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La plataforma jurídico-política del Acuerdo de Paz

La plataforma jurídico-política del Acuerdo de Paz

 

 

Raúl Prada Alcoreza

 

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desplazamiento 

 

 

Un primer tópico en el Acuerdo de Paz, titulado Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, es Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral. En esta línea del Acuerdo de Paz, la Reforma Rural Integral aparece como la condición de posibilidad histórico-política-económica, no solamente para la paz duradera sino, sobre todo, para la transformación social; aunque sea visualizada en el alcance de las reformas sociales, políticas y económicas. Estas transformaciones harían como del substrato material, que hace posible la duración de la paz y la paz duradera.

 

 

La guerra de guerrillas de las FARC-EP comenzó en el campo, como autodefensas campesinas contra la agresión de los grupos paramilitares, ligados al narcotráfico, y contra la violencia injustificada del ejército, al servicio de una parte de la oligarquía, que solo conoce la forma de la expropiación de tierras campesinas para expandir sus haciendas; apropiándose de las tierras de las formaciones campesinas. Entonces, la guerra de las cinco décadas y más, tiene su procedencia en la cuestión agraria; concretamente en la lucha de clases en el campo, para decirlo de ese modo, usando esta definición marxista, para sintetizar las descripciones. Por lo tanto, la clausura del conflicto armado tiene que partir del acuerdo sobre la cuestión agraria y la reforma agraria, cuya salida es anunciada como reforma rural integral.

 

 

En el documento del Acuerdo de Paz se concibe una reforma agraria, que no solo devuelva la tierra a los poseedores y propietarios legítimos, las familias campesinas; tierra usurpada por la violencia paramilitar, ligada a la violencia del narcotráfico; sino que integre las economías campesinas a las dinámicas económicas y sociales, ya configuradas en su articulación equilibrada, por así decirlo. Lo que implica la promoción y el apoyo, no solo técnico y económico, sino, sobre todo, de las formas de las economías campesinas; que son oikonomías, que se mueven en distintos planos y espesores de intensidad, integrándolos en aras de la reproducción de la comunidad campesina[1].  La búsqueda de complementariedades y solidaridades de zonas y regiones, de ámbitos de producción, articulando los rubros y bienes en espacios de circulación y, si se quiere, de intercambio,  que fortalezcan la cohesión social y menos la competencia, que sostengan estrategias de potenciamiento social; resolviendo los problemas heredados de las sociedades institucionalizadas, basadas en las estructuras de las desigualdades.

 

El discurso del escrito del Acuerdo de Paz, se desplaza a una percepción abierta y plural, comprendiendo el papel dinámico de las mujeres campesinas. En este sentido, no solo resaltando su valorización, reconocimiento y definiendo derechos singulares y colectivos, además de derechos de género; sino comprendiendo la importancia de las actividades femeninas, en el sentido del contraste de género. No solo en la capacidad producente de las economías campesinas; en todo caso, sobre todo, en la interpretación más aguda de las formaciones sociales campesinas; otorgándole una tonalidad más humanista y más afectiva.

 

 

Por otra parte, al hacer hincapié en la importancia crucial de los niños y niñas, de los y las jóvenes, pues corresponden, en el presente, a las posibilidades de porvenir y futuro, se plantea la necesidad de entregarles un mundo sin los problemas álgidos heredados; problemas ocasionados por las anteriores generaciones. Esta connotación en los derechos de los niños y jóvenes de contar con el acceso a oportunidades sólidas y solventadas, lleva a la necesidad de plantearse, contemplando la complejidad de la tarea, la formación y la educación integral, actualizada y pertinente. Esto implica algo que va más allá de la reforma educativa; entonces, mas bien, revoluciones educativas, que puedan incidir en la liberación de la creatividad humana.

 

 

Así mismo, el documento menciona a las poblaciones afrocolombianas y los pueblos indígenas, haciendo alusión a lo que podemos llamar la multiculturalidad. Este desplazamiento discursivo modifica el planteamiento de la reforma agraria, considerando la misma, no solo desde la problemática de la tenencia de la tierra, sino desde las composiciones singulares, según la incidencia formativa cultural. Sin embargo, la multiculturalidad, enunciada de esta manera, todavía es una mención sin consecuencias materiales, en la medida que se encuentra detrás de la interculturalidad, que ya comprende la interacción y el entramado social. Imbricaciones que entrelazan las singularidades culturales de las composiciones de las formaciones campesinas. Es más, la multiculturalidad está lejos del alcance del reconocimiento de la condición de la plurinacionalidad, en el sentido de identidades colectivas y proyectos civilizatorios. Esto último es de suma importancia, pues implica la tarea efectiva de la descolonización.

 

 

Anotando otros límites del Acuerdo de Paz, que pueden ser considerados como umbrales, que se pueden cruzar, para ir más allá de los límites; ingresando a otros agenciamientos, en los espacio-tiempo-sociales de otros horizontes histórico-políticos-culturales. Otra limitación corresponde a la concepción todavía economicista, a pesar de las incorporaciones sociales, educativas y culturales. Todavía el mercado, como paradigma o referente condicionante, se encuentra gravitando como “realidad” última; la cual debe ser atendida con “objetividad”, incluso pragmatismo. No se ha llevado a cabo la crítica del fetichismo de la mercancía, por lo tanto, del fetichismo del mercado, así como del fetichismo de la valorización monetaria. Aunque se mencione la necesidad imprescindible de la seguridad alimentaria, de la nutrición, de la producción de bienes alimenticios, estos conceptos se relativizan y orbitan alrededor de la teoría del valor.

 

 

Un trastrocamiento profundo de las estructuras agrarias heredadas requiere, no solo del mejoramiento de las condiciones económicas de las formaciones campesinas, incluso del mejoramiento de sus condiciones de vida, sino de salir del paradigma economicista, de las conjeturas del determinismo económico, explicitas  o implícitas. Ingresar a la comprensión de la complejidad dinámica de las formaciones espacio-temporales-territoriales-sociales de las oikonomías campesinas.

 

 

Por otra parte, el trastrocamiento, del que hablamos, requiere de otra concepción, no dualista, de la llamada relación rural-urbana, campo-ciudad. El esquematismo dualista de la episteme de la modernidad ha reducido la realidad efectiva a los contrastes o, si se quiere, contradicciones binarias. Solo considerando uno de los fenómenos concretos de esta supuesta relación dualista, el de la migración rural-urbana, vemos que tal dualidad es más aparente que efectivamente real. Más parece que se conforma una articulación paradójica, donde lo rural y lo urbano forman parte, mas bien, de procesos de composición y de combinación, que subsumen lo que supuestamente es rural a lo que supuestamente es urbano. Lo que parece, mas bien, conformarse, son espacios estriados, cartografías políticas, cartografías sociales, si se quiere, geografías humanas, que definen ciclos institucionales, de concentración poblacional y de vaciamiento demográfico. Pues, de lo que parece tratarse es que el espacio vaciado del campo sea llenado por monocultivos extensivos y tecnologías agrarias eficaces y productivas.

 

 

En otras palabras, lo que parece adecuado, ante semejantes tareas a las que alude el Acuerdo de Paz, en lo que respecta a la reforma rural integral,  es replantearse otra concepción, diferente al dualismo rural-urbano. Concibiendo las ciudades como convergencias, no solo de poblaciones migrantes, sino como lugares de condensación de procesos de vaciamiento del campo; llenando los lugares de saturación urbana con la convergencia de procesos descomunales anti-ecológicos; por lo tanto, contrarios a la vida.

 

El trastrocamiento del que hablamos, también involucra la reconsideración regional, continental y mundial; es decir, la ubicación y situación de las formaciones campesinas en la región, en el continente y en el mundo. Esto significa, por lo menos teóricamente, la extensión del alcance de las complementariedades y solidaridades a escala regional, continental y mundial. Las formaciones campesinas, a pesar de sus singularidades, están en el mundo efectivo, forman parte de sus dinámicas y sus devenires. Así como las oikonomías campesinas inciden en el país, en la región y en el mundo; de manera parecida o, más bien, simétrica, el mundo incide en las formaciones campesinas. Al respecto, aunque lo enunciado parezca una utopía, casi inalcanzable, no hay que olvidar que el Acuerdo de Paz, es un acontecimiento ético-político, no solo nacional, sino regional, continental y mundial. En este sentido, el Acuerdo de Paz, como tal, ya incide en el acontecer mundial. Decir que las economías campesinas colombianas tienen, desde ya, evidentemente, como realidad efectiva, sinónimo de complejidad, como horizonte de irradiación a la región, al continente y al mundo, entraña que las transformaciones agrarias rurales integrales, al tener estos alcances de su irradiación, deben concebirse en estos contextos, potenciando las posibilidades inherentes a estas oikonomías campesinas.

 

 

Ahora bien, estamos ante la responsabilidad del cumplimiento del Acuerdo de Paz; lo que significa que se trata de un consenso entre partes. Implica el respeto a los acuerdos; en consecuencia, envuelve el reconocimiento fáctico los derechos de los otros; en este caso, de los propietarios de tierras, en su condición agropecuaria, incluso agroindustrial. Lo que no implica el respeto a los grandes latifundios, en gran parte improductivos. Además, dedicando sus tierras al monocultivo devastador, así como al cultivo de excedentes ilícitos, destinados a la producción de mercancías de la ilusión degradante de la civilización moderna, en su etapa decadente. De ninguna manera. Entonces, desde la perspectiva del Acuerdo de Paz, estemos o no de acuerdo, tengamos o no otra concepción de la propiedad, es menester cumplir con la responsabilidad asumida, de respetar la propiedad productiva. La pregunta que emerge es: ¿Es posible la convivencia entre la propiedad privada de la tierra no-campesina con las formas de propiedad y posesión campesinas?

 

 

Quizás sea esta problemática, si se quiere de transición, mediana o larga, la de importancia primordial y operativa, en lo que respecta a la realización del Acuerdo de Paz.  El Acuerdo de Paz, como dijimos, es resultado, entre otras circunstancias, de la correlación de fuerzas. Si es esto el Acuerdo de Paz, es decir, lo que se puede hacer, lo que es posible y viable hoy; entonces, ya se parte de este dato, la resultante de la correlación de fuerzas. De lo que se trata entonces, es de intentar llevar a cabo transiciones adecuadas y efectivas; se trata de construir entre las partes involucradas, condiciones de posibilidad económicas de congruencias colaterales y correlativas, que fortalezcan los ámbitos económicos de la diversidad de formaciones sociales singulares, que hacen a la totalidad, por así decirlo, de la formación social nacional. Dicho, de manera sencilla, la pregunta sería: ¿Cómo hacer para crear condiciones de posibilidad y reglas del juego donde las distintas formaciones económicas nacionales, de los ámbitos productivos, puedan engranar, fortalecerse mutuamente; configurando una convivencia plural, en aras de transiciones pacificas?

 

 

Tal parece que la construcción colectiva de la paz exige la participación abierta del pueblo y la sociedad colombiana, de todas sus partes componentes; suponiendo el compromiso de lograr consensos operativos, que viabilicen el Acuerdo de Paz. Es responsabilidad de todas las partes, si se quiere, repetir, de alguna manera, obviamente singular, dependiendo de la particularidad en cuestión, lo que las partes inmiscuidas oficialmente en el Acuerdo de Paz hicieron; llegar a un Acuerdo.  En estas cuestiones, lo que importa son los acuerdos singulares, entre partes concretas involucrados, sin definir tiempos perentorios. Todas las partes involucradas, en los distintos problemas específicos y localizados, tienen como punto de partida, la defensa de la vida.

 

 

 

 

[1] Ver Oikonomías campesinas. https://pradaraul.wordpress.com/2013/12/22/oikonomias-campesinas/.

 

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LA LLEGADA DE TEMER: RADICALIZACIÓN CONSERVADORA Y FIN DE CICLO

La llegada de Temer: radicalización conservadora y fin de ciclo

La llegada de Temer: radicalización conservadora y fin de ciclo

Por Salvador Schavelzon / Miembro del staff académico de la Fundación ALDHEA

Impeachment e indefinición desde arriba

La situación política en el Brasil después de la destitución de Dilma Rousseff parece indicar que ya no será el Partido dos Trabalhadores (PT), quien administrará el difícil momento económico abierto en el capitalismo brasileño. Después de ocupar ininterrumpidamente la presidencia desde 2003, el PT siente el vértigo de su propia debilidad, sin haber podido resistir a la operación política iniciada por un grupo de políticos de poca monta, antes sus aliados, que se concreta como Impeachment y cambio de gobierno. Una época de comando conservador del Estado, deberá encontrar formas nuevas de resistencia, y un camino donde los grandes problemas del país puedan ser efectivamente abordados.

Un quiebre en el sistema político parece haberse cocinado por años, mientras la gobernanza neoliberal, como forma principal del reaseguro político de las elites, se volvía inexorable para la derecha y la izquierda estatal. No se trata de decretar la muerte de un partido, que continuará actuando y muy posiblemente también formando parte de gobiernos. Se trata de registrar un fin de época que concluye llevando a la marginalidad la forma de entender la política de quienes fueron sus protagonistas. La salida del PT es una derrota para los más pobres. Pero su permanencia no garantizaba un freno para recortes que castigaban especialmente las áreas sociales, y así se abre un problema más complejo que el de resistir a las políticas de Temer. Se debe construir un contrapoder descuidado en tiempos de progresismo.

El momento actual es el de un nuevo gobierno que combina políticos ideológicos conservadores alineados con intereses empresariales; políticas autoritarias y elitistas para cada uno de los ámbitos de actuación; alineados con voces de la derecha policial, en guerra contra los más pobres y criminalizador de manifestantes; además de posturas religiosas distintas iglesias contra derechos de mujeres y minorías. El cuerpo en que esa coalición que confluye en la defensa de un programa de retrocesos neoliberales, se sostiene es una clase política crecida a la sombra de un Estado de cargos repartidos, pequeños y grandes negocios y privilegios, hoy con Temer, ayer con Dilma y mañana con cualquiera que ocupe la presidencia.

El bloque a favor de la destitución de Dilma fue articulado con la participación de partidos que co-gobernaban con el PT y otros que se habían mantenido en la oposición. Sorprendería la facilidad con que después de 13 años en el poder el partido en la presidencia no tendría a su alcance recursos políticos ni institucionales para hacer valer un reciente triunfo electoral. Es factible que entre los factores que impulsaran a los operadores del Impeachment se encuentre la búsqueda de impunidad en causas abiertas por corrupción, que también afectaban al PT[1], pero el cambio de gobierno parece hablar de una grieta más profunda.

Los parlamentarios comprometidos y asociados a las agendas reaccionarias como las identificadas con la bancada “BBB” (en referencia a Bala, Boi [ganado vacuno] y Bíblia)[2], encontraron en la debilidad política de Dilma un atajo para asaltar las instituciones. Pero mucho más que de manipulaciones de reglamento, la destitución consistió en alinear pulsiones de impunidad y privilegio con el carácter conservador mayoritario en la composición de la legislatura nacida de las últimas elecciones. Este voto conservador, unido a una crisis en la izquierda, indica que la situación actual no es de alternancia entre un bloque de izquierda y otro de derecha.

En el nuevo gobierno, tendencias de intereses diversos, pero ya sin sindicatos ni movimientos en la mesa, buscan por estos momentos un punto de ebullición, aún no definido entre las distintas familias del poder, que no se puede decir que estén de vuelta porque, en rigor, nunca dejaron de participar de las decisiones y rumbo estratégico del gobierno. Mientras no está claro quien tomará la delantera en un momento que se propone achicar el Estado y profundizar reformas solicitadas por los “agentes del mercado”, se acerca al año electoral de 2018 sin claridad sobre el cuadro político que irá a surgir.

El actual gabinete sin mujeres, ni negros, ni jóvenes, y ya con tres bajas debido a causas de corrupción, no aspira a continuar como gobierno después de elecciones en las que Temer no tendría posibilidades y talvez ni siquiera habilitación por parte de la justicia electoral. Según sondeos de opinión, la realidad política es que la mayoría de la población fue favorable al Impeachmentde Dilma, pero no apoya al gobierno nacido de tal destitución[3]. Haciendo virtud de esa imposibilidad, su gobierno se atribuye a sí mismo la tarea de efectuar medidas impopulares sin objetivos electorales de corto plazo que podrían desviarlos de esa tarea.

La candidatura que nazca del actual gobierno, buscaría entonces un nombre que pueda dar al programa de reformas la legitimidad de la que Temer carece. Por el otro lado, el PT buscará ser el eje de estructuración de una candidatura contraria al gobierno que lo sucede. Pero después de que consignas pidiendo nuevas elecciones o la vuelta de Dilma mostraron ninguna adherencia en la sociedad e inviabilidad en el sistema político, la debilidad como fantasma que sobrevuela al PT, y que llevó al Impeachment, muestra su consistencia. Todavía no hay actores de peso que capitalicen la salida del PT, como parte de una clase política desprestigiada. Pero el momento nuevo ya está abierto.

En lo electoral, las pesquisas muestran que Lula haría una buena elección en primera vuelta, aunque su posibilidad de disputar tampoco está garantizada por la justicia electoral. Por otra parte, Marina Silva, del partido Rede Sustentabilidade, se impondría frente a todos los hoy potenciales candidatos en un eventual segundo turno, según encuestas[4]. Lo cierto es que, aunque es mucho el trecho a recorrer hasta las nuevas elecciones, tanto en términos del gobierno resultante de lo que se puede entender como nacido de unparlamentarismo de facto, como en términos electorales, los dos partidos que comandan el país desde 1995 están desplazados.

El PSDB y el PT, que se repartieron casi en partes iguales la totalidad de un electorado de cerca de 100 millones de votantes poco tiempo atrás, en las elecciones de octubre de 2014, hoy tienen a los protagonistas de esa disputa, Dilma y Aécio[5], ausentes o sin chances en cualquier posible futuro escenario electoral. Un Brasil del norte y nordeste que podría reconocer la importancia de políticas sociales legado del ciclo económico de crecimiento, y donde el PT o sus aliados mantendrían relevancia, no podrían con el Brasil del centro y sudeste, dominante demográfica y políticamente, donde la imagen de un PT corrupto llevó más personas a la calle que la denuncia de golpe de Estado en curso.

Ahondando en el posible cambio de ciclo, sin embargo, para analizar una crisis en el plano de la representación política y de los principales partidos que gestionaron el país nacido de la Constitución del 88, es necesario superar el plano de la medición de candidatos. En el caso del PT, es justamente la entrega de un movimiento político con muchas ramificaciones y millones de simpatizantes a los especialistas de marketing y al financiamiento empresarial, donde radica su debilidad y ocaso como instrumento político de los de abajo.

La fuerza del PT en el nordeste, donde antes se votaba a la derecha de señores territoriales, habla del impacto socioeconómico positivo asociado al lulismo, con mucha presencia de políticas de transferencia de renta, que mejorar la situación de la región. En términos de proyecto político de movimientos sociales o representación de las mayorías, sin embargo, allí tampoco hay señales de vitalidad o regeneración política con espacio para la participación y construcción de una sociedad más justa. Aún donde el apoyo electoral fue mayoritario, el PT no deja de avanzar por el camino de fortalecimiento de la máquina electoral y de participación en el Estado en detrimento de la influencia de la militancia o las bases. La falta de cambios estructurales, y un vínculo del Estado con los gobernantes que no difiere de la lógica tradicional, explican que el triunfo con más del 70% en el nordeste que permitió la reelección de Dilma, se haya esfumado en la evaluación negativa, que también alcanzaría a Lula cuando la crisis y las políticas de austeridad se anunciasen.

Marina Silva no mostró por el momento estar dispuesta a desprenderse de los intereses políticos que gobiernan hace tiempo independientemente del PT y el PSDB: la gobernanza financiera y neoliberal, los lobbies empresarios y religiosos que supieron neutralizar al PT y que dictan los pasos del nuevo gobierno. Su capacidad para formar un gobierno de perfil propio todavía no se ha probado en el final de ciclo que ha llegado, aunque su abertura a asumir causas como la ambiental, indígena, y de crítica al desarrollo más brutal, que el PT no puede ya hacer suyas, puede que la convierta en un actor de influencia creciente en el juego político de los próximos años.

Sin nuevos referentes ni movilización social, con un PT claudicante y sin palabras para recuperar su lugar conducción fuera del gobierno, dan lugar a un vacío que puede entenderse como distancia entre la clase política y la población en general. Es de esa forma fue posible un paso a primer plano del PMDB, partido de las sombras y cloacas de todos los gobiernos desde la democratización, que ya tienen sobre la mesa un plan de acción accesible, en la medida en que no indispone ningún sector del poder y desarma el Estado afectando a los ya castigados por el modelo que estaba en marcha.

El nuevo momento político fue evidente ya en junio de 2013, cuando tuvieron lugar manifestaciones multitudinarias sin precedentes en centenas de ciudades contra el aumento del precio del transporte decretado por los gobiernos locales de todo el país, y donde el reclamo por derechos sociales era tan altisonante como la impotencia para interpretarlos de los gobiernos formados por los partidos del viejo ciclo. Junio de 2013 pudo haberse constituido como nuevo centro político que abriera un ciclo de profundización de reformas, pero se recluyó ante el paso a primer plano de la dinámica política con foco en el impeachment. Al mismo tiempo, la única reacción desde el gobierno federal consistía en sobreactuar un aleccionador rechazo a cualquier deseo de reforma, con llamada para la represión de la protesta y ajuste, como salida presentada como inexorable.

Si las calles de junio hicieron la lectura más sana del fin de un ciclo, sería elImpeachment quien lo aprovecharía en primer instancia para traducir institucionalmente el agotamiento de las fuerzas políticas gobernantes. Entre el pedido de más derechos en las calles, y una nueva articulación política que busca profundizar el ajuste que ya había sido iniciado, sólo queda claro que un modelo político está acabado. La dominancia de los protagonistas de un Brasil que nace de pactos constituyentes en los 80 sin desplazar totalmente a los grupos de poder de la dictadura, se muestra artificial y neutralizada.

El país del ‘88 que se va

La promesa de Lula en 2002, en la “Carta a los Brasileños”, de que mantendría las cuentas públicas y la inflación controladas, con estabilidad económica y “responsabilidad”, se traduciría en la no modificación de los lineamientos de la economía neoliberal establecida en los 90, en un proceso político sin rupturas, pero que pudo abrir cierta disputa y capacidad de acción en su interior. Ya en 2003 el PT se mostraría como articulador de un centro político que definiría una izquierda disidente que quedaría como voz marginal, y una derecha que buscaría imponerse e influenciar desde adentro del gobierno de coalición, a sabiendas que el triunfo electoral le sería inalcanzable.

El gobierno del PT exploraría las posibilidades y límites de lo que se conoció como “pacto lulista”: un modelo donde se proponía que tanto los trabajadores como los empresarios serían beneficiados, por el camino de la apertura para inversiones, el fomento estatal al sector empresario, y un interés por lo social. Si bien reformas importantes que mejoraran un paupérrimo sistema educativo, de salud y de desigualdad en el campo, y aunque hoy es difícil sostener que una nueva clase media fue consolidada, como buscaba instalar la propaganda oficial, por ese camino se redujo la pobreza y la extrema miseria, se amplió el acceso a la universidad y se iniciaron políticas de cultura innovadoras, mientras indígenas y pequeños productores rurales no eran solamente desplazados, sino que también accedían a derechos.

En el último tiempo, coincidente con la presidencia de Dilma, pero que mantenía a Lula y al PT en el armado de articulaciones conservadoras, ese modelo perdería la capacidad de contentar distintos actores políticos, y sólo avanzaría en una dirección de clausura de derechos. Perdería su ambigüedad. Un mundo formado en la oposición entre el PSDB y el PT, y un lenguaje donde privatizaciones y mercado se oponían a lo social y al desarrollo, dejaba de tener correlato con la realidad, aunque volvería a instalarse en las elecciones de 2014 y con la denuncia de la salida de Dilma como golpe de Estado. Más que un impasse o cambio de correlación de fuerzas, sin embargo, lo que parece en juego es que la comparación entre esos dos modelos puede no ser más el punto crucial ni la mejor forma de describir el cuadro político actual.

Hay un hecho de la realidad política que no puede ser dejado de lado: sólo un camino conservador parece tener coherencia política para instalarse. Un arreglo de piezas y discursos políticos que tenía al PT en el centro se termina, cediendo lugar a un avance conservador que sin embargo no se constituye todavía como nuevo modelo. El empoderamiento de actores que ya circulaban por el Palacio Planalto, puede prescindir del marco presentado como conciliación, pero no hace más que dar viabilidad al programa presentado por Dilma Rousseff a inicios de 2015, en un episodio que quedó cristalizado con claridad como mentira electoral, cuando poco después de ganar la elección en que el PT logró imponerse como candidatura contra el ajuste, el gobierno daría media vuelta e iniciaría la implementación de “políticas de austeridad”. La elección del banquero Joaquim Levy en el ministerio de hacienda, entregaba el comando de la economía al que poco antes era responsable del programa de campaña del candidato derrotado.

Es que el fin de época no tiene que ver con una comparación de legados o, incluso, voluntades y trayectorias, como sostiene el apoyo al gobierno saliente y cierta oposición al gobierno de Temer que se empeña en clausurar cualquier discusión o mirada crítica sobre las bases frágiles en que se apoyaba el progresismo. Esta es una discusión en la izquierda, incluso entre quienes fueron parte o apoyaron la agenda que el PT pudo ciertamente representar. Cuando las posibilidades de conducir un proceso de profundización democrática y de reformas se substituye por el programa neoliberal de recorta sobre asalariados y pobres, se impone el fin de un proyecto político con raíces en las huelgas del final de la dictadura y adaptado al capitalismo en los ’90, hoy golpeado desde la derecha con la que la cercanía en términos de lógica de funcionamiento ya es innegable.

Parece claro, así, un movimiento en tres actos iniciado por un desvío, interrumpido por una llamada de atención desde las calles, y la sustitución de piezas para continuar por un camino ya anunciado, pero con cualquier posibilidad de reacción mucho más alejada. A pesar de que bajo ningún concepto se puede decir que Dilma Rousseff fue insubordinada a los dictados de arriba para recortar derechos por abajo; la forma en que el PT sale del poder no parece indicar que su vuelta será posible próximamente, por lo menos por el camino que hasta ahora recorrió. Junto al PT, la misma crisis se percibe entre los sectores sociales que acompañaron como aliados que no han podido construir una posición autónoma cuando sus históricas demandas eran abandonadas.

La incapacidad de reacción en la actual coyuntura, también se extiende a organizaciones sociales que acompañaron la transformación del PT en un actor gubernamental. El Movimiento Sin Tierra (MST) se encuentra con dificultades de encabezar un ciclo de protesta, después de haberse recluido en los gobiernos del PT, aun cuando la reforma agraria sólo avanzaría según las necesidades del agro-negocio, o se interrumpiría totalmente, durante el gobierno Dilma. Lo mismo con un sindicalismo que había sido novedoso y revitalizador. Voces políticas de la cultura y el trabajo inmaterial con quienes el PT también construyó una relación desde el Estado, alzaría su voz contra Temer, pero no haría una lectura del fin de una época, tal como vemos en su incapacidad para reaccionar cuando el ministerio de cultura sufrió un recorte del 50% del presupuesto, como parte del ajuste iniciado en 2015 por Dilma Rousseff.

La debilidad política que hoy se evidencia ante la dificultad de enfrentar las medidas de Temer, se relaciona con la pérdida de autonomía y no es ajena a la presencia del PT en el gobierno. En esa época, permitió que organizaciones políticas y militancia “gobernista”, mantuviera silencio frente a proyectos como la represa de Belo Monte[6] y otras obras de gran impacto, indefendibles desde ningún punto de vista que no sea el de la transferencia de recursos públicos a manos privadas. Tal cooptación de las fuerzas sociales en un proyecto ajeno, es lo que muestra el fin de época que requerirá reagrupamiento y creatividad política para aprender a situarse en una nueva coyuntura.

De salida, el progresismo recuerda la influencia de los grandes medios de comunicación. Pero como en otros ámbitos, quizás sea tarde cuando no se buscó funcionar desde otra lógica. El lugar privilegiado que tienen para el progresismo el análisis de la manipulación de la prensa, sin duda un factor en la erosión de su vínculo con la población, no sólo deberá responder el sentido de financiar ampliamente con pauta oficial a la prensa conservadora[7], sino también abrir la discusión de porqué la comunicación progresista hacía oídos sordos a medidas regresivas que hoy son denunciadas, pero que se dejaban avanzar con indiferencia cuando sus impulsores eran del gobierno anterior[8].

