecen ser las causales de sus propias crisis civilizatorias. Primero, porque se trata de interpretaciones incorrectas, basadas en informaciones adulteradas. Desde la perspectiva de las teorias de sistemas autopoiéticos, si los sistemas interpretan inadecuadamente a sus entornos no pueden resolver las problemáticas que se les presentan, por lo tanto, no pueden reducir la complejidad, conformando mayor complejidad interior, fundamentalemente interpretativa y organizativa. Segundo, porque al atribuir propiedades divinas y mágicas a las personas y a las cosas las convierte en lo que no son. Al terminar creyendo que lo son se espera que resuelvan problemas que no pueden resolver, pues carecen de la capacidad y de las cualidades para hacerlo. En consecuencia, las crisis civilizatorias tienen mucho que ver con estos imaginarios sociales, que se institucionalizan.

 

La salida alterativa

Ahora bien, cuando dijimos que el problema radica en los constreñimientos, en las inhibiciones, de la potencia social, por parte de las estructuras de poder, los diagramas de poder, las cartografías políticas, establecimos, de partida, la tesis macro-histórica, relativa a las civilizaciones, de que el eterno retorno, dicho metafóricamente, del círculo vicioso del poder estriba en este problema, la inscripción de las dominaciones en el cuerpo. ¿Qué pasaría, hipotéticamente, si desaparecen estos constreñimientos, si se libera la potencia social? ¿Salimos del eterno retorno del círculo vicioso del poder? ¿Al liberar la potencia social nos abrimos hacia otras rutas históricas? La búsqueda de las respuestas a estas preguntas nos traslada a la posibilidad de recorridos transcivilizatorios.

Lo anterior implica, en consecuencia, salir de la mistificación y de la fetichización. No perder de vista que se trata de la fenomenología de las relaciones y dinámicas sociales, que los efectos y las producciones de las dinámicas sociales son circunstanciales, no son esenciales, no corresponden al mito y al fetiche. Por ejemplo, que las instituciones son solamente instrumentos de sobrevivencia, que ésta es su función. En consecuencia, son descechables cuando estas instituciones se vuelven anacrónicas, inadecuadas y hasta obstáculos a la sobrevivencia; por lo tanto, no solo modificables sino que se requiere construir otras instituciones más adecuadas y pertinentes a la función para la que responden. Es así como entramos al devenir social, al devenir de las instituciones, que forman parte del devenir de la potencia social. De esta manera se apertura la posibilidad de la activación permanente de la potencia social. Trayendo a colación la posibilidad del devenir de la democracia plena, el autogobierno, la autogestión y la autodeterminación. Ya no se trata del principio y finalidad de las instituciones, sino de su uso, de acuerdo a los propósitos consensuados socialmente.

Hermenéutica de la guerra

Hermenéutica de la guerra

Paradigmas cerrados

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

Podemos establecer que se ha heredado la costumbre de acudir a paradigmas cerrados para interpretar la realidad, que resulta ser recortada a partir de rejillas teóricas, en el mejor de los casos, rejillas ideológicas, en el peor de los casos. En otras palabras, se opta por estructuras preformadas de interpretación. Uno de los esquemas más usuales es el dualista, que puede corresponder a la definición del enemigo, que, en su versión más antigua, corresponde a la definición del infiel o del hereje. El esquematismo, de por sí, si bien ayuda, en un principio, a armar la interpretación, resulta un mecanismo restringido cuando hay que afrontar la complejidad, sinónimo de realidad. Después de la larga historia de la modernidad, en la contemporaneidad compleja, este esquematismo resulta inútil al tratar de comprender, entender, conocer y explicar la realidad. Para ejemplificar, reducir todo al contraste del blanco y el negro no ayuda a visualizar toda la gama de grises que hacen al dibujo de las manifestaciones de las dinámicas inherentes a lo que llamamos realidad. Peor aún, resulta altamente inapropiado usar este esquematismo cuando la realidad, sinónimo de complejidad, se presenta con gamas cromáticas de colores. Yendo más lejos, más grave aún cuando dejamos los cortes transversales y nos desplazamos al movimiento longitudinal, cuando pasamos de la fotografía y optamos por una mirada de imágenes en movimiento, a movimientos de las imágenes como ocurre con el cine. La situación del esquematismo es mucho más insostenible cuando sabemos que las dinámicas complejas de la realidad se mueven en distintos planos y espesores de intensidad integrados.

 

Entonces nos encontramos ante el problema de la reducción al momento de comenzar la interpretación de la realidad; esto equivale al restringir la comprensión y anular la posibilidad del entendimiento, por lo tanto, alejarnos del conocimiento y de la explicación posible de la problemática asumida como desafío desde la experiencia de la realidad. Esto implica una derrota de la inteligibilidad de la realidad, de la complejidad de la realidad, de las problemáticas inherentes a la relación que se establece socialmente con la realidad en la contemporaneidad, dónde se experimentan desplazamientos fuertes, transformaciones notorias, incluso metamorfosis perceptibles o imperceptibles, cuándo nos movemos en distintos planos de intensidad, cuándo experimentamos los espesores de intensidad, es decir, cuándo se manifiestan las distintas dimensiones de la realidad, reducida a este esquema dualista, resulta en un fracaso absoluto en esa relación con el entorno, desde la perspectiva del sí mismo o del sistema de autorreferencia, para decirlo en términos más sencillos.

 

Argumentos inconsistentes

 

En este ensayo vamos a intentar hacer un análisis de la incomunicación y de la desinformación, vertida a través de los medios de comunicación; también de los medios de propaganda y publicidad, que están básicamente manejados por los gobiernos y los Estados involucrados, así como por los aparatos ideológicos. Argumentos insostenibles, aunque de argumentos, propiamente dichos, no tienen nada; son más bien repeticiones mecánicas de emisiones propagandísticas, al estilo de la más absoluta ortodoxia, incluso, peor, de la más absoluta dogmática, del más absoluto dogmatismo. Asistimos pues a los procedimientos verbales, si podemos hablar de esa manera, de las nuevas inquisiciones, es decir, justificaciones de la tortura, de la persecución, de la guerra. La inquisición se caracterizó como la guerra contra las mujeres, guerra que duró tres siglos, reconocida popularmente como la caza de brujas. Podemos decir que ahora asistimos a otra guerra, que no dejan de ser contra las mujeres, porque son guerras patriarcales, de la dominación masculina sobre el planeta, sobre los pueblos, sobre las sociedades, sobre los países de la periferia del sistema mundo capitalista. Se vuelven a repetir estilos, sin acudir a la imaginación, donde lo que cambian son los contextos y, quizás, algo de los discursos, de la estructura discursiva preformada. Ejemplificando,  para decirlo de manera fácil, el esquema se reduce al burdo dualismo  de buenos y malos, de fieles  e infieles, de amigos y enemigos. Hay guerra justa.

 

Al respecto, lo grave es que se olviden que estos son argumentos anacrónicos, correspondiente a los finales del medioevo y comienzos de la modernidad, periodos históricos en plena conquista del continente de Abya Yala. Cuando se habló de guerra justa. Después, durante la historia de la modernidad vamos a volver a escuchar, precisamente, argumentaciones anacrónicas sobre la guerra justa. Los argumentos más intolerables son aquellos que van a hablar de guerra justa en plena campaña bélica de los países imperialistas; sin embargo, este anacronismo retórico no se circunscribe al periodo bélico que comprende a la primera y a la segunda guerra mundial, además de su interregno de paz incierta. Volvemos a escuchar estas argumentaciones anacrónicas durante la guerra de Corea. Aunque la concepción de guerra justa va desplazándose, va cambiando de contenido. En el caso del nacional socialismo, del régimen nazi, del tercer Reich, vamos a asistir a la guerra justa a nombre de la raza superior del pueblo alemán; los países aliados que enfrentan al tercer Reich en la segunda guerra mundial van a hablar de guerra justa en términos de la defensa de los pueblos y las sociedades afectadas, invadidas y atacadas por las invasiones nazis. Por otro lado, se va a hablar de guerra justa con respecto de la defensa de la Patria Socialista;  nos referimos a la movilización general del ejército rojo en el periodo que lucha contra la ocupación e invasión nazi de la URSS. Posteriormente se va a hablar de guerra justa en plena guerra fría, que de fría tiene poco, pues las acciones bélicas o calientes se van a trasladar a los entornos y las periferias. Mientras la metáfora del hielo o del invierno corresponde al centro, por así decirlo, de la geografía del sistema mundo capitalista, la metáfora fluida o de verano corresponde a las periferias del sistema mundo capitalista, donde si se efectúan guerras calientes.

 

Las hiperpotencias enfrentadas van a hablar de guerra justa en términos de defensa de la “democracia”, en un caso, hablando de la imagen que se tiene de democracia, de la imagen formal de la democracia, concebida y limitada a la circunscripción institucional del Estado liberal; en el otro caso, se habla de guerra justa en términos de la defensa de los países socialistas y de los pueblos del mundo. En ambos casos las argumentaciones resultan paradójicas; en el primer caso, el imperialismo norteamericano va a intervenir en los países de la periferia del sistema mundo capitalista, conspirando, promoviendo golpes de Estado, con el argumento de qué está en guerra contra el “comunismo”; en el otro caso, el social imperialismo, tal como caracterizó Mao Zedong a la URSS, va incursionar punitivamente de acuerdo a intereses nacionalistas, del nacionalismo ruso, en países donde, antes y al finalizar la segunda guerra mundial,  los pueblos se levantaron y efectuaron revoluciones sociales. Dos casos paradigmáticos, uno corresponde a la guerra civil española, el otro corresponde a la revolución griega; en el primer caso, se arma un ejército controlado para combatir a la revolución anarquista y a la militancia trotskista en armas contra el falangismo ibérico, antes de ocuparse plenamente de combatir al ejército franquista; en el segundo caso, a pesar de que los comunistas toman el poder en Grecia, la Unión Soviética abandona la revolución y la entrega a los norteamericanos. En pocas palabras, las dos hiperpotencias emergentes y vencedoras de la guerra se reparten el mundo. 

 

Desde la guerra de Corea hasta la guerra del Vietnam no se habla exactamente de guerra justa, sino de un concepto mas bien operativo, por así decirlo; se habla por un lado, el lado de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norte América, de guerra de defensa contra la expansión del “comunismo”, y por el otro lado, no solo de los Estados componentes del Pacto de Varsovia, sino también de los países y involucrados, de la guerras de liberación nacional y de la lucha antiimperialista de los pueblos.  En lo que corresponde a los aliados de la hiperpotencia de la URSS se no se va a hablar exactamente de guerra justa,  sino de una guerra anatimperialista; así como también se va a argumentar sobre la defensa de Estados socialistas. En lo que respecta a la guerra caliente, desplazada a los bordes del sistema mundo capitalista, se dan figuras singulares de los desplazamientos de la guerra.

 

Sin embargo, hay que considerar otros perfiles de la guerra, por ejemplo, las que se dan entre israelitas y palestinos, en un contexto mayor, entre israelitas y árabes, perfiles de las guerras posteriores a la segunda guerra mundial que emergen de otras historias y se dan por otras razones, aunque también se pueda considerar  como guerras calientes, que corresponden al desplazamiento de la guerra fría entre las hiperpoptencias hacia las periferias del sistema mundo capitalista. En este caso específico, se habla de guerra contra la ocupación israelí, por parte de las organizaciones armadas palestinas, y de guerra de defensa del Estado de Israel.  Considerando los distintos perfiles de la guerra dados podemos decir que no son los únicos casos de realidad efectiva que contrastan fácticamente a la tesis de Francis Fukuyama del fin del historia, donde se interpreta que habrían terminado las guerras. En contraste se desatan precisamente guerras, que se dan en los bordes de la geografía del sistema mundo capitalista, en la geografía de las periferias, así como se dan guerras calientes en las mismas proximidades del centro del sistema mundo capitalista. Desde las dos guerras del golfo pérsico hasta la guerra de Yugoslavia tenemos un desplazamiento hacia el centro del sistema mundo capitalista, es decir, hasta la geografía europea.  Contamos con la repetición bélica, en el contexto de la modernidad tardía o una posmodernidad; es decir estamos asistiendo a desplazamientos en la transformación misma de la guerra. Guerras que, en parte pueden considerarse virtuales, sin dejar de ser reales, sin dejar de ser virulentas. Guerras donde se usan tecnologías avanzadas, de ultima generación, probando su eficacia destructiva.

