Dinámicas corporales y sociales

Dinámicas corporales y sociales

 

Raúl Prada Alcoreza

 

Dinámicas corporales y sociales 

 

 pintura en cuerpo 10

 

 

Índice:

 

A modo de introducción                           3

Composiciones complejas singulares

en América Latina                                   5

Dinámicas sociales y ecológicas              20

Dinámica paradójica y poder                    26

Usanzas políticas postizas                              32

Remolinos de la crisis política                 39

Imaginarios y prácticas                           44                           

Imaginarios y complejidad                      50

Dinámicas del poder y decadencia           55

De los cuerpos y sus tejidos                    62

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A modo de introducción

 

Dinámicas corporales y sociales es un ensayo, que pretende situarse más allá de un umbral, que corresponde al mismo pensamiento complejo. En la perspectiva de la complejidad y del pensamiento complejo, pretende pensar lo que se ha pensado hasta ahora, de una manera crítica, sobre todo, desde el 2010, iniciando la aproximación al pensamiento complejo; después del 2014-15, situándonos, de acuerdo, obviamente, a nuestra interpretación, en el pensamiento complejo; incluso diferenciándonos de los otros discursos, que se reclaman ser el pensamiento complejo.  Este ensayo no busca serlo porque lo pretende, porque, al ser necesario, quiere adelantarse, sino, teniendo en cuenta las conclusiones a las que llegamos después de La explosión de la vida y Más acá y más allá de la mirada humana, creemos que es urgente comenzar, cuanto antes, pensar desde los cuerpos. Pensar desde un pensamiento integrado al cuerpo; no, como en la modernidad, desde un pensamiento pretendidamente autónomo del cuerpo.

 

Obviamente, es un ensayo, rescatando todo el sentido de esta palabra. Como hemos dicho varias veces, en los ensayos que publicamos, es que la característica de estos ensayos es interpretativa; la otra característica es hipotética; además, claro está, de la característica crítica, que no solamente corresponde a lo que viene sucediendo desde el 2010, cuando decidimos hacer una evaluación crítica del proceso constituyente y del periodo de Comuna. Es una invitación y convocatoria, si se quiere, a los colectivos activistas libertarios a generar y efectuar investigaciones contrastantes de estas hipótesis interpretativas y de otras que posesionen los mismos colectivos. El conocimiento, la comprensión, los saberes activistas, como todo saber, son sociales y colectivos, aunque sean escritos y emitidos por un individuo.

 

Este ensayo, entonces, busca expresar una escritura, que se pronuncie, teniendo como matriz de partida a los cuerpos. Si lográramos, por lo menos, bosquejar, perfiles o rasgos de enunciados, que tomen en cuenta los espesores sensibles de los cuerpos, para poder avanzar en la comprensión de la complejidad social, cultural, territorial y ecológica de las eco-sociedades, abríamos, por lo menos, insinuado la posibilidad de un desplazamiento, en el umbral donde creemos encontrarnos, avanzando a cruzar este límite, para experimentar el pensamiento en otro horizonte epistemológico. Si no lo logramos, por lo menos, lo hemos intentando, incentivando y motivando a otros y otras activistas, investigadoras y teóricas comprometidas, a intentar también, quizás en mejores condiciones que mis intentos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Composiciones complejas singulares en América Latina

¿Cómo comprender a las formaciones históricas de América Latina[1]?

Comentario a State Transformation in Latin America: Theorizing and Periodizing Post-Colonial Entanglements  de Tobias Boos y Ulrich Brand.  

 

redentor

 

 

¿Desde qué perspectiva, mejor dicho, desde qué perspectivas, se puede analizar, adecuadamente, lo sucedido en América Latina, desde la Conquista hasta la actualidad? ¿Desde la historia? Bueno, en todo caso, hay distintas corrientes; ¿desde la historiografía o desde la filosofía de la historia? O, mas bien, ¿hay que analizar las estructuras económicas, sociales y estatales, casi desde una perspectiva estructuralistas o, si se quiere de la adecuación y conjunción del estructuralismo funcionalista? ¿Desde el marxismo? Pero, ¿desde cuál marxismo? ¿Desde las tesis del determinismo económico o desde el enfoque de la autonomía relativa del Estado? Enfoque que viene sugerido, elaborado y desplegado por distintas corrientes gramscianas.  ¿O desde el enfoque innovador del marxismo andino de José Carlos Mariátegui? Quien propone una mirada atenta a las relaciones de poder concretas de las estructuras de dominación territoriales, heredadas de la colonia; dominación ejercida por criollos y mestizos, por latifundistas, sobre las poblaciones indígenas.

 

Por otra parte, ¿hay una historia del Estado en América Latina? ¿Este es el eje que debe privilegiarse para comprender su presente problemático, repasando su historia política? ¿O, mas bien, es más apropiado analizar las historias específicas y singulares de las sociedades latinoamericanas? Sociedades, que al final de cuentas, son las que sostienen a los Estado-nación; incluso sustentan a los juegos de poder de las élites criollas y mestizas. ¿O hay que privilegiar las historias culturales, pues son sociedades y Estado-nación, herederos de prácticas y estructuras, imaginarios y hábitos coloniales? Sigamos con una pregunta más. ¿Se trata, mas bien, de articular todas estas perspectivas y enfoques para tener una mirada móvil e integral de las formaciones sociales-económicas-políticas-culturales abigarradas de América Latina?

 

En State Transformation in Latin America: Theorizing and Periodizing Post-Colonial Entanglements de Tobias Boos y Ulrich Brand, se hace una revisión histórica de la formación del Estado-nación en América Latina. Se desprende la exposición tanto desde la descripción historiográfica como de la definición de los debates teóricos; en distintas etapas de la historia política de la formación dramática de los Estado-nación. También los distintos periodos del análisis teórico y el debate consiguiente son tipificados, de acuerdo a los paradigmas en uso. El trasfondo del análisis es el marxismo crítico, con ribetes gramscianos y poulantcianos.

Se comienza, prácticamente, por el siglo XIX, aunque se hace mención a los siglos pasados; desde la conquista y la colonia. Empero, el análisis parte o establece su base de partida en este siglo de las independencias de los países del continente, al sur del Río Bravo. Este siglo de las luces, es caracterizado por el dominio, casi directo, de las oligarquías; élites terratenientes y propietarias mineras, que ocupan y monopolizan el flamante y vulnerable Estado liberal; todavía no consolidado, ni del todo institucionalizado. Salvo en sus constituciones políticas, así como en el discurso jurídico-político. Se describen, lo que podemos denominar, las nacientes relaciones de dependencia en la modernidad barroca; respecto al dominio y hegemonía de Europa; más tarde de la república de Estados Unidos de Norte América. Se hace apuntes rápidos, bosquejando, la características de sus economías. Básicamente agrícolas y primario exportadoras. Pero, como el enfoque del ensayo se dirige al Estado, se hace sobre todo hincapié en condiciones de posibilidad sociales y políticas del Estado-nación, en ciernes. Condiciones de posibilidad históricas, que ya se presentan con las características que van definir el perfil del Estado-nación subalterno; sobre estas condiciones se elevaran las columnas de los Estados-nación.

 

Desde nuestro punto de vista, las descripciones más apropiadas, en la consecución de la exposición de la historia del Estado-nación en América Latina, acompañada, en el contexto, por la historia de los debates y las interpretaciones teóricas generadas. Análisis, en su momento, de los problemas políticos e institucionales de los estados. Estas descripciones son breves; resalta la descripción sucinta de las oligarquías, de sus perfiles y de sus formas de dominio y control del Estado.

 

Después, viene el tratamiento, más detallado y prolijo, de lo acontecido en el siglo XX; considerando el doble tema tratado en el análisis, el historiográfico y el estatal. En el siglo XX se definen varios periodos, además regionalizados. Por ejemplo, en México, la revolución marca el paso; inaugura el siglo con la insurrección campesina; revolución que se plantea, prioritariamente, entre otras finalidades, la reforma agraria. Aunque no lo digan los autores, la consolidación del Estado-nación mexicano arranca con este desborde de las masas campesinas y, en uno u otro lugar, con estratos populares urbanos. La revolución destrona, por así decirlo, a la vieja oligarquía, heredera de las estructuras de poder colonial; pero, no para cumplir a plenitud con el programa agrario campesino, sobre todo de la insurrección encabezada por Emiliano Zapata; sino para entronar a otra oligarquía, coaligada con los resabios de la vieja oligarquía. Este proceso de la revolución mexicana, proceso de avance y retroceso, de ascenso y descenso, de transformación y de restauración, parece convertirse en el modelo histórico-político de lo que va a suceder en el resto de América Latina.

 

De los países mencionados en el análisis, vale destacar la descripción, ciertamente en forma de boceto, de la historia política de Brasil; sobre todo, de sus características geográficas inmensas, que derivan o exigen monumentales tamaños de la edificación institucional. Se toma nota del prolongado esclavismo, que da lugar a una economía basada en esta forma de explotación, reduciendo a los humanos a la condición de instrumentos, no solamente de origen afro, sino también nativo. Se traza el dibujo de la economía, basada principalmente en la producción del café; economía administrada y manejada por una oligarquía preponderantemente latifundista. Ahora, República Federativa de Brasil; antes, República Federal de los Estados unidos de Brasil, sucesora de lo que fue el imperio brasilero. Durante el siglo XIX, Brasil tiene periodos agitados y turbulentos, inestables políticamente; inestabilidad que comienza a disminuir, incluso hasta desaparecer, con toda la relatividad del caso, en el siglo XX. La mención al papel nacionalista que juega Getulio Vargas es significativa, pues es como un referente, incluso modalidad histórica-jurídica-política de los gobiernos populistas en América Latina.

 

La crisis de 1929, desatada en Estados Unidos y Europa, después irradiada mundialmente, deja como aislada a América Latina; en este caso, a Brasil. Es cuando comienza un proceso incipiente de industrialización, si se quiere de sustitución de importaciones; concepto que usará, más tarde, la Teoría de la dependencia. En el contexto de la primera guerra mundial, también quedan como aislados del mercado mundial los países de América Latina. En estas circunstancias también se dan pasos hacia la industrialización, pasos monitoreados por el Estado, que buscaba producir lo que antes se importaba. En el caso de Brasil, así como en Argentina, el proceso de industrialización adquiere connotaciones en el periodo de los llamados gobiernos populistas; particularmente, la forma de gubernamentalidad clientelar de Getulio Vargas, en Brasil; así como la gubernamentalidad análoga de Juan domingo Perón, en Argentina. El análisis describe algunas de las contradicciones de estos procesos; sobre todo apunta a mostrar los límites de los procesos de industrialización. Parte de la corriente de la Teoría de la dependencia, hallaba en la estrategia de sustitución de importaciones la salida a la dependencia. Estas contradicciones puntualizadas son, sobre todo, de carácter económico y se deben, en gran parte, a la relación dependiente de los países latinoamericanos con el mercado mundial. Ocurre que las estructuras del mercado mundial, si se quiere, la geopolítica del sistema-mundo capitalista, condiciona a los procesos de nacionalización y de industrialización a reproducir, en otras condiciones, la dependencia.

 

Otro periodo descrito, que vamos a rescatar, en el comentario, es el que viene después de los periodos nacionalistas y populistas, sobre todo, dados en los países que experimentan estos procesos políticos de modernización, de democratización y de constitución del Estado-nación. Que experimentan nacionalizaciones y, en algunos casos, la industrialización. Este otro periodo es el de los regímenes de dictadura militar; regímenes erigidos como dispositivos aliados al imperialismo en la llamada “guerra contra el comunismo”.  Estados Unidos de Norteamérica efectúa el control militar, político y económico a escala mundial. Estos regímenes se caracterizan por encontrarse en plena guerra fría, apoyando a Estados Unidos; en tanto que en sus países ejercen la represión abierta contra las organizaciones sindicales y los partidos de “izquierda”; por aquel entonces, también atacan a agrupaciones guevaristas e incipientes guerrillas.

 

Algo sobresaliente, en lo que respecta a las anotaciones, en relación a la temática del Estado, es que los analistas hallan la repetición de un perfil compartido, en el Estado-nación de los países latinoamericanos, tanto en el periodo populista, como en el periodo de las dictaduras militares; este rasgo es el autoritarismo de sus formas de gubernamentalidad. Se comparte este perfil autoritario, a pesar de sus diferencias políticas y distintas incidencias sociales y económicas.

 

Podríamos decir, que se sitúa como en el medio de estos periodos, el acontecimiento de la revolución cubana, que, como sabemos, no se detiene en el nacionalismo revolucionario, no se detiene en las medidas democráticas, como la reforma agraria y las nacionalizaciones, sino que avanza hasta declararse gobierno y Estado socialista. Los autores aprecian una modificación política en el mapa de la “izquierda” latinoamericana, modificación dada después de la revolución cubana; convirtiéndose ésta como en un modelo a seguir y realizar. En este contexto se da lugar un periodo político álgido, caracterizado por la conformación de proyectos guerrilleros, que en algunos casos prosperan, hasta efectuarse la guerrilla. Estos proyectos y experiencias guerrilleras no perduran, no se expanden, quedando en condición de focos; no se materializan sus objetivos, como ocurrió con la revolución cubana. En pocas palabras, fracasan.

 

Tanto el periodo populista, como el periodo de las dictaduras militares, así como el periodo cruzado – entre los dos periodos mencionados – de las experiencias guerrilleras, combinadas con luchas sociales, sobre todo en las ciudades, aunque no estén conectadas ambas acciones, generan polémicas intensas en la “izquierda”, se dan proliferantes debates, se suscitan análisis políticos y sociológicos.

 

Se puede definir los estilos de los análisis, así como el uso de paradigmas y adherencia a determinadas corrientes teóricas. Los autores lo hacen; quizás, en lo que respecta al periodo populista, recurran más a situar, como estilo propio, al análisis de las formaciones sociales-económicas sui generis latinoamericanas. Uno de los exponentes de este estilo de análisis y enfoque del abigarramiento es René Zabaleta Mercado; estilo correspondiente a la polémica relativa al periodo en cuestión. En cambio, en lo que respecta al periodo de las dictaduras militares, así como lo que compete al periodo cruzado de la experiencia guerrillera y de la resistencia popular, el estilo del análisis y del debate parece centrarse en el análisis sociológico; un ejemplo, un exponente de este estilo es O´Donnell, entre otros. Mencionando algunos ejemplos destacados, de los estilos de análisis y del uso de paradigmas teóricos. Hay que observar, que los periodos referenciales de los debates y los lapsos de los debates mismos no coinciden; los debates temáticos se dan posteriormente a la experiencia política sufrida.

 

Se puede decir que la corriente teórica, la escuela de análisis, con fuerte enfoque económico, la de mayor impacto epistemológico en América Latina, es la llamada Teoría de la dependencia; abarcando sus distintas tendencias. Hasta el momento tenemos tres estilos de análisis; viendo a groso modo, el gramsciano, teniendo a Zavaleta, como a uno de sus exponentes. El estilo de sociología política, más investigativo; uno de sus exponentes es O’Donell. El tercer estilo de análisis es el de la Teoría de la dependencia; podemos decir que esta corriente y escuela, además de centro de investigación, funciona no solo como un paradigma nuevo, abriendo el debate a pensar el capitalismo, no desde la historia económica de los países, sino desde la historia del sistema-mundo capitalista; sistema-mundo estructurado en la diferenciación espacial de centros y periferias.

 

Después de las dictaduras militares, viene el llamado periodo de transición a la democracia. La retirada de las dictaduras militares, puede interpretarse como consecuencia de las resistencias populares, del desgaste de los regímenes dictatoriales y, sobre todo, por la modificación del contexto internacional. Modificación que tiene que ver, en gran parte, con el derrumbe de los Estado socialistas de la Europa oriental. Periodo, que, en la mayoría de los casos, lleva a formas de gobiernos que retoman el Estado liberal, otorgando al proyecto gubernamental el contenido en boga, el ajuste estructural neoliberal. Los autores caracterizan este periodo como el de la renuncia a la industrialización, a la sustitución de importaciones; rasgos que habían distinguido a los gobiernos populistas. Optando, mas bien, por la competencia, la libre empresa y el libre mercado. Jugando a la especulación del capital financiero, que abre los créditos al gran público; estimulándolo para que gaste más en el incremento del consumo, trayendo a colación el corolario de endeudarlo. La descripción de la aplicación del proyecto neoliberal, sobre todo de sus consecuencias, es expuesta como desenvolvimiento mayúsculo del costo social y económico, para los países, sus poblaciones y sociedades. Crisis social, que deriva en la crisis política de los regímenes neoliberales; se desatan masivas movilizaciones populares anti-neoliberales, que, en algunos casos, se trasforman en movilizaciones anti-coloniales, donde la presencia de naciones y pueblos indígenas es notoria, además de encontrarse organizados; esto pasa en Ecuador y Bolivia.