Radicalización conservadora e impotencia del PT

Al atrincherarse en la defensa cínica y pragmática de lo que sería una diferencia en el grado del ajuste, o en el vínculo con una historia, que ya no podía ofrecer conquistas sociales ni garantía de mantener en pie lo conseguido, se fue permitiendo la neutralización de resistencias a un proceso en que era el gobierno progresista introducía políticas conservadoras sin reacción. Pero a diferencia de otros países latinoamericanos donde todavía las fuerzas progresistas protagonistas de la década anterior –se encuentren o no de salida– representan la posición de la gente contra el ajuste y el ataque a los sectores más vulnerables; o represente conquistas de la memoria y la organización popular (y aunque en esos lugares el avance conservador en el seno del progresismo no sea para nada ajeno), en Brasil el PT no sale derrotado por haber intentado un camino alternativo al recetado por los intereses del gran capital. Es ese posicionamiento, comprobado una y otra vez en la historia reciente, lo que obliga a ubicar al PT en el campo del poder, instaurando en su lugar instaura un vacío.

Por un camino que se profundizará en el nuevo gobierno, en lo que debe verse como una radicalización conservadora antes que un punto de inflexión, vemos demarcarse una nueva época, en la medida en que la neutralización del PT hace que las nuevas luchas sociales busquen hoy nuevas referencias. Es el resultado de una larga lista de auto-golpes, como el reciente impulso a privatización de la salud pública y de explotación de áreas petroleras (con senadores del PT votando la entrega de nuevas reservas junto al PSDB); o la desvinculación de recursos del Estado para cumplir con gastos sociales, según el proyecto impulsado por el gobierno de Temer, pero que comenzó a circular como propuesta del PT[9].

El último PT de gobierno también defendería propuestas de reforma jubilatoria con aumento de edad de retiro; y concretaría la derogación de legislación que resguardaba conquistas laboristas de la década del 40. Siguiendo una agenda internacional conservadora, se avanzaría en la criminalización de protesta con legislación “anti-terrorista”; y pondría al Brasil en el mapa de los peores conflictos ambientales del mundo, como parte de una concepción de desarrollo que además fue incapaz de reaccionar contra los responsables de desastres naturales prevenibles[10].

Quien continuará la tarea de implementar el ajuste y una política “de austeridad” será un gobierno que nunca hubiera conseguido alcanzar la presidencia por el voto. Pero aunque muy probablemente no será Michel Temer el que transite el momento que se abre, después de las elecciones de 2018, parece menos posible un retorno al proyecto hoy desalojado por un agotamiento que viene de su interior, y que no se puede atribuir al desgaste, sino a la propia concepción política, o cooptación por parte de visiones empresarias, como queda claro en el proyecto de país emprendido antes de la crisis, con opción tecnocrática por un desarrollo capitalista apoyada en grandes grupos empresarios, y empeñada en la creación de otros.

El cuño antidemocrático, que es la marca de la nueva época, se constata en lo político con candidatos dependientes del apoyo empresarial, sabe eludir la decisión popular con mentiras electorales o despolitización generalizada, y avanza en un modelo de desarrollo que destruye todo lo que no se adapte a una civilización de consumo. La clausura a conectarse con expresiones de un Brasil menor, de las diferencias y territorios existenciales, muestra al PT como parte de una máquina que puede llamarse democrática, pero impone privilegios e injusticia, y es menos herramienta de la gente que del gran capital.

El modelo de desarrollo, cuya participación en su gerenciamiento llevó a Dilma Rousseff a ser la candidata elegida por Lula para sucederlo[11], es compartido por el gobierno Temer, beneficiado de la destitución después de haber aprovechado un empoderamiento resultante de la estrategia de alianzas del propio PT. Estas alianzas permitieron a Eduardo Cunha llegar presidir el congreso y a Michel Temer ser segundo en la línea sucesoria, ratificado en ese lugar por el mismo caudal de votos que llevó a Dilma a la presidencia. Fue la respuesta con que el PT se adapta a un sistema “presidencialista de coalición”, que en el primer gobierno de Lula dio lugar al escándalo de Mensalão, por compra de votos a parlamentarios de partidos chicos, y que da cuerpo a la demanda de una reforma política, atrás de la cual el PT y parte de la izquierda busca encontrar espacio para rearmar un proyecto político.

La cercanía del gobierno saliente y entrante queda evidente si enfocamos en los propios actores que saltaron de un gobierno a otro. Un alto porcentaje de ministros de Michel Temer también lo fueron en los gobiernos del PT[12]. Otros participaron de la base de apoyo en el parlamento, y el ministro de economía de Temer, Henrique Meirelles, que hoy es adalid de los recortes, fue presidente del Banco Central escogido y elogiado por Lula, que también lo propondría para ocupar la cartera de economía en el segundo gobierno de Dilma, y que hoy es quien se encarga de articular las propuestas de recorte social, profundizando lo promovido por el anterior gobierno.

Esta continuidad permite no extrañarse ante la circulación jocosa, en la prensa y las redes sociales, de desafíos en que era difícil descubrir si ciertas declaraciones o medidas antipopulares provienen del gobierno de Dilma o del de Temer[13]. Hay una unidad en la clase política brasilera, de la que el PT forma parte a pesar de un origen como instrumento político de los trabajadores y la izquierda, décadas atrás. Así, los líderes del PT no sólo son protagonistas de escándalos de corrupción relacionados con obras públicas y dinero para elecciones. El PT comparte con los partidos que fueron parte de su base o que estaban en la oposición, una misma lógica de gobierno. El gran partido de la izquierda brasileña, dicho de otro modo, no es hoy una herramienta de transformación.

El fin de época es así un proyecto implementado por propia visión política, combinada con un sentido común al que el comando del Estado -o de este Estado, corrupto por naturaleza- es lo que marca el fin del PT como fuerza política de cambio. Cuando hubo realmente una movilización popular, de composición joven, popular y con demandas progresistas, en cambio, no sólo perdió la oportunidad de comunicarse con nuevos movimientos horizontales y en red que mostraban que las calles exigían un cambio, sino que dio incluso la espalda a la vieja concepción de participación social y cercanía con movimientos de donde nace el PT.

Entre la corrupción y el golpe: junio de 2013

Señalar la continuidad de las políticas actuales con las iniciadas por el PT, no busca un juicio moral a los caminos de cierta izquierda, y tiene el sentido de evitar dos marcos explicativos que, acomodándose a una disputa mediática que da continuidad a las estrategias del marketing electoral, deja de lado la necesidad de pensar a partir de un fin de época. Tanto el foco en la corrupción, principal script de los grandes medios, como una grandilocuente denuncia de un golpe que no es acompañada de las acciones que tal acontecimiento exigiría, dejan de lado la gravedad de la naturalidad con que tanto el gobierno de Dilma Rousseff como el de su sucesor, asumen la necesidad de un ajuste sobre los más débiles.

Otro camino, que toma nota del fin del Brasil del PT, probablemente junto con el de su rival histórico, el PSDB, exige pensar en las jornadas de movilización iniciadas en junio de 2013, cuando los problemas de un consenso transversal a toda una clase política enclaustrada, se mostró unificada en una respuesta de represión y promesas de reforma que no se llevarían adelante. Más que alternativas electorales, para situar el centro de la nueva época tenemos las reformas conservadoras, y la resistencia de un nuevo sentido común que salió a las calles.

El primer marco interpretativo que es necesario dejar de lado para entender los movimientos tectónicos de hoy cuando se analiza el impedimiento constitucional de la presidenta, es el énfasis exclusivo en los escándalos de corrupción que involucraban al PT. Este lugar común de los grandes medios y buena parte de la clase media, pero con efectos en todas las clases, permitió la convocatoria de movilizaciones con millones de personas pidiendo la salida del Dilma y dirigidas contra el PT. Se conectan con investigaciones judiciales que reformas impulsadas por el propio gobierno Dilma posibilitaron, no pueden reducirse a una conspiración antipopular, con participación imperialista, y consiguieron que empresarios de corporaciones multimillonarias, convertidas en actores internacionales con apoyo estatal, vayan a prisión.

Las protestas contra la corrupción, que en otros países (como India y España) dieron lugar a la renovación de un sistema político, con aparición de nuevos actores, en Brasil no puede constituirse como marco principal de la crisis política. Acompañaron la acción del parlamento en la abertura del Impeachment, pero el mismo se torna incongruente al observar que la destitución dio lugar a un gobierno mucho más comprometido con la corrupción endémica a un Estado que ahora es gobernado directamente por su casta dirigente más conservadora. Si bien ocupa un papel en la erosión de una base electoral, el agotamiento del PT debe medirse en relación a lo que fue su propio proyecto, y a la posibilidad del mismo en el Brasil actual.

La realidad del ajuste, como síntoma de cierta lógica de gobierno, defendemos acá que explica más que la teoría de una gran conspiración golpista o la dependencia de dinero ilegal para una política que de hecho opta por el marketing electoral y conducciones autonomizadas. Ser un régimen corrupto, se ve en muchos lugares, no es suficiente para dejar de ser alternativa. Como narrativa que explica un cambio de gobierno, sin embargo, también es necesario ver más allá de lo que buena parte de la izquierda explica como modus operandide las elites contra un gobierno popular. La falta de movilización de los que votaron por Dilma, o de los trabajadores que el PT nació para representar, hace necesario que la búsqueda de un marco interpretativo para la crisis también descarte esa explicación.

La narrativa del “golpe de Estado”[14], que abre un largo campo de disquisiciones jurídicas difíciles de traducir a la mayoría de la población, también deja de lado algo esencial para situarse en la actual crisis política. Ella deja de lado la imposibilidad del campo popular brasilero y la izquierda, de plantear una alternativa al ajuste. Entre la corrupción y el golpe, y sin negar la medida en que estas narrativas puedan ser verdaderas, se vuelve necesario encontrar una explicación para la persistencia de una casta política. Ese lugar político existe, aunque desdibujado, en el recuerdo de las amplias olas de movilización que sorprendieron Brasil en junio de 2013.

Más allá de la discusión sobre como caracterizar el modo de aplicación de la herramienta constitucional de Impeachment, en la que no faltan elementos de manipulación, que permitirían usar de forma laxa el vocablo “golpe”, pero que también difieren del sentido comúnmente dado a esta palabra en América Latina, por lo que nos inclinamos por la idea del recurso de un parlamentarismo de facto, es importante pensar el momento político sin centrarse en la destitución de Dilma. La misma, si dejamos de lado elementos de cultura e identidad política que es antagónica entre el gobierno saliente y entrante, nos lleva a la necesidad de señalar la continuidad de un modelo, organizado en su arquitectura económica desde la década del 90, y que el PT supo complementar socialmente, pero que hoy no encuentra para la crisis otra solución que el recorte de gastos sociales.

Los rasgos comunes de un modelo, no se evidencian solamente en la respuesta ante la crisis, sino también en consensos sobre un desarrollo que se apoya especialmente en el agronegocio, y que tolera 58 mil muertes violentas por año[15] con impunidad policial garantizada por leyes de confidencialidad, y sin capacidad de hacer frente al avance conservador en la sociedad, que participa como espectador de disputas entre elites políticas lejanas, y donde las posibilidades de una política emancipatoria pierden para la lógica del Estado padre que se territorializa como máquina electoral de operadores locales en el marco de una lógica gubernamental de asistencia neoliberal[16].

Una sobredimensión de la traición de Michel Temer y otros ex aliados del PT, como Eduardo Cunha (presidente de la cámara de diputados que habilitó elimpeachment) y Renan Calheiros (presidente del senado y como el primero también partícipe de varios esquemas de corrupción), no permite entender el tipo de gobernabilidad y tablero político que desaparece, ni el desplazamiento del PT y el PSDB, sus principales arquitectos junto al PMDB, que tampoco será capaz por sí sólo de ser quien paute los caminos políticos de los próximos años.

Al hablar de “golpe”, sobredimensionando la traición de Michel Temer y otros ex aliados, o defendiendo una conspiración con participación norteamericana, es necesario explicar por qué no fue posible que una movilización masiva se oponga a las maniobras del congreso, ni que un estado de sitio, mecanismos de defensa o acciones judiciales de emergencia sean accionadas. También se debe explicar la diferencia con situaciones como las de Honduras y Paraguay, en que presidentes son desalojados con intervención militar violenta – en el caso de Honduras – o repentinamente sin derecho a defensa – como en Paraguay – pero especialmente, se debe explicar por qué no se constata la presencia de un cambio de rumbo, o de sectores golpistas opuestos al tipo de políticas articuladas desde el gobierno saliente.

En la narrativa del golpe, prolongada o no en una estrategia electoral que buscará el regreso de Lula u otro candidato, la impunidad cotidiana en Brasil, o medidas que muestran el sesgo autoritario y conservador del nuevo gobierno, son usados como argumentos que confirman que en lugar de un juicio político se trataría en una interrupción del Estado de Derecho, antes en pie. Sin negar que el vínculo deteriorado entre el PT, sus bases y votantes históricos se recompone moralmente mientras el partido es desalojado de una máquina que lo modificó en mayor medida de lo que se vio modificada por el mismo.

Como ocurrió en 1991 con Collor de Melo, en un juicio político acompañado de movilización en las calles con argumentos que posteriormente serían descartados por la justicia, la salida de Dilma se daría en un proceso del que participan mayorías calificadas del senado y la cámara de diputadas (el voto de un tercio del senado hubiera sido suficiente para bloquearlo), así como del Tribunal Supremo Federal, en el desenlace del proceso, del cual tanto como 9 miembros, de 11, accedieron a sus puestos propuestos por el propio PT. Las palabras fuertes sobre el golpe, que no esconden una cercanía real entre el nuevo gobierno y la herencia de la dictadura, también se oyeron en declaraciones de países aliados, pero que tampoco llevaron adelante posiciones consecuentes como el corte de relaciones diplomáticas con el gobierno golpista, el accionamiento de la cláusula democrática del Mercosur o el Boicot al nuevo gobierno en los Juegos Olímpicos disputados mientras el proceso deimpeachment se encontraba sobre la mesa.

La situación de indiscernibilidad entre las políticas del segundo gobierno de Dilma, en que el apoyo de la población, poco después de haberla reelecto, se redujo a menos del 10%, según las investigaciones de opinión, se prolonga aún después de abierto el escenario del Impeachment. Aún después de que ministros dejen sus cargos para pensar contra la presidenta, el PT y el PCdoB, aliado hasta el final, mantendrían alianzas para las elecciones municipales de octubre con el PMDB y otros partidos que votaron a favor de la destitución, en más de 1600 municipios y algunas grandes ciudades[17]. Varios congresistas del PT también apoyarían un nuevo candidato a presidente de la cámara también proveniente del PMDB. Ni durante ni después del Impeachment el PT decide despegarse de una lógica política de alianzas con lo más corrupto de la política, alternando, como en tiempo de elecciones, una retórica radicalizada con una política real pragmática y conformista por debajo de la mesa.

El que fuera uno de los mayores partidos de izquierda en el mundo, así, muy posiblemente ya no volverá a ser en el corto plazo el centro de la política brasileña ni tampoco, como ya muestran nuevas articulaciones, el instrumento con que se organice la izquierda. Surgen así nuevas fuerzas políticas y alianzas que buscan cabalgar en el vacío que junio de 2013 pone en evidencia, incluso entre los que se embarcaron en la denuncia de un golpe, después de haber sido críticos a los sucesivos gobiernos del PT, que ven posibilidades de sus candidaturas en algunas ciudades y de articulación con movimientos sociales antes exclusivamente aliados al partido de gobierno.

En el campo social de la izquierda no organizada en partidos ni movimientos, protagonista de protestas en 2013, surgen nuevas luchas como las de las escuelas secundarias o huelgas por afuera de los sindicatos. También se expande la fuerte corriente de opinión pública que no está dispuesta a apoyar movimientos que ignoren los efectos de un modelo de desarrollo y grandes obras, planeado desde una perspectiva de intereses meramente capitalistas, e inseparable de una política necesitada de financiamiento ilegal proveniente de las mismas obras.

A la hora de explicar el declive del PT, uno se pregunta si se trató de una estrategia equivocada. Apenas un tercio de los senadores hubieran impedido elImpeachment. El PT no consiguió el voto siquiera de seis senadores que habían actuado como ministros[18]. ¿Todavía externos en una institucionalidad ajena? Quizás el problema fue el contrario: el PT se encontraba demasiado integrado al sistema político que para la población despierta o bien indignación, o bien indiferencia. Después de más de una década en que las organizaciones de la sociedad dejaran la calle y se dedicaran a recorrer ministerios, no sin resultados materiales inmediatos que se deben valorar, un contrapoder que sirviera contra los recortes desde las calles, se encuentra ya desarticulado.

Después de las masivas movilizaciones de junio de 2013, y su desdeñado papel de alerta para una clase política que no tuvo sensibilidad para escucharlo, en 2013, se bifurcaría a partir de ellas una serie de movilizaciones anticorrupción sin horizonte político crítico, por un lado, y de defensa nostálgica de un gobierno debilitado, con actos espaciados y de baja concurrencia, como testimonio del fin de ciclo de lo que fue una importante construcción colectiva y hoy deja el poder como fuerza transformista, además de derrotada.

Notas:

[1] Esta lectura se desprende de las pruebas publicadas por la prensa, derivadas de la “delación premiada” del empresario petrolero Machado. Resultaría en la renuncia del hombre fuerte de Temer en su primer gabinete, pocos días después de asumir. Ver: Talento, A. e M. Falção “Em delação, Machado diz que Renan e Jucá recebiam mesada do petrolão”, 15 de junio 2016,http://www1.folha.uol.com.br/poder/2016/06/1781918-em-delacao-machado-diz-que-renan-e-juca-recebiam-mesada-do-petrolao.shtml

[2] Martins, R. “A bancada BBB domina o Congresso” 14/4/2015http://www.cartacapital.com.br/revista/844/bbb-no-congresso-1092.html

[3] “Após afastamento, reprovação a Temer chega a 70% e avaliação de Dilma melhora, diz pesquisa” Ingrid Fagundezhttp://www.bbc.com/portuguese/36636385 “O que as últimas pesquisas revelam sobre apoio ao impeachment e a Temer?”http://www.bbc.com/portuguese/brasil/2016/05/160511_temer_rejeicao_lab “Nem Dilma, nem Temer: maioria da população quer eleição antecipada, aponta nova pesquisa” Mariana Schreiber

http://www.bbc.com/portuguese/brasil-36779469

[4] “Lula lidera intenção de voto em 2018, mas perderia 2º turno”http://politica.estadao.com.br/noticias/geral,lula-lidera-intencao-de-voto-em-2018-mas-perderia-2-turno,10000063304 “Lula e Marina lideram corrida para 2018; tucanos despencam” http://www1.folha.uol.com.br/poder/2016/04/1759342-lula-e-marina-lideram-corrida-para-2018-tucanos-despencam.shtml “Datafolha mostra Marina Silva vencendo as eleições de 2018 em todos os cenários”http://www.infocors.com/2016/07/datafolha-mostra-marina-silva-vencendo.html?m=1

[5] Aécio Neves fue afectado por denuncias de corrupción y también desplazado políticamente dentro del PSDB por dos líderes: Serra, canciller de Temer, y Alckmin, gobernador de São Paulo. Ambos se disputa su bastión, el Estado de São Paulo, pero sin buenas mediciones en el ámbito nacional.

[6] Avelar, I. “Bibliografia comentada: 50 leituras sobre o ecocídio de Belo Monte, 1ra y 2da parte”http://www.revistaforum.com.br/idelberavelar/2011/11/24/bibliografia-comentada-50-leituras-sobre-o-ecocidio-de-belo-monte-1%C2%AA-parte/ ehttp://www.revistaforum.com.br/idelberavelar/2012/01/31/bibliografia-comentada-50-leituras-sobre-o-ecocidio-de-belo-monte-2%C2%AA-parte/

[7] Publicidade federal: Globo recebeu R$ 6,2 bilhões dos governos Lula e Dilmahttp://www.cartacapital.com.br/blogs/midiatico/emissoras-de-tv-receberam-mais-de-r-10-8-bilhoes-publicidade-federal-7609.html

[8] Véase el caso del proyecto PEC 241/2016, “Temer exuma a PEC de Dilma que reduz despesa pública com o povo” http://cgtb.org.br/2016/06/19/temer-exuma-a-pec-de-dilma-que-reduz-despesa-publica-com-o-povo/ La misma sensación de falta de seriedad en el debate político sentimos al comparar el tratamiento de medidas como suba de tasas de interés, aumento de tarifas, tratados de libre comercio y otros, cuando impulsados por presidentes “progresistas” o conservadores sudamericanos.

[9] Diferentes proyectos de enmienda constitucional, presentados en 2015 y 2016, inicialmente defendidos por el gobierno Dilma, luego como prioridad en la agenda de Temer buscan desvincular la obligatoriedad constitucional de gastos en salud y educación del presupuesto de la nación. El proyecto PEC 241/2016, hace eso poniendo un techo de 20 años al gasto público, no pudiendo este superar el gasto del año anterior, corregido por la inflación. De esa forma los gastos sociales quedan descomprometidos por parte del Estado, mientras el pago de la deuda se mantiene intacto como prioridad.

[10] Milanez, F. “Os 10 conflitos ambientais mais explosivos do mundo”, 8/8/2016,http://www.cartacapital.com.br/sustentabilidade/dez-conflitos-ambientais-que-explodem-no-mundo

[11] La lógica de gobierno queda clara al analizar el Programa de Aceleración de Crecimiento (PAC), cuyo gerenciamiento como ministra llevó a Dilma a ser candidata elegida por Lula para sucederlo. Con inversiones calculadas en R$ 500 mil millones en su primera versión y R$ 1,5 billones en la segunda, y como fue evidente con Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos, que tuvieron exoneración de impuestos para las empresas organizadoras, el legado del modelo de desarrollo es desalojo ilegal de pobres, sobreprecios, desvío de dinero, impacto ambiental irreversible y además errores de planeamiento que vuelven a muchas de esas obras inservibles o abandonadas. Albuquerque R, T. e Salvador, E. “As implicações do Programa de Aceleração do Crescimento nas Políticas Sociais” SER Social, Brasília, v. 13, n. 28, p. 129-156, jan./jun.2011http://repositorio.unb.br/bitstream/10482/9689/1/ARTIGO_ImplicacoesProgramaCrescimento.pdf

[12] En el primer gabinete de Michel Temer, con 23 ministros, el jefe de gabinete (Padilha); los ministros de planeamiento (Jucá); de ciencia y tecnología (Kassab); de turismo (Alves); de gobierno (Vieira Lima) y de Integración Nacional (Barbalho), fueron secretarios de estado o ministros de Lula o Dilma. Así, proyectos que tramitan con Temer como la reforma jubilatoria, el límite para gastos públicos y desvinculación de los mismos a un mandato constitucional, restituciónd e impuestos regresivos, etc, no extraña que hayan sido agenda presentada por Dilma al congreso como camino para retomar el crecimiento.

[13] Ver la página de Facebook https://www.facebook.com/Dilma-ou-Temer-1597035603942172/?ref=ts&fref=ts Y, en la prensa digital:https://www.nexojornal.com.br/interativo/2016/05/24/Isso-foi-dito-por-ministros-de-Temer-ou-de-Dilma

[14] Argumentos contrarios a la interpretación que caracteriza un golpe de Estado pueden encontrarse en: A RETÓRICA DO “GOLPE DE ESTADO” NO IMPEACHMENT DE DILMA ROUSSEFF por Marcus Fabiano, disponible enhttps://marcusfabiano.wordpress.com/2016/04/17/a-retorica-do-golpe-de-estado-no-impeachment-de-dilma-rousseff/ A favor de esta interpretación puede citarse el libro “Por que gritamos Golpe?”, Varios Autores, Sao Paulo, Boitempo, 2016, o la compilación publicada por la red CLACSO, disponible en:http://www.clacso.org.ar/difusion/Golpe_Brasil_genealogia/genealogia.htm .

[15] “Ramalhoso, W> Brasil registra 58,5 mil assassinatos em 2014, maior número em 7 anos” 08/10/2015 http://noticias.uol.com.br/cotidiano/ultimas-noticias/2015/10/08/brasil-registra-585-mil-assassinatos-em-2014-maior-numero-em-7-anos.htm Martin, M. “Brasil tem seis assassinatos por hora, a maioria de homens negros” 11/11/14http://brasil.elpais.com/brasil/2014/11/11/politica/1415732921_778564.html

[16] Toledo Jr, V “Frei Betto critica assistencialismo e pede reformas por “democracia econômica””. 15/03/2008http://noticias.uol.com.br/ultnot/2008/03/15/ult23u1484.jhtm

[17] Castaneda, M. PT se coliga com golpistas PMDB, PSDB e DEM em 1683 municípios https://lidadiaria.wordpress.com/2016/08/19/pt-se-coliga-com-golpistas-pmdb-psdb-e-dem-em-1683-municipios/

[18] Charleaux, JP, “Dilma ficará frente a frente com ex-ministros que agora são seus adversários: quem são eles” 8/8/2016https://www.nexojornal.com.br/expresso/2016/08/19/Dilma-ficar%C3%A1-frente-a-frente-com-ex-ministros-que-agora-s%C3%A3o-seus-advers%C3%A1rios-quem-s%C3%A3o-eles

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Niza y el enemigo invisible

Hervé Do Alto
Hervé Do Alto 

Opinión
 

Investigador en Ciencias Políticas en la Universidad de Niza.

Niza y el enemigo invisible

A falta de saber el motivo que llevó a Mohamed Lahouaiej Bouhlel a perpetrar el ataque de Niza, el investigador Hervé Do Alto analiza desde la ciudad francesa las implicaciones del atropello que dejó al menos 84 muertos.

Mientras este viernes, se multiplicaban los homenajes a las víctimas en...
Mientras este viernes, se multiplicaban los homenajes a las víctimas en el país, los investigadores seguían tratando de conocer el motivo del ataque en Niza. Getty Images

Digo “loco” y no “terrorista” porque no existe ninguna prueba de que el autor de la carnicería de anoche tuviera algo que ver con las redes criminales vinculadas a Al-Qaeda o al Estado Islámico. Hasta ahora, más bien, todo apunta lo contrario. Pero uno fácilmente puedo creerlo, ya que Niza, capital del verano, también se volvió conocida últimamente como un nido propicio al reclutamiento de futuros yihadistas dispuestos a irse a Siria o Irak.

Asimismo, según el Ministerio del Interior francés, se estima que hay un 10% de franceses originarios del departamento de los Alpes-Marítimos (cuya capital es Niza) que, cada año, van sumándose a las filas de las redes terroristas que prosperan en Medio Oriente.

Detrás del glamour que se suele asociar con Niza, está una de las ciudad...
Detrás del glamour que se suele asociar con Niza, está una de las ciudades más desiguales de Francia. Getty Images

Detrás del imaginario “glamour” con el que se suele asociar la capital de la Costa Azul, Niza es en realidad una de las ciudades más desiguales de la región. Si uno se arriesga a ir más allá de la Niza de postal que muchos conocen y evita los barrios acomodados ubicados en las lomas que dominan el panorama local, se dará cuenta de que existe, en los barrios más alejados como L’Ariane, Les Moulins o Bon Voyage, un caldo de cultivo donde se van mezclando situaciones económicas precarias y discriminaciones de corte étnico-racial, tanto en el acceso al trabajo como a los lugares de ocio, donde la mayoría de los pobladores son originarios de países del Magreb o el África subsahariana.

Hasta ahora, las tensiones sociales generadas por esta situación han sido manejadas por las distintas autoridades municipales, todas sólidamente ancladas a la derecha desde los años 40, con un intenso recurso a métodos clientelistas basados en la cooptación de las elites barriales. Pero esta estrategia se vio cada vez más limitada por la saturación del discurso racista en el espacio público, cuya traducción político-electoral, hasta hace unos pocos años, hizo de Niza la capital de las derechas reconocida como tal en el resto del país.