 

En el transcurso de estas guerras hemos asistido a distintas tonalidades de destrucción, desde la destrucción del Líbano, pasando, antes, por la destrucción de Libia; posteriormente, recientemente, la destrucción de Siria. Solamente dando algunos nombres y casos dramáticos.En todos estos casos tenemos la guerra como desenlace de las contradicciones profundas del sistema mundo capitalista y de la geopolítica del sistema mundo capitalista. Habría que situarse en cada uno de estas guerras para evaluarlas en su singularidad y entenderlas mejor; no es el momento de hacer esto, lo que nos interesa es hacer un seguimiento de los desplazamiento del mismo enunciado inmanente de “guerra justa”, desplazamientos que van modificando los discursos, el sentido emitido por los discursos, dependiendo de la singularidad. Un desplazamiento notorio se hace evidente cuando asistimos a la emergencia de el Estado Islámico, que lanza una “Guerra Santa” contra los infieles, contra los endemoniados, contra el imperio del demonio; entonces, es cuando la guerra vuelve a convertirse en una guerra santa, en una guerra religiosa. Ocurre como si retrocediéramos a la época de las cruzadas, el discurso retrocede a otro contexto del pasado; reaparece ese tipo de guerra, por lo menos en la enunciación, de manera anacrónica. Sin embargo, en la contemporaneidad puede ser considerada de manera distinta,  como dicen Antonio Negri y Michael Hardt, se trata de configuraciones fundamentalistas posmodernas.

 

Entonces, podemos concluir, en esta parte del ensayo, que se trata de un enunciado repetido, cuya escasez sostiene desplazamientos conceptuales. El enunciado de la guerra justa, cuyo armazón discursivo va a ir modificándose en la medida que hay desplazamientos en el contexto de la geopolítica del sistema mundo capitalista, en el nuevo orden mundial, y en la configuración de las contradicciones específicas, donde las mismas contradicciones derivan en el desenlace bélico, empero, adquiriendo un perfil singular diferente, dependiendo de la coyuntura, del contexto nacional, regional y mundial.

 

En la actualidad, en la guerra de Ucrania, asistimos también a la repetición del mismo enunciado, repetido en su desplazamiento y mutación, en la acepción anacrónica de guerra cultural, manejada por los voceros de la Federación de Rusia. Se utiliza la noción de guerra de defensa, contra la amenaza, latente y extendida de la OTAN, al promover la incorporación de Ucrania a la OTAN, amenazando, de esta manera, a la Federación de Rusia y rompiendo acuerdos establecidos con anterioridad. Desde la perspectiva de Ucrania, teniendo en cuenta el discurso emitido por el gobierno de Ucrania, asistimos al discurso de la defensa de la nación contra la invasión del ejército ruso; la invasión resulta interpretada como delito en el marco del derecho internacional,  siendo Ucrania un país soberano. En lo que respecta a los discursos que emite la OTAN, se trata de la acusación a la Federación de Rusia por desatar una guerra injusta, una guerra no justificada, de ocupación, de invasión y destrucción de ciudades. Al respecto, a propósito de esta denuncia, debemos acordarnos que antecedieron otras guerras desplegadas por la Federación de Rusia, por lo menos dos son conocidas; una tiene que ver con la guerra de Chechenia, en realidad dos fases o dos guerras de Chechenia, y la guerra de Georgia. Sin embargo, tampoco hay que olvidar la guerra de Kazajistán. Como se podrá ver estas guerras tienen que ver, precisamente, con la argumentación  geopolítica, que supone la estrategia geográfica  heredada desde la Unión Soviética, sin embargo, es conveniente, en la comprensión, ir más lejos y remontarnos a la geopolítica del imperio zarista. La Federación de Rusia se sitúa en  la condición de “imperio” amenazado permanentemente, por la independencia de Chechenia, por la independencia de Georgia, por las movilizaciones militares musulmanas, recientemente por la soberanía de Ucrania.

 

 

 

Descripción de la genealogía de las guerras en la historia reciente

Breve descripción de las guerras de la Federación de Rusia

 

Las dos guerras de Chechenia

A finales de 1994, después de haber tolerado la independencia de facto de Chechenia durante tres años, el Kremlin convoca a su ejército para intervenir en el conflicto de Chechenia, volver a situar bajo la gravitación rusa a la república del Cáucaso ruso. Sin embargo, el ejército ruso enfrenta una tenaz resistencia; en consecuencia, el ejército ruso se ve obligado a retraerse el año 1996. Sin embargo, tres años después, en 1999, comenzando el influjo del primer ministro Vladimir Putin, que va a ser elegido posteriormente  presidente, el ejército ruso vuelve a ingresar en el conflicto checheno, ahora con el argumento de una «operación antiterrorista»; esto considerando el ataque de los independentistas chechenos contra la república caucásica rusa de Dagestán, además de otros atentados en la propia Federación de Rusia; estos atentados van a ser atribuidos a las organizaciones beligerantes chechenas. Un año después, en febrero de 2000, el ejército ruso reconquista la capital, Grozny, que fue arrasada por la artillería y la aviación rusas. Sin embargo, la guerra de guerrillas continuó la lucha. Nueve años después, el 2009, el Kremlin decretó el fin de su operación, a un costo muy alto, de decenas de miles de muertos en ambos bandos.

 

La denominada guerra relámpago ruso-georgiana

El año 2008, Georgia fue escenario de otra guerra; lanzó una operación militar contra Osetia del Sur, un territorio separatista prorruso, espacio geográfico que escapó del control de Tiflis. Esto había acontecido desde la caída de la URSS, desatándose una guerra a principios de la década de 1990. El presidente georgiano, Mikheïl Saakachvili, declaró que el ataque georgiano respondía a las presiones militares rusas, notorias en la frontera. 

En contraposición la Federación de Rusia optó por la  represalia militar, enviando al ejército a territorio georgiano. El desenlace derivó, durante un fugaz lapso de cinco días, en la victoria de las tropas rusas; derrotaron patentemente a la antigua república soviética, que formó parte de la URSS. En consecuencia, el Kremlin reconoció la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, esta última otra provincia separatista. A partir de entonces, la Federación de Rusia mantiene una fuerte presencia militar.

 

Conflicto en Ucrania

La guerra se trasladó al oeste. El año 2014, como consecuencia del desenlace del movimiento pro-Unión Europea de Maïdan, que provocó la huida del presidente Víktor Yanukóvich a Rusia, el Kremilin decidió anexionar la península ucraniana de Crimea al espacio geográfico de la Federación de Rusia. En este contexto de la anexión, emergieron movimientos separatistas prorrusos en el este de Ucrania, en Donetsk y Lugansk, regiones del Donbass, fronterizas con la Federación de Rusia. Las citadas flamantes  repúblicas autoproclamaron su independencia; lo que desató un conflicto armado.

El gobierno de Ucrania, con sede en Kiev acusó a la Federación de Rusia de apoyar a los separatistas, enviando tropas de “voluntarios” y equipos de guerra. El conflicto bélico ha disminuido su intensidad desde el 2015, contando con la firma de los Acuerdos de paz de Minsk. 

Empero, a pesar de los Acuerdos de paz , aproximadamente desde finales de 2021, el Kremlin se embarca  en masivas maniobras militares terrestres, aéreas y marítimas, alrededor de la frontera ucraniana. Se cuantifican hasta más de 150.000 efectivos movilizados. Al cabo de unos meses inciertos, el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, reconoció la independencia de las dos repúblicas secesionistas; esto ocurrió el 21 de febrero; inmediatamente después ordenó el despliegue del ejército concentrado en la frontera, seguidamente anuncia una «operación militar especial”. Esta incursión punitiva fue calificada por el Ministro de Asuntos Exteriores ucraniano como una «invasión a gran escala».

 

Las dos guerras de Nagorno Karabaj

La primera guerra del Alto Karabaj se remonta al conflicto armado, que ocurrió entre febrero de 1988 y mayo de 1994, en el pequeño enclave armenio del Alto Karabaj  o Nagorno Karabaj, en la región sureste del Cáucaso; una antigua provincia de la URSS,  poblada por una minoría azerí y una mayoría de armenios, rodeada completamente por la República de Azerbayán. La primera guerra del Alto Karabaj (1988-1994), entre Armenia y Azerbayan, tuvo como desenlace la victoria Armenia.

 

La segunda guerra del Alto Karabaj fue un conflicto  armado entre las fuerzas armadas de Azerbaiyán y la República de Artsaj, en la región del Alto Karabaj,  contra Armenia; el conflicto bélico se dio lugar entre el 27 de septiembre y el 10 de diciembre de 2020. Después se llegó a un acuerdo del alto el fuego,  promovido por la federación de Rusia.

 

La intervención del Kremlin, del presidente Vladímir Putin, puso fin a las duras hostilidades en el conflicto bélico de Nagorno Karabaj. La cruenta guerra entre tropas armenias y azerbaiyanas por el montañoso enclave se cobró miles de vidas. Se habla de cuarenta y cuatro días de combate, en los que Turquía intervino; apoyo que ayudó a inclinar la balanza definitivamente a favor de Azerbaiyán.

 

Intervención de la Federación de Rusia en Siria

En el año 2015 la Federación de Rusia interviene en el conflicto de Siria. Ha desplegado un contingente militar en Siria, apoyando abiertamente al cuestionado presidente Bashar al-Assad. La intervención rusa, empleando mortíferos bombardeos y efectuando destrucción masiva, sobre todo de ciudades, ha cambiado el curso de la guerra y ha permitido al régimen de Damasco obtener victorias decisivas, recuperando el terreno que había perdido frente a los rebeldes y los yihadistas.

El Kremilin tiene dos bases militares en Siria: el aeródromo de Hmeimim, en el noroeste, y el puerto de Tartus, en el sur. Se trata de alrededor de 63.000 soldados rusos involucrados en la campaña de Siria.

 

Breve descripción de las guerras de la OTAN

 

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) emergió, durante los primeros lapsos inciertos de la guerra fría, en 1949 con la firma del Tratado de Washington por parte de Estados Unidos, Canadá y 10 países europeos: Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Islandia y Portugal. En 1999, casi diez años después de la caída del Muro de Berlín, la OTAN admitió entre sus filas a tres exmiembros del disuelto Pacto de Varsovia: República Checa, Hungría y Polonia. Otros países que pertenecieron al antiguo bloque soviético se unieron a la OTAN en 2004: los estados bálticos, Estonia, Letonia y Lituania, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia.

 

Rusia quedó notoriamente molesta por la expansión de la OTAN a los países bálticos, que antes pertenecieron a la Unión Soviética y son vistos desde Moscú como parte de su «exterior próximo». Esa frase, usada comúnmente por políticos rusos, implica que los antiguos estados soviéticos no deberían actuar contra los intereses estratégicos de Rusia.

 

En la cumbre de la OTAN en Gales, Finlandia, que no es miembro, se compromete a firmar un acuerdo como país anfitrión con la alianza de 28 países. Quiere decir que Finlandia prestará a las fuerzas de la OTAN apoyo logístico, aunque no una base, en su territorio. Ningún país de la OTAN tiene una frontera tan larga con Rusia. Suecia también decidió firmar el acuerdo, pero en una fecha aún no establecida. Los dos países nórdicos ya cooperan estrechamente con la alianza y podrían convertirse en miembros en un futuro próximo.

 

A principios de 2008, la OTAN también consideró la perspectiva de una futura membresía a Georgia. El Kremlin lo vio como una provocación directa, lo mismo que los vínculos de la alianza con Ucrania. Recientemente, antes del estallido de la guerra, el primer ministro ucraniano, Arseniy Yatsenyuk, dijo que pediría al Parlamento despejar el camino para una solicitud de adhesión a la OTAN. Una medida similar había sido bloqueada por el expresidente Víktor Yanukóvich, amigo del gobierno de Moscú, derrocado en febrero tras masivas protestas en Kiev.

 

El desarrollo, encabezado por Estados Unidos, de un sistema de defensa contra misiles antibalísticos causó alarma en Rusia. La OTAN arguye que el escudo interceptor de misiles será puramente defensivo, no representa ninguna amenaza a Rusia y su intención es impedir, en el futuro, cualquier ataque con misil de un país problemático. En ese sentido, Irán y Corea del Norte son vistos como amenazas potenciales a la seguridad occidental. La Federación de Rusia dice que esperaba una sociedad de iguales con la OTAN en el desarrollo de ese sistema. Pero esa opción no prosperó y la alianza está comenzando a desarrollar los interceptores de misiles y radares en Rumanía, República y Polonia.