 

Siguiendo la metodología de nuestro comentario, resaltaremos, el rasgo político recurrente, que encuentran los analistas, en los perfiles gubernamentales, de los distintos periodos; rasgo que tiene que ver con la formación del Estado-nación. Este rasgo corresponde al persistente autoritarismo; aunque este fenómeno político se exprese de distintas maneras y formas, con distintos discursos y otros personajes. La pregunta, que lanzamos, a propósito, es: ¿Cómo se explica la recurrencia política y gubernamental del autoritarismo, teniendo en cuenta sus distintas variantes, en los diferentes periodos y en las distintas formas políticas?

 

Retomando el comentario del ensayo, diremos que, como consecuencia de la crisis política y social, desatada por la aplicación del proyecto de ajuste estructural, se derrumban los gobiernos neoliberales, no en todas partes, sino particularmente en gran parte de Sud América. El periodo que se inicia es el de los llamados gobiernos progresistas, periodo propulsado por los movimientos sociales anti-neoliberales, que adquieren características anticoloniales y descolonizadoras, además de plantearse perspectivas anticapitalistas, con distintas tonalidades. Los analistas, reconocen la modificación del panorama político, teniendo en cuenta el cambio del protagonista político, que, ahora, son los movimientos sociales, las organizaciones sindicales, los partidos del llamado socialismo del siglo XXI o, en otro caso, como el de Bolivia, socialismo comunitario. Además, sobre todo al principio, las medidas de impacto estatal, de ejecución de la soberanía del Estado-nación, con las nacionalizaciones; de impacto social, con la redistribución del ingreso, sobre todo a través de bonos; de impacto normativo, con la conformación de un nuevo constitucionalismo, que en el caso de Bolivia y Ecuador, define el horizonte de la transición del Estado Plurinacional. Sin embargo, en contraste, también señalan la continuidad del modelo extractivista, que los economistas nombran como primario exportador, y nosotros llamamos modelo colonial extractivista del capitalismo dependiente, en su forma neo-extractivista, aplicada por los gobiernos progresistas. Por otra parte, creemos entender que los analistas, aunque esta vez, de manera, mas bien, implícita, sugieren, por así decirlo, que la forma autoritaria del Estado y del gobierno persiste en los gobiernos progresistas, aunque lo expresen y practiquen de otra manera y con otros discursos, pretendidamente en defensa del proceso de cambio.

 

Los autores no se hacen la pregunta que lanzamos, a pesar de que destacan este rasgo, en los distintos periodos de la formación del Estado en América Latina. En consecuencia, tampoco se responden a la pregunta, que hacemos, desde la perspectiva de nuestra lectura. Mas bien, sus conclusiones son las siguientes:

 

Se requiere una discusión conceptual más profunda; sobre todo, teniendo en cuenta la traducción de teorías y conceptos. Considerando los contextos diferentes entre las sociedades del norte y las sociedades del sur. Uno de esos conceptos a retomarlos con más profundidad es el de formación social abigarrada, de René Zabaleta Mercado. Otro ejemplo es el concepto plurinacional. Por otra parte, es menester reflexionar y analizar sobre las causas y razones del por qué es difícil cambiar la estructura estatal y la cultura política heredada por los gobiernos progresistas. La condición mundial de la formación de los Estado-nación, aparece, de manera más clara, en el sur globalizado, que en el norte. Sobre todo compartiendo estructuras análogas y relaciones sociales y económicas también análogas, a pesar de sus propias singularidades. Esto exige un análisis de la formación del Estado-nación multi-escalar, haciendo hincapié en el contexto internacional. Así mismo, se remarca la necesidad de reflexionar sobre cuáles son las condiciones para lograr las emancipaciones buscadas, considerando los tópicos y las estructuras de los estados pos-coloniales.

 

Ahora vamos a tratar de responder a la pregunta que hicimos, aunque lo hagamos con hipótesis interpretativas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Genealogía del autoritarismo

 

¿Por qué esta recurrencia constante al autoritarismo, con todas las variantes, que se asumen para restituirlo, en sus distintas formas, contenidos y expresiones?

 

Para comenzar, es necesario dejar claro que el autoritarismo es inherente a todo Estado. Ciertamente, los que califican de autoritarismo a determinadas formas de gobierno, se refieren a las formas de autoritarismos, que consideran que se encuentran fuera de los marcos institucionales, que no son legales, tampoco legítimos. Hablan de autoritarismo como característica de regímenes que no se encuentran en los marcos del Estado de derecho. El autoritarismo no respeta los derechos ciudadano, civiles y políticos.

 

Por otra parte, el autoritarismo no ejerce gobierno democráticamente, de acuerdo a las reglas establecidas en la Constitución, en el Estado liberar y en la división de poderes de la república; recurre a relaciones clientelares para comprometer a personas, a grupos, a colectivos, a la sociedad misma. En esta interpretación, se asocia el autoritarismo con la corrosión institucional y la corrupción.

 

Entonces, del autoritarismo del que se habla es el definido por estas características; propenso a recurrir a la violencia, a la represión, a la demagogia, a la arrogancia, al cinismo y, sobre todo, a la tramoya de los engaños. Pero, ¿Cómo explicar este fenómeno político, que se presenta intermitentemente?

 

La ciencia política, la filosofía política, la denuncia de este tipo de discursos, que pretenden ser críticos, no explican la genealogía del autoritarismo; lo suponen. La pretendidas explicaciones oscilan, desde identificaciones del mal hasta causales relativas a la desinstitucionalización, al incumplimiento de las normas y las leyes. Un enunciado relacionado a este tipo de explicaciones es la tesis delirante de los “Estados canallas”. En una versión anterior, más elaborada y seria, se manejaba la tesis de Estados totalitarios.

 

No parecen explicaciones sostenibles, ni teóricamente, ni empíricamente. Primero, por lo que dijimos, el autoritarismo es inherente a todo Estado. No se salvan los Estado de derecho, pues el autoritarismo se ejerce, aunque encubierto, con el barniz del cumplimiento de las leyes. Ahora bien, si nos circunscribimos al autoritarismo exacerbado, al que identifica, como tal, este discurso jurídico-político, tampoco es una explicación sostenible, pues la conjetura del mal, la desinstitucionalización, el incumplimiento de las leyes, no termina siendo una explicación. No dejan de ser descripciones de lo que el discurso mismo define como “anomalías”.

 

Antes de seguir, vamos a hacer una anotación. El síntoma de autoritarismo es significativo, pues devela, este síntoma, secretos, por así decirlo, de la formación del Estado.

 

Una tesis conveniente de recordar es la que retrotrae Giorgio Agamben; la tesis de que el Estado surge y se edifica sobre la situación de emergencia del Estado de excepción, cuando se suspenden los derechos y el Estado actúa libremente, en defensa del mismo Estado; ¿amenazado por quién? Desde la perspectiva de esta tesis, el Estado, en el fondo, es un Estado de excepción. El calificativo de autoritarismo a ciertos gobiernos, se debilita, ante la historia política, ante la genealogía del Estado.

 

Sin embargo, que se halle este perfil autoritario en todo Estado, no redime a los gobiernos motejados de autoritarios. De ninguna manera. Es indispensable comprender la exacerbación autoritaria en gobiernos que se desentienden de la Constitución, las leyes, las normas, las reglas de la democracia formal.  Que desatan, de manera desmesurada, prácticas relativas a la economía política del chantaje, ocasionando invasiones más extensas de las formas de poder paralelas, del lado oscuro del poder, hacia las formas de poder institucionalizadas. ¿Cómo explicar la presencia intermitente de estas formas de gubernamentalidad clientelar en el orden del mundo, en el imperio, en el sistema-mundo político?

 

Para continuar, debemos dejar claro, que los atropellos al Estado de derecho, por parte de estos gobiernos autoritarios, no son enfrentamientos a la dominación mundial, cuestionando la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Son otras formas de fijar, mas bien, estas dominaciones poli-formas globalizadas. Más aún, si el discurso demagógico pretende que se entienda que hay interpelación al “imperialismo”. Pues al lograr convencer que esto ocurre, desarma a las multitudes y pueblos, que caen en la ilusión de que estos gobiernos son “antiimperialistas”.

 

¿De qué modo fijan el orden mundial del imperio? Estos gobiernos autoritarios, sus Estado-nación, sus economías, no han abandonado la geopolítica del sistema-mundo capitalista; al contrario, en el siglo XXI, han reforzado las lógicas de la dependencia, por los caminos de la expansión intensa del modelo extractivista del capitalismo dependiente. El discurso estridente, aparentemente interpelador, es anacrónico, ataca al fantasma del imperialismo de mediados del siglo XX; pero, no se refiere a la condición de dominación actual del imperialismo globalizado y transformado. Al reincorporarse al mercado, en las condiciones subalternas de vendedor de materias primas, no hace otra cosa que alimentar con energía al imperialismo, que supuestamente ataca. Además no ataca a los puntos neurálgicos de la dominación imperial; al contrario, refuerza estos puntos y los ejes de rearticulación de las dominaciones mundiales. Por ejemplo, cuando sigue, al pie de la letra, las reglas del juego del sistema financiero internacional.

 

Denominar a estos gobiernos autoritarios como “gobiernos progresistas”, se debe a los deseos insatisfechos de la “izquierda”; ilusión de encontrarse en “procesos de cambio”, aunque contradictorios. Esta calificación de “gobiernos progresistas” corresponde más a los deseos de una “izquierda” frustrada e impotente, ya incapaz de sostener la lucha contra el orden mundial, el imperio, la geopolítica del sistema-mundo capitalista.

 

En el funcionamiento global del sistema-mundo político, estos gobiernos autoritarios, demagógicamente “antiimperialistas”, juegan un papel. Este papel tiene que ver con el desvió de las luchas sociales, de las luchas de los pueblos, de las luchas descolonizadores, hacia el retorno de la ceremonialidad del poder; esta vez, ungido de símbolos “revolucionarios”, “antiimperialistas” y “de-coloniales”. Las multitudes que, con sus movilizaciones prolongadas o intermitentes, con sus insurrecciones o sus rebeliones esporádicas, alteran los órdenes del poder y sus estructuras de dominación, terminan atrapadas en la trama de un supuesto “gobierno progresista”, que defiende los intereses de los explotados, discriminados, subalternas. Lo único que hacen, efectivamente, es preservar las dominaciones, ahora, acompañadas con otro discurso edulcorante y adormecedor.

 

Entonces la explicación de estos gobiernos autoritarios, aunque sea con interpretaciones hipotéticas, tiene que ver con la funcionalidad de los mismos respecto a la reproducción del orden mundial, de las dominaciones a escala mundial. A esto ayuda, paradójicamente, el discurso denunciativo, con ribetes morales, de raigambre liberal, con enfoque jurídico y de defensa de derechos; discurso supuestamente “democrático”, circunscrito a la formalidad institucional. Pues al definirlos como autoritarios, como “anomalías” políticas, como excesos totalitarios, coadyuva al imaginario del esquematismo dualista. El enemigo, para la democracia formal e institucional, son estos gobiernos autoritarios. Respondiendo con la misma lógica, los gobiernos, que se consideran “gobiernos progresistas”, definen como enemigo a las democracias liberales, al discurso de defensa del Estado de derecho. De esta manera, se cae, por ambos lados, a la reproducción de sus “ideologías” ateridas; las cuales refuerzan los engranajes de las dominaciones a escala mundial.

 

Volviendo a las primeras preguntas, que resumimos en ¿cómo interpretar la genealogía del Estado-nación en América Latina? Hacerlo desde la historiografía, desde la taxonomía clasificatoria de los debates y análisis teóricos, desde la clasificación de etapas, respondiendo a formas de gubernamentalidad, reintroduciendo la óptica marxista, aunque sea crítica, es insuficiente, ante la complejidad de la genealogía de esta formación estatal. Los enfoques mencionados realizan su análisis de la formación del Estado desde los paradigmas heredados, aunque sean de reciente dada, paradigmas anacrónicos ante la complejidad desafiante de las dinámicas sociales y políticas, que se mueven en múltiples planos y espesores de intensidad. Están lejos de hacerlo desde la experiencia social y política de los pueblos, desde las memorias sociales actualizadas. Esos análisis funcionan más para defender la solidez de los paradigmas, que como orientaciones e instrumentos para comprender la complejidad de los acontecimientos políticos y sociales, de la crisis civilizatoria de la modernidad y del sistema-mundo capitalista.

 

 

 

Hipótesis de interpretación de la genealogía del Estado-nación

 

  1. Así como no hay una historia nacional del capitalismo, que explique la incorporación del país al sistema-mundo capitalista, salvo que sirva como descripción singular de esta incorporación; tampoco hay una historia nacional del Estado-nación, que explique la formación del Estado, salvo que sirva como descripción singular de esta formación estatal, que responde a la conformación global del sistema-mundo político[2].

 

  1. Los Estado-nación en América Latina se conforman en el contexto de la revolución industrial británica; imperio hegemónico del ciclo largo del capitalismo vigente, en ese entonces. Los Estado-nación constituidos, autodefinidos como repúblicas independientes, son los dispositivos administrativos, jurídicos y políticos, adecuados para el flujo mercantil, bajo el control de la hegemonía británica y del capitalismo de la etapa industrial. Son los Estado-nación que van a garantizar el funcionamiento del mercado, sobre todo, del mercado de las materias primas.

 

 

  1. La crisis de estos Estado-nación subalternos, ocasionada por el desborde las multitudes y pueblos, ponen en el tapete la inconsistencia de los Estado-nación, en sociedades poscoloniales. Sin embargo, las rebeliones e insurrecciones, si bien, derriban a regímenes conservadores, no radicalizan los procesos políticos contestatarios; se conforman con cambios de gobierno, cambios de la forma de gubernamentalidad. Forma de gobierno que realiza políticas de apertura democrática, de avances en tópicos de derechos sociales; avances soberanos por medio de nacionalizaciones de los recursos naturales; esto en un principio de los procesos de cambio, para luego reingresar a un decurso regresivo y conservador. Al final, las insurrecciones, las rebeliones populares, las movilizaciones sociales, terminan sirviendo a una modificación de las estructuras de poder y del Estado. Lo de la democracia participativa, lo de la profundización de la democracia, lo de la liberación nacional, queda en el papel constitucional y en el discurso demagógico.

 

  1. Las rebeliones, las insurrecciones, las movilizaciones, se encuentran atrapadas en el círculo vicioso del poder, sirviendo como acontecimientos alterativos, que vacilan ante la continuación de la lucha y de la radicalización, optando por modificaciones reformistas de las mismas estructuras de dominación preservadas[3].

 

 

  1. La lucha contra la dominación y hegemonía del sistema-mundo capitalista, que contiene al sistema-mundo cultural y al sistema-mundo político, es una lucha mundial de todos los pueblos del mundo. Lucha que tiene como tarea desmantelar las estructuras de poder del orden mundial; en este orden mundial, como parte de su arquitectura de dominación, se encuentran los Estado-nación, los gobiernos, sean progresistas, neoliberales, liberales o conservadores. Entonces, la lucha contra la dominación imperial, es también y al mismo tiempo, contra los Estado-nación, incluyendo a los Estado-nación subalternos[4].

 

  1. La lectura, desde la perspectiva de la complejidad, de la genealogía del Estado-nación en América Latina, exige una comprensión del acontecimiento político, configurado por multiplicad de singularidades, multiplicidad de procesos singulares, articulados e integrados en la simultaneidad dinámica histórico-política en cuestión[5].

 

 

  1. Esto implica relativizar el concepto de Estado, que es la institución imaginaria de la sociedad. Lo que conduce a privilegiar el análisis de la complejidad de las sociedades; abriéndose al estudio, no tanto de las sociedades institucionalizadas, sino de las sociedades alterativas. La ciencia política, la sociología, los marxismos, no han dejado de tener una mirada estatalista; incluso cuando se estudia a las sociedades. Lo hacen desde la perspectiva estatal, observan a las sociedades institucionalizadas, no visibilizan a las sociedades alterativas.