Aquí siempre prosperó un importante voto conservador, hoy día capitalizado por Les Républicains (el partido del expresidente Nicolás Sarkozy) y nunca dejaron de crecer los votos a favor del xenófobo Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen. Bajo presión, la derecha conservadora fue asumiendo un discurso cada vez más hostil a los “extranjeros” –la figura del “enemigo interno”, otrora atribuida a los judíos o a los comunistas, siendo ahora asociada a los musulmanes y a todos los árabes y negros en general. Una tendencia que, lejos de limitarse a Niza, también se constata en Francia como en el resto de Europa.

Más de 80 disparos de la policía impactaron en la cabina del conductor d...
Más de 80 disparos de la policía impactaron en la cabina del conductor del camión. Getty Images

Eso permite entender el porqué de una extraña paradoja: mientras que el ultraderechista Anders Behring Breivik fue ampliamente visto como un esquizofrénico cuando mató en 2011 a 77 jóvenes socialistas en la Isla de Utoya, cerca de Oslo, a Mohamed Lahouaiej Bouhlel no se le dio el derecho a la duda. Cuando ayer atropelló a casi un centenar de personas, los periodistas franceses no tuvieron tantos escrúpulos y rápidamente muchos de ellos vieron en el ataque un atentado de corte “islamista”. Discriminada de forma sistemática, la comunidad árabe y musulmana también es vista como un cuerpo homogéneo ajeno al cuerpo nacional, siendo los terroristas la cara visible del peligro que representaría el Islam para el “vivre ensemble” (vivir juntos) que caracterizaría a la sociedad francesa. Es por este motivo que se percibió al acto de Lahouaiej Bouhlel, con una naturalidad que no deja de asustar, como un acto “terrorista” cuya finalidad no era otra que poner en peligro el “savoir-vivre” (saber vivir) francés.

El horror extremo que se vivió en el Paseo de los Ingleses tiñó de luto a la ciudad de Niza. “Hay que resistir”, dicen las autoridades municipales y nacionales, pero cabe preguntarse: “¿a qué?, ¿a quién?”.

Ya anoche, nuestros dirigentes proponían extender por tres meses más un estado de emergencia que, desde su implementación en noviembre de 2015, sólo fue usado para reprimir a los movimientos sindicales opuestos a una reforma laboral gubernamental que atenta a los derechos de los trabajadores. También anunciaron querer intensificar la intervención francesa en Siria e Irak –intervención que, hasta la fecha, sólo generó más inestabilidad en la zona y expuso a la población civil francesa a represalias.

Los médicos suelen decir que no hay nada peor que tratar una enfermedad con una medicina equivocada. Las que probamos hasta ahora –menos libertades públicas y más guerras– no funcionan y sin embargo, nos proponen seguir con ellas en un contexto donde los musulmanes, incluso nacidos y crecidos en Francia, aparecen como los chivos expiatorios ideales para legitimar lo que nadie aceptaría en otro momento. Por eso pregunto, después del drama de ayer: con semejantes medidas, ¿contra quiénes luchamos verdaderamente?

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ISIS, el estado islamico y la contrarrevolución: hacia un análisis marxista

ISIS, el estado islamico y la contrarrevolución: hacia un análisis marxista

ISIS, el estado islamico y la contrarrevolución: hacia un análisis marxista

Autor(es): Alexander, Anne

Alexander, AnneAlexander, Anne. Investigadora de postdoctorado en el Centro para la Investigación en Artes, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Cambridge. Escribe regularmente para International Socialism Journal sobre el Medio Oriente, y está trabajando en un libro en co-autoría con Mostafa Bassiouny sobre el movimiento obrero egipcio. Es miembro fundador de la Red de Solidaridad MENA, que organiza la solidaridad sindical con el movimiento obrero en el Medio Oriente.


 

A cuatro años de las revoluciones árabes de 2011, las esperanzas que encendieron estos levantamientos parecen haberse extinguido totalmente. Libia, Siria e Irak representan sombrías variaciones sobre el tema de los “estados fallidos”.[1]  Mientras tanto, una coalición militar de potencias occidentales y sus aliados árabes, dirigida  por Estados Unidos está actuando de vuelta en el norte de Irak y Siria, justificando su intervención con la misma retórica “humanitaria” que dio cobertura  a la catastrófica ocupación de Irak luego de 2003. En Egipto la dictadura se ha resucitado de una forma más violenta y sangrienta aún que en los peores días del gobierno de Hosni Mubarak, matando a más de 1.000 seguidores de la Hermandad Musulmana en un solo día, el 14 de agosto de 2013, encarcelando a más de 40.000 presos políticos durante el año siguiente y creando un nuevo culto de la personalidad del mariscal de campo Abdel-Fattah el-Sisi. El férreo control de la represión en Bahréin no se ha aflojado desde el aplastamiento del levantamiento que hubo en ese país en 2011.