 

En diciembre de 2013, Rusia desplegó misiles tácticos móviles Iskander en su enclave de Kaliningrado, en respuesta al proyecto de la OTAN. La breve guerra de Rusia contra Georgia en agosto de 2008 agrió las relaciones con la alianza.

Durante la guerra, Rusia respaldó a los separatistas en dos regiones secesionistas de Georgia: Osetia del Sur y Abjasia. Rusia demolió a los militares georgianos, que habían tratado de reocupar Osetia del Sur. Rusia envió soldados a Georgia, en algún lugar muy cerca a la capital, Tiflis, y Occidente calificó las acciones de Moscú de desproporcionadas. Posteriormente, Rusia reconoció a las dos regiones como independientes, pero, en realidad se trata de un conflicto congelado, pues no han sido reconocidas internacionalmente. La alianza suspendió el Consejo OTAN-Rusia creado en 2002, posteriormente, en respuesta, Rusia suspendió la cooperación militar con la OTAN. Las relaciones se descongelaron al año siguiente.

 

La Federación de Rusia, una aliada histórica de Serbia, ha apoyado incondicionalmente a Belgrado en el problema de Kosovo. Serbia nunca aceptó la secesión de Kosovo, lograda con ayuda de la OTAN en 1999, aunque acordó no bloquear el camino de su antigua provincia a la membresía de la Unión Europea. Muchos otros países también rechazan la declaración de independencia de Kosovo en 2008.

En resumen, la Federación de Rusia congeló la cooperación militar con la OTAN poco después de que la alianza lanzó en 1999 incursiones de bombardeos a gran escala en Serbia.

Kosovo, mayormente poblada por albaneses étnicos, se separó en una insurrección armada por separatistas, durante la cual la violencia descomunal fue elocuente; se dio a conocer la indignación internacional por la brutalidad de las fuerzas de seguridad serbias. La OTAN intervino cuando los civiles huyeron en masa de los serbios, hacia los países vecinos. Durante esa intervención hubo un tenso enfrentamiento con tropas rusas en la capital, Pristina, que se desactivó rápidamente.

 

En 2007, Rusia suspendió su cumplimiento del Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE). El tratado, que limita la cantidad de equipo militar clave en regiones designadas; fue firmado por países occidentales y exintegrantes del Pacto de Varsovia en 1990. Fue revisado en 1999 para tomar en cuenta a los exsatélites soviéticos que se incorporaron a la OTAN. Sin embargo, la alianza, a diferencia de la Federación de Rusia, se negó a aprobar las actualizaciones, insistiendo que Moscú debía antes retirar las tropas que le quedaban en Georgia y Moldavia.

 

En el reciente periodo del conflicto bélico desatado la OTAN anunció planes para desplegar una fuerza de respuesta rápida de varios miles de soldados en el este de Europa, cerca a las fronteras de Rusia.

La fuerza, compuesta de soldados de los países miembros en rotación, podría ser movilizada en un lapso de cuarenta y ocho horas. Semejante acción socavaría aún más el FACE, aunque la OTAN insiste que la nueva fuerza no tendrá nuevas bases permanentes[1].

 

 

Análisis de la genealogía de la guerra en la historia reciente

 

En lo que se ha venido mencionando en la historia de Ucrania, en la historia del imperio zarista con respecto a Ucrania, después la historia de la URSS con respecto a Ucrania, se han recordado intervenciones genocidas, tanto del imperio zarista, así como del social imperialismo soviético de la era estalinista, sobre todo en pleno periodo de la represión bolchevique contra los campesinos ricos, contra los Kulak, pero también contra los campesinos pobres. Particularmente cuenta para el análisis la represión a los campesinos de Ucrania. Otro hilo a seguir, como se podrá ver, sin olvidar que hay varios hilos a seguir, por lo menos cuando se tiene que hacer la descripción y el análisis de lo que ocurre en la coyuntura álgida de la guerra de Ucrania. Es indispensable tener en cuenta varios hilos de estos tejidos de la guerra actual, desatada en Ucrania; el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Sin olvidar la deconstrucción de los discursos de legitimación de la guerra, que tienen que ver con la propaganda ideológica y mediática, que tienen que ver con la retórica bélica, con la invención de los «argumentos», insostenibles por cierto, que se emiten a través de los medios de comunicación y las redes. Estas prácticas discursivas son efectuadas en ambos bandos. En las cuales se observan desplazamientos y procedimientos de desinformación sobre lo que acontece en la guerra, salvo contadas excepciones de algunos medios más serios, que mantienen un mejor perfil, mas objetivo, por así decirlo, del manejo de  la información y buscando una adecuada descripción de los hechos, buscando lograr la realización de las noticias.

 

Llama la atención en este juego desinformativo de ambos bandos, el lamentable papel de una pretendida izquierda, revolucionarios de pacotilla, que creen que la Federación de Rusia sigue siendo la Unión Soviética. Consideran que se trata de una guerra entre la herencia de la URSS y los estados imperialistas de occidente, olvidando que la Unión Soviética implosionó. Peor aún, olvidando las discusiones que se dieron durante la época de la Unión Soviética, caracterizada como social imperialismo por Mao Zedong, definida como régimen burocrático por León Trotski,  caracterizada como contrarrevolución dentro de la revolución por el anarquismo. Esta “izquierda” oficialista habla como si no hubiera pasado absolutamente nada, como si no hubiera habido una crisis terminal en la Unión Soviética y en los Estados del socialismo real, de la Europa oriental, como si no se hubieran derrumbado estos regímenes burocráticos. De manera irreflexiva, tenazmente, mantienen el cuento de que estamos asistiendo a algo parecido a una lucha de la Unión Soviética contra los imperialismo occidentales. Semejante “argumentación”, por ciento, es insostenible, desde todo punto de vista; desde un punto de vista histórico, desde un punto de vista político, desde un punto de vista sociopolítico. Sin embargo, esta retórica fofa se mantiene contra viento y marea, ciegamente. Se trata de una retórica muerta, emitida como ruido, en la inercia, para convencer sobre la “legitimidad” de la invasión rusa a Ucrania. En todo caso, se trata de una guerra interimperial, de uno de los desenlaces de la crisis inter-imperial, de la crisis de dominación del nuevo orden mundial. En el contexto de la crisis se busca lograr una reorganización geopolítica, entre las potencias que forman parte del centro del nuevo orden mundial. Por un lado, están los países componentes de la OTAN; por otro lado, están la Federación de Rusia y la República popular de China. Ambos bloques del sistema mundo capitalista forman parte la élite de la dominación mundial; se trata de la composición piramidal del orden mundial de las dominaciones, donde se tiene una suerte de aristocracia, después una especia de oligarquía; la cúspide piramidal del orden imperial es defendida por la gendarmería de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norte América.

 

En conclusión, estamos ante una crisis interimperial y uno de los desenlaces de esta crisis. Como dijimos, ninguna guerra  se justifica o ninguna guerra se justifica por sí misma, ninguna guerra es justa.

No se justifica ninguna intervención bélica, tanto de la Federación de Rusia como de la OTAN. No es un argumento la premisa de defensa de la Federación de Rusia, tampoco, ni mucho menos, el pretendido argumento de la defensa de occidente, del Estado liberal, del estilo de vida del sueño americano, convertido en pesadilla. Desde las guerras de Chechenia hasta la guerra de Ucrania los mismos oficiosos publicistas, propagandistas, sin imaginación, llegan al reclamo de por qué se habla tanto de la destrucción en Ucrania y no se habla de la de bombardeo de Gaza, el bombardeo en Siria o los bombardeos en Libia; olvidan que han habido medios y analistas que han criticado esos bombardeos e intervenciones. Por otra parte resulta absurdo decir que si los imperialistas han destruido Siria, Libia y Yugoslavia, además de que el Estado de Israel bombardea Gaza, se justifica que los rusos hagan lo mismo en Chechenia, Georgia, Kazajistán y Ucrania. No se dan cuenta que lo que están diciendo es una barrabasada. Lo único que hacen es evidenciar que ambos bandos se parecen.

 

Estamos ante la emisión de discursos sin contenido argumentativo serio,  que emiten argumentos insostenibles, sin que se inmuten los voceros, ni sonrojen. Como dijimos, hay que entender que se trata de la inercia discursiva, es decir, aunque no tenga sentido repetir y se insista en la mentira, pretendiendo que la mentira se convierta en verdad; la mentira no se transforma en verdad, por más insistencia y repetición que se efectúe. Aunque se logre convencer provisionalmente, solo ocurre de manera imaginaria, lo que no dura mucho tiempo; como dice el refrán popular, la mentira tiene patas cortas.

 

 

Anotaciones sobre la muerte de la retórica, la argumentación

y la ideología

 

El mundo del espectáculo y de la simulación es un acontecimiento imaginario, donde la inercia, es decir, la repetición forzada y el eco mediático, juega un papel en la retórica, en el sentido antiguo de la palabra, en la retórica clásica, por así decirlo; en cambio en la actualidad, cuando esta práctica de retórica ha desaparecido, solo ronda el sentido desgastado de la palabra. Esto es lo que ocurre en la contemporaneidad, se trata de la retórica inútil, pero que es usual en tanto y en cuanto llene un vacío, el vacío de información, el vacío de la descripción y el vacío de análisis. En este caso, la realidad es un producto comunicacional, un producto mediático, un producto virtual, de la desinformación de las redes. Hablamos también de la manipulación, que es lo que único que se habría mantenido como perfil del arte del convencimiento, empero de manera des-contextuada, sesgada, separada del conjunto emotivo y de emisión de la retórica. Cierta forma de manipulación, en el sentido del arte del convencimiento, buscaba lograr la empatía del público del auditorio. En la retórica moderna de lo que trataba es de convencer a través de la imitación de argumentos, aparentemente descriptivos y con pretensiones analíticas, pero que forman parte definitivamente de discursos ideológicos, cada vez más fofos. En el siglo XXI habría desaparecido incluso la ideología, sobre todo en su forma ultimatista, correspondiente al siglo XX, tanto en su versión nacional socialista como en su versión del socialismo real, del estalinismo, así como en su versión del discurso único liberal, que adquiere una connotación apabullante durante la irradiación neoliberal y la aplicación de los proyectos de ajuste estructural. Lo que habrían cambiado son los contextos donde se mueven los «argumentos» insostenibles, que, sin embargo, no dejan de tener impacto. Tienen su impacto no solamente en tanto desinformación, en tanto incomunicación, en tanto fake news, falsas noticias, sino también tienen impacto en tanto y en cuanto llenan un vacío de sentido. Lo que queremos decir es de qué hay un vacío analítico, un vacío descriptivo, un vacío de información, un vacío de objetividad, entonces se llena ese vacío con la simulación de retórica. El vacío es síntoma de la decadencia generalizada, expresa, de una manera alarmante, el alcance de la crisis de la conciencia social e histórica, incluso crisis ética y moral. La cultura como tal, que comprende conglomerados de cultura, memoria y resguardo del sentido, habría desaparecido, es sustituida por  el sistema mundo cultural de la banalidad.

 

Asistimos al desenvolvimiento de una guerra cruenta, sin embargo, ya no hay el esmero en informar propiamente, en emitir noticias como corresponde, incluso en comentar pertinentemente. Durante la primera y segunda guerras mundiales, por lo menos todavía quedaba cierta herencia de la retórica, de la argumentación, de la información, una búsqueda y esfuerzo por la justificación ideológica. Aunque también es el periodo bélico de la bifurcación de esta herencia, pues es cuando comienza a usarse la propaganda partidaria, la publicidad, incluyendo al cine, en gran escala, para convencer a las masas. Sobre todo tratándose de la segunda guerra mundial, cuando se enfrentan los dos discursos de carácter universal, el liberal y del socialismo real, compitiendo también el discurso nacional socialista, el discurso nazi, aunque este no tenga pretensiones universales sino de supremacía nacional.