 

 

Dinámicas sociales y ecológicas

 

 

El análisis de las sociedades y sus instituciones, cambia de enfoques y abordajes, desde la perspectiva de la complejidad[6]. No pueden estudiarse las sociedades, sus estructuras, sus instituciones, sus procesos inherentes, sus devenires, a partir de la circunscripción del campo social; esto es suponer que las sociedades son autónomas respecto a las ecologías, donde están insertas y forman parte. Por ejemplo, hablar de la historia de las sociedades, considerando solo las relaciones sociales, dejando de lado sus múltiples relaciones con los ecosistemas, de los cuales forma parte, es operar la premisa que supone una levitación social, como si las sociedades no estuvieran inmersas en los ciclos vitales. Estos procedimientos abstractos, son los que ha empleado la episteme moderna, con todo su bagaje metodológico y epistemológico, correspondiente al esquematismo dualista. Podemos, definir a esta forma de conocimiento como economía política del saber[7].

 

Las sociedades humanas dependen de los ecosistemas donde se encuentran, dependen de las relaciones con los ciclos vitales y los otros seres de los ecosistemas. El haber supuesto que el hombre es superior o todos los otros seres, que le corresponde enseñorear sobre los demás, ha convertido al ser humano en el mayor depredador; además sin límites. Poniendo en peligro no solo a las otras especies, sino también poniéndose en peligro a sí mismo; al depredar y destruir sus propias matrices de vida. Sus propias condiciones de posibilidad ecológicas.

 

Un ser que se suicida, sin tener consciencia de ello, no parece ser un ser inteligente, como ha creído ser; construyendo el mito del ser racional. Se vanagloria de sus ciencias y tecnologías; ¿acaso olvida que son apenas imitaciones de lo que ya ha creado la biodiversidad, lo que ya ha creado el universo, en sus distintas escalas? Hay que ponderar sus logros científicos y tecnológicos en los contextos complejos ecológicos, incluso en los contextos mayúsculos del universo o pluriverso. Compararse consigo mismo, en la linealidad de un tiempo inventado por su racionalidad abstracta, no tiene mucho sentido, ni ayuda a comprender su incidencia en el planeta y en el universo; simultaneidad dinámica e integral de las complejidades singulares, que es lo real como complejidad. La comparación con los otros seres del planeta, lo hace a partir de esta centralidad antropomórfica; por lo tanto, ya tiene resuelto su dilema, de manera antelada, manteniendo como regla sus propios perjuicios. Esto es pura “ideología” antropomórfica y antropocéntrica.

 

El hombre se compara a sí mismo, con su supuesto pasado; se compara con los otros seres, a partir de su propio mito construido. Esto es ver el planeta y el universo a partir de la propia rejilla construida, reduciendo al planeta y al universo a la escala de su propia medida. Esto es inventarse un planeta y un universo, adecuado a los prejuicios humanos.

 

Parece que lo que ha hecho perder el rumbo a la humanidad, es esta soberbia, injustificada e insostenible. Se ha convertido en el destructor del planeta. ¿Acaso olvida que no puede sobrevivir sin un planeta equilibrado, armónico, sano, saludable, con todos los ciclos vitales funcionando acompasadamente, desenvolviendo sus devenires? Esta perspectiva de la realidad como sinónimo de complejidad, la ha perdido hace mucho tiempo. Ha sustituido esta realidad por una representación de la realidad, adecuada al tamaño de sus prejuicios y mezquindades. Olvidando además, que esta manera de proceder, lo coloca en situación de peligro, desatando la amenaza de desaparecer, al destruir sus propias condiciones de reproducción.

 

Usando términos heredados, en el lenguaje que usamos, la historia de las estructuras de pensamiento humanos, la historia de sus saberes, de sus filosofías y ciencias, se reduce a la historia de prejuicios elaborados, si se quiere, cada vez más sofisticados. Esto no desmerece su techne, tampoco su logos. Sino que contextúa estas creaciones humanas en el contexto adecuado para hacerlo; el tejido espacio-temporal, de los espesores y planos de intensidad ecológicos. Lo otro, lo que se ha hecho, en las llamadas historias, sean “universales” o específicas, es recortar unos contextos, ya sean temporales o espaciales, reducidos y segados, que enaltecen los recorridos humanos. No se trata, de ninguna manera, de disminuirlo, al humano; al contrario, se trata de comprender la potencia que contiene, potencia que forma parte de la potencia de la vida y de la potencia de la existencia.

 

Esas historias, que aparentemente, enaltecen al humano, efectivamente lo disminuyen, al interpretarlo solo a partir de unas cuantas condiciones de posibilidades seleccionadas, de unos cuantos factores escogidos; además de elegir atributos, dejando de lado la multiplicidad compleja de planos y espesores de intensidad, con los que está involucrado el ser humano. Entonces, este supuesto enaltecimiento, resulta ser, en la práctica, un empobrecimiento, al desechar dimensiones de su potencia social.  El ser humano de las narrativas históricas no es un ser humano completo, sino, mas bien, mutilado.

 

Reincorporar a la humanidad a los tejidos ecológicos, a los tejidos espacio-temporales del universo o el pluriverso, es devolverle sus vínculos con la increíble creación del universo, en sus distintas escalas. Es darse la posibilidad de comprender las dinámicas de la complejidad integral que la hace posible.

 

No se trata de descalificar lo que han hecho las sociedades humanas hasta ahora. De ninguna manera. Sino de situarse en los contextos, matrices, si se quiere, escenarios complejos, que hacen posible la composición compleja singular de la humanidad. Sobre todo, para poder responder adecuadamente a los desafíos y problemáticas que afronta. No hacerlo, es seguir embriagado en la “ideología” moderna de la centralidad humana; estar enquistado en los mitos del ser racional, del ser de leguaje, del ser político. Estos estancamientos, estas ilusiones, ya se han convertido, no solo en obstáculos epistemológicos, sino en amenazas concretas a su supervivencia.

 

El ensayo que presentamos, no tiene la finalidad de exponer exhaustivamente estas temáticas cosmológicas, astrológicas y ecológicas, sino el de replantear los enfoques y análisis de las dinámicas sociales y de las dinámicas institucionales de las sociedades humanas, precisamente en los contextos que acabamos de describir. Para tal efecto, propondremos algunas hipótesis metodológicas, todavía de carácter general; después, propondremos hipótesis metodológicas más operativas. Entonces presentamos hipótesis metodológicas, que ayuden a trazar senderos para emprender recorridos, en principio, titubeantes, hacia el tratamiento analítico, interpretativo y explicativo, de las sociedades, teniendo en cuenta las complejidades de las que hablamos.

 

 

Hipótesis metodológicas

 

  1. Las composiciones complejas singulares de las formaciones sociales y territoriales tienen que ser leídas e interpretadas, tanto por las dinámicas de sus composiciones singulares propias, así como por sus vínculos con otras composiciones singulares, relativas a las combinaciones y composiciones ecológicas.

 

  1. El tejido espacio-temporal-territorial-social envuelve a las composiciones singulares de las formaciones sociales. Este tejido complejo, en movimiento, hace de condición de posibilidad existencial de las formaciones social Es matriz ecológica de las formaciones sociales, así como es su fuente nutritiva permanente.

 

 

  1. El análisis de estas complejidades singulares, si se quiere, histórico-políticas-culturales-sociales, desde la perspectiva de la complejidad, se efectúa desentrañando las texturas que ligan a la formación social con las dinámicas ecológicas. Donde los ciclos vitales sostienen la reproducción de los ciclos sociales.

 

  1. El análisis de las composiciones singulares de las formaciones sociales, se sumerge en las dinámicas integrales de estas formaciones sociales, en constante devenir.

 

 

  1. Las composiciones singulares de las formaciones sociales aparecen como acontecimientos; es decir, como dinámicas de multiplicidades de singularidades, que le dan el perfil de movimientos múltiples al acontecimiento; que puede ser observado desde distintos ángulos y estructuras, como topologías de cuádruples o más dimensiones.

 

  1. En el análisis de las formaciones sociales, no hay un centro ni eje privilegiado; por ejemplo, no se centra el análisis en la institucionalidad del Estado o en el campo económico. Estas composiciones menores, dentro de la composición compleja de la formación social, son solamente componentes relativos, en el profuso movimiento complejo de la composición integral de la formación social.

 

 

  1. Por lo tanto, desde la perspectiva de la complejidad, no hay una historia del Estado, tampoco una historia económica. Para decirlo en terminos conocidos; estos campos, el campo político y el campo económico, no pueden estudiarse aisladamente, circunscritos al recorte metodológico de sus campos. Solo pueden ser comprendidos, en tanto complejidades singulares particulares, en los contextos, en los ámbitos, en los espesores y planos de intensidad, que contienen, así como en los que son contenidos, en el tejido espacio-temporal-territorial-social.

 

  1. Las formaciones sociales, se hacen comprensibles, cuando las dinámicas sociales se relacionan a las dinámicas ecológicas.

 

  1. La institución imaginaria del Estado, sostenida por la materialidad jurídico-política de las mallas institucionales, es una composición en el campo político; campo que, a su vez, forma parte del campo social. El campo social es un plano de intensidad, que es comprensible como articulaciones específicamente sociales de los planos y espesores de intensidad de la complejidad, que lo hacen posible. El campo político es también un plano de intensidad menor, que, de la misma manera, es comprensible como articulación de planos y espesores de intensidad, que lo hacen posible.

 

  1. La decodificación del Estado, es posible, entonces, por su lectura como articulación, de dinámicas sociales y dinámicas ecológicas, que lo hacen posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dinámica paradójica y poder

 

 

 

Hay varios niveles o, mas bien, planos y espesores de intensidad, que el poder vincula; mejor dicho, planos y espesores de intensidad, que, en su articulación integrada, en la combinación de composiciones, generan poder; dicho pluralmente, generan poderes, que hacen a las dominaciones polimorfas. En los distintos niveles el poder no funciona de la misma manera, sino, dependiendo de las características del plano de intensidad, funciona de determinada manera; diferenciándose de otra manera en otro nivel. Aunque en los distintos planos de intensidad funcione el poder de distintas maneras, en conjunto, se produce el efecto de totalidad, para decirlo metafóricamente, utilizando un concepto discutible.  Esto hace suponer al enfoque de generalización que el poder, como estructura, funciona de manera homogénea.

 

La visión universalista, el enfoque de la generalización, la episteme dualista, no permiten visualizar la complejidad de los planos y espesores de intensidad, además de no lograr ver los diferenciales comportamientos, en cada plano o nivel. No se logra observar la dinámica compleja e integral del poder, compuesto por ejercicios de dominaciones diferenciales. Tampoco, como dijimos antes, en otros ensayos, no logra comprender ni entender las paradojas del poder. Para el enfoque aludido y criticado, solo hay contradicciones; no sabe de paradojas, menos de aporías.

 

Es importante visualizar la multiplicidad de planos de intensidad, la diferencial de los comportamientos del poder, en cada plano, para interpretar la dinámica paradójica. Pues no se trata solamente de describir e interpretar la paradoja, sino de comprender la dinámica y el devenir en el detalle de sus funcionamientos.

 

El poder en un plano de intensidad, por ejemplo, en el plano de las representaciones, puede funcionar como simulación y montaje. No importando ni prestando atención al contraste entre este plano imaginario y lo que ocurre en el ejercicio concreto del poder en el plano de intensidad de las prácticas. Desde la perspectiva de la complejidad, el poder no tiene porque, necesariamente, corroborar lo que dice en el plano de las representaciones verificando en el plano de las prácticas concretas. El mundo del poder, para decirlo sesgadamente, no funciona homogéneamente como bloque. Al contrario, el poder funciona heterogéneamente, desplegándose, de manera distinta, en los diferentes planos.

 

Ahora bien, ¿es ésta una contradicción? ¿O, es ésta una astucia política? La primera, corresponde a una tesis dialéctica; la segunda, corresponde una tesis del maquiavelismo restringido. No hay contradicción, pues no se dan en el mismo plano, sino en distintos. Para decirlo metafóricamente, las reglas del juego en cada plano son distintas. Hablamos, si se quiere, de diferentes regímenes, según el nivel de que se trate. Esta diferencia de los funcionamientos de esta maquinaria compleja del poder explica la dinámica paradójica.

 

Por ejemplo, en el plano de las representaciones, el poder puede presentarse como ejemplo democrático; sin embargo, en el plano de las prácticas concretas, puede manifestarse el despotismo. Se puede decir, que una de las paradojas del poder es sostener el discurso democrático sobre la base del ejercicio despótico de las dominaciones. No hay contradicción, sino la paradoja del poder, que se edifica por las mediaciones de delegaciones y representaciones, en el contexto institucional liberal, en la estructura del formato político de la república. Por lo tanto, la malla institucional juega el papel de mecanismo de inversión de lo que se dice en lo que se hace. En otras palabras, sencillas, aunque peligrosas, por su ilustración, es como decir que el discurso democrático se troca en práctica despótica, por medio de las instituciones.

 

¿Qué es lo que convierte a las instituciones en este papel de mecanismos de inversión? Recordando a Michel Foucault, concebimos a las instituciones como agenciamientos concretos de poder, que reúnen fuerzas y mezclan discursos. Para hacer estable el poder, para consolidarlo, las instituciones deben lograr su legitimidad. Esto ocurre empleando un discurso político valorado y prestigioso; este es el discurso democrático. Entonces las instituciones emiten un discurso democrático como recurso “ideológico” para estabilizar y consolidar el poder, que al moverse en la concurrencia de las fuerzas, es inestable. No interesa si hay continuidad del discurso en el ejercicio práctico del poder, lo que importa en el funcionamiento del poder, es que la conexión entre el discurso democrático y el ejercicio despótico, permita el funcionamiento inalterable de las dominaciones.

 

En consecuencia, no se trata de coherencia, ni de continuidad, en el ejercicio del poder, como ha creído la ciencia política y la crítica moralista; sino de lograr la preservación del funcionamiento a través de estos enganches heteróclitos. No se trata de coherencia, sino de que la convocatoria democrática sirva, sea útil, para desplegar prácticas de dominación despóticas. Esto ocurre porque las poblaciones viven más en el mundo de las representaciones que en el mundo efectivo. Aunque no dejen de desenvolver prácticas, aunque no dejen de manifestarse en el mundo efectivo, las interpretaciones sociales se encuentran atrapadas en el mundo imaginario de las representaciones. Para decirlo de una manera escueta, incluso inapropiada, pues el poder no es sujeto; el poder lo sabe, sabe que el mundo imaginario de las representaciones es el referente de las poblaciones. El poder también sabe que, en el plano de las prácticas concretas, las dominaciones se resuelven por la concurrencia de las fuerzas. El poder no puede renunciar a la captura de fuerzas, a su utilización en la reproducción del poder, al uso de las fuerzas en formas coercitivas, amenazantes o, si amerita, a la efectuación de violencias desencadenadas.  El poder no puede renunciar al monopolio legítimo de la violencia.

 

Una primera conclusión puede ser la siguiente: el poder no puede ser democrático en el ejercicio práctico de la política; debe aparentar que es democrático, sin embargo, ejercer el poder. Ejercicio que obviamente no es democrático.

 

El demandar al poder por no cumplir con las clausulas democráticas, es parte de la ingenuidad de la crítica moral; el caracterizar al poder como dictadura de clase, es parte de la ortodoxia monolítica del marxismo. El poder, como relación de fuerzas, como efectuación de las dominaciones, no puede ser democrático; se derrumbaría. Ningún Estado es democrático; tampoco lo puede ser, salvo como simulación. El pretender que se corrija el Estado en tanto Estado, el gobierno en tanto gobierno, es pedirle que se suicide. Por eso, ni los estados, ni los gobiernos, lo hacen; aunque se comprometan, de boca para afuera.

 

Una segunda conclusión es: la democracia, como gobierno del pueblo, por lo tanto, como autogobierno, no puede realizarse en el Estado y con el gobierno. Solo puede realizarse como autodeterminación, autogestión y autogobierno del pueblo.

 

Querer ser democráticos, es decir, practicar la democracia, que no puede ser sino radical, es decir, autogobierno, a través del poder, del uso del poder, como si fuese un instrumento neutral, es un desatino; pues el poder solo se puede ejercerse suspendiendo la democracia, aunque diga que la respeta.