 Cerniéndose sobre todo esto, al menos en la visión de la región que emerge de los medios occidentales, está el ascenso del Estado Islámico de Irak y Siria (a partir de aquí usaremos el acrónimo inglés: ISIS, N. del T.), ahora conocido simplemente como el Estado Islámico o por su acrónimo arábigo, Dáesh. Este grupo yihadí violento y sectario tomó  el control de Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, en junio de 2014, haciendo huir al ejército iraquí. Ha cautivado a los medios occidentales con atrocidades muy publicitadas, incluyendo la decapitación de  ciudadanos británicos y estadounidenses y la brutalidad sistemática contra las mujeres y las minorías religiosas y musulmanas de otros orígenes que el de ellos. Mientras avanzaban a través del occidente y el norte de Irak. Los combatientes del ISIS llevaron a cabo masacres y limpiezas étnicas, incluyendo las ejecuciones masivas de miembros de la religión Yazidi, Los presos chiitas en las cárceles iraquíes y los hombres de la tribu de Albu Nimr, por mencionar solamente unos pocos ejemplos.[2]
¿Por qué fascina tanto el ISIS? Una se tienta a reducir el impacto del grupo a la pornografía en internet de su violencia y espera que mirando para otro lado se agotará y se extinguirá. Pero esto deja demasiadas preguntas sin respuestas. ¿Es un estado neo-wahabita calcado del modelo de los Emiratos, construidos hace dos siglos por los ancestros de la familia reinante saudí y los predicadores islámicos que eran sus aliados? ¿Una banda de mercenarios extranjeros dirigidos por caudillo comunal demasiado ambicioso? ¿El pegamento político y militar que mantiene unido a un nuevo alineamiento de la “elite sunita” en Irak? ¿O una red transnacional de jihadistas extranjeros? Su aparición, ¿refleja la “falla geológica” sunita-chiita? ¿Qué pasa con los kurdos? ¿Qué rol han jugado en su aparición los EE.UU., los estados del Golfo Pérsico e Irán?
Este artículo representa un esfuerzo para poder responder algunas de estas preguntas. Abordaremos varias tareas: primero, trazar un marco teórico general para el análisis del ISIS desde una perspectiva marxista, y luego estudiar el contexto iraquí en el que se enraizó el ISIS, seguido por un análisis de la interacción entre la derrota de la revolución siria y la consolidación del gobierno autoritario de Nouri al-Maliki en Irak luego de 2008. Este enfoque en Irak refleja el papel clave que jugaba la actual dirección iraquí del ISIS. Abu Bakr al-Baghdadi, que ha dirigido al grupo desde 2010, de quien se dice que es de Samarra, el crisol de la guerra civil de sectas en 2006-7, aunque en esa época estaba aparentemente en una cárcel estadounidense en Camp Bucca en el sur de Irak, y fue liberado recién en 2009.[3]
Finalmente ubicaremos al ISIS en el contexto de la crisis de los movimientos islámicos reformistas como consecuencia  de las revoluciones de 2011. Los niveles generales y específicos de este análisis se hallan profundamente relacionados. La catástrofe que ha envuelto a Irak refleja la acción de procesos globales y regionales, pero la magnitud de esa catástrofe a su vez ha intensificado a esos mismos procesos. El debilitamiento de la hegemonía estadounidense como resultado concreto de la derrota militar en Irak subyace bajo es ascenso relativo de potencias regionales como Irán y Arabia Saudita, y ha puesto en movimiento un proceso fractal que creó las condiciones para la consolidación de nuevos estados embrionarios como el de los kurdos en el norte de Irak.[4]¿Seguirá una pauta similar el ISIS? Sus líderes han  hecho una apuesta histórica a que pueden estabilizar no sólo un nuevo estado, sino un nuevo tipo de estado: la primera avanzada de un califato transnacional. Hay muchas razones para cuestionar su criterio, así como hay muchas razones para oponerse a la estrategia adoptada por los EE. UU. y sus aliados para “tratar con el ISIS” mediante los bombardeos. Sólo el resurgimiento de las formas de lucha social y política que relacionan a los pobres y oprimidos de la región a través de las diferencias de creencias religiosas, idiomas o culturas podrá ofrecer una verdadera alternativa a ambos.
Neoliberalismo, sectarismo e imperialismo
La adopción del neoliberalismo por las clases dominantes, que comenzó hace 40 años en toda la región es el marco de referencia sobre el que se pueden cartografiar los otros fenómenos que estamos discutiendo. Aunque no hay espacio aquí para analizar detalladamente el desarrollo del neoliberalismo en el Medio Oriente, hay tres puntos clave que son de particular importancia para el análisis que proponemos.[5]  Primero, el neoliberalismo no implicó el repliegue de la economía por parte del estado. Por el contrario, como afirma Sameh Naguib, la adopción de políticas neoliberales creó “una relación aún más íntima entre el estado y el capital”[6]. Las industrias y servicios estatales redituables fueron asignadas para la privatización, mientras otras encaraban abandonos y cierres eventuales, pero este proceso creó nuevas amalgamas del estado y el capital privado, donde la “privatización” frecuentemente significaba la venta de activos públicos a los hijos e hijas de los funcionarios del partido gobernante.[7]
También hubo verdaderos cambios en los servicios asistenciales y otros servicios públicos, cuando las políticas neoliberales volcaron una mayor proporción de sus costos sobre los pobres, mientras promovían su transformación en mecanismos de generar ganancias. Quienes no podían pagar a las grandes empresas para su atención médica y su educación se dirigieron entonces a otros proveedores “privados”: las instituciones religiosas y de beneficencia. Paradójicamente, los beneficiarios políticos de este proceso fueron a menudo los movimientos de oposición islámicos que combinaban la provisión de servicios caritativos para los pobres y la clase media baja con las invocaciones a una mayor devoción personal y a una resistencia cultural contra el “estado laico”[8].
Aunque es tentador pensar que este largo camino de cambio social crearía una tranquila transición al nuevo orden económico y político, en realidad este proceso intensificó al desarrollo desigual y combinado de la región. La desigualdad aumentó en las economías a nivel nacional,[9] y también entre ellas. Esto también acentuó las fricciones causadas por la combinación de rasgos de diferentes fases del desarrollo capitalista.[10] Por falta de espacio, sólo subrayaremos dos ejes específicos de desigualdad que han resultado ser particularmente importantes.
El primer eje es la fricción causada por el desarrollo desigual en el interior de las economías nacionales, con algunas áreas y sectores que se integran más rápidamente en los mercados globales y en las corrientes de inversiones que otros. El veloz progreso de la Revolución Siria de 2011, a través de las provincias y los suburbios urbanos más empobrecidos que se habían convertido en los hogares de decenas de miles que abandonaron los centros agrarios frente a una devastadora sequía entre 2008 y 2010, es un ejemplo.[11] Las tres regiones más pobres del país, Deir Ezzor, Hassaka y Raqqa,[12] son también las que han sido la cuna de la consolidación del ISIS en Siria.
El segundo ejemplo, igualmente importante, es el creciente peso del capital del Golfo en Medio Oriente y a escala global. Como lo demuestra Adam Hanieh, los circuitos que abarcan a los grupos del capital productivo, comercial y financiero han comenzado a jugar un rol crucial en la región en general: al invertir en producción y servicios, y utilizando préstamos, diplomacia y amenazas para accionar a través de las políticas neoliberales que tienden a abrir nuevos mercados[13]. Esta desigualdad hizo de los Estados del Golfo unos actores regionales más poderosos que lo que habían sido en el pasado, capaces de influir en los resultados de la revolución en Egipto y Siria, en un caso, apoyando la contrarrevolución dirigida por los militares, y trabajando para la hegemonía de las facciones armadas islamistas sobre la lucha militar en el otro.
El neoliberalismo no barrió completamente las relaciones políticas y sociales de la fase anterior del capitalismo, sino se combinócon ellas en nuevas e inestables amalgamas. Once  años después de la invasión de EE. UU., el Banco Mundial lamentó en su “Evaluación del clima iraquí de inversiones” en 2012, que la economía de Irak todavía estaba dominada por el estado: “el sector privado hoy tiene un rol o presencia limitados, y los incentivos para su expansión están ausentes”[14]. Esto no significa que la aplicación de los principios neoliberales en la economía no tuviera efectos: pues reconfiguraron profundamente a la política y la sociedad iraquíes. Este proceso primero vació al estado detrás de su fachada baathista bajo las sanciones durante la década de los años noventa, y después lo aplastó parcialmente y reconstituyó un nuevo sistema autoritario dirigido por partidos y milicias sectarias, a partir de 2003.
El segundo pilar para nuestro análisis es el enfoque de Karl Marx para comprender de dónde provienen las ideas. Ya sea que estemos examinando las creencias religiosas en general,  determinadas ideologías sectarias o las perspectivas políticas de movimientos islamistas específicos, un análisis marxista debe partir de la premisa general de que estas ideas tienen una vida propia, separada de la realidad material. En el caso del Medio Oriente, muchos analistas de la corriente hegemónica tradicional van más allá, afirmando que las creencias religiosas de los seres humanos que viven allí determinan la realidad material, de modo que a la región solo se la puede comprender a través del prisma de sus “antiguos odios”[15]. No es casual que las ideas expresadas por los combatientes del ISIS son descritas frecuentemente usando metáforas extraídas de la biología o la epidemiología. Alastair Crooke, en un artículo ampliamente leído, presenta al ISIS como una “mutación” del “gen wahabita”; en otras palabras, del trasplante de la ideología desarrollada por Muhammad Ibn Abd-al-Wahhab, el predicador árabe del siglo XVIII, y sus seguidores en el curso de la larga alianza de su movimiento con la dinastía Al Saud.[16]
El problema con esos abordajes no es que siempre sean sustancialmente equivocados: Crooke ciertamente tiene razón cuando dice que el “wahabismo” difundido por la política oficial saudita ha sido recogido por grupos que corren el riesgo de convertirse en una amenaza para el propio régimen saudí. Pero al hacer de las ideas, en lugar de la acción humana, la fuerza motivadora de la historia, confunden las formas en las que cambia la sociedad. Como lo explica Chris Harman, “los seres humanos no pueden actuar en forma independiente de sus circunstancias. Pero esto no significa que pueden ser reducidas a ellas. Están continuamente implicados en “negar” al mundo material objetivo a su alrededor, en reaccionar sobre esto de tal manera que lo transforman y también se transforman.”[17]
La verdadera historia de Irak cuenta un relato muy diferente del cuadro simplista que se presenta en los medios. Las comunidades religiosas, lingüísticas, étnicas y tribales no son, y jamás han sido, un simple mosaico de piezas discretas o individuales. En Irak, por ejemplo, el matrimonio entre los musulmanes sunitas y chiitas era relativamente común hacia mediados del siglo XX. El islam sunita y chiita cruza a través de las divisiones lingüísticas entre los kurdos árabes y turkmenos, mientras que hay confederaciones tribales con miembros sunitas y chiitas[18]. Más aún, todas estas “comunidades” están divididas por clases sociales: los terratenientes, empresarios y altos funcionarios estatales que afirman representar al conjunto, por supuesto, tienen intereses muy diferentes a los de la mayoría del pueblo.
Sin embargo, aunque estos clivajes sociales horizontales, particularmente los que se basan en las relaciones sociales que se forman en el curso de la producción, ofrecen un cuadro “más verdadero” de la sociedad iraquí que las divisiones verticales basadas en la creencia religiosa o la pertenencia tribal, 20 años de guerra, sanciones y la ocupación posterior han creado una nueva base material para la conciencia sectaria. Los clérigos que pueden incrementar el atractivo de sus sermones dando a las familias de los feligreses un acceso al generador eléctrico de la mezquita, o los líderes tribales cuyas relaciones con los funcionarios gubernamentales proveen el acceso a empleos y el clientelismo para sus seguidores, crean relaciones sociales que ayudan a fortalecer la relación de diferentes clases sociales a pesar de sus “verdaderas” relaciones contradictorias. La fortaleza o la debilidad de estas relaciones sociales no pueden ser medidas en forma aislada de la fortaleza o la debilidad de otras relaciones sociales. En una sociedad fragmentada por la guerra civil, donde millones han huido de sus hogares, la oferta de un empleo para combatir para un líder tribal o una milicia sectaria, puede significar la diferencia entre la vida o la muerte para los individuos y sus familias. En contextos como estos habrá pocas oportunidades para los trabajadores para poner a prueba a la solidaridad de clase en la práctica.
Asimismo, el punto de partida para comprender a los movimientos islamistas no puede basarse simplemente en las ideas que estos articulan, sino en su contenido social: en otras palabras, la relación entre sus miembros y líderes y las divisiones de clase en la sociedad. Los movimientos islamistas de masas, como la Hermandad Musulmana, generalmente contienen contradicciones sociales enormes en el seno de sus estructuras, con los intereses de clase de la dirección que a menudo difieren de las aspiraciones de los miembros provenientes de la clase obrera, los pobres urbanos o las clases medias más bajas[19]. El ISIS tiene, y siempre lo ha tenido, como movimiento, un carácter muy diferente. Es una organización elitista, militar, que, como estudiaremos con más detalles más abajo, está arraigada en la competencia entre las facciones armadas sectarias en el Irak ocupado por los EE. UU.
Esto no significa que la organización no pueda beneficiarse por las aspiraciones contradictorias de las personas de diferentes clases sociales a un cambio político o social, y la derrota o marginación de otras fuerzas que aparecieron para impulsar estas esperanzas. Por ejemplo, el ISIS  ha prosperado al aparecer ofreciendo a los sunitas en Irak protección contra la opresión sistemática que sufren de parte de los partidos islamitas sectarios chiitas que dirigen el estado iraquí. Sin embargo, el programa totalmente sectario del ISIS, combinado con su estructura militar y el rechazo de todo programa por un cambio político o social que el pueblo común y ordinario podría hacer propio, significa que los socialistas revolucionarios no pueden utilizar el mismo punto de vista hacia esa organización que el que utilizamos en relación con Hamas, Hezbollah u otras fuerzas armadas islamistas.[20] A diferencia de estas organizaciones, que a veces ofrecieron una ruta desviada hacia la expresión de las verdaderas reivindicaciones sociales y políticas para el pueblo común, la política del ISIS representa un callejón sin salida.
El tercer anclaje de nuestro esquema es un análisis marxista del imperialismo en la región, y específicamente el catastrófico impacto de la intervención estadounidense en Irak. Como lo ha examinado en profundidad Alex Callinicos en esta publicación y en otras partes, el fracaso de este “vanaglorioso proyecto” ha tenido profundas consecuencias a nivel global y regional.[21] Como se señaló antes, la sobrecarga imperial de los EE. UU. en Irak, combinado con las acciones del neoliberalismo a un nivel regional, crearon un proceso fractal de centros con periferias desgastadas en varias dimensiones. El relativo relajamiento de la hegemonía estadounidense le dio a las potencias regionales más espacios para maniobrar entre sí, y también creó espacios para que surgieran actores nuevos e impredecibles como el ISIS. Sin embargo, las intervenciones imperialistas posteriores para “corregir” los problemas generados por sus intervenciones previas, ya sea con ataques con bombardeos o desplegando “las botas sobre el terreno”, reafirmarán las declaraciones del ISIS de estar defendiendo al pueblo bajo su dominio o prepararán la escena para el surgimiento de movimientos posteriores. Aunque no tenemos espacio aquí para estudiar apropiadamente la relación entre el imperialismo en el Medio oriente y el surgimiento del racismo y la islamofobia en Europa y  los EE. UU., estos procesos están íntimamente relacionados, y alimentan a su vez la enajenación que afecta a algunos de los reclutas extranjeros del ISIS.
El punto de partida final sobre el que se basa nuestro análisis es una interpretación del rol de la acción humana al determinar el resultado de los “procesos” impersonales y a largo plazo. En un sentido, esta es una cuestión sobre la relación entre diferentes escalas del análisis. Una de las grandes fortalezas del marxismo revolucionario es su capacidad para relacionar la acción individual y colectiva con abstracciones que nos ayudan a comprender mejor cómo funciona la sociedad. El análisis marxista ofrece una perspectiva excepcional porque comprende el tipo de acción que ofrece una verdadera alternativa al ISIS: la intervención activa de las masas, de personas comunes y corrientes por toda la región en  la lucha por las exigencias de pan, libertad y justicia social, que se convirtieron en las consignas de las revoluciones de 2011.
Irak luego de 2003: el “consociacionalismo”  y el neoliberalismo integran al sectarismo en la sociedad
La ocupación estadounidense de Irak en 2003 puso en movimiento procesos que transformaron al estado y a la sociedad iraquíes, y condujeron directamente (aunque no inevitablemente) a la resurgencia del ISIS en 2014. Los funcionarios estadounidenses se esforzaron por crear una “democracia consociacional”, donde el poder estaría repartido entre representantes de las diferentes religiones y comunidades nacionales de acuerdo a un sistema de cuotas. El enfoque consociacional para gobernar a Irak actuó con el neoliberalismo extremo, defendido por figuras como Paul Bremer, nombrado para dirigir la Autoridad de la Coalición Provisional como consecuencia de la invasión, para producir una combinación tóxica en una sociedad fragmentada por las sanciones, la guerra y la ocupación. Los funcionarios estadounidenses confiaban en que podrían mantener los mecanismos puestos en movimiento en 2003 trabajando a su favor, presionando al equilibrio del poder sectario en la dirección “correcta” de vez en cuando, cuando fuera necesario. En realidad, el sistema que crearon rápidamente escapó a su control, y sólo pudo ser corregido temporalmente por una enorme inyección de dinero y tropas durante el “crecimiento” de 2007-2008.
Es importante poner los acontecimientos posteriores a 2003 en un contexto correcto. Ciertamente, la sociedad iraquí antes de 2003 no estaba libre del sectarismo. El régimen baathista había usado largamente al sectarismo y alentaba los conflictos étnicos en sus esfuerzos por mantenerse en el poder. Por ejemplo, su propaganda retrataba a todos los grupos chiitas de oposición como una “quinta columna” que trabajaba para el vecino Irán e instaló a ciudadanos árabes en áreas del norte de Irak con mayorías de kurdos, para afirmar el control sobre las ciudades norteñas ricas en petróleo de Kirkuk y Mosul. Sin embargo, el impacto del sectarismo en la sociedad era mitigado por varios  factores, incluyendo la mezcla de iraquíes de diferentes orígenes religiosos entre el personal empleado por el estado. La capital, Bagdad, tenía una gran población kurda, aún en el momento más álgido de la guerra brutal de Saddam Hussein contra la insurgencia kurda en el norte,[22] y, a pesar de los esfuerzos de algunas fuerzas islamistas chiitas de persuadirlos por lo contrario, la mayoría de los soldados conscriptos iraquíes chiitas no desertó ni se alineó con sus correligionarios iraníes durante la guerra Irán-Irak. Más aún, el legado de las grandes luchas políticas de los años 1940 – 1960, dominado por la competencia entre corrientes seculares como el Partido Comunista y el propio Partido Baath en el contexto de altos niveles de huelgas y protestas sociales, todavía ejercía influencia en una generación de activistas de mayor edad.[23]
Sin embargo, la derrota de las fuerzas iraquíes en 1991, y el empobrecimiento de la sociedad iraquí como resultado del régimen de sanciones que se impuso inmediatamente luego creó un campo mucho más fértil para que el sectarismo se arraigara en la sociedad. Conmovido por el impacto del levantamiento que comenzó en el sur, el régimen baathista buscó desesperadamente aliados que pudieran ejercer un poder militar y político en nombre del estado. Saddam Hussein creó una Oficina de Asuntos Tribales para manejar las relaciones con los líderes tribales que se habían fortalecido por el debilitamiento del gobierno central. También se presentó como un gran líder sunita, movilizando campañas de fe y cortejando al establishment religioso sunita. Al mismo tiempo el debilitamiento de las instituciones estatales bajo la aplastante presión de las sanciones internacionales creó espacios en los que las instituciones religiosas expandieron sus actividades, ofreciendo asistencia social, educación y servicios médicos a una población cada vez más desesperada.[24]
Desde el mismo comienzo, aún antes de entrar en Bagdad, los funcionarios estadounidenses decidieron tratar a Irak como un país compuesto por distintas comunidades que competían entre sí. Esta visión de la sociedad iraquí parece haberse basado en las estimaciones aproximadas de los porcentajes de los chiitas árabes, los kurdos sunitas y los árabes sunitas, reflejado en un mapa de Irak que circulaba ampliamente entre funcionarios estadounidenses en 2003.[25] Desde el principio, en el Irak de Norteamérica se consagró al “equilibrio” de las sectas y en consecuencia su corolario, la competencia entre ellas.[26]
La práctica de la muhasasa, o el uso del sistema de cuotas sectarias para los nombramientos, fue implementada por los partidos políticos, cuya supervivencia estaba relacionada con el sectarismo cristalizado. Como lo explica Toby Dodge, es un sistema “que en efecto,  ha privatizado al estado iraquí. El sistema ha permitido a la elite política iraquí vaciar los activos estatales para beneficio personal y financiar a los partidos que representan”.[27]
Una de las principales razones de por qué este proceso  se escapó rápidamente de control fue su interacción con el asalto neoliberal sobre la infraestructura remanente de Irak. Paul Bremer aplicó rápidamente leyes que abrían por la fuerza al sector público, al sistema de asistencia social y a los servicios médicos para su privatización.[28] Sin embargo, aunque inicialmente las corporaciones estadounidenses recaudaron mucho dinero fácil con el proceso de contrataciones, no fueron los inversores internacionales los principales beneficiarios del desmembramiento parcial del estado iraquí, sino los caudillos locales, líderes de milicias y partidos sectarios quienes pudieron convertir a muchas de sus instituciones en protecciones extorsivas altamente lucrativas.[29]
Los ganadores políticos iniciales de este proceso fueron los partidos islamistas chiitas más cercanos a los EE. UU., como el partido Da’wa y su rival, el Consejo Supremo Islámico de Irak (CSII). Ellos encabezaron los esfuerzos para movilizar el apoyo chiita a la ocupación sobre una base sectaria,  intentando socavar el éxito de otras fuerzas islámicas chiitas, como el movimiento de Moqtada al-Sadr, que se oponía a los Estados Unidos. Los aliados kurdos también se beneficiaron, cuando el jefe de la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK), Jalal Talabani, fue nombrado presidente iraquí en 2005. La UPK y la otra importante facción kurda, el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), dirigido por Masoud Barzani, mientras tanto, consolidaron su control en las regiones de mayoría kurda en el norte de Irak, que había logrado la independencia de hecho durante la década de 1990 bajo la protección de los EE. UU., que habían prohibido los vuelos en esa zona.[30]
Las crecientes convocatorias para la solidaridad comunitaria chiita por parte de los partidos islámicos chiitas aliados de los EE. UU. reflejaban el peligro que una insurgencia sunita y chiita combinada representaba para el nuevo establishment político. Aunque sus ataques no fueran coordinados entre sí, el simple hecho de que la ocupación estaba siendo atacada al mismo tiempo por combatientes en la ciudad “sunita” de Fallujah  y las ciudades “chiitas” Sadr City y Naja amenazaba con trastornar los mecanismos con los que los EE. UU. y sus aliados estaban intentando de gobernar Irak. Las encuestas de opinión en marzo y mayo de 2004, encargadas por importantes periódicos estadounidenses y hasta por la misma Autoridad Provisional de la Coalición, revelaban que el 80 por ciento de los iraquíes en las áreas mayoritariamente sunitas y chiitas consideraba a las tropas estadounidenses como ocupantes, y el 81 por ciento quería que se fueran, a pesar de que las áreas sunitas eran las más afectadas por  la opresión.[31]
Fue un problema tanto militar como político, como lo demostraba el hecho de que en 2004 las tropas chiitas rechazaron las órdenes de marchar sobre Fallujah con los EE. UU. para reprimir a la resistencia de esa ciudad.[32] Pero finalmente, los EE. UU. y sus aliados lograron abortar el comienzo de un alineamiento coordinado entre los insurgentes en las áreas mayoritariamente sunitas y chiitas. Aislaron y asaltaron áreas en el Irak occidental que eran los centros de la resistencia militar, en particular Fallujah. Esto se complementó con una estrategia para fortalecer la idea de un interés “chiita” común en asegurar su poder en las estructuras emergentes del estado post-baathista. En este aspecto, la intervención del Ayatola Ali al-Sistani, una figura clave en la estructura clerical chiita, fue crucialmente importante. Al-Sistani favoreció enérgicamente la participación en las elecciones parlamentarias de 2005, dificultando así extremadamente para los líderes chiitas anti-estadounidenses, como Moqtada al-Sadr, el apoyo a las convocatorias de los insurgentes sunitas para un boicot.[33]
El crecimiento de Al Qaeda en Irak, la Sahwa, y el “ascenso”
Durante los años 2004 y 2005 se desvaneció la posibilidad de construir alianzas políticas y militares contra los EE. UU., que superaran las divisiones entre las distintas sectas religiosas. Un factor importante fue la consolidación de un acuerdo entre los principales partidos islamistas chiitas, con el objetivo de tomar el control del aparato del estado (y la incapacidad de las fuerzas chiitas anti-ocupación, como el Ejército Mahdi de Moqtada al-Sadr, para impedir ese acuerdo). Otro factor importante fue la estrategia estadounidense de aplastar la resistencia militar con asaltos en gran escala sobre Fallujah y otras ciudades en la provincia de Anbar. Estos eventos crearon el espacio en el que pudieron crecer grupos yihadistas sunitas, como Al Qaeda en Irak (AQI). AQI fue fundado por el islamista jordano Abu-Musab al Zarqawi en 2004, luego de que su pequeño grupo de combatientes jurara lealtad a la organización al Qaeda de Osama bin Laden. El atractivo  del AQI en el occidente de Irak estaba relacionado en su mayor parte con el hecho de que los combatientes del grupo habían ganado una reputación de eficacia en sus ataques a las tropas estadounidenses, pero sus líderes se centraban en desatar una guerra civil sectaria, con atentados con bombas a los santuarios y sitios de peregrinaje chiitas.[34] Mientras tanto, las alas armadas de diversas facciones chiitas, incluyendo la Brigada Badr del CISI y el Ejército Mahdi, estaban operando como escuadrones de la muerte dentro de la policía y las fuerzas de seguridad, matando y torturando  a cientos de iraquíes.[35] El bombardeo de la mezquita chiita al-Askari en febrero de 2006 desató una campaña sistemática de limpieza étnica en Bagdad, transformando a lo que habían sido hasta entonces vecindades religiosamente mezcladas y en paz, en enclaves segregados, que  forzaban a huir de ellos a los que estaban del lado “equivocado” de la división sectaria.[36]
La alianza temporaria entre grupos yihadistas y otros combatientes anti-ocupación en el occidente de Irak planteaba un enorme problema militar y político para los ocupantes. Los éxitos en batallas en sitios fijos como los asaltos sobre Fallujah crearon condiciones para una insurgencia perpetua. En 2006 parecían haber dado un paso adelante al romper la alianza táctica entre las fuerzas yihadistas y otros grupos armados de la provincia de Anbar. Conviene que describamos con  algunos detalles al “Despertar” (sahwa en arábigo). Comenzó siendo una asociación militar localizada entre las fuerzas estadounidenses y varios líderes tribales de la provincia de Anbar. Los ocupantes proporcionaban entrenamiento, salarios y armas a los voluntarios anbaris que se unieron a ellos para luchar contra AQI.[37] La alianza inicialmente estaba promovida por líderes tribales de segunda o tercera fila, que gracias a su predominio a través del Sahwa eclipsaban a los líderes tribales más prominentes que habían huido al exilio debido a los altos niveles de violencia.[38] Algunas fuentes insinuaron que AQI representaba un desafío social a la autoridad de estos líderes tribales y atraía a algunos de los que estaban marginados en la jerarquía tribal.[39]
El alineamiento entre AQI y otros grupos insurgentes también de Anbar estuvo en gran parte basado en su evaluación de que las fuerzas de EE.UU. representaban la principal amenaza a la seguridad de la población local. La experiencia de la ciudad de Fallujah con la ocupación y el gobierno iraquí fue extremadamente amarga. Por ejemplo, la ciudad fue sitiada y luego asaltada por las tropas estadounidenses dos veces en 2004:
La ofensiva de 2004 destruyó el 70 por ciento de la infraestructura de la ciudad incluyendo 36.000 edificios, 8.400 negocios, tres cañerías para la purificación de agua y dos centrales eléctricas. Cuando regresaron los civiles, las fuerzas estadounidenses los registraron con sus huellas digitales y escaneos del iris. Cuando se entraba o salía de la ciudad, cada uno tenía que mostrar una tarjeta de identidad biométrica personal emitida por los EE. UU.[40]
Sin embargo, AQI desaprovechó rápidamente su credibilidad, al lanzar campañas brutales de asesinatos e intimidación para imponer su autoridad sobre sus aliados y las áreas bajo su control. Su táctica sectaria también causó repulsión entre muchos nativos de Anbar, que ciertamente se sentían alienados y marginados por el creciente sectarismo del estado iraquí, pero no aceptaban emprender una guerra civil sectaria con represalias.[41] Las narraciones provenientes de la historia oral oficial del ejército estadunidense sobre Despertar (que tiene más de 300 páginas) evidencian el intenso trabajo que pusieron los oficiales estadounidenses para “ganar corazones y mentes”. Una entrevista con “Miriam”, la esposa de un oficial de policía iraquí, describe el trabajo de la “Capitana Stephanie”, que era la oficial que operaba con ella y otras mujeres en una ONG local:
Stephanie distribuye productos. La llamamos “Santa” o “Mama Claus”. Stephanie ayudó a la gente a amar la seguridad. También ayudó a las mujeres a conseguir empleos. Ella pone las reglas sobre quién debería ser tomado: busca graduados universitarios desempleados para maximizar el empleo (…) En esos momentos, la insurgencia estaba creciendo. No había raciones disponibles, salvo a través de Stephanie. Ella trajo un camión lleno de alimentos y provisiones – 1.500 raciones.[42]
Afuera de la provincia de Anbar, el programa “Hijos de Irak” (cuya abreviatura en ingles es SOI),  apoyado inicialmente por las fuerzas de EE. UU.,  fue un intento de transferir la experiencia de “Despertar” a otras zonas mayoritariamente sunitas. Las fuerzas de ocupación llegaron a reclutar 100.000 voluntarios, en su mayor parte sunitas, en todo Irak, pagándoles 300 dólares por mes. A medida que mejoraba la situación de la seguridad, los comandantes estadounidenses prometieron a los voluntarios de SOI que eventualmente se los emplearía en las fuerzas de seguridad regulares de Irak, o en el servicio civil. En 2009 se entregó oficialmente el programa al gobierno iraquí, a pesar del hecho de que el régimen de Nouri al-Maliki “consideraba a miles de sunitas armados como una amenaza estratégica”, y por tanto disolvió a las unidades del SOI, y en algunos casos acompañó esta disolución con ejecuciones extrajudiciales o exilios.[43]
El “Despertar” y el programa “Hijos de Irak” fueron parte de una estrategia estadounidense más amplia de un “ascenso” en las tropas que aumentó al número de sus soldados en Irak a 166.000 hacia 2007. Fueron estas “botas sobre el terreno” y el enorme compromiso financiero que las acompañó lo que hizo del “Despertar” un éxito temporario. Como admite tácitamente David Petraeus, el comandante de la fuerza de ocupación en Irak durante este período, en un largo y arrogante informe publicado en octubre de 2013, hubo un cambio clave en la táctica de las fuerzas estadounidenses después de 2007, que fue esencialmente la reconquista de Bagdad, barrio por barrio, estableciendo bases locales, en pequeña escala, para las tropas ocupantes que previamente habían estado concentrado en grandes bases lejanas a la población local.[44]
Sin embargo, un examen más detenido subraya el motivo por el que ese éxito fue en última instancia superficial y efímero. El “Despertar” no fue en sí mismo una ruptura con la estrategia del dividir y reinar sectario. Simplemente representaba los esfuerzos de Estados Unidos por “reparar” el equilibrio sectario a favor de las elites sociales y políticas árabes sunitas en el Irak occidental, luego de que los combatientes de la región habían demostrado que no podrían ser desalentados por otros medios. Los factores lubricantes fueron el dinero, los empleos y las armas, mientras los métodos brutales de AQI ayudaban a los Estados Unidos alienando a sus seguidores potenciales. El “Despertar” no hizo nada para cuestionar la sectarización del estado; por el contrario, contribuyó a su mayor fragmentación, creando otro cuerpo de hombres armados que pertenecían casi exclusivamente a un grupo religioso específico.
El predominio de Al-Maliki y el fracaso del estado sectario
En muchos aspectos, los años que siguieron a la “victoria” del ascenso de los Estados Unidos en 2008 repitieron un patrón lamentablemente familiar desde el período 2003-2006. Las elites políticas sunitas de Irak occidental intentaron negociar un lugar para ellos mismos en el seno del aparato estatal sectarizado. Sus esperanzas se habían incrementado por la cooperación con los EE. UU. y abordaron a sus rivales islamistas chiitas, como Nouri al-Maliki del Partido Da’wa, con renovada confianza. Las elecciones de 2010 al principio parecieron augurar un “re-equilibrio” de las facciones políticas y sectarias en el estado: el bloque electoral Al-Iraqiyya ganó la mayoría de los escaños, con el bloque “Estado de Derecho” de Maliki saliendo segundo.  Al-Iraqiyya era una alianza trans-sectaria de partidos dirigida por el ex-baathista Iyad Allawi, que incluía a grupos con fuertes raíces en las áreas de mayoría sunita de Irak.
La reacción de Maliki ante esta inesperada derrota fue anular los resultados e imponer un gobierno del “Estado de Derecho” bajo su liderazgo. Sus seguidores en el poder judicial emitieron sentencias que socavaban la reclamación de Al-Iraqiyya a formar el nuevo gobierno. En diciembre de 2011 había arrestado a guardaespaldas que trabajaban para el vicepresidente sunita, Tariq al-Hashemi, y basado en sus confesiones, ordenó enjuiciar a Hashemi, bajo los cargos de organizar el terrorismo y a escuadrones de la muerte, que terminó con una sentencia a muerte in absentia para el más importante político sunita en el estado iraquí. También fueron acusados otros prominentes políticos sunitas, como el ministro de finanzas Rafi’a al-Issawi. El arresto de guardaespaldas de al-Issawi, acusados de terrorismo en diciembre de 2012 desencadenó un generalizado movimiento de protesta por todo Irak occidental.
 Mientras tanto, en un segundo plano, Maliki prosiguió una implacable campaña para afirmar su control personal sobre las dispersas fuerzas armadas iraquíes. No conforme con usar pautas sectarias de nombramientos para asegurar que los comandantes chiitas predominaran en los niveles militares superiores, Maliki creó una estructura de comando totalmente nueva, mediante Comandos de Operaciones regionales que respondían personalmente a él a través de la Oficina del Comando en Jefe (OCEJ). Finalmente fortaleció a las milicias sectarias y escuadrones de la muerte chiitas, como el Asa’ib Ahl-al-Haq, un grupo escindido del ejército Mahdi de Moqtada al-Sadr, del que se piensa que opera al menos parcialmente bajo el comando de Maliki. El control de Maliki sobre el ejército iraquí y su utilización de los grupos sectarios paramilitares, se entrelazó a través de la Oficina del Comando En Jefe, que purgaba a los oficiales del ejército que habían combatido contra las milicias chiitas.[45]
Es importante comprender las características específicas del régimen de Maliki, pues ayudan a explicar la velocidad con que colapsó el ejército iraquí en Mosul. Sistemáticamente usó la retórica sectaria para fortalecer su propio poder y socavar el de sus rivales, y organizó y facilitó la violencia y discriminación sectaria. Pero el poder de Maliki también era altamente personalizado, y dependía de las redes de sus secuaces en el ejército y las instituciones del estado, incluyendo a los comandantes militares iraquíes que aparentemente huyeron de Mosul antes que sus tropas.[46] De este modo, detrás de esa impresionante fachada autoritaria, que no toleraba críticas, rivalidad o disenso, era también frágil, incompetente y crecientemente disfuncional.
La respuesta inicial en las áreas sunitas de Irak a la ofensiva de Maliki no fue relanzar una acción militar contra las fuerzas del gobierno central, sino todo lo contrario. La represión de Maliki y los ataques a los políticos sunitas desataron un movimiento generalizado de protesta popular que experimentaba con tácticas reminiscentes de las protestas callejeras y ocupaciones de las revoluciones árabes de 2011. El movimiento de protesta parece haber movilizado a amplias capas sociales en las ciudades de Irak occidental como Ramadi y Fallujah, tomando por sorpresa a los políticos experimentados.
En sus etapas iniciales tomaron parte decenas de miles; sus consignas demandaban el fin de la discriminación sectaria contra los sunitas y cuestionaban la utilización por Maliki de la represión bajo la bandera de “lucha contra el terrorismo”. Recibieron al menos un eco retórico por parte de otras figuras políticas, incluida la de Moqtada al-Sadr, quien emitió una serie de declaraciones de apoyo, pero declinó ofrecer algo más que el respaldo verbal para el movimiento. Un violento ataque a uno de los campamentos de protesta en Hawija por las fuerzas de seguridad el 23 de abril de 2013, que mató a 50 personas, fue el punto crucial final en el camino que condujo al rápido resurgimiento de AQI, desatando en respuesta una ola de atentados sectarios con bombas.[47]
Sin embargo, este ciclo de acontecimientos tenía lugar en un mundo que desde 2007 había cambiado en forma significativa. Como se dijo antes, la reacción contrarrevolucionaria contra los levantamientos de 2011 incluyeron un importante aumento en la retórica sectaria por toda la región (y los regímenes del Golfo jugaron un papel decisivo al saturar directamente las ondas aéreas y los medios sociales con ataques de odio anti-chiita y alentar a otros a hacer lo mismo). La cuestión del sectarismo a un nivel regional no estaba por supuesto confinada a la retórica, sino que hacia 2012-2013 había tomado la forma de intervenciones por parte de potencias regionales en el conflicto en una espiral creciente en Siria, con las fuerzas islamistas sunitas armadas por Arabia Saudita, Qatar y otros estados del Golfo confrontando a los islamistas chiitas del Hezbollah apoyados por Irán junto a las tropas de Assad. El régimen de Assad había tomado la decisión inicialmente de movilizar milicias sectarias, como los shabiha, en su mayor parte provenientes de miembros de la secta alawita  de la familia gobernante, pero a medida de que sus intentos por derrotar a la revolución fracasaban, su estrategia se centró cada vez más en transformar la batalla en una guerra civil sectaria que enfrentaba a la elite alawita y otras minorías contra la mayoría sunita y extrayendo un apoyo regional de Irán sobre esa base. Este proceso finalmente marginó y derrotó a las facciones y los comités locales revolucionarios armados que habían dirigido el levantamiento al comienzo.
La transformación de la revolución siria en una guerra civil también tuvo profundas consecuencias para el reavivamiento de AQI en Irak. Creó nuevos espacios donde los combatientes yihadíes podían operar más allá del alcance de ningún estado  y aceleró el proceso de la desintegración de la frontera siria-iraquí, que había estado en curso durante varias décadas. Esto a su vez intensificó las interacciones mutuas entre los grupos yihadíes en Siria e Irak. Los flujos de combatientes, armas y experiencia bélica iban en las dos direcciones a través de esta ahora una vasta región, con Siria funcionando como un territorio interior para los yihadistas iraquíes, quienes pudieron crear simultáneamente una presencia militar eficaz en el conflicto sirio y como resultado relanzarse de vuelta sobre Irak.[48]
Pero mucho mayor fue el cambio que hubo en la fuerza relativa de los Estados Unidos como actor en las luchas sobre el cadáver del estado iraquí, y en términos generales, sobre los recursos del Medio Oriente. Luego de 2011 los EE. UU. no solo no tuvieron las “botas sobre el suelo” que contribuyeron a la “victoria” en el Ascenso, sino que no estuvieron en condiciones de atrasar el reloj y reconquistar a Irak por tercera vez en el espacio de una década. Esto no fue simplemente el resultado de los fracasos militares y políticos que hemos visto anteriormente, sino que también reflejó el impacto de la crisis económica global sobre los Estados Unidos luego de 2008. Se estima que la ocupación de Irak costó un billón de dólares y las vidas de 4.500 soldados.[49] En un mundo sacudido por la más grande crisis económica desde la década de1930, los militares estadounidenses ya no tuvieron el cheque en blanco que se les había dado para solventar su camino hacia la victoria cuando los sueños neoconservadores de un “Nuevo Siglo Norteamericano” parecían una perspectiva realista.
¿De las fugas de las cárceles al poder estatal?
En 2010 AQI parecía haber sido derrotado. Sin embargo, en dos años, la organización había comenzado a revivir, y hacia septiembre de 2013 el Instituto para el Estudio de la Guerra, un centro de estudios de los Estados Unidos, anunció que era una organización “resurgente”: capaz de operar en todo Irak para desatar una ola de atentados con bombas en automóviles con su firma que estaba comenzando a subir las tasas de víctimas  de vuelta a los niveles de la época de guerra que se había alcanzado en 2008.[50] En enero de 2014 se vio al AQI (ahora rebautizado ISIS luego de anunciar una unificación con la rama siria de Al Qaeda) tomar pleno control de su primera ciudad, Raqqa, en el nordeste de Siria, luego de un fuerte combate con otras fuerzas yihadíes, incluyendo su propia antigua organización hermana en Siria, Jabhat al-Nusra (JN).[51] Seis meses más tarde, cuando Mosul cayó ante sus fuerzas el 10 de junio, el ISIS pareció imparable.
Esta vertiginosa curva ascendente del éxito militar y político oculta transiciones sorprendentes y plantea desafíos que no es probable que el ISIS en su forma actual podrá superar fácilmente, si lo logra. El más serio de estos desafíos está relacionado con el reclamo del ISIS a su condición de estado. La audacia del grupo al imponer su sistema de gobierno en importantes centros poblados en Siria e Irak exige que se transforme de una red guerrillera en un ejército convencional. Al mismo tiempo debe cambiar; de ejercer su extorsión por la protección – cobrando “impuestos” a los tenderos atemorizados – a cobrar verdaderos impuestos y asegurar el suministro de servicios básicos para cientos de miles de personas. Hay muchas razones para dudar de que esto será fácil para una pequeña organización militar elitista que depende de actos espectaculares de violencia para asegurarse la aceptación de su voluntad.
Uno de los principales contrastes entre el ISIS y otros movimientos armados islamistas que han logrado cierto grado de autoridad estatal en áreas bajo su control, como el Hezbollah o el Hamas, se lo puede ilustrar con los medios a través de los cuales AQI comenzó a revivir en Irak durante 2012. Al contrario que Hezbollah, que complementaba su lucha militar con Israel organizado servicios de ayuda social durante décadas antes de haber entrado por primera vez en un gobierno de coalición, AQI parece haberse reconstruido en 2012, a través de una serie coordinada de fugas de presidios. La “Campaña de Fuga de Cárceles” hizo exactamente lo que sugiere su título: los combatientes del AQI abrieron su camino en las prisiones en todo Irak para recuperar a yihadíes con experiencia para sus filas, culminando en un ataque a la prisión de Abu Ghraib el 21 de julio de 2013, que liberó a más de 500 presos.[52]
Mientras tanto, los combatientes de AQI también estaban operando en Siria junto a Jabhat al-Nusra, la rama de Al Qaeda en ese país. Nuevamente, la experiencia militar de AQI ayudó creando oportunidades para que la organización creciera en Siria, donde comenzó a competir con JN y en última instancia con la dirección general de Al Qaeda en Afganistán. Abu-Bakr al Baghdadi, el líder de AQI desde 2010, anunció la unificación del Estado Islámico de Irak (como se había rebautizado AQI en 2006) y Jabhat al-Nusra el 8 de abril de 2013.[53] Esto provocó una furiosa respuesta del  líder de JN, Abu Muhammad al-Jawlani, quien rechazó la unificación e hizo enviar una reprimenda a al-Baghdadi por parte del líder de Al Qaeda, el militante egipcio Ayman al-Zawahiri, quien instruyó a las ramas sirias e iraquí a limitar sus actividades a sus respectivos estados.[54]
Pero ya se estaban desencadenando eventos en Irak que acelerarían dramáticamente el desarrollo del ISIS, permitiendo a este último eclipsar a su propia organización matriz. A pocos días del anuncio de Baghdadi sobre la fusión con JN, el ejército iraquí había asaltado a un campamento levantado por manifestantes sunitas en Hawija, en la gobernación de Kirkuk, matando a docenas de sus pobladores.[55] Este sangriento golpe final a las manifestaciones de la “primavera sunita” que habían conmovido a Irak Occidental durante meses presagiaba la polarización del movimiento entre quienes comenzaron a buscar soluciones armadas y quienes estaban preparados para llegar a compromisos con el gobierno de Nouri al-Maliki en Bagdad. El momento estaba maduro para la intervención del ISIS, que lanzó una serie de ataques sectarios, mientras las fuerzas gubernamentales iraquíes incursionaban en los barrios sunitas, llevando a cabo arrestos masivos durante las operaciones “antiterroristas” en las provincias de Anbar y Diyala.[56]
En esta etapa, el ISIS todavía era un grupo guerrillero que estaba resurgiendo, evitando a las áreas urbanas y manteniéndose distanciado de los campamentos de protesta. No es probable que haya habido combatientes del ISIS implicados en el enfrentamiento con el ejército iraquí en Hawija, pues las fuerzas militares que apoyaban más estrechamente a las demandas políticas que levantaban los manifestantes eran del neo-baathista Jaysh Rijal al-Tariqa al-Naqshbandiya (JRTN). [57] Ni el ISIS parecía en esta etapa haber recobrado suficiente credibilidad como para poder trabajar con grupos armados locales en la defensa de sus áreas. Esto iba a cambiar dramáticamente en unos pocos meses, cuando el ISIS comenzó a imponer un control formal sobre áreas urbanas en Irak y en Siria, y en algunos casos intentar construir o dirigir instituciones gubernamentales. Esta imposición del control formal no significa que el ISIS ingresara en las ciudades sólo para conquistarlas: la toma de Mosul por el grupo fue precedida por la penetración del ISIS en la ciudad durante varios años.[58]
En las ciudades iraquíes de Ramadi y Fallujah, los combatientes del ISIS aprovecharon la oportunidad que ofreció un nuevo levantamiento de protesta contra otro arresto provocativo de un importante político sunita, Ahmed al-Alwani, acusado de terrorismo por Nouri al-Maliki el 28 de diciembre de 2013. Los manifestantes se lanzaron a las calles en ambas ciudades. Los combatientes del ISIS aparecieron a su lado, plantando su bandera negra en los edificios municipales en Fallujah así como rodearon a Ramadi y tomaron una parte de la principal carretera a Bagdad.[59] En las dos ciudades recibieron diferentes respuestas por parte de las direcciones políticas y militares locales. Los líderes políticos de Ramadi, que en su mayor parte apoyaban al Partido Islámico Iraquí y se preparaban para cooperar con el gobierno en Bagdad, rechazaron al ISIS y convocaron a los residentes locales a trabajar con las fuerzas del gobierno iraquí para expulsarlos. En Fallujah, sin embargo, los líderes políticos y militares intentaron negociar una retirada del ISIS a través de la mediación con un consejo militar propio, recién establecido, en lugar de dejar que el ejército iraquí bombardeara e intentara recapturar la ciudad.[60]
El gobierno de Nouri al-Maliki no hizo nada para disipar los temores de los residentes de Fallujah de que se repitiera la historia de los asaltos sobre la ciudad en 2004. Con las elecciones en el horizonte, convocó a la unidad chiita tras el aplastamiento de la rebelión en Fallujah, como una campaña clave, mientras el ejército iraquí incrementaba su bombardeo de la ciudad sitiada. El consejo militar de la ciudad se vio entonces forzado a hacer un “pacto fáustico” con el ISIS, cooperando con ellos contra el ejército iraquí, pero intentando limitar su rol en el control de la ciudad, que había quedado casi vacía.[61]
La experiencia del ISIS en su gobierno de Raqqa comenzó cuando los grupos rebeldes tomaron la ciudad mientras el control del gobierno sirio colapsaba en marzo de 2013 y los líderes tribales claves cambiaban su antigua lealtad hacia el régimen de Assad.[62] Luego emergió victorioso el ISIS, después de una larga y sangrienta lucha de poderes con otros grupos yihadíes para afirmar su autoridad sobre la ciudad en enero de 2014. No hay indicios de que el ISIS haya concentrado su poder militar en Siria en la batalla por Raqqa para afianzar el control de la ciudad.[63] Hasta la captura de Mosul en junio de 2014, Raqqa representaba el intento más desarrollado del ISIS en construir o dirigir instituciones gubernamentales. En un detallado estudio, en el que utilizó mayormente fuentes mediáticas sociales, Gabriel Garroum Pla confecciona una lista con una variedad de diferentes instituciones estatales en Raqqa, a las que el ISI  reclamaba como instituciones de su nuevo estado, que incluía escuelas, panaderías, medios de información y tribunales. Los medios de información sociales del ISIS afirmaban que un oficial de “protección al consumidor” controla a las medicinas falsificadas, el Departamento Awqaf (Patrimonio Religioso), percibe impuestos y rentas de las tiendas y negocios, mientras la Oficina de Cobranza Unificada recibe los pagos por las facturas de electricidad, agua y teléfono. Estos servicios se ofrecían en un sistema de gobierno que también incluye despliegues espectaculares de violencia pública, como las ejecuciones públicas regulares  y la crucifixión  los cuerpos de las víctimas, la quema pública de materiales ilícitos como el alcohol y los cigarrillos, y la institución de puestos de control de la “Dignidad”, donde se interroga a los ciudadanos sobre su observación personal de la versión del ISIS sobre el ritual sunita.[64]
Los informes desde Mosul son escasos, pero entrevistas con residentes en octubre y noviembre de 2014 sugieren que el ISIS está intentando implementar un sistema de gobierno similar al que instituyó en Raqqa. “Mays”, una maestra, habla de cambios en el currículo, con decretos del ISIS que prohíben temas como el arte y la educación física, e imponiendo códigos estrictos de vestimenta para los alumnos. “Faisal” describe la severa escasez de agua y de energía eléctrica, mientras “Nizar” relata cómo habían sido entregadas a los miembros del ISIS las casas que habían pertenecido a la población cristiana de la ciudad.[65] Otros informes anónimos a través de los medios sociales pintan un panorama similar de aguda escasez de agua  en una ciudad superpoblada con refugiados de otras partes de Irak, con precios siderales de los combustibles, y el temor enorme y generalizado a las represalias del ISIS contra los disidentes.[66]
El giro de dirigir operaciones guerrilleras a gobernar la vida cotidiana en grandes ciudades abre la posibilidad de abrir enormes contradicciones para el ISIS. Raqqa es la sexta mayor ciudad de Siria y tenía una población de 220.000 habitantes en 2004, mientas que Mosul es la segunda ciudad más grande en Irak, con una población de entre 1 millón y medio y dos millones de habitantes. A cierto nivel, la intensificación de las contradicciones en las ciudades bajo su control confrontará al ISIS con los mismos dilemas que encara cualquier gobernante: cómo equilibrar la coerción y el consenso para impedir que quienes son gobernados descubran su poder para derrocar al sistema que los oprime. Aquí es donde la brutalidad que es la marca de fábrica del ISIS puede ser tanto una desventaja como una ventaja: el temor y el horror tienen su utilidad en el corto plazo, pero son difíciles de mantener indefinidamente.
A un nivel militar, la apuesta del ISIS por su condición de estado plantea severos desafíos. La transición desde una red guerrillera clandestina a una fuerza armada más convencional, con territorio para perder, requiere crear nuevas estructuras de comando, suministrando diferentes armas y entrenamiento, y dominar diferentes tipos de tácticas. Hasta ahora ha parecido que los combatientes del ISIS pueden utilizar[67] los equipos estadounidenses capturados, pero los éxitos rápidos pueden igualmente disiparse en forma rápida, mientras las líneas de suministro se estiran y los combatientes tienen que desviar recursos para manejar a poblaciones agitadas. Sin embargo, no es nada seguro que el gobierno del ISIS implosione bajo el peso de sus propias contradicciones, como sucedió en Irak en 2006. Pueden aparecer otros factores en juego, donde aquí incluimos el impacto de la intervención occidental. Junto a las noticias sobre el descontento y la miseria en los territorios bajo su dominio, también hay frecuentes informes sobre cómo los bombardeos estadounidenses empujan a otros grupos armados a aliarse con el ISIS para autoprotegerse. Hay informes sobre los combatientes del Ejército Sirio Libre  y facciones islamistas en Siria buscando alianzas con el ISIS a fines de noviembre del año pasado, mientras se intensificaban los bombardeos estadounidenses.[68]
La contrarrevolución y la crisis del islamismo reformista
El contexto final para el surgimiento del ISIS es la crisis del islamismo reformista como consecuencia de las revoluciones de 2011 y las contrarrevoluciones que las siguieron. Los levantamientos populares que atravesaron la región a comienzos de 2011 estaban cargados de promesas y peligros para las principales organizaciones islamistas, tales como Ennahda en Túnez y la Hermandad Musulmana en Egipto y Siria. El éxito de las manifestaciones callejeras y las huelgas en sacudir las estructuras del poder parecieron ofrecer una oportunidad histórica para sus dirigentes, para negociar nuevas aperturas para ellos mismos en los respectivos estados, excediendo en mucho las modestas conquistas que habían logrado a lo largo de años de un paciente trabajo electoral. Pero las mayores organizaciones islámicas reformistas[69] que ganaron elecciones y formaron gobiernos, en particular la Hermandad Musulmana en Egipto, quedaron atrapadas entre el movimiento que todavía se movilizaba desde abajo por un lado, y las estructuras que resurgían del viejo régimen por el otro. Incapaces  de contener a las continuas manifestaciones sociales y políticas, y restaurar la “normalidad” que anhelaban los inversores potenciales y grandes franjas de la clase media, e igualmente ineficaces para confrontar al centro de la “máquina militar-burocrática” del estado, cayeron del triunfo a la tragedia en el término de un año. Al derrocamiento del presidente de la Hermandad Musulmana, Mohamed Mursi, por los militares egipcios el 3 de julio de 2013, le siguió el asesinato en masa de sus seguidores en las protestas en El Cairo y en Giza y una ofensiva contrarrevolucionaria para borrar todas las huellas de la revolución de 2011. Por lo tanto, esta ofensiva no estaba dirigida solamente contra la Hermandad, sino también a toda la amplia coalición de hecho de las fuerzas que se habían unido en el levantamiento contra Mubarak: activistas de izquierda y liberales,  trabajadores en huelga, e islamistas por fuera de la Hermandad que se identificaban con las demandas básicas de la revolución: pan, libertad y justicia social.
A nivel regional, el principal respaldo para la contrarrevolución de Abdel-Fattah el-Sisi llegó de los estados que representan a los capitales del Golfo. Estos capitales optaron por reinstaurar el viejo orden de Mubarak en lugar de operar a través de los reformistas islámicos como la Hermandad Musulmana. Aquí, la desigualdad en el desarrollo regional operó para intensificar la contrarrevolución. Sin la confianza en que los masivos recursos financieros de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos (y más recientemente Qatar) estaban tras él, ¿habría tenido Sisi la audacia de cometer crímenes de esa magnitud? Notemos aquí que los gobernantes wahabitas de Arabia Saudita tomaron decisiones basados estrictamente en su juicio sobre quién sería el actor más seguro para restaurar las condiciones para el  rendimiento de sus inversiones, no en su presunta afinidad ideológica con las corrientes islamistas.[70] En Siria, la contrarrevolución llegó desde dos direcciones: desde un régimen autoritario “secular” que en realidad estaba llevando a cabo una guerra civil sectaria como su estrategia básica de supervivencia, y luego desde el gradual resurgimiento del propio ISIS que superó a otras facciones opuestas a Assad para imponer su dominio sobre las áreas controladas por los rebeldes, como ya hemos descrito anteriormente.
Siempre existió la posibilidad de que la derrota de las corrientes islamistas reformistas por parte de los regímenes autoritarios restablecidos, o su eclipse por otras fuerzas, condujera a un resurgimiento de alternativas, particularmente las de los yihadíes. La historia del islamismo egipcio está llena de ejemplos de este movimiento pendular. Sayyid Qutb, cuyas ideas sobre la permisibilidad de la rebelión contra la tiranía han inspirado a generaciones de yihadistas, fue un reformista desilusionado que se volcó hacia el terrorismo vanguardista cuando la consolidación del dominio de Gamal Abdel Nasser en Egipto lo convenció de que no podía confiarse ni en el estado existente ni en un movimiento popular desde abajo para proporcionar el tipo de sociedad que él quería ver.
La derrota catastrófica de los movimientos islamistas reformistas a una escala regional se ha cruzado con la dinámica de los acontecimientos específicos en la sociedad iraquí, proyectando al ISIS para llegar a una audiencia más amplia, y permitiéndole rivalizar con la dirección histórica de Al Qaeda por la lealtad de quienes buscan organizaciones poderosas y triunfantes que parecen poder desafiar al imperialismo y a las dictaduras. El ISIS también es atractivo en el contexto de esa derrota porque ofrece falsas explicaciones y construye nuevas narrativas de la victimización, proporcionando otros blancos para su ira y decepción: chiitas, cristianos, “mujeres impúdicas”. Muy probablemente hay otras dinámicas de frustración y alienación que están operando sobre los reclutas del ISIS provenientes de Europa: la ira ante los crecientes niveles de racismo e islamofobia en el contexto de las interminables intervenciones imperiales en el Medio Oriente.
Sin embargo, esto no significa que podemos esperar ver espectáculos del estilo del ISIS a lo largo del Medio Oriente. Como hemos bosquejado en este artículo, la dinámica específica de Irak desde 2003 ha interactuado con la derrota de la revolución siria para crear una zona de intensa competencia entre las potencias regionales, y nuevos actores políticos y militares, como el propio ISIS, en la región de al-Jazira [“la isla”, nombre histórico que tomó la región de tierras altas y planicies de la alta Mesopotamia, luego de la conquista árabe-islámica en el siglo VII. N. del T.], que se encuentra entre Irak, Siria, Turquía y el Kurdistán. Estas condiciones no se presentan en la mayor parte de la región, y lo que es más importante, gran parte del resto de la región tiene una experiencia mucho más rica del tipo de luchas desde abajo que son la verdadera alternativa al ISIS.
Es por eso que también es crucial captar la importancia del año 2011 como una ruptura con el pasado. La crisis revolucionaria fue al mismo tiempo la detonación de las tensiones acumuladas entre los aspectos sociales y políticos de la transición desde el capitalismo de estado hacia el neoliberalismo (si podemos usar estos términos abreviados para una realidad confusa y compleja) y la negación potencial de todo el proceso. Es importante distinguir aquí entre la idea de que el año 2011 creaba la posibilidad de una reversión del neoliberalismo, en otras palabras, la restauración de los regímenes capitalistas de estado que anhela la izquierda nacionalista y estalinista de la región, y la idea de que creaba el potencial para abrir un camino hacia una clase completamente diferente de sociedad.
Por supuesto, aún en las alturas vertiginosas de la ola revolucionaria, mientras los regímenes a lo largo de la región estaban conmovidos bajo el impacto de los más grandes levantamientos populares que el mundo ha visto en décadas, todavía habría habido un muy largo camino a recorrer antes de que lo potencial se hiciera realidad. Pero el tema clave aquí es que las revoluciones de 2011 hicieron posibles a otros futuros, además del neoliberalismo. Más aún, y esto es sobre todo la razón por la que las revoluciones negaron potencialmente la trayectoria de las décadas previas, fue la acción de millones de personas comunes y ordinarias la que detonó la crisis revolucionaria en primer lugar. Marcharon por las calles, hicieron huelgas, ocuparon sus lugares de trabajo, organizaron comités populares, forzaron la apertura de las cámaras de torturas de los regímenes, y tomaron las armas en una escala que pocos habían imaginado que fuera posible. Acerca de la explosión de la revolución en 2011, no había nada inevitable. Esta ruptura no fue simplemente una consecuencia natural del desplazamiento de las placas tectónicas ni la realineación de las estrellas: fue creada por la lucha desde abajo.
Y no es casual que dichas luchas fueran, desde el inicio, profundamente antisectarias, en la forma y en el contenido. Las banderas, lemas y cantos antisectarios, dominaron la plaza Tahrir en Egipto durante el levantamiento contra Mubarak, y fueron las consignas de las primeras etapas de los levantamientos en Bahréin y en Siria. La ola revolucionaria también desató un movimiento masivo contra el sectarismo en El Líbano por primera vez en décadas. Esta no fue una aberración temporaria, sino una expresión del contenido de clase de las revoluciones: los verdaderos clivajes horizontales que unen a los trabajadores y los pobres a lo largo de la región, frente al neoliberalismo y el imperialismo.
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Artículo cedido gentilmente por la autora para su traducción y publicación en Herramienta. Ha sido publicado el 5 de enero de 2015 por International Socialism, a quien agradecemos también el permiso otorgado para incluirlo en nuestra revista.
Traducción por Francisco T. Sobrino.
[1] Sameh Naguib, Phil Marfleet, John Rose y Alex Callinicos me han ayudado con fructíferos comentarios al borrador de este artículo. También agradezco especialmente a todos los participantes en la reunión educativa del SWP sobre “Análisis del EI” el 22 de noviembre de 2014, pues el artículo fue reescrito a la luz de la intensa y fecunda discusión que tuvo lugar allí.
[2] Chulov, 2014; Human Rights Watch, 2014a; Human Rights Watch, 2014b.
[3] Cockburn, 2014, págs. 28-29.
[4] El debilitamiento del estado baathista en los años noventa, permitió que surgiera un pequeño estado kurdo en las provincias norteñas de Irak, y la incapacidad de la ocupación estadounidense para reforzar la autoridad de Bagdad sobre la región creó las condiciones para que se consolidara el mismo.
[5] Ver los capítulos 1 y 2 de Alexander y Bassiouny, 2014, para una discusión más detallada sobre el desarrollo del neoliberalismo en Egipto, y Achcar, 2013, y Hanieh, 2013, para las perspectivas regionales sobre dicho proceso.
[6] Naguib, 2011, pág. 5.
[7] Haddad, 2011.
[8] Harman, 1994.
[9] Para ver más sobre esta cuestión ver Alexander y Bassiouny, 2014, capítulo 2.
[10] León Trotsky, en su análisis de la economía rusa a comienzos del siglo XX, afirmaba que la naturaleza desigual y combinada de ese desarrollo creó una “amalgama explosiva” de relaciones sociales y políticas contradictorias que cuando se encendieron por las chispas de las protestas y las huelgas, desataron un proceso revolucionario mucho más profundo que el que nadie había previsto (Trotsky, 1992). El argumento de Trotsky se centraba en la combinación de relaciones sociales y políticas a través de dos modos distintos de producción: el feudalismo y el capitalismo. Cuando usamos el término aquí, nos referimos a la combinación de relaciones sociales y políticas de diferentes fases de capitalismo. Choonara, 2011.
[11] Maunder, 2012.
[12] Para más detalles sobre la pobreza rural en Siria antes de la revolución, acceder awww.ruralpovertyportal.org/country/home/tags/syria.
[13] Hanieh, 2013.
[14] Cordesman y Khazai, 2014, pág. 227.
[15] Burleigh, 2014; Conant, 2014.
[16] Crooke, 2014. Para una apreciación global del rol jugado por el Wahabismo en el proceso de la formación del estado en Arabia, ver Al-Rasheed, 2010, págs. 13-68.
[17] Harman, 1986, pág. 11.
[18] Batatu, 2004; Zangana y Ramadani, 2006, pág. 60.
[19] Harman, 1994; Naguib, 2006.
[20] Para más materiales sobre las novedades recientes sobre Hamas y Hezbollah, ver artículos por Philip Marfleet y Bassem Chit en esta revista, y para más antecedentes, Assaf, 2013b, y Harman, 2006.
[21] Callinicos, 2014a; Callinicos, 2014b, pág. 19; Callinicos, 2009.
[22] Zangana y Ramadani, 2006.
[23] Alexander, 2003, y Batatu, 2004.
[24] Alexander y Assaf, 2005a.
[25] International Crisis Group, 2013, pág. 4.
[26] Alexander y Assaf, 2005 a, y Zangana y Ramadani, 2006.
[27] Dodge, 2010: pág. 217.
[28] Ver Dodge, 2010; Herring y Rangwala, 2006, págs. 222-236, para más detalles sobre este proceso.
[29] Ver Herring y Rangwala, 2006, págs. 236-241, para más detalles sobre el rol de las corporaciones transnacionales estadounidense en la “reconstrucción” iraquí, y Dodge, 2014, para su impacto posterior.
[30] No hay espacio en este artículo para analizar apropiadamente la influencia de la cuestión kurda sobre Irak. Para una perspectiva histórica sobre la cuestión kurda ver Macdowall, 2003, y para el rol de los partidos kurdos en los acontecimientos posteriores a 2003 ver Herring y Rangwala, 2006.
[31] Alexander y Assaf, 2005 a, pág. 27.
[32] Ibíd.
[33] Alexander y Assaf, 2005b.
[34] Alexander y Assaf, 2005 a.
[35] Buncombe y Cockburn, 2006.
[36] Damluji, 2010, págs. 75-76.
[37] Montgomery y McWilliams, 2009.
[38] Al-Jabouri y Jensen, 2011.
[39] International Crisis Group, 2014.
[40] Ibíd, pág. 9.
[41] Ibíd.
[42] Montgomery y MacWilliams, 2009, pág. 43.
[43] Dermer, 2014.
[44] Petraeus, 2013.
[45] Sullivan, 2013.
[46] Dodge, 2014; Sullivan, 2013.
[47] International Crisis Group, 2013; Assaf, 2013 a.
[48] Cockburn, 2014.
[49] Chulov, Hawramy y Ackerman, 2014.
[50] Lewis, 2013.
[51] Pla, 2014, pág. 27.
[52] Lewis, 2013, pág. 7.
[53] Ibídem, pág. 9.
[54] Atassi, 2013.
[55] Human Rights Watch, 2013.
[56] International Crisis Group, 2013, pág. 1; Lewis, 2013, pág. 21.
[57] Lewis, 2013, pág. 19.
[58] Abbas, 2014.
[59] International Crisis Group, 2014, pág. 6.
[60] Al-Jazeera Arabic, 2014.
[61] International Crisis Group, 2014; Al-Hayat, 2014.
[62] Holliday, 2013.
[63] Lewis, 2013, pág. 17.
[64] Pla, 2014, pág. 35 y págs. 27-28.
[65] BBC News Online, 2014.
[66] Beauchamp, 2014.
[67] Chulov y Lewis, 2014.
[68] Mahmood, 2014.
[69] Aquí usamos el término “reformista” para indicar el lugar de estas organizaciones en el ancho espectro de respuestas al estado por parte de las corrientes islámicas, que van desde la guerra de guerrillas para derrocar al régimen existente al aislamiento social para fundar una utopía conservadora, y esto no significa implicar que estas organizaciones islámicas puedan ser igualadas con organizaciones socialdemócratas. Para más elementos sobre este tema, ver Alexander y Bassiouny, 2014, capítulo 1.
[70] Sobre este tema, ver mi reseña de los libros recientes de Gilbert Achcar y Adam Hanieh (Alexander, 2014).