 

Volviendo al tema, ninguna guerra es justa. No vamos a discutir aquí si la guerra de defensa es justa; la defensa ya supone una guerra desatada, de agresión, que ya ha estallado. Nos referimos a esa guerra, la inicial, aunque la defensa sea justa. La guerra misma no puede ser justa, es una guerra de destrucción, si es que no es de exterminio y, peor aún, cuando nos referimos, desde nuestra propia perspectiva, en el continente de Abya Yala, a las guerras de conquista, que han dado lugar a la incorporación del continente al sistema mundo capitalista o, mas bien, dicho apropiadamente, con las guerras de conquistas en el continente de Abya Yala se ha conformado el sistema mundo capitalista, se ha constituido globalmente el modo de producción capitalista. A partir de la conquista del continente de Abya Yala, a partir de la colonización y la esclavización generalizadas. En consecuencia, en vez de retórica, lo que tenemos no es tanto un esfuerzo por convencer sino esfuerzo por mantener el ruido en el ámbito de la inercia. Cuando los desplazamientos fácticos, las violencias bélicas, se dan sin la necesidad del esmero discursivo, el discurso viene después, de una manera improvisada. No hay un esfuerzo por convencer, el arte de la argumentación, tampoco hay alguna intención de parar la acción bélica, sino que mediante el discurso mediático se buscar una cierta “legitimidad” imposible. La guerra no es legítima, si no es justa no es legítima, mucho menos cuando se trata de la invasión. No nos referimos solamente a la reciente invasión de la Federación de Rusia a Ucrania, sino que tenemos en cuenta la recurrencia anacrónica a la geopolítica por parte de los bandos involucrados. Tanto de la OTAN, que a pesar de finalizar la guerra fría ha mantenido su inclinación geopolítica de control territorial y de expansión, así como de la Federación de Rusia, que no esconde su anacrónica inclinación geopolítica, emitiendo un discurso imperial de proyecto hegemónico cultural, por lo menos eurasiático. En este contexto de concurrencia geopolítica hay que incorporar a la primera potencia económica, a la República Popular de China. En resumen, ninguna de las potencias involucradas  han salido de los juegos geopolíticos, sino que los mantienen y los extienden; en el caso de la República Popular de China, imprimiendo su propio sello asiático. En otras palabras, hay que comprender y entender la guerra de Ucrania como parte de estos juegos de poder de los señores de la guerra del capital, juegos geopolíticos.

 

Hemos dicho que estamos ante “argumentos” insostenibles, correspondientes a discursos de inercia, en un contexto de decadencia posmoderno, en una guerra anacrónica, de una conflagración sin horizontes. Se trata de la concurrencia interimperialista o, mas bien, mejor dicho, interimperial, sin embargo, hay que evaluar las dinámicas complejas inherentes de la guerra. No atenerse tanto a los “argumentos” insostenibles vertidos de este discurso de inercia, sino intentar hacer un análisis desde la perspectiva de la complejidad de la guerra, en el caso que nos ocupa, de la guerra de Ucrania, aunque también de las guerras anteriores de la historia reciente.

 

Parece menester volver a las teorías nómadas, que son parte de episteme compleja, es decir, del pensamiento complejo. Habíamos dicho que el modo de producción capitalista, que forma parte, como contenido nuclear metodológico, del sistema mundo capitalista, contiene implícitamente la estrategia de producción por la producción; pero, también se trata del modo de antiproducción. El capitalismo se desarrolla destruyendo no solamente los ecosistemas, no solamente los cuerpos, que se someten al trabajo, en principio a la esclavización generalizada y después a la esclavización encubierta, que es el trabajo que se da sobre todo en las periferias del sistema mundo capitalista, sino también por que recurre a la guerra como procedimiento de destrucción. Destrucción de lo que tiene como stock, que no puede venderse, debido a la crisis de sobreproducción, destrucción de ciudades y genocidio de poblaciones. La destrucción del stock es parte de la rehabilitación del desarrollo del modo de producción capitalista.

 

Hay que tener en cuenta no solamente las fenomenologías de los espesores territoriales, que tienen que ver con el referente de las teorías nómadas, en un devenir territorialización, devenir desterritorialización y devenir reterritorialización. Se observa que el capitalismo responde a la desterritorialización, en un nivel superior a la desterritorialización dada en el imperio antiguo, empero se produce también una reterritorialización institucional cuando se reinstaura el Estado oriental, en pleno desarrollo del modo capitalista, en la forma de Estado nación, Estado liberal, que es el Estado moderno, incluyendo sus deformaciones y adulteraciones. Sobre todo después, con el desborde geopolítico del imperialismo, que articula perversamente Estado y capital financiero, en una escala de expansión mundial. Podemos comprender las contradicciones actuales en la guerra de Ucrania, cuando, de manera anacrónica, se reviven las figuras del imperialismo, las figuras del imperio antiguo y la figura de un imperio posmoderno restringido, a una parte de este conglomerado de las dominaciones, como hemos escrito en El eterno retorno de la guerra.

 

La estrategia de la antiproducción, que supone la guerra, para reanimar, paradójicamente, la producción, se relaciona con la antipolítica, en plena era del espectáculo y de la simulación. Al respecto, vamos a traer a colación la tesis de los flujos dinerarios, como parte de la fenomenología de la fetichización generalizada, sobre todo de la máquina fabulosa de la fertilización, que es la ideología. Decimos que la economía, en tanto ideología, corresponde a distintos flujos dinerarios. Incluso podemos distinguir flujos dinerarios de acumulación respecto de flujos dinerarios de compra y venta, de pago, que sirven también para pagar salarios ysueldos. Esta diferencial de flujos dinerarios se recicla nuevamente o vuelven a los flujos dinerarios de la acumulación, que es propiamente la valorización del capital. Existe el dinero fluido en contraposición al dinero de compra, esta distinción es importante porque implica distintas cualidades, distintos espacios, en los que se mueven estas cualidades y, por lo tanto,exigen distintas cuantificaciones. No son lo mismo, el salario no es capital y no es susceptible de capitalizarse, puesto que sirve como dinero de compra de bienes de consumo. En cambio el capital, el flujo de capital, la acumulación, la valorización, la plusvalía, es inmediatamente el capitalizable, es eso valorización dineraria. Solo el flujo dinerario capitalizable se valoriza. El salario y el sueldo vuelven al flujo dinerario capitalizable, una vez que se invierten, una vez que compran, una vez que se gastan en bienes de consumo. Se integran y se articulan los distintosflujos dinerarios; esta integración hace al capital. Es en esta articulación integrada del capital que tenemos que comprender la producción o la destrucción del capital, el stock de capital.Destrucción que tienen que ver con estrategias o desenlaces desde la salida de la crisis de sobreproducción, donde la guerra forma parte del modo de producción capitalista, forma parte del sistema mundo capitalista, no solamente como geopolítica, sino como parte del ciclo de la acumulación de capital. La guerra es de parte del ciclo de la valorización, que supone, paradójicamente, la muerte de parte del stock, para poder nuevamente habilitar o liberar los flujos de capital., para lograr nuevamente la acumulación. No hay que olvidar que la guerra forma parte del modo de producción capitalista, entonces falta entender a cabalidad que la guerra forma parte de el sistema mundo capitalista. Supone la destrucción que anima nuevamente la producción misma; solo así se da lugar a valorización.

 

 

Análisis de la guerra desde una mirada retrospectiva

 

Hablando de guerra, del eterno retorno de la guerra, del enunciado criticado por nosotros,enunciado evidentemente inherente a las distintas conceptualización, que se puedan haber hecho, que es el enunciado de la guerra justa, tenemos que tomar en cuenta otras guerras. Por ejemplo, las guerras que se han dado en las periferias del sistema mundo capitalista, particularmente no podemos olvidarnos de las guerras largas, que tienen que ver con la guerra de guerrillas, por ejemplo, en Colombia, que ha durado más de cuarenta años, solo considerando la guerra de guerrillas de las FARC. Si tomamos en cuenta otros escenarios, otros contextos, otras coyunturas, además de otros proyectos y desplazamientos de ejércitos guerrilleros en Colombia, podemos hablar de más de medio siglo, hasta, incluso, podemos hablar de los cien años de soledad, que hacen de referencia temporal de la novela de Gabriel García Márquez. Se tienes que tener en cuenta estas guerras, puesto que en estas guerras está involucrada la geopolítica de los Estados Unidos de Norteamérica, que, concretamente en Colombia, ha promocionado a los grupos paramilitares y al narcotráfico, sostienen al gobierno gamonal y al Estado narco de Colombia, tanto en las versiones de Álvaro Uribe, así como de Iván Duque. Otras guerras de guerrillas como las dadas en Nicaragua, que incluye la guerra de los “contras” contra la revolución nicaragüense. Ahora ha desaparecido la revolución, ahora lo que tenemos es un esquema paradójico y dualista de poder, simétrico y similar. En ambos lados, por un lado y por el otro, los supuestos enemigos, gobierno de derecha y gobierno de izquierda, tenemos a narco-Estados; ambas estructuras de poder se parecen, aunque no necesariamente en el discurso, donde se diferencian los perfiles políticos, pero solo en la apariencia ideológica. El Estado de Colombia y el Estado Bolivariano de Venezuela corresponden a similares  estructura de poder, comparten una parecida estructura del lado oscuro del poder.

 

Tomar en cuenta estas guerras amplia el panorama y la temporalidad, así como la cromática de la guerra. Nos da una perspectiva mucho más amplia y aguda de lo que estamos hablando. Incluso Podemos contar con una mayor perspicacia con relación a la guerra de Ucrania. Abordar mejor el análisis del presente a partir de una mirada retrospectiva del pasado. Al referirnos a las guerras previas a la guerra de Ucrania, a la genealogía de la guerra desde los tiempos del imperio zarista, habíamos hablado de los hilos de la guerra de la Federación de Rusia, desde las guerras de Chechenia hasta la guerra de Ucrania. Así mismo habíamos hablado de las otras guerras, en las que se involucraron la OTAN y los Estados Unidos de Norteamérica. La primera y la segunda guerra del Golfo, la intervención punitiva, bélica y destructiva en Libia, incluso los eventos bélicos que se han desatado en el Líbano, una guerra intermitente y larga, lo que sucede en la reciente ocupación de Irak, el mapa de enfrentamientos con con el ejército fundamentalista del Estado Islámico. Con estas ampliaciones con otros hilos del tejido del entramado bélico. Las intervenciones de los Estados Unidos de Norteamérica y de sus agencias de inteligencia, sus conspiraciones y sus maniobras secretas, que se conforman en la época en de la guerra fría, vinculadas a golpes de Estado, además de otro tipo de sabotajes. Si bien se pueden considerar desplazamientos   en el contexto contemporáneo, modificando los estilos políticos, cierta incumbencia perversa no ha cambiado, por ejemplo, en lo que respecta a lo que acabamos de decir, al apoyo norteamericano al gobierno conservador de Duque y al narco-Estado de Colombia. Como se verá hay varios hilos con relación a la genealogía de la guerra. Tomando en cuenta el arte del tejido en el análisis podemos intentar una interpretación compleja de la guerra, a su vez, más completa de la guerra, de la historia de la guerra, de la genealogía de las guerras, de sus diferencias y singularidades, de sus matices contextuales, efectuando una interpretación más cabal de la guerra de Ucrania.

 

Podemos decir, lanzando hipótesis interpretativas, que no solamente hay guerras en la historia moderna, sino que la guerra es parte intrínsica de la historia moderna, la guerra es parte intrínseca del desarrollo capitalista. Lo hemos dicho, sin embargo, lo que queremos hacer es insistir y remarcar más en esto, hasta convertirlo en otro tipo de enunciación. Hablamos de que la historia es la historia de la guerra, aunque suene un tanto exagerando, dibujando una figura extrema, pero esta exageración, esta figura extrema, nos podría ayudar hacer una mejor interpretación de lo que está ocurriendo. Es como si dijéramos que no podemos salir de la guerra, la guerra está íntimamente vinculada la civilización moderna, a la misma existencia del sistema mundo capitalista; la guerra es intrínseca a la geopolítica del sistema mundo capitalista, al modo de producción capitalista y, como hemos dicho anteriormente, al modo de destrucción capitalista, que tiene que ver con la guerra. Se trata de una forma de volver habilitar la gestión de la valorización, de la acumulación ampliada de capital; entonces no solamente se trata de una crítica de la razón de Estado, de la irracionalidad de la guerra, de la crítica de la crisis interimperial, de sus múltiples disputas y distribuidas conflagraciones, así como concurrencias por la jerarquía de la dominación mundial en el orden global. Se trata de algo estructural, algo inmanente a la estructura misma del sistema mundo capitalista y del modo de producción capitalista, que tiene que ver con la guerra; no solamente con la competencia, que es lo que mitifica el discurso neoliberal, sino con la guerra misma, la competencia extrema como guerra. La guerra no solamente está en el horizonte, en la proyección histórica, no solo que es intermitente, tampoco solo está en los ciclos largos del capitalismo, sino que la guerra es una especie de inmanencia, abusando del término, es esencial; como si dijéramos que estamos en un modo de producción maldito, para jugar con esa figura la civilización moderna maldita. Un sistema mundo capitalista maldito, que constantemente va a hacer emerger desde adentro de la guerra. No se puede escapar de la guerra.