 

Las largas historias del poder, en la modernidad y en las sociedades antiguas, son lecciones elocuentes de estas enseñanzas; empero, se prefiere ignorarlas, y mantener la espera de que el poder puede ser democrático; es más, debería serlo. Esta actitud es el mayor servicio que se presta a las dominaciones, aunque no se quiera hacer esto; es el peor apoyo a la democracia. Ocurre como si al darle un medicamento, para curarla, le diéramos un veneno, sin saberlo.

 

Por eso, se puede explicar, la persistente reiteración y reproducción, hasta reforzamiento, de las dominaciones polimorfas. Esa actitud bondadosa, del deber ser, es, en realidad, una renuncia a luchar efectivamente por la democracia. Renuncia que es la clave del poder, pues, precisamente, el poder se edifica sobre la base de este tipo de renuncias.

 

Por otra parte, muchos de los que critican a los déspotas, disfrazados de demócratas, en verdad, quieren ocupar el poder, sustituyendo a los otros, los interpelados. Sea la crítica de “izquierda” o sea la crítica de “derecha”, el horizonte de estos dispositivos “ideológicos” y políticos es el poder. Si bien puede estar claro que la “derecha” es “conservadora”, hasta, si se quiere, “reaccionaria”, la “izquierda, no deja de serlo, por esta vinculación dependiente con la salida de poder. Pueden tener discursos diferentes, pueden convocar a distintas clases, a pesar que ambas versiones, supuestamente opuestas, hablen al pueblo, en general; sin embargo, el ejercicio del poder responde a la misma estructura de preservación, efectiva, de las dominaciones, al mantener la continuidad del poder y del Estado.

 

Pueden creerse enemigos irreconciliables, hasta incluso matarse; pero, ambos necesitan del enemigo, para definirse como lo que dicen que son en el campo político. No saben que comparten una misma episteme, un mismo formato en el ejercicio del poder, a pesar que sus “ideologías” sean diferentes y opuestas. Pueden favorecer unos a unas clases, otros a otras clases, unos a las mayorías, otros a las minorías; sin embargo, el monopolio del poder por parte de la clase política, genera diferencias sociales, y replantea las desigualdades, modifica las estratificaciones sociales; empero, no las hace desaparecer. Por eso, el socialismo, como ideal, tal como lo dibuja la “ideología”, no pudo materializarse con el ejercicio del poder por parte del partido “revolucionario”.

 

Resolver este problema, con la interpretación inocente, de que los “revolucionarios” en el poder, “traicionaron” a la “revolución”, son unos usurpadores, no hace otra cosa que mantener la incomprensión del poder, de sus funcionamientos complejos y disímiles. Es tener una idea vaga del poder, como Estado o como malla institucional, utilizable para los fines propuestos. No hay “traidores”; las formas distintas de la teoría de la conspiración, no explican, sino confunden con sus reducciones atroces de la complejidad política.  Lo que hay es hombres enamorados del poder; unos pueden lanzarle flores sociales a esta maquinaria fabulosa de las dominaciones; otros pueden lanzarle flores de eficiencia económica a la misma maquinaria; pero, ambos disputan la bondad esperada del poder.

 

La tercera conclusión puede ser la siguiente: el contraste político aparece como contra-poder en lucha contra el poder. No se trata de un poder de una forma contra el poder de otra forma; un poder “socialista” contra un poder “capitalista” o burgués. El poder, la estructura y la forma de poder los acerca, mucho más de lo que creen distanciarse. Lo que tiene dañada a la vida, desde hace tiempo, es pues el ejercicio del poder, su continuidad y reproducción, en cualquier forma que sea.  El problema de las sociedades, el problema para la vida, es el poder, su recurrencia, su restauración intermitente, sea el discurso que sea, sea la “ideología” que sea. La tarea democrática es de-construir los discursos de poder, en toda su variedad, es desmantelar la maquinaria fabulosa del poder, con todos sus engranajes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Usanzas políticas postizas

 

 

 

 

En el sistema-mundo cultural, además de ser sistema-mundo político, componiendo con la economía-mundo el sistema-mundo capitalista, sistema-mundo en la época de la simulación, sobresale el teatro político, las actuaciones forzadas de la clase política, además de las usanzas políticas postizas. Los artefactos de la artificialidad preponderan en los escenarios políticos[8].

 

El ejercicio del poder en el campo político se ha convertido en una permanente algarabía de actuaciones; la mayor parte de las veces, sin guion, improvisadas.  No siempre los actores políticos son buenos comediantes; entonces, fuera de develar torpemente la forzada escena, aburren y molestan por la grotesca comedia. La expansión de los medios de comunicación, su uso compulsivo, ayuda a cubrir estas falencias; intentando construir, a través de andamios mediáticos, mitos, imágenes pretendidamente heroicas o mesiánicas; siempre en el contexto de las tareas de legitimación de los “aparatos ideológicos”. Sin embargo, este encubrimiento no dura mucho tiempo; tampoco, en la mayoría de los casos, logra cubrir las falencias, ni siquiera en la coyuntura álgida[9].

 

Sin embargo, la escena política postiza sigue su curso, haya o no haya público que crea. Pues no se trata de convencer, sino de seguir un formato, como curso de la inercia, para cumplir con las formalidades del caso. Por ejemplo, puede quedar evidenciado el delito constitucional de contratos lesivos al Estado, que no cumplen con las normas de bienes y servicio; empero, el tratamiento de la evidencia toma otros caminos. Puede comenzarse por la pregunta tardía de si hubo o no “tráfico de influencias”. Cuando este ya no es el problema sino el delito flagrante contra los bienes y recursos del Estado, contra la propiedad de todos los bolivianos. La escena montada se da en la Comisión de Investigación del supuesto “tráfico de influencias”.

 

Primero, se encierra a la acusada de cometer el “tráfico de influencias” -, que no es más que un “palo blanco” de estructuras de poder encargadas de inducir determinados contratos con identificadas empresas, sobre todo trasnacionales -, sin cumplir con los requisitos formales; atropellando sus derechos ciudadanos constitucionalizados. Después se la amenaza para evitar que su denuncia o su versión sean dichas. A continuación, cuando se llega a acuerdos secretos, entonces la Comisión de Investigación acude a interrogarla; empero, en la cárcel; no así en el Congreso como corresponde. Además, evitando sea escuchada la interrogación y las respuestas a través de los medios de comunicación. La conclusión de la Comisión es que no hubo “tráfico de influencias”, porque, cuando se le preguntó a la acusada si hubo o no tráfico de influencias, ella dijo que no. Esta conclusión, sin premisas, ni mediación lógica, es a la que llega la Comisión, sin ningún rubor en la cara[10].

 

Siguiendo nuestra exposición, este es un ejemplo de usanza política forzada, no lograda, sino torpemente armada, sin llegar a conformarse la tosca trama. Cuando a los actores mediocres no les inquieta que su actuación sea grosera, estamos ante un ejercicio de poder pusilánime, al que no le interesa para nada las apariencias. Pues consideran que están en condiciones de uso de fuerza como para imponer semejante argumentación descabellada. Cuando no importa ya nada, salvo el salvarle el pellejo al jefe, estamos ante la decadencia más desdichada.

 

Si hay parte del pueblo, mayor o menor, que soporta semejante atroz montaje, quiere decir que la pusilanimidad ha contagiado a esa parte del pueblo. Entonces la decadencia no solo arrastra a la clase política, al Estado, al gobierno, sino también a esa parte del pueblo.  Estas escenas montadas son destructivas; desmoralizan, corroen el espíritu popular; desarticulan las fuerzas del proceso de cambio, convirtiendo a las organizaciones sociales, en dispositivos de relaciones clientelares. No solamente destruyen el proceso de cambio, sino arrastran, en esta destrucción, a la nación misma, a la sociedad institucionalizada misma. Cuando ocurre esto, se patentiza que a los gobernantes no les preocupa las consecuencias, salvo el salvar el pellejo, salvo mantener el poder, con el apoyo del auxiliar recurso usado, dejando la convocatoria a la movilización a un lado. Exacerbada desmesura de las relaciones clientelares expansivas, que corroen a las instituciones y corrompen a las personas, sean funcionarios o usuario. Estos señores son, en pleno sentido, irresponsables, fuera de ser piltrafas humanas, considerando el derrumbe ético y moral.

 

¿Por qué se llega a estos niveles de decadencia? Esta pregunta tiene respuestas; desde nuestras perspectivas, en distintas etapas de la crítica, ha sido respondida por análisis críticos e interpretaciones deconstructivas, cada vez más incorporadas en la perspectiva de la complejidad. Ahora, no queremos recurrir del todo a esas respuestas ensayadas, sino que queremos continuar con el estilo del penúltimo ensayo, Dinámica paradójica y poder.

 

En Dinámica paradójica y poder, expusimos la interpretación compleja del funcionamiento del poder, en las formas heterogéneas desplegadas; incluso manifestando disimilitudes incongruentes; empero, cuya conexión, entre distintos planos de intensidad, coadyuva a la continuidad del ejercicio del poder. Retomando esta perspectiva, respecto a la pregunta sobre la decadencia, podemos decir que se llega, a los asombrosos niveles de decadencia, debido a que la decadencia es el costo que se paga por preservar el poder, que ya es anacrónico, en todas las formas y variedades posibles. Puede el partido gobernante lograr preservar el poder y dilatar su tiempo gubernamental; empero, el costo es precisamente la decadencia generalizada. Considerando la rutina de los intercambios partidarios en el poder, aunque se den en el mediano plazo, como las distintas versiones enamoradas del poder solo tienen en mente esta referencia imaginaria del poder, como centralidad necesaria, el costo mayor es la decadencia misma del Estado.

 

La decadencia no es una fatalidad, ni una condena del destino; es un fenómeno morboso, que se podía evitar; por lo menos, en el ciclo Larco de las instituciones. Para que ocurra esta alternativa, la de evitar la decadencia, es menester que los pueblos se liberen del imaginario anacrónico, barroco y aterido del poder. En realidad, no dependen efectivamente del poder, aunque dependan imaginaria y subjetivamente de esta relación de dominación, pues fueron y son efectivamente los creadores de las mallas institucionales, que hacen al poder. Sin embargo, esto no ocurre; se trata de sujetos sociales constituidos por los diagramas de poder, entonces, de subjetividades subordinadas a los mitos, representaciones e imaginarios del poder; incluso subjetividades acostumbradas a las escenas grotesca del ejercicio del poder.

Pareciera que no hay salida. Pues pareciera que estamos atrapados en el círculo vicioso del poder, del que parece que no es posible salir. Sin embargo, el poder no captura a todas las fuerzas sociales; solo se apropia de parte de la potencia social. Tampoco, en la constitución de sujetos dominados, no abarca todo el espesor del sí mismo. Esta excedencia de posibilidades, de energía sobrante de resistencias, que incluso puede desembocar en rebelión, es lo que impide que el sueño absolutista del Estado se materialice, pues no ocupa absolutamente a la sociedad ni al cuerpo, donde anida el sí mismo. La parte no ocupada de la sociedad por el Estado es la sociedad alterativa, que escapa a sus capturas, también, en muchos casos, a sus controles. Por eso, el Estado se siente constantemente amenazado; más bien, a diferencia de las interpretaciones que sugieren resistencias en las multitudes, colectivos y pueblos, es el Estado el que resiste, conservadoramente, al constante desborde social. Cuando no emerge este excedente social y de potencia social creativa, es que concurre como un pacto inconsciente entre Estado y sociedad; un pacto implícito, aunque no se tome consciencia del mismo. Este pacto supone el acuerdo de paz social, logrando como un equilibrio inestable del poder. Aunque no se lo diga, hay determinados límites, que no se podría cruzar. Dentro de los cuales es posible el apoyo popular o, en su caso, en parte indiferencia a lo que haga o deje de hacer el gobierno. En las proximidades de estos límites, es posible la tolerancia, a pesar de la evidente crisis política y de legitimidad[11]. Empero, ¿qué pasa cuando se cruzan esos límites y no hay reacción popular?

 

¿La pusilanimidad ha degradado al grueso de las singulares voluntades populares? ¿El poder logra convencer, a pesar que lo haga cada vez con menos credibilidad y disminuida legitimidad? ¿O ya se trata de la decadencia generalizada, que arrastra al Estado y a la sociedad? Estas preguntas son difíciles de contestar; requieren de investigaciones en profundidad de estos tópicos. Sin embargo, podemos lanzar ciertas consideraciones hipotéticas, al respecto, sin pretender dar respuestas a las preguntas.

 

 

 

Consideraciones hipotéticas

 

  1. Nadie ni nada, socialmente hablando, está fuera del sistema-mundo capitalista, del sistema-mundo-cultural, del sistema-mundo político. Que se encuentre en estos sistemas-mundos de maneras singulares y diferenciales, definiendo combinaciones de composiciones complejas singulares, locales, nacionales y regionales, es precisamente el modo de subsumirse en el sistema-mundo.

 

  1. Una de las tendencias incidentes en las configuraciones del sistema-mundo, es la inclinación masiva al conformismo; optando por paraísos artificiales y cultura de la banalidad, en vez de luchar por emancipaciones y liberaciones múltiples, en vez de muñirse de hermenéuticas culturales enriquecedoras.

 

 

  1. Si bien, a lo largo de la fase del capitalismo tardío, bajo la explicita dominancia del capital financiero, sobre el capital industrial, se han dado movimientos sociales anti-sistémicos, colectivos contestatarios e interpelaciones agudas a las estructuras dominantes y hegemónicas del Estas emergencias e irrupciones sociales son esporádicas, intermitentes y dispersas. La magnitud demográfica de los pueblos persiste en la modorra del conformismo; la lucha se restringe, salvo en crisis nacionales sonadas, a los colectivos activistas.

 

  1. Contra lo esperado, por el optimismo político, los llamados gobiernos progresistas ocasionan, en vez del fortalecimiento de las organizaciones sociales, en vez del efecto multiplicador de la pedagogía política y de la formación colectiva, el debilitamiento de las organizaciones sociales; incluso su desmantelamiento; sustituyéndolas por apócrifas representaciones forzadas. En vez de la formación social, sobre la base de la experiencia política, en vez de la pedagogía política, masificada, se produce la deformación de lo aprendido, el incremento del apego a la facilidad del autoengaño, el embotamiento sin pedagogía, optando, más bien, por los discursos pobres de la argumentación clientelista.

 

 

  1. La continuidad de las luchas sociales hacia las emancipaciones y liberaciones múltiples, en el contexto de gobiernos progresistas, se hace mucho más difícil, que cuando se resistía y se interpelaba, alcanzando a la rebelión, contra los gobierno neoliberales. Los gobiernos progresistas se presentan como gobiernos populares y de “cambio”; defensores de las mayorías excluidas. Esta carta de presentación inhibe la capacidad crítica y de movilización. Cuando el gobierno progresista, deriva en claras expresiones y prácticas políticas, parecidas a la de los gobiernos neoliberales, aunque lo haga con otros discursos y otras convocatorias, se hace notoria esta inhibición y obstrucción de las voluntades transformadoras.

 

  1. Las herencias milenarias de las genealogías del poder, que conformaron en siglos las máquinas fabulosas de poder y las maquinas destructivas de la guerra, se encuentran consolidadas en las mallas institucionales, incluso en las instituciones sociales, tal que las monstruosas maquinarias parecen como imposibles de desmantelar. En el imaginario conformista, esta creencia se presenta como una fatalidad, que hay que aceptar pragmáticamente.

 

 

  1. La crisis de los gobiernos progresistas tendría que ser tan profunda, tan amenazadora, como para reaccionar socialmente ante la decadencia. Empero, a pesar de los niveles de la crisis múltiple del Estado-nación, y de la evidencia de la corrosión gubernamental, la imagen de un gobierno todavía popular, a pesar de lo maltrecha que se encuentre esta imagen, mantiene ciertas lealtades sumadas a tolerancias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Remolinos de la crisis política

Aproximaciones al análisis de la crisis política e institucional de Brasil

 

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La clase política tiene sus referencias en la coyuntura, como si fuese el ojo de la tormenta; extendiendo un poco, el momento político. Se puede decir que, la extensión de las referencias llega, en el mejor de los casos, a ampliarse en el presente dilatado, como historia reciente[12]. No alcanza a extender sus referencias en el mediano plazo, menos en el largo plazo. No hablamos de la memoria corta, la memoria mediana y la memoria larga, que no se asemejan a la referencia corta, referencia mediana y referencia larga; pues la memoria corta supone la memoria mediana y la memoria larga; incluso activa a éstas, las hace presentes.