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/products/isis-el-estado-islamico-y-la-contrarrevolucion-hacia-un-analisis-marxista/

La implosión de la Venezuela rentista

La implosión de la Venezuela rentista[1]

Edgardo Lander

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Crisis en todos los ámbitos de la vida colectiva

 

El detonante principal de la crisis por la cual atraviesa hoy Venezuela, más obviamente no la única causa, ha sido el colapso de los precios del petróleo de los últimos tres años. Mientras en el año 2013 el precio promedio de los crudos venezolanos fue de $100, bajó a $88,42 en el año 2014 y a $44.65 en el 2015. Llegó a su nivel más bajo en el mes de febrero del año 2016, con un precio de $24,25.[2] El gobierno del Presidente Chávez, lejos de asumir que una alternativa al capitalismo tenía necesariamente que ser una alternativa al modelo depredador del desarrollo, del crecimiento sin fin, lejos de cuestionar el modelo petrolero rentista, lo que hizo fue radicalizarlo a niveles históricamente desconocidos en el país. En los 17 años del proceso bolivariano la economía se fue haciendo sistemáticamente más dependiente del ingreso petrolero, ingresos sin los cuales no es posible importar los bienes requeridos para satisfacer las necesidades básicas de la población, incluyendo una amplia gama de rubros que antes se producían en el país. Se priorizó durante estos años la política asistencialista sobre la transformación del modelo económico, se redujo la pobreza de ingreso, sin alterar las condiciones estructurales de la exclusión.

Identificando socialismo con estatismo, mediante sucesivas nacionalizaciones, el gobierno bolivariano expandió la esfera estatal mucho más allá de su capacidad de gestión. En consecuencia el Estado es hoy más grande, pero a la vez más débil y más ineficaz, menos transparente, más corrupto. La extendida presencia militar en la gestión de organismos estatales ha contribuido en forma importante a estos resultados. La mayor parte de las empresas que fueron estatizadas, en los casos en que siguieran operando, lo hicieron gracias al subsidio de la renta petrolera. Tanto las políticas sociales, que mejoraron significativamente las condiciones de vida de la población, como las múltiples iniciativas solidarias e integracionistas en el ámbito latinoamericano, fueron posibles gracias a los elevados precios del petróleo. Ignorando la experiencia histórica con relación al carácter cíclico de los precios de los commodities, el gobierno operó como si los precios del petróleo se fuesen a mantener indefinidamente sobre los cien dólares por barril.

Dado que el petróleo pasó a constituir el 96% del valor total de las exportaciones, prácticamente la totalidad de las divisas que han ingresado al país en estos años lo han hecho por la vía del Estado. A través de una política de control de cambios, se acentuó una paridad de la moneda insostenible, lo  que significó un subsidio al conjunto de la economía. Los diferenciales cambiarios que caracterizaron esta política, llegaron a ser de más de cien a uno. Esto, unido a la discrecionalidad con la cual los funcionarios responsables pueden otorgar o no las divisas solicitadas, hizo que el manejo de las divisas se convirtiera en el principal eje de la corrupción en el país.[3]

En la época de las vacas gordas todo el ingreso fiscal extraordinario se gastó, incurriendose incluso en elevados niveles de endeudamiento. No se crearon fondos de reserva para cuando bajasen los precios del petróleo. Cuando estos colapsaron, sucedió lo inevitable, la economía entró en una profunda y sostenida recesión y el proyecto político del chavismo comenzó a hacer aguas.

El PIB tuvo un descenso de 3,9%  en el año 2014, y de 5.7% en el 2015.[4] Para el año 2016, la CEPAL pronostica una caída del 7%.[5] Hay un importante y creciente déficit fiscal. De acuerdo a la CEPAL, la deuda externa se duplicó entre los años 2008 y 2013[6]. Si bien como porcentaje del PIB todavía no es alarmante, la drástica reducción del ingreso de divisas dificulta su pago.[7] Se ha producido una caída fuerte de las reservas internacionales. Las reservas del mes de junio del año 2016 representaban 41% del monto correspondiente a las de finales del año 2012.[8] El acceso a nuevos financiamientos externos está limitado por la incertidumbre en torno al futuro del mercado petrolero, la falta de acceso a los mercados financieros occidentales, y las muy elevadas tasas de interés que se le exigen al país en la actualidad.

A esto se suma la tasa de inflación más elevada del planeta. De acuerdo a las cifras oficiales, en el año 2015 la inflación fue de 180,9%, y la inflación de alimentos y bebidas no alcohólicas fue de 315%.[9] Con seguridad se trata de una subestimación. No hay cifras oficiales disponibles, pero la tasa de inflación en el primer semestre del año, particularmente en el renglón de alimentos, ha sido muy superior a la del año anterior.

Esta severa recesión económica podría conducir a una crisis humanitaria. Hay un desabastecimiento generalizado de alimentos, medicinas y productos del hogar. Las familias venezolanas tienen que pasar cada vez más tiempo recorriendo establecimientos y haciendo colas en la búsqueda de alimentos que no estén más allá de su capacidad adquisitiva. Se está produciendo una reducción significativa en el consumo de alimentos por parte de la población. De la situación en la que la FAO hizo un “Reconocimiento de progresos notables y excepcionales en la lucha contra el hambre” basado en datos hasta el año 2013, señalando que había una proporción de menos de 6,7% de personas desnutridas,[10] se ha pasado a una situación de crecientes dificultades para obtener alimentos y donde el hambre se ha convertido en un tema de conversación cotidiano. De acuerdo a las últimas estadísticas oficiales, a partir del año 2013 se ha venido produciendo un descenso sostenido en el consumo de prácticamente todos los renglones de alimentos. En algunos casos en forma muy pronunciada. Entre el segundo semestre del año 2012 y el primer semestre del año 2014, el consumo de leche líquida completa se redujo a menos de la mitad.[11] Estas son cifras anteriores a la profundización del desabastecimiento y la inflación ocurrida en el último año. Las encuestas registran que es cada vez mayor el número de familias que ha dejado de comer tres veces al día, incrementándose incluso el porcentaje de familias que afirma comer una sola vez al día. De acuerdo a la encuestadora Venebarómetro, una gran mayoría de la población (86.3%) afirma que compra menos o mucho menos comida que anteriormente.[12]

En el ámbito del acceso a medicamentos y servicios de salud la situación es igualmente crítica. Los hospitales y demás centros de salud presentan elevados niveles de desabastecimiento de insumos básicos, así como la ausencia de equipos e instrumental médico debido a limitaciones en el acceso a repuestos y otros insumos, sean nacionales o importados. En hospitales y centros de salud es común que solo se pueda atender y alimentar a los enfermos si los familiares pueden aportar los insumos y alimentos requeridos. Son frecuentes las suspensiones de operaciones por falta de equipos, insumos o personal médico. Pacientes que requieren diálisis no reciben tratamiento. Medicamentos indispensables para el tratamiento de enfermedades tales como diabetes, hipertensión y cáncer escasean severamente.

El gobierno no reconoce la posibilidad de que el país esté entrando en una emergencia que requiera asistencia desde el exterior. Por una parte, porque esto sería visto como la admisión del fracaso de su gestión. Pero igualmente, para evitar que ese reconocimiento pueda servir como puerta de entrada para la operación de dispositivos de intervencionismo humanitario, armado de considerarse necesario, cuyas consecuencias son bien conocidas.

En estos últimos años el gobierno ha puesto en marcha diversos operativos y mecanismos de distribución de alimentos, los cuales han sido de corta duración y, en general, han fracasado por la ineficiencia y los muy elevados niveles de corrupción. No han logrado desmantelar la redes mafiosas, gubernamentales y privadas, que operan en cada uno de los eslabones de las cadenas de comercialización, desde los puertos hasta la venta al por menor. Por otra parte, todos estos mecanismos han estado concentrados en la distribución, sin abordar en forma sistemática la profunda crisis existente en la producción nacional.

La última iniciativa son los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), orientados principalmente a la venta de bolsas con algunos alimentos subsidiados directamente en las viviendas. Ha sido este mecanismo muy polémico, entre otras cosas porque no hay suficientes alimentos disponibles para llegar a todos, y por operar a través de estructuras partidistas (el PSUV). Con muy poco tiempo de funcionamiento ya se han formulado múltiples denuncias tanto por su carácter político excluyente de quienes no se identifiquen como partidarios del gobierno, como, una vez más,  por la corrupción.

Con excepción de Caracas, durante meses en el año 2016 hubo racionamiento eléctrico, con suspensión del servicio por cuatro horas diarias.[13] Para ahorrar electricidad, las oficinas públicas en todo el país solo trabajaron dos días a la semana durante meses y luego con un horario diario reducido, debilitando aún más la menguada capacidad de gestión del Estado venezolano. La distribución del agua ha estado racionada, afectando desproporcionalmente a los sectores populares. Hay igualmente una severa crisis en el transporte público por falta de repuestos, hasta los más comunes como baterías y cauchos.

Todo esto se traduce en un severo deterioro de las condiciones de vida de la población, conduciendo a la acelerada pérdida de las mejorías sociales que se habían logrado en los años anteriores. El gobierno ha dejado de publicar, o solo publica con mucho atraso, la mayor parte de las principales estadísticas económicas y sociales. Por ello, las únicas fuentes actualizadas con las cuales se cuentan son algunos estudios universitarios y de encuestadoras privadas.[14] En el último estudio difundido por un proyecto interuniversitario,[15] en términos de ingreso y de la capacidad para adquirir lo que definen como la canasta normativa de alimentos, se caracteriza al 75,6% de la población como pobre y la mitad del total de la población como pobres extremos.[16] Esto, más que un deterioro, constituye un colapso del poder adquisitivo de la mayor parte de la población.

La reducción de la capacidad adquisitiva es generalizada, pero no afecta por igual a todos los sectores de la población, con lo cual se ha producido un incremento de las desigualdades sociales. La reducción de las desigualdades de ingreso había sido uno los logros más importantes del proceso bolivariano. El actual deterioro de la capacidad adquisitiva afecta en primer lugar a quienes viven de un ingreso fijo como salarios, jubilaciones y pensiones. Por el contrario, quienes cuentan con acceso a divisas que compran cada vez más bolívares, y quienes participan en los múltiples mecanismos especulativos del llamado bachaqueo, con frecuencia terminan favorecidos por la escasez/inflación.

En las condiciones actuales, el gobierno ya no cuenta con los recursos que serían necesarios para abastecer a la población mediante programas masivos de importación de alimentos. Por las mismas razones, la incidencia de las políticas sociales, las Misiones, está marcada por un sostenido deterioro.

Por la vía de los hechos, la política económica del gobierno opera como una política de ajuste que contribuye al deterioro de las condiciones de vida de la población. Se le ha otorgado prioridad al pago de la deuda externa sobre las necesidades alimentarias y de salud de la población venezolana. De acuerdo al Vicepresidente para el Área Económica, Miguel Pérez Abad, Venezuela recortará sustancialmente sus importaciones este año con el fin de cumplir con sus compromisos de deuda.[17] Se ha anunciado que el monto total de divisas disponibles para importaciones no petroleras en el año 2016 será de solo 15 mil millones de dólares[18], lo que representa la cuarta parte del volumen de las importaciones del año 2012. Y sin embargo, el Presidente Maduro ha informado que “…el Estado venezolano ha pagado en los últimos 20 meses 35 mil millones de dólares a los acreedores internacionales…”[19] Esto es extraordinariamente grave, dados los elevados niveles de dependencia de las importaciones que tiene la alimentación básica de la población.

Son variadas las propuestas que se han venido formulando desde organizaciones políticas y académicas, así como movimientos populares, sobre posibles vías para la obtención de los recursos necesarios para responder a las necesidades urgentes de la población. Entre estas destaca la Plataforma de Auditoría Pública y Ciudadana,[20] que exige la realización de una investigación a fondo de los extraordinarios niveles de corrupción con los cuales han operado los procesos de entrega, por parte de organismos del Estado, de divisas subsidiadas para las importaciones.[21] Esta auditoría permitiría comenzar los procesos de recuperación de los recursos sustraídos a la nación. Esta posibilidad ha sido rechazada por el gobierno. Sería abrir una caja de Pandora que, con seguridad, implicaría tanto a altos funcionarios públicos, civiles y militares, como a empresarios privados.

Igualmente importante sería la realización de una auditoría de la deuda externa, con el fin de identificar que parte de ésta es legítima y que parte no lo es. A partir de ésta, se plantearía  una renegociación de las condiciones de pago de la deuda,  partiendo de que es prioritario responder a las necesidades inmediatas de alimentación y salud de la población sobre el pago a los acreedores. Se ha propuesto igualmente la conveniencia de un impuesto extraordinario a los bienes de venezolanos en el exterior, así como una reforma impositiva que aumente el aporte de las grandes fortunas, en especial del sector financiero, que pagan tasa muy bajas.

Nada de esto, por supuesto, tendría mayor impacto si no se crean mecanismos de contraloría social efectivos que garanticen que, en este contexto de corrupción generalizada, estos bienes lleguen a quienes los necesitan.