 

Lo que decimos es importante incluso como consecuencia en términos operativos. De alguna manera se puede disponer de esta perspectiva como crítica a los que se apegan, de manera inocente, a la diplomacia, como si pudiera detener la guerra o las estrategias políticas internacionales, como si pudieran detener la guerra las normas internacionales, las buenas intenciones y exigencias, que garantizan distintos organismos internacionales, incluso involucrando a los gobernantes implicados en la guerra. No es un problema de voluntades, se trata de la inmanencia estructural y de la estructura inmanente al sistema mundo capitalista;por lo tanto, parar la guerra implica parar al sistema mundo capitalista, suspenderlo, mejor clausurarlo.

 

La guerra como núcleo inicial del nacimiento del Estado

 

Volviendo al tema de la guerra, a la crítica de la guerra como acontecimiento inherente, inmanente al modo de producción capitalista, al sistema mundo capitalista, e incluso a las civilización moderna, vamos a acordarnos de aquellas tesis de las teorías nómadas que interpretan la deuda infinita como la inoculación del primer acto de dominación, propiamente dicho. Por parte, como acto inaugural de inscripción inicial del déspota, la encarnación misma de la deuda infinita, del acreedor absoluto del pueblo, de los pueblos encerrados en el imperio. La moneda es, desde ya, desde sus orígenes, una invención del Estado, más que ser una invención del mercado. La clave del nacimiento de la moneda es el tributo, no como piensa la economía política y como piensa la economía clásica, atribuyéndole al mercado y al intercambio el nacimiento de la moneda. No es así, desde la perspectiva de las teorías nómadas; la moneda es una invención del Estado para pagar el tributo, para facilitar la cuantificación del tributo; primero tributo en especie, luego tributo monetario. La misma es una materialización, la anticipación  del rostro del déspota, es el sello del poder. El poder que recorre con la  circulación monetaria, que atraviesan los mercados los circuitos y los intercambios, apoderándose de parte de la energía social, convirtiendo esa apropiación en huella de expropiación, a través  del tributo. Estamos hablando de la moneda como mecanismo del tributo, pero también estamos hablando de la moneda como sello del déspota del imperio. Por donde circula la moneda es por donde se extiende el imperio, incluso donde irradia el imperio, extendiéndose, yendo más allá de sus fronteras. De esta modo, de alguna manera, podríamos deducir también, interpretando especulativamente, que el mercado es una invención del Estado despótico, es una invención del imperio. No es que nace el mercado, en la libre gestión y determinación de los usuarios, de los vendedores y compradores; otra invención, otro mito liberal, otro mito de la economía política y de la economía clásica y neoclásica, mito heredado por la economía neoliberal.

 

Es el estado que está al inicio de estas genealogías e historias, sobre todo de la historia del modo de producción capitalista. ¿Cómo nace el modo de producción capitalista? El marxismo concibe el modo de producción capitalista como parte de la liberación de fuerzas, establecimiento de un contrato económico, entre propietarios no trabajadores y trabajadoras no propietarios; esta tesis forma parte del mito liberal. Marx no deja de ser liberal en este tipo de tesis, olvida que se da antes el nacimiento de dominación, el nacimiento de poder, que da lugar no solamente al mercado, no solamente el tributo, sino al mismo modo de producción capitalista; el modo de producción capitalista supone no solamente lo que dice Marx, una masa crítica monetaria, que se transforma de dinero, a partir de un punto de inflexión, en capital, sino que supone el monopolio de los medios de producción. Monopolio, que, de por sí, es ya una dominación. Desde la descripción de la historia del capitalismo, el capitalismo tiene que ver con la metamorfosis de los terratenientes, que se desplazan socialmente, siendo nobles se convierten en burgueses, contando con su monopolio de la tierra,  convertido en monopolio dinerario, en monopolio de capital y en monopolio de medios de producción. Estos nacimientos no pueden ser olvidados, de ninguna manera, sin embargo, lo que nos interesa fundamentalmente es que se produce una nueva desterritorialización con el nacimiento del capitalismo. Concebido metafóricamente como desierto, cuando se produce la decodificación extrema. Se da lugar como una liberación de fuerzas, una suspensión de la instituciones, cuando todo lo sólido se desvanece en el aire. Empero, de manera paradójica, aterradas por este desborde vertiginosos de la modernidad temprana, las clases privilegiadas, en este caso monopólicas, no quieren perder sus privilegio; son estas clases dominantes las que restauran el Estado. En consecuencia, jugando con nuestra propias hipótesis especulativas, el nacimiento del modo de producción capitalista, como tal, se da lugar en un momento de ruptura, de crisis del antiguo régimen, del viejo Estado, momento donde se suspende el Estado mismo y sus instituciones; la vertiginosidad desbordante de la modernidad temprana podía haber dado lugar a otra forma de sociedad y civilización, quizás transcivilización, sin embargo, las clases dominantes, aunque aburguesadas, no podían soportar esta situación y este devenir, prefirieron dar marcha atrás y restaurar el Estado, para garantizar la génesis de los monopolios.

 

No es pues la liberación de fuerzas lo que da lugar, propiamente, al modo de producción capitalista, sino la restauración de los monopolios y el retorno al Estado en su forma moderna, en su forma de Estado nación.

 

La genealogía del Estado moderno pasa por distintas formas, de Estado territorial, soberano y, a la vez, policial, se pasa al Estado disciplinario, propiamente moderno, después se pasa a la forma de Estado flexibilizado, en el contexto del diagrama de poder del control, cuando el objeto del poder ya no es el territorio, no es el cuerpo para disciplinar, sino la población. Hablamos de una forma de Estado de control, aunque también de simulación, cuyos efectos de masa son notorios, hablamos de los efectos estadístico de las políticas de población. El mecanismo apropiado de estas políticas es la institucionalización de la cuantificación demográfica. Con la forma de Estado del control, donde las políticas tienen efectos masivos, efectos estadísticos,entramos a la biopolítica, en el sentido que le da Michel Foucault. En sentido más preciso, Negri y Hardt, diferencian biopoder de biopolítica, siendo el biopoder la máquina de poder, siendo la biopolítica la espontaneidad y creatividad social.

 

Constatamos la genealogía del Estado, entonces nunca habría desaparecido el Estado, siempre estaba ahí, nunca se ha dado una especie de interregno, de paraíso social, donde habría desaparecido el Estado, salvo en el momento mismo, fugaz, de su suspensión, en pleno vacío de las instituciones cuestionadas e interpeladas. El Estado se suspende momentáneamente  para retornar monstruosamente. El Estado nace en el oriente, sabemos que se forman también ciudades Estado, por ejemplo en Grecia, pero todo esto no es pensable sin esa concepción territorial, que sufre la desterritorialización. Desterritorialización soberana, en tanto hablamos del soberano, del supremo, que es el déspota. No habría desaparecido el Estado con los desplazamientos de desterritorialización capitalista.

Volvamos a la hipótesis de la guerra de conquista, la guerra inicial, de instauración de la dominación, de invasión, de anexión y de expansión, que supone el monopolio simbólico de la nobleza o de un clan, convertido en una dinastía. Entonces el núcleo del Estado no es exactamente el Estado de excepción, como habíamos supuesto anteriormente, en otros ensayos y otras hipótesis interpretativas, sino que el núcleo del Estado es la guerra. No es un Estado de excepción porque para que haya Estado de excepción ya tiene que haber habido un Estado, en el sentido jurídico jurídico político; tiene que haber habido la ley, para que se decrete la ley de excepción. La guerra no es una ley, la guerra es un acontecimiento, en consecuencia, el acontecimiento inicial del Estado es la guerra.

 

[1] Leer de Laurence Peter Cinco conflictos que han enfrentado a la OTAN con Rusia. BBC.

 

El eterno retorno de la guerra

El eterno retorno de la guerra

Raúl Prada Alcoreza

 

 

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Vamos a intentar hacer un análisis correspondiente a la recientes crisis bélica en Europa, que compromete a la Federación Rusa y a la República de Ucrania, de manera directa, pero también compromete a la OTAN y a la República Popular de China, en acuerdo con la Federación Rusa y los gobiernos que apoyan a Vladimir Putin, en su acción de invasión a Ucrania. Entonces, compromete, si ustedes quieren, al mundo, pues como posibilidad incierta aparece la tercera guerra mundial; por lo tanto no estamos hablando de poca cosa, ni tampoco de una coyuntura cualquiera de la crisis múltiple de el Estado nación y del orden mundial, del imperio. Sino estamos hablando de una crisis altamente peligrosa por las consecuencias bélicas que se pueden desprender. En este sentido, nos interesa intentar un análisis de lo que está ocurriendo en Europa, desde la perspectiva de la complejidad. Para tal efecto, vamos a lanzar algunas hipótesis interpretativas y establecer algunas herramientas de análisis que nos permitan la interpretación de este reciente acontecimiento bélico.

 

 

Hipótesis

 

Asistimos a una coyuntura convulsa y peligrosa, en plena crisis de la civilización moderna, en plena crisis desenvuelta del imperio, del orden mundial de las dominaciones y, obviamente, en plena crisis desplegada del Estado nación; en consecuencia, crisis múltiple, a la que podemos denominar correspondiente  a la clausura del ciclo largo del capitalismo vigente, bajo la hegemonía de los Estados Unidos de Norteamérica. Lo que pueda venir después, corresponde a las conjeturas. Una de las apreciaciones o estimaciones establecidas por Giovanni Arrighi, en el Largo siglo XX, fue de que, después de la clausura del ciclo largo del capitalismo vigente, posiblemente ingresaríamos a otra hegemonía, relativa a otro ciclo largo del capitalismo, bajo la jerarquía de otro predominio. En este caso la probabilidad era de que China se haga cargo de esta hegemonía; sin embargo, lo que establece como hipótesis lo hace en términos suspensivos, como incógnita, puesto que también se encuentra en la posibilidad de la clausura definitiva de todos los ciclos largos del capitalismo, que consideró a Arrighi en el Largo siglo XX, vale decir el ciclo largo genovés, el ciclo largo holandés, el ciclo largo británico y el ciclo largo de los Estados Unidos de Norteamérica. En consecuencia ya no habría más ciclos largos del capitalismo, entraríamos a otro horizonte histórico, político y cultural.

 

Considerando este panorama o, si ustedes quieren, este escenario presente, relacionado a la reciente crisis bélica europea, el mismo puede interpretarse a partir de este contexto. Desde esta perspectiva, se trataría, entonces, de desesperados intentos histórico-políticos y jurídico-políticos e histórico-institucionales-políticos, de alcance mundial, por mantener la hegemonía, mejor dicho el dominio global logrado. En otro caso, de dar lugar a la emergencia de otra hegemonía, mejor dicho, otro dominio; empero, cualquiera de estas dos alternativas, inclusive las dos en pugna, mantenidas paralelamente y en contraste, se dan, definitivamente, en pleno crepúsculo de la civilización moderna;  por lo tanto, en plena clausura del sistema mundo capitalista, lo que le da de por sí otro carácter a la interpretación del acontecimiento bélico reciente europeo. En consecuencia tenemos:

 

Pon un lado, a la Federación Rusa, que vive esta crisis, que hemos denominado crisis múltiple de la civilización moderna, del sistema mundo capitalista y del Estado nación, con la singularidad propia que corresponde. Hablamos de la genealogía de los diagramas de poder y las estructuras de dominación, que se han dado en esta parte del continente euroasiático, desde los comienzos mismos de la modernidad. Hablaríamos de la consolidación del imperio zarista, basado fundamentalmente en un Estado aristocrático, en una monarquía altamente centralizada, sostenida, en sus perfiles personalizados, en una nobleza extensa, propietaria de la tierra, vinculada a la religión ortodoxa y también vinculada al ejército imperial, así como a un sistema extenso y burocrático, relacionado tanto a la nobleza como a esta burocracia estatal. Estos dispositivos y esta composición anacrónica habría entrado en una suerte de decadencia, en un contexto mundial de alta pujanza y desarrollo del ciclo de capitalismo vigente. En realidad, dos ciclos marcados, desde entonces, el nacimiento de la formación social en cuestión, hasta ahora; uno de ellos tiene que ver con la hegemonía británica y el otro tiene que ver con la hegemonía norteamericana. Se puede anotar también las hegemonías, mejor dicho dominios,  anteriores que hemos mencionado. Entonces la formación social e histórica euroasiática se desenvuelve, en esta parte del mundo, en esta parte del continente eurasiático en términos de las composiciones y dispositivos de poder de la dominación  del régimen zarista. Estaríamos hablando, de manera clásica, por así decirlo, de la forma imperio antigua, es decir, de esta formación basada en la desterritorialización formal, que se instituye y se constituye sobre la base del aparato burocrático y administrativo de un modo administrativo tributario. El imperio zarista se habría desarrollado sobre intermitentes conquistas, guerras de conquista, pero también de alianzas territoriales y de noblezas, así como de alianzas entre conformaciones guerreras, como la de los tártaros. El imperio zarista se habría sostenido sobre la legitimidad religiosa, el ritual, la ceremonialidad y el simbolismo de la iglesia ortodoxa cristiana. Es esto lo que está en el sustrato de la genealogía del poder de la formación social eurasiática rusa. Lo que Max habría considerado, desde la perspectiva de la crítica de la economía política, el modo de producción asiático.