 

En Brasil, los partidos conservadores, catalogados de “derecha”, ya sean de “centro derecha” o de “derecha” a secas, solo tienen en mente la coyuntura crítica del gobierno de Dilma Rousseff. Pueden ampliar sus referencias a las gestiones de gobierno del PT; muy difícilmente llegan a visualizar, definiendo sus referencias, en la historia reciente. Mucho menos se trata del ciclo mediano de la historia; es ya imposible que lo hagan en los ciclos de estructuras de larga duración de la historia. Acusan al gobierno de Roussef de corrupción; empero, se refieren a préstamos de bancos públicos, efectuados por el gobierno, para cubrir huecos en el presupuesto o para equilibrarlo. El juicio propuesto y aprobado por la cámara de diputados a la presidenta Dilma Rousseff se basa en esta acusación, que no es exactamente corrupción, sino por una interpretación capciosa y manipulada técnicamente. La acusación, monitoreada y orientada por el presidente de la cámara de diputados, Eduardo Cunha, viene de alguien acusado por la fiscalía por corrupción, en uno de los casos escandalosos que involucra a PETROBRAS. Al final, acusación apoyada, nada más ni nada menos por el vicepresidente del gobierno, Michel Temer, que si prospera la aprobación de la cámara de diputados en la cámara de senadores, sería virtual presidente, sustituyendo a la probable destituida Rousseff[13].

 

Como puede verse, los acusadores no son trigo limpio; mas bien, conocen muy bien estos recovecos de la economía política del chantaje, de la corrosión institucional y de la corrupción. El problema es que el gobierno progresista no ha escapado a esta herencia del poder, que conecta las formas del poder institucional con las formas del poder paralelas, las formas del poder luminoso con las formas del lado oscuro del poder. El poder funciona efectivamente de esta manera; creer que puede funcionar solo contando con el lado luminoso e institucional del poder, no solo es una muestra patética de candidez, sino desconocer la historia política. Lo que no deja de asombrar es que el gobierno progresista, lo haga, caiga en esta gravitación de las formas coaligadas del poder efectivo, de manera más extendida y en el caso, con las magnitudes de ingresos de la economía de una potencia emergente, es decir, en escalas mayores.

 

Los escándalos de corrupción develados, en relación a PETROBAS, comprometen a “izquierda” y “derecha”, a gente de peso del gobierno progresista y de los gobiernos neoliberales. Nadie escapa a este síndrome de la economía política del chantaje. No es casual que la acusación se haya detenido en el tecnicismo del manejo de fondos públicos, prestamos anticipados, de parte del gobierno, y no se haya ahondado en la investigación de los diagramas de la corrupción; pues, en esto están comprometidos todos. En consecuencia, la aprobación de impeachment, impedimento, por parte de la cámara de diputados, puede ser legal, por el tecnicismo jurídico, pero, no es honesta.  Solo toma un problema, por cierto, sujeto a interpelación; sin embargo, no considera la problemática mayor, la economía política del chantaje, de la corrosión institucional y la corrupción.  Estos espacios matriciales de la crisis institucional y de la crisis política, son tabús para la clase política.

La víctima no es exactamente la presidenta y su gobierno, tal como interpreta la “izquierda” institucionalizada de América Latina, que hace gala de su apego al mito patriarcal del caudillo, y muestra patentemente su anacronismo “ideológico”. Anacronismo imaginario aterido, anclado en las glorias de revoluciones pasadas, que le sirven de escusas para sus pragmatismos presentes, que no salen de un reformismo timorato. Usando la metáfora de la víctima, la víctima es el pueblo brasilero, expoliado por la oligarquía de café con leche, sometido por las dictaduras militares, despojado y desposeído por los gobiernos neoliberales y escamoteado por los gobiernos progresistas. Estos últimos, que eran la expectativa del pueblo, que votó por el PT, consecutivamente, otorgándole la mayoría, que se los consideró esperanza en la perspectiva de lograr la transformación estructural e institucional de Brasil, después de iniciar el proceso de cambio, se estancaron, en un momento, llegando a un punto de inflexión, donde comenzaron la regresión, restaurando las viejas prácticas; conformando nuevas élites, nuevos ricos, engrosando con dirigencias sindicales a la renovada burguesía.

 

Lo calamitoso de la situación, como ocurre con los otros gobiernos progresistas de Sud América, es que estos gobiernos y sus diletantismos terminan destruyendo la capacidad de organización, de resistencia y de lucha de los movimientos sociales anti-sistémicos. Entonces, cuando llega la crisis, el pueblo, las mayorías, las multitudes, quedan desarmadas, desmoralizadas y abatidas, dejando la iniciativa a las conocidas “derechas”, tan crápulas como de quienes se esperó otros comportamientos y conductas políticas.   Pareciera que la historia se repite, como en círculos viciosos; el comentario incauto habla hasta de la simple figura del péndulo; esto es de la rutina de pasar de gobiernos progresistas a gobiernos conservadores, y viceversa. Pero, no es tan así, salvo en lo que respecta a las revoluciones, las inaugurales, que se presentan como tragedias o, si se quiere, mejor, como gastos heroicos; en cambio, las segundas y las siguientes, se presentan como comedias o, si se quiere, como simulaciones, como ahorros de gastos heroicos, como pragmatismos oportunistas. Lo que parece más bien ocurrir, es la degradante marcha de la decadencia de la clase política, de los gobiernos, del Estado.

 

Obviamente, que si viene un gobierno conservador, sea de “centro derecha” o de “derecha” a secas, no es, de ninguna manera, una solución a la crisis, sino todo lo contrario, un ahondamiento de la crisis. Esto no quiere decir, que hay que defender, sin miramientos, al gobierno progresista, como propone la “izquierda” oficialista de América Latina, pues esto es seguir el rumbo de la crisis por los caminos de la auto-contemplación “ideológica” y el autoengaño, arrastrando en el desastre a los pueblos. ¿Dónde está la salida? ¿Hay salida?

 

La trampa de las revoluciones, que corresponden al gasto heroico de las multitudes, es que no salieron del círculo vicioso del poder, creyendo que el poder es un instrumento neutral, utilizable para las transformaciones. Exagerando, lo único que se transformó fueron los “revolucionarios” y su partido, en el gobierno; sufriendo una metamorfosis extraña. Se fueron convirtiendo, poco a poco, en algunos casos abruptamente, en la nueva élite dominante, usufructuando el poder a nombre del proletariado, a nombre del pueblo, a nombre de los oprimidos y las subalternas. Ejerciendo el poder, incluso contra el proletariado y el pueblo, que según la “ideología” oficial, le faltaba formación o estaba contaminado por la “ideología” burguesa y la “propaganda imperialista”. Los gobiernos progresistas del siglo XXI han repetido esta increíble y triste historia, solo que de una manera más histriónica, más mezquina.

 

La situación de la álgida coyuntura parece un callejón sin salida. Sin embargo, no es efectivamente así, pues anida en las constelaciones corporales de los pueblos la potencia social; sólo que se halla inhibida, en parte, capturada por las mallas institucionales del Estado y, ahora, por las redes de la demagogia populista o reformista. ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad históricas-políticas-culturales para que la potencia social se libere?

 

Sin pretender lanzar ninguna fórmula, sino sugiriendo hipotéticamente tópicos estratégicos sobre la mesa de debate activista, proponemos lo siguiente:

 

En primer lugar, siguiendo esta interpretación, es menester salir del círculo vicioso del poder. Las emancipaciones y liberaciones múltiples no son realizables dentro de este círculo repetitivo, salvo como simulación; es menester desmantelar las máquinas fabulosas del poder. Así como es indispensable de-construir las formaciones discursivas de las “ideologías”.  En segundo lugar, es urgente la pedagogía política de las multitudes, sobre la base de las propias experiencias sociales y la recuperación reflexiva del tiempo perdido, activando críticamente las memorias sociales. En tercer lugar, es necesario componer y conformar formas de organización social auto-determinantes y autogestionarias, que se proyecten como autogobiernos. Hacer posible y realizable la democracia, que no puede ser sino radical, y en el ejercicio de autogobiernos. En cuarto lugar, acabar con el mito de las fronteras nacionales de los estados y republicas, inventadas por las oligarquías. La Confederación de Autogobiernos de los Pueblos se presenta como el horizonte político nómada – político en sentido ampliado – del desenvolvimiento de la potencia social a escala mundial.

 

 

Imaginarios y prácticas

 

 

 

Una pregunta de inicio: ¿Qué es lo que prepondera, los imaginarios o las prácticas? Pregunta fundamental, por cierto. Antes de entrar al análisis de la misma pregunta y de su pertinencia, vamos a tomar la pregunta tal como se enuncia. Si fuese lo primero, es decir, los imaginarios los que preponderan, entonces, asistiríamos a un mundo movido por lo imaginario, por la trama de las representaciones, por las “ideologías”. ¿Pero, un mundo imaginario, que incide en la realidad, de ese modo, por voluntades y prácticas, investidas de las representaciones portadas, qué tiene de efectivo, en el sentido de su realización material? De todas maneras, las acciones humanas, motivadas por las representaciones, inciden en el mundo efectivo, ocasionando efectos masivos, que dan lugar a moldeados del mundo, aunque estos efectos, la forma que adquiere el mundo, no sean controlados por las sociedades. Entonces, las sociedades desencadenan efectos, consecuencias, situaciones, incluso globales, no controladas.

 

Por otra parte, si son las prácticas las que preponderan; en otras palabras, si es la experiencia social la que orienta, incluso incidiendo en la transformación de los imaginarios, de las tramas representativas, de las “ideologías”, entonces, asistiríamos a mundo movido por aprendizajes de experiencias sociales; aprendizajes que ayudan a mejorar las condiciones de posibilidad, a resolver no solo problemas, sino también errores cometidos. En este caso, teóricamente, estamos próximos a un control de los efectos desencadenados por las prácticas. ¿Pero, se da efectivamente un mundo así? Cuando los datos más bien nos muestran la permanencia de las representaciones, la fijación de las “ideologías”, que ancla a las sociedades, sobre todo a sus instituciones, en anacronismos conservadores.

 

Una evaluación de las historias sociales, políticas y económicas, de las sociedades modernas, se inclina a sugerir que la tendencia, que parece de peso en la incidencia, en la orientación de las prácticas, es la de los imaginarios. Sin que esto quiera decir que tenga una preponderancia absoluta, incluso preponderancia a secas, en ciertos periodos. Sin embargo, las historias singulares también nos muestran que se dan lapsos, en las sociedades, donde se cuestiona la veracidad de las tramas representativas, de las “ideologías” afincadas institucionalmente. Es cuando las ideas anacrónicas, que no dan cuenta de lo que ocurre, de las problemáticas desafiantes, son desechadas, puestas como en museos, archivadas como documentos históricos. Por lo tanto, no se puede hablar de preponderancia, en un caso u otro.

 

Lo que parece darse, tomando en cuenta, solo estas figuras, pues hay otras, como en el medio, para decirlo ilustrativamente, son juegos de combinaciones entre los imaginarios y las prácticas, las “ideologías” y las experiencias sociales. La experiencia social no genera inductivamente representaciones; primero, descriptivas; después, interpretativas; para derivar en explicativas. No es del silencio que se llega al sonido, no es desde la espesura de las experiencias incrustadas en el cuerpo, que emerge un conocimiento puro. Esto es un supuesto empirista demasiado simple, demasiado inductivo, por así decirlo, que no explica como sucede esto. Solo lo supone. De los cuerpos sociales de los que hablamos, tanto de cuerpos colectivos como de cuerpos individuales, éstos no nacen en la desnudez de la naturaleza, por así decirlo, usando una metáfora moderna, con la que no estamos de acuerdo. Como decía Emile Benveniste se nace en el lenguaje y desde el lenguaje se nombra al mundo; se nace en la cultura y desde la cultura se simboliza al mundo; se le otorga un contenido alegórico. Por lo tanto, los imaginarios, las representaciones, las “ideologías”, son instrumentos que coadyuvan en la interpretación de las experiencias.

 

Aunque no estamos de acuerdo con esa separación binaria ente naturaleza y cultura, separación que forma parte de la episteme moderna, la vamos a usar, para ilustrar. Acordémonos, que el pensamiento complejo hereda un lenguaje, que no puede cambiarlo a su antojo; lo que puede hacer es usarlo como ámbitos metafóricos, puede deconstruir sus entramados, y con este trabajo de topo no solo renovar el lenguaje, sino transformarlo; a la larga inventar lenguajes que sean adecuados a la perspectiva de la complejidad.

 

Las condiciones de posibilidad dadas de la cultura, en un momento determinado, en un contexto dado, inciden en la misma experiencia social, incluso en la misma experiencia individual. Si bien la experiencia percibe inmediatamente los fenómenos, que afectan al cuerpo, la percepción no es registro mudo y sin imágenes; al contrario, se trata de experiencias asumidas, inmediatamente, desde imaginarios que forman parte de la sociedad misma. Se trata de experiencias a las que se les atribuye nombres, sobre todo, tramas de narrativas colectivas, de mitos heredados. De experiencias que adquieren no solo el espesor transmitido por los sentidos, sino el espesor simbólico. Es más, cuando heredamos teorías, las experiencias adquieren las lógicas que las teorías suponen.

 

No es tanto que los imaginarios y las experiencias se mezclan, sino que no hay experiencia social sin dinámica de imaginarios. Tampoco se puede hablar de imaginarios y de prácticas como entidades autónomas; los imaginarios se activan precisamente por la experiencia social. Entonces, debemos hablar de un bloque, por así decirlo, de una articulación inmediata de imaginarios y prácticas. Los fenómenos a los que asistimos tienen el carácter de experiencia-imaginaria, así como de imaginación-en-experiencia. Se trata entonces, de una composición compleja, que adquiere su singularidad por sus combinaciones específicas. En la modernidad se ha tomado a la imaginación, con todas sus formas “evolucionadas”, usando esta metáfora, y a la experiencia, como entidades separadas, como si se efectuaran autónomamente, cada una. Puede que esta conjetura, metodológica, en el mejor sentido, haya ayudado a armar teorías explicativas, sobre todo, ayudado, en las condiciones de las primeras etapas de la modernidad, a desarrollar investigaciones analíticas. Sin embargo, en la medida que se llegó a un entendimiento más detallado de estos fenómenos, ya se miren por el lado empírico o se miren por el lado teórico, las teorías logradas se enfrentaron a la complejidad, sinónimo de realidad. Cuando llegaron a este punto, retrocedieron aterradas, defendiéndose ante lo que consideran caos, desde la perspectiva de los esquematismos dualistas. Optaron, mas bien, por reafirmar sus ateridos esquematismos dualistas, en versiones, cada vez más especulativas; se podría decir, cada vez más “ideológicas”. Esta es la etapa conservadora, reaccionaria y anacrónica de la episteme moderna.

 

El pensamiento complejo se abre espacios desbrozando estas enredadas defensas de una epistemología anacrónica; empero; celosa y empedernida. Incluso, ahora, en esta actualidad, lo preponderante, incluso en las universidades, es el prejuicio soterrado de la epistemología esquemática de los dualismos.

 

En este sentido, las universidades se han convertido, en los dispositivos conservadores de la reproducción institucionalizada de la “ideología” epistemológica dualista, pretendida científica. Son las instituciones de defensa de los prejuicios interpretativos del Estado, frente a los claros desbordes de fenómenos complejos, que se hacen presentes. Pues no se puede ocultar lo que acaece, debido al creciente manejo y acumulación de la información, a la erudición histórica y de teorías, ante la experiencia social acumulada.

 

Volviendo al tema, la interpretación hipotética, emitida por nosotros, desde la perspectiva de la complejidad, es que estamos ante fenómenos complejos, que combinan, por así decirlo, facultad imaginaria con facultad receptiva y activa práctica. Lo que se da es esta compleja dinámica, no una composición, posterior, de entidades, supuestamente separadas. Otra vez, se trata de la simultaneidad dinámica de fenómenos complejos.