 

Una nueva economía: las múltiples caras del denominado “bachaqueo”

 

En los últimos tres años se han producido reacomodos importantes en la estructura económica del país, muy especialmente en los sectores de comercialización. Una elevada proporción del acceso a bienes básicos en el país ocurre hoy por la vía de los mecanismos informales del llamado bachaqueo. Algunos de los casos más escandalosos de corrupción conocidos en el país en estos años tienen que ver precisamente con el acaparamiento y la especulación en la importación y en las cadenas públicas y privadas de distribución de alimentos.

Este complejo nuevo sector de la economía, que ha adquirido en estos años un enorme peso, incluye una amplia gama de modalidades y mecanismos tanto públicos como privados. Dada la presencia simultánea de un generalizado desabastecimiento y la desbordada inflación, la diferencia entre el precio de venta de los productos regulados y el precio al cual estos mismos productos son vendidos en los mercados informales puede ser de diez a uno, de veinte a uno, e incluso más. Esta actividad, que mueve a mucha gente y moviliza mucho dinero, opera en diversas escalas. Incluye, entre otras, el contrabando de extracción de diferentes dimensiones, principalmente hacia Colombia, el desvío masivo de bienes de las cadenas públicas de distribución mayorista, el acaparamiento por parte de agentes comerciales privados, y la compra y reventa en pequeña o mediana escala de productos regulados por parte de los llamados bachaqueros.

Por su novedad, heterogeneidad y fluidez no se cuenta con una caracterización confiable sobre la dimensión de este sector de la economía y sus relaciones con los otros sectores de ésta. En esta actividad se pueden obtener ingresos muy superiores a una elevada proporción de los empleos asalariados existentes en el país. Lo que es indudable es que hoy, si dejase de operar de un día para otro este sector de la economía, el país se paralizaría. De acuerdo a una de las principales encuestadoras del país, el 67 % de la población venezolana reconoce que compra los productos total o parcialmente a través de los llamados “bachaqueros”.[22] El hecho de que este sector de la economía opere con mecanismos extremadamente diversos no solo hace difícil su caracterización, sino igualmente su evaluación desde puntos de vista políticos o éticos. Sobre el impacto perverso que para la sociedad tiene la corrupción en las cadenas oficiales de distribución, el acaparamiento y la especulación por parte de agentes privados y las mafias violentas, con frecuencia armadas, que controlan determinados eslabones de las cadenas de comercialización, no queda duda. No es lo mismo el bachaqueo en pequeña escala llevado a cabo por ese amplio sector de la población que, en ausencia de toda otra alternativa para alimentar a su familia, convierten la actividad de compra, trueque y venta especulativa de productos escasos en una modalidad de sobrevivencia.

Lo que si puede afirmarse es que en un proceso político orientado durante años por los valores de la solidaridad y la promoción de múltiples forma de organización popular de base en las cuales participaron millones de personas, la respuesta ante esta profunda crisis no ha sido mayoritariamente solidaria, ni colectiva, sino individualista y competitiva. Las significativas transformaciones en la cultura política popular de años anteriores, los sentidos de dignidad, las subjetividades caracterizadas por la auto confianza y el entusiasmo en a relación sentirse parte de la construcción de un mundo mejor, entran en dinámicas regresivas. Buena parte de las organizaciones sociales de base creadas durante estos años (mesas técnicas de agua, consejos comunitarios de agua, consejos comunales, comunas, etc.), se encuentran hoy debilitadas, tanto por la carencia de los recursos estatales de las cuales se habían hecho dependientes, como por el creciente deterioro de la confianza en el gobierno y en el futuro del país. Otras, con mayor capacidad de autonomía,  hoy debaten cómo continuar operando en este nuevo contexto.

Es este el paisaje cultural que hace posible, por ejemplo, que miles de niños de hasta 12 años estén abandonando la escuela para incorporarse a bandas criminales, iniciándose generalmente en el micro tráfico de drogas que constituye, gracias a las políticas prohibicionistas con relación a las drogas que siguen vigentes en el país, un lucrativo negocio y una fuente permanente de violencia.

Además de las consecuencias de la desnutrición infantil, lo que posiblemente tenga un impacto negativo de más larga duración para el futuro del país es el hecho de que la confluencia de estas dinámicas ha ido produciendo procesos de desintegración del tejido de la sociedad, un estado de desconfianza generalizada y una profunda crisis ética en buena parte de la conciencia colectiva.

 

La coyuntura política

 

El fallecimiento de Hugo Chávez en marzo del 2013 abre paso a una nueva coyuntura política en el país. En las elecciones presidenciales de abril del 2013, el candidato escogido por Chávez, Nicolás Maduro, gana a Henrique Capriles, candidato de la oposición, por una diferencia de solo 1.49% de los votos, mientras que cinco meses antes, Chávez, en su última elección, había ganado con una diferencia de 10.76%.

En las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015, la oposición organizada en torno a la Mesa de Unidad Democrática (MUD) gana las elecciones por una amplia mayoría, obteniendo 56,26% de los votos contra 40,67% de los partidarios del gobierno.[23] Como resultado de una ley electoral anticonstitucional diseñada para sobre representar a la mayoría cuando ésa era la situación del chavismo, la oposición obtuvo un total de 112 parlamentarios con lo cual logró una mayoría de dos terceras partes en la Asamblea.[24]

La previa identificación de la mayoría de los sectores populares con el chavismo se va resquebrajando, la oposición gana en muchos centros electorales que hasta ese momento  habían votado contundentemente por el gobierno.

De una situación de control de todas las instituciones públicas (Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, Poder Electoral, Poder Ciudadano y 20 de un total de 23 gobernaciones), se pasa a una nueva situación de dualidad de poderes y a una potencial crisis constitucional.

Sin embargo, la mayoría de oposición en la Asamblea Nacional no ha alterado, en los hechos, la correlación de fuerzas en el Estado. Sistemáticamente cada vez que el Ejecutivo está en desacuerdo con una decisión de la Asamblea, le ha solicitado al Tribunal Supremo de Justicia que la declare inconstitucional, lo cual el Tribunal hace rápidamente. A esto se añade que, en los asuntos de mayor transcendencia,  el gobierno, con el aval del Tribunal Supremo de Justicia, ha venido gobernando por decretos presidenciales. Entre éstos destaca el Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica[25] mediante el cual el Presidente se auto otorga poderes extraordinarios en el ámbito económico y en áreas de seguridad pública. En consecuencia, durante los primeros seis meses de su gestión, la Asamblea Nacional ha operado más como un espacio de debate político y de catarsis, que como un poder del Estado con capacidad para tomar decisiones efectivas sobre el rumbo del país.

El gobierno una y otra vez ha anunciado medidas especiales, comisiones presidenciales, nuevos “motores de la economía” reestructuraciones del Estado, nuevas vice-presidencias, nuevo ministerios. Sin embargo, se trata en lo fundamental, de un gobierno a la defensiva, sin rumbo, cuyo principal objetivo parece ser la preservación del poder. Para ello se reafirma en un discurso incoherente que carece de sintonía con la cotidianidad y las exigencias inmediatas de la población. Sigue apelando a “la Revolución” y al enfrentamiento al imperialismo, al intervencionismo externo, a la derecha nacional e internacional fascista, a los golpistas y a la “guerra económica” como las causas de todos los males que afectan al país. Se acentúa la utilización arbitraria de su control sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) para tomar medidas destinadas a bloquear toda posibilidad de cambio.[26] Por esta vía se va, paso a paso, socavando la legitimidad de la Constitución del año 1999. Mientras tanto, el deterioro económico y social del país se profundiza.

Es bien sabido que, desde el inicio del gobierno bolivariano, el gobierno de los Estados Unidos le ha brindado respaldo político y financiero a la oposición venezolana, incluso apoyando el golpe de Estado del año 2002. La ofensiva no cesa. En marzo del año 2016 el gobierno de Obama renovó la decisión del año anterior de declarar que Venezuela constituye una “inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.[27] En mayo del mismo año, “por décimo año consecutivo, el Departamento de Estado de EE.UU. determinó […] que Venezuela no estaba cooperando plenamente con los esfuerzos antiterroristas de Estados Unidos”.[28] En el contexto de la prominencia de los gobiernos progresistas y los procesos integracionistas latinoamericanos (UNASUR, MERCOSUR, CELAC), estas ofensivas tuvieron en el pasado poco éxito. Sin embargo, estamos en presencia de un contexto geopolítico regional profundamente alterado que se caracteriza por un debilitamiento tanto de los movimientos sociales como de los gobiernos progresistas en toda América del Sur. Son en este sentido significativas las implicaciones de los bruscos virajes a la derecha que vienen operándose en Argentina y Brasil y los consecuentes debilitamientos de los mecanismos de integración continental en cuya creación y fortalecimiento el Presidente Chávez había jugado un papel protagónico. Un expresión de estos cambios son los sistemáticos ataques de Luis Almagro, Secretario General de la OEA,  contra el gobierno venezolano, presionando a los países miembros de la organización a que se le aplique al país la Carta Democrática, y las resistencias que ha enfrentado Venezuela para asumir, como le corresponde, la Presidencia pro-tempore de MERCOSUR.

 

Descontento generalizado, protestas, saqueos, represión e inseguridad

 

Confirmando el estado de ánimo que se percibe diariamente en cualquier aglomeración de gente, como en las colas de compra de alimentos y el transporte público, todas las encuestas de opinión destacan el profundo descontento existente en el país. De acuerdo a Venebarómetro, 84,1% de la población evalúa en términos negativos la situación del país, el 68,4% considera como mala la gestión del Presidente Maduro, el 68% de los encuestados opina que Maduro debería salir del poder lo más pronto posible y haya elecciones presidenciales.[29] De acuerdo a la encuestadora Hercon, 81,4% de los encuestados consideran que “es necesario cambiar de gobierno este mismo año para que se solucione la crisis que vive Venezuela”.[30] Según Óscar Schemel, director de la encuestadora Hinterlaces, encuestadora en general favorable al gobierno, en el mes de febrero el 58% de la población estaba de acuerdo con una salida constitucional del presidente Maduro.[31] De acuerdo a un informe del Proyecto Integridad Electoral Venezuela de la Universidad Católica Andrés Bello, el 74% de la población ve la situación del país como “mala” o “muy mala”, y más de la mitad cree que los principales responsables de los problemas son el Gobierno y el Presidente.[32] De acuerdo a la encuestadora Datincorp, el 72% de los encuestados quiere que el Presidente Maduro concluya su mandato antes del 2019.[33]

En la mayor parte de las encuestas se destaca igualmente que el apoyo a la oposición y a la Asamblea Nacional ha tenido una tendencia al descenso como resultado de la frustración frente a las expectativas que habían sido creadas por la MUD previas a las elecciones parlamentarias. De acuerdo a una encuesta nacional realizada por la Universidad Católica Andrés Bello, institución fuertemente inclinada hacia la oposición, solo un 50,58% de los encuestados confía en la Asamblea Nacional y un poco menos de la mitad confía en los diputados de la oposición y en los partidos de oposición.[34]

Las dificultades que enfrenta la gran mayoría de la población en su vida cotidiana, especialmente los obstáculos o incluso la imposibilidad de obtención de alimentos y medicinas, la carencia de agua, el racionamiento eléctrico, han generado, en todo el país, niveles crecientes de protesta, cierres de calles y carreteras, saqueos de establecimientos de comercialización de alimentos, y de camiones que transportan estos bienes. Algunos de estos saqueos y protestas violentas pueden estar organizados como una forma de enfrentamiento político al gobierno[35]. No hay duda de que en el país operan paramilitares, pero es evidente, por su escala, que se trata en lo fundamental de un fenómeno social de amplia base. A diferencia de la situación de febrero del año 1989, en que el Caracazo consistió en una explosión popular generalizada y prácticamente simultánea a escala nacional, en las actuales condiciones, mucho más graves que las del 1989, se está produciendo un Caracazo por cuotas. En algunos casos participan grupos armados que actúan con violencia.

Esto se suma a la inseguridad que durante muchos años ha sido caracterizada por la población venezolana como el principal problema del país. De acuerdo a las Naciones Unidas, Venezuela no solo tiene la tasa de homicidios más elevada de América del Sur, sino que es el único país de esa región cuya tasa de homicidios se ha incrementado en forma consistente desde el año 1995.[36] Algunos de los denominados “colectivos” de origen chavista han devenido en mafias armadas. Un contexto de generalizada impunidad en que, ni los asesinatos ni la corrupción son investigados, y menos aún castigados, ha conducido a una profunda y generalizada desconfianza en la policía, el sistema judicial, y la justicia. Se han hecho más frecuentes los casos en que grupos de personas deciden asumir la justicia por su propia mano, por la vía de linchamientos. Es dramático lo que esto nos dice sobre el estado actual de la sociedad venezolana. De acuerdo a una encuesta nacional realizada por el Observatorio Venezolano de Violencia, dos terceras partes de la población justifica los linchamientos cuando se ha cometido un “crimen horrible”, o cuando el criminal “no tiene remedio”. Sin embargo, de acuerdo a este observatorio, “en la mayoría de los linchamientos observados recientemente las víctimas no han cometido delitos ‘horribles”; más bien se trata de inexpertos ladrones.” En un barrio popular apareció una pancarta con el siguiente texto: Vecinos organizados. Ratero si te agarramos no vas a ir a la comisaría. ¡¡Te vamos a linchar!![37] Son tan grotescas estas imágenes que la Sala Constitucional del TSJ ha prohibido su divulgación por las redes sociales.

El gobierno, ante esta descomposición generalizada, ante una sociedad que ya no puede controlar, en vista de que su discurso se hace cada menos eficaz, responde crecientemente con represión. Con frecuencia las movilizaciones callejeras son bloqueadas o reprimidas con gases lacrimógenos. Todas las semanas los medios divulgan casos de muertes por balas policiales. A pesar de que el uso de armas de fuego está expresamente prohibido en la Constitución,[38] el Ministro del Poder Popular para la Defensa, mediante una resolución sobre las “Normas sobre la actuación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en Funciones de control del orden público, la paz social y la convivencia ciudadana en reuniones públicas y manifestaciones” decidió que ante una situación de “riesgo mortal”, el funcionario o funcionaria militar “aplicará el método del uso de la fuerza potencialmente mortal, bien con arma de fuego o con otra potencialmente mortal.”[39]

En ausencia de una política pública de seguridad integral y consistente en materia de seguridad, frente el desborde de la violencia hamponil y ante las demandas de la sociedad por una respuesta, en julio del 2015 se creó un nuevo dispositivo policial, la Operación para la Defensa y Liberación del Pueblo (OLP) cuya principal actuación ha sido la de realizar agresivos allanamientos en barrios populares. Estos operativos han sido denunciados por organizaciones de derechos humanos por acentuar las desigualdades al reprimir solo las actividades ilícitas en los sectores populares y por el uso desproporcionado de la fuerza. A partir de la creación de este dispositivo, comenzaron a aparecer en los periódicos noticias sobre la muerte de numerosos “hampones” y “delincuentes”. El número de “abatidos” es presentado por los funcionarios como medida del éxito de los operativos.  Desaparece la presunción de inocencia y, con apoyo de la opinión pública, se va naturalizando el asesinato extrajudicial, en un país cuya Constitución prohíbe expresamente la pena de muerte.[40]

 

El referendo revocatorio

 

La Constitución Venezolana contempla la posibilidad de la realización de referendos revocatorios de cada uno de los cargos de elección popular una vez pasada la mitad de su período de gestión. Este instrumento, que posibilita la evaluación por parte de los electores de la gestión de los funcionarios y funcionarias electas, ha sido reivindicado por el chavismo como uno de los importantes avances democráticos de la Constitución de 1999, como una de las principales expresiones de la democracia participativa.[41] Se establecen para ello un conjunto de requisitos. En el caso del Presidente o Presidenta de la República, si el referendo se realiza en el cuarto año de la gestión de seis años del Presidente, y la mayoría opta por revocar  su mandato, éste queda destituido y se convocan nuevas elecciones presidenciales en un lapso de 30 días. Si el referendo se realiza cuando quedan menos de dos años del período presidencial, y la mayoría vota por la revocatoria del mandato, el Presidente queda destituido y es remplazado por el Vicepresidente (cargo de libre nombramiento y remoción por parte del Presidente). Es por ello que el gobierno, a sabiendas de que perdería el referendo revocatorio, a través de su pleno control sobre el CNE, se ha dedicado sistemáticamente a poner obstáculos y a retardar lo más posible la realización del referendo.[42] Las diversas movilizaciones de la oposición con el fin de presionar al CNE para que de los pasos necesarios en función de la realización del referendo revocatorio son impedidas o reprimidas. Altos funcionarios gubernamentales han anunciado que se despediría a los empleados públicos que aparezcan apoyando el referendo y que los empresarios que lo hagan no podrán tener contratos con el Estado.[43] Estudiantes han denunciado que les han quitado sus becas por haber firmado por la realización del referendo. La oposición presentó aproximadamente diez veces más firmas que las requeridas para iniciar el proceso. De estas se anularon centenares de millares de firmas, muchas por errores de forma. Se han ido  imponiendo nuevas exigencias que no habían sido informadas anteriormente y se han alargado  sistemáticamente los plazos más allá de lo contemplado en las normas vigentes.

El CNE durante años fue una institución que contó con un alto grado de legitimidad. El carácter totalmente automatizado de los procesos electorales y sus mecanismos de auditoría hacían que fuese extraordinariamente difícil desvirtuar la voluntad de los electores. Las observaciones internacionales que estuvieron presentes en los múltiples procesos electorales realizados durante el gobierno bolivariano, una y otra vez, afirmaron que se trataba de elecciones cuyos resultados eran altamente confiables. Jimmy Carter llegó a afirmar que se trataba del mejor sistema electoral del mundo. Durante años este organismo jugó un papel central en la defensa de la legitimidad del gobierno ante los ataques del gobierno de los Estados Unidos y la derecha internacional. Sin embargo, en los últimos años ha ido perdiendo la confianza de los electores.[44] En la medida en que con sus decisiones el CNE está impidiendo la realización del referendo revocatorio en el año 2016, y va transparentando su papel actual de ejecutor de las decisiones del Poder Ejecutivo, está sacrificando el prestigio y reconocimiento que había logrado con mucho esfuerzo. Desde un punto de vista constitucional, sería tan grave que el gobierno impidiese la realización de un referendo revocatorio que haya cumplido con todos los requisitos legalmente establecidos, como lo sería impedir la realización de una elección para mantenerse en el poder. Por ello, si el gobierno, en forma ilegítima, bloquease la realización del referendo revocatorio en el año 2016, estaría rompiendo el hilo constitucional. A partir de ese momento pasaría a ser un gobierno de facto. Esto es particularmente grave en las actuales condiciones en que, como consecuencia de la crisis, hay un elevado grado de tensión acumulada en el país. Si se bloquea la posibilidad de que la población venezolana pueda decidir en forma democrática y constitucional sobre el futuro político inmediato del país, se corre el riesgo de que se pase de la actual situación de múltiples, pero fragmentados, focos de violencia, a una violencia generalizada lo que es en extremo peligrosa, dada la amplia disponibilidad de armas de fuego en manos de la población.

Mientras más se postergue una transición, que parece inevitable dados los amplios niveles de rechazo que tiene el gobierno, mayor será el deterioro del chavismo popular y el imaginario de otro mundo posible. El reto está en cómo evitar que el fin del gobierno de Maduro sea experimentado como una derrota de las expectativas de transformación social en la población venezolana. El pueblo chavista no tiene por qué cargar sobre sus hombros el fracaso de la gestión gubernamental.

 

Del rentismo extractivista petrolero al rentismo extractivista minero

 

La profunda crisis que hoy se vive en Venezuela representa un momento de inflexión fundamental en la historia contemporánea del país. Pero, ¿en qué dirección? Después de un siglo de rentismo petrolero, de hegemonía de una lógica rentista, Estado-céntrica, clientelar y devastadora tanto del ambiente como de la diversidad cultural, éste debería ser el momento en que, como sociedad -más allá de la urgencia de medidas extraordinarias requeridas para responder a la crisis alimentaria y de medicamentos que vive en país- se asuma que se trata de la crisis terminal de este modelo. Es el momento de dar comienzo a un amplio debate y procesos de experimentación colectivos que enfrenten los retos de la urgencia de una transición hacia otro modelo de sociedad. Sin embargo, en lo fundamental, ésta no ha sido la respuesta a la crisis. El consenso petrolero nacional no ha sido cuestionado sino en un terreno retórico. Los programas de gobierno del PSUV y de la MUD en las últimas elecciones presidenciales, a pesar de las profundas diferencias en todos los demás temas, ofrecieron duplicar la producción petrolera para llevarla a 6 millones de barriles diarios para el año 2019. En otras palabras, lo que ambos vislumbraban como futuro para Venezuela era la profundización del rentismo.

Más allá de la poco probable recuperación significativa de los precios del petróleo en el mercado internacional, ¿de que le sirve al país contar con las mayores reservas de hidrocarburos del planeta si por lo menos 80% de estas reservas tienen que permanecer bajo tierra si queremos tener alguna probabilidad de evitar transformaciones climáticas catastróficas que pondrían en peligro la vida humana?

En la actual coyuntura, el énfasis casi exclusivo de la oposición ha estado en la necesidad de salir del gobierno del Presidente Maduro como condición para regresar a la normalidad del orden ¿neoliberal? interrumpida por el proceso bolivariano. Por parte del gobierno, aparte de múltiples medidas inconexas que reflejan más improvisación que capacidad de reconocer la situación actual del país, la respuesta más importante ha sido la proclamación de un nuevo motor de la economía, la minería, con lo cual se pretende reemplazar al rentismo extractivista petrolero, por un rentismo extractivista minero.

El 24 de febrero del año 2016, mediante decreto presidencial, Nicolás Maduro decidió la creación de una Nueva Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero del Orinoco”,[45] abriendo casi 112 mil kilómetros cuadrados, 12% del territorio nacional, a la gran minería para la explotación de oro, diamantes, coltán, hierro y otros minerales. De acuerdo al Presidente del Banco Central de Venezuela, Nelson Merentes, el gobierno ya ha suscrito alianzas y acuerdos con 150 empresas nacionales y transnacionales, “quienes, a partir de entonces, podrán ejecutar labores de exploración, para certificar las reservas minerales, para luego pasar a la fase de explotación de oro, diamante, hierro y coltán”.[46] Se desconoce cuáles son estas empresas y el contenido de estos acuerdos.

La explotación minera, sobre todo en la extraordinaria escala que se contempla en el Arco Minero del Orinoco, significa obtener ingresos monetarios a corto plazo, a cambio de la destrucción socio-ambiental irreversible de una significativa proporción del territorio nacional y el etnocidio de los pueblos indígenas habitantes de la zona. Esta área cubre selvas tropicales húmedas de la Amazonía venezolana, grandes extensiones de sabanas de frágiles suelos, una extraordinaria biodiversidad, críticas fuentes de agua. Todo esto por decisión presidencial, en ausencia total de debate público, en un país cuya Constitución define a la sociedad como “democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural”, y en carencia total de los estudios de impacto ambiental exigidos por el orden jurídico vigente.

Lejos de representar una mirada alternativa a la lógica rentista que ha predominado en el país durante un siglo, expresa este decreto una decisión estratégica de profundizar el extractivismo y acentuar la lógica rentista. El mineral a explotar en el cual el gobierno ha hecho más énfasis ha sido el oro. De acuerdo al Ministro de Petróleo y Minería y Presidente de PDVSA, Eulogio Del Pino, se estima que las reservas auríferas de la zona serían de 7.000 toneladas, lo que a los precios actuales representaría unos 280.000 millones de dólares.[47]

No hay tecnología de minería en gran escala que sea compatible con la preservación ambiental. Las experiencias internacionales en este sentido son contundentes. En regiones boscosas, como buena parte del territorio del Arco Minero, la minería en gran escala, a cielo abierto, produciría necesariamente procesos masivos e irreversibles de deforestación. La rica biodiversidad de la zona sería severamente impactada, generándose la pérdida de numerosas especies. Los bosques amazónicos constituyen una defensa vital en contra del calentamiento global que afecta al planeta. La deforestación de estos bosques implica simultáneamente un incremento de la emanación de gases de efecto invernadero y una reducción de la capacidad de dichos bosques de absorber/retener dichos gases, acelerando así el calentamiento global. Por ello, las consecuencias de estas acciones transcienden en mucho al territorio nacional. En lugar de otorgarle prioridad a la necesidad urgente de frenar los actuales procesos de destrucción de bosques y cuencas generados por la explotación ilegal del oro, con la presencia de grupos paramilitares que controlan importantes extensiones de territorio, con la legalización y promoción de las actividades mineras en gran escala contempladas en el territorio del Arco Minero del Orinoco, se produciría una fuerte aceleración de esta dinámica devastadora.

Este proyecto constituye una flagrante y generalizada violación de los derechos de los pueblos indígenas, tal como estos están garantizados en el Capítulo VIII de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Se violan igualmente los derechos establecidos en los principales instrumentos legales referidos a éstos que han sido aprobados por la Asamblea Nacional en estos años: Ley de demarcación y garantía del hábitat y tierras de los pueblos indígenas (enero 2001) y La Ley Orgánica de pueblos y comunidades indígenas (LOPCI, diciembre 2005). Entre estas violaciones destacan todas las normas de consulta previa e informada que están firmemente establecidas tanto en la legislación venezolana como internacional (Convenio 169 de la OIT) en los casos en que se programen actividades que podrían impactar negativamente los hábitats de estos pueblos. Dándole un nuevo zarpazo a la constitución nacional, se continúa desconociendo la existencia misma de los Pueblos Indígenas, amenazándolos con su desaparición como pueblos, ahora a nombre del Socialismo del Siglo XXI.

En el pasado, tanto en Venezuela como en el resto del planeta, se le dio prioridad a la explotación de minerales e hidrocarburos sobre el agua, asumiendo que se trataba de un bien infinitamente disponible. Fueron muchas y de catastróficas consecuencias las decisiones que basadas en este supuesto de disponibilidad sin límites al agua se tomaron en diferentes países del mundo. El ejemplo más dramático en Venezuela es el del Lago de Maracaibo, el lago de agua dulce de mayor extensión de América Latina. Como consecuencia del canal de navegación abierto para la entrada de buques petroleros,  la contaminación agroquímica y la descarga de aguas cloacales sin tratamiento, lenta pero seguramente, durante décadas se ha venido matando este vital reservorio de agua. ¿Está la sociedad venezolana dispuesta a repetir esta catástrofe ambiental, está vez en las cuencas de los ríos Caura, Caroní y Orinoco, en la Amazonía venezolana? La zona del territorio venezolano al sur del Orinoco constituye la mayor fuente de agua dulce del país. Los procesos de deforestación previsibles con la actividad minera en gran escala inevitablemente conducirán a una reducción de estos caudales.

Uno de los fenómenos de mayor impacto sobre la vida de los habitantes del territorio venezolano en los últimos años ha sido el de las sucesivas crisis eléctricas, debidas en parte a la reducción del caudal del Caroní, río cuyas represas hidroeléctricas generan hasta 70% de la electricidad que se consume en el país. A las alteraciones generadas por el cambio climático, la minería en gran escala en el territorio del Arco Minero del Orinoco contribuiría directamente a la reducción de la capacidad de generación de electricidad de estas represas. En primer lugar, por la reducción del caudal de los ríos de la zona impactada por estas actividades. Igualmente, la minera río arriba, al reducir la capa vegetal de las zonas circundantes, inevitablemente incrementaría los procesos de sedimentación de éstas. Con ello se reduciría progresivamente su capacidad de almacenamiento y su vida útil. Todas las represas hidroeléctricas de este sistema del bajo Caroní se encuentran dentro de los límites que han sido demarcados como parte del Arco Minero del Orinoco.

En la explotación del Arco Minero está prevista la participación de “empresas privadas, estatales y mixtas”. El decreto contempla una variada gama de incentivos públicos a estas corporaciones mineras, entre otras la flexibilización de normativas legales, simplificación y celeridad de trámites administrativos, la no exigencia de determinados requisitos previstos en la legislación venezolana, la generación de “mecanismos de financiamiento preferenciales”, y un régimen especial aduanero con preferencias arancelarias y para-arancelarias a sus importaciones. Contarán igualmente con un régimen tributario especial que contempla la exoneración total o parcial del pago del impuesto sobre la renta y del impuesto de valor agregado.