 

El imperio zarista se hunde en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. Ya la revolución de 1905, revolución democrática, vanguardizada por obreros y quizás por los primeros soviets o antecedentes del soviet. El 9 de enero de 1905, día conocido como Domingo Sangriento, hubo una marcha pacífica de protesta de obreros en San Petersburgo. El objetivo de la marcha era entregar al zar una petición de mejoras laborales. Iba encabezada por un sacerdote, el clérigo Gueorgui Gapón,  explícitamente no respondía a alguna reivindicación política clara; se trataba fundamentalmente de una marcha obrera y campesina, además de familias pobres. En la marcha los obreros y campesinos, además de las familias,  avanzaban llevando íconos religiosos y cruces; marchaban desarmados.

 

La manifestación fue cruentamente reprimida por soldados de infantería y tropas cosacas, apostados enfrente del Palacio de Invierno. Estas tropas dispararon sucesivas descargas de fusilería contra la multitud desarmada, para después perseguir por calles y avenidas a los sobrevivientes, fusilando durante un prolongado lapso, cobrándose un número grande de víctimas, muertos, heridos y desaparecidos. Los periódicos de entonces hablaron de al menos dos mil muertos, entre hombres, mujeres y niños, más un número indeterminado de heridos. El zar Nicolás II no se encontraba en la ciudad; la había abandonado temiendo por su vida. Cuando se difundieron las noticias de la sangrienta represión política en la capital, se generó una oleada de protestas en toda Rusia. Se dio lugar al divorcio definitivo entre el zar y el pueblo, la masa de campesinos y obreros, además de las familias pobres. El pueblo ruso que sale a la plaza del Palacio de Invierno a encontrarse con el Zar, el padre Zar, encuentra la masacre. Los cosacos responden con fusilería, perpetrando una masacre sangrienta. Durante la revolución se demandó la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

 

En pleno desenlace de la  primera guerra mundial, el aparatoso imperios zarista se hunde estrepitosamente, arrastrando a un ejército anacrónico, no modernizado. En el contexto económico se cuenta con una industria manejada por el capital europeo, con una burguesía incipiente, una nobleza decadente, teniendo, en el contexto social, la emergencia de la efervescencia campesina. En el frente de guerra, congelado, detenido, postrado dramáticamente en las trincheras, se forman organizaciones de contrapoder, de carácter socialista revolucionario, social demócrata y también anarquistas. Estas organizaciones clandestinas se van a oponer a la continuación de la guerra, van a pedir la paz. En febrero de 1917 se desata la revolución soviética, soldados, obreros y campesinos armados toman los cuarteles, las ciudades, los ferrocarriles y las fábricas; en este contexto se convoca a la Asamblea Constituyente. Dos meses más tarde es difundida la tesis de Lenin, la conocida Tesis de Abril, que proclama todo el poder a los soviet. Hay que tener en cuenta que la revolución ya estaba dada, a principios del año. En esta coyuntura se procede a la persecución de los llamados bolcheviques, que son una escisión del partido social demócrata, que disputaban el mando del partido con los llamados menchevique. En octubre se da un golpe de Estado, tal cual lo define León Trotski en la Historia de la revolución rusa; golpe de Estado contra la Asamblea Constituyente y contra el gobierno de Aleksándr Kerensky. Los bolcheviques toman el poder y se instaura un gobierno socialista, en cuyo sustrato se encuentran los soviets armados, donde no eran mayoría los bolcheviques sino los social revolucionarios y anarquistas. El golpe contra la Asamblea Constituyente y contra el gobierno de Kerensky se da lugar en las condiciones y situación que puede ser definida como de la pugna de los bolcheviques por el control de los soviets. En ese contexto crítico de la emergencia de la revolución proletaria y campesina se da lugar la intervención imperialista contra la Patria Socialista, lo que se va a conocer como guerra civil de los rusos blancos contra la República de los Soviets. En esta álgida coyuntura los soviets, tomando en cuenta el pedido del Partido Comunista, van a transferir provisionalmente el mando al Partido Comunista y al Comité Central del Partido Comunista; por lo tanto, se da la transferencia de poder al gobierno bolchevique, con el objeto de enfrentar la emergencia de la guerra civil, con el compromiso de que, una vez terminada la guerra, si se ganaba la misma, el gobierno bolchevique, el Partido Comunista, por tanto el Comité Central, devolverían el poder a los soviets. Después de la victoria del ejército rojo contra los rusos blancos, contra los ejercicios de intervención imperialistas, no se deriva, como se esperaba, en la devolución del poder a los soviets, sino, al contrario, se cae en la concentración del poder en el Partido Comunista, en el gobierno bolchevique y en el Comité Central.

 

Lo qué viene después es historia conocida. Posteriormente al atentado que sufre Lenin y sobre todo después de su muerte, teniendo en cuenta además que gran parte de los militantes del Partido Comunista, formados y templados, terminan muertos en plena guerra, dejan un vacío notorio. Quedando prácticamente el control del aparato burocrático del gobierno revolucionario en manos de los funcionarios. Se da lugar, entonces, a una situación adversa a la militancia curtida en la lucha, en el exilio y en la resistencia, cayendo el control efectivo de los engranajes del poder en la burocracia administrativa, una burocracia afín a Joseph Stalin, un miembro gris del Comité Central del Partido Comunista. A la muerte de Lenin la pugna de la herencia del mando del Comité central se da entre Joseph Stalin y León Trotsky. Trotsky pierde esta pugna, aunque no solamente León Trotsky, quién fungió de organizador y conductor del ejército rojo victorioso en la guerra civil, sino también todo el resto del Comité Central. Salvo Joseph Stalin, todo el Comité Central es asesinado por mandato y órdenes de Joseph Stalin. En consecuencia, lo que se conforma corresponde a la instauración de un inmenso imperio socialista, heredero del imperio zarista, bajo el nombre de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que de soviéticas solo tienen el nombre. Se conforma y reconstituye, recurriendo a la interpretación de Karl Kautsky, el modo de producción asiático, de ninguna manera se desarrolla una revolución por etapas, que cumple con las tareas democráticos burguesas pendientes y con el desarrollo capitalista faltante, para dar lugar a las condiciones de posibilidad histórica de un modo de producción socialista; mucho menos se da una revolución permanente, como la propugnada por Trotsky, si no se da una regresión y unas restauración barroca de una forma de gubernamental burocrática. Desaparecida la burguesía y la nobleza, la que sustituye a la burguesía y a la nobleza es la burocracia del Partido Comunista. Emerge, entonces, un anacronismo monstruoso, que hemos llamado una monarquía socialista. Que lo primero que hace es restaurar la represión del Estado contra las vanguardias de la revolución. El caso más conocido es la represión a los marineros Kronstadt, vanguardia de la revolución rusa, quienes demandaron la devolución del poder a los soviets, el retorno a la democracia obrera, es decir de la democracia de los soviets. La respuesta de Lenin a esta demanda, legitima y acordada, es mandar al rojo a reprimir a los marineros de Kronstadt; se perpetra la masacre de la vanguardia de la revolución, masacre conducida por Trotsky. Este es el comienzo del gran retroceso, de la regresión y de las restauración del fantasma mismo del imperio zarista, bajo el nombre y la legitimidad de una supuesta revolución socialista. Que a los ojos de los partidos comunistas y de la tercera internacional se va a presentar como la Patria Socialista, no solamente del proletariado ruso sino del proletariado de todo el mundo. No solamente asistimos a una paradójica situación, una contrarrevolución dentro de la revolución, sino a una impostura del tamaño del mundo, que ya se encuentra en pleno proceso de globalización. ¿Adónde apuntamos con este recuento? Que en este contexto se preparan las condiciones de posibilidad, setenta años después de la revolución, para un segundo hundimiento de la forma imperial restaurada, al hundimiento del socialismo real, del socialismo de la burocracia del Partido Comunista, por lo tanto, de un impostura del tamaño gigantesco del mundo moderno.

 

 

Descripción

 

Entonces la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se efectúa entre 1990 y 1991. corresponde a la desintegración de las estructuras políticas federales y el gobierno central de la URSS, que derivó en la independencia de quince repúblicas; independencia dada entre el 11 de marzo de 1990 y el 25 de diciembre de 1991. En estas condiciones se acordó el Tratado de Belavezha, que corresponde a un acuerdo internacional firmado el 8 de diciembre de 1991, por los presidentes de la República Socialista de la Federación Soviética de Rusa, la República Socialista Soviética de Ucrania y la República Socialista Soviética de Bielorusia; firmaron el acuerdo  Borís Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislav Dhushévich, en la reserva natural de Belovézhskaya Puscha. La firma del Tratado fue comunicada por teléfono al entonces presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. Con la firma del Tratado se declara la disolución oficial de la URSS, poniendo fin a la vigencia del Tratado de Creación de la URSS.  

 

El periodo de Yeltsin a Putin es un periodo de inestabilidad gubernamental y de evidente crisis de legitimidad que, no está demás decirlo, corresponde a la crisis ideológica, también a la crisis de la misma formación social euroasiática. Ciertamente, después de la muerte de Stalin, también se puede hablar de una crisis ideológica, pero se trata, en este caso, de una crisis distinta y en un contexto diferente; hablamos de la crisis del Partido Comunista, crisis diferida, encubierta y silenciada por los aparatos ideológicos de la burocracia, que gobierna la URSS y por la llamada Tercera Internacional. Crisis distinta a la crisis del imperio zarista, que es como el sustrato genealógico de lo que no deja de ser un social imperialismo, tal como definía a la Unión Soviética Mao Zedong. En el ciclo largo, tenemos entonces dos crisis ideológicas y de legitimación, en contextos distintos y en situaciones diferentes, lo que equivale a interpretarlas de manera distinta y diferente.

 

No hay que olvidar la crisis de gobernabilidad del imperio zarista, sobre todo evidenciada al principio del siglo XX y arrastrada a largo de la década, que viene después de la revolución de 1905, revolución social y política que no toma el poder pero deja al régimen zarista carcomido por dentro y, prácticamente, sin cimientos sólidos para sostenerse; solo ocurre, por así decirlo, la reforma superestructural, se conforma una monarquía constitucional. Por eso la crisis de la primera guerra mundial deriva en el derrumbe del imperio zarista.

 

En la perspectiva histórica tenemos tres crisis en tres contextos diferentes, si consideramos la crisis actual del régimen híbrido, que terminó armando Vladimir Putin. ¿Se trata acaso de un nuevo estilo de crisis de legitimidad, de crisis ideológica, además de crisis degubernamentalidad? Para responder esta pregunta no podemos olvidarnos de la primera y la segunda guerra de Chechenia dónde se pone a prueba el ejército de la Federación Rusa, que a duras penas logra tomar la capital de Chechenia, Gozni. Tampoco podemos olvidarnos de la guerra de Georgia, llamada también a guerra de Osetia del Sur de 2008, que fue un conflicto armado entre Georgia, por un lado, y las repúblicas prorrusas de Osetia del Sur y Abjasia, interviniendo la misma Federación de Rusia, por el otro lado. Empezó el 7 de agosto del 2008. Los combates se iniciaron en Osetia del Sur, con la Batalla de Ysjinval,  y se extendieron posteriormente a otras regiones de Georgia y al Mar Negro. 