 

Se trata de interacciones del cuerpo con otros cuerpos, que se hacen presentes, a través de la experiencia. Los cuerpos no se afectan, por partes, como ordenes clasificadas, según separaciones abstractas. Los cuerpos actúan en toda su integridad; así también son afectados integralmente. La capacidad de imaginación ya se halla inscrita en la dinámica de la vida misma. Es esta capacidad la que adquiere formas particulares en las sociedades humanas, formas que tienen que ver con el lenguaje y la cultura. El cuerpo también contiene la capacidad de memoria sensible, como toda forma de vida; capacidad que le permite recibir información, además decodificarla biológicamente, a través de sensaciones integradas como percepción. El cuerpo es una máquina orgánica, por así decirlo, de concebir mundos; mundos creados por acciones integrales sociales, mundos que constituyen a subjetividades mundanas de las sociedades.

 

Considerando estos devenires, no se puede sostener un conocimiento verdadero, un conocimiento científico, salvo si consideramos este concepto metodológicamente.  Los conocimientos logrados son instrumentos provisionales, que orientan las acciones, en un momento y contexto determinados. Si estos instrumentos dejan de ser provisionales, y se convierten en verdades, incluso científicas, entonces se vuelven obstáculos epistemológicos, en el sentido que le daba Gaston Bachelard. Impiden ver, impiden comprender, así como impiden conocer. Es cuando el discurso pretendidamente científico, sobre todo, en sus versiones teóricas, se vuelve reiterativo, repetitivo, expresando lo mismo en distintas versiones. Ya no aporta al conocimiento, mas bien, lo detiene, absorbiendo todo lo que contiene, hasta dejarlo seco. Incluso, cuando es solo pellejo, sigue insistiendo con el fantasma desprendido, una vez que efectivamente ha muerto el paradigma.

 

Si hubo una etapa, en la modernidad, aperturante de las ciencias y las tecnologías, desencadenando transformaciones en las estructuras sociales, a partir de un determinado momento, punto de inflexión, las ciencias y las tecnologías fueron atrapados por las estructuras de una sociedad institucionalizada, sobre todo, por la institución imaginaria de la sociedad, el Estado. Se puede decir, que desde un momento del siglo XX hasta la actualidad, ingresando a la segunda década del siglo XXI, las ciencias y las tecnologías están inhibidas, encajonadas, convertidas en instrumentos restringidos al servicio de la acumulación de capital. No dan, de sí, todas las posibilidades que contienen.

 

En este sentido, los imaginarios de la modernidad tardía, tienden a cierta preponderancia relativa, que incide en la desorientación de las prácticas sociales, arrastrando a las sociedades a sufrir los efectos destructivos de sus propias acciones y prácticas. El mundo que se construye es un mundo despojado de sus capacidades vitales, un mundo desposeído de sus voluntades creativas; se construye un mundo vaciado, ahuecado, encaminado a su propia muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imaginarios y complejidad

 

 

 

La imaginación forma parte del cuerpo, los imaginarios forman parte de la realidad, sinónimo de complejidad. No se puede entender la imaginación sin el cuerpo, como tampoco se puede entender el pensamiento sin el cuerpo; el pensamiento y la imaginación forman parte de las dinámicas del cuerpo. De la misma manera, se puede decir que, los imaginarios forman parte las dinámicas sociales, las cuales forman parte de las dinámicas ecológicas. No se puede concebir imaginarios sin las dinámicas sociales; así como tampoco se puede concebir las dinámicas culturales, las dinámicas de los saberes, las dinámicas de las ciencias y las dinámicas tecnológicas sin las dinámicas sociales, sin las dinámicas ecológicas[14].

 

No hay pues una exterioridad como referencia a la que imagina la imaginación, no hay un afuera del pensamiento, que le sirve de objeto de pensamiento. La imaginación y el pensamiento están dentro de la realidad, sinónimo de complejidad; forman parte de la complejidad de la realidad, como integralidad dinámica y simultánea. No podría darse el pensamiento y la imaginación sin esta condición integral y compleja de la realidad; la imaginación y el pensamiento se dan porque forman parte de la multiplicad dinámica de la complejidad integral, de la simultaneidad dinámica de los tejidos del espacio-tiempo.

 

Desde la perspectiva de nuestra interpretación, decimos que la imaginación y el pensamiento se encuentran en las energías y materias del universo o pluriverso, en sus plurales y singulares formas compuestas y combinadas[15]. No es atributo solamente biológico, como lo concibe la teoría de la complejidad de Edgar Morin, ni mucho menos, solo un atributo humano, como el circunscrito antropocentrismo lo ha concebido y ungido de centralidad mitológica. La imaginación y el pensamiento están insertos en las formas de existencia de las materias y energías del universo[16]. Ciertamente, en sus plurales formas conformadas.

 

La presencia singular de la forma de pensamiento humana se hace explicable por esta composición compleja del universo, que contiene en sus contexturas y combinaciones, a esta dinámica singular de la imaginación y el pensamiento, en sus distintas formas y composiciones. Que obviamente no conocemos, pues, al partir del prejuicio de que el pensamiento y la imaginación son atributos solamente humanos, los humanos nos hemos encerrado en una cápsula, convertida, además, imaginariamente, en una centralidad cósmica. Centralidad imaginaria que fue decentrándose, en la medida que la percepción y el saber físico deshizo estos mitos. Si bien ha ocurrido esto, la centralidad que todavía se mantiene, como prejuicio, es la centralidad del pensamiento y la imaginación, que para esta ciencia antropocéntrica, conforman la inteligencia, haciendo que la inteligencia sea propiamente un atributo humano. Esta centralidad supuesta es obviamente un prejuicio antropomórfico, que persiste como un obstáculo epistemológico; impidiendo visualizar la complejidad. Además de obstaculizar la explicación o la interpretación adecuada del pensamiento y la imaginación.

 

El ser humano como complejidad singular, comprendiendo la filogénesis y la ontogénesis, que lo hace posible y viviente, está conectado a los seres complejos y singulares del universo. Que no sea consciente de esto, muestra, mas bien, que su “ideología” antropocéntrica ha alterado la interpretación de los datos, de los fenómenos captados por el cuerpo. Desechando gran parte de la información percibida por el cuerpo; seleccionando lo que le conviene a la “ideología”, que construye el mito del hombre como ser racional, ser de lenguaje, ser político. Esta coraza de defensa ha terminado convirtiéndose en una cárcel para el ser humano, que requiere urgentemente, para seguir viviendo y seguir desenvolviendo la potencia social, de la comunicación con todos los seres del universo.

 

En los ámbitos, en los planos y espesores de intensidad de las sociedades, la imaginación y el pensamientos humanos, al formar parte de las dinámicas sociales y las dinámicas ecológicas, cumplen, por así decirlo, funciones orientadoras de acciones, funciones instrumentales de recepción de información, de codificación y decodificación de las mismas, además de interpretación. Estas funciones son indispensables para la sobrevivencia y la realización de la potencia social creativa. Sin embargo, cuando estas funciones, articuladas e integradas a las dinámicas complejas sociales y corporales, son imaginariamente autonomizadas, separadas, en primer lugar, del cuerpo, después, convertidas espíritu social, en la razón abstracta, que denominamos razón fantasma[17], las funciones alteradas, mitificadas, terminan generando monstruosidades, como la de la racionalidad instrumental, la mitología del conocimiento científico, antes, la mitología del conocimiento verdadero, sea religioso o filosófico. Monstruosidades, que al incidir en los comportamientos sociales institucionalizados, induce a prácticas y estructuras sociales, que se convierten en una amenaza para la vida, para los ciclos de la vida, para las ecologías, incluyendo la amenaza para la especie humana, por así decirlo.

 

El pensamiento complejo busca desbaratar esta centralidad persistente, como rudimento anacrónico, que, por su ubicación en el mapa vital de las sociedades, se ha convertido, además de obstáculo epistemológico, en una “ideología” antropocéntrica, que legitima las amenazas de máquinas de poder y de guerra. Dicho en pocas palabras, el pensamiento complejo busca liberar la potencia social.

 

El pensamiento complejo, al situar, como corresponde, al pensamiento y a la imaginación en el cuerpo, como parte de sus dinámicas, al situarlo en las dinámicas complejas de la realidad, libera al pensamiento y a la imaginación de las ataduras y restricciones impuestas por una episteme esquemática y dualista. Episteme moderna, que si bien ha servido, en parte de la modernidad, ha terminado extraviándose en sus propios laberintos. El pensamiento, como parte de las fenomenologías de la percepción, libera su potencia y da lugar a desenvolvimientos creativos, por de pronto, ateridos a las restricciones impuestas por las mallas institucionales. En este sentido, hay que reconocer, usando la connotación más amplia y adecuada del concepto de política – la de suspensión de los mecanismos de dominación -, que el pensamiento complejo supone una política; la de liberar la potencia social de la metafísica y las “ideologías” del poder, de los diagramas de poder y de las arqueologías de los saberes que lo legitiman.

 

En el ensayo anterior hablamos de imaginarios y prácticas[18], aludiendo a una de las consecuencias restrictivas de la episteme dualista. Al haber separado imaginarios de prácticas, valorizando los imaginarios, imaginariamente autonomizados, y subordinando las prácticas a las “ideologías” – lo que delata que forma parte de la economía política generalizada -, ha derivado en inhibiciones restrictivas y circunscritas de las prácticas, relaciones y estructuras sociales. Se trata de imaginarios ateridos a los paradigmas, anclados en prejuicios soterrados. Estos imaginarios no solamente obstruyen, sino como “ideologías” impiden la renovación dinámica de los conocimientos y los saberes, desarmando a las sociedades humanas ante los desafíos que afrontan. En cambio, cuando los imaginarios se toman como lo que son, como parte de las dinámicas sociales, entonces mantienen la capacidad imaginativa abierta, reproduciéndose en la complejidad, potenciando su capacidad y sus funciones. A esto llamaba Cornelius Castoriadis imaginario radical; en tanto imaginación, vinculada al cuerpo, individualizada, el mismo pensador crítico, denomina imaginación radical.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dinámicas del poder y decadencia

 

 

 

Es indispensable comprender la relación entre las mecánicas del poder y la decadencia; es decir, la relación entre estructuras y relaciones de dominación con la voluntad de nada; el derrumbe, el hundimiento civilizatorio. No por un ansia de interpelar al poder, sino por la necesidad de comprender cómo funciona el poder y por qué ocasiona el proceso de la decadencia social, institucional, política, moral y cultural. Hemos escrito sobre estos temas y problemáticas; sobre las amenazas del sistema-mundo capitalista, que contiene el sistema-mundo cultural y el sistema-mundo político; empero, ahora, quisiéramos concentrarnos en la relación entre estos ámbitos; no necesariamente causales y determinados, el uno por el otro. Sino entre ámbitos que no dejan de formar parte de una integralidad compleja. Para tal efecto, por lo menos, desde la perspectiva de las hipótesis interpretativas, vamos a sugerir un conjunto de conjeturas, que ayuden a diseñar rutas de investigación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis interpretativas

de la relación entre poder y decadencia

 

  1. No podemos hablar de poder, como tampoco de nada, como si fuese una abstracción, revelando el secreto del referente El poder, como toda existencia, es necesariamente y siempre singular; es decir, única.

 

  1. Entonces las formas de poder realizadas, efectivizadas y ejercidas, son siempre concretas y específicas.

 

  1. El poder no es solamente relación de fuerzas; esto sería hasta intrascendente, pues responde a lo que ocurre comúnmente; el poder establece relaciones de fuerza, donde emerge y se realiza la dominación.

 

 

  1. Entonces se trata de relaciones de fuerza de dominación. Puede haber relaciones de fuerza de colaboración, de apoyo o solidaridad, de incremento de potencia. Las relaciones de fuerza no necesariamente son de dominación, como se ha creído; tanto en las ciencias sociales, incluso en un investigador crítico como Michel Foucault. Esto hace preguntarnos por la situación de las otras relaciones de fuerza frente a las relaciones de dominación. Según los discursos académicos, los discursos intelectuales, hegemónicos, prepondera la forma de relaciones de fuerza de dominación. Sin embargo, no está clara esta tesis. Pues las sociedades no podrían sobrevivir si solo establecerían relaciones de dominación o, si se quiere, preponderantemente. La tesis nuestra es que las otras relaciones de fuerza funcionan, están ahí, generadas y recurrentes por la sociedad; solo que por las rejillas de la “ideología” no son tomadas en cuenta.

 

  1. Ocurre algo parecido al cuadro que presentamos. Las sociedades hacen funcionar todas las formas de relaciones de fuerza; empero, solo toman en cuenta las relaciones de dominación; subordinando a las demás relaciones, al dominio, hegemonía y determinación de las relaciones de poder. Esta actitud sesgada, convierte, imaginariamente, a las relaciones de dominación, como si fuesen la clave para comprender las sociedades. Sin embargo, son como la clave, pero, en el paradigma en uso; no, necesariamente, en la realidad, sinónimo de

 

 

  1. Las sociedades institucionalizadas no se dan cuenta que no podrían reproducirse y continuar sin el funcionamiento de las otras relaciones de fuerza, que no ejercen dominación. Se apegan a la interpretación; valoración institucional e “ideológica”, de estas relaciones de dominación, consideradas las claves para comprender a las sociedades mismas. Al hacerlo, han convertido en un fetiche al poder. No es que no exista; está ahí. Es, para decirlo inapropiadamente, real. Lo que pasa es que no solamente se dan, en la realidad, sinónimo de complejidad, las relaciones de dominación, sino también se dan un conjunto amplio de formas de relaciones de fuerzas, que no corresponden a la dominación. Este es el sustrato que sostiene el mismo ejercicio del poder.

 

  1. La pregunta es: ¿Por qué, si se trata de un conjunto coaligado de relaciones de fuerza, se interpreta como si el mundo funcionara solo a través de relaciones de poder? La hipótesis interpretativa es: Esta distorsión corresponde a la interpretación “ideológica” de las mallas institucionales, a la figura adherida en la constitución de sujetos; esta figura es el Estado. El discurso jurídico-político, legitimador del poder, por lo tanto, del Estado, tiene una mirada positiva del poder. Es como el instrumento para ordenar la sociedad; para garantizar la paz duradera, evitando la guerra de todos contra todos. Entonces el poder legítimo, el ejercido por el Estado, es indispensable para el propio funcionamiento de la sociedad. De este modo, resuelve toda la problemática de los funcionamientos institucionales de la sociedad. Como consecuencia de esta tesis, hay poder legítimo y poder ilegítimo. El poder legítimo es el del Estado, el poder ilegitimo es de todos los que ejercen esta relación de dominación, sin legalidad ni legitimidad. Por lo tanto, la problemática, según este enfoque, se reduce a la dualidad y contradicción entre poder legítimo y poder ilegitimo. Se puede decir que el poder se convierte no solamente en un paradigma, sino, incluso, en toda una epistemología. Como debía Foucault, el poder produce verdades, el poder produce realidades.

 

  1. El hecho de que se interprete así, desde la perspectiva sesgada del poder, de todas maneras, tiene efectos en la incidencia en los contextos de realidad. Al institucionalizar estas formas de concebir el mundo, induce comportamientos en la gente, en las poblaciones, ocasionando comportamientos, que corresponden al referente del poder. La “ideología” se ha cristalizado en los huesos.

 

 

  1. Esta orientación de las prácticas, a partir del establecimiento institucional de esas relaciones, apoyadas por la cosmovisión del poder, termina produciendo realidades; pero, en el sentido restringido. No como complejidad, sino como reducción de la complejidad, en el sentido menos operativo. Como recortes de realidad, donde, como en islas, se realiza la sociedad diseñada y generada por el poder, por las relaciones de dominación. La realidad como complejidad no está alterada en la magnitud que cree el Estado, sino mucho menos. No hablamos del impacto ecológico, que ciertamente es grande, sino del control, por parte del Estado, de los múltiples procesos, que conforman el acontecimiento.

 

  1. En esas islas, en esos recortes de realidad, el poder logra crear una “realidad” a su imagen y semejanza. Para el poder, esa es la “realidad”. Lo demás son especulaciones. No puede entender que esa “realidad” es el efecto masivo de sus intervenciones y sus incidencias. La realidad como complejidad escapa a su control; además, el Estado mismo forma parte de esa complejidad; no como centralidad, sino como un efecto más en el conjunto de procesos y composiciones del acontecimiento.