Las posibilidades de oponerse a los impactos de la gran minería en la zona del Arco Minero están negadas por las normativas del decreto. Con el fin de impedir que las actividades de las empresas encuentren resistencia, se crea una Zona de Desarrollo Estratégico bajo la responsabilidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. El decreto en cuestión establece en forma expresa la suspensión de los derechos civiles y políticos en todo el territorio del Arco Minero.

 

Artículo 25. Ningún interés particular, gremial, sindical, de asociaciones o grupos, o sus normativas, prevalecerá sobre el interés general en el cumplimiento del objetivo contenido en el presente decreto.

 

Los sujetos que ejecuten o promuevan actuaciones materiales tendentes a la obstaculización de las operaciones totales o parciales de las actividades productivas de la Zona de Desarrollo Estratégica creada en este decreto serán sancionados conforme al ordenamiento jurídico aplicable.

 

Los organismos de seguridad del estado llevarán a cabo las acciones inmediatas necesarias para salvaguardar el normal desenvolvimiento de las actividades previstas en los Planes de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco, así como la ejecución de lo dispuesto en este artículo.

 

Son extraordinariamente graves las consecuencias de esta “Prevalencia del interés general sobre Intereses particulares”. Se entiende por “interés general”, la explotación minera tal como ésta está concebida en este decreto presidencial. Toda otra visión, todo otro interés, incluso la apelación a la Constitución, pasa a ser definido como un “interés particular”, y por lo tanto sujeto a que los “organismos de seguridad del Estado” lleven a cabo “las acciones inmediatas necesarias para salvaguardar el normal desenvolvimiento de las actividades previstas” en el decreto. Pero, ¿cuáles son o pueden ser los intereses denominados aquí como “particulares”? El decreto está redactado en forma tal que permite una amplia interpretación. Por un lado, señala expresamente como “particulares” los intereses sindicales y gremiales. Esto puede, sin duda, conducir a la suspensión, en toda la zona, de los derechos de los trabajadores contemplados en la Constitución, y en la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras. ¿Implica esto igualmente que los derechos “gremiales”, y por lo tanto “particulares” de los periodistas de informar sobre el desarrollo de las actividades mineras quedan suspendidos?

¿Qué implicaciones tiene esto para quien, sin duda, sería el sector de la población más afectado por estas actividades, los pueblos indígenas? ¿Serían las actividades en defensa de los derechos constitucionales de dichos pueblos llevadas a cabo por sus organizaciones, de acuerdo a “sus normativas” entendidos igualmente como “intereses particulares” que tendrían que ser reprimidos si entrasen en contradicción con el “interés general” de la explotación minera en sus territorios ancestrales?

Todo esto es aún más preocupante si se considera que solo dos semanas antes del decreto de creación de la Zona de desarrollo del Arco Minero, el Presidente Nicolás Maduro decretó la creación de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg), adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Defensa.[48] Esta empresa tiene atribuciones de amplio espectro para dedicarse “sin limitación alguna” a cualquier actividad relacionada directa o indirectamente con actividades mineras, petrolíferas o de gas. Con la previsible participación de esta empresa en las actividades del Arco Minero, la Fuerza Armada lejos de representar la defensa de un hipotético “interés general” en la zona, tendrán un interés económico directo en que las actividades mineras no confronten ningún tipo de obstáculo. Estarían, de acuerdo a este decreto, legalmente autorizadas para actuar en consecuencia.

De hecho, por la vía de un decreto presidencial, nos encontramos ante la suspensión de la vigencia de la Constitución del año 1999 en 12% del territorio nacional. Esto no puede sino interpretarse como la búsqueda de un doble objetivo. En primer lugar, otorgarle garantía a las empresas transnacionales, cuyas inversiones se busca atraer, de que podrán operar libremente sin riesgo de enfrentarse a ninguna resistencia a sus actividades. En segundo lugar, conceder a los militares un poder aún mayor dentro de la estructura del Estado Venezolano, y con ello su lealtad al gobierno bolivariano. Esto pasa por la criminalización de las resistencias y luchas anti mineras.

En síntesis, un gobierno que se auto denomina como socialista, revolucionario y anticapitalista, ha decretado la subordinación del país a los intereses de grandes corporaciones transnacionales mineras, un proyecto extractivista depredador que compromete el futuro del país con previsibles consecuencias etnocidas para los pueblos indígenas.

La reacción de diversos sectores de la sociedad venezolana no se ha hecho esperar. Entre múltiples foros, asambleas, movilizaciones y comunicados, destaca el “Recurso de nulidad por ilegalidad e inconstitucionalidad con solicitud de medida cautelar del acto administrativo general contenido en el Decreto [Del Arco Minero]”, introducido ante la Sala Político Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia el 31 de mayo del 2016, por parte de un grupo de ciudadanos y ciudadanas.[49]

La lucha por la anulación del decreto del Arco Minero es una expresión tanto de las luchas por un futuro democrático, no-rentista capaz de vivir en armonía con la naturaleza, como por abrir una brecha que permita ir más allá de la polarización infructuosa entre el gobierno y la MUD en que la reflexión colectiva y el debate público siguen atrapados.

Caracas, julio 2016


[1]. Este texto fue escrito como un insumo para los debates del Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo, impulsado por la Oficina Regional Andina de la Fundación Rosa Luxemburg en Quito.

[2]. En los meses de mayo y junio del 2016 se ha dado una lenta recuperación de los precios del petróleo, acercándose el crudo venezolano a los $40, muy por debajo del precio requerido para lograr un equilibrio presupuestario.

[3].  De acuerdo al ex-Ministro del gobierno del Presidente Chávez, Héctor Navarro, “unos 300 millardos de dólares del billón de dólares ingresado entre 2003 y 2012 han desaparecido de las arcas de la nación, sin haberse castigado a los responsables.” Mayela Armas, “Héctor Navarro: ‘Esto no es socialismo… es vagabundería. Fracasó el capitalismo de estado y la corrupción’” Aporrea, Caracas 12 de diciembre 2015.

<www.aporrea.org/contraloria/n282650.html>

[4]. Banco Central de Venezuela, Resultados del índice nacional de precios al consumidor, producto interno bruto y balanza de pagos, Caracas, 18 de febrero 2016.

<http://www.ine.gov.ve/documentos/NotasdePrensa/pdf/aviso180216.pdf&gt;

[5].  “CEPAL pronostica que economía venezolana se contraerá 7% este año”, El Nacional, Caracas, 8 de julio 2016.

[6]. CEPAL, Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe 2015. Santiago de Chile 2016.

[7]. En realidad no hay acceso público transparente al las cifras sobre la deuda. Esta tiene  diversos componentes, entre otros la deuda de PDVSA y la deuda que se define como interna pero que tiene que ser pagada en dólares

[8]. Banco Central de Venezuela, Información estadística,

<http://www.bcv.org.ve/c2/indicadores.asp&gt;

[9]. Instituto Nacional de Estadísticas, Cuadro 1. Índice Nacional de Precios al Consumidor. Variaciones porcentuales, 2008 – Diciembre 2015.

<http://www.ine.gov.ve/index.php?option=com_content&view=category&id=108&Itemid=62&gt;

[10]. Reconocimiento de la FAO a Venezuela, Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Roma, 26 de junio 2013. <http://www.fao.org/americas/noticias/ver/es/c/230150/&gt;

[11]. Instituto Nacional de Estadísticas, Encuesta de seguimiento al consumo de alimentos (esca) Informe Semestral Segundo semestre 2012 al Primer semestre 2014.

[12].  Venebarómetro abril 2016, Croes, Gutiérrez y Asociados abril 2016.

[13]. Una elevada proporción de la energía eléctrica del país es hidroeléctrica. El gobierno le atribuye la crisis eléctrica exclusivamente al fenómeno del El Niño. La sequía, sin dudas, tiene un alto impacto pero no basta para explicar la profundidad de la crisis. Son igualmente importantes la devastación de las cuencas de los ríos de la Amazonía venezolana como consecuencia de la explotación del oro por parte de miles de mineros informales, y la ausencia de las previsiones, e inversiones necesarias para contar con modalidades alternativas de generación eléctrica cuando este fenómeno de carácter cíclico volviese a repetirse. Han sido prácticamente inexistentes las inversiones en energías renovables.

[14]. Es tal la velocidad con la cual están ocurriendo las cosas en Venezuela hoy que todas las estadísticas citadas en el texto están necesariamente atrasadas en relación a la cambiante realidad.

[15]. Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela. ENCOVI, Pobreza y Misiones Sociales Noviembre 2015, Universidad Católica Andrés Bello, Universidad Central de Venezuela, Universidad Simón Bolívar y otras instituciones. Caracas 2016.

[16]. Este estudio, como todos los que se realizan en Venezuela en la actualidad, presenta severos problemas metodológicos. Una significativa proporción de los ingresos, así como de los consumos de la población venezolana ocurren hoy por la vía de mecanismos informales, ilegales e incluso mafiosos, mecanismos que están lejos de la transparencia. Es por lo tanto extraordinariamente difícil tener acceso a información medianamente confiable.

[17]. “Pérez Abad anuncia restricción de divisas para cumplir deudas de PDVSA”, Versión Final.com.ve, Caracas 16 de mayo 2016.

[18]. Pérez Abad estimó importaciones no petroleras 2016 en apenas $15 millardos, El Cambur,

Caracas 12 de mayo, 2016.

<http://www.elcambur.com.ve/poder/perez-abad-estimo-importaciones-no-petroleras-2016-en-apenas-15-millardos&gt;

[19]. Correo del Orinoco, 17 de mayo, 2016.

[20]. Ver: Plataforma de Auditoría Pública y Ciudadana. <www. Plataforma de Auditoría Pública y Ciudadana>

[21]. De acuerdo a Edmeé Betancourt, quien en ese momento presidía el Banco Central de Venezuela, del total de $59.000 millones en divisas subsidiadas entregados solo en un año, en 2012, unos $20.000 millones fueron entregados a “empresas de maletín”, una “demanda artificial” “no asociada a actividades de producción”. “Presidenta del BCV: Parte de los $59.000 millones entregados en 2012 fueron a ‘empresas de maletín'”, Aporrea/AVNhttp://www.aporrea.org, Caracas 25 de mayo 2013.

[22]. Informe 21.com, “Datanálisis: Escasez en Caracas es de 82%”, Caracas 27 de mayo 2016, <http://informe21.com/economia/datanalisis-escasez-en-caracas-es-de-82&gt;.

[23]. Muchos analistas coinciden en indicar que más que expresión de respaldo a la MUD, muchos de cuyos candidatos no eran conocidos por los electores, esta votación es la expresión plebiscitaria de un rechazo creciente al gobierno de Nicolás Maduro.

[24]. Para evitar el ejercicio de esta mayoría calificada que le permitiría a la oposición tomar la mayor parte de las decisiones en la Asamblea sin tener que negociar con los representantes del gobierno, el Ejecutivo, a través del Consejo Nacional Electoral y con el apoyo complaciente del Tribunal Supremo de Justicia, decide desconocer los resultados del Estado Amazonas, reduciendo así el número de representantes de la oposición de 112 a 109.

[25]. Decreto N° 2.323, mediante el cual se declara el Estado de Excepción y de la Emergencia Económica, dadas las circunstancias extraordinarias de orden Social, Económico, Político, Natural y Ecológicas que afectan gravemente la Economía Nacional. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, N° 6.227 Extraordinario, Caracas 13 de mayo 2016.

[26]. Entre estas está la suspensión de elecciones sindicales (SIDOR) cuando no puede garantizar resultados favorables, la negativa a reconocer el carácter de partido de la organización política Marea Socialista, identificada con el chavismo crítico, y con ello el bloqueo a su participación electoral. Igualmente, como ya se señaló, el desconocimiento de los resultados de las elecciones parlamentarias en el Estado Amazonas, y como veremos más adelante, el bloqueo al referendo revocatorio.

[27]. The White House, Office of the Press Secretary. Executive Order – Blocking Property and Suspending Entry of Certain Persons Contributing to the Situation in Venezuela, Washington, 9 de marzo 2015.

[28]. U.S State Department, Bureau of Counterterrorism and Countering Violent Extremism, Country Reports on Terrorism 2015. Washington 2016.

[29]. Venebarómero abril 2016, Croes, Gutiérrez y Asociados, Caracas, 2016.

[30]. Hercon Consultores, Estudio Flash, Contexto Venezuela, 27 al 30 abril 2016.

[31]. Hinterlaces: “58 % quiere salida constitucional del Presidente Maduro”, El Universal, Caracas, Caracas, 20 de marzo 2016.

[32]. Proyecto Integridad Electoral Venezuela, UCAB,  Percepciones ciudadanas sobre el sistema electoral venezolano y situación país, Caracas, abril 2016.

[33]. Datincorp, Tracking de coyuntura política. Análisis prospectivo, Caracas, febrero 2016.

[34]. Universidad Católica Andrés Bello, Proyecto Integridad Electoral Venezuela, Percepciones ciudadanas sobre el sistema electoral venezolano y situación país, Caracas, abril, 2016.

[35]. Esta es, en todos los casos, la interpretación que formula el gobierno. Ejemplo de esto son las declaraciones dadas por el Gobernador del Estado Sucre, Luis Acuña. De acuerdo con él, los saqueos son parte de “un plan bien diseñado (por la oposición venezolana) para generar zozobra”. “Venezuela: la resaca después de dos días de saqueos generalizados en Cumaná”, El Nacional, Caracas, 17 de junio 2016.

[36]. United Nations Office on Drugs and Crime, Global Study on Homicide 2013, Viena 2014.

[37]. Roberto Briceño-León, “Acuerdo Social. Justicia por mano propia”, Ultimas Noticias, Caracas, 13 de junio 2016.

[38]. Artículo 68. Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley.

Se prohíbe el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas. La ley regulará la actuación de los cuerpos policiales y de seguridad en el control del orden público.

[39]. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número 40.589, Caracas 27 de enero de 2015.

[40]. “Artículo 43. El derecho a la vida es inviolable. Ninguna ley podrá establecer la pena de muerte, ni autoridad alguna aplicarla. […]”, Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

[41]. “Artículo 72. Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables.

Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato.”

[42]. Un paso más esta dirección la dio el PSUV al introducir ante el Tribunal Supremo de Justicia un recurso de amparo para solicitar la suspensión de los procesos del referendo argumentado que se habría cometido fraude en el proceso de recolección de firmas. “PSUV introdujo recurso ante el TSJ contra el referéndum revocatorio”, Contrapunto, 17 de junio 2016. <http://contrapunto.com/noticia/psuv-introdujo-recurso-ante-el-tsj-contra-el-referendum-revocatorio-82043/&gt;

[43]. “Diosdado Cabello: Funcionarios públicos que firmaron no deberían seguir en sus cargos”, Correo del Orinoco, 4 de mayo 2016; “Cabello: Empresarios que firmaron no pueden trabajar con el Estado”, El Universal, Caracas 11 de mayo 2016.

[44]. De acuerdo a una encuesta de marzo del año 2016 realizada por la Universidad Católica Andrés Bello, “6 de cada diez venezolanos tiene poca o ninguna confianza en el CNE. Sin embargo, 80% de los entrevistados consideran que los resultados dados a conocer por el CNE después de las elecciones parlamentarias reflejan la voluntad del pueblo y más de 95% considera que las elecciones son el mecanismo mediante el cual deben resolverse los problemas del país. Universidad Católica Andrés Bello, Proyecto Integridad Electoral Venezuela, “Percepciones ciudadanas sobre el sistema electoral venezolano y situación país”, Caracas, abril, 2016.

[45]. Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, número 426.514, 24 de febrero 2016.

[46]. Agencia Venezolana de Noticias, “Plan del Arco del Orinoco contempla industrializar potencial minero nacional”, Caracas, 27 de febrero de 2016.

[47]. Agencia Venezolana de Noticias, “Gobierno nacional prevé certificar en año y medio reservas del Arco Minero Orinoco”, Caracas 25 de febrero, 2016.

[48]. Gaceta Oficial Nro. 40.845 correspondiente al 10 de febrero de 2016. Decreto Nº 2.231, mediante el cual se autoriza la creación de una Empresa del Estado, bajo la forma de Compañía Anónima, que se denominará Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (CAMIMPEG), la cual estará adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Defensa.

[49]. “31 de Mayo: Introducido ante el TSJ Recurso de Nulidad contra el Decreto del Arco Minero del Orinoco”, Aporrea, Caracas  1 de junio 2016.

<http://www.aporrea.org/actualidad/n291547.html&gt;

Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-implosion-de-la-venezuela-rentista/

Bakunin y la sociedad en movimiento

Bakunin y la sociedad en movimiento

 

 

 

Leopoldo Múnera Ruiz*

 

 

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En América Latina, la actualidad del pensamiento y la práctica social y política de Bakunin, si en vía de discusión se permite la utilización de este último término que resulta controversial en sus trabajos, es puesta en evidencia por las organizaciones y movimientos sociales, y por las sociedades y comunidades en movimiento que actúan en esta región del mundo. Por ejemplo, en Bolivia, México o en las redes alterglobalizadoras, vuelven a tener eco muchas de sus tesis sobre las formas de lucha contra el Estado o el capital, que han entrado a hacer parte de los discursos y las acciones de intelectuales y líderes sociales en nuestros países. También, por un camino indirecto, las críticas contemporáneas a lo que él denominaba el “comunismo autoritario”, o el “socialismo autoritario”, parecen remozar sus argumentos sobre las formas de acción autodeterminadas, autogestionadas y federadas que deberían estar en la base de un cambio radical de la sociedad. Por consiguiente, en este texto se busca desentrañar cuáles son los elementos teóricos que permiten el regreso de las tesis de Bakunin a la escena social, en un continente diferente al de sus luchas.

 

No obstante, la vigencia del Bakunin anarquista, que podríamos empezar a definir como tal a partir de la década del sesenta del siglo XIX , no implica la reivindicación acrítica de planteamientos que necesitan ser revisados después de la experiencia del Siglo XX. Tal es el caso de los relacionados con la interpretación del poder y el Estado desde la simple perspectiva de la dominación, sujeción o explotación y de las consecuencias de ella sobre la comprensión de lo político; también los relativos a la utilización sistemática de la violencia, como un medio emancipador, y a la consecuente apología de las sociedades secretas o el referente a la fe en el triunfo necesario del instinto de sociabilidad dentro de la transición del Estado capitalista a la sociedad anarquista y libertaria. La conversión de los análisis de Bakunin en dogmas de sectas autorreferentes termina destruyendo el potencial liberador y revolucionario de sus propuestas teóricas y sociales.

 

 

 

 

La organización de lo diverso

 

Dentro de una obra tan fragmentaria y poco sistemática como la de Bakunin, existe, no obstante, una gran coherencia entre la crítica del Estado, la propuesta para la organización y movilización popular, los esbozos para una nueva sociedad y los valores o principios revolucionarios. Después de su expulsión de la internacional en el Congreso de la Haya, en 1872, Bakunin elabora un texto conocido por los anarquistas como Escrito contra Marx, que realmente tituló, Fragmento a modo de continuación de “El imperio knuto-germánico”. En él sintetiza las diferencias que separan el socialismo libertario del autoritario y precisa su crítica a la política y lo político, de acuerdo con su comprensión de ambos conceptos.

 

En forma provocadora, Bakunin compara a Bismark con Marx. Aunque en un primer momento establece un abismo político entre ellos, pues afirma que el primero es “un Junker pomerano, aristócrata y monárquico”, mientras que el segundo, el “señor Marx”, es “demócrata, socialista autoritario y republicano” (Ribeill, 1978: 258), a continuación pasa a resaltar lo que según él “los une”, es decir, “el culto del Estado”, que considera evidente en Bismarck, pero estima necesario puntualizarlo en Marx, de quien nos dice:

“Ama a tal punto el gobierno, que ha querido instituir uno incluso en la Asociación Internacional de los Trabajadores; y adora de tal manera el poder que ha querido, que pretende aún hoy, imponernos su dictadura. Me parece que esto es suficiente para caracterizar sus disposiciones personales. Pero su programa socialista y político es la más fiel expresión de las mismas. El fin supremo de todos sus esfuerzos, como nos lo anuncian los estatutos fundamentales de su partido, en Alemania, es el establecimiento del gran Estado popular (Volksstaat).” (Ribeill, 1978: 258-259)

 

Bakunin conocía bien los escritos de Marx, sabía que en ellos propugnaba por la extinción del Estado y además había leído sus críticas contra el programa del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, cuyos principales dirigentes, con Wilhelm Liebknecht a la cabeza, hacían parte de los primeros marxistas. Por ende, sus dardos sarcásticos, con todo su veneno, no iban dirigidos en contra del análisis marxiano del Estado, sino de su concepción de la política y de la función que le asignaba a la misma en la transformación revolucionaria de la sociedad. Para Bakunin, el Estado no era simplemente un aparato, un escenario de condensación de las relaciones sociales, una institucionalización del capital o un instrumento en poder de la clases dominantes, como en Marx, sino una suerte de matriz organizativa de lo social que concentraba el poder, homogeneizaba a la población alrededor de la política, centralizaba las decisiones y las imponía mediante la utilización de la fuerza, en función de las clases y grupos dominantes, destruyendo al mismo tiempo el instinto de sociabilidad. Por tal razón, unos renglones más adelante concluye:

 

Está en la naturaleza del Estado romper la solidaridad humana y negar de alguna manera la humanidad. El Estado no puede conservarse como tal en su integridad y con toda su fuerza si no se plantea a sí mismo como fin supremo, absoluto, al menos para sus propios ciudadanos, o para hablar más francamente, para sus propios súbditos ya que no puede imponerse como tal a los súbditos de los otros Estados. De allí resulta inevitablemente una ruptura con la moral humana en tanto que universal, y con la razón universal, por el nacimiento de la moral del Estado y de una razón de Estado. El principio de la moral política o de Estado es muy simple. Siendo el Estado el fin supremo, todo lo que es contrario, aunque sea la cosa más humana del mundo, es malo. Esta moral se llama patriotismo. La Internacional, como hemos visto, es la negación del patriotismo, y en consecuencia, la negación del Estado. Así pues, si Marx y sus amigos pudieran lograr introducir el principio del estado en nuestro programa, matarían la internacional.” (Ribeill, 1978: 259)

 

El análisis posterior de ese principio o matriz estatal es premonitorio de lo que sucedería con Lenin, Stalin y el régimen soviético, o más bien, es acertado en su presentación de las consecuencias sociales de su implantación. Por tal motivo, es inevitable seguir escuchando a Bakunin:

 

En el Estado popular de Marx, se nos dice, no habrá clase privilegiada. Todos serán iguales, no solamente desde el punto de vista jurídico y político, sino también desde el punto de vista económico. Al menos esto es lo que se promete, aunque dudo mucho que, de la manera en la cual se lo toma, y con el camino que se quiere seguir, se pueda cumplir esa promesa algún día. No habrá, pues clases, sino un gobierno y, fijaos bien, un gobierno excesivamente complicado, que no se contentará con gobernar y administrar a las masas políticamente, como lo hacen todos los gobiernos actualmente, sino que incluso las administrará económicamente, concentrando en sus manos la producción y la justa distribución de las riquezas, el cultivo de la tierra, el establecimiento y desarrollo de las fábricas, la organización y la dirección del comercio, en fin, la aplicación del capital a la producción por un único banquero, el Estado. Todo esto exigirá una ciencia inmensa y muchas cabezas privilegiadas en este Gobierno. Será el reino de la inteligencia científica, el más aristocrático, el más despótico, el más arrogante y el más despreciativo de todos los regímenes. Habrá una nueva clase, una jerarquía nueva de sabios reales y ficticios, y el mundo se dividirá en una minoría dominante en nombre de la ciencia, y una inmensa mayoría ignorante. Y entonces, cuidado con las masas de ignorantes.(…) Un régimen tal no dejará de provocar muy serios descontentos en esta masa, y, para contenerla, el gobierno iluminador de Marx tendrá necesidad de una fuerza armada no menos importante. Pues el gobierno debe ser muy fuerte, dice Engels, para mantener en el orden a esos millones de analfabetos cuyo levantamiento brutal podría destruirlo y trastocarlo todo, hasta un gobierno dirigido por cerebros de gran inteligencia.” (Ribeill, 1978: 261).

 

La crítica de Bakunin a la matriz estatal hacía referencia a la organización del conjunto de la sociedad y a la finalidad de la lucha revolucionaria, pero también a los medios organizativos adecuados para conseguirla. Más de un año antes, en junio de 1871, en el Prefacio a la segunda entrega de El Imperio knuto-germánico, también conocido como La comuna de Paris y la noción de Estado (Bakunin, 1980B: 183-202), había resaltado la diferencia principal entre los comunistas autoritarios, que mediante una alianza del proletariado urbano con los burgueses radicales pensaban agruparse bajo una especie de protogobierno para posesionarse de la potencia política del Estado, y los socialistas revolucionarios, que, por el contrario, buscaban organizar la potencia social, no política, de todas las masas obreras y del pueblo, tanto en el campo como en la ciudad, y de quienes en las otras clases decidieran romper con su pasado para sumarse a la lucha de las agrupaciones populares. Según Bakunin, aquellos pretendían imponerle a la mayoría la ciencia o el conocimiento desmitificado de la vida y de la producción material de la misma, mientras estos intentaban propagarla para que seres humanos convencidos y no obligados se organizaran y federaran “espontáneamente, libremente, de abajo a arriba: por su movimiento propio, y conforme a sus intereses reales, pero nunca según un plan trazado de antemano e impuesto a las masas ignorantes por algunas inteligencias superiores.” (Bakunin, 1980B: 188).

 

El rechazo teórico y práctico de la matriz estatal que parece basarse en la utopía de una sociedad sin poder, no obstante, conlleva al mismo tiempo una desutopía, la propuesta de una organización de las clases y grupos populares anticipatoria de la sociedad que se pretende construir. De esta manera, la finalidad de la lucha revolucionaria se constituye en su propio medio, pues los límites de posibilidad de la acción social se amplían en la práctica misma, mientras el entramado de un nuevo tipo de relaciones sociales deja de ser un horizonte inalcanzable, para convertirse en la revolución en acto. La organización de la lucha y la organización de la sociedad emergen como partes de una misma forma social sin solución de continuidad, en la medida en que la existencia de la una es requisito indispensable para la existencia de la otra. De allí que en Estatismo y Anarquía, su última obra, escrita en ruso durante el verano europeo de 1873, Bakunin no dude en asimilar la dictadura revolucionaria al estatismo, pues aunque se distinguieran en su “forma exterior”, ambos serían igualmente “reaccionarias” al representar “el mismo principio de la administración de la mayoría por la minoría en nombre de la pretendida estupidez de la primera y de la pretendida inteligencia de la última” (Bakunin, 1976 : 217). Desde antes de la comuna parisina de 1871, en la carta a Albert Richard de julio de 1870, donde se opone al estatismo y centralismo que le imputa al destinatario de su misiva, insiste en que “las tareas constructivas de la Revolución Social, la creación de nuevas formas de vida social, sólo pueden emerger de la experiencia práctica y vivida de las organizaciones de base que construirán la nueva sociedad según sus diversas necesidades y aspiraciones.” (Dolgoff: 208).