 

Se dice que la estabilidad es un logro de Putin.  Durante los gobiernos de Putin se moderniza el ejército, se recupera la capacidad del complejo militar tecnológico y científico, se restablece su presencia geopolítica, sin embargo la Federación de Rusia no deja de ser una potencia disminuida, comparada con la situación de la URSS en el mundo,  a pesar de sus intentos desesperados de intervención geopolítica en el mundo, por ejemplo en Siria, donde interviene en defensa del gobierno oprobioso de Bashar al-Asad.

 

 

Breves anotaciones históricas

 

La historia de Ucrania comienza en el año 882 con el establecimiento de la Rus de Kiev. La Rus de Kiev estuvo habitada por diversas tribus de eslavos orientales, principalmente por los rutenos. Ucrania fue el centro del área habitada por este grupo. La Rus de Kiev se convirtió en el Estado más grande y poderoso de Europa, ​ siendo Kiev la ciudad más grande y con población más numerosa del continente en esa época. No se conoce mucho acerca de la Rus de Kiev debido a que, tras la invasión mongola en 1256, el Estado fue reducido a cenizas. Después de la desintegración de la Rus de Kiev, uno de sus principados, el Principado de Galicia-Volinia, se convirtió en el Reino de Rutenia o Reino de la Rus, continuando la jerarquía heredada de la Rus de Kiev. En 1349, el Reino de Rutenia se unió a Lituania formándose así el Gran Ducado Lituano, Ruteno y Aukštaitija. Al finalizar la dinastía Jagellón, el territorio de Rutenia o Ucrania se incorporó a la República de las Dos Naciones en 1569. En un tratado posterior se acordó el establecimiento del Gran Ducado de la Rus o Gran Ducado de Rutenia, pero debido al deseo de los cosacos del Sich de Zaporozhua de establecer un Estado independiente, en 1648, a consecuencia de la rebelión de Jmelnitski se formó el Hetmanato cosaco o la Ucrania cosaca. Se vivieron unas décadas de prosperidad, sin embargo, el Hetmanato fue dividiéndose gradualmente entre la República de las Dos Naciones y el Zarato moscovita, que, desde 1721  se considera imperio ruso, hasta el año 1772, cuando el Hetmanato desapareció por completo. En el territorio de Ucrania, ocupado por el Imperio ruso, la población y cultura ucraniana fue discriminada, intentando hacer desaparecer el idioma ucraniano antiguo, prohibiendo la literatura, la música y las misas en ucraniano. También se organizó la emigración masiva de población ucraniana a lugares remotos del imperio, lo que después daría lugar a la aparición de las colonias de Ucrania Verde, Ucrania Gris o Ucrania Amarilla. La caída del imperio ruso,  después de la revolución de febrero de 1917, dio lugar a la guerra de independencia de Ucrania.  Emergió la República Popular de Ucrania, la República Popular de Ucrania Occidental, el Segundo Hetmanato y la República de Jolodnoyarsk. En el transcurso de la guerra, Ucrania Occidental se unificó con Ucrania en 1919. En la Conferencia de Paz de París de 1919 se reclamó todo el territorio, donde la población ucraniana representaba una mayoría. Hablamos del territorio de la actual Ucrania, Kubán  e importantes regiones de la actual Bielorusia y Federación Rusa. Como resultado de la guerra de independencia, la República Popular Ucraniana fue derrotada y su territorio fue repartido principalmente entre Polonia y la Unión Soviética, que asignó un muy reducido territorio a la República Socialista Soviética de Ucrania en 1921. En 1922, la RSS de Ucrania fue una de las repúblicas fundadoras de la Unión Soviética, consolidándose la unión con la firma del Tratado de Creación de la URSS. 

 

En la época de la Unión Soviética (1922-1991), en mayor medida que en el Imperio ruso, la población ucraniana fue afectada con limpiezas étnicas, como el Holofomor en 1933, donde murieron entre cuatro millones y doce millones de ucranianos; el idioma ucraniano fue suprimido en gran medida en los años siguientes de la rusificación de Ucrania, razón por la cual hay tantos rusohablantes en Ucrania contemporánea. El movimiento nacionalista ucraniano pasó a la clandestinidad, cobrando importancia, entre los años 1942 y 1956, con el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), que intentó establecer un Estado independiente combatiendo a la invasión nazi y a los soviéticos, aunque sin éxito. En 1945, la RSS de Ucrania se convirtió en uno de los miembros fundadores de la ONU. ​

 

Ucrania se convirtió en un Estado independiente el 24 de agosto de 1991, posteriormente al intento de golpe de Estado en la Unión Soviética, crisis política que condujo finalmente a la disolución de la Unión Soviética, en diciembre del mismo año. ​ Desde entonces se encuentra en un proceso de transición de “descomunización”, embarcándose hacia una economía de mercado y hacia un Estado correspondiente a la democracia formal. Este proceso llevó a una inmediata depresión económica en la década de los años noventa.

 

Al comienzo del siglo XXI, Ucrania comenzó a recuperarse económicamente y empezó a moverse hacia la democracia formal, llevándose a cabo manifestaciones como Ucrania sin Kuchma, en 2001, y la revolución naranja en 2004. Hasta 2007, la economía de Ucrania creció sosteniblemente; sin embargo, a partir de la gran recesión de 2008, padeció una segunda depresión económica. 

 

En 2013, tras la decisión del presidente Viktor Yanukovich de rechazar el dilatado y negociado Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea y, por el contrario, estrechar relaciones con la Federación de Rusia para ingresar en la Unión Aduanera Eurasiática, dio comienzo una serie de protestas, principalmente en Kiev, conocidas como el Euromaidán; protestas que, en un momento de alta convocatoria, reunió a más de un millón de manifestantes de toda Ucrania. Como consecuencia de las crecientes tensiones entre los manifestantes y las fuerzas especiales antidisturbios, los llamados bérkuts, se derivó en abiertos enfrentamientos,  llegando incluso, por parte de la represión estatal, al fusilamiento de estudiantes. Posteriormente a estos hechos luctuosos, siguieron enfrentamientos mas cruentos, que dejaron centenares de muertos. Sin embargo, a pesar de la represión, los manifestantes del Euromaidán ganaron esta larga secuencia de batallas en las calles; Víktor Yanukóvich y su gobierno huyeron a la Federación de Rusia. Después la huida de Yanukóvich, la Rada Suprema tomó el control del país, Oleksandr Turchínov asumió la coordinación del Gobierno y la presidencia del Parlamento. En ese contexto, Ucrania se encontraba totalmente desestabilizada, particularmente sus fuerzas armadas se encontraban incomunicadas; circunstancias adversas que fueron aprovechadas por la Federación de Rusia para ocupar y anexar a Crimea, comenzando una operación híbrida con el objeto de ocupar el sureste de Ucrania. Bajo el manto ideológico de esta pretensión geopolítica se desataron movimientos prorusos en Lugansk, Donetsk, Járkov, Odesa, Dnipró y otras ciudades del este de Ucrania.

 

En la coyuntura y el contexto de la elección de un gobierno interino, Oleksandr Turchínov  no estuvo en condiciones de organizar y movilizar a las fuerzas armadas para recuperar Crimea; solo contaba con 5000 efectivos. ​ El presidente interino prefirió desplegar al ejército en el resto de las fronteras de Ucrania, debido al riesgo de una posible invasión rusa. Aprovechando los resultados favorables de las movilizaciones en Lugansk, Donetsk y Járkov, los separatistas prorrusos declararon su independencia respecto de Ucrania, lo que dio comienzo a la guerra en Donbás el 6 de abril de 2014.

 

Las Fuerzas Armadas de Ucrania, débiles al principio de la guerra, se fueron fortaleciendo paulatinamente. Es cuando se elige a Petró Poroshenko, en las elecciones presidenciales de 2014, cuando las fuerzas armadas empezaron a modernizarse y equiparse mejor, llevando a cabo desplazamientos militares de recuperación territorial. Las tropas ucranianas consiguieron recuperar la mayor parte del territorio ocupado por separatistas. Con la firma del protocolo de Minsk, a finales de 2014, el conflicto se congeló, aunque los enfrentamientos esporádicos no cesaron, cobrándose la vida de más de 13 000 ucranianos. A partir de entonces las Fuerzas Armadas de Ucrania se encuentran embarcadas en procesos de organización y modernización, de acuerdo a los patrones de la OTAN, convirtiéndose el 2019 en el tercer ejército más grande de Europa, con un personal total de 1 246 445 efectivos. ​ Ya en otra coyuntura, el 1 de junio de 2016 Ucrania firmó un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

 

Haciendo consideraciones estadísticas, se puede tener en cuenta que en el 2020, Ucrania ocupaba el 74° puesto en la lista del índice de desarrollo humano (IDH) de 189 países; en equivalencia con Moldavia, mostraba el menor PIB, a valores de paridad de poder adquisitivo (PPA) per cápita de Europa. Sufre una tasa de pobreza muy alta, así como una corrupción muy extendida; sin embargo, debido a sus extensas tierras de cultivo fértiles, Ucrania es uno de los mayores exportadores de cereales del mundo[1].

 

 

 

 

Balance y perspectiva 

 

 

Visto este panorama histórico, mediante una mirada sintética, ¿qué tenemos? Tal parece que nos encontramos con el retorno de la forma imperial, la forma de territorialización imperial, así como con la figura cúspide y simbólica de la figura del déspota, encarnación arquetípica de la deuda infinita territorial, es decir, el modo de producción tributario, inscrito en los cuerpos del eterno deudor, inscrito en las tierras. Tributo que tienen que pagar la gente, el pueblo de las comunidades, las naciones anexadas al extenso cuerpo del imperio. Esto por un lado; por el otro lado, tenemos la otra parte del orden mundial de las dominaciones, correspondientes a las formaciones monopólicas de la geopolítica del imperialismo, es decir, de los imperialismo articulados e integrados en el imperio moderno o, si se quiere, para distinguir, tenemos el imperio posmoderno, tal como lo definen Michael Hardt y Antonio Negri en el libro precisamente titulado Imperio.

 

En el contexto de la contemporaneidad más actual se da lugar a desplazamientos y modificaciones en la geopolítica del sistema mundo capitalista. Dado el desenvolvimiento del desarrollo del ciclo del capitalismo vigente, ya bajo la dominancia del capital financiero especulativo y extractivista, sostenido por el uso destructivo de la tecnología de punta, que supone la división del trabajo a escala mundial, convirtiendo, en principio, a la República Popular de China en la fábrica industrial del mundo, con bajos costos de producción, basados en la esclavización del proletariado posmoderno y en una división altamente desigual, inequitativa, entre ciudad y campo. Empero, aprovechando esta división del trabajo, la economía de la República Popular de China termina convirtiéndose, desde el punto de vista cuantitativo, en la primera economía del mundo. Principalmente deja de ser meramente la fábrica industrial del mundo globalizado y se convierte en la potencia emergente, después se convierte en la primera potencia económica, convirtiéndose también en un complejo tecnológico militar, científico, cibernético y comunicacional, como lo es la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norteamérica. En estas circunstancias y condiciones de posibilidad histórico-políticas, el imperio, en el sentido de Hardt y Negri, transforma su composición inherente. La República Popular de China, además de articularse e integrarse a las potencias dominantes del sistema mundo capitalista, entra también en competencia concurrente por establecer su primacía en la jerarquía del imperio moderno o del imperio posmoderno, como lo hemos definido figurativamente.

 

La República popular de China se puede caracterizar, en esta coyuntura y en este contexto mundial del ciclo vigente del capitalismo, bajo la dominancia del capital financiero y especulativo, como la forma imperialista redituada en el contexto de la modernidad tardía y en plena competencia concurrente en la composición del imperio del orden mundial de las dominaciones.