 

 

  1. El poder puede, en un principio, controlar ciertas condiciones, ciertos factores, y ocasionar efectos esperados. Empero, a partir de un determinado momento, como efecto diferido de sus primeras acciones y de las acciones en un presente dado, la complejidad genera una problemática inesperada. Al acaecer esto, se constata que el Estado no controla la realidad, sino que forma parte de la complejidad, siendo un dispositivo más en el conjunto abigarrado de la simultaneidad dinámica e integral de la complejidad. Lo que pase con el Estado va a depender de los resultados de las correlaciones de fuerza.

 

  1. Parece que al no controlar la realidad, como pretende su absolutismo, el Estado produce un efecto adverso a su propia reproducción, estructura, institucionalidad. Este efecto no buscado, es precisamente su decadencia.

 

 

  1. Es como si el Estado, en tanto Estado, anunciara, desde un principio, la venida de la La decadencia viene porque se ha roto la armonía con la integralidad misma de la complejidad. Al no recibir la información adecuada, al retener selectivamente parte de la información recepcionada, al decodificar desde un paradigma discutible, sobre todo, al inducir comportamientos masivos, disociados de la complejidad, el Estado, sin buscarlo, entra en la decadencia.

 

  1. La decadencia no es una fatalidad de las instituciones, sino es un efecto, si se quiere, histórico-político, de esta forma de reducir la complejidad, al tamaño de los prejuicios sociales de un periodo o década.

 

 

  1. En el fondo o, en última instancia, la decadencia es el desajuste entre sociedad y realidad, como sinónimo de La decadencia es el síntoma de la incompatibilidad de una forma de sociedad respecto a la realidad. Al no poderse adecuar a una configuración de realidad; su funcionamiento no incide como quisiera, en la realidad, sino que incide en su propio funcionamiento; ocasionando disfuncionalidades, perturbaciones, desfases, perversiones institucionales.

 

  1. Este fenómeno de la decadencia, parece haberse presentado en todas las formas de Estado, en todas las formas de gubernamentalidad, durante la Pues todas estas formas, por más que se crean contrastadas, contradictorias y enemigas, no hacen otra cosa que repetir el enfoque sesgado del poder, aunque lo hagan de distintas maneras, con distintos discursos y con diferentes “ideologías”.

 

 

  1. Al respecto, la problemática que enfrentan las sociedades, en la coyuntura crucial, se da como decadencia no solo como de la malla institucional de una de las formas de Estado, de un conjunto de formas de gubernamentalidad, caracterizadas, sino de todas las formas de Estado y de formas de gubernamentalidad, basadas en el Estado, sustentando al poder como motor central de la sociedad. Esta condición similar, los hace equivalentes, aunque crean y proclamen que son enemigos de los otros; los culpables de todos los males de la tierra.

 

  1. No hay salida en ninguno de los proyectos concurrentes por el poder, sean de una “ideología” o de otra. La lógica, el sesgo, es prácticamente el mismo. Todas estas versiones, sean conservadoras o pretendidamente “revolucionarias”, al basar su cosmovisión, pero, también sus esquemas de comportamientos, en la centralidad del poder; comparten no solamente una misma episteme, la moderna, sino generan actitudes y practicas equivalentes, aunque se proclamen opuestas. Pues, todas ellas, reproducen el poder, en tanto estructuras y relaciones de fuerza de dominación.

 

 

  1. El problema mayúsculo es que gran parte de las poblaciones, de las sociedades institucionalizadas, cree en el esquema interpretativo del poder, cree en sus “ideologías”, que, aunque sean distintas, se basan en la conjetura de la determinación del poder. Aunque, haya una tendencia, apegada al determinismo económico; el determinismo económico no es otra cosa que el determinismo de las relaciones de dominación; solo que se decodifican estas relaciones desde la perspectiva del intercambio, del mercado y de la cuantificación monetaria. Si hay debate entre los deterministas económicos, que son más evidentes, y los deterministas del poder, que son más difusos, es solamente por las características de sus interpretaciones; empero, en el fondo, sus interpretaciones distintas responden a la misma estructura de pensamiento, que supone al poder como el motor de la historia.

 

  1. No hay salida por ninguno de estos lados, por ningún enemigo declarado, sea conservador o progresista, sea capitalista o socialista; sea fundamentalista de cualquier forma discursiva barroca y religiosa. La salida se encuentra en salir de estos círculos viciosos del poder.

 

 

  1. Al ser el poder, uno de los ámbitos, en la multiplicidad de relaciones de fuerza, importa, prioritariamente, comprender el funcionamiento de la complejidad del mundo, para tener la oportunidad de incidir, de acuerdo al potenciamiento de la vida, al potenciamiento de la potencia social; logrando ocasionar decursos, si se quiere, procesos, no-decadentes, sino que armonicen con la complejidad, en tanto simultaneidad dinámica e inte

 

 

 

 

 

 

De los cuerpos y sus tejidos

 

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Este capítulo De los cuerpos y sus tejidos, del ensayo Dinámicas corporales y sociales, se busca desentrañar, por lo menos interpretativamente, la matriz de las relaciones sociales, que se encuentra precisamente en la dinámica de los cuerpos. Es como pensar las relaciones sociales, sus estructuras e instituciones, no desde la sociología y las ciencias sociales, sino desde los cuerpos mismos; sus manifestaciones, sus funcionamientos, sus percepciones y acciones. Por decirlo, de una manera conocida, aunque no del todo, por no llevar las consecuencias de lo que se dice al extremo: Pensar las relaciones sociales desde una materialidad y energética, desde unas dinámicas, que están más acá y más allá de las relaciones sociales institucionales.

 

Para comenzar a hacerlo, recurriremos a un poema, que expresa experiencias corporales, como las relacionadas a la danza. Hemos escogido uno. Lo hacemos porque la poesía está más cerca en la configuración y refiguración de las memorias del cuerpo, evocadas en poemas. Obviamente la otra fuente, entre un conjunto de fuentes, quizás ya conocidas, son la experiencia y la memoria social, además de los aprendizajes activistas. Comenzamos con el poema, que dedica su explosión metafórica al cuerpo danzante; se trata de la danza del vientre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nadie sabe lo que pude el cuerpo

 

 

 

Dedicado a Sonia, bailarina de la danza del vientre

 

 

 

Nadie sabe de la potencia del cuerpo

Tesis como de energía equivalente a materia

Del gran pensador inmanentista

Célebre contra-filósofo panteísta

Perseguido por religiones trascendentales

Teórico judío-ibérico 

Como son los sefarditas

 

Pesadilla de filosofías dialécticas

Teorías superadoras imaginarias

Como toda ideología ensimismada

De contradicciones efectivas

Cuando las reducen a conceptos opuestos

En amortiguada colisión abstracta

Como si se tratara de guerra de fantasmas

Doctrinas estatales afanadas en desterrar

Persiguiendo inquisición perdurable descontar

Al hereje iconoclasta y ácrata

 

Spinoza aguijón clavada en cabeza de filosofía

Pensador que puso en su sitio al cuerpo

Colocándolo como núcleo de percepción

Espesor vital de ecologías vigorosas

Lazo carnal de seres con Dios

Entendido como inmanencia infinita

Notas de cuerdas creadoras de energía

Y topologías diversas de materia

Habita nuestros inquietos huesos

Luminoso marfil ensueño de luna

Coagulado en esqueleto alado

En nuestra memoria sensible

En nuestras células, moléculas y átomos

En ínfimas partículas componentes de la paradoja

 

Lo indivisible dividido

Como fragmentación imposible

De punto geométrico inventado

Sin que el hombre moderno pueda imaginarlo

Quebrantado en partículas asociadas

Cada vez más mínimas

Hasta llegar a la nada creadora

 

Baruch Espinoza

Puñal clavado en el corazón de la metafísica

Abriéndole herida mortal

Dejándola sin pulso, sin argumentos

Reencontró la creación en espesura corporal

Como plasmación estética factual

Sabiduría en morfología somática

Secreto de la vida en el organismo

 

Nadie sabe la potencia del cuerpo

Como nadie sabe de la voluntad

Queriendo abarcar la inmensidad

Recorrida por las vibraciones

De las fundamentales cuerdas

 

Cuando te veo danzar

En momento arrojado al azar

Corroboro las tesis de Spinoza

En la elocuencia melódica de tus contorciones

Manejo sinfónico de vibraciones

De tu complexión musical

Como canción encantada artesanal

Como corpórea sinfonía actual

Escudriñando bóveda abismal

 

Haciendo de cada músculo una tecla de piano

O soplo melancólico de acordeón

Cuyos mensajes sabios se clavan como arpón

Ocasionando tonos de melodía somática

Composición poética narrada por oráculos

En fluidos códigos anatómicos

Pronunciados en ondulación

Como rebalse de aluvión

 

Movimientos rítmicos

Como memoria repetida de ecos

Seduciendo a miradas escrutadoras

Como topos constructores de socavones

 

Deseos de dioses mitológicos

Plurales imágenes de la Divinidad

Pretendiendo transparencia y claridad

Idea absoluta, pasión de ensueño

Estallido intrépido de comienzo sin origen

Como recurrentes recomienzos que rugen

Dios concebido como unidad

Metáfora convertida en concepto

Como si el absoluto fantasma fuese creatividad

Indiscutible certeza y verdad

Nombrado por religiones trascendentales

Como omnipresente Providencia

A la que el silencio de Buda no nombra

 

No importa el nombre ni el concepto

No importa si las culturas

Persisten concibiendo al patriarca primordial

Como único hermafrodita fenomenal

 

Ansiedad y esperanza

De demanda otoñal

En eterna despedida crepuscular

Anunciando amenazadoramente

Señalado horizonte de apocalipsis

Condena de castigo y antítesis

 

Sagrada imaginación habitual

Muy lejos del imaginario radical

Del subversivo acontecimiento

Exento de toda culpa y resentimiento

 

Importa comprender

El estallido creador

Venciendo a la nada

Derrotando a lo imposible

 

Idea de Dios panteísta

Voluntad enardecida

Deseo desbordado

Afecto rebelde

Contra la quietud

El silencio

La inexistencia

Explosión inicial 

Creadora aleatoria

De ignotos universos

 

No importa el código

Tampoco la representación

Como vaciado armazón

Donde se guarda lo que se quiere

 

Importa intuición absorbente

Conspicuo saber perceptual

Más acá y más allá de lo intelectual

Comprensión inmediata

De travieso avatar

Diseminándose como curvatura pasional

En sincronización mutante e inactual

Del espacio-tiempo proferido

 

Grito compuesto

Como aullidos de lobo

A la luna preñada por luces blancas

Fugitivas intensidades galopantes

Estampida de unicornios alados

Exploradores aventureros desaparecidos

En supuesto vacío de la oscuridad

Que es materia de absoluta versatilidad

Tumultuosos rebaños de pasiones

Inscribiendo en el paisaje

Nomadismo liso, flexible, lúbrico

Deslizándose como invención territorial

En rondas de danza ritual

 

Cuando veo tu cuerpo danzar

Tallando en atmósfera códigos anatómicos

Melodía voluptuosa ancestral

Como recitación de poema carnal

Efluvio de deseos vaporosos

Emanaciones climáticas de contextura estética

Sonata de compases sensuales

Notas ondulantes del pentagrama musical

Encanto femenino transmitido por milenios

 

Tus caderas ondulan fecundando el entorno

Percusión irradiante de erotismo

Al ritmo de flujo y reflujo

De cimbreantes olas bailarinas 

Hechizadas por la luna vestida de plata

Dibujando ritmo pausado y serpenteante

Del desnudo noctambulo desierto

 

Tus caderas fértiles

También se adelantan y retroceden

Empujando a imaginación al desvarío

Mientras tus piernas se mueven dibujando círculos

En el suelo aplanado por las plantas delicadas

De tus pies desnudos

Narrando en el tablado historias interminables

De amor y de muerte

De vida y de pasión

 

Tu vientre oscila, agitándose

Tempestades minuciosas recorriendo la piel

Al son del bolero de Maurice Ravel

Textura candorosa acariciada por sueños delirantes

Conmoviéndose ante invasión de timbales

Percusión aguda rítmica insinuante

Transgresores de tu existencia expuesta

 

Tus senos se mueven alusivos

Al compás de música árabe

Acompañando a fluctuante vibración del cuerpo

Mientras manos y brazos aletean lentamente

Alzando vuelo como cóndores custodios

De la cordillera errante

 

Ahora comprendo

Somos como flores de primavera

Consagración alegre de partículas viajeras

Invención proliferante, juego heracliteano

Travesura cosmológica de Tunupa

Amarrado a balsa de totora hundida en río

Conector de lagos sagrados

Hasta encontrarse en profundidades de la mancapacha

Como hundimiento al núcleo que deshilacha

Con hierro fundido de gravitación terrestre

Expulsado como lava volcánica

Arañando la piel del cielo en acto de amor

Arrancando gemido y clamor

Antes de caer como lluvia encendida

Abrazando, besando, diluyéndose

En la piel, en las intimidades del planeta

 

He aprendido de ti mujer danzante

La poesía escrita en códigos corporales

Pensamiento apasionado seductor de seres

Trovadores románticos en diseminación del cosmos

Como agonía acompañada de anhelantes besos

En disolución de la materia

 

Danza gitana migrante del desierto

Danza de fecundidad dejando aposentar

Delicada acuarela selenita

En vientre erótico convulsionando

Densa atmósfera nocturna

Con movimientos demandantes

De caricias dilatadas y suaves

Atrayendo a lluvia de semillas

Enterrándose en intimidad de ciclos vitales

 

Cadenciosa eterna bailarina

Pasión desbordada en flujos de energía

Irradiando ondas seductoras

Atravesando percepciones asombradas

Destrozando certezas, vulnerando costumbres

Desatando tormentas en cuerpos enardecidos

Dispuestos a invadir territorios fulgurantes

De tu fragancia incandescente

 

Las sociedades antiguas conocían más del cuerpo

La modernidad pretensiosa enterró sabidurías elaboradas

En contemplación y con asombro

En meditación y con experiencia sensual

Modernidad pretensiosa y hedonista

Convirtió amor en irrupción provisional

En placer y goce virtual

Acometimiento violento y gestual

Fugaz, desesperado

Derrotado en premura del comercio

 

Por eso danzante ondulante

Amo la memoria de tus pasos

Remembranza erótica de tus caderas orbitando

Alrededor del eje radiante de tu sexo

Sol húmedo, gravitación milagrosa

Del comienzo eterno de la vida

Armoniosa intensidad placentera

Imaginación radical del origen

Estallido inaugural sin margen

 

Las danzas han mutado

Nos dejaron la huella de su génesis

Como eterno nacimiento en éxtasis

Mitología ceremonial y ritual

Hermenéutica corporal

Interpretando fuerzas creadoras del caos

Genial inventor alquimista del cosmos

Sebastiano Monada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Potencia del cuerpo

 

Nadie sabe lo que puede el cuerpo es un enunciado de Baruch Spinoza. Comenzamos por aquí. Por más difícil que sea creer en el enunciado, el cuerpo desborda al sujeto; es anterior, incluso posterior.  No solamente el cadáver que queda, hasta convertirse en esqueleto, corrobora lo que decimos, sino también la filogénesis. En el genoma queda indefinidamente la información del cuerpo. Es más, no hay sujeto sin el cuerpo, sin el funcionamiento y las dinámicas del cuerpo; el sujeto es como un efecto del cuerpo.

 

La pregunta que vamos a hacernos es la siguiente: ¿Qué hace el cuerpo o qué hacen los cuerpos para que se den relaciones sociales? En primer lugar, toda la memoria sensible, todo el aparato perceptual, que incluye a la imaginación y la razón integradas al cuerpo, permite la comunicación, la codificación, la decodificación; por lo tanto, la interpretación, el lenguaje, que son las condiciones de posibilidad bio-sociales de las relaciones sociales, de las estructuras e instituciones sociales.

 

En segundo lugar, la energía humana está contenida en los cuerpos; emerge de los cuerpos, dando lugar a prácticas, acciones, que constituyen la materialidad misma de las relaciones sociales. En tercer lugar, son los cuerpos los que se reproducen como especie, para decirlo en los términos acostumbrados. No son ni las instituciones, ni las estructuras, ni las relaciones; la reproducción humana, es la condición de posibilidad bio-social para que los seres humanos vuelvan a establecer relaciones, sostengan y mantengan las estructuras y las instituciones, incluso las modifiquen y las transformen.