 

Para Bakunin, las características de las formas organizativas llamadas a articular la diversidad de las luchas populares no pueden responder a un modelo preestablecido o a una fórmula elaborada por una vanguardia intelectual, sino que deben provenir de la sociabilidad heterogénea del pueblo, tal y como lo sostiene en Estatismo y Anarquía:

(…) Nosotros no sólo no tenemos la intención o el menor deseo de imponer a nuestro pueblo o a cualquier otro pueblo tal o cual ideal de organización, leído en los libros o inventado por nosotros mismos, sino que, convencidos de que las masas del pueblo llevan en sí mismas, en sus instintos más o menos desarrollados por la historia, en sus necesidades cotidianas y en sus aspiraciones conscientes o inconscientes, todos los elementos de su organización normal del porvenir, buscamos ese ideal en el seno mismo del pueblo (…) y consideramos que el pueblo no podrá ser feliz y libre más que cuando, organizándose de abajo hacia arriba por medio de asociaciones independientes y absolutamente libres y al margen de toda tutela oficial, pero no al margen de las influencias diferentes e igualmente libres de hombres y partidos, cree él mismo su propia vida. (Bakunin, 1976 : 216)

 

No obstante, esta confianza en el potencia transformador de las organizaciones de base está lejos de constituir un llamado a la denominada espontaneidad de las masas, la cual había rechazado expresamente en el panfleto de 1870, denominado La ciencia y la tarea revolucionaria urgente. En él constata que aunque el levantamiento del pueblo tiene un poder elemental que supera al del gobierno y al de las clases dominantes, este no es un poder real que lleve a un triunfo prolongado y definitivo, el cual solo puede ser el resultado de “el acuerdo entre el pueblo”, o sea de la organización del mismo (Maximoff, 1978: 152). Como afirma Berthier (Berthier, 2014: 50), en un artículo reciente, la organización para Bakunin no nace ex nihilo, de la miseria y el descontento, sino que es el resultado de la resistencia a la explotación, se podría afirmar que también a la dominación y la sujeción, y de la toma de conciencia de la necesidad de resistir. Esta, como lo dice claramente en una de las Cartas a un francés de 1870, puede provenir de la razón, de lo que Bakunin denomina la “ciencia teórica”, pero sobre todo, en el pueblo, de la experiencia práctica de la vida”, por tal motivo habla de una conciencia o un sentimiento, como si fueran sinónimos, al tiempo que se pregunta y se responde retóricamente sobre el saber de las masas populares: “¿De dónde adquirieron ese conocimiento [del sentimiento de su propio derecho y de la fe en su propia potencia]? Únicamente de su gran experiencia histórica, de esa gran tradición que desarrollándose a través de los siglos y transmitiéndose de edad en edad, siempre en aumento y siempre enriquecida con nuevas injusticias, con nuevos sufrimientos y nuevas miseria, acabó de iluminar a toda la masa del proletariado” (Bakunin, 1980A:: 210). Es decir, de algo similar a lo que posteriormente E. P. Thompson (1995), desde una perspectiva marxista heterodoxa y en un caso particular, llamaría le “economía moral de la multitud”. Pero además, la organización de lo diverso exigiría diversas formas de articulación de las luchas populares heterogéneas.

 

 

La matriz organizativa.

 

Unos años antes a la Comuna, en 1866, en plena transición hacia el anarquismo, Bakunin había esbozado en el Catecismo Revolucionario (Dolgoff, 1977: 84-107) la matriz organizativa que concebía para el conjunto de la sociedad, pero que además implicaba las formas de articulación para la lucha revolucionaria, promovida por él en el seno de la Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional. No se trata de un tipo específico de organización, sino de una serie de principios flexibles y adaptables a circunstancias diferentes. De acuerdo con su propuesta, la sociedad debe ir anudándose de la circunferencia al centro, de abajo hacia arriba, mediante asociaciones y federaciones libres (Dolgoff, 1977: 85). En este proceso, el denominado “derecho de secesión” (Dolgoff, 1977: 87) que proclama frente a los “derechos históricos” de los Estados permitiría que los individuos, las asociaciones y la comunidades pertenecieran a diferentes agrupaciones colectivas, sin que se impusiera un solo principio de unidad y mucho menos uno centralizado que viniese de arriba hacia abajo. En otras palabras, Bakunin anticipa la idea de una matriz rizomática donde las confluencias fueran múltiples y variadas, de acuerdo con las sincronías resultantes de los procesos organizativos que se van viviendo en los espacios concretos de lo popular y lo social.

 

Berthier (Berthier, 2014: 52-55) sintetiza en forma adecuada la manera como Bakunin entiende esta matriz dentro de la Internacional. A partir de experiencias que son el producto de las luchas históricas y cotidianas de los trabajadores o de los actores populares, en las que se vinculan como productores o de acuerdo con sus posiciones sociales, no como ciudadanos, el principio federativo se aplica en un doble sentido complementario. En términos de afinidades materiales o prácticas, dentro de las denominadas “secciones de oficios”, que podrían corresponder a sindicatos u organizaciones de base, en las cuales se comparte una misma experiencia de vida y se sufre una misma explotación, y en términos de afinidades o divergencias discursivas e interpretativas, en las “secciones centrales”, bajo un mismo horizonte revolucionario y mediante redes interprofesionales o intersectoriales que permiten construir colectivamente, sin sacrificar la diversidad, orientaciones de sentido comunes y promoverlas gracias a la propaganda y la educación popular. En las primeras se va de la acción a las ideas y en las segundas de las ideas a la acción, en un movimiento permanente y dialéctico entre las dos, que además va de lo particular a lo universal y viceversa, para resolverse solo en la práctica social. Más adelante, en la nota de la traducción que hace del artículo de Antonioli, Berthier (Antonioli: 68), al hablar de las “secciones de oficios” y las “secciones centrales” que representan estas dos dinámicas dentro de la Internacional ,concluye: “Bakunin afirma una correspondencia entre estos dos procesos, entre estas dos instancias organizacionales, y es su síntesis la que constituye la organización de clase en las formas que le permitirán constituir un substituto de la organización estatal”

 

Para Bakunin la satisfacción de las necesidades materiales inmediatas, las que están ligadas a las actividades económicas, y la lucha contra la explotación, juegan un papel central dentro de la organización de la sociedad y el proceso revolucionario. Incluso afirma en uno de los artículos escritos para l’Égalité, publicado en agosto de 1869 y titulado “La política de la Internacional”: “Si entonces usted desea tocar el corazón de los millones de esclavos miserables del trabajo, hable de su emancipación económica. No hay obrero que no sepa, hoy en día, que esa es la única base seria y real de todas las emancipaciones.” (Bakounine, 1911: 189). Argumento que ratifica el año siguiente en La ciencia y la tarea revolucionaria urgente con palabras más tajantes: “Por debajo de todos los problemas históricos, nacionales, religiosos o políticos, ha estado siempre el problema económico, el más importante y esencial, no sólo para el pueblo trabajador, sino también para todos los estamentos, el Estado y la Iglesia.” (Maximoff, 1978: 140). Empero, siempre, aclara a renglón seguido que el poder político o el ideológico son inseparables del económico, aunque tengan otro origen social, por ejemplo en la formación del principio de autoridad o en la mistificación de la figura de Dios. Debido a la centralidad de lo económico y lo productivo, erige a los obreros y los campesinos como los motores de la emancipación y de la organización de una sociedad socialista y libertaria. En este aspecto incurre en un esencialismo objetivista que comparte, con diferentes matices, con los populistas rusos y con Marx y los marxistas. Llega a sostener que ambos, por su condición de explotados, son socialistas, como lo afirma en la Circular a mis amigos de Italia de noviembre de 1871 con respecto a la “masa de trabajadores” que aceptan los programas políticos de Mazzini y Garibaldi, pero que “en realidad sólo pueden ser socialistas revolucionarios”, pues poseen “por necesidad la lógica inherente al papel histórico del trabajo” (Bakounine, 1913:: 393). Aunque siempre hace este tipo de reflexiones en contraposición con la burguesía y con el protagonismo que esta pretende adquirir en la transformación de la sociedad.

 

El carácter nuclear que Bakunin le atribuye a lo económico y lo productivo, tanto en la estructuración y organización de la sociedad como en la práctica revolucionaria, está matizado por la visión integral que tiene de los procesos sociales y los mecanismos de poder. El Catecismo Revolucionario de 1866, uno de los hitos iniciales de la literatura anarquista de Bakunin, constituye un ejemplo del análisis que realiza sobre la relación entre la matriz organizativa, social y societal, y los diferentes tipos de dominación, sujeción y explotación. En dicho texto resulta evidente la relevancia que tiene para él el principio federativo, trabajado anteriormente con rigor por Proudhon, como el único que puede garantizar las articulaciones, heterogéneas, de las diversas luchas populares, sin someterlas a una centralización de arriba hacia abajo en función del poder de una minoría, y la importancia que le asigna a los mecanismos de poder que se ejercen por fuera de lo productivo y lo económico. Explícitamente, Bakunin proclama la necesidad de consagrar en la organización social los derechos individuales, comprendidos como necesidades reconocidas socialmente, en consonancia con los colectivos, y dentro de ellos la igualdad plena entre las mujeres y los hombres y la independencia tutelada hasta la edad de la autodeterminación de los niños con respecto a los padres y los adultos.

 

En lo atinente a la mujer, la concepción de Bakunin supera las ambigüedades, contradicciones o estigmatizaciones presentes en otras corrientes socialistas, o en el mismo anarquismo, y refleja la comprensión que tiene de la igualdad como el reconocimiento de las diferencias no jerarquizadas, ni material ni formalmente. Así toma distancia de la homogeneización de la sociedad bajo un patrón arquetípico. Dice textualmente, “La mujer, diferente al hombre, pero no inferior a él, inteligente, trabajadora y libre como él, es declarada igual al hombre en todos los derechos como en todas las funciones y deberes políticos y sociales.” (Bakunin, 2013: 15)[1]. Lo mismo ocurre con el reconocimiento de los diversos tipos de familia o de relaciones interpersonales que pueden existir entre los seres humanos.

 

Frente al tipo de autoridad institucionalizado en el Estado y a los mecanismos de poder sociales que considera igualmente contrarios a la realización de lo humano, Bakunin estructura los valores ético-sociales emancipatorios, los cuales constituyen a su vez principios organizativos. Estos son: la prevalencia del instinto de sociabilidad sobre el egoísta, sin que este último sea negado o rechazado, como fundamento de la moral social (Múnera: 2014); la igualdad de posiciones materiales en la diferencia de lo humano que expresa con precisión en el Catecismo de 1866:

 

La igualdad no implica la nivelación de las diferencias individuales ni el que los individuos pasen a ser física, moral y mentalmente idénticos. La diversidad de capacidades y potencialidades —esas diferencias entre razas, naciones, sexos, edades y personas—, lejos de constituir un mal social, reflejan por el contrario la riqueza de la humanidad. La igualdad económica y social significa la nivelación de la riqueza personal, pero sin restringir lo que un hombre pueda adquirir por su propia capacidad, energía productiva y economía.

(…) La igualdad y la justicia exigen únicamente que la sociedad esté organizada de tal modo que cada ser humano —desde su nacimiento, pasando por la adolescencia y la madurez— encuentre medios idénticos, primero para la manutención y educación y, más tarde, para el ejercicio de todas sus capacidades y aptitudes naturales. Esta igualdad desde el nacimiento, que exige la justicia para todos, será imposible mientras siga existiendo el derecho de herencia. (Dolgoff, 1977: 96-97).

 

También, como elemento fundamental, la libertad expansiva de lo individual en lo social y de lo social en lo individual que caracteriza en diferentes textos, y sintetiza en el mismo Catecismo:

 

(…)No es cierto que la libertad de un hombre esté limitada por la de los demás hombres. El hombre es realmente libre cuando su libertad, completamente reconocida por lo demás y reflejada en ellos, encuentra su confirmación y su expansión en la libertad de los demás. El hombre no es realmente libren más que entre hombres igualmente libres; la esclavitud de un solo hombre ofende a la humanidad y niega la libertad de todos. (Bakunin, 2013: 4-5).

 

(…) La libertad de cada uno, en consecuencia, sólo es posible mediante la igualdad de todos. La realización de la libertad por medio de la igualdad, en principio y de hecho, es justicia (Ibídem: p. 5).

 

Para él es inútil pretender establecer una jerarquía entre estos tres valores-principios, porque cada uno es la base del otro y son incomprensibles en forma aislada, ya que conforman, como elementos codependientes, una misma noción de justicia. Esta inspira la organización anarquista o socialista y libertaria de la sociedad, como articulación de lo diverso e integración de la particularidad humana en la universalidad de lo común. Además de fundamentarse en un sustrato material inclasificable, conformado por la animalidad humana y en el instinto de rebelión que, junto al pensamiento, impedirían la completa colonización de lo humano y lo social por los mecanismos de poder invasivos de la vida cotidiana. Conceptos contemporáneos como el de la igual-libertad o teorías de las justicia que parten de la agregación de intereses individuales o de principios comunitarios que enajenan la individualidad tienen un desafío teórico en los postulados de Bakunin, los cuales parten de la complementariedad necesaria entro lo singular y lo colectivo.

 

 

Colofón

 

La rebelión contra la política y lo político que hay en las sociedades o comunidades en movimiento latinoamericanas vuelve a actualizar los análisis de Bakunin sobre los ámbitos donde se pueden gestar las revoluciones en las sociedades contemporáneas y las formas organizativas destinadas a asegurar su permanencia en el tiempo. Pero al mismo tiempo, su fe ciega en las bondades del instinto de sociabilidad y sus presupuestos sobre la homogeneidad transformadora de lo popular exigen que lo político y la política no sigan siendo analizados desde la perspectiva unilateral del principio de autoridad divina, imputada por Bakunin a toda forma de poder, dentro de una dialéctica que supone la superación de lo político por lo social. La misma tensión constitutiva de lo humano entre el instinto de sociabilidad y el egoísta, que caracteriza al anarquismo, nos invita a considerar que la heterogeneidad de lo social y la conflictividad que lleva implícita requiere de instancias que permitan la convivencia de lo diverso sin caer en la vorágine de la guerra o de la utilización sistemática de la violencia ofensiva o defensiva entre sectores que conforman el pueblo o el proletariado, como sucedió en la experiencia soviética, en la española y también en la colombiana.

 

Simultáneamente, en medio de relaciones sociales como las imperantes en América Latina, donde la individualización propia de la modernidad occidental no ha logrado romper totalmente las formas de vida comunitaria que existen en los pueblos indígenas del continente, en la sociabilidad campesina o en las denominadas comunidades urbanas, debido a los desplazamientos forzados o voluntarios de la población rural, Bakunin nos ofrece pistas que pueden ser muy fructíferas para pensar la relación entre lo común y lo singular y construir alternativas organizativas a la depredadora individualización del capitalismo. En terrenos tan concretos como la educación y la salud, los valores y principios del colectivismo anarquista contribuyen a elaborar horizontes de justicia distributiva, de reconocimiento o cognitiva, que no están atrapados en el determinismo productivista del marxismo o en su asepsia ética que raya con el relativismo moral de la ciencia. Frente a los recursos imaginarios y racionales que dentro de las sociedades contemporáneas son utilizados para imponernos programas y políticas públicas alimentados por teorías de la justicia que, bajo la sombra de la filosofía, se abstraen de la materialidad de las relaciones sociales, la igualdad, la libertad o la sociabilidad bakunianas nos abren otras puertas interpretativas y de acción para que la lucha en el campo de lo ideológico sea más cercana a la vida diaria de quien sufre los efectos de la dominación que a las especulaciones teóricas de quienes creen iluminar con sus conocimientos librescos y su pureza teórica los procesos de transformación social.

 

En los últimos años parece que la izquierda latinoamericana volvió a encontrar la riqueza de la diversidad de las luchas de clases, populares o simplemente sociales, que estuvo refundida durante mucho tiempo en la representación partidista o estatal. Por consiguiente, su tarea parece ser la misma, en otro tiempo y otro espacio, que enfrentaron marxistas y anarquistas en la Primera Internacional, lograr la articulación de los diferentes movimientos, organizaciones o acciones colectivas mediante formas organizativas que multipliquen su potencial revolucionario. La opción que pasa por los partidos políticos como vanguardias autoerigidas ha demostrado sus limitaciones y los efectos contraproducentes con respecto a los objetivos buscados por los actores populares. En función de una unidad impuesta desde arriba o de los intentos por imponerla se termina por fragmentar el mundo de lo popular con el martillo de la política. Por tal razón, en este aspecto, quizás es el momento de optar por la propuesta de Bakunin y profundizar en la teoría y la práctica lo que implica la federación de abajo hacia arriba como matriz organizativa anticipatoria de una sociedad libertaria y colectivista, pero en relación con lo institucional y lo político comprendidos en su complejidad contemporánea. Es probable que estemos asistiendo al agotamiento de la matriz organizativa estatal como alternativa de transformación radical de la sociedad, a pesar de que en el desespero por superar el capitalismo algunos se aferren a las ilusiones de una transformación acelerada dirigida por una minoría iluminada y una burocracia monocrática; sin embargo y a pesar de que se pretende hablar con el lenguaje de la multitud parece que aún resulta difícil pensar e implementar una organización social de la diversidad, libre, igual y solidaria, en los términos de Bakunin.

 

 

 

TEXTOS DE REFERENCIA

 

Antonioli, Maurizio (2014), “Bakounine syndicaliste ? Une ‘vieille’ polémique toujours actuelle”. En: Actualité de Bakounine, 1814-2014. Bicentenaire de Michel Bakounine. Paris: Monde Libertaire, pp. 59-71.

Bakounine, Michel

—(1911). Œuvres, Vol. V. Paris: P.V. Stock..

— (1913), Circulaire a mes amis d’Italie, Œuvres, Vol. VI, Paris, Stock

Bakunin

— (1976). Estatismo y anarquía. Obras, Vol. V, Madrid: Júcar.

— (1980A). La revolución social en Francia: Cartas a un francés sobre la crisis actual. La situación política de Francia. El despertar de los     pueblos. Carta a Esquiros. Obras-Vol I, Madrid: Júcar.

— (1980B), La Revolución Social en Francia II. Obras-VolII. Madrid: Júcar.

Bakunin, Mijaíl (2013). Catecismo Revolucionario. Virtual: La Biblioteca Anarquista. Anti Copyright, consultado en:http://tal.bolo-bolo.co/es/m/mb/mijail-bakunin-catecismo-revolucionario.lt.pdf, el 23 de agosto de 2014.

Berthier, René (2014). ”Théorie politique et méthode d’analyse dans la pensée de Bakounine”. En: Actualité de Bakounine, 1814-2014. Bicentenaire de Michel Bakounine. Paris: Monde Libertaire, pp. 41-58

Dolgoff, Sam –Editor- (1977). La anarquía según Bakunin. Barcelona: Tusquets.

Maximoff, G. P. –Editor- (1978). Mijail Bakunin, Escritos de filosofía política 2. El anarquismo y sus tácticas. Madrid: Alianza.

Múnera Ruiz, Leopoldo (2014). “Anthropologie anarchiste, État et pouvoir (Bakounine et Kropotkine)” . En: Gómez-Muller, Alfredo, L’Anarchie et le problème du politique, Paris, Archive Karéline, 2014, pp. 205-230.

Pelletier, Philippe –Editor_ (2014). Actualité de Bakounine, 1814-2014. Bicentenaire de Michel Bakounine. Paris: Monde Libertaire.

Ribeill, Georges-Editor- (1978). Marx/Bakunin. Socialismo autoritario. Socialismo Libertario. Barcelona: Madrágora.

Thompson, E. P. (1995). Costumbres en común. Barcelona: Crítica.


* Profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia, coordinador del grupo de investigación en Teoría Política Contemporánea (TEOPOCO) y miembro del Programa Interdisciplinario en Políticas Educativas (PIPE), ambos de la misma institución. Miembro asociado del Centre de recherches interdisciplinaires Démocratie, Institutions et Subjectivité (CriDIS) de la Universidad Católica de Lovaina y asesor académico de Planeta Paz.

[1]. Utilizo esta traducción del Catecismo Revolucionario, publicada por la Biblioteca Anarquista, cuando la considero más fiel a la versión incluida en la edición francesa de las obras completas.

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MACRI ALGOBIERNO, LASGRANDESMULTINACIONALES AL PODER

MACRI AL GOBIERNO

LAS GRANDES MULTINACIONALES AL PODER

Por Mónica Arancibia

Ayer Marcos Peña, futuro jefe de Gabinete, anunció los nombres de los ministros que ocuparán sus cargos con el gobierno de Macri. El team del ajuste está compuesto por empresarios, ex-CEO, representantes del campo y políticos reciclados.

La Izquierda Diario

 

 

El futuro jefe de Gabinete, Marcos Peña, develó el misterio y dio a conocer los nombres de los ministros que serán parte del gobierno de Macri. El equipo es integrado por ex gerenciadores de multinacionales, empresarios, y políticos que pasaron por distintas alianzas ahora reciclados en el “cambio”.

Algunos de los nombres eran conocidos como ex gerente de Shell, Aranguren, para energía, Prat Gay, el ex New Man, y hubo sorpresa con la “piba” Bullrich en Seguridad y, con el aval de Cristina, mantienen en Ciencia y Tecnología a Lino Barañao.

La incógnita todavía es la cartera de Trabajo, con un gabinete del mundo empresarial, deberán estar evaluando quién será el mejor gerente de RRHH para asignar al puesto vacante. En los próximos días, afirmó Marcos Peña, que se dará a conocer, así como los cargos restantes. El Ministerio de Planificación, que estuvo a cargo de Julio de Vido por 12 años, dejará de funcionar.

Macri, luego del portazo de Sanz, sumó algunos dirigentes del radicalismo, como el riojano Julio Martínez en Defensa, Oscar “El milico” Aguad (amigo personal y uno de los primeros en bregar desde Córdoba con el acuerdo con el PRO) en Comunicaciones, Ricardo Buryaile en Agricultura, y José Cano, a cargo del Plan Belgrano de infraestructura para el Norte, donde manejará alrededor de 30.000 millones de pesos.

Los ministros serán: Rogelio Frigerio (Interior); Alfonso Prat Gay (Economía); Susana Malcorra (Relaciones Exteriores); Esteban Bullrich (Educación); Jorge Lemus (Salud);Gustavo Santos (Turismo); Ricardo Buryaile (Agricultura); Germán Garavano (Justicia); Julio Martínez (Defensa); Patricia Bullrich (Seguridad); Francisco Cabrera (Producción); Guillermo Dietrich (Transporte); Juan José Aranguren (Energía y Minería); Carolina Stanley (Desarrollo Social); Pablo Avelluto (Cultura); Sergio Bergman (Ambiente). Además el nuevo gobierno creará el Ministro de Modernización, quién ocupará el cargo es Andrés Ibarra, quien ocupaba el mismo puesto en el gobierno porteño.

Hay equipo…empresarial y pro campo

Como señalamos en los PROntuarios del gabinete macrista, varios de los ministros designados son ex gerenciadores de empresas.

Juan José Aranguren: ministro de Energía y Minería. Ex presidente de Shell, compañía a la que ingresó en 1977. Fue un gran garante de las ganancias de esta multinacional que aumentó los precios de los combustibles sin tapujos. Se encargó de despedir y perseguir a sus trabajadores combativos y evadir todo lo que pudo las cautelares de reinstalación de los despedidos.

Alfonso Prat Gay: ministro de Hacienda y Finanzas. Fue asesor de la princesa Máxima Zorreguieta, de Amalia Lacroze de Fortabat, director de la J.P. Morgan. Estuvo al frente del Banco Central en los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.

Ricardo Buryaile: ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca. Dirigente de Confereraciones Rurales Argentinas (CRA), ganadero formoseño y de extracción radical. En el conflicto por la resolución 125 era vicepresidente segundo de Confederaciones Rurales Argentina (CRA). Buryaile mantiene buenas relaciones con las patronales del campo, con la dirigencia de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), CONINAGRO, y Federación Agraria Argentina (FAA).

Susana Malcorra: ministra de Relaciones Exteriores, es la actual jefa de Gabinete de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Trabajó catorce años en IBM en el área comercial, hasta que en 1993 dejó la compañía norteamericana para trabajar en Telecom Argentina. En marzo de 2001 se puso al frente de la iniciativa de ampliación de Telecom, y llegó a ser Directora General de la empresa. Durante su paso como gerenta general de Telecom, resolvió un recorte del 10 por ciento en los sueldos de los trabajadores telefónicos y realizó 400 despidos.

Francisco Cabrera: ministro de Producción. Fue el encargado de llevar adelante la política de Distritos Creativos, como el Distrito Tecnológico de Parque Patricios que fue creado en 2008. Fue fundador y CEO de la compañía de Fondos de pensiones Máxima AFJP. Desarrolló la mayor parte de su carrera en el holding financiero Grupo Roberts, y luego en el Grupo HSBC donde fue miembro del Directorio de La Buenos Aires Seguros, de Docthos y dirigió el sector minorista del banco. También fue Director Ejecutivo del diario La Nación e integró el directorio de los diarios del interior: Los Andes y La Voz del Interior.

Guillermo Dietrich: ministro de Transporte. Es economista egresado de la Universidad Católica Argentina, con un postgrado en Negociación de la misma casa de estudios y MBA Magna Cum Laude del IAE Business School de la Universidad Austral. Gran parte de su actividad se desarrolló en el sector privado. Es el ideólogo del Metrobus y las denominadas bicisendas.

Pablo Avelluto: ministro Cultura. Fue el coordinador del Sistema de Medios Públicos del Gobierno porteño. Fue Director Editorial de la Región Sur de Random House Mondadori Argentina. Antes fue Jefe de Prensa y Comunicación de Espasa Calpe, gerente de la editorial Planeta y responsable de la unidad de negocios de publicaciones periódicas de Torneos y Competencias (2000-2002). También fue gerente editorial de Estrada.

Carolina Stanley: ministra de Desarrollo Social. Fue Directora Ejecutiva de la Fundación Grupo Sophia, dirigida por Horacio Rodríguez Larreta. En 2007, Macri la asigna como Directora General de Fortalecimiento de la Sociedad Civil del Ministerio de Desarrollo Social, cargo que ocupó hasta fines de 2009.

Hernan Lombardi: Medios Públicos. Fue empresario de turismo, manejando varios emprendimientos como el complejo Torres de Manantiales de Mar del Plata. Luego, estuvo a cargo de la Secretaría de Turismo de la Nación durante el gobierno de Fernando De la Rúa. Desde el 2008, se desempeñó al frente del Ministerio de Cultura de Buenos Aires.

Andrés Ibarra: Modernización. Ministro de Modernización de la Ciudad, hizo carrera en el Grupo Macri, estuvo en Boca y ahora integra la mesa chica de Macri. Trabajo para Franco Macri y acompañó al presidente electo durante su paso por Boca Juniors. Declaró ante el juez Norberto Oyarbide, y fue sobreseído, por la causa de las escuchas ilegales.

También, nombró al ex CEO de LAN y ex funcionario bonaerense de Felipe Solá Gustavo Lopetegui y al titular fondo Pegasus, con oficinas en Buenos Aires y Bogotá, Mario Quintana, como Secretarios Generales que dependerán de la Jefatura de Gabinete, para coordinar los ministerios económicos.

Cambio o reciclaje, la piba a seguridad

La designada ministra de Seguridad del próximo gobierno, Patricia Bullrich, fue una de las sorpresas del anuncio. Lejos de todo cambio, Patricia supo reciclarse por varios gobiernos.

Bullrich fue diputada de Carlos Menem, Ricardo López Murphy, Elisa Carrio y Mauricio Macri, además de ser la primera ministra de Trabajo mujer en el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso. También formó parte de la Coalición Cívica, Unión por todos, el menemismo y el macrismo, reemplazará a la ministra Cecilia Rodríguez, quien se desempeña en esa posición desde diciembre de 2013.

Los trabajadores recuerdan bien su paso por el Ministerio de Trabajo durante la presidencia de Fernando de la Rúa, ya que fue la encargada de aplicar el decreto que estableció la reducción del 13 por ciento de los haberes de los trabajadores estatales y de las jubilaciones, en el contexto de la llamada ley de déficit cero, cuyos montos fueran mayores a los 500 pesos argentinos convertibles a dólares estadounidenses al mismo valor.

La continuidad Barañao en Ciencia y Tecnología

El macrismo decidió dejar en manos del kirchnerismo el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación donde su titular, Lino Barañao, seguirá a cargo de esta cartera. Según informaron desde las redes sociales del ministerio, el funcionario “cuenta con el aval de la presidenta Cristina Fernández de Kichner” para aceptar la designación de su sucesor, Mauricio Macri. También indicaron que “es un reconocimiento a la política científico tecnológica que ha llevado a cabo este gobierno” saliente.

Un gabinete para el ajuste que vendrá

El macrismo designó un gabinete con ex gerenciadores de empresas y amigos de las patronales agrarias. Las multinacionales pueden celebrar porque sus ex CEOs harán todo lo posible para resguardar sus ganancias y por sus PROntuarios lo harán a costa de golpear sobre las condiciones de vida de los trabajadores con devaluación, mazazo a los salarios, tarifazos de los servicios públicos y transporte y nuevo endeudamiento. Si pueden cumplir sus planes o no, dependerá de la relación e fuerzas, pero no se puede dudar de sus intenciones.

La Argentina que se viene, es un país “atendido por sus dueños” o por los CEOs de sus dueños.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Macri-al-Gobierno-las-grandes-multinacionales-al-poder

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