 

En este contexto, relativo a la competencia interior a la formación del imperio, del orden mundial de las dominaciones, la forma de imperio antiguo o la forma imperial antigua redituada y actualizada por la Federación Rusa se alía con la forma de imperialismo, redituada en la condición posmoderna de la República Popular de China. Esta coalición en alianza con formas de gobierno gubernamentalidad de las formaciones sociales de la periferia del sistema mundo capitalista, particularmente de aquellas formas de gobierno clientelares y despóticas, en las circunscripciones de sus países, se enfrenta a la otra parte de la composición del imperio posmoderno, que corresponde a la dominación de la hegemonía de la hiperpotencia de los Estados Unidos de Norteamérica, que encabeza la OTAN. Organización militar que se conformó en plena guerra fría como un sistema de defensa de las formas de gubernamental liberal, sobretodo europeas, frente a lo que va a ser la coalición de los estados del socialismo real, vale decir el Pacto de Varsovia. Terminada la guerra fría los vencedores de la guerra fría, vale decir la OTAN, bajo la conducción de los Estados Unidos de Norteamérica, intentan imponer su dominación en un mundo, pretendidamente unipolar. Sin embargo esto no ocurre, sino, mas bien, de manera paradójica, el contexto mundial se abre a un multipolarismo. La única hiperpotencia de magnitud, en condiciones de fabulosa hipertrofia, el complejo tecnológico, militar científico, cibernético y comunicacional de Estados Unidos de Norteamérica termina en una evidente soledad, donde al parecer la guerra se aleja como un fantasma débil y senil, que pareciera pertenecer al pasado.

 

 

En estas condiciones del contexto mundial, como no hay un enemigo de la talla de la Unión Soviética, la hiperpotencia y sus fabulosas maquinarias terminan monstruosamente hipertrofiadas. Es precisamente en este contexto del desenlace de la guerra fría donde emergen las llamadas potencias emergentes, abriendo un nuevo perfil en la composición del sistema mundo capitalista y una nueva presencia espacio territorial en la geopolítica del sistema mundo capitalista. Este perfil corresponde a la aparición de las potencias emergentes, que median, como un puente perverso, entre la geografía inmensa de las periferias y el centro cambiante del sistema mundo capitalista. Es en este contexto del desenlace de la guerra fría cuando la potencia emergente de la República Popular de China deja de ser meramente una potencia emergente para convertirse, como hemos dicho, en la primera potencia económica y en la segunda o la tercera potencia militar en términos del complejo, tecnológico, militar, económico, cibernético y comunicacional.

 

Observando el ciclo largo de las genealogías de la dominación, podemos ver que, en plena clausura crepuscular del sistema mundo capitalista, particularmente, para situar mejor, del ciclo largo del capitalismo vigente, se da lugar a una competencia interimperial, en plena clausura crepuscular de la civilización moderna, como queriendo despedirse apoteósicamente, con los últimos eventos apocalípticos de este círculo vicioso del poder y de las dominaciones a escala mundial.  En estas circunstancias reaparecen, de manera anacrónica, formaciones pasadas, redituadas en el contexto. Tendríamos por lo menos tres perfiles de formaciones redituadas anacrónicas; una que corresponde a la forma de imperio antiguo redituada; otra que corresponde a la forma de imperialismo, redituada en la posmodernidad; y otra que corresponde a la forma parcial, sesgada, vuelta sobre sí misma, replegada en sí misma, de la forma de imperio posmoderno. En estas condiciones coyunturales mundiales se da lugar o estalla la guerra de la Federación de  Rusia contra la República de Ucrania.

 

El argumento de Putin para perpetrar el invasión a Ucrania es que no le ha quedado otra cosa a la Federación de Rusia después de qué la OTAN ha buscado, por todos los medios, avanzar sus establecimientos en plena frontera con la Federación de Rusia, incluyendo recientemente a Ucrania, república a la que habría  promovido para que se incline por su ingreso a la OTAN. El otro argumento usado por Vladimir Putin es que entre Ucrania y Rusia hay una historia común que tiene que ver con la larga historia eslava. Por otra parte, usando argumentos insostenibles, ha criticado a Vladimir Lenin por haber promovido la independencia de Ucrania y de otras naciones, en la concepción del derecho a la autodeterminación de las naciones, comprendiendo la liberación de las naciones y el reconocimiento plurinacional dentro de la misma Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Este argumento insostenible de Putin llega al extremo del imaginario conservador que rescata la concepción imperial antigua del zarismo y reconoce el carácter imperialista ruso de Joseph Stalin.

 

Por otra parte el argumento de la OTAN y de los países que la componen, sobre todo de sus gobiernos, es de que la OTAN defiende las democracias los estados liberales del mundo, la “vida occidental” y la decisión de los pueblos y las naciones de escoger con quienes se integran. Este argumento es hipócrita después de que se sabe que la OTAN ha promovido la destrucción de Libia, la destrucción de Siria, la ocupación de Irak, la destrucción de Yugoslavia. Perpetrando una intervención anticipada, parecida a la que efectúa hoy la Federación de Rusia a la geografía territorial de Ucrania. Tampoco escapa a nadie, al analista perspicaz, de qué la OTAN ha promovido la incorporación de Ucrania a la OTAN, buscando arrinconar a la Federación de Rusia, recurriendo a la amplia estrategia geopolítica de la hiperpotencia de los Estados Unidos de América, que dirige la OTAN. Atacar o mermar la primacía económica de la República Popular de China y evitar una posible primacía hegemonía o dominación a secas, a nivel mundial, por parte de la República Popular de China. Primera potencia ya no solamente económica, sino también potencia militar, tecnológica y científica, en camino a convertirse en otro complejo militar, tecnológico, científico, cibernético y comunicacional, equivalente al de Estados Unidos de Norteamérica. En consecuencia, estamos ante juegos geopolíticos, que no dejan de ser anacrónicos, dado el contexto de la crisis múltiple que asola el planeta, crisis ecológica, crisis de la civilización moderna, crisis del sistema mundo capitalista y clausura del  largo ciclo vigente del capitalismo, también crisis de la forma de Estado nación. Por lo tanto, esto implica no solamente la clausura si no la apertura a otros horizontes transcivilizatorios que requieren los pueblos, las sociedades y, sobre todo, el planeta, que contiene a las sociedades orgánicas y a los ciclos vitales.

 

 

 

 

Notas

 

[1] Revisar Ucrania de la Enciclopedia Libre: Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Ucrania.

 

 

 

 

 

 

 

Apuntes sobre la decadencia política

Apuntes sobre la decadencia política

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

 

 

 

 

 

Crisis en los espesores de la coyuntura 

 

El término crisis viene del latín, crisis, a su vez, deviene del giego κρίσις, que significa coyuntura de cambios, empero, en el uso pragmático usualmente se hace hincapié en el sentido de cambios desequilibrantes. Se trata de ruptura del equilibrio, incluso de descompensación y de desorden, apareciendo la crisis como amenaza.

La utopía civilizatoria

Las comunidades se convirtieron en sociedades cuando extendieron sus asociaciones en las expansiones y continuidades territoriales, convirtiendo las filiaciones consanguíneas en alianzas territoriales. En la medida que los nudos sociales, concentrados, en las ciudades emergentes, se convirtieron en paradigmas de las formaciones sociales, se derivó en lo que se puede nombrar la evolución de las ciudades en lo que se conoce como civilización. La conformación de las civilizaciones responde a la configuración de las formaciones sociales en base al referente gravitatorio de las ciudades. Por eso, es indispensable, preguntarse, en el contexto de la crisis ecológica y la crisis de la civilización moderna, sobre las otras posibilidades alternativas, inhibidas por el decurso hegemónico y dominante de la arquitectura preponderante de las ciudades. Puede ser que haya habido y haya otras salidas, más allá de la civilización, empero esto solo se puede tomar en cuenta en la medida que estas otras salidas se vislumbren ante la mirada acuciante de la microhistoria crítica. Para responder a esta cuestionante es indispensable es menester hurgar sobre las posibilidades nómadas, también ante las posibilidades campesinas, de la vía campesina. 

 

 

De los pasos perdidos al siglo de las luces

Las dos novelas de Alejo Carpentier, Los pasos perdidos y El siglo de las luces, tienen nueve años de diferencia. También las narrativas se mueven en dos coyunturas distintas, aunque se podría decir que el contexto es casi el mismo, con la diferencia de temporalidad. Mientras Los pasos perdidos se mueven una coyuntura contemporánea al mediados del siglo XX, en tanto que El siglo de las luces se mueve en la segunda mitad del siglo XIX; sin embargo, la anterior novela fue publicada en 1953 y la segunda novela fue publicada en 1962. ¿Por qué el escritor se remonta al llamado siglo de las luces, después de haberse adentrado en los laberintos de una modernidad que podríamos llamar relativa a la historia reciente? No nos olvidemos que la revolución cubana se convierte en victoriosa en 1959 y que Carpentier va a ser representante diplomático de la triunfante revolución en París. ¿Se trata de una reflexión sobre la matriz cultural e ideológica de las revoluciones modernas, el iluminismo? En todo caso, se trata de hurgar en sus contrastes, en sus contrastaciones, en sus contradicciones profundas y manifiestas.

La decadencia estatal

No es un Estado sino una estructura mafiosa, una composición de dispositivos paralelos de poder que tomaron las estructuras institucionales del Estado. Entonces se tiene un gobierno que ejerce la dominación de las mafias, distribuidas en esta ocupación institucional y también territorial del Estado y del país. La escasa democracia aparente que quedaba se ha evaporado, lo que se tiene es el despliegue descarnado de la violencia en variadas formas y tonalidades, sobre todo el despliegue descarado de la judicialización y la violencia burocrática de magistrados, fiscales y jueces mafiosos. En este desenvolvimiento del terrorismo de Estado mafioso, las «elecciones» han terminado siendo instrumento de «legitimación» imposible de la dominación mafiosa de la burguesía rentista que gobierna.

El caudillo déspota

El Caudillo déspota, prestidigitador de promesas que no se cumplen, elocuente demagogo de poses que no comprende, máscara que encubre su compulsión por el poder que no tiene y confunde con la proliferante adulación grosera de llunk’us sin imaginación.

Delirio político

El delirio es un síntoma manifiesto de la decadencia de la casta política. Absorbidos en el desenfreno de la alocución desgarbada, empero estridente, se ahogan en la tormenta de emisiones bulliciosas, sin contenido y sin sentido. Pero creen que dicen algo, que hacen algo, cuando solo chapotean en el mismo pantano de la sin-razón. La política ha muerto y la casta política se mantiene artificialmente, alimentada por la maquinaria institucional estatal desvencijada.

Usufructo político de los héroes

Usan la imagen de los héroes, de los que dieron su cuerpo en plena entrega y acto heroico. Creen investirse del halo que deja su hazaña y su martirio, pero no hacen otra cosa que evidenciar su impostura, al usufructuar y desplegar comportamientos pragmáticos y oportunistas.

Sobre la desaparición de Marcelo Quiroga Santa Cruz

No hubo esclasificación de los archivos militares. A Marcelo lo llevaron herido al Estado Mayor y ahí lo torturaron hasta matarlo, el gobierno de Evo Morales fue cómplice de encubrir a los asesinos y de pactar con el ejército. El gobierno títere de Luis Arce Catacora continúa la complicidad y el encubrimiento, además de seguir con el teatro grosero de que se desgarran las vestiduras.

Perdidos en sus laberintos

 

Perdidos en sus laberintos discursivos y apócrifos, aturdidos por la evidencia de los hechos y la realidad efectiva, manoteando, ahogados en el fango, insisten, delirantes en el cuento sin imaginación del «golpe de estado». Es la muestra patética de la colosal decadencia.

Funcionarios del gobierno

Malos actores de una tramoya, que no tiene ni pies ni cabeza. Sin embargo, siguen adelante sin inmutarse de la evidente ridiculez en la que caen. No les importa, pues actúan para el entorno palaciego y la mermada masa elocuente de llunk’us. Fantoches despintados del teatro político.

El cretinismo funcionario llega lejos. Primero, a nombre de la defensoría del pueblo se avala el despotismo neopopulista; después, premiado como viceministro de gobierno, ejerce como verdugo. Los perfiles de la casta política se desdibujan, adquiriendo la diseminación del vacío.

Exvocal del Tribunal Electoral

Pobre diablo. Sin argumentos, sin dignidad, a partir de un momento, servil y sumiso a la forma de gobierno clientelar y corrupta neopopulista. Después de cerrar los ojos ante el escandaloso fraude que se perpetraba, después de decir que no sabía de los servidores clandestinos, ahora repite la patraña insostenible de que no hubo fraude. Este personaje es un ejemplo del derrumbe ético y moral de un profesional que perdió el decoro y la compostura.