 

En cuarto lugar, las asociaciones corporales, sus composiciones y combinaciones singulares, ocasionan efectos de masa, que son los efectos sociales, que, ciertamente, no controlan individualmente. Aunque tampoco controlan las instituciones. Pueden éstas inducir y controlar parte de los efectos, pero no todos.

 

En consecuencia, se conforman corporeidades sociales, las llamadas sociedades, que no están controladas por las instituciones en toda su desbordante cobertura. Ahora bien, cuando hablamos de esta manera, nombrando sociedad y sociedades, lo hacemos, considerando sus espesores corporales y territoriales; es decir, ecológicos. Podemos sugerir que hablemos de eco-sociedades, para no confundirnos con el concepto sociológico abstracto de sociedad.

 

Las eco-sociedades también establecen relaciones, más complejas, por cierto, que las relaciones sociales ente individuos. Al hacerlo, no solamente despliegan relaciones conocidas, para hablar en general, como las de intercambio; sino que también sus territorialidades, sus ecosistemas, establecen relaciones, circuitos y recorridos. Por ejemplo, entre muchos ejemplos, nos referimos a la transferencia de minerales, petróleo, gas, bienes, productos. Se puede decir que las instituciones, las mallas institucionales, controlan en parte estas transferencias.  Sin embargo, también se dan lugar relaciones no controladas definitivamente por los humanos; incluso estas relaciones los anteceden. Se trata de relaciones de corrientes climáticas, de composiciones ecológicas, situándonos en sus territorialidades y ecosistemas; aunque, ciertamente, tenemos que concebirlas integralmente, si se quiere, como totalidad planetaria, de la biodiversidad.

 

En quinto lugar, lo que no quiere decir nada respecto a ninguna jerarquía; mas bien, puede ser al contrario, la más importante, si consideráramos un criterio jerárquico. El cuerpo mayúsculo, integral, complejo y simultáneo, es el planeta mismo, con toda su composición ecológica y geológica. En consecuencia, aunque parezca perogrullo, a las consecuencias masivas de primer nivel, las que ocasionan las practicas individuales en la sociedad; a las consecuencias masivas de segundo nivel, las que ocasionan las sociedades en el mundo; se añaden las consecuencias masivas de tercer nivel, las que ocasionan, en conjunto, la sociedad global, la sociedad-mundo, en el cuerpo del planeta.

 

Al comprender la íntima articulación, integración y concomitancia complementaria de todos los niveles de consecuencias masivas, los efectos en el planeta, repercuten en la sociedad-mundo; los efectos en la sociedad-mundo, que conllevan los efectos en el planeta, repercuten en las sociedades, que al acumular los efectos anteriores, los conllevan, repercuten en los individuos, miembros sociales de las sociedades mismas. Todo esto repercute en la reproducción humana.

 

Sabemos que esta tesis se parece o es equivalente a una tesis ecológica enunciada antes: el vuelo de una mariposa en Río de Janeiro puede ocasionar tormentas en Tokio. Se denominó este enunciado como el efecto mariposa. Esto es cierto, son enunciados parecido y hasta equivalentes; empero, la diferencia radica en que todavía el enunciado ecológico mencionado, en aquél entonces, cuando se lo evocó, todavía es concebido en el plano de intensidad de un fenómeno o de su fenomenología, si se quiere, climática. No se enuncia todavía desde los múltiples planos y espesores de intensidad, que integran el planeta, con toda su complejidad. No descartamos, de ninguna manera, aquél enunciado; sino, que convertimos el enunciado en un enunciado complejo, que se mueve en la consideración de todos los planos y espesores de intensidad, involucrados en la simultaneidad dinámica integral del planeta.

 

En consecuencia, las relaciones sociales, las relaciones entre sociedades, las relaciones en la sociedad-mundo, no pueden considerarse solamente en sus ámbitos definidos, ni siquiera en la sumatoria de sus ámbitos; sino que debemos considerarlas como eco-relaciones. Pues, los sustentos materiales, por así decirlo, que sostienen todas estas relaciones son los cuerpos, los cuerpos individuales, las corporeidades sociales, el cuerpo planetario; es decir, los cuerpos en todas sus formas ecológicas.

 

Si las ciencias modernas han considerado los ámbitos definidos de relaciones, que citamos, es por metodología analítica y por abstracción. Sin embargo, esta actitud, que fue útil, en una etapa de la modernidad, ha dejado de serlo, hace un buen tiempo. Ya no es adecuada ni correcta. Pues es indispensable comprender la complejidad integral de todas las relaciones eco-sociales.

 

Desde esta perspectiva, que llamamos de la complejidad, se puede ver que ya, desde hace un buen tiempo, los comportamientos sociales institucionalizados, en todos sus niveles, resultan, si se quiere, irracionales, desencadenando efectos negativos en el planeta, en la sociedad-mundo, en las sociedades y en contingentes mayoritarios de las poblaciones, en todas las sociedades. A tal punto, que la sobrevivencia de la propia humanidad está en peligro.

 

 

Nadie sabe lo que puede el cuerpo, el poema, recupera la tesis panteísta de Spinoza; en ese contexto, también recupera la tesis sobre el cuerpo. Puede expresar, a través de metáforas, que son experiencias sensuales convertidas en figuras y configuraciones, que son estallidos exaltados de órganos del cuerpo, convertidos en alegorías, gracias a la observación de un bello cuerpo danzante.

 

Se lee la danza desde la concepción panteísta y desde el enunciado sobre el cuerpo, considerando su potencia. Se vuelve a Spinoza, después de haber aprendido la lección desentrañada por los códigos móviles y ondulantes del cuerpo, por las composiciones narrativas de la danza, que escribe sobre el suelo, a través de inscripciones de pasos, señales y símbolos de los pies desnudos. Se interpreta la trama tejida por las orbitales caderas, que generan un remolino en la atmósfera del entorno.

 

Se trata entonces de conceptos inmanentistas e intuiciones corporales. Ambas experiencias enseñan, se complementan, se entrelazan, haciendo comprender que la matriz de todo es la vida; que la vida se regenera a través de los cuerpos, de la fecundidad y fertilidad de los cuerpos.

 

Este aprendizaje nos va a servir para proponer hipótesis interpretativas sobre eco-sociedades, buscando su comprensión, desde la perspectiva de la complejidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hipótesis interpretativas de eco-sociedades

 

  1. Las que denominamos eco-sociedades, articulan e integran múltiples espesores de intensidad, espesores y planos de intensidad de cuerpos y corporeidades. Al hacerlo, conforman complejidades dinámicas, que hacen a la vida en toda su complejidad; vida que no puede ser pensada a partir de identificadas formas de vida, aisladas, analíticamente, para estudiarlas; como hizo la ciencia moderna. Sino que pueden ser comprendidas, mas bien, desde su integración de planos y espesores a la simultaneidad dinámica de la complejidad, sinónimo de realidad.

 

  1. Desde esta perspectiva, las teorías del capitalismo no explican, ni pueden hacerlo, a las eco-sociedades, aunque hayan pretendido explicar las sociedades, como campos sociales; es decir, campos abstractos, recortados a la complejidad, y aislados, como si fueran autónomos, para estudiarlos en ese aislamiento, que es otra disecación botánica.

 

 

  1. Al contrario, las mismas teorías sobre el capitalismo, mas bien, pueden ser explicadas e interpretadas, en su momento, en su periodo, a partir de la dinámica de la complejidad de las llamadas eco-sociedades. Se trata de formaciones discursivas, conformantes de la “ideología”. Imaginario elaborado, que se basa en la conjetura de la determinación económica; esté sugerida mecánicamente o de manera matizada. Esta “ideología” economicista, se explica a partir de operaciones desplegadas por el sistema-mundo capitalista, para reducir la complejidad; empero, reducirla a tal punto, que se vuelve una abstracción, una ficción teórica, que ha perdido los vínculos con las dinámicas de la realidad efectiva.

 

  1. Esta ficción teórica puede dar respuestas útiles, en un principio, en una etapa inicial; en la medida que las relaciones de las llamadas sociedades modernas, todavía no han hecho visibles los planos y espesores de intensidad de la complejidad dinámica de las llamadas eco-sociedades. Cuando esto ocurre, las teorías mencionadas, muestran sus límites y quedan obsoletas; incluso operativamente, para reducir la complejidad.

 

 

  1. Lo que llama la atención, y lo hemos dicho varias veces, es que se persista en las teorías anacrónicas, como si fuesen verdades indiscutibles, obstaculizando el conocimiento y, sobre todo, impidiendo resolver problemas. Parece que se lo hace porque las teorías se han convertido en fetiches, en un trámite expansivo de la fetichización generalizada.

 

  1. Entonces, a partir de la perspectiva de la complejidad, también podemos explicar este anacronismo “ideológico”. La malla institucional también se ha vuelto anacrónica; apunta a preservarse, a pesar de las contrastaciones de la Prefiere imponer su verdad, acostumbrada a imponer, desde el Estado, leyes, instituciones y políticas, no consultadas socialmente. Confunde el Estado, la relación con los ecosistemas como si fuesen relaciones entre Estado y sociedad. Además reduce la relación entre Estado y sociedad a la relación del Estado con la sociedad institucionalizada; es decir, con la sociedad domesticada, no con la sociedad efectiva. Ambas reducciones, redundan en un extravío, no solo epistemológico, consecuentemente extravío “ideológico”, sino en un extravío institucional y, también, civilizatorio. No deja de llamar la atención que esto se haga, se persista en esto, cuando ya incluso, queda claro, por las evidencias constatadas, que se pone en peligro la vida misma, la sobrevivencia de la humanidad.

 

 

  1. En consecuencia, podemos sugerir una hipótesis genealógica de las relaciones sociales. Las relaciones sociales, en la medida que se afincan en instituciones, sobre todo, en instituciones que no cambian, que se fetichizan, que son convertidas en eternas, en la malla institucional del orden del mundo, concebido como el fin de la historia, se osifican. En vez de potenciar a las sociedades y a sus miembros, lo que seguramente hicieron a un principio, terminan des-potenciando, despojando y desposeyendo a las eco-sociedades y a sus componentes, en todas sus escalas.

 

  1. Los lazos relacionales socialmente se convierten en sogas destructivas, afectando cohesiones, comunidades, individualidades. A estos desenvolvimientos destructivos los hemos llamado la decadencia.

 

 

  1. Estamos ante sociedades institucionalizadas, que sostienen estados anacrónicos, las instituciones imaginarias de la sociedad; a su vez, sostenidas, por la materialidad institucional de las mallas orgánicas de estas instituciones. Estas sociedades institucionales se oponen a la parte de la sociedad vital, que hemos llamado sociedad alterativa, que es capaz de diseminar las mallas institucionales anacrónicas y crear otras instituciones. Las sociedades institucionales, con el apoyo del Estado, se oponen a las sociedades alterativas, catalogándolas de caos, de ilegitimas, de premodernas; incluso, se pueden llegar a clasificarlas de bárbaras.

 

  1. Estamos ante sociedades modernas globalizadas en el sistema-mundo capitalista, el sistema-mundo cultural, el sistema-mundo político, que tienen la habilidad – si se quiere, utilizando un término inadecuado, metafóricamente, para ilustrar – de la retórica instrumental, de la simulación comunicacional, incluso de la absorción de otros discursos, generando poses de cumplimiento de reivindicaciones; cuando, lo que se hace, en la práctica, es montar un juego de espejos, quitándole protagonismo a la crítica y a los movimientos sociales anti-sistémicos.

 

 

  1. En estas condiciones, habiendo mencionado solo dos, en un conjunto mayor de caracterizaciones desalentadoras de las sociedades modernas, la tendencia, que parece preponderante, por lo menos, en periodos intermitentes e importantes, es el conformismo generalizado.

 

  1. En otras palabras, estas sociedades institucionalizadas, sus estrategias, estructuras y diagramas de poder, apoyadas por el fabuloso aparato del Estado, parece, que no solamente sostienen la decadencia, sino la reproducen ampliándola. Lo peor, parece, que apuestan, inconscientemente, como si un instinto tanático las motivara, a su propia destrucción.

 

 

  1. Si hoy seguimos escuchando discursos de estas formaciones discursivas economicistas, se reclamen técnicas, que es la manera de expresarse de la “ideología”, en su manifestación conservadora; o si se reclamen justicieras y socialistas, que es la manera de expresarse progresista de esta “ideología”; es porque, a pesar de las contrastaciones de la realidad, el conformismo generalizado se ha convertido en el gran oído pasivo de estos anacronismos discursivos.

 

  1. Conservadores y progresistas, a pesar de considerarse enemigos irreconciliables, no solamente forman parte de una misma “ideología” del poder compartida, en el sentido estructural, a pesar incluso de sus diferencias políticas, forman parte de la misma episteme, a pesar de sus pretensiones de verdad encontradas, sino, lo peor, forma parte de la mismas estrategia de poder, por lo tanto, de dominación del mundo, es decir, del mismo derrotero al desastre.

 

 

  1. Entonces, las relaciones sociales no son lazos, que conforman estructuras sociales, que se organizan en la arquitectura institucional, sino son y responden a las asociaciones y composiciones de las mónadas sociales; solo que estas asociaciones, composiciones, combinación de composiciones, terminan fosilizándose, en vez de cambiar, como corresponde. Las relaciones sociales, se preservan por decisión del conformismo generalizado; en consecuencia, en vez de potenciar a la sociedad y cohesionarla mejor, la termina des-potenciando y des-cohesionándola.

 

  1. Estas teorías de la modernidad, de las ciencias sociales de la modernidad, olvidan que las relaciones sociales, no solamente se dan entre individuos, incluso entre grupos, estratos, clases y sociedades; sino con otras sociedades orgánicas no humanas, con los ecosistemas, con las territorialidades, con los climas y los ciclos vitales. Como no tienen una interpretación de las relaciones sociales complejas de las eco-sociedades, no pueden, no solamente darse cuenta de lo que ocurre, del peligro en el que se encuentran, sino se comportan de una manera depredadora, contaminante y destructiva, frente a las propias condiciones de posibilidad de su propia sobrevivencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Considerando las problemáticas que se afronta en el presente y realizando una mirada retrospectiva del pasado.

 

[2] Ver Acontecimiento político. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. También en https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-i/. https://pradaraul.wordpress.com/2015/06/23/acontecimento-politico-ii/.

[3] Ver La paradoja conservadurismo-progresismo. En https://pradaraul.wordpress.com/2015/10/24/la-paradoja-conservadurismo-progresismo/.

[4] Ver Clausura del horizonte moderno. En https://pradaraul.wordpress.com/2016/01/06/clausura-del-horizonte-moderno/.

[5] Ver Flujos-espesores. En https://pradaraul.wordpress.com/2016/04/08/flujos-espesores/.

[6] Ver Episteme compleja. https://pradaraul.wordpress.com/2015/02/13/episteme-compleja/ .

[7] Ver Crítica de la economía política generalizada. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-de-la-economia-politica-generalizada/.

[8] Ver Clausura del horizonte moderno. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/clausura-del-horizonte-moderno/.

[9] Ver Desenlaces. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/desenlaces/.  También revisar Laberinto generalizado. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/laberinto-generalizado/.

 

[10] Ver Decadencia. Dinámicas moleculares. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-decadencia/. También revisar Flujos-espesores. Dinámicas moleculares. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/flujos-espesores/.

[11] Ver Pliegues y despliegues de los movimientos sociales.
Leer más: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/pliegues-y-despliegues-de-los-movimientos-sociales/.

[12] Ver de Raúl Prada Alcoreza Gramatología del Acontecimiento. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-2015. Amazon: https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub. http://issuu.com/raulpradaalcoreza/docs/estadonacion.  

[13] Ver Apuntes sobre la crisis política de Brasil. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. También en https://pradaraul.wordpress.com/2016/03/19/apuntes-sobre-la-crisis-politica-de-brasil/.

 

[14] Ver La explosión de vida. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/la-explosion-de-la-vida/.

[15] Ver Espesores-flujos. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-aca-y-mas-alla-de-la-mirada-humana/.

[16] Ver Más acá y más allá de la mirada humana. Dinámicas moleculares; la Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/mas-aca-y-mas-alla-de-la-mirada-humana/´.

[17] Ver Crítica y complejidad. Dinámicas moleculares; La Paz 2013-15. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/critica-y-complejidad/.

[18] Ver Imaginarios y prácticas. Dinámicas moleculares; La Paz 2016. http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/imaginarios-y-practicas/.